Jakob Lorber

El Gran Evangelio de Juan

Tomo 3

Obra recibida mediante la Voz Interior

Índice

Capítulo 1. El oráculo de Delfos

Capítulo 2. La presencia de seres más elevados

Capítulo 3. El destino y el desarrollo del hombre

Capítulo 4. Las disposiciones del Señor en cuanto a los ladrones

Capítulo 5. Julio amenaza a los jóvenes fariseos

Capítulo 6. Intercambio de opiniones entre los fariseos y Julio sobre Jesús

Capítulo 7. Las enseñanzas vanas del Templo

Capítulo 8. Las condiciones del Señor para aceptar a los discípulos

Capítulo 9. Las ventajas de la abnegación

Capítulo 10. Las consecuencias negativas del lujo

Capítulo 11. Los motivos del diluvio

Capítulo 12. Indicaciones para la misión

Capítulo 13. Noé y el Arca

Capítulo 14. La manera de cómo se debe valorar y aprovechar los bienes terrenales

Capítulo 15. El camino correcto para llegar el hombre a la perfección

Capítulo 16. Sobre la ascensión de Jesús

Capítulo 17. Sobre el poder de la Voluntad del Señor y la libertad del alma humana

Capítulo 18. Las anotaciones de las pláticas del Señor

Capítulo 19. El Cantar de los Cantares de Salomón

Capítulo 20. Las conversaciones durante el desayuno

Capítulo 21. La curación de los cinco asesinos poseídos

Capítulo 22. Las lamentaciones desesperadas de los poseídos

Capítulo 23. El estado anímico particular de los poseídos sanados

Capítulo 24. De cómo los videntes distinguen entre las almas de los hombres

Capítulo 25. La filosofía de Matael sobre la naturaleza

Capítulo 26. La vida es una continua lucha

Capítulo 27. Una imagen para la vida interior

Capítulo 28. Explicaciones de Matael sobre Dios

Capítulo 29. Cirenio opina sobre la sabiduría y Matael responde

Capítulo 30. Jesús advierte a Cirenio que escuche a Matael

Capítulo 31. Matael explica cómo alcanzar la verdadera Vida

Capítulo 32. La unidad de la verdadera Vida

Capítulo 33. Una profecía de Matael

Capítulo 34. Los cinco hombres curados quieren conocer a Jesús

Capítulo 35. Jesús, el vencedor de la muerte

Capítulo 36. El Señor habla de la verdadera adoración a Dios

Capítulo 37. Julio ve problemas para interrogar a los demás presos “políticos”

Capítulo 38. Julio interroga a los presos “políticos”

Capítulo 39. Suetal habla sobre el Templo y el Salvador de Nazaret

Capítulo 40. Los motivos por los cuales los acusados llegaron a Galilea

Capítulo 41. Matael cuenta los acontecimientos de su vida anterior y su curación

Capítulo 42. Alma y espíritu

Capítulo 43. Acerca de la vida y la muerte

Capítulo 44. El Señor se ocupa de los presos

Capítulo 45. La curación de un paralítico en la pradera bendita

Capítulo 46. Suetal informa de las actuaciones del Sanador milagroso

Capítulo 47. Las discusiones entre Matael y Suetal sobre las reprimendas

Capítulo 48. Matael habla sobre la ley y el amor

Capítulo 49. Explicación de los acontecimientos externos en el caso de Moisés

Capítulo 50. Las dudas de los doce sobre la personalidad del Salvador

Capítulo 51. Los reparos surgidos acerca de la divinidad supuesta del Nazareno

Capítulo 52. El diálogo entre Suetal y Ribar acerca de la demostración milagrosa de Rafael

Capítulo 53. Los rasgos esenciales de la Enseñanza de Jesús

Capítulo 54. Otro milagro por deseo de Ribar

Capítulo 55. La diferencia entre los milagros de Rafael y los de los magos

Capítulo 56. Suetal y Ribar opinan sobre Jesús

Capítulo 57. El Señor promete a los dos indicarles al Sanador

Capítulo 58. Rafael un valiente comedor de pescado

Capítulo 59. Las reprimendas pueden tener consecuencias buenas y malas

Capítulo 60. Suetal está demostrando que es un charlatán

Capítulo 61. El aleccionamiento de Rafael sobre la introspección en el corazón

Capítulo 62. La sapiencia mundana de Risá

Capítulo 63. La réplica de Ebran muestra el error de Risá

Capítulo 64. El Orden divino y nuestro intelecto mundano

Capítulo 65. El Señor da a los principiantes consejos para la vida

Capítulo 66. La plática del Señor sobre la sexualidad y el adulterio

Capítulo 67. Excepciones en algunos casos de la sexualidad adúltera

Capítulo 68. Relaciones sexuales pecaminosas

Capítulo 69. Medidas correctoras para maniáticos sexuales

Capítulo 70. Casos para un divorcio justificado

Capítulo 71. Recomendaciones para los cónyuges y jueces

Capítulo 72. El examen de los novios

Capítulo 73. Rafael pone por escrito la plática del Señor sobre la vida sexual

Capítulo 74. Suetal está muy impaciente y curioso por ver al Señor

Capítulo 75. Suetal habla con Ribar sobre el comportamiento de Rafael

Capítulo 76. Ribar intuye que el Señor está presente

Capítulo 77. Cómo Dios se da a conocer

Capítulo 78. Raciocinio y sentimiento

Capítulo 79. Las diferencias de los talentos humanos

Capítulo 80. Cuando hombre intelectual busca el amor

Capítulo 81. El Señor anuncia un eclipse del Sol

Capítulo 82. Rafael actúa como un marinero experimentado y salva a un griego en peligro

Capítulo 83. Las consecuencias del eclipse del Sol

Capítulo 84. Dioses y seres humanos

Capítulo 85. El Señor asigna a Matael como maestro de Ouran

Capítulo 86. Elena, la noble hija del sabio griego

Capítulo 87. El sol ficticio

Capítulo 88. El temor de los griegos ante el Sanador

Capítulo 89. Intervención y aclaraciones por parte de Matael

Capítulo 90. Origen y explicación de los nombres de los dioses griegos

Capítulo 91. Matael, el que rompe los muros de los templos paganos

Capítulo 92. La diferencia entre la belleza de los hijos humanos y de los hijos de Dios

Capítulo 93. Dos formas de amar al Señor

Capítulo 94. Matael explica el movimiento de las estrellas

Capítulo 95. Los métodos de educación en el antiguo Egipto

Capítulo 96. Las reflexiones de Elena sobre la sabiduría humana

Capítulo 97. El momento correcto de la instrucción del pueblo y sus resultados

Capítulo 98. Las reflexiones de Ouran al darse cuenta de la presencia del Señor

Capítulo 99. La desaparición del sol ficticio y sus consecuencias

Capítulo 100. El origen sublime del hombre y su destino

Capítulo 101. Elena pregunta acerca de los apóstoles y de las constelaciones

Capítulo 102. Matael explica los nombres de los tres primeros signos zodiacales

Capítulo 103. La explicación de los signos zodiacales del cuarto al sexto

Capítulo 104. El séptimo, octavo y noveno signo zodiacal

Capítulo 105. Explicación de los tres últimos signos zodiacales

Capítulo 106. Elena pregunta acerca de la escuela de Matael

Capítulo 107. Indicaciones generales sobre el zodíaco

Capítulo 108. Opiniones sobre la divulgación de las nuevas enseñanzas

Capítulo 109. La manera de ser de Judas

Capítulo 110. En búsqueda de Dios

Capítulo 111. El estar unido al Señor

Capítulo 112. Cómo dar gracias a Dios

Capítulo 113. El futuro de la Enseñanza pura de Dios

Capítulo 114. Sobre el despertar en el Espíritu

Capítulo 115. Las consecuencias de los fenómenos naturales en Cesarea de Filipo

Capítulo 116. Marco se alegra del castigo aplicado a los sacerdotes

Capítulo 117. Reprobación a quien se alegra del mal ajeno

Capítulo 118. Matael es nombrado virrey

Capítulo 119. Helena se convierte en la esposa de Matael

Capítulo 120. El agradecimiento y los buenos propósitos de Elena

Capítulo 121. La naturaleza de Jesús

Capítulo 122. La naturaleza de los ángeles

Capítulo 123. La sabiduría de Yara

Capítulo 124. Elena habla del poder de los sacerdotes

Capítulo 125. Ouran demuestra lo infundadas que son las sospechas de Elena

Capítulo 126. Yara cuenta de sus vivencias con las estrellas

Capítulo 127. Conversaciones sobre los extraños acontecimientos

Capítulo 128. La opinión sensata de Micha sobre los acontecimientos

Capítulo 129. Matael explica los fenómenos dignos de ser considerados

Capítulo 130. Misión y sufrimiento de los ángeles

Capítulo 131. Rafael hace que se disipen todas las preocupaciones

Capítulo 132. Las dificultades para convertir a los sacerdotes

Capítulo 133. La búsqueda verdadera de Dios

Capítulo 134. Las causas para la destrucción de Cesarea de Filipo

Capítulo 135. La dialéctica entre Cirenio y los fariseos enraizados, provenientes de Cesarea

Capítulo 136. La acusación de Marco contra el superior de los fariseos

Capítulo 137. Consideraciones sobre la culpabilidad de los fariseos

Capítulo 138. Cirenio llama a unos testigos para que declaren sobre los fariseos

Capítulo 139. Acerca de la naturaleza de la Tierra y de la Luna

Capítulo 140. Informe de un mensajero del alboroto en Cesarea

Capítulo 141. Erme, el mensajero, cuenta los acontecimientos en la ciudad

Capítulo 142. Otras preguntas interrogativas de Cirenio

Capítulo 143. La opinión del superior de los fariseos sobre el Sanador y la repuesta contundente de Cirenio

Capítulo 144. Los fariseos opinan sobre su superior y Jesús

Capítulo 145. La reprimenda sumamente severa de Cirenio

Capítulo 146. El carácter del superior

Capítulo 147. El documento falsificado

Capítulo 148. La confesión del superior

Capítulo 149. Estahar, el superior, habla de sus creencias

Capítulo 150. Conversaciones entre Rafael y Estahar

Capítulo 151. Estahar cuenta de sus experiencias con los magos de la India

Capítulo 152. Estahar explica el asesinato del sumo sacerdote Zacarías

Capítulo 153. Rafael da explicaciones sobre las profecías acerca del Mesías

Capítulo 154. Estahar convence a sus compañeros

Capítulo 155. Ebran pronuncia el mensaje sobre la “Nueva Luz” desde la eternidad

Capítulo 156. Un fariseo habla de la responsabilidad del hombre

Capítulo 157. Florano explica sus filosofías sobre Dios

Capítulo 158. Acerca de la humildad y de la soberbia

Capítulo 159. Florano se presenta ante el Señor

Capítulo 160. Florano habla con Estahar y los suyos sobre el Señor

Capítulo 161. La confesión de Florano ante el Señor y el testimonio sobre el Templo

Capítulo 162. Los caminos de la conducción divina

Capítulo 163. Indicaciones para la misión de los trabajadores en la viña del Señor

Capítulo 164. La llegada de los barcos

Capítulo 165. Sobre los peligros de la soberbia

Capítulo 166. La alegría de volver a verse con los visitantes esperados

Capítulo 167. Las profecías acerca de la encarnación del Señor

Capítulo 168. Acerca de la conducción divina de los hombres y pueblos

Capítulo 169. La comida en comunidad en casa de Marco

Capítulo 170. La diferencia entre la voluntad y la acción o la contradicción entre querer y hacer

Capítulo 171. Sobre el renacimiento en el espíritu

Capítulo 172. La conversación entre Cornelio y Yara

Capítulo 173. La pregunta que Cornelio planta a Yara

Capítulo 174. El Sol natural

Capítulo 175. Acerca de la educación del corazón y del intelecto

Capítulo 176. El destino de la Enseñanza divina

Capítulo 177. La importancia del libre albedrío

Capítulo 178. La condición y el destino del hombre

Capítulo 179. Cornelio se acuerda del nacimiento del Salvador

Capítulo 180. La característica y el destino de los ángeles

Capítulo 181. La filosofía de Filopoldo acerca de la Creación

Capítulo 182. La esfera del intelecto

Capítulo 183. Los motivos para la Encarnación del Señor

Capítulo 184. El lenguaje del corazón

Capítulo 185. Preguntas sobre el nimbo

Capítulo 186. Preparativos para la tempestad que ha de venir

Capítulo 187. La tempestad

Capítulo 188. El juicio sobre la región de Cesarea de Filipo

Capítulo 189. Un navío que está en peligro en alta mar

Capítulo 190. Los comerciantes judíos, procedentes de Persia

Capítulo 191. Dos representantes de los pasajeros hablan con el Señor

Capítulo 192. Sobre la bendición y la maldición de la riqueza

Capítulo 193. La naturaleza básica del hombre

Capítulo 194. La opinión que tienen los persas del Señor

Capítulo 195. La explicación del Señor de un texto de la Escritura

Capítulo 196. La pregunta del Señor acerca del Mesías

Capítulo 197. Dificultades de convencer a los persas

Capítulo 198. Las palabras de advertencia de Chabbi

Capítulo 199. El diálogo entre los dos delegados

Capítulo 200. Acerca de la confianza precipitada

Capítulo 201. La diferencia entre el Señor y los magos

Capítulo 202. El efecto que las obras del Señor hacen sobre los judíos persas

Capítulo 203. La bendición de la actividad y las malas consecuencias de la ociosidad

Capítulo 204. La característica de las revelaciones verdaderas

Capítulo 205. Acerca de la impotencia de los seres humanos

Capítulo 206. Chabbi reconoce al Señor

Capítulo 207. Acerca de la verdadera adoración a Dios

Capítulo 208. Expresión del gran respeto de los persas ante la Santidad del Señor

Capítulo 209. Acerca de la oración

Capítulo 210. El futuro de Yara

Capítulo 211. La interpretación del cuarto Mandamiento

Capítulo 212. Cómo los fariseos han “renovado” el cuarto Mandamiento

Capítulo 213. El Señor explica la ley de los fariseos

Capítulo 214. ¿Qué es la impudicia?

Capítulo 215. El pecado contra la castidad

Capítulo 216. Los fariseos discuten sobre la Divinidad del Señor

Capítulo 217. La conversación entre Cirenio y el Señor sobre Estahar y Murel

Capítulo 218. Murel habla de sus experiencias durante sus viajes

Capítulo 219. Dónde se debe buscar la Verdad

Capítulo 220. La decadencia de la sabiduría de Egipto y de la India

Capítulo 221. Las encarnaciones anteriores del hombre

Capítulo 222. Filopoldo habla de su experiencia del Más Allá

Capítulo 223. El Orden natural de los mundos

Capítulo 224. El agradecimiento y la alabanza de Murel

Capítulo 225. Las profecías de Isaías se cumplen

Capítulo 226. La promesa del Señor

Capítulo 227. La naturaleza del Señor y la humanidad

Capítulo 228. El futuro de la Enseñanza del Señor Jesucristo

Capítulo 229. Las preocupaciones por la tarea misionera

Capítulo 230. Cuán fútiles son las preocupaciones por el trabajo misionero

Capítulo 231. Acerca de la muerte del Señor y el futuro de sus discípulos

Capítulo 232. La conciencia y la influencia de los ángeles

Capítulo 233. El meteorito

Capítulo 234. Las características de la materia

Capítulo 235. La experiencia trascendental de Matael

Capítulo 236. La comunicación con el Señor tras el corazón

Capítulo 237. Lo incomprensible que son las duras pruebas de la Voluntad divina

Capítulo 238. La palabra interior y las razones por las cuales el Señor vino a la Tierra

Capítulo 239. La noción del aburrimiento de Dios

Capítulo 240. La pregunta de Rafael acerca de la cuestión misionera

Capítulo 241. El Reino de Dios en el corazón del hombre

Capítulo 242. La verdadera vida espiritual

Capítulo 243. Los obstáculos que evitan que se puedan cumplir las promesas

Capítulo 244. Acerca de la voluntad libre de un ángel

Capítulo 245. En el planeta Venus

Capítulo 246. Las ventajas del Orden en Venus

Información

Jesús en la región de Cesárea de Filipo (Mateo 16)

Capítulo 1. El oráculo de Delfos

1. «Entre los griegos y romanos», prosiguió Julio, «hubo en todos los tiempos hombres que a pesar de no ser judíos ni haber sido formados en sus escuelas místicas, recibieron la inspiración divina y la reconocieron como tal.

2. Cuando en aquél tiempo Creso, el rey de los lidios, quiso hacer guerra contra los persas, seguramente tuvo mucho interés en saber de antemano si la guerra resultaría favorable o desfavorable para él. Pero ¿quién le iba a dar una aclaración sobre ello? Por eso pensó y dijo: “Existe una gran cantidad de oráculos de los cuales uno me podrá decir seguramente la verdad”. Y luego pensó: “Primero voy a poner a prueba a todos los oráculos y ya veré cuál es el más útil”.

3. Entonces cogió un cordero y una tortuga, los cortó en pequeños pedazos, los colocó en una olla metálica, cubriéndola con una tapa metálica, y puso todo sobre el fuego hasta que hirvió. Pero antes había enviado unos investigadores a Delfos y a Dodona, dos santuarios, así como a Anfípolis y Trofonios, dos adivinos de la Antigüedad, para que les preguntasen a los oráculos cien días después de la salida de Sardes, que con qué cosa estaba ocupado en este momento; pues precisamente estaba guisando el cordero y la tortuga en la forma antes descrita.

4. La mayoría de los oráculos dieron unas respuestas tan confusas que nadie hubiese sido capaz de interpretarlas. Sin embargo, el oráculo de Delfos habló como de costumbre en hexámetros:

5. “Mira, yo cuento los granos de arena, conozco las distancias en el mar, / incluso oigo al mudo y escucho al callado. / En este momento me llega un olor como si se estuviese guisando carne de cordero junto con una tortuga en una olla de metal. / El fondo es de metal y la tapa es de metal”.

6. A continuación de esta prueba Creso preguntó al oráculo de Delfos que si debería de hacer la guerra contra los persas. El oráculo contestó que si pasase por el hales, destruiría un gran reino. Luego preguntó al oráculo por tercera vez que si su imperio duraría mucho tiempo. La Pitia respondió:

7. “En su día un mulo mandará a los medos como rey, / entonces, lidio de pies ligeros, ¡huye hacia el pedregoso hermos! / ¡No dudes ni temas la vergüenza de correr cobardemente con prisa!”.

8. Según la explicación que el oráculo mismo dio después de la captura de Creso, habría que entender que la mula era Ciro, su vencedor, porque había sido engendrado por una meda distinguida, hija de Astiages, y por un padre persa que le fue sumiso.

9. Resulta que Creso mismo había preguntado en su día también al oráculo que si su hijo mudo no podría sanar, y recibió como respuesta:

10. “Lidio, aunque eres un príncipe poderoso pero de corazón ignorante, / ¡no busques escuchar en tu palacio la voz suplicante / del hijo que habla! Esto te corresponderá mejor. / Que sepas que él hablará sólo en el día más desgraciado”.

11. Y ved, el día en que Sardes fue conquistado, se lanzó un persa furioso sobre Creso para derribarle. Entonces el miedo soltó la lengua del hijo y este dijo: “¡Hombre no mates a Creso!”. Estas fueron las primeras palabras del hijo mudo y a partir de entonces pudo hablar para siempre.

12. Ved que este oráculo —como ya dije antes— no fue precisamente un templo de la verdad de la escuela mística judía. Pero ¿quién puede discutirle una inspiración divina después de los ejemplos verdaderos citados?».

Capítulo 2. La presencia de seres más elevados

1. «También, nosotros los romanos», continuó Julio, «conocemos bastantes tradiciones que dicen que por ejemplo un Sócrates, un Platón, un Arístides y otros muchos sabios tenían siempre con ellos un genio que les instruía, dándoles enseñanzas sabias según la capacidad de su entender y también, en casos necesarios, un consejo concreto. Y el que no actuaba según este consejo, tuvo que sufrir las duras consecuencias.

2. Sabiendo esto, en parte por la historia y en parte por las experiencias propias, el fenómeno que hemos visto aquí no nos debe parecer tan inaceptable. En resumen, como sabemos de la tradición y por las experiencias propias que no es tan raro que haya seres elevados que se acercan a nosotros los hombres, manifestándose de muchas maneras y dándonos aclaraciones sobre una y otra cosa; y si esto es así, nuestro ángel no puede ser un fenómeno tan extraordinario como se podría pensar a primera vista.

3. Tampoco encuentro nada extraordinario en lo que un espíritu tan perfecto posea unas fuerzas inconcebibles para nuestro entender y pueda realizar tales obras milagrosas.

4. Yo tuve una vez la oportunidad de conocer a unos hombres del interior de Egipto y hablar con ellos mediante un interprete. Estaban desnudos y no cubrían ni siquiera sus vergüenzas. Nos tomaban como seres celestiales y admiraron los magníficos edificios de Roma, nuestra vestimenta hermosa y todo el esplendor. Todo lo que veían hecho por los hombres lo consideraban como obras de los dioses y nos tomaban como tales. Me preguntaron que si ordenábamos también al Sol, a la Luna y las estrellas y todo según nuestros deseos y si había para este menester todavía otros dioses.

5. Naturalmente les instruíamos adecuadamente y antes de haber pasado un año ya sabían muy bien que también nosotros éramos sólo hombres. Aprendieron muchas cosas de nosotros, se vistieron y disfrutaron aprendiendo a hacer telas y vestimenta para hombres y mujeres. Al cabo de algunos años volvieron a su patria, habiendo adquirido muchos conocimientos. Allí habrán construido escuelas y logrado llevar alguna luz a sus selvas.

6. Ahora bien, a nosotros en nuestra ignorancia espiritual, cuando vemos actuar a un espíritu perfecto, nos extraña sobremanera cómo puede ser esto posible. Pero en cuanto nuestro espíritu haya llegado a ser también perfecto, entonces seremos seguramente capaces de realizar cosas extraordinarias y ya no nos asombraremos tanto al ver que tal espíritu puede descomponer una piedra en sus elementos básicos con la fuerza que nosotros conocemos.

7. Pero el que con nuestra parte espiritual somos capaces de realizar cosas totalmente perfectas, esto nos demuestran muchos ejemplos. En esta mesa están sentadas, por ejemplo, unas personas que podrían acercarse ya en mucho a este ángel. Incluso uno de ellos le podría superar considerablemente, tal como lo habéis oído antes acerca del médico de Nazaret.

8. Por eso, ¡ocupaos ahora principalmente de la máxima formación de vuestro espíritu, y así seréis capaces de desintegrar no solamente una piedra en sus elementos básicos sino toda una montaña!».

9. Acto seguido, Julio se dirigió al ángel: «Ahora dime, Rafael, si en todo mi sermón he pronunciado alguna palabra incorrecta».

Capítulo 3. El destino y el desarrollo del hombre

1. «De ninguna manera», contestó el ángel, «todo es tal como tú lo has explicado tan lúcidamente. Por eso los treinta hermanos deben de afanarse poniendo en práctica lo que van a escuchar de estos nuestros hermanos, para convertirse pronto del todo en hermanos nuestros.

2. Dios da a los ángeles como a los hombres, los cuales en cierto modo también son ángeles en gestación, una vida autónoma y perfecta y la capacidad de evolucionar para asemejarse a Dios tan perfectamente como les sea posible. Si ellos, conocedores de los caminos seguros para llegar a tal meta, no quieren seguirles, tienen que culparse a sí mismos si no hacen los progresos suficientes para adquirir la semejanza divina.

3. Verdad es que un espíritu, por perfecto que sea, nunca alcanzará a Dios en su plenitud. Pero de todos modos podrá hacer toda la obra que quiera, siempre en el Orden establecido por Dios. Incluso puede —igual que Dios— crear seres independientes y darles una existencia libre y eterna. Y con estos seres puede gozar de la máxima alegría y felicidad, igual que un padre terrenal con sus hijos bien educados. Esto es al fin y al cabo la auténtica semejanza con Dios.

4. Yo mismo he creado ya algunos mundos con pequeños Soles y los he poblado a todos Yo mismo. Y todos estos mundos están mejor equipados que vuestra Tierra. Todo se reproduce allí igual que aquí puesto que los espíritus allí son capaces de lograr una elevada perfección. Y ¿por qué no? Pues al fin y al cabo cada espíritu proviene de Dios, igual que los gérmenes de las futuras plantas fueron reproducidos de las semillas previas mil millones de veces.

5. Y dado que vosotros como descendientes de Satanás aún lleváis el Espíritu de Dios en vosotros, ¡cuánto más lo harán los descendientes de la Fuerza creadora divina!

6. Y ved, todo esto lo podéis alcanzar también vosotros si seguís por los caminos que se os mostrarán. Pero si alguno de vosotros no quiere hacerlo así, tendrá que sufrir las consecuencias, quedando en su debilidad y lejanía de Dios durante largos tiempos incalculables.

7. Por eso, ¡que nadie de vosotros ame al mundo y su carne más que a su espíritu! Ocupaos primero de lo que es del espíritu, así recibiréis lo que es del Espíritu, es decir, la semejanza plena de Dios.

8. Pero aquel que se ocupa más de lo que es del mundo y de la carne, tiene que atribuirse a sí mismo el hecho de que seguirá permaneciendo en los ámbitos oscuros de la muerte.

9. Toda vida puede pasar continuamente a otra vida cada vez más perfecta si uno se esfuerza en seguir los caminos del Orden divino. Pero si la vida se queda parada en un punto —especialmente al principio del gran recorrido vital— entonces naturalmente no puede proseguir y se marchita igual que una hierba en invierno cuando ha dejado su fruto conforme al Orden divino.

10. ¡Por eso, afanaos y sed activos para el espíritu! Cada paso adelante y cada acción valen la pena, pues están siempre acompañados por la Bendición de Dios.

11. No creáis que yo, siendo un ángel, sea ya tan perfecto que me pueda retirar a la inactividad. Con mi presencia aquí estoy ganando muchas cosas de manera que podré ser activo con más perfección para mis propias creaciones. Pero si yo, como un espíritu puro y perfecto, puedo aprender todavía tantas cosas, cuanto más vosotros que me estáis siguiendo con pasos todavía lentos para alcanzar la perfección.

12. Por eso, ¡dad las gracias a Dios, el Señor, por haberos conducido a esta maravillosa oportunidad bendita y sagrada en la que podéis adelantar en las cosas del espíritu en una hora más que en diez mil años de vuestras instrucciones mundanas!

13. Y ved, Dios ofrece estas oportunidades de gran Misericordia al mundo muy raras veces. Por eso, cada uno que tenga la gran suerte de estar presente debe aprovechar con todas sus fuerzas esta oportunidad para su espíritu.

14. Cuando Dios envía o llama a un profeta en algún lugar, todos deberían acudir a escucharle la Palabra sagrada de Dios para su bien. Pues Dios llama a tales hombres sólo una vez de cien en cien años para manifestar en toda su profundidad la suprema Sabiduría de los Cielos.

15. Pero a los grandes profetas a través de los cuales Dios manifiesta muchas cosas muy importantes a los humanos de esta Tierra, los envía a lo sumo cada mil o dos mil años. Por un lado, para mostrarles en mayor y más amplia medida los nuevos caminos de Dios a seguir hacia una mayor perfección, y por otro, para desviarles de los muchos caminos erróneos que se han trazado a sí mismos y conducirles por el camino correcto.

16. Pues ved, en la gran Creación de Dios todo marcha hacia adelante. Como el tiempo de la Tierra nunca se detiene y como el progreso en el Reino de los espíritus es permanente, las criaturas inmortales en los mundos materiales no deben quedarse atrás para no alejarse demasiado de ese Reino.

17. Después de la aparición de uno de estos grandes profetas, los hombres avanzan por su propia actividad — no en todos los sentidos, pero por lo menos en algunos en particular... Sólo cuando poco después los del reino espiritual empiezan a llevarles ventaja, entonces la Luz de un profeta pasado —siempre algo velada— ya no es suficiente. Dios despierta y envía a otro nuevo y la humanidad recupera el retraso ante el mundo espiritual — aunque en principio, otra vez, solamente en ciertos aspectos.

18. Sin embargo, al cabo de unos siglos, la humanidad empieza a despertar y va demostrando finalmente cosas de las cuales las anteriores generaciones nunca hubiesen soñado.

19. Pero cuando la humanidad, al cabo de unos doce a quince siglos, haya alcanzado un punto culminante, su desarrollo se degenerará en inercia —tal como Dios lo permite en esta Tierra— de manera que se podrá encontrar en ella los más diferentes niveles de formación. Eso para que las personas más despiertas aprendan de ello que la humanidad —sin recibir de cuando en cuando las manifestaciones divinas— permanece siempre en el mismo nivel sin avanzar, tal como lo podéis comprobar actualmente en la India y en Indochina.

20. El Señor permite esto para que los hombres que lleguen alguna vez allí, puedan convencerse por sí mismos de que todo es tal como os lo he anunciado. Pero aquellos hombres os seguirán como vuestros descendientes. Pues para los pueblos que se encuentran todavía en un nivel bajo de educación espiritual, el Señor nunca llama a un gran profeta sino deja que los pueblos precedentes, educados casi solamente a través de las Revelaciones divinas, se encarguen de educar a los pueblos siguientes, menos instruidos. Para esto el Señor tiene sus sabios motivos.

21. Los hombres que ante Dios están ya en un primer nivel y que viven en el mundo material, han de aceptar esta gran tarea de modo muy humilde y agradecido y deben cumplirla seriamente. Porque deben culparse a sí mismos si al final sus descendientes no llegan a remontar su nivel de educación y se quedan en la ignorancia total. — Decidme, hermanos, si habéis entendido todo».

Capítulo 4. Las disposiciones del Señor en cuanto a los ladrones

1. El joven fariseo respondió: «Majestuoso y sublime espíritu, sí, algo hemos entendido pero ni mucho menos todo. Te agradecemos de todo corazón por habernos abierto con una gran llave celestial estos misterios de los que antes no teníamos idea alguna. Nos esforzaremos de ahora en adelante en tomar los caminos correctos, una vez que hayamos aprendido más en este sentido. Pero por hoy tenemos bastante, pues para poder digerir este alimento espiritual precisamos aún algún tiempo. Mañana estaremos otra vez receptivos para escuchar más cosas profundas.

2. Sin embargo, ahora nos gustaría oír todavía algo sobre ese hombre aparentemente muy sabio que está sentado al lado del gran prefecto, hablando con él. No parece ser un ángel, pero parece que os supera a todos, pues sus gestos y su ecuanimidad, en cierto modo estoicos, durante tus explicaciones indican algo sumamente grande y elevado».

3. «Tenéis razón», les respondió Julio, «pero no es fácil hacer hablar a este hombre. Cuando Él decide hablar, entonces habla mucho, y cada palabra es como toda una creación llena de Sabiduría. Pero cuando no desea hablar, entonces no es fácil convencerle para ello. Pero ¡intentadlo vosotros mismos! Hablad con Él y os dará seguramente alguna respuesta».

4. «No, para esto me falta valor», respondió el joven fariseo, «pues Él nos podría dar una respuesta que nos bastaría para toda la vida. Por eso es mejor quedarnos tranquilos por hoy y no exagerar nuestra curiosidad».

5. «Hacéis bien», intervino Julio. «Mañana será otro día y tendréis seguramente otra oportunidad más adecuada para hablar con Él. Aunque también puede ser que esta noche aún tome algunas disposiciones, y entonces podréis oírle de una forma menos comprometedora».

6. Con esto se quedaron satisfechos los jóvenes fariseos, esperando una ocasión para poder escuchar mis palabras.

7. Poco después, llegó un vigilante desde la orilla del mar donde guardaban capturados a los susodichos criminales y dijo a Julio: «Señor, ya no se puede aguantar más a esos cinco ladrones y asesinos. Están hablando un lenguaje espantoso y hacen unos gestos tan horrorosos que los soldados se están espantando y algunos de ellos casi no se pueden retener para no levantarles la mano para defenderse contra esas lenguas viperinas. Incluso dicen que prefieren la muerte a tener que seguir escuchando esas blasfemias».

8. Entonces Julio me preguntó: «Señor, ¿qué vamos a hacer?».

9. «Hasta que amanezca faltan cinco horas», respondí, «y ese tiempo lo tienen que aguantar los cinco criminales. No se puede ni se debe ceder en ningún momento. Si los vigilantes no pueden soportar más las blasfemias, deben retirarse para no escucharlas, pues ninguno de los criminales se escapará ni podrá soltarse los grilletes. ¡Para esto estoy Yo! Los otros siete presos políticos no sufren de forma considerable, están tranquilos y no representan problema alguno para los vigilantes. El trato con ellos mañana no será difícil. No pasa lo mismo con los ladrones asesinos que nos plantearán todavía muchos disgustos. Sin embargo, es preciso que pasen estos grandes sufrimientos puesto que sólo así sus almas podrán liberarse poco a poco de la carne satánica y sus espíritus malvados; sin esa liberación no será posible su salvación».

10. Acto seguido el vigilante se fue para llevar acabo mi consejo inmediatamente.

Capítulo 5. Julio amenaza a los jóvenes fariseos

1. El joven fariseo había escuchado algo de la Salvación de los cinco ladrones asesinos, lo que le causó asombro. Por eso preguntó inmediatamente, un poco avergonzado, al capitán: «Excelentísimo Señor, ¿es este acaso el famoso Salvador de Nazaret o algún mensajero de Él? Hemos oído que reúne discípulos consigo para instruirlos y enviarlos a muchos lugares con el propósito de divulgar sus enseñanzas a la gente, lo que en la mayoría de los casos resulta favorable. Si fuese Él en verdad el Salvador de Nazaret, entonces sí que nos hemos metido en un buen atolladero».

2. «Pero ¿por qué en un atolladero, aunque fuese el famoso Salvador de Nazaret mismo?», preguntó Julio con un gesto serio y mirando al joven fariseo a los ojos. «Vuestra pregunta me parece sospechosa. ¡Explicadme el motivo de vuestra repentina timidez!».

3. Esta pregunta algo mordaz por parte de Julio atemorizó a los jóvenes y el joven fariseo portavoz se detuvo sin saber qué contestarle.

4. «Si puedes y quieres decirme la verdad», dijo Julio, «entonces no tienes que pensarlo mucho rato. Pero si quieres tranquilizarme sólo con frases malintencionadas, no me conoces, pues sé distinguir demasiado bien entre una fábula taimada y la pura verdad. Os advierto, ¡que no me entere de vuestros propósitos! Me parece que uno no se puede fiar todavía de vosotros, porque estáis ungidos irremediablemente con los ungüentos satánicos. El que se fía de vuestras palabras se traicionará a sí mismo. Todo lo que habéis dicho aquí debe ser pura máscara, teniendo en cuenta vuestro carácter malicioso. Pero ¡cuidado! No tendréis escapatoria puesto que yo mismo os vigilo muy de cerca. Por eso, decid la pura verdad; si no lo pasaréis peor que los cinco asesinos que están atados allí fuera a la orilla del mar».

5. Estas enérgicas palabras de Julio hicieron palidecer a los treinta fariseos y temblar de miedo. Pues aunque tenían el firme propósito de liberarse del Templo, sin embargo, se guardaban todavía la posibilidad de defenderse con el Templo, si hiciese falta. Pues eran muy hábiles en este asunto, porque si se les presentaban algunas dificultades por pertenecer al Templo, eran ellos quienes le criticaban como nadie. Pero cuando volvían al Templo y se les acusaba por haberle criticado, entonces sacaban un sinnúmero de motivos acertados para justificarse por haber hecho estas críticas sólo para fingir.

6. Esta fue la razón por la cual Yo dije ya desde un principio que no se debía uno fiar demasiado; pues las almas de tales hombres son como animales salvajes amansados de los que tampoco se puede fiar uno completamente porque la ferocidad vuelve en cuanto se ofrece la ocasión.

7. Cuando al cabo de un rato de silencio angustioso Julio siguió insistiendo más en su exigencia, le dije: «Amigo, déjalos para que se tranquilicen y hablen después, porque con mentiras no nos pueden dejar satisfechos aunque les gustaría. Hay que tener en cuenta de que primero estoy Yo aquí al que no se debe mentir y segundo, también está Rafael al que tampoco se puede contentar con una mentira. Entonces, ¿para qué les servirá a los treinta atemorizados decirnos una mentira puesto que, por un lado, no nos pueden mentir, y por otro, tenemos todo el Poder y la Soberanía con nosotros?».

8. «Ya veo», respondió Julio, «que Tú, oh Señor, tienes como siempre toda la razón. Así que voy a esperar pacientemente la respuesta de estos fariseos. Sólo advierto que si no hay respuesta durante mucho tiempo, no me quedará otro remedio que actuar en consecuencia».

9. Tras estas palabras el joven fariseo se armó de valor y dijo: «Fuiste muy terco en exigir de nosotros respuesta a tu pregunta. Sin embargo, nosotros te preguntamos antes muy amablemente —aunque un poco nerviosos— qué había de ese hombre distinguido, quién es, y si es acaso el Salvador de Nazaret. En el caso de que fuese así, dijimos que esto nos metería en un gran aprieto. Esto fue lo que te llamó la atención y desconfiaste de nosotros, amenazándonos y pidiéndonos explicaciones. ¿Se comprende que nos metiste miedo puesto que hemos visto tu intransigencia?

10. Pero como ahora hemos encontrado un defensor de nuestra situación delicada en ese maravilloso hombre al que habíamos temido más porque intuíamos que era el Salvador de Nazaret, podemos hablar libre y abiertamente porque ya no tenemos miedo.

11. El que tengamos un temor fundado ante el Salvador de Nazaret es debido sencillamente al hecho de que en el fondo el Templo nos considera como sus perseguidores demostrados aunque nunca lo hemos sido dentro de nuestro corazón. También tuvimos que ordenar ante el mundo más de una disposición ficticia contra Él, que no le habrá agradado si bien ninguna logró hacerle daño hasta ahora.

12. Aquí ya tuvimos más de una demostración y hemos visto que el que persigue al Salvador lo pasará mal. Y cuando nos enteramos de la curación de los cinco asesinos que ha de tener lugar mañana, te preguntamos si acaso no es Él el famoso Salvador de Nazaret.

13. Si esto fuese cierto, no nos quedaría otro remedio que arrodillarnos ante Él y pedirle perdón por todo lo que estuvimos obligados a llevar acabo contra Él en nombre del Templo. Y esto es precisamente el aprieto en el que nos encontramos. Pues al ver el corazón tan noble de este hombre, Él no puede ser otro que el Salvador de Nazaret y sabemos que Él no nos meterá en ningún aprieto. — He aquí la respuesta más sincera y verdadera que nos has exigido. Y ahora danos también tu justa respuesta a nuestra pregunta».

14. «Pues bien», respondió Julio, «es efectivamente Él al que todas las criaturas y todas las fuerzas de los Cielos le son subordinadas. Él es el famoso Salvador de Nazaret. De Él ha hecho antes testimonio la muchacha y el ángel obedeció a su llamada cuando os dio la demostración de su Poder. Y ahora que lo sabéis, decidme qué vais a hacer».

Capítulo 6. Intercambio de opiniones entre los fariseos y Julio sobre Jesús

1. El joven fariseo y junto con él todos los demás respondieron: «¡Alabado sea Dios en las Alturas por haber dado a este hombre tal Poder que resulta ser la Salvación para el débil mortal! Bien es verdad que en los libros de los profetas está escrito que Dios enviará un Mesías al pueblo de Israel. Ahora bien, ¿por qué no le aceptamos como tal? Aunque un Mesías, según las profecías, no debiera nacer en Galilea y venir de allí; pero esto también es un lenguaje de los profetas que —respecto al espíritu— no se entiende muy bien. Bien es cierto que nunca hemos comprendido por qué no puede venir de Galilea un profeta o algún hombre destacado, puesto que los galileos no tienen la culpa de ser galileos. Sin embargo, escrito está. El que lo quiera creer, que lo crea; y el que no lo quiera creer, que lo deje. Nosotros pertenecemos probablemente más bien al grupo de los últimos, de modo que no vacilemos en la idea de aceptar a este Salvador de Nazaret como un Mesías en toda su extensión.

2. Sin embargo, sigue siendo algo muy excepcional y nos plantea la gran pregunta de cómo este hombre ha llegado a desarrollar tales características sumamente elevadas y divinas. Según lo que hemos podido averiguar sobre Él y su procedencia, parece que es hijo de un carpintero que se ha quedado en casa con su padre y algunos hermanos hasta cumplir aproximadamente treinta años. Su única ocupación era trabajar en la carpintería aquí y allá y nunca se ha visto algo especial en Él ni se le ha visto leer, escribir o hacer cálculos. En el trato con sus semejantes fue parco en palabras y aparentemente poco lúcido.

3. Nos contaron incluso que en Nazaret sus padres le regañaban a menudo porque no quería ir a la sinagoga, ni quería escuchar la lectura de las Escrituras ni tampoco daba importancia al sábado. Lo que más prefería era la naturaleza y la observación meditativa de las cosas sobre la Tierra.

4. Una ocupación preferida suya era también la pesca en la que tenía siempre mucho éxito, por lo que los pescadores gustaban tenerle de compañía.

5. En resumen, lo que hemos podido averiguar sobre Él indica que nunca ha visitado una escuela ni tampoco era conocido como un hombre de una formación destacada.

6. Sin embargo, de repente despertó y demostró tal Sabiduría que con toda convicción se podría afirmar que nunca hubo en el mundo otro hombre más sabio.

7. Estos y muchos otros detalles hemos podido averiguar, y resulta que ahora Él está aquí y nos podemos convencer de que es efectivamente un hombre excepcional sin precedentes. Por lo que no nos pueden censurar si preguntamos de dónde ha adquirido esas características sin precedentes que no ha poseído ni poseerá nunca hombre alguno».

8. «Pero ¿quién conoce el objetivo y la medida del Espíritu divino en la que este quiere unirse con el espíritu de un hombre?», preguntó Julio. «¿No puede ser que el Espíritu divino todopoderoso se una con toda la plenitud de su Poder con un espíritu humano para que actúe a través de él, como no puede actuar hombre alguno porque no es Dios?

9. Y donde Dios mismo habla y actúa a través del espíritu fortalecido de un hombre ciertamente apto para ello, es obvio que para nosotros mortales se verá nada más que milagros sobre milagros. Palabra y hecho son una sola cosa; nosotros no podemos imitar ni lo uno ni lo otro, pues que somos en cuerpo y espíritu —bastante limitado— sólo seres humanos. Sin embargo, Él se parece a nosotros sólo en el cuerpo y en el espíritu es Dios en grado sumo que domina toda la infinitud.

10. Pero como según nuestros conceptos romano—teosóficos es preciso venerar y adorar lo puro y divino reconocido, está claro y fácil de entender que hemos de tratar a un hombre a través del cual actúa visible y palpablemente la plenitud del Espíritu divino todopoderoso de una manera diferente a como nos tratamos entre nosotros.

11. De esto podéis deducir el por qué nosotros romanos de una cierta categoría le ofrecemos desde el fondo de nuestro corazón la mayor veneración, amor y respeto, y le reconocemos y alabamos como el Señor de todos los mundos. — Decidme si esto no os parece obligatoriamente lógico».

12. «Oh, sí», respondió el joven fariseo. «Vuestra teosofía nos gusta en gran medida y está adecuada aquí en ciertas circunstancias. No obstante, según la doctrina de Moisés no se podría aceptarla sin reservas, pues dice expresa e indiscutiblemente: “Yo soy Dios, el Señor, no tendrás otros dioses aparte de Mí”».

13. «Es cierto», afirmó Julio, «pero también hay que entender a Moisés no según la palabra sino según el espíritu. Entonces se verá que Moisés con su severa doctrina no considerará mi divisa como contradictoria cuando digo que el hombre debería reconocer y venerar una u otra manifestación — siempre que proceda del mismo Espíritu divino que habló con Moisés. Por esta razón los egipcios, griegos y los romanos veneramos a todos los hombres y seres en los que descubrimos alguna fuerza y acción inusuales, la veneración como a un dios, aunque hayamos exagerado finalmente con algo de superstición ciega.

14. Entonces pensamos: Para el puro al fin y al cabo todo es puro. Si la humanidad algo supersticiosa con su veneración de lo divino en toda clase de figuras y objetos no degenera en algo malvado… en algo para apaciguar a los dioses enojados mediante crueles holocaustos —a lo que es inducida casi siempre a causa del hambre, el afán de poder y la creciente avaricia de los sacerdotes— entonces su superstición piadosa no se podrá calificar de delito espiritual. Soy de la opinión de que siempre es mejor que el hombre tenga fe en algo por un buen motivo a que no crea en nada y se iguale así al animal que no tiene superstición ni buena ni mala.

15. Un hombre que no quiere ni puede tener fe alguna, no conseguirá nunca una buena formación de su entendimiento. Pues, el que quiere construirse una casa, por pequeña que sea, tiene que procurarse primero el material necesario. Aunque al principio no haya orden en la materia prima, este, sin embargo, se puede crear rápidamente con tal de que exista el material necesario. Pues sin este, todo el orden será en balde.

16. Por eso repito que tener una superstición le sirve incluso más al hombre que no tener fe en nada. Pues tener paja es mejor que nada, porque siempre se puede hacer algo con ella. Por eso, los romanos, también de vuestro pueblo toleran muchas veces la superstición más tenaz, porque ven en ella todavía algún provecho para la humanidad.

17. Pero en cuanto a los mismos templarios los aborrecemos totalmente, puesto que sabemos que no creen en nada. Por el contrario hacen creer al pueblo en vez de la Verdad las cosas más absurdas como cosa divina e imponen los castigos más insoportables a aquellos hombres que a pesar de la presión moral son lo bastante despabilados para no creer que la belleza sea fealdad o que el Sol brille negro en vez de blanco. Esto es para mí una vil malicia y ni mucho menos sólo una superstición por parte de un ser humano.

18. Naturalmente, un valor inestimable es si se tiene una buena oportunidad y la capacidad de llevarles a los ciegos hombres una Luz correcta. Pero mientras que no sea posible y no se le pueda proporcionar algo mejor, que se deje al pueblo por lo menos su opinión piadosa».

Capítulo 7. Las enseñanzas vanas del Templo

1. «Todo lo que acabas de explicar, estimado soberano, es completamente claro y cierto, de modo que podemos constatar: cualquier hombre con algo de inteligencia gana con una corta conversación contigo más para su cabeza y su corazón que escuchando durante cientos de años las tonterías del Templo que son nada más que palabras huecas.

2. En el Templo», continuó diciendo el fariseo, «se habla mucho y se vocifera todavía más. Pero todo esto es lo mismo que cuando alguien dice: “Amigo, lávame mis manos y pies; pero ten cuidado de no mojarme”. Para las doctrinas que se enseñan en el Templo se exige expresamente escucharlas con atención y cumplirlas. Pero que nadie se preocupe del cómo y porqué de la enseñanza, pues, se dice, que son misterios de Dios que nadie más que el sacerdote debe conocer bajo la estricta orden de confidencialidad.

3. ¿De qué le sirve al hombre una enseñanza cuyos términos puede, incluso debe escuchar pero que no ha de comprender ni una palabra de ella? ¿No sería entonces mejor no haber oído nunca nada de esta enseñanza?

4. Cuando se observa en qué estima se encuentra la Doctrina de Dios entre los hombres, uno se encuentra con cosas que le revuelven el estómago. Pues aunque los hombres en sus actividades y quehaceres no sean tan estúpidos y nublados como una noche encapotada sin luna, sin embargo, lo son de forma múltiple en cuanto a las doctrinas divinas. O bien creen ciegamente en cuentos chinos o no creen en nada, antes de creer en un hombre sincero.

5. Oh, señor y soberano, no podrás imaginarte cómo estaba mi ánimo cuando tenía que predicar a los hombres algo como cosa buena y verdadera, mientras sabía de antemano que se trataba de una completa mentira. Habría querido estrangularme a mí mismo de rabia. Pero ¿de qué me valía? En cuanto el buey esté amarrado en sus arreos, tiene que tirar, no importa si el carro es ligero o pesado, de lo contrario va a haber palizas. Mientras estaba predicando me he preguntado muchas veces: “¿Quién es el buey al que hay que lamentar, yo —el predicador— o aquél al que predico?”. La respuesta irremediable fue siempre que yo era necesariamente el buey más tonto. Pues si el que me escuchaba era un hombre listo, podría reírse de mí después con todas las ganas y divertirse con sus amigos por mi causa. Sin embargo, yo no podía hacer esto en el Templo teniendo por seguro el castigo del agua maldita.

6. Por eso, estimado soberano, digo: ¡Fuera de nosotros todo lo que es satánico! A partir de ahora seremos hombres sensatos y no servidores de la estupidez humana; pues es algo horroroso ser un servidor de la estupidez de los hombres. ¡A partir de ahora sólo armas y la razón pura! Todo lo demás es cosa del viejo chivo expiatorio, al que hay que matar y quemar con el fuego de la ira justa. — Pero ahora hablemos de otra cosa.

7. ¿Sabes, estimado soberano, ¿qué es lo que este buen hombre de Dios nos podría pedir si nos admitiera durante unos días como sus discípulos? Pues creemos que podríamos tener un gran beneficio quedándonos con Él aunque sea poco tiempo. ¿Crees que le podemos preguntar sencillamente?».

8. «Naturalmente que sí», respondió Julio. «Pero también sé que nunca acepta ninguna recompensa material sino solamente espiritual. Nunca lleva encima dinero alguno, pero tampoco se queda debiendo nada a nadie. Al que le hace algo por amor a Él, le recompensa de manera diferente y de forma múltiple. Pues su Palabra y su Voluntad valen más que el mundo entero. Sabiendo esto, podéis hacer ahora lo que queráis».

9. «Está bien», dijo el joven fariseo, «gracias por estas aclaraciones que nos hacían falta para saber lo que debemos hacer. Ahora podremos dirigirnos a Él de forma sincera y haremos todo lo que nos diga».

Capítulo 8. Las condiciones del Señor para aceptar a los discípulos

1. Dicho esto, el joven fariseo se levantó y se acercó a Mí: «¡Señor, Maestro y Salvador sin par! Tú sabes claramente quienes somos yo y mis veintinueve hermanos, y nosotros sabemos también por Julio, el excelentísimo soberano, quién eres Tú. Por eso podemos ahorrarnos una larga presentación. Nos hemos enterado también que tomas de vez en cuando unos discípulos. Por lo que quisiéramos ser tus discípulos durante un corto tiempo, si no es posible por más».

2. «Todo estaría bien», les contesté, «sin embargo, los zorros tienen guaridas y las aves del cielo nidos; pero Yo no tengo donde recostar mi cabeza.

3. Quien quiera ser discípulo mío debe echarse a cuestas una gran carga y seguirme. Mis discípulos no disfrutan de ventajas ni posesiones terrenales; al contrario, incluso en mi nombre y por amor hacia Mí deben dejar las ventajas y posesiones que ya han tenido; ni siquiera sus mujeres e hijos deben impedirles su propósito de llegar a ser verdaderos discípulos del Reino de Dios.

4. No deben llevar encima ni dinero ni otros tesoros de valor, ni dos túnicas, ni calzado, ni alforja para el camino, ni bordón ni ningún otro bastón de viaje para defenderse de posibles enemigos.

5. No deben poseer en la Tierra más que el secreto oculto del Reino de Dios. Si podéis conformaros con estas condiciones, entonces podéis ser mis discípulos.

6. Cada uno de mis discípulos también debe igualarme en cuanto a su amor, su carácter afable y su paciencia para con todos. Debe bendecir al peor enemigo como a su mejor amigo, y cuando se le presente la oportunidad, debe hacer bien al que antes le ha hecho daño y rezar por quien le persigue.

7. Ira y rencor deben estar lejos del corazón de quien quiera ser mi discípulo; no debe quejarse ni enfadarse de los acontecimientos crueles y malos en esta Tierra.

8. Debe huir de todos los deleites de los sentidos como se huye de la peste; en lugar de ello debe hacer todo lo posible para formar en su propio corazón un espíritu nuevo por mi Palabra viva y, finalmente, continuar viviendo eterna y perfectamente en conformidad con este espíritu en la plenitud de toda la fuerza espiritual.

9. Considerad bien estas condiciones y decidme si estáis conformes y queréis someteros a ellas».

10. Escuchadas estas palabras, los jóvenes fariseos se rascaron tras la oreja sin saber qué contestar. El que más dialogaba siempre con Julio y que se encontraba ahora a mi lado dijo al cabo de un rato, medio en broma: «Querido, afable Maestro sin igual, las condiciones explicadas serán seguramente muy buenas para alcanzar tan sólo algunas de tus características extraordinarias divinas, pero sólo habrá muy pocos que se conformen y se confiesen a ellas. Pues en general no tendrá valor alguno; porque si al final todos los hombres aceptasen tus condiciones para ser discípulos tuyos, la Tierra no tardaría en volverse tan vacía y desértica como en los primeros días de la Creación. Pues conseguirás por esta vía muy pocos prosélitos. Quizá habrá algunos pocos que quieren llevar una vida sosegada y conseguir en la Tierra lo que tendrán que conseguir en el Más Allá. ¿Pero todos los hombres? Oh Dios, ¿qué pasará con el mundo?

11. No, para el ámbito físico y moral de cualquier hombre la antigua doctrina de Moisés será siempre lo más exhaustivo y útil para todas las criaturas. Se puede ser ante Dios y el mundo un hombre distinguido —como David— lo que es imprescindible para mantener el orden en la Tierra. Colocando a todos los hombres al mismo nivel, verás muy pronto a dónde llega la humanidad. Sí, algunos pocos deberían conocer los misterios del Reino de Dios en la Tierra, pero para todos los hombres no serviría más que cuando en un ejército se reúnen muchos generales del mismo rango y al mismo tiempo muchos guerreros burdos sin conocimiento del arte bélico, es decir, sin capitán. Con un ejército así se podría medir incluso un grupo de ancianas conducidas adecuadamente.

12. En cuanto a mí solo, sí que me gustaría ser tu discípulo aún con las condiciones más duras. Pero si mis compañeros se adaptarán a ello, esto es otra cuestión. Pues mira, el Templo pide mucho, pero Tú pides todo, — y muy pocos lo acatarán».

Capítulo 9. Las ventajas de la abnegación

1. «Esto no importa», respondí, «Yo no obligo a nadie. Quien quiera seguirme, que me siga; pero quien no quiera ni pueda, que se quede en casa.

2. En estos días, el Reino de los Cielos requiere violencia, y sólo los violentos lo arrebatarán.

3. Sin embargo, respecto a las condiciones difíciles que os he puesto, Yo pienso lo siguiente: Si tienes, por ejemplo, una túnica vieja, muy harapienta, con la que resulta vergonzoso mostrarse en público y otro hombre se dirige a ti con una túnica nueva y buena, diciendo: “Amigo, ¡quítate esa túnica vieja y destrúyela, porque no puede usarse más! Te doy a cambio otra nueva, que te servirá para siempre pues está tejida con un material indestructible”. Te pregunto si ante tal ofrecimiento ¿serías tan necio de quedarte con la vieja túnica andrajosa?

4. Además sabes, igual que tus compañeros, que esta vida de prueba en la Tierra no dura sino muy poco tiempo y después de ella empieza inmediatamente la eternidad sin fin. ¿Sabes si todavía tienes otra vida después de la muerte de tu cuerpo? Únicamente Yo, con toda certeza, soy capaz de darte a ti y a cualquier hombre la Vida eterna, más perfecta que la de un ángel, a cambio de esta vida corta y miserable.

5. ¿Te quedarás todavía receloso para aceptar mi ofrecimiento, siendo Yo el único que puede conseguirte la Vida eterna de manera que la poseas totalmente? En verdad, poco exijo y doy mucho a cambio.

6. ¿Crees en verdad que la Tierra se volverá vacía y desértica, si algún día todos los hombres aceptasen y cumpliesen mis enseñanzas, lo que sucederá efectivamente en un futuro? ¡Oh, fariseo de poca vista!

7. Ves aquí a mi ángel. Tiene tanto poder y fuerza de Mí que —si Yo lo quisiera— podría derribar en un momento, tal como ha desmenuzado antes la piedra, a toda la Tierra, al Sol, a la Luna y a todas las estrellas visibles —contra las que esta Tierra es sólo un granito de arena. Pero si crees que el cultivo de la tierra depende solamente de los hombres, estás en un grave error.

8. Te doy, por ejemplo, un trozo de terreno y antes de labrarlo le echo mi maldición. Entonces podrás cultivar y labrarlo como quieras, nunca producirá ni siquiera espinas o cardos para los gusanos. Aunque el sembrador ponga la semilla en la tierra arada, sin la bendición y colaboración de mis ángeles no producirá nunca fruto alguno. — ¿Lo entiendes?

9. Pero si los labradores principales del suelo, para que traiga un fruto útil, son mis ángeles, entonces también se encargan en caso necesario de la siembra, tal como ocurre en algunos lugares de la Tierra que ningún hombre ha pisado jamás.

10. Pero como los hombres sufren de la vieja maldición y quieren trabajar ellos mismos con todo su afán para el bienestar del cuerpo, pues entonces, mis ángeles pueden disfrutar de su día de descanso…».

Capítulo 10. Las consecuencias negativas del lujo

1. «¿No habéis leído algo del Jardín del Edén en la Tierra donde fue creado el primer hombre?», continué. «Este Edén, o paraíso, era un jardín grande, bien cultivado, con los mejores frutos de toda la Tierra. Sin embargo, nunca había sido labrado anteriormente por la mano del hombre. Los primeros hombres no tuvieron ni casas ni ciudades. Sólo tuvieron muy pocas necesidades fáciles de satisfacer, pese a lo cual estaban sanos, siempre alcanzaban una edad muy avanzada y por eso tenían mucho tiempo para dedicarse a la formación del alma, y de este modo estaban en constante comunicación con las fuerzas celestiales.

2. Pero, por sugestión del Satanás, Caín construyó para su hijo Enoc una ciudad del mismo nombre y con ello colocó la primera piedra de todos los males en la Tierra.

3. Yo os digo: El hombre no necesita sino muy poco para vivir en esta Tierra; pero el orgullo y la soberbia del hombre, su pereza, su arrogancia, su egoísmo y despotismo necesitan increíblemente mucho, y a pesar de ello nunca queda satisfecho.

4. Así la preocupación humana queda bien alimentada y los hombres, como es natural, no tienen ya tiempo para dedicarse a aquello por lo que Dios les dio la vida.

5. Desde Adán hasta Noé los hijos de las montañas nunca estaban en guerra porque tenían muy pocas necesidades y ninguno quería ser más que su hermano; los padres gozaron de prestigio ante sus hijos porque continuaban siendo sus guías, instructores y sabios consejeros.

6. Sin embargo, en los valles más profundos donde los hombres ciegos de corazón y de intelecto empezaron a adornar suntuosamente a sus instructores y guías, untaron sus cabezas, los orlaron de coronas y por respetarlos más les otorgaron diversos poderes, se acabó con la vida de pocas y sencillas necesidades.

7. El lujo tiene un estómago tan grande que nunca puede ser saciado. La Tierra no pudo dar alimento suficiente en una superficie limitada y los hombres de lujo, difíciles de saciar, empezaron a extenderse más y más, llamando propiedad al suelo ocupado. Acto seguido se entregaron al lujo y con esto despertaron envidia y celos. Muy pronto se originaron rivalidades, disputas, querellas y guerras, y el más fuerte dominó finalmente al débil y le forzó a trabajar para él y a serle súbdito en todo. Los que se rebelaban fueron castigados incluso con pena de muerte y obligados a obedecer incondicionalmente.

8. Y ved, estas fueron las consecuencias de la cultura mundana de la Tierra, del amor al lujo y de la arrogancia nacida de ello.

9. Cuando Yo ahora, viniendo de los Cielos, quiero llevaros nuevamente al estado primitivo y feliz de los primeros hombres y os muestro los caminos hacia el Reino de Dios, perdidos hace mucho tiempo, ¿cómo podéis decir que las condiciones establecidas por Mí son demasiado difíciles y rigurosas y en general casi irrealizables para los hombres?

10. Yo os digo: El yugo que pongo sobre vuestros hombros es liviano, y la carga que os invito a llevar muy ligera comparada con lo que lleváis y soportáis diariamente.

11. ¿A dónde os han llevado vuestras preocupaciones? Ni de día ni de noche tenéis tranquilidad ni descanso a causa del mundo, y para no veros privados de vuestro lujo imaginario y de vuestra vida regalada a costa del sudor vertido con frecuencia por vuestros hermanos y hermanas débiles.

12. Con tales preocupaciones ¿cómo va a hallar tiempo el alma para despertar en ella al espíritu de Dios?

13. Verdad es que vuestras almas y las de millones de hombres ni siquiera saben que son portadoras del Espíritu de Dios, por no hablar de que con sus infinitas preocupaciones por el mundo ni quieren ni pueden hacer algo provechoso para liberar y hacer independiente a este Espíritu. La pobre y débil humanidad es, sin embargo, incitada por vosotros a trabajar infatigable y servilmente, y por eso tampoco puede hacer nada para liberar y hacer independiente su espíritu. De esta manera vosotros, los fariseos y vuestros seguidores, estáis muertos y sois verdaderos hijos del Satanás e incapaces de entender mi Palabra, que os conduciría rigurosa y verdaderamente a la Vida. Por el contrario defendéis la vuestra, que os llevará necesariamente, a vosotros y a vuestros seguidores, a la muerte eterna».

Capítulo 11. Los motivos del diluvio

1. Y continué: «Se acusa a Dios de por qué Él pudo permitir que venga un diluvio inundando toda vida sobre la faz de la Tierra y por qué se destruyó a las gentes de Sodoma y Gomorra. Os contesto con otra pregunta: ¿Para qué dejar que unos bultos de carne a los que se les dio vida y buen aspecto sigan revolviéndose en la Tierra, pero cuyas almas se han alejado tanto del Orden de Dios que ha desaparecido hasta el último rastro de la consciencia de sí mismo de tanta preocupación por la carne?

2. ¿Puede haber encarnación más rígida de un alma que aquella en la que el alma no solamente ignora completamente que el Espíritu divino mora en ella sino incluso llega a perderse a sí misma de modo que empieza a desmentir su propia existencia, sin haber manera de convencerla que existe?

3. Cuando se produce este estado entre los seres humanos de este mundo, el hombre ha dejado definitivamente de ser un hombre. No solamente se ha convertido en un animal llevado por su instinto sino se ha hecho incapaz para una formación sucesiva del alma y del espíritu. Por eso, habrá que destruir esa carne y dejarla que se pudra junto con el alma que se ha vuelto mera carne, para que tal vez después de muchos milenios, cuando se ha despojado de sus tendencias carnales, pueda reiniciar el camino de su propia formación y él de su independencia — o sea, en esta Tierra o en otra...

4. Podéis comprobar de vosotros mismos que existen muchos hombres que a causa de las grandes preocupaciones por el mundo y su carne ya no saben nada de su propia alma; nadie ya sabe decir qué o quién es el alma en verdad. Frecuentemente las personas exclaman: “¡Alma mía!”, o “por mi alma”; pero si se les pregunta qué o quién es el alma, no saben qué decir.

5. Pero cuando un alma ya no se conoce a sí misma y ha olvidado lo qué es, entonces se acabó todo. A Dios no le queda entonces otro remedio que volver a mandar a la Tierra los conocidos procesos de destrucción de los humanos como diluvios u otras catástrofes en mayor o menor medida, según el comportamiento de los hombres, en la medida que han olvidado su alma y su espíritu.

6. Estos humanos que viven solamente por su carne y el mundo, tienen frecuentemente un aspecto muy bello y exuberante, especialmente el género femenino. La explicación de ello está en que el alma se ha unido cada vez más con su cuerpo carnal. Sin embargo, estos hombres se han debilitado y no resisten fuertes impresiones físicas. Por lo que enferman fácilmente y cualquier influencia enfermiza, como contaminaciones, les causa la muerte. Mientras que los hombres con un alma y un espíritu libres, resisten a todas las toxinas de la Tierra sin que les afecte en absoluto, pues su alma y espíritu libres poseen fuerza y medios en abundancia para contrarrestar eficazmente a cualquier enemigo. Por el contrario, un alma atrapada en su propia carne maldita se parece a un gigante fuertemente encadenado, incapaz de defenderse ante una mosca o ante un enano impotente que le separa con un cuchillo muy despacio pero dolorosamente la cabeza del tronco».

Capítulo 12. Indicaciones para la misión

1. Y proseguí: «Recordad siempre: Cuando llegáis a un lugar donde viven hombres y mujeres físicamente bien formados y bien vestidos, pasad de largo; pues allí no hay nada que hacer por el Reino de Dios. El juicio divino está cerca, pues esas almas, fuertemente atadas a la carne, han enterrado incluso gran parte de su propia existencia y consciencia. Y si, además, su “bonita” carne es sitiada por espíritus naturales del aire malos, burdos y muy poco formados, entonces esas almas atrapadas son incapaces de defenderse y juntas con su carne, sucumben ante los espíritus naturales. Pues, la carne que está demasiado amalgamada con su alma es mucho más susceptible y sensible que la carne de un cuerpo cuya alma es libre.

2. Si queréis comprobarlo, coged a una de esas mozas tiernas de la ciudad fuertemente del brazo o por otra parte del cuerpo, y ella gritará de dolor. Pero a un labrador que trabaja además de en el campo cuidando de su alma y de la de sus hijos, podéis agarrarlos de sus manos y de las de sus hijos lo más fuerte que queráis, y no empezarán a gritar de dolor.

3. Podéis pensar que esta insensibilidad proviene del duro trabajo y de la robustez adquirida. ¡Ni mucho menos! Esta mayor insensibilidad es una consecuencia de la abnegación de un alma liberada, lo que proporciona también mayor robustez a la carne.

4. Pero donde todos los cuidados se dedican a la carne e incluso existen escuelas en las que se aprende a cuidar y mimar el cuerpo con ejercicios de gimnasia, haciéndole blando con ungüentos de cremas y aceites, ahí ya no hay almas libres y fuertes. Apenas pasa una ligera brisa pero algo contaminada por estos cuerpos debilitados, la muerte se dará un gran festín.

5. Entonces empezarán los llantos y las quejas contra Dios, preguntando por qué Él admite que los hombres tengan que sufrir tales plagas. La gente se quejará de que o bien Dios no existe o Dios está demasiado lejos para preocuparse del pobre género humano o Dios está ansioso por recibir sacrificios y oler inciensos, dando a entender que hay que apaciguarle con semejantes celebraciones. O también que Dios se haya enojado, queriendo vengarse ahora de la inocente y débil humanidad.

6. Sin embargo, nadie piensa que todo el sufrimiento, las enfermedades, las guerras, carestía, hambre y pestilencia provienen únicamente del hecho de que los hombres en lugar de trabajar en pro de su alma y su espíritu según el Orden divino, sólo cuiden su cuerpo físico.

7. A las almas muertas se les predica el temor de Dios, en el que el predicador mismo, muerto en su alma, ya no cree desde hace mucho. Lo importante para él son la recompensa que recibirá por su sermón y los honores y prestigios de los que gozará al ejercitar sus dotes de predicador. Así un ciego guía a otro ciego y un muerto quiere dar vida a otro muerto. El primero predica para su estómago y el otro escucha el sermón para beneficiar a su cuerpo. Sin embargo, ¿qué beneficio puede recibir de ello un alma sumamente enferma?

8. Yo soy un Salvador y Sanador; y los hombres espiritualmente muertos y, por tanto, ciegos como topos se preguntarán cómo me puede ser posible sanarlos. Y Yo os digo: No sano el cuerpo físico de los hombres sino que libero el alma en tanto no esté demasiado atrapada en su carne, y despierto al espíritu sepultado en ella. Éste fortalece entonces inmediatamente al alma liberada, y entonces será muy fácil para ella poner en orden todos los defectos de la carne.

9. La gente llama a esto una curación milagrosa, sin embargo, en verdad es la curación más natural de la carne. Lo que uno tiene, lo puede dar. Pero lo que no tiene, no lo puede dar.

10. Quien tiene un alma viva según el Orden divino y un espíritu libre en ella, puede liberar también el alma de su hermano si no está demasiado encadenada a su carne. Ésta puede ayudar también a su cuerpo físico enfermo. Pero si el que pretende ser un médico del alma tiene a su vez un alma enferma y medio muerta espiritualmente, ¿cómo puede dar a otra alma lo que él mismo carece? Por eso, pensadlo bien.

11. Os acabo de explicar pues las condiciones para llegar a ser mis discípulos y los motivos de los males en el mundo. Actuad entonces cómo queráis. No os obligo ni os impido ser mis discípulos. Pero si queréis serlo, debéis procurar que vuestras almas sean libres y fuertes, de lo contrario el seguimiento de mi enseñanza no os servirá de nada».

Capítulo 13. Noé y el Arca

1. Al escuchar estas palabras, todos se quedaron perplejos y se dijeron para sus adentros: “Es por mi culpa”. El joven fariseo no supo qué contestar. También Cirenio y Julio se pusieron a reflexionar, al igual que Ebalo y su hermosa hija Yara.

2. Al cabo de un rato, Cirenio tomó la palabra: «Señor y Maestro, aún habiendo pasado ya varios días y noches junto a Ti y visto muchas cosas maravillosas tuyas, incluso haberte escuchado decir palabras muy serias, nunca me ha tocado algo tan profundamente como estas explicaciones tuyas. Según ellas no estamos en mejor situación que Sodoma y Gomorra en los tiempos de Abraham. Todas nuestras preocupaciones y acciones son pues totalmente fruto de Satanás. Amigo, esto es una lección muy dura, mostrándonos claramente la cruda verdad. Pero, ¿cómo vamos a poder darle ahora la espalda al mundo tan de repente y dedicar todo nuestro tiempo sólo a la formación del alma y del espíritu?».

3. «Amigo, no hay nada más fácil que esto», le respondí. «Permanecerás siendo quien eres y mandarás a los que te son confiados; sin embargo, no para tu prestigio sino para el bien común de todos los hombres.

4. Acuérdate de cuando —en los tiempos de Noé— llegó el diluvio universal sobre la faz de la Tierra en la que habitaba una humanidad totalmente corrupta, las aguas arrasaron con todo lo que había en la tierra, menos naturalmente los peces en el mar. Se salvó únicamente Noé y su pequeña familia junto con los animales que cupieron en el Arca.

5. Y ¿cómo fue posible que Noé y su familia salvaran su vida en la inundación de muerte? Pues, porque se encontraron con el Arca tan resistente que las olas violentas tuvieron que llevar obedientemente a sus espaldas sin poder entrar en el interior.

6. Este diluvio se sigue manteniendo espiritualmente sobre la faz de la Tierra y, Yo te digo, no es menos peligroso para la vida de los hombres mundanos que entonces en los tiempos de Noé.

7. ¿Cómo podéis evitar ahogaros en este diluvio espiritual? Pues lo que Noé hizo materialmente, debéis hacerlo espiritualmente. Entonces estaréis siempre protegidos ante la gran inundación del diluvio espiritual.

8. Dicho con otras palabras: Dar al mundo —según el Orden divino— lo que es del mundo, pero dar a Dios lo que es de Dios.

9. El Arca de Noé representa la verdadera humildad y el amor al prójimo y a Dios.

10. Quien es humilde, pleno de amor puro y desinteresado para con Dios, el Padre, y para con todos los hombres, y se esfuerza siempre en servir en lo posible a todos, según el Orden divino, flota bien protegido, sano y salvo, pasando sobre las olas mortíferas de todos los pecados del mundo. Al final de esta vida terrestre, cuando las olas descienden a sus profundidades oscuras, su arca descansará en el gran Ararat del Reino vivo de Dios, y será una morada eterna para él».

Capítulo 14. La manera de cómo se debe valorar y aprovechar los bienes terrenales

1. «Mírame», proseguí, «¿acaso no tengo que vivir en el mundo? Como y bebo y el mundo me sirve como antaño las olas sirvieron al Arca de Noé. Aunque estén embravecidas violentamente debajo de las fuertes paredes de mi Arca, nunca la podrán hundir.

2. No es tu culpa el que se haya constituido antaño el Imperio Romano. Pero ahora existe y tú no lo puedes derribar. No obstante, el reino posee buenas leyes que sirven muy bien para el mantenimiento del orden y la sumisión de las personas. Si te consideras un señor que está por encima de la ley, pudiendo ser coronado por ello, estás en un gran error, aunque no a los ojos de las personas que tienen que observar la ley, una vez hecha la sanción, con todas sus ventajas y desventajas. Si, por el contrario, te sometes a la ley y te consideras solamente un guía y ejecutor de la misma, elegido por el Estado y por necesidad, entonces estás en el lugar correcto, pudiendo construirte un arca a partir del material espiritual de la ley que te llevará por encima de las olas embravecidas de los pecados del mundo.

3. Pero si, además, sigues con tus actos los principios sencillos de mi enseñanza —que son perfectamente compatibles con vuestras leyes— harás con ello mucho bien a tu alma y a tu espíritu».

4. «Pero, Señor», replicó Cirenio, «piensa en el lujo en el que tengo que vivir a causa del Estado. ¿No es una contradicción con lo que acabas de explicar acerca del lujo mundano?».

5. «Yo te pregunto: ¿Amas en tu corazón el lujo y la magnificencia del mundo?».

6. «Oh, nada de eso», respondió Cirenio. «Lo aborrezco profundamente».

7. «Entonces ¿por qué te inquietan el lujo y la magnificencia que tienes por obligación? Nada de esto puede resultar un perjuicio para el alma y el espíritu si no le otorgas el amor de tu corazón. Pero si tu corazón está atado a lo material —por insignificante que sea— puede representar el mismo perjuicio para el alma y el espíritu como si fuese la corona más pesada de oro, adornada de las más valiosas piedras preciosas.

8. Por eso, todo depende de la disposición del corazón. De otro modo, el Sol, la Luna y todas las estrellas que resplandecen en su magnificencia para la alegría de los hombres, tendrían que ser atribuidos a los hombres de esta Tierra como pecados. Y esto sería ridículo. Por eso, mi querido Cirenio, estás en lo correcto si te alegras del lujo que posees; no obstante, la alegría no debe ser vanidosa y con ello necia, pues esto envenena al alma y finalmente la destruye.

9. A Salomón le fue permitido, e incluso ordenado, vestirse con magníficos ropajes como ningún rey antes que él lo había hecho y ninguno lo hará en lo sucesivo. Mientras no le producía una alegría vanidosa y necia sino que su alegría fue alimentada por la sabiduría, este sentimiento era beneficioso para su alma y espíritu. Pero cuando en lo sucesivo empezó a enaltecerse vanidosamente a causa de su lujo y el orgullo se apoderó de él, fue perdiendo su posición ante Dios y los hombres y cayó en los pecados del mundo lozano. Sus obras y acciones se convirtieron en bufonadas ante los hombres más buenos y en atrocidades ante Dios.

10. Te digo a ti y a todos los demás que para el hombre es bueno y beneficioso si —habiendo madurado ya completamente en alma y espíritu— imita ya en la Tierra la magnificencia de los Cielos y alegra su ánimo de un modo justo; pues es más loable construir que destruir. No obstante, solamente los hombres totalmente maduros en alma y espíritu lo deberían hacer para que los inmaduros puedan ver lo que un hombre maduro es capaz de realizar.

11. Pero aquel que construye un palacio para su honor y su gloria, amándose a sí mismo en su lujo, comete un gran pecado contra su alma y el espíritu divino en él, y se daña a sí mismo como a sus descendientes, los cuales, ya desde su nacimiento, se creen ser mucho mejores que sus semejantes.

12. Y si a causa de la magnificencia de los palacios los corazones de sus habitantes se corrompen, volviéndose orgullosos y arrogantes contra las personas que no poseen palacios, entonces es preferible demoler los palacios sin tardar.

13. En este sentido, no va contra el Orden divino construir una ciudad en la que los hombres viven y trabajan juntos en paz y armonía como una familia y pueden ayudarse mutuamente en todas las cosas, en lugar de vivir a mucha distancia los unos de los otros. Pero si en esta ciudad surgen el orgullo, el lujo, la suntuosidad, envidia, odio, persecución e incluso asesinato, además de glotonería, pereza y lascivia, entonces esta ciudad no es digna de seguir existiendo y debería ser demolida, de lo contrario se convertirá en un caldo de cultivo para mucha clase de males ancestrales que pudrirán con el tiempo toda la Tierra por completo, parecido a la ciudad de Hanoc de antes del diluvio, a Babilonia después del diluvio y a la gran ciudad de Nínive. ¡Qué importantes fueron entonces estas ciudades, y ahora quedan en su lugar solamente algunas miserables chozas! Donde existía antaño Hanoc, hay ahora un mar, al igual que en los sitios de la antigua Sodoma y Gomorra y de las diez pequeñas ciudades alrededor de las dos grandes, de las cuales cada una fue más grande que el mismo Jerusalén de hoy que tampoco ya tiene la misma extensión como en los tiempos de David.

14. Lo que sucedió con estas ciudades, sucederá también con Jerusalén. Y aquí hay algunos presentes que verán y soportarán el terror de la destrucción. Pues como he dicho, es mejor tener más almas vivas que tener tales ciudades en las que las almas de los humanos se destruyen ahora y por toda la eternidad.

15. Por lo tanto, querido Cirenio, puedes poseer todo lo que la Tierra te ofrezca de precioso y bello y regocijarte por ello, alabando y agradeciendo a Dios. Pero no ates nunca tu corazón a ello, puesto que la magnificencia terrenal acabará un día, para ti, cuando abandones lo temporal para entrar en la eternidad. Pues toda la materia no es sino aquello que te he explicado anteriormente con claridad. — Dime, ¿estás contento así y has comprendido todo, tal como lo debe entender todo el mundo?».

Capítulo 15. El camino correcto para llegar el hombre a la perfección

1. «Si, ahora lo tengo claro», respondió Cirenio. «Tal como para cada hierba existe una determinada ley según la cual se puede desarrollar, así existe también sólo una ley moral, adaptada a la condición psico—ética de la naturaleza humana, conforme a la que el hombre puede conseguir por sus propios esfuerzos su independencia libre. O también existe solamente un camino y siempre el mismo, por el cual se puede alcanzar su verdadero y eterno destino. Sin embargo, es imposible llegar a la gran meta, la única verdadera y determinada por Dios, por los otros muchos caminos de la libertad que, visto moralmente, también pueden tomar los hombres.

2. También reconozco claramente que el camino que Tú, oh Señor, nos has mostrado es el único correcto y verdadero. Así mismo comprendo que cualquier ser humano, de posición alta o baja, puede andar por el camino correcto sin vacilar con tal de que tenga una firme voluntad para ello. Sin embargo, nadie podría haber encontrado este camino por sí solo, en toda su plenitud de la Verdad y adaptado a todas las condiciones de la vida. Es preciso que esto se manifieste directamente por el Espíritu de Dios a los hombres que tienen una comprensión adecuada para ello.

3. Pero aunque el camino esté claramente señalado, creo que pocos le seguirán de manera cabal. Pues, los organismos demasiado mundanos han colocado una barrera resistente ante este camino correcto, y muchos que quieren tomarlo, se verán frenados a mitad del camino; especialmente cuando no notan un éxito satisfactorio de sus esfuerzos en poco tiempo. Pues esto no irá tan rápidamente, precisamente con esos hombres que anteriormente ya dependían mucho del mundo material.

4. Yo espero poder alcanzar esta gran meta santa con ayuda de tu Gracia. Pero soy sólo uno de entre los muchos millones que constituyen el gran Estado romano. ¿Cómo y cuándo llegarán todos ellos —que son seres humanos como nosotros— a este camino?».

5. «Estimado gobernador», intervino el joven fariseo, «tuve el mismo pensamiento ahora. Nosotros ya podemos ir por el camino de la Salvación con tranquilidad y buen ánimo. Pero ¿qué pasará con los muchos millones de personas que no tienen la oportunidad de sacar de la fuente y poder aclarar cualquier duda con el gran Maestro de la Vida?».

6. «También se ha previsto esto», le respondí. «Pues después de Mí la puerta del Cielo sigue estando abierta. Y esto de lo que estamos ahora hablando, será escuchado y escrito palabra por palabra hasta después de mil años, como si todo ocurriese igual que ahora también para aquellos que vivirán dentro de dos mil años en la Tierra. Y sobre cualquier duda que se tenga se podrá pedir un consejo más claro de los Cielos. En el futuro, cualquiera tendrá que ser instruido por Dios mismo, y el que no lo sea, no podrá entrar en el Reino luminoso de la Verdad».

Capítulo 16. Sobre la ascensión de Jesús

1. «Sin embargo os digo», proseguí, «que será siempre muy difícil permanecer en la pura Verdad, pues el intelecto mundano se agudizará enormemente, en muchos lugares. De modo que las personas no querrán comprender que en el espíritu soy Yo Aquel quien dio a Moisés en el Monte Sinaí, entre truenos y relámpagos, las Leyes divinas, dictándole los cinco libros, y quien mantiene y gobierna con su Sabiduría y Poder toda la infinitud. Incluso algunos de vosotros todavía no entendéis que Yo soy Uno con el Padre en el Cielo, pese a que seáis testigos vivos de todo lo que sucede aquí y sucedió en otros lugares. ¿Qué dirán los grandes sabios del mundo cuando llegue a sus oídos este testimonio, dado que su única fuente de información será la tradición?

2. Por esta razón se anuncia solamente a los hombres sencillos y no a los sabios del mundo, pues lo que es grande en el mundo es para Dios un horror.

3. El hombre sencillo que tiene todavía un corazón bastante puro, tiene también un alma más libre y en ella un espíritu libre, por lo que capta más fácilmente lo que es del espíritu. Sin embargo, un sabio del mundo cuya alma está encerrada en sus condiciones materiales, sin tener idea alguna del espíritu divino en ella, no captará ni entenderá lo que vosotros ya habéis comprendido en su mayor parte y con detenimiento. No obstante, todavía no es la totalidad; pero después de mi ascensión lo entenderéis completamente».

4. «¿Qué ascensión será esa?», preguntó Cirenio. «¿Acaso serás coronado para ser el Rey de todos los reyes en la Tierra?».

5. «Eso es», le dije, «pero no para ser un rey del mundo con su corona de oro. ¿Crees que no tendría el Poder para hacer Mío un reino en la Tierra que abarca todos los confines de ella? ¿Quién me lo podría impedir?

6. ¿No está la existencia de todas las cosas en las manos de mi Padre —que está en Mí como Yo estoy en Él— y así también la vida de todos los seres humanos? ¿Cuántas respiraciones podrás dar sin la Voluntad de mi Espíritu, quien todo vivifica y mantiene?

7. ¿De qué les sirvió a los hombres en los tiempos de Noé todo su poder y arte refinado guerrero? Mi Espíritu hizo venir el diluvio sobre todos los reyes y sus pueblos, y todos se hundieron.

8. ¿De qué le sirvió al poderoso Faraón todo su ejército inmenso? Mi Espíritu dejó pasar en seco al pueblo de Israel a través del Mar Rojo y el ejército egipcio que lo persiguió, se ahogó.

9. Si Yo quisiese ser un rey de esta Tierra, ¿qué poder me lo impediría?

10. Pero esto no me afecta ni a Mí ni a todos los que quieren ser mis seguidores. A Mí me espera otra exaltación y coronación de la que sabrás más detalles en cuanto se haya realizado. Algunos indicios ya te di al principio de nuestras conversaciones; si te acuerdas, podrás imaginarte el resto».

11. «Señor», respondió Cirenio, «sé perfectamente quién eres y lo que eres capaz de realizar. No obstante, no llego a entender completamente por qué tienes que huir de las persecuciones de Herodes y del Templo, teniendo en cuenta el alcance de todo tu Poder infinito».

12. «Amigo mío», le dije, «podías haberte ahorrado esta pregunta. Primero, porque ya te la expliqué detenidamente en Nazaret, y segundo, debieras haber deducido ya de todas mis pláticas que no he venido a este mundo para dar muerte a los muertos sino para revivificarlos. Por eso, que a nadie se haga juicio ordenado por Mí. Yo he venido para tomar a mi cargo todo el juicio que estaba destinado a la Tierra, y todos los hombres recibirán la Salvación de la muerte eterna gracias al juicio con el que he cargado Yo.

13. No he venido para dar golpes sino para sanar las heridas de la humanidad castigada por múltiples males y no para aumentárselos.

14. ¿Crees acaso que huyo por miedo de mis perseguidores? Entonces estarías en un gran error. Mira a los criminales con su gravísima culpa. Según Moisés y vuestras leyes merecen la muerte mil veces. Sin embargo, Yo no dejo que los maten sino quiero que la Gracia de los Cielos les sea deparada. Si aprovechan bien esta Gracia, también tendrán parte de mi Reino; pero si caen después de nuevo, tendrán ellos mismos la culpa de que todo el peso de la ley recaiga sobre ellos. Pues la ley está vigente siempre, pero la Gracia llega al oprimido sólo de vez en cuando; el que no la respete, tendrá que soportar de nuevo la ley».

Capítulo 17. Sobre el poder de la Voluntad del Señor y la libertad del alma humana

1. Y proseguí: «Tú eres el legislador de todo el poder y potestad en Roma para toda Asia y una parte de África. Pese a ello depende de mi Voluntad el condenar o liberar a los criminales y tú no puedes hacer nada en contra de ello.

2. Por lo tanto, Yo podría presionar con mi Voluntad también a todos los hombres en el mundo para que realicen acciones buenas; sin embargo, esto sería un juicio que convertiría a los hombres libres en máquinas.

3. Tú no eres una máquina porque con lo que haces, siguiendo mis palabras, comprendes perfectamente y sabes que está totalmente de acuerdo con el Orden divino. Cuando algo no entiendes, entonces preguntas y actúas a continuación libremente desde tu entendimiento interior y no por haber sido presionado.

4. Si te presiona mi Voluntad, te conviertes en un esclavo mudo; pero si actúas según tu propia voluntad, eres libre, pues tu voluntad quiere realizar lo que tu entendimiento, la Luz de tu alma, considera como verdadero y bueno. Con el mundo sería otra cosa. Si se le ejerciera presión para actuar según mi Voluntad, no reconocería antes lo que es bueno y verdadero y su actuar sería como el de los animales, o incluso peor. Pues el animal está en un nivel de desarrollo en el que al ejercer presión —que está inherente a su naturaleza— no puede hacer daño moral a su alma porque un alma animal no tiene nada que ver con la ley libre de la moral. Sin embargo, el alma del hombre libre sufriría un gran daño por una obligación interior maniobrada, porque actuaría en contra de la naturaleza moral libre.

5. Así podrás comprender claramente por qué huyo de los que me persiguen, no para protegerme de su rabia impotente sino para preservarlos de la perdición eterna, siendo ellos también mis hijos ciegos y necios.

6. Pero cuando veo que hay personas que a pesar de que me persigan, tienen un buen carácter y son capaces de reconocer la Verdad y lo bueno y puro mediante un espíritu iluminado, no huyo de ellas sino dejo que se me acerquen y reciban mis enseñanzas para que reconozcan la oscuridad que los envuelve y su juicio, y puedan convertirse en hombres de acuerdo con el Orden divino. Un ejemplo vivo tienes en los treinta jóvenes fariseos que me están siguiendo afanosamente. No los habría hecho venir aquí desde tan lejos, si no hubiese considerado que sus corazones estaban preparados.

7. Bien es cierto que las fuerzas de la naturaleza les han influido para venir aquí por mi Voluntad; pero sus almas no han sufrido obligación alguna. Ahora que reciben la enseñanza, su entendimiento se ilumina y se volverán más libres para decidirse en favor de lo que es bueno para el alma.

8. Ves como ya ha pasado el tiempo y el Sol enviará pronto sus primeros rayos por el horizonte. No obstante, a nadie se le ha ocurrido preguntar por algún sitio para que descanse el cuerpo. ¿Y por qué no? Pues porque Yo lo quiero hoy así. Pero con esto no se presiona al alma sino sólo a la materia que hoy tiene que servir al alma más de lo normal. Es principalmente por los treinta jóvenes que he impuesto esta obligación sobre vosotros y Mí mismo, y seguramente ninguno de vosotros dirá que tiene sueño. Gracias a nuestra vigilia hemos salvado física y espiritualmente a treinta hermanos. Y esto es una recompensa múltiple que incluso se incrementará en el futuro. Por eso, una obligación desde el exterior no representa daño alguno para las almas. Pero si hubiese insistido violentamente para llevar a las almas a la Luz correcta, entonces los hombres serían ahora meras máquinas y sus actuaciones no tendrían más valor que él de la utilidad de una máquina o una herramienta.

9. ¿De qué le sirve a una azada cortar bien o a una sierra serrar bien? Todo esto solamente le sirve al hombre que tiene una consciencia libre y conocedora de las cosas, sabiendo discernir sobre lo que es útil y bueno. — O ¿de qué le sirve al ciego la luz o a un paralítico una pista para carreras? Las cosas sólo sirven a aquel que tiene consciencia de sí mismo y luego conocimientos sobre su uso, la aplicación y el provecho que se saca de ello.

10. Lo mismo sucede con la Luz espiritual. No se puede ni se debe introducírsela a la fuerza a nadie sin que lo sepa, por respeto al libre albedrío concedido por Dios al hombre. Sino toda luz debe colocársela en un lugar abierto, de modo que cualquiera la pueda ver. El que quiera servirse de ella, puede hacerlo sin impedimentos. El que no, sigue siendo libre de pasarla por alto, al igual que sucede con la luz del Sol que indica el día. El que la quiera utilizar, que la utilice para su trabajo; pero el que quiere estar ocioso con la luz del día, que lo sea, pues la Luz no obliga a las almas dotadas de una voluntad libre a ejercer un acto cualquiera.

11. Tengo suficiente poder para variar vuestros reconocimientos y convertir vuestro libre albedrío en un mulo sojuzgado que andará por ahí con toda humildad según le guíe la cuerda de conducción de mi Omnipotencia, pero en sí estará muerto. Sin embargo, cuando os instruyo y os doy la Luz correcta, sois libres de aceptarla o rechazarla. — ¿Comprendes esto, mi querido Cirenio?».

12. «Sí, ahora comprendo esto también», respondió este. «Veo también el motivo por el cual Tú, oh Señor, has elegido la condición de una vida humilde: para enseñar a todos los hombres sobre su verdadero destino y cómo lo pueden alcanzar. Y para incrementar la fe y aumentar el reconocimiento y la convicción, estás realizando toda clase de milagros que dan todavía más peso y Luz a tus palabras. De esta manera, todo sucede por ti según el mayor Orden para la verdadera santificación de los hombres. A mí me parece que Tú has previsto este tu comportamiento ya desde la eternidad y no creo que me equivoque en este sentido».

13. «Pues no, no te equivocas en absoluto», le respondí. «Pues el Orden divino existe y existirá eternamente. Si no fuese eterno, tampoco sería un Orden ni una Verdad certera; pues la Verdad es y será siempre eterna y por lo tanto está prevista desde la eternidad. — Pero ahora hablemos de otra cosa».

Capítulo 18. Las anotaciones de las pláticas del Señor

1. Llamé pues a Marco y le dije: «Como la alborada ya está tiñendo las cumbres de las montañas, ocúpate de preparar algún desayuno, pues con el estómago vacío no queremos acercarnos a los cinco delincuentes. Nos causarán todavía muchos disgustos hasta que estén curados. Pero en cuanto estén sanos debe estar preparado sal, pan y vino para su recuperación y fortalecimiento, porque estarán muy débiles después de la curación».

2. «Señor, todo estará preparado enseguida». Y Marco indicó lo correspondiente a su mujer y sus dos hijos y las cuatro hijas que se fueron inmediatamente a la cocina para llevar a cabo la tarea. También algunos de mis discípulos ofrecieron su servicio, limpiando pescado, lo que como pescadores siempre sabían hacer muy bien.

3. Entretanto, Mateo y Juan volvieron a leer lo que habían anotado de mis explicaciones durante la noche y se dieron cuenta de que esta vez habían dejado grandes lagunas en sus relatos que otras veces fueron siempre muy detallados.

4. Por eso, Juan me pidió indicarles lo que habían omitido. Entonces llamé a Rafael quien completó en un momento lo omitido. Cuando los dos volvieron a leer sus relatos, encontraron todo completo y en su perfecto orden.

5. Simón Juda también revisó las escrituras y encontró que —según recordaba— no faltaba nada de todas las conversaciones y enseñanzas que habían sido intercambiadas durante esta noche. Incluso la salvación de los treinta fariseos estuvo ampliamente explicada, lo que deparó gran alegría a los discípulos.

6. A esto, Cirenio expresó su deseo de recibir una copia de todo ello a cambio de una buena recompensa para aquel que lo copiara.

7. Inmediatamente se presentó Judas Iscariote, ofreciendo sus servicios a Cirenio.

8. Pero Yo prohibí a Judas tal avaricia poco limpia y dije a Cirenio: «Mira, allí está Rafael; hazle llegar algún material para escribir, pues él lo resolverá más rápidamente que nadie».

9. Acto seguido, Cirenio llamó a sus sirvientes, indicándoles que trajeran un buen número de rollos de pergamino y se los dieran a Rafael para tal fin. Este, apenas haber tocado los pergaminos, dijo a Cirenio: «Toma, tu deseo ya está cumplido. Ahora puedes compararlos con las anotaciones de los discípulos y ver si falta algo».

10. Cirenio revisó los pergaminos y los encontró perfectos, asombrándose naturalmente de la velocidad en que habían sido escritos.

11. Pero también los treinta fariseos y levitas examinaron los pergaminos y el conocido interlocutor de nombre Ebran comentó: «Lo que acabo de leer es efectivamente lo que se ha hablado aquí, palabra por palabra. Pero el modo de cómo le fue posible al ángel copiar todo tan correctamente y bien legible, no me atañe y no quiero perder pensamiento alguno sobre ello; pues sé de antemano que de ello no saldrá nada en concreto. Pues nosotros los mortales, en nuestra carne, nunca podremos comprender la inmortalidad, sino sólo cuando seamos inmortales. Por eso entenderemos completamente las obras de los espíritus únicamente cuando un día seamos espíritus puros también.

12. Por eso es mejor no seguir reflexionando sobre estos fenómenos. ¿No es cierto que hay muchas cosas y fenómenos en la naturaleza que un mortal nunca comprenderá completamente? Si el hombre ignorante empezara a cavilar sobre ello, tendría que volverse loco en poco tiempo. No es así con los espíritus celestiales a los que todo les está completamente claro, y nosotros quizás llegaremos algún día también. Pero por ahora aún no lo captamos y nos desconcierta. Por eso me gusta mirar una obra milagrosa, pero no me afecta ni quiero seguir pensando sobre ello. Y aunque se entendiera realmente algo de ello, no se sería capaz de imitarlo. Por lo tanto, un conocimiento a medias no vale nada».

13. «En sentido material», respondió Cirenio, «tienes razón; pero a mí no me interesa imitar a nadie sino —puesto que habita en mi también un espíritu inmortal— deseo no tener que mirar las cosas espirituales con los ojos vendados sino más profundamente de forma espiritual. Por eso tengo mucha curiosidad por poder saber algo más de boca de un sabio que se encuentra entre nosotros, cómo es eso de la escritura rápida del ángel. Por eso voy a tratar de hacer hablar al sabio, pues todo nuestro parloteo no es más que paja que no lleva a nada en concreto, mientras que las palabras de un sabio nos dejarán más que asombrados».

14. «Esto es cierto», respondió Ebran algo ofendido, «sin embargo, nuestro asombro no llegará más lejos de que reconozcamos no comprender mejor este milagro en sí, a pesar de las palabras de un sabio. Pues para poder captar la sabiduría hace falta ser más o menos un sabio. Porque con la pura razón no se puede captar la sabiduría en toda su profundidad, acaso sólo una idea somera. El Cantar de los Cantares de Salomón —que fue un sabio— está todavía más próximo a la razón humana. A medida que se va leyendo, uno cree que lo entiende. Pero cuando se empieza a reflexionar sobre ello, hay que convencerse que lamentablemente, en el fondo, no se ha entendido nada. Una pequeña demostración va a justificar mi convicción».

Capítulo 19. El Cantar de los Cantares de Salomón

1. Ebran prosiguió: «En el capítulo cuarto Salomón dice: “¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres! Son palomas tus ojos entre tus trenzas. Son tus cabellos rebañitos de cabras que ondulantes van por los montes de Galaad. Son tus dientes cual rebaño de ovejas de esquila que suben del lavadero, todas con sus crías mellizas, sin que haya entre ellas estériles. Cintilla de grana son tus labios, y tu hablar es agradable. Son tus mejillas mitades de granada entre tus trenzas. Es tu cuello cual la torre de David, adornada de trofeos, de la que penden mil escudos, todos escudos de valientes. Tus dos pechos son dos mellizos de gacela que triscan entre azucenas. Antes de que refresque el día y huyan las sombras, me iré al monte de la mirra, al collado del incienso. Eres del todo hermosa, amada mía; no hay tacha en ti. Ven del Líbano, esposa; ven del Líbano, haz tu entrada. Avanza desde la cumbre del Amana, de las cimas del Sanir y del Hermón, de las guaridas de los leones, de las montañas de los leopardos. Prendiste mi corazón, hermana, esposa; prendiste mi corazón en una de tus miradas, en una de las perlas de tu collar. ¡Qué encantadores son tus pechos, hermana mía, esposa! ¡Qué deliciosos son tus pechos, más que el vino! Y el aroma de tus perfumes es mejor que el de todos los bálsamos. Tus labios son como la miel, miel y leche hay bajo tu lengua; y el perfume de tus vestidos es como aroma de incienso. Eres jardín cercado, hermana mía, esposa; eres jardín cercado, fuente sellada. Tu plantel es un vergel de granados, de frutales los más exquisitos, de cipreses y de nardos. De nardos y azafrán de canela y cinamomo, de todos los árboles aromáticos, de mirra y de áloe y de todos los más selectos balsámicos. Eres fuente de jardín, pozo de aguas vivas que fluyen del Líbano. Levántate, cierzo; ven, austro. Sopla por mi jardín, que exhale sus aromas”.

2. Ves, estimado Cirenio, esto es del Cantar de los Cantares de Salomón, que fue un sabio, casi literalmente el cuarto capítulo que parece ser el más fácil de entender. Te apuesto todos los tesoros del mundo si eres capaz de interpretar con un normal sentido común tan sólo una frase.

3. ¿Quién es por ejemplo la hermana, la amada esposa, que se cita continuamente? Si tiene efectivamente el aspecto que describe Salomón tan exhaustivamente, tendrá que ser una mujer horrenda en comparación con la cual la Medusa pagana sería una auténtica Venus. En resumen, todo esto es tan absurdo para la comprensión humana del que no se puede sacar sentido alguno. Y otra vez es sólo la sabiduría la que lo logra. El que tiene sabiduría lo comprenderá; pero el que no, que no lo lea; sin embargo, el que lo ha leído que no siga reflexionando más sobre ello, pues cuanto más piense menos lo comprenderá. Yo, por mi parte, me he aprendido incluso todo el Cantar de los Cantares de memoria para acercarlo más a mi capacidad de entendimiento. Pero, en balde. Tuve que darme cuenta que no soy nada más que un tonto animal irremediable.

4. Por tanto, apela mejor por el raciocinio de nuestros compañeros que por su sabiduría, que seguramente no será escasa. Pues si te explican la escritura rápida de nuestro ángel desde su sabiduría, entonces entenderás no mucho más que lo del capítulo cuarto del Cantar de los Cantares. Pero si alguien te lo explica según el sentido común —suponiendo que esto fuese posible— entenderás justo lo que se puede entender en general cuando se habla de algo espiritual. Según mi opinión, con esto tampoco se podrá llegar muy lejos».

5. «Veo que no eres tonto», respondió Cirenio, «pues significa mucho haberse aprendido palabra por palabra este pasaje aparentemente disparatado de Salomón —hablando en sentido materialista. Pues yo no he oído nunca algo parecido a tales sandeces. No obstante, estas tonterías empiezan a inquietarme más que la escritura rápida del ángel antes mencionada. ¿Qué habrá querido decir con esto el susodicho creso de los judíos? ¿Fue en serio una declaración de amor a alguna bella doncella judía que según sus comparaciones tenía que tener un aspecto extraordinario? ¿O acaso le dio un sentido totalmente diferente? Pero entonces ¿cuál? Si hubiese una explicación para ello, nuestro Señor y Maestro la tendrá con seguridad. Por eso, vayamos directamente al Maestro en lugar de pasar por el aprendiz».

6. «Soy de la misma opinión», dijo Ebran. «Esta cuestión me interesa mucho más que mi vida después de la muerte».

7. Cirenio se dirijo entonces a Mí: «Señor, Tú también conoces el cuarto capítulo del Cantar de los Cantares de Salomón. Dime, por favor, qué sentido tiene, porque parece un disparate total».

8. «Amigo mío», le respondí, «efectivamente tiene un sentido muy profundo. Salomón lo escribió tal como se lo dictó el Espíritu, aunque no lo entendió mejor que tú ahora. Es cierto que le fue dada la palabra de la Sabiduría, sin embargo, no al mismo tiempo la comprensión total. Muchas cosas también a él le parecían chino, pues lo que escribía fue dicho para aquél tiempo en las imágenes correspondientes.

9. La solución y la llave para ello están en El que está hablando ahora contigo, y la Palabra, la Palabra del Amor eterno, o sea, el Amor purísimo de Dios para con vosotros los hombres es la bella novia, la verdadera hermana y amiga del hombre. Lee ahora el Cantar de los Cantares en este sentido; lo comprenderás mucho mejor y encontrarás en ello la Verdad pura. ¿Entiendes ahora algo más de la sabiduría salomónica?».

10. Cirenio mirando a Ebran dijo: «¿Te das cuenta ahora de dónde sopla el viento? Esto sí que es otro cantar del que se canta en el Templo de Jerusalén. En resumen, como tengo ahora la llave para la comprensión, vamos a estudiar en casa a Salomón palabra por palabra».

11. «La llave parece ser correcta y verdadera, pero con ella no todo se explicará por sí mismo», replicó Ebran. «Vemos las estrellas, pero ¿sabemos algo más sobre ellas, aunque el Maestro nos haya dado anteriormente en sus enseñanzas algunas aclaraciones y el ángel asimismo nos haya mencionado cosas de mucha importancia? Explícame pues qué es el bello lucero que brilló esta mañana con tanta luz. Ves, lo poco que eres capaz de explicarme el lucero de la mañana con la llave que nos ha dado el ángel, tampoco podrás captar toda la sabiduría de Salomón con la llave que nos dio el Maestro misterioso. Todavía hay muchas imágenes para cuya aclaración se necesita inevitablemente el Espíritu. Desde luego, no dudo en que la llave que te dio el Maestro es en general la correcta y yo también intentaré explicarme con ella más de un enigma».

12. Tras estas palabras Cirenio se volvió hacia Mí y me preguntó: «Señor, ¿cómo he de interpretar estas palabras de Ebran?».

13. «Lo que dice está correcto y verdadero», le dije Yo. «Y siendo así, sabrás después también cómo interpretarlo. Pero dejemos esto ahora, pues el desayuno ya está preparado. Nuestro cuerpo necesita nuevas fuerzas antes de salir al encuentro de los criminales, pues en breve estarán en condiciones para su curación». — Acto seguido nos trajeron pescado, pan y vino en abundancia.

Capítulo 20. Las conversaciones durante el desayuno

1. Al ver los jóvenes fariseos y levitas las mesas abundantemente puestas con el pescado mejor preparado, con pan y vino, dijo Ebran sorprendido: «Veo que los discípulos del Maestro de Nazaret no viven en absoluto de forma pobre. No hay por lo tanto razón alguna que nos impida ser primero soldados romanos y luego a la vez sus discípulos con cuerpo y alma. Cuántas veces hemos tenido que hacer ayuno en el Templo para glorificar más a Jehová, y aquí no se hace ayuno, aunque se lo exija rigurosamente a los judíos el antesábado que es hoy. A pesar de ello, seguramente no será un deshonor para Dios, puesto que si no nuestro Señor y Maestro desde su Espíritu divino no lo hubiese mandado. En resumen, nosotros cumpliremos siempre lo que Él dice y quiere, aunque nos lo parezca dulce o amargo. Pues aquel Espíritu que hace salir su Sol tanto el sábado como un día laborable y no da vacaciones a sus vientos, es ciertamente mucho más elevado que el espíritu necio de nuestro Templo quien ha mandado para la correcta santificación del sábado respetar tres días previos y tres días posteriores. Pero como la semana sólo tiene siete días incluido el sábado, se planteó la pregunta de cuándo se puede trabajar en estas circunstancias. El legislador ciego reconoció después este disparate y admitió negociar sobre este asunto. ¡La paz sea con sus cenizas!

2. En resumen, vemos que de nuestro nuevo Maestro y Señor está irradiando el verdadero Espíritu de Dios. Por eso queremos y vamos a ser sus discípulos a vida o muerte, pero demos la espalda al Templo desde ahora para siempre. ¡Amén! Así sea y será. Hemos ayunado ya demasiadas veces sin haber conseguido nada. En nuestros viajes hemos ignorado este estúpido y exagerado ayuno, comiendo y bebiendo también en los ante sábados y los días de luna nueva, y resulta que hemos obtenido ahora de esta manera nueva y razonable lo más elevado que un ser humano puede alcanzar. ¡Viva pues, alegría y ánimo! Nosotros ya tenemos al Mesías prometido, y el Templo, en las actuales circunstancias, tardará todavía mucho tiempo en verle; y si le ve no le reconocerá. Nosotros, sin embargo, le tenemos y le reconocemos. Por eso, ¡alabemos al que hemos encontrado aquí! Todo nuestro respecto y amor sea sólo para Él».

3. «Esto está bien», intervino Julio. «Estoy totalmente de acuerdo y añado: ¡Benditos todos los hombres de buena voluntad!».

4. «Sí, ¡Salvación para todo el mundo y la Gracia desde los Cielos!», añadió Cirenio. «¡Alabado sea el nombre de nuestro Salvador, Jesús! ¡Que a partir de ahora se inclinen ante este nombre todos los pueblos de la Tierra, todos los ángeles de los Cielos y todos los espíritus debajo y sobre ella!».

5. Los ángeles, Yara, Josoé, Ebalo y todos los discípulos contestaron con un sonado ¡Amén!

6. Tras este ¡Amén! les dije Yo: «Ahora bien, amigos y hermanos míos, vayamos a tomar el desayuno, pues la hora para la curación de los cinco problemáticos está cerca». — Y todos se sirvieron rápidamente del pescado, pan y vino.

7. Así fueron tomando el desayuno en poco tiempo y visiblemente con gran apetito, ya que el pescado estaba preparado con tan buen gusto que incitó al paladar más que de costumbre. Asimismo Yara y el ángel Rafael no se quedaron cortos, disfrutando de la comida, lo que asombró a los jóvenes levitas y fariseos tanto que empezaron a preguntarse entre ellos cómo era posible que el ángel, siendo un espíritu puro, tomara la comida y la bebida con tantas ganas e incluso animaba a su joven discípula a comer y que ella no se avergonzaba en seguirle a su maestro celestial con todo entusiasmo.

8. Entonces Ebran dijo a sus compañeros: «¿Cómo es posible que os asombréis todavía? ¿No ha vencido antes el ángel con toda facilidad la piedra de 30 kilos con sus tiernos dedos? ¿Cómo no va a poder con el pescado, el pan y el vino con mucha más naturalidad? Y el hecho de que su afable discípula no se corte lo más mínimo comiendo mucho, es debido a su fuerte crecimiento; pues la muchacha parece tener según su aspecto no más de quince primaveras, sin embargo, ya tiene un cuerpo como él de una mujercita de veinte años. Y esto es debido a su buena alimentación. También el hijo adoptivo de Cirenio que está sentado entre la tragaldabas y el ángel comilón, es insaciable, pero estos dos le superan en mucho. Sin embargo, para la muchacha es una lástima que sea tal glotona. Tiene una bella figura y habla con mucho entusiasmo, sin embargo, la comida exagerada le merma mucho de sus encantos. — También nuestro Maestro está comiendo y bebiendo con mucha gana. Esto no es poco habitual para los grandes espíritus; todos, a los que he conocido, fueron más o menos buenos comedores y bebedores. Lo raro en el caso del ángel es que, siendo un espíritu puro, pueda engullir los alimentos materiales igual que nosotros. Me gustaría saber si hace la deposición de lo comido de forma natural como nosotros o si absorbe el alimento en su cuerpo espiritual».

9. Entonces Julio que se estaba sentado cerca de Ebran y había escuchado estas conversaciones, intervino: «¡Hay que ver las tonterías que estáis diciendo por no conocer la naturaleza de las cosas! Mirad, Rafael es un espíritu al que sería imposible de ver y hablar en su estado original. Pero para que pueda manifestarse como un semejante entre nosotros los hombres —con el permiso especial del Señor— es preciso que envuelva su ser espiritual y puro con una especie de envoltura material, ligera. Para ello necesita —siendo uno de los poderosos arcángeles— mucha materia ligera que transforma inmediatamente en sustancia para su cuerpo físico para poder existir visiblemente entre nosotros. No se puede hablar de ninguna manera de una excreción del alimento ingerido a través de los intestinos, puesto que todo lo que ha comido, como ya he dicho, se transforma —ya en la boca— simplemente en sustancia para su cuerpo material. Esta es pues la explicación sencilla de este hecho que os asombra tanto.

10. El caso con la bella Yara, la hija sabia del hostelero Ebalo en Genesaret que está sentado allí al lado del ángel, es otro. Ella está comiendo esta mañana más de la costumbre porque el Señor se lo ha recomendado confidencialmente para prepararse para la curación de los cinco criminales que seguramente va ser muy particular. El Señor mismo que ya ha resucitado a los muertos, también se tiene que preparar de una manera especial —lo que, según sé, nunca ha hecho. Por eso nos advirtió ayer que va a ser una curación muy dura que ha de ser preparada muy adecuadamente para asegurar su éxito. Esto es probablemente también la razón por la cual Él está comiendo hoy más que en otros días. — ¿Está claro para vosotros?».

11. «Oh, sí, querido y estimado amigo y benefactor», contestó Ebran. «Comprendemos que la Luz en y alrededor de un fenómeno y lo maravilloso de él se convierte al final en algo totalmente natural. Por eso, si en el futuro nos vuelve a asombrar sumamente otra vez algún hecho milagroso, es solamente debido a nuestra necedad lamentable. Pues solamente la ignorancia necia se puede asombrar de algo que no entiende; la sabiduría verdadera, sin embargo, no se asombrará nunca —ni en sueños— de las cosas porque conoce perfectamente todos los procesos y detalles. En nuestro grupo, por el contrario, vivimos todavía en la total ignorancia y tendremos que asombrarnos todavía de muchas cosas al lado de nuestro gran Maestro y Salvador, el Mesías prometido. — Pero ahora parece que se está preparando para marcharse. Así que nosotros también vamos a levantarnos para seguirle».

12. «Sí, ya es la hora de partir», asentí Yo. «Vamos a la playa donde se encuentran los cinco hombres esperándonos».

13. Acto seguido, todo el mundo se levantó de sus asientos y me siguió animadamente en dirección a la playa.

Capítulo 21. La curación de los cinco asesinos poseídos

1. Al llegar al lugar donde se encontraban los cinco criminales, estos empezaron a gritar e insultar a todos lo que se les acercaban.

2. Yo, no obstante, mandé a los soldados, a Julio y a Cirenio que se quedaran algo atrás, y les dije a algunos: «¡Desatadlos! Pues en este estado no se puede tratar con ellos».

3. Pero como los soldados comprendían que esto sería muy arriesgado dada la furia y la fuerza de los cinco, dudaron, porque temían que la liberación pudiese resultar más peligrosa que soltar a veinte tigres.

4. «Yo os lo ordeno», les dije enérgicamente. «Haced rápidamente lo que os mando, pues no cumpliendo mi deseo podríais caer en una desgracia mayor».

5. Siguiendo mis firmes palabras, los soldados hicieron finalmente lo que les había ordenado, pero con mucho cuidado.

6. Una vez liberados, los cinco se postraron de rodillas ante Mí, exclamando: «¡Oh, todopoderoso Hijo de David! Como ya nos has rescatado hasta ahora de esta manera, ¡sálvanos también de la perdición eterna! No tememos a la muerte física pero sí a la condenación eterna. Pues durante esta noche tuvimos —además de los sufrimientos terribles del cuerpo— la visión de la tortura de los espíritus condenados en el infierno. Por eso te pedimos que castigues nuestros cuerpos malvados con los peores males de la Tierra por los crímenes que cometimos, sin embargo, ¡sálvanos de las terribles e indescriptibles torturas eternas del infierno!».

7. Este fue el lenguaje verdadero de las almas de estos cinco hombres en el momento en el que los diablos que poseían sus cuerpos descansaban y que les habrían mostrado su infierno en su terrible realidad. Pero inmediatamente después, los maléficos se manifestaron de nuevo en los cuerpos de los cinco, gritando como por mil bocas: «¿Qué quieres aquí miserable domador de mosquitos? ¿Acaso quieres combatir con nosotros, dioses todopoderosos? ¡Inténtalo y verás que has luchado por última vez! ¡Fuera de aquí, si no te desmenuzaremos en polvo que se llevará el viento!».

8. «¿Con qué derecho estáis torturando a estos cinco hombres desde hace ya varios años? ¿Quién os dio el permiso? Sabed, que ha llegado vuestra última hora. El domador de mosquitos os ordena ahora que abandonéis al instante a estos cinco hombres para siempre, y os metáis en las profundidades de vuestro infierno».

9. Los diablos, sin embargo, gritaron y exclamaron con un rugido horripilante: «Si tu Poder nos puede obligar, entonces ¡déjanos huir mezclándonos entre las hormigas blancas de África, pues entre ellas estaremos mejor que en nuestro infierno!».

10. «No», respondí Yo, «para vosotros y vuestros semejantes no tengo misericordia alguna en mi corazón, porque vosotros no tuvisteis corazón con aquellos a quienes, a pesar de sus fervientes ruegos, habéis quitado la vida de manera más tortuosa. Por eso, sin piedad y misericordia ¡fuera con vosotros!».

11. Tras esta orden poderosa mía, los malos espíritus salieron de los cuerpos de los cinco, derribándolos violentamente.

12. Y Yo les dije: «¡Fuera con vosotros, miserables, al infierno! ¡Que se cumpla allí vuestra recompensa!».

13. Los espíritus, sin embargo, siguieron, pidiendo gracia y misericordia, pues, dijeron, que la maldad era naturaleza suya.

14. Pero Yo les dije: «También depende de vosotros el ser bueno, pues tenéis el conocimiento del bien y del mal; sin embargo, vuestra obstinada soberbia es malvada e indomable, por lo que no se os puede conceder gracia ni misericordia alguna. Vosotros mismos queréis sufrir y ser torturados; por eso, ¡sufrid y torturaos según vuestra voluntad eternamente! Vosotros sabéis que mi Orden es invariable y que dura eternamente. Pero sabéis también lo que tenéis que hacer para beneficiar de ese Orden eterno. Sin embargo, como lo estáis convirtiendo en vuestra perdición, ¡gozad entonces de esa perdición! Por lo tanto, ¡alejaos de mi vista!».

15. Tras estas palabras se oyó un fuerte estallido, la tierra se abrió, echando fuego y humo, y se tragó toda esa ralea de sierpes, pues los espíritus expulsados se mostraron a los presentes como serpientes negras que fueron tragadas por la falla fulgurante que se había abierto. Todos los que habían presenciado este suceso se atemorizaron de tal manera que tiritaban de horror.

16. Yo me dirigí inmediatamente a Marco que ya había preparado pan, vino y sal, y le dije: «Ofréceles a los cinco rápidamente algo de vino y después pan con sal».

17. Los hijos de Marco se dispusieron a incorporar a los cinco hombres y les vertieron algo de vino en la boca abierta. Esto les ayudó a recuperar la consciencia, pero no se acordaban de qué era lo que les había pasado.

18. Yo les animé a tomar entonces algo de pan con sal y luego un poco más de vino para recuperar su energía y restablecer su plena consciencia.

19. Hicieron lo que les había mandado y al cabo de unos momentos se pudieron levantar del todo. Sólo les quedó todavía un aspecto pálido y debilitado.

20. Cirenio me preguntó entonces, algo tímido, qué es lo que habría que hacer ahora con ellos, dejarlos en libertad o llevarlos a una casa pública de cuidados.

21. «No te preocupes hoy de esto», le dije. «Mañana ya se verá lo que habrá que hacer con ellos en el futuro. Si los cuidamos hoy con todo lo que necesiten, mañana tendrán ya mejor aspecto. Ahora vamos a dejarlos descansar un rato. Marco, tú has de traer algo de aceite para curar con ello y con vino las heridas e hinchazones que les han producido las cadenas y cuerdas con las que estuvieron atados».

22. Marco trajo inmediatamente el aceite y sus hijos prepararon con ello y con vino una pomada que untaron sobre las heridas. Efectivamente, al rato los cinco manifestaron que este tratamiento les había sentado muy bien y poco a poco se pusieron de pie, al principio con algo de esfuerzo pero después cada vez con más facilidad.

23. Cuando al cabo de aproximadamente una hora los salvados se encontraron bastante mejor, empezaron a preguntar dónde se encontraban y qué les había pasado.

24. Marco que junto con sus hijos se encontraba muy cerca de los cinco curados, dijo: «Estabais muy enfermos cuando os trajeron ayer por la tarde a este lugar. Pero aquí está precisamente el famoso Salvador de Nazaret quien da la ayuda más eficaz a todos, no importa de qué enfermedad sufran. Él es quien os ha ayudado ahora y más adelante le conoceréis».

Capítulo 22. Las lamentaciones desesperadas de los poseídos

1. «Si, sí», dijo uno de los cinco, «algo se me está esclareciendo. Me parece que tuve un sueño muy malo y me viene a la memoria como si hubiese estado capturado por una banda de ladrones, yo y cuatro más. Nos metieron en una cueva totalmente oscura y nos entregaron a los diablos. Éstos nos trataron primero exteriormente para convertirnos en ladrones asesinos como ellos. Pero como nos opusimos enérgicamente, los diablos se apoderaron de nuestros cuerpos. Entonces perdimos la consciencia casi totalmente y un ansia diabólica invadió nuestros corazones, hasta tal punto que ya no estábamos conscientes de nosotros mismos. Lo que probablemente hicimos en tal terrible estado, desconocemos por completo. Sólo recuerdo algo que fuimos hechos prisioneros, hace poco, por unos soldados romanos. Pero lo que puede haber sucedido después, lo ignoro en absoluto. Tampoco sé cómo y por qué hemos llegado hasta aquí. Nos habrán tratado seguramente muy mal, a juzgar por nuestras heridas y magulladuras que, por cierto, ya no nos duelen. Oh, Dios, ¡qué mal lo habremos pasado!».

2. «¿Sabes lo que fuimos realmente al principio?», dijo otro de ellos. «A decir verdad pertenecíamos al Templo quien nos mandó como apóstoles a los samaritanos para convertirlos de nuevo para Jerusalén. Sin embargo, los samaritanos nos convencieron de algo mejor y nosotros volvimos para atraer seguidores para Garicim. Entonces fue cuando en la frontera los diablos nos capturaron y nos hechizaron de manera que luego ya no supimos quiénes éramos y qué había pasado con nosotros. No tengo ni idea cómo hemos llegado hasta aquí. Es cierto, todo lo que nos ha pasado lo debemos al Templo. Este sabe muy bien cómo hacer infelices a los hombres; no conocemos ningún caso en el que el Templo haya hecho feliz a alguien. Sólo los superiores, los fariseos mayores y los ancianos de los escribas son felices en el Templo; todos los demás son sus pobres siervos y miserables peones».

3. «Es verdad», añadió un tercero, «ahora me acuerdo también de cómo nos maltrataban, obligándonos a ayunar y a otras misiones de penitencia. ¡Oh Dios, toda esta desgracia la hemos de agradecer a nuestros padres! El mandamiento de Moisés dice: “Honrarás a tu padre y a tu madre para que vivas largos años y seas feliz en la Tierra”. Hemos honrado siempre a nuestros padres, cumpliendo exactamente todo lo que nos pidieron. Conforme a su voluntad nos convertimos en templarios, a pesar de que por nacimiento nunca pertenecimos a la tribu de Levi. Pero esto no importaba pues con dinero se puede llegar a ser todo lo que uno quiera; pero ¡hace falta mucho dinero! Sin embargo, el hecho de habernos convertido en templarios nos ha traído día tras día cada vez más desdicha mediante multitud de ejercicios y pruebas, hasta el día en que nos mandaron como apóstoles a Samaria donde unos magos malvados nos hechizaron. A partir de ese momento no sabemos lo que nos ha sucedido hasta llegar por mar a este lugar desconocido y quién nos ha maltratado de esta manera. Sólo me acuerdo vagamente de que esos magos malvados —como veían que no queríamos convertirnos en ladrones asesinos— nos entregaron a un grupo de seres diabólicos quienes nos mortificaron hasta tal punto que perdimos la consciencia totalmente y no la pudimos recuperar hasta este momento, por lo que damos gracias a Dios mil veces. Pero ¿qué sucederá ahora con nosotros? ¿Hemos de volver al Templo o debemos hacer otra cosa? Yo personalmente preferiría morir, pues este malvado mundo ya no tiene nada que valga la pena para seguir viviendo. ¿Quién nos puede asegurar que no caeremos otra vez en las garras de esos diablos? ¿Quién nos salvará entonces?».

4. «Estamos totalmente de acuerdo contigo», intervinieron el cuarto y quinto. «Sólo deseamos una muerte buena y rápida, y después ninguna vida más. ¡Oh, qué felicidad es la no—existencia en comparación con una existencia tal como la que hemos vivido! En resumen, ¡que se acabe todo! Pues nuestras experiencias nos han hecho insoportable la existencia eterna. Y ¿por qué tenemos que existir? En nuestro estado de la no—existencia previo al nacimiento nunca pudimos expresar un deseo para llegar a la existencia. ¿Qué sabio Creador puede gozar viendo deambular a unos seres tan terriblemente infelices bajo su Omnipotencia seguramente muy bienaventurada? Pero ¿qué podemos hacer nosotros, pobres gusanos impotentes?

5. Cualquier animal lo pasa mejor que el hombre que se cree ser el señor de la creación. Bien es verdad que vosotros los romanos podéis luchar con vuestras espadas afiladas contra los leones; todos los animales salvajes huyen del sonido de vuestros escudos y lanzas. Pero cuando os ataquen los demonios malvados, ¿qué armas tendréis para luchar contra esos enemigos invisibles? Quizás no sepáis decir casi nada sobre ello, aunque una sentencia del oráculo de Delfos haya tenido a menudo más poder que todo un ejército guerrero. Sin embargo, nosotros hemos sentido esa fuerza secreta y no tuvimos arma alguna para luchar contra ella. Nos obligó a convertirnos en diablos; pero como no lo quisimos hacer, los demonios nos robaron nuestra consciencia totalmente, transformando nuestro cuerpo en una especie de máquina que utilizaron para Dios sabe qué. El aspecto lamentable de nuestra piel demuestra que hemos sido utilizados para nada bueno. Por eso, ¡la muerte y nada más que la muerte! No queremos otra vida después de la tumba, sea cual fuere».

6. «¡Sí, si esto fuera posible!», intervino el primero. «Quien nos asegurase y procurase tal muerte, nos haría el mayor beneficio. Pues, ¿para qué vamos a dejarnos torturar todavía más en este miserable mundo? De ninguna manera queremos ser diablos para mayor sufrimiento de los hombres. Pero al que no lo quiere ser de una o de otra manera, no le espera nada más que la maldita miseria en este perro mundo. Te puedes esconder ante los hombres que la mayoría de las veces son siervos auténticos de Satanás. Pero ¿de qué te sirve? Los diablos te encontrarán rápidamente y no te puedes oponer a su poder. Si sigues sus deseos, te conviertes tu mismo en diablo; pero si no les sigues voluntariamente, te torturarán con tal violencia que estarás perdido para siempre.

7. Anda, dejarnos en paz con este mundo maldito y esta existencia miserable. Esta forma de vivir es demasiado mala incluso para los diablos más perversos, sin hablar del alma inofensiva e inocente de un ser humano. Dios, arriba en las estrellas, puede reírse; pero al pobre hombre creado e impotente no le queda más que sufrimiento, llanto, maldición y desesperación. ¿Dónde está el Salvador que nos ha devuelto esta consciencia miserable de que somos hombres libres? Verdaderamente, no podrá nunca contar con nuestro agradecimiento, ya que sólo nos ha abandonado a una miseria nueva. No vamos a agradecerle nunca tal beneficio, suponiendo que tengamos que gozar eternamente de tal vida maldita. Pero si por el contrario nos puede dar la muerte eterna y total, le estaremos sumamente agradecidos.

8. ¿Quiénes sois vosotros, resplandecientes romanos? Os irá seguramente mucho mejor en este mundo que a nosotros. Tenéis muy buen aspecto. Sí, sí, el que sabe servir a Satanás en toda su gloria y resplandor, disfruta maravillosamente de este mundo. El que no quiere ser torturado por los diablos, ¡que se convierta el mismo en diablo y así le dejarán en paz! El ser un siervo de Dios, ¡oh, qué ridiculez tan absurda! El pedir la ayuda de Dios y amar a Dios con todas sus fuerzas, ¡qué bellas palabras!; no contienen ni una chispa de verdad. Nosotros fuimos efectivamente unos siervos de Dios con cuerpo y alma y gritábamos desde nuestra infancia: “¡Señor, Dios Sebaot, ayúdanos y a todos los hombres de buena voluntad!”. Miradnos ahora, cómo el buen Dios Sebaot nos ha ayudado. Es cierto que vosotros tenéis también un poder, el poder de los diablos, con el que podéis hacer con nosotros lo que queráis. Pero os pedimos sólo una cosa: que nos tratéis de una manera algo más humana que los diablos anteriores que nos torturaron tanto. Pero si queréis hacer de nosotros otra vez unos diablos, entonces hacedlo del todo y no a medias. Ya veremos si existiremos mejor como diablos completos que a medias por obligación».

Capítulo 23. El estado anímico particular de los poseídos sanados

1. «Señor», me dijo Cirenio, «esto es un lenguaje como nunca he oído. Es perverso, pero en muchos puntos verdadero. ¿Qué se podrá hacer con estos hombres? Estoy viendo que todos se han quedado estupefactos; incluso Yara parece que ya no sabe muy bien qué pensar, y al ángel le he visto llorar varias veces. Esta es una situación muy conflictiva. Dime pues, qué he de hacer con ellos».

2. «Mira, ya te advertí antes», le respondí, «de que nos iban a crear problemas. Pero esto no tiene importancia. Todavía queda en sus corazones algo de los demonios expulsados como una sombra, y ellos han de liberarse totalmente de estos residuos. Sólo entonces se les puede ayudar y no ahora. Debemos dejarles descansar aquí todavía un rato, y luego el claro día pondrá armonía en sus almas. Vas a escuchar todavía más cosas, pero en el fondo no te dañará ni a ti ni a nadie. Sus almas no son vulgares sino pertenecen a mundos mejores; por eso debemos tratarlos con mucha paciencia. En cuanto se hayan recuperado totalmente, ya habrá un buen ambiente. Pero dadles ahora más pan y vino, porque empezarán a tener cada vez más hambre y sed».

3. Acto seguido, Marco les ofreció con toda amabilidad más pan y vino y dijo: «Hermanos, ¡bebed y tomad de este buen pan todo lo que os plazca! Pues a partir de ahora ya no lo pasaréis tan mal en esta Tierra, aunque no sea precisamente un paraíso».

4. «Pareces ser un diablo bueno», dijeron los cinco, «porque si no, a nosotros que no somos de tu naturaleza, no nos darías este excelente vino y este pan gustoso en tal abundancia. No te lo podemos pagar, pero tampoco seremos desagradecidos. Parece que contigo, buen diablo, se puede hablar de un modo más agradable. Si viviesen en esta Tierra solamente los seres humanos, entonces la vida no sería tan mala. Sin embargo, a cada cinco seres humanos corresponden mil diablos, lo que quiere decir que con el tiempo todos se habrán vuelto diabólicos. Los pocos seres humanos son dominados por los diablos con demasiada violencia, por lo que nunca podrán respirar libremente.

5. Mira, toda la potestad proviene hasta ahora del diablo de todos los diablos, y su vivienda es de sangre humana vertida, mezclada con la sangre de los pobres buenos diablos como tú, — y ¿esto se quiere llamar potestad de Dios? Sí, será el dominio de Dios, pero no de su Amor sino de su ira. Pero por qué un Dios puede ser iracundo, esto no lo sabe ninguna criatura. Algunos animales son las únicas criaturas felices sobre la Tierra, pero el hombre, en verdad único, es el burro de carga de todos los males en este perro mundo. No puede correr bastante deprisa para poder huir como una gacela de las desgracias. Sus manos son frágiles como la cera; está desnudo y por naturaleza no dispone ni siquiera de las armas como una abeja o una hormiga para poder defenderse del enemigo. Cuando ves una manada de tigres, hay sólo tigres en ella; y si ves una manada de leones, hay sólo leones, es decir todos son de la misma naturaleza, y estas bestias conviven muy bien entre ellas. Pero si ves una manada de hombres, no hay solamente hombres sino que la mayoría de ellos son diablos. Siempre hay pelea, disputa y guerra entre ellos. En los diablos está lo malvado, y en los hombres solamente la aptitud para lo bueno que se puede pervertir fácilmente entre tantos diablos. El hombre se convierte entonces en un medio diablo o tiene que aguantar lo que hemos aguantado nosotros. No obstante existen muchos diablos diferentes en este perro mundo, grandes y pequeños. Pero a todos se les puede reconocer fácilmente por querer vivir lo mejor y cómodamente posible sin trabajo y esfuerzo por su parte. También quieren ser en todas partes los primeros, dotados de honores y prestigio. Saben cómo hacerse siempre con los bienes de esta Tierra; se visten con mucha pompa y persiguen hasta la muerte a aquel que no les saluda humildemente.

6. En resumen, tú, buen diablo, di lo que quieres. Solamente los semejantes a ti tienen el dominio sobre el mundo. Pero los pocos seres humanos viven en la esclavitud más inhumana y no tienen ayuda alguna. Y ¿éstos serán —según las Escrituras— los hijos de Dios? Verdaderamente, si un Dios cuida así a sus hijos como nos ha cuidado a nosotros cinco, y si la suerte de los pobres hijos de Dios consiste solamente en servir a los diablos con total humillación, entonces ¡gracias!, esa filiación de Dios ¡no!».

7. Marco, al que no le gustó demasiado ese apodo de “buen diablo”, dijo: «Bien es cierto que los hijos de Dios tienen que soportar mucho en este mundo; pero ¿qué les espera en su día, más allá de la tumba? Una plenitud inconmensurable de bienaventuranzas en continuo crecimiento. Si un hijo de Dios lo considera correctamente, le será más fácil aguantar esta pequeña humillación de prueba durante esta corta vida terrenal».

8. «Pero ¿quién te garantiza esto?», objetó el orador anterior. «¿Piensas quizás en las escrituras? ¡Anda y llévate esta garantía! Dime quienes son los que anuncian a los hombres estas bonitas promesas, y luego se dejan honrar gloriosamente como siervos de Dios. Estos son precisamente los diablos peores.

9. Que venga Dios mismo aquí en figura humana y les acuse de sus actos malvados sin nombre, amonestándoles con la penitencia. Si no les hace frente con todo su Omnipotencia, lo pasará peor que los dos ángeles en Sodoma, quienes invitaron a Lot a huir con su familia de estos lugares si no querían ser juzgados.

10. Pero cuando los dispensarios de las promesas de Dios son a la vista de todos e indiscutiblemente los peores diablos, dinos entonces, buen anciano diablo, pero algo ciego, qué es lo que un hombre o, lo que se dice que debe ser un hijo de Dios, puede esperar todavía de tales promesas. Yo te lo puedo decir por nuestras muchas experiencias que hemos tenido que sufrir: ¡nada, pero que nada de nada!

11. O bien no existe dios alguno, y todo lo que existe es obra de las fuerzas naturales burdas y ciegas que han ido creando todo lo que existe desde la eternidad, o bien existe algún ser divino y supremo, que pone orden en la gran Tierra, y en el Sol, la Luna y las estrellas, pero que es tan grande y soberano que no se ocupa de nosotros gusanos podridos de la Tierra. En el fondo, toda la Escritura proviene de los hombres, y en ella hay más cosas malas que buenas. Lo poco bueno que hay no lo considera ningún diablo ni ningún hombre. Lo malo lo cargan los diablos sobre los hombros de los seres humanos.

12. Se dice que Dios ha dicho a Moisés “¡No matarás!”. Pero el mismo Dios ha ordenado a David que fuera a la guerra contra los filisteos y amonitas para erradicarlos a todos, incluido mujeres y niños. ¡Vaya vida esta! y ¡vaya consecuencia sin igual! ¿Es que un dios todopoderoso no tenía suficientes medios para erradicar de la Tierra a los pueblos que odiaba? ¿Por qué hubo que llamar a un hombre para reunir a muchos miles de sus guerreros y matar —en contra del mandamiento dado por Moisés para todos los hombres— a cientos de miles de seres humanos, solamente porque según la indicación de un vidente de Dios no eran decentes? ¿Qué hay de especial con esos videntes y reyes que Dios llamó para exterminar pueblos enteros de la Tierra?

13. Yo soy naturalmente de la opinión que un Dios del Amor nunca debería instigar a los hombres que quiere educar con y para el amor, contra otros hombres, puesto que tiene en su Poder medios suficientes para echar fuera a los diablos molestos en figura humana. ¡Es verdaderamente un dios muy extraño! Por un lado ordena amor, paciencia y humildad, y por otro odio, persecución, guerra y destrucción. El que entienda este enredo debe tener más visión que un hombre normal».

Capítulo 24. De cómo los videntes distinguen entre las almas de los hombres

1. Marco intervino de nuevo, porque se le estaba acabando poco a poco la paciencia: «De verdad, no sé qué hay con vosotros. Por un lado, no tengo muchas objeciones contra vuestras palabras, pero por otro, tampoco os puedo dar la razón completamente. Vuestras quejas tienen algo de sentido, sin embargo, parece que veis el asunto demasiado negro a causa de vuestra irritación comprensible. Pero si me consideras ser un diablo, entonces dime si al final toda esta gente consiste nada más de diablos».

2. «Oh, ¡de ninguna manera!», respondió el orador. «Mira aquel hombre (indicándole a Mí) que está a tu lado, él es un hombre perfecto, un verdadero hijo de Dios. Pero no pasará mucho tiempo hasta que los diablos se apoderen también de él. Más atrás están también dos jóvenes y una muchacha, quienes también vienen desde “arriba”. Sin embargo, serán perseguidos todavía muchas veces, si no quieren convertirse también en diablos. Luego estoy viendo todavía algunas personas pobres que parecen ser pescadores. Todos los demás, junto contigo y toda tu familia, son buenos diablos, en camino de volverse hombres lo que les costará todavía muchos esfuerzos y preocupaciones. ¿Sabes ahora cómo están las cosas?».

3. «Pero dime ahora, ya que has tomado la palabra», preguntó Marco, «¿cómo has llegado a esta conclusión? Yo solamente veo alrededor de mí hombres de un grado de perfección baja, mediana y superior; pero no veo diablo alguno. ¿En qué basas tu observación que parece tener algún fundamento?».

4. «La baso en lo que veo», respondió el orador. «Los cuerpos son todos más o menos iguales, pero las almas se diferencian en mucho. La diferencia consiste en el color y la forma; las almas de las personas que he nombrado son blancas como la nieve recién caída y tienen una forma muy bella, mucho más pura que la figura exterior del cuerpo. Vuestras almas, sin embargo, son de un color más oscuro que vuestro cuerpo y no tienen ni siquiera la misma configuración sino llevan muy claramente rastros de figuras animalescas.

5. Pero descubro en vuestras almas animalescas también una figura de Luz muy pequeña que tiene la forma perfecta de un ser humano. Puede ser que, si crece esta figura dentro de vosotros, quedará vuestra alma animalesca como una piel extendida sobre la figura pura humana. Pero esto no lo puedo describir más detalladamente; mejor que lo consultes a los hombres perfectos».

6. «Pero dime por lo menos», prosiguió Marco, «cómo es posible que tú puedas ver todo esto y yo no».

7. «Durante mis grandes sufrimientos», respondió el interlocutor, «en los que mi cuerpo perdía muchas veces la consciencia, se abrió la visión de mi alma, con lo cual puedo ver y percibir ahora también a las almas de los otros hombres y puedo distinguir muy bien la diferencia entre ellos, o sea, entre los hijos de Dios e los hijos del mundo, o lo que es lo mismo, entre ángeles y diablos.

8. No obstante, los diablos del mundo también se pueden convertir en ángeles. Sin embargo, les costará mucho esfuerzo y abnegación. Pero al revés también: los ángeles se pueden transformar en diablos. Lo que, sin embargo, cuesta más esfuerzo aún y es casi imposible, porque la gran independencia de las almas de los ángeles implica un gran poder contra la influencia exterior: también en nuestro caso —él de los cinco— el infierno ha intentado ganar la batalla con nosotros. Hasta ahora sus intentos más cruentos han fracasado; pero no sabemos qué pasará todavía con nosotros. Lo sabe solamente Dios que nos llamó a nuestra existencia, pero que se preocupa muy poco o nada de nosotros, de modo que ya hemos pensado que no existe Dios alguno o que Dios está tan lejos y es tan soberano que no se quiere dedicar a nosotros».

Capítulo 25. La filosofía de Matael sobre la naturaleza

1. «Es cierto», prosiguió el orador vidente, «que existe en la Tierra un orden y un equilibrio del que se puede deducir que debe existir un Dios omnisciente que ha creado todas las cosas como las podemos ver y comprenderlas como son. Pero por otro lado se percibe también un desorden total y caprichoso en las cosas, de modo que uno se tiene que preguntar dónde está ese Dios omnisciente.

2. Hablemos por ejemplo de la inconstancia del tiempo. ¿Dónde está el orden y el equilibrio mencionados? Solamente hay que observar los diferentes árboles repartidos desordenadamente en un bosque, o lo mismo pasa con las hierbas en las praderas. Luego mirad las alturas totalmente desiguales de las montañas o el tamaño de los lagos, ríos, riachuelos y manantiales. No se ve en absoluto equilibrio u orden alguno, por lo menos en lo que cabe a nuestro entendimiento. El mar construye sus playas según como golpeen las olas en la orilla, lo mismo sucede con los lagos, ríos, riachuelos y manantiales. Únicamente el hombre puede colocar aquí y allá un dique. En todo esto no se ve la acción del Dios omnisciente.

3. De la misma manera es el hombre que dispone las huertas ordenadamente, planta y labora las viñas y los campos; selecciona los frutos sanos separándolos de los malos, luego los cuida y saca de ellos la mejor utilidad. ¿Dónde, sin embargo, existe en toda la Tierra un jardín o una huerta bien ordenada que Dios mismo haya colocado, o un río con un cauce ordenado? Las capas terrestres están colocadas tan caóticamente que sólo se puede hablar del poder ciego de la casualidad. No se percibe en ningún lado Sabiduría divina alguna que lo ordene todo. Se puede hacer y pensar lo que se quiera, pero en ninguna parte aparece algo que nos indique el efecto palpable de un Orden divino.

4. Bien es cierto, si se toma cada cosa individualmente, se percibe obviamente trazos importantes de un Poder divino primario y una Sabiduría perfecta. Pero observando luego el revoltijo casual de todas las cosas creadas, me parece a mí que Dios se ha cansado de seguir ordenándolas y se preocupa muy poco o nada de ellas. O incluso Dios no existe, y las cosas han ido tomando forma por sí mismas durante las eternidades en lo infinito del espacio, según las leyes naturales surgidas por la casualidad. Las formas —ya de un cierto peso— que han ido aumentando su tamaño, se han desarrollado con el tiempo formando mundos, Soles y Lunas. Los mundos crearon —según su tamaño y peso— necesariamente nuevas leyes naturales que constituyeron a su vez la base para nuevas formaciones.

5. Cuanta más diversidad había en un astro que poco a poco había ido evolucionando, tanto más diversas tenían que ser necesariamente las cosas que continuaron desarrollándose después — aunque fuese en escala menor. Ante la gran multiplicidad de las cosas que finalmente hubo en los mundos y en la gran multiplicidad de los mundos mismos tuvieron que establecerse leyes y producirse efectos con los cuales empezaron a mostrarse los primeros indicios de una vida sensitiva. Una vez que una primera chispa de vida se hubo formado de las necesidades previas, le tenía que seguir una segunda y poco a poco hasta miles de millones que generaron entre sí más leyes nuevas que llegaron a constituir la base para el desarrollo de una vida cada vez más perfecta. Si esta vida, a base de las condiciones vitales inherentes a ella, ya se ha desarrollado al máximo de su potencial, entonces es posible que la fuerza vital inteligente más ínfima que ya se concibe perfectamente a sí misma y a todo su entorno, pueda empezar a ordenar, con efecto retroactivo, la naturaleza no animada precedente y subordinársela.

6. Si todo ha nacido de esta manera totalmente natural, entonces sólo pueden existir potenciales vitales en niveles muy variados, desde el pequeño pulgón hasta la forma de vida más perfecta que el hombre llama divina. Puede ser que durante esta evolución se haya desarrollado desde tiempos inmemoriales una Divinidad buena y también una mala. Una vez constituidas estas dos divinidades, estarán enfrentadas fuertemente como fuerzas contrarias hasta que probablemente la fuerza buena más poderosa —según nuestros conceptos morales— haya absorbido a la fuerza mala para formar una oposición ordenada. A causa de esta unión todo lo que todavía está inerte, inconsciente o muerto, después de tiempos inimaginables tendrá que pasar a una vida abundante con el albedrío y el conocimiento libres.

7. El hecho de que en los tiempos actuales todo se encuentre todavía en una lucha de desequilibrio, parece que está basado en que la buena y más elevada potencia vital, a la que llamamos Dios, no ha llegado aún al estado de orden deseado con la fuerza malvada a la que llamamos Satanás, sino que está todavía luchando contra ella para someterla. Sin embargo, finalmente ella saldrá de esta lucha como vencedora, porque la fuerza malvada —según nuestro entendimiento— no seguiría luchando contra la buena si no tuviera un motivo para atraérsela a su terreno.

8. De algún modo Satanás debe disfrutar calladamente de la fuerza vital buena, por lo que quiere someterla completamente. Sin embargo, gracias a este continuo esfuerzo, está absorbiendo cada vez más del potencial bueno y con ello está mejorando, sin querer, su potencial malo. De esta manera su ser adquiere cada vez más orden, más conocimiento y más comprensión, hasta que al final no tendrá más remedio de entregarse completamente, porque su naturaleza y su instinto no permitirán que tenga que sufrir una derrota tras otra.

9. Sin embargo, una vez vencido totalmente, permanecerá siempre en oposición a la fuerza pura y buena, pero de forma ordenada, tal como la sal es un opuesto al aceite dulce. Si el olivo no tuviera sal en sus raíces, su tronco, ramas y hojas, de forma ordenada, su fruto nunca dará un aceite dulce.

10. Estoy extendiéndome demasiado en explicaciones de las que tú probablemente no entiendes con el sentido en el que se deben entender. Pero esto no importa mucho; de ninguna manera quiero presentarte estos conocimientos como una verdad sino simplemente como una hipótesis a la que se ha conducido el alma mediante muchos sufrimientos insoportables de los cuales no ha recibido alivio alguno a pesar de sus constantes oraciones a Dios.

11. Tras grandes sufrimientos de su cuerpo, el alma —o mejor dicho, la fuerza vital original inteligente— se vuelve mucho más lúcida, y ve y oye todo lo que los hombres naturales no ven ni oyen. No te asombres tampoco al haberme escuchado hablar antes de diversos cuerpos celestiales. Es que mi alma los ha visto mejor y más nítidamente de lo que tú ves a esta Tierra, en esta tu vida. Por eso puedo testimoniar fehacientemente lo que he visto en el espacio infinito. Pero, acabemos ya con estos temas y dime tú qué es lo que tenemos que hacer ahora. Aquí no nos podremos quedar».

12. «Espera un poco», dijo Marco, «hasta que el Salvador lo ordene, El que os ha curado de vuestros terribles males aquí delante de nuestros ojos».

Capítulo 26. La vida es una continua lucha

1. «¿Quién de estas personas que están aquí es Él para que le podamos ofrecer nuestro agradecimiento?».

2. «Nos ha prohibido a causa de vuestra salvación», dijo Marco, «descubrirle antes de tiempo, por lo que no os lo podemos decir ahora. Pero ya llegará el momento en el que le conoceréis y reconoceréis a través de Él muchos de vuestros errores, y vuestro corazón se regocijará».

3. «Amigo», respondió el orador, «para nosotros ya no habrá regocijo en esta Tierra, porque unas almas como las nuestras ya no podrán sentir alegría alguna a causa de los sufrimientos tan tremendos que hemos pasado en este estúpido mundo. Quizá se regocijen más tarde en otra vida de a un nivel más perfecto, pero en estos cuerpos arrugados nunca».

4. A esto intervino Cirenio que se encontraba cerca: «Mirad, soy el prefecto de Roma y en cierto sentido emperador de Asia, de una parte de Africa y de Grecia. Ahora que os he conocido puedo decir que no sois gente corriente. Quiero acogeros bajo mis cuidados para que no os falte nada y se buscará una ocupación adecuada para satisfacer vuestras fuerzas espirituales.

5. No obstante, habrá que aclarar este punto con vosotros para que a los romanos, sin más ni más, no nos califiquéis de diablos aunque fuera de una especie algo mejor... Y que no llaméis a nuestro anciano y buen Marco diablo, aunque le especifiquéis de bueno. Somos seres humanos como vosotros. No es nuestra culpa de que por razones inescrutables de la Voluntad de Dios hayáis tenido que pasar grandes tentaciones y a causa de ellas unos sufrimientos terribles, lo que, a mi parecer, ha purificado vuestras almas enormemente. Sin embargo, vuestra curación nos la podéis agradecer a nosotros y sobre todo a un hombre de entre nosotros que es un Sanador poderoso. Así veis que no nos hemos comportado con vosotros como diablos.

6. Por eso deberíais reflexionar un poco y modificar vuestra opinión —que en el fondo no es del todo incorrecta. Ya veréis que en breve vuestros corazones tendrán motivo para alegrarse».

7. «Amigo», respondió el interlocutor, levantándose ya mucho más recuperado, «tú no ves nada más que lo bueno y reconfortante de esta Tierra. Las hierbas y florecitas recrean tus ojos, el oleaje suave del mar alegra tu pecho, pero no ves que detrás de todas estas maravillas innumerables diablillos asoman sus cabezas, trayendo la muerte y la perdición.

8. Admiras el bello oleaje del mar, pero no ves los monstruos mortíferos debajo de las olas. Tú ves en todas partes una vida valiosa, nosotros nada más que la muerte y persecución de toda vida buena y noble. Tú ves sólo amistad, y con los pocos enemigos que tengas, tienes suficiente poder para alejarlos de ti. Nosotros, sin embargo, no vemos más que enemigos, en su mayor parte invencibles.

9. Oh, amigo, ante estas circunstancias que tenemos claramente ante nuestros ojos, es muy difícil alegrarse. Quítanos esta visión triste o danos una explicación lógica de todo lo que vemos, y volveremos a estar alegres y contentos.

10. Al cabo de un tiempo increíblemente largo habrá quizá un destino mejor para un alma que tras una lucha férrea haya superado un nivel de evolución tras otro. Pero ¿quién nos lo asegura? ¿Qué luchas y tormentas tremendas tendrá que superar la pobre alma hasta entonces? ¿Saldrá de todo ello vencedora o se perderá para siempre?

11. Mira, nosotros vemos cosas y circunstancias que no te puedes ni imaginar. Aunque no tengamos seguridad alguna del estado bendito que debe llegar después de la muerte del cuerpo, sí vemos que debemos estar alerta siempre, preocupándonos y luchando. Así lo vemos nosotros.

12. Cada vida es una continua lucha con la muerte, igual que todo movimiento es una lucha constante contra la quietud que la estorba continuamente. La quietud a su vez lucha contra el movimiento, porque en ella está la permanente tendencia a estar dispuesta para la lucha.

13. ¿Quién va a vencer al final? ¿La quietud que busca siempre el movimiento, o el movimiento que busca igualmente siempre la quietud?

14. Desde el origen primario de tu vida no has hecho otra cosa que luchar hasta este momento y seguirás luchando. Y mientras estés luchando, tendrás vida — pero una vida que será mera lucha y que te concederá pocos momentos benditos. ¿Cuándo aparecerá al cabo de estas eternas luchas por fin el estado bendito victorioso y libre de dichas luchas?

15. Por eso es fácil decir que se tenga el ánimo contento y el corazón alegre. Sin embargo, el ánimo pregunta, como decís vosotros los romanos: “¿Porqué, cómo, cuándo y de qué manera nos llegará auxilio?”. ¿Nos has comprendido, por lo menos un poco?».

Capítulo 27. Una imagen para la vida interior

1. Tras estas palabras, Cirenio dio la mano al orador, apretándosela, y me dijo muy asombrado: «Señor, ¡qué filosofía de vida tan sorprendente tiene! En el fondo no se puede objetar nada, pues es lamentablemente la pura verdad. Pero ¿qué dices Tú a todo esto?».

2. «¿Por qué te sorprende esto todavía?», le dije. «¿No os había advertido que estos cinco os plantearán grandes dificultades? Escuchadles y a continuación me comprenderéis a Mí mucho mejor».

3. Cirenio se dirigió de nuevo al interlocutor que se llamaba Matael: «¿No podrías demostrar también de forma tan convincente que Dios más probablemente existía antes que los mundos celestiales que tú nombras, pero de los cuales todavía no me puedo hacer una idea clara? Mira, no conozco ningún pueblo en toda la Tierra que no acepte, venere y adore a un Dios omnisciente y poderoso, existente antes de la manifestación de todas las cosas. No obstante, tú intentas demostrar lo contrario. Esto llena mi corazón de tristeza y creo que me puedes dar igual de bien una explicación de lo contrario; incluso te lo pido yo como prefecto».

4. «Pobre lactante sobre la Tierra, ¡me das lástima!», respondió Matael. «Has oído ya más de una palabra sabia, plena de fuerza, vida y verdad, has visto con tus propios ojos lo que la Palabra de Dios es capaz de realizar, y todavía no puedes captar en tu corazón la profundidad de más de algún pensamiento.

5. Amigo mío, ve, tú estás todavía demasiado apegado a tu vida y te encuentras en el medio de su ámbito, el punto menos indicado para comprender la verdadera vida.

6. Amigo, es preciso haber perdido la vida, es decir la vida terrenal, para reconocer luego la verdadera Vida.

7. Toma una vasija y llénala de agua. Si la mantienes sin moverla, no te enterarás de los espíritus del vapor que están en el agua quieta1; y aunque agites el agua enérgicamente2, esos poderosos espíritus del vapor no se te manifestarán. Pero si pones el agua sobre el fuego3, pronto entrará en ebullición y enseguida los poderosos espíritus del vapor empezarán a elevarse sobre la superficie del agua burbujeante4. Sólo entonces los espíritus que todavía permanecen en el agua en ebullición5, comenzarán a reconocer a los poderosos espíritus del vapor6 que antes, en el agua fría, se mantenían totalmente tranquilos sin dar señales de su existencia... Sólo cuando los espíritus del vapor se han reconocido a sí mismos y con muchos miles de ojos miran hacia el agua agitada bajo de ellos que les había dado cobijo, entonces aquellos espíritus que todavía permanecen en el agua7 reconocerán a los espíritus del vapor, y al mismo tiempo reconocerán que estos antes no tuvieron otra noción de su propia existencia que la de haber sido totalmente idénticos a la misma agua fría8.

8. De esta manera, durante la ebullición, el agua reconoce que existen en ella unos espíritus específicos hasta en la última gota. Sí, sí, el agua hirviendo se percibe a sí misma como espíritu y fuerza, mientras que en el estado de fría quietud no se pudo reconocer así.

9. ¿No ves en esto una imagen muy acertada? Tu vida es ciertamente un agua aún pura, pero fría y quieta en la vasija de tu cuerpo. Aunque se agite tu vasija enérgicamente en todas direcciones, no podrás reconocer todavía tu fuerza vital. Y al contrario, cuanto más se mueve el agua en su estado frío —como es el caso con todos los grandes hombres del mundo— menos el agua de la vida en el recipiente humano fuertemente agitado se reconoce a sí misma y reconoce a su entorno, porque la superficie reflectante del agua agitada ya no reproduce una imagen nítida sino una totalmente desfigurada.

10. Pero en cuanto la vasija del agua de tu vida esté expuesta al verdadero fuego del amor, de una gran humillación y de todos los sufrimientos, oh, entonces su contenido empezará a entrar en una fuerte ebullición. Entonces es cuando los espíritus vitales del vapor liberados se reconocerán a sí mismos y comprenderán su estado anterior frío e inerte... reconocerán la sensualidad del alma y la fragilidad del recipiente9... Y mientras el agua de la vida en el recipiente esté hirviendo, percibirá con miles de ojitos a los espíritus vitales que salieron de ella y comprenderá que no solamente fue su portador inerte sino que fue una sola cosa con ellos. Sin embargo, al recipiente, amigo mío, los espíritus vitales ahora liberados no lo considerarán como elemento de naturaleza idéntica a ellos sino como recurso auxiliar muy necesario que después de su uso se arrojará a la basura hecho pedazos. — ¿Has captado por lo menos algo de lo que te quería decir?».

11. «Me parece que he comprendido bien la imagen como una comparación con nuestra vida anímica interior», respondió Cirenio. «Pero si has querido revelar con ello algo más profundo, me falta todavía bastante entendimiento. ¿Acaso has querido explicar con ello también la existencia de Dios anterior a todas las cosas?».

12. «Es cierto», afirmó Matael, «pero ¿cómo ibas a percibirlo si tú mismo aún no has empezado a entrar en el proceso de la ebullición?».

Capítulo 28. Explicaciones de Matael sobre Dios

1. Prosiguió Matael: «Mira, a lo que tú llamas Dios, yo lo llamo el agua de la vida. Pero resulta que el agua no reconoce su propia vida inherente a ella; sólo cuando por las poderosas brasas del amor entra en ebullición —por unas brasas que se encienden por la presión que el amor ejerce contra el centro del propio portador— entonces el espíritu de la vida, en toda su libertad, se eleva sobre el agua que anteriormente le había aprisionado. Ahí ves el Espíritu de Dios que flota sobre las aguas, tal como lo ha mencionado Moisés. Y el espíritu liberado se reconoce a sí mismo y al agua, comprendiendo que desde la eternidad es uno con ella y es precisamente en el sentido de esta eterna comprensión donde hay que entender lo del “¡Hágase Luz!”.

2. Amigo, en el momento en el que tu espíritu flote sobre el agua en ebullición de tu vida, también tú empezarás a comprender verdaderamente tu propia vida y la Vida de Dios en ti.

3. Mira, todo ser tiene que empezar a existir alguna vez, tiene que tener un inicio sin el cual nunca podría existir. Si la vida —consciente de sí misma, de todo lo demás y de su propia fuerza inherente a ella— nunca hubiese tenido un principio concreto, de ninguna manera existiría. Pero ya que la vida ha tenido un principio, pues, existe... igual que nosotros existimos, individualmente, porque hemos empezado a ser lo que ahora somos...

4. Aun así ya existíamos antes, es decir, como los vapores fríos sin evidencia en el agua quieta y fría. Así también la máxima potencia vital en Dios tiene una identidad doble; por un lado una existencia inerte, consciente solamente de su propio ser, y luego una existencia que origina en el comienzo de una actividad interior... una existencia perfectamente libre y minuciosamente consciente de sí misma.

5. Por eso dijo Moisés: “Al principio Dios creó el Cielo y la Tierra. Y la Tierra estaba desértica y vacía y las tinieblas cubrían el haz del abismo”. ¿Qué o quién es el Cielo y qué o quién es la Tierra? ¿Piensas que es esta Tierra que te hospeda o el cielo que te regala aire y luz? ¡Entonces estás muy equivocado! Porque ¿dónde estaban entonces esta Tierra y este cielo?

6. Ves, esto indica sólo vagamente cómo ha empezado la eterna fuerza vital de Dios a reconocer y escrutarse en diferentes fases... Ahí el Cielo presenta la sabiduría consciente de su Yo; pero en el centro ardiente del amor, representado por la Tierra, hubo todavía un ambiente tenebroso, desértico y vacío, es decir, todavía sin consciencia profunda de su propia identidad.

7. Sin embargo, en la medida en la que el peso de la externa consciencia de sí mismo iba aumentando, el centro se calentó cada vez más. Y cuando el centro llegó al punto de máxima incandescencia, emergió del agua de vida hirviendo el vapor del Espíritu, flotando libremente sobre las aguas de su eterna preexistencia inerte, y empezó a reconocerse. Este reconocimiento o iluminación es la Luz, que Dios creó para la expulsión de las tinieblas inmediatamente después de la Creación del Cielo y de la Tierra.

8. A partir de este momento Dios, como una palabra pronunciada, Él mismo se vuelve el Verbo. Y este Verbo del “¡Hágase!” es una Voluntad totalmente libre y consciente de sí misma...

9. Desde aquí empieza a emerger la fuente de la Vida primaria de toda vida, consciente e impulsada por la voluntad totalmente libre. — ¿Lo tienes ahora algo más claro?».

Capítulo 29. Cirenio opina sobre la sabiduría y Matael responde

1. «Oh, sí», respondió Cirenio, «ya tengo las ideas mucho más claras, sobre todo porque en la noche pasada pude escuchar una explicación muy parecida sobre la historia de la Creación de Moisés. Así que el asunto será como dices. Sin embargo, es demasiado elevado para mí y no quiero esforzarme tanto para comprender las cosas en toda su profundidad. Cuando quiero que una cosa me sea útil, tiene que ser fácilmente entendible. Pero si hay que profundizar mucho, entonces mi capacidad de entendimiento se agota rápidamente.

2. En resumen, mantengo lo que he dicho: por mi parte no tenéis que pasar más miserias y tendréis todas las oportunidades para profundizar con vuestra sabiduría y ayudar a la pobre humanidad a encontrar el camino correcto, donde sea apropiado. Aun así confieso que según mi opinión el profundizar demasiado en las verdades de la vida en general resulta más perjudicial que ventajoso.

3. Miraos a vosotros mismos y preguntaos si toda vuestra sabiduría, verdaderamente extraordinaria, os ha hecho felices. El intelecto humano puede penetrar en unas profundidades infinitas de sabiduría y lograr al final unos resultados estupendos. Pero para mí sólo es feliz aquel hombre que vive sencillamente, entregado a Dios, su Creador, con todo amor y manteniendo sus mandamientos. Si Dios le quiere otorgar la sabiduría como a Salomón, que la acepte agradecido y humildemente, utilizándola sabiamente. Pero cuando la sabiduría otorgada a un hombre le hace solamente infeliz, entonces prefiero mil veces cualquier simpleza que alegre el corazón.

4. Estoy vivo y sé ahora que viviré eternamente; también conozco los caminos para alcanzar una vida eternamente dichosa. ¿Qué más puedo desear?

5. Si vosotros os unís a mi punto de vista, llegaréis a alcanzar también como yo la felicidad en esta Tierra. Pero con vuestra manera de escudriñar en la sapiencia, no podréis sentir nunca el valor y la dicha de ser un hombre.

6. Por eso, seguid mi consejo, aunque no provenga de la sabiduría más profunda; pero sí de un corazón amable y seguramente no falto de amor, y esto tiene un alto valor incluso ante Dios. ¿Por qué no iba a tener valor en vuestro caso?

7. No es la sapiencia la que nos da la vida, sino el amor. Por lo tanto, quedémonos con el amor y no nos faltará nada de la vida y de este sentimiento dichoso. Veis, esta es mi sabiduría, y casi podría afirmar que es más útil para la vida de los hombres que toda vuestra sapiencia profundísima».

8. «Oh, sí, tienes toda la razón», respondió Matael. «Pues mientras el agua en la olla no esté cerca del fuego, está en un estado totalmente tranquilo y seguro. Pero en cuanto esté sobre el fuego, cambia la cosa totalmente. ¡Alguna vez hay que romper con todo!

9. Para lo que uno quiere llegar a ser, son necesarios muchos conocimientos. Si quieres ser un capitán, tienes que dominar todos los conocimientos para llevar a cabo esta tarea, si no darás mal ejemplo. Lo mismo ocurre si quieres ser boticario o médico.

10. Bueno, y si quieres alcanzar la Vida eterna, pero no quieres conocer y escudriñar más sobre ella, ¿cómo te va a ser posible alcanzarla?

11. Mira, si quiero por ejemplo unirme a una mujer, pero evito toda posibilidad de encontrarme con una, entonces no sé cómo voy a poder casarme jamás.

12. Tú quieres alcanzar la Vida eterna, sin embargo, quieres prescindir del pequeño trabajo de investigar un poco más profundamente en esta vida terrenal y temporal e indagar algo más sobre sus raíces.

13. Sí, amigo mío, si dependiera la Vida eterna sólo del hecho de que Dios me la regalase, como tú me das un trozo de pan, entonces tu lema de vida sería verdaderamente preferible. Sin embargo, depende solamente de nosotros mismos el preparar el camino y alcanzar la futura Vida eterna.

14. Debemos actuar, debemos atravesar el agua con nuestra agua de vida y atravesar el fuego con nuestra llama de amor vivo. Sólo entonces comienza a hervir nuestra agua de vida gracias a la acción del fuego del amor interno para con Dios, hacia el prójimo y finalmente hacia nosotros mismos, y es entonces cuando nos damos cuenta de que existe una fuerza vital indestructible dentro de nosotros que se reconoce como tal sólo a partir de este momento, y que luego emprende las medidas correctas para conservarse así para siempre.

15. Consecuentemente se acabó por lo pronto con la vida holgazana —que es como un dulce sueño— sino que ahora se trata de trabajar, luchar e investigar sin descanso.

16. Sólo cuando se haya vencido esa vida dormida, mortecina, con una victoria totalmente despierta, se podrá hablar de una cierta bienaventuranza.

17. Te pareces a un hombre que por la mañana sigue dormido en un dulce sueño, al que sus amigos, que ya llevan despiertos hace tiempo, empiezan a despertar. Al principio se enfada por ello y sólo cuando se despierta del todo con un cierto esfuerzo se da cuenta del bienestar ganado y se alegra de la nueva vida libre y desenfadada.

18. Hemos alcanzado un nivel justo con nuestra sabiduría, sin embargo, a ti te falta todavía mucho. Sólo en cuanto te despiertes del todo, comprenderás cuánta razón tenemos».

Capítulo 30. Jesús advierte a Cirenio que escuche a Matael

1. «Señor y Maestro», se dirigió Cirenio a Mí, «¿qué dices Tú a todo esto? ¿Es la verdad lo que dice Matael? Sólo Tú puedes opinar sobre ello con más fundamento. Por favor, dinos algo al respecto».

2. «¿No te dije antes que les escuchaseis atentamente?», le advertí. «Si Yo viera que decían cosas equivocadas, no os habría recomendado escucharles. Por eso, seguid escuchando lo que dice Matael. Es cierto que tras él sopla un fuerte viento, no obstante es un viento bueno. Con éste se pasa más rápidamente por el oleaje agitado de la mar que con los mejores remadores.

3. Seguid escuchándole, pues hasta ahora sólo os habló a grandes rasgos; pero cuando empiece a emocionarse, os aportará aún otras demostraciones todavía más complejas».

4. «Pues gracias de antemano», contestó Cirenio. «Con denominarnos unos diablos para él ya es bastante. ¿Será capaz de degradarnos aún más? ¿No es acaso de agradecer el hecho de que yo me quiero ocupar de estos cinco pobres diablos para el resto de sus vidas, y a cambio nos causan mal tiempo como Tú nunca nos has hecho?

5. Eh, ya no quiero seguir escuchando a este Matael; por correcta que sea su opinión sobre la vida, no se adapta a las condiciones terrenales diarias y nadie saca provecho alguno para su cuerpo.

6. Los profetas y los sacerdotes ancianos lo tenían fácil, ocupándose solamente de la vida eterna; pues de las necesidades del cuerpo eran otros los que se ocupaban y que les daba igual que hubiera una Vida eterna del alma o no. Sólo tenían que cumplir las leyes sin saber el motivo verdadero del porqué y lo que tenían que conseguir con ello.

7. Esto tenía que bastar para millones de gentes con o sin perspectiva de una Vida eterna. ¿Por qué no iba a bastar para nosotros?

8. Pero si ya no basta, entonces cualquier hombre que tenga por lo menos una chispa de amor al prójimo en su corazón debe preguntarse: quién compensa al final a los muchos millones de pobres diablos el ser condenado a la muerte eterna a pesar de haber cumplido unas leyes externas. Si ellos son una obra del azar, entonces la enseñanza tiene su buen fundamento. Pero si todos los hombres son obra de un Dios bueno y omnisciente —lo que se puede ver claramente de su constitución sabiamente formada— entonces deberá existir un camino diferente y más práctico para que todos los hombres alcancen la Vida eterna. Pero si no hay otro camino, entonces toda vida es lo más despreciable y ruin que el raciocinio humano haya visto jamás.

9. Si una Vida eterna está reservada únicamente a aquel que, en sentido figurado, la alcanza a costa de miles de otros seres humanos que tienen que trabajar para tal héroe aspirante a la Vida eterna... y eso sólo para que él luego por interna ebullición pueda obtener su Vida eterna... entonces desisto eternamente de la menor chispa de toda Vida eterna y prefiero la muerte eterna. — Así lo veo yo...

10. Tu enseñanza, Señor y Maestro, me es muy agradable y valiosa; pues cuando flaqueo tengo con ella a un ayudante todopoderoso a mi lado,. Según la enseñanza de Matael, sin embargo, no tengo a nadie más que a mí mismo. Sólo yo mismo puedo procurarme o quitarme la Vida eterna y ningún dios tiene que hacer algo por ella; acaso sólo observar con ojos enfadados o benévolos cómo un pobre diablo se está esforzando para escaparse de las garras de la muerte y ascender a la Vida eterna por unos caminos ásperos, llenos de espinas y trampas.

11. ¡No, no, eso no puede ser posible! ¡Estos son unos estúpidos con la manera en que enfocan la Vida eterna! Si puedo contar con un donador de la Vida eterna, que como Tú, Señor, me devuelve, si quiere, la vida ya en esta Tierra, entonces hago todo para que me dé también en su día la Vida eterna. Pero si tengo que ir buscando yo mismo las piezas para componerla, escudriñando en las sabidurías proféticas, entonces renuncio a ella. — Dicho por Cirenio, gobernador romano de Celesiria e incluso, en cierta medida, sobre todos los países de Asia y de Africa, y sobre gran parte de Fenicia».

12. «Amigo, esta vez te has superado en palabrerías huecas», le dije Yo. «Sabes lo que eran estos cinco hombres; pero por qué, espero que lo sepas ahora también.

13. Yo los he purificado ahora completamente y he encendido en ellos la única verdadera e infalible Luz de la Vida. Así he puesto una barrera contra los huéspedes malvados expulsados de modo que no puedan volver.

14. De esta manera los cinco son ahora completamente puros y pueden reconocer en sí mismos los finísimos hilos de toda vida como fue creada desde el origen… Al mismo tiempo están divulgando a todos lo que en los tiempos ancestrales sólo estaba dado a saber a muy pocos; ¿por qué te enfadas con ellos?

15. Mira, lo que dicen es lo mismo que Yo os he dicho ya, sólo que ellos pronuncian las verdades con palabras más recias.

16. Procura primero captar el valor intrínseco de lo que te dicen. Y luego, si todavía te quedan motivos para tanto, olvídate de ellos... Pero como lo que dicen te parece molesto, tu enfado no se justifica. Deja que Matael siga hablando, y se verá si lo que dice es práctico o no y si contradice a mi enseñanza».

Capítulo 31. Matael explica cómo alcanzar la verdadera Vida

1. «Está bien», respondió Cirenio, «pero advierto que seré muy crítico».

2. Y, dirigiéndose a Matael, continuó: «Entonces, sabio Matael, si el asunto de la Vida eterna es tal como lo has planteado con tanta agudeza, dime, ¿qué les espera a los millones de personas que no saben nada de todo esto y a los muchos millones que después de nosotros nacerán en la Tierra y tampoco sabrán nada de la Vida eterna?».

3. «Muy bien», prosiguió Matael, «también ellos han tenido una enseñanza, suficiente para mantener viva la fantasía del alma. Y en tal fantasía, con el tiempo, el alma establece su identidad en cuyo entorno vive como en un sueño... un sueño en el que podrá continuar “viviendo” durante miles de años...

4. Sin embargo, ahí falta aun mucho para la verdadera Vida eterna. Estas almas, si quieren alcanzarla, finalmente tendrán que superar en el así llamado mundo de los espíritus unas luchas y pruebas todavía más difíciles que las que he mencionado de paso anteriormente.

5. Pero aquel que toma este camino ya aquí, alcanzará en pocos años terrenales —aunque sea con no pocos esfuerzos y poniendo una verdadera seriedad en ello— la Vida eterna con toda su verdad, claridad y autenticidad, lo que por el contrario el alma adormilada sólo podrá alcanzar después de cientos o miles de años, si todo va bien. Pero si algo va mal, entonces un alma depravada puede todavía “disfrutar” de una vida imaginaria aunque sea más que miserable... aquí o en cualquier otra parte... época tras época... una vida en la que aparte de su propia identidad y de sus fantasmagorías de miseria no llega a la percepción de algo verdadero y real exterior a ella. No obstante, las experiencias más amargas le enseñarán que está rodeada de enemigos a los que no puede hacer frente porque no los puede visualizar, igual que un ciego que no puede ver desde donde se acerca un enemigo o un peligro.

6. Mira, un invidente con toda su ceguera al fin y al cabo no está sin luz alguna, pues la fantasía de su alma sigue siendo una luz que hace que el ciego visualice cosas que para él resultan algo iluminadas como los fenómenos de la naturaleza. No obstante, no tienen permanencia ni su luz es constante. A ratos, en su interior, ve cierta claridad y a ratos esta se enturbia o incluso desaparece del todo; de modo que tal ciego durante cierto tiempo no percibe luz alguna ni ve en su interior un escenario animado.

7. Algo parecido le ocurre a un alma cuando está totalmente aislada: de pronto está en la luz y de pronto en la noche oscura. Pero ni la luz ni la noche significan verdad alguna para el alma sino solamente un reflejo pasajero de algo que el alma acoge en sí sin saber y querer de las esferas exteriores, como una gota de rocío acoge la imagen del Sol. Aunque la gota esté iluminada en este momento, sin embargo, no tiene consciencia para comprender de dónde viene la luz que ha acogido.

8. Todo lo que te he dicho ahora en nombre de mis cuatro hermanos es el resultado de las experiencias que hicimos a lo largo de nuestros grandes sufrimientos y aparta toda vida aparente de la verdadera Vida libre e independiente.

9. Aquí tienes una vida con sufrimientos y carente de libertad y, como alternativa, una Vida en Dios totalmente independiente y por ello libre. Depende de tu decisión cuál de las dos quieres elegir. Esto es lo que hay y ningún dios te puede ofrecer otra condición de vida.

10. Ahora te digo otra cosa: Mi alma que adquiere una visión cada vez más clara, ve y reconoce ahora también por sí misma al Salvador, quien hace poco mediante el Poder de su Vida divina totalmente libre la ha liberado de una cantidad de enemigos invisibles... de enemigos de la Vida libre más elevada... Y ve, Él abarca más que todo el universo visible de la Creación.

11. Él quien se ha reconocido desde la eternidad como el punto central de todo Ser y Vida, quiere ahora consolidar su Vida aún más — y con esto, a través de su Vida, también la de todos los hombres. Pero esto lo logrará solamente mediante la total y extraordinaria abnegación: Él sacrificará su vida terrenal para entrar en la Gloria eterna de toda Vida... lo hará para Él y a través de Él también para todos los hombres... y de esta manera todas las criaturas entrarán en un nuevo orden interno y sus perspectivas tendrán otra cara. Aun así seguirá siendo válida la frase de que “cada cual tome la carga de su miseria terrenal sobre sus propios hombros y me siga”. — ¿Me entiendes ahora?».

12. Cirenio, todavía un poco rudo: «Sí, sí, te entiendo y no me queda otro remedio que decir que has dicho la verdad. No obstante, tales condiciones de vida no me hacen ninguna gracia».

Capítulo 32. La unidad de la verdadera Vida

1. «Es cierto», respondió Matael, «tales condiciones de vida no son placenteras como un cuento de hadas adornado de fantasías, en las que la vida se regocija revoloteando como los pájaros, las mariposas y las efímeras en la primavera, visitando una flor tras otra y mamando el dulce néctar. Pero por eso precisamente esa vida lasciva es perecedera como la vida de una efímera que no vive más que un solo día... una vida apenas consciente de sí misma y por ello no se puede ni llamar “vida”. ¿De qué le sirve al hombre esa vida de mariposa? Piensa en la duración de esa vida: setenta, ochenta o hasta noventa años ya es una edad considerable, pero el cuerpo ya está muy débil y torpe. Basta un soplo de viento brusco, y ¡se acabó!

2. Y después ¿qué? ¿Quién te podrá dar una respuesta satisfactoria si durante tu vida terrenal no has hecho todo lo posible para conseguir la respuesta viva antes de aquel soplo de viento mediante el trabajo de todo tu ser? Pero si has encontrado en ti esta respuesta sagrada, entonces no tendrás que preguntarle a nadie qué pasa después de esta corta vida terrenal.

3. Por eso es preciso no dejar el agua de la vida quieta en el frescor agradable del cuerpo sino ¡acercarla al fuego!, para que entre en ebullición y emerjan los vapores vigorosos, formando así una nueva vida. Si no, todo habrá sido en balde. Mis palabras te pueden parecer muy irritantes, sin embargo, la Verdad es la Verdad eternamente. Solamente ella nos puede conducir a la verdadera y plena libertad de la Vida, sin la cual no se puede concebir una Vida eterna verdadera».

4. Intervino Cirenio en un tono ya mucho más apaciguado: «Sí, mi querido amigo Matael, ya veo que posees la Verdad total en todas las condiciones de vida, y no se te puede objetar nada. En tu esfera ya estás completamente en la patria de la Vida verdadera, pero uno como yo está todavía muy alejado de ella.

5. Sólo queda por desear que hubieses resumido tu doctrina de vida en un sistema determinado para poder conducir y educar a los hijos de acuerdo con ella, de modo que ellos puedan alcanzar más fácilmente esa meta, lo que al hombre maduro le cuesta más trabajo».

6. «Tu deseo ya está cumplido en parte», respondió Matael, «y todavía habrá más. Mira, el gran Salvador poderoso, quien nos ha sanado, ya ha hecho los preparativos para tal fin. Nosotros cinco sabemos el camino, sin embargo, sería muy difícil incluir todo en un sistema ordenado para utilizarlo en la enseñanza general. Pero para personas como tú, tal vez podríamos hacerlo, en caso de que fuera necesario. Pues nada es imposible para un hombre que ya se encuentra en el camino de la Verdad en todas las cosas; porque la verdadera Vida libre es una, ya sea en Dios, en un ángel o en un ser humano.

7. Pero naturalmente existen enormes diferencias incluso en la Vida totalmente libre; pues una vida que acaba de reconocerse a sí misma obviamente no puede ser tan poderosa como la Vida que se ha percibido y realizado desde la eternidad en toda su plenitud y profundidad de la Verdad. Tal Vida se ha convertido en el Amo de la infinitud y todos los cuerpos celestes con todo lo que comportan están en el poder de esa Vida.

8. En cuanto a nosotros, probablemente tampoco la alcanzaremos nunca; pero en la unión con esa Vida seremos finalmente también capaces de hacer lo que la gran Vida eterna de Dios puede llevar a cabo. También existen ciertas fuerzas vitales perfeccionadas que, después de la eterna Fuerza vital de Dios, evidentemente son las más elevadas.

9. Estas fuerzas superan naturalmente en mucho a las nuestras, por libres e independientes que las hayamos reconocido nosotros. Las llamamos “ángeles” o “mensajeros”. Son representantes extraordinarios de la Fuerza vital de Dios omniabarcante. Pero nosotros nos podemos igualar a ellos si logramos unirnos a esa Fuerza vital divina general.

10. Sin embargo, tú no tendrás que soportar tanto como nosotros tuvimos que soportar para poseer lo que poseemos ahora, no obstante poseerás también lo que nosotros poseemos ; porque las almas que se han formado en esta Tierra, estando ya en “suelo natal”, lo tienen mucho más fácil que aquellas que han sido colocadas aquí, viniendo de otro mundo más perfecto.

11. En la Vida fundamental de Dios decidido está para todas las eternidades que esta ínfima Tierra debe ser el campo de acción de su Misericordia e incluso toda la infinitud habrá de someterse a este nuevo Orden, si quiere ser partícipe de la bienaventuranza infinita de la Vida única en Dios. Entonces hay que habituarse a ello, cueste lo que cueste.

12. Si no hubiésemos llegado hasta aquí al final de nuestros sufrimientos —de lo que sucesivamente nos íbamos dando cuenta poco a poco—, una muerte definitiva nos habría sido más deseable que unos días más de vida tan penosa, aunque tras estos habríamos podido entrar inmediatamente en la Bienaventuranza de Dios.

13. Pero ahora nos hemos dado cuenta que el gran Salvador ha puesto fin a nuestros sufrimientos antes de tiempo y estamos empezando a sentir cada vez más alegría. Comprendemos que el gran Espíritu de Dios quiere convertir y convertirá esta Tierra realmente en un escenario de acción de su Misericordia, pero lamentablemente será también un lugar de persecución, soberbia, ostentación y enemistad de todo lo que es espiritualmente puro, bueno y verdadero».

Capítulo 33. Una profecía de Matael

1. «Oh, amigo mío», prosiguió Matael, «las condiciones en la Tierra empeorarán de tal manera que incluso Satanás no se atreverá a visitar a las comunidades de los hombres, no importa en qué apariencia. Sin embargo, entre ellos habrá también hombres espiritualmente ciegos que verán más y oirán más que nosotros ahora con todos nuestros sentidos despiertos.

2. Llegará un tiempo en el que los hombres determinarán según grados la fuerza vital de los vapores sobre el agua y les pondrán bridas10... como los persas se las ponen a sus caballos, y los utilizarán para todos los trabajos más duros. También atarán la fuerza vital escondida en el agua delante de carros11 muy grandes con los que irán tan deprisa como una flecha.

3. También atarán la fuerza vital del agua ante los barcos grandes y ella los empujará sobre las olas del mar más rápidamente que las tempestades, y finalmente hasta harán frente a cada tempestad; sólo rocas y bancos de arena podrán causar peligro y daño a tan rápidos viajeros.

4. Pero poco después de ese tiempo la vida de los hombres en la Tierra empezará a empeorar y los hombres pasarán grandes calamidades. El suelo se volverá árido; se originarán grandes carestías, guerras y hambruna, y la luz de la fe en la Verdad eterna se apagará en muchos lugares y el fuego del amor se enfriará… Luego vendrá el último juicio de fuego sobre la Tierra…

5. Bienaventurados aquellos que aún no hayan gastado completamente su agua de Vida en el lucro material, pues cuando el fuego del juicio venga del Cielo, no les podrá hacer daño porque su propia agua de Vida los protegerá.

6. A continuación la verdadera Paz de la Vida y el Orden de Dios se darán las manos para siempre y no habrá más discordia ni pendencias entre los que habiten la Tierra purificada en compañía de los ángeles de Dios. Aunque no lo veremos con nuestros cuerpos frágiles y perecederos, nuestras almas que pueden ver y comprender todo serán testigos de todo lo que acabo de anunciar.

7. Mira, no quería decírtelo, pero sentí un empujón en mi alma, o mejor dicho en el corazón de mi yo, que proviene seguramente de la persona que nos acaba de sanar. — ¿Me entiendes ahora mejor?».

8. «Ahora sí que hemos llegado a un entendimiento mutuo perfecto», dijo Cirenio. «Espero pues escuchar todavía muchas cosas edificantes y creo que con vosotros he hecho una pesca realmente buena... Mantengo mi palabra de que vais a estar atendidos en todas vuestras necesidades físicas. Vosotros, en cambio, cuidaréis por las necesidades de mi alma y de toda mi casa.

9. Naturalmente mis servicios no se pueden equiparar con los grandes que vais a proporcionarnos. Pero ¿qué remedio hay cuando en este mundo no se puede corresponder con algo mejor al donante de un regalo tan elevado y eterno? ¿Estáis contentos con esto?».

10. «Oh, ¿cómo puedes preguntarnos eso todavía?», respondió Matael. «En el momento que podamos ser útiles y servir a alguien, estamos completamente satisfechos. Pues nunca se debe subestimar un regalo terrenal, cuando proviene de un buen corazón y con un propósito noble y verdadero, porque con la intención noble del donante y el motivo el regalo adquiere un valor espiritual y con ello se iguala totalmente a un don puramente espiritual.

11. Donde lo material apoya a lo espiritual y viceversa, finalmente todo se vuelve espiritual, y lo uno dentro de lo otro proporciona la Bendición plena de Dios.

12. Donde presumen que hay algo espiritual —como en el Templo de Jerusalén— y lo dan sólo a cambio de algo material... y donde dan lo material por lo espiritual sólo por las ganancias materiales en expectativa... al final todo se vuelve finalmente material sin tener valor espiritual alguno y nunca tendrá resultados benefactores divinos.

13. Por eso, no te preocupes si el regalo material que nos ofreces a cambio de un regalo espiritual nuestro, pudiera ser demasiado insignificante, puesto que se volverá también espiritual gracias a la condición del donante y del verdadero motivo del donativo. La Bendición divina está asegurada tanto espiritual como materialmente, porque el Espíritu es también Señor sobre toda la materia que en el fondo no es otra cosa que un espíritu en el juicio, en cautividad rigurosa, obligado a obedecer ciegamente al libre Espíritu de la Vida de Dios en cuya Fuerza se establece el juicio de toda la materia... y Él mismo es el único que puede reanimarla, cómo y cuándo Él lo quiera».

14. «¡Oh, qué maravilla!», exclamó Cirenio. «A partir de ahora no quiero perderos por ningún tesoro del mundo y mis mejores cuidados os serán asegurados. Espero que nos vayamos a entender cada vez mejor y seremos mutuamente cada vez más necesarios. Sin embargo, que toda la alabanza, agradecimiento y amor sea para el Señor por haberse apiadado de vosotros y haberos conducido hasta mí; pues sin Él estaríamos perdidos todos eternamente».

15. «¡Amén!», respondieron todos. «Sólo Él es digno de toda gloria, alabanza y amor no solamente de esta Tierra sino de toda la infinitud. Pues es sólo Él el que transforma en nuevo todo lo que existe hasta lo infinito. ¡Santísimo es su nombre eternamente!».

Capítulo 34. Los cinco hombres curados quieren conocer a Jesús

1. «Efectivamente, Él está entre nosotros», respondió Matael. «Pero hay aquí dos hombres que se parecen mucho de modo que sería muy difícil a los sentidos externos decidir cuál es el verdadero. Creo que es aquel que ha hablado varias veces con Cirenio. Pero también puede ser el otro, porque sus caras irradian un alto grado de sabiduría. Ya hemos escuchado a éste y su Palabra fue sublime, inteligente, seria y sabia. Sin embargo, un hombre sabio también podría hablar así. El otro, en cambio, todavía no ha dicho nada, quizás porque no quiere darse a conocer antes de tiempo. ¿Quién de nosotros tiene el valor de dirigirle la palabra?».

2. El que callaba era Santiago el mayor que se parecía físicamente mucho a Mí y llevaba también la misma ropa que Yo.

3. Siguiendo las palabras de Matael, se levantaron los otros cuatro del suelo y deliberaron entre ellos sobre quién debía dirigir la palabra al hombre callado. Pero como les faltó valor, Matael preguntó en confianza al amable Cirenio si ese hombre era acaso el poderoso Salvador o si lo era Yo. Pues querían saberlo con más exactitud a fin de no honrar a uno equivocadamente, siguiendo los impulsos de su corazón.

4. «Todavía no he recibido indicación alguna de Él», aclaró Cirenio, «para señalároslo. Sin embargo, esto no tiene importancia alguna, porque Él mira solamente el corazón del hombre. En este sentido, vuestros corazones están en la mejor disposición del mundo y de momento no hace falta nada más. Pero cuando sea de su Voluntad y para el bien vuestro, entonces Él se os mostrará. Sin embargo, creo que no escapará de vuestra perspicacia descubrir quién de ellos es el verdadero Todopoderoso, observándolos a lo largo del día».

5. Con esto se quedaron satisfechos los cinco y empezaron a mirar con más atención a sus alrededores para descubrir dónde se encontraban. Conocían ya algo de la región y sabían que estaban cerca del Mar de Galileo, sólo desconocían el lugar exacto.

6. Como era Cirenio el que más había conversado con ellos, les dijo: «Estáis ahora cerca de la ciudad de Cesárea de Filipo y pisando el terreno del anciano soldado romano Marco quien os ha ofrecido de sus provisiones el vino, el pan y la sal. En estos momentos no está aquí, porque tenía que preparar algo en su casa para mediodía. Pero cuando vuelva, le conoceréis más detenidamente, porque en vuestro estado anterior estabais más cerca del Más Allá que de la realidad presente, incapaces para fijaros en él y su personalidad muy honorable».

7. «Es cierto, tienes totalmente razón», dijo Matael. «Aún nos ha quedado el estado de claridad interior como lo teníamos antes de nuestro despertar, sólo que todo tenía un aspecto horrible y funesto. Pero como ahora todo ha adquirido una presencia más amable y todos los alrededores se han vuelto más luminosos y agradables, nosotros también nos hemos vuelto más lúcidos y en cierto modo más alegres, aunque no seamos capaces de aportar algo de nuestras reales visiones internas.

8. La Verdad, amigo mío, es eternamente la Verdad. Sin embargo, este mundo es inconstante y así también sus hijos. No se puede fiar uno con certeza de nadie, pues alguien puede ser hoy todavía un amigo y mañana ya no serlo o que alguien le ha ya metido en la cabeza una calumnia sobre ti y ya haya dejado de ser tu amigo, habiéndose vuelto en secreto un juez para ti.

9. Así no hay seguridad en este mundo, ni en las cosas ni entre los hombres. Sin embargo, el Señor guiará todo para el bien de los hombres».

Capítulo 35. Jesús, el vencedor de la muerte

1. «Sí, hermanos», añadió otro de los cinco, «en esto se basa toda nuestra esperanza. Él mismo, no obstante, tendrá que sostener una fuerte lucha contra el poder de la muerte, pero ya no hay duda en la victoria segura. Pues Él conoce la impotencia de la muerte y todas sus limitaciones y sabe también que el único poder que tiene la muerte no es sino un gran anhelo de vivir el que está en cautividad...Y este único poder no puede actuar contra Él sino solamente a favor de Él y, con Él, luchar contra sí mismo para no destruirse del todo.

2. La vida luchadora —que es Él mismo— quedará siempre predominando contra el poder de la muerte, porque la muerte como tal carece de todo poder, es parecido a la piedra inerte en la mano del lanzador que puede hacer con ella lo que quiere.

3. Pero si existe algún poder en la muerte igual que en la carne animada del hombre, entonces se manifiesta en forma de vida, aunque sea a un nivel muy bajo. Esta vida no entrará en lucha con la verdadera Vida para destruirse a sí misma sino se agarrará a ella y combatirá con ella contra el supuesto poder de la muerte, igual que un hombre mortalmente enfermo coge ávidamente la copa con la bebida curativa para que, tras beber de ella, poder vivir aun más tiempo en el entorno de la auténtica Vida con la perspectiva de que esta finalmente la absorberá completamente.

4. Una vez que la vida se haya unificado de esta manera, como en el caso de nuestro Salvador que no conocemos todavía personalmente, ya se ha vuelto totalmente divina y no habrá ni puede haber poder alguno que la pueda vencer.

5. Sabemos lo que son la Tierra, el Sol, la Luna y todas las innumerables estrellas: en su mayoría cuerpos celestes increíblemente grandes, algunos incluso inimaginablemente más grandes que nuestra Tierra. En cuanto a sus cuerpos, están muertos, pero el Poder vivificante de Dios los pone en un movimiento complejo muy necesario.

6. ¿Qué pueden hacer todos estos innumerables gigantes celestes contra el Poder permanente de la Vida libre de Dios? ¡Nada! Como un vendaval hace volar una mota de polvo, así la Fuerza vital de Dios los pone en movimiento, en órbitas inmensamente grandes, y no se pueden oponer a esta Fuerza divina y libre, lo mismo que el sinnúmero de motas de polvo no se puede oponer al vendaval que las levanta del suelo y las esparce por el aire en la lejanía.

7. Por eso, Él vencerá y, en el fondo, ya ha salido victorioso. Pero para el bien de los hombres, para que puedan tomar parte en la victoria de la Vida contra la muerte en sí, se debe llevar acabo ahora una nueva, pero última lucha.

8. De este modo veo escrito con letras que irradian sobre toda la infinitud lo siguiente: “Él, la Vida misma desde la eternidad, ha vencido a la muerte para siempre con las armas de la muerte misma, de modo que la muerte se tuvo que destruir a sí misma para que toda Vida se liberara a través de Él, el luchador desde la eternidad. Por eso, ¡que toda Gloria sea sólo para Ti!”».

9. Estas palabras conmovieron a todos los presentes de tal manera que se postraron de rodillas ante Mí y exclamaron: «¡Sí, sí, toda Gloria a Ti!».

10. Mediante este acto los cinco hombres finalmente me reconocieron. Matael, profundamente emocionado y bañado en lágrimas de agradecimiento, dijo: «¡De modo que eres Tú! Oh, ¡qué regalo para nosotros los muertos, poder ver al Único vivo!». Tras estas palabras cayó en silencio, sumergido en una profunda meditación, como también todos los presentes.

Capítulo 36. El Señor habla de la verdadera adoración a Dios

1. Entonces les dirigí la palabra, animándolos: «¡Levantaos, amigos y hermanos! Vuestra adoración es justa, porque está dirigida a Aquel que está en Mí, el Padre santo desde la eternidad. Pero Él está siempre en Mí, como Yo y todos vosotros estamos en Él. En consecuencia tendríais que estar siempre postrados ante Mí en veneración; lo que no tendría ninguna gracia ni para vosotros ni para Mí y no sacaríamos ningún provecho de ello.

2. Basta con que creáis en Mí, que me améis como a uno de vuestros hermanos o mejores amigos y que obréis según mis palabras. Todo lo demás no tiene valor, porque Yo no he venido a este mundo para hacerme tributar idolátricamente honores divinos por los hombres, sino para curar y sanar a todos los enfermos de alma y de cuerpo, y para mostrar a los hombres de este mundo el camino correcto que conduce a la Vida eterna. Esto es lo que os pido; todo lo demás es vanidoso, necio y pura idolatría.

3. Bien es verdad que el hombre debe adorar a Dios, su Creador, sin cesar, porque Dios es santo y por eso digno de toda adoración. Pero Dios es en sí Espíritu y por eso no puede sino ser adorado en el espíritu y en la Verdad.

4. ¿Qué significa adorar a Dios en el espíritu y en la Verdad?: siempre tener fe en el único Dios verdadero, amarle con todas las fuerzas sobre todas las cosas y observar sus leyes.

5. Quien hace esto, en primer lugar reza sin cesar y en segundo lugar reza de este modo a Dios en el espíritu y en toda la Verdad; porque sin hechos toda oración es pura mentira, con la que no se adora a Dios como Verdad eterna sino más bien se le deshonra.

6. Por eso, levantaos como hombres libres, como mis hermanos y amigos. No me veneréis con idolatría ni me descubráis ante la gente antes de tiempo, porque sería para el mundo más bien un perjuicio que un beneficio».

7. Acto seguido todos se levantaron del suelo y Matael tomó de nuevo la palabra: «Sí, verdaderamente, así sólo puede hablar Dios, pleno de la Sabiduría y del Amor más sublime. Oh, ¡cómo pienso y siento ahora totalmente diferente que antes! Oh Señor, sólo accede a este mi ruego: No permitas que nuestra alma tenga que pasar otra vez tal prueba como aquella de la cual tu Amor, Misericordia y Poder nos han salvado».

8. Y les dije: «Si permanecéis en Mí, escuchando mi Palabra, recordándola siempre y obrando según ella, entonces mi Fuerza y mi Amor estarán con vosotros y os protegerán de cualquier tentación.

9. Mis discípulos ya han escrito lo que es más importante y necesario para el hombre; leedlo, aceptadlo y obrad conforme a ello. Más no os hace falta antes del tiempo de mi elevación». — Con esto los cinco se quedaron satisfechos.

10. A continuación me dirigí a Cirenio: «Amigo, aquí hemos terminado. Vamos ahora a reunirnos con los otros criminales para ver en qué medida han pecado contra las leyes de Roma. Pero ten cuidado, no será fácil hablar con ellos, pues no tienen pelos en la lengua».

Capítulo 37. Julio ve problemas para interrogar a los demás presos “políticos”

1. Pero Cirenio me preguntó: «Señor, ¿qué vamos a hacer con los cinco? Están casi desnudos. ¿Les doy ropa? Aquí sólo tengo ropa de hombre del Estado romano que está incondicionalmente reservada para ellos. Por lo tanto no sirve. Por otro lado tengo también ropa de servidumbre de romanos. Pero pienso que ellos tienen más categoría por su elevada sabiduría que para llevar estas ropas humildes. ¿Qué podríamos hacer?».

2. «La ropa no tiene otro fin que cubrir la desnudez del cuerpo», le dije, «sea la de un hombre de Estado o de la servidumbre. Por eso, de momento es igual con cuál de los dos tipos de ropa los vas a vestir. Sin embargo, para Mí la bata de un sirviente tiene más valor que la de un hombre de Estado; porque vestidos así, la gente se va a burlar de ellos... y para eso son demasiado buenos, aunque en principio nadie es bueno en el mundo. Con el tiempo tendrán que sufrir todavía bastantes burlas en el mundo a causa de mi nombre y no quiero que tengan que pasar tales humillaciones antes de tiempo».

3. Acto seguido Cirenio ordenó a varios sirvientes que fueran a buscar las referidas batas que al cabo de unos momentos ya estuvieron disponibles para repartirlas entre los cinco.

4. Estos, llenos de agradecimiento, le dijeron: «El Grande y Único te lo recompensará. Porque con nuestros harapos ya no nos era posible cubrir nuestra desnudez ante los ojos del mundo. Por eso, ¡mil veces gracias!».

5. Entonces se quitaron los viejos harapos detrás de unos arbustos y volvieron a aparecer como unos sirvientes romanos bien presentables. Al reunirse después con nosotros, nos pusimos inmediatamente en marcha para ver a los criminales “políticos” que nos estaban esperando con ansia.

6. Nada más llegar, se echaron a nuestros pies, pidiendo clemencia. En principio fueron sólo ocho, pero algunos más que los habían acompañado, fueron también capturados.

7. Entonces dije Yo a Julio: «Amigo, ahora es tu tarea de interrogarlos y hacerlos debidamente responsables».

8. Pero Julio respondió: «Señor, en otras circunstancias tal tarea no me representa problema alguno, sin embargo, este caso me está produciendo dolor de cabeza. Tú estás aquí, también un ángel, y Cirenio y tus discípulos enormemente instruidos y los treinta jóvenes fariseos y levitas y, Señor, además los cinco iluminados; no hablo siquiera de la sabia Yara. ¿Y delante de todos ellos quieres que interrogue a los criminales políticos?. ¡Oh, esto no será cosa fácil! Lo más curioso de toda esta historia es que en el fondo ignoro la razón por la cual han sido capturados y traídos hasta aquí, encadenados. Creo que el asunto consiste en que son mensajeros del Templo y que han sido obligados a difundir —por encargo del Templo— falsos rumores sobre Roma. No obstante, no hay ni un testigo válido para ello. ¿Cómo los vamos a convencer para que confiesen?».

9. «Por eso no te preocupes», intervino Matael que se encontraba detrás de Julio. «En cuanto a testigos, aquí estamos los cinco que podemos declarar, no en perjuicio de ellos sino en su beneficio. Nosotros mismos fuimos testigos presenciales al ver cómo tuvieron que hacerse cargo de la tarea ante la alternativa de tener que beber el agua maldita. Pero vistos de fuera los conocemos muy bien, dado que nos enviaron casi al mismo tiempo que ellos a convertir a los samaritanos. Pero igual de inocentes como fuimos de todo lo que pasó, igual de inocentes deben ser también ellos... De momento sabes bastante y puedes empezar a interrogarles con tranquilidad, sin tener vergüenza de nuestra sabiduría interna».

Capítulo 38. Julio interroga a los presos “políticos”

1. Estas palabras de Matael fueron un alivio para Julio e inmediatamente se dirigió a los presos políticos que estaban todavía postrados en el suelo: «Levantaos sin miedo; porque hombres como vosotros tienen que ser capaces de hacer cara a la muerte fría y valientemente. Nosotros romanos no somos animales salvajes sino seres humanos que intentan más bien aliviar la desgracia de sus semejantes en lugar de aumentarla. Pero os advertimos que ningún crimen castigamos más que el de la mentira. Un testimonio falso o una declaración mentirosa es castigado con la pena de muerte. Por eso, contestad mis preguntas con la verdad y yo, como vuestro juez llamado por Dios, haré todo lo posible para salvaros de cualquier desgracia, evitándoos cualquier perjuicio. Por eso, levantaos y prestad declaración».

2. Tras estas palabras de Julio, los criminales políticos se levantaron con un aspecto tétrico y Yo dije a Julio en secreto en idioma romano: «Libéralos primero de sus cadenas, porque el encadenado de manos y pies también tiene el habla encadenada, es decir, es muy parco en palabras».

3. Acto seguido, Julio mandó a los soldados que les quitasen las cadenas.

4. Cuando los doce ya se encontraron libres de las cadenas, Julio les preguntó: «¿Quiénes sois y dónde habéis nacido?».

5. Uno en nombre de los demás tomó la palabra y dijo: «Señor, no llevamos ninguna documentación como prueba. Pero si quieres confiar en mi palabra, somos todos unos ciudadanos de Jerusalén, que lo mismo el Templo como el candor chiflado de nuestros necios padres nos ha convertido en unos templarios malditos. La ley de Moisés referente a la relación entre hijos y padres, siguiendo la pura razón humana, debería ser cambiada en el sentido de que unos hijos que han llegado a ser sensatos y lógicos, bien por azar o por el trato temporal con unos hombres verdaderamente sabios, no tengan que seguir sometidos a la voluntad arbitraria de sus padres. Consta que la desgracia espiritual y física de muchos hijos es debida frecuentemente a sus padres increíblemente estúpidos y soberbios.

6. No es posible que este mandamiento haya sido dado a Moisés por un Dios omnisciente para la pobre humanidad. Verdaderamente, este mandamiento sin excepción alguna es demasiado malo para el reino animal… sin hablar de los hombres… Por haber observado rigurosamente este mandamiento tonto, del cual quizás Dios ni siquiera fue el autor sino sólo Moisés o algún otro profeta después, estamos ahora aquí, delante de ti, un juez sobre vida y muerte. ¡Vaya recompensa por nuestra obediencia siempre fiel hacia nuestros padres más que insensatos! Este resultado “meritorio” tendrá probablemente como recompensa la “honorable” cruz o el más duro servicio, encadenado en una galera. Porque si tenemos que sacar toda la verdad sobre nuestras actuaciones involuntarias por coacción, no nos salvará ningún dios del rigor de vuestras leyes. No obstante, este maravilloso mandamiento de Moisés dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que te vaya bien y vivas largos años en la Tierra”. Pues bien, cualquiera puede ver ahora lo bien que nos va, pobres diablos, y cuántos años viviremos todavía, esto sólo depende de ti. La promesa divina correspondiente a la observación del cuarto mandamiento se está cumpliendo tan maravillosamente que todos los diablos se reirán de nosotros en la cara».

7. «Amigos, esto no tiene nada que ver», contestó Julio, «sólo tenéis que responder a las preguntas que os digamos».

8. Suetal, así se llamaba el interlocutor, dijo en nombre de los doce: «Señor, cuando la muerte segura ya te está esperando, todo tiene que ver. No podemos negar que somos criminales manifiestos contra Roma y sus consecuencias no podrás desmentirlas, para ello llevas tu espada y posees las leyes y el poder, cosas contra las cuales unos pobres gusanos como nosotros no podemos hacer nada.

9. Pero como los señores de Roma a pesar de todo el rigor de sus leyes son aún más seres humanos que los señores negros del Templo a cuyo son que toca hoy en día incluso Dios nuestro Señor ya tiene que bailar, pensamos aclararos —aunque seáis rigurosos pero todavía humanos— no solamente nuestras infracciones contra Roma sino también las causas para ello. Quizá nos darás un trato algo más humano a nosotros pobres diablos, pues hace tiempo que ya no somos seres humanos, desde el momento en que tuvimos que acatar el encargo de agitación contra los romanos para evitar tomar el agua maldita».

10. «¿Por qué tuvisteis que tomar entonces el agua maldita?», preguntó Julio. «¿Qué motivo habéis dado al Templo y sus leyes para incurrir en tal delito?».

11. «Fue precisamente lo opuesto de aquello a lo que ahora hemos incurrido en un delito ante vosotros», dijo Suetal. «Fuimos denunciados por ser amigos secretos de vosotros los romanos,... y ya estaba preparada el agua maldita. Pero para escaparnos del castigo de tomar esa agua, tuvimos que convertirnos en enemigos vuestros. Además, nuestros padres aún tuvieron que pagar al Templo una multa de varios centenares de libras de plata y mil chivos bien cebados.

12. Aquí tienes el motivo que nos ha deparado el agua maldita y vuestra enemistad como indulto por parte del Templo. La diferencia está únicamente en lo siguiente: Si hubiésemos tomado el agua maldita, hace tiempo que habríamos llegado ya al seno de nuestro padre Abraham. Pero como el Templo nos ha indultado, será ahora cuando tengamos probablemente que visitar al querido padre Abraham para siempre. No faltará mucho para que oigamos de tus labios las conocidas palabras “I LICTOR” (“ve, verdugo”) y habremos cosechado los frutos prometidos por haber observado el cuarto mandamiento de Dios que dice: “…buena y larga vida en la Tierra”. Si somos crucificados realmente, entonces te pedimos que pongas esta inscripción sobre nuestras cruces».

13. Julio, divirtiéndose para sus adentros, respondió fingiendo ser el juez riguroso: «Me parece que estáis culpando al cuarto mandamiento de Moisés por todo. Pero estoy viendo que no comprendéis o no queréis comprender realmente este mandamiento. La ley dice solamente que hay que honrar a los padres, pero no que haya que obedecerles en todo como a un soberano. Pues cuando —aun siendo hijo suyo— me haya convertido en un hombre experimentado y sabio, comprenderé perfectamente que un amor verdadero para con mis padres aún en vida es el respeto justo que Dios mandó a través de Moisés.

14. Por lo tanto, cuando unos padres poco sensatos exigen algo de sus hijos que les traerá sólo desventajas, es obligación de los hijos explicar a los padres claramente con todo amor y paciencia el perjuicio que representa y seguro que los padres desistirán de ello. Si, por el contrario, insisten, la desobediencia por puro amor a los padres no es ningún pecado ni ante Dios omnisciente ni ante los hombres que no piensan mucho más allá.

15. Moisés mismo ha añadido una explicación clara en sus escrituras teocráticas acerca de la obediencia de los hijos hacia sus padres según la cual los hijos deben obedecer a los padres en todo lo que no está en contra de la ley.

16. Con esto la ley mosaica está justificada más que suficiente, y la culpa está, según me habéis dicho, tanto en el error de vuestros viejos y su falta de comprensión de la ley como también en el malentendido por vuestra parte del mandamiento divino dado por Moisés.

17. Pero la culpa puede radicar también en vuestra increíble malicia que, sin embargo, se mostrará aquí claramente. Pues, como os habéis mostrado bastante incautos al presentar vuestras justificaciones como burlándoos del mandamiento de Dios, parece que tenéis bastante picardía. Disculpas de este tipo los romanos no las tomamos en serio tan fácilmente. Por eso tendréis que presentarme unas justificaciones más serias y más veraces, de lo contrario no podéis esperar de mí un juicio benévolo».

Capítulo 39. Suetal habla sobre el Templo y el Salvador de Nazaret

1. Estos argumentos bien fundados por parte de Julio dejaron estupefactos a los acusados, y Suetal no supo qué contestación convincente dar. Al cabo de un rato dijo con seriedad: «Tienes toda la razón. Pero tampoco a nosotros nos faltan razones. Mira, si insistes a un niño desde su cuna que dos más dos son cinco, entonces el niño te creerá y repetirá lo mismo hasta que al final será muy difícil quitarle al muchacho ya maduro esta tontería de la cabeza. ¿Quién nos podía haber explicado la ley de Moisés hasta la fecha como tú? ¿Qué remedio nos quedaba entonces entender la ley tal como nos había sido dicho desde la infancia? Nuestros padres nunca lo entendieron de otra manera, y quizás el Templo entero tampoco lo entiende o no lo quiere entender mejor. ¿De dónde o de quién habríamos podido conseguir una mejor explicación, como tú nos la has dado ahora? Por añadidura, nunca hemos podido leer todos los libros de Moisés, siendo sólo templarios en formación, pues tal lectura estaba permitida solamente a los ancianos y escribas».

2. «No obstante se debería suponer de buena razón», contestó Julio, «que hombres, ya siendo servidores del Templo y vestidos con la vestimenta de los templarios, tendrían que entender su doctrina divina por lo menos tanto como un creyente ortodoxo. Para mí cualquier doctrina divina de un pueblo ha tenido siempre mucha importancia, porque se llega a conocer a través de ella a un pueblo más profundamente en toda su manera de pensar y actuar. Por eso creo estar en lo cierto cuando digo que a cada individuo de un pueblo le debería importar mucho conocer lo más detalladamente posible la doctrina de sus padres, porque únicamente ésta podrá ser la orientación para una buena convivencia entre las gentes. Vosotros ya no sois adolescentes sino hombres hechos y derechos de quienes, además, siendo templarios, se debería esperar que conocieran sus leyes divinas por lo menos tan bien como yo que soy forastero. ¿Qué, entonces, se enseña en vuestras escuelas?».

3. «Se aprende a leer, escribir y calcular», respondió Suetal. «Luego también algunos idiomas extranjeros y finalmente ciertos extractos de la gran Escritura, en el curso de la cual se exige siempre de forma insistente aceptar todo lo que el Templo quiere y enseña como cosa perfecta y verdadera que proviene de Dios. Siendo así, hay que preguntarse de dónde hubiéramos podido obtener un conocimiento más profundo de la doctrina divina. Tú lo tienes fácil, eres un señor que ocupa un puesto de poder y potestad. En cuanto tú entres en una sinagoga principal, nada más abrir la boca y cualquier superior te permitirá razonablemente todo, y ¡ay de aquel que te quiera privar de algo! Sabe demasiado bien que tú indagarás todo y sabe lo que le esperaría si se encontrara algo que le hubieras ocultado. ¡Oh sí! Cualquier superior de una sinagoga lo sabe muy bien, por lo que no tardará en mostrarte todo. Incluso el sumo sacerdote de Jerusalén te enseñará el Santísimo, en el cual él mismo según la creencia del público sólo puede entrar dos veces al día, para enseñarlo a las autoridades extranjeras —contra pago— también… y a otros forasteros. Pero si alguno de nosotros intentara expresar ese deseo, ya estaría preparada el agua maldita para nosotros.

4. Algunos de los servidores del Templo, los más iniciados, saben naturalmente cómo está el Santísimo por dentro. Sin embargo, por un lado están muy bien colocados y, por otro, saben que les espera el castigo de pena de muerte por la mínima traición. Por eso saben perfectamente como callarse la boca. Como consecuencia hay que preguntarse aún más intensamente de dónde habríamos podido obtener la verdadera Luz sobre nuestra doctrina divina altamente mística.

5. Siendo todo así como te lo hemos aclarado para nuestra justificación necesaria, esperamos que tú como juez y ser humano no pronuncies sino una sentencia muy justa sobre nosotros.

6. Sabrás seguramente desde hace tiempo en qué consisten nuestros delitos. También podrás deducir de lo que te hemos confesado sin temor y reservas cuál es nuestra culpa. Pero si conoces algo más sobre nosotros, acúsanos y te confesaremos todo sin temor. Pues el que sabe morir sin temor, también sabe hablar sin temor».

7. «Francamente, no tengo nada que objetar a vuestras palabras ni las pongo en duda», respondió Julio con calma, «puesto que estoy totalmente convencido de que la situación en el Templo es tal como lo habéis relatado. Por eso os absuelvo de toda culpa. Pues el que se cae del tejado y lesiona a un niño que está jugando en el suelo, no tiene la culpa por ello. En este sentido nuestro interrogatorio está terminado y os declaro libres de culpa y de condena.

8. Sin embargo, queda pendiente otro asunto. Os preguntaré ahora algo de cuya respuesta dependerá el que yo sea vuestro amigo o enemigo. Por lo tanto, prestad atención.

9. Habrá llegado a vuestros oídos el que en la región de Nazaret está vagando un hombre, llamado Jesús, hijo de un carpintero, del que se dice que es un sanador y realiza grandes hechos sin precedentes ante los ojos de todo el mundo, divulgando además una nueva doctrina divina. Si vosotros tenéis algún conocimiento de él, decídmelo abiertamente, porque tiene mucha importancia para mí».

10. «Es cierto que hemos tenido alguna noticia vaga de esta historia», respondió Suetal, «pero no es ni la centésima parte de lo que tú seguramente ya sabes. De una parte estábamos ocupados siempre más en las regiones del Sur para llevar acabo nuestra tarea, y hemos venido sólo hace pocos días a esta región de Galilea, en donde nos han capturado. Por eso, no podemos saber casi nada de ese sanador que tú mencionas. Sin embargo, cierto es que su reputación se ha ido divulgando incluso hasta Damasco y Babilonia. Pero qué clase de hombre es, qué hace y cómo cura a los enfermos, lo ignoramos totalmente y estamos incluso deseosos por conocer algo más en detalle sobre él. Si Dios existe verdaderamente, no es posible que siga observando tan tranquilamente las fechorías del Templo sino que debería mandar a un Salvador para su pueblo.

11. Te lo podemos decir: todo lo que el hombre con toda su vileza y su fantasía más que satánica es capaz de inventar, es puesto en práctica en el interior de los muros del Templo. Se están cometiendo en la humanidad los peores vicios sin límites y sin escrúpulos con tal frialdad que no te puedes hacer una idea. Las excelencias del Templo tratan a los seres humanos peor que a los animales. Ni hablar quiero de la infracción frívola de los mandamientos de Dios; se están cometiendo unas atrocidades de las que el buen Moisés nunca se hubiera podido imaginar, porque entonces habría mandado como castigo con seguridad cien veces la muerte y el infierno seguro. Pero es mejor para la salvación de los hombres que no perdamos más palabras sobre eso.

12. Quizá se podría hacer un gran servicio a la humanidad destruyendo en una noche al Templo y sus inquilinos de golpe. Por eso es preciso que venga un Salvador para la humanidad que la libere no de los judíos ni de los romanos —porque sois también como salvadores para nosotros— sino del dominio satánico de los diablos del Templo. Entonces, Señor, sí que la pobre humanidad cantaría gloria de alegría por haber sido liberado de su peor enemigo.

13. Amigo, ¿puede haber una idea más perversa que aquella que Dios Todopoderoso haya dado todo su Poder sobre los seres humanos y toda criatura al gusano más malvado para andarse con su malicia satánica, jugando con Dios mismo y fastidiar frívolamente a toda la humanidad y sus criaturas, impunemente? ¡No, Señor, no! Bien o no existe dios alguno o Dios deja que estos diablos llenen su medida infernal como en los tiempos de Noé y Lot. ¡Oh, gran Dios santo! ¿Dónde estás? Verdaderamente, a lo que el Templo se está dedicando sobrepasa toda comprensión humana. Hacia el exterior muestra todavía la misma cara de aparente benevolencia y consuelo como quizá en los tiempos de Salomón; pero dentro se ha convertido en el más terrible infierno. Pero basta ya, es mejor no hablar más de ello. Preferimos callarnos y esperar qué es lo que nos puedes contar sobre el Salvador de Nazaret».

Capítulo 40. Los motivos por los cuales los acusados llegaron a Galilea

1. «En lo que se refiere a la maldad del Templo», respondió Julio, «nosotros los romanos ya estamos bien informados de modo que no nos podéis contar nada nuevo o sorprendente sobre el tema. Por eso podéis estar seguros de que no tardará ya mucho en llegar el momento del castigo.

2. Pero el motivo por el que aún no hayamos pedido cuentas al Templo es por el pueblo tonto y muy ingenuo que sigue considerándole como un santuario y espera de él su salvación. Si atacáramos ahora al Templo, tendríamos a todo el pueblo en contra —con muy pocas excepciones. Pero cuando dentro de poco tiempo la mayoría del pueblo se haya dado cuenta de cómo está constituido el Templo, nuestro trabajo será muy fácil para terminar con él. Para este fin, la nueva enseñanza pura de la Verdad del gran Salvador de Nazaret aportará lo más decisivo, en cuanto haya sido divulgada entre el pueblo. Pues esta enseñanza es tan clara como el Sol a mediodía y cualquier persona de buena voluntad la comprenderá. No obstante, donde los corazones de los hombres ya están totalmente pervertidos, esta enseñanza tampoco será aceptada por muy pura y divina que sea. Pero entonces la espada de los romanos anunciará un juicio que el mundo no ha visto nunca, porque el brazo de Dios estará con él de los romanos. — Esto para vuestra tranquilidad.

3. Pero hablemos ahora de otra cosa. Antes mencionasteis que cometisteis vuestros ataques contra Roma más bien en el Sur de Judea y vinisteis aquí a Galilea sólo hace poco tiempo. Ahora os pregunto: ¿Qué resultados habéis conseguido con vuestras incitaciones contra Roma y qué os ha movido para venir a Galilea?».

4. «Señor», respondió Suetal, «en las regiones del Sur sólo hemos comido y bebido bien sin atrevernos a soltar una palabra contra Roma, porque vimos que la mayoría del pueblo estaba en favor de los romanos. Sin embargo, no nos hemos frenado para divulgar, donde era posible, noticias verídicas sobre los tejemanejes malvados del Templo. A causa de nuestras actuaciones antitemplarias nos hemos quemado las manos hace poco en un lugar totalmente adicto al Templo. La gente empezó a perseguirnos y no nos quedó otro remedio que huir lo más rápidamente posible.

5. Durante la noche fuimos pasando por Samaria y llegamos al cabo de unos días, atravesando la montaña, aquí a este país. Muy pronto nos encontramos con gente que no tenía una buena opinión de los romanos a causa de la opresión sufrida por parte de ellos, o sólo lo fingían para engañarnos a nosotros idiotas de poca vista. En resumen, el distinguir entre verdad y fingimiento sobrepasaba en mucho nuestro horizonte de inteligencia. Por eso les hablamos al paladar y, para guardar la forma, de vez en cuando dejamos caer un par de observaciones. Pero la historia no duró ni tres días hasta que de pronto unos soldados romanos nos pararon y nos tomaron presos, junto con cuatro o cinco de aquellos a quienes habíamos hablado al paladar. Y tal como nos ataron allí nos han traído hasta aquí. Ahora ya sabes todo sobre nosotros y puedes emitir la sentencia correspondiente».

6. «Yo mantengo mi sentencia primera», respondió Julio, «según la cual quedáis totalmente impunes. Pero ahora se trata de otro asunto: ¿qué vais a hacer ahora? Es imposible que volváis al Templo, y volver a Jerusalén con vuestros ancianos probablemente tampoco; ¿qué pensáis entonces hacer?».

7. «Señor, esto es un asunto muy delicado», respondió Suetal. «Concédenos un poco de tiempo para reflexionar sobre ello».

8. Ahora intervino Matael que estaba cerca de ellos y dijo a Suetal: «Escúchame, te voy a dar un consejo y si le sigues no te irá mal».

9. «¿No eres uno de los cinco que llegaron con nosotros aquí?», preguntó Suetal. Matael lo afirmó.

10. «Siendo así, ¿cómo puedes tú, un idiota malvado aunque sea sólo temporalmente, darnos un consejo sensato en esta situación extremamente difícil? Os han traído aquí como unos individuos malvados y peligrosos, mejor dicho unos poseídos, atados con fuertes cadenas. En el barco no has hecho otra cosa que bramar como un toro, rugir como un león y después aullar como un lobo. Y cuando pronunciaste algunas palabras con la voz más chillona del mundo, eran solamente blasfemias y maldiciones. En resumen, eres el mismo a pesar de que lleves ahora ropa romana. Me extraña muchísimo ver cómo has llegado a esta claridad mental; alguno de este grupo de personas te debe haber curado junto con tus compañeros. Pero ¿quién? ¿Dónde está este Sanador milagroso? 11 Pero, ¡un momento! De pronto tengo una intuición. El señor que nos interrogó, nos preguntó acerca de un Sanador de Nazaret; quiso saber si teníamos algunas noticias sobre este hombre y le dijimos lo que habíamos oído. 12 Entonces le pedimos más detalles sobre este ser extraño, pero no nos dio una respuesta satisfactoria. Y ahora tú te refieres al mismo hombre. No hay duda de que tú y tus compañeros habéis sido curados por Él. Y tampoco hay duda de que el Sanador de Nazaret que mencionó el excelentísimo señor romano, se encuentra ahora aquí. ¡Tiene que estar aquí!, porque ningún mortal de esta Tierra puede haberos sanado. Dinos francamente si nuestra pregunta está justificada, y luego escucharemos tu consejo referente a nuestra vida futura».

Capítulo 41. Matael cuenta los acontecimientos de su vida anterior y su curación

1. «Mira, hermano», respondió Matael, «nosotros fuimos templarios como vosotros y tuvimos que sufrir la misma suerte; sólo que vosotros os fuisteis al Sur y nosotros tuvimos que ir hacia el Este. Entonces caímos en manos de una banda de diablos encarnados que tomaron posesión de nuestros cuerpos. Pero aquí estaba un Sanador, seguramente el más importante que nunca estuvo en la Tierra; Él nos curó sin retribución, sólo mediante su Palabra poderosa que domina toda vida.

2. ¡Él está aquí! Es el mismo que mencionó el capitán romano Julio; sin embargo, todavía no ha llegado el tiempo para que le conozcáis personalmente. Él mismo determinará el momento para ello. Por eso, no preguntéis más y escuchad lo que os voy a decir.

3. Todavía sois hijos de este mundo, pero podéis, si queréis, pasar a la verdadera filiación libre y vital de Dios. Estos señores de Roma os procurarán los medios necesarios. El señor que os ha interrogado, no tardará seguramente ni un momento para poneros en el camino correcto, e incluso le será facilitado por el hecho de que aquí se encuentra también Cirenio, el gobernador de Sidón.

4. Mirad hacia atrás, allí están unos treinta ex—templarios. Ya pertenecen a la legión extranjera y son ahora romanos. Si vosotros hacéis lo mismo, estaréis salvados para siempre. En Jerusalén ya no vamos a tener suerte alguna, porque ya sabéis lo que pasa en el Templo y en Jerusalén y conocéis también el agua maldita. ¿Qué hombre sensato puede tener todavía el deseo de visitar ese nido de sierpes y de todos los pecados? Si queréis morir, entonces idos a Jerusalén; pero si queréis vivir y luego alcanzar la Vida eterna, entonces convertíos en romanos para vuestra persona, y en auténticos judíos según Moisés para vuestra alma. ¿Lo comprendéis?».

5. «Sí, sí, naturalmente lo comprendemos», respondió Suetal. «Pero es increíblemente asombroso ver que has llegado a tal claridad mental. Ahora te reconozco también como mi compañero del Templo y me acuerdo que fuiste un buen orador. Varias veces dijiste muy duramente la verdad a los superiores, lo que tuvo como consecuencia que tuviste que huir a Samaria junto, creo, que con otros cuatro de tu especie. Sí, sí, eres tú, y nos alegra mucho volver a verte aquí sano y purificado. Tu consejo, amigo, no está mal, pero ¿a qué atenerse ante el politeísmo de los romanos?».

6. «Este es todavía muchísimo mejor que ese monoteísmo oscuro y la idolatría del Templo», le interrumpió Matael. «Dime, ¿quién de los sacerdotes cree todavía en Dios? Yo te lo digo: su barriga y su voluptuosidad es ahora el verdadero dios del Templo. Ellos sirven al pecado, a la muerte y a todos los diablos. Puedes tener los mandamientos de Moisés en la versión que quieras por unas monedas de plata; pero no hacen concesiones ante sus cláusulas de gula y lujuria. Ya no tienen Vida, sin embargo, se muestran como los amos de la Vida y quieren ser venerados como tales.

7. No tienen ni idea de lo que es Vida, ya no entienden nada de la Escritura, y los profetas los comprenden como tú el fin del mundo. Hace tiempo que han perdido la Vida del alma y por eso se dedican afanosamente a la vida de su barriga. Cómo podrían enseñar y procurar la Vida eterna del alma, estando espiritualmente muertos?

8. La Vida hay que conquistarla mediante la lucha a vida o muerte para poder comprenderla en su profundidad y el reconocimiento obtenido ha de consolidarse más y más para mantener la verdadera Vida. ¿Cómo un muerto te puede enseñar lo que es la vida la que nunca ha comprendido ni dentro ni fuera de él? Os aseguro: en el Templo reina ya desde hace tiempo la muerte eterna; pero aquí está en verdad la Vida eterna. Mira, los romanos lo comprenden y se llenan de Vida, mientras que el Templo nunca lo comprenderá porque está muerto para siempre. ¿Qué es entonces mejor: el politeísmo de los romanos o el monoteísmo del Templo?».

9. Tras haber escuchado estas palabras, los doce no acabaron de asombrarse de la opinión altamente acertada de Matael y de la sabiduría que demostraba.

10. Suetal, pidiendo disculpas, dijo a Julio: «Excelentísimo señor, perdónanos por haber tardado tanto con nuestra respuesta. Pero tú mismo has oído las sabias palabras de Matael que nos impresionaron mucho, por lo que no te pudimos dar la respuesta deseada. Si quieres aguardar todavía con un poco más de paciencia, te podremos dar pronto una contestación satisfactoria».

11. «No os olvidéis de Matael», advirtió Julio, «porque él entiende mucho más que yo y mil otros como yo. Cuando él habla, quiero callarme de por vida para escucharle sólo a él. Por lo tanto, comunicaos sobre todo con él, porque es capaz de daros el mejor consejo».

12. «Es cierto», dijo Suetal, «ya nos dio un consejo y ahora depende solamente de ti, el que nos queráis acoger en la legión extranjera».

13. «Está bien», dijo Julio, «eso ya está hecho. Y es evidente que el sabio Matael está en condiciones de daros aún más enseñanzas sabias».

14. «Sí, ya nos estamos dando cuenta», respondió Suetal, «porque sus facultades nos parecen increíbles. Comprendemos muy bien la maravillosa curación de su locura, pero es inexplicable cómo ha llegado a alcanzar tal sabiduría».

Capítulo 42. Alma y espíritu

1. Matael, que había escuchado estas palabras, dijo: «Libera tu alma en lo posible de todas las ataduras del mundo y pronto entenderás cómo un alma puede alcanzar en breve tiempo la mayor sabiduría. Pero mientras el alma esté todavía enterrada en el viejo basurero de la muerte —que es su cuerpo físico—, no se puede hablar ni mucho menos de Sabiduría divina ni capacidad de percepción.

2. Allí, a unos pasos de aquí, vemos el tocón de un árbol que parece estar bien fijo en la tierra. Siéntate encima y te aseguro que aun tras una sentada de muchos años no adelantarás nada. Sólo el día en que el tocón se pudra, junto con él te vas a caer al suelo. Y si aun entonces no quieres separarte de tu asiento preferido, entonces te pudrirás con él. Porque todo lo que está muerto tiene que disolverse del todo para poder pasar a otro nivel de vida. Pero si subes a un barco, tiendes las velas y tomas el timón, no te quedarás en el mismo sitio sino que empezarás a navegar para descubrir un nuevo país en el cual podrás conocer cosas nuevas y enriquecerás el tesoro de tus experiencias. Pero mientras sigas preocupándote de tu cuerpo físico y una dulce vida holgazana, te quedarás sentado sobre el tronco sin adelantar nada. Tan pronto como abandones la preocupación predominante por tu cuerpo y te ocupes solamente de lo que atañe a la vida del alma y del espíritu, ya estás en el barco de la Vida y empezarás pronto a moverte hacia nuevos horizontes. — ¿Entiendes esta imagen?».

3. «¿Qué has dicho de un espíritu en el alma?», preguntó Suetal. «¿No es el alma lo que se llama espíritu?».

4. «Bueno, amigo mío», respondió Matael, «si no sabes todavía que en cada alma habita el espíritu de la Vida, entonces no podrás comprender de dónde me viene la poquita sabiduría que tengo. Sabes, en estas circunstancias es difícil hablar contigo, porque no oirás ni verás nada ni con los oídos y los ojos abiertos.

5. El alma es sólo un recipiente de la Vida de Dios, pero tardará todavía mucho en ser la Vida misma... porque si el alma fuera ya la Vida misma, ¿qué insensato de profeta podría jamás haber hablado de que el alma debe lograr la Vida eterna para evitar una muerte eterna? Como el alma sólo puede alcanzar la Vida eterna tomando el camino de la verdadera virtud divina, es imposible que pueda ser la Vida misma sino únicamente un recipiente de la misma.

6. Sólo una pequeña centella ubicada en el centro del alma es lo que se llama el Espíritu de Dios o la propia Vida verdadera. Esta centellita debe ser nutrida de alimento espiritual que es la Palabra pura de Dios. Con este alimento, la centellita se hace más grande y poderosa en el alma, adopta la forma humana del alma, penetra enteramente en esta y finalmente, transforma a toda el alma en su ser; verdad es que entonces el alma misma también se vuelve enteramente Vida que se reconoce como tal en toda la profundidad.

7. Cuando la vida se reconoce plenamente y tiene consciencia clara de sí misma, sólo entonces reconoce la sabiduría desde su fundamento; mientras esto no ocurra no puede hablarse de una sabiduría verdadera.

8. La sabiduría verdadera es la Luz del espíritu en los ojos del alma; pero si un alma todavía pregunta qué es el espíritu en ella, ¿de dónde podría venirle la Luz del espíritu y de toda Vida... en su alma que por lo demás es totalmente ciega?».

9. «Amigo, te lo ruego», le interrumpió Suetal, «para de hablar de esta manera hasta que yo esté más receptivo para ello. Admito que soy aún demasiado ignorante y ciego para entenderlo. No obstante, todos queremos tomar buena nota de esta tu instrucción. Comprendo que tienes totalmente razón, pero para captar toda la profundidad de tu sabiduría se necesita una buena preparación que hasta ahora fue totalmente imposible para nosotros. Pero como ya he dicho, queremos ser tus atentos discípulos».

Capítulo 43. Acerca de la vida y la muerte

1. «Con una buena y sincera voluntad ya se ha llegado a la mitad del camino», prosiguió Matael. «Sin embargo, el hombre no debe conformarse demasiado tiempo con la buena intención, sino que ha de poner manos a la obra, de lo contrario, la intención se enfría con el tiempo, haciéndose incapaz de realizar la buena obra.

2. Mira, mientras el agua hierve en la olla se puede cocer en ella los diferentes frutos para preparar una comida digestible; pero cuando el agua está tibia o al final se ha enfriado del todo, ya no es posible cocer los frutos en ella.

3. Por eso, la voluntad del hombre es como el agua hirviendo en una olla. El amor a Dios y a todo lo bueno de la Vida procedente de Dios es el fuego que pone en ebullición activa el agua de la Vida. Los frutos que deben ablandarse con la cocción son las acciones que hemos considerado como buenas, pero no las hemos puesto por obra todavía. Por eso debemos meterlos al agua hirviendo para hacerlos digestibles; de no ser así no son aprovechables para la Vida.

4. Por lo tanto, lo que se quiere hacer, hay que realizarlo ya, de lo contrario la voluntad es una mentira y de la mentira nunca saldrá una verdad.

5. La Verdad pues es la Vida, y la mentira es la muerte; busca por lo tanto en todo la Verdad, porque es la Vida, y huye de la mentira dentro y fuera de ti, porque es la muerte verdadera.

6. O mirado desde otro aspecto: ¿Qué tienes realmente cuando solamente te imaginas tener algo? No tienes nada más que lo nulo de tu imaginación. Consecuentemente, lo nulo es nada y este nada es la muerte verdadera.

7. Otro ejemplo: Quieres construir una casa, pero no tienes ni materiales ni obreros. ¿Cómo será entonces la casa que quieres construir? Nunca tendrá forma alguna. Los materiales, no obstante, son las obras de una voluntad viva y la voluntad activa son los obreros, quienes realizan la construcción de una casa correcta, impulsados por tus buenas obras. Esta casa es entonces tu verdadera Vida en Dios que se mantendrá indestructible. No hay casa que se pudiera construir con poco esfuerzo, menos aún la casa de la Vida. Por eso, para progresar con la construcción, es preciso ser activo, empleando toda la fuerza que nos ha sido concedida.

8. De Noé se dice que cuando construía el Arca, al principio remoloneaba mucho con el trabajo. Al notar sus adversarios esta tendencia, destruían durante la noche lo que había construido el día anterior. Sólo después de haber pasado muchos años, comenzó a trabajar de día y de noche en el Arca, colocando guardias. A partir de este momento, la obra fue terminándose a pasos rápidos y cumplió, como es sabido, su cometido, protegiendo y salvando durante el diluvio a todos los que se habían refugiado en ella.

9. En el fondo nos parecemos todos a Noé. El mundo con sus mentiras y engaños y las tentaciones consiguientes son un diluvio universal perpetuo. Para no perecer en él, hay que darse prisa para construir el Arca: es la consolidación de la Vida de nuestra alma, para formar y mantener en ella completamente la Vida del Espíritu divino.

10. Cuando el diluvio de las tentaciones mundanas se hunde finalmente en su profunda vanidad, emergerá con fuerza la Vida de Dios, saliendo del alma, y empezará a construir una nueva obra en el nuevo ámbito puro y vital y con toda libertad, sin el asedio de enemigos. Ella será entonces la Bendición de Dios para la infinitud eterna. — ¿Entiendes esta imagen?».

Capítulo 44. El Señor se ocupa de los presos

1. Suetal se quedó atónito de asombro y preguntó a Julio: «Señor, ¡es increíble! ¿De dónde habrá sacado esta sabiduría? Le conozco muy bien del Templo donde no ha demostrado nunca nada de sabiduría. Cuando nos trajeron de Genesaret en barco aquí, estaba poseído de una furia terrible, no tenía ni aspecto humano. Ahora, apenas han pasado veinticuatro horas, tiene un grado de sabiduría que ni Salomón lo alcanzaría. Dinos ¿qué ha pasado con él? ¿Cómo ha llegado a esta iluminación?».

2. «¿No sabéis que para Dios todas las cosas son posibles?», replicó Julio. «Poned por obra lo que os ha dicho y podréis experimentar vosotros mismos cómo un hombre puede llegar en breve tiempo a tal sabiduría. “Ex trunco non fit Mercurius”12 dice un proverbio romano… porque un tronco es inmóvil, inactivo, mientras que en las doctrinas e imaginarías de los dioses romanos ninguna divinidad tiene tanto que hacer como Mercurio. Por eso se entiende bajo el concepto de Mercurio la mayor actividad y bajo el concepto de un tronco la mayor inactividad que no se puede convertir en un Mercurio. Esto significa que para llegar a la sabiduría verdadera, se debe ser activo al máximo. No es posible estudiarla como cualquier otra ciencia sino sólo se puede lograrla mediante la actividad correcta de acuerdo con su propia doctrina.

3. Si queréis saber cómo Matael ha alcanzado esta sabiduría —que os asombra tanto— debéis recorrer primero el mismo camino de la actividad y llegaréis también a esa sabiduría que os dará la respuesta a todas las preguntas».

4. «Todo esto está bien», respondió Suetal. «Pero ¿quién nos indica el camino correcto para ello?».

5. «Aún no es mediodía», indicó Julio, «y hasta la noche tenéis todavía bastante tiempo para escuchar muchas cosas que os darán respuesta a vuestras preguntas. Ahora es preciso reflexionar sobre lo que habéis oído, y lo sucesivo se os aclarará por sí mismo. Y ya que habéis sido declarados libres e impunes, no os dejéis tentar para volveros contra nosotros nunca más, porque os irá peor que ahora».

6. Tras estas palabras, Julio se dirigió a Mí y a Cirenio, preguntando si la argumentación y la sentencia eran correctas.

7. «Y tu corazón, ¿está satisfecho?», le pregunté Yo. «Es decir, ¿qué te dice tu voz interior?».

8. «En mi corazón reina la plena satisfacción», dijo Julio, «pero al mismo tiempo también la preocupación de haber sabido colocar a estos hombres en el camino correcto de la vida».

9. «Siendo así, todo está en orden», asentí Yo, «y ya se encontrará el mejor camino para estos hombres. Sin embargo, tendrán que superar todavía algunas pequeñas pruebas. Por eso es bueno que los aceptéis en la legión extranjera, pero debéis darles suficiente oportunidad para poder seguir el camino reconocido hacia la Salvación. Luego debéis introducir a los cinco, con Matael a la cabeza, dentro de la legión; así darán un buen servicio en mi nombre y en poco tiempo demostrarán los buenos efectos de su sabiduría interior. No obstante, de momento no deben permanecer en Galilea, porque los del Templo no tardarán en enterarse de que le faltan unos cuarenta y siete miembros y, como consecuencia, los perseguirá impulsado por Herodes. Pero si no los encuentran en ninguna parte de Galilea, los que indagan tendrán que volver sin éxito. A los cuarenta y siete los considerarán como accidentados y perdidos y no volverán a preocuparse de ellos. De este modo, vosotros los romanos os habréis justificado y los cuarenta y siete quedarán a salvo sin haber dicho mentira piadosa alguna».

10. «¿Estarán a salvo en Tiro y Sidón?», preguntó Cirenio, «porque allí hay muy pocos judíos».

11. «Oh, sí, allí estarán más seguros que en Galilea», dije Yo, «sin embargo, todavía más seguros estarían en África o en alguna ciudad al lado del Mar Negro».

12. «Está bien», respondió Cirenio, «ya encontraré un lugar apropiado para ellos, donde los judíos no sospechen. Y si el buen olfato de los templarios los llevara hasta allí, ya tendríamos remedios suficientes para quitárselo...».

13. «Me da especialmente pena de los cinco», intervino Julio, «porque, en verdad es asombroso el nivel de sabiduría que han alcanzado. Gracias a ellos uno podría llegar a la verdadera meta de Vida mucho más rápidamente que por sí solo».

14. «Amigo mío, el único indicador de camino, el camino y la meta soy sólo Yo. ¿Quién les dio a los cinco lo que tienen ahora? Mira, fui sólo Yo. Pero si puedo convertir a unos poseídos en breve tiempo en unos sabios, ¿cómo no voy a ser capaz de hacer lo mismo contigo que no estás poseído?

15. Yo soy la Verdad, el Camino y la Vida. Si me tienes a Mí, ¿para qué te van a ser útiles esos cinco? Sí, ellos deben hacer y harán muchos y buenos servicios a la humanidad, pero sólo a través de Mí y en mi nombre. Pero tú no los necesitas. Además, en Genesaret están Ebalo, Yara e incluso Rafael. ¿Qué lugar de la Tierra está tan bien provisto espiritualmente como éste?

16. ¿No has oído a Suetal que quiere saber cómo y a través de quién los cinco han alcanzado tal nivel de sabiduría? Mira, tú lo sabes muy bien; pero para los doce es todavía un enigma. Dado que tú ya sabes lo que ellos ignoran, ¿cómo vas a considerar a esos cinco casi tan sabios como Yo?».

17. Julio algo confuso dijo: «Señor, soy tonto — ¡esta es la razón! Pero ahora todo está arreglado, y estoy muy contento por haber recibido tus instrucciones acerca de los cuarenta y siete hombres que se cumplirán puntualmente. Señor, en nombre de Dios ¡perdona mi necedad!».

18. «No hay nada que perdonar», le dije. «Pero cuando todo esté en orden dentro de ti, entonces para Mí también lo estará, y todos tus pecados te serán perdonados.

19. Pero ahora ve y haz llegar a los doce pan, vino y sal, porque en estos dos días no han comido nada. Hasta ahora mi Voluntad los ha mantenido y confortado, pero ha llegado el momento en que deben fortalecerse con comida y bebida de forma natural. ¡Así sea!».

Capítulo 45. La curación de un paralítico en la pradera bendita

1. Después de escuchar estas palabras, Julio se dirigió en seguida a ver a Marco, nuestro anfitrión, que estaba ocupado, junto con su familia, en la preparación de un buen almuerzo. Le transmitió mis instrucciones y Marco se dirigió inmediatamente a la despensa para sacar una gran hogaza de pan, un cuenco de sal y, con ayuda de sus dos hijos, dos cántaros de vino y llevárselo a los doce.

2. Apenas vieron el pan y el vino, se les despertó un gran hambre y Julio les advirtió: «Sé que tenéis mucho hambre; pero si no queréis enfermar, no comáis demasiado rápido sino tomaos el tiempo necesario y todo os sentará bien».

3. «Sí, sí, buen hombre», respondieron los doce, «tendremos moderación». No obstante, la gran hogaza de pan desapareció en pocos minutos, igual que el vino y la sal, y ellos pidieron más comida.

4. Julio les dijo: «Amigos, esto es suficiente para empezar; dentro de poco tendremos la comida de mediodía con la que podréis saciaros».

5. «Sí, sí, está bien», dijo Suetal, «es suficiente para calmar el primer hambre, nos saciaremos en el almuerzo. No obstante, Señor y buen amigo de los hombres, no tenemos nada con qué recompensar al anfitrión».

6. «Ahora que ya sois ciudadanos romanos», respondió Julio, «no tenéis que preocuparos de quién va a pagar la consumición. Porque un romano nunca ha dejado a deber una consumición a nadie y al hostelero ya le hemos recompensado por adelantado. Podemos seguir consumiendo aquí todavía durante un año más, y aún estará en ventaja. Así que del pago no os preocupéis».

7. «Hermanos», exclamaron los doce entusiasmados, «esto sí que es otro lenguaje que él de nuestro Templo, donde casi no nos dan de comer sino que hay que ayunar y rezar. Sin embargo, los superiores no ayunan y rezan poco y, por el contrario, consumen a diario gran cantidad de limosnas y ofrendas del máximo honor a Jehová, mientras que los jóvenes templarios pueden ayunar “pro populo”13 hasta que les ruja el estómago. Oh, ¿por qué no nos hemos convertido ya mucho antes en romanos? Ellos tienen todo: sabiduría, bondad, justicia, severidad —dónde haga falta— y tampoco les faltan el pan y el vino. Queremos ser romanos de cuerpo y alma. ¡Viva Roma y todos sus potentados!».

8. «Está bien, ahora que sois mis amigos», respondió Julio. «Vuestra intención parece buena, aunque hay todavía bastante egocentrismo en ella; sin embargo, esperemos que esto se pierda con el tiempo. De todas formas, hoy vais a ver y oír todavía algunas cosas muy sorprendentes que os iluminarán en cierto sentido. — Pero no preguntéis tanto sino escuchad y ved… la explicación os llegará por ella misma».

9. Estas palabras dejaron a los doce en suspense y ellos discutieron entre sí sobre lo que podía haber querido decir el jefe romano con eso de que iban a oír y a ver muchas cosas de las que podrán aprender mucho, y que la explicación llegaría por sí sola.

10. Entonces tomó la palabra Suetal al que gustaba mucho hablar: «Bueno, ¿no habéis oído nunca nada de los Juegos Olímpicos de los romanos? Quizá van a organizar aquí algo así, y nosotros podremos participar como romanos que somos ahora. Entonces podremos ver y oír muchas cosas que nos serán muy útiles. Esto es y no otra cosa».

11. «Eso no lo creo», dijo otro de los doce. «Vosotros ocho no sabéis nada de lo que yo sé; porque habéis venido de la dirección de mediodía e ignoráis lo que ha sucedido entre los galileos en tan poco tiempo. Sabéis que yo y otros tres de la región montañosa de Genesaret fuimos capturados y transportados aquí, junto a vosotros, por haber participado en vuestros intentos de agitación. Unos tres días antes de vuestra llegada sucedieron cosas sorprendentes en Genesaret. Llegó el médico milagroso de Nazaret al que mencionó el capitán romano, y curó a todos los enfermos presentes, sólo mediante su Palabra divina todopoderosa, sin importar de qué males sufriesen.

12. Yo mismo tengo un hermano que está ahora en casa y que se ha hecho cargo de la herencia. La gota había deformado su cuerpo tanto que no podía ni estar acostado ni sentado ni mucho menos estar de pie. Le manteníamos en un cesto colgante que estaba relleno de paja blanda. Frecuentemente aullaba durante todo el tiempo, torturado por dolores insoportables, que le hacían perder la consciencia y que parecía estar muerto. Se había intentado con todo lo imaginable para su curación, incluso con agua del lago de Siloé14, — pero todo en balde.

13. Al recibir nosotros las noticias de que el famoso médico milagroso se encontraba en Genesaret, curando a los enfermos, llevé a mi hermano paralítico allí, con ayuda de mis siervos y unos mulos, sin escatimar esfuerzo alguno. Llegados por fin al lugar, nos dijeron que el Sanador se había trasladado a un monte y se ignoraba si volvería o no, y cuándo. Aquí estaba yo como una columna de sal al lado de mi hermano atormentado y, lleno de tristeza, empecé también a llorar, implorando a Dios que diese fin a los sufrimientos indecibles de mi pobre hermano, teniendo en cuenta que no tuve la suerte de encontrarme con el médico milagroso. Hice la promesa de que —si obtenía la curación— yo, como primogénito, le cedería todos los derechos de propiedad y le serviría durante toda mi vida.

14. Y ved, poco después llegaron unos mozos del gran albergue y dijeron que el susodicho Sanador había curado en un instante a muchos enfermos y paralíticos de manera que tenían el aspecto de nunca haber estado aquejados de ningún mal. Sin embargo, este Sanador se había ido con sus discípulos, con el amo de la casa y otros de este lugar a la gran montaña a la que anteriormente ningún mortal había podido ascender por su gran escarpadura. Seguramente volvería, pero ignoraban cuándo la haría. No obstante, esto no tenía importancia; porque este Sanador había bendecido una pradera sobre la cual podría acostar a mi hermano con toda la fe y él se mejoraría.

15. Los mozos me indicaron el lugar de esta pradera bendecida e inmediatamente llevé allí a mi pobre hermano, colocándole sobre la hierba. Y ved, en el mismo instante que mi hermano tocó el suelo, empezó a estirarse. Se le fueron todos los dolores como llevados por el viento y en pocos minutos mi hermano estuvo tan sano como yo. Mientras que anteriormente su aspecto era nada más que piel y los huesos, ahora se le veía bien alimentado, de modo que todavía no puedo dejar de sorprenderme de este cambio.

16. Y yo mantuve mi promesa, cediendo a mi hermano feliz, devoto y agradecido toda la herencia y trabajando para él como el último de mis siervos, a pesar de que él me lo impidió siempre.

17. Pero cuando apenas estaba unos días con mi hermano —al que habéis visto y hablado—, llegasteis a nuestra casa y fuisteis la verdadera causa de que yo y otros tres siervos de mi hermano nos encontráramos aquí, providencialmente como inocentes.

18. Con todo esto quise únicamente llamaros la atención de este famoso Sanador milagroso de Nazaret del que, como ya habéis insinuado, oísteis aquí y allá alguna noticia.

19. Ved, según la pregunta del capitán de Genesaret, al que conozco muy bien, y como consecuencia de la curación de los cinco poseídos, me parece que este médico milagroso de Nazaret se encuentra ahora actuando aquí.

20. El capitán ha querido llamar seguramente nuestra atención sobre posibles acciones y pláticas por parte del maravilloso Sanador y de ninguna forma acerca de los juegos olímpicos de Roma tan mundanos, de los que probablemente no se podría sacar sabiduría alguna y de los que el capitán tampoco es amigo. — ¿Qué pensáis vosotros?».

Capítulo 46. Suetal informa de las actuaciones del Sanador milagroso

1. «Puede que tengas razón», dijo Suetal. «Seguramente es eso; ya empiezo a ponerme nervioso de curiosidad por conocer personalmente al famoso Sanador. No quise decir antes más cosas al buen capitán, cuando nos preguntó sobre este hombre extraordinario. Pero podéis creerme que en toda Samaria no se habla más que de Él e incluso en Sicar se le considera un hombre a través del cual actúa la plenitud del Espíritu divino. ¿No es algo extraordinario?

2. En el Templo, sin embargo, los superiores están pensando día y noche cómo eliminar a este Sanador. Pero dado que Él está provisto de todos los poderes y cuenta con la amistad segura de los gobernantes romanos, los templarios ya pueden sudar sangre, a ver si consiguen algo efectivo.

3. Se dice que estuvo ya en el Templo, en primavera, y echó afuera a todos los mercaderes. Es decir, hace apenas tres meses cuando este Sanador empezó a llamar la atención.

4. En toda Judea la gente está contando las historias más raras sobre Él. El pueblo humilde que está muy involucrado en las doctrinas oscuras del Templo, cree que está actuando con Belcebú, el superior de todos los diablos. La gente más culta le considera un gran profeta; los griegos y romanos le toman por mago.

5. Los habitantes de Sicar le veneran como a un dios, lo que es incluso el caso con algunos griegos y romanos. Y si no me equivoco, sucede lo mismo con los romanos que están aquí. Porque para ellos sigue válido siempre el dicho “Non existit vir magnus sine afflatu divino”15. Lo bueno de ello es que no parecen ser enemigos de grandes hombres iluminados y apoyan con palabras y hechos lo espiritual, lo que parece ser también el caso aquí.

6. Sin embargo, no es aconsejable que Él vaya a menudo a Jerusalén para hacer una limpieza del Templo, en el caso de que no poseyese fuerzas extraordinarias superiores a las de los seres humanos, porque podría ser que saliera perdiendo… Por muy profeta o mago que sea, no se podrá proteger por mucho tiempo contra todas las intrigas diabólicas y los planes incesantes de persecución, sucumbiendo al final como pobre víctima.

7. En resumen, el que no combate al Templo directamente con rayos y truenos, poco puede hacer contra él».

8. Ahora intervino el orador anterior, procedente de los montes de Genesaret: «El Templo no conseguirá hacer mucho contra ese hombre, porque si los superiores no han hecho nada contra la limpieza del Templo ni le han capturado, en una segunda vez les será todavía más difícil, dado que su Voluntad está plena de la Fuerza divina y dónde esta reina, el poder humano se eclipsa».

9. «Amigo, no lo entiendes», replicó Suetal. «En la Pascua limpió el Templo de los mercaderes, éste obtuvo en esta ocasión cientos de libras de plata y oro como beneficio. Oh, con este negocio los superiores no pondrán obstáculo alguno ante una limpieza diaria de este estilo, mientras esta se limite al atrio del Templo... Pero ¡cuidado! si ataca sólo una vez al Templo mismo y sus fraudes indecibles, no sé qué suerte le tocará. No quisiera estar en su piel.

10. No hace mucho tiempo que se eliminó al famoso profeta Juan que actuó durante un tiempo a orillas del Jordán, predicando y bautizando a la gente, a pesar de la protección que le brindaba Herodes. El Templo incitó vilmente a la malvada madre de la bella Herodias de modo que el mismo Herodes fue finalmente el asesino de su famoso protegido. Dado que el Templo dispone de cientos de miles de medios para perseguir a una persona que le parece peligrosa, casi siempre logra su propósito.

11. Las maquinaciones del Templo han llegado hasta tal punto que incluso los romanos le tienen respeto. Bien es cierto que muchas cosas ya han salido a la luz, pero de qué sirve si no se llega a pararles los pies».

Capítulo 47. Las discusiones entre Matael y Suetal sobre las reprimendas

1. Matael, que había seguido la conversación desde alguna distancia, les dijo a los doce: «Veo que sois aún personas muy influenciadas por el mundo, especialmente tú, Suetal y tus siete compañeros. No tenéis ni idea de lo que está pasando aquí.

2. El Sanador de Nazaret está aquí, sí, ¡está aquí! Pero como no sabéis quién es en realidad, no decís nada más que necedades sobre Él y sus actos.

3. El hombre juicioso, según el orden justo, no debe hablar por gusto sino únicamente para revelar la Verdad. Si la desconoce, debe callar, buscar y escudriñar hasta que la encuentre; entonces también podrá hablar. Porque quien habla sin haber reconocido la Verdad miente, aunque ocasionalmente diga la verdad.

4. Por la lengua de un hombre verdadero nunca debe pasar una mentira; porque por la mentira el alma da testimonio de sí misma de que todavía anda en la muerte y no en la Vida.

5. Por tal razón, quien se deleita en decir una mentira, todavía no conoce el valor de la Vida … porque la Vida y la Verdad son una y la Verdad libera al alma y le abre la eternidad de Dios en el ser y en el obrar.

6. Pero si tú piensas y hablas como ahora escuché, entonces tú mismo das testimonio de que tu alma en vez de vivir en un templo de Luz y de Verdad, sólo vive en una pocilga...

7. ¿De qué sirve exponer esto o lo otro, cuando se carece de fundamento? Julio, el capitán de Genesaret, os dijo muy acertadamente que ibais a ver y oír hoy muchas cosas y que no preguntarais sino que lo acogierais amorosamente en vuestro corazón y que obrarais conformemente, de modo que la explicación os viniera por sí misma.

8. Por eso, dejad de soltar palabras sin fundamento sobre el pro y el contra y prestad atención a lo que vais a oír. Acogedlo en vuestro corazón y ganaréis en poco tiempo más que si seguís mintiendo durante años en la creencia de que estáis diciendo la verdad.

9. Bien es cierto que preguntar es mejor que explicar algo de lo que no se sabe nada. Pero ya que se pregunta, hay que saber qué y a quién. De lo contrario, cualquier pregunta es tan disparate como una respuesta mentirosa.

10. Pues es preciso estar convencido, a través de la experiencia, de que la persona a la que intento preguntar, me puede dar una respuesta conforme a la Verdad. Pero antes debo haberme cuestionado, si lo que quiero preguntar no es un disparate. De lo contrario, demuestro así mi gran estupidez o también mi malicia oculta. Recordad esta regla de vida siempre; así andaréis por la Tierra como hombres honestos».

11. «Pero, querido amigo Matael», replicó Suetal algo disgustado, «nos estás dando lecciones en un tono magistral, a pesar de que no hemos visto a nadie que te haya autorizado para ello… Tu consejo es bueno y verdadero, sin embargo, le falta algo de amabilidad. Por eso no surte en nosotros el efecto pretendido. Aunque lo sigamos, porque vemos que contiene la pura verdad, no obstante somos de la opinión de que para decir la verdad no se pierde nada si se habla amablemente.

12. Mira, dos más dos son cuatro. Esto es una verdad y sigue siéndolo aun diciéndolo con una cara amable. O ¿es acaso lo mismo que cuando conduzco a un ciego, le agarro fuertemente del brazo, produciéndole dolor, o le llevo de una manera suave por el buen camino? Creo que esto es preferible y se evitan mayores disgustos, porque si le agarro causándole dolor, es posible que se quiera soltar de mis manos y justamente en este momento se caiga y se lesione. — ¿No tengo razón?».

13. «Oh, sí», respondió Matael, «cuando las circunstancias lo permiten. Pero cuando ves a un ciego al borde de un abismo y sabes que le puedes salvar, agarrándole y tirando de él fuertemente, ¿vas a consultar también antes contigo mismo si le debes sujetar fuerte o suavemente?».

14. «Pero, ¿estuvimos espiritualmente tan cerca de un abismo mortal?», preguntó Suetal.

15. «Con toda seguridad», afirmó Matael, «de lo contrario no os habría tratado tan rudamente. Porque mira, todo lo que induce a una mentira, ya es mentira, aunque para el hombre exterior muy poco llamativa, pero para el alma significa ya el abismo mortal.

16. Una mentira suave, poco notable, es mucho más peligrosa para el alma que una mentira como una casa, porque una mentira tan gorda que ella misma se descubre, poco te puede incitar a que la consideres en tus acciones; pero una mentira insignificante te impulsará a actuar como si fuese verdad y te llevará fácilmente al borde del abismo. Sin embargo, esto sólo ve aquel que ha desarrollado la visión interior del espíritu. Por eso, no te debes disgustar si te he agarrado algo más fuertemente, porque vagaba entre vosotros una mentira sigilosa pero venenosa como una víbora. Lo hemos notado muy bien, yo y mis cuatro hermanos. Y esta es la razón por haberos sacudido con un poco más de vehemencia. ¿Lo comprendes?».

17. «Si es así», respondió Suetal, «tu comportamiento un poco brusco hacia nosotros tiene una explicación, a la que no me puedo oponer. Naturalmente, no vemos las circunstancias espirituales y hemos de creerte tal como lo dices, porque comprendemos que estás pisando suelo firme y por eso valoramos tu palabra. Pero ¿de qué vamos a hablar ahora entre nosotros doce, puesto que decir la verdad es muy delicado? El estar callado siempre es desesperadamente aburrido».

18. «Amigo», respondió Matael, «si en medio de la noche oscura tuvieras que atravesar un bosque espeso de montaña y supieras que en este bosque existen muchos abismos y despeñaderos, ¿no sería mucho más aconsejable quedarte parado y esperar la luz del día, en vez de seguir a cualquier luciérnaga, despeñándote con ella? A pesar de que no sea muy agradable pasar la noche en un espeso bosque montañoso, será mucho más seguro que seguir por el camino en el cual el siguiente paso te puede arrastrar a la muerte. — ¿Qué piensas de esto?».

19. «Bueno, sabes que no se puede seguir hablando contigo. Siempre tienes razón y no se te puede objetar nada. Entonces es preferible seguir tu consejo, y tú no tendrás nada que reprobar».

Capítulo 48. Matael habla sobre la ley y el amor

1. «Ah, espera», dijo Matael, «porque ahí veo otra cosa que tiene mucha importancia:

2. Si lo hacéis por obligación y no por amor, entonces dejadlo y haced otra cosa que queréis hacer por amor. Porque lo que un hombre no hace por amor, tiene poco valor para su Vida, dado que el amor es la Verdad, el elemento primordial de la Vida… es la Vida verdadera en toda su profundidad.

3. Lo que se realiza por amor, es abarcado por la Vida y se convierte en ella. Pero lo que el hombre hace sin emplear amor y sólo porque teme a las malas consecuencias, o porque su soberbia lo quiere para aparentar ante los demás como sabio, esto no pasa a la Vida sino a la muerte, dado que ha sido agarrado por el elemento de la muerte y no por él de la Vida.

4. Te aseguro que una ley por sabia que sea, no genera la Vida sino la muerte si el hombre no la considera desde el amor. El consejo más sabio pero sin amor es como una semilla que cae sobre suelo pedregoso en vez de tierra fértil, y se seca sin poder dar fruto alguno.

5. Os lo puedo decir porque lo veo: Todo en el hombre está muerto — salvo el amor… Por eso permitid que vuestro amor actúe en todo vuestro ser... en toda plenitud... Sentid el amor en cada fibra de vuestro ser, y así —en vuestro interior— tendréis la victoria sobre la muerte. Y lo que estaba muerto, por vuestro amor pasará a la Vida indestructible. Porque el amor —que se siente a sí mismo y por este sentimiento se reconoce— es la Vida misma, y lo que ha pasado al amor, también pasa a la Vida.

6. Por minuciosamente que sigáis mi consejo, os servirá de muy poco si lo cumplís sólo por el peso de su Verdad y porque teméis malas consecuencias por no haberlo respetado. Pero este respeto, a su vez, no tendría valor alguno para vuestras almas. Otra cosa distinta es cuando el amor y la Verdad se abrazan y actúan juntos; entonces, a base de la Luz y en la Luz de la Verdad, el amor crea en sí mismo una vida nueva cada vez más perfecta, hasta llegar a la completa semejanza con Dios.

7. El Amor o el Espíritu de Dios en el hombre ya es desde su principio la semejanza con Dios. Pero para ser completamente y vivamente semejante a Dios, el amor debe elevarse tras el camino que yo acabo de mostraros. — ¿Entendéis esto?».

8. «Oh, ¡Dios todopoderoso!», exclamó Suetal con alegría, «eres verdaderamente uno de los profetas más grandes. Ningún profeta antes ha hablado con tanta verdad y claridad a su pueblo. Tú, tan sólo en tu meñique, ya llevas una vida mucho más perfecta que todos nosotros en nuestros cuerpos enteros — es decir, en todas nuestras almas juntas... Verdaderamente, ¡es así, hermanos! Es el hálito divino el que habla a través de Matael, y no podemos agradecer bastante a Dios por habernos conducido hacia él. Pero si tu sabiduría es tan increíblemente más grande que la nuestra, ¡qué inmensa debe ser la del Sanador de Nazaret al que todavía no conocemos!».

9. Matael preguntó: «¿Qué es lo que brilla tan maravillosamente en una gota de rocío que cuelga de una brizna de hierba?

10. Es la imagen del Sol que se refleja con este resplandor en la gota de rocío. Sin embargo, la imagen del Sol no solamente brilla sino también surte efecto. En el centro de la gota se condensa la luz de la imagen del Sol... La gota misma, en su centro, se convierte en calor vital... y finalmente, en este calor vital, se disuelve para integrarse completamente en el elemento de la Vida para reanimar la plantita que lucha con la muerte. Sin embargo, el reflejo en la gota no es ni mucho menos el Sol mismo sino sólo su imagen, provista de una pequeña parte de la misma fuerza y actividad que habitan en el gran Sol real.

11. Mira, la misma diferencia hay entre yo y el Sanador de Nazaret. Él es el mismo Sol de la Vida... y en mí —que soy como una gota de rocío— actúa ahora con milagrosa claridad la pequeña imagen de aquel eternamente verdadero gran Sol del cual incontables miríadas de gotas como nosotros absorben su santo alimento de la Vida. — ¿Comprendes esto?».

12. «Oh, Dios», respondió Suetal, «esto es un lenguaje grandioso y santo. Amigo, ¡tú ya eres más que una gota, eres todo un mar! Nadie de nosotros llegará a tu altura; esto es tan elevado, grande y sagrado que emociona. En estas circunstancias y condiciones tan divinas no nos atrevemos a quedarnos aquí por más tiempo, como pecadores burdos que somos, porque este lugar se está volviendo cada vez más sagrado».

13. Los otros once también empezaron a hablar de un modo muy humilde, deseando alejarse de este sitio. Pero Julio no lo permitió.

14. Tomó la palabra Suetal: «Señor, cuando Moisés, antaño en el Monte Sinaí, se acercó a la zarza en llamas para saber qué era aquello, le habló una clara voz, procedente de la llama: “Moisés, quítate el calzado, porque el lugar que estás pisando es sagrado”. Y aquí sucede lo mismo que con Moisés en el monte. Este lugar también es sagrado, y nosotros pecadores no somos dignos de pisarlo».

Capítulo 49. Explicación de los acontecimientos externos en el caso de Moisés

1. Como Julio no supo dar la respuesta adecuada a Suetal, pidió a Matael que lo hiciera, y este dijo: «¿Quién dice que seáis dignos o no de pisar este lugar? ¿En qué libro sabio está escrito que un enfermo no sea digno de su médico? Sabed que esta vuestra suposición proviene todavía del concepto disparatado del Templo que a los “blasfemos” que osan tocar el umbral del Santísimo, les queman las manos... Pero cuando los sumos fariseos secretamente cada día dejan entrar a los forasteros, a cambio de una buena paga, enseñándoles y explicándoles la historia, ¡seguro que a estos forasteros se les queman las manos!

2. ¿Qué quiso decir Dios a Moisés, invitándole a quitarse el calzado?

3. Quiso decir: “Apártate de tus tendencias carnales, quítate tu viejo Adán carnal por medio de tu buena voluntad para que te presentes como criatura puramente espiritual delante de Mí; de lo contrario no podrás entender mi voz, ni tampoco podré hacerte guía de mi pueblo”.

4. ¿Qué significó la ascensión del monte?

5. Moisés huyó de la persecución del faraón, porque había asesinado a un alto funcionario del rey, considerado como su hijo.

6. El faraón estimaba en mucho al profeta y no era del todo imposible que este último fuera algún día señor de Egipto, elevando a su pueblo.

7. Entonces, Dios le mostró esta elevación con el ascenso a un monte en el desierto, cuya cima no le fue permitida alcanzar, porque se lo impedía la zarza en llamas.

8. Además Dios le dijo, según nuestro entendimiento: “Verdad es que serás el salvador de mi pueblo, pero no de la manera como tú piensas sino como Yo, tu Dios y Señor, te enseñaré.

9. No serás rey de Egipto ni harás egoísta ni orgulloso ni sensual a mi pueblo, al cual Yo he educado hasta ahora en la humildad. El pueblo ha de dejar este país y acompañarte al desierto. Allí el pueblo recibirá las Leyes de Mí mismo y Yo seré el Señor y Guía del pueblo. Si este se muestra fiel a Mí, le daré el país de Salem, en cuyos arroyos corre leche con miel”.

10. Veis que Dios no quiso invitar a Moisés a quitarse los zapatos, sino que con este lenguaje simbólico sólo le invitó a que se quitara su viejo Adán, es decir, la concupiscencia del hombre sensual... porque esta, en relación con el verdadero hombre vital, es como los zapatos en relación a los pies de un hombre... porque los zapatos son también la parte más baja, ínfima y menos necesaria de toda la vestimenta...

11. El lugar que Dios llama santo, no es sino un estado muy humilde del alma, sin el que no puede sobrevivir ante el semblante del Amor eterno que es el verdadero fuego de la Vida.

12. La zarza ardiendo en el fuego es una prueba de que el camino del profeta es espinoso; pero su gran amor para con Dios y para con su prójimo, representado por las llamas que se extienden sobre todo el arbusto, queman las espinas y por fin consumen toda la zarza, le abre al profeta finalmente un camino sin espinas.

13. Mira, este es el sentido de lo que mencionaste antes. Y siendo así, ¿cómo puedes considerar algún lugar terrestre como más o menos sagrado?

14. Si vosotros os quitáis también vuestros zapatos mundanos, volviéndoos humildes en todas las cosas de la vida, seréis también dignos como nosotros de pisar este lugar. Porque todos somos seres humanos iguales ante Dios y sólo Aquel que está aquí, y nadie sino Él tiene predominio sobre los demás».

15. Tras haber escuchado las palabras de Matael, dijo Suetal: «Ciertamente es fácil estar sin temor cuando se posee tal sabiduría en abundancia; porque para un vidente es fácil avanzar en el camino, pero un ciego debe tentar primero si el siguiente paso va a ser seguro, y pese a la mayor prudencia es posible que tropiece aún contra algo. Pero cuando se tiene a un guía como tú, querido hermano Matael, se puede avanzar bien aun estando ciego. Oh, estamos sumamente contentos por poder quedarnos y conocer más de cerca a Aquél del cual has dado testimonio por muchas razones evidentes».

16. Julio, apretándole cariñosamente la mano a Matael, dijo: «¡Gracias al Señor eternamente, que te ha curado a ti y a tus cuatro hermanos de una manera tan poderosa! ¡Cuántas cosas he aprendido ya de ti y de una forma tan clara y comprensible de modo que mi alma empieza a despertar! Si esto sigue así, espero poder seguir tus pasos dentro de poco tiempo».

17. «No puede ser de otro modo», respondió Matael. «Porque no hay sino un solo Dios, una sola Vida, una sola Luz, un solo Amor y una sola Verdad... y nuestra vida en la Tierra es el camino para alcanzarlos... Por la Voluntad del eterno Amor de Dios surgimos del Amor y de la Luz, para también volvernos Amor y Luz, pero absolutamente independientes... Podemos hacerlo... y ¡debemos hacerlo!

18. ¿Cómo hacerlo? Únicamente mediante el amor para con Dios y con una actividad incesante; porque nuestro amor para con Dios es el Amor de Dios mismo en nosotros e induce a nuestra alma a la actividad cada vez mayor de la verdadera Vida eterna, la cual en sí es la Verdad más perfecta y la Luz más clara. Y cuando empieza a alborear en un alma humana, entonces ya está tan cerca del destino eterno de la Vida, que ya no puede fallar en alcanzar la meta... la Vida eterna que en sí ya contiene todo lo que la Vida perfecta puede ofrecer — en toda libertad y absoluta independencia, eternamente.

19. Por eso, hermano, alégrate, porque pronto tu alma podrá ver lo que la mía ya está viendo en una luz cada vez más clara... Y sólo cuando con tal luz en tu alma se haya hecho de día, entonces percibirás la grandeza de Aquél al que llamas todavía tímidamente el “Salvador de Nazaret”.

20. Bien es cierto que como hombre es igual a ti que a mí, — ¡pero su Espíritu traspasa con su Fuerza y su Luz toda la infinitud! — Estimado hermano, ¿me has comprendido?».

21. Julio, todo emocionado y con lágrimas en los ojos, dijo: «Estimadísimo hermano, ¡siento ahora tanto amor por ti que, si te abrazara, te ahogaría!... y ya no podré mirar al Salvador Jesús de Nazaret sin estar bañado en lágrimas de amor por Él. Ahora comprendo el gran amor de aquella muchacha que ya no se aparta de Él».

22. «Gracias a Dios», intervino Suetal, «ahora ya no será difícil para nosotros reconocerle. Sólo tenemos que prestar atención y ver con quién anda la joven muchacha».

Capítulo 50. Las dudas de los doce sobre la personalidad del Salvador

1. Mientras tanto Yara, debido a mi indicación, se había unido con Rafael y Josoé, conversando con ellos sobre la sabiduría de Matael, manifestada tan de repente. Por esta razón, los doce continuaron con la incertidumbre de quién de los dos acompañantes sería Yo. Pero al mismo tiempo pensaron que Yo tenía que ser un varón adulto y no, como los dos, que parecían ser unos muchachos de 12 ó 14 años de edad. Por eso, el asunto no les encajaba. Uno de los doce dijo a Suetal: «Amigo, te has alegrado demasiado pronto. Conocemos a la muchacha, probablemente la hija del considerado hostelero Ebalo de Genesaret, porque la hemos visto frecuentemente en el albergue cuando bajábamos de los montes para resolver asuntos en la aldea. De los dos muchachos, quizás hijos del prefecto, ninguno de ellos será el Salvador de Nazaret. La pregunta es entonces, ¿quién será? Te lo digo, hermano, no adelantamos nada con nuestra ignorancia, por lo tanto es mejor callarse».

2. Suetal: «Soy también de tu opinión. Sin embargo, el excelentísimo señor Julio nos ha parado los pies un poco, lo que efectivamente nos hemos merecido. ¿Por qué tenemos que estar siempre opinando? Escuchar, oír y callarse es lo mejor y el principio de toda sabiduría». Tras estas palabras, los doce se quedaron en silencio y sus almas reflexionando.

3. En este momento me acerqué a ellos y dije a Suetal: «He escuchado todas vuestras conversaciones anteriores, porque tengo buen oído. Pero teniendo en cuenta que habéis hablado con el sabio Matael y el capitán Julio tantas cosas del Salvador de Nazaret, sin embargo, ha quedado oculta vuestra propia opinión sobre Él, por tanto me gustaría oír de vosotros mismos por quién tomáis a este personaje. Hablad pues sin temor; Yo os puedo garantizar que no os pasará nada, porque conozco demasiado bien al Salvador y sé que no os hará daño alguno, si me reveláis vuestra opinión con franqueza, siendo Yo uno de sus amigos más íntimos».

4. Suetal, algo desconfiado y rascándose detrás de la oreja: «Juzgando por tu vestimenta, pareces griego, pero tu pelo y barba indican que eres judío. Bien es cierto que los romanos dicen de los griegos de un modo descortés: “Graeca fides, nulla fides”16. Pero para eso tu cara indica demasiada honestidad. Como hombre con no poca sabiduría comprenderás que gente como nosotros no podemos quedarnos sin darle vueltas a la cabeza ante una personalidad tan extraordinaria.

5. Al fin y al cabo, todo lo que la sabiduría estimada de Matael nos hizo entender del Salvador, a gente como nosotros, no es fácil aceptarlo como una realidad absoluta. Por tanto, nuestro juicio sobre Él será siempre precario. Hasta ahora sólo hemos oído hablar de Él; los cuatro montañeses de la región de Genesaret, como contaron, han sentido una fuerza y un poder extraordinarios irradiados por Él, pero nunca le han visto ni hablado.

6. Aquí hemos visto el resultado de la maravillosa curación de los cinco posesos de la que nos han contado; pero tampoco fuimos testigos directos sino solamente nos enteramos por los relatos del capitán y luego de los mismos curados.

7. Los hechos extraordinarios por un lado y las opiniones y conversaciones de otro, especialmente del sabio Matael, han logrado despertar en nosotros una visión del susodicho Salvador que sobrepasa todos los conceptos humanos y se acerca a lo divino.

8. Pero si al final nosotros, como hombres faltos de cualquier ciencia y sabiduría, estuviéramos totalmente equivocados o no, esta idea alborota nuestros pensamientos. ¿Quién nos podría dar alguna Luz sobre este dilema, a unos ignorantes como somos?

9. Mira, la ciencia alcanzada por los hombres ya ha avanzado bastante en nuestros tiempos. Hasta ahora nadie ha podido poner límites a la sapiencia de los hombres. Por lo tanto, puede ser muy probable que el hombre de Nazaret, apoyado por unas facultades espirituales especiales, haya encontrado la piedra filosofal como la que el mundo nunca ha podido soñar. Y sea capaz de realizar cosas increíbles: pueda mover montañas, congelar el mar en pleno verano, resucitar a los muertos y hacer desaparecer a miles de gentes, todo simplemente mediante su voluntad. Pero aun así se trata de cosas que han realizado hombres incluso ya mucho antes que él.

10. En Egipto tales hechos no resultan nada de extraordinario; aquí sí es más raro, sobre todo porque para los judíos la magia está totalmente prohibida. Por este motivo, cualquier fenómeno extraordinario producido por una persona con medios quizás totalmente naturales, se condena como magia, y al mago —si es judío— se le lapida o se le quema vivo. Si es forastero, es extraditado lejos, fuera de las fronteras; pero si paga al Templo un rescate importante, se le permite mostrar en secreto sus artes y magias sólo a los griegos y romanos. Gente como nosotros no ven nada de esto en Jerusalén; pero viajando como un apóstol del Templo a otros países para convertir a los extranjeros al judaísmo, se podía ver más de algún fenómeno que nos quedó inexplicable.

11. En este sentido, el susodicho Salvador de Nazaret está practicando también curaciones de muchos enfermos, incluso, se dice, que ha resucitado a muertos. Pero como digo, lo uno como lo otro no es una prueba fehaciente ni demostración infalible de que él sea de naturaleza divina.

12. El realizar milagros en palabras y hechos ante hombres como nosotros, no es ningún acto extraordinario; se puede predicar a los ciegos fácilmente de colores, mientras que los videntes no necesitan de sermón alguno para poder distinguir los colores.

13. Por otro lado, el Salvador nazareno puede ser también un profeta ungido por el Espíritu de Dios, igual que Moisés, Josué, Samuel o Elías, realizando sus obras por la pura Fuerza divina que habita en Él. Esto es lo que consideramos como más probable, teniendo en cuenta que es judío y como tal nunca ha podido tener la oportunidad para ir a la escuela mística de los esenios o los egipcios.

14. Porque si algo así llegara a demostrarse respecto a Él, entonces no sería difícil adivinar de dónde saca toda su sapiencia secreta; porque los esenios resucitan a niños muertos por docenas, de lo que me he podido convencer yo mismo. Y sólo Dios sabe cuántas enfermedades de toda clase han podido curar.

15. De todo esto no te será difícil sacar la conclusión, siendo un griego bastante culto e inteligente, de cuáles son los motivos que nos impiden en nuestro interior tener los pensamientos claros, a pesar de todo lo extraordinario que hemos podido oír y ver aquí.

16. El tomar todo al pie de la letra sería la misma locura que rechazar todo desde un principio. Todo lo que se puede hacer aquí es esperar, escuchar, ver y examinar detenidamente; luego se aclarará por sí mismo y por la postura que uno se debe decidir, porque no queremos que nos den gato por liebre. — Dinos pues si tenemos razón o no».

Capítulo 51. Los reparos surgidos acerca de la divinidad supuesta del Nazareno

1. «Desde este punto de vista, sí», respondí Yo, «pero en otro sentido de ninguna manera. Si los esenios resucitan a los muertos como lo hace el Nazareno, entonces tenéis razón. Sin embargo, aquí entre los discípulos se encuentra un esenio auténtico que fue enviado para acabar de ganar al Nazareno a favor de la institución tramposa o para sacarle por lo menos el enigma de cómo cura a los enfermos y resucita a los muertos.

2. Pero cuando después de un breve tiempo se convenció de que el Nazareno estaba llevando a cabo estos hechos ante los ojos de todo el mundo, sin métodos artificiales engañosos y sólo mediante la mera palabra antigua del “Hágase”, abandonó el concepto tramposo de los esenios, descubrió todos los fraudes y se convirtió en un discípulo sincero del Nazareno. Allí, debajo del árbol está solo, de modo que podéis ir y hablar con Él».

3. «Amigo», intervino uno de los ocho, «no nos hace falta, porque conozco la doctrina de los esenios desde su misma base. Bien es cierto que es un fraude enorme, pero en el fondo muy loable; el Nazareno nunca fue a esa escuela desgraciada. Sin embargo, me inclino más a que fue a Egipto, pues el Nazareno debe tener grandes amigos entre los romanos y a través de ellos se llega bastante bien allí».

4. «¿Cómo pudiste enterarte de los secretos de los esenios?», pregunté a otro que se llamaba Ribar. «Porque he oído que esto apenas es posible sin peligrar tu vida».

5. Ribar contestó: «Amigo, con mucho dinero y una gran porción de picardía uno puede conseguir todo. Naturalmente, además, hay que estar bien despierto para ver detrás de lo que te muestran aquello que no te muestran. Para ello hace falta un alto grado de astucia, de modo que me gustaría tomar el pulso al buen Sanador de Nazaret y estoy seguro de que no me engañará.

6. Pero si es verdadero lo que se comenta sobre Él y lo que el ciertamente sabio Matael nos ha relatado, entonces sabremos valorarle correspondientemente como a Matael. Hay sólo una cosa que me confunde, y es que convoca a discípulos. Yo pienso que si su causa es puramente divina, entonces no habrá discípulo alguno que sea capaz de imitarle, aunque vaya a su Escuela durante una eternidad. Pero si su causa es humana, se puede comprender muy bien eso de los discípulos. Lo que hace una persona, lo puede hacer también otra si posee los conocimientos y medios para ello. Pero, como he dicho, si se trata de una causa divina, toda imitación sería inútil, porque hace falta para ello la Omnipotencia y Sabiduría de Dios».

7. «Ribar, amigo mío», le contesté, «no hablas nada mal, pero en el fondo no tienes razón. Dios puede elegir de entre el número de personas a algunas y educarlas como lo ha hecho con Enoc, Moisés y otros muchos profetas, a fin de que se convirtiesen en maestros para la humanidad y anunciadores de la Voluntad divina a los hombres de esta Tierra. Por esta razón tu opinión es muy equivocada y no vas a sacar nada del Sanador de Nazaret.

8. Referente a tu picardía tendrás en el Nazareno un poderoso rival invencible. Le conozco y sé que nadie de los humanos es capaz de contradecirle en una sola de las mil explicaciones que les diera».

9. «Todo depende de hacer una prueba», replicó Ribar. «Yo mismo ya he sido frecuentemente testigo de semejantes enfrentamientos verbales ficticios que al final casi siempre concluyen en el dicho de los romanos: “Si tacuisses, philosophus mansisses”17. Yo nunca me anticipo con mi juicio si no he comprobado la cosa por mí mismo. Pero una vez que la he comprobado, es raro que me equivoque en mi juicio. — ¿Eres acaso también un discípulo de Él?».

10. «No precisamente», le dije, «pero soy uno de sus amigos más íntimos y le conozco mejor que nadie». Al escuchar las personas que me rodeaban este diálogo, apenas pudieron contener una sonrisa y no se perdieron ni una palabra.

Capítulo 52. El diálogo entre Suetal y Ribar acerca de la demostración milagrosa de Rafael

1. Al cabo de un rato prosiguió Ribar: «Me gustaría oír de un discípulo por lo menos qué es lo que ha aprendido al lado del Sanador milagroso».

2. «Oh, esto es fácil», le dije. «Aunque ya es casi la hora de comer y nuestro anfitrión habrá terminado en seguida de preparar todo; todavía tendremos tiempo suficiente para una pequeña demostración de un discípulo. La hará el más joven para demostrarte a ti, examinador riguroso, qué es lo que ya sabe hacer. — ¿Es eso lo que quieres?».

3. «Naturalmente que sí», dijo Ribar, «porque sin demostración no se puede emitir juicio alguno sobre alguien».

4. Acto seguido, llamé a Rafael, que en el fondo también era un discípulo mío, aunque un espíritu vestido de materia sutil. Este se presentó en un instante ante Ribar y le preguntó: «¿Qué prueba pides de un discípulo del Señor?». — Ribar reflexionó y examinó qué cosa podría encontrar imposible de realizar por un humano.

5. «Bueno pues, pienso que este asunto es un buen desafío para tu astucia, ¿verdad?», le dije Yo.

6. «No te preocupes», respondió Ribar. «Los romanos dicen: “Festina lente18” y “Hostis cum patientia nostra victus19”. Le daré al muchacho un buen hueso de roer con el que podrá poner sus dientes a prueba».

7. Acto seguido, Ribar levantó del suelo una piedra de varios kilos de peso y dijo sonriendo a Rafael: «Querido discípulo del Maestro divino, de quien se dice que lleva a cabo cosas que sólo son posibles para Dios. Si has aprendido de Él ya algo de su Omnipotencia, haz que esta piedra se convierta en un buen pan».

8. «Prueba a ver si la piedra todavía es una piedra», dijo Rafael.

9. Ribar lo comprobó, diciendo: «¡Naturalmente que sí!».

10. Rafael: «¡Inténtalo otra vez!».

11. Ribar apretó la piedra otra vez y, al partirse en dos, comprobó que la piedra se había convertido realmente en un pan. Al experimentar este milagro palpablemente con sus manos, se quedó atónito, e incluso le invadió bastante miedo que le quitó las palabras.

12. Entonces le dijo Rafael: «Prueba un trozo, pues es más fácil engañar al ojo que al paladar. Dales también a tus amigos para que puedan atestiguar que esta transformación ha sido verdadera».

13. Al principio Ribar probó el pan milagroso, con cautela, pero como le gustó mucho, a continuación mordió un buen bocado de una de las mitades y dio la otra a sus compañeros. Todos encontraron el pan muy sabroso y un aroma apetitoso.

14. Entonces le pregunté a Ribar: «Bien, querido amigo, hazme saber tu opinión. ¿Qué dices a este acto realizado por uno de mis discípulos?».

15. Ribar se dirigió a Suetal, diciendo: «Hermano, habla tú, que eres más listo que yo. Esto sobrepasa mi horizonte de entendimiento».

16. «Hombres como tú hay muchos en el mundo», le dijo Suetal. «Al principio presumen de saber todo. Pero cuando aparece algún fenómeno que sobrepasa su entendimiento, se avergüenzan como una adultera sorprendida en flagrante. Aquí no nos queda otra cosa que admitir que Matael tiene razón en todo lo que dijo, dando el testimonio más verdadero del gran Maestro.

17. Cuándo sus discípulos son ya capaces de realizar tales fenómenos, ¡cuánto más podrá hacer el Maestro divino!».

18. «Todo esto es cierto», respondió Ribar, «y ninguno de nosotros lo podrá desmentir. Sin embargo, en el Templo se enseña como una verdad demostrada que ciertos magos son capaces de realizar fenómenos muy raros mediante el poder obtenido de Belcebú. Incluso los romanos dicen: “In doctrina alienta cauti, felices20” y “Sapientia non incipit cum odio deorum21”».

19. «Deja de citar continuamente tus estúpidas frases latinas», dijo Suetal, «y déjame tranquilo con tu estúpido Belcebú. ¿No escuchaste anteriormente hablar a Matael, pleno de Sabiduría divina, para poder deducir de ello que la enseñanza del gran Maestro conduce a cada ser humano a Dios mediante la Verdad, el amor y los hechos? ¿Crees acaso que el gran Maestro se sirve del jefe de la mentira y del engaño? ¡El burro más cegato que has sido siempre! ¿Fue el pan mentira o verdad?

20. Si te lo hubiera preparado Belcebú, tendrías en lugar de pan una piedra en el estómago. Pero como ha sido un pan verdadero como procedente del Cielo, puedes sentir, como lo siento yo, el maravilloso gusto divino, actuando sensiblemente en todo el cuerpo.

21. ¿Dónde has leído en las Escrituras que Satanás haya realizado jamás un milagro como este? Observa los milagros de Belcebú en el Templo. ¿Qué son? Nada más que un maldito fraude, conocido por todos, para sacarle a la gente ciega como tú el oro y la plata, para utilizarlos a su vez para fines igualmente malvados.

22. Ves, estas son las obras milagrosas satánicas, fáciles de reconocer.

23. Aquí, sin embargo, no existe fraude alguno sino que sólo reina la Voluntad todopoderosa de Jehová. ¿Cómo puedes preguntar todavía por el poder de Satanás? ¿Acaso Satanás ha demostrado alguna vez que él posee un poder verdadero?».

24. Ribar, bastante intimidado, dijo: «¿Acaso no venció en el Monte Sinaí, cuando estuvo luchando durante tres días contra Miguel por el cuerpo de Moisés?».

25. «Sí», respondió Suetal, «¡allí se ganó los restos medio descompuestos de Moisés! ¡Vaya victoria! ¿Qué más sabes?».

26. «Bueno, la tentación de Adán y Eva, ¿no es acaso nada?», dijo Ribar.

27. «Pero ¿se puede llamar a esto un milagro como ha sido éste?», preguntó Suetal. «Cuando una moza bien hecha te muestra sus atractivos carnales y te invita con una mirada sensual, ¿se puede denominar acaso un milagro cuando caes, impulsado por la lascivia, en sus bellos y blandos brazos? Estos “milagros” al estilo de Adán y Eva suceden lamentablemente hoy en día demasiadas veces, sin embargo, son siempre de la categoría más baja y burda de la especie humana. De ninguna manera se puede hablar de un milagro, a no ser que todo sea un milagro desde los principios de la Creación. — ¿Conoces alguna otra obra milagrosa de Satanás?».

28. «¡Qué difícil es hablar contigo!», contestó Ribar. «¿Qué pasa entonces con los milagros conocidos de los ídolos de Babel y Nínive? ¿ Acaso no los realizó Satanás?»

29. «Habrá sido un milagro para burros ciegos como tú, pero no para hombres inteligentes, porque sabían que las víctimas arrojadas a través de las fauces del ídolo de Babel a su barriga que había sido calentada durante la noche con fuego vivo hasta la incandescencia, podían consumirse fácilmente con la brasa natural. Tales milagros puedes realizar todos los días por medio de un gran fuego, sin necesitar para nada a Satanás. Yo mismo sería capaz de hacer milagros satánicos de toda clase con la ayuda de unos mozos dispuestos para ello, sin que me ayudase Satanás. Para eso sólo hace falta la voluntad malvada de cualquier hombre codicioso.

30. Satanás, de una vez para siempre, no puede conseguir nada — excepto destruir la carne que de por sí no tiene valor alguno y, una vez que esté putrefacta, ¡que se la lleve como recompensa maloliente! Pero con el alma y el espíritu no es capaz de realizar milagro alguno, porque su propia naturaleza no es sino materia que se encuentra en el juicio más profundo. Sí que con Satanás puedes volverte todavía más materialista, sin embargo, nunca ganarás en espiritualidad. — Bueno, sigue hablando, si puedes citar algunos milagros satánicos más».

31. «Si todo es así», dijo Ribar, muy humillado, «entonces no sé más que decir y aceptaré este milagro verdadero que el joven y afable discípulo del gran Maestro ha llevado acabo. — Por otro lado, podrías haber hablado conmigo de manera algo más amable y te habría comprendido igual».

32. «Sí, tienes razón», respondió Suetal. «Pero ya sabes que me irrito siempre mucho cuando una persona, especialmente de cierta cultura, me viene con los cuentos de Belcebú, como si los hombres del mundo no fueran ya suficientemente belcebúes. Y en particular, en una ocasión tan puramente divina como esta, en efecto, de tanta rabia podría salirme de mis casillas».

33. «Bueno, bueno, tranquilízate», dijo Ribar. «“In medio beati22”, dicen los romanos; es decir: “No proceder demasiado impetuosamente ni demasiado tibiamente” es la base de toda sabiduría y prudencia de la vida. La verdad se entiende al final también sin utilizar esos insultos, ¿comprendes hermano?».

34. «Sí, naturalmente», dijo Suetal. «Pero en el calor de la disputa no se sopesan las palabras con las que uno tiene que reprender a alguien que no deja de poner reparos de los más estúpidos. Puesto que estás reconociendo ya cada vez más la Verdad, no oirás de mí tampoco ninguna de esas expresiones más».

35. «Bueno, ¿habéis llegado a un entendimiento?», pregunté Yo.

36. «Sí, totalmente», respondieron los dos.

Capítulo 53. Los rasgos esenciales de la Enseñanza de Jesús

1. Entonces me dirigí a Ribar: «¿Cuál es ahora tu opinión sobre lo que has visto aquí?».

2. «Con Suetal», respondió, «he llegado ya a un acuerdo y confieso que el sabio Matael tiene razón en todas las cosas. Como la prueba está hecha, no hace falta nada más. Ya no tengo que creer solamente sino que lo he visto con mis propios ojos, y ahora quisiera conocer al mismo gran Maestro».

3. «Sí, esto me gustaría también a mí», dijo Suetal, «si fuese tan fácil; aunque ya no tengo mucho empeño en ello, porque lo que he visto aquí me basta para toda la vida. No es posible que Él sea más que Dios, pero según lo que hemos visto tampoco va a ser menos. Esto me basta; no obstante, me gustaría escuchar más de su nueva Enseñanza».

4. «También en este sentido Matael os ha indicado ya varios aspectos», le dije Yo. «Por lo demás, su enseñanza se puede resumir brevemente en que hay que amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo.

5. Amar a Dios sobre todas las cosas significa: reconocer a Dios y su Voluntad manifestada, obrar luego según ella por amor verdadero para con Dios al que se ha reconocido, y comportarse con todos los semejantes conforme al amor de Dios, tal como cualquier hombre razonable se comporta consigo mismo. Sobra decir que se habla aquí del amor puro y altruista en su máximo grado posible, tanto para con Dios como para con cada prójimo.

6. Así como todo lo bueno debe ser amado porque es bueno, así Dios también quiere ser amado porque únicamente Él es bueno y verdadero en su máximo grado.

7. Y debes amar a tu prójimo por la sencilla razón de que como tú es imagen y semejanza de Dios y lleva en sí, igual que tú, el Espíritu divino.

8. Ves, esto es la parte esencial de su enseñanza y es fácil de poner en práctica, mucho más fácil que los miles de leyes del Templo que en la mayoría de los casos sirven sólo para el beneficio de los mismos templarios.

9. Al observar y poner en práctica esta nueva enseñanza, el espíritu al principio muy aprisionado en el hombre, se va liberando más y más, crece y penetra finalmente íntegro en el hombre, integrando de esta manera todo en su propia vida — una vida que es de Dios y que durará por lo tanto eternamente con la bienaventuranza más sublime.

10. Cada hombre que de esta forma renazca en el espíritu nunca verá ni sentirá la muerte, y el desprenderse de su carne será la mayor delicia para él.

11. Porque el espíritu del hombre, totalmente uno con su alma, es igual que un hombre que se halla en una prisión obscura por cuyo tragaluz angosto puede mirar los bellísimos paisajes de la Tierra y cómo hombres totalmente libres se divierten en actividades útiles, mientras él debe languidecer todavía en el calabozo. Cómo se alegrará cuando venga el carcelero, abra la puerta, le libre de sus cadenas y le diga: “Amigo, ahora estás libre de todo castigo. ¡Ve y goza de plena libertad!”.

12. El espíritu del hombre es así mismo parecido al embrión de un pajarillo en el huevo; si ha madurado por el calor de la incubación dentro de la envoltura dura, entonces la rompe, la atraviesa y se alegra de su vida libre.

13. Pero esto el hombre no lo puede obtener sino observando exacta y sinceramente la enseñanza que el Salvador de Nazaret ha anunciado ahora a los hombres.

14. Al renacer más y más en el espíritu, el hombre también recibe otras aptitudes perfeccionadas de las que el hombre carnal, materialista, no puede hacerse idea alguna.

15. El espíritu perfeccionado de esta manera es entonces una fuerza autónoma en el hombre, similar a la divina. Lo que ella quiere, sucederá y ha de suceder, porque fuera de la fuerza vital del espíritu no existen otra fuerza ni poder en toda la infinitud de Dios.

16. Porque sólo la verdadera Vida es Señor y Creador, Conservador, Legislador y Guía de todas las criaturas, y por ello todas las cosas han de obedecer al Poder del Espíritu divino, único eterno y vivo.

17. Una pequeña demostración de ello acabas de ver con el discípulo, de modo que me puedas creer de momento. La comprensión del cómo y por qué te llegará sólo cuando hayas alcanzado la libertad de la vida interior de tu espíritu.

18. Matael ya te ha demostrado suficientemente a qué comprensión puede llegar un espíritu que ha renacido tan sólo en parte. De modo que ya tienes a mano las pruebas fehacientes, por lo que puedes orientar tu vida conforme a ello con toda confianza. — ¿Estás satisfecho con estas explicaciones?».

19. «Amigo, más satisfecho aún que con las explicaciones del tremendamente sabio Matael», respondió Suetal. «Lo que me acabas de decir es tan sabio o más que lo que he oído de boca de Matael; sin embargo, Matael me infunde miedo con sus palabras, porque no se ve ni un principio ni un fin. Tú, por el contrario, me has aclarado el asunto con palabras muy sencillas, de modo que sé ahora claramente lo que debo hacer y lo que voy a conseguir con ello. Estoy, por lo tanto, totalmente satisfecho y no me queda ninguna otra pregunta».

Capítulo 54. Otro milagro por deseo de Ribar

1. «Bueno pues», insistí Yo, «pero dime ahora sin disimulo si deseas conocer personalmente al gran Maestro de Nazaret. Si quieres, te lo puedo presentar».

2. «Hablando sinceramente», respondió Suetal, «este hombre con la plenitud del Espíritu divino en Él está tan elevado por encima de todo y de todos, que siento un gran temor sólo de verle de lejos, sin hablar de entrar en un contacto directo con Él. Por eso prefiero no conocerle personalmente. Mira, tan sólo la cercanía de este su joven discípulo me hace sentir vergüenza. De manera que, sinceramente hablando, me gustaría que se fuera otra vez a juntar con su gente. Ya nos ha hecho la demostración, y esto basta. Seguramente tampoco se dignaría realizar otra, lo que sería también innecesario. Porque, el que no se convence con la primera, tampoco le convencerán miles de otros milagros. Nosotros no le podemos compensar por ello, puesto que no poseemos nada. Por eso, querido amigo, dile que vuelva a juntarse con la gente de su misma condición».

3. «¿A qué viene eso?», dije Yo. «Él es libre y puede hacer lo que desee. Él se irá cuando no tenga nada más que hacer aquí. Tú estás ahora totalmente satisfecho, sin embargo, tus compañeros no, ni siquiera Ribar que estuvo de acuerdo contigo. Todavía está dando vueltas al primer milagro y no está a gusto. Como nos queda aún tiempo, podríamos pedirle que hiciera un milagro más para nosotros».

4. «Esto estaría bien», intervino Suetal. «Porque también a mí me gustaría ver algo más de él. Pero no sabemos si esto le agradará a su santo y sublime Maestro, porque no siempre les gusta a los maestros cuando sus alumnos se dan demasiado tono».

5. «No te preocupes por eso», le dije, «porque todo esto va de mi cuenta y llevaré la responsabilidad por ello, cuando en su día me lo exijan. No obstante, habrá que preguntar a Ribar y a sus compañeros qué clase de señal desean. Si no, alguno de ellos podría decir que se había preparado y apalabrado el milagro de antemano. Pero cuando ellos mismos lo determinen, no habrá posibilidad de prepararlo anteriormente. — ¿Estás conforme con ello?».

6. «Esto está pensado con la sabiduría de Salomón», constató Suetal, «y es lógico que esté totalmente de acuerdo».

7. «Pues bien, vamos a preguntar a Ribar», le dije. Dirigiéndome a éste: «Dinos, Ribar, ¿en qué ha de consistir el milagro que debe realizar ahora el discípulo?».

8. «Amigo, si quieres realizar otro milagro», dijo Ribar, «que se convierta la piedra que tengo en mis manos en uno de los mejores peces de pura raza que frecuentan este mar».

9. Entonces, para cumplir con las formalidades, pregunté a Rafael: «¿Serás capaz de resolver esta tarea?».

10. «Lo intentaremos», respondió Rafael. «Pero que el solicitante se mantenga firmemente sobre el suelo y se sujete bien, si no el pez le tirará. Los peces más nobles que se encuentran en estas aguas son tan pesados y fuertes que un solo hombre no es capaz de dominarlos. Por eso, en cuanto Ribar esté bien sujeto, habrá en lugar de la piedra que pesa apenas diez libras un pez con ochenta libras de peso».

11. «Oh, no te preocupes por eso», contestó Ribar. «Yo soy un poco como un Sansón y ya he aguantado peces de cien libras de peso. Bueno, ya estoy bien sujeto».

12. «¡Sea pues lo que has pedido!», dijo Rafael. Apenas Rafael hubo pronunciado estas palabras, Ribar tuvo un pez gigante de más de ochenta libras en sus manos pegando un salto repentino tan violento que —del gran susto y enorme asombro para los presentes— tiró a Ribar al suelo. Y como el pez fue dando vehementes saltos y fuertes golpes con su cola, los espectadores huyeron hacia todos los lados y a Ribar, que se había levantado entretanto del suelo, ya se le quitó la gana de tocar al pez. Un hijo de Marco que se encontraba cerca, vino corriendo con una red manual que echó sobre el pez que se movía violentamente. Lo envolvió en la red y lo llevó a un estanque lleno de agua.

13. Tan pronto como el pez se encontró en su elemento, se tranquilizó y todos se acercaron al estanque para admirar al gran animal. Ribar constató: «Reconozco que he sido vencido a pesar de todos mis inútiles conocimientos. Creo ahora firmemente en todo lo que he oído del gran Maestro. Aquí acaba toda la sapiencia de los hombres y la Gloria de Dios se manifiesta de una manera palpable y verdadera. Matael tiene razón en todo lo que dice, igualmente el amigo, a cuya bondad hemos de agradecer los dos milagros extraordinarios. Por lo tanto, ¡grande es Dios y que su maravilloso nombre sea alabado eternamente por haber dado tal poder también a los hombres de este mundo! Aunque nosotros seamos indignos de ver estos auténticos milagros divinos con nuestros ojos pecaminosos, Dios mismo nos ha hecho merecedores de ello. ¡Alabado sea su maravilloso nombre eternamente!».

Capítulo 55. La diferencia entre los milagros de Rafael y los de los magos

1. «¡Amén!», añadió Suetal. «Esto digo yo también, porque ningún mortal ha visto algo semejante. Bien es cierto que los magos en los tiempos del faraón han convertido unos palos lanzados al suelo en unas serpientes. Pero nosotros no estuvimos presentes para verlo. Y aunque lo hubiésemos visto, lo habríamos comparado seguramente con aquel truco que vimos una vez en Damasco, dónde un mago persa lanzó muy hábilmente un palo sobre una extensa superficie de arena movediza. En el momento en que el palo se hundió en la arena, de manera que ya no se pudo ver, saltó de allí de repente un ratón o una rata, dándose corriendo a la fuga. El mago había avisado antes de que iba a convertir los palos tirados en la arena en unas ratas y ratones. Pero yo examiné después la arena y encontré allí los palos intactos. Pero también descubrí claramente el método con el que había mantenido un número de ratones y ratas dentro de la arena: Fue por medio de unos cebos —los más preferidos por dichos animalitos— que había colocado en unos hoyos dentro de la arena y con los que los animales se estuvieron entreteniendo hasta que les sorprendió y asustó el palo lanzado, obligándolos a salir corriendo.

2. La gente ingenua demostró al mago persa una veneración casi divina y le llenó sus sacos de las más diversas cosas preciosas. Cuando quise convencer del fraude a algunas personas algo más cuerdas, me llamaron hereje y tuve el tiempo justo para quitarme de en medio. Llegué a convencerme de que primero, esta clase de magos son unos tipos astutos que, aprovechándose de sus eventuales conocimientos y experiencias en el ámbito de la naturaleza, abusan de la necedad e ignorancia de la gente, y segundo, que es imposible convencer a las personas empedernidas en su opinión aun con la mejor voluntad de un sabio amigo de los hombres.

3. Probablemente todos los así llamados milagros de los sacerdotes y magos en Egipto y Persia, que la gente elogia tanto, así como también los de los esenios serán de la misma índole.

4. Estos dos milagros, sin embargo, que el discípulo del gran Maestro ha realizado aquí, y las maravillosas curaciones de las que hemos oído y que ha llevado a cabo el gran Sanador, superan en mucho todos los fraudes mágicos como el Sol supera con su clara, pura luz cualquier llamarada engañosa sobre un pantano. Ante estos dos milagros capitula cualquier sapiencia humana; no sirve pensar o escudriñar sobre ello. Aquí obra el Poder todopoderoso de Dios para el que no hay nada imposible.

5. Pero a nosotros nos queda la enseñanza de que debemos poner en práctica más vivamente lo que nos ha ilustrado el gran Sanador, porque —como me parece ahora— se debe estar cumpliendo en nuestro tiempo una antigua promesa de Jehová».

6. Aunque los doce hombres todavía no me habían reconocido, pregunté a Suetal: «¿Eres también de la misma opinión?».

7. «Amigo», respondió Suetal, «mi opinión se ha vuelto certeza, por lo menos en mí. Tengo para ello un motivo muy seguro: Dios es demasiado bueno y sabio para dotar a un hombre con tanto Poder y llenarle de su Espíritu todopoderoso sólo para que cure los cuerpos de algunos enfermos y convierta las piedras en pan y peces. Con un hombre así, que supera en mucho a Moisés y a todos los demás profetas, tal como el Sol está luciendo solo en el cielo, Dios debe tener otro propósito mucho más elevado, todavía desconocido por nosotros. Para demostrar toda clase de pequeñas señales ante los ojos curiosos, sedientos de sensación de la masa de gente necia, Dios no ha enviado un hombre divino, como del que hablamos. Amigo mío, estoy inclinado y casi convencido de ver en Él al gran Mesías de los Judíos, profetizado por todos los patriarcas y profetas anteriores.

8. Pero si no fuese así, entonces no sé a quién hemos de esperar todavía que sea capaz de realizar obras más grandes y más dignas de Dios. — ¿Cuál es tu opinión, querido amigo, suponiendo que, a pesar de ser griego, estés familiarizado con las escrituras de los judíos?».

9. «Sí, soy de la misma opinión que tú», le respondí, «porque estoy muy familiarizado con las escrituras de los judíos. Pero ahora me gustaría saber de tus compañeros qué es lo que piensan sobre nuestra fundada opinión. Ribar es quizá el portavoz de todos ellos; vamos a preguntarle, y a ver qué es lo que nos dice al respecto. ¡Pregúntale tú!».

10. «Vamos a preguntarle inmediatamente», dijo Suetal, «porque ya ha tenido tiempo suficiente para hartarse admirando a su pez».

Capítulo 56. Suetal y Ribar opinan sobre Jesús

1. Acto seguido, Suetal se dirigió a Ribar y le dijo, tirándole de la manga: «Eh, Ribar, aquí se trata de un asunto muy importante, sobre todo para nosotros los judíos. Teniendo en cuenta que conoces las escrituras, según mi entender, algo mejor que un judío laico, quizás nos pudieras dar algunas aclaraciones importantes de este asunto. Tenemos conocimiento de todas las grandes profecías, desde Adán hasta casi nuestros tiempos según las cuales —que no se han sacado de la manga— estamos esperando la Venida de un Mesías que ha de liberarnos —especialmente a los judíos como el antiguo pueblo de Dios— de todos los males físicos y espirituales. Bien, las obras del famoso Sanador las hemos visto con nuestros propios ojos y hemos oído los relatos de los testigos presenciales en la actualidad sobre todo lo que Él ha hecho y hace. Me pregunto si Dios mismo, si bajara de los Cielos a la Tierra, haría cosas más milagrosas que precisamente este Sanador de Nazaret. Tengo que decir que ¡no!

2. Hace aproximadamente tres semanas nos enseñaron, como una cosa extraordinaria, una casa —que pertenece también a un sanador, que, habiendo sido una verdadera ruina, el Nazareno la había reconstruido en pocos momentos sólo mediante su Voluntad.

3. También nos contaron de un comerciante en las proximidades de Sicar, cuya casa había sido ampliada y decorada de un modo similar.

4. Por otro lado, conocemos también las historias sobre las curaciones que hubo en Genesaret. Todos hemos visto y hablado personalmente con el hermano curado de nuestro compañero que vive en la región montañosa cerca de Genesaret. Y ayer estuvimos —por así decirlo— presentes cuando se curaron milagrosamente los cinco posesos que nos habían acompañado. La increíble sabiduría de Matael, el que está conversando con Julio, el capitán, y otro romano distinguido, es más que una prueba fehaciente.

5. A todo esto hemos de añadir los dos milagros recientes, realizados, digamos, por un discípulo. Yo pregunto: ¿No nos da todo esto el derecho de suponer que el gran Sanador de Nazaret es precisamente el Mesías prometido? — ¿Qué piensas tú de esto?».

6. «Sí, sí», respondió Ribar, «puedes tener razón. Sabes, para mis adentros también he estado pensando algo así. Pero aquí hay un punto doblemente delicado, tanto frente al Templo como frente a los romanos a los cuales un auténtico Mesías de los judíos —como se ha prometido— seguramente no les agradaría en absoluto. El Templo ha fijado la llegada del Mesías, según sus cálculos cabalísticos (esotéricos) y por razones muy concretos, por lo menos en varios siglos más tarde. Ahora que le va muy bien, no le haría falta para nada la llegada de un Mesías. Los romanos, por el contrario, preferirán obviamente tenerle a su lado que verle al lado de los judíos.

7. Por eso mi opinión es que cada uno crea lo que quiera sobre el Mesías prometido; pero que no pronuncie su creencia públicamente hasta que el asunto no se haya hecho evidente. Ahora mismo uno se podría causar con su creencia bastantes problemas, visto tanto de un lado como de otro. Por lo demás tengo que decir que no estás equivocado con tu opinión y tus razones que se parecen en mucho a las mías y a mis ideas más íntimas. Pero, queridos amigos, para salvaguardarnos es mejor que este asunto quede de momento entre nosotros.

8. Pero, tú, hermano Suetal, observa muy detenidamente al joven discípulo de los milagros. ¿Qué está tramando ahora mismo? Por un lado, no vuelve a unirse con su grupo, y por otro nos está mirando con una sonrisa bastante pícara como si fuéramos unos retrasados mentales. ¿Qué estará tramando? ¡Ahora incluso vuelve la cabeza hacia atrás y se está riendo a solas! Si este muchacho no fuese tan terriblemente poderoso, le pediría cuentas. Pero con una persona así no se puede hacer nada; para él sería una diversión convertirnos en un burro, ¿y qué papel haríamos?».

9. A esto, Rafael se dio la vuelta y se rió abiertamente, colocando al mismo tiempo —con mi permiso— un burro bien sano al lado de Ribar, y dijo: «Ves, ¡un burro así como el que está a tu lado!».

10. Ribar, al volverse, se asustó tremendamente y dijo al cabo de su enorme asombro: «¡Oh, oh! ¿Qué es esto? ¿De dónde viene de repente este burro tan bien hecho?».

11. «Del mismo sitio de dónde ha venido también el pez», respondió Rafael. «Pero te pregunto, ¿por qué os resulto molesto? ¿Os he hecho acaso algo malo?».

12. «Querido y hermoso joven amigo», dijo Ribar. «Mira, eres demasiado poderoso para nosotros y al mismo tiempo tan pícaro. Por eso te tenemos mucho respeto y tu cercanía nos da miedo. Pero ya que estás aquí y no quieres volver con tu grupo, acércate y descríbenos por lo menos el aspecto del gran Maestro divino de Nazaret, porque los increíbles milagros que has realizado ante nosotros no satisfacen a nuestras almas. No hay duda de que sabes hablar igual de hábilmente como has realizado las divinas obras milagrosas. Entonces abre tu boca y dinos cómo es el aspecto externo de su figura».

13. «Si tuviese el permiso», respondió Rafael, «lo haría con mucho gusto. Pero con todo mi gran poder que recibí del Maestro eterno de todas las cosas, no debo hablar antes de tiempo.

14. Antes —y sobre todo tú — estuvisteis molestos, porque me reía un poco de vosotros. Pero os aseguro que no fue por una picardía como de un pillo. Hay muchas situaciones entre los mortales, especialmente con aquellos que deambulan todavía entre dos luces — una situación en que un espíritu iluminado como yo, no puede contener la risa. Por ejemplo, yo me divierto siempre cuando algunas personas que se creen ya muy sabias y razonables están juntas en un bosque y no ven ni reconocen el bosque de tantos árboles. Sí, amigos, en estos casos no tengo otro remedio que reírme».

15. Ribar con gran asombro preguntó: «¿Acaso nosotros también estamos en un bosque y no lo vemos de tantos árboles?».

16. «Materialmente no, pero espiritualmente sí. Por eso tenía que reírme», dijo Rafael. «Decidme, ¿por qué temáis tanto conocer al gran Maestro de Nazaret?».

17. «Mira, querido discípulo sabio del gran Maestro», intervino Suetal, «ya hemos hablado abiertamente con este amigo que te ha llamado aquí, diciéndole la razón por la cual preferimos no conocerle personalmente. Y con este deseo, que no es tonto, nos quedamos.

18. Tú sólo eres ya demasiado sublime para nosotros pobres pecadores, y no tenemos ni la más mínima idea de tu gran sabiduría y ciencia, por lo que tu compañía nos compromete tremendamente. Pero ¿qué eres tú en comparación con tu Maestro? Cuando tú, siendo sólo un joven discípulo del gran Maestro, eres capaz de realizar tales milagros increíbles, ¡cuánto más le será posible a tu Maestro! Siendo tu cercanía ya tan inquietante para nosotros, ¡cuánto más lo será con el gran Maestro! ¡No lo soportaríamos! Por eso mantenemos no conocerle de momento personalmente.

19. Sólo su Enseñanza cuyas características ya hemos escuchado del amigo que está aquí sería provechosa para nosotros. Y con esta hemos quedado satisfechos de momento. Cuando nos hayamos perfeccionado algo más mediante la puesta en práctica de su Enseñanza divina, será la dicha más grande para nosotros llegar a conocer al gran Maestro personalmente. — En cuanto al burro que has traído aquí con tu magia, regálaselo al hostelero, puesto que no tenemos nada con que pagarle sus atenciones».

20. «Bueno pues, regaladle vosotros el burro y el pescado», dijo Rafael, «porque estos animales fueron creados para vosotros».

Capítulo 57. El Señor promete a los dos indicarles al Sanador

1. En este momento llegó Marco para avisarles que la comida estaba preparada y que todos se dirigieran a la mesa.

2. «Escucha, buen amigo», dijo Suetal a Marco, «nosotros doce somos totalmente pobres y no tenemos nada con qué pagar la consumición. Pero mira, este joven discípulo del gran Maestro de Nazaret, que se encuentra ahora en tu casa, ha creado gracias a su poder milagroso un magnífico pez de casi cien libras de peso y este burro. Acepta estos dos animales como pago de lo que te debemos, porque ¿qué podríamos nosotros hacer con estos animales? Por otro lado, ya hemos comprendido lo que nos quieren decir como símbolos para nuestra reprimenda. Porque —según nuestros conocimientos— los peces y los burros nunca se emplearon como símbolos de la sabiduría sino siempre de la estupidez. Por eso te rogamos que recibas a estos animales —que también valen algo— como pago de la deuda que tenemos contigo».

3. «Lo voy a hacer con gusto», respondió Marco, «aunque vosotros no me debéis nada. Porque todo lo que habéis consumido aquí y vais a consumir todavía, está pagado ya más que cien veces. — Pero ahora, ¡id a ocupar una mesa, porque pronto se servirá la comida!».

4. «Amigo, dinos ¿quién ha pagado tan generosamente por adelantado nuestra consumición para que podamos darle las gracias?».

5. «No me está permitido decirlo», respondió Suetal. «Por eso os debe bastar lo que os acabo de decir». — Acto seguido, Marco se alejó y, siguiendo mi indicación, cogió el burro y lo llevó a uno de sus hijos para que le diera de comer entre tanto.

6. Cuando Marco se había ido, me dijo Suetal: «Amigo, este anciano es un hombre verdaderamente noble, ¿no es cierto? Hombres tan honestos como él habrá muy pocos en este mundo. Pero, ¿quién crees tú que ha pagado tan generosamente la consumición?».

7. «¿Quién si no el gran Maestro de Nazaret?», le dije Yo. «Porque Él no pide nada gratis. A aquel que le da una cosa, se lo paga diez veces más; quien le da diez, se lo paga cien veces más».

8. «Sí, pero no le hemos dado nada, ni una ni diez veces, y Él nos ha pagado ya mil veces por ello».

9. «Este Maestro también es omnisciente, sabe de todas las cosas, y sabe que vais a hacer todavía algo por Él; por eso os está pagando por adelantado», le dije Yo.

10. «Esto lo aceptamos con gusto y recompensaremos su Bondad con toda nuestra entrega y diligencia, tan pronto como sepamos cuál es el servicio que quiere de nosotros».

11. «Entonces al final será necesario que le conozcáis personalmente, ¿o no? ¿Quizá os convoque para que seáis sus discípulos?», le respondí.

12. «Oye, ¡eso sería estupendo!», dijo Suetal a Ribar. «¿Quizá podríamos llegar a ser capaces de hacer esas cosas maravillosas como este hermoso muchacho aquí? Verdaderamente, con estas perspectivas sí que me gustaría conocerle personalmente, si fuese posible».

13. «Yo también», dijo Ribar, «y quizás todos nosotros. Pero el primer roce con Él será probablemente más brusco que con el pez comprometedor».

14. «¿Quién sabe?», dijo Suetal. «El aprendiz del herrero golpea muchas veces mucho más fuerte sobre el yunque que el herrero mismo, para demostrar que sabe llevar bien el martillo. Si se diera una buena ocasión durante la comida, este buen amigo griego podría enfocar nuestra atención sobre él con una señal».

15. «Oh, sí, os puedo hacer este favor», dije Yo. «Pero en cuanto le hayáis reconocido, debéis permanecer tranquilos y en silencio, sin armar alboroto, porque esto le disgusta. Él mira solamente el corazón y se contenta cuando se le ofrece un homenaje vivo, interior».

16. «Oh, sí, esto lo podemos hacer», respondió Suetal, «porque es mucho más adecuado y sabio. Por lo tanto, querido amigo, haz el favor e indícanosle en un momento propicio durante la comida».

17. «Bueno pues, esto se hará así», le respondí. «Pero ahora la comida ya está servida. Vayamos a sentarnos en cualquiera de las primeras mesas. Mirad, allí debajo del gran tilo hay dos mesas. Yo, en atención a los distinguidos romanos, tomaré asiento en la mesa larga; vosotros podéis ocupar la que está al lado y así podremos conversar y entendernos fácilmente».

18. «Sí, esto será lo mejor», afirmó Suetal. «Ya estoy enormemente ansioso de conocer personalmente al gran hombre, al verdadero Mesías de los judíos».

19. «Bien, vayamos a sentarnos pues», le dije. — Entonces fui delante y los doce me siguieron. Rafael se puso al lado de Suetal lo que a este no le agradó en absoluto. Por eso le preguntó si iba a sentarse junto con ellos en su mesa.

20. Rafael, con la mayor amabilidad del mundo, le contestó afirmativamente, lo que no le gustó mucho a Suetal, porque todavía tenía demasiado respeto ante el poder del ángel. Pero como Rafael le estaba hablando muy amablemente, empezó a tener confianza y al final su presencia ya no le cohibió.

Capítulo 58. Rafael un valiente comedor de pescado

1. Todos se sentaron ya en las mesas cuyo número había aumentado a cuatro, gracias a la diligencia de Marco y de sus dos hijos experimentados en carpintería. Porque Marco, de la construcción de sus barcas de pesca, tenía grandes cantidades de tablas de madera de roble que Rafael todavía había aumentado, siguiendo mi indicación, en un momento desapercibido para los demás. De esta manera, a Marco le fue fácil fabricar más mesas y bancos en su jardín lleno de árboles.

2. Rafael tomó asiento entre Suetal y Ribar. En mi mesa nos sentamos en el orden del día anterior, así como también Matael con sus cuatro compañeros, tomando asiento entre Julio y Cirenio. A mi derecha se sentó otra vez Yara, a su lado Josoé, a continuación Ebalo y luego mis discípulos, es decir, los apóstoles.

3. Las demás mesas fueron ocupadas por los hombres del séquito de Cirenio y Julio. Los treinta jóvenes fariseos, presididos por su portavoz Ebran, habían ocupado una larga mesa detrás de Mí, de manera que todos tenían la posibilidad de ver mi mesa así como la pequeña de los doce.

4. Se había servido gran cantidad de pescado, sabrosamente preparado, y había pan y vino en abundancia. Cuando empezamos a comer, los doce no terminaron de elogiar el pescado y se sirvieron sin escrúpulos. Pero el que más comió fue Rafael que incluso se tragó literalmente un pescado tras otro, lo que a Suetal le llamó mucho la atención y no sabía cómo explicárselo.

5. Pero cuando Rafael puso el último pescado en su plato, le partió en trocitos y los metió uno tras otro con cierta prisa en su boca, eso, para Suetal y Ribar, ¡pasó de castaño oscuro! Pero Suetal se aguantó y dijo muy educadamente a Rafael: «Oh, querido joven amigo, ¡qué estómago tan enorme debes tener para que quepa en él tanta cantidad de pescado y pan! En nuestra fuente había seguramente unos veinte pescados y, habiendo comido nosotros sólo doce, los otros ocho te lo debes haber tragado tú. ¡Un muchacho tan joven y comer tanto! ¡Esto no puede ser saludable! Bueno, a mí no me importa, Dios el Señor lo bendiga. — ¿Corresponde acaso también a la enseñanza del gran Maestro el comer mucho para obtener la Sabiduría y Omnipotencia?».

6. «¡No del todo!», respondió Rafael sonriendo. «Pero como me gusta mucho y hay suficiente, ¿por qué no voy a comer hasta hartarme? Piensa en el Templo de Jerusalén, ¡cuánto consume diariamente de los sacrificios de la gente en el nombre de Dios! ¿No debería uno figurarse con aún más derecho que Jehová debe ser un verdadero comilón, ante el hecho de que evidentemente a diario devora una gran cantidad de bueyes, vacas, terneros, ovejas, corderos, gallinas, palomas, cabras y pescado, además de muchas hogazas de pan y botas de vino? Y después de tan enorme glotonería, ¡todavía tiene una gran avidez de oro, plata, perlas y piedras preciosas!

7. ¿Te has preguntado alguna vez que si Dios en verdad es tal glotón? No, no lo has hecho, porque sabías que sólo los “siervos de Dios” son esos glotones. ¿Qué son entonces mis ocho pescados frente a los cien bueyes, vacas, terneros y similares? Si los “siervos de Dios” en el Templo se toman impunemente el derecho de consumir tales cantidades en nombre de Dios, ¿por qué iba yo a guardar ayuno, siendo yo más siervo de Dios que los glotones del Templo?».

8. «Sí, sí, tienes razón», respondió Suetal. «Sólo me extrañó tanto el hecho de que tú, un muchacho tan delicado, nos has superado en mucho comiendo, sin considerar si a nosotros nos hubiese gustado también comer algo más de este buen pescado».

9. «¿Has visto acaso alguna vez», preguntó Rafael, «que los “siervos de Dios” en el Templo hayan pensado jamás en la gente que ha hecho estas ofrendas, preguntándose si le queda en casa algo de comer? Por el contrario, toman de ellos sin consideración las ofrendas y el diezmo, no importa si después se mueren de hambre. Y pretenden ser “siervos de Dios”, y lo son a los ojos del pueblo ciego. Tú, sin embargo, nunca les has pedido cuentas a estos “siervos de Dios”; ¿por qué te preocupas ahora de mi salud, habiéndote demostrado de hecho que soy un verdadero siervo de Dios?».

10. «Amigo Suetal», intervino Ribar, «parece que no es fácil conversar con este. El joven huele demasiado a “Matael” y es capaz de relatar sin más ni más toda la historia de nuestra vida».

11. «No hables tan bajo», intervino Rafael, «así no te entiendo y Suetal todavía menos».

12. «¡Incluso he hablado demasiado alto!», dijo Ribar.

13. «… y no querías que te entendiera, ¿verdad?», dijo Rafael. «Mira, yo oigo y veo tus pensamientos. ¿Cómo no voy a entender sus palabras? De modo que, sí, el animal que coloqué antes a tu lado, tiene cierto parecido contigo. Pero yo te digo, si no te vuelves tan humilde como ese animal de color gris, no encontrarás nunca la estrecha puerta de la verdadera Sabiduría».

14. «Pero dime, amigo», preguntó Ribar, «¿por qué me has avergonzado tanto ante toda la gente?».

15. Rafael: «¿No te había dicho antes claramente que vuestra alma es todavía tan ciega que no veis el bosque de tantos árboles? Y seguís siendo ciegos… tal vez porque no comisteis suficientes pescados… Pero si queréis más pescado, decidlo, porque habrá seguramente más peces en el lago».

Capítulo 59. Las reprimendas pueden tener consecuencias buenas y malas

1. Otro compañero del grupo de los doce, Bael de nombre, intervino diciendo: «Amigos, dejadme decir también algo. Habitualmente hablo poco y prefiero escuchar en silencio lo que se dice sabiamente. Sin embargo, en vuestras conversaciones se ha escuchado muy poca sabiduría. El joven discípulo tiene razón cuando se está riendo de vosotros, porque yo también digo que no veis el bosque de tantos árboles. Pensad quiénes somos nosotros y quién el gran grupo de personas de aquí, entonces ¡dad gracias a Dios de que vivamos todavía! Nosotros somos pobres gusanos débiles y sin valor, y estas personas son altos dignatarios ante los que todo el mundo tiembla de respeto. Y nosotros pobres gusanos ¡todavía nos atrevemos a intercambiar con ellos palabras de lo más estúpidas! Amigo Suetal, ¿por qué te ha molestado que este muchacho sublime y verdaderamente poderoso haya comido ocho pescados delante de nuestros ojos? ¿No somos acaso aquí huéspedes que comemos gratis y nos hemos saciado? ¿Qué más queremos? Si la naturaleza de este muchacho está constituida de manera que —para saciarse— tiene que comer más que nosotros templarios míseros y hambrientos, no tenemos derecho a pronunciar crítica alguna. Por un lado, no se ha saciado de nuestras provisiones, y por otro, fue de muy mal gusto por vuestra parte el pedirle cuentas. Por favor, ¡sed más prudentes! A este discípulo le obedecen —como así decirlo— todos los elementos, y vosotros estáis hablando con él como si fuese de vuestra especie. ¡Oh, vosotros que sois unos burros estúpidos! Él se merece toda nuestra veneración más que los antiguos profetas a causa del Espíritu divino que actúa a través de él, y vosotros le tratáis como de igual a igual. Cuando tuvisteis que presentaros en el Templo delante del sumo sacerdote, estuvisteis temblando de profundo respeto; aquí tenéis delante de vosotros en una sola persona miles de veces más sumos sacerdotes, y vosotros os comportáis como auténticos mentecatos. ¡Qué vergüenza! Callaos, escuchad y aprended primero, y después podéis hablar con personas que sean menos necios que vosotros. Pero haced el favor de dejar al joven divino en paz, de lo contrario tendré que tomar medidas más drásticas en nombre de todos los hermanos aquí presentes».

2. «Has hablado bastante bien, querido Bael», dijo Rafael, «no obstante, reprimendas tan duras nunca son muy adecuadas, porque en el fondo no demuestran amor sino una soberbia oculta. Al reprimir tan bruscamente a tus hermanos, te montas en ira, te irritas hasta la furia y no consigues nada bueno con ello. Sabes que entre espinas y cardos no pueden crecer ni uvas ni higos y de un lugar donde hubo un incendio, no crece hierba alguna durante mucho tiempo.

3. Si quieres conducir a tu hermano, no debes agarrarle bruscamente del brazo como un león sujeta a su presa, sino como una gallina guiando a sus pollitos. Cuando trates así a tus hermanos, Dios te considerará por haber actuado según el Orden de los Cielos.

4. Intenta actuar primero con la fuerza y poder del amor para ver lo que este puede y hasta dónde llega. Si se demuestra que con la bondad se consigue poco o nada, sólo entonces envuelve el amor con el manto de la seriedad y, con profundo amor, conduce a tu hermano con una mano firme hasta haberle llevado al buen camino. Una vez en éste, descúbrele tu amor y el hermano te será un amigo sumamente agradecido para siempre. Esto es mucho mejor, porque está en el Orden de Dios eternamente».

5. Bael se quedó estupefacto ante esta reprimenda, y Suetal y Ribar apretaron las manos de Rafael llenos de satisfacción, porque les agradó mucho haber encontrado en el joven discípulo un defensor de los derechos humanos.

6. El joven discípulo, no obstante, les dijo: «Amigos, el agradecimiento por un buen servicio es bueno cuando tiene un motivo justificado; pero cuando el motivo no es totalmente bueno, es decir, más bien malo que bueno, entonces todo el agradecimiento por efusivo que sea no es mejor que el motivo mismo».

7. Suetal y Ribar se quedaron sumamente asombrados de este comentario y Suetal preguntó a Rafael: «Querido joven amigo, dinos ¿qué significan tus palabras? Parece que no estás contento con nuestro agradecimiento».

8. «Mirad, cuando un hombre vive según el Orden divino, todo tiene que ser finalmente de acuerdo con el Orden perfecto de Dios. El amor puro como fundamento de toda Vida, tanto en Dios como en el hombre, ha de manifestarse en cada acción. Ahora estáis agradecidos porque he reprendido a Bael por haber basado su reprimenda hacia vosotros no sobre el amor sino sobre el enfado que es un hijo de la ira y de la venganza. Bael había herido obviamente vuestro ánimo y ha encendido en vuestro corazón el enfado. Al mismo tiempo tuvisteis el deseo de que se reprendiera a Bael seriamente. Pero ved, tal deseo es a su vez un hijito de la gana de venganza que procede únicamente del infierno. En este caso me he adelantado a vuestro deseo y he mostrado al hermano lo nefasto de su reprimenda, mientras que vosotros os alegrabais y me queríais dar las gracias por ello.

9. Sin embargo, vuestra alegría no se había producido por haber indicado al hermano Bael el camino correcto al Orden divino sino porque le he dado según vuestra opinión una seria reprobación. Ésta sació un poco vuestras ganas vengativas y os dio otro motivo para seguir reprochándole su error y justificándoos a vosotros mismos. Como vuestro agradecimiento no estaba basado en el amor, no tenía valor alguno.

10. Sin embargo, si vuestro agradecimiento fuera el fruto de una alegría sincera —que viene del corazón— por el hecho de que un hermano errado pudo volver al camino correcto, entonces también sería un fruto del Orden de los Cielos que se llama Amor, y por tal hecho sería bueno.

11. Al ser llamados por Dios, si queréis ser verdaderos hijos de Él, no importa qué motivo nunca os debe impulsar a actuar si no está basado en todos sus aspectos en el amor puro. No debe haber rastro ni de enfado, ni de gana de venganza ni de alegría por el mal ajeno en vuestro corazón, porque esto es parte del infierno y no de los Cielos.

12. Mirad, si tuvieseis en casa a un hermano gravemente enfermo que está en peligro de muerte por tal enfermedad con lo que perderíais con gran tristeza a un hermano amado, seguro que emplearíais todos los remedios para ayudarle en sus sufrimientos y salvarle de la muerte. Y ¡qué alegría tan grande tendríais, cuando el hermano fuese mejorando de hora en hora gracias a vuestros esfuerzos!

13. Y al sentir tal alegría tan sólo por su mejora física, ¡cuánto más podéis alegraros —siendo todos hijos del mismo Padre bueno en el Cielo— cuando un hermano enfermo en el alma que estuvo casi al borde de la perdición eterna, ha sido curado para entrar en la Vida eterna! — ¿Lo entendéis o no?».

Capítulo 60. Suetal está demostrando que es un charlatán

1. «Amigo, ¡nadie en el mundo habla como tú!», dijo Suetal. «Seguramente eres un ser sublime procedente de los Cielos de Dios. ¿Acaso el gran Sanador de Nazaret tú mismo?».

2. «¡Oh, no! ¡Para nada!», le contradijo Rafael. «Soy totalmente indigno de soltarle a Él los cordones de los zapatos. Bien es cierto que provengo espiritualmente de arriba, pero físicamente soy sólo este que veis aquí y habéis conocido».

3. «Bueno pues, como nosotros y los demás comensales ya hemos terminado de comer», insistió Suetal, «me gustaría conocer ahora al Maestro celestial para ofrecerle mi veneración más profunda».

4. «Todavía no tengo el permiso para ello», dijo Rafael. «En cuanto haya llegado el momento justo, tú y tus hermanos le conoceréis. Sin embargo, todavía hay más de una cosa impura en vuestro corazón. Debéis reconocer y desdeñarlo, expeliéndolo de vuestro corazón de manera que en lo sucesivo no volváis a repetirlo. Sólo entonces seréis dignos de reconocer al gran Maestro plenamente.

5. Pero ahora ¡prestad atención! El amigo que os ha hablado anteriormente, pronunciará ahora —juzgando por sus gestos— una plática; me he dado cuenta de que el prefecto Cirenio que está sentado a su lado, le ha preguntado algo. Porque, cuando los grandes hablan los pequeños deben callar y escuchar. Por eso vamos a callarnos y dejar hablar a nuestros distinguidos vecinos».

6. Pero Suetal insistió otra vez, preguntando a Rafael: «Querido joven amigo, ¿no podrías decirme quién es en verdad el buen amigo que va a hablar ahora?».

7. «No, ahora no», contestó Rafael. «Ahora es preciso callarse y escuchar. Porque cuando él habla sobre no importa qué cosa, es siempre de gran interés escucharle. Por eso, hasta que no haya terminado de hablar, ¡ni una palabra más en voz alta en nuestra mesa!».

8. Con esto, Suetal y también los demás se tranquilizaron, esperando impacientemente el comienzo de mi plática. Sin embargo, no pude empezar hasta que Cirenio no hubo terminado con su importante pregunta sobre el matrimonio, el adulterio, el divorcio y la cohabitación con una virgen soltera.

9. Al cabo de unos minutos de espera en silencio, preguntó Suetal: «¿Cuándo por fin va a empezar?».

10. «¡Pero bueno! ¿Estás acaso ciego y sordo?», preguntó Rafael. «¿No ves que Cirenio no ha terminado todavía con su pregunta? ¿O se puede acaso empezar a hablar y contestar a una pregunta antes de que hayan terminado de exponerla completamente? Ten paciencia, la respuesta no tardará en llegar».

11. De momento, Suetal se quedó tranquilo. Sin embargo, Cirenio empezó a extenderse con diversos comentarios complementarios, impidiéndome dar la respuesta. Como Yara estaba sentado a su lado, Cirenio hablaba con voz baja de manera que nuestros vecinos apenas pudieron entender algo de su pregunta y comenzaron a aburrirse por no escuchar ninguna palabra en voz alta. Y es que los romanos tenían como regla de vida esencial que cuando una persona distinguida tan sólo hacía un gesto para hablar, todos los demás tenían que callarse.

12. Puesto que pasaron otra vez varios minutos sin que Yo pudiese empezar a hablar, dijo Suetal a Rafael: «¡Oye, amigo! Estos dos señores están hablando entre ellos en voz baja y nosotros no sacaremos provecho alguno de esa conversación seguramente muy sabia. Por eso podríamos empezar a hablar nosotros también sobre alguna cosa, lo que quizás les vendría bien a nuestros vecinos. Porque si estos distinguidos señores hablan entre ellos, querrán que la gente sencilla a su lado no les oiga. Por eso creo que no hacemos bien en callarnos y estamos demostrando nuestra mala educación; consecuentemente deberíamos hablar también sobre algo».

13. «¡Vaya, vaya! ¡Qué listo eres!», dijo Rafael. «Pero mira, allí están trayendo a nuestra mesa una segunda ronda de pescado, pan y jarras del mejor vino, porque os habíais quedado con ganas a causa de mi gran apetito».

14. «¡Gracias a Dios!», exclamó Suetal. «Porque estoy notando todavía algún vacío en el estómago. El pescado que me comí antes no era de los más grandes y de pan no hubo mucho en nuestra mesa, de modo que nos viene bien una reposición».

15. A esto, llegó Marco con más comida a aquella mesa y dijo: «Amigos, perdonadme. En esta mesa se sirvió antes algo menos que en las demás. Por eso he mandado preparar una segunda ronda para vosotros, puesto que tengo bastantes provisiones. ¡Que Dios el Señor os lo bendiga!».

16. Acto seguido, todos —excepto el ángel— empezaron a comer con avidez el pescado bien preparado, sin despreciar el pan y el buen vino.

17. Una vez literalmente limpiada la mesa, esta vez sin ayuda del ángel, dijo Suetal: «¡Alabado sea Dios el Señor, el Padre bueno de los ángeles y hombres, todo Honor y Gloria sólo a Él! Por fin me he saciado completamente como no lo he hecho desde hace 6 meses. Ahora sí se puede guardar silencio, esperando pacientemente la plática anunciada del sabio griego que es probablemente uno de los consejeros privados del distinguido gobernador de Celesiria y prefecto de toda Asia. No obstante, hay que decirlo, se hace esperar enormemente.

18. El prefecto está extendiéndose mucho con la exposición de su complicada pregunta y el otro no puede interrumpirle con la respuesta. ¡Esto puede tardar todavía un buen rato! Los treinta jóvenes fariseos y levitas también están en ascuas, deseando escuchar alguna palabra. ¡Pero no pasa nada!

19. La joven doncella, sinceramente dicho, no me desagrada en absoluto, pero parece que está enamorada hasta la médula del griego. No le quita la vista y parece que lee en sus ojos; al joven hijo del prefecto no le hace caso en absoluto aunque esté sentado a su lado, muy bien vestido, y parece que empieza a aburrirse. ¡Oh, ahora están saliendo de la casa cuatro hermosas muchachas! Serán seguramente las hijas del hostelero. ¿Qué querrán hacer?».

20. «Creo, amigo», intervino Rafael, «que eres un tremendo charlatán y no puedes callarte. ¿No ves que las mozas han venido para recoger las fuentes vacías y luego fregarlas para la noche? ¿Eres acaso tan estúpido que no lo entiendes a primera vista? Verdaderamente, todavía vas a tardar mucho hasta que seas un Matael.

21. Intenta una vez, si puedes, callarte y sólo pensar en silencio; es preciso una tranquilidad externa para despertar el espíritu sin la cual este importantísimo acto de la vida nunca puede llegar a cumplirse en realidad».

Capítulo 61. El aleccionamiento de Rafael sobre la introspección en el corazón

1. Prosiguió Rafael: «Mira, en una casa está todo en total desorden, sus habitaciones están llenas de suciedad y basura. Sin embargo, el amo de la casa está siempre ocupado en otros asuntos de afuera y no se toma nunca el tiempo para limpiar y ordenar lo de dentro. Pero dado que tiene que dormir por la noche en ella, respirando el aire viciado, empieza a debilitarse y enferma, por lo que se le hace cada vez más difícil de limpiar su casa y curarse.

2. Mira, así tu corazón también es una casa para tu alma y preferentemente para el espíritu. Pero cuando continuamente dedicas toda tu actividad a asuntos exteriores, ¿cómo piensas que podrás limpiar la casa de tu vida para que tu espíritu pueda crecer en un ambiente saludable para tu alma?

3. Por eso, para el desarrollo de tu alma y de su espíritu, es necesario ante todo la tranquilidad exterior».

4. «Pero Matael dijo», replicó Suetal, «que la vida es una lucha que no se puede alcanzar con el sosiego de la carne. Por lo tanto, Matael y tú decís cosas distintas. ¿Quién de vosotros tiene razón?».

5. «Tanto Matael como yo», respondió Rafael. «Naturalmente, la vida es una lucha, pero no solamente exterior sino sobre todo interior. Finalmente, el hombre del exterior tiene que ser vencido por el interior, de lo contrario este morirá junto con el exterior. Por eso, permite que tu ser interior ponga riendas a tu lengua física para que esta se detenga y que los pensamientos del alma puedan entrar en actividad y de esta manera el alma se pueda volver consciente de la mucha basura e impureza que todavía existen en su vivienda.

6. No te ocupes tanto de los asuntos exteriores, que no tienen valor, porque no importa conocer o ignorar la razón de su existencia. Sin embargo, absorto en la verdadera celebración del sábado de los judíos —el día del Señor—, llegarás a conocer el verdadero fondo de la Vida íntima del alma y del espíritu. Esto es lo que más te debe importar a ti y a cualquier persona.

7. ¿De qué te sirve saber y sentir que existes y vives, sin saber si un momento después todavía seguirás existiendo y sintiendo y que eres realmente tú? ¿De qué te sirven todos los conocimientos y ciencias, si no conoces nada de tu vida como tal, y no tienes la menor noción del porqué de su origen?

8. Si quieres conocer tu interior, debes dirigir tus sentidos hacia dentro, igual que debes dirigir tu vista hacia dónde quieras ver algo. ¿Cómo vas a poder ver la alborada si tus ojos miran hacia el poniente? ¿No te das cuenta de que tú, habiendo sido un rabino, estás todavía tan ciego como un embrión en el seno de la madre con respecto al ámbito de tu propia vida?».

9. «Sí, efectivamente, lo reconozco ahora», respondió Suetal. «Por lo tanto, vamos a callarnos como una estatua de piedra».

Capítulo 62. La sapiencia mundana de Risá

1. A partir de este momento, los comensales de esta mesa se quedaron en silencio. Pero en cambio los treinta jóvenes fariseos y levitas iniciaron una disputa entre ellos, porque su portavoz Ebran, en cierto modo, les había prohibido hablar. Entre ellos se encontró en particular un joven, de nombre Risá, cuyos padres poseían muchos terrenos que deberían pasar a él como único heredero. Ebran le recordó que debiera escuchar ahora preferiblemente las sabias palabras de Matael y especialmente las del Sanador de Nazaret y callar la boca en vez de dar continuamente vueltas a su herencia sin importancia.

2. Risá, sin embargo, contestó a Ebran de una forma muy grosera: «Los pobres diablos siempre se vuelven al final muy piadosos, rehuyéndose a toda clase de sabidurías, porque saben que no pueden esperar mucho del mundo; los grandes y ricos también se vuelven a veces piadosos y sabios para reconducir después más fácilmente a los pobres diablos que se hubieran vuelto violentos, a ser otra vez mansos y pacientes y aguantar después de nuevo la pobreza que les oprimía mucho.

3. El rico va a la sinagoga y reza delante de los ojos del pobre para hacerle ver lo piadoso que se debe ser para obtener la Bendición de Dios; el pobre, a su vez, reza, primero, también para ser bendecido por Dios y, segundo, para que el rico le vea y le dé una limosna. ¿Qué diferencia hay entre los dos? ¡Ninguna! Porque el rico finge ante el pobre y este finge a su vez al rico para conseguir algo de él. Pero a mí no me engaña nadie, ni tampoco un mago milagrero. Porque éstos saben demasiado bien para quién y por qué realizan sus milagros falsos. Cuando son grandes maestros de su arte secreto, convencen naturalmente a grandes y pequeños, dejándolos boquiabiertos. Luego se dejan venerar como seres sublimes y se hacen ricos y poderosos.

4. En resumen, es fácil ser un pintor para los ciegos; se les pinta un oso y se les dice: “Mira, es una atractiva doncella”. Y ellos se lo creen. Pero si alguien realiza delante de mí un milagro, no va a cegar tan fácilmente al perspicaz Risá ni va a tener la posibilidad de ganarse limosna alguna.

5. En el mundo todo es fraude; el que más sabe engañar, es siempre el primero. Pero el que no es tan hábil con sus timos, tampoco llegará lejos en el camino arduo de la suerte.

6. Feliz, sin embargo, es solamente aquel que es desde el principio un propietario rico de numerosos bienes y posee, además, la suficiente perspicacia para que no le hagan creer que un oso pintado es una tierna doncella. Esto es mi sano juicio sobre el mundo y todas sus condiciones sin que un pobre diablo, pero pícaro, me lo haya empañado. Esto ha sido y será siempre así.

7. Pero que me dejen tranquilo con eso de la vida eterna después de la muerte. Lo que queda, nos lo muestra la tumba y cualquier árbol caído por su edad. Lo que proviene de la tierra vuelve a la tierra; aparte de esto no hay nada — excepto la ilusión piadosa por parte de los pobres diablos que los ricos apoyan gustosamente».

8. Ebran, como anteriormente ya se mencionó, se indignó sumamente de tales afirmaciones y dijo a Risá: «Para ti Moisés y todos los grandes y pequeños profetas no son sino estafadores reales o ficticios de la ciega humanidad; ¿el actual Sanador de Nazaret acaso no ocupa para ti ninguna posición mejor?».

9. «Aunque no los considere como estafadores malvados, pero sí como estafadores de una especie algo mejor. Porque todos supieron contar muy bien un cuento chino a los ciegos hombres.

10. En lo que se refiere al Sanador de Nazaret, seguramente ha recibido instrucción para manejar fuerzas secretas, las que utiliza ahora. Y a nosotros como ignorantes nos deja plantados como pasmarotes.

11. No obstante, su doctrina es buena. Porque si todos los hombres tuviesen tal enseñanza y la pusiesen en práctica, al final le iría mejor a todo el mundo. Pero ¿quién va a comunicar esta enseñanza a todos los hombres en la Tierra? En el supuesto de que fuese posible, pregunto ¿con qué impedimentos y problemas invencibles se encontraría este trabajo?

12. Y es que los hombres son mucho más accesibles en cualquier cosa que en los asuntos de sus diferentes religiones y doctrinas divinas.

13. El hombre común es en general más bien animal que humano. Le falta toda inteligencia elevada y no se dejará sacar de sus creencias y de la dulce ilusión a pesar de su falsedad palpable. El hombre algo más inteligente, no obstante, pensará: “Se vive muy bien con las antiguas creencias, ¿para qué algo nuevo de cuyo resultado no se tiene experiencia alguna ni se sabe cómo será la vida según ello?”. Por tal razón semejantes conceptos sirven solamente para unos lugares determinados y es más aconsejable mantenerlos en secreto para que por lo menos algunos hombres de la gran masa mundana puedan disfrutar de su valor benefactor. Una vez que se propaguen por entre el gran público pierden su valor, se hacen ridículos y ya no le interesan a nadie. Digo que, lo que un hombre es capaz de realizar, miles de otros lo pueden imitar si se les instruye adecuadamente.

14. Por lo tanto creo que este Maestro de Nazaret, por lo demás no tan malo, también perderá importancia en cuanto haya instruido sus ciencias secretas a otros hombres, como lo hemos visto precisamente en el caso del hermoso muchacho que ha alcanzado ya una maestría considerable haciendo milagros.

15. Pero cuando un discípulo ya es capaz de realizar estas cosas extraordinarias, ¿qué le queda entonces al Maestro? Si los discípulos pueden mantener ese arte en secreto, es posible crear por lo menos una institución lucrativa. Y si quedan en buenos términos con los poderosos del mundo, estos apoyarán con gusto a tales instituciones que son muy apropiadas, por su extraordinario efecto, para dominar al pueblo mediante magníficas promesas del Más Allá que consisten normalmente en la recompensa o el castigo eterno.

16. Pero en cuanto estas ciencias secretas lleguen a filtrarse al pueblo y la gente llegue a saber la verdad, entonces ¡se acabó todo! Nadie lo tomará ya en serio, se criticará y ridiculizará todo. El valor que anteriormente entusiasmaba a todos se ha perdido para siempre. La gente se pondrá a buscar fenómenos todavía más extraordinarios, pero no encontrará nada mientras se mantenga atenta. Solamente al cabo de siglos, cuando alguna vieja estupidez ha vuelto a ganar terreno, cualquier pícaro aventurero —si se maneja hábilmente— podrá dominar otra vez a la gente ingenua de algún lugar haciéndole creer en sus magias. Pero si lo hace torpemente, ya puede ver de salir corriendo y salvar su pellejo.

17. Realmente, no soy profeta como probablemente nunca ha habido uno auténtico. Sin embargo, creo ser capaz de afirmar que el Templo con sus magníficos fraudes no durará más de un siglo, a pesar de su supuesta discreción. Porque cuando una institución como esta empieza a ser demasiado codiciosa, pronto se delata a sí misma, pierde su aureola y ¡se acabó! Dos mil años parecen ser la fecha límite en la que una doctrina se puede mantener. Luego cae en el olvido y sólo en alguna crónica se puede encontrar fragmentos aislados de ella.

18. Únicamente el arte de las matemáticas que, como se dice, han descubierto los fenicios y que fue ampliado enormemente por los egipcios y griegos, nunca desaparecerá, porque contiene las verdades que son para cualquiera convincentes, útiles y por ello indestructibles.

19. Sin embargo, cualquier otra doctrina que exija de los hombres sacrificios y luego no ofrezca otra ventaja que la de curar a algunos enfermos y acaso añadir todavía algún milagrito, no se podrá mantener. Porque, primero, no está basada en pruebas matemáticas y, segundo, nunca se mantendrá en lo sucesivo tan sencilla y pura como salió de su fundador, pese a la máxima promesa por parte de este.

20. Generalmente se empieza con amplias explicaciones, porque el fundador en cierta medida es siempre un seguidor del antiguo misticismo y rellena su doctrina, en el fondo bastante sana, con los más diversos fragmentos místicos e incomprensibles que él mismo probablemente no ha comprendido y sus seguidores comprenderán menos todavía. De este modo, su doctrina se incrementa cada vez más y la antigua base mística se vuelve más mística aun. Entonces se construyen grandes templos y se celebran toda clase de ceremonias, poniendo unas caras tremendamente serias, para demostrar al pueblo e inculcarle la vieja santidad de una enseñanza muy sencilla. No obstante, todo esto no sirve para nada, puesto que —con el tiempo— se les abre los ojos a los hombres mediante toda clase de fenómenos naturales y demostraciones del sano raciocinio; con esto, toda la antigua enseñanza llega a su fin, porque los fragmentos conservados aquí y allá, nunca se podrán juntar para restablecer el concepto original íntegramente. — Ved, esta es mi opinión en mi sano juicio la que, sin embargo, no quiero imponer a nadie».

Capítulo 63. La réplica de Ebran muestra el error de Risá

1. «Amigo», replicó Ebran, «tal como has expuesto el asunto con tanta lógica, lo he escuchado ya varias veces, pero aquí no vale, puesto que allí está sentado un hombre especial, mucho más que un mago habitual, por muy experimentado que esté en todas las artes mágicas de los persas y egipcios.

2. Solamente acordándote de las palabras de Matael y de los hechos, enseñanzas y pláticas del gran Maestro mismo, te debes convencer de que estás totalmente equivocado a pesar de tu aparente sano juicio.

3. Yo también conozco un poco el mundo de la magia con las diferentes variedades persas y egipcias. Pero todo lo que aquí se ha realizado y todas las enseñanzas que hemos escuchado indican obviamente un origen mucho más elevado de lo que nosotros podemos imaginar.

4. Aquel muchacho que está allí con los doce ha convertido delante de nuestros ojos una piedra en polvo, luego la ha vuelto a su estado anterior y al final la ha hecho desaparecer totalmente. Además, la conversión de la piedra en pan, luego en un pez y al final en un burro vivo en todo su tamaño, amigo, estos son fenómenos de otra calaña; no como esos milagritos insignificantes de unos magos persas que hemos visto en su día en Damasco. Para el que sabía contar algo más que uno más uno son dos, era sumamente fácil descubrir el fraude y dar una explicación palpable y completa. Pero ¿quién es capaz de dar otra explicación que aquella que Matael ya nos ha dado: la del Poder y de la Fuerza únicos de la Vida básica en y procedente de Dios?

5. Por lo tanto, eres injusto si metes en la conocida categoría del fraude miserable lo que ves aquí; ni tampoco a Moisés y los demás profetas. Matael nos ha demostrado suficientemente lo que hay detrás del gran liberador de nuestro pueblo del pesado yugo de los egipcios.

6. Moisés fue un personaje de un nivel tan extraordinario ante Dios y los hombres que la Tierra no ha vuelto a producir nada más grande hasta nuestros días. Sin embargo aquí, amigo, está sentado en figura humana precisamente Aquel ante cuya faz santísima el gran Moisés cubrió sus ojos. Por eso es en sumo grado necio por tu parte hablar de Él como de un hombre normal.

7. Cuenta los comensales a los que se sirve tres veces al día los mejores pescados sin raspas, además pan, vino y luego fruta de toda clase, miel, leche, queso y mantequilla. Piensa al mismo tiempo que nuestro anfitrión es en el fondo un hombre más bien pobre. Su terreno no tiene más que tres yugadas23; sólo una pequeña parte es cultivable y, además, es muy pedregosa como esta de aquí. La pesca es todavía lo mejor, pero ¿es suficiente para tantos comensales? Somos entre todos casi cuatrocientas personas y todos nos hemos saciado. Además, están los muchos animales de carga de los romanos y griegos y ninguno se ha quedado con hambre. Ve y entra en la despensa de nuestro anfitrión y la encontrarás repleta de toda clase de frutos y grandes cantidades del mejor pan. La bodega está llena de barriles de vino, de modo que no acabaríamos con él ni en un año entero. Pregunta luego al honesto anfitrión cómo ha obtenido todas estas provisiones, y no te responderá otra cosa que “¡Milagro sobre milagro de parte del gran Sanador de Nazaret!”.

8. Siendo todo esto así, ¿quién tiene aún la osadía de afirmar que se trata de un fraude que los poderosos de la Tierra se han inventado para engañar a la masa del pueblo ciego e ingenuo para hacerlo más sumiso y dispuesto a pagar los impuestos? Yo te aseguro que aquí hay mucho más de lo que el intelecto de todos los sabios de la Tierra pueda concebir jamás. Aquí actúa la Fuerza divina como ya ha actuado de vez en cuando en la Tierra y actuará también en el futuro. Aunque tu raciocinio que calificas de muy sano no lo entienda, sin embargo, es tal como te lo he hecho ver ahora. Puedes ir y verlo todo para convencerte tú mismo. Después dinos si se ha conseguido todo esto de forma natural».

9. «Bueno, si es así», respondió Risá, «estoy naturalmente obligado a retirar muchas de mis afirmaciones. Tampoco quiero discutir el valor divino de Moisés y los demás profetas. Sin embargo mantengo, porque es verdad, que ninguna doctrina —por origen divino que tenga— no se mantiene pura ni siquiera unos siglos.

10. Moisés estaba todavía en el monte, escuchando los mandamientos de Jehová, cuando el pueblo bailaba alrededor del becerro de oro. Pero ¡qué cambio tuvieron que sufrir ya las enseñanzas de Moisés cuando el rey Saúl sustituyó a los Jueces, y a continuación, todo cambió en el tiempo de David y todavía más durante el reino de Salomón y sus sucesores!

11. Siempre se fue omitiendo algún pasaje puro y divino, sustituyéndolo por reglas mundanas de los hombres, de manera que hasta nuestros días han llegado solamente los nombres. De las escrituras de Moisés sólo se ha mantenido lo que proporciona a los siervos del Templo una aureola divina. Se ha conservado el código penitencial para poder torturar diabólicamente a la pobre humanidad, justificando su ergotismo como autorizado por la Divinidad. Sin embargo, lo verdaderamente divino se ha ido perdiendo desde hace tiempo. Por los diez Mandamientos de Dios ya nadie se preocupa ni hace penitencia. Ante la gente prestigiosa y adinerada el adulterio todavía tiene cierta importancia, porque a tales personas se les da la alternativa de poder liberarse del castigo de la lapidación pagando mucho dinero. En tales casos el “agua maldita” que se les aplica sólo lleva este nombre, de modo que los pecadores pueden estar seguros de que no se les reventará el vientre… Además, para el Templo tales pecadores son muy bienvenidos porque resulta una fuente de ingresos muy importante. Cuando los distinguidos siervos del Templo cometen adulterio, esto no interesa a nadie. De lo contrario, cuando un pobre diablo comete adulterio, es lapidado sin falta.

12. Podemos leer en las Escrituras con qué increíble esfuerzo —con truenos y rayos— el Poder y la Fuerza de Dios han hecho llegar los diez Mandamientos a los hombres, y podemos leer cómo semejantes demostraciones del Poder y de la Fuerza de Dios durante varios siglos se han repetido varias veces en diversos lugares…¡Cuántas veces Dios ha advertido al pueblo mediante las revelaciones de profetas grandes o menores! ¿De qué ha servido todo esto para este nuestro tiempo? Sabemos cómo estamos. Verdaderamente, si existe un infierno, no puede ser peor que como estamos ahora.

13. Pero si las revelaciones —suponiendo que son puramente divinas— traen solamente estos tristes frutos como los vemos con los fariseos, entonces comprendo que uno en su sano juicio esté tentado de abandonar toda fe en una Revelación y Providencia divinas.

14. Lo que has dicho aquí del gran Sanador es correcto y verdadero, y su Enseñanza tendrá quizás más éxito que todas las lecciones divinas anteriores hasta nuestros días. Pero me gustaría saber en qué se habrá convertido dentro de quinientos años, suponiendo que su puesta en práctica siga también respetando el libre albedrío de los hombres.

15. En el principio hay sólo un guía, pero dentro de mil años habrá multitud de guías que aun manifestando esta pura enseñanza no olvidarán su barriga. — Dime ahora si estoy tan equivocado con mi opinión como has pensado antes».

Capítulo 64. El Orden divino y nuestro intelecto mundano

1. «Sí y no», respondió Ebran. «Hablando meramente a nivel humano, puedes tener razón. Sin embargo, en el aspecto puramente divino estás muy equivocado, porque los planes de Dios son totalmente diferentes a los nuestros. Mira, si hubiésemos colocado nosotros las estrellas en el firmamento, las habríamos puesto seguramente una al lado de la otra. Pero Dios el Todopoderoso las ha dispuesto como una siembra de luces. ¿Por qué lo ha hecho así?

2. Observa las hierbas en el campo cómo están mezcladas entre sí. ¿Por qué no existe un orden del que se pudiera alegrar nuestro sentido de simetría? En todas partes donde quieras dirigir tus sentidos, no encuentras más que un caos en lugar de algo ordenado simétricamente. Sin embargo, el Creador debe conocer muy bien la simetría, porque la prueba convincente está ni más ni menos en la constitución del cuerpo humano. Pero si el Creador bondadoso domina a la perfección toda simetría, y sin embargo no hace uso de ella, debe de haber un motivo especial, oculto para nosotros gusanos de la tierra, según el cual el Creador observa por un lado la simetría perfecta y por otro todo lo contrario. ¿Por qué un año no es igual al otro y por qué un día no es como el otro?

3. Mirando las cosas así, la denominada razón humana —simétrica y matemática— debería encontrar más que una cosa que pudiera criticar mediante la agudeza de su intelecto. Pero entonces se presenta el gran Maestro mismo, diciendo: “¡Zapatero, a tus zapatos!, porque más de ello no te incumbe”.

4. Tal como reconocemos que en la gran Creación de Dios existe tanto un desorden aparentemente caótico al lado de un máximo orden, me parece que sucede lo mismo con las diferentes revelaciones de Dios a los hombres de esta Tierra. Él, siendo el Creador único, sabía perfectamente qué era lo mejor para el desarrollo espiritual de cada pueblo en las diferentes épocas.

5. No obstante, con el tiempo deja seguramente desvanecerse una enseñanza dada, por motivos muy sabios, tal como las hierbas y flores se marchitan, pero la semilla que se desarrolla en la flor y que es como la Verdad pura y viva, no se marchita sino sigue viva ilimitadamente.

5. Pero si vemos que el Creador con el tiempo deja que desaparezca lo exterior por bonito y necesario que sea para una época, y se preocupa finalmente sólo del desarrollo de la Vida íntima en todas las cosas vivas y conocidas por nosotros, ¿por qué nos extrañamos de que esto suceda también con las revelaciones?

7. Sin la palabra pronunciada por un ser humano, no puede llegar enseñanza alguna a nosotros, por pura que sea. Pero puesto que la palabra exterior es material, debe desaparecer una vez que el espíritu puro más íntimo se haya desarrollado. De este modo, en el ámbito exterior, con los tiempos el esplendor de las doctrinas divinas siempre degenerará inevitablemente en algo inferior. Sin embargo, en el trasfondo se va desarrollando cada vez más la Fuerza espiritual y Verdad pura de una Revelación antigua de Dios a la humanidad. — ¿No es así, amigo Risá?».

8. «Hermano Ebran, te admiro», dijo Risá. «Con estas explicaciones verdaderamente sabias has transformado completamente mi manera de pensar, por lo que te estoy sumamente agradecido. Se mire como se mire, la cosa está cada vez más clara para mí. Has chafado mi razonamiento en todos los sentidos y te doy las gracias por ello».

Capítulo 65. El Señor da a los principiantes consejos para la vida

1. A esto, me di la vuelta y dije a Ebran: «Bien, bien, ya has conseguido importantes progresos en la sabiduría, como todos vosotros. En verdad, los discípulos como tú son una gran alegría, porque van a ser buenos trabajadores en la viña de Dios. No obstante, os voy a advertir de una cosa importante:

2. Vosotros os parecéis ahora a las primeras florecillas que sacan con el sol primaveral sus cabecillas del suelo dormido. Si no hay más heladas, les irá bien a estas laboriosas florecillas. Pero si al cabo de unos días cálidos vuelven días con terribles heladas —lo que es frecuente en la primavera— estas florecillas tempranas dejarán caer sus cabecillas y acabarán secándose totalmente.

3. Por eso os digo: Muchas veces pasa que el ser humano reconoce muy claramente una verdad. Pero cuando frecuentemente empiezan a levantarse nubes densas en su ánimo —nubes que incuban toda clase de tentaciones tormentosas—, y en el corazón del hombre se introduce cada vez más oscuridad, entonces ya no ve muchas de las cosas que poco antes, ante su alma, se encontraban en una luz muy clara...

4. Por eso, todo lo que habéis aprendido aquí, conservadlo en vuestro corazón y —parecido a las flores tempranas antes mencionadas— ¡no levantéis vuestra cabeza sobre el suelo de vuestra naturaleza exterior antes de que las heladas de prueba ya estén superadas! Sólo entonces vuestro conocimiento estará a salvo de las escarchas malignas.

5. Pero cada cosa necesita su tiempo hasta que esté madura y resistente, así también los conocimientos del hombre bajo condiciones favorables. Muchas cosas se pueden aprender y comprender rápidamente, pero igual de rápido se olvidan. Por eso, para retener lo que habéis aprendido, es mejor que lo guardéis en vuestro corazón y no en el cerebro.

6. Cuando miráis una flor, su belleza exterior os produce gran alegría; pero ¿de qué os sirve la alegría que es tan perecedera como la flor misma? Su fuerza ha de depositarse en la profundidad de aquel recipiente en el que se cobija la semilla viva. Así también ha de marchitarse vuestra alegría exterior y su fuerza ha de concentrarse en la profundidad del núcleo donde se fomenta la Vida eterna del espíritu… Sólo entonces se producirá una alegría que es eterna como el espíritu — una alegría sobre la verdadera belleza interior de la semilla, a la que ya no puede perjudicar helada alguna.

7. Pero ahora escuchadme bien. Voy a dar algo más de Luz sobre las cuestiones de las cuales Cirenio desea más aclaración».

8. Acto seguido me dirigí a Yara y Josoé, diciéndoles: «Vosotros, mis amadísimos niños, podéis ir ahora a la cocina a ver a las hijas de Marco que os contarán muchas cosas sobre lo que han vivido en los últimos días, haciendo la comida para todos. Estas experiencias serán muy útiles para vosotros. Lo que he de comentar ahora a los invitados es como un pan duro como la piedra y, para masticarlo, hacen falta unos dientes muy resistentes que lo trituren bien para evitar que produzca molestias y dolores al sensible estómago del alma. Más tarde, en cuanto los dientes de vuestro ánimo se hayan vuelto más fuertes, todo esto también os será comunicado a vosotros».

9. A Yara no le hizo gracia abandonar su sitio, pero Josoé la animó, diciendo: «¡Ven conmigo, Yara, y ten confianza! Porque lo que el Señor desea, se debe cumplir sin tardar con el corazón alegre. Tú lo sabes mejor que yo; entonces ven según su Voluntad».

10. Yara se levantó finalmente y se fue con Josoé a la casa de Marco, donde sus hijas la recibieron amablemente, según la costumbre de la casa. Al poco rato iniciaron una conversación animada y agradable, dándose consejos los unos a los otros, que duró hasta casi entrada la noche.

11. Yo, entretanto me dirigí a Cirenio, diciendo: «Querido amigo, ahora escucha la respuesta aclaratoria a tu extensa pregunta; luego, tú y cualquiera que la oiga, guardadla bien y obrad según ella».

12. A esto, Suetal quiso hacer un pequeño comentario a Rafael, alegrándose de que por fin empezase a hablar. Pero Rafael le hizo señas para que se callase y él obedeció. Entonces Yo proseguí:

Capítulo 66. La plática del Señor sobre la sexualidad y el adulterio

1. «Mira, el engendramiento de un ser humano es un asunto muy particular. Para procrear un fruto sano hacen falta dos seres humanos maduros — un hombre y una mujer que tengan un buen lazo anímico entre sí, sin el cual difícilmente o quizás nunca llegarán a crear un fruto bueno mediante el conocido acto del engendramiento.

2. Una vez que un hombre y una mujer hayan encontrado que las naturalezas de sus corazones y almas son afines, que se casen y se sirvan del acto de procreación según el orden que se encuentra en toda la naturaleza: únicamente con el fin de procrear un fruto vivo según su semejanza. Toda práctica más de lo que es preciso para tal fin está contra el Orden divino y de la naturaleza y por lo tanto es un mal y un pecado de categoría no mejor que él de Sodoma y Gomorra llevado por el mero instinto.

3. Cuando un hombre tiene semen en demasía, pues, que lo suelte en el campo, conforme a la manera válida de los padres de la antigüedad y de los patriarcas — porque así no pecará. Pero si sale a escondidas sólo para satisfacer su instinto con rameras y para disfrute propio sin engendrar un fruto, en este caso ha cometido un grave pecado sodomita contra el Orden divino y contra el orden de la naturaleza.

4. Sólo cuando un hombre joven dominado por su impulso sexual impetuoso es arrebatado por los encantos de una muchacha de una manera que casi ya no puede dominar sus sentidos, puede cohabitar con una virgen, sea con o sin engendramiento. Sin embargo, debe pagarle después del acto escrupulosamente lo que Moisés ha mandado. Pero si de tal acto de urgencia ha resultado un fruto, entonces debe pagar a la doncella entre diez y cien veces lo que según Moisés le correspondía si no se hubiese producido un fruto. Porque tal doncella hace un gran sacrificio por este hombre para toda la vida. Si el hombre puede desposarse después con la doncella, ¡que no lo deje!, teniendo en cuenta el gran sacrificio que ella le ha hecho.

5. Sin embargo, para remediar la situación, tal hombre dominado por su impulso sexual debería casarse lo antes posible con una mujer decente, como es normal; y únicamente para los “casos de urgencia” mantener una concubina — con el consentimiento previo de su mujer legítima para que luego no haya disputa ni pelea... Pero si el varón es capaz de aguantarse, durante poco y más fácilmente que cualquier otro, llegará a participar de la Gracia espiritual mucho más alta de la vida interior.

6. La manera en que se debe tomar una mujer legítimamente ya ha sido mandada a través de Moisés conforme al Orden celestial y permanecerá vigente hasta el fin del mundo.

7. De lo que acabo de explicar puedes entender perfectamente lo que es la impudicia y por qué Moisés la prohibió, siendo un grave pecado, porque Dios ha mandado al hombre todo conforme al Orden divino. El que permanece en tal Orden, cosechará también los frutos bendecidos desde Arriba. Pero el que actúa contra este Orden, cosechará los frutos de la maldición.

8. Pero cuando un varón dominado por su impulso sexual no consigue apagar el fuego de su pasión por un medio natural, le aconsejo tomar un baño de agua fría y hacer una oración ferviente para liberarse lo más pronto posible de esta plaga. Cualquier otra manera de apagar el fuego pasional es dañina y produce nuevos males; porque el mal es pecado que vuelve a producir más pecados.

9. Al mismo tiempo es preciso advertir a los padres que no expongan a sus hijos adolescentes a peligros excitantes. Porque un material inflamable es fácil de encenderse. Pero una vez que las llamas estén ardiendo, es casi imposible apagarlas y el fuego cobra su precio. Una vez extinguido, se muestra el daño que ha causado.

10. Por esta razón, particularmente las doncellas deben ir decentemente vestidas pero nunca de forma incitante. Los jóvenes no deben abandonarse a la holgazanería, porque la ociosidad es la madre de todos los vicios.

11. Pero el que ha tomado una mujer decente, estará enlazado con ella hasta la muerte. La fe de separación de Moisés no anula el adulterio ante el Orden divino en el caso de que tal varón se despose con otra mujer y si una mujer se casa de nuevo, separada también, ha roto con ello el matrimonio. En resumen, el que se casa después de una separación comete adulterio, pero quien no lo hace no cae en este pecado.

12. Sin embargo, espiritualmente visto, también es adúltero el que mira a una mujer casada con la intención de seducirla con tentaciones, a pesar de que el adulterio no se haya producido de hecho.

13. Si ves los encantos de la mujer de tu prójimo y te dejas embriagar por ellos, también has cometido adulterio, porque habiendo disfrutado de ella, la has convertido en una prostituta… Esto es un pecado muy grave ante Dios y los hombres, incluso en el caso de que hayas engendrado un fruto con la mujer ajena. El mal es naturalmente mucho mayor cuando has prostituido a la mujer de tu prójimo sólo por el instinto de mera lascivia. Estos pecadores difícilmente tendrán parte en el Reino de Dios».

Capítulo 67. Excepciones en algunos casos de la sexualidad adúltera

1. Y Yo proseguí: «Si la mujer de tu prójimo, por ejemplo, no puede concebir un hijo de su marido legítimo pero tiene un gran deseo de ello y te pretende a ti, debes indicárselo a su marido. Si él da su conformidad, puedes cumplir su deseo sin cometer pecado alguno. Una vez que se han producido el embarazo y el parto, y la mujer vuelva a tener el deseo de maternidad, puedes hacerle el favor, suponiendo que su marido da el consentimiento — con tal de que tú seas soltero. Sin embargo, si tu mujer legítima es fértil, no debes retirarle tu fuerza. En cambio, por parte de Moisés os está consentido mantener una o más concubinas —además de la mujer legítima y sobre todo si esta es estéril— siempre que la mujer legítima esté de acuerdo… Pero en cuanto ésta por esto se vuelva muy triste, ya habrá llegado la hora de despedir a las concubinas — al igual que Abraham despidió a la Hagar a la que él había tomado por la infecundidad de su mujer Sara.

2. Pero en el caso de que la mujer legítima de un hombre se escape a otro país, fingiendo que es soltera y callando su matrimonio anterior, el varón que la tome como mujer no peca de adúltero, porque no tenía conocimiento alguno de estos hechos, incluso si se entera más tarde, siendo ya su mujer, de que ella tuvo un marido al que abandonó por su dureza e infecundidad. En esta nueva unión sólo la muerte puede separar a los cónyuges.

3. No obstante, tales circunstancias han causado frecuentemente graves enfrentamientos. El nuevo marido, estando bajo el mandamiento de Moisés, buscaba deshacerse de la mujer forastera, cuando se cansaba de ella, de manera que iba a buscar sigilosamente al primer marido y le denunciaba la infiel mujer adúltera. La consecuencia fue que se lapidaba a esa mujer y los dos hombres se liberaron de toda culpa, pudiendo casarse legítimamente de nuevo. Esto, sin embargo, no debe seguir así.

4. Yo os digo: En estos casos un hombre soltero no debe desposarse con ninguna forastera antes de haberse informado exactamente de todas sus circunstancias anteriores. En caso de que no consiga descubrir nada sobre esa mujer y sienta mucha atracción hacia ella, entonces que la tome como su mujer legítima. Pero si se entera más tarde casualmente de las condiciones previas de esa mujer, entonces que se abstenga de delatarla y que se quede con ella según la buena manera con que se ha casado. La mujer, a su vez, puede enmendar el pecado cometido mediante la fidelidad sincera hacia su nuevo marido. Dios no es un juez tiránico y sabe sopesar y considerar detalladamente las debilidades de la carne humana. Un asesino de su mujer es un pecador mucho más grave que una mujer adúltera.

5. Suponemos el caso en que de dos varones vecinos uno de ellos no puede fecundar a su mujer, porque debilitó su fuerza procreadora en su juventud con una vida desenfrenada sin control, mientras que el otro —juzgando por los muchos hijos sanos que tiene— posee una gran fuerza procreadora por haber vivido siempre en un orden equilibrado y con una disciplina severa en su juventud. ¿Cómo se podría considerar el caso en que el hombre infecundo fuese a hablar con el varón fecundo y le pidiese fecundar a su mujer en su lugar? Éste, suponemos, lo hace por la sincera amistad que tiene para con su bueno y fiel vecino, sin tener la menor intención de seducir a su mujer lo que sí sería muy reprobable. Pues, esto no es ni pecado ni adulterio sino incluso un servicio tácito de amor al prójimo por ser un acto con el consentimiento de todos los implicados sin haberlo delatado a nadie por respeto al honor del vecino infecundo y para prevenir disgustos».

Capítulo 68. Relaciones sexuales pecaminosas

1. Yo proseguí, explicando: «Pero cuando un varón soltero o casado mantiene relaciones sexuales con la exuberante mujer de su vecino sin el conocimiento de este, esto es una prostitución infame. Los hombres que tienen relaciones sexuales con ella, la han convertido en prostituta y son culpables de prostitución. Nunca tendrán acceso al Reino de Dios porque estas prácticas infames matan lo bueno y espiritual en su alma.

2. Por eso esta prostitución es lo mismo que el adulterio, incluso a veces peor. Porque en el caso de adulterio puede haber causas de fondo que pueden atenuar este pecado y tener suficiente importancia para que un juez las considere. Sin embargo, con la prostitución no se podrán considerar nunca circunstancias atenuantes, porque se trata aquí solamente de la lascivia inmunda que no se merece tener consideración alguna en el juzgado.

3. Una mujer que se deja seducir demasiado fácilmente sin que realmente esté con verdadera necesidad de relajarse, es mala y no merece obtener la mínima consideración. Porque la debilidad aquí no tiene excusa, puesto que cualquier mujer puede obtener el fortalecimiento suficiente mediante la confianza verdadera en Dios. Sin embargo, peor aún es una mujer que seduce a los varones, llevándolos a la tentación de tener relaciones sexuales con ella en ausencia de su marido.

4. Igual de criminal es cuando un varón soltero o, peor aún, casado atrae a las hembras, tiene relaciones sexuales con ellas a escondidas y les paga al final. Este hombre primero lleva a las mujeres a la infidelidad y segundo las hace casi áridas, dañando con ello la capacidad de concepción de la mujer.

5. En la misma categoría entra tanto un soltero como un casado, cuando seduce a muchachas solteras para prostituirse con él mediante pago. De la misma manera, una moza o una mujer casada son prostitutas cuando se entregan a un varón por dinero o regalos.

6. Las jóvenes deben ser diligentes y trabajadoras. Así nunca necesitarán decir que su pobreza las ha incitado a tales actuaciones, porque a una muchacha trabajadora no le faltará nunca el cariño de hombres honestos que no la dejarán sufrir necesidades. Pero si un patrón fuese un hombre duro y avaro, entonces es mejor abandonarle y buscarse otro trabajo lo que no resultará difícil para una muchacha trabajadora y diligente.

7. No obstante, peor vida espera a aquellos que seducen afanosamente a estas mozas o muchachas inmaduras, pero trabajadoras, mediante regalos. Esta clase de varones, ya sean solteros o casados, son como lobos feroces con piel de cordero que cosecharán en su día la recompensa correspondiente.

8. Pero el que se apodera de una muchacha o una mujer con violencia, debe ser juzgado ya en esta Tierra. En tal crimen violento no hay diferencia si se trata de un acto violento con la fuerza de las manos o de una seducción mediante regalos importantes. Tampoco mitigan la gravedad del pecado el poder del convencimiento con palabras o el empleo de medios mágicos embriagadores con los cuales la parte femenina se entrega aparentemente voluntariamente a la voluntad sexual del varón, ni siquiera en el caso en que se haya concebido un fruto. Porque este engendramiento se produjo contra la voluntad de ambos y no mitiga la gravedad del crimen.

9. El colmo del pecado sexual es el abuso pederasta de los niños y el uso abusivo de otras partes del cuerpo femenino de aquellas que para el acto de procreación están preparadas por Dios; y, finalmente, el uso abusivo de animales... A estos criminales hay que eliminarlos totalmente de la sociedad humana.

10. De todas formas es preciso considerar en el juicio de estos crímenes en qué nivel de educación se encontró el lascivo acusado o la lasciva acusada. También hay que comprobar si la persona acusada acaso estaba poseída de un espíritu maléfico que la había inducido a tales actos inmundos. En el primer caso, la comunidad debería procurar que esa persona de escasa lucidez recibiera una educación adecuada que le enseñara la necesaria disciplina hasta que se hubiera convertido en un hombre culto. Porque una vez que un ser humano haya vencido la naturaleza animal de su carne, y su entendimiento se haya esclarecido, empezará a llevar una vida más pura y no volverá tan fácilmente a caer en su bestialidad antigua. En el segundo caso referido al estado de posesión hace falta encerrar al lascivo, puesto que estos hombres constituyen un peligro para toda la sociedad.

11. Una vez que estén arrestados es preciso curarlos mediante ayuno y oraciones hechas en mi nombre. A partir del momento en que se demuestra que están curados del maleficio, se les puede devolver la libertad».

Capítulo 69. Medidas correctoras para maniáticos sexuales

1. «Señor», intervino Cirenio preguntando, «¿no existen medios naturales para el segundo caso en que quizás no haya una persona tan fuerte en espíritu y con un gran poder de palabra y voluntad ante la cual los espíritus maléficos que han tomado posesión del cuerpo de un hombre se dobleguen? ¿Habría una posibilidad de liberar al poseso de su mal también por una persona con un poder de palabra y voluntad espiritual menos fuerte?».

2. «El remedio natural primero», le dije Yo, «es el ayuno. Se debe alimentar a este hombre con sólo media libra de pan de centeno al día y una jarra de agua. Cada dos días se le puede administrar un poco de zumo de aloe mezclado con una a dos gotas de zumo de beleño, según el estado del poseso. Estos remedios naturales tendrán un buen efecto. Sin embargo, no serán del todo suficientes sin la oración y la imposición de manos en mi nombre.

3. En todo caso, el juez debe tener siempre en cuenta que con esta clase de criminal no se trata de un diablo sino sólo de un ser humano muy desorientado.

4. Pero si tal hombre se muestra terco en sus excesos inmundos, sin ser ni poseso ni falto de educación, entonces se puede proceder con un castigo más severo.

5. Tan pronto como esta persona empiece a reconocer su pecado, a arrepentirse y enmendarse, hay que tratarle con más amor. De no ser así, está permitido que se expulse a esa persona testaruda —en el caso de que sea un hombre de cierta educación— fuera de la comunidad a tierras desérticas, donde la precariedad le ayudará a la reflexión. Si luego corrige su vida, le irá mucho mejor; si no, que el desierto se lo trague.

6. Pero si se trata de un hombre de escasa educación y no hay un resultado positivo ni mediante el castigo ni con el ayuno, le deberá castrar un médico experimentado, pudiendo liberar así su alma de dicho vicio. Pues, existen incluso varones que se han mutilado por causa del Reino de Dios. Así también se puede dar la posibilidad —pero sólo en el caso mencionado— de que se practique la castración por orden del juez. En este caso es mejor entrar mutilado en el Reino de Dios que ir al infierno no mutilado. — Ahora sabes cómo un juez debe tratar todos los asuntos que se derivan de la voluptuosidad de la carne. Únicamente añado que en el futuro se juzgue en todos los casos similares solamente de acuerdo con lo que acabáis de escuchar de Mí.

7. Para crímenes semejantes Moisés ordenó la lapidación y la muerte en la hoguera. Sin embargo, estos castigos se deben emplear únicamente con pecadores muy testarudos y eso solamente en ocasiones muy extremas como medio de intimidación. Yo no revoco los mandados de Moisés sino que os recomiendo solamente que procedáis siempre con la prudencia necesaria hasta que una vileza extrema exija emplear el mayor rigor.

8. Debéis ser unos jueces justos y bondadosos, empleando el verdadero amor al prójimo; así seréis juzgados en su día también con bondad y justicia, porque la medida con la que medís también será aplicada a vosotros.

9. Si sois misericordiosos, se os tratará con misericordia; pero si sois severos e inexorables en vuestros juicios, también vosotros tendréis en su día unos jueces inflexibles.

10. Considerad en vuestros juicios siempre que el alma y el espíritu del hombre son dóciles y tienen buena voluntad, pero la carne es y sigue siendo débil y no hay nadie que pueda vanagloriarse de la fortaleza de su carne.

11. Ahora aún no puede haber hombres que —en el sentido propio— estén renacidos en el espíritu24, porque los hombres sólo podrán alcanzar el pleno y verdadero renacimiento del espíritu cuando el Hijo del hombre haya cumplido plenamente con lo que le está encargado.

12. Recordad esto siempre y actuad en consecuencia».

Capítulo 70. Casos para un divorcio justificado

1. «Te agradezco infinitamente tus explicaciones», dijo Cirenio. «Porque me han aclarado muchos detalles que me habían causado muchos quebrantos de cabeza cuando tenía que dar una sentencia justa en casos de este tipo. Creo que ahora ya no me surgirá ninguna duda al respecto. Sólo me queda una pregunta importante: ¿Es posible disolver un matrimonio sin que ninguna de las partes se haga culpable de adulterio y que luego puedan volver a casarse?».

2. «Oh, sí», le respondí, «estos casos pueden darse. Cuando, por ejemplo, un varón tiene una mujer, agraciada con todos los encantos femeninos, pero luego se descubre que es una hermafrodita, en este caso se puede proceder a la disolución del matrimonio inmediatamente, si esto fuera deseado. Pero naturalmente, dónde no hay demandante tampoco existe juez alguno. Sería necesario emitir una ley para tales casos según la cual no se debiera contraer matrimonio. La parte que sabe de sí misma que no es apta para una unión matrimonial, tendría que ser considerada como una estafadora, cargando con las responsabilidades e indemnizaciones. Lo que aquí se refiere a la parte femenina también es válido para el caso en que el hombre no sea un varón completo. Si la mujer le abandona y se casa con otro, no ha cometido adulterio.

3. También puede haber entre los varones algunos que se han mutilado por razones religiosas, u otros que fueron castrados en su juventud por alguna razón social o política, o incluso otros que ya están mutilados en el seno de la madre, en estos casos todos estos varones no son aptos para el matrimonio, y tal incapacidad es causa suficiente para la disolución definitiva del matrimonio.

4. También puede darse el caso en que uno de los cónyuges sufre una deficiencia física con la que es imposible para el otro de convivir. En este caso también se debería disolver el matrimonio, pero únicamente en el supuesto en que la parte no afectada no se había enterado de la dolencia antes de contraer matrimonio. Pero si tenía conocimiento de la enfermedad y a pesar de ello contrajo matrimonio, este tiene validez total y no se puede disolver. Las causas para tal disolución pueden ser enfermedades graves como posesión maléfica oculta, demencia periódica o esporádica, infecciones graves, tumores, tuberculosis, epilepsia, atrofia de por lo menos dos sentidos, piojera, gota y un hedor pestilente del cuerpo o del aliento.

5. Cuando el cónyuge sano no tuvo noticia antes del matrimonio de que su pareja sufría de una de estas enfermedades, tiene derecho a exigir la disolución inmediata de la unión matrimonial y de que se le conceda. Porque en estos casos el cónyuge sano sufrió un engaño que disuelve de por sí cualquier contrato y así también el matrimonio.

6. Pero si los cónyuges no quieren separarse por voluntad de la parte sana, el matrimonio tiene validez y no se puede disolver, con excepción de la separación de mesa y cama, pues aquí vale vuestra frase: Volenti no fit iniuria25.

7. Aparte de estos casos no habrá otras razones por las cuales se puede permitir la disolución total de un matrimonio.

8. En todas las demás situaciones conflictivas los cónyuges deben practicar la paciencia, el uno con el otro, hasta que la muerte los separe; porque si la pareja ha gozado la miel en su matrimonio, también debe soportar la hiel.

9. Sin embargo, la miel del matrimonio es la parte peor del mismo, porque solamente conllevando bien la parte más amarga, comienza la seriedad dorada de la vida. Si esta seriedad no se presenta, la siembra para el Cielo no puede germinar.

10. Sólo en una vida marcada por la seriedad rigurosa la semilla espiritual empieza a vivificar y desarrollarse. De lo contrario, en una vida melada se ahogaría como la mosca en un tarro de miel. — ¿Has comprendido esto?».

Capítulo 71. Recomendaciones para los cónyuges y jueces

1. «Sí, Señor y divino Maestro», respondió Cirenio. «Sin embargo, queda en el tema del matrimonio todavía una cuestión sobre la cual me gustaría tener una aclaración tuya.

2. Suponemos el caso en que un hombre mantiene un buen orden en todo, pero su mujer es de una naturaleza muy carnal y voluptuosa. Esta mujer desenfrenada pide al varón que satisfaga su pasión sexual incluso varias veces al día. Pero él le advierte: “Ya has concebido y necesitas ahora tranquilidad durante el tiempo que Dios ha destinado para ello para no causar daño a tu estado bendecido y a tu salud por satisfacer las ansias carnales”.

3. La mujer voluptuosa, no obstante, no quiere oír nada del buen consejo y exige al varón que cumpla su deseo. Si el hombre accede a su deseo, comete obviamente un abuso deshonesto y con ello un pecado contra el Orden divino. Pero si se resiste, peca contra la voluntad de su mujer y la induce a practicar satisfacciones artificiales, o a cometer adulterio o prostitución con otros hombres.

4. Por otro lado hay también varones tan maniáticos sexualmente que no dejan tranquila a su pobre esposa pudorosa incluso hasta poco antes del alumbramiento. Se me presentan muchas veces grandes quejas en este sentido. ¿Qué sentencia justa ante Dios y los hombres debe pronunciar un juez sabio en estos casos?

5. En el caso de que el hombre honesto o la mujer pudorosa quieran el divorcio conforme al Orden divino y al Reino de Dios, ¿se les puede conceder o no?».

6. «Sí», respondí Yo, «cuando el uno o el otro cónyuge lo pide, se les puede conceder el divorcio, sin embargo, no totalmente. La separación no sería únicamente de mesa y cama sino también de la obligación mutua de manutención y del derecho de sucesión. Los dos últimos hechos quedan invalidados por una causa de divorcio menor sólo cuando una de las partes ha abandonado durante tres años a la otra parte —que estuvo separada de mesa y cama— sin motivo justificado y, sin escrúpulos, no se ha vuelto a ocupar de ella.

7. En el caso del divorcio que tú mencionas, solicitado por la parte más mesurada, cualquier derecho o pretensión pierde validez al mismo tiempo.

8. No obstante, es muy importante que el divorcio se conceda solamente cuando lo pide la parte honesta y la otra parte haya dado su consentimiento. Pero si ésta no accede y promete por el contrario enmendarse, entonces no se debe conceder la separación sino se debe advertir a la parte más mesurada y exhortarla a la paciencia.

9. Pero cuando los cónyuges divorciados quieren volver a convivir en armonía, no precisan celebrar una nueva unión matrimonial sino el anterior acuerdo recupera plena validez según la voluntad de ambas partes. Esta unión ya no puede ser disuelta por una segunda petición de divorcio, excepto en el caso de una separación inevitable de cama y mesa.

10. Pero en el caso en que un hombre tiene una esposa muy ansiosa sexualmente y él accede a su deseo con toda sobriedad de su ánimo —si se lo permite su fuerza viril— no comete un pecado grave contra el Orden divino; porque la naturaleza de tal mujer es parecida a un suelo seco que el campesino tiene que regar varias veces en la época calurosa del verano si quiere conservar sus plantas. Pero en cuanto llegue el otoño lluvioso, el suelo tendrá humedad en abundancia. Aparte de esto, el esposo debe educar a su mujer espiritualmente y con ello obtendrá buenos frutos.

11. No obstante, la paciencia es siempre mejor que el mejor derecho.

12. Sin embargo, más derecho tiene una mujer pudorosa para pedir el divorcio a causa de su marido voluptuoso que un hombre por la sensualidad exagerada de su mujer. Porque la mujer que ha concebido necesita tranquilidad durante el tiempo que Dios ha destinado para la gestación. Por lo contrario, al hombre no se le ha ordenado tiempo de reposo alguno. Por eso, se debe escuchar con más derecho a una mujer embarazada que a un hombre sobrio.

13. En el caso del varón es preciso, sin embargo, tener muy en cuenta la vida que llevó antes de casarse, por si una juventud desenfrenada, pecaminosa, no le ha hecho insensible e improductivo. Por otro lado, la naturaleza de una mujer ansiosa sexualmente que ya en sus años jóvenes se entregaba por dinero a una vida deshonesta, se ha embrutecido enormemente, de modo que el ansia se habrá enfriado bastante cuando un hombre se case honradamente con ella. Pero si una mujer, siendo todavía virgen, se ha mantenido muy pudorosa, a pesar de una pasión ardiente, el motivo reprobable no se debe buscar en su condición de soltera sino en la naturaleza de la mujer en sí, que en este caso el juez no ha de considerar especialmente.

14. Sin embargo, cualquier sentencia judicial por sabia que sea es como una nuez hueca contra el poder de la naturaleza. Por consiguiente, también habría que emplear para una mujer apasionada unos remedios naturales junto con una educación correspondiente de su ánimo, con lo que mejoraría mucho su condición. — Ves, así se debe proceder en estos casos. Si tienes otra duda, dímela».

Capítulo 72. El examen de los novios

1. «Acabas de mencionar algo de un remedio natural», dijo Cirenio. «¿Cuál sería adecuado en estos casos?».

2. «Una vida natural y moderada», le dije. «Una sangre ardiente causa más frecuentemente estados de agotamiento que una sangre fría. Por eso las personas de sangre caliente son también más tragonas que las de sangre fría, igualmente tienen un ansia creciente por muchas diferentes comidas y bebidas sabrosas.

3. Cuando se recomienda a estas personas dedicarse más a la moderación, explicándoles amablemente en qué consiste el provecho de una vida y alimentación más comedidas, el instinto sensual perderá pronto mucha fuerza sin menoscabo de la salud física y anímica.

4. Pero cuando con una mujer cuya naturaleza es demasiado exigente la observación de la dorada moderación no trae ningún cambio significante, ella debe tomar por la noche, en luna menguante una infusión de hojas de sen con cuatro cucharadas de jugo de aloe, cada tres o cuatro días. Esto ayudará a calmar la naturaleza sensual de la mujer.

5. Pero si a pesar de todo esto junto con las buenas recomendaciones dadas surte poco o ningún efecto, entonces se puede proceder por deseo del marido a la separación de mesa y cama antes mencionada.

6. En todo caso, se debe escuchar siempre más a una mujer sobria, acosada por un hombre voluptuoso —especialmente cuando está embarazada— que al revés. Porque un hombre sobrio tiene a su disposición aparte de los remedios morales numerosos remedios disciplinarios naturales con los que puede enfriar la sangre ardiente de su mujer. Tampoco no le irá mal si el marido se impone de vez en cuando, mostrando a su mujer sensual una seriedad rigurosa que nunca debiera surgir del enfado o de la ira sino siempre del verdadero amor al prójimo, puesto que de otro modo no solamente no le haría bien sino sólo daño.

7. Estas son pues las directrices completas en cuanto al matrimonio y los pecados inherentes, según las cuales todas las personas en el mundo debieran actuar.

8. No obstante, el Estado debiera dictar una disposición en el sentido de que los matrimonios una vez contraídos y llevados de forma moral no se debieran disolver, y que las personas con dolencias físicas y psíquicas no se admitieran al matrimonio, puesto que de tales uniones matrimoniales nunca podría salir un fruto bendecido y sano.

9. Por otro lado, aun con las parejas sanas se debiera examinar previamente si el novio y la novia congenian armoniosamente.

10. Si un sabio funcionario del registro civil descubriera que existen algunos conflictos entre ellos, debería esperar a dar el consentimiento al matrimonio y hacerles ver claramente las malas consecuencias que pudieran surgir. Luego debería advertirles que el permiso definitivo del matrimonio no se podrá dar hasta que los conflictos no se hayan solucionado.

11. Al mismo tiempo tal funcionario autorizado por el Estado debería explicar claramente a la pareja ansiosa de casarse, la seriedad de una vida en matrimonio, así como el fin sublime del mismo.

12. Si se mostrara que la joven pareja se ha vuelto más sobria, solucionando los conflictos mundanos entre ellos de manera que deseen unirse en matrimonio solamente por el aprecio mutuo hacia el valor humano de cada uno, sólo entonces el funcionario debería dar el consentimiento respectivo. Consiguientemente deberá registrar la promesa solemne de fidelidad de cada uno en un libro, indicando día y año, como prueba de la unión matrimonial indisoluble. Igualmente, en lo sucesivo, deberá tener siempre conocimiento de las condiciones y de la evolución del matrimonio, si son buenas o malas.

13. Por esta razón, los funcionarios para estos actos no debieran ser personas ajenas a la comunidad sino sólo lugareños que conocen a los ciudadanos, jóvenes y ancianos, tan bien como a sí mismos. De esta manera se podría evitar muchos matrimonios malogrados y las bendiciones abundarán en tal comunidad ordenada.

14. Por lo tanto estaría muy bien que en cada comunidad algo más grande hubiera un juzgado matrimonial que vigilase todos los asuntos respectivos. Naturalmente, tal juzgado debería ser de un carácter intachable, siendo llevado por un hombre sabio como por ejemplo Matael.

15. Este hombre debería observar también en cada caso que un joven no se casara nunca con menos de veinticuatro años y una muchacha nunca con menos de veinte. Porque esta edad es necesaria como mínimo para haber alcanzado la madurez imprescindible para un matrimonio bueno y estable también espiritualmente. Es sabido que unos esposos demasiado jóvenes se pervertirán a sí mismos por una sensualidad voluptuosa y llegarán pronto a repugnarse mutuamente. Y ¡ya tenemos la reyerta matrimonial!

16. Por eso, la verdadera felicidad de los matrimonios deberá depender a partir de ahora del juez matrimonial, y en la comunidad, en que tal juez ejerza su importante misión sabiamente, no faltarán las bendiciones.

17. Este juez vigilará también la buena educación de los hijos en su comunidad y sabrá prevenir todos los disgustos con los medios más adecuados. Castigará a los indómitos y elogiará a los dóciles, mostrándoles la bendición que resulta de una vida familiar y doméstica buena y moral.

18. Sin embargo, no deberá estipular —como ya se ha dado el caso— unos premios materiales, porque unas motivaciones exteriores no sirven para la formación espiritual de una comunidad. Los miembros de la misma se esforzarían, compitiendo unos con otros, sólo por el premio material y no por la buena causa en beneficio de todos.

19. No hace falta mencionar que a partir de estas condiciones beneficiosas —aparte de que tales matrimonios, llevados puros en el Orden divino, gozarán siempre de la Bendición de Dios— también resultarán las mayores ventajas naturales y morales para un Estado, por grande que sea, y su soberano proclamado. Porque si un Estado quiere tener buenos súbditos, tiene que empezar a formarlos ya desde la cuna. Lo mismo que cuando unos padres quieren que sus hijos sean buenos, deben empezar a educarlos desde la cuna, de lo contrario se convertirán en salvajes, causando sólo sufrimientos a los padres en lugar de darles consuelo y apoyo en su vejez.

20. Pero cuando los matrimonios se llevan en buen orden, los hijos de ellos resultarán también diligentes y honrados, convirtiéndose en buenos ciudadanos. Consiguientemente serán también ciudadanos íntegros del Reino de Dios en sus corazones. Con ello se ha cumplido todo lo que el Orden divino puede pedir de la humanidad de esta Tierra. — ¿Está todo claro para ti?».

Capítulo 73. Rafael pone por escrito la plática del Señor sobre la vida sexual

1. «Si, Señor y Maestro divino», respondió Cirenio. «No tengo más preguntas en estos aspectos. Sólo creo que sería deseable si se escribiera todo esto palabra por palabra, porque en ello se basa toda la constitución de un Estado».

2. «Mira, Rafael lo hará para ti», le indiqué, «manda que le traigan material para escribir».

3. Acto seguido, Cirenio mandó a sus siervos traerle rollos de pergamino así como tablas de cobre para grabar. Una vez dispuesto todo el material, llamé a Rafael, quien se sentó rápidamente a nuestra mesa y preguntó a Cirenio cómo preferiría la escritura, en el pergamino o en las tablas de cobre.

4. «Sobre el pergamino sería más cómodo», respondió Cirenio. «Pero para la posteridad se podría conservar mejor en las tablas de cobre. De todas formas, si tengo todo escrito en el pergamino, luego podré mandar a hacer una copia en las tablas».

5. «Mira», intervino Rafael, «como no me resulta más trabajo si escribo el asunto una o dos veces, puedo realizar la escritura a la vez en los pergaminos y en las tablas».

6. Los doce hombres que estaban sentados en la mesa contigua se asombraron enormemente, deseosos de ver cómo el joven discípulo iría a escribir con las dos manos a la vez.

7. Y Suetal dijo personalmente a Ribar: «Tengo mucha curiosidad por ver cómo se las arregla para escribir doblemente. El gran Maestro de Nazaret debe ser también un estupendo maestro de escuela, dado que nunca he visto esta forma de escribir. Pero hasta que haya escrito todo lo que acaba de explicar el sabio griego —que probablemente es también un discípulo antiguo del Nazareno— seguramente anochecerá».

8. «Esto depende de lo veloz que lo escriba», respondió Ribar. «Quizá tenga para esto también una facultad mágica que desconocemos, igual que ignoramos cómo ha realizado los milagros que hemos visto anteriormente. Por eso no debemos poner en duda nunca de antemano las actuaciones de estas personas que ya han realizado grandes cosas ante nosotros, hasta que no nos hayamos convencido de lo contrario por el fallo de alguna obra suya».

9. «Sí, sí», dijo Suetal, «soy de la misma opinión; pero era sólo para decir algo…».

10. «Hermano», replicó Ribar, «te lo digo en serio, aquí es siempre mejor callar, ver y escuchar. Mira, el joven ya está preparando los rollos y las tablas y empezará a escribir enseguida. ¡Presta atención!».

11. Acto seguido, Suetal se levantó para observar atentamente cómo iba a escribir el joven discípulo. Pero al mirar más de cerca descubrió que todas las tablas y los rollos ya estaban escritos. Estupefacto de asombro exclamó: «No, ¡ningún milagro puede superar a este! Mientras estábamos esperando cómo iba a empezar el discípulo con la escritura doble, ya había escrito todo. ¡Esto sí que supera toda comprensión humana, nunca se ha visto algo parecido!».

12. Llamados por la exclamación de Suetal, los doce hombres se levantaron para ver los rollos abiertos y las tablas minuciosamente escritas. Todos se convencieron de que todo estaba escrito con una escritura correcta y bien inteligible, y se preguntaron tímidamente cómo podía ser esto posible.

13. Rafael se dio cuenta del asombro de sus compañeros de mesa y dijo a Suetal: «Mira, esto hacen los ocho pescados que me he comido antes y que tú me has envidiado. Para llevar acabo tal trabajo, hay que reunir fuerzas. ¿O tienes otra opinión?».

14. «Querido, maravilloso amigo», dijo Suetal, «te gusta burlarte un poco de mí, pero ya no tiene importancia. Veo que posees una dosis enorme del Poder divino y no se puede discutir contigo. Sin embargo, seguro que los ocho pescados no te han dado este poder sino solamente el gran Maestro divino de Nazaret. Por eso, haz que le veamos lo más pronto posible. Nuestro corazón está tan inquieto que no podemos aguantar hasta que le veamos y podamos hablar con Él».

15. «Os ruego que tengáis todavía un poquito de paciencia», dijo Rafael, «hasta que haya ordenado todas estas escrituras. Después iremos a ver dónde se esconde el gran Maestro al que los ciegos no ven y los sordos no oyen». Con estas palabras se contentaron los doce.

16. Rafael puso entonces los rollos en orden y los entregó junto con las tablas a Cirenio que no estaba menos sorprendido. Inmediatamente los revisó y los encontró escritos con una claridad y exactitud asombrosas.

Capítulo 74. Suetal está muy impaciente y curioso por ver al Señor

1. Mientras Cirenio estuvo estudiando muy por encima pero con gran alegría sus rollos con un gesto cada vez más reverente, dije Yo a Rafael que volviera a llamar a Yara y Josoé para que se unieran de nuevo con nosotros en la mesa. Rafael, el diligente siervo de los Cielos, actuó rápidamente y cuando llegó Yara dijo algo entristecida: «Oh, Señor, tú mi único amor eternamente ¡qué conversación tan larga que no me dejaste escuchar! Creí que no terminaría antes de caer la noche. Pero ¡gracias a ti todo ha acabado y te tengo de nuevo conmigo!».

2. El ángel mientras tanto se unió de nuevo con los doce de los cuales fue Suetal el primero que se asombró enormemente con las palabras de Yara: «Escucha, amable joven discípulo, ¿qué tiene la joven muchacha de apenas doce primaveras con el sabio griego? Parece que está locamente enamorada del buen hombre. Cuando te fuiste por ahí creí que ibas a traer aquí al Maestro de los Maestros, pero en su lugar trajiste a la muchacha enamorada. ¡Qué engaño! ¿Es ella acaso también una discípula milagrera del gran Maestro y ha recibido en la casa a escondidas una de esas lecciones? Verdaderamente, con vosotros pasan continuamente cosas de las que uno no sabe qué pensar, y cuanto más piensas más confuso estás. Por un lado, milagros de la categoría más sublime, y por otro, hechos de los más humanos. Dime tú cómo podemos comprender todo esto, siendo hombres honestos. Tampoco entiendo por qué el gran Maestro no quiere que se le descubra, teniendo en cuenta de que antes era agobiante cómo se quiso imponer a través del sabio griego, cuando, bien es verdad, ni siquiera quisimos conocerle. ¿Qué hemos hecho para que ahora nos dé tantas largas o acaso no le vamos a ver nunca?».

3. «Sí, mis amigos», respondió Rafael, «si sois tan ciegos para no ver el Sol a mediodía, entonces no tenéis remedio. En este caso no sirve de nada si se dice: “Mira es este o aquél”, porque no lo va a creer. Para la fe hace falta una conciencia despierta con la cual —en caso necesario— uno se puede arreglar por sí mismo. Pero cuando el entendimiento del hombre está tan apegado a la materia, no sirven las advertencias, sino primero tiene que darse con la nariz diez veces antes de empezar a reflexionar sobre el porqué se ha dado. Lo mismo pasa con vosotros: hasta que no aprendáis de los errores, ningún dios os podrá iluminar.

4. ¿Qué queréis entonces del gran Maestro de Nazaret? ¿Os falta algo para que os ayude? ¿O queréis verle solamente por curiosidad como los estúpidos curiosos que acuden a ver un oso bailando? Verdaderamente, el gran Sanador no ha venido aquí para dejarse mirar por curiosidad por la gente necia y engreída. Si vuestro corazón no le descubre aquí entre la muchedumbre, vuestro intelecto engreído le encontrará todavía menos, esto os lo puedo asegurar.

5. Por eso es preciso que vuestro corazón sea humilde antes de llegar a ver el gran Maestro santo, de lo contrario no le veréis nunca, porque su Ser, también físicamente, está colmado de la plenitud del Espíritu de Dios.

6. Él es el Señor sobre Cielo y Tierra y ante Él deben inclinarse todos los seres en el Cielo, sobre la Tierra y debajo de ella, pues su nombre es eternamente santo».

7. Tras estas reprimendas rigurosas el ángel se levantó, abandonó la mesa de los doce y volvió a la nuestra, donde Cirenio le dio una vez más las gracias en mi nombre por el gran favor que le había hecho. Las escrituras contenían exactamente palabra por palabra todo lo que habíamos hablado anteriormente, sus preguntas y mis respuestas.

Capítulo 75. Suetal habla con Ribar sobre el comportamiento de Rafael

1. A los doce, sin embargo, no les gustaron en absoluto las palabras de Rafael, y empezaron a buscar soluciones de cómo irse escapando sigilosamente para volver a Jerusalén, aunque fuera sin haber cumplido el objetivo. Dijo Suetal: «Hasta ahora no hemos hecho nada condenable contra el Templo y no somos culpables de lo que el poder dispuso con nosotros. Sin embargo, lo que pasa en nuestra mente no lo puede descubrir ningún templario. Por lo tanto es probable que el Templo nos acoja de nuevo muy bien e incluso puede que gocemos todavía de más reconocimiento por su parte cuando le informemos de todo lo extraordinario que nos ha sucedido durante nuestro viaje tan peligroso. Los superiores nos escucharán muy atenta y benévolamente y nuestra suerte estará asegurada. Quizá nos volverán a enviar al extranjero; pero esto ya no nos preocupará, porque somos ahora lo suficientemente astutos para saber qué hacer y a favor de quién tenemos que influir en el pueblo.

2. Bien es verdad que aquí, en la compañía de magos o dioses, ya no se puede seguir aguantando. Siempre se habla del amor —como se pudo desprender de las sabias palabras del griego—, pero cuando se pregunta algo a uno de estos magos milagrosos, se recibe siempre una respuesta esquiva además de áspera. Eh, ¡en cuanto ese vuelva a empezar a hablarme de humildad, mansedumbre y amor, le echaré una bronca de muy señor mío a la que no será capaz de enfrentarse!

3. El que exhorta a su hermano a la humildad tiene que ser el primero en ser humilde. ¡Hay que ver este pícaro milagrero con qué rudeza nos trató al final! ¿Qué nos importan sus hechos milagrosos y de qué nos sirven si no los podemos imitar? Por eso no hace falta que nos trate de una forma tan agreste.

4. Lo que he dicho de la muchacha de una forma natural y totalmente inofensiva, porque cualquiera lo puede ver con sus propios ojos, no puede ser un insulto para ninguna persona un mínimo de inteligente. Lo que he opinado es —por lo menos para nosotros— un fenómeno humano totalmente normal y no tiene nada de profético. Solamente he llamado la atención del contraste, evidente para todos, de que aquí suceden cosas maravillosas y obviamente divinas, pero por otro lado, en cuanto al ámbito moral, no se percibe otra cosa que algo muy habitual y natural. Mi opinión totalmente inofensiva irritó tanto al individuo ejemplar de humildad y mansedumbre que no solamente nos reprendió duramente sino que, además, nos volvió la espalda para evitar cualquier contestación por nuestra parte. Verdaderamente, tal comportamiento es más adecuado para una casa de locos que para personas de una cierta educación, y menos aún para gente que predica el amor, la humildad y la mansedumbre. Por eso no deseo permanecer por más tiempo en esta compañía, porque no hay cosa más fatal que estar entre hombres a cuyo fondo no puedes llegar ni sabes a quiénes tienes delante y en qué medida puedes confiar en ellos. Verdaderamente, por nada en el mundo quisiera ser un discípulo de estos maestros, por muy inocente que sea. — ¿Tengo razón o no? ¿Qué piensas tú, hermano Ribar, en este sentido? ¿Qué opinas, debemos irnos o quedarnos, teniendo en cuenta de que somos libres y podemos unirnos a la legión extranjera o volver a casa?».

5. «Yo pienso», respondió Ribar, «que deberíamos quedarnos, porque hemos sido reprendidos no por un hombre maduro con barba sino solamente por un muchacho joven que hace milagros, probablemente a causa de tu agobio de querer ver al gran Maestro.

6. Mi opinión en este sentido es que el muchacho tiene seguramente aún una prohibición de su Maestro según la cual no debe descubrirle antes de tiempo por las razones que sean. Pero como tú le has criticado duramente, se quiso liberar de ti y nos dio la espalda. Por eso mi opinión sigue siendo que nos quedemos todavía para ver si al final podemos conocer al gran Maestro.

7. Bien es verdad que nos sentimos muy raros aquí entre personas como si fueran todos dioses, y por otra parte todo parece ocurrir de forma totalmente natural y humana. Tampoco se habla aquí del ayuno antes del sábado, porque casi todos los presentes son romanos y griegos. Así mismo vemos apenas a alguien que reza. Pero lo que se habla rebosa de una sabiduría más profunda que la de Salomón. En resumen, aquí se mezclan los fenómenos más sorprendentes; estamos entre personas que parecen ser llamadas por Dios para acercar más el Cielo al mundo y para preparar a los hombres de esta Tierra poco a poco unas posibilidades más amplias para la formación de sus fuerzas espirituales y físicas necesarias para ello. Por eso no puedo enfadarme con el joven a pesar de su rudeza, porque una sacudida a tiempo muchas veces no está mal, porque se llega al conocimiento más rápidamente que con cientos de instrucciones más moderadas».

8. «¿Qué quieres decir con esto?», preguntó Suetal.

9. «Esto te lo voy a explicar ahora sin rodeos», respondió Ribar.

Capítulo 76. Ribar intuye que el Señor está presente

1. «Mira, creo que el joven no se ha equivocado llamándonos sordos, ciegos y necios. También con el burro que nos puso antes a nuestro lado, nos dijo en el fondo lo mismo.

2. Me estoy convenciendo cada vez más de que el griego de aspecto tan bonachón es el gran Nazareno. Le he estado observando continuamente y me he dado cuenta de muchas cosas que me quitan toda duda. Las miradas, los oídos y los corazones de todos se dirigen a Él; el poderoso y otras veces tan inexorable prefecto casi le adora. El muchacho hace todo sólo por una señal suya y sus palabras son claras, llenas de Sabiduría. Además, me di cuenta de que recomendó al prefecto algunos remedios naturales contra el ansia sexual de las mujeres jóvenes; esto sólo lo puede hacer un sanador. Luego las enseñanzas que dio tuvieron que ser escritas rápidamente, y esto del modo más milagroso del mundo. Si consideras todos estos detalles, comprenderás tú mismo que no estoy muy equivocado, y el muchacho tampoco al llamarnos sordos, ciegos y necios. — ¿Qué pensáis tú y todos vosotros de lo que digo?».

3. «Sabes, puede ser que no estés muy equivocado», dijo Suetal. «Yo también estoy empezando a ver una pequeña luz en esto. Si esto fuese el caso, entonces el muchacho no nos trató injustamente, porque estabamos en serio tan ciegos que no veíamos el bosque de tantos árboles. Pero espérate, ahora voy a observar al griego más detenidamente y después se verá en qué medida tienes razón o no».

4. A partir de este momento, Suetal me estuvo observando con gran atención, pero también el comportamiento de los demás comensales. Al cabo de un rato dijo a Ribar: «Hermano, probablemente tengas toda la razón: ¡es Él infaliblemente! Veo en todas las caras que le están venerando como a un presidente de toda esta gran agrupación, y ni el prefecto se atreve a hacer algo sin su consentimiento. Si este aparente griego fuese sólo un amigo muy íntimo y sabio del gran Maestro —como se vino comportando con nosotros— acaso ¿le habrían prestado también semejante atención? Si no se hubiese mostrado antes como sólo un amigo íntimo del gran Maestro, ya le habría saludado como tal. Pero también habría sido muy raro por nuestra parte si hubiésemos considerado a este hombre honrado por algo diferente de lo que aparenta. Porque ¿cómo vamos a suponer de un hombre pleno del Espíritu divino que quiera o deba jugar con nosotros judíos inofensivos al escondite?».

5. «Sobre esto tengo otra opinión», dijo Ribar. «Cuando se comportó con nosotros como un íntimo amigo del gran Maestro no faltó a la verdad, a pesar de ser Él el Maestro mismo. Pues mira, cada uno se conoce siempre mejor a sí mismo y por lo tanto es también su mejor y más íntimo amigo. Además, un hombre tan sabio puede tener un motivo secreto por el cual no quiere mostrarse inmediatamente a cualquiera. Pero, más tarde volveremos sobre este particular. — Fíjate solamente cómo el sabio Matael se emociona y casi rompe en lágrimas cada vez que mira al griego. Hermano, seguro que esto tiene una buena y muy significante razón.

6. Del mismo modo, me parece que el gran amor que la muchacha tan inteligente profesa al griego habla más a favor que en contra de mi afirmación. Observa solamente la hermosura celestial del joven mago; ¿no crees que todas las mujeres y muchachas de los alrededores tendrían que enamorarse locamente y al instante de él? No obstante, la muchacha no le hace ningún caso y por el contrario le gustaría hasta meterse dentro del corazón del griego. Te aseguro, hermano, que esto debe tener otra razón que estar locamente enamorada. Observándola con atención, a mí me parece que está enamorada solamente de lo divino que hay en Él sin considerar en absoluto su cuerpo. Cuando miras solamente sus ojos iluminados por un profundo respeto más que por un amor sensual, te darás inmediatamente cuenta de que en la muchacha no hay ni rastro de tal amor humano».

7. «Hermano», respondió Suetal, «no llevas tu nombre en balde, porque un pescador debe tener una vista aguda. Ahora también a mí me están llamando la atención muchísimos detalles que antes no había notado. Todos apuntan a tu afirmación. Pero también me estoy dando cuenta de algo de nuestro joven amigo: varias veces el gran Maestro —que parece que está aquí— le ha enviado a la casa, pero yo no he visto cómo andaba allí. Su manera de andar es como su manera de escribir: dónde quiere estar, allí está. Hermano, aquí pasa algo raro. Si no hiciese solamente lo que el supuesto griego le está mandando, podría creer que él mismo es el Maestro. Pero como cumple únicamente con lo que le manda el griego, sólo es posible que sea un siervo y no un señor. De todas formas es sumamente fascinante de ver hasta dónde ha llegado este joven muchacho en la magia ciertamente divina».

8. «Lo que acabas de notar en el joven», dijo Ribar, «ya me llamó la atención a mí antes, por ejemplo, cuando estuvo comiendo los ocho pescados. Realmente no se comió el pescado como nosotros con la boca sino solamente lo acercó a los labios, y ¡zas! el pescado desapareció con piel y espinas. De la misma manera consumió el pan y el vino: todo desapareció en el momento en que lo acercaba a los labios. El estar a su lado me inquietó mucho. También he mirado algunas veces, sin llamar la atención, debajo de la mesa para ver sus pies; pero los tenía tan puros y bellos como no los he visto jamás en una doncella y menos aun en un muchacho. Me tranquilicé a pesar de que me habría gustado admirar continuamente con el mayor gozo estos maravillosos pies angelicales, si no hubiese sentido vergüenza».

9. «Esto es, por cierto, una cosa de la que no me di cuenta», dijo Suetal. «Pero juzgando por su gran belleza en general, se podría pensar que se trata de un ser espiritual elevado, porque su figura y las obras milagrosas que realizó son verdaderos testimonios de ello. No obstante hay que considerar que nos fue presentado como un discípulo del gran Maestro de los más jóvenes que ha alcanzado ya un nivel muy avanzado en la magia divina. Esto significaría: si este joven siendo el menor ya es capaz de tanto, ¡cuánto podrán realizar los discípulos mayores! Teniendo en cuenta esto, la suposición de que se trata de un ser elevado se anula por sí misma, porque si en verdad fuese un ser elevado, el gran Maestro nos habría mentido anteriormente y esto sería impensable. — ¿Qué opinas de esto?».

10. «Esto puede ser así aparentemente», dijo Ribar. «Pero parece que en estos ámbitos el antiguo velo de Isis todavía no fue levantado. No obstante, si el gran Maestro fuese efectivamente lo que Matael dijo anteriormente de Él, entonces también un ángel de los Cielos podría ser un discípulo suyo. — ¿Tengo razón o no?».

Capítulo 77. Cómo Dios se da a conocer

1. «Sí, sí, esto va encajando», respondió Suetal. «Sin embargo, la expresión de “discípulo menor” tiene un inconveniente. ¿Cómo es posible que un ángel que ha vivido ya durante eternidades, sea frente a los hombres de esta Tierra el menor de los discípulos? Un ángel como él ya estaría familiarizado con la magia celestial mucho antes de que un Sol brillara en el firmamento. — ¿Cuál es tu opinión?».

2. «Desde luego, esto es una barrera que me frena en mis suposiciones. Pero, espera, se me está ocurriendo algo: Puede que el Maestro, presentándonos al joven solamente el tiempo en él que está con nosotros como el menor de sus discípulos por el motivo de que el muchacho lleva sólo unos días con su cuerpo físico aquí entre los humanos».

3. «Si esto fuese así, tendrías otra vez razón», constató Suetal. «Pero, sabes, suponer algo así sería muy atrevido. O bien esto o bien Moisés; ambas cosas a la vez no pueden sostenerse en estas circunstancias».

4. «No estoy de acuerdo», objetó Ribar. «Teniendo en cuenta que un ángel —como se ha contado de boca en boca— pudo ser un guía para Tobías durante siete años, ¿por qué no va a poder resistir éste en la Tierra algunos días? Esta Tierra es una obra de Dios igual que él mismo».

5. «Sí, sí», asintió Suetal, «si estás diciendo la verdad y Matael también tiene indiscutiblemente razón, este muchacho puede ser —pensando humanamente— el menor de los discípulos del gran Maestro. Su figura y sus obras demuestran obviamente que debe de ser un ser elevado de los Cielos. Pero si este individuo dice de sí mismo ser uno de los discípulos menores del gran Maestro de Nazaret, entonces este Maestro debe de ser, según su Espíritu, evidentemente un Señor sobre todos los Cielos. Pero si es así, surge la gran pregunta para nosotros qué vamos a poder hacer a la vista del Altísimo y Todopoderoso aquí presente en cuerpo físico. Pues esto no sería ninguna pequeñez».

6. «Es cierto», asintió Ribar, «pero si fuese así, como ya no me parece ser dudoso, ¿qué otra cosa podríamos hacer sino aceptarlo? Mira, la Divinidad es libre y hace lo que ella quiere. Los mortales no le pueden poner barrera alguna. Si hubiese llegado aquí como un juez, lo pasaríamos muy mal. Pero vino a nosotros los mortales como un benefactor amoroso para atraernos más hacia ella por el Amor, que ya predicó antiguamente el padre Enoc. En estas circunstancias la Divinidad no es terrible. Pero a mí me parece que únicamente ante el verdadero Amor la Divinidad da a conocer su plena identidad, porque es evidente que el Amor fue el único motivo por el que la Divinidad vino aquí. Pero ni con el razonamiento ni con nuestro celebrado intelecto se deja reconocer.

7. Mira, estoy comprendiendo cada vez más cosas. El supuesto griego se acercó antes tan amorosamente a nosotros, preguntando si queríamos conocer al gran Maestro de Nazaret. Pero nosotros nos opusimos enérgicamente por miedo, argumentando con razones mezquinas. Temíamos al Maestro, porque el discípulo ya nos había demostrado lo inconsistentes que son nuestras razones.

8. Hasta ahora hemos calculado siempre con el intelecto, sin haber sacado nada esencial. Nuestras suposiciones que se van afirmando cada vez más en nuestro corazón, las hemos de agradecer solamente a la bronca que nos ha hecho el sabio muchacho, puesto que al parecer se le había acabado la paciencia. Me estoy dando cuenta de que con sus duras palabras previas al largo sermón del Maestro nos quiso hacer ver que el presunto griego es precisamente el Maestro y no otro. Pero nuestro raciocinio de porquero había tapado los ojos de nuestra alma con una triple venda, de manera que no vimos el bosque de tantos árboles.

9. Ahora que tras la bronca empezamos a tener cierta simpatía para con el griego, parece que se nos han quitado algunas de las vendas y comenzamos a ver más claro. Mi opinión es que debemos echar por la borda todos nuestros razonamientos y seguir solamente al sentimiento del corazón. Así llegaremos más rápidamente a la meta que con el intelecto que le fue dado al hombre sólo como un instrumento, igual que un cucharón hace falta solamente para remover la sopa hasta que esté guisada. Después está de sobra. — ¿Cuál es vuestra opinión?».

10. Suetal, bastante asombrado, respondió: «Amigo, ya veo que tienes un alto concepto del griego. Esto sucede también en mi caso y comparto tu opinión. Sin embargo, echar por la borda el raciocinio no me gusta tanto. Porque si lo abandonamos a causa de un sentimiento que surge, ¿qué nos distingue de los animales del bosque que siguen sólo a su instinto y sensación sin emplear la razón?

11. Mira, al hombre le surgen a menudo distintos sentimientos. ¿Adónde llegaría si siguiese inmediatamente a estos sentimientos sin consultar la pura razón? Por eso pienso que es necesario antes que nada purificar el raciocinio lo más posible. Porque sólo guiado por un razonamiento purificado nuestros mejores sentimientos resultarán una verdadera bendición.

12. Los sentimientos del hombre se parecen a un pulpo con muchos tentáculos que extiende siempre para capturar su presa, pero de este animal no se percibe inteligencia alguna.

13. Si dejara el hombre de lado su capacidad de discernir, llegaría a parecerse a este animal. Porque el hombre burdo sensual es más voluptuoso y tragón que cualquier animal. Sólo la razón educada y purificada regula y ordena los sentimientos del hombre, expulsa los malos y se queda con los buenos, convirtiendo así al hombre animalesco en un hombre verdadero.

14. Por eso no hace falta que eches la divina razón por la borda, puesto que sin la razón nos puede dominar cualquier burro o buey».

15. Los diez otros compañeros estuvieron muy de acuerdo con las palabras de Suetal, pero Ribar levantó los hombros en un gesto de duda y Suetal prosiguió: «A esto no tendrás nada que oponer, ¿verdad? Mi argumentación está tan fundamentada ante Dios y el mundo como el monte Sinaí, en donde Moisés recibió los mandamientos para un pueblo bien dotado con talentos».

Capítulo 78. Raciocinio y sentimiento

1. Al cabo de un rato dijo Ribar: «Amigo, a lo que acabas de exponer se pueden hacer todavía muchas objeciones. Pero dado que eres un gran héroe del raciocinio, vendrás discutiéndome enseguida otras cosas. Desde el punto de vista mundano no estás del todo equivocado. Es cierto que una buena educación de los hombres en el mundo ha de ser siempre pionera necesaria para una posterior formación del espíritu, más elevada. Sin embargo, no debe ser el objetivo final ni podrá serlo nunca por refinada que sea.

2. Porque si el intelecto se nos ha dado como un primer regulador de nuestros sentimientos y para su ennoblecimiento, entonces debe de haber en los sentimientos madurados algo similar como un fruto maduro en el árbol. Pero para que el fruto pudiese madurar, fue necesario la luz y el calor del Sol así como la lluvia de vez en cuando. Una vez maduro el fruto, se lo coge del árbol y se guarda en la despensa para que acabe de madurar por sí mismo y aumente su sabor. Pero si dejas el fruto maduro en el árbol se echará a perder.

3. Así sucede seguramente también con los sentimientos del hombre. En cuanto hayan alcanzado una cierta madurez, hay que dejarlos libres de los cuidados racionales y dejarlos madurar por sí mismos hacia una Vida más sublime, de lo contrario todo el proceso anterior de maduración de los sentimientos habrá sido en balde. Por eso dije que, dado que ya no podemos conseguir nada más con el intelecto, lo echáramos por la borda por ser externo, abriéndonos más a nuestros sentimientos madurados para que nos guíen de ahora en adelante».

4. «Hermano», respondió Suetal, «seguramente te ha llegado un soplo del hálito divino. Te conozco de antes y veo que esto no es tu lenguaje. Ya estás acercándote a la sabiduría de Matael. Bien, mira, ya no puedo discutirte nada, porque siento en mi interior que tienes totalmente razón y hablas con la verdad. Yo todavía no he llegado a tanto, pero siento que voy avanzando poco a poco».

5. Los otros diez compañeros asintieron y manifestaron que les estaba pasando lo mismo.

6. Tras estas conversaciones, Rafael volvió a unirse con los doce y, dando a los dos interlocutores unas palmadas sobre el hombro, les dijo: «Esto está bien, amigos, esto me gusta más que vuestra necia razón. Os puedo asegurar que estáis en el buen camino».

7. Tras estas palabras, Ribar se levantó y abrazó a Rafael con todas sus fuerzas, exclamando muy emocionado: «¡Oh, tú Cielo, tú mi amigo celestial! ¿Por qué no pude amarte ya antes con todo el calor de mi corazón?». — Es que desde que Ribar había observado con más detenimiento los pies, la mano y los ojos del ángel, se había enamorado doblemente de él.

8. Pero Rafael le contestó: «Amigo, tu amor ciertamente es mejor que ninguno. Sin embargo, no sirve para el ámbito del alma y de su vida íntima. Tú amas de mí sólo la forma que es mi figura natural exterior. El amor, no obstante, es lo más interior del hombre y no debe apegarse a nada exterior. Porque así lo interior pronto se vuelve exterior y se convierte en una imagen del infierno. De esta manera el Orden divino se invierte, el espíritu del alma —que es el amor— se exterioriza y con esto se marchita como un feto que por un golpe brusco es abortado del seno maternal mucho antes del tiempo.

9. Mi figura exterior no te debe conquistar sino solamente la Verdad que escuchas por mi boca. Esta se quedará contigo y te hará libre y feliz. Que mi figura exterior momentánea te sirva solamente para demostrarte la belleza que se forma cuando la Verdad está emparejada con el amor más puro. — ¿Entiendes esto?».

10. Ribar, soltándose del abrazo con el ángel: «Sí, lo comprendo muy bien, pero viendo tu aspecto, mi cabeza me da vueltas y la razón se vuelve pesada como una losa».

11. Suetal, dirigiéndose a Rafael: «Esto es un mal antiguo de mi amigo Ribar. No puede soportar ver una bella figura, ya sea masculina o femenina, sin apasionarse; a mí me da completamente igual. Naturalmente me gusta más ver a una persona hermosa que a una fea, pero nunca me apasiono por ella. Por eso, las mujeres y muchachas más bellas han podido estar tranquilas conmigo hasta ahora».

12. «Pero esto no es por ningún mérito tuyo», constató Rafael, «sino por tu condición natural. Porque un ciego no tiene mérito alguno por no dejarse seducir por una belleza del mundo y para el sordo no es ninguna virtud si no presta su oído a un calumniador. Por eso es mucho más difícil despertar el alma de las personas como tú que de aquellas cuyo ánimo está más abierto al principio del desarrollo espiritual.

13. Mira, en el caso de Ribar lo espiritual —aunque sea todavía sin purificar— ya ha penetrado en su cuerpo físico, por lo que le atrae todo lo bello y perfecto, puesto que toda belleza externa tiene obviamente un origen espiritual interno. Por consiguiente, el enamorarse de un objeto bello significa espiritualmente —todavía de manera inanimada— un comprender y calentarse mutuo. Sin embargo, ha de ser entregado lo más pronto posible a un buen guía por el cual será conducido a la verdadera causa de la Vida. Eso ya no va a ser un trabajo difícil, porque el auténtico espíritu de la Vida —que se manifiesta a través del amor— es el ser inteligente en el hombre. Con ello capta y acoge activamente lo que corresponde a su naturaleza y al orden».

Capítulo 79. Las diferencias de los talentos humanos

1. «El enamorarse externamente de un objeto bello», prosiguió Rafael, «no es en absoluto un pecado, pero… puede llegar a serlo, es decir, una falta contra el orden de la Vida, cuando el ser humano, falto de educación adecuada, se va atando cada vez más a las formas exteriores. Por consiguiente, será mucho más difícil separar al espíritu de la belleza externa y reconducirlo al buen orden.

2. En tales casos el Señor permite algunas advertencias dolorosas e incluso castigos por los cuales el espíritu errado vuelve con el tiempo al antiguo orden, abandonando todo lo exterior, acogiendo de ello lo noble y vivificándolo.

3. Por lo tanto existe una gran diferencia entre hombres de tu condición y de la de Ribar. Lo que tú podrás ir buscando durante años para conseguirlo, un hombre como Ribar lo puede conseguir en pocos días e incluso en pocas horas, cuando recibe la conducción correcta y lo quiere seriamente. — ¿Entiendes esto?».

4. Suetal, al parecer un poco enfadado, dijo: «Sí, sí, lo entiendo, pero por otro lado no veo la razón por la que el Creador ha puesto en el mundo, por un lado, un hombre maduro y espiritualmente receptivo y por otro, uno tan burdo como un taco de madera».

5. «Sí, amigo mío», respondió el ángel, «si empiezas a preguntar de este modo, no vamos a terminar tan pronto. Tu espíritu está todavía muy dominado por tu carne, mientras que él de Ribar ya se ha elevado muy por encima de su cuerpo físico y, por lo tanto, es fácil hablar con él. Podrías preguntar también por qué Dios ha creado tantas piedras sobre la tierra y por qué no sólo un suelo blando y fértil; por qué tanta agua en cuya superficie es imposible cultivar campos o viñedos algunos; por qué tantos arbustos espinosos y cardos entre los que es imposible que crezcan ni uvas ni higos. Pero yo te digo que todo ello es sumamente necesario y lo uno no puede existir sin lo otro. Sin embargo, para demostrarte a ti los sabios motivos para todo ello, necesitaríamos muchos miles de años, mientras que un espíritu maduro y despierto capta en pocos momentos toda esta diversidad, suponiendo que esté interesado en ello. Pero como un espíritu perfecto se ha propuesto cosas mejores y más sublimes de la Vida que escudriñar el por qué de las piedras, del agua, de los espinos y cardos, prefiere confiar esto mejor al sabio cuidado del Señor de la infinitud».

6. «Si es así», respondió Suetal, «tampoco es mi culpa si soy más lento en comprender que Ribar, el que —según me consta— a pesar de su espíritu más abierto no abarca todavía, ni mucho menos, toda la Sabiduría celestial».

7. Rafael: «Hombres, como tú, deben tener una capacidad de razonamiento muy aguda para que su alma más torpe pueda encontrar un camino hacia su espíritu, el cual —naturalmente— será más largo y accidentado que aquél que los espíritus del amor han de recorrer. Un espíritu llevado por el amor ya tiene dentro de y ante sí como elemento vital activo lo que un alma ofuscada puede alcanzar sólo de manera lenta y extensa, usando correctamente sus agudos sentidos exteriores.

8. Mira, ¡cuántos esfuerzos te costará todavía hasta que hayas alcanzado el amor! Ribar, sin embargo, ya es todo amor. Sólo hace falta corregir y ordenarlo un poco para ser perfecto. Tú, al contrario, tienes que pasar primero por el vano intelecto para llegar al amor y abarcarlo completamente, sin el cual no se puede corregir ni ordenar. — ¿Comprendes esto?».

9. Suetal: «Si es así, entonces Dios es injusto y muy parcial».

10. «En cierta medida, sí», respondió el ángel, «pero sólo desde el corto punto de vista de la razón humana. Cuando quieres construir una casa, ¿por qué excavas primero unos cimientos para colocar a continuación en ellos las piedras más grandes, duras y pesadas?

11. ¿Qué te han hecho estas piedras para colocarlas en la fosa profunda y oscura y, además, cargarlas con todo el peso? ¿Por qué no te apiadaste de ellas? ¿No has pensado cuánta presión tienen que aguantar bajo la inmensa carga de una casa?

12. O ¿no te dan lástima las raíces de un árbol por tener que estar siempre en la mohosa profundidad del suelo, mientras que las ramas del árbol pueden elevarse hacia el aire y disfrutar de la luz reconfortante?

13. Mira, ¿no son todos estos ejemplos unas “injusticias” ya en los niveles más bajos de la vida natural? ¿Cómo es posible que el sabio Dios como Creador haya podido pasar de todo ello de manera indiferente e insensible en contra de todo sentido racional?

14. Del mismo modo, tus pies se podrían quejar respecto a tus manos, diciendo: “¿Por qué precisamente nosotros, que somos carne y sangre como vosotras, estamos condenados a soportaros, mientras que vosotras podáis moveros libre y alegremente en el aire?”.

15. Así también muchas otras partes del cuerpo podrían quejarse de manera aparentemente justificada contra la cabeza. Pero ¿quién no reconoce inmediatamente la insensatez de tal queja?

16. Mira, de la misma manera el Señor ha dotado a los seres humanos de esta Tierra con los talentos más diversos, algunos con facultades mayores, otros con algo menores. Pero para nadie está cerrado el portal al gran templo de la perfección, sino a cada uno le es dado el camino y nadie se puede quejar, diciendo: “Señor, ¿por qué no me has dado los mismos talentos como a mi hermano que está disfrutando de ellos al máximo?”. Porque entonces el Señor diría: “Si notas una carencia, ve a tu hermano, él te ayudará. Pero si hubiese dado a todos los hombres la misma cantidad, nadie notaría deficiencia alguna frente al otro y los hermanos no se necesitarían mutuamente nunca. ¿De qué manera habría que despertar y fortalecer luego el amor vivificante al prójimo en el hombre?”.

19. Pero ¿qué sería de un ser humano sin el amor al prójimo y cómo podría encontrar sin él el verdadero amor puro para con Dios, sin el cual una Vida eterna del alma es impensable?

18. Mira, para que un hombre pueda servir al otro, mereciendo así su amor, tiene que ser capaz de realizar algo que el otro no puede, porque le faltan los talentos necesarios. De esta manera, un hombre se convierte en una necesidad para el otro y mediante el necesario servicio mutuo se despertará el amor, fortaleciéndose cada vez más por el bien que genera.

19. Y en la fuerza del amor al prójimo se manifiesta intrínsecamente el Amor puro divino y en él la Vida eterna.

20. Pero si estás afirmando de ti mismo que casi nada te puede incitar al amor, ni una figura bella ni alguna acción buena, entonces dime ¿cuál es el medio que aún ignoramos por el cual el ser humano pueda despertar y fortalecer en su corazón el amor hasta elevarlo a la manifestación poderosa del Amor puro divino?

21. Porque si éste no se manifiesta en palabras y actos, la esperanza de la Vida eterna del alma después de la muerte física es muy escasa y triste.

22. En resumen, si guardas todavía alguna duda sobre la vida futura del alma después de la muerte física, la manifestación de la Vida no se ha realizado todavía en ti. El hombre duda siempre de lo que él carece y de lo que cree que quizá no va a tener nunca, aunque lo quiera. Pero una vez que hayas encontrado en tu corazón la Vida eterna del alma mediante la manifestación del Amor puro divino, ya no tendrás duda alguna de lo que poseas real y verdaderamente.

23. No obstante, esto sólo se puede alcanzar mediante el amor al prójimo, por lo que Ribar está más cerca de la meta verdadera de la Vida que tú, a pesar de que la luz de este mundo haya iluminado tus sesos. Pero por otra parte, tu corazón va vagando por la oscura jungla de este mundo sin fuego ni luz.

24. Por eso te aconsejo observar y guardar lo dicho en tu corazón, de lo contrario, te perderás con todo tu intelecto y el hermoso fruto en el árbol de tu vida será carcomido por los gusanos antes de estar maduro. Los gusanos son las dudas que corroerán finalmente tus sesos, convirtiendo el fruto de tu vida en una carroña maloliente que sirve a las aves rapaces de comida bien recibida. — ¿Me has comprendido?».

Capítulo 80. Cuando hombre intelectual busca el amor

1. «Sí, lo he comprendido, pero habría preferido no entender nada. ¿Cómo puedo obligarme a ser amoroso cuando por naturaleza soy incapaz de ello? Sólo conozco la reacción de mi entendimiento cuando se presentan fenómenos o se realizan acciones; pero no soy capaz de sentir amor en el corazón. Dime, por favor, qué le pasa a una persona o cómo puede darse cuenta cuando el amor se ha despertado en el corazón. Debe haber alguna señal en la vida de un ser humano que le indique tal hecho, de lo contrario todo el amor que pueda poseer, no sirve para nada si no sabe que tal sentimiento se llama “amor”».

2. «¿Ya no te acuerdas de tu infancia?», preguntó Rafael. «¿Qué sentías hacia tus padres que te amaban mucho y, siendo su niño amado, te colmaban de atenciones?».

3. «Bien es verdad que hace mucho tiempo de esto», respondió Suetal. «Pero todavía recuerdo algunos momentos en los que estuve muy emocionado y rompí en lágrimas por ello. ¿Acaso este sentimiento infantil podría ser amor?».

4. «Sí, sí, esto es amor», afirmó Rafael. «El que carece de ello, le falta al fin y al cabo todo lo que forma parte de la vida y esta persona es consecuentemente sólo una máquina de su cerebro instruido, ignorando casi todo de la entidad de su propia alma.

5. Por eso es preciso que el amor filial vuelva a despertarse en el corazón de todos los que son como tú, de lo contrario es imposible enseñar el Reino interior de la Vida a un hombre intelectual.

6. ¿De qué te sirve si entiendes todo con tu intelecto, pero no puedes captar nada de tu propia vida, ignorando cómo es y cómo se desarrolla?

7. ¿De qué le sirve a un jardinero, admirando en los jardines vecinos cómo crecen las más nobles plantas, mientras que en el suyo propio sólo deja crecer rastrojos y mala hierba en abundancia? Hay que labrar la tierra del propio jardín, limpiarla de la mala hierba, abonarla con un buen abono y sembrar las nobles plantas para poder disfrutar en el momento apropiado del hermoso resultado logrado en su propio jardín. — Pero, vamos a dejarlo ya, porque el gran Maestro va a emprender ahora nuevas cosas con nosotros y es preciso tener el corazón y la cabeza en su sitio».

8. A esto intervino Ribar: «Pero, dinos, amigo celestial, si no debemos acercarnos primero al Maestro para agradecerle todo lo bueno que hemos podido recibir aquí física y espiritualmente sólo por su gran Bondad y Gracia».

9. «Él mira únicamente el corazón», respondió Rafael, «y si este está en orden, todo está bien. En cuanto os vea maduros, os llamará para daros la orientación adecuada de cómo debéis actuar en el futuro.

10. Pero ahora se trata de prepararse en el corazón y en todo nuestro ser, porque cuando Él hace algo, tiene validez no sólo para nosotros aquí en este lugar ni tampoco sólo para este país o para la Tierra entera sino tiene validez al mismo tiempo para toda la infinitud y la eternidad. Por eso es preciso captarlo todo en su profundidad, comprenderlo y tomarlo en consideración. Cada palabra pronunciada por la boca que es movida por el Espíritu eterno de Dios y cada acción sucesiva tiene una trascendencia infinita. — Pero ahora debo abandonar por unos momentos vuestra compañía y ponerme al servicio de la Voluntad del gran Maestro».

11. Acto seguido, el ángel dejó la compañía de los doce y se reunió de nuevo con Josoé, quien tenía varios asuntos que tratar con él, porque las muchas conversaciones de todas partes le habían confundido bastante y Rafael no tenía poca tarea para aclararle todo a su discípulo.

Capítulo 81. El Señor anuncia un eclipse del Sol

1. «Amigos», dije Yo, «nuestro almuerzo físico y espiritual ha durado esta vez hasta cuatro horas y ha llegado el momento para levantarnos de la mesa. Vamos a ir a observar el mar para ver si ocurre algo que a todos nos llame la atención.

2. Al mismo tiempo os advierto de que dentro de media hora vamos a presenciar un eclipse total del Sol. Pero que nadie se asuste por ello, porque se trata de un fenómeno totalmente natural.

3. La luna que se está moviendo desde Oeste a una distancia de 98000 horas de camino26 por encima de la Tierra pasará en línea recta como un cuerpo masivo, opaco, por delante del Sol, impidiendo así que la luz solar llegue a esta parte de la Tierra. El oscurecimiento total durará solamente unos instantes y enseguida, el Sol se asomará otra vez por el borde de la Luna, dando cada vez más claridad a la Tierra. Pero durante el eclipse podréis ver las hermosas constelaciones del invierno que de otra manera, en verano, nunca se puede percibir.

4. Yo os lo advierto para quitaros todo temor ante estos fenómenos y demostraros que son totalmente naturales. Por eso no tengáis miedo cuando ocurra.

5. Sin embargo, al mismo tiempo veremos tres barcos mercantiles en alta mar que hay que llevar a tierra antes de que se presente el fenómeno, porque la mala superstición de los marineros los impulsará a tirar por la borda tanto a una bella joven virtuosa como a su padre, un griego honorable, que le acompaña.

6. Ambos están viajando a Jerusalén para ver el Templo y conocer la doctrina de los judíos en su origen. Para tal fin llevan en los tres barcos una cantidad de valiosos tesoros que caerá como un buen botín en manos de los maliciosos marineros griegos.

7. Por eso no debemos perder tiempo, porque los astros siguen su camino predeterminado por la Ley divina sin parar. Si se interfiriese en su órbita, el daño para la Tierra sería inmenso y no se podría reparar ni en mil años. Pero si se llevan los tres barcos rápidamente, de forma algo milagrosa, a la orilla, nadie sufrirá daño alguno sino que para muchos menesterosos de esta región podrá resultar de un gran beneficio tanto natural como espiritualmente. Por eso, ¡rápidamente manos a la obra!».

8. Acto seguido, todo el mundo fue corriendo a la orilla del mar, colocándose en una larga fila a lo largo de toda la playa. Esto no fue fácil para Mí, teniendo en cuenta el gran número de personas presentes: Cirenio con su séquito, mis doce discípulos y algunos más que nos estuvieron acompañando —unos sesenta en total—, los treinta jóvenes fariseos y levitas con sus oradores Ebran y Risá, los cinco que acompañaron al sabio Matael y los doce con Suetal, Ribar y Bael. Todos se agruparon alrededor de Mí, deseando estar lo más cerca de mi persona, mientras Ebalo con Yara y Rafael con Josoé de todas formas ya estaban totalmente pegados a Mí. El anciano Marco con su mujer y sus hijos también querían estar a mi lado, de modo que era explicable el agobio que sentí. Rafael, no obstante, puso todo en orden, distribuyendo en un instante a todos los presentes de manera que todos pudieron ocupar un sitio cómodo. Yo, junto con Cirenio y el anciano Marco, me subí a un barco y, a la vista de todos, fui paseando de arriba a abajo por la orilla, con lo que todos los presentes incluidos mis discípulos estuvieron satisfechos.

9. En estos momentos la Luna estaba ya muy cerca del Sol y Yo llamé a Rafael: «Sabes lo que hay que hacer, pues ¡hazlo sin demora!».

10. Rafael me preguntó, en consideración a los presentes: «Señor, ¿todo de golpe o poco a poco?»

11. «Dentro de algunos momentos, de golpe», le dije Yo.

12. Los tres barcos, sin embargo, estaban tan lejos que apenas se los podía divisar; quizá habría una distancia de unas cuatro horas de camino.

Capítulo 82. Rafael actúa como un marinero experimentado y salva a un griego en peligro

1. Ni Cirenio ni Marco podían divisar aun con todo su esfuerzo ninguno de los barcos, mientras que otros, con una vista más aguda, pudieron descubrirlos como tres mosquitos en el mar y dijeron: «Señor, con un viento favorable tardarán por lo menos unas dos horas en llegar a la orilla».

2. «No os preocupéis», les dije, «mi marinero los habrá traído a la orilla a tiempo».

3. Los treinta jóvenes fariseos preguntaron: «¿Quién es y dónde está el que puede hacer esto?».

4. «Ya conocéis al joven educador del hijo adoptivo de Cirenio; es él», les contesté.

5. «¿Pero dónde tiene preparado un barco?», preguntaron.

6. «No necesito ninguno», respondió Rafael y desapareció en el mismo instante. Todos se asustaron, pensando que el joven se había tirado al mar para nadar a toda prisa como los peces hacia los barcos. Y es que muchos de entre la muchedumbre ignoraban todavía que Rafael era un ángel y por lo tanto un espíritu puro. La mayoría le tomaba por el educador de Josoé, porque se ocupaba más del muchacho, mientras que era sólo el educador de Yara.

7. Pero antes de que la gente se diera cuenta, Rafael ya había llegado a la orilla con los tres grandes barcos. Él se había subido al barco del griego piadoso y su casta hija que le miraban atónitos de asombro y terror. Porque por un lado, el griego no podía explicarse cómo los barcos habían llegado tan velozmente a la orilla y por otro, no supo entender la aparición milagrosa de este joven marinero, de modo que todo le parecía un sueño.

8. También los marineros se habían quedado de piedra junto a sus remos y no se atrevieron a volver a meterlos en el agua. Al cabo de un rato de gran asombro, el griego con profundo respeto preguntó al joven: «¿Quién eres tú, ser poderoso? ¿Quién y por qué te mandó traernos tan rápidamente a la orilla?».

9. «No preguntes», dijo Rafael, «sino mira al Sol que va a desaparecer dentro de unos momentos. Si estuvieses en alta mar, la malvada superstición de los marineros habría hecho que te tirasen al mar junto con tu hija, para hacerse con tus tesoros. Sin embargo, esto lo previó nuestro gran Maestro divino y me mandó para salvarte inmediatamente. Ahora estás seguro, pero aún te sucederán cosas desagradables por parte de los burdos marineros, por lo que debo quedarme contigo en el barco durante los momentos de oscuridad».

10. A esto, el griego miró al Sol y vio horrorizado que quedaba sólo un fino borde luminoso. Se levantó y clamó con una maldición sonada al malvado dragón que amenazaba con devorar al Sol completamente.

11. Era una costumbre piadosa de los paganos de Asia Menor lanzar duras maldiciones al malvado dragón cada vez que ocurría un oscurecimiento del Sol, para que se asustase y soltase el astro, dando su luz de nuevo. El anciano no había terminado todavía con sus maldiciones cuando el Sol ya estuvo cubierto totalmente por la Luna.

12. En este momento, los soldados romanos en la orilla y los marineros empezaron a gritar como fieras y éstos, muertos de miedo, se lanzaron sobre el griego, queriendo tirarle a él, a su hija e incluso a Rafael al mar, porque les echaban la culpa a ellos por el terrible castigo de los dioses y querían reconciliarlos de esta manera. Pero Rafael agarró a todos los marineros de los barcos y los colocó en tierra. Al más salvaje de ellos le tiró al agua, quien tuvo que luchar mucho, aun siendo un buen nadador, hasta que llegó totalmente extenuado.

Capítulo 83. Las consecuencias del eclipse del Sol

1. Entretanto, el Sol fue apareciendo de nuevo detrás de la Luna y los ánimos de todos los presentes volvieron a alegrarse. Sólo Cirenio y Julio se habían quedado muy tranquilos a mi lado durante la oscuridad.

2. Incluso mis discípulos se habían inquietado, Yara y Josoé, temblando de miedo, saltaron al barco en el que me encontraba Yo y que estaba tomando tierra. Su miedo no era, sin embargo, por causa de la oscuridad sino por los gritos salvajes de los marineros, porque los jóvenes sabían muy bien la razón del oscurecimiento, pero no estaban preparados para este griterío. Mientras tanto, Cirenio y Julio estuvieron gozando de las bellas constelaciones invernales que nunca habían podido ver en el verano.

3. Poco a poco volvió la luz y el ánimo de la gente asustada volvió a ser alegre como antes. Los marineros volvieron a sus tres barcos, pidiendo perdón al joven por haberle tratado antes tan duramente.

4. También pidieron perdón al griego y este dijo: «Cuando la fe exige hacer algo, hay que hacerlo, a no ser que se tenga un argumento justificado en contra. Vuestra fe, sin embargo, debe ser en lo sucesivo cada vez más luminosa, entonces comprenderéis que los dioses no piden que hagamos sacrificios humanos, porque ellos disponen de todos los medios para echar, cuando quieran, cientos de miles de hombres de la Tierra».

5. Los marineros se quedaron satisfechos con este consejo de nuestro griego y prometieron acordarse en el futuro de su sabia enseñanza en caso de un fenómeno similar. Luego preguntaron al griego si quería seguir su viaje o pensaba quedarse aquí.

6. «¿No habéis visto aquí a este poderoso joven?», dijo el griego. «Me hizo mucho bien, salvándome de vuestras garras enfurecidas por la superstición ciega. A él le debo mi vida y la de mi única amada hija. Él es ahora mi amo, y lo que él diga lo cumpliré. Sin haber oído su palabra y su voluntad, no me moveré de este sitio.

7. Además, me está diciendo una voz interior que he encontrado en este lugar desértico mucho más de lo que puedo encontrar en Jerusalén. Voy a hablar con el posadero a ver si me puedo quedar en su albergue. Si esto es posible, voy a mandar traer mis bestias de carga a tierra así como todos mis tesoros y después podéis zarpar con vuestros barcos de nuevo».

8. Mientras estaban hablando, llegué Yo con Cirenio, Julio, Marco el posadero, Yara y Josoé al barco en el que se encontraba el griego, y Marco le dijo: «Amigo, ves que a un posadero honesto nunca le faltan huéspedes. Yo soy el hostelero de este lugar y acojo en mi pequeña casa y en mis tiendas a todos estos amables huéspedes que ves aquí. Pero para ti queda aún sitio si quieres quedarte».

9. «Amigo», respondió amablemente el griego, «yo necesito solamente un trozo de terreno de treinta pasos de largo y diez de ancho, donde mis servidores puedan montar las tres buenas tiendas que he traído. Con esto ya tengo bastante, porque también llevo alimentos y bebidas en abundancia y traigo bastante oro y plata para comprarme más en cuanto se agoten. Puesto que también tengo alimento para mis bestias de carga, estoy provisto de todo lo necesario. Sólo me falta espacio para guardar y colocar todo esto, por lo que voy a alquilarte el terreno por un tiempo. ¿Cuánto pides al día?».

10. «Ya sé», respondió Marco, «que vosotros los griegos hacéis siempre las cuentas claras; pero para los romanos y los judíos no es costumbre. Quédate aquí tanto tiempo como quieras y no se te pedirá nada más que tu amistad verdadera y sincera. Pero si quieres hacer un bien a algún menesteroso que se haya perdido por esta región, entonces puedes hacerlo según tu criterio sin hacer cuentas. Por consiguiente, manda que traigan tus cosas, las desembalen y coloquen como desees y ponte cómodo como en tu propia casa. Mientras estés aquí, está a tu disposición no solamente el trozo de terreno que pides sino toda mi finca, y también las mesas estarán servidas para ti. — ¿Estás satisfecho con ello?».

11. «Cuando hablas así, amigo», respondió el griego, «me estás avergonzando y poniendo en un apuro, porque no sé cómo recompensar tu gran amistad desinteresada. No me atrevo ni a hacer uso de tu inmensa generosidad».

12. Marco dijo: «Amigo, tu amistad vale mucho más que todos los tesoros que estás trayendo y que no necesito, puesto que quizás poseo tesoros mayores que no son tanto de índole material sino espiritual».

13. «Entonces ¿ya posees hace tiempo lo que yo y mi hija estamos buscando desesperadamente en todos los rincones de la Tierra?», preguntó el griego.

14. «Lo que no te pueden dar ni la Tierra entera, ni las estrellas, el Sol, la Luna, ningún templo ni oráculo, esto lo encuentras aquí en este lugar. Por eso, empieza a instalarte, aquí estás en el lugar correcto», le instó Marco.

15. Acto seguido, el griego mandó a sus catorce servidores poner manos a la obra.

Capítulo 84. Dioses y seres humanos

1. Yo, no obstante, dije al griego: «Escucha, amigo mío, tus catorce servidores serán gente muy hábil y trabajadora, pero dado que llevas muchísimas cosas contigo, tardarán bastante tiempo hasta tener colocado todo.

2. Mira, este aparentemente joven muchacho es uno de mis muchos servidores y puede lograr en un instante más que todos tus catorce mozos en cien años. Por eso, que ellos descansen por esta vez y mi siervo se ocupe de todo, colocando las cosas según tu costumbre.

3. Si quieres, se lo digo».

4. «Amigo», respondió el griego, «si esto es factible, te lo ruego. Es cierto que mis servidores están ya muy cansados y tardarán mucho tiempo hasta haber desembalado todo y montado las tiendas».

5. Entonces dije a Rafael: «Muéstrales lo que es factible en un instante para un espíritu puro».

6. Rafael se inclinó respetuosamente y dijo: «Señor, tú lo has mandado y mira ya está todo en el mejor orden».

7. A esto le dije al griego: «Bien, amigo, levántate y mira si el trabajo ha sido realizado según tu deseo».

8. Acto seguido, el griego se levantó y al ver todo tan perfectamente colocado exclamó, pasmado de asombro: «¡Por todos los dioses! ¿Qué es esto? El joven no se ha alejado de nosotros y ¡ya están montadas las tiendas y todo está colocado en el mejor orden! ¡No, no, no, esto no es posible, aquí hay gato encerrado! Voy a ver ahora cómo están las tiendas por dentro».

9. Entonces desembarcó y se fue con nosotros y su hija hacia las tiendas. Efectivamente, allí encontró para su gran asombro todo colocado en perfecto orden.

10. Esto acabó con él definitivamente. Como sobrecogido por un desmayo de emoción y admiración, dijo al cabo de un rato de total desconcierto: «O me he metido entre los sumos magos de Egipto o entre auténticos dioses, porque lo que he visto aquí no tiene precedentes en la historia de la humanidad desde tiempos inmemoriales». Y, dirigiéndose a Mí, continuó: «Tú, amigo, pareces ser el Maestro de todos ellos o Zeus mismo. No es la carne que te ha engendrado ni tampoco a este muchacho; tiene que ser el Espíritu eterno del que provienes. ¡Oh, dioses, cuánta fuerza debe morar en vosotros para poder realizar tales fenómenos y qué mísero es el pobre hombre mortal, un gusano ciego e insignificante frente a vosotros! Amigo, Tú que eres un dios al que todo obedece, ¿qué bien puedo yo, un mortal, hacerte a Ti, un dios inmortal? ¿Qué puedo darte a Ti que gobiernas toda la Tierra, el Sol, la Luna y todas las estrellas?».

11. «Amigo», le respondí, «posees mucha Luz por naturaleza y estás enjuiciando lo ocurrido, que te parece un milagro, con mucha sensatez. Pero no pongas al hombre tan por debajo del concepto de tus dioses. Yo te digo: Todos los dioses que tu conoces y veneras como tales no son nada frente a un hombre pleno del verdadero Espíritu de Dios.

12. Mira a las numerosas personas que están aquí, la mayoría de ellas son ya tan poderosas como este muchacho, sin embargo, son solamente hombres de carne y hueso.

13. Tócame y notarás que Yo también soy de carne y hueso en mi cuerpo físico visible; pero este está penetrado totalmente por el Espíritu de Dios que sólo Él es todopoderoso y a cuya Voluntad obedece todo.

14. De esta manera estamos actuando únicamente por la fuerza del Espíritu divino que está en nosotros, piensa en nosotros y quiere lo que su altísima Sabiduría, que todo ve y todo siente, considera necesario y bueno.

15. Bueno, esta característica poseo de momento sólo Yo en su máximo grado, por lo que soy un Maestro. Sin embargo, puedo capacitar para ello también a cualquier ser humano que es de buena voluntad.

16. Naturalmente no se puede conceder tal capacidad nunca a un hombre que tiene una voluntad malvada y reacia, porque es una condición previa estar iniciado en el sagrado Orden del Espíritu divino y eterno antes de concederle su Poder y Fuerza, que no consisten en otra cosa que en el hecho de que el alma de un hombre puro esté penetrada completamente por este Espíritu divino. El alma penetrada por tal Espíritu quiere entonces sólo lo que éste quiere; pero lo que él quiere ha de hacerse, porque ¡sólo él es la Fuerza primaria eterna y el Poder en toda la infinitud!

17. Todo lo que existe, vive y piensa en el espacio infinito es el pensamiento del Espíritu eterno, mantenido inalterable en el Orden establecido por el mismo — en lo que se refiere a su parte vital espiritual… Y de esta surge la idea concretizada en una forma que conforme su naturaleza también puede trascender a lo espiritual, manteniendo su independencia.

18. Ves, amigo, así son las cosas explicadas de forma muy abreviada. Pero tú eres un buen pensador y comprenderás muchas cosas en breve; por ahora que te baste con esto.

19. Te asignaré como acompañante a Matael, un hombre lleno de sabiduría, del que podrás aprender mucho y me comprenderás después mejor a Mí».

20. El griego se quedó satisfecho, profundamente asombrado por mi Sabiduría, y deseaba conocer a este hombre.

21. Acto seguido, llamé a Matael y le dije: «Querido amigo, allí hay una casa medio en ruinas; como eres un buen carpintero sabrás qué hay que hacer».

22. «Señor», respondió Matael, «con tu ayuda la casa estará pronto y perfectamente reconstruida».

Capítulo 85. El Señor asigna a Matael como maestro de Ouran

1. Tras esta conversación, Ouran —así se llamaba el griego cuya hija se llamaba Elena— quedó en silencio para concentrarse y poder intercambiar algunas palabras con Matael, quien ya le había dado a entender que estaba provisto de una sabiduría más elevada. También quiso demostrar, como un hombre de una cierta experiencia de la vida, que no le faltaban los conocimientos refinados, observando siempre el “Sapienti pauca27”. Una vez que Ouran se había recuperado y concentrado, preguntó después de un largo rato a Matael, si este quería acompañarle en sus viajes por el mundo y qué pedía por ello.

2. Matael respondió, señalándome a Mí: «Mira, este es un Sanador para cuerpo, alma y espíritu. No hace apenas doce horas cuando yo fui el ser más desgraciado del mundo. Mis entrañas estuvieron poseídas por los espíritus más malignos de manera que todo mi ser fue un miserable diablo de la Tierra. Junto con una banda de ladrones malvados fui el terror de toda la región, porque mi cuerpo tuvo que servir a los diablos. Mi alma estuvo anquilosada e ignoraba lo que pasaba con su pobre cuerpo. ¿Quién me podía ayudar en esta miseria? Fui el terror para todo aquél que se me acercaba y sólo una cohorte de los guerreros romanos más intrépidos podía dominarme a mí y mis colegas. Atados y encadenados nos trajeron aquí a los cinco para juzgarnos a la muerte.

3. Pero allí ves al gran Maestro y Sanador que vino desde los Cielos hasta nosotros pobres gusanos de esta diabólica Tierra para curarnos por su Palabra y Obra y liberarnos de este mal. Efectivamente, Él nos ha curado a mí y mis compañeros y no solamente no nos ha pedido nada a cambio sino nos agració, además, con inmensas bendiciones física y sobre todo espiritualmente.

4. Ahora mi Sanador divino me ha llamado por primera vez para hacer un servicio y tú has preguntado qué precio te pediría. Oh, amigo, antes de que yo no haya pagado a Él, el gran Uno, mi deuda es imposible que yo pida algo de ti, puesto que yo solamente le sirvo a Él, quien me ha llamado, y no a ti.

5. En cuanto a mí, seré para Él siempre el mayor deudor eternamente y con mi servicio sólo podré reducir un poco mi gran deuda. Por eso, amigo, no me deberás nunca nada por un servicio que te haya hecho, a no ser tu verdadero amistad y tu amor fraternal.

6. Porque todo lo he recibido gratis y lo que tengo, gratis te lo devolveré. Por eso, no me preguntes más por cosas parecidas».

7. «Amigo», respondió Ouran, «eres uno de los hombres más nobles con los que yo me he encontrado. Por eso, has de quedarte conmigo y mi hija para ser nuestro sabio guía durante toda mi vida.

8. Aunque no te preguntaré nunca más por el precio, ¿aceptarás que no admita que tengas que prescindir de algo, siendo mi amigo y verdadero hermano?».

9. Matael respondió: «La cuestión es si tú vas a aceptar de mí algo o todo o quizá nada. Porque mis donaciones no tienen —como ya se me ha dado a entender— un sabor tan dulce para el paladar sensual como un vino dulcificado con miel como suelen tomar los griegos aquí y allá, sino son a menudo más amargas que la hiel o el jugo del aloe viejo. Por lo tanto, no gustan a los paladares que buscan lo dulce. Vamos pues a ver primero cómo podemos intercambiar nuestros dones».

10. «Escuchadme», intervine Yo, «puesto que tenemos todavía una hora hasta la puesta del Sol y la tarde será bastante agradable, podemos dar un paseo hasta la colina de Marco para allí poder conocernos algo mejor». Dirigiéndome a Ouran: «Que tus servidores vigilen entretanto tus tiendas, porque no las volverás a ver y hacer uso de ellas antes de medianoche».

11. «Bien es verdad que contienen muchos tesoros», mencionó Ouran, «pero creo que este lugar es seguro».

12. «Amigo», le dije Yo, «cuando hace apenas una hora te viste en un gran peligro y estabas a punto de perder tu vida y todas tus posesiones, ¿quién te tuvo que salvar?».

13. Esta advertencia sorprendió a Ouran y al cabo de un rato dijo: «Sí, sí, gran Maestro, tienes razón. Recaí en mi vieja costumbre y reconozco ahora la necedad de mi miedo; no quiero que vuelva a suceder y, por tanto, voy contigo sin pensarlo más a dónde Tú quieras».

Capítulo 86. Elena, la noble hija del sabio griego

1. A esto, con pasos tímidos se me acercó Elena, la hija de Ouran, y dijo: «Señor, increíble gran Maestro y Sanador, no tomes a mal la reacción de mi anciano padre. Yo, siendo su hija, le conozco de toda la vida y te puedo asegurar que es un hombre bueno, humilde y condescendiente. Según recuerdo, nunca ha impuesto su opinión —aunque tuviese razón— sobre la de otro que quizás no tuviera razón. Nunca se ha peleado con nadie o se ha molestado o enfadado por una injusticia que le hayan hecho. Por eso los excelsos dioses no le han abandonado nunca y la diosa de la felicidad siempre estuvo a su favor.

2. Creo, por lo tanto, que tú —que pareces también ser algo como un dios— no tomarás a mal o como una ofensa a tu persona excelsa la preocupación que expresó mi padre. Pero si aún fueses inexorable con él, toma mi vida como expiación por mi padre al que amo sobre todas las cosas».

3. «¿Habéis visto alguna vez en toda Israel un ejemplo del amor filial mejor que este?», pregunté a los presentes. «Verdaderamente, es una pagana pero avergüenza a todo el pueblo de Israel que recibió efectivamente por Moisés el Mandamiento de Dios que dice: “¡Respeta, honra y ama a tu padre y a tu madre!”».

4. Todos exclamaron: «¡No, Señor y Maestro! En Israel no se ha visto nada parecido».

5. «No temas, hija mía», dije Yo a Elena, «conozco a tu padre desde hace tiempo y a ti también. Si no os conociera, habríais naufragado en este violento mar».

6. «Oh, Maestro sabio, poderoso y bondadoso», respondió Elena, «¿cómo es posible que conozcas a mi padre y a mí desde hace tiempo, teniendo en cuenta que te conocemos sólo hace apenas una hora?».

7. «Oh, Elena, mira el mar y toda la Tierra», le respondí Yo, «son todas cosas muy antiguas, pero Yo existí ya antes que ellas».

8. Al oír esto, Elena se asustó mucho y me preguntó atemorizada y con profundo respeto: «¿Entonces eres quizá el mismo gran Zeus?».

9. «Tierna paloma», le dije, «no atemorices tu corazón con cosas vanas. No soy Zeus, porque en verdad Zeus nunca ha existido. Sin embargo, Yo soy la Verdad y la Vida; los que creen en Mí, no verán ni sentirán ni palparán la muerte nunca. — ¿Sabes ahora quién soy?».

10. «Si tú no eres la insensible Verdad y la pura Vida que surge de ella, ¿cómo es posible que empiece a sentir ahora mucho amor hacia ti?».

11. «Oh, paloma mía, esto te será manifestado arriba en el monte. ¡Vamos pues, si no, el Sol se pondrá antes!».

12. Acto seguido dejamos atrás las tiendas verdaderamente magníficas e iniciamos la subida al monte cuya cumbre alcanzamos en breve por su escasa altitud.

13. Llegados a la cima, Cirenio observó lo maravilloso y bello que se veía desde aquí todo el amplio paisaje y que él podría estar mirando esta maravilla durante horas sin cansarse. Lástima que se acabase la luz del día en breve.

14. Al cabo de un rato se me acercó Simón Juda y dijo: «Señor, hoy podrías decir, como Josué28, al Sol: “¡Quédate quieto, Sol!”, para que los niños que están aquí puedan gozar de la tarde maravillosa por más tiempo y alaben a Aquél que lo ha creado».

15. «Oh, Simón, fiel pescador y ahora discípulo de nuestro gran Maestro y Señor», dijo Cirenio, «esto es una buena idea, porque para nuestro Señor y Maestro sería esto, por los motivos bien conocidos, mucho más fácil que para Josué». Entonces Cirenio se dirigió a Mí con esta petición y Yara le apoyó.

Capítulo 87. El sol ficticio

1. «Sois todavía unos niños con poca experiencia», les dije, «porque estáis pidiendo algo que no debe ocurrir en absoluto de la manera que vosotros pensáis. Habéis de saber que el Sol no anda sino que está siempre quieto con respecto a la Tierra. Bien es verdad que el Sol tiene un gran movimiento que, sin embargo, no afecta a la Tierra para nada.

2. Lo que produce el día y la noche para vosotros, es el giro que la Tierra efectúa alrededor de su propio eje. Ya os expliqué en otra ocasión que la Tierra es una inmensa esfera que gira desde el Oeste hacia el Este. Por lo tanto, siempre orienta una parte tras otra hacia el Sol. Por consiguiente, en toda la Tierra siempre hay un lugar donde es de mañana. En un lugar más hacia el Este al mismo tiempo es mediodía, en un lugar aún más hacia el Este al mismo tiempo es de tarde, y aún más hacia el Este hay un lugar en que al mismo tiempo es de medianoche. Estos cuatro puntos van avanzando sin parar de manera que durante 24 horas hay en cada punto una mañana, un mediodía, una tarde y una medianoche. Esto es un orden que nunca se debe alterar, porque se corre el peligro de que todo lo que existe en la Tierra se destruya como consecuencia de una intervención en el movimiento.

3. Para dejar ahora brillar verdaderamente al Sol durante una hora más en esta región, tendría que detener repentinamente la rotación de la Tierra cuya superficie, a causa de su gran circunferencia, en un solo momento recorre un trayecto como desde aquí hasta Jerusalén. La consecuencia sería que todos los cuerpos libres que no estén bien unidos a la Tierra, recibirían un golpe tan fuerte que no solamente todos los seres vivos tanto humanos como animales, con sus casas, cabañas y palacios, saldrían lanzados con toda vehemencia hacia Este, sino por tal impacto incluso los mares se saldrían de sus fondos por encima de las montañas y estas también estarían volando por los aires a grandes distancias…

4. Por estas razones naturales no puedo acceder a vuestra petición. No obstante puedo —como en los tiempos de Josué— hacer aparecer durante unas horas un sol ficticio que brillará igual que el Sol natural. Este sol se disolverá naturalmente al cabo de unas horas, porque será sólo un espejismo en el aire.

5. Por lo tanto, ¡prestad atención todos! Tan pronto como el Sol natural se ponga, saldrá desde el Oeste un sol ficticio y brillará durante dos horas en el horizonte.

6. Sin embargo, para que aparezca este sol ficticio no se emplearán medios sobrenaturales sino totalmente naturales, aunque impulsados y generados por unas fuerzas extraordinarias a partir de las esferas de los Cielos a través de mi Voluntad intrínseca. — ¿Habéis podido comprender lo dicho?».

7. «Yo lo he comprendido perfectamente», constató Cirenio. «Pues, todavía guardo la naranja milagrosa de Zoán29. Pero dudo que lo hayan entendido los demás aquí presentes».

8. «No importa», respondí. «Quien no lo comprenda ahora completamente, ya lo comprenderá más tarde; de ello no depende la salvación de las almas de los humanos. Hombres que tienen demasiados conocimientos sobre la Tierra física, con el tiempo querrán saber todo sobre ella — lo que en un futuro aún se dará. Pero todo esto atrae a las almas demasiado hacia lo exterior y las convierte en materialistas y codiciosas.

9. Por eso es preferible tener menos conocimientos sobre la naturaleza y la Tierra material y, por el contrario, más conocimiento de uno mismo.

10. Porque quien ha llegado a conocer su interior totalmente, obtendrá también, sin tardar mucho, el conocimiento no solamente de la Tierra entera sino también de todos los otros cuerpos celestes en el espacio infinito de la Creación, material y espiritualmente, de lo cual sólo lo último es de suma importancia. El mero conocimiento exterior de la naturaleza de esta Tierra no contribuirá a preparar a ninguna alma el camino hacia la inmortalidad.

11. Pero ahora ¡atención!, en un momento se pondrá el Sol natural y el sol ficticio saldrá por el horizonte».

Capítulo 88. El temor de los griegos ante el Sanador

1. Acto seguido, todos dirigieron sus ojos hacia el Sol natural cuya mitad ya había desaparecido detrás de las montañas. Pero mientras estuvo poniéndose, fue surgiendo el sol ficticio, iluminando esta región y también las adyacentes con una luz de la misma intensidad. Puesto que, naturalmente, tal luz no llegaba hasta las estrellas ni tampoco hasta las regiones orientales más lejanas, algunos de los presentes pudieron divisar varias estrellas de primer orden, especialmente en dirección hacia el Este, porque el firmamento se había quedado aún oscuro, lo que les produjo un gran asombro.

2. A esto, se acercó también Ouran con su hija Elena, balbuciendo con profundo respeto: «Si todo lo que me rodea no es un engaño ni yo mismo soy algo ficticio, tengo que afirmar que Tú eres el Dios de los dioses, de los espíritus y de todos los hombres, animales, tierras, mares, lagos, ríos, arroyos y manantiales y de todo lo que existe y vive en ellos. Al parecer, también los vientos, rayos y los terribles truenos así como el Sol, la Luna y todas las estrellas obedecen a tu Voluntad.

3. Si eres capaz, a pesar de ser un hombre de carne y hueso como yo, de realizar todo esto sólo mediante tu Palabra y tu Voluntad todopoderosa, entonces pregunto a todos los sabios del mundo: ¿qué te falta todavía para ser el Dios primario y perfecto de todos los dioses?

4. Yo, Ouran, un príncipe insignificante de las regiones del gran Ponto, te he reconocido como tal; aunque vengan ahora aquí Zeus mismo y Apolo negándolo, yo los calificaría de grandísimos necios.

5. Ven aquí, mi querida hija Elena, y mira al Dios de los dioses, ¡mira lo que el ojo humano antes nunca ha visto!

6. Para nosotros los griegos y también para otros pueblos es costumbre construir un templo sagrado en honor del altísimo Dios desconocido, ¡al que nunca se abre! A veces se denominaba a este Dios desconocido también el “destino inescrutable” ante el cual, conforme a nuestra tradición, incluso el gran Zeus temblaba como una hoja.

7. Y mira, este Dios terrible está ahora delante de nosotros y acaba de mandar a Apolo detener el carro del sol, siguiendo el deseo del anciano y honorable romano, quien es probablemente también un príncipe de alguna provincia feliz.

8. Hija mía, ves como Apolo no se mueve del sitio hasta no recibir una señal del altísimo Dios desconocido, a quien deben conocer más de cerca únicamente los siervos del Templo de Jerusalén, lo que igualmente puede ser mentira; porque si no reconocen a Éste como el único verdadero Dios, están en un grandísimo error».

9. «Seguramente conocerán algo más sobre Él», respondió la bella Elena, «pero quizás sólo en imágenes simbólicas. Sin embargo, yo me juego todo que no consideran a este hombre milagroso por lo que tú le consideras y lo que también parece ser con toda probabilidad. Sólo hay una cosa que no entiendo y es que mi corazón se va llenando cada vez más de un verdadero y sincero amor hacia Él, teniendo en cuenta que los hombres debemos solamente temer, venerar y hacer ofrendas a un Dios único.

10. Sabes que nuestro sacerdote, quien tuvo que servir a Apolo, me prohibió rigurosamente amar a ningún dios. Dijo que ese amor sería en primer lugar una ofensa para tal dios del primer rango como Apolo, y en segundo lugar, en caso de que este amor se incrementara y le atrajera efectivamente a él, se suscitaría con ello los celos más furiosos de las diosas, asegurándose así el castigo infalible como lo han tenido que sufrir amargamente Europa, Dido, Dafne, Eurídice y Proserpina. Esto sí que sería lo más horrible del mundo.

11. Como sabes, con semejante enseñanza de nuestro sacerdote del culto a Apolo he llegado a un punto en que ante la posible presencia del dios más hermoso no me habría asustado menos que ante la horripilante cabeza de una Medusa, de una Megera o ante una de las Gorgonas.

12. En estas circunstancias, ¡ni hablar de un amor hacia un dios! Pero mira, te confieso sinceramente que a pesar de toda mi lucha interna y los productos de mi imaginación más terribles que me hago por causa de un amor hacia un dios, estoy amando a este Dios más y más. Como le amo tanto, daría incluso mi vida por Él, si a cambio me regalara una amable mirada suya.

13. ¡Oh, Cielo de los cielos! ¡Qué indeciblemente amoroso es Él a pesar de su seriedad! Los dioses no han hecho bien al prohibir a los humanos el amarlos».

14. «Sí, hija mía», respondió Ouran. «Los dioses son muy sabios y saben lo que pueden permitir a los hombres. Primero tenemos que purificar el alma durante nuestra vida terrenal hasta que ya no se encuentre defecto alguno en nosotros, ni tras el juicio más severo de los tres jueces inexorables Minos, Ecus y Radamantis. Sólo cuando nos hayan declarado completamente puros ante los ojos y oídos de todos los dioses, nos será permitido, como la dicha más grande en el eterno Elíseo, amar a los excelsos dioses por lo menos en secreto.

15. Sin embargo, estando en la carne impura aquí en el mundo, ¡ni se te ocurra enamorarte de este altísimo Dios de primer orden! ¡Sería de lo más terrible! En el caso de que estés sintiendo efectivamente amor hacia Él, tendremos que alejarnos de este lugar lo antes posible».

16. «Esto no me serviría de nada», objetó Elena, «porque ya le tengo en lo más profundo de mi corazón y no soy capaz de sacarle de allí. Mira aquella dulce muchacha que parece amarle tan fervientemente, pero no le pasa nada malo».

17. «Querida hija», dijo Ouran, «¿sabes acaso si ella no es alguna diosa? Entonces no tendrás que temerle tanto a Él sino mucho más a ella. ¿Quién sabe si ella no es una Juno pero diez veces más importante?».

18. Elena muy entristecida y con lágrimas en los ojos, dijo: «Sí, sí, podrías tener razón. ¡Oh, qué dichosos son los dioses y qué infelices los humanos! Un corazón que no debe amar es lo más infeliz que hay en el mundo. Si me fastidia mi ojo, lo puedo tapar; si me disgusta una mano o un pie, puedo hacer que me los corten; si detesto toda mi tierna piel, puedo hacer que me la flagelen. Pero ¿qué puedo hacer con el corazón cuando empieza a importunarme demasiado? Contra un dolor de estómago Esculapio nos ha recomendado tomar jugo de aloe, pero contra el agobio del corazón no ha recomendado —según yo sé— remedio alguno.

19. Ah, acaba de ocurrírseme algo: Mira, este Dios también es un Sanador sobre todos los sanadores. Quizá me ayudaría, si se lo pedimos. Él nos ayudó cuando no se lo pudimos pedir, porque no le conocíamos; ¿cuánto más nos ayudará ahora que le conocemos y se lo pedimos ofreciéndole cualquier sacrificio que nos pida?».

20. «Pues mira, es una buena idea», constató Ouran, «quizás nos traiga un buen resultado. Pero como este altísimo Dios nos ha asignado al sabio Matael para nuestra instrucción, debemos dirigirnos a Él solamente a través de este. Matael mismo parece ser también un poderoso semidiós, igual que ese joven del que considero —para mí en secreto— que es el dios Mercurio mismo».

21. «Sí, sí», asintió Elena, «seguramente es así y el joven es Mercurio. Ahora se me está ocurriendo otra cosa. Quizá ya hayamos muerto en la Tierra, hemos superado el juicio severo, hemos bebido del Lete30 y olvidado en consecuencia los recuerdos de haber vivido en la Tierra. Quizá estemos ya en el Elíseo, pero los dioses no quieren revelárnoslo todavía sino dárnoslo a entender mediante ciertas circunstancias y sucesos.

22. ¡Mira tan sólo la maravilla indescriptible de esta región! ¿Puede ser el Elíseo todavía más maravilloso? Un sol desaparece y otro surge en el mismo lugar, incluso hay estrellas en esta hermosísima eterna mañana. Siendo esto así, padre, mi amor ya no tiene nada de malo».

23. «Hija mía», respondió Ouran. «Tu observación tiene algo a su favor, pero no la puedo aceptar como toda la verdad. En resumen, Matael no nos ha sido asignado en balde, él nos dará la explicación correcta.

24. Si ya estamos en el Elíseo, somos unos principiantes y desconocemos todo lo que hay en este nuevo mundo; pero nuestro guía Matael nos aclarará todo. Cierto es que este lugar tiene en estos momentos un aspecto paradisíaco, pero antes, durante el oscurecimiento del sol se parecía más bien al orco31. Como he oído, esta belleza no durará más de dos horas, y después seguramente volverá a tomar un aspecto muy telúrico. Por lo tanto es preciso que preguntemos a Matael quien nos dará la información más verídica y correcta. Elena, ¡habla tú con él, porque no tengo todavía la suficiente confianza! Vosotras las mujeres tenéis más facilidad para ello que los varones.

25. Aunque, ahora mismo está ocupado en una conversación con el anciano príncipe y el Dios habla también con un capitán romano. Como he dicho, en este momento no tengo la valentía para preguntarle nada, porque se me podría tomar a mal. Pero a ti, como mujer, no te tomarán a mal una pequeña impertinencia; por eso, ¡inténtalo tú!».

26. «Ahora me está entrando a mí también un poco de miedo», dijo Elena, «no sé cómo hacerlo de forma prudente. Pero concédeme un poco de tiempo, y el asunto se arreglará por sí mismo».

27. «“Si tienes prisa, ¡anda con prudencia!”», dijo Ouran. «Esto ya es un antiguo oráculo de Dodona32, enunciado por el sabio Plotino33 del que dicen que ya vivía antes de Homero. Por eso, ¡tómate todo el tiempo!

28. Lo que haga el hombre, lo debe hacer de forma prudente, pensando siempre en las consecuencias. Por eso se debe evitar cualquier acción precipitada para no caer en una trampa; acometer una tarea despacio pero seguro es mejor que lanzarse atrevidamente, arriesgándose a caer en el precipicio. Sí, el viejo Ouran es también prudente y sabio a su manera y no tuvo que arrepentirse todavía de ningún paso en falso. Esperemos que los buenos espíritus le sigan guardando también en el futuro».

Capítulo 89. Intervención y aclaraciones por parte de Matael

1. Después de esta inteligente conversación pagana, Ouran y Elena se callaron y esperaron hasta ver si ella se animaba y tenía la valentía de dirigirse a Mí vía Matael como mediador. Pero cuanto más tiempo esperaban, más dudas surgían en su ánimo que reducían cada vez más el valor para hablar. Bien es verdad que ambos admiraron la belleza de la tarde, pero siempre con algo de temor, porque la luz enigmática del sol ficticio, el lugar extraño, tan apartado, los sucesos extraordinarios y mi presencia no les permitieron que se tranquilizasen para poder disfrutar sosegadamente la serenidad de la tarde.

2. Tan pronto como Matael se dio cuenta de ello, se acercó a Ouran y le dijo: «Amigo, no eres feliz y tu bella hija parece que está sufriendo. Dime ¿qué os pasa?».

3. Ouran, dirigiéndose a Elena en voz baja: «Ya nos ha pillado. Ahora es preciso ser prudente, justo, correcto y veraz, si no iremos con seguridad por el camino terrible hacia el lugar vigilado por Cerbero34 y dominado por el inexorable Plutón35. Habla poco y lentamente, pensando cada palabra, si no se acabó para nosotros».

4. A esto, Matael dio a Ouran, que se había vuelto muy tímido, unas palmadas amigables sobre el hombro y le preguntó: «Amigo, ¿por qué te callas? ¿No has conversado antes muy valientemente conmigo? ¿Qué te ha pasado por la cabeza para que ahora seas tan reservado?».

5. Al cabo de un rato de tremenda angustia Ouran exclamó: «¡Ay, ay, aaay! ¡Es un golpe del destino — un golpe mortal! En… realidad… no… me… pasa… nada. Pero mi hija y yo nos hemos dado cuenta ahora de que nosotros unos miserables mortales hemos llegado a vosotros, unos dioses inmortales, y, por lo que parece, al Olimpo mismo como la morada excelsa de los dioses eternos, inmortales.

6. Aquí están sucediendo cosas milagrosas que son sobrehumanas. Este lugar sumamente sagrado nos está atemorizando y tanto más, porque mi hija está sintiendo un profundo amor hacia el gran Dios de todos los dioses, como ella dice y se lamenta de ello.

7. Según nuestras leyes divinas griegas, tal amor es el crimen más grave contra la santidad ilimitada de los dioses, más aún contra el altísimo Dios desconocido. Pero mi pobre hija ya no es capaz de defenderse ante este amor fatal. Ella no quiere, pero su corazón le dice inexorablemente: “¡Tiene que ser!”.

8. La pobre muchacha me lo ha confesado a mí con sinceridad, por lo que me he decidido a pedir al gran Dios con tu mediación que libere benévolamente a mi pobre hija de tal amor que no proviene de su voluntad sino solamente de unas circunstancias totalmente desconocidas para nosotros. ¿Podrías hacernos este gran favor, tú que eres seguramente también un semidiós importante, y pedirle al gran Dios la curación del pobre corazón enfermo de mi hija? Al mismo tiempo ordéname qué sacrificio puedo hacer en compensación por tal merced».

9. Estas palabras sacaron a Matael por primera vez después de su curación una sonrisa benévola y compasiva. Dijo a Ouran: «Verdaderamente, eres un auténtico pagano, pero muy puro. Andas por el mundo buscando la Verdad y la verdadera Luz; pero cuando la has encontrado no la reconoces de tanta absurdidad pagana.

10. Tengo mucha compasión contigo, pero lamento también tu estrechez de miras; sin embargo, espero que aquí tu antigua necedad acabe pronto.

11. Mira, lo que tu hija está sintiendo en su corazón como amor para con nuestro gran Maestro santo, es precisamente la única señal de la verdadera Vida de la chispa divina espiritual en su alma. En cuanto esta chispa en su pecho se convierta en llama, entonces reconocerá la inutilidad de vuestro politeísmo pero al mismo tiempo también la única verdadera Divinidad eterna de Aquel que ha encendido y vivificado esta chispa en su corazón.

12. Te puedo asegurar: el amor es el único lazo con el cual Dios atrae a sus criaturas como hijos a su corazón paternal todopoderoso y los convierte en su imagen y semejanza. Y tú, viejo pagano ciego, ¿pides la liberación de esta grandísima Gracia divina que Dios mismo en su gran Misericordia ha vertido en vuestros corazones para despertar la Vida interna?

13. ¡Olvídate de tus temores necios y conviértete en un hombre capaz de lograr la Vida eterna en su interior, gracias a la fuerza donada por Dios, reconocerse después a sí mismo y a Dios en la Verdad y, como consecuencia, entrar luego en la verdadera Bienaventuranza eterna!».

Capítulo 90. Origen y explicación de los nombres de los dioses griegos

1. Prosiguió Matael: «Para que sepas de dónde provienen tus dioses y que en el fondo no significan nada, te digo en el nombre del Señor, que está entre nosotros, que sólo son nombres huecos. Antiguamente, no obstante, fueron expresiones de características del único Dios verdadero, cuyo Espíritu actúa ahora en toda su plenitud en este Maestro que está delante de vosotros.

2. “Zeus”, originalmente “Zeuosa”, es aquella expresión que en los tiempos de los primeros patriarcas siempre servía de prefijo ante las leyes que los patriarcas recibieron del Espíritu de Dios, por intuición en sus ánimos, y que significaba “el Padre lo quiere así”... porque “Ze” significaba la firme Voluntad invariable, y “uosa” indicaba al Padre celestial como Creador y Regente universal.

3. El concepto “Júpiter”, mejor dicho “Je u pitar”, empleaban los antiguos para designar a los hijos un recipiente que recogiera el Amor y la Sabiduría procedentes de Dios. “Je u pitar” significa entonces: La U —como un signo representando a un corazón abierto— es el recipiente de la bebida de la verdadera Vida; “pit” significa beber, “pitar” una vasija sagrada para beber.

4. Pero puesto que vuestro Zeus o Jeupitar no es otra cosa para vosotros que un nombre hueco, porque os falta el conocimiento del significado de estos conceptos ancestrales, también los nombres vanos de todos vuestros dioses y diosas no tienen valor ni sentido.

5. Por ejemplo, vuestra Venus o Afrodita que para vosotros es una diosa de la belleza femenina, indicaba con las denominaciones de los patriarcas una mujer de fisonomía bellísima, sin serlo también en el sentido espiritual. Porque la experiencia también enseñó a los antiguos que una mujer hermosa —con raras excepciones— es habitualmente tonta y carece de conocimientos, porque le ocupa demasiado su belleza corporal y su vanidad sin tener tiempo para adquirir conocimientos útiles. Por eso los patriarcas llamaban a tal belleza femenina una verdadera “Ve nuz” que significa algo como “Esa no sabe nada”.

6. Casi lo mismo significa también la expresión “a v rodite”. Cuando ponían “O V rodite”, significaba “dar a luz a la Sabiduría divina pura”; y “slou rodit” significa “dar a luz a la sabiduría humana”; pero “a v rodit” significa “dar a luz a la ignorancia humana”. Con lo que “Avrodite” significaba entonces una bella mujer ataviada que da a luz a la ignorancia, porque de por sí ya es tonta.

7. Con la letra “V” los antiguos representaban siempre un recipiente. Colocando delante de la “V” una “O” sagrada, imitando el círculo del Sol y correspondientemente también a Dios en su Luz primaria, la “V” significaba el recipiente para la Luz de la Sabiduría divina. Pero cuando estaba una “A” delante de la “V”, indicando con ello todo lo meramente terrenal y vano, el signo del recipiente era para recoger la inútil necedad terrenal. “Rodit” a su vez significa: dar a luz, y “A V rodit36” por lo tanto “dar a luz a la necedad”.

8. Ahora dime, ¿acaso aún no se te enciende una luz acerca de la naturaleza de tus dioses?».

9. Tras estas explicaciones las caras de Ouran y Elena empezaron a iluminarse y el temor por su amor hacia Mí comenzó a desvanecerse.

10. «Amigo, tu sabiduría es grande», dijo Ouran a Matael. «Lo que acabas de lograr en mí con pocas palabras, no lo habrían conseguido ni todas las escuelas de Egipto, Grecia y Persia en cien años. Has borrado para mí de un plumazo a todos los antiguos dioses de estos países, excepto al Dios desconocido, al que estoy convencido haber encontrado aquí y conoceré mejor con el tiempo. Eres una persona que no se puede pagar con oro alguno. De momento, te doy las gracias como hombre y amigo de todo corazón; todo lo demás vendrá a su tiempo». También Elena se lo agradeció por las aclaraciones tan sabias.

Capítulo 91. Matael, el que rompe los muros de los templos paganos

1. A continuación, Matael se acercó a Mí y me preguntó, si había actuado bien al dar por su cuenta estas explicaciones sobre los nombres de los dioses paganos y si no se había precipitado con ello.

2. «Oh, de ninguna manera», le dije Yo. «Resultó muy bien y has hablado conforme a la Verdad. Con pocas palabras has conseguido más para eliminar el paganismo tétrico que cualquier sabio maestro en muchos años. Porque cuando se quiere educar a una persona de forma inteligente y sabia, es preciso eliminar primero todo desacierto y error de su manera de pensar. Una vez que la persona se haya vuelto un recipiente vacío pero limpio, será más fácil llenarlo con la Sabiduría de los Cielos; este será el caso con estos dos.

3. Te aseguro que ellos dos se convertirán en poco tiempo en unas personas de las que mi corazón se alegre mucho más que de diez mil judíos que se creen muy justos según Moisés, pero que como personas me son más ajenas que otras que nacerán en mil años.

4. También te advierto: Si alguna vez deseas tener una mujer, tendría que ser Elena. Pero nada más lejos de Mí que querer influenciarte en este sentido, sino que te lo diga tu corazón al que vas a seguir.

5. Pero, reúnete de nuevo con ellos y sé amable. El anciano, un hombre muy instruido, y su admirablemente bella hija te pedirán más explicaciones sobre los nombres de la antigüedad. Ya eres un verdadero sabio y no te será difícil darles unas respuestas acertadas.

6. Al mismo tiempo, tu conversación dará una buena impresión a los romanos, lo que constituirá una primera herramienta para empezar a derribar los muchos templos paganos que existen. Más tarde, de aquí a unos decenios, aunque sea todavía con ciertos esfuerzos, conseguiremos más efectos notables en el paganismo de lo que normalmente se podría lograr en mil años.

7. En la noche37 siempre resulta difícil predicar sobre día, pero una vez que haya aclarado38, entonces toda enseñanza sobre el día sobrará, porque entonces él mismo ya producirá la Luz de por sí solo… El anciano a su vez te planteará unas preguntas muy importantes, por lo que es aconsejable darle unas respuestas concluyentes. Ve, por tanto, en mi Nombre y cumple bien tu tarea.

8. Nosotros participaremos muy atentamente en vuestro coloquio. Yo me ocuparé de que los más alejados te entiendan también.

9. Dejaré que el sol ficticio brille aún unas horas más, lo que atraerá a mucha gente de la ciudad para mirar —parte por curiosidad y parte por miedo— este fenómeno de un día tan largo. No obstante, tú vas a haber solucionado muchas cosas con los dos en poco tiempo.

10. Después de haber apagado el sol ficticio, tomaremos una buena cena aquí en el monte, durante la cual tendremos ocasión de dialogar y aclarar muchos asuntos. Ahora ya sabes todo lo que es preciso hacer. Lo demás lo dirá el momento».

11. Matael me dio las gracias por esta misión, y …para sus adentros también por la proposición acerca de la bella Elena la que había tocado su corazón ya desde el primer momento de modo que le hizo pensar: “¡Oh, cielos, una mujer con una presencia tan bella no se ha visto jamás en toda Israel!”.

12. Por otro lado también todos los romanos, incluido el mismo Cirenio, le habían echado el ojo a la hermosa griega y les costaba no poco esfuerzo mirar a otra parte si no era a esta belleza. Su cuerpo parecía estar formado por el éter de luz más puro y resultaba más atractivo que el maravilloso sol ficticio.

13. Por eso, Matael se contenía al máximo; pero lo que sentía en su interior no lo supo nadie más que Yo.

Capítulo 92. La diferencia entre la belleza de los hijos humanos y de los hijos de Dios

1. Acto seguido, Matael, muy serio y pensativo, se acercó a Ouran y la bella Elena y les preguntó si habían reflexionado ya sobre las explicaciones que les había dado.

2. Elena, con un gesto muy amable, contestó: «Mira, la gente dice que soy una muchacha muy guapa, de manera que me llaman a menudo una segunda Venus. ¿Opinas tú que este nombre es adecuado también para mí, conforme a tu explicación? ¡Dímelo, querido sabio amigo!».

3. Esta pregunta desconcertó a Matael al principio un poco, porque notó que el corazón de Elena había sentido una ligera humillación. Pero pronto se recuperó y dijo: «Querida hermana en Dios, lo que te dije vale solamente para los hijos de este mundo; los verdaderos hijos de Dios, sin embargo, por muy bonitos que puedan ser en su aspecto exterior, también son muy sabios en su corazón.

4. Para ellos la belleza exterior es solamente un espejo de su belleza espiritual interior, mientras que para los hijos del mundo es como la pintura blanqueadora y engañosa de las tumbas que, una vez pintadas, tienen un aspecto bonito y atractivo, pero por dentro no hay más que hedor y putrefacción.

5. Pero como tú buscas a Dios, eres una hija de Dios. Por el contrario, los hijos del mundo buscan sólo el mundo y son por lo tanto sus hijos. Huyen de lo divino y anhelan solamente los honores y el prestigio del mundo.

6. Calificando al mundo de grande, magnífico y hermoso, han conseguido ya toda su felicidad. Pero si se quiere hablar con ellos sobre cosas divinas, se callan y no saben nada. Para tapar su vergüenza, se colocan los adornos mundanos, armándose de soberbia y vanidad, y persiguen con ira, odio y burla la Verdad que Dios vierte en los corazones de sus hijos.

7. Por eso hay una gran diferencia entre la belleza de los hijos de Dios y la de los del mundo. La primera es, como he dicho, un reflejo de la belleza interior del alma, y la segunda, la pintura blanqueadora de la tumba representa a “Venus”. Pero tu belleza no tiene que ver ni mucho menos con esa de la Venus, porque tú buscas a Dios y en realidad ya lo has encontrado. Por eso no debes relacionar mi interpretación contigo. — ¿Me has entendido bien?».

8. «Oh, sí», respondió Elena. «Pero me parece muy atrevido decir que soy una hija de Dios. Bien cierto es que todos somos criaturas de un solo Dios. Sin embargo, no se puede hablar en nuestro caso de la excelsitud ilimitada de los verdaderos hijos de Dios, puesto que somos burdos y pesados seres humanos de la materia, cargados con múltiples debilidades e imperfecciones. Por eso, creo que te has pasado un poco, querido y sabio amigo».

9. «¡Oh, de ninguna manera!», respondió Matael. «Lo que acabo de decirte proviene del Dios Unico, y lo que Él me enseña es la Verdad eterna.

10. Pongo un ejemplo: Tienes una paloma; para que no se escape levantando el vuelo y se vuelva mansa y confiada, le recortas las alas. Entonces la paloma ya no se puede escapar sino que se queda contigo y se deja domesticar.

11. Dime, si la paloma con las alas recortadas es ahora menos paloma que antes. ¿No le van a crecer otra vez las alas dentro de poco tiempo? Sí, la paloma tendrá al cabo de un tiempo otra vez sus alas y podrá volar como antes. Sin embargo, ella estará domesticada y le gustará quedarse contigo. Aunque hiciese de vez en cuando una excursión, no tendrás nada más que llamarla y ella escuchará tu voz y volverá rápidamente hacia ti, dejándose acariciar.

12. Bien es cierto que los hijos de Dios en este mundo tienen más de una debilidad que los obstaculiza para acercarse a Dios, su Padre. No obstante, el Padre santo ha permitido que los hijos tengan esta debilidad para la vida terrenal solamente por la misma razón por la que has inhibido el vuelo a tu paloma.

13. Precisamente con esta debilidad los hijos han de reconocer a su Padre, haciéndose mansos y humildes, y pedirle por la fortaleza correspondiente. Él se la dará, en cuanto haya llegado el momento para ello.

14. Pero a pesar de las debilidades —pues, también los hijos de Dios tienen debilidades— no son por menos sus hijos; igual que la paloma sigue siendo una paloma, aunque se le haya recortado las alas para domesticarla. — ¿Entiendes esto, bellísima Elena?».

Capítulo 93. Dos formas de amar al Señor

1. «Sí, sí, lo entiendo», dijo Elena, «pero con un cierto desagrado. Sin embargo, empiezo a notar algo de Luz sobre el asunto y espero poder comprender con el tiempo cada vez mejor. Pero, dinos, querido amigo, ¿cómo es posible que esté amando al Dios Único cada vez más, pero que mi corazón ya no sufra dolor? Desde que sé por ti que tal amor no es un vicio sino una virtud necesaria en los humanos hacia Dios, este fuerte sentimiento ya no me produce dolor y todo el peso en mi interior se ha desvanecido. Oh, dime por favor, ¿cuál es la razón para ello?».

2. «Pero, queridísima, ¡eso está claro como la luz del día! Anteriormente tuviste un temor grandísimo, porque tu corazón abrazaba a un dios con todo tu amor, lo que es muy condenable según vuestra necia doctrina sobre los dioses. Pero ahora has visto palpablemente que esta postura es estúpida, porque has reconocido la Voluntad de Dios en su misma fuente y comprendido que tal amor debe ser la primera y mayor virtud de cualquier ser humano. Por eso también se comprende fácilmente que tu amor ya no te produzca dolor de corazón sino una gran dicha. — ¿No lo entiendes por ti misma?».

3. «Oh, sí, ahora lo comprendo perfectamente», respondió Elena. «Pero sin tu explicación no lo habría tenido tan claro. ¡Ahora todo está en orden!».

4. «Si es así, ya no necesitarás saber muchas cosas más», dijo Matael. «El amor creciente en tu corazón te aclarará todo lo demás. Pero ahora disfruta de la maravilla de este día que el Señor nos regala en abundancia por su infinito Amor, Sabiduría y Poder. Porque los hombres de esta Tierra no verán nunca este esplendor, aunque pasen miles de años».

5. «Noble amigo, has dicho toda la verdad», intervino Ouran. «Esta prolongación del día a la hora de la puesta del Sol es milagrosa y muy conmemorativa. Por la mañana no llamaría tanto la atención, porque ha sido observado ya más de una vez, especialmente en las regiones del Ponto, cuando salieron uno, dos y hasta tres soles sucesivamente antes de la salida del Sol natural, ocasionando con ello un amanecer prematuro. Tal fenómeno matutino no careció de interés, pero ni mucho menos tuvo la importancia como esta prolongación de la tarde, causada por un sol ficticio que resplandece en el firmamento igual que el Sol natural. Verdaderamente, esto no se ha visto nunca, según yo sé, y tampoco se volverá a ver tan fácilmente.

6. Pero lo más extraño de este fenómeno es que se pueda ver las estrellas en el Este, teniendo en cuenta que este hermoso sol ficticio no ilumina menos que el Sol natural. Dime, querido amigo, ¿son estas estrellas naturales o quizá también ficticias? A esta hora, las estrellas ya debieran ocupar todo el firmamento, pero ¿por qué están solamente en el Este?».

7. «Amigo», dijo Matael, «esta cuestión ya se ha tocado hoy una vez, pero no la habrás prestado atención, por lo que te la voy a explicar en tanto yo sea capaz para ello».

Capítulo 94. Matael explica el movimiento de las estrellas

1. «Mira», prosiguió Matael, «este sol que brilla ahora en el cielo está en línea recta a una distancia de nosotros no más de lo que un buen jinete puede cabalgar durante un medio día. Sin embargo, el Sol natural está tan lejos en línea recta desde la Tierra que es imposible que un buen jinete pueda alcanzarlo, cabalgando día y noche, ni en diez mil años. Esto demuestra hasta dónde llegan los rayos del Sol natural, llenando un espacio infinito, y lo cortos que son los rayos de este sol ficticio. Apenas alcanzan el horizonte hacia el Este, lo que se ve también por la mayor oscuridad por aquel lado y la escasa luminosidad en el aire. Por el contrario, a causa de la luz tan brillante del Sol natural que ilumina el aire alrededor de la Tierra no podemos ver ninguna estrella durante el día.

2. Si la luz del Sol no fuese tan intensa, podríamos ver durante el día por lo menos las estrellas más grandes. Pero a causa de la luz solar tan potente, es imposible. — ¿Comprendes esto?».

3. «Sí, lo comprendo más o menos», dijo Ouran, «pero no del todo. Nunca me he podido explicar las razones por las cuales las estrellas se mueven y que después de la puesta del Sol aparece en el firmamento una multitud de ellas bien conocidas. Pero después van apareciendo cada vez más desde el Este y las existentes van desapareciendo por el Oeste. No obstante, algunas se quedan en su sitio —con muy poca variación— tanto durante el invierno como durante el verano. Esto es el caso especialmente de las estrellas que decoran el cielo del Norte. Pero las muy hermosas estrellas del cielo del Sur cambian mucho y, conforme la estación del año, cada vez se puede ver otras. Y entre ellas hay muchas39 que van emigrando de una constelación fija a otra…

4. La luna tampoco parece tener un orden visible en su movimiento; alguna vez sale muy al Norte y otra vez muy al Sur. Bien, amigo mío, tú entiendes de estas cosas seguramente más que yo y mi hija y te ruego que nos expliques estos enigmas celestiales».

5. «Sabes, para explicarte todo esto muy claramente», dijo Matael, «no tenemos ahora suficiente tiempo y tú no tendrías la paciencia de escucharme hasta el final. Por eso es mejor aplazarlo para otro momento más adecuado. Sin embargo, puedo mencionarte algo esencial para tu tranquilidad. ¡Escúchame, pues, atentamente!

6. Mira, no son las estrellas, el Sol o la Luna las que salen y se ponen en el horizonte, sino que es la Tierra la que hace este movimiento… Pues, la Tierra no es ni mucho menos un disco, sino un globo enorme con una circunferencia de varias miles de leguas, y gira por su propio eje. Para una vuelta entera necesita 24 horas que puedes medir con un reloj de arena, tal como nos lo explicó anteriormente el Señor mismo. Esta rotación provoca todo lo que me has preguntado antes y es en resumen la explicación de todo.

7. Las estrellas que ves como constelaciones fijas y Soles, están —como nos lo ha explicado el Señor mismo y conforme mi visión propia— tan inmensamente lejos de la Tierra que no podemos percibir su magnitud ni su distancia ni tampoco su movimiento. Sólo en muchos miles de años se puede divisar un cambio en la posición de las estrellas fijas, pero en algunos cientos de años no muestran cambio alguno.

8. Sin embargo, las estrellas que cambian continuamente su posición, están más cerca de la Tierra y son cuerpos celestes más pequeños que un Sol. Puesto que giran alrededor de nuestro Sol, se puede percibir su movimiento claramente. — Esto es lo esencial que te puedo decir ahora; lo demás te explicaré en otra ocasión. ¿Estás satisfecho con ello?».

9. «Sí, estoy satisfecho», respondió Ouran, «pero como soy ya un árbol viejo, difícil de encorvar, te ruego que tengas un poco de consideración conmigo.

10. Mira, desde mi infancia hasta muy avanzada mi vejez me he ido acostumbrando ingenua y sinceramente a las viejas tonterías y, como nunca se ha oído algo mejor, uno encontró más de una vez afirmaciones sorprendentes de lo que uno había creído siempre. Pero como aquí todo es tan nuevo para mí, me veo obligado a echar por la borda todo lo antiguo conocido, — y esto va algo despacio conmigo.

11. Al adquirir aquí unos conocimientos totalmente nuevos e insospechados, me cuesta bastante esfuerzo comprender que lo antiguo se ha quedado anulado y lo nuevo es lo verdadero. Por eso tienes que tener un poco de paciencia conmigo. Pero poco a poco me convertiré en un discípulo tuyo bastante aceptable a pesar de mi avanzada edad.

12. Con mi hija, no obstante, no tendrás tanto trabajo, porque la muchacha es rápida de entendimiento. Conmigo también tendrás éxito, sólo que un poco más lentamente.

13. Sí, ¡las estrellas, querido amigo, las estrellas, el Sol y la Luna con sus continuos cambios! Son todos unos objetos muy raros, y nuestra Tierra también. El que llegue a tener amplios conocimientos sobre todos ellos, habrá llegado al nivel más alto de la sabiduría humana. Pero hasta haber descubierto —sobre todo uno como yo— estos enigmas inescrutables, la buena Luna tendrá que salir aún muchas veces por el horizonte. Queda claro que lo que acabo de escuchar son auténticas verdades, pero están tan revueltas en mi cabeza como los primeros ladrillos para construir un palacio. Cada ladrillo en sí tiene la consistencia como una verdad sólida; pero el camino hasta unirlos para formar un buen cimiento para el palacio, está todavía muy lejano para mí y creo que no lo tendrás fácil conmigo».

Capítulo 95. Los métodos de educación en el antiguo Egipto

1. Como la observación muy acertada del anciano le había llamado la atención, Matael respondió muy animado: «Querido amigo Ouran, desde tu punto de vista muy humano has hablado con mucha certeza y sabiduría, porque para comprender nuevas verdades desconocidas hasta hoy es tal como tú dices. Sin embargo, he de hacer las siguientes objeciones: En las antiguas escuelas de Egipto la educación de los niños que pertenecían a la casta de los sacerdotes, se hizo según un método muy particular que en el fondo no fue malo.

2. A los recién nacidos se los llevaba a unas amplias habitaciones subterráneas a las que nunca podía llegar la luz del día. Allí recibían los mejores cuidados, pero no podían ver nunca otra luz que la de una lámpara de naftalina bien construida, —un arte en el que los antiguos egipcios eran grandes maestros. Los niños crecieron en estas habitaciones subterráneas hasta la edad de veinte años y recibieron las enseñanzas correspondientes acerca del hermoso mundo “de arriba”, es decir, el mundo real exterior que nunca habían podido ver.

3. Se hacían en su imaginación toda clase de fantasías, pero de la extensión de los paisajes, bañados en la luz de una gran lumbrera, del Sol… de la sensación de encontrarse en un espacio libre de una profundidad incalculable bajo el Sol, la Luna y las estrellas… de la intensidad de la luz y de su calor… De todo esto, por supuesto, no podían hacerse idea alguna.

4. Este ingenuo alumno de la escuela oscura subterránea almacenaba por lo tanto en su cerebro gran cantidad de fragmentos de las verdades del mundo superior y de sus condiciones, pero a pesar de todo su interés y aplicación no llegaba a hacerse una idea clara y ordenada de todo ello.

5. Entonces, cada una de sus nociones era como un “ladrillo de construcción”, consistente y verdadero, cuya unión para formar un gran palacio tardaba todavía mucho en realizarse, lo que naturalmente en las habitaciones subterráneas era totalmente imposible.

6. Una vez que tal discípulo en su mundo subterráneo según el criterio de sus maestros había alcanzado el nivel de formación necesario, se le indicaba que por la Gracia de Dios pronto y repentinamente llegaría al luminoso mundo exterior, en cuya Luz podrá aprender y experimentar en un momento más que en muchas horas en el oscuro entorno subterráneo.

7. Esta perspectiva le producía al alumno naturalmente mucha ilusión, aunque sabía que aún tenía que “morir” previamente de un modo muy particular. Esta muerte consistía en un sueño muy profundo durante el cual se llevaba al discípulo a un palacio magnífico del mundo exterior.

8. ¡Qué asombro tan inmenso para el alumno cuando al despertar de su sueño veía por primera vez la divina luz del Sol! ¡Qué impresión de sí mismo tan maravillosa, viéndose vestido con unas túnicas blancas orladas de rayas rojas y azules! ¡Qué deleite al ver las amables personas de ambos sexos, también preciosamente vestidas! ¡Qué delicia al gustar las nuevas comidas tan bien preparadas! Pero cuánto más gozo debía sentir su alma al salir fuera para caminar por los maravillosos jardines, respirando sus fragancias ambrosianas y admirar sobrecogido por primera vez toda la naturaleza en su plenitud esplendorosa, iluminada por el Sol.

9. Ves, esta imagen que puedes ampliar en tu fantasía, refleja tu relación conceptual referente a las nuevas verdades que se te han revelado aquí.

10. Lo que vas a escuchar todavía en las oscuras habitaciones en las que se encuentra aún tu alma, son naturalmente sólo fragmentos que no pueden constituir una unidad perfecta. Pero una vez que tu espíritu haya despertado en tu alma mediante el amor verdadero para con Dios, el Señor, y a partir de este amor también con el amor al prójimo, entonces percibirás dentro de la Luz vital de tu espíritu todo el conjunto en toda su amplitud y todo el inmenso mar de la Luz de la Verdad, dónde ahora apenas eres capaz de divisar alguna gota aislada.

11. Nuestro primer trabajo primordial será por lo tanto liberar el espíritu en tu alma y llevar esta a la Luz. Una vez que lo hayamos logrado, amigo, ya no será necesario reunir gotas aisladas sino que nos ocuparemos inmediatamente de los inmensos mares de la Luz más sublime de la Verdad divina.

12. Entonces, amigo, seguramente ya no me preguntarás por las relaciones entre la Luna, nuestra Tierra, el Sol y todas las estrellas, porque comprenderás todo ello por ti mismo con una sola mirada.

13. A partir de ese momento, empezará para nosotros una nueva escuela de la cual ahora no puedes tener todavía ninguna idea. — Dime, amigo, ¿has entendido esta imagen y te ha gustado?».

Capítulo 96. Las reflexiones de Elena sobre la sabiduría humana

1. «Querido amigo», respondió Ouran, «todo ello me ha gustado mucho y creo que debe de ser así con nosotros los hombres. Si no fuese así, no habrías llegado a esa tu sabiduría.

2. Debe de ser que también tú primero fuiste educado en el ámbito siniestro de tu carne. Y después, en lo que se refiere al ámbito de tu alma, has dejado tu carne atrás… con lo que ahora te estás paseando gozoso por el palacio luminoso de tu espíritu y sus jardines paradisíacos. En tu caso, las antiguas pequeñas gotas se han unido en un gran mar; pero en mi caso esto tardará aún mucho tiempo. Comprendo el sentido de cada una de tus explicaciones, pero el gran conjunto será totalmente claro para mí sólo cuando mi alma haya abandonado las oscuras catacumbas de la carne y entre en el palacio luminoso de su espíritu y sus jardines, donde los frutos ambrosianos están madurando en la Luz y al calor del Sol eterno de la Vida.

3. Mira, tengo un presentimiento agradable de lo que puede ser y seguramente también lo será. Pero no tengo noción de para cuándo vaya a ser, ni siquiera se siente un aviso que nos anuncie unos días antes de que la pobre alma ha sido conducida fuera de las oscuras catacumbas.

4. El hombre no puede hacer nada más que someterse pacientemente a la Voluntad de ese Guía todopoderoso, Quién ha despertado también a tu alma —sin anunciarlo antes de tu carne— en el palacio luminoso de tu espíritu poderoso.

5. Ahora me gustaría escuchar de Elena si le ha gustado tu imagen y cuáles son sus reflexiones al respecto».

6. «Oh, ¡las mejores del mundo!», respondió Elena. «Esta imagen es maravillosa y muy acertada. Si los antiguos egipcios tenían tales instituciones de educación, seguramente no eran gente tonta, tal como sus magníficas obras dan testimonio de ello. Sin embargo, habría sido deseable haber extendido estas sabias escuelas a todo el pueblo; porque no me puedo imaginar que estuviera en el plan del gran Creador omnisapiente el que una gran parte de la humanidad se quedase ignorante y totalmente ciega de por vida. No obstante, en el mundo es siempre así que por cada sabio hay más de diez mil estúpidos y ciegos. Pero por qué tiene que ser así, es una pregunta muy difícil de responder.

7. En esta colina extensa estamos reunidas seguramente unas cuatrocientas personas, pero entre ellas no habrá más de cincuenta verdaderos sabios; todas las demás no serán apenas discípulos de la sabiduría. Los soldados romanos y la numerosa servidumbre del prefecto no se podrán contar ni siquiera entre el grupo de discípulos menos favorecido.

8. Desde aquí vemos todavía la cercana ciudad, donde se divisa una multitud de personas que están con los ojos fijos en este brillante sol ficticio que no se mueve de su sitio, y no saben cómo explicarse este fenómeno. Entre toda esta masa de gente no hay seguramente ni un sabio, aunque más de alguno crea serlo, lo que en el fondo es mucho peor que creerse con la humildad de su corazón ser el menos instruido entre todos sus compañeros. ¿Qué impresión tendrá este fenómeno infrecuente entre esas personas? Se preguntarán entre sí: “¿Qué es esto, qué significa y qué consecuencias se sacarán?”.

9. Pero ¿quién les va a contestar a todas estas preguntas? Salieron ignorantes y ciegos de sus casas y más ignorantes y ciegos volverán a ellas. ¿Realmente tiene que ser que aquellas gentes hayan de permanecer ignorantes y ciegas?

10. Las personas que están aquí —aun sin ser discípulos— tienen por lo menos la información de que este no es el Sol real sino sólo un sol ficticio creado por el Poder ya conocido del gran Maestro, es decir, una consecuencia de su maravillosa Voluntad. Tal como muestra su aspecto, están disfrutando del fenómeno aunque no lo entiendan más que yo. Y cuando Él disuelva esta gran luz dentro de más o menos una hora, nadie se extrañará, porque todos sabrán Quién la ha apagado.

11. Pero cuando las otras personas que no saben nada de esto, vean que este sol se apaga de repente, les invadirá un gran temor, creyendo que los dioses se han enfurecido y castigan a la Tierra duramente.

12. Por eso sería incluso necesario enviar unos mensajeros a aquellas gentes para tranquilizarlos y anunciarles lo que sucederá y que este es sólo un sol ficticio. — ¿Qué piensas tú de esto, querido amigo?».

Capítulo 97. El momento correcto de la instrucción del pueblo y sus resultados

1. «Oh, querida amiga», respondió Matael, «ahora no es el momento para ello. Porque en el mayor alboroto y excitación tal noticia sería para el ámbito anímico de las personas igual que cuando se echa aceite hirviendo en el agua fría: instantáneamente todo salpicará en todas direcciones.

2. No obstante, dentro de unos días después de este fenómeno, una gran parte de los habitantes de estas regiones circundantes estará preparada para poder escuchar y comprender alguna que otra enseñanza sublime.

3. Pero mucho más se impresionarán por este fenómeno los sacerdotes judíos, porque ya les ha afectado muchísimo el eclipse del Sol natural que hoy tuvo lugar. Estas personas conciben todas las cosas de forma material y no captan el sentido espiritual interior, como tampoco entienden el correspondiente lenguaje de imágenes en el que Moisés y muchos otros videntes y sabios escribieron en sus tiempos.

4. El profeta Daniel escribió, por ejemplo, de una tremenda devastación, de un oscurecimiento del Sol y de otros sucesos terribles, pero todo ello tiene sólo un profundo sentido espiritual.

5. Dado que, como he dicho anteriormente, los sacerdotes judíos se han vuelto muy materialistas y conciben la Escritura solamente de una forma material, cualquier oscurecimiento del Sol les da un pánico tal que creen que se trata del fin del mundo. Mientras el antiguo sabio anunciaba sólo la deseable desaparición del mundo materialista y sensual en los corazones de los hombres, ellos piensan en la caída material del mundo físico, por lo que les sobreviene siempre un grandísimo terror al haber un eclipse del Sol.

6. Por lo tanto, cuando al cabo de una hora escasa este sol desaparezca, les invadirá un gran miedo, porque la Luna tampoco la volverán a ver hoy por haberse puesto entre tanto. Este terror causará en su vista un fenómeno tal como conocemos de los borrachos cuando —a causa de su mareo— ven las estrellas. Por consiguiente, pensarán que las estrellas están cayendo del cielo —como lo dice la profecía— y que ha llegado el día del horror para toda la gente ignorante. En cuanto desaparezca el sol ficticio, escucharás hasta aquí los gemidos apocalípticos de las gentes de esa ciudad; sin embargo, no les perjudicará para nada, porque se volverán más dóciles, humildes y receptivos para la Verdad pura.

7. El nuevo día les ayudará para tranquilizarse y reflexionar; entonces se les podrá tratar mucho mejor. Porque mañana saldrán en gran número para ver en el mar si el agua se ha convertido en sangre; esta será la ocasión para cambiar con ellos algunas palabras.

8. Nuestro Señor y Maestro santo ha creado este fenómeno esencialmente para esta ciudad que no tiene precisamente una buena reputación. Todo lo que Él hace tiene su buen fin en amplia medida; por el contrario, lo que hacen los hombres sin Él no sirve para nada».

Capítulo 98. Las reflexiones de Ouran al darse cuenta de la presencia del Señor

1. Tras las palabras de Matael, intervino Ouran: «Mi querido, muy estimado amigo, tengo que confesarte sinceramente que también a mí me ha invadido un cierto temor, pensando en la desaparición súbita de este sol. Veo en todo ello la total impotencia de un ser humano frente al Poder ilimitado de Aquel que está entre nosotros, pero que en el fondo es demasiado santo y sublime para que uno como nosotros —aun conociendo su Sabiduría— se pueda acercar a Él o que yo me atreva a hablar tan confiadamente con Él como te hablo a ti o cualquier otra persona.

2. Este pensamiento es estremecedor: Él es todo de todo y nosotros frente a Él no somos nada de nada.

3. Naturalmente nos consuela sabiendo que Él en Sí mismo es el Amor puro y sublime y que tiene para con nosotros los mortales la máxima Paciencia, Comprensión y Misericordia.

4. Pero Dios es de una vez para todas invariable e inmortal eternamente. Toda la infinitud depende de su Voluntad, tanto como una gota de rocío colgada en una hierba; tan sólo un ligero soplo de su aliento podría aniquilar todo el universo, como una pequeña brisa arrastra al suelo la gota de rocío.

5. Sabes, cuando uno reflexiona objetivamente sobre estas cosas, no se puede evitar este pensamiento: Hay algo especial en el entorno visible del Todopoderoso que se podría llamar la mayor bienaventuranza; pero por otro lado uno prefiere estar bastante alejado de Él. Adorarle desde una cierta distancia, sería el gozo más grande para alma y espíritu y reconfortante para todo hombre; pero aquí en su cercanía, sólo se puede hacer secretamente con el corazón.

6. Me gustaría muchísimo poder hablar con Él, pero a pesar de mi anhelo no tengo valor para ello a causa de la infinita magnitud de su Espíritu. Aunque su apariencia exterior es como la de un hombre humilde y afable, permanece en Él su carácter puramente divino y todopoderoso. Se ve en su mirada y su frente que el Cielo y la Tierra tienen que obedecer a su Voluntad; sus ojos irradian rayos luminosos. Y a aquello que nunca existía, su frente manda que entre en existencia.

7. Sí, amigo, el tener delante de uno al Creador de los mundos y cielos en la persona de un hombre sencillo y humilde, es un acontecimiento estremecedor. Verdaderamente, no es ninguna broma. Pero dado que es así, que toda alabanza sea sólo para el Señor, porque sin Él andaríamos muy mal parados en las circunstancias actuales de la vida diaria».

8. «Es cierto, especialmente en cuanto a mí y también a ti», afirmó Matael. «Porque a mí los malvados me habrían estrangulado y a ti el eclipse del Sol te habría tragado. Pero ahora hay que prestar atención; ya no tardará mucho en desaparecer el sol ficticio y en ese momento todo ese espectáculo tendrá su fin».

9. Acto seguido, todos se callaron y miraron al sol ficticio.

Capítulo 99. La desaparición del sol ficticio y sus consecuencias

1. Unos momentos antes de la desaparición dije Yo a todos en voz alta: «Preparaos para el momento de la extinción del sol, y tú, Marco, enciende todas las lámparas de aceite y antorchas, si no la oscuridad súbita después de esta fuerte luz dañaría vuestros ojos y os producirá dolores».

2. Acto seguido, Marco y su servidumbre encendieron rápidamente toda clase de luminarias y Cirenio y Julio ordenaron a sus soldados que prendieran fuego a los rastrojos para iluminar el lugar. Tan pronto estuvieron ardiendo, pronuncié en voz alta: «¡Apágate, luz ficticia del aire! Y todos los espíritus que ayudasteis en su producción, ¡ahora descansad!».

3. Inmediatamente después de esta mi llamada, el sol ficticio se extinguió de repente y una oscuridad total cubrió toda la región. Se escuchó claramente los gemidos de terror procedentes de la ciudad cercana.

4. Los ciudadanos pudieron divisar muy bien las muchas luminarias en el monte, en el que nos encontrábamos tan a gusto, pero nadie de la multitud tuvo el valor de mover ni un pie. Los judíos, hasta veían las estrellas cayendo del cielo y algunas incluso en nuestro monte. Los paganos por el contrario pensaron que Plutón había hecho que sus furias robasen el Sol a Apolo, quien se había enamorado quizás de alguna belleza femenina, lo que causaría ahora otra vez una guerra entre los dioses de la Tierra.

5. Una guerra entre los dioses no era —según el mito pagano— precisamente un fenómeno deseable, porque la anterior guerra fue sumamente terrible en la que los dioses del mundo subterráneo habían lanzado montañas enteras ardiendo contra el Olimpo con toda fuerza y Zeus había contestado con un lanzamiento de innumerables rayos y proyectiles gigantes de granizo, venciendo de esta forma a las fuerzas malvadas del submundo.

6. Dado que, visto desde la ciudad, el sol ficticio parecía haberse situado precisamente encima del monte en el que nos encontrábamos, y como después de la extinción el monte estaba iluminado por muchas luminarias y fuegos de vigilancia, pensaron los paganos que el Sol había sido escondido por las furias precisamente en este monte y los príncipes del submundo habían colocado vigilantes con sus antorchas ardiendo. ¡Ay de aquel que se acercase a esta montaña! Cierto era que este lugar estaba perforado por varios sitios por profundas cuevas y cavernas y, en el costado de una de ellas, estaba construida la casa de Marco, cuya hondura le servía de sótano para almacenar sus provisiones.

7. Por estos motivos, no se acercaron a esta montaña ni los judíos por miedo de ser aplastados o quemados por la lluvia de estrellas, ni los paganos por miedo ante las furias, y todos volvieron poco a poco a sus viviendas. Algunos no tardaron en quedarse dormidos, pero otros permanecieron despiertos, sobrecogidos haciendo vigilia a la espera de los horribles acontecimientos que deberían presentarse en el globo terrestre según las profecías de Daniel. Los paganos esperaban los primeros rayos y truenos de Zeus y el estallido estridente que provocaría Apolo contra el ladrón de Plutón.

8. En resumen, hubo una gran confusión en toda la ciudad —confusión que podía compararse con la de las lenguas en la antigua Babilonia. Por el contrario, nosotros estábamos muy a gusto en la cima de nuestro monte, a la espera de que nos sirvieran una buena cena. Rafael procuró que todas las mesas estuviesen colocadas y las comidas servidas en un instante, sin esfuerzo alguno por parte de Marco y su familia, que anteriormente habían trabajado duro para prepararlas. Hubo suficiente comida también para los soldados romanos, de modo que estos no tardaron en ponerse muy alegres.

Capítulo 100. El origen sublime del hombre y su destino

1. Después de la cena Ouran, que había cenado también en este lugar, se acercó a Mí y dijo: «Señor, para El que los mortales no tenemos nombre digno de Ti para expresar tu Grandeza y Majestad, ¿cómo puedo yo, miserable gusano de la Tierra, agradecerte todos los inestimables bienes que me ha deparado aquí tu divina Gracia y cómo debo alabarte y honrarte, oh Altísimo eterno?

2. Oh, Señor, ¿quiénes somos los mortales para Ti, que nos estimas tanto? ¿Qué podemos hacer para agradarte?».

3. «Anda, amigo», le dije Yo, «no armes tanto revuelo. Eres un hombre con un cuerpo mortal; sin embargo, en este cuerpo vive un alma inmortal con un espíritu divino aún más inmortal. Yo también soy ahora un hombre en el que vive un alma divina e inmortal y el Espíritu de Dios en toda su plenitud, en tanto sea necesario para esta Tierra, y este Espíritu es el Padre el Cielo, cuyo Hijo soy Yo y cuyos hijos sois vosotros también.

4. Todos vosotros estabais ciegos y todavía lo estáis en muchos aspectos; pero Yo entré en el mundo con la visión espiritual para mostraros a todos al Padre y para haceros ver lo que Yo veo.

5. Recibí la plenitud del Padre y a cada uno de los que quieran la Vida, también puedo dársela, porque el Padre ya ordenó en mi alma que viviera en Mí toda la plenitud de la Vida y que por Mí debían vivir todos los hombres, pero en el Espíritu soy uno con El que me ha enviado.

6. Por esta razón Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Los que creen en Mí no verán ni sentirán la muerte, aunque pudieran morir corporalmente más de una vez; sin embargo, los que no creen en Mí morirán aunque vivieran mil veces.

7. Cada hombre tiene un cuerpo y éste ha de morir. Esto también sucederá con mi cuerpo; pero el alma quedará más libre, más clara y más viva al desembarazarse de su cuerpo y luego vivirá en unión completa con El que a todo el mundo ordenó el fallecimiento del cuerpo para la salvación de todos los que creen en el Hijo del hombre y observan sus mandamientos.

8. Reflexiona, por tanto, y cumple con los mandamientos que se te comunicarán y que son fáciles de observar. No necesitas nada más, porque Yo no he venido para recibir gloria ni honra de los hombres. Basta que me alabe el Único que está por encima de todos en el Cielo y en la Tierra; no obstante, si alguien quiere honrarme y alabarme, que me ame efectivamente con obras, que observe mis mandamientos, y su recompensa será grande en el Cielo.

9. Por eso puedes alegrarte y no me sobrevalores ni te subestimes demasiado, porque así tomarás el camino correcto y poco a poco tendrás mejor conocimiento de ti y de Mí.

10. Por el momento es mejor que escuches a Matael, que os conducirá a ti y a tu hija de la manera más rápida y correcta por el camino justo. No obstante, si tú o Elena tenéis una pregunta muy particular, venid a Mí y os escucharé. Pero absteneos de tantas exclamaciones y alabanzas.

11. Aquí debemos hablar y tratarnos sólo como amigos y hermanos, porque cada hombre tiene un espíritu divino en su interior sin el cual no tendría vida alguna; y tal espíritu no es menos divino que el Espíritu de Dios mismo.

12. Por eso, sigue a Matael y sele un discípulo fiel, y podrás servir más tarde en tu país como un buen apóstol Mío. — ¿Me has comprendido?».

13. «Sí, Señor, te he comprendido», respondió Ouran, «pero sólo ahora he entendido lo que se me dijo a mí y a mi hija sobre el Dios verdadero. ¡Antes no me habría atrevido nunca a pensarlo!». El griego se calló y rompió en lágrimas, pues sus sentimientos de amor hacia Mí le sobrecogieron.

14. Yo le tomé suavemente de la mano y le pregunté: «¿Qué fue pues lo que Matael dijo sobre Dios?».

15. Ouran, sollozando y mirándome a los ojos, lleno de amor respetuoso, dijo: «Oh, que Dios en Sí mismo es el Amor más puro. Oh Santísimo, déjame morir en este amor que siento por Ti».

16. «No, esto no va a suceder todavía ni en mucho tiempo», le dije. «He previsto que seas un instrumento muy efectivo para Mí en la Tierra. Y cuando llegue el fin de tu vida carnal, no morirás sino que serás resucitado por Mí. Por lo tanto, consuélate, porque ya has encontrado el camino correcto.

17. El que busca —como tú llevas buscando ya mucho tiempo— hallará; y al que pide como tú, le será dado; y al que llama a la correcta puerta —como tú has llamado— le será abierta. Pero ve ahora con Matael y comunícale lo que acabo de decirte».

18. Ouran bañado en lágrimas de amor y agradecimiento hacia Mí, se reunió de nuevo con Matael y le contó sollozando cómo Yo le había acogido con tanta bondad y lo que le había dicho.

19. Pero incluso Matael y Elena estaban tan emocionados por las palabras venerables del anciano Ouran que ninguno de ellos pudo evitar las lágrimas. Matael se dominó y dijo: «Esto es precisamente lo más inconcebible que Él, como el Ser divino y más sublime según su Espíritu, hable y trate con nosotros los humanos no como el Señor de la infinitud sino como un hombre igual que tú y yo, como un amigo a su amigo más íntimo o como un verdadero hermano a su hermano. Sin embargo, cada mirada suya, cada movimiento de sus manos y pies y cada palabra suya por insignificante que parezca es una enseñanza de la Sabiduría más profunda. Sus obras dan testimonio de su Divinidad incuestionable y todo lo que hace está previsto desde la Eternidad para lograr los mejores objetivos. Oh, ¡dentro de poco tiempo verás, escucharás y vivirás todavía muchas cosas!».

Capítulo 101. Elena pregunta acerca de los apóstoles y de las constelaciones

1. Elena, todavía sollozando de amor por Mí, intervino: «Dime, por favor, ¿quiénes son aquellos doce hombres respetables que apenas hablan pero que están siempre a su lado? Deben de ser unos hombres muy sabios. Uno de ellos se le parece mucho y otro es todavía muy joven, pero es el que más le escucha y escribe mucho en una tabla. ¿Quiénes son?».

2. «Son, que yo sepa, sus discípulos más antiguos y son efectivamente todos unos dueños sabios y poderosos de su carne y naturaleza, excepto uno. Pero ese me parece ser un sinvergüenza, como una encarnación del diablo, que no me gustaría tener como amigo. Sin embargo, el Señor sabrá por qué le tolera. Los diablos también son criaturas de su Poder, dependientes de su Voluntad. Por eso no debemos preguntarle por qué su Amor realiza los milagros también ante los ojos de un diablo, un ser tan extraño. Sería interesante tomarle el pulso para ver de qué clase es. — Pero dejemos esto, es suficiente con que el Único le conozca. No obstante, me gustaría cambiar unas palabras con los demás en cuanto se presente la ocasión; deben de ser unos prodigiosos iniciados».

3. «Sí, naturalmente», intervino Elena, «deben de ser unos hombres muy sabios y deben haber demostrado desde el principio mucha aptitud para la sabiduría, de lo contrario Él no los habría elegido como sus discípulos. Yo tampoco despreciaría intercambiar con ellos unas palabras; pero no será tan fácil acercarse a ellos. — ¿Qué opinas tú, querido amigo Matael?».

4. Matael, encogiéndose de hombros, dijo: «Dios el Señor me ha despertado y mi espíritu está en unión conmigo; por lo tanto me conozco a mí y a Dios como Él me lo ha dado a entender desde el fondo de la Verdad de la Vida. Pero leer en lo interior profundo de los corazones de los hombres como en un libro abierto y conocer de allí sus reglas de vida interior, esto sólo lo puede el Único y aquél a quien se lo quiere revelar.

5. Cuando se trata meramente de un hombre del mundo cuya profundidad de la vida interior está todavía inanimada y cerrada, cuya manera de pensar y querer surge solamente de su cerebro y sus sentidos exteriores, es posible reconocer claramente cómo piensa, siente y quiere. No es, sin embargo, el caso con una persona que piensa, siente y quiere movida por su espíritu despierto y a partir de lo profundo de su vida interior. Estas personas ya llevan en sí lo infinito lo que puede ser reconocido solamente por Dios en el fondo de la Verdad.

6. Por esta razón no se puede entablar con estos hombres una conversación como con una persona común. Si fuese necesario para nosotros, el Señor lo admitiría y nos lo ordenaría; pero si no es vital, es aconsejable prescindir de tal placer. — Pero Elena, ¿te gustan las maravillosas estrellas que brillan ahora en el firmamento?».

7. «Las estrellas me han interesado mucho ya desde mi infancia», respondió Elena, «y pronto aprendí a reconocer las constelaciones. Las del zodíaco fueron las primeras que me enseñaron y las fui conociendo completamente durante el curso de un año. Poco a poco conocí también las demás e incluso las estrellas grandes. Te las puedo nombrar todas, sé dónde están y cuándo aparecen y desaparecen en el curso de un mes. Pero ¿de qué sirve todo esto? Conforme más me fui dedicando a los luceros, más se convirtieron en grandes signos de interrogación para mí, a los que hasta ahora ningún mortal ha podido darme una respuesta satisfactoria. Dado que no pude sacar nada provechoso de las estrellas, me fui interesando tanto más por sus nombres que deben de ser ya muy ancestrales.

8. ¿Quién descubrió como primero el zodíaco y dio nombres a las doce constelaciones? ¿Por qué recibieron precisamente estos nombres que conocemos y no otros? ¿Qué tiene que ver el león (Leo) con una virgen (Virgo), y el cangrejo (Cancer) con los gemelos (Geminis), y el escorpión con una balanza (Libra) y el capricornio con el tirador (Sagitario)? ¿Cómo llegan el toro (Tauro) y el carnero (Aries) al firmamento y cómo el portador de agua (Acuario) con los peces (Piscis)?

9. Por cierto, es muy extraño que haya en el zodíaco también cuatro imágenes de humanos y una de un objeto. Te estaría muy agradecida, si me pudieras explicar los motivos que tenían para ello».

10. «Bellísima Elena», respondió Matael, «no hay nada más fácil que esto. Escúchame con paciencia y todo el asunto te quedará clarísimo».

Capítulo 102. Matael explica los nombres de los tres primeros signos zodiacales

1. Prosiguió Matael: «Los inventores del zodíaco fueron por lo visto los primeros habitantes de Egipto, quienes —por un lado— alcanzaron una edad mucho más avanzada que nosotros y, segundo, pudieron observar mucho mejor las estrellas que nosotros al tener el cielo siempre muy limpio y no tan nublado como lo tenemos nosotros frecuentemente. Otra razón fue que la mayoría de las personas dormía de día durante la época calurosa, saliendo afuera por la tarde y haciendo sus trabajos durante la fresca noche. En estas noches claras pudieron ver sin dificultad las constelaciones y su formación invariable, y pronto empezaron a darles nombres que coincidían con algún fenómeno natural o una actividad típica para la época correspondiente del año en aquel país.

2. La observación repetida del zodíaco fue llevando a los observadores pronto a la comprensión de que el zodíaco constituye un gran círculo que está dividido en doce partes y que en cada una de ellas está incluida una constelación diferenciada de las demás.

3. Los hombres ancestrales ya consideraban que las estrellas estaban más lejos de la Tierra que el Sol y la Luna e incluyeron por tanto al Sol y la Luna dentro de la circunferencia de este gran círculo zodiacal.

4. El movimiento del zodíaco fue tal que el Sol —que giraba todos los días alrededor de la Tierra (según el entendimiento de entonces)— pasaba cada treinta días por un signo zodiacal diferente. El hecho por el cual la Luna pasaba también cada pocos días por otro signo, lo explicaron por su recorrido más lento alrededor de la Tierra y que por eso no llegaba nunca al mismo sitio en el mismo momento que el Sol, por lo que se le llamaba a la Luna también el “astro perezoso”.

5. Sin embargo, hubo algunos sabios quienes afirmaron de la Luna justo lo contrario, pero la opinión de la pereza de la Luna predominaba.

6. Ves, así se fue conformando el antiguo zodíaco. Pero ahora vas a saber también por qué recibieron los doce signos zodiacales esos extraños nombres.

7. En Egipto la época de los días más cortos del año siempre se acompañaba de lluvias; y por ser ésta la estación más característica, la consideraron como principio del año. Según los cálculos de los antiguos egipcios, durante esta época de treinta días el Sol se encontraba justamente bajo la constelación conocida como “Acuario”, similar a una figura de un pastor cuando viene con su cubo lleno de agua, echándola al abrevadero de sus animales. O sea, los antiguos le llamaban por eso “Acuario” y también por la época de lluvias. Más tarde la fantasía vana de los hombres convirtió este símbolo en un dios, mostrándole veneración, porque se le consideraba como un vivificador de la naturaleza en la sequía. — Ves, querida Elena, así recibieron el primer signo zodiacal y la primera época de lluvias sus nombres. Vamos a pasar ahora al segundo signo, llamado “peces” (Piscis)».

8. Al empezar Matael a explicar el segundo signo, dijo Simón Juda a los otros discípulos: «Las explicaciones de Matael son muy instructivas, vamos a escucharlas».

9. «Id con él y escuchadle», les dije Yo. «Matael es uno de los primeros cronistas de estos tiempos».

10. Acto seguido, todos los discípulos se agruparon alrededor de Matael, lo que le intimidó un poco. Pero Simón Juda le dijo: «Querido amigo, sigue hablando, nos hemos acercado solamente para aprender cosas útiles de ti».

11. «Para vosotros, mis queridos amigos tan ilustrados», dijo Matael modestamente, «mis conocimientos son mínimos, porque vosotros lleváis ya muchos años siendo discípulos del Señor y yo estoy aquí apenas hace dieciséis horas».

12. «No te dejes confundir por eso», dijo Simón Juda, «porque ya has dado más de una prueba que nos ha dejado totalmente en tu sombra. Pero todo esto viene del Señor; Él puede dar facultades a uno en un año y a otro en un solo día. Por eso sigue explicando el zodíaco».

13. «Bueno, pues, contando con vuestra paciencia y amable comprensión», dijo Matael, «voy a seguir explicándolo. Escúchame pues, amable y bella hija del Ponto.

14. Al cabo de treinta días suele terminarse la época de lluvias en Egipto. Sucede que hay una gran cantidad de peces en el Nilo crecido y sus afluentes, que se debe coger en estos momentos para consumir una parte inmediatamente, y la mayor parte poner en salmuera y secarla al aire, porque suele soplar un fuerte viento en esta época en Egipto, a fin de conservar el pescado secado para todo el año.

15. Este tratamiento de los peces viene impuesto por la naturaleza del país y se debe llevar a cabo antes de que el Nilo baje demasiado y los afluentes se queden secos, ya que si no gran cantidad de peces se descompondrían y corromperían el ambiente.

16. Lo que se mantiene todavía en Egipto como una costumbre, fue una necesidad para los antiguos sabios habitantes de este gran país bendecido. Dado que se empleaba desde siempre el tiempo de esta época del año para pescar y que el Sol pasaba precisamente al comienzo de este tiempo de pesca por un nuevo signo zodiacal, se le dio el nombre de “peces” (Piscis) y también a la época correspondiente.

17. Pero como los hombres en esta época solían caer enfermos de fiebre, por un lado a causa del consumo del pescado muy graso y por otro, como consecuencia de los vapores insalubres que contaminaban el aire, denominaron este tiempo más tarde también “tiempo de fiebre”. La fantasía de los hombres, una vez más, hizo de esta característica de la época pronto una diosa, dedicándole gran veneración por combatir la afección estomacal. — Bien, aquí tienes la historia veraz y natural del nombre del segundo signo zodiacal. Vamos a pasar al tercero.

18. Es el signo de “Aries”. A continuación de la época de pesca, los primeros habitantes de ese país se ocupaban particularmente de los corderos. Fue el momento de esquilar las ovejas, quitándoles la lana. Este trabajo esencial duraba generalmente unos treinta días, aunque se llevaba a cabo también otras ocupaciones diarias. Dado que el Sol pasaba otra vez por un nuevo signo, se le dio el nombre de “Aries”.

19. En lo sucesivo se consagró esta época a la lucha contra las tempestades de esta temporada, en la que todo se encontraba en lucha: un elemento contra el otro, el calor contra el fresco. Por lo tanto, la fantasía humana pronto se inventó una imagen a la que se veneraba como a un dios, convirtiéndola en los tiempos bélicos posteriores en un dios principal. Si desglosamos el nombre de “Marte”, encontramos el nombre ancestral de “Mar iza”, o también “Maor’iza”, que no significa otra cosa que “calentar el mar”.

20. Durante las dos épocas anteriores, el mar se iba enfriando de lo que los habitantes costeños se daban bien cuenta. Pero por la mayor fuerza del Sol, la lucha del aire templado del Sur contra el aire frío del Norte, y luego por los volcanes que solían entrar en erupción en esta época y unas venas de fuego submarinas, el mar se iba calentando poco a poco. Y como este hecho se consideró una consecuencia de las tempestades de esta época, la expresión de “maor izat” significa también algo así como “luchar”. Esta temporada se representaba entonces con la imagen de un guerrero armado al que se convirtió más tarde en un dios. — Aquí tienes, pues, el tercer signo zodiacal del que puedes deducir claramente qué hay detrás de Marte, vuestro dios de la guerra».

Capítulo 103. La explicación de los signos zodiacales del cuarto al sexto

1. Prosiguió Matael: «Vamos a ver ahora el cuarto signo. Es otra vez un animal, un toro muy bravo. A continuación del trabajo con las ovejas y carneros, los antiguos pueblos de pastores se iban ocupando más del ganado vacuno cuando este empezaba a entrar en la época del apareamiento. Se separaba los animales fuertes de los débiles y se procuraba obtener una buena crianza.

2. El toro que importaba al campesino egipcio más que ningún otro animal y fue incluso su escribiente por naturaleza, porque dibujaba con sus bufidos a menudo diversas figuras en la arena suelta, se solía representar en una postura muy brava puesto sobre sus dos patas traseras. Por consiguiente, lo más natural fue que se llamara la constelación por la que pasaba el Sol en esta época y que se parecía en sus contornos a un toro embravecido (Tauro).

3. Incluso el “taurus” romano se deriva de ahí, sólo abreviado en el curso del tiempo del nombre ancestral “T a our sat”, lo que significa: “La época del apareamiento del toro — cuando este se pone sobre sus patas traseras”.

4. Más tarde se denominó esta época, especialmente por los romanos, también “Aprilis”, lo que en la antigua lengua egipcia sonaba: “A uperi liz”, y que significa: “Toro abre el portal”, por supuesto, él de la pradera. El hecho de que con el tiempo el toro de los egipcios se fue convirtiendo en un dios, no hace falta explicarlo detalladamente. — Así hemos visto de manera veraz y fiel como se ha producido en la naturaleza la denominación del cuarto signo zodiacal. Vamos a ver ahora el quinto signo con el nombre y la figura de los “gemelos” de Castor y Pollux (Géminis).

5. Esto se puede explicar fácilmente, teniendo en cuenta que los antiguos pueblos de pastores tras haber cumplido durante un año con el trabajo con su ganado, ya tenían esta preocupación detrás de sí. Después de esta época, se iban reuniendo los jefes de las comunidades para elegir a uno o dos expertos que fueran al mismo tiempo los jueces que dieron su opinión sobre lo que se había ido llevando a cabo en los tiempos anteriores y con qué resultados. El encargado recibía pues un nombre según esta su misión. “¿Ka i e stor?”, fue la pregunta, lo que significaba: “¿Qué ha hecho?”. Y a continuación se le exigía una respuesta con las serias palabras: “¡Po luxe men!”, que significaba: “¡Dame una luz sobre esto, una explicación!”.

6. De estas dos frases, una pregunta y luego el requerimiento, se constituyeron después los “gemelos”. Cuando se marchaban entonces los dos mensajeros encargados a reunir las informaciones de las comunidades, uno de ellos tenía que pronunciar la pregunta y el otro el requerimiento, exigiendo a la vez pruebas palpables.

7. Y como en esta época de indagaciones el Sol pasaba por la conocida constelación de las dos estrellas, se la denominó “gemelos” y en lengua romana “geminis” o también “Castor y Pollux” a los que la fantasía humana endiosó naturalmente más tarde.

8. Esta es pues la explicación verídica del quinto signo zodiacal. Vamos a ocuparnos ahora del sexto que es él de “Cancer” (cangrejo). ¿Cómo ha entrado en el gran zodíaco? Pues de forma tan fácil y natural como los demás.

9. Esta es la época en la que el día llega a su máxima duración; y puesto que esta a continuación va disminuyendo, los antiguos lo compararon con el andar de un cangrejo. Al mismo tiempo, esta sexta época del año de treinta días era un periodo en el que el rocío aumentaba mucho durante la noche, especialmente cerca del río, y los cangrejos salían del suelo pantanoso para invadir los prados frondosos y húmedos y saciarse en ellos. Los habitantes de las riveras del Nilo naturalmente se dieron cuenta e intentaron echar a los huéspedes no invitados de los ricos prados. No fue un trabajo fácil para ellos, puesto que en esta época abundaba esta especie de crustáceo por miles. Primero se intentó echarlos con fuegos, luego se iba recogiéndolos a paladas y quemándolos lo que fue insuficiente para la inmensa cantidad de estos animales. La quema producía un buen olor, incluso apetitoso, y algunos de los habitantes pensaban que quizás podían degustar estos crustáceos y comerlos. Pero nadie tuvo el valor de empezar a probar esta “fritura”.

10. Más tarde se pasó a hervirlos en grandes ollas y se encontró el caldo muy rico; aún así nadie se atrevió a tomarlo. Entonces los dieron a los cerdos —que ya los antiguos criaban— y estos se deleitaban de este nuevo manjar que los hizo engordar para gran satisfacción de los egipcios, porque ellos utilizaban la grasa de estos animales así como las pieles e intestinos. Sin embargo, no comían su carne que transformaban de nuevo en alimento para los cerdos.

11. Pero cuando al paso del tiempo los hombres vagos empezaron a enviciarse, infringiendo las antiguas sabias leyes —que provenían aún del tiempo prediluvial del maestro espiritual Enoc—, hacía falta construir grandes prisiones para encarcelar a los malhechores. A éstos se les daba de comida los cangrejos hervidos, algunas veces con carne de cerdo en salazón y frito, pero con poco pan. Al cabo de un tiempo, los carceleros se dieron cuenta de que los criminales se encontraban estupendamente con este alimento y así, más tarde, en un año de mala cosecha, este hecho animó a la gente común a probar esta aparentemente horrible comida y se encontró que sabía mejor que la acostumbrada comida casera. Esto fue también la causa de que la inmensa cantidad de los gordos cangrejos del Nilo fuera disminuyendo notablemente debido a la caza cada vez más frecuente.

12. Más tarde, también los griegos y romanos incluyeron estos crustáceos en su menú que les sentaba muy bien. Únicamente los judíos no los comieron hasta la fecha, aunque Moisés no se lo hubiera prohibido.

13. De todo lo antedicho se desprende palpablemente que para los antiguos egipcios no hubo otro signo más adecuado para esta sexta época del año que él del cangrejo que les había dado tanto quebranto. Al mismo tiempo es fácil de comprender que con el tiempo se empezara a venerarlo. Los griegos y romanos consagraron después esta época a la diosa Juno y designaron también estos treinta días con su nombre.

14. Queda pendiente la pregunta de cómo y por qué se ha inventado a esta diosa que adquirió gran importancia. Los sabios tienen diferentes opiniones al respecto que no son cosa fácil de aclarar. Pero el motivo principal es muy similar al que se inventó para las figuras de Castor y Pollux.

15. Precisamente en la época de los cangrejos hacía ya mucho calor para realizar trabajos físicos, por lo que la gente se dedicaba más a ocupaciones espirituales en los grandes templos sombríos, algunos de los cuales ya habían sido construidos por los primeros habitantes de este país.

16. Una pregunta esencial antes de profundizar en la cuestión de lo espiritual fue si la divinidad pura se podía combinar con algo material.

17. Como todas las preguntas de los sabios eran siempre muy breves, pero requerían una respuesta muy extensa, este también fue el caso con esta importante pregunta que decía: “¿Je U n o?”, traducida: “Cuando se separa lo divino en partes, colocándolas una al lado de otra, ¿sigue siendo íntegramente divino?”.

18. Ahora preguntaréis: “¿De qué manera pueden significar estas pocas letras esta frase completa?”. Pues hay una explicación muy natural para ello. Los antiguos egipcios representaban la “u” con medio círculo, alargando los extremos hacia arriba (U) que significaba al mismo tiempo un recipiente para todo lo divino que viene desde arriba a los hombres de la Tierra. Se comprende por sí mismo que los antiguos sabios entendían de ello principalmente los dones espirituales de la Luz para el alma del hombre.

19. La “n” se representaba por un semicírculo parecido pero abierto hacia abajo (n), lo que significaba la materia muerta, sin espíritu ni luz. Los tejados redondos de muchas de las casas y especialmente de los templos tenían por ello la forma de semicírculo, indicando que en estos lugares lo divino se unía con la materia y, dándole una vida temporal, se manifestaba a los hombres por un corto tiempo. De ahí se formuló la importante pregunta ancestral: “¿Je U n O?”, representando la “O” la plenitud de la Divinidad en su pureza.

20. La correspondiente respuesta fue en el sentido de que toda la materia creada se comporta como una mujer hacia su esposo y amo. Dios engendra en y a través de la materia continuamente sus miríadas de hijos de toda clase. Él fecunda la materia sin parar con su influjo divino y espiritual y esta va dando a luz a los innumerables hijos engendrados. — Esto fue sin lugar a duda un pensamiento muy sublime que los antiguos sabios dieron como respuesta a la importante pregunta antes mencionada.

21. Con el paso del tiempo, quedó apenas una ligera idea de la antigua sabiduría egipcia entre los sucesores lascivos y sensuales. Se prefirió convertir la pregunta “Je un o” y la feminidad de la materia en una diosa personificada, dándole estúpidamente el nombre de “Je u n o” y más tarde sólo “Juno” y casándola con el dios Zeus, igual de fútil.

22. Los antiguos sabios consideraban por razones naturales y muy sabias la materia como dura, inflexible e indómita, pensando que sólo mediante mucho esfuerzo y empeño se podía sacar algo provechoso de ella. Los descendientes atribuían las imperfecciones descubiertas en la materia por los antiguos sabios a la diosa Juno con la que Zeus tuvo siempre sus dificultades. — ¿Comprendéis ahora quién es vuestra diosa Juno?».

23. «Te ruego, mi queridísimo Matael, que sigas con tu explicación», dijo Elena, «te podría escuchar durante días enteros sin interrupción. Aunque tu instrucción no sea tan ilustrada y amena como la de Homero, es sabia y verídica; esto vale mil veces más que todos los cuentos de encantos ornamentados por los grandes cantores populares. Por eso, continúa con tu relato».

24. «¿No me estarás diciendo lisonjas?», preguntó Matael, «porque la Verdad quiere ser entendida pero nunca halagada. Pero sé que no me halagas a mí sino a la Verdad que no viene de mí sino de Dios. Por eso puedo continuar».

Capítulo 104. El séptimo, octavo y noveno signo zodiacal

1. Matael prosiguió: «Después del cangrejo (Cáncer) vemos al león en el gran zodíaco. ¿Cómo ha llegado esta fiera a las constelaciones del cielo? Pues, también de la manera más natural, como lo vamos a ver ahora.

2. Una vez terminada la caza de los cangrejos que solía durar treinta días o algunos más, —porque los antiguos egipcios no utilizaban el mes de los peces (febrero) sino el mes de los cangrejos (junio) como mes de compensación—, siempre empezaba otra calamidad que causó grandes preocupaciones y penas a los antiguos. En esta época paren habitualmente las leonas sus crías y, rabiosas de hambre, van en busca de sus presas, recorriendo desiertos, montes y valles a ver si encuentran buenas manadas de ganado.

3. A decir verdad, la patria de los leones es la calurosa África. Pero como el interior era frecuentemente invadido por el rey de los animales, no le costaba mucho avanzar hasta el bajo Egipto, haciendo sus estragos entre las manadas que estaban pastando pacíficamente. Como los lobos huían del gran frío a las regiones habitadas por los hombres, así el inmenso calor de “Julio” echaba al león a las tierras más frescas del Norte, donde se podía encontrar más de una presa.

4. Como durante este mes el calor del Sur de Egipto alcanzaba las temperaturas máximas y se hacía insoportable, el león iba huyendo hacia el Norte, a menudo hasta el Mar Mediterráneo, donde el clima es más fresco que en la parte de los desiertos. Justo al principio de esta época los habitantes egipcios solían recibir las visitas de estos huéspedes temidos y tenían que prepararse y protegerse intensivamente para mantenerlos lejos de las manadas. Dado que el Sol pasa en esta época precisamente por una constelación que se parece —como la del toro— mucho a un león enfurecido, los antiguos le dieron el nombre de “Leo”. En Egipto se denominó esta época también “el león” (Le o wa), es decir, “Le” el malo o el hijo del mal, en oposición a “El”, el bueno o el hijo de lo bueno. “O” es el Sol divino y “wa”, también “wai”, significa huye. “Le o wai” significa, por tanto: “El malo huye del Sol”.

5. Los romanos dieron este nombre a esa época —sólo desde hace pocos decenios— en honor de su héroe Julio César, porque sabía luchar con tanta astucia y coraje como un león. — Aquí tenéis pues el séptimo signo zodiacal que los descendientes llegaron a venerar como a un dios.

6. A continuación del león vemos a una virgen (Virgo); esto parece que no se adapta en nada a lo anterior, ¿verdad? Pero no es así. Al haber superado la época de los leones, los problemas más graves del año se habían terminado y la gente podía disfrutar de algo más de alegría, celebrando fiestas cuyo fin era principalmente hacer regalos a las doncellas pudorosas para animarlas a seguir llevando una vida decente. También era costumbre celebrar las bodas en esta época. Sólo una doncella comprobadamente pura podía ser admitida para el matrimonio. Por el contrario, una muchacha que no había conservado su virginidad, era excluida del casamiento y podía ser admitida en el mejor de los casos únicamente como concubina de algún varón que ya mantenía una o más mujeres legítimas. Por lo demás no quedaba otra posibilidad que la esclavitud indigna. Por consiguiente, esta época tenía mucha importancia y como coincidía con que pasaba una constelación muy bonita por el Sol, la denominaron “virgen” (Virgo). No obstante, hace sólo pocos años que los romanos vanidosos dieron a esta época el nombre de su emperador Augusto en su honor. — Ahora ya sabes, querida Elena, también por qué sigue al león una virgen en los signos zodiacales. — Vamos pues a continuar…

7. Vemos que ahora se presenta también un objeto, una balanza con platos, tal como la utilizan los tenderos y los boticarios para pesar las especias y medicinas. Preguntaréis ¿por qué se mezcla un instrumento para pesar entre las estrellas? Es muy fácil y natural como los anteriores.

8. Una vez pasada la época de poner a prueba a las vírgenes y las celebraciones de las bodas, llegaba el tiempo de la cosecha de cereales cuyo cultivo se había ido trabajando ya desde los primeros habitantes de esta tierra, aparte del ganado y de los frutos, como higos, dátiles, olivos, granadas, naranjas y cosas similares.

9. Cada comunidad tenía un anciano de presidente y jefe para todos los negocios, así como un sacerdote que se ocupaba solamente de lo espiritual y de la educación del pueblo en días determinados y de profetizar asuntos importantes. No es preciso insistir que el oficio del sacerdote se volvía cada vez más solicitado, igualmente que esta casta se iba retirando de los duros trabajos físicos para dedicarse más a elaborar mejoras y desarrollar nuevos inventos en todos los aspectos.

10. También eran los sacerdotes quienes investigaban los metales de la Tierra, los extraían y elaboraban para su uso. Para todos estos trabajos técnicos necesitaban muchos obreros y capataces bien formados los que —al no tener tiempo para dedicarse a la agricultura y la ganadería— tenían que salir de las comunidades. Pero ¿cómo se podía medir la compensación que cada ciudadano tenía que pagar a los sacerdotes y sus ayudantes por los servicios correspondientes a su cosecha?

11. Entonces se determinó el diezmo, es decir, cada miembro de la comunidad tenía que entregar al sacerdote la décima parte de su cosecha. Y ¿cómo se podía medir el diezmo? Naturalmente con la balanza. Para este menester cada comunidad tenía grandes y pequeñas pesas con platos, con las que —bajo el control del presidente de la comunidad— se pesaba la cosecha de manera que, llenando los dos platos nueve veces, cantidad que se echaba a la caja del ciudadano, la décima vez se echaba a la caja del sacerdote. El sumo sacerdote era al mismo tiempo el vigilante o pastor de todo el pueblo, al que llamaban “Vara on” (“él vigila” o “él es el pastor”). En los tiempos posteriores los “Faraones” se convirtieron en los reyes verdaderos del país y los sacerdotes quedaron bajo la orientación de los mismos.

12. De este relato histórico vemos que la época posterior a la de “Virgo” estuvo destinada principalmente a pesar las cosechas para la entrega del diezmo a los sacerdotes. Y dado que el Sol pasaba justamente por una nueva constelación, se la denominó “balanza” (Libra). Esto es fácilmente comprensible para todo aquel que conozca un poco las costumbres de los antiguos egipcios.

13. Este signo recibió también otros significados correspondientes; se utilizó como símbolo para la justicia divina y terrenal, incluso algunos pueblos poco desarrollados lo veneraron de la misma manera que los indios aquí y allá veneraban al arado. La fantasía de los hombres, por un lado, y el afán de lucro cada vez mayor de sacerdotes y maestros doctrinadores del pueblo cuyo número continuamente aumentaba, por otro, hicieron que se endiosase toda la tradición respetable y todo lo que parecía ser útil para la humanidad.

14. Así vemos cómo un instrumento mecánico se introdujo en el zodíaco. A continuación vamos a aprender cómo un animal tan repulsivo como el “escorpión” llegó a incluirse en el zodíaco».

Capítulo 105. Explicación de los tres últimos signos zodiacales

1. Matael prosiguió: «Después de la época de la balanza (Libra) venía un periodo más sosegado. Los rebaños se comportaban en los prados más tranquilamente que en la primavera; los árboles frutales también tenían menos actividad productiva; los campos descansaban en estado baldío; en consecuencia, los hombres tenían también un tiempo de reposo que habrían disfrutado mucho más si el Señor de Cielo y Tierra no les hubiera despabilado mandándoles un insecto muy molesto, cuya patria es principalmente Egipto.

2. Eran los escorpiones que empezaron a aparecer y reproducirse hasta la mitad de esta época como las moscas en un comedor. Como se sabe, la picadura de la cola del escorpión no es solamente muy dolorosa sino también bastante peligrosa, si no se trata inmediatamente con un remedio eficaz.

3. Dado que los antiguos egipcios se habían dado cuenta en poco tiempo de la molestia y peligrosidad de este insecto, también pensaron con qué remedios se podía hacerle frente. Primero se intentó con los más diversos medios para ahuyentarlo, pero no tuvieron mucho éxito. Luego la gente encontró la corteza de un arbusto del Nilo que, cociéndola, producía un vapor con el que se podía liberar por lo menos las habitaciones de este peligroso parásito. También se usó la corteza remojada, repartiéndola sobre el suelo y en las camas, con lo que se consiguió ahuyentar e incluso matar el insecto hiriente.

4. Por lo tanto se dio al insecto —que naturalmente antes no tenía denominación— el nombre de este remedio, es decir, “scoro” (= corteza), “pi” o “pie” (= bebe) y “on” (= él).

5. Con este nombre se llamó la atención a los descendientes sobre este remedio, como si fuese una receta, con el que se podía hacer frente a esta plaga. En nuestros días recibimos todavía de Egipto, Arabia y Persia un polvo con el que se puede eliminar —sin ningún daño para la salud del hombre— no solamente los escorpiones sino también casi todos los demás insectos molestos. Este polvo se produce con algunos aditamentos principalmente de la corteza antes mencionada. — Pero vamos a pasar al punto principal.

6. En el primer momento de la aparición del escorpión durante esta época de descanso, el Sol pasaba por una nueva constelación; por lo tanto se le dio el nombre de este insecto que molestaba tanto a hombres y animales. Y naturalmente no se le rendía la veneración como a los demás signos, excepto que se estimaba como un remedio eficaz contra el molesto insecto.

7. La época del descanso terminó con la eliminación de los escorpiones al igual que las frecuentes tormentas ante las cuales los egipcios tenían siempre mucho respeto, porque decían: “El proyectil de Zeus es más rápido y seguro que el pobre de los hombres”.

8. Durante la época después del escorpión, los animales salvajes empezaron a bajar de las montañas, entre ellos también algunos rapaces.

9. Este fenómeno obligó a los habitantes, especialmente a los varones, a tomar arco y flecha y dedicarse a la caza. Se presentaban conejos, liebres, gacelas, pequeños osos, zorros, panteras y muchos buitres y águilas, incluso el cocodrilo y el hipopótamo (en lengua egipcia “Je pa opata moz” = el hipopótamo empieza a desarrollar su fuerza). En estas circunstancias no se debía perder más tiempo sino comenzar con la caza. Para la mayor eliminación posible de cocodrilos incluso se había fijado un premio considerable.

10. Aquí no tiene más trascendencia especificar cómo se realizaban las cazas sino que es suficiente saber que en Egipto se solían llevar a cabo diferentes partidas de caza en esta época.

11. Durante este periodo de caza, el Sol pasaba justamente por una nueva constelación que se denominó “tirador” (Sagitario) por la ocupación predominante entre los habitantes. También se llegó a rendirle alguna veneración, pero no tanta como a Apolo, a quien se veneró también como dios de la caza.

12. Con esto se termina la época de Sagitario y pasamos al signo zodiacal más sorprendente: él de Capricornio. El macho cabrío que vive entre las rocas de las montañas más altas, ¿cómo ha llegado a la parte meridional del gran zodíaco de las constelaciones celestiales? Os lo diré: de la manera más natural como las anteriores.

13. Durante este último periodo del año el venado iba bajando a los valles para buscar unos alimentos que necesitaba su naturaleza.

14. El macho cabrío era para los egipcios algo demasiado valioso para dejarle tranquilo visitando los valles. Por lo tanto, cuando se acercaba la época, colocaban vigilantes en varios sitios recónditos en los que ya se había observado pastando este animal, en tiempos anteriores. Tan pronto que se hacía ver un ejemplar, se daban las señales y todos se ponían detrás de él para capturarlo.

15. Sin embargo, capturar a un macho cabrío no era una tarea fácil. Hubo más de una época en la que no se pudo capturar ninguno. Pero cuando la caza resultaba favorable, era un gran triunfo para todo Egipto. Y es que todas las partes de este animal constituían la medicina más maravillosa; se curaba muchas enfermedades con tan solo una mínima parte; los cuernos eran el ornato más apreciado para el rey egipcio, más que el oro y las piedras preciosas. En los tiempos ancestrales el valor de un faraón se tasaba incluso según el número de cuernos que poseía de este animal y los sumos sacerdotes los llevaban bañados en oro, como señal de su sabiduría sublime y máximo poder.

16. Teniendo en cuenta que el macho cabrío gozaba de tanto prestigio entre los egipcios, —como se puede comprobar todavía hoy día—, es más que comprensible que los antiguos egipcios consagrasen la época en la que los visitaba, este animal tan valioso, dándole su nombre así como también a la constelación que pasaba en este periodo por el Sol.

17. De esta manera hemos ido viendo, pues, la procedencia de los nombres de los doce signos zodiacales y hemos comprobado que ha sido de una forma muy natural. También nos hemos enterado de cómo han surgido y qué trasfondo tienen los muchos dioses paganos, es decir, nada más que de una manera totalmente natural.

18. Por eso ya no será difícil reconocer al verdadero y único Dios en su Luz más verdadera y justa. Nunca una deidad inventada ha llevado a cabo los milagros que se pretendía atribuirle y las pocas palabras aparentemente sabias que, como se dice, los dioses han dirigido a los hombres, se las han colocado a los falsos dioses “en la boca” los antiguos sabios, aprovechando su superioridad.

19. Sin embargo, aquí se puede ver hechos y escuchar palabras que nunca se ha vivido antes, y con esto hemos llegado al punto para conocer al Dios verdadero en toda su plenitud. Elena y tú, anciano Ouran, decidme si habéis entendido mis explicaciones del zodíaco».

Capítulo 106. Elena pregunta acerca de la escuela de Matael

1. «Oh, mi queridísimo Matael», respondió Elena, «nunca se me ha explicado algo tan claro y lógico con la mera palabra. Según ibas describiendo, me sentí como colaborando con los antiguos egipcios y vi palpablemente que era la pura verdad.

2. Pero queda una sola cosa que me gustaría saber: ¿En qué escuela o de qué manera has llegado a aprender todo esto? Pues, ¡por todos los cielos!, esto no se lo puede sacar uno de la manga así como así. ¿Cómo te has enterado entonces?».

3. «¡Oh, Elena!», dijo Matael, «ayer aun fui mil veces más ciego e ignorante que el último de tus siervos y, además, estuve tan enfermo que sólo Dios mismo pudo curarme de tal enfermedad nunca vista; con ningún arte humano se habría podido lograr la curación.

4. Después de la curación recuperé no solamente todas mis fuerzas físicas sino el Señor del Cielo y la Tierra despertó también el espíritu en mi alma afligida. Ves, este espíritu me enseñó todas las cosas en su profundidad, las que fueron antes y las que son ahora, y más de alguna cosa que será.

5. Es por lo tanto un don de la Misericordia del Señor, al que tú y todos vosotros debéis toda la alabanza, gloria, agradecimiento y amor. Has de saber que nunca lo aprendí en una escuela común.

6. Por eso, el Señor es todo para mí, mi escuela y toda mi sabiduría. Lo que sé y soy capaz de hacer, lo sé y hago solamente gracias al Señor.

7. Os aseguro que el que no saca sus conocimientos, cualesquiera que sean, de esta fuente, no sabe nada; porque todo lo que sabe o hace es mera chapucería.

8. Si os aplicáis en esta escuela única del Señor que está ahora físicamente y en toda su plenitud divina entre nosotros, no necesitaréis nunca más escuela alguna. — ¿Me comprendes, amable Elena?».

9. «Oh, naturalmente que sí», respondió Elena. «Pero ¿cómo podemos llegar a tal escuela divina, nosotros unos mortales, por ejemplo mi padre y yo?».

10. «¡Oh Elena!», exclamó Matael algo extrañado, «¿cómo puedes plantear esta pregunta tan torpe? Perdóname si te contesto de una forma algo ruda: ¡Tú y tu padre ya estáis en esta escuela! ¿No comprendes que el Señor ha realizado los maravillosos hechos precisamente por vosotros?».

11. «Por favor, mi querido Matael», respondió Elena algo avergonzada, «no te enfades por eso. Reconozco mi estupidez y no repetiré tales preguntas. Has de tener paciencia con nosotros y piensa que no se puede hacer caer un árbol con sólo un golpe. Todo llegará. Aunque mi padre ya sea anciano, yo todavía soy joven y bastante dócil, como lo han asegurado siempre mis maestros, y mi padre lo sabe también. Oh, querido Matael, no te dejaré en mal lugar, sólo te pido que tengas un poco más de paciencia con nosotros».

12. Matael, sobrecogido por la humildad de Elena: «Oh, humilde y afable Elena, no tendrás que pedirme paciencia nunca más. Aunque me comporte alguna vez un poco rudamente, mis intenciones siempre están llevadas por el amor. Sólo pienso que con una palabra más seria puedo llevar a las personas más rápidamente a la meta que con una palabra suave. Pero veo que tu ánimo es de una naturaleza más fina que la paloma más mansa, por lo que no hará falta nunca reprenderte con palabras severas».

13. «En este sentido no hace falta que tengas consideración conmigo», respondió Elena. «Si puedes avanzar conmigo más rápidamente, empleando palabras severas, ¡hazlo así! Pero si usando palabras suaves en el mismo tiempo puedes conseguir lo mismo conmigo y mi padre, naturalmente que me gustará mucho más. — Ahora, pasemos a otra cosa: me queda todavía una pequeña pregunta con cuya respuesta tendré suficiente para pensar durante bastante tiempo.

14. Dime pues ¿quién ha puesto los nombres de las otras constelaciones y cuáles fueron los motivos?».

Capítulo 107. Indicaciones generales sobre el zodíaco

1. «Oh, mi queridísima Elena», respondió Matael, «tu pregunta es verdaderamente corta, pero para una respuesta completa necesitaría más de un año. Por eso vamos a aplazarla para otra ocasión. De momento voy a decir solamente que los nombres de todas las constelaciones tienen el mismo origen que las doce del zodíaco, cuyo nombre griego no es del todo correcto, porque también vienen incluidas en el zodíaco personas y cosas.

2. Según el antiguo lenguaje egipcio, la sílaba Zo significa “para”; dia es “trabajo” y kos “una parte” o también la “partición”. Por lo tanto, Zo dia kos traducido literalmente es “para el trabajo la partición”, o “repartición del trabajo”.

3. Como ves, el asunto nunca ha podido ser de otra manera desde los principios y mi explicación del Zodíaco tiene que ser auténtica. Como hemos visto, los antiguos dividieron el gran círculo según los trabajos que periódicamente aparecieron. Pero para los descendientes fue el círculo dividido el que determinó los trabajos, es decir, cada signo zodiacal indicó a los egipcios la tarea de la que se tenían que ocupar en el próximo periodo. Por lo tanto, la denominación del círculo fue muy acertada, sin embargo, no en el sentido equivocado de los griegos y romanos.

4. Tal como los sabios denominaron correctamente el círculo y sus imágenes, así dieron nombres también a casi todas las constelaciones. También fueron los descubridores de los planetas conocidos. Ahí la Luna y el Sol no formaban parte, dado que para la Tierra no son planetas, porque el Sol no gira alrededor de la Tierra sino todos los demás planetas junto con la Tierra giran alrededor del Sol en determinados espacios de tiempo. Este gran movimiento no es la vuelta que da la Tierra alrededor de su propio eje central que produce el cambio diario, sino es el recorrido que hace la Tierra alrededor del Sol durante un año. Mercurio —que es pocas veces visible— y Venus necesitan para el mismo recorrido un tiempo más corto, y Marte, Júpiter y Saturno necesitan para la vuelta entera mucho más tiempo que la Tierra.

5. La Luna pertenece de todas formas a la Tierra y se mueve junto con ella alrededor del Sol en el espacio de un mismo año. Siendo el acompañante constante de nuestra Tierra, también da una vuelta alrededor de ella entre 27 y 28 días a una distancia de cien mil horas de camino40.

6. No obstante, todas estas son cosas que no puedes captar así como así. Pero en cuanto el Espíritu de Dios se despierte en tu alma, todo esto y mucho más reconocerás por ti misma sin una instrucción externa y pesada.

7. Por eso es precisa sólo una cosa: Reconocerse a sí mismo y a Dios, amándole sobre todas las cosas; y todo lo demás vendrá por sí mismo.

8. Pero hasta ahora nosotros dos hemos hablado suficiente y deberíamos descansar un poco para que los otros amigos —que son más sabios que nosotros— puedan hacer sus observaciones seguramente también buenas.

9. Nunca se debe hablar de una cosa demasiado sino dejar hablar también a los demás y escucharles; porque ningún hombre en la Tierra es tan sabio que no pueda aprender de vez en cuando algo de otra persona menos instruida, más aún de las que son más sabias que uno mismo. Así es que, queridísima Elena, me perdonarás si no hablo durante un tiempo sino que escucho a los otros, suponiendo naturalmente que quieran decir algo».

10. «¡Oh, naturalmente!», dijo Elena. «Descansa un poco, porque ya has estado hablando sin parar durante varias horas.

11. A lo mejor nos puede decir alguno de ellos algo más sobre el gran Maestro que está entre nosotros, pero que apenas muestra lo que es en verdad».

Capítulo 108. Opiniones sobre la divulgación de las nuevas enseñanzas

1. «Admiro la sabiduría verdaderamente grande de Matael y la ciencia comprendida en ella sobre la antigüedad», mencionó Simón Juda. «Es cierto que estos conocimientos son tan necesarios para estos tiempos como el reconocimiento profundo de las verdades divinas sobre la Vida que provienen de Dios. Podríamos quedarnos roncos de tanto hablar ante el pueblo hundido desde hace más de un milenio en el fango absurdo de unas supersticiones tétricas. Las palabras más hermosas no sirven de nada, porque la necedad y ceguera del pueblo no las comprenden y mucho menos la más hermosa y pura Verdad predicada.

2. ¿Qué más se puede hacer entonces con tal pueblo? ¿Hacer milagros? Con esto se consigue un pueblo todavía más ignorante y supersticioso. — ¿Castigarlo? Oh no, un pueblo como tal ya está castigado en demasía.

3. De lo contrario, si se selecciona del pueblo a los más receptivos y se les predica —según la manera de Matael— contra el paganismo, en el máximo de cien años no existirá ya más ningún templo pagano, con la Gracia del Señor.

4. ¿Qué opináis, hermanos, tengo razón o no? Es cierto que la mente ingenua de los niños vale más que el raciocinio de todos los eruditos de la Tierra; pero aquí también el entendimiento tiene su lugar justificado. — ¿Cuál es vuestra opinión, queridos hermanos?».

5. Todos, con excepción de Judas, asintieron: «Estamos totalmente de acuerdo y no hay nada que objetar».

6. A esto, Judas se adelantó, diciendo: «Sí, sí, ¡hay más de una cosa!».

7. «Pero ¿qué?», preguntó Simón. «No sabría qué se pudiera objetar a esto».

8. «En cuanto se gane a los poderosos, se podrá hablar de manera muy eficaz a los impotentes también sin esta ciencia».

9. Matael, dirigiéndose algo irritado a Judas: «Ah, ¡entonces quieres anunciar a los pobres en espíritu y en bienes materiales el mensaje de la Paz de los Cielos con látigo y espada! ¡Eres de verdad un hombre muy raro! Con esa opinión tuya que no deshonraría a diablo alguno, me pareces como uno de esos seres del submundo, como un extraño diablo.

10. Dime, pues, ¿cómo has podido introducirte en esta comunidad puramente celestial?

11. Pero antes que nada te digo: Si quieres hablar y tratar como un diablo con seres humanos, es mejor que te presentes envuelto en piel de cordero para que no se reconozca a primera vista el lobo feroz que hay en ti.

12. Procura alejarte de mi vista, si no me tentarías a hacer declaraciones sobre ti que no te gustarían; porque mi espíritu te reconoce ahora por dentro y por fuera».

13. Al escuchar Judas estas palabras de Matael, se asombró sobremanera y dijo: «Matael, estás totalmente equivocado; yo también pertenezco al grupo de los elegidos, ya he llevado a cabo servicios de mensajero en el nombre del Señor y, hace unas semanas, fui llevado por los ángeles a través del aire igual que mis hermanos».

14. Matael: «Oh, esto ya lo sé; sin embargo, no retiro ninguna sílaba de mis palabras anteriores. Bien es cierto que perteneces al grupo de los doce, pero mi espíritu me dice que hay un diablo entre ellos, y ese eres tú.

15. Este testimonio que me dio mi espíritu sobre ti, debería bastarte por ahora. Pero si quieres saber más, te lo puedo ofrecer. Acabo de descubrir un montón de testimonios más terribles sobre ti, y por poco que continúes te los echaré a la cara. ¡Tú, además, eres un ladrón, — ¿me comprendes?!».

16. Al escuchar estas palabras estruendosas de boca del sabio Matael, a Judas le recorrió un tremendo escalofrío y se retiró humildemente, Tomás le lanzó todavía unas palabras mordaces en voz baja: «¿Te ha picado otra vez tu infierno? Sigue así y tendrás que escuchar aún más que ahora. Tú no podrás hacer nunca nada contra Matael, al que el Señor ha curado de manera tan milagrosa en cuerpo, alma y espíritu.

17. Mira, incluso el ángel del Señor no se atreve a acercarse a él, y ¿tú te lanzas a contradecirle en algo que ha sacado de su sabiduría que no tiene igual después de Moisés?

18. ¿Acaso no te das cuenta todavía de la estupidez tremenda de tu corazón de borrico? ¿No puedes estar callado, escuchar y aprender sin parar?

19. Aquí se ha reunido en un punto toda la Sabiduría de los Cielos y de la Tierra y nosotros nos encontramos en el centro del Corazón divino, escuchando y viendo palabras y hechos que asombran hondamente incluso a los ángeles. Y tú, el burro mayor de entre nosotros no puedes resistir tu malvada ansia de soltar no solamente opiniones tuyas sino incluso contraposiciones contra la Luz de la Sabiduría divina que reina aquí. ¡Oh, estúpido más que estúpido!».

20. «Eh, ¡déjame en paz!», replicó Judas ofendido. «Ya que soy un burro, lo soy para mí mismo y no para ti. Y aunque Matael me haya echado una imponente bronca, apuesto contigo lo que quieras que esta enseñanza por divina y pura que sea no se divulgará a los pobres paganos con suaves palabras de paz sino con la espada y las más diversas armas mortíferas.

21. No se preguntará nadie si lo ha entendido o no, sino que se le obligará a jurar la nueva fe. Y si con el tiempo reniega de esta fe que nunca comprendió, será declarado culpable por perjurio y quemado vivo en la hoguera.

22. Y si al divulgar esta enseñanza por divina que sea, no se intenta primero ganarse a los poderosos a favor de ella, entonces no quiero ser aquel —a pesar de que sea un diablo— que va a contar las víctimas sangrientas que caigan bajo la espada de los grandes poderosos paganos. ¡Divino aquí — divino allá! El diablo también es divino; y con el tiempo incluso lo divino más puro y sublime se volverá diabólico.

23. Cuando observamos la gran enseñanza divina de Moisés, ¿qué ha sido de ella ahora en el Templo del divinamente sabio Salomón? Por eso te digo yo, al que tú y Matael consideráis un diablo, que Matael tiene razón y acepto su sabiduría como tú; pero lo mismo que Matael tiene razón, yo también la tengo.

24. Te aseguro que esta enseñanza de la Paz de los Cielos causará dentro de no mucho tiempo las más grandes discordias en toda la Tierra e instigará a los pueblos a luchar unos contra otros por odio, conflictos y guerras, sin conciliación.

25. No lo vivirás seguramente estando en tu cuerpo, pero tu espíritu será en su día testigo de todo lo que acabo de decir y entonces admitirás que el diablo y ladrón de Judas también ha profetizado. — Ahora te pregunto: ¿Me has comprendido bien?».

Capítulo 109. La manera de ser de Judas

1. «¿Te crees acaso haber pronunciado una gran profecía», respondió Tomas, «que nosotros nunca habríamos podido sacar sin ti? Sin embargo, con toda la Sabiduría más sublime que has ido escuchando desde hace seis meses sigues siendo un pobre zoquete.

2. Dime, ¿cuándo la Luz y las tinieblas no han tenido luchas mutuas? ¿Cuándo la vida y la muerte han estado hermanadas? ¿Cuándo el hambre cruenta y la saciedad plena se han tendido las manos para la paz paradisíaca? ¡Oh, tú necio! Se entiende por sí mismo: Cuando la Luz más clara y sublime de los Cielos ha de penetrar desde aquí a las tinieblas más espesas de la Tierra, ello no será posible sin controversias.

3. Observa los campos de hielo inmensos en la gran montaña de Ararat. No se van a deshelar con las temperaturas bajas que reinan allí. Pero tan pronto como el fuerte calor del verano del alto Egipto caiga sobre estos campos helados, en breve tiempo el hielo se derretirá y el agua inundará los valles.

4. Ves, lo que materialmente es inevitable, tendrá también su efecto espiritual posteriormente.

5. Por lo tanto, si empezamos a predicar el Evangelio de Dios con la espada en la mano, incitaremos también al mundo a levantar la espada contra nosotros. Pero si lo hacemos con el arma de la paz —arma que se llama amor—, entonces nos encontraremos también con la paz.

6. Se entiende por si mismo que con este don de los Cielos habrá con el tiempo también guerras y luchas, —mientras el mundo de la materia, conforme al Orden divino, sigue siendo lo que siempre fue, lo que es y lo que será,— y no precisa profecía alguna. Pero en cuanto a los hombres de entendimiento ya más maduro se les demuestre a la manera de Matael la ridiculez y estupidez de las creencias paganas, las fuertes luchas contra nosotros no serán de una intensidad tan tremenda.

7. En cuanto consideres por lo menos un poco lo que acabo de demostrarte, la sinrazón de tu profecía tiene que quedarte totalmente clara como la luz del Sol».

8. «Sí, sí, tú eres siempre el listo Tomas», dijo Judas, «y todo lo que digo yo tiene que ser estúpido. Seguramente tienes razón, pero me irrita que todo lo que yo digo tenga que ser así. Por más que reflexiono sobre un asunto antes de expresarlo en palabras, en cuanto abro la boca, ya se me echa encima como un león a un cordero. ¡Esto es para reventar uno de rabia! Pero ya no diré ni una palabra más y estaré mudo como un palo; así no tendréis nada que reprocharme, ¿verdad?».

9. «Muy bien, hazlo así, entonces serás sabio», respondió Tomas.

10. A esto, Matael llamó a Tomas y le dijo: «Te agradezco en nombre de la buena causa que hayas reprendido al hermano Judas de esta manera comedida, porque no le perjudicará para nada. Pero lo que aquí considera una ofensa para su intelecto le será finalmente útil cuando esté en el otro mundo. Faltará todavía bastante tiempo hasta que se note cierta sabiduría interior en él, o quizás nunca la logre en esta vida.

11. Pero dejadle ya tranquilo; su alma no viene de “arriba” y su espíritu es demasiado débil y pequeño para que pueda ablandar y vivificar su alma endurecida por el mundo».

12. A esto, me acerqué a Matael y le dije: «En verdad, un instrumento como tú lo eres hay pocos, y tengo que felicitarte por ello. Sigue así y serás un buen precursor para los paganos hasta que Yo llame más tarde a otro apóstol de entre mis enemigos. Por ahora te puedo asegurar que ni tú ni tus cuatro hermanos volveréis a caer en la enfermedad que os ha costado mucho superar. Tú tendrás que distribuir a tus hermanos y enseñarles el camino correcto que tengan que recorrer.

13. Nosotros nos quedaremos aquí todavía unos días más, puesto que mañana, sábado, sucederá más de algún acontecimiento en el que podrás ser un instrumento muy útil para Mí, teniendo en cuenta que no temes ni al mundo ni a la muerte.

14. Pero ahora llévame hacia Elena, pues ella tiene un anhelo secreto tan grande para conmigo que quiero recibirla y reconfortarla».

15. «Oh, Señor, ¡qué infinita Misericordia para conmigo!», exclamó Matael. «Tú, mi Creador, te dejas conducir por mí hacia aquella que es como yo tu criatura. La muchacha es pura y de buena voluntad; ella seguramente no sabe nada de pecado y vale la pena reconfortar a un corazón como el suyo, de modo que por ella, más tarde, puedan ser reconfortados muchos miles».

Capítulo 110. En búsqueda de Dios

1. Tras estas palabras, Yo, Matael y Yara, que no se apartaba ni un instante de mi lado, nos acercamos a hablar con Elena y su padre Ouran.

2. En el momento en que Elena me vio acercarme, rompió en lágrimas de alegría y dijo al cabo de un rato: «Ya dudé de que la Gracia de verte y hablarte a Ti, Señor de mi vida, me fuera concedida. Pero ahora todo está bien, porque Tú, al que mi corazón y mi mente han podido conocer aquí de manera tan milagrosa, has venido a mí en persona. Oh, mi pobre corazón, ¡rompe en júbilo! Pues Aquél cuyo Espíritu ha contado tus latidos desde la cuna hasta la tumba, está delante de ti, regalándote la sagrada vitalidad en la que tu futura muerte será más dulce que la miel».

3. Tras estas palabras se tranquilizó y Yo le dije: «Elena, corazones que aman como el tuyo no tendrán que temer nunca a la muerte y no la encontrarán ni dulce ni amarga.

4. Pues mira, Yo mismo soy la Vida y la Resurrección, y los que crean en Mí y me amen como tú, no verán ni sentirán la muerte nunca en toda la eternidad.

5. Bien es cierto que se te quitará en su día el cuerpo pesado, pero no te influirá dolorosa ni conscientemente, sino que en un momento serás transformada de esta vida pesada, falta de libertad, a una Vida luminosa de tu alma mediante el Espíritu de mi Amor que está dentro de ti y crecerá hasta llegar a la imagen y semejanza con mi Espíritu eterno. — ¿Comprendes esto, queridísima Elena?».

6. Elena, no obstante, no pudo pronunciar palabra alguna de tanta emoción, llorando a lágrima viva por el gran gozo de su corazón. Pasó un rato largo sin que Elena fuese capaz de dominar su emoción y júbilo interior por haberme acercado a ella; las lágrimas le impidieron hablar cada vez que quería decirme una palabra de agradecimiento.

7. Entonces Yo me dirigí otra vez a ella: «Mi queridísima hija, no te esfuerces en hablar, porque el lenguaje de tu corazón me agrada más que muchas de tus palabras bien pensadas.

8. Mira, ya hay en la Tierra algunos y en lo sucesivo habrá todavía más que me dirán: “¡Señor, Señor!”, y Yo les responderé: “¿Por qué me llamáis, extraños? No os conozco y nunca os he conocido, porque siempre habéis sido hijos del príncipe de la mentira, de la arrogancia, de la maldad, de la noche y de toda la oscuridad. ¡Apartaos de Mí, malditos!”. Luego habrá mucho llanto y crujir de dientes entre ellos.

9. Ellos buscarán a su Dios en lejanías y profundidades sin fin, nunca alcanzables, y no le hallarán porque han considerado demasiado indigno el buscarme en su proximidad, es decir, en su corazón.

10. En verdad os digo: Quien no busque a Dios en su corazón, como tú le has buscado, tampoco le hallará en toda la eternidad.

11. Dios en sí es el Amor omnipotente más puro y sublime, y por eso sólo puede ser hallado mediante el amor.

12. Ya desde el principio fue el amor el que te impulsó hacia Mí, aunque creías estar pecando; pero me encontraste. — Yo fui a tu encuentro hasta la mitad del camino. Así deben buscarme en lo sucesivo todos los que quieran encontrarme y me encontrarán como tú me encontraste.

13. Pero los que me quieran buscar mediante su intelecto soberbio, no me encontrarán nunca.

14. Porque los que me buscan con su intelecto, son como un hombre que compró una casa de la que había oído tener escondido debajo de sus muros un gran tesoro. Tan pronto que fue de su propiedad, empezó a excavar aquí y allá, pero superficialmente sin mucho esfuerzo. Por eso no encontró el tesoro que estaba enterrado más profundamente. “¡Ah, ya sé lo que voy a hacer!”, pensó. “Voy a excavar alrededor de la casa desde fuera y así encontraré el tesoro más rápidamente”.

15. Así empezó a excavar por fuera de la casa, pero naturalmente no encontró el tesoro que estaba enterrado muy profundamente en el centro de la casa. Por más zanjas que estuvo excavando en los alrededores, no encontró el tesoro por el que había comprado toda la casa. Porque quien busca algo donde no está ni puede estar nunca, no lo va a encontrar jamás.

16. El que quiera pescar peces, tiene que echar la red al agua y no al aire, donde no hay peces. El que quiera buscar oro, no debe echar una red a la mar sino debe excavar en lo hondo de las montañas.

17. Con los oídos no se puede ver y con los ojos no oír. Cada órgano sensitivo tiene su propiedad y misión particular.

18. Así también el corazón humano —que tiene una estrecha relación con Dios— está destinado a buscar a Dios y a encontrarle, para obtener de Él, a continuación, una nueva Vida indestructible. Pero aquel que busca a Dios en un camino que excluye el amor, no le encontrará, tan poco como una persona que se ha vendado los ojos podrá ver el Sol — proceso para el cual tampoco le servirán su oído ni su olfato…

19. El verdadero y vivo sentido del corazón es precisamente el amor. El que despierta este sentido interior de forma correcta y busca con él a Dios, le encontrará con seguridad y vivamente, igual que un hombre que no esté totalmente ciego, ve el Sol y su luminosidad inmediatamente.

20. El que quiere, además, escuchar una palabra sabia, no debe taparse los oídos para escuchar con los ojos; el ojo está hecho para ver la luz y todas las formas iluminadas, pero la forma espiritual de la palabra es imposible verla y sólo se puede escuchar con el oído. — ¿Comprendes todo esto?».

Capítulo 111. El estar unido al Señor

1. Por fin respondió Elena que ya se había recuperado un poco de su gran emoción y gozo interior: «Oh, sí, he comprendido todo. Tus palabras contienen Luz, Fuerza y Vida y emanan de tu boca santa como una fuente clara de las rocas iluminadas por el Sol matutino. Pero ¿qué debo hacer para calmar mi corazón? Señor, ¡mátame si peco! Pero mi amor hacia Ti sobrepasa todos los límites de mi vida. ¡Oh, permíteme que toque tu mano!».

2. «¡Hazlo tranquilamente!», respondí Yo. «Lo que tu corazón te manda desde su profundidad, debes cumplirlo, y puedes estar segura que no será nunca pecado».

3. Acto seguido, Elena agarró mi mano izquierda y la apretó fuertemente contra su corazón, rompiendo de nuevo en lágrimas de alegría, y exclamó: «¡Oh, qué felices deben de ser los que pueden estar siempre contigo, oh Señor! ¡Ojalá yo pueda estar también siempre a tu lado!».

4. «A quien está conmigo en su corazón», le dije, «Yo le acompaño siempre y él también me acompaña; esto es lo principal. Sin embargo, ¿de qué le sirve a alguno acompañarme en persona en esta Tierra cuando su corazón siempre está muy lejos de Mí por la atracción del mundo material? En verdad te digo que ese está más lejos de Mí que todo lo que puedes imaginarte.

5. Pero quien en su corazón esté muy cerca de Mí, como tú, mi queridísima Elena, ese está y se quedará también cercano a Mí, aunque físicamente nos separe un espacio miles de veces mayor que el que existe entre nosotros y las últimas estrellas que tus ojos puedan vislumbrar.

6. Yo te digo: Quien me ama y cree vivamente que Yo soy Aquél cuya llegada esperaban los padres, éste será enteramente uno conmigo como Yo soy Uno con mi Padre en el Cielo. Pues el amor lo une todo; Dios y la criatura serán uno por el amor, y no hay espacio que pueda separar lo que el Amor puro y verdadero desde los Cielos ha unido.

7. A través de tu amor estarás siempre muy cerca de Mí, aunque las distancias en este mundo te separarán por poco tiempo de mi persona. Pero después, en el Más Allá, en mi Reino del Espíritu más puro y de la Verdad más perfecta, nunca estarás separada de Mí. — ¿Has comprendido esto también, mi queridísima Elena?».

8. «¿Cómo no lo voy a comprender?», dijo Elena. «Ahora todo está tan iluminado en mí como si hubiese salido el Sol; todo lo que Tú, oh Señor, me has dicho es perfectamente comprensible y mi corazón ha captado el sentido profundo. —

9. Pero ahora me queda todavía una pregunta importantísima: ¿De qué manera puedo agradecer a Aquél que me ha colmado de tan inmensa Gracia? Un amor por poderoso que sea no puede servir de agradecimiento, porque él mismo es —como la vida entera— un regalo misericordioso de Ti. ¿Qué sacrificio y qué ofrenda puedo yo, tu criatura, ofrecerte a Ti, mi Creador, como agradecimiento digno por tantas bendiciones? Señor, con toda la Luz que se halla en mi corazón, no encuentro la respuesta adecuada. Por favor, Señor, ¿no podrías ayudar a sacarme de dudas con sólo una palabra bendita tuya?».

Capítulo 112. Cómo dar gracias a Dios

1. «Oh, querida Elena, ¿qué cosa del mundo podrías ofrecerme o sacrificarme que no fuera mía por haberlo dado ya anteriormente al mundo?», pregunté Yo.

2. «Mira, seria una pretensión vana por mi parte y en total contradicción conmigo y con mi Orden divino.

3. ¡El amor lo hace todo! Quien me ama sobre todas las cosas, me ofrece también el mayor sacrificio y el agradecimiento más grato, pues él me sacrifica al mismo tiempo el mundo entero.

4. No obstante, junto al amor para conmigo hay otro amor: el amor al prójimo. Los pobres de espíritu y de recursos necesarios son los verdaderos prójimos; lo que alguien les hace a ellos en mi nombre, me lo hace a Mí.

5. Quien recibe a un pobre en mi nombre, me recibe a Mí y le será recompensado el día del juicio; quien recibe a un sabio por su sabiduría, también recibe la recompensa de un sabio; y quien ofrece a un sediento tan sólo un vaso de agua, será recompensado con vino al entrar en mi Reino.

6. Pero siempre que hagas el bien a los pobres, hazlo en secreto con toda amabilidad y no lo muestres al mundo, porque el Padre en el Cielo lo ve y el don del donante bondadoso le será agradable y Él se lo recompensará cien veces.

7. Pero quien sólo quiere presumir ante los demás, ya ha recibido la recompensa del mundo y no ha de esperar otra más.

8. En esto consiste la manera de hacer sacrificios y dar las gracias que me agrada; fuera de ésta no hay otra, porque todos los holocaustos y otros sacrificios resultan para Dios un hedor y todas las oraciones de palabras vanas un horror, porque con ellas los corazones están muy lejos del amor verdadero para con Dios y para con los hermanos pobres.

9. ¿A quién le va a servir el vociferar estúpido en los templos, si por el contrario no se piensa en los miles de hermanos pobres y hambrientos fuera de ellos?

10. Id y socorred primero a los menesterosos, dad de comer a los hambrientos y de beber a los que tienen sed, vestid a los desnudos, consolad a los afligidos, liberad a los cautivos y predicad el Evangelio a los pobres de espíritu. Así haréis mucho mejor que gritar día y noche en los templos mientras vuestros corazones permanecen fríos e insensibles para con vuestros hermanos pobres.

11. Mirad el aire, la tierra, el mar; mirad la Luna, el Sol y las estrellas; mirad las flores, los campos y los árboles; contemplad los pájaros en el aire, los peces en el agua y los demás animales en la tierra firme; mirad las montañas altas, las nubes y los vientos Todo esto anuncia en voz alta la Gloria de Dios y aun así jamás de los jamases Dios lo miraría con satisfacción a la manera vana de los hombres, sino sólo viendo el corazón humano que le reconoce y le ama en calidad de único y santo Padre verdadero. ¿Cómo va a gustarle un corazón desleal, una ceremonia vana basándose en ejercicios lingüísticos exagerados detrás de los cuales no se ocultan sino egoísmo, ambición, tiranía, fornicación, mentira y engaño?

12. Ahora ya sabes que Dios no precisa recibir la honra de los humanos vanos, porque toda la infinitud está plena de su Gloria.

13. ¿Qué honra quiere dar a Dios el hombre necio y ciego, si él mismo no tiene otra que la que antes recibió de Él por la Gracia de ser un hombre? ¿Puede redundar en honor de Dios el que los hombres le sacrifiquen un buey, permaneciendo sus corazones insensibles y siendo diez veces peores que antes del sacrificio?

14. Yo no acepto la honra de los hombres, porque el Padre en el Cielo me honra con creces. Sin embargo, siempre que los hombres observan mis mandamientos y con ello me aman sobre todas las cosas, me honran a Mí y a mi Padre, y Yo y el Padre somos Uno.

15. Conforme a la Verdad plena y eterna, nadie puede deshonrarme cuando cumple la Voluntad de Dios, tal como lo han anunciado Moisés y todos los profetas y como Yo mismo os lo anuncio.

16. ¿Entiendes ahora cómo se debe dar gracias a Dios y alabarle por todo lo bueno que se ha recibido?».

Capítulo 113. El futuro de la Enseñanza pura de Dios

1. Elena, totalmente conmovida por la Verdad contenida en mi Enseñanza, respondió: «Oh, Señor, cada santa Palabra tuya ha encontrado un inmenso eco en mi corazón que resuena como una canción en mi alma: “Esta es la Verdad de Dios más pura”.

2. Una Enseñanza así puede dar sólo Dios a los hombres, porque la mente humana no tiene este alcance. Sí, ahora que he aprendido mucho y en detalle sé lo que tengo que hacer en lo sucesivo.

3. ¡Oh, qué maravilloso es conocer la Voluntad del Dios verdadero y poder actuar conforme a ella con todas nuestras fuerzas vitales! Pero qué amargo es, cuando la soberbia humana da leyes y afirma: ¡Esta es la Voluntad de Dios!

4. Siempre he pensado que un Dios verdadero solamente puede tener una Voluntad verdadera que nunca puede ser contradictoria en sí como las leyes humanas en las que una revoca frecuentemente a la otra. En cuanto cumples una, caes culpable infringiendo otra sancionada anteriormente; pero si no la cumples, es otra nueva ley que te castiga. Pregunto: ¿Qué ser humano puede vivir en estas circunstancias?

5. Si nos acordamos de nuestras antiguas leyes de los dioses, los astutos sacerdotes dijeron: “Si haces ofrendas a Plutón, enojas a Zeus; y si haces ofrendas a Zeus, enojas a Plutón. Pero si haces ofrendas a sus sacerdotes —porque son sólo ellos los que saben apaciguar la ira de los dioses— entonces haces bien”. Ellos dicen que son los intercesores efectivos entre los dioses y los hombres. Por ello acapararon todas las ofrendas para ellos y dejaron que el pobre pueblo ciego —explotado por ellos para nada y temblando ante su poder— los venerara como a dioses. ¡Ojalá que esta purísima Enseñanza vaya a admitir nunca algo parecido!».

6. «No te preocupes por ello», le dije. «Al fin y al cabo, a todo lo que venga de arriba por puro que sea, lo espiritual o lo material, le pasa lo mismo: tan pronto como toque el suelo de la Tierra, se convertirá en impuro.

7. Observa una gota de lluvia: No hay diamante que sea más puro; pero tan pronto como caiga sobre el suelo, se acabó su pureza.

8. Sube a un monte y te asombrarás de la pureza del aire. Pero si miras hacia el valle, te darás cuenta de la gran diferencia entre la pureza del aire de arriba y la de abajo.

9. Luego, ¡qué limpios caen los copos de nieve de las nubes! Cuando al cabo de dos meses miras la nieve, que antes estuvo blanquísima, verás que se ha ensuciado muchísimo.

10. Observa el viento cuando sopla desde las alturas hacia los valles y como al poco tiempo está enturbiado por el polvo molesto. Incluso el Sol y la Luna así como las estrellas pierden mucho de su resplandor cuando se acercan al horizonte. Los rayos del Sol de mediodía mismo se ensombrecen frecuentemente por los vahos de la tierra, de modo que a pesar del poderoso brillo al final no se puede divisar el Sol para poder afirmar que se encuentra aquí o allá.

11. Lo mismo sucede con los dones espirituales de los Cielos; por puros que sean en su origen, se ensombrecerán con el tiempo a causa de los intereses corrompidos del mundo, como todo lo que te acabo de detallar.

12. Esto sucederá también con esta mi Enseñanza purísima; ni una sola palabra quedará a salvo de las críticas y blasfemias.

13. El Templo que estoy construyendo ahora, será destruido igual que los romanos destruirán —en un tiempo no muy lejano— el Templo de Jerusalén, donde no quedará ni una piedra sobre la otra.

14. Sin embargo, Yo reconstruiré mi Templo, pero nunca él de piedra en Jerusalén. No obstante, no te preocupes por nada de esto, porque Yo sé todo lo que tiene que suceder y por qué.

15. Mira, nadie considera la luz del día y el calor en el verano como algo especial. Pero al llegar la noche, la luz se hace querer, y el calor se aprecia solamente en invierno.

16. Lo mismo sucede con la Luz y el Calor espirituales. El que anda libremente, apenas da importancia a la libertad; pero cuando está encadenado en el calabozo, llega a comprender y apreciar el gran bien de la libertad.

17. Ves, mi queridísima Elena, por estos motivos se admite el enturbiamiento de todo lo que es puro, para que el hombre, una vez sufrido las tribulaciones, pueda reconocer el valor de la Luz pura.

18. Cuando después de la noche profunda vuelve a aparecer la Luz pura, todo lo que respira y vive se orientará hacia la Luz, es decir, en el invierno de la falta de amor de los hombres todos se acercarán al calor de un corazón cálido, igual que en invierno los menesterosos helados de frío se acurrucarán junto al fuego de la chimenea.

19. No obstante, esto te lo digo solamente a ti y a algunos pocos más. Que cada uno lo guarde para sí y no lo divulgue, porque mi Enseñanza no consiste en esto. Te lo he dicho a ti, querida Elena, sólo para tu tranquilidad, porque todo ello no importa a nadie más. Yo me ocuparé de todo lo externo si es necesario; para todo ser humano basta con que se ocupe de la purificación de su propio corazón. Si esto está en orden, todo lo externo también se pondrá en orden por sí mismo. — Mi querida Elena, ¿has comprendido esto también?».

20. «Oh, sí, Señor», respondió Elena. «Sin embargo, no es muy alentador conocer tales cosas de antemano. Pero todo tiene su profundo y sabio sentido, porque Tú te preocupas siempre por el bien espiritual de los hombres. Todo sucederá como Tú, oh Señor, me lo has revelado ahora por tu Gracia infinita. ¡Que tu Voluntad se haga ahora y en toda la eternidad!».

21. Pronunciadas estas palabras, Elena cayó como en un sueño de amor, apretando mi mano firmemente contra su pecho, lo que causó un poco de dolorosa envidia para mi Yara, porque no le había dirigido la palabra durante toda la conversación con Elena; pero su dolor se calmó en cuanto la miré amablemente.

Capítulo 114. Sobre el despertar en el Espíritu

1. Al cabo de un rato dijo Yara, después de haber reflexionado sobre su reacción: «Señor, mi único amor, ¿fui demasiado descarada, mostrando mis celos a causa de esta hermosa muchacha Elena, y te he molestado por ello? Si ha sido así, ¡perdóname, mi único amor!».

2. «¡Tranquilízate, hija mía!», le dije, «cuando incluso un hombre malvado no se puede ofender con el amor, ¿cómo me voy a ofender Yo? Si me amaras menos, no temerías que mi Amor hacia ti mermara al abrazar a Elena también con todo mi Amor. Pero dado que tú me amas verdaderamente sobre todas las cosas, te invadió por un instante un desaliento por haber perdido con los ojos de tu alma Quién soy Yo en verdad. Pero como ahora has vuelto en ti y sabes Quién soy, Elena ya no te perturbará.

3. Mira el Sol en el firmamento cómo ilumina las flores del campo. ¿No sería tonto si una flor se enojara contra el Sol, porque ilumina a la flor vecina de la misma manera?

4. Mira las grandes estrellas, algunas de las cuales has tenido la concesión de verlas de cerca y con su constitución natural. Todas ellas y muchísimas más que ojo humano alguno podrá ver nunca, existen y viven de mi Amor. Dado que mi Amor abarca todo el inmenso número de seres vivos de toda la eternidad, ¿cómo puedes temer, mi amada hijita, que Elena te quite algo de mi Amor? ¿Comprendes la necedad de tu temor momentáneo creyendo que tenías que renunciar a mi Amor?».

5. «Sí, Señor de mi amor y mi vida», respondió Yara, «a partir de ahora voy a ser una buena amiga para la querida Elena y aprenderé de sus virtudes. ¡Ojalá que mis hermanas mayores fuesen de la naturaleza como Elena, cuánta alegría sería para mí! Pero ellas son del mundo y no se puede hablar de cosas espirituales con ellas. Las hijas del anciano Marco ya son otra cosa. ¡Ojalá haya una manera para hacer a mis hermanas más espirituales!».

6. «Tranquilízate», le dije, «en cuanto llegues a casa encontrarás a tus hermanas más receptivas para lo espiritual que antes. Además, tienes a Rafael, y con su ayuda podrás conseguir bastante para con tus hermanas y hermanos.

7. De todas formas, con las personas apegadas al mundo la cosa no va tan rápidamente como uno quisiera. Hace falta mucho tiempo y paciencia para limpiar un alma de toda la escoria.

8. Sin embargo, antes de que no se haya realizado una purificación total, no se puede despertar el interés por algo espiritual y profundo, porque ocupar la mente con ello es como construir una casa sobre arena.

9. Es el corazón el que debe acoger el asunto; pero si está todavía ocupado en las cosas materiales, lo espiritual puro no puede anclarse en él. Por tal motivo debes observar a tus hermanas para que sus corazones se liberen totalmente de todo lo material; después lo tendrás fácil con ellas mientras que ahora te preocupan tanto. Te elogio por tu preocupación y te aseguro que ya no será por mucho tiempo. — ¿Has comprendido todo muy bien, mi queridísima Yara?».

10. «Oh, sí, en tanto que una muchacha de catorce años pueda comprender estas cosas espirituales», respondió Yara. «Seguramente hay detrás de lo que me acabas de decir aún muchas cosas profundas que mi ánimo no puede captar todavía. Pero lo que hace falta entender ahora, para esta vida terrenal, creo haberlo comprendido. ¡Seguro, Señor, que nunca permitirás que la comprensión de mi corazón disminuya! — Pero mira, nuestra querida Elena se ha quedado profundamente dormida y no voy a poder hablar nada con ella».

11. «No importa», le tranquilicé Yo, «tenemos aún más personas aquí con las que podemos conversar, suponiendo que queramos hablar necesariamente. No obstante, pronto sucederán cosas que atraerán toda nuestra atención, y ya no habrá tiempo para hablar de cosas que no tienen importancia».

12. «Oh, Señor, ¿qué ocurrirá?», preguntó rápidamente Yara.

13. «No lo has de saber de antemano», le dije. «Cuando ocurra, lo sabrás».

14. Ouran que estaba sentado enfrente de Mí en un banco junto a Matael, también preguntó: «Señor, ¿acaecerá algún peligro para nosotros?».

15. «A nosotros no», le dije, «pero sí a otras personas que no están ahora conmigo en este monte. Si miráis hacia Cesárea de Filipo, enseguida veréis de dónde sopla el viento».

Capítulo 115. Las consecuencias de los fenómenos naturales en Cesarea de Filipo

1. Los habitantes de Cesárea tenían mucho temor ante unos sucesos terribles que según ellos tenían que acaecer en el orbe terráqueo. Los judíos esperaban el juicio profetizado por Daniel y los paganos la guerra de los dioses. La gente común se rebeló, negando para lo sucesivo la obediencia hacia sus jefes, y empezó a destrozar todo lo que tenía delante. En resumen, pasadas unas horas, reinó en la ciudad el desorden total del que fueron los culpables precisamente los necios sacerdotes.

2. Hubo entre ellos algunos, instruidos en la sabiduría y la experiencia de los egipcios, que apenas se habían preocupado por la desaparición repentina del sol ficticio, porque habían leído en las antiguas leyendas egipcias que tales fenómenos habían sucedido ya repetidas veces sin perjuicio para la Tierra. Algunos fariseos judíos pensaron, a su vez, que algún segundo Josué habría resucitado y habría ordenado que el Sol brillara más tiempo a causa de alguna actividad muy importante.

3. Por otro lado, entre los miembros de una determinada secta judía reinaba la creencia de que el día de la victoria sobre Jericó en su eterna memoria cada cien años el Sol permanecería más tiempo en el cielo sin ninguna influencia maligna para la Tierra. Por eso, estos fariseos tampoco sintieron miedo alguno ante este fenómeno.

4. También hubo algunos magos de Oriente —que durante sus viajes se encontraron ocasionalmente en la ciudad— diciendo que el Sol, cada vez que sucediera un oscurecimiento total durante el día, brillaría por la tarde más tiempo para restituir a la Tierra la luz perdida. Por eso ellos tampoco tuvieron miedo ante el fenómeno. Sin embargo, todos quisieron aprovecharse de él para meter al pueblo un terror infernal.

5. Bien es cierto que la gente recurrió —después de haber desaparecido el sol ficticio— a todos los remedios reconciliadores que los sacerdotes le recomendaron. Pero todo fue todavía poco para la avidez de éstos, porque el pueblo no les dio todo lo que poseía de manjares y cosas valiosas.

6. Sin embargo, un anciano griego honorable, que era también un entendido en cosas de la naturaleza, se dio cuenta de esta desfachatez y llamó a varios otros hombres sensatos a su casa para explicarles brevemente las causas naturales e inofensivas de este fenómeno, advirtiéndoles al mismo tiempo del comportamiento canallesco y sin escrúpulos de los sacerdotes, añadiendo: “Si hubiese que temer algo del fenómeno ocurrido, los pícaros sacerdotes no correrían tan ávidamente por las calles con sus sacos, extorsionando a la gente para que les dé importantes ofrendas. Cuando al cabo de unas horas el Sol vuelva a salir como siempre, estos estafadores volverán a correr por las calles de nuevo, exigiendo de los hombres ofrendas de agradecimiento. Id y decidle al pobre pueblo engañado que el viejo sabio griego se lo hace saber”.

7. Puesto que este anciano griego, conocedor de la naturaleza, gozaba de una buena reputación entre los gentiles, su mensaje corrió como un reguero de pólvora. Apenas pasada una hora, el “juicio anunciado” dio la vuelta, y los sacerdotes tuvieron que devolver todas las ofrendas que habían recibido y darse prisa para huir de la ira del pueblo ante el cual ninguno de los servidores ungidos de los dioses podía estar seguro.

8. Yo había previsto naturalmente estos acontecimientos de los cuales advertí a Ouran en el momento en que se mostraron las primeras señales para un levantamiento popular contra los sacerdotes. Sólo en las afueras de la ciudad había muchos que todavía aguardaban temblando los terribles acontecimientos anunciados.

9. Poco después de mi advertencia empezaron a arder varios edificios y se podía oír grandes lamentos.

10. A esto, Cirenio y Julio vinieron corriendo hacia Mí, preguntando qué habría sucedido en la ciudad, porque todo parecía tener el aspecto de un levantamiento popular. Yo les expliqué en pocas palabras todos los antecedentes.

11. Mi explicación les tranquilizó y sólo me preguntaron si no habría que temer otras consecuencias graves.

12. «Ningunas para vosotros», les dije, «pero sí para los sacerdotes, porque el pueblo astuto está reconciliándose ahora los dioses mediante los holocaustos, quemando las casas de los sacerdotes y los templos de los dioses. Los sacerdotes no os tienen que dar pena, porque ya es hora que se elimine de una vez para siempre esta ralea de serpientes. El sol ficticio tuvo una buena luz, porque destapó al ciego pueblo las malicias de los servidores del Templo que ahora reciben su recompensa bien merecida».

Capítulo 116. Marco se alegra del castigo aplicado a los sacerdotes

1. En estos momentos Elena se despertó de su dulce sueño de amor y cuál no fue su susto al darse cuenta del enorme bullicio entre las gentes que estuvieron en el monte y al ver la ciudad en llamas. Yara la cogió de la mano y, al explicarle todos los antecedentes, Elena se tranquilizó inmediatamente y dijo: «Hace algo más de una hora, me pasó lo mismo, temiendo que después de la desaparición del sol ficticio le aguardara a la ciudad tal suerte. Y ahora se ha cumplido mi triste intuición. Tú, Señor, habrás previsto seguramente estos acontecimientos al hacer aparecer el sol ficticio, sólo que es ahora cuando vemos el motivo real para ello».

2. «Sí, sí, mi querida hijita», le dije, «la cosa es tal como dices. Una luz que he puesto en el firmamento no tiene solamente el cometido de iluminar —que es en el fondo una razón secundaria— sino está prevista para muchos otros objetivos buenos.

3. Cuando observas la luz del Sol verás que su resplandor es sólo algo de menor importancia; porque observa todas las criaturas y creaciones en la Tierra conforme a su naturaleza, y descubrirás los efectos de la luz y del calor del Sol, de los cuales ningún conocedor de la naturaleza ha podido soñar jamás. Son todos consecuencia de la luz solar.

4. Tan sólo la Tierra podría mostrarte muchas cosas prodigiosas como efectos de la luz solar que ni en muchos miles de años serás capaz de verlas todas y menos aun contarlas con tus ojos físicos.

5. Alrededor de este Sol cuya luz produce tantas cosas prodigiosas en la Tierra, giran aún muchos otros y más grandes astros, en los cuales la misma luz provoca cada vez nuevos prodigios que no se repiten en ningún otro astro y que los hombres de esta Tierra no se pueden imaginar jamás. Ves, todo esto es la causa y el efecto de una misma luz.

6. Así puedes suponer que no he provocado el sol ficticio sólo para que dure la luz solar más tiempo. — ¿Qué opinas de esto, mi queridísima hija?».

7. «¡Oh, Señor!», exclamó Elena. «Aquí se acaban todas las opiniones humanas. Tú eres infinitamente grande y sabio, ¿quién pudiera escudriñar la profundidad de tu Poder omniabarcante?

8. Ya es algo infinitamente grandioso poder amarte sobre todas las cosas y ser dichosa en este amor, del que mi corazón nunca será totalmente merecedor. Sin embargo, querer escudriñar todavía más en tu santísimo Ser insondable, sería la locura más grande de un corazón humano. Esta es, oh Señor, mi opinión.

9. Para mí la mayor bienaventuranza es poder amarte; pero escudriñarte es completamente imposible».

10. Tras estas palabras de la bella Elena, embriagada de amor hacia Mí, llegó el anciano Marco y dijo: «Señor, con todo este fuego la gran cantidad del selecto pescado que tuve que entregar como diezmo a los sacerdotes judíos, se habrá quedado totalmente quemado. Señor, Tú sabes que yo soy de todo corazón muy hospitalario hacia cualquiera. Siempre mi alegría de dar algo a alguien ha sido mayor que la del que ha recibido de mí. Sin embargo, el diezmo que tuve que dar a los fariseos me ha disgustado seriamente. Como estoy viendo que las casas de los sacerdotes judíos están en llamas, me parece una buena paga como recompensa a estos estafadores sin escrúpulos. Me gusta más que si alguien me regalase diez de las casas más bonitas de la ciudad. En verdad, nunca he sido un hombre mal pensado; pero esta vez, —oh, Señor, perdónamelo— lo soy totalmente.

11. Darle a alguien menesteroso es una dicha para un buen corazón humano y entregar a un trabajador la retribución merecida, e incluso más, es la obligación sagrada de cualquier hombre. Lo mismo para cualquier ciudadano honesto es el pagar los impuestos justos a su gobernante, porque este tiene que sufrir muchos desvelos y sufragar gastos para mantener el orden y la seguridad en su país. Por lo tanto, los súbditos están obligados, por amor al prójimo, a hacer voluntariosamente todo lo que el gobernante reconoce como bueno para el Estado y exige de sus ciudadanos.

12. Entre los soberanos puede haber también unos tiranos egocéntricos que explotan al pueblo. Pero tras un tirano llega habitualmente un buen gobernante, y el pueblo se puede recuperar de nuevo.

13. Sin embargo, los sacerdotes siguen siempre igual; tiranizan como los vampiros a los pueblos durante siglos, imponiéndoles unas contribuciones abusivas y devolviéndoles nada más que engaños tras engaños de toda clase. En estas circunstancias es lógico que un hombre honesto alabe y glorifique a Dios el Señor por mandarles a estos bárbaros y estafadores un buen castigo. Así es un bálsamo para mi corazón ver las espléndidas casas y sinagogas de los fariseos judíos en llamas y esto precisamente en un antesábado. Y mañana, por ser sábado, estos malvados sinvergüenzas no pueden ni recoger la colecta ni hacer nada. ¡Oh, esta buena lección se lo han merecido ya desde hace tiempo!».

14. «Pero, ¿quién te ha dicho que esta iluminación de la ciudad va dirigida precisamente a los fariseos y sacerdotes paganos?», pregunté Yo.

15. «Oh», respondió Marco, «cuando estuve abajo en la casa para disponer algunas cosas para los menesterosos que nos visitarán mañana, llegaron tres jóvenes griegos a los que ofrecí pan y vino, y me contaron lo que sucedía en la ciudad. Me hubiera gustado pagar cada palabra suya con una gran perla, por la alegría que me dio. ¡El sol ficticio ha tenido realmente un buen efecto!».

16. «Sin embargo, mañana tendrás que pagar por tu alegría, porque vendrán muchos fariseos a comer en tu mesa», le advertí.

17. «Con mucho gusto», respondió Marco. «He disfrutado tanto que no me importa darles de comer a estos sinvergüenzas durante una semana; a lo mejor resulta que el uno o el otro se vuelve un ser humano. — Oh Señor, contigo todas las cosas son posibles».

Capítulo 117. Reprobación a quien se alegra del mal ajeno

1. Tras haber manifestado su satisfacción Marco y otros que habían escuchado estas palabras, Elena vio en medio de la ciudad una repentina llamarada blanca que iluminó toda la región. También Cirenio se dio cuenta de ello, y la llama aumentó incrementadamente.

2. Sucede que durante la noche cualquier luz tiene la característica engañosa que hace creer a una persona, no familiar con las características de la visión, que la luz se va acercando en medida que se vuelve más grande y fulgurante sin moverse del sitio. Una prueba de ello es que los niños pequeños extienden sus manos hacia la luna llena, porque les parece estar muy cerca de ella por su gran luminosidad; también los perros la ladran por la misma razón.

3. Del mismo modo le pareció a Elena que la llama cada vez más grande y fulgurante se estaba acercando, por lo que me pidió ordenar a la llama que no se acercara y no nos hiciera daño.

4. «No seas infantil», le dije. «El que la llama se acerque es sólo un engaño óptico. Pero su luminosidad proviene del hecho de que el fuego en el palacio del superior de los fariseos ha penetrado en la gran despensa, en la que estaban guardadas cien cubas del mejor aceite, y varios barriles de naftalina pura para la iluminación del palacio, además de amplias provisiones de mantequilla, leche y miel. Todas estas cosas han empezado a arder y producen esta luminosidad. En esta ocasión también se habrán frito muy bien —como tú, amigo Marco, lo has deseado anteriormente— tus pescados del diezmo que estaban guardados en la gran despensa. — ¿Qué dices ahora?».

5. «Señor», respondió Marco, «Tú, que puedes mirar tanto dentro de mi corazón como también en la gran despensa del superior de los fariseos, Tú sabes que no soy ni he sido nunca un hombre que se alegre del mal ajeno. Si bien es cierto que siendo guerrero, fui muy severo cumpliendo con mi servicio, pero por mi voluntad nunca hice daño a nadie, excepto al que la ley ya había castigado anteriormente y no por mi culpa. Sin embargo, nunca sentí alegría cuando el rigor de la ley alcanzó a alguien. Por lo tanto, en este caso tampoco siento alegría en mi corazón sobre la desgracia ocurrida y el que mi buen pescado haya quedado frito sólo para los espíritus del aire; pero el hecho de que estos viejos torturadores de los hombres hayan recibido una buena lección en todos los aspectos me produce gran satisfacción.

6. Porque lo menos grave es que el fuego haya destruido los tesoros. Sin embargo, el que haya quedado arrasada al mismo tiempo la fe en sus doctrinas representa realmente un daño irreparable para ellos aunque resulte ser un gran provecho para el pueblo engañado. Pues este estará ahora dispuesto a abrir ojos y oídos para recibir la Verdad divina y pura, lo que me produce realmente alegría. Incluso puede ser posible que los sacerdotes afectados se vuelvan más receptivos hacia la Verdad que si hubiesen permanecido entre sus riquezas. Creo que el día de mañana nos deparará más que un acontecimiento destacado. — Dime, Señor, si tengo razón o si esta mi alegría es condenable antes tus ojos».

7. «Oh no, para nada», le respondí. «Si Yo no hubiese tenido el mismo motivo que tú para hacer que sucedan estos acontecimientos, no habrías visto el sol ficticio y el fuego no se habría producido. No obstante, al principio sí que te alegraste un poco del daño de los fariseos, porque estabas enfadado por el diezmo abusivo. Y en realidad fue este el motivo por haberte reprobado y por lo cual mañana tendrás que dar de comer a varios sacerdotes damnificados. Pero no será en tu perjuicio.

8. Porque un hombre justo y perfecto debe serlo en todos sus sentimientos, pensamientos y obras; de lo contrario, ni con mucho será apto para entrar en el Reino celestial de Dios.

9. Tomemos como ejemplo a un hombre burdo que ha infringido deliberadamente las leyes para el buen orden de la convivencia humana; es decir un energúmeno, enemigo de toda moral, que pudiera ser muy bien hermano del diablo. Durante mucho tiempo este individuo está llevando acabo sus acciones malvadas impunemente, porque es imposible capturarle por su astucia satánica que le está protegiendo. ¡Cuántas personas no habrá que deseen que el peso de la ley alcance al malvado cuanto antes!

10. Por fin la justicia logra capturar al infame con mano dura y, haciéndole responsable de sus actos, le condena al merecido castigo más severo. Este es el momento en que jóvenes y viejos se alegran de que el malvado haya recibido por fin su castigo. Incluso habrá personas normalmente muy decentes que se lamenten por no tener la ocasión de intervenir en el juicio y poder ser ellas mismas jueces y verdugos para hacer sufrir al energúmeno criminal.

11. En este momento es preciso preguntarse con un corazón puro pero también con el entendimiento claro, si tal alegría corresponde a un hombre perfecto. Un corazón y entendimiento puros seguro que responderán: “El que la sociedad, torturada durante tantos años por este criminal, se haya librado por fin de él y pueda vivir ahora en paz, es una alegría para mí. Sin embargo, mayor alegría sería si el malvado reconociera su maldad, se arrepintiera, se enmendara y se convirtiera en un hombre útil, reparando en lo posible los daños causados”.

12. Decidme, ¿qué postura os gusta más, la primera con la satisfacción del castigo o la segunda acompañada del deseo puro y verdaderamente bondadoso?».

13. «No hay duda», respondió Marco, «pues lo segundo corresponde a los seres humanos y lo primero es, según mi opinión, todavía muy rudo, egoísta y bestial».

Capítulo 118. Matael es nombrado virrey

1. «Esta postura maravillosamente generosa y bondadosa no la he visto nunca», mencionó Ouran. «Yo mismo soy un ser humano y regente sobre cientos de miles de personas; se dice en todas partes que mis súbditos son los más felices en el Ponto. Sin embargo, tuve que hacer aplicar la ley tal como me llegó de Roma, excepto algunas moderaciones que me fueron admitidas por Roma por ser un regente feudal. A pesar de todo, las leyes muy moderadas por mí, siempre me parecieron todavía duras.

2. ¡Qué poco se respeta la naturaleza de los seres humanos e incluso se considera para nada si es factible para una persona cumplir una ley o no, según su naturaleza y característica! Es estúpido afirmar que un zapato se adapta a todos los pies, pero más estúpida es una ley que no considera la naturaleza y las características de los hombres.

3. Sin embargo, tal como Tú, oh Señor y Maestro, has explicado las leyes de la vida, es posible para cualquier naturaleza y característica de los hombres adaptarse a ellas y cumplirlas, porque son sumamente clementes. En cuanto vuelva a casa, en mi país todo será diferente.

4. Matael y sus cuatro compañeros, aunque estén vestidos ahora a la manera de los romanos, recibirán de mí una vestimenta del Estado griego y me ayudarán a ordenar mi pequeño Estado de la mejor manera. A Matael le nombraré mi primer consejero, y —puesto que no tengo descendencia de varón—, además virrey».

5. A esto se acercó Cirenio, diciendo: «Y yo, siendo el prefecto romano de Asia y una parte de África, provisto de todos los poderes de la mano del emperador César Augusto, que fue mi hermano, y ahora también por su hijo, afirmo esta excelente elección. Tú, Ouran, no habrías podido encontrar en el mundo a un hombre más digno. ¡DIXI! (He dicho) — Cirenio».

6. «Y Yo lo confirmo», asistí Yo, «porque mi Bendición en el espíritu ya la tiene hace tiempo. Pero tú, Ouran, puedes ungirle con el aceite del Nardo ante el pueblo y ante los grandes de tu país, para que todos sepan con quién tendrán que ver y qué le deben. Él protegerá tu reino ante las invasiones de los escitas mejor que un gran ejército de los mejores guerreros. Yo le daré un poder especial tan pronto empiece a administrar su cargo. Por el momento no lo necesita todavía, su sabiduría es suficiente».

7. «Señor, si fuera posible, ¿no sería ahora el momento adecuado para convertir a los peligrosos escitas a que te reconozcan mejor? Es verdaderamente una lástima para el género humano que siga viviendo en unas condiciones de total ignorancia. Destacan de entre las personas unas estaturas físicamente muy hermosas, como quizás en ningún lugar de la Tierra, pero su nivel espiritual es cero.

8. Se asombra uno al ver pasar una figura varonil majestuosa o una muchacha bellísima, pero ambos frecuentemente carecen de lengua y se expresan con gruñidos como los cerdos que no se entienden ni entre ellos y menos aun con otro alguno. No quiero someter a los escitas bajo mi poder por un afán de conquista, sino por el deseo de educarlos como hombres. ¿No podría ser esto posible, sin usar la espada?».

9. «Para esto», le dije, «los compañeros de Matael te rendirán buenos servicios y tu deseo se podrá cumplir en muchos aspectos. Pero será muy difícil someter a todos los escitas bajo tu mando, porque su reino es muy extenso. No obstante, a los que habitan alrededor del Ponto41 podrás conquistarlos a tu favor y educarlos según tu criterio».

10. «Señor, ¡gracias eternamente en mi nombre y en él de todos los hombres que despertarán en el espíritu mediante tu Enseñanza! Verdaderamente, no será por falta de mis esfuerzos y voluntad férrea, si Tú sólo me das tu Bendición para ello».

11. «Y yo te aseguro», añadió Cirenio, «que todo lo que obtengas de los escitas será propiedad tuya. Si lo quieres anexar a Roma en secreto, entonces te será perdonado el impuesto feudal por tu gran país durante diez años consecutivos, y a tus descendientes les será concedido el derecho de herencia. Al cabo de los treinta años siguientes tu país ya no será entregado al mayor postor. La certificación de todo lo que te he dicho ahora la tendrás en tus manos mañana, escrita sobre pergamino, para todos los tiempos futuros. Únicamente un enemigo forastero te lo podría arrebatar violentamente, pero por parte de Roma lo conservarás siempre».

12. Entonces dije a Cirenio: «Dáselo hoy mismo por escrito, porque mañana es sábado y no queremos dar un disgusto a los débiles de espíritu».

13. «Señor», respondió Cirenio, «¿cómo voy a escribir esta certificación ahora que es media noche? Lo voy a hacer mañana antes del amanecer y creo que nadie se disgustará por ello».

14. «Mira», le dije, «mi siervo Rafael ya la tiene hecha. Aquí está el documento, tómalo y léelo para ver si corresponde a tu voluntad».

15. Cirenio tomó el documento y, colocando una antorcha a su lado, lo leyó y encontró palabra por palabra todo perfecto. «Si esto fuese la primera vez», dijo, «me asombraría sobremanera. Pero puesto que Rafael me ha dado ya varias demostraciones, no me sorprendo, porque tales cosas le son tan fáciles como cualquier persona podría alcanzar con su mirada las estrellas más lejanas. Bueno, como el documento está hecho, Ouran se puede hacer cargo de ello inmediatamente».

16. Entonces, Cirenio se lo entregó a Ouran, diciendo: «Tómalo para testimonio tuyo y tus descendientes y trata de ganar a los hombres para el Reino de Dios, el Reino del Amor y el Reino de la Verdad eterna que ha bajado de los Cielos a nosotros mortales en Jesús, el Señor de Nazaret, de esta manera tan maravillosa. ¡En Él existimos, en Él vivimos y viviremos eternamente!».

Capítulo 119. Helena se convierte en la esposa de Matael

1. Ouran me dio efusivamente las gracias a Mí y a Cirenio; así lo hizo también Elena, añadiendo la pregunta: «Pero mi padre no tiene ningún descendiente varón. ¿Quién le sucederá en el reinado?».

2. «Pero mi queridísima Elena», le contesté, «¿acaso no os he dado un descendiente sobremanera sabio al que tu padre ha nombrado virrey? ¿No os gusta?».

3. Elena, casi llorando de alegría: «¡Sí nos gusta! Pero debo preguntar primero para conocer tu santa Voluntad. Señor, perdóname si te he ofendido con mi pregunta».

4. «No te preocupes por eso», le dije, «a Mí nadie me puede ofender, y mucho menos tú. Pero dado que me has preguntado por algo a lo que tú misma te habrías podido contestar, te pregunto ahora por algo que Yo en todo caso ya sé antes de tu respuesta.

5. Mira a Matael, que ha sido nombrado virrey por tu padre y confirmado como tal por Cirenio y por Mí. Es un hombre joven de apenas veintiocho años; ¿te gustaría tenerle como esposo?».

6. Elena, un poco avergonzada, bajó la mirada y dijo al cabo de un rato: «Pero Señor, ¡no hay nada que se te pueda ocultar en el corazón de modo seguro! Has mirado en el mío y has visto que siento mucha simpatía hacia Matael, y ahora me has descubierto antes de que yo lo pensara. Pero ya que has descubierto mis sentimientos, no puedo responder tu santa pregunta con otra cosa que con un sincero ¡sí! Amo mucho a Matael, pero la cuestión es que si él también me ama».

7. Dirigiéndome a Matael, le dije: «A partir de ahora, amigo, puedes seguir hablando tú con toda tranquilidad».

8. «¡Oh, Tú, sublime y glorioso Señor! Nunca eres más grande para mí que cuando hablas con nosotros de forma tan humana. La cuestión no es si yo puedo amar a esta doncella pura que se ha entregado a Ti con todo su ser de una manera tan intensa como yo te amo, oh Señor, sino que ella es una hija excelsa de un rey y yo sólo hijo de un pobre plebeyo que no procede en realidad de Jerusalén sino de los alrededores de esta gran ciudad, que cuenta con cien portales y más de un millón de habitantes entre los que no figuro yo ni mi familia. — ¡Ahí está la pega!».

9. «Y ¿qué más da?», le pregunté. «¿Quién fue David por nacimiento? ¿Quién fue Saúl? ¿Quién los ungió como reyes de Israel?

10. Si yo te concedo lo que les concedí antaño a ellos, ¿por qué no vas a ser de igual clase que Elena? ¿Crees que no tengo suficiente Poder para colocarte en un instante en el trono imperial de Roma?

11. Tú conoces el poder y la fuerza del ángel Rafael que está aquí a nuestro servicio, y miles de legiones de ángeles como él pueden estar bajo mi mando en un instante. ¿Quién va a querer entrar en lucha contra ellos? Sólo Rafael basta para convertir en un instante toda la Tierra en polvo, y menos aún en destronar al emperador de Roma y colocar a otro en el trono. Pero esto no sucederá, aunque no me falte nunca el Poder para ello porque sé por qué dejo seguir a los emperadores actuales en el trono de Roma. De la misma manera tengo el Poder ilimitado para darte lo que Yo quiera y convertirte en lo que quiera. ¿Quién me lo puede discutir?

12. Mira, el Poder de Dios es mucho más extenso que el poder de un rey terrenal. ¿Acaso la vida de un rey no está en mis manos igual que la de un mendigo? Un ligero hálito de la Voluntad de mi Espíritu es suficiente para que toda la Creación pierda su existencia. Por eso, amigo, no te preocupes. Lo que digo Yo, está dicho para la eternidad, y la elección mía de una persona permanece irrefutable e intocable. Sólo Yo soy el Señor y realizo todo conforme a mi Amor y Sabiduría; luego nadie me puede decir: “Señor, ¿por qué haces esto o lo otro?”. No obstante, al que me pregunta con el amor de su corazón, le daré una respuesta aclaratoria en su corazón. Pero a quien quiera discutir conmigo, le alcanzará su juicio. Por lo tanto, tranquilízate. Si te nombro rey, serás verdaderamente un rey, y quien se lance en batalla contra ti, será derrotado. Toma por lo tanto la mano de Elena y ella es y será tu amada esposa».

13. Acto seguido, Ouran se levantó y, lleno de sentimientos de agradecimiento, dijo: «Oh, Señor Todopoderoso de la eternidad, ¿cómo voy a poder ser digno de Ti y mostrarme agradecido, yo que soy un pobre pecador? ¡Me estás colmando de las mayores gracias y favores! ¡Me has aliviado de una gran preocupación que llevo teniendo desde hace mucho tiempo!

14. ¡Qué difícil es para un buen padre elegir para su única hija amada a un esposo del que se pueda afirmar de antemano que es merecedor de ella y con el que ella será feliz! ¡Cuántas ofrendas han depositado muchas veces los padres en los templos de bodas para conseguir la felicidad de sus hijas casaderas, pensando que así lograrían un matrimonio feliz! Sin embargo, los matrimonios fueron infelices y la hija casada se convirtió demasiado frecuentemente en una esclava en lugar de en una amiga y fiel compañera de su esposo.

15. Pero aquí sucede lo que he oído de los antiguos: que los verdaderos matrimonios se contraen gracias a los dioses de los cielos. Se entiende por sí mismo que el concepto erróneo de “dioses” debe eliminarse; porque cuando uno ha encontrado al único y verdadero Dios, los dioses inventados han acabado de existir.

16. Este matrimonio ha sido determinado y constituido por Ti, oh Señor, y puedo tener ahora la esperanza y confianza de que no le faltará tu Bendición, que naturalmente ha de ser merecida mediante la estricta observación de tu sagrada Voluntad.

17. Elena, mi queridísima hija, ¿habrás supuesto esto, cuando emprendimos nuestro largo viaje con la intención de buscar la sabiduría verdadera y encontrar al desconocido Dios de todos los dioses? Nuestra intención fue también dar a conocer este Dios a nuestros pueblos y hacerlos lo más felices posible. ¿Habías pensado que íbamos a vivir tanta dicha en este insignificante lugar abandonado y desértico?

18. Mira, hija mía, cómo se ha cumplido aquí la lección que te he repetido muchas veces: “El que quiere encontrarlo todo, que busque sólo a Dios”. Tú suspiraste al abandonar nuestra ciudad con el propósito en el corazón de no volver hasta haber encontrado la Verdad y al único Dios verdadero. Dijiste con melancolía: “Padre, quizás no volveremos a ver nunca más nuestra ciudad y nuestro hermoso país”. Y yo te contesté: “Ten confianza, hija mía, no estamos saliendo para robar ni tampoco para amenazar a un vecino con una guerra, sino salimos para buscar la mayor dicha para nosotros y nuestro país. Ningún dios ni poder del mundo puede desbaratar nuestro plan”. Entonces te tranquilizaste y emprendimos nuestro viaje valientemente. A partir de ese momento, te pregunto, ¿tuviste intuición alguna de lo que nuestro destino nos iba a presentar de bien y felicidad?».

Capítulo 120. El agradecimiento y los buenos propósitos de Elena

1. «Oh, padre, ¿quién de los mortales habría podido tener ni tan sólo una ligerísima intuición de todo esto? Además, estabamos hundidos todavía muy profundamente en el paganismo, a pesar de nuestra educación tan refinada. Por lo tanto no fuimos capaces de tener idea alguna sobre las posibilidades que se nos ofrecerían aquí mediante la inmensa Gracia de Dios el Señor que acabamos de recibir directamente de Él.

2. Desde luego, ahora no podemos hacer otra cosa que amarle eternamente sobre todas las cosas. Y a nuestros hermanos y hermanas, aunque sean nuestros súbditos, los amaremos por consiguiente como a nuestra propia vida y les anunciaremos fiel y verdaderamente el nombre del único verdadero Dios, santísimo y glorioso, dándoles, además, una constitución con el cumplimiento de la cual seguirán el camino del amor y humildad verdaderos, convirtiéndose en hombres que agraden a Dios el Señor. Y Matael, ahora mi amado esposo, nos ofrecerá para ello junto con sus hermanos sus fuertes brazos y un corazón muy sabio, de manera que nuestro bienestar en el nombre del Señor será también el suyo y este, a su vez, el bienestar de todos nuestros súbditos.

3. Esto es todo lo que puedo expresar como fiel y verdadero ante el Dios santísimo desde la profundidad de mi humilde y agradecido corazón. Oh, Señor, te ruego que seas siempre benévolo y misericordioso conmigo, pobre pecadora, porque sólo Tú sabes cuántas pesadumbres futuras seré capaz de soportar. No quiero andar por la vida sin carga, sino la quiero llevar con la fuerza que Tú, oh Señor, me regalas. Más allá de ello, Señor, por favor, no me pongas a prueba».

4. «Mi yugo es suave y mi carga ligera», le dije Yo. «De vez en cuando un pequeño peso añadido no te hará daño sino será únicamente un gran beneficio para tu alma y espíritu.

5. Tu esposo Matael te comunicará a su debido tiempo las cargas que él tuvo que soportar para arrojar fuera de sí todo lo que es del mundo, con lo cual su corazón pudo crecer con tanta fuerza. Lo que él posee ahora ningún poder ni en la eternidad se lo pueden quitar; pero lo que tú has acogido en ti hasta ahora se parece todavía a una semilla recién sembrada en la tierra y que tiene que pasar todavía más de una prueba hasta que se convierta en un verdadero fruto maduro y bendecido.

6. Por eso, no temas las múltiples cargas que te puedan sobrevenir aquí y allá en el camino de tu vida sobre la Tierra; pues Yo te las enviaré para el fortalecimiento de tu alma y tu espíritu.

7. Cuando, mientras tanto, suceda algo, piensa que soy Yo quien te lo ha enviado para tu fortalecimiento. Porque cuanto más amo a un ser humano, más le pongo a prueba, pues cada uno ha de llegar a ser perfecto como Yo. Para ello, no obstante, se requiere mucha abnegación, paciencia, mansedumbre y entrega total a mi Voluntad.

8. Quien actúa después totalmente según mi Voluntad, ese llegará a ser perfecto en su espíritu como Yo soy perfecto, porque tal espíritu será uno conmigo. — Dime ahora, si comprendes bien todo esto y lo aceptas».

9. «Oh, sí, en tanto que sea posible para un mortal en su estrechez temporal comprender las palabras de Dios».

10. «Pues bien», respondí, «entonces vamos a descansar un poco tras el trabajo hecho. El que quiera dormir un poco, que duerma; pero el que quiera velar conmigo y rezar, que vele y rece».

11. «Señor», exclamaron muchos, «¡queremos velar y orar contigo!».

12. «Haced lo que deseéis», les dije. «No obstante, es preciso prepararse muy bien para el día de mañana, porque será un día caluroso». — Dirigiéndome a Cirenio: «Mañana llegarán aquí tu hermano Cornelio y el juez supremo Fausto para ver lo que ha sucedido en este lugar, puesto que no suponen que tú y mucho menos Yo nos encontremos aquí. Sin embargo, hay que tomar las previsiones para preparar alojamiento para ellos y su séquito. En la ciudad no se podrá encontrar casa alguna, porque el fuego destrozará muchos edificios y viviendas particulares como consecuencia de la quema de templos y sinagogas. Por eso es preciso mañana estar bien atentos, para lo cual nos debemos preparar. El que tenga sueño, que duerma. Yo, sin embargo, debo velar y orar».

13. Dicho esto, abandoné la comunidad y subí al monte para estar solo y unir el Espíritu eterno del Padre más con todo mi ser.

Capítulo 121. La naturaleza de Jesús

1. Muchos de los que se encontraban en el monte y habían escuchado mi alocución, se preguntaron del porqué de mis palabras. Elena y Ouran también se asombraron un poco, preguntándose: «¡Qué raro! Ahí va para orar y prepararse para mañana. Él, ¿a quién podría invocar? ¿Acaso no es Él todavía el Ser divino supremo a pesar de toda su Sabiduría sublime? ¡No se adorará a sí mismo! Y si lo hiciese, habría que preguntarse: “¿para qué?”. ¿No es Él ya el Ser divino altísimo preparado desde la eternidad en toda plenitud? ¡Qué raro! ¿Qué significa esto? ¿No ha hablado anteriormente como sólo puede hablar un verdadero Dios? La existencia del mundo depende sólo del hálito de su Voluntad, y ahora … va a orar, recomendándonos que vayamos a dormir o también a orar y que nos preparemos para el día de mañana. Si Él mismo va a rezar a un ser divino que sólo Él conoce, ¿a quién vamos a rezar nosotros, a Él o a un ser divino desconocido? No, ¡esto es más de lo que uno pueda soñar jamás!».

2. A esto, Matael se levantó de repente y dijo, algo excitado, con una fuerte voz que todos le pudieron oír: «¡Estáis opinando como unos ciegos sobre los colores! ¡Oh, que ciegos y necios sois todos, incluso sus antiguos discípulos, a excepción de Rafael!

3. ¿No está hecho aquí en la Tierra de carne y hueso como nosotros, un cuerpo del que se ha desarrollado un alma, como la nuestra, para ser capaz de entrar en unión perfecta con el eterno Espíritu divino?

4. Sólo el Espíritu en Él es Dios, todo lo demás es hombre, como hombres somos nosotros. Cuando Jesús reza, esto significa que Él hace que el eterno Espíritu primario de Dios —del que proviene todo espíritu— penetre enteramente su materia, al igual que la pequeña imagen del Sol que se presenta en una gota de rocío origina del Sol verdadero.

5. Él es, según su Espíritu, el Sol verdadero y nosotros y los demás espíritus no somos sino imágenes vivas de este eterno Sol primario que es Dios. — ¿Comprendéis ahora lo que significa cuando Él dice que va a orar?».

6. Yara y Elena fueron las primeras que lo comprendieron. Los demás no llegaron a orientarse completamente, porque todavía confundían los conceptos de alma y espíritu. Pero luego, Matael les explicó todo el asunto muy detalladamente y todos lo entendieron, alabando al mismo tiempo la gran sabiduría profunda del valeroso joven. Elena cogió su mano y la apretó contra su pecho, diciendo: «Sí, mi maravilloso esposo que Dios me ha concedido, si sigues creciendo en sabiduría, ¡no sé hasta qué dimensión finalmente llegará mi amor por ti! Si no hubieras acudido en nuestra ayuda con tu sabiduría, al final habríamos llegado a dudar de la Divinidad del gran Maestro, sin considerar los hechos sin precedentes que ha realizado ante nuestros ojos. Pero ahora todo está bien y sabemos perfectamente a quién hemos de orar con toda confianza».

7. «Aunque mi alegría sea muy grande por verte, mi querido amigo y ahora hermano Matael, en una posición tan favorable», dijo Cirenio, «me habría alegrado todavía más tenerte continuamente a mi lado. Porque entre nosotros no hay nadie —con excepción del ángel que está ahora conversando con Suetal— que esté iluminado para comprender y explicar todas las cosas como tú. ¡Cuánta bendición para un pueblo cuyo regente vas a ser tú y lo eres ya en realidad! No obstante, nos volveremos a ver más a menudo; pues, o bien yo te visitaré o tú vendrás a verme».

8. Matael cogió la mano del anciano Cirenio y dijo: «Apreciado Cirenio, actuaremos mano a mano y nuestra divisa será siempre hacer a nuestro pueblo tan sabio y feliz como sea posible en el nombre del Señor. Cierto es que prestaremos nuestra atención sobre todo al bienestar espiritual de los pueblos que Dios nos ha encomendado, pero nos preocuparemos de que nadie tenga que quejarse de las necesidades materiales, particularmente si la persona ya está llevando una vida orientada hacia lo espiritual.

9. En el gran imperio romano esta conducción de pueblos tendría quizá muchas dificultades que vencer; pero en un país pequeño será más fácil de llevarla a cabo y los pequeños estados que llevan una vida feliz servirán de espejo en el que se puedan mirar los grandes y descubrir sus suciedades propias.

10. Con un espejo, aunque sea pequeño como la palma de la mano, el hombre se puede mirar en él desde la cabeza hasta la punta de los pies; igual de fácil también un país pequeño puede llegar a ser el espejo de un gran imperio. Pero si un país pequeño quisiera tomar como ejemplo a un gran imperio, pronto se hundiría y sus súbditos caerían en la ruina. Por eso preferimos ser un pequeño espejo en lugar de un gigante que se mira en él. — ¿Tengo razón o no, gran Cirenio?».

11. «Me gustaría conocer al que te pueda negar la razón», respondió Cirenio. «Estás siempre en tu sano juicio, porque a través de ti habla el Espíritu divino. —

12. Pero, ¡mira la ciudad! Me parece que el fuego está aumentando. ¿Es posible que toda esta importante ciudad se esté quemando al final? Nuestro Rafael podría ayudar si quisiera».

Capítulo 122. La naturaleza de los ángeles

1. «¡Oh, sí, él sí!», exclamó Yara. «Pero sólo lo hace cuando recibe una señal del Señor, invisible para nosotros, de lo contrario no hace nada. Cierto es que me fue asignado como maestro y protector; pero basta que le diga que me haga esto o lo otro, para que no haga nada. Y si quiero saber algo de él, no solamente no dice nada sino incluso me pregunta por lo que yo quería saber. Por eso, no vale la pena decirle algo. Bien es cierto que le tengo mucho cariño, y le querría mucho más si fuese más dócil. Siempre es muy amable, pero no se le debe pedir nada; sería un esfuerzo en balde».

2. «Me gustaría probar», dijo Matael, «si no se le puede convencer a que proteja de las llamas por lo menos algunas casas civiles. Voy a llamarle y veré si la bonita Yara tiene razón».

3. Acto seguido Matael llamó a Rafael y le dijo: «Amigo, mira la ciudad. Me parece que las llamas están alcanzando también algunas casas menesterosas. Si fuese cierto, ¿podrías tú evitarlo?».

4. «Naturalmente, si me fuese permitido», contestó el ángel. «Pero mi voluntad está sometida a la del Señor y me es permitido hacer sólo lo que Él quiere. Si fuera la Voluntad del Señor, antes de un abrir y cerrar los ojos, las llamas estarían extinguidas. Pero sin su Voluntad no puedo hacer más que tú, porque todos los hechos milagrosos no los realicé yo sino solamente la Voluntad del Señor a través de mí.

5. Nosotros los ángeles no somos otra cosa que la Voluntad personificada del Señor y por nosotros mismos no podemos hacer nada: quitarnos la Voluntad de Dios y dejaremos de existir… con lo que veis que no tenemos ni la menor existencia individual — igual que no te puedes imaginar el verdadero aspecto del Sol, mirándolo en un espejo, si no ha caído primero un rayo solar sobre él.

6. Para que comprendas todavía mejor mi naturaleza, llevo tu atención a un espejo llamado cóncavo que ha descubierto antaño casi por casualidad el famoso mecánico Arquímedes. Esta clase de espejos tiene la propiedad física de concentrar, a cierta distancia, los rayos del Sol que caen sobre su superficie. En lo que se refiere a la intensidad de su luz y su calor, estos rayos concentrados en un solo punto tienen una fuerza mucho mayor que la del rayo simple: Suponiendo que se trate de un “punto” que en su mayor concentración tiene un diámetro de dos pulgares, mientras que el diámetro del espejo a la disposición tenga la altura de un hombre, entonces el cociente de estos dos diámetros elevado al cuadrado os informa cuántas veces mayor es la intensidad en tal foco, comparada con la intensidad de un solo rayo de luz.

7. Tal foco puede fácilmente tener una fuerza —tanto en su luz como en su calor— más de mil veces mayor que el rayo solar individual, pero aun así siempre precisará de la luz del Sol...

8. El espejo no hace sino concentrar los rayos del Sol instantánea y eficazmente, pero sin la luz del Sol carece de toda fuerza y de todo efecto; lo único que siempre mantiene es su capacidad de concentrar la luz que cae sobre su superficie — pero sin la luz es ilusorio...

9. Así somos también los ángeles: sólo un espejo que recibe y concentra la Voluntad divina. Donde actuamos, lo hacemos a través del foco de la Voluntad divina concentrada en nosotros, y vosotros llegaréis a ver milagros sobre milagros. — ¿Comprendes esto?».

10. «Oh, sí, lo comprendo perfectamente», respondió Matael, «pero no sabía que Arquímedes fue el descubridor de los espejos cóncavos, porque esto se le atribuye originalmente a cierto Hamerod y luego al conocido Tales del cual se dice que ha construido una máquina que produce rayos».

11. «Sí, es cierto», afirmó Rafael, «pero Arquímedes fue tornero que descubrió por sí mismo las propiedades útiles de los espejos focales, los cilindros y discos que producen descargas eléctricas y sobre todo las máquinas elevadoras mediante el uso de un árbol de hélice, inventado y bien calculado para tal fin. Después de su invención dijo: “Dadme en el exterior de la Tierra un punto fijo y yo arrancaré el mundo entero de su soporte”.

12. De todo ello podéis deducir que yo por mí mismo no puedo cumplir tu deseo por bueno que sea. Pero tan pronto como el Señor me designe para ello, todo estará cumplido enseguida. Por eso, hablad con el Señor».

13. «No debemos molestar ahora al Señor», advirtió Yara, «porque nos ha recomendado silencio o también la oración si permanecemos despiertos. Y esto es lo que debemos hacer, porque todo lo que Él dice tiene su motivo. ¿Qué nos importa si incluso toda la ciudad se quema? El Señor tiene sus razones por las cuales ha permitido que esta suerte caiga sobre esta ciudad, y sus razones no pueden ser otra cosa que su Amor benévolo y su Misericordia divina. Si quisiésemos cambiar algo, no mejoraríamos la situación sino más bien la empeoraríamos. El Señor hará lo que estime conveniente a su tiempo, también sin nuestras peticiones. Con mi Rafael, sin embargo, no podemos hacer nada, pues sin la Voluntad del Señor es como un pellejo vacío».

Capítulo 123. La sabiduría de Yara

1. «¡Oh, pequeña Yara!», exclamó Matael. «¡Nunca hubiera pensado que tal sabiduría habitase en ti! Muy bien entonces, mi queridísima niña de Genesaret. Pero ahora me gustaría oír de ti cómo rezas».

2. «Con todos mis pensamientos y sentimientos me pongo en la profundidad más honda de mi corazón», contestó ella, «en el que se encuentra el amor para con Dios. Con esto, este santo amor recibe alimento como si pusieras leña seca y fácilmente inflamable sobre unas brasas calmadas sin llama.

3. La leña pronto va a avivar el fuego casi extinguido de modo que se originen llamitas pequeñas; estas pronto prenderán la leña y luego todo va a pasar a llamas vivas y luminosas. De esta manera también se hace todo Luz y calor en mi corazón. Entonces es cuando habla el espíritu de naturaleza divina que se despertó en mi corazón:

4. “¡Oh Tú, mi santo Padre que estás en los Cielos! ¡Santificado sea tu Nombre! ¡Tu Amor paternal venga a nosotros pobres pecadores! ¡Hágase tu santa Voluntad aquí en esta Tierra como en todos tus Cielos! Si hemos pecado contra tu santo Orden eterno, perdónanos tal insensatez y ten paciencia e indulgencia con nosotros, como también nosotros tenemos paciencia e indulgencia con aquellos que han pecado contra nosotros. ¡No permitas que nosotros, en nuestra debilidad humana, seamos tentados por el mundo y el diablo más allá de nuestras fuerzas! Con tu Gracia, Amor y Misericordia líbranos de todos los males que pudiesen turbar nuestro amor para contigo, oh, santo Padre amado. Más siempre que tengamos hambre y sed, espiritual y físicamente, danos según tu mejor parecer lo que necesitemos cada día. ¡Únicamente para Ti todo mi amor, toda la honra y toda la alabanza para toda la eternidad!”.

5. Esto es para mí orar; sin embargo, esta oración no vale nada delante de Dios si no ha sido avivado antes en la profundidad del corazón el amor para con Dios, según el modo mencionado, ardiendo en llamas luminosas mediante la unificación de todos los pensamientos y sentimientos en el centro divino del corazón. Si falta esta condición previa, cualquier oración por bonita que sea es un horror ante Dios y no será escuchada.

6. Porque Dios en Sí es Espíritu y por eso debe ser adorado en el espíritu del amor y en la clara Luz de la Verdad. — ¿Entiendes ahora lo que significa en verdad orar, según lo siento y entiendo yo?»

7. «¡Oh, tú, maravillosa niña!», respondió Matael. «¿Quién hubiera pensado que hay una sabiduría tan profunda en ti? Efectivamente, incluso yo podría ser tu discípulo y no me avergüenza confesarlo abiertamente. Ahora sí, comprendo tu cariño y fidelidad invencible al Señor y viceversa, como dicen los romanos. Tú habrás sido despertada por el Señor en muy poco tiempo, como yo, ¿es cierto?».

8. «Quien ama a Dios, el Señor, sobre todas las cosas», respondió Yara, «pronto será despertado. Pero quien le busca con el intelecto para amarle después de haberle hallado de este modo, se ha tomado un gran trabajo vano e inútil con el cual nunca logrará en este mundo su fin deseado. Por consiguiente, tú has alcanzado tan rápidamente la Luz intensa de la Gracia de Dios, porque en el centro de tu alma debe haber habido grandes llamas de amor, a pesar de que tu cuerpo estuvo poseído por los malos espíritus del infierno durante mucho tiempo».

9. «Sí, niña divina», asintió Matael, «en eso debes tener razón. Yo amaba a Dios sobre todas las cosas desde mi infancia, por lo que mis padres me consagraron al servicio del Templo, pero donde mi cuerpo fue realmente convertido en una verdadera máquina del infierno, mientras que mi alma se mantenía en lo que fue desde sus orígenes. Pero no quiero seguir hablando de esto, porque no me gusta recordarlo. — Ahora dime, tú, mi amada Elena, ¿cómo te gusta esta sabia niña? ¿No es asombroso ver qué sabiduría ha alcanzado?».

10. «¿Quiénes son sus padres y dónde están?», preguntó Elena.

11. «Bueno, bueno, todo esto ya se sabe», dijo Matael, «tú misma has conocido aquí a Ebalo, su padre, el hostelero de Genesaret, quien habló con vosotros abajo en vuestras tres tiendas. ¿Lo has olvidado ya? Más bien, dime: ¿te gusta la sabiduría notable de esta muchacha? ¿No tienes el deseo fervoroso como yo de ser tan sabio como esta maravillosa pequeña? Es cierto que yo ya sé mucho, pero esta niña sabe mucho más. Tengo la sensación de que ella alberga en su cándido pecho muchas cosas de las que nosotros no tenemos idea alguna.— Sin embargo, parece que Rafael no goza de buena reputación frente a ella. Elena, mi amada esposa, ¿qué piensas tú de todo esto?».

12. Elena, en vez de estar alegre, respondió con bastante melancolía: «Oh, mi Matael, tu pobre Elena no llegará nunca a tanto. Parece que el Corazón del Todopoderoso se ha metido dentro del corazón de la muchacha, porque la experiencia en la esfera de la Vida divina interior del hombre, como la tiene ella, solamente puede provenir de la boca del Creador mismo. Por eso se entiende fácilmente por qué no estima mucho al ángel, porque ella se iguala totalmente al nivel de su sabiduría. Naturalmente no hay duda de que el ángel posee un poder y una fuerza infinitos provenientes del Señor. Sin embargo, dudo mucho de que su sabiduría por amor al Señor sea mayor que la de la niña.

13. Me gustaría entablar una conversación con ella, si no tuviese tanto respeto ante su sabiduría. Pues, alguna palabra tonta que digamos personas como nosotros, ella nos la corregiría inmediatamente de una manera que ya no nos atreveríamos a pronunciar palabra alguna durante toda la vida.

14. Si la muchacha fuese pobre, me gustaría regalarle todos los tesoros que llevo conmigo. Pero juzgando por su preciosa vestimenta, debe ser hija de padres acaudalados y un regalo por mi parte no tendrá buena aceptación, especialmente teniendo en cuenta la profundidad de su enorme sabiduría por la cual de todas formas despreciará todo lujo mundano más que nosotros y particularmente yo mismo que no llego ni mucho menos a su altura.

15. Le tengo a la muchacha muchísimo cariño. Sin embargo, en su cercanía me siento asustada y temerosa.

16. No obstante, le estoy sumamente agradecida por la explicación de cómo se debe orar a Dios para que le agrade. Pero ¿cómo le puedo demostrar mi agradecimiento a esta niña?».

17. Yara que había conversado entretanto con Rafael, dijo: «Estimadísima reina, ámame como yo te amo a ti, — no hace falta más. Lo que significan para mi los tesoros del mundo, lo sabes de por sí y lo has expresado antes muy acertadamente. Si fuese preciso obsequiarnos mutuamente con los burdos tesoros materiales, seguramente yo te podría ofrecer unos más grandes que tú a mí. Pero ¿qué significa toda la pompa del mundo en comparación con una sola chispa del verdadero amor vivo para con Dios en nuestro corazón? Amiga, esta joya la debemos conservar y cuidar dentro de nosotros para que no nos sea enajenada. Si la poseemos siempre en mayor magnificencia, en su pureza así como en intensidad vital, entonces poseeremos más de lo que puede caber en todos los Cielos. — ¿Comprendes esto?».

Capítulo 124. Elena habla del poder de los sacerdotes

1. «Lo que acabas de explicarnos tan acertadamente, lo he comprendido perfectamente. Sólo hay una cosa que no entiendo: ¿Cómo has llegado a ser tan sabia?».

2. «No te preocupes por esto», respondió Yara, «porque es cosa del Señor que, según las facultades de los hombres, los dota con diferentes dones de su Gracia, sembrándolos como un labrador siembra el trigo en un campo arado. Cuando la semilla cae en un suelo bueno, traerá pronto buenos frutos. Creo que tu corazón es también un buen campo, ¿o no?».

3. «Sí, debería serlo», respondió Elena. «Pero estuve viviendo demasiado tiempo en el ciego paganismo que todavía me persigue como el sonido desafinado de una lira. Bien es cierto que conozco ahora la Verdad que es mi vida. Pero piensa en mi pueblo que sigue apegado al paganismo y sus ídolos. ¡Cuántos esfuerzos nos costará para dar otra Luz a la gente y quitarle la antigua superstición! Si la Voluntad todopoderosa del Señor no nos apoya notablemente, nosotros solos lograremos poco o nada».

4. «Pero tú también y tu padre fuisteis paganos», contestó Yara, «y no ha costado demasiado esfuerzo para convenceros de la Verdad pura».

5. «Ciertamente no puedo competir con tu sabiduría en asuntos espirituales», respondió Elena, «pero en el mundo hay muchas cosas, frecuentemente en relación con las diferentes religiones de los hombres, que son más difíciles de eliminar que los errores de una doctrina equivocada.

6. Primero tendrás que vértelas con los sacerdotes, quienes han dispuesto una doctrina sobre los dioses del modo que sea lo más beneficioso para ellos y con la que puedan seguir dominando de la mejor manera. Los templos, no obstante, necesitan gran cantidad de cosas, por lo que se emplea a muchos artistas y obreros, servidores y mozos. Todas estas personas viven de los templos y perderán su ganancia y su pan en cuanto se termine con los templos. ¡Qué alboroto armarán todas ellas!

7. Si se pudiese ofrecer a estos hombres otros ingresos, la cosa iría seguramente mejor. Pero ¿cómo crear en un reino no demasiado grande rápidamente un nuevo trabajo y ganancias para miles y de dónde sacar el pan para tantas personas? Para algunos días no tendríamos dificultades. Pero para muchos años seguidos, ¿qué? ¿De dónde sacarlo y seguir siendo bueno y honrado?

8. Además de esto, los sacerdotes gozan de un gran prestigio entre el pueblo que les cree ciegamente. Los malvados sacerdotes pueden decirle al pueblo solamente que los dioses nos han maldecido, y a continuación nosotros tenemos que ver rápidamente cómo salir del país sanos y salvos. — Ves, amiga, estos son asuntos que nos obligan a reflexionar muy seriamente. Sólo una ayuda milagrosa del Señor puede sacarnos del dilema.

9. No será fácil divulgar aquí en el país de los judíos la pura Luz de los Cielos, porque la antigua enseñanza de Moisés ya fue alterada con muchas falsedades y engaños gracias a los cuales los sacerdotes se han enriquecido y viven demasiado bien. Al mismo tiempo, el sacerdocio se entiende muy bien con los gobernantes y consigue hacerse imprescindible mediante múltiples consideraciones políticas.

10. Los gobernantes le conceden frecuentemente demasiadas libertades y privilegios, gracias a los cuales los sacerdotes se ganan al ciego pueblo totalmente a su favor mediante diversos artificios. Los gobernantes, si no quieren sucumbir del todo, incluso tienen que poner finalmente al mal tiempo buena cara. En estas circunstancias es muy difícil hacerse soberano de un pueblo. Al final hay que estar hasta contento de que uno pueda figurar como un soberano, aunque en realidad hace mucho que no lo es.

11. Créeme, los amos verdaderos de los pueblos son realmente los sacerdotes, mientras que los emperadores, reyes y príncipes son solamente sus servidores que ocultan su descontento. Muchos quisieran cambiar y mejorar la situación, mandando a los corpulentos y bien nutridos “siervos de Dios” al diablo, si fuese posible. Pero no lo es y mucho menos de una manera humana. Cuando pienso en ello, ¡se me ponen los pelos de punta! — ¿Te das cuenta de estas dificultades?».

12. «Ciertamente», afirmó Yara, «pero también sé que no se puede forzar todo lo que uno querría. Además, hay que considerar muy bien que para nosotros los seres humanos muchas cosas no son posibles, las que para Dios y con su ayuda, por el contrario, son factibles.

13. Por eso, haz solamente lo que puedas y confía todo lo demás al Señor; entonces todo llegará a cumplirse de la mejor manera.

14. Luego tienes también a Matael, a quien el Señor ha provisto de mucha sabiduría, fuerza y poder, además de sus compañeros casi tan sabios y poderosos como él. Todos ellos lograrán con el tiempo cosas importantes, por lo cual puedes estar tranquila.

15. En cuanto Matael empiece a dar sus lecciones a la gente de tu país, tal como lo ha hecho contigo, no será demasiado difícil para él ganarse incluso a los sacerdotes, a los que podrá delegar entonces la nueva tarea. A continuación serán capaces de inducir al pueblo a la nueva enseñanza. En cuanto a los artistas y obreros, los sacerdotes convertidos sabrán entonces también utilizarlos para otros objetivos útiles.

16. Pero, querida amiga, si a tu vuelta quieres revolver las costumbres antiguas por erróneas que sean, es de esperar que tales esfuerzos no te serán compensados.

17. La correcta sabiduría divina ha de saber procurar también los medios correctos. Si no lo sabe hacer, entonces tampoco es la verdadera sabiduría de Dios. Lo que fue posible con una sola persona, ha de ser posible también con miles; sólo hace falta más tiempo y paciencia. Pero con el tiempo y los medios apropiados todo es factible. Un árbol no cae con un solo golpe y el pozo no se puede vaciar con tirar una sola vez del cubo. Así es con todo: la buena voluntad, el tiempo y los medios adecuados pueden mover montañas y vaciar el mar.

18. Para Dios nada es imposible; donde Él ayuda espiritual y físicamente, todo es factible. Por eso, consuélate y confía firmemente en el Señor, y todo irá mucho mejor de lo que tú te puedas imaginar. — ¡Dime pues, querido Matael, si tengo razón o no!».

Capítulo 125. Ouran demuestra lo infundadas que son las sospechas de Elena

1. «Naturalmente que sí», dijo Matael, «¿quién lo iba a negar? Pero mi amada esposa se imagina el asunto demasiado difícil. Es cierto que no será un trabajo fácil, pero ni mucho menos tan difícil como en el caso de la pocilga de Augias, la cual —como se dice— el gigante Hércules tenía que limpiar en un tiempo muy corto predeterminado. Yo no tengo miedo alguno y creo que el asunto se arreglará muy bien con la ayuda del Señor».

2. «Esto lo espero yo también», afirmó Elena. «No obstante, yo conozco a mi pueblo y las antiguas costumbres del país y te puedo asegurar que entre la gente de mi reino es muy difícil seguir siendo un ser humano.

3. No es difícil arremeter contra más de un error de los hombres, pero por el contrario es un trabajo gigante combatir el fanatismo de la superstición enraizada que los sacerdotes han sabido avivar mediante más de un milagro engañoso.

4. En estos casos sería preciso ser capaces de realizar unos milagros impresionantes como contrapuesta, pero es dudoso si con esto se ganará algo favorable con el pueblo. Más bien lo induciríamos de una superstición a otra, excepto que lo instruyéramos bien para que supiera distinguir entre un milagro real y uno ficticio. Pero ¿cómo se puede hacer esto, teniendo en cuenta de que no se conoce bastante la naturaleza verdadera de los milagros ficticios?

5. Los antiguos sacerdotes, sin embargo, que han realizado ante los ojos del pueblo ya tantos milagros engañosos para dar credibilidad a sus fraudes, nunca se dignarán revocarlos. Porque si lo hiciesen, todo el pueblo se lanzaría sobre ellos, haciéndolos pedazos. Es pues sabido que no se puede educar a un gran pueblo tan rápidamente como a un hombre individual.

6. Por lo tanto, a los antiguos sacerdotes hay que tratarlos de otra manera y es preciso preparar al pueblo para esta enorme transformación sin vacilar. Finalmente podremos hablar de suerte si al cabo de diez años hemos logrado que se pueda hablar con el pueblo sobre cosas espirituales.

7. Sabes, mi amado esposo, no dudo ni un momento de tu gran sabiduría ni tampoco de la extraordinaria ayuda del Señor. Pero también conozco las dificultades gigantescas que nos impondrán, y hay toda probabilidad de que otra vez nos toque buscar nuestra suerte por ahí en país extranjero.

8. Sin embargo, por divinamente pura y maravillosa que sea esta enseñanza que hace infinitamente feliz, el mundo va por muy mal camino. Por eso opino que será un trabajo sumamente difícil predicar el Evangelio de la Paz divina a los diablos en el orco».

9. «Es cierto que no será un trabajo fácil», dijo Matael, «pero nuestra alegría será aun mayor cuando lo hayamos logrado con la ayuda del Señor. No hay duda de que lo lograremos, aunque el mundo se rompa en pedazos. En esto soy un hombre muy particular; lo que me he propuesto, ha de ser realizado. — Pero ahora vamos a hablar de otra cosa».

10. «¡Tienes razón en cambiar de tema!», dijo Ouran. «Entretanto he disfrutado de un sueño que me ha reconfortado y durante el cual he visto cosas muy asombrosas. Pero de vez en cuando he captado algo de vuestra conversación y os aseguro que la pequeña Yara tiene totalmente razón, igual que tú, Matael. Pero el temor de mi buena hija, aunque no sea del todo infundado, ya es demasiado.

11. Yo conozco a mi pueblo tan bien como a mí mismo. En la mayor parte hace comercio, se relaciona con muchos otros pueblos y va conociendo así sus costumbres y religiones. En el interior del país existen aún comunidades que están todavía muy apegadas a sus oráculos; pero en las costas será fácil intercambiar toda la idolatría por algunas monedas… Para la mayoría de la población el sacerdocio ha adquirido ya muy mala fama y la filosofía ha sustituido a la idolatría desde hace tiempo.

12. En Tauria, cuya parte meridional está también bajo mi mando, hace tiempo que se acabó la idolatría, a lo que ha contribuido considerablemente el poeta romano Ovidio —durante su estancia temporal allí— con sus “metamorfosis” con las que ha puesto en ridículo la idolatría de una manera honesta y poética. Platón, Sócrates y Aristóteles son ahora los dioses de este tiempo para los que esta enseñanza creará fácilmente raíces. Estos tres sabios están predicando también un único Dios verdadero, rechazando el politeísmo totalmente por carecer de una base verdaderamente real, todavía considerando sus facetas como características del único Dios eterno y verdadero.

13. Si nosotros no hubiésemos venido aquí a Judea, nunca nos habríamos enterado de que en el Templo de Jerusalén está casi visiblemente presente el único Dios verdadero al que especialmente Platón describe en su “Simposio” y nos dice cómo puede unirse espiritualmente con Él. Todo esto mi pueblo entero no lo desconoce y es muy factible poder construir sobre ello algo positivo.

14. Naturalmente habría podido informarme en Jerusalén de todo y, al encontrar algo satisfactorio, lo habría transmitido directamente a mi pueblo. Pero el hecho de que hemos llegado aquí, a la fuente principal de todas fuentes, —lo que con todo lo que hemos visto y oído ya no permite duda alguna—, representa un acto extraordinario y voluntario de la Gracia del Señor para con nuestra buena voluntad de la que nunca vamos a vanagloriarnos como ser merecedores de ella. Con todo ello tendremos en casa un trabajo mucho más fácil, porque podemos contar con la ayuda divina que hemos experimentado aquí en muchas ocasiones.

15. Mi amada hija, date cuenta de que no hemos buscado ni con mucho lo que acabamos de encontrar aquí. Si hubiésemos encontrado tan sólo un poco más de lo que dice Platón en su “Simposio”, ya nos habríamos vuelto a casa tan contentos. Y ¿qué dices ahora cuando hemos encontrado algo de lo que Platón ni ha soñado? Ahora sí volveremos a casa con gran júbilo y anunciaremos a las gentes asombradas todo lo que hemos vivenciado, oído y visto durante nuestra búsqueda. Tengo que admitir que estoy ya muy ilusionado por volver.

16. Por eso todavía no comprendo bien por qué tú, Elena, estás tan preocupada.

17. No niego en absoluto que tus reparos estén fundamentados; sin embargo, no valen para nuestro país sino más bien para el judaísmo —que conozco ahora algo mejor— donde reina el engaño, el afán de poder y la mala fe. En este caso tu temor podría tener un fundamento más razonable que él de mis buenas ovejas de hombres en nuestro país. — ¿Qué opinas de esto, mi amado y estimado hijo Matael?».

18. «Soy de la misma opinión», respondió Matael, «porque en el Templo de Jerusalén están pasando unas cosas tremendas y sería muy arriesgado presentarse allí con esta enseñanza. En el Templo, donde antaño el Espíritu de Jehová estuvo palpablemente presente en el Santísimo, está dominando todo lo que se pueda llamar malvado. Sin embargo, de algo divino no queda ni rastro, sólo nombres vacíos. Los sacerdotes son lobos feroces con piel de cordero. En cuanto se presente la ocasión de que estemos entre nosotros, podré contaros muchas cosas, porque yo mismo fui templario. Pero por ahora dejémoslo así, puesto que tenemos asuntos mejores de qué hablar que del Templo profano de Jerusalén.

19. Quiero, por ejemplo, insistir un poco más a mi querida Yara, porque sé que esconde en su pecho unos secretos de los que nosotros no hemos podido ni soñar. Yara, ¡cuéntanos algo de tus vivencias!».

Capítulo 126. Yara cuenta de sus vivencias con las estrellas

1. «Oh, sí, con mucho gusto; pero quizá no me vais a creer. Aunque tú, querido Matael, entiendas mucho de las estrellas, yo, sin embargo, quizás algo más, lo que no es mi mérito sino una Gracia extraordinaria del Señor. Te voy a preguntar algo. Si me puedes dar una respuesta satisfactoria, veo que entiendes tanto como yo. Pero si la respuesta queda insuficiente, estaré libre de comunicarte más de alguna cosa que yo sé. — ¿Qué piensas que son las estrellas tan pequeñas en el firmamento?».

2. «Mi querida Yara», respondió Matael, «esto es una pregunta muy peculiar. En lo que se refiere al Sol, la Luna y otros planetas más, podría darte una respuesta bastante satisfactoria. Pero hasta las estrellas fijas no alcanza la visión de mi alma. Yo supongo que también son mundos lejanos, los que ha mencionado ya el Señor. Pero cómo son su naturaleza y sus propiedades no te lo puedo decir naturalmente y te pediría que me dieras alguna aclaración sobre ello».

3. «Querido Matael», dijo Yara, «Si no me puedes creer que yo ya haya visitado en carne y hueso a algunas de estas estrellas, todas mis explicaciones no te servirán para nada. Pero si me crees, puedo aclararte muchas cosas».

4. Matael: «Mi querida niña, esto representa para la fe una dura prueba, porque no hay posibilidad física para comprobarlo. Espiritualmente, en una especie de transfiguración de tu alma, puede ser muy probable y te creería con mucho gusto lo que me quieras contar de las estrellas fijas lejanas. Pero cuando dices “en carne y hueso”, ahí sí, querida mía, no lo puedo creer ni tampoco tu relato que quizás sea correcto, sin embargo, pierde su credibilidad cuando la condición previa ya parece ser totalmente imposible».

5. «Pero ¿por qué tiene que ser imposible», preguntó Yara, «que haya estado en carne y hueso en algunas de estas estrellas? ¿Acaso para Dios no son posibles todas las cosas?».

6. «Oh, sí, efectivamente, para Dios nada es imposible», respondió Matael. «Pero Dios ha dispuesto para todo un cierto Orden y este Orden es una ley la que Él mismo observa y ha de observar escrupulosamente, si no toda la Creación no podría existir. El Señor obra muchos milagros, no obstante, para el observador concienzudo todos están en el marco de su eterno Orden sagrado.

7. Cuando, esta tarde, Él quiso alargar el día, no paró el movimiento de la Tierra o del Sol natural, lo que habría sido contra su Orden, según sus propias palabras, y como consecuencia toda la vida en la Tierra habría sufrido grandes peligros. Lo que no hubiese sido destruido por el inmenso momento de giro —como catapultado— tanto más seguro habría encontrado la muerte en las avenidas de las aguas que inundarían las tierras firmes.

8. Mira, tal como conozco ahora la Tierra y su atmósfera, sé que a una altura de sólo diez horas de camino42 por encima de nosotros no puede existir ningún ser vivo, como tampoco ningún pez puede existir fuera del agua por mucho tiempo. Ahora ¡imagínate la distancia inmensa desde esta Tierra hasta una de las estrellas fijas más cercanas!

9. Ya sólo la distancia del Sol desde aquí, que mi alma libre puede estimar exactamente, es algo tremendo: si se lanzara una flecha con velocidad constante, esta tendría que volar más de veinte años hasta llegar al Sol. Sin embargo, según la sensación de mi alma naturalmente no del todo fiable, la estrella fija más próxima estará a un millón de veces más lejos de nosotros que el Sol. Esto resultaría para una flecha lanzada en un tiempo de ¡un millón de veces veinte años! Pero si un ser humano se moviera tan rápidamente como una flecha lanzada, el aire contrario le haría pedazos al instante. Y ¿qué pasaría con él al entrar en pocos momentos en el tremendo espacio infinito? ¿Qué sería de su carne y sangre?

10. Mira, las leyes naturales también fueron dadas por Dios y solamente pueden ser anuladas por la naturaleza misma. Pero mientras exista la naturaleza, también seguirá existiendo su ley inalterable. Ahí no puede haber excepciones, porque por mínima que sea una excepción deberá causar un trastorno incalculable en el orden natural de las cosas que están todas interrelacionadas como los eslabones de una cadena. Si tan sólo un eslabón se rompe, toda la cadena ya no vale nada. — Estas son pues mis razones por las cuales, de momento, no me es posible creer que hayas visitado en carne y hueso algunas de las estrellas fijas.

11. Para Dios debe haber todavía muchas cosas que son posibles, aunque yo, por mi parte, todavía no lo puedo aceptar, a pesar de toda mi sabiduría. Por eso tu afirmación, mi querida Yara, pasa al otro extremo de lo extraordinario y no lo puedo reconocer como verdadero hasta que no me hayas demostrado claramente las probabilidades que están en acuerdo con el eterno Orden divino.

12. Pero por eso no tienes que disgustarte, porque no te lo niego completamente. Únicamente no puedo aceptar el asunto como demostración verdadera por las razones que te acabo de mencionar y que no me las he sacado de la manga. Pero quizá tengas pruebas verídicas que yo desconozco. Si es así, dímelas y no seguiré dudando de lo que me vas a contar».

13. «Sí, sí», admitió Yara, «eres realmente un hombre muy inteligente y sabio. Pero tú tampoco te crees y admites todo. Si pudiese contar con Rafael, él me podría traer en un instante algunas piezas naturales que traje de las estrellas a la Tierra como recordatorio y testimonio de que estuve allí realmente. Pero no hay nada que hacer con él y por eso no puedo aportar la prueba determinante. Aún es cierto que tú, siendo un científico natural, podrías dudar de la autenticidad de estas pruebas; sin embargo, tu alma, plena del Espíritu divino, reconocería fácilmente que esas piezas conmemorativas no pertenecen a esta Tierra. En ellas hay un esplendor precioso y una nobleza contra los cuales todo lo que la Tierra posee de valioso es basura. — Pero dejemos esto ahora, pues la alborada está asomando en el Este. Está llegando el sábado, lo que significa que debemos prepararnos para este día del Señor».

14. «Tienes completamente razón», afirmó Matael. «Pero ¿significa esto que no vamos a poder escuchar hoy más sobre tus relatos que demuestran tus visitas en cuerpo físico de algunas de las estrellas fijas?».

15. «¿Cómo voy a poder hacerlo?», preguntó Yara. «Tus pruebas en contra son demasiado contundentes y fundadas en el invariable Orden divino, por lo que no puedo aportarte otra demostración para mi visita real de las estrellas fijas que el hecho de que para Dios todas las cosas son posibles, a pesar de que parezcan imposibles para el entendimiento humano.

16. ¿Has medido el tiempo en el que el Señor a través de mi ángel Rafael ha transportado los barcos de Ouran desde alta mar hasta la orilla? ¿Quién ha sufrido el ligerísimo daño durante este veloz transporte? ¿Cuánto tiempo necesitó Rafael para colocar en la orilla y de forma ordenada las grandes tiendas de Ouran y todas sus pertenencias —en parte muy frágiles— que había traído en los barcos?

17. ¿No viste la escritura veloz de Rafael? ¿No es todo eso un total contraste con las habituales leyes naturales? Y, sin embargo, ¡lo has visto con tus propios ojos! ¿Acaso tus razonamientos confirman que todo eso iba a ser posible?

18. Mira, yo te lo puedo decir, porque he experimentado físicamente como ningún mortal de la Tierra, que existen en el espacio infinito Soles tan inmensamente grandes que, si estuvieran huecos, darían cabida a toda esta bóveda celeste con todos los Soles que ves desde aquí. Estos astros enormes43 —alrededor de los cuales giran Soles centrales44 en el medio de sus campos solares45, más los incontables Soles de sistemas planetarios46 con sus planetas— giran alrededor de un Sol central aún infinitamente mayor47, con lo que su velocidad de revolución es tan alta que no serías capaz de alcanzarlos ni con el vuelo de tu pensamiento.

19. Con semejante velocidad el vuelo desde aquí hasta cualquiera de las estrellas fijas que ves, tardaría apenas siete momentos... Por lo tanto —con nuestro sistema planetario que se encuentra en la periferia de este enorme trayecto de movimientos compuestos— nosotros seguimos este movimiento tan sumamente veloz... ¿Acaso te enteras de ello? ¿O acaso nuestra Tierra sufre perjuicio alguno ante el hecho que en un solo momento atraviesa un espacio inconmensurable de la Creación?

20. Ahora bien, si tales astros inmensos pueden moverse a tanta velocidad y sin dañarse, ¡cuánto más fácil es para la Voluntad del Señor hacer volar a un cuerpo como el mío!

21. ¿Tienes ahora una idea más clara de la posibilidad de que yo haya visitado realmente en mi cuerpo físico a algunas de las estrellas fijas más cercanas?».

22. «¡Oh, querida niña!», exclamó Matael, «en ti yace todo un Cielo de sabiduría y es ahora cuando empiezo a creer en la posibilidad de que sea cierto lo que has afirmado anteriormente. Pero no hables más de esto dado que nuestras almas todavía no se han abierto bastante para captar tales magnitudes. Yo mismo necesitaré para ello aún varios años, por despierta que esté mi alma».

Capítulo 127. Conversaciones sobre los extraños acontecimientos

1. A esto, Matael se quedó callado, reflexionando sobre las palabras de Yara. Así mismo Elena y Ouran observaban a Yara en silencio, conmovidos debido a un profundo asombro. Yara, por su parte, seguía mirando atentamente la ciudad en llamas y esperaba con ansia mi retorno. Todo el mundo en el monte se había quedado en silencio, solamente en casa de Marco se notaba una viva actividad con las preparaciones de los huéspedes anunciados, es decir, de Cornelio y Fausto, mientras la mañana aclaraba más y más.

2. Esta tranquilidad duró cerca de una hora, excepto —como ya he dicho— en casa de Marco, donde todos estuvieron muy activos con las preparaciones por una parte para los huéspedes anunciados, y por otra también para los damnificados que seguramente vendrían de la ciudad.

3. Con el silencio reinante se habían quedado dormidas algunas personas hasta muy avanzada la mañana. Incluso Cirenio, Julio, el muchacho Josoé y algunos administradores que habían venido con Cirenio se habían quedado dormidos; pero los treinta jóvenes fariseos que estuvieron observando atentamente el incendio en la ciudad, se quedaron despiertos y conversaron sobre lo que habían visto y oído; así mismo también los doce compañeros junto con Suetal, Ribar y Bael.

4. Además, Matael, Elena, Yara, Ouran y los cuatro compañeros de Matael que se llamaban Rob, Boz, Micha y Zahr, estuvieron despiertos y, en silencio, sumergidos en pensamientos sublimes sobre todo lo que Yara les había contado, sin atreverse a preguntarle algo más. Yara, por su parte, reflexionó si no había comunicado demasiado a estas personas de una sola vez.

5. Al cabo de un largo rato, cuando en el horizonte ya estaba clareando, Rob, normalmente muy callado, inició la conversación: «Queridos amigos, con todos los pensamientos que me pasan por la cabeza no puedo tranquilizarme. Aquí todo es tan desacostumbrado que uno cree que está soñando; puedes hacer lo que quieras, pero no acabas de familiarizarte con todo lo que has visto y oído. Esta sensación de sentirse extraño es aún lo más natural con que se pueden ocupar tus pensamientos. Todo lo demás son milagros sobre milagros de lo más descomunal.

6. Tú, hermano Matael, has sido nombrado rey de un gran país, y nosotros tus consejeros. En cuanto el gran Maestro santo eche su mirada sobre la vasta Tierra, esta empieza a temblar como un niño ante el látigo. Luego está el joven sumo mago de los Cielos, realizando obras que hacen ponerse los pelos de punta. Y ahora viene esta muchacha, contándonos cosas que nos vuelven locos. Dime, ¿cómo puede uno familiarizarse con todas estas cosas? —

7. Y Él, ¿por qué está tardando tanto? ¡Ya hace como tres horas cuando nos dejó y no vuelve!».

8. Un segundo compañero, llamado Boz, también de pocas palabras, dijo a Rob: «Lo que tú sientes, lo siento yo también y me es imposible llegar a encontrarme aquí a gusto. Todo lo que está pasando es tan inesperado y extraordinario que es imposible imaginárselo. Cada hecho, palabra y relato sobrepasa en mucho todo lo que el oído y ojo humanos hayan percibido jamás; y, en comparación, Moisés y todas sus obras milagrosas no son nada más que polvo.

9. Naturalmente no hay duda de que toda la plenitud del Espíritu primario divino actúa a través del extraño gran Maestro bondadoso, nativo de Nazaret e hijo natural de un carpintero del lugar. Pero ¿quién de nosotros mortales es capaz de sentirse cómodo al lado de esta grandeza? Cuando Él habla, no es Él sino el Espíritu eterno de Dios; y cuando Él actúa, quisiera oír qué dice el sabio más grande de en qué cosas el mismo Dios le supera a Él. Es el Dios perfecto en palabras y hechos, su Voluntad domina a toda la infinitud y, sin embargo, está caminando aquí como uno entre nosotros y come y bebe como nosotros.

10. ¿Dónde han quedado todas las sabias frases de Salomón, cuando dijo durante la consagración del Templo: “Señor, sé que ni el Cielo ni la Tierra son capaces de abarcarte; donde acaba toda la Creación Tú sigues siendo eternamente e infinitamente poderoso. — Sin embargo, oh Señor, te hemos edificado una casa para reunirnos todos en ella con el corazón puro y arrepentido para agradecerte todas tus buenas obras y bendiciones y para pedirte ayuda en momentos de necesidades”. (1 Re 8 ss)

11. Aunque no sean palabras literales, sin embargo, es en resumen el sentido de lo que el constructor del Templo pronunció con palabras sabias y sublimes durante la consagración del mismo. ¿Habría dicho lo mismo, si hubiese visto y hablado con nuestro Maestro de Nazaret, conociéndole como nosotros?

12. Para su persona en sí el Templo es mil veces demasiado grande y la Voluntad todopoderosa de nuestro Maestro no es el Maestro en sí, el Dios mismo, sino sólo una fuerza inconcebible del único Maestro al que vemos, escuchamos y le hablamos, conociendo al mismo tiempo su apariencia personal que es igual que la nuestra. ¿Cómo domina su Voluntad toda la infinitud y eternidad y qué hacen su ojo y oído para estar presentes en todas partes? Ves, todas estas son cosas que no caben en ninguna mente y por consiguiente uno no acaba de sentirse a gusto.

13. Si, en cambio, la persona física del gran Maestro divino fuese como la de un Sansón o Goliat, sería mucho más fácil familiarizarse con Él, porque se podría decir: un Espíritu todopoderoso debe tener también un cuerpo correspondiente. Pero nuestro Maestro tiene una estatura más bien pequeña, sin embargo, su Espíritu juega con la infinitud como un niño con una manzana. Esto es lo inconcebible ante lo cual todos los sabios con todas sus doctrinas sobre la naturaleza de Dios tienen que rendirse. No obstante, a pesar de todo lo que hemos podido aprender aquí de forma práctica, no acabamos de sentirnos a gusto.

14. En verdad, más bien estoy soñando que despierto y me siento a gusto. Bien es cierto que mi alma reconoce ahora muchas cosas, sí, incluso percibo la forma de toda la Tierra y mi percepción penetra hasta sus profundidades. Veo la Luna como un pequeño mundo bastante triste y miserable, destinado a seres humanos y otras criaturas pequeños y desgraciados. También veo a Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, además de otros astros similares, grandes y pequeños. Saturno tiene un aspecto muy extraño: es mucho más grande que nuestra Tierra y flota en el centro de un anillo gigantesco sobre el cual unas siete Lunas —más grandes que la nuestra— dan vueltas como abejas alrededor de su colmena. También veo los amplios y maravillosos campos del gran Sol. Pero con todo esto no me encuentro ni mucho menos tan raro como aquí en la cercanía extraña del Creador de todos estos innumerables mundos y sus maravillas.

15. Quizás vosotros os encontráis más a gusto, porque no veis el asunto con tanta profundidad como yo y el hermano Rob. Pero cuando uno empieza a observar todo esto con toda tranquilidad y profundidad, comparándolo con lo que se ha visto, oído y leído en antiguos libros sobre este mundo, el asunto se vuelve cada vez más inquietante y tenebroso. Al final pierdes hasta el sentido de su propia existencia que se convierte en un nada. — Decidme, si tengo razón o no».

16. «Los dos tenéis razón», respondió Micha, «porque yo también siento lo mismo. Sin embargo, a mí me ilusiona mucho».

17. Rob y Boz respondieron los dos a la vez: «No se trata de esto. A nosotros también nos hace muy feliz, pero eso no quita que nos sintamos totalmente extraños. Podemos pensar y sentir lo que queramos, Dios es y sigue siendo Dios; ¡nunca podremos salvar el abismo entre Él y nosotros!».

Capítulo 128. La opinión sensata de Micha sobre los acontecimientos

1. «Tampoco hace falta», respondió Micha. «Podemos estar contentos de ser lo que somos y sentirnos felices de tener por fin delante de nosotros —en cuerpo físico y en toda la infinita efectividad— a Aquel sobre el cual los antiguos se esforzaban en balde en formarse un concepto plausible, porque con ello siempre se perdían en las nubes.

2. Observad a Moisés y todos los profetas, considerad también a los sabios de Egipto y Grecia, reuniendo todos sus grandes conceptos místicos de la naturaleza de Dios; pero con todo esto no llegáis a tener ni un grano de arena de lo que tenemos aquí corporal y palpablemente en toda su amplitud y grandeza.

3. Moisés, el profeta más grande, quiso ver a Dios en el Monte Sinaí; sin embargo, recibió como respuesta desde una nube de fuego y con una voz de trueno que hizo temblar a toda la Tierra: “¡A Dios nadie le puede ver!”. Pero nosotros ahora podemos ver a este mismo Dios, hablar con Él y ser felices testigos de su Sabiduría y Omnipotencia, viviendo bien y en paz. Es muy comprensible que la vivencia en el monte le pareciera a Moisés bastante tenebrosa, particularmente cuando miles de rayos tremendos sacudían el lugar. Si al contrario nosotros estamos hablando de una cierta incomodidad extraña en presencia de este Dios bondadoso y pacífico, no nos merecemos otra cosa que el que todo el mundo se ría de nosotros.

4. ¿Acaso nuestros antiguos no hablaron encantados de un Padre santo en el Cielo, sin embargo, nunca pudieron formarse una idea clara sobre Él? Y ahora nosotros tenemos a este mismo Padre santo realmente aquí en la Tierra que se ha vuelto un Cielo de todos los Cielos, y nos quejamos de sentirnos incómodos…

5. Bien es cierto que uno se siente aquí de forma muy rara y desacostumbrada, y no como un niño en casa con sus juguetes. Pero en cambio estamos aquí en una escuela única de la vida que tiene su gracia... Cuando un niño va por primera vez a la escuela tampoco se encuentra tan a gusto como en casa de sus padres. Pero después de haber ido allí durante un año, también se habrá familiarizado con ella y se sentirá a gusto como en casa con sus juguetes.

6. Pero cómo Él, nuestro Dios, Maestro y Padre penetra con su Voluntad todopoderosa toda la infinitud, de lo más grande hasta lo más pequeño, siendo claramente consciente de lo que Él representa, y qué son todas sus innumerables criaturas… esto, hermanos, no nos debe importar más que para saber que es y debe ser así, porque de lo contrario, todas las cosas deberían perder su existencia física en el mismo instante.

7. ¡Tengamos paciencia! Por hoy hemos llegado a saber esto, mañana sabremos seguramente más y en un año sabremos mucho más de lo que sabíamos al principio de nuestro desarrollo espiritual. Aun así, hemos avanzado más que Moisés y todos los grandes profetas antiguos que apenas pudieron intuir en sus visiones santísimas y han escrito después en palabras y signos místicos lo que nosotros tenemos aquí al alcance de nuestras manos sin mística alguna. Tan pronto como nos demos cuenta de ello vivamente, nos sentiremos mucho menos tenebrosos que Saúl entre los profetas».

8. «Sí, sí, tienes toda la razón», afirmaron todos, «con esto ya nos sentimos muchos más a gusto. ¡Es increíble lo que hace la palabra de un hombre sensato!».

9. Aquí intervino Zahr que se había quedado callado hasta el momento, pero que siempre estaba de buen humor: «Es para reírse al ver cuántas tonterías pueden llegar a soltar los hombres más listos. Micha, el más insignificante entre nosotros, nos ha dado la lección más sensata. ¿Cómo es posible que uno se sienta aquí tenebroso y desplazado? ¡Es justamente lo contrario! Ahora sí que estamos en el lugar más apropiado, porque estamos con Dios, nuestro Creador y Padre eterno del que provenimos y al que volvemos o ya hemos vuelto en la medida de lo posible. ¿Por qué decimos sentirnos extraños, puesto que estamos en casa ahora más que nunca? ¡No puede ser! ¡Qué opinión más paradójica tienen los hermanos Rob y Boz! — ¿Matael, qué dices tú a esto?».

Capítulo 129. Matael explica los fenómenos dignos de ser considerados

1. «Tú tienes razón, pero los otros dos también; este asunto hay que diferenciarlo... Conforme a vuestras almas tú y Micha procedéis de una estrella de Luz, mientras que los otros dos son hijos de esta Tierra, pero provistos de los mismos derechos de recibir el Amor y la Gracia del Señor como vosotros. Vuestras almas, no obstante, estuvieron desde el principio más cerca del ámbito puramente espiritual que las de Rob y Boz. Por lo que no es de extrañar que estos dos aquí en la cercanía de lo supremo espiritual se sientan desplazados, lo que a nosotros no nos sucede porque desde el origen primario ya nos encontramos más cercano de lo espiritual que ellos. Sin embargo, poco a poco empezarán a sentirse más a gusto, e incluso ya se sienten mucho más familiarizados. Pero en un día no se puede lograr lo que se consigue en un año. En cuanto llegue el momento en que su espíritu se haya unido más con sus almas, se sentirán mucho mejor y hablarán de otra forma. — ¿Comprendes lo que quiero decir?».

2. «Oh, sí, lo comprendo muy bien», respondió Zahr. «Mi alma también se ha iluminado mediante los grandes sufrimientos que hemos tenido que pasar, por lo que entiendo ahora todas las cosas mucho mejor; menos el relato de la muchacha sobre su viaje a las estrellas fijas que no me entra de forma óptima, aunque creo a la niña, porque la tengo que creer. Pero cómo, ¡esto es otra cosa!

3. Pero como aquí, para decirlo así, nos encontramos en el centro de la efectividad de la suprema actividad divina, ¿por qué no van a poder producirse fenómenos en la cercanía del mismo Altísimo que no se hayan producido todavía en toda la infinitud?».

4. «Con tu carácter siempre de buen humor», dijo Matael, «nos aclaras las cosas mucho mejor que el Templo con toda su sabiduría salomónica. Micha también nos dio anteriormente unas explicaciones muy adecuadas, por las que le estamos muy agradecidos. Tú, hermano Zahr, nos acabas de demostrar la probabilidad del viaje de la muchacha a las lejanas estrellas fijas en cuerpo físico de una manera muy razonable de modo que ya no me queda duda alguna. Es verdaderamente cierto; tenemos que considerar nada más en dónde nos encontramos actualmente y la probabilidad de que todo lo que pasa y ha pasado se ha demostrado en lo que hemos visto, oído y tocado.

5. La observación de alguno de vosotros, diciendo que uno se podría imaginar el Poder infinito del Espíritu divino mejor en un cuerpo físico gigante que en la estatura varonil más bien pequeña del Señor, tiene cierto fundamento para la mera percepción de los sentidos físicos, porque algo gigantesco causa una impresión más potente que algo pequeño. Sin embargo, para la percepción espiritual no tiene sentido alguno. La Fuerza divina no precisa de la materia para actuar en más o en menos, sino la materia misma es en sí la expresión visible de la Fuerza espiritual de la Voluntad divina, que le da igual crear de sí misma todo un mundo o un grano de arena. ¿De qué le serviría una estatura de gigante? La Voluntad divina sólo necesita una base de apoyo eternamente invariable, dentro de sí misma, para que desde ella mediante irradiaciones infinitas con la misma energía pueda surtir efecto en todas partes del espacio infinito y sus mundos. Y para la acogida de esta sagrada base de apoyo eternamente todopoderosa no hace falta, ni mucho menos, un cuerpo de gigante…

6. Es cierto que los egipcios han representado casi todo lo que hacía referencia a la Divinidad en figuras terriblemente gigantescas para aplastar al pueblo servil y mantenerlo en la ceguera. Con ello quisieron causarle espanto hacia la Divinidad y hacia las palabras pronunciadas por los sacerdotes, haciéndolo temblar como a la hoja el viento. Pero, ¿le enmendaron los ídolos gigantescos al pueblo común? Ni hablar, porque con el tiempo el pueblo se había acostumbrado a las efigies terroríficas. Ya no le impresionaba la cabeza de una esfinge de una altura de treinta hombres sobre el suelo y, por el contrario, admiraba más la paciencia del anciano escultor que había creado esta figura de una roca de granito.

7. Por esto podemos estar felices de que el Señor mismo nos haya visitado aquí como una persona sencilla que no se distingue por nada exterior, pero que representa la Verdad absoluta y nos enseña de un modo sencillo pero verídico nuestro destino, haciéndonoslo comprender y a Él. Esto es lo único que nos hace falta y sobre todo lo demás se puede discutir ilimitadamente».

8. «Gracias, hermano, esto es verdad y conviene ser conscientes de ello», dijo Zahr. «Nos hemos reconfortado mutuamente en el nombre del Señor y Maestro eterno. Entretanto la mañana está despuntando y estoy viendo que todos, excepto nosotros, se han quedado dormidos. Pero no siento nada de sueño y me parece que vosotros tampoco».

9. «Es cierto, no estamos cansados en absoluto y nunca nos hemos sentido más reconfortados», afirmaron todos.

Capítulo 130. Misión y sufrimiento de los ángeles

1. En este momento se acercó Rafael y dijo: «Yo tampoco estoy dormido, y vosotros habéis dicho que todos, excepto vosotros, están durmiendo».

2. «Amigo», dijo Zahr, «el que tú no duermas y nunca debas dormir, está claro para cualquiera que te conoce tan bien como nosotros y podías haberte ahorrado esta observación. Querido ángel, basta con saber que nosotros, siendo seres humanos, somos algunas veces bastante ignorantes y no hace falta que nos lo demuestres. Sin embargo, teniendo en cuenta tu inmensa sabiduría y experiencia que son más antiguas que el globo terráqueo, podrías enseñarnos muchas cosas que desconocemos».

3. «¿Quién soy entonces», preguntó Rafael, «por lo que no debo tener sueño?».

4. «Pero, por favor, querido amigo celestial», respondió Zahr, «no preguntes ni hables de forma tan ampulosa. Tú eres un ángel del Señor, bajado de los Cielos. Tú estás aquí solamente provisto de un cuerpo ligero conforme a la Voluntad del Señor. Este cuerpo etéreo puedes disolverlo en un instante.

5. Según el cuerpo eres un ser totalmente distinto a nosotros, los hombres mortales de esta Tierra. Tú nunca has nacido de forma natural, nunca tuviste —excepto el Señor— padre ni madre de cuyo cuerpo hubieras salido como nosotros. Sólo conoces una bienaventuranza inmensa desde tiempos inmemoriales. Conoces el dolor, la pena, la tristeza y el arrepentimiento sólo de nombre pero no por propia experiencia. Por tal razón no puedes hablar con nosotros, hombres terrenales, sobre cosas humanas, porque no has vivido ni sufrido nunca en un cuerpo físico; sólo puedes hablar de cosas puramente espirituales, en cuyo ámbito estás como en casa».

6. «¡Mira, mira, cuánto sabes!», dijo Rafael. «Aunque no haya estado nunca en un cuerpo físico, sé mejor que tú lo que es el cuerpo y para qué sirve cada fibra de él.

7. ¿No somos nosotros, los ángeles, los que hemos de cuidar de todo lo que concierne al ser de un hombre desde su nacimiento hasta su fallecimiento en esta Tierra?

8. ¿No somos nosotros los que purificamos vuestras almas por medio de penas y dolores causados en vuestra carne y las hacemos capaces para recibir el Espíritu de Dios? ¿No debemos saber por tanto lo que son vuestros sufrimientos y dolores? ¿Por qué entonces me haces estos reproches?

9. Puedes creerme que nosotros, los ángeles, también somos capaces de sentir penas y dolores. Y te puedo asegurar que nosotros tenemos que soportar frecuentemente más dolores y penas que vosotros por sentir muchas veces cómo los hombres obstinados pisan con sus pies sucios, con burla y escarnio todos nuestros esfuerzos y finalmente nos vuelven la espalda.

10. Amigo mío, ¿tendrías tú tanta paciencia con un hombre del cual tuvieses toda la responsabilidad y le colmaras de los mayores beneficios, pero que de él recibieras sólo desprecio? Y ¿si no quisiese saber nada de ti sino que todo su pensamiento y afán fueran dirigidos a liberarse de ti, su mejor bienhechor y amigo? ¿Si además quisiese perjudicarte a ti y tu reputación en compensación por todas tus preocupaciones y cuidados y se convirtiera finalmente en un malvado traidor tuyo? Dime, ¿qué harías con semejante ser? ¿Tendrías la paciencia de tratar a ese malvado con toda moderación, paciencia y delicadeza hasta el final?».

11. Zahr, sumamente extrañado de estas palabras del ángel, dijo: «No, amigo, no tendría nunca paciencia con él, tuviese o no poder para ello».

12. «Mira», dijo Rafael, «yo tengo tanto poder y fuerza sin responsabilidad propia que podría aniquilar en un instante esta Tierra, la Luna, el Sol y todas las estrellas visibles, que son inmensos cuerpos celestes, con todo lo que llevan; y, sin embargo, tengo paciencia por mi propia voluntad con los hombres indisciplinados de esta Tierra.

13. Sin embargo, esto es un mal fácil de soportar; pero imagínate ahora la permanente conducta sumamente obstinada de Satanás y sus ángeles, los cuales, siendo seres espirituales muy poderosos, siempre se dedican a la “loable” idea de llevar a la perdición no solamente a nosotros sino incluso a Dios y de quitarle todo su Poder.

14. Esto naturalmente no podrá suceder nunca. Pero ya es suficiente con que exista semejante plan malicioso y no dejen de practicarlo. Y aunque sufran grandes dolores y penas que se causan a sí mismos con su afán pernicioso, no por ello desisten en absoluto de su gran maldad.

15. Nosotros lo vemos y tenemos poder no solamente para castigarlos severamente, sino también para aniquilarlos para siempre, y todo ello sin tener responsabilidad ante Dios, el Señor.

16. A pesar de todo los tratamos con toda la paciencia e indulgencia, como a nuestros hermanos caídos, y llevamos este asunto de tal manera que su libre albedrío no reciba nunca restricción alguna por nuestra parte. Sin embargo, evitamos con todo esmero la influencia a distancia de ese mismo libre albedrío. — Amigo, ¿qué harías tú en estas circunstancias?».

17. «Yo interferiría pegando a diestra y siniestra», respondió Zahr, «e intentaría por todos los medios que estos espíritus bestiales me rindan obediencia, particularmente en el caso en que tuviese tu poder y fuerza sin responsabilidad propia».

18. «Ahora comprenderás», dijo Rafael, «que ser un ángel de Dios no es tan fácil como tú te lo has imaginado, y que yo también conozco algo de lo humano por lo que puedo hablar con vosotros de ello».

19. «Oh, sí, lo comprendo ahora perfectamente», respondió Zahr. «Pero dime solamente una cosa más: ¿tienes que estar aquí obligatoriamente o es por tu libre decisión?».

20. «Oh, sí», respondió Rafael, «según mi libre voluntad podría marcharme inmediatamente, pero quiero quedarme con vosotros, porque es del agrado del Señor. Y el agrado del Señor es idéntico a mi propia voluntad contra la cual Dios mismo no puede actuar nunca. Porque con esto se mantiene toda la Creación con todas sus innumerables estrellas de las cuales apenas ves una mínima parte, ni hablar de la totalidad infinita y su naturaleza. — Pero el Sol va a salir ya y con ello el Señor vuelve, por lo que hay que estar atento a cada señal que nos dé».

Capítulo 131. Rafael hace que se disipen todas las preocupaciones

1. «¿Vamos a despertar a los que están dormidos?», preguntó Zahr.

2. «Ya se despertarán solos tan pronto que el Señor esté aquí», dijo Rafael.

3. Saltando de alegría, Yara preguntó con una vehemencia apasionada: «¿Por dónde está llegando, Él, el Amor de todos los amores? ¡Mis ojos no le ven!».

4. «No importa», le respondió Rafael sonriendo, «en cuanto tu corazón le perciba, tus ojos tampoco se quedarán atrás. Estará aquí con la completa salida del Sol».

5. Elena que también se había quedado despierta, animó a Yara: «¡Yara, vamos a su encuentro! Oh ¡qué felicidad poder buscarle en el camino!».

6. «¡Sí, sí, amiga, ven conmigo!», exclamó Yara. «¡Oh, qué alegría cuando le veamos venir hacia nosotras!».

7. Acto seguido, las dos muchachas corrieron hacia el bosque por el Oeste y rápidamente se perdieron de vista.

8. Ouran, que estaba despierto, les siguió con la mirada y al perderlas de vista dijo: «Espero que no se vayan a perder. Parece que la montaña sube empinadamente y luego va bajando por un largo camino hacia el Sur. Con la prisa que tienen, las niñas seguirán corriendo y no encontrarán al Señor si viene por otro lado».

9. «No te preocupes por eso», dijo Rafael. «Las muchachas no se perderán, porque para el que tiene su corazón iluminado por el amor más ferviente, el perderse es completamente imposible. Bien es cierto que penetrarán bastante lejos en el bosque, pero es seguro que encontrarán al Maestro».

10. Con estas palabras se tranquilizó Ouran y, al seguir observando la ciudad que todavía ardía y humeaba, descubrió gracias a su aguda vista que iban saliendo de la ciudad grandes muchedumbres de gente en todas direcciones. También iban acercándose procesiones enteras hacia nuestro monte. «¡Que nos vaya bien a todos!», dijo. «En el caso de que todos ellos vengan aquí, ¿de dónde vamos a poder sacar pan para tantos? ¡Van a acabar con todas las provisiones y pertinencias de Marco!».

11. «¡Que esto no sea tu preocupación!», dijo Rafael. «Toda la Tierra y todas sus criaturas necesitan muchas cosas para vivir y el Señor los sacia, tanto a la gran Tierra como a todos los seres vivos. Y ¡qué es la Tierra en comparación con el Sol que es un millón de veces más grande y necesita siempre incalculables cantidades de alimento para la conservación de su Luz potente y de las innumerables criaturas que viven en sus inmensos campos de luz! Y el Señor cuida de ellas igual que de ti, estimado amigo.

12. Imagínate ahora el incalculable espacio infinito que está lleno de Soles y Tierras de todavía mayor tamaño que esta Tierra y su Sol. Y todos ellos están provistos abundantemente de lo que necesitan para su existencia siempre por el mismo Señor. En ninguna parte hay escasez sino plena abundancia. Si es así y no puede ser de otra manera, ¿por qué te preocupas de dónde se va a sacar el pan para todos los que vengan de la ciudad aquí?».

13. «Sí, sí, tienes razón», reconoció Ouran. «Soy solamente un ser humano y no un sabio y me olvido muchas veces del lugar especial en que me encuentro. Pero ya estoy tranquilo».

14. A esto se acercó Ebran que de entre sus treinta compañeros también se había quedado despierto: «Pero esto causará un gran alboroto hoy que es rigurosamente sábado. Si el incendio hubiese ocurrido en un día laboral, hubiéramos podido ayudar con eficacia a los damnificados que vendrán a nosotros. Pero en esta circunstancia será una tarea muy difícil incluso para el gran Maestro».

15. «¡Que esto no sea tu preocupación!», contestó Rafael. «¿Has visto acaso al Sol celebrando el sábado, o la Luna y las estrellas? ¿O el viento, la lluvia o el crecimiento de las plantas y cosas parecidas? ¿Por qué estos elementos y criaturas no celebran el sábado? Porque la Voluntad continuamente activa del Señor nunca celebra el sábado, cuyo Señor y Amo es Él.

16. O ¿acaso puedes suponer que Dios haya establecido una molesta ley solamente para complicarles la vida a los hombres durante el tiempo que Él crea conveniente?

17. Si Dios te perdona la celebración del sábado, ¿qué quieres tú conseguir con tu celebración necia? ¿No querrás que también yo lo celebre, santificándolo con la inútil ociosidad sin sentido? ¡Espérate! Precisamente hoy os voy a preparar una tormenta que no olvidaréis durante meses».

18. «Oh, amigo celestial, no me tomes mi pregunta a mal», respondió Ebran. «Acuérdate siempre de que somos seres humanos y aun con la mejor voluntad caemos, en circunstancias excepcionales, siempre en nuestras antiguas costumbres. Tú, oh ángel y siervo poderoso de Dios, protégenos en lo sucesivo de estos traspiés, porque somos todos hombres débiles y necios».

19. «Ahora ve con tus hermanos y tranquilízalos», dijo Rafael, «porque todos se están preocupando inútilmente del mismo asunto del sábado con lo que llegaste aquí. Demuéstrales la necedad de su preocupación, pues, se están despertando poco a poco». — Ebran se fue e hizo con éxito lo que Rafael le había mandado.

20. En estos momentos se despertó Ebalo de Genesaret y preguntó inmediatamente a Ouran por su hija Yara. Este le explicó que ella se había ido con Elena para buscar al Señor en el bosque.

21. «¡Ay, ay, esto no lo tenían que haber hecho!», exclamó Ebalo preocupado. «El bosque estará lleno de gente de Cesarea y a las niñas les puede ocurrir algo desagradable».

22. «No te preocupes y tranquilízate», le dijo Rafael. «Hace tiempo que las dos están en el lugar correcto y pronto estarán aquí. En cuanto el Sol haya salido completamente llegará el Señor y las dos no estarán lejos de Él».

23. «¿Cuánto tiempo queda para la salida del Sol?», preguntó Ouran.

24. «Apenas media hora», respondió Rafael.

Capítulo 132. Las dificultades para convertir a los sacerdotes

1. Con esto, todos se quedaron satisfechos y volvió la tranquilidad al monte que estaba separado de la montaña más alta que se extendía hacia el Sur, por una cortadura. Abajo, a la orilla del mar, se notaba ya mucho bullicio y varios grupos de la ciudad habían llegado a la casa del anciano Marco, lamentándose con los colores más vivos de la mala suerte que les había tocado sin culpa alguna.

2. En la cocina de Marco había ya mucha actividad. Sus dos hijos estaban preparando varias cocinas de campaña para poder cocinar mucha comida para tantos huéspedes.

3. Algunos de los que habían llegado de Cesarea estaban subiendo al monte, porque habían divisado gente allí. Pero tan pronto como vieron a los romanos, se retiraron inmediatamente por temor a que estos estuvieran puestos de vigilantes para recibir a los emigrantes y mandarlos de vuelta a la ciudad para seguir apagando los fuegos restantes. Esto fue una gran inconveniencia en este sábado para los judíos enraizados que vivían en Cesarea y que tomaban exageradamente en serio las ordenanzas de Moisés, sin ser precisamente unos fariseos. Además era un sábado de luna nueva que se solía celebrar todavía más rigurosamente. A causa de los fenómenos desastrosos del día anterior consideraban este día todavía con mucho más rigor que cualquier otro sábado de luna nueva. Por lo tanto habría sido una fatalidad para estos severos sabatistas el haber sido mandados por los romanos, exentos del sábado, para apagar los fuegos. Por eso decidieron abandonar el monte rápidamente.

4. «¿Has visto a los sabatistas fanáticos?», preguntó Rafael a Matael. «A la vista de los romanos se han escapado rápidamente. Pero prepárate, hoy nos van a dar mucho trabajo».

5. «Amigo, con amor, sabiduría y paciencia, y sobre todo con la ayuda del Señor, podremos lograr todo», respondió Matael. «A mí me dan pena. Están ciegos de corazón y desnudos de entendimiento. Los pobres son con su ignorancia como viejos clavos oxidados, fijados en un madero. Pero bueno, quizás podamos curarlos a todos».

6. «Amigo», respondió Rafael, «mientras el hombre es solamente ignorante, la cosa es más fácil. Pero cuando la ignorancia se ha unido a la soberbia, al afán de poder y los vicios, la enmienda es difícil y más difícil aún con los sacerdotes de categoría.

7. Puedes considerar la posición de un hombre que quieras, por ejemplo, la de un comandante o de un mayordomo al servicio de un emperador. Mientras esté, en su alto cargo, exigirá que se le preste respeto y honra y los recibirá. Pero con el tiempo llegará a ser inservible para su cargo y le mandarán al retiro. De hecho ya no figura nada y tampoco se preocupa ya del cargo que desempeñaba antes. El sumo sacerdote, sin embargo, sigue conservando su prestigio hasta la tumba, y después de su muerte los sacerdotes en vida le levantarán un sepulcro como un templo y le rendirán veneración como a un dios, para destacar su propia honra y eminencia. Por lo tanto, los sacerdotes saben conservar y cuidar su dignidad intocable durante mucho tiempo y para todas las situaciones de la vida.

8. Acércate pues a semejante sacerdote arraigado del cual te darás cuenta enseguida de lo enraizado que está en la falsedad y las mentiras, y verás que no consigues nada. Él considera su dignidad mucho más que la de un emperador, porque se cree ser un representante de Dios en la Tierra; por eso no la cambiará por nada en el mundo.

9. Si quieres comprarle su puesto destacado con mucho oro y plata, te dirá: “Oro y plata tengo de sobra; mi noble cargo es más valioso que todos los tesoros del mundo, porque soy un funcionario de Dios y no de cualquier príncipe del mundo y mi cargo es para la eternidad”. Con esta contestación, te ha quitado las armas de las manos y al final tienes que bailar al son de semejante sumo sacerdote arraigado. Por tales razones creo que no se podrá conseguir mucho con estos judíos enraizados. Aparte de esto, tu postura es digna ante Dios, y para Dios muchas cosas son posibles las que a nosotros los ángeles y a vosotros los hombres nos parecen imposibles».

10. «Te agradezco tus palabras», respondió Matael. «Pero mira, el Sol está saliendo y debemos preparar nuestro corazón para la llegada del Señor».

11. «Tienes toda la razón», dijo Rafael, «porque el Señor es el verdadero Sol de todos los Soles. Cuando Éste surge en el corazón del hombre, se ha hecho verdaderamente de día. — ¿Le estás viendo ya salir del bosque?».

12. «El Sol ya está por encima del horizonte», manifestó Matael, «pero del Señor y de las dos muchachas que han ido a buscarle no se ve nada. Me parece que te has equivocado un poco en tu cálculo por celestialmente profético que sea. La salida completa del Sol que ya está muy alto por encima del horizonte, no coincide con la llegada del Señor. Dime pues ¿cómo puedo interpretar tu profecía?».

13. «Tienes que dirigir tus ojos hacia el lugar de dónde va a llegar y no de dónde no va a llegar», advirtió Rafael. «Date la vuelta y te convencerás de que no os he anunciado nada falso».

Capítulo 133. La búsqueda verdadera de Dios

1. Acto seguido, Matael, Ouran, Ebalo y los cuatro compañeros de Matael se dieron rápidamente la vuelta y, al verme con el anciano Marco subiendo la colina, vinieron corriendo hacia Mí.

2. Me saludaron con el mayor cariño y alegría y agradecieron mi retorno. Pero como no vieron a Yara y a Elena conmigo, les invadió el miedo. Ebalo, muy preocupado por su hija Yara, me preguntó si las muchachas no me habían encontrado cuando en la madrugada habían ido al bosque a mi encuentro. Puesto que no habían vuelto conmigo, estarían todavía buscándome en el bosque. Me pidió mandar a Rafael para buscarlas y acompañarlas hasta aquí.

3. «¿Por qué os preocupáis por las muchachas que me buscan? ¿Pensáis que sólo puedo proteger a alguien en cuya proximidad me hallo corporalmente? Cuando tú, Ouran, estuviste en gran peligro, ¿acaso alguien me dijo que te salvara? ¿Acaso no sé dónde están las dos ahora buscándome? ¡Dejadlas, ya volverán!

4. Ellas me han encontrado también en sus corazones, lo que es muy fácil para cualquiera. Sin embargo, quien me busca exteriormente, aunque sepa que sólo me ha de buscar en su interior, ha de entender que una búsqueda exterior no le pone en condiciones de acercarse a Mí sino sólo de perderme más y más. Tenedlo en cuenta en la hora matutina de este sábado. — Además, las dos me han seguido y pronto estarán aquí».

5. «Si es así, entonces todo está en orden», afirmó Ebalo. «Ellas se habrían quedado con nosotros si Rafael no les hubiera incitado con sus palabras. El buen muchacho ve todo cercano por alejado que esté y fácilmente puedes morder el anzuelo. Nunca nos desaconsejará hacer alguna cosa, aunque fuese algo malo, porque con una experiencia amarga nos quiere llevar al camino correcto. Por eso no les ha impedido a las dos ir en busca tuya sino que les ha animado para ello. Y ahora estarán sentadas en algún sitio sin saber qué hacer. Le está bien empleado a mi Yara, porque ella conoce a Rafael y su modo de proceder y sabe lo que tiene que hacer. Ahora se ha dejado engañar por él, y esto es sano. Pero él se puede alegrar, porque en cuanto Yara vuelva le echará un sermón que le dejará pasmado de su facilidad de palabra».

6. En esto llegó Rafael que había despertado al resto de los que dormían y Ebalo le dijo: «Otra vez eres causa de un comportamiento erróneo de Yara y con ello también de Elena. Tengo que confesarte sinceramente que no me gusta en absoluto la manera con la que tratas a las personas que te han sido confiadas y cómo las conduces. Cuando un discípulo tuyo quiere hacer algo que no está del todo en orden, debes advertirle dándole un buen ejemplo en lugar de animarle a cometer el pecado y sólo después de que él haya pasado por la experiencia de las malas consecuencias, evitar que vuelva a caer en el pecado. Esto puede que sea aconsejable para espíritus de tu clase, pero para nosotros los hombres no sirve, según he reconocido desde hace tiempo».

7. «Bien es cierto que eres un judío honesto y justo», le respondió Rafael. «Pero en lo que se refiere a los caminos secretos del Señor, eres tonto como un pez. ¿Crees acaso que lo que hago, lo hago por mí mismo? Yo soy un dedo del Señor y hago lo que su Espíritu me indica. Si tuvieses algo más de entendimiento, lo comprenderías. Pero como sé hasta dónde llega tu comprensión en cosas espirituales, te perdono esta debilidad. Tú mismo puedes comprobar que las dos no se han perdido, porque están bajando por el monte sanas y salvas en compañía de una hija de Marco que nos va a avisar que el desayuno ya está preparado».

8. «Pero ¿cómo han venido por allí, sin que las hayamos visto?», preguntó Ebalo.

9. «¿No dijo el Señor antes que le estaban siguiendo?», replicó Rafael.

10. «Bueno, bueno, ya me callo», confesó Ebalo, «como ya están de vuelta, estoy tranquilo».

Capítulo 134. Las causas para la destrucción de Cesarea de Filipo

1. Tras esta conversación Marco anunció que el desayuno estaba preparado y las mesas servidas con comida y bebida. Bajamos pues del monte y nos sentamos en las mesas. No faltaba nadie.

2. Dirigiéndose a Elena, Ouran preguntó: «Cuando estuviste abajo, ¿viste si nuestras tiendas estaban todas en orden? ¿Tienen nuestros criados de comer y beber, y están cuidados nuestros animales?».

3. «Querido amigo y suegro», le dijo Matael, «en la presencia del Señor cualquier preocupación es vano. Ten tus pensamientos siempre con el Señor, porque Él piensa en nosotros en toda la eternidad».

4. Bajando el camino hacia las mesas, Cirenio me preguntó: «Señor, ¿sería conveniente que ordenara una división de mis guerreros a la ciudad para apagar los incendios? Porque si no acudimos a ayudar, esta noche no quedará de ella nada más que cenizas».

5. «Querido amigo», le dije Yo, «si quisiese hacerlo, hace tiempo ya habría enviado a Rafael y el fuego estaría apagado en un momento. Pero Yo quiero que esta ciudad, malvada para Dios y el emperador, sea humillada. Por lo que permito que el fuego destruya todo, excepto las casas de los pobres y sensatos. ¡Que todo lo demás se quede en cenizas! Es preciso que en el futuro la habiten hombres mejores. Que los descendientes de Marco, con la autorización del emperador, gobiernen la ciudad y su región de manera justa, y que su herencia pase de hijos a nietos. Pero en cuánto se olviden de Dios, les sucederá lo mismo que ha sucedido con los actuales habitantes.

6. Si el incendio le hubiese ocurrido a esta ciudad ramera en un día laborable, hace tiempo ya estaría apagado. Pero en un sábado y particularmente un sábado de luna nueva ningún judío enraizado mueve el dedo por temor a volverse impuro ante Dios.

7. Para eso la conciencia de los judíos fanáticos es muy sensible; pero la negligencia en hacer buenas obras no les mueve la conciencia en absoluto, así tampoco el adulterio material y espiritual o cualquier fraude.

8. Incluso son de la opinión que un pecado contra un mandamiento de Dios en un día laborable casi no sea pecado y uno se pueda purificar hasta la noche. Pero durante un sábado no se puede purificar antes de la noche, cuando el príncipe de la oscuridad empieza a reinar. Entonces es fácil que se presente un siervo de Satanás, y en caso de que encontrara a alguien impuro, tomaría posesión de su alma impura.

9. El pecado, dicen, es perjudicial para el hombre solamente durante la noche, porque en este tiempo Satanás tiene permitido cazar a las almas. Durante el día no tiene poder, por lo que uno puede pecar lo que quiera sin perjuicio. Únicamente se debe estar atento para purificarse antes de la puesta del Sol y de acuerdo con el método prescrito por Moisés. Entonces no hay razón para tener miedo durante la noche por los pecados cometidos durante el día.

10. A estos ciegos Dios no les preocupa para nada, por más pecados que hayan cometido contra sus mandamientos durante el día. Lo importante para ellos es solamente no caer en las garras de Satanás. Pero como esto puede ocurrir lo más fácilmente en un sábado en el que no les está permitido sacrificar un chivo, un cordero o ternero, ni siquiera lavarse siete veces, prestan mucha atención para mantenerse puros durante este día para que el diablo no tenga poder sobre ellos, tan pronto se haya puesto el Sol.

11. Ahí está la razón por la cual estos ofuscados prefieren que sus buenas casas se conviertan en cenizas durante un sábado en lugar de ponerse manos a la obra para apagar el fuego. Por eso a un comandante romano, que no desconocerá esta burda necedad del pueblo, le será bastante fácil dominar a este género de un golpe en cuanto se subleve, particularmente en un sábado que cae en invierno, y convertir su gran ciudad en un montón de escombros.

12. Pero vayamos a tomar ahora el desayuno, si no se nos echará encima un gran número de visitantes inoportunos y nos costará trabajo deshacernos de ellos».

13. Acto seguido, todos se sentaron a las mesas y tomaron el buen desayuno con mucho apetito, no sin elogiar mucho al anciano Marco. Ouran y Elena manifestaron también no haber disfrutado nunca de un pescado tan bien preparado y un pan tan bueno. Pero Marco me dedicó todos los elogios a Mí: «Él es la sal y la mejor especia para todos los alimentos, todas las bebidas y todas las cosas; dadle a Él vuestra alabanza».

14. No hubo nadie entre los huéspedes que no hubiese comprendido lo que Marco quiso decir, y todos me alabaron en sus corazones silenciosamente. Sólo Matael dijo con voz alta: «Sí, sí, querido Marco, dónde el Señor de la Vida es el cocinero y el todo en todo, se puede vivir de una manera incomparablemente buena, porque con Él el espíritu, el alma y el cuerpo reciben el mejor alimento. Has hecho muy bien al pasar al Señor los elogios que estaban dirigidas a ti; pero precisamente por ello tu nombre tampoco se desvanecerá en el corazón de los hombres que te han conocido como un amigo del Señor».

15. Marco me dio las gracias por haber rendido a su casa tan inmenso honor. Pero también agradeció a Matael sus amables palabras e insistió en que no era digno de toda esta dedicación.

Capítulo 135. La dialéctica entre Cirenio y los fariseos enraizados, provenientes de Cesarea

1. Una vez tomado el desayuno, Cirenio y Julio me preguntaron por lo que habría que hacer ahora.

2. Dirigiéndome a Cirenio, le dije: «Vamos a esperar un poco aquí, porque en breve se preparará algo. ¡Mirad a la orilla! Por ahí están deambulando como unos fantasmas algunos viejos fariseos enraizados con sus obedientes discípulos. Ellos ya saben que tú estás aquí por razones que desconocen, pero suponen que estás inspeccionando los lugares en la orilla del Mar de Galileo y tienes aquí una especie de campamento. Las espléndidas tiendas de Ouran confirman su suposición. Ahora están atentos para ver si llegas en barco por el mar o quizás sales de una de las tiendas, y quieren abordarte para hacer una petición de indemnización, porque se imaginan que los paganos han prendido fuego a sus casas.

3. Sin embargo, pronto se darán cuenta de que te encuentras aquí y se nos echarán encima. Te puedes imaginar el trabajo que tendremos con ellos. Pero te advierto a ti y a todos vosotros que no me descubráis antes de tiempo. Primero hay que intimidarlos lo suficiente antes de que les invada un sobresalto con mi presencia. Ya verás como hemos de actuar frente a su comportamiento adúltero.

4. Matael y Rafael nos harán un buen servicio; no obstante no nos los quitaremos de encima antes de mediodía. Por eso, quedémonos un rato en silencio para meditar, porque, Cirenio, ahora sabes lo que te espera».

5. Tras estas palabras, todos se callaron, sólo los soldados y los mozos armaron algo de bullicio por el monte.

6. Al cabo de un rato me preguntó Matael, si podía hablar con estos ofuscados enraizados sin reserva.

7. «Naturalmente que sí», le dije. «Pero tendrás que controlarte mucho y no creas que se puede tratar fácilmente con estos acorazados héroes de la oscuridad, porque no tienen pelos en la lengua y están preparados con su descaro para cualquier circunstancia». Matael siguió mi consejo y se concentró para lo que le esperaba.

8. También me preguntaron mis discípulos cómo tendrían que comportarse en estas circunstancias.

9. «No tenéis ni que hablar ni que hacer nada», les aconsejé. «Observad todo el asunto como testigos callados. Si alguien de los fariseos os preguntara algo, indicadle a Cirenio, advirtiendo que el asunto no os concierne. Así os dejarán tranquilos. Al principio Yo haré lo mismo». Con este consejo los discípulos se quedaron satisfechos y todos esperamos la llegada de los visitantes polémicos.

10. Al cabo de media hora las personas que estaban esperando a Cirenio a la orilla del mar, recibieron a través de un judío que había pasado por nuestro grupo y que conocía a Cirenio, la noticia de que éste se encontraba en el jardín del anciano guerrero. Esto hizo que todos los fariseos y los otros judíos se dieran la vuelta y se dirigieran rápidamente hacia donde nos encontrábamos nosotros.

11. En el momento en que Matael los vio acercarse, dijo: «Estimado amigo Cirenio, prepárate, ¡la tormenta va a empezar! Tengo mucha curiosidad en saber qué es lo que estos sinvergüenzas van a sacar a la luz».

12. «Yo no menos», dijo Cirenio. «Sin embargo confieso que no me gusta tratar con estos hombres, porque por poco que les enseñes el dedo pequeño ya quieren toda la mano. Esto naturalmente no se puede hacer, porque hay muchas personas que son pobres de verdad y necesitan que se les ayude».

13. Apenas dichas estas palabras, los peticionarios ya habían llegado, con el superior de la sinagoga a la cabeza. Este reconoció inmediatamente al prefecto y le dirigió las siguientes palabras: «¡Excelentísimo, iluminado y todopoderoso señor prefecto de Celesiria, gobernador de toda Judea, de Asia y partes de África! No desconocerás la gran desgracia sin igual que nos ha acaecido durante esta noche, a nosotros que hemos sido siempre unos ciudadanos de Cesarea de Filipo devotos de Dios y del emperador. Si tuviésemos tan sólo una pequeña parte de culpa por ello, podríamos acusarnos de nuestra negligencia, lamentándonos profundamente, y seguiríamos soportando con paciencia lo que Dios el Todopoderoso ha querido enviarnos. Pero por lo que nosotros sabemos, no hemos dado motivo alguno para esta desgracia sino la mala intención de algunos paganos maliciosos nos la ha causado. Esta es la razón por la que estamos aquí para pedirte la indemnización correspondiente.

14. No hay duda de que nos la concederás por ser de justicia, porque primero, somos súbditos de Roma igual que los maliciosos paganos, pero segundo, somos sacerdotes y siervos del único Dios verdadero, capaces de convencer al pueblo, más que miles de espadas y lanzas, a favor del emperador por tener mucho afecto para con Roma. Pero si en un caso dado estamos en contra de Roma, nuestra lengua tiene en pocas horas más efecto que cientos de miles de guerreros en un año. Esto es que una mano lava a la otra.

15. Si accedes a nuestra petición y nos sacas de esta miseria momentánea, ordenando que vuelvan a reconstruir, por cuenta del Estado, nuestros edificios, escuelas y sinagogas, encontrarás en nosotros, en el nombre del emperador, unos súbditos agradecidos. Incluso, si fuese necesario, estaríamos dispuestos a devolverle al Estado tal anticipo al cabo de veinte años con intereses. Excelentísimo prefecto, considera por favor nuestra petición y correspóndenos en este sentido. No será un perjuicio ni para ti ni para el emperador, porque sabemos quiénes y qué somos y lo que está en nuestras manos. En tanto que seamos los amigos del emperador, podrá reinar en su amplio reino sin dificultades. Pero si somos unos enemigos para el emperador, corona y cetro se convertirán en una carga sumamente pesada para él. Por eso, considera nuestra actual miseria y nuestra petición como un hombre inteligente y actúa de acuerdo con tu criterio».

16. Cirenio, apenas ocultando su desagradable excitación, dijo: «Antes de decir que sí o que no, voy a ordenar que se investigue detalladamente cómo y por qué la ciudad y vuestras casas fueron incendiadas. No estoy seguro de si sois totalmente inocentes en este asunto. Porque me he enterado justamente durante la noche pasada que habéis empezado a manipular al pueblo como consecuencia del eclipse solar total y más tarde también por la desaparición súbita del sol retrasado, haciéndole creer que estaría llegando el juicio de Dios que uno de vuestros profetas había anunciado. En esto tampoco han faltado los sacerdotes de los griegos para aprovecharse del fenómeno natural a su favor. Por lo tanto, los dos grupos sacerdotales habéis abusado de este fenómeno para exigir del pueblo que haga grandes ofrendas a fin de obtener protección mediante vuestras eficientes oraciones que, como decís, llegan hasta la Voluntad de Dios. El pueblo, sordo y ciego desde la infancia a causa de vuestra influencia, hizo naturalmente todo lo que podía para salvarse del juicio anunciado por vosotros.

17. Por suerte se presentó un hombre razonable y experimentado que llamó a algunas personas más sensatas, conocidas por él, para explicarles con tranquilidad los motivos naturales del fenómeno que ya conocía desde antes. Para corroborar su propia explicación también les avisó de que los sacerdotes, en el caso de que les importara su explicación, seguramente dejarían de hostigar al pueblo para que les hiciera todavía por sus últimos momentos de existencia en este mundo engañoso enormes cantidades de ofrendas. También les dijo que los sacerdotes insaciables y crueles sabrían tan bien como él que todo el asunto no era otra cosa que un cambio natural del tiempo. Sin embargo, ellos conocían la superstición del pueblo y aprovechaban para pecar en esta ocasión sin escrúpulos.

18. Esto fue lo que un fiel testigo me ha transmitido. ¿Qué fue entonces la consecuencia de esta inteligente información dada a tiempo? Las pocas personas que fueron instruidas de esta manera, se acercaron rápidamente al pueblo para avisarlo con voz alta: “¡Tranquilizaos! ¡No os preocupéis! ¡Escuchadnos para vuestro bien!”. Seguidamente informaron a los ciudadanos de una manera que todos lo pudieran entender. Cuando la gente empezó a comprender, montó en ira contra vosotros y os preparó un escenario como el del juicio final anunciado por Daniel. Yo deduzco perfectamente de este fiel testimonio que en realidad no fue la mala intención de los paganos sino vosotros mismos fuisteis los culpables de que esta bella e importante ciudad se convirtiera en cenizas durante esta noche a causa de la ira justificada del pueblo sobre vuestras intenciones engañosas. Así supongo que comprenderéis también que no puedo admitir vuestra petición descarada sino que yo, por el contrario, siendo vice—emperador, tendré que haceros responsables por el daño causado —que mandaré calcular detalladamente— y exigiros la indemnización completa, para el bien de mi emperador y del pueblo. Todo ello suponiendo que los hechos fueron tal como me los relató el testigo fidedigno. — ¿Qué tenéis que objetar a esto? Hablad, ¿cuál es vuestra objeción?».

19. Ya durante la exposición de Cirenio los peticionarios cambiaron de color igual que los camaleones y la ira contenida se hizo fácilmente notar en sus ojos fulgurantes como los de un lobo. Por eso, ante la oportunidad de justificarse, no pudieron pronunciar palabra alguna por rabia.

20. Cirenio esperó un rato. Pero puesto que nadie quiso decir nada, las caras furiosas de los peticionarios le irritaron tanto que dijo con toda la seriedad implacable de un verdadero romano: «Hablad pronto, si no me veré obligado a considerar vuestro silencio iracundo como una confesión total de lo que se os ha acusado, y pronunciar la sentencia que os habéis merecido, ordenando su ejecución inmediata. ¡Hablad pues, porque sabéis que nosotros los romanos no entendemos de bromas!».

21. Por fin habló el superior: «Señor, esto es una difamación tremenda, contra la cual no es tan fácil encontrar las palabras correctas. Es preciso reflexionar primero sobre cómo ha sido posible esta calumnia y sopesar todos los medios posibles para abatirla rotundamente. ¿Quién nos puede demostrar que hayamos obligado a la población a hacer ofrendas? Hemos predicado lo que nosotros mismos habíamos sentido y temido. ¿Quién nos demuestra que hayamos actuado de otra manera que lo que hemos sentido según la profecía? ¿No fueron las señales en este sentido? O no nos enseña acaso la historia cuántos ejemplos existen en los que la Paciencia de Dios llegó a su final y sobrevino de repente un terrible juicio a la humanidad? Pero también tenemos múltiples ejemplos en los que Dios, a pesar de un castigo inevitable, haya concedido al pueblo su Gracia y Misericordia tan pronto como hubo vuelto al arrepentimiento y penitencia verdaderos.

22. Pero si tu testigo presuntamente prudente que informó a unas pocas personas en contra de nosotros, fue tan honesto, ¿por qué no vino también a nosotros para avisarnos de lo mismo que había indicado a nuestros enemigos? Sólo un hombre que ni conoce nuestra sublime doctrina divina ni tiene idea de la Palabra de Dios a través de la boca de un profeta y de sus consecuencias en un tiempo marcado por señales en el cielo, puede divulgar semejantes calumnias sobre nosotros. ¿Y el prefecto de Roma es capaz de dar más crédito a tal calumniador que a nosotros? Quizás nos digan: “Si este hombre fidedigno os hubiese buscado para avisaros como ha informado a la población desesperada, no le habríais escuchado e incluso le habríais juzgado o lapidado”. Pero ¿quién puede afirmar tal cosa antes de haberlo intentado con nosotros? Únicamente después de la acción solemos juzgar y sentenciar, pero nunca antes, con sólo la apariencia o una suposición maliciosa. Nuestra doctrina divina es garante de nuestro comportamiento; ¿quién entonces nos puede demostrar que creemos de una manera y actuamos de otra? Una maliciosa difamación o suposición mal intencionada no justifican nada, porque tu testigo puede haberte dicho lo que quería. Declaramos su acusación mal intencionada como nula en tanto que no nos pueda demostrar que hayamos actuado de modo diferente a lo que nosotros mismos creíamos, y que habríamos rechazado a tu fiel testigo que ha instigado a la población en contra de nosotros, sin haberle escuchado antes.

23. Nosotros hemos sufrido el mismo miedo que el pueblo. Si la población nos ha hecho llegar grandes cantidades de ofrendas, como expiación de sus pecados, creyendo poder reconciliar a Dios con ello, ¿por qué no teníamos que aceptarlas? ¿Dónde está escrito lo contrario?

24. Excelentísimo prefecto, ten muy bien en cuenta que estás tratando aquí con serios y verdaderos siervos de Dios y no con templarios de una nueva especie que saben lamentablemente demasiado bien cómo arrimarse al sol que más calienta. Lo sabemos muy bien y es por eso por lo que el Templo no está a nuestro favor. Pero entre nosotros que lamentablemente somos muy pocos, rige todavía la antigua fe la que las moscas nocturnas que te zumbaron algo mal interpretado al oído no podrán desmoronarnos nunca. — Hoy es un espléndido día del Señor, en ninguna parte hay indicio de un juicio divino, excepto que nuestra ciudad será un pasto de las llamas, pero no como castigo divino sino por la malicia de algunos paganos, enemigos declarados nuestros. ¿No habría sido acaso posible para Dios dejar que ocurriera esta desgracia en esta región como antaño con Sodoma y Gomorra? ¿Quién puede afirmar lo contrario teniendo en cuenta las señales aparecidas previamente? No queremos pretender que Dios haya salvado esta región de su juicio anunciado a causa de nuestras muchas oraciones y súplicas. Dios puede haberlo hecho debido a las oraciones de algún pío desconocido que junto con nuestros rezos habrán llegado a los escalones de su trono. Pero ¿quién nos demuestra que la realidad es contraria a nuestra fe y nuestra convicción? — He hablado ahora en nombre de mis hermanos, y tú, excelentísimo señor, pronuncia tu sentencia que sea justa ante Dios y los hombres».

Capítulo 136. La acusación de Marco contra el superior de los fariseos

1. Cirenio, naturalmente, no se había esperado esta réplica y no supo qué contestar al superior. Por eso llamó a Matael y le dijo con voz baja: «Sigue hablando tú, porque yo ya no sé qué decir. Estos están ungidos más de lo que me había imaginado».

2. «Estimado amigo», le dijo Matael, «el asunto no será fácil; porque demostrarles algo que habrían hecho si las circunstancias se hubieran presentado así, es muy difícil. Aunque hubiesen tenido en secreto la mala intención —que no quiero negar— falta el intento de llevarla acabo. ¿Dónde queda la realización de la mala intención para castigarla? Y ¿cuántos pensamientos pueden formarse en el ánimo de un ser humano, cuando es hostigado por todas partes?

3. Cuando el ánimo de un hombre está tan alterado, no se presta tan fácilmente a un saneamiento de sus pensamientos fugaces como unos nubarrones de tormenta. Por otro lado, una vez que la tempestad se ha calmado en el ánimo, el hombre, más tranquilizado, apenas se acuerda de todo lo que le ha pasado por la cabeza. Posiblemente ha habido mucho que condenar, pero ¿quién, incluso Dios, tiene derecho de alzarse como un juez para castigarlo? En el caso de que sean hombres verdaderamente creyentes que han compartido el miedo del pueblo por el mismo motivo, —lo que debemos aceptar en tanto que no podamos demostrarles lo contrario,— su petición ha de ser concedida con la condición de que para casos tan extraordinarios como este, sea ordenado por el emperador. Nosotros podemos emitir un juicio solamente sobre lo que está a la vista y en tanto no tengamos nada efectivo para objetar. Nuestros pensamientos contrarios, no obstante, no pueden servir nunca como prueba en contra; aunque escucháramos a toda la ciudad, no sacaríamos más de lo que sabemos ahora».

4. Matael había dicho estas palabras a Cirenio, susurrándole al oído. Entonces éste, dudoso, me preguntó: «¿Y qué dices tú a esto?».

5. «No ha llegado todavía mi momento», le dije, «por eso tratad el asunto entre vosotros y ellos; consultad para ello con el anciano Marco que los conoce junto con sus dos hijos mejor que vosotros. Ebalo de Genesaret y Julio también los conocen bastante bien. Llamadles que vengan, y así escucharéis otra opinión».

6. Acto seguido, Cirenio mandó traer a Julio que estuvo con Ebalo en el monte, junto a los soldados, para observar la ciudad que seguía ardiendo. Apenas habían llegado ambos y con ellos el anciano Marco, Cirenio les explicó la petición de los fariseos y los argumentos de su superior que parecían ser irrefutables.

7. Marco, al escuchar estas palabras, se quedó estupefacto ante la desfachatez del superior y le dijo: «¡Vaya con el superior de cara piadosa y cándida! Llegas aquí tan a propósito como lo estuve esperando ya tanto tiempo. Acuérdate de lo que sucedió hace tres años, cuando te estabas esforzando para convertirme a tu fe. Incluso me perdonaste la circuncisión que es muy molesta y dolorosa para un anciano como yo. Dijiste que si me inscribía a mí y a mi familia en tu confesión, sería suficiente. Me prometiste un montón de ventajas en mis negocios y actividades. Pero no las acepté por ser un hombre concienzudo, porque no me gusta cambiar la religión de mis antecesores contra una cuyos principios desconozco y no sé a qué obligaciones me va a comprometer. Te dije también abiertamente que no estaría totalmente en contra de cambiar mi religión algo incoherente contra alguna otra que fuese mejor; pero antes de esto tendría que iniciarme completamente en el concepto de esta nueva religión.

8. Tú, no obstante, dijiste que esto no sería necesario con tu religión, porque de todas formas cualquier religión no era otra cosa que una filosofía para los niños de cuna y que habría que conservarla a causa de los niños. Una vez que el adulto hubiera desarrollado su raciocinio, ya no necesitaba de la filosofía de los niños de cuna y la aceptará sólo exteriormente para ellos. Para él mismo, sin embargo, sería necio tomarla en serio. Dijiste que un hombre como yo podría juzgar por mí mismo si no era más prudente adherirse en lo externo a una religión que me pusiera los mínimos obstáculos en el camino.

9. Entonces lo acaté y me inscribí junto con toda mi familia en tu religión. Pero poco después me fueron abiertos los ojos, cuando fui condenado a pagaros los más diversos impuestos. Reconocí cada vez más mi gran error de haber aceptado vuestra religión.

10. Tuve que entregaros de todo la décima parte y de todos los frutos los primeros. Muchas veces me quejé de esto ante las autoridades romanas, pero sin resultado. En todas partes me contestaron: VOLENTI NON FIT INIURIA!48 ¿Por qué te has dejado capturar, siendo un viejo romano sensato? Ahora tienes que pagar tu estupidez.

11. Pero cuando me dirigí a ti, quejándome de mi mala suerte, ni me escuchaste y me contestaste con tu soberbia: “Así está escrito”, y yo tuve que largarme amargado y decepcionado.

12. Cuando quise conocer un poco más de vuestra Escritura, se me dijo: “Nosotros somos la Escritura y la Palabra viva de Dios. Por eso, nadie tiene que preguntar nada más sino hacer lo que enseñamos y exigimos”.

13. Ves, estas son tus palabras y tu comportamiento. ¡Eres un viejo oráculo malvado de los judíos de Cesarea de Filipo! Y ¿ahora quieres blanquear tu camisa negra? Te juro por todo lo que me es sagrado, que no sales de aquí hasta que no me hayas compensado el perjuicio que me has ocasionado injustamente. Aunque el excelentísimo prefecto, bajo mi responsabilidad, te coloque la cruz sobre la espalda, no lo hace con injusticia. — ¿Me has entendido, oráculo nefasto?».

14. «¿Así son entonces las circunstancias?», preguntó Cirenio sorprendido. «¡Vaya, ya salió algo! — Y tú, señor sabihondo de los opresores del pueblo, ¿qué tienes que objetar?».

15. «¿Conoces tú a Moisés y a todos los profetas iluminados por Dios?», preguntó el superior.

16. «A Moisés le conozco bastante bien», respondió Cirenio, «pero a los profetas sólo por el nombre».

17. «Está bien», contestó el superior, «ve e infórmate primero de todas mis obligaciones que se derivan de la Escritura. Después me puedes castigar si eres capaz de demostrarme que no he cumplido alguna de ellas. Si quieres leerla, la llevamos con nosotros como la única posesión que nos está permitido tener en este gran día del Señor, para conservarla si surge un peligro».

Capítulo 137. Consideraciones sobre la culpabilidad de los fariseos

1. Matael en voz baja le dijo a Cirenio: «Esto es otra vez un hueso duro de roer. Marco ha solucionado muy bien su cuestión, pero ¿qué podemos hacer nosotros, si no somos capaces de dar una prueba de haber atentado contra sus obligaciones según sus reglamentos? Vamos a escuchar todavía a Ebalo y a Julio, aunque no nos vaya a servir de mucho lo que nos puedan aclarar. El superior está demasiado bien enterado y seguro de poder justificar cualquier acción por abusiva que sea con la Escritura. ¿Qué podemos hacer entonces?».

2. «Bueno pues», resolvió Cirenio, «entonces condenaré por el pleno derecho que me corresponde todas aquellas citas de la Escritura que van en contra del sentido común del hombre; así le habremos atrapado».

3. «Esto no nos va a servir de nada», replicó Matael, «porque puede decir: “El sentido común del hombre también exige que antes de juzgar a alguien por la ley sea preciso emitirla y sancionarla”. ¿Qué tendrás entonces que objetar? Es preciso reflexionar mucho para poder vencer a estos tipos de forma humana. Pero Cornelio, Fausto, Kisiona de Kis y un tal Filopoldo de la misma región no tardarán mucho en llegar; ellos nos podrán ayudar eficazmente en este asunto. Ya espero impacientemente su llegada».

4. Tras un largo rato de reflexión sobre lo expuesto por parte del prefecto así como por Matael y su satisfacción sobre la anunciada llegada de Cornelio y sus acompañantes, Cirenio pidió a Ebalo que dijese algo concreto sobre los fariseos enraizados.

5. Ebalo se puso de pie y le respondió: «Excelentísimo amigo, es muy difícil capturar a los zorros y a vuestros “proteos”49. Los zorros porque tienen dos salidas en su madriguera y los proteos, porque pueden transformarse en lo que quieran. Por eso, mi opinión es la siguiente: Puesto que no puedes dudar de lo que has escuchado de tu fiel testigo sobre estos hombres —al que conoces tan bien como yo—, y por otro lado, siendo un juez del mundo, puedes emitir sólo una sentencia de acuerdo con lo que has podido convencerte según has oído y visto externamente, te aconsejo que les permitas a estos fastidiosos peticionarios que se marchen sin la menor concesión de lo que habían pretendido y sin condenarlos a castigo alguno. Con esto has correspondido tanto a la Verdad interior espiritual como a los compromisos del mundo.

6. Te podría contar cientos de ejemplos de los múltiples fraudes y opresiones por parte de estos hombres, que pretenden ser siervos de Dios, realizados contra el pueblo y que he presenciado más de una vez. Pero ¿de qué te va a servir? Seguro que van a encontrar todavía un hueco por el que puedan escaparse. Se cuidan mucho de tener una buena tapadera, basándose en Moisés, Aarón y los profetas, y a su abrigo ningún viento por helado que sea les puede causar enfriamiento.

7. Pero lo que el intelecto externo puede hacer de las escrituras proféticas, lo sabemos muy bien. Porque, en tanto se desconozca el sentido espiritual interior, sirven para cualquier cosa; y esto es el mejor escondrijo para esta gente. Por estos motivos no tendremos otro remedio que hacer lo que te he aconsejado».

8. «Sí, sí, tienes razón», respondió Cirenio, «entiendo lo que quieres decir. Sin embargo creo que se les podría acusar de algún acto criminal con lo que no podrían escaparse».

9. «¡No, no, con todo lo demás menos con esto!», respondió Ebalo. «Estos tipos conocen cada letra de la ley romana y se entienden con ella mejor que cualquier abogado para manejarla de modo que diablo alguno pueda atacarlos. Seguramente habrán cometido algún delito bien personalmente o participando con la multitud. Aunque ante Dios no se puedan esconder nunca, nosotros —excepto el Señor y el ángel Rafael— no lograremos nada aun procediendo contra ellos con la ley. Pero ¿quizás Kisiona, Cornelio, Fausto o el griego Filopoldo?».

10. Cirenio, moviendo la cabeza, respondió: «Podría hacerlos vigilar como a gente sospechosa; esta demostración severa tendría quizás un efecto intimidante sobre su conciencia».

11. «Inténtalo», dijo Ebalo, «pero te advierto que tras las primeras protestas por parte del superior apenas habrá tiempo para que tus vigilantes se escapen sanos y salvos. Para el mundo exterior no disponemos de argumento alguno de una “CAUSA CRIMINIS” (causa criminal). No hay acusador y por lo tanto tampoco juez. El aviso silencioso del Señor no podemos considerarlo como acusación por dos razones. Por un lado carece de toda base para declararlos culpables de un delito y, por otro, se puede considerar al Señor mismo ante el mundo sólo como un testigo a medias, porque por ahora no se puede demostrar ante el foro romano su Divinidad ni siquiera plenamente su facultad profética. Aunque nosotros conozcamos exactamente qué hemos de pensar sobre ellos, la rígida ley romana ignora totalmente a nuestro Señor y Maestro y por lo tanto también sus palabras provenientes de la Sabiduría. A pesar de toda tu convicción interior sobre estos hombres, puedes juzgarlos solamente con la demostración de su culpabilidad que seas capaz de alegar. Para esto hace falta primero un acusador y luego los testigos jurados. O ¿tiene acaso validez para vosotros la determinación de un profeta o de un oráculo cuando ni el uno ni el otro forma parte de vuestra religión?».

12. «En casos excepcionales, sí», afirmó Cirenio, «particularmente cuando el profeta ha demostrado ante un juzgado ordinario su credibilidad. Si el juzgado no tiene duda alguna de sus palabras, puede servir como una prueba totalmente válida, igual que un dictamen de un oráculo comprobado. Únicamente el juez tiene el derecho de aceptar o no la validez de un testimonio o determinar si el testigo es admitido o no».

13. «Bien, pero ¿qué pasa cuándo un profeta no es válido ni para denunciante ni para testigo?», preguntó Ebalo. «¿De qué manera le vas a obligar a esto? Acaso quizás solamente le puedes insistir para que sea testigo, pero nunca el denunciante. Nosotros aquí tenemos naturalmente a uno; pero ¿cómo vas a obligarle al gran Uno y al ángel Rafael para que intervengan como denunciantes o testigos?».

14. «Es obvio que no se les puede obligar a nada», admitió Cirenio. «Por eso vamos a esperar, porque los visitantes anunciados no tardarán mucho en llegar. — Me parece ver en la lejanía moverse unos remos en el mar».

15. «Yo también los he estado viendo desde hace media hora», afirmó Matael, «pero es como si no se movieran del sitio. — Y vosotros, ¿qué habéis concluido sobre el interrogatorio? ¿Os habéis quedado también en el mismo sitio?».

16. «Pues sí, no hemos avanzado nada», dijo Cirenio. «Tú tienes razón y Ebalo también. Yo reconozco que podemos conseguir poco o nada en las cosas del mundo con nuestro poder perfecto, y los nuevos visitantes probablemente no nos podrán ayudar mucho».

Capítulo 138. Cirenio llama a unos testigos para que declaren sobre los fariseos

1. «Acaba de ocurrírseme algo», añadió Cirenio. «Voy a mandar a un mensajero al prefecto regional para que me envíe unos denunciantes y testigos de la ciudad. Estos podrán declarar probablemente algo acerca de estos zorros para que podamos ponerlos entre la espada y la pared».

2. «No está mal la idea», dijo Matael. «Así consigues por lo menos que se puedan someter bajo vigilancia. No obstante, hay que llevarlo acabo rápidamente».

3. Acto seguido, Cirenio ordenó a dos jinetes para que cabalgaran inmediatamente hasta la ciudad y transmitieran al prefecto regional su petición.

4. Pero tan pronto como los fariseos se dieron cuenta de ello, el superior se acercó a Cirenio y le preguntó: «Señor y gobernador, ¿por qué mandaste los jinetes a la ciudad? ¿Acaso por nuestra causa? ¿Quieres quizás anular nuestros derechos que están sancionados incluso por vuestra ley? Señor, esto será muy difícil, porque tenemos la ley y a Dios a nuestro favor. Tendrías que darnos nuevas leyes que no te servirían para este momento mejor que las antiguas, porque el efecto de una nueva ley nunca puede ser retroactivo».

5. «Vosotros hablaréis cuando se os pregunte», contestó Cirenio algo irritado. «Conozco vuestra petición y también vuestra responsabilidad. Ahora depende todo de mí. Tengo que consultar primero con mis consejeros para saber si sois dignos de la concesión imperial de vuestra petición.

6. Si después de una indagación rigurosa se os considera dignos, vuestra petición será concedida. En caso contrario, no solamente quedará anulada cualquier concesión sino que se ordenará un castigo por la desfachatez de haberos atrevido a pedirla al Estado para tapar vuestros pecados. ¡No olvidéis, un prefecto de Roma juzga de una manera completamente diferente que vosotros! Nunca emite un juicio según la simpatía o el aspecto externo de la persona sino siempre conforme a las leyes y los derechos, sin hacer diferencia de clases.

7. Por eso observad muy bien cómo está vuestra conciencia ante Dios y los hombres. Teniendo en cuenta que, como decís, sois unos así llamados siervos de Dios y unos maestros del pueblo, se os pedirá rendir cuentas mucho más rigurosamente que a los ciudadanos incultos que conocen a lo sumo algunas leyes esenciales y quizás tampoco tienen idea alguna sobre su sentido. Sin embargo, Dios no necesita de ninguna servidumbre, porque su Omnipotencia, Omnisapiencia y Omnipresencia le rinden los mejores servicios ya desde la eternidad.

8. Pero vosotros conocéis y debéis conocer la ley y su sentido y debéis estar iniciados en toda la Verdad. Por eso comprenderéis también, por qué debo proceder, en consideración hacia el pueblo, mucho más rigurosamente con vosotros que con una persona común. O bien sois tan limpios y claros como el Sol o no habéis sido nunca dignos de vuestro cargo. Por tal razón no tenéis que preocuparos de lo que voy a hacer en vuestro favor o en contra. Por consiguiente, poned vuestra petición por escrito para que yo disponga de una prueba más que hable a favor o en contra de vosotros».

9. «Excelentísimo señor y gobernador», respondió el superior. «Hoy es un sábado de luna nueva en el que nos está prohibido ejercer cualquier actividad. En tal día, el ser humano ha de dedicarse al reposo de su cuerpo y a ocupar su espíritu sólo con Dios. Únicamente nos está permitido hablar, pero no debemos escribir hasta la puesta del Sol, por lo que pondremos la petición por escrito después».

10. «¿Fue Moisés quién os dio el mandamiento de guardar particularmente el sábado de luna nueva?», preguntó Cirenio.

11. «No precisamente Moisés», respondió el superior, «sino su sucesor por cuya boca habló el Espíritu de Dios varias veces como en el caso de Moisés».

12. «Esto lo dudo mucho», dijo Cirenio, «porque de las leyes y mandamientos genuinos de Moisés brilla claramente el Espíritu divino. Pero en lo que se refiere a vuestra celebración de luna nueva, es una demostración evidente de superstición e ignorancia humana. ¿Qué es la luna nueva? Vosotros no lo sabéis, pero nosotros sí y vuestra ignorancia nos da risa. Y nuestros sabios —que se percatan de todo— se tienen que asombrar de cómo es posible que en la cercanía de griegos, romanos y egipcios existan semejantes ineptos que desconocen lo que es la Luna en sí y la luna nueva. Decidme pues, ¿qué idea tenéis vosotros de la Luna?».

13. «Dinos primero tú, excelentísimo señor y gobernador, lo que piensas de la Luna; después te diremos lo que nosotros pensamos de ella».

Capítulo 139. Acerca de la naturaleza de la Tierra y de la Luna

1. «Escuchad pues», dijo Cirenio. «La Luna es un planeta aproximadamente cincuenta veces más pequeña que la Tierra y la acompaña siempre en su órbita alrededor del Sol. Mientras la Tierra da la gran vuelta una vez en 365 días, la Luna ha girado alrededor de ella unas trece veces.

2. En sus rotaciones la Luna tiene que adoptar necesariamente diferentes posiciones frente a la Tierra. Puesto que su cuerpo, igual que nuestra Tierra, no tiene luz propia, recibe su luz del inmenso Sol. Cuando la Tierra se encuentra poco más o menos entre el Sol y la Luna, la vemos totalmente iluminada; es lo que llamamos luna llena. Y cuando la Luna pasa aproximadamente en catorce días —a causa de su rápido movimiento— entre el Sol y la Tierra, vemos muy poco de su superficie iluminada; esto lo llamamos luna nueva.

3. Pero cuando la Luna llega en su órbita a colocarse exactamente entre el Sol y la Tierra, tal como fue el caso de ayer, provoca que la luz solar no llegue a cierta parte de nuestra Tierra — precisamente a aquella parte desde la cual se podría trazar una línea recta a través de la Luna hasta el Sol. En estas condiciones, de una manera totalmente natural, se produce un oscurecimiento del Sol: un eclipse solar. Las otras partes de la Tierra que no se encuentran exactamente en esta línea, no verán casi nada del eclipse, sobre todo aquellas partes que se encuentran en el hemisferio opuesto. Puesto que nuestra Tierra es una esfera igual que el Sol y la Luna, se produce el día y la noche por girar una vez alrededor de su eje en veinticuatro horas. Durante este tiempo, todos los continentes y mares, desde el Polo Norte hasta el Polo Sur, reciben la luz y el calor del Sol.

4. Esta es la verdad exactamente calculada y claramente reconocida por los sabios, de la que el hombre profano no sabe nada, porque le falta la debida educación y con maestros como sois vosotros no le va a llegar, puesto que lo que uno no tiene tampoco lo puede transmitir a otros. Y aunque lo tuvierais, no se lo daríais a nadie, porque la ignorancia de la gente profana os resulta más lucrativa que su educación. Así os he mostrado efectivamente lo que es la luna nueva. Ahora os toca a vosotros explicarme lo que es para vosotros».

5. «Lo que acabas de aclararnos, excelentísimo señor y gobernador, hemos llegado a conocerlo por medios secretos ya desde hace muchos años y estoy totalmente de acuerdo», dijo el superior. «Pero si consideras la historia de la Creación de Moisés, no hay ni rastro de todo lo que acabas de explicarnos.

6. Pero nosotros representamos para el pueblo necesariamente los testigos principales y divulgadores de la enseñanza mosaica en la sucesión de Moisés y Aarón, enseñanza diametralmente opuesta a la opinión real. ¿Qué podemos hacer si no conservar la convicción certera para nosotros mismos y transmitir al pueblo lo que hemos aprendido de Moisés?

7. ¡Si alguien de nosotros intentase explicar al pueblo otra enseñanza que la mosaica, no importa en qué relación, te aseguro que sería lapidado!

8. Naturalmente algunos dicen que en lo que Moisés dijo hay un sentido muy diferente a lo que se puede entender de la letra muerta. Con esto también estoy de acuerdo. Sin embargo, ¿cómo se podría hacer comprender esto a todos los pueblos a los que no solamente nosotros sino ya nuestros antecesores hemos atontado? Por un lado, el sentido espiritual está oculto tan profundamente que ni uno mismo lo encuentra de forma clara, y por otro, la pregunta es cómo se va a poder enseñar a un pueblo completamente ignorante y supersticioso, al que cualquier ciencia le parece un cuento chino, unas cosas de las que, sinceramente dicho, uno mismo no se ha podido formar nunca una idea clara.

9. Por eso lo más razonable es dejar el pueblo con su vieja creencia y observar nosotros mismos, a la vista del pueblo, las antiguas doctrinas y leyes de la forma más rigurosa, como los representantes de las mismas. Pero estando solo, sin testigos, se puede hacer y creer lo que uno ha reconocido como verdadero. En caso de que actúes de otra manera, provocarás en estas tierras preciosas una sublevación horrorosa. — Ahora habla tú y corrígeme si estoy en un error».

Capítulo 140. Informe de un mensajero del alboroto en Cesarea

1. Cirenio, sorprendido de la inteligencia del superior, dijo a Matael: «Amigo, con este es muy difícil dialogar. ¡Es increíble cuánto sabe y con qué brillantez justifica su actual situación! Al final no es posible enfadarse con él. — Pero pronto llegarán los recaderos de la ciudad y veremos qué noticias nos traen».

2. «Te digo que nada», respondió Matael. «Porque estos están ungidos con todos los ungüentos y encuentran siempre un agujero para escaparse. En definitiva, para poder conseguir algo que les delate, hace falta más que simples fuerzas físicas y conocimiento humano. Me atrevería a curar a cientos de griegos y romanos de su ignorancia en un día, porque lo que les iría a explicar, sería nuevo para ellos y lo acogerían incluso con agradecimiento. Pero con esta gente no hay nada nuevo que presentarles; la mayoría está iniciada en todos los conocimientos y sabe defender su causa con tanta astucia que cuesta mucho objetar algo.

3. Por eso creo que el Señor se ha retirado porque sabía de antemano que no se puede hablar y negociar bien con estos fanáticos. Por consiguiente creo que los denunciantes y testigos de la ciudad tampoco lograrán algo efectivo».

4. «Bueno pues», dijo Cirenio, «parece que vamos a tener unas discusiones sumamente conmemorables como no las va a haber otra vez en esta Tierra. ¡Ojalá que pronto llegue el prefecto regional!».

5. En este momento un mensajero vino corriendo con la lengua fuera y dijo a los presentes, sin darse cuenta de que Cirenio también estaba entre ellos: «¡Amigos, marchaos deprisa para poneros a salvo! Ha estallado una revuelta terrible. Todo el mundo está buscando a los sinvergüenzas, los judíos fanáticos y fariseos que se han escapado. Los romanos y griegos están masacrando a todos los que tienen aspecto de judío. Yo soy un griego pobre y por necesidad había usado una túnica judía para taparme, pero sólo con mucha suerte he podido librarme».

6. «¡Oye, jovenzuelo!», dijo Cirenio. «Soy el gobernador y te ruego que me des más explicaciones. ¿Cómo y por qué ha estallado la revuelta?».

7. El mensajero algo intimidado por la presencia inesperada del gobernador: «Excelentísimo soberano, la situación es sencillamente la siguiente: Cuando ayer el Sol o un extraño fenómeno luminoso prolongó la tarde por algunas horas, pero después desapareció de repente del firmamento, —un fenómeno muy raro pero no totalmente nuevo en esta vasta Tierra—, los sacerdotes judíos que debían conocerlo igual que nosotros por su ilustración y experiencia, empezaron a anunciar a la población supersticiosa la llegada de un juicio divino profetizado en sus libros místicos, en vez de explicarle las cosas tal como eran. Esto causó entre los necios judíos tal horror que imploraron a los sacerdotes, quienes son para ellos sus amigos y siervos de Dios, que mediaran ante Dios a cambio de toda clase de ofrendas exigidas para que Él retirara bondadosamente su mano castigadora.

8. Tan pronto como los pícaros judíos se dieron cuenta de la oportunidad que se les presentaba, dijeron con un místico aire patético de sacerdote y juez: “Si queréis libraros del severo juicio divino que va a suceder ahora, tenéis que traernos todo lo que poseéis de oro, plata, piedras preciosas y perlas además de vuestros mejores bueyes, vacas lecheras y terneros para que lo podamos ofrecer a Dios de la manera más digna”.

9. Apenas habían pronunciado estas palabras los sinvergüenzas de sacerdotes judíos, llegaron avalanchas de las ofrendas requeridas. Nuestros sacerdotes griegos que no tienen un pelo de tonto lo vieron naturalmente e intentaron convencer a sus ciudadanos, con una maniobra astuta, a que diesen también unas ofrendas tan espléndidas. Ellos también encontraron en las antiguas doctrinas de sus dioses algún argumento que sirviera muy bien para sus propósitos. Decían que el bueno de Apolo se había enamorado de otra Dafne y que la había visitado con unas pretensiones deshonestas. Su enemigo, el señor Pluto, habiéndose dado cuenta inmediatamente, había robado entretanto al Sol. Ahora Gea, Apolo y su nueva bella amada se habían enredado en un tremendo lío que provocó una batalla feroz entre los dioses, cosa que cualquier griego y romano común debe entender perfectamente. Ahora bien, el poderoso Zeus, dándole un trato especial con ofrendas y súplicas, quizás pudiera apaciguar esta situación tan peligrosa. Esta historia inventada también fue bastante lucrativa para nuestros sacerdotes, pero ni mucho menos en la medida en que el juicio final anunciado a las ovejas devotas resultó para los sacerdotes judíos.

10. Un griego inteligente que tiene el corazón y la cabeza en su sitio, instruyó a algunas personas sensatas de forma que estas pudieron explicar el fenómeno natural en la medida de lo posible, a los griegos y romanos atosigados por el gran alboroto, haciéndoles ver claramente el afán de lucro malicioso de las castas sacerdotales. Dijeron que si en sus dudosos avisos hubiera tan sólo una palabra de verdad, también se les quitaría la gana de pedir y recibir ofrendas. De todas formas, comparando las dos manifestaciones, es decir la judía amenazadora y la grecorromana, cualquiera comprendería inmediatamente que ninguna de ellas se realizaría. Porque o bien sucedería lo que dijeron los sacerdotes judíos o bien lo que anunciaron los griegos. Pero los dioses no serían tan estúpidos para echar de comer a cada nación por separado, mientras que estuvieran repartiendo siempre sus dones celestiales uniformemente entre todos los hombres, ya fueran creyentes o incrédulos.

11. Estas aclaraciones y otras parecidas ayudaron a que la población se convenciera rápidamente de la situación real. Se intentó también dar estas explicaciones a los judíos, conocidos como más sensatos. Pero esto fue totalmente contraproducente. Estos fanáticos devotos incluso contestaron con amenazas, inculpando al paganismo por la causa del mal venidero.

12. No tardó mucho hasta que se provocaron reyertas; los griegos y romanos tomaron la justicia por su mano, vengándose de los tontos judíos y pidiendo a los sacerdotes la devolución de las ofrendas recibidas por estafa. Puesto que no se quiso hacer caso a tal petición, se empezó a utilizar la fuerza, especialmente con los sacerdotes judíos. Estos huyeron de la violencia y se escaparon, ocultados por el humo de los incendios en los barrios judíos de la ciudad.

13. Sin embargo, el sabio prefecto en seguida informó al pueblo sobre la extendida organización de los pícaros sacerdotes judíos, demostrando a la población que sólo ellos eran la causa de la catástrofe devastadora. Este fue el momento en que se levantó la revuelta por nuestra parte contra todo judío, causando una situación abominable. Ahora están masacrando a los judíos, de modo que en la ciudad ya habrá casi más sangre que leche y vino.

14. Me parece que estoy viendo allí, debajo del gran ciprés, a los sacerdotes judíos que se escaparon. ¡Vaya, vaya! A estos sinvergüenzas les irá pronto muy mal si no se ponen a salvo inmediatamente, a lo que no les voy a animar de ninguna manera. Esta flecha que me fue lanzada cuando huí aquí, pensando que era un judío, pero que por suerte no me alcanzó, aún voy a disparar yo mismo contra algunos. Los dos jinetes se cruzaron conmigo en la puerta de la ciudad y lo tendrán difícil llegar hasta el prefecto subalterno. Señor, ahora ya sabes todo y lo que te he dicho es la pura verdad por la que te ofrezco mi vida».

15. «Te agradezco tus noticias», dijo Cirenio, «lo has hecho muy bien. Quédate ahora aquí y toma algo de pan y vino para recuperar fuerzas. Entretanto voy a mandar a algunas unidades a la ciudad para que apacigüen la revuelta. Tú me harás un buen servicio como testigo contra esos sacerdotes judíos».

16. El mensajero aceptó gustosamente el ofrecimiento, porque tenía mucha hambre y sed. Cirenio hizo señas a Julio que había escuchado todo el relato y por lo tanto sabía qué había que hacer.

Capítulo 141. Erme, el mensajero, cuenta los acontecimientos en la ciudad

1. Una vez que Julio hubo cumplido la orden de Cirenio y las dos cohortes se marcharon, volvieron también los dos jinetes que fueron enviados anteriormente, y confirmaron los relatos del mensajero. Al mismo tiempo transmitieron por parte del prefecto de la ciudad su fiel aseveración de que tan pronto como se hubiese calmado la tempestad, vendría rápidamente para dar al excelentísimo prefecto un informe exacto de los acontecimientos. Cirenio agradeció a los jinetes su servicio y los invitó a descansar, mientras que ellos le rindieron sus saludos y se reunieron con sus compañeros. Acto seguido, Cirenio se dirigió de nuevo al mensajero y le preguntó quién realmente le había mandado allí.

2. El mensajero, algo más atrevido que antes, respondió: «Señor, fue la necesidad. Yo, un ciudadano de la localidad, he perdido a causa de los incendios, en los que el fuego no hizo diferencia entre las casas judías y las nuestras, todas mis pertinencias y soy ahora un mendigo. Por necesidad he quitado este manto a un judío asesinado para tapar mi desnudez, igual que mi mujer y mis tres hijas adolescentes se han escondido bajo una sábana grande detrás de la casa del anciano Marco.

3. Yo, no obstante, hice un llamamiento a todos los judíos presentes para que huyeran de la ciudad y que yo pudiese distinguirlos más fácilmente y vengarme con esta flecha con todas mis ganas de estos sinvergüenzas culpables. Pero si estos iban a escaparse, sólo sería posible por mar. Por lo demás, el gobernador ya puso unos guardias en muchas partes de la ciudad quienes podrían capturarlos en cualquier momento. Y ¡vaya lo que les esperaría!

4. Oh, señor, yo soy griego y conozco todavía algo de las ardides de guerra. Pero ahora estoy tranquilo, de aquí los sinvergüenzas ya no se escaparán. Pero tampoco estaría de más si se pusiese a algunos guardias a la orilla del mar, no fuera que estos individuos cogiesen un barco para huir por allí».

5. «No te preocupes por esto», dijo Cirenio, «ya se ha dispuesto todo adecuadamente».

6. Acto seguido, Cirenio preguntó a Matael: «¿Qué dices tú acerca de las noticias de este mensajero? No obstante, voy a esperar a que llegue el prefecto de la ciudad y estoy impaciente por saber lo que estos energúmenos tendrán que objetar».

7. «No lograrás gran cosa», advirtió Matael, «porque no conoces los miles de agujeros por los que escaparán. No obstante, la situación está ahora mejor que antes.

8. Pero lo que urge ahora es que cuidemos de la mujer y las hijas del mensajero. Elena, seguramente tendrás aquí algunos vestidos para ellas, aunque sean solamente unas camisas, para poder tapar su desnudez».

9. Acto seguido, Elena llamó a una de sus sirvientas para que se ocupase del asunto. Efectivamente, al poco rato la sirvienta volvió de una tienda de Ouran con cuatro buenas camisas y cuatro preciosas faldas griegas. Elena le dijo: «Haz que el mensajero te acompañe a ver a su mujer e hijas; luego vístelas y tráelas aquí a esta mesa».

10. La bondad de Elena le conmovió mucho al mensajero y con lágrimas de agradecimiento en los ojos condujo a la sirvienta hacia su mujer y sus tres hijas que le estuvieron esperando, llorando de tristeza. Pero al decirles: «No lloréis más, queridas mías. Mirad, hemos encontrado a un salvador poderoso. Cirenio, el gobernador, está aquí y debe ser su hija la que os manda estos vestidos tan finos y preciosos que nunca habéis visto», la mujer y sus hijas dieron brincos de alegría y se vistieron rápidamente. El mensajero, no obstante, dobló la sábana y la guardó debajo de su casaca judía. Luego las llevó a ver a Elena y ellas vertieron lágrimas del agradecimiento más ferviente sobre su vestimenta.

11. A partir de este momento, Elena se ocupó cariñosamente de las cuatro mujeres; les sirvió pan y vino a fin de que recuperasen las fuerzas y entabló una conversación con ellas, en la que participó también Ouran. Las cuatro les contaron de las opresiones con las que los fariseos abusaban de sus fieles. Entonces Cirenio se dirigió al mensajero y dijo: «Amigo, al principio te llamé un poco despectivamente “jovenzuelo”. Pero ahora que te conozco algo mejor, siento haberte deshonrado de este modo. En compensación recibirás ahora mismo un vestido de honor romano».

12. Acto seguido, Cirenio ordenó a sus sirvientes traer uno de los finos trajes romanos que consistía en una camisa amplia de una fina tela que llegaba hasta las rodillas, en una toga de seda india color azul, orlada de cintas doradas, luego en unas finas botas romanas y en un turbante egipcio, adornado de plumas y un broche hecho de una esmeralda muy valiosa. Además de esto, Cirenio le regaló seis finas camisetas y cien libras de plata. El mensajero, fuera de sí de alegría, no supo cómo agradecerle a Cirenio tantos favores.

13. Cirenio, también lleno de alegría, sonrió y dijo al mensajero, de nombre Erme: «Ve a la casa de Marco, lávate y vístete, y vuelve aquí como un noble romano. Entonces habrá llegado justo el momento en que pediremos cuentas a los fariseos. Te aseguro que esta vez no se escaparán. Tú, mi noble amigo Erme, me prestarás un gran servicio en esta tarea».

14. «Estoy a tu disposición», respondió Erme, «porque siempre fui hábil en el arte de las ardides de guerra. Sin embargo, estos hombres son demasiado astutos incluso para las furias, y más aún para nosotros que queremos llevar acabo un juicio ordenado. Para poder condenar a estos individuos, uno sólo puede basarse en lo que unos testigos fidedignos declaren sobre ellos. En cuanto nosotros les escuchemos, nos confundirán y conseguirán que los declaremos inocentes y cumplamos sus deseos. Por eso mi opinión es capturarlos a todos estos sinvergüenzas y echarlos al mar para perderlos de vista para siempre. Esto sería para un juez hacer justicia. Cuando una región queda infestada de tigres, hienas y lobos que atemorizan y dañan a la gente, ¿qué razones hay para tenerles a estas bestias todavía consideración y someterlas a un interrogatorio justo? ¡No, digo yo! El perjuicio que causan es más que demostrado; por eso ¡fuera con ellos donde empiecen a mostrarse demasiado peligrosos para la sociedad humana! Cuanto más nos esforcemos en combatirlos de manera legal, más caemos en el peligro de ser capturados nosotros mismos por ellos. Yo los conozco, aunque sea griego. — Pero, benévolo señor, permíteme una pregunta».

15. «¿Cuál es?», dijo Cirenio, «¡habla!».

Capítulo 142. Otras preguntas interrogativas de Cirenio

1. «Señor,», dijo Erme, «allí, a unos diez pasos de esta mesa, hay al lado de una muchacha un hombre de un aspecto muy amable y al mismo tiempo sumamente sabio. La bonita jovencita está conversando con él y tan pronto como él dice algo ella demuestra un gran regocijo. ¿Quién es este hombre tan afable? ¡Qué dignidad irradia todo su ser! ¡Cuán noble es la forma humana en una figura tan maravillosa! Casi todos los ojos le miran a él. Según su vestimenta parece ser galileo. ¿Me puedes decir más sobre esta persona? ¡Oh dioses, cuanto más le observo más me estoy enamorando de él! A mi esposa y mis tres hijas no les puedo tomar a mal, si no son capaces de quitarle la vista. Apuesto por mi vida que este varón es una persona bondadosa, noble y sabia. Pero ¿quién es y qué hace? Por favor, señor, explícame de quién se trata; luego ya nos ocuparemos de los sinvergüenzas que no se nos escaparán de ninguna manera, sólo que no debemos hacer mucho caso a sus declaraciones».

2. «Amigo Erme», respondió Cirenio, «en lo que se refiere a este hombre te puedo adelantar que Él es entre nosotros los humanos como un Dios. Humanamente dicho es sólo un médico de Nazaret, — pero ¡qué médico! La Tierra no ha visto nada parecido. Todo lo demás lo conocerás más adelante. — Pero vayamos a ocuparnos de nuestro asunto y, te advierto, no me llames más “señor”, sino “amigo y hermano”».

3. «Está bien», respondió Erme, «sé cómo respetar cualquier orden y quisiera morir de agradecimiento, admiración y afecto hacia ti. Pero dime ahora, estimado amigo, ¿quién es aquel bello joven al lado del médico? ¿Es acaso su hijo y la jovencita su hija?».

4. «Si, sí, amigo», dijo Cirenio, «has acertado, — pero vamos ya con nuestro asunto».

5. Acto seguido, Cirenio invitó al superior de los fariseos acercarse y le preguntó si conocía al mensajero.

6. «¿Quién no conoce al famoso cantor y citarista?», respondió el superior. «Hemos disfrutado ya muchas veces de sus cantos. Solamente es una lástima que no se le pueda convencer para que se pase a la religión de nuestros padres; verdaderamente, llegaría a superar incluso al gran David. Él es un hombre muy honrado y sensible; sólo que no le somos simpáticos, lo que no le tomamos a mal puesto que no podemos exigir de él que comprenda y acepte nuestras reglas a veces inhumanas, con su fondo espiritual».

7. «Este Erme, no obstante, es vuestro acusador más riguroso», afirmó Cirenio. «Me ha confirmado abiertamente por segunda vez lo que un testigo fidedigno había declarado anteriormente sobre vosotros. Por consiguiente os debo considerar como unos infames criminales, y encima tenéis el descaro de pedirme una indemnización por lo que habéis cometido por vuestra propia codicia, llegando a ser unos astutos y malvados incendiarios. — ¿Qué decís a esto?».

8. «Señor», dijo el superior sin perder la calma, «en lo que se refiere a Erme, no le tenemos rabia alguna, porque sabemos hace tiempo que un hombre que no posee un conocimiento suficiente de un asunto no puede juzgar de otro modo que lo que le dice su entendimiento limitado. ¿Quién podría enfadarse con alguien que se cae del tejado y mata a otro a causa de su caída? Si el bueno de Erme quiere ser nuestro enemigo, que lo sea. Nosotros, sin embargo, no seremos nunca sus enemigos. En el fondo, todo es verdad lo que ha declarado sobre nosotros. Se dice que en Europa, cerca de Sicilia, hay un lugar muy peligroso en el mar, llamado Escila y Caribdis: el que llega a pasar sin accidente la Escila, la Caribdis le traga. Esta noche, nosotros nos encontrábamos como en una Escila y Caribdis moral y te preguntamos: ¿qué hubiéramos debido hacer para que habría sido totalmente al gusto de vosotros, los romanos?».

9. «Sabiendo muy bien la razón del fenómeno de ayer», objetó Cirenio, «¿por qué no habéis explicado a vuestros creyentes la verdad de los hechos con lo que todos los ánimos se habrían calmado? ¿Por qué habéis mentido al pueblo, causando de este modo toda la conmoción, el alboroto y el levantamiento actual contra vosotros? ¿Por qué extorsionasteis al pueblo pidiendo tiránicamente unas ofrendas desmesuradas, sabiendo muy bien en qué consistía el fenómeno y que no tenía nada que ver con una profecía de Daniel?

10. ¡Dadme una explicación y justificad vuestro comportamiento inaceptable frente al pobre pueblo, ciego, tonto y supersticioso por vuestra culpa!».

11. «Acabo de mencionarte vuestra Escila y Caribdis», replicó el superior, «pero parece que no has entendido el asunto. Cuando ayer el Sol iluminó la tarde por mucho más tiempo de lo habitual, como en los tiempos de Josoé, esto llamó la atención de nuestros más prestigiosos compañeros de fe. Vinieron a la sinagoga para preguntarme por detalles sobre el acontecimiento y me advirtieron que todos los judíos estaban sumamente preocupados. Traté de disuadirles de la importancia de este asunto y les expliqué el fenómeno como algo muy natural que sucede a veces en esta temporada del equinoccio. Se marcharon, pero no fueron capaces de tranquilizar a la gente, porque esta pretendía haber visto hacia el Este caer las estrellas del cielo y inmediatamente les llamó la atención a la profecía de Daniel. Al mismo tiempo les echó fuertes amenazas por si querían silenciarles tales acontecimientos. Pasado un tiempo, el Sol o el fenómeno luminoso desapareció y entró una horrible oscuridad. Esto fue el fin de todos los intentos de calmar al pueblo; el fin del mundo tenía que haber llegado, y cualquier palabra nuestra en contra habría acabado con nosotros.

12. Ves, esto representó la Escila. Estas circunstancias nos obligaron a predicar a Daniel ya completamente y, conforme a la visible magnitud del acontecimiento, a pedir también los remedios más eficaces de penitencia para mantener en el ánimo del pueblo por lo menos un mínimo de esperanza de la benevolencia de Dios. Por otro lado también comprendimos que durante la clara mañana de hoy íbamos a dar con la Caribdis. Pero cuando hay que elegir entre dos males, se prefiere escoger el primero, el mal menor, y no el segundo que nos habría traído la ruina. Hemos actuado pues de acuerdo con las circunstancias, ajenas a nosotros, de forma correcta y justa, porque fue imposible actuar de otra manera. ¿Cómo nos vas a juzgar ahora tú, un romano justo, por haber actuado así? ¡Explícanoslo!».

13. «No está mal presentado», respondió Cirenio. «La cuestión, sin embargo, es qué habríais hecho con todas las ofrendas que habéis recogido. Porque el fin del mundo para cuya prevención las habéis exigido y aceptado, no ha llegado como se ve. ¿Acaso las habríais devuelto al pobre pueblo?».

14. «Excelentísimo gobernador», replicó el superior, «esto es una pregunta muy extraña e innecesaria. Esto se entiende por sí mismo; sin embargo, tendría que haberse llevado a cabo con toda prudencia, considerando la ceguera del pueblo. Pero ahora plantea la pregunta a las llamas que han consumido todas las ofrendas y nuestras provisiones.

15. Por la predicación de la profecía de Daniel, debida a las circunstancias y la necesidad, no habría habido necesidad de quemar nuestras casas y sinagogas, lo que fue practicado por tus compañeros de fe, debido a la antigua ira contra nosotros. Por lo tanto no hemos venido aquí para pedir solamente por nosotros sino también por nuestro pueblo, porque hemos llegado a ser mendigos sin nuestra culpa. ¿Cómo vas a juzgar o incluso a castigarnos por ello en vez de ayudarnos? Considera bien todos los hechos y el motivo para ellos y te darás por vencido, en lugar de echarnos la culpa».

Capítulo 143. La opinión del superior de los fariseos sobre el Sanador y la repuesta contundente de Cirenio

1. «Esto no es mi intención», respondió Cirenio. «Lo que intento, sin embargo, con todo afán es perfeccionaros desde la base y convertiros en unos hombres dignos y verdaderos. Bien es cierto que podéis tapar vuestro interior con palabras muy inteligentes y bien reflexionadas, —y ahora más fácilmente aun, porque las circunstancias se han vuelto a vuestro favor y nadie puede afirmar con seguridad qué habríais hecho con las ofrendas recibidas si el fuego no se hubiera producido. Pero ahora os pregunto: ¿habríais dicho todo lo que me habéis contado, con la conciencia tranquila y limpia, también a un profeta todosapiente como Elías o a un ángel de Dios que puede mirar en vuestro corazón hasta el fondo?

2. En verdad os digo por mi palabra de honor imperial que es verídica y poderosa, que aquí hay algunos sabios entre mis acompañantes —no de mi confesión sino de la vuestra— que leen los pensamientos más secretos de los hombres tan claramente como si fuesen actos realizados. Si ellos os examinasen, ¿les daríais cuentas con la conciencia tan tranquila como a mí, sabiendo que no me falta ni entendimiento ni perspicacia pero sí, la omnisapiencia? Yo he observado a estas personas detenidamente y encontré que no se puede jugar con ellas. Por lo tanto, haré que ellas os examinen. Si la situación es tal como me habéis contado, entonces todo os será concedido y más de lo que habéis pedido. Pero si los mencionados sabios declarasen otra cosa de vosotros, el hermano del gran emperador y tío del soberano actual sabrá muy bien lo que debe hacer».

3. «¿Cómo nos puedes asegurar», preguntó el superior, «que los referidos sabios son nuestros amigos y no enemigos y que no vayan a abusar de su sabiduría con nosotros? Cierto es que somos fariseos y nos odian como tales en Galilea, porque mantenemos rigurosamente las reglas y predicamos sólo a Moisés y los profetas, mientras que casi toda Galilea está profesando la filosofía greco—egipcia. En el caso de que tus sabios sean galileos, su sabiduría no hablará muy a nuestro favor por lo que nos reservamos ya de antemano ante cualquier galileo enemigo, por sabio que sea.

4. Además está escrito que nunca saldrá de Galilea un profeta, precisamente porque los galileos que son unos herejes entre los judíos se han apartado demasiado de la antigua sabiduría mosaica. Pero si estos sabios provienen de Judea, entonces queremos escucharles».

5. «Los sabios que he mencionado», aclaró Cirenio, «tienen en mi fe y mi corazón tal posición que cada palabra de ellos es como si viniera directamente de los Cielos, aunque no pienso que todo lo que es Verdad tiene que venir por eso de los Cielos; porque toda Verdad sigue siendo Verdad también en la Tierra como si proviniese con alas de Luz de los Cielos. Pues que una pera más otra pera tienen que dar dos peras tanto en el Cielo como en la Tierra, — si no el Cielo es una mentira.

6. Por cierto, tengo otra pregunta para vosotros. Acabáis de preservaros de los sabios de Galilea y de ello deduzco que quizás tengáis otro motivo que el de la filosofía griega. Se dice que en la región de Nazaret ha aparecido un hombre que realiza grandes y maravillosas obras y enseña a los hombres una nueva doctrina, al parecer procedente de los Cielos, cuya autenticidad confirma mediante unos milagros sin precedentes. Decidme si habéis oído ya algo de este hombre y qué pensáis de él».

7. «Ahora los has pillado», observó Matael en voz baja. «No tardarán en cambiar de color y de palabras».

8. «¿Han llegado a tu oído también los fraudes de ese charlatán de mala fama», respondió el superior, «al que le está pesando demasiado su herramienta de carpintero y prefiere buscar su suerte en la holgazanería en lugar de realizar un trabajo serio? Mira, deducimos de tus palabras y gestos que quieres juzgarnos a nosotros que somos sacerdotes legítimos, cueste lo que cueste. Sin embargo, ese galeote50, un demagogo que engaña a los pueblos con algunos juegos mágicos orientales que ha aprendido, tiene para ti vía libre y puede hacer lo que quiera. Su palabra tiene para ti mayor peso que la nuestra para cuya veracidad el entendimiento, la razón y el sentido común del orden legítimo son una prueba palpable. Yo conozco a ese galeote y con esto ya he dicho todo».

9. Cirenio, irritado por esta declaración, respondió: «Está bien, ya me habéis dado una opinión sobre un hombre como no habría podido ser más en vuestra desventaja. Por lo menos habéis dicho esta vez la verdad que me muestra vuestro interior tal como es. Conozco demasiado bien a vuestro “galeote” y sé lo que representa; pero ahora también os conozco a vosotros perfectamente y sé lo que representáis. Acabo de demostraros claramente que no acepto a bulto como fidedigno a cualquiera hasta que no le haya examinado hasta el más mínimo detalle.

10. Aquí tenéis al rey actual del Ponto. Ayer llegó ante mí como un insignificante criminal encadenado que fácilmente habría podido ser condenado a la cruz. Sin embargo, yo examiné todo detenidamente y comprobé su total inocencia. Y, como es un hombre muy sabio, hice de él lo que es ahora.

11. Soy más severo que cualquier otro juez, pero también muy justo hacia cualquiera. Si a alguien le ocurre una desgracia durante el examen y he comprobado su inocencia, hago todo lo que está en mis manos para convertir su sufrimiento en alegría y felicidad, para lo cual este nuevo rey os puede servir de prueba.

12. He examinado más severamente que a ninguno precisamente al susodicho nazareno y comprobé que es un hombre tan perfecto como nadie antes que Él ha pisado la Tierra ni la pisará después que Él. Está pleno del verdadero Espíritu de Dios y actúa y habla solamente a través de una Fuerza y Omnipotencia infinitas e inconmensurables. Así le he conocido yo, al nazareno, y estoy ardiendo del mayor respeto y amor hacia Él, aunque en sentido humano sea totalmente un judío “enraizado”.

13. También nosotros los romanos sabemos respetar el judaísmo, si se muestra como debe ser según Moisés y todos los profetas: pleno de espíritu, fuerza, amor, verdad y sabiduría. Pero un judaísmo como lo practicáis vosotros es para nosotros los romanos que amamos el espíritu y la verdad, una atrocidad y una desolación total del lugar sagrado, tal como lo ha profetizado vuestro profeta Daniel. Aquí tenéis pues mi testimonio sobre el nazareno que despreciáis tanto. — ¿Qué podéis objetar a esto?».

Capítulo 144. Los fariseos opinan sobre su superior y Jesús

1. Tras estas palabras, los fariseos se quedaron estupefactos y uno de ellos hizo en voz baja la siguiente observación: «¡Vaya metedura de pata por parte de nuestro perspicaz superior! ¡Qué burro! Ahora tenemos que ver nosotros cómo salimos de este embrollo. ¿Por qué el tonto del superior no ha alabado al nazareno por una vez ante el gobernador tan poderoso? Todo el asunto sería otra cosa. El tonto tendría que haberse dado cuenta igual que nosotros que Cirenio está totalmente embelesado por el nazareno milagroso, no obstante está hablando mal del favorito del gobernador como si estuviese irrefutablemente convencido de su maldad, aunque nunca le haya visto, hablado ni examinado. ¡Ay, ay, este burro del superior ya no nos sirve! ¡Hay que destituirle! Porque si sigue llevando la palabra durante un tiempo más, iremos todos a la cruz. Con el gobernador no se puede jugar».

2. Tras esta observación los otros fariseos le contestaron: «Ve tú y pídele al gobernador la palabra. ¡Que no hable ni una palabra más el estúpido del superior! Quizás nos podamos salvar todavía, y si tú nos liberas de la trampa, serás nuestro nuevo superior».

3. «Bueno, lo voy a intentar», dijo el interlocutor, «pero sin querer ser por ello el superior».

4. Acto seguido, saliendo del grupo de los fariseos, se presentó ante Cirenio y le pidió la palabra.

5. «Estoy esperando todavía una segunda opinión sobre el nazareno por parte del superior», dijo Cirenio.

6. Pero el interlocutor, también un fariseo sin par, volvió a intervenir: «Excelentísimo gobernador, ese ya terminó; su astucia ha naufragado y por eso está callado como un camello en el desierto. Se ha enredado tanto que no sabe cómo liberarse. Es posible que el bueno del nazareno le haya colocado un bozal invisible y ahora se calle la boca.

7. Excelentísimo gobernador, teniendo en cuenta tu agudeza intelectual debes haberte dado cuenta hace tiempo que este individuo de superior es un burro de primera. Si yo o algún otro de nosotros hubiésemos tenido la palabra, el interrogatorio ya habría terminado. Por eso, excelentísimo gobernador, no le escuches más sino déjame hablar a mí».

8. «Está bien, habla tú», respondió Cirenio. «Vamos a ver lo que tú vas a producir».

9. «Excelentísimo gobernador», prosiguió el interlocutor, «en lo que se refiere a la acusación de que nosotros fuéramos la causa del fuego, puede valer lo que el superior te ha explicado. No obstante tengo que reconocer que —a pesar de las circunstancias muy conflictivas — no somos tan inocentes ni tenemos la camisa tan blanca como nuestro superior pretende afirmar, pues que la exigencia de las grandes ofrendas fue ordenada por él. Pero si para el restablecimiento del orden y la tranquilidad fue precisamente necesario quitarles a los pobres fieles todo hasta la camisa —a no ser que la dieran voluntariamente— esto es otra cuestión. Lo mismo pasa con la devolución de las ofrendas arrebatadas al pueblo. Es cierto que se le hubiera podido prestar dinero y enseres contra pago de importantes intereses; pero con la devolución, tal como el superior explicaba como si fuese una cosa natural, no habría habido gato encerrado. Ya nos hemos indignado bastante por tener que escuchar al estúpido de nuestro superior decir tales disparates; pero no nos pudimos oponer, porque en sábado puede hablar solamente el superior. No obstante, por haber hecho tales afirmaciones estúpidas por las cuales todos podríamos ir a la cruz, Satanás puede llevarse al superior también en un sábado.

10. Estoy hablando con toda sinceridad tal como lo siento yo y los demás. Si nuestro sabihondo superior tiene una predilección por semejante “privilegio”, ¡que se lo apliquen! Nosotros, por supuesto, no nos ahogaremos en lágrimas por él; pero a nosotros mismos semejante “distintivo romano” poca gracia nos daría.

11. En lo que se refiere a aquel nazareno que tú nos has mencionado, por Jehová y motivos totalmente naturales no podemos declarar nada, ni a favor ni en contra. Hemos oído murmurar muy de lejos algunas cosas; unas muy elogiables, otras más bien fantásticas, aunque no del todo malas, quizás divulgadas por sus enemigos. Dicen que ha devuelto la vida a los muertos. Nosotros no lo hemos visto, sólo lo hemos oído decir. Considerando lo que significa devolverle a un muerto la vida, creo que es perdonable si se duda de ello por razones totalmente evidentes. Con esto no quiero negar la posibilidad sino solamente demostrar la gran dificultad y destacar que para ello hace falta más que unas fuerzas de vida físicas y espirituales de un hombre, por perfectas y desarrolladas que estén.

12. Bien se dice del profeta Elías haber devuelto la carne y la vida a un montón de huesos de un cadáver; pero nosotros no estuvimos presentes. Esto es tan sólo una leyenda transmitida de boca a boca y no está escrita en ningún libro, ni siquiera en las partes apócrifas de la Escritura. ¡Cuán difícil es por tanto para una persona racional creer en ella!

13. Es cierto que los esenios resucitan a los muertos por dinero, y mucho dinero; pero ya se ha descubierto su secreto y se sabe lo que pasa ahí.

14. Pero dado que tú mismo estás dando un testimonio tan favorable del nazareno y esto, teniendo en cuenta que eres un hombre erudito que cuenta con mucha experiencia de modo que te mereces toda credibilidad, ni yo ni mis compañeros más sensatos podemos hacer otra cosa que considerar al nazareno con toda justicia.

15. Esta es pues mi respuesta a tu pregunta, excelentísimo gobernador. Todo es tal como te lo he relatado fielmente. Todos nosotros, excepto nuestro superior, somos testigos de ello; por lo tanto te rogamos que optes por la clemencia».

16. «Evidentemente», dijo Cirenio, «estoy más satisfecho con tu declaración que con la del superior que pretendió ser un zorro astuto, esquivando mis lazos como podía. Pero dado que cerré más la red, se entrampó más y ahora se ha mostrado como un astuto mentiroso. Sin embargo, un arrepentimiento verdadero y una confesión sincera pueden enmendar todo. Él es una de las personas que son amigos del engaño y de la mentira, pero ante los hombres quieren disfrutar, a causa de su posición, de una reputación excepcional. Desean para sí el prestigio de un profeta, pero actúan como un vagabundo y ladrón.

17. Por eso digo que un arrepentimiento verdadero, un cambio de vida total, la enmienda y una confesión sincera de los hechos reales pueden reparar todo. Pues que no he venido aquí para llevar a los pecadores al juicio más severo que está en mi poder, sino para ayudarles a tomar el camino correcto de la vida. Pero ¡que no me pongan piedras en el camino por esforzarme en tratarlos con benevolencia! ¿Cómo es posible que un hombre que es superior de los sacerdotes y pretende ser sabio pueda decir mentiras tan infames?

18. Mi superior, habla tú ahora y di toda la verdad, porque tus compañeros todavía no han declarado todo lo que correspondería a la verdad total. Sólo querían salvarse el pellejo a costa tuya, lo que no apruebo en absoluto. Yo estoy seguro de lo que sé y por eso puedes mentir lo que quieras, no te va a servir de nada; no me puedes engañar. Por lo tanto, di la verdad».

Capítulo 145. La reprimenda sumamente severa de Cirenio

1. Tras estas palabras, el superior empezó a dudar y se quedó indeciso si debía revelar toda la verdad o no. Al cabo de un rato dijo: «Excelentísimo gobernador, muchos perros significan la muerte de la liebre. Estoy cada vez más convencido de que los testigos contra mi palabra están aumentando como las setas después de la lluvia. ¿Qué pruebas puedo objetar todavía contra lo que tú quieres y afirmas saber? No puedo decir un sí contra mi convicción y el no es inútil. Por eso acepta el testimonio contra mí; no me voy a esforzar más para ir en contra de las declaraciones, sean justas o no, por parte de los muchos testigos. Si me encuentras alguna culpabilidad, pues bien, tienes todo el poder para castigarme según tu juicio; yo, siendo ahora un pobre hombre, no tengo poder alguno para oponerme».

2. «Está escrito en vuestros libros», respondió Cirenio, «“¡ay de aquel que mete mano a un ungido de Dios!” Por eso sé observar muy bien esta vuestra ley, mientras sea factible.

3. Saúl, vuestro primer rey ungido, terminó siendo un causante de todos los males; incluso atentaba contra la vida de David, un rey de Israel ungido por Samuel. En muchas ocasiones David tuvo a Saúl totalmente en su poder y habría podido eliminarle; pero el Espíritu de Dios habló a David en su corazón: “¡Ay de ti, si atacaras la vida de mi ungido!”

4. Mira, a pesar de que yo sea romano y por tanto pagano, recibo también la voz del mismo Espíritu que dice: “Puedes examinar a todos mis ungidos, y si se han extraviado en caminos erróneos, recondúcelos al camino correcto mediante consejos y hechos; pero ¡ay de ti si llevas aun tan sólo a uno de ellos a juicio!”

5. Teniendo en cuenta que el arcángel Miguel no se atrevió a juzgar a Satanás por la lucha perdida de tres días sino le entregó al juicio del Señor, ¿cómo voy a atreverme frente a Dios a juzgarte? No obstante, te voy a examinar, mostrarte tu forma de actuar insensible y sin escrúpulos frente a tus hermanos y reconducirte al correcto camino de la vida. Puesto que ya sabes que sólo quiero esto, ¿por qué no hablas conmigo abiertamente?».

6. «Puesto que ya sabes todo», objetó el superior, «no veo la razón por la que me pides todavía una confesión abierta. Antes te vi muy irritado a causa de mi declaración sincera al yo no ser capaz de dar un testimonio más favorable acerca del referido nazareno como tú que le has conocido personalmente. Por tanto no pienso hacerte más confesiones. Como ya sabemos todo el uno del otro, ¿para qué perder más palabras?

7. En lo que se refiere a mis declaraciones sobre el nazareno te advierto que no salen de mi propia cosecha y no te podría decir otra cosa que lo que he oído de los demás. Pero dado que he escuchado de ti ahora otro testimonio, he cambiado también mi opinión sobre él. ¿Qué más puedo hacer? ¿Quién me puede obligar a declarar algo bueno sobre una persona, cuando he oído antes de ella sólo cosas malas? Puesto que acabo de recibir de ti solamente informaciones buenas sobre el nazareno, estoy ahora en condiciones de dar un testimonio tan favorable como el tuyo, y a pesar de que todavía no haya hecho ninguna experiencia con él, me bastan tus palabras y pienso de él como tú. — ¿Es esto correcto?».

8. «Sí, sería correcto», respondió Cirenio, «si tu corazón hablase igual que tus labios; pero me parece que tu corazón —si se le pudiera escuchar— habla otro idioma muy diferente. Conozco demasiado bien vuestro fariseísmo y sé que en el fondo no creéis en nada, igual que los esenios, pero hacéis creer al pueblo ciego todo lo que se os ocurre para obtener beneficios y buenos intereses.

9. Cuando ahora llega un hombre que posee la verdadera Luz de Dios en su interior y muestra a los hombres que caminan errando en las tinieblas el correcto y luminoso camino de la Vida, —con lo que es naturalmente inevitable que vuestros engaños salgan a la luz—, entonces montáis en ira contra este profeta de la Luz de Dios y buscáis llevarle a la perdición por el método que sea. No habla precisamente a vuestra honra el que habéis matado a pedradas casi a todos los profetas enviados por Dios, con excepción de Elías y Samuel, haciendo creer al pueblo haber hecho un gran servicio a Dios.

10. Sólo al cabo de cien años habéis aceptado al profeta, pero nunca por vuestra comprensión sino solamente porque podíais utilizar sus profecías que efectivamente se realizaron para atemorizar al pueblo. Y luego habéis empezado a blanquear y decorar su tumba, fuera auténtica o no.

11. Mira, la verdad es que esto fue en todos los tiempos vuestra forma de actuar que conozco demasiado bien. ¿Cómo voy entonces a dar crédito a tus meras palabras? Dime si la verdad sobre vosotros es otra cosa. ¿Crees en tu corazón en verdad tan sólo una tilde de lo que has predicado al pueblo para que lo crea?».

12. (Nota bene de Jesús: El hecho por el que Cirenio pudo hablar de esta manera es debido a que Yo le puse las palabras en el corazón y en los labios; de modo que lo que dijo es como si lo hubiera dicho Yo mismo, pero a la manera personal de Cirenio.)

Capítulo 146. El carácter del superior

1. Al cabo de un rato de profunda reflexión, dijo el superior: «¿Cómo me puedes demostrar que yo pienso en el corazón de otra manera que hablo y que no creo lo que enseño al pueblo? Si mis antecesores han metido mano a los profetas, lo que no puedo negar, ¿qué culpa tengo yo cuando he honrado siempre al máximo a todos los santos videntes de Dios? Si miles de mis colegas no creen en lo que enseñan, ¿cuál es la prueba de que yo tampoco lo creo?».

2. «La prueba palpable es que eres un hombre demasiado inteligente, como se puede ver de tus palabras, para que puedas aceptar un disparate como si fuese una Verdad procedente de Dios. Tú entiendes de matemáticas, y los entendidos de matemáticas no toman un mosquito por un elefante. No lo negarás, ¿verdad?».

3. «Pero ¿cuál es el disparate», preguntó el superior, «al que no debería dar credibilidad, si soy un entendido en matemáticas?».

4. «Por ejemplo», respondió Cirenio, «¿crees en tu corazón en el milagroso efecto de abono del estiércol del Templo que has elogiado —según mi información— todos los años? ¿Crees en la acción curativa de la luna nueva? ¿Crees que Jehová sigue vivo en el Arca de la Alianza recientemente construida tal como Él ha vivido en la vieja Arca mosaica que habéis desechado? ¿Crees que la llama de naftalina sobre vuestra arca es idéntica a la columna sagrada de fuego o humo sobre el Arca de la Alianza con la que Moisés ha iluminado el éxodo de Egipto? ¿Crees que es más beneficioso para el hombre hacer ofrendas al Templo que amar a sus padres y obedecerles en todo lo bueno, según los mandamientos de Dios?

5. Dime abiertamente si crees efectivamente en esto y en miles otras reglas parecidas de vuestra doctrina que carecen de todo sentido común. Porque si crees realmente en ellas, —lo que me parece imposible—, eres más tonto que un burro y no te mereces ser un educador del pueblo; y si no lo crees y nunca lo podrás creer, siendo un hombre de grandes conocimientos y ciencias, sin embargo enseñas al pobre pueblo estas tonterías, usando toda clase de métodos destructivos, entonces eres un estafador del pueblo y te mereces estar en la cárcel tan sólo por consideraciones políticas estatales.

6. Aquí ya tienes tu Escila y Caribdis. Te concederé una condecoración imperial, si eres capaz de proponerme el término medio».

7. Tras estas palabras, el superior se quedó cortado, rascándose detrás de la oreja, y no supo qué decir.

8. «Excelentísimo gobernador», intervino Erme, el cantor y mensajero de Cesarea de Filipo, «ahora sí que le has pillado. Se lo merece. Si no le conociera tan bien, tendría lástima de él, porque me compadezco de todo pecador si está en un apuro. Pero si le mandaran a este sinvergüenza a la hoguera, incluso me alegraría. Ahora no es el momento de hablar de todo lo que se ha dicho de este señor superior en confianza. Pero te aseguro que no hay nada bueno en él.

9. En vuestros juzgados se condena a muchas personas a muerte en la cruz, gente que está en unas condiciones mucho mejores que este sinvergüenza sin escrúpulos. Sin embargo, yo no soy juez y no debo juzgar a nadie. Pero me alegro mucho que le hayáis echado la red».

10. «No obstante hay que estar atento», intervino Matael sonriendo, «que no rompa la red y nos ría a la cara. Hasta ahora ha hablado todavía con moderación. Pero en cuanto se le ponga entre la espada y la pared, Cirenio, ya verás como empieza a atajar los golpes. Aunque le conozca ya del Templo, pero ahora he descubierto realmente cómo y quién es. Es precisamente aquel que hace treinta años metió mano al sumo sacerdote Zacarías y le mató entre el altar y el Santísimo que está separado por una cortina. — Pero no hablemos más de esto».

11. «Vaya, hazañas suyas como esta conozco todavía muchas», añadió Erme recreándose. «Sin embargo, no son suficientemente demostrables por lo que podemos hacer poco o nada».

12. «¡Qué me dices!», exclamó Cirenio todo sorprendido, «¿este sinvergüenza de superior le ha quitado la vida al sumo sacerdote en el Templo, que era conocido por todos como un hombre sumamente piadoso y sabio? Menos mal que me he enterado de esto; de todo lo demás ya me ocuparé».

13. Acto seguido, Cirenio hizo una señal a Julio, el capitán, para que dispusiera de unos vigilantes que impidieran que ninguno de los fariseos pudiera escapar.

14. Julio dio inmediatamente la orden secreta que se cumplió al instante. Pero el superior se había percatado y preguntó a Cirenio: «¿A quién estaba destinada esta actividad?».

15. «Ni tú ni nadie de tus compañeros tenéis derecho a preguntarlo», respondió Cirenio. «Pues que a gente de mala calaña como tú y de tu especie Cirenio ya no da respuesta alguna. No eres tan sólo un estafador infame del pueblo sino incluso un asesino espiritual y físicamente. Ahora espero solamente el informe del prefecto y la llegada de Cornelio, Fausto y Kisiona de Kis; después te diré por qué he hecho colocar los vigilantes».

16. «Está bien», contestó el superior, «pues ahora ha llegado el momento en que te voy a decir por qué he venido aquí».

17. Acto seguido, el superior sacó un rollo de pergamino de su manto, se lo enseñó a Cirenio y preguntó: «¿Conoces este sello y la firma?».

18. Cirenio, muy sorprendido, respondió: «Es el sello del emperador y su firma. — ¿Qué pasa con eso?».

19. «En cuanto haga falta, conocerás el contenido», aclaró el superior. «Por eso te aconsejo desistir de cualquier investigación sobre mí, si no este pergamino te causara más que un quebranto de cabeza. Aún te respeto como un hombre honesto; pero escucha bien, no vayas demasiado lejos si no podría usar este pergamino —al que tienes que respetar tú como cualquier otro— de una manera no agradable para ti.

20. Francamente dicho, no habría sacado esta terrible arma si no me hubieses obligado a ello. Pero tú empezaste a pisotearme como a un gusano, y ahora es el momento para demostrarte que te falta mucho para ser el único señor de este territorio. Pienso que ahora sería mejor retirar tus vigilantes, porque si no me vería obligado a colocar al lado de los tuyos también a los míos, a pesar de ser sábado.

21. ¿Verdad, este lenguaje distinto te molesta un poco? Pero no hay remedio, porque anteriormente el tuyo también me molestó. En resumen, ahora te conozco y tú me conoces a mí. Haz lo que te parezca sensato y adecuado, yo haré lo mismo. — ¿Me has comprendido bien?».

22. Pronunciadas estas palabras, el superior le volvió a Cirenio la espalda como un soberano, se fue con los suyos a la orilla del mar y se comportó como uno al que el emperador le había concedido un poder especial para usarlo en caso de necesidad. Cirenio, no obstante, se encontró en un gran apuro y no supo cómo reaccionar.

23. «¿Ves, querido amigo», comentó Matael, «cómo un tipo como éste está provisto física y moralmente con todo lo que le hace falta para su seguridad? Por eso es sumamente difícil e improductivo actuar como un juez, porque estos hombres han sabido procurarse —el Señor sabe por qué medios— los máximos privilegios contra los cuales es casi imposible luchar».

24. «Pero dime, querido amigo Matael que sabes todo, ¿cómo habrá obtenido este bribón un documento de seguridad de la mano del emperador, sin que me haya enterado? Ahora no queda otro remedio que poner a mal tiempo buena cara. Tengo naturalmente mucha curiosidad por saber qué va a decir a esto el Señor».

25. «Él tampoco va a querer pronunciarse sobre esto más detalladamente», respondió Matael, «porque Él ya sabía de antemano por qué te ha enviado a esta delegación y parece que no ha hecho mucho caso a toda esta problemática».

26. «A pesar de esto», opinó Cirenio, «hemos de pedirle su consejo».

27. «Ciertamente, esto es preciso ahora», afirmó Matael.

Capítulo 147. El documento falsificado

1. Llegado a la orilla del mar, el superior dijo a sus compañeros: «Habéis hecho muy bien vuestra tarea, porque vuestra intervención aparentemente en contra de mí llegó en el momento justo en que os di la señal con mi silencio. Ahora están atrapados y no saben como seguir. ¡Ojalá no llegasen los tres anunciados que nos pueden causar todavía algún engorro! Incluso es posible que traigan consigo al famoso nazareno. ¡Bueno, bueno, si esto es así, entonces estamos pillados y nada nos puede salvar!

2. Por eso soy de la opinión que intentemos largarnos cuanto antes por el mar, en línea recta hacia Jerusalén; porque cuando lleguen los avisados, ya será tarde. Cirenio ha retirado a sus vigilantes y no tenemos obstáculo alguno. Vayamos pues andando a lo largo de la orilla donde nos encontremos quizás con algún barco de un pescador griego que nos lleve a un lugar seguro».

3. «Pero los vigilantes de la ciudad», advirtió el interlocutor de antes, «¿podremos escaparnos de ellos? Nos harán una emboscada y si nos atrapan, ¡hemos acabado!».

4. «Esto es ciertamente un gran fastidio», respondió el superior. «¿Qué pasa si exigimos descaradamente de Cirenio que nos procure una escolta? Dado que disponemos del documento imperial no nos lo puede negar. ¡Ve tú y habla con él!».

5. El interlocutor lo hizo. Pero como Cirenio ya me había pedido mi consejo, le dije todo lo que los fariseos habían decidido en la orilla del mar, de modo que él supo a qué atenerse y como decidir.

6. Al plantear el interlocutor a Cirenio su requerimiento, de una manera de lo más descarada y exigente posible, este le dijo: «Amigo, antes me asustó un poco el mencionado documento, porque todavía no supe que estaba falsificado. Pero dado que he recibido ahora otra información sobre él, ya no me inquieta y por lo tanto no voy a acceder a la petición de tu superior.

7. Por cierto, ve y dile al superior que me entregue el documento inmediatamente si no le será quitado a la fuerza. Pero si se le ocurriera destruirlo, puede estar seguro del castigo en la cruz. — ¡Ve y díselo!».

8. El interlocutor hizo una profunda reverencia y se alejó temblando. Al acercarse al superior, dijo tiritando de miedo: «¡Estamos —— perdidos! El maldito documento falso —— ha sido —— el colmo —— de nuestros tejemanejes. Si no es hoy, entonces mañana —— ¡a la cruz! Si no le entregas al prefecto inmediatamente sin vacilar el maldito papel, serás colgado hoy mismo de la cruz. — Satanás te debe haber denunciado. ¡Cirenio lo sabe todo!».

9. Al oír su superior este mensaje, no le gustó ni un pelo y no le quedó otro remedio que entregar el documento al interlocutor. «Toma y llévaselo», dijo, «estamos perdidos, porque con esto se nos va el último agarradero».

10. Al entregarle a Cirenio el papel dijo el interlocutor: «Excelentísimo gobernador, aquí está el documento. Admitimos que nosotros somos unos burdos criminales y ahora sólo nos queda apelar a tu clemencia».

11. Cirenio tomó el papel y después de haberlo leído dijo: «Mira ¡que astuto! Dime ahora solamente cómo el superior se ha hecho con esta Carta Blanca».

12. «Estimado señor», respondió el fariseo, «sé muchas cosas, pero esto lo ignoro totalmente. Ya llevaba este papel cuando vino de Jerusalén. Pero quién se lo ha dado, lo desconozco».

13. «¿Sabes seguro que trajo este documento ya de Jerusalén?», preguntó Cirenio.

14. «Él nos lo mostró y nos involucró con ello», respondió el interlocutor. «Es todo lo que sé y nadie de nosotros sabe nada más».

15. «¿Cómo se ha ido comportando en general como hombre?», siguió preguntado Cirenio.

16. «No sé nada malo de él», respondió el fariseo. «Siempre fue llevando a cabo su cargo de una manera rigurosa y conforme al espíritu judío. Es sabido que recaudaba sus rentas frecuentemente de un modo poco humano; pero desconozco si ha tratado alguna vez a alguien de un modo demasiado duro. Quizás tenga más que algún asunto sobre su conciencia de los tiempos atrás, lo que nunca nos reveló. Pero desde que está en este cargo no sabemos nada más que lo que pasó ayer cuando exigió con demasiada insistencia las ofrendas a la hora de los acontecimientos extraños. Aunque fue también el pueblo el que dio motivos para ello».

17. «¿Ha abusado el superior ya otras veces con este documento?», siguió preguntando Cirenio.

18. «Hasta hoy nunca nos dimos cuenta», respondió el interlocutor.

19. «¿Es todo lo que me has declarado la pura verdad?».

20. «Excelentísimo señor, quiero morir si hay en ello tan sólo una palabra falsa, según yo sepa».

21. «Está bien», dijo Cirenio, «ve y dile al superior que venga aquí; quiero hablar con él para ver qué se puede hacer en este asunto a vuestro favor».

22. El interlocutor, ahora con algo más de ánimo, transmitió el deseo al superior, y este dijo después de un momento de reflexión: «Pues bien, ¿qué remedio nos queda que hacer al mal tiempo buena cara? En todo caso es mejor perder sólo un poco que perder todo».

Capítulo 148. La confesión del superior

1. Acto seguido, el superior se acercó a Cirenio y dijo: «Tienes delante de ti a uno que ha perdido todo su poder. Uno que creyó durante un tiempo que como hombre de esta Tierra podía hacer uso de todos los derechos de los que hacen uso los demás para sus fines. Pero, aun siendo un genio de las matemáticas, se equivocó en sus cuentas, con lo que llegó a la conclusión de que los dignatarios no aguantan a otros dignatarios a su lado. Por eso, en adelante, quiero ser el más ínfimo entre los ínfimos; quizás agrade así más a las eminencias».

2. «Haces bien, actuando así», le dijo Cirenio. «Pero dime, ¿por qué te mostraste antes de otra manera de lo que eres en verdad? Te tendí la mano como a un amigo, pero tú la rechazaste. ¿Qué querías conseguir con esto?».

3. «Piensa qué significa una posición distinguida», respondió el superior. «Esta siempre va acompañada por cierta soberbia más o menos disimulada que se llama “honor y poder del cargo”. La consecuencia es que se cae fácilmente en errores, se comienza a pecar. Una vez que uno se ha hundido en el pecado, se vuelve ciego y sordo y los pecados se incrementan hasta que se llega al punto en que consta: “¡Hasta aquí y ni un paso más!”. He llegado a este punto y habré tocado fondo. Tengo ahora setenta y ocho años y ya no tengo nada más que esperar. A partir de ahora, si quieres perdonarme la vida para lo que me queda, quiero ocuparme únicamente de lo puramente divino».

4. «Ve allí», respondió Cirenio, «al lado de la casa de Marco encontrarás una mesa con pan y vino. Tómalo y reconfórtate. Después resolveremos el asunto antes de que lleguen los anunciados».

5. El superior se alegró mucho de estas palabras, dio las gracias y se acercó rápidamente a la mencionada mesa. El anciano tuvo efectivamente hambre y sed y este ofrecimiento le vino de maravilla.

6. Mientras el anciano fue comiendo y recuperando fuerzas, Yo fui a hablar con Cirenio: «Esto está bien, has llevado el asunto muy apropiadamente. También el testimonio sobre el nazareno fue muy acertado. No obstante, todavía es pronto para darme a conocer del todo a estas personas. Si llevamos el asunto como lo hemos hecho hasta ahora, podría ser que las ganásemos totalmente para nosotros. Pero precipitarse podría estropear la cosa.

7. Pondré ahora a Rafael a tu disposición; él hará lo que tú le digas. No obstante, ¡sé prudente a la hora de un milagro! No hagas nada para la reconstrucción de la ciudad que está ardiendo todavía en algunos puntos, aunque el ángel sería capaz de reconstruirla en un instante. Yo quiero que este lugar permanezca en esta situación humillante todavía durante un tiempo y que sean Marco y sus hijos quienes ayuden a los ciudadanos. Todo lo demás Rafael lo puede realizar para ti, pero siempre con mucha prudencia».

8. «Señor», dijo Cirenio, «¿qué harás tú entretanto?».

9. «Yo estaré en tu cercanía», le dije, «y me comportaré como un forastero como hasta ahora. Pero en cuanto veas llegar un barco desde el Sur, ve a la orilla y dales a los recién llegados la bienvenida en mi nombre. Adviérteles también que no me descubran ante estas personas antes de tiempo, para no estropear la situación con los fariseos. A Erme, el mensajero y cantor, mándale reunirse con mis discípulos quienes le instruirán sobre todo lo necesario. Yo hablaré con Ouran sobre el gobierno futuro de su estado, así como también con Matael y su esposa. — Ahora ya sabes a qué atenerte y qué es lo que debes hacer».

10. «Sí, mi Señor y Dios», respondió Cirenio. «Pero ¿cómo conoceré que estos judíos enraizados, que son unos cincuenta, están preparados para Ti?».

11. «Te enterarás en el momento adecuado», le dije, «después del almuerzo que tomaremos una hora más tarde. No te preocupes y haz todo lo demás bien, siguiendo mi eterno Orden divino».

12. Cirenio se quedó satisfecho con esta misión y se alegró mucho de mi aprobación referente al trato que le había dado a los fariseos. Al mismo tiempo, Yo llamé a Rafael y le puse a disposición de Cirenio.

13. Rafael fue rápidamente y dijo: «Aquí estoy para servir con la fuerza y el poder que Él me concede y en el nombre del Señor, a Dios, a ti y a todos los hombres que son de buena voluntad. Pero ¡sé prudente en lo que ordenas, pues que yo realizaré todo!».

14. «¡Amigo de los Cielos!», exclamó Cirenio. «Si yo actuase según mi entendimiento, no saldría otra cosa que una tontería tras otra. El hecho de que haya solucionado el problema con los fariseos con éxito, se lo debo agradecer sólo al Señor, porque Él me colocó las palabras y el sentido correcto en el corazón. Yo no tengo mérito alguno. Así espero y creo que de esta manera llegaremos bien a la meta. Amigo, con estos auspicios podemos intentar juntos llevar a cabo la obra empezada con los fariseos conforme a la Voluntad del Señor. ¿Qué dices tú, amigo mío de los Cielos?».

15. «Oh, sí y hay más», respondió Rafael. «Actuando en este sentido, el cometer un pecado en la misión que nos ha sido encomendada, es impensable. ¡Vamos pues a continuar con esta obra con la fuerza divina en nosotros!».

16. Entretanto, el superior, que se llamaba Estahar, había recuperado fuerzas y, al volver a reunirse con Cirenio, le dio las gracias de todo corazón por el bien que le había hecho.

Capítulo 149. Estahar, el superior, habla de sus creencias

1. Cirenio, rechazando el agradecimiento, dijo: «Amigo, sólo al Señor del Cielo y de la Tierra corresponde todo agradecimiento y alabanza. Pero ahora tú, siendo un gran iniciado en el judaísmo y un escribano perfecto, me explicarás el sentido que das al concepto de “ángel”. ¿Qué son en realidad los ángeles de Dios y cómo sirven a Dios y a los hombres?».

2. «Excelentísimo gobernador», respondió Estahar, «esto es una pregunta muy delicada, teniendo en cuenta que aún no está demostrado que los ángeles existan en realidad. Es cierto que la Escritura los menciona en diferentes pasajes, pero nunca dice ni una palabra de quiénes son los ángeles en sí mismos y de qué manera sirven a Dios y a los hombres.

3. Según el Talmud51 habría que entender de ellos las fuerzas que emanan del Ser divino en forma de haces de llamas que se desplazan desde el Centro eterno inescrutable de Dios en todas las direcciones con la velocidad inimaginable de los pensamientos, parecido a los rayos de luz que irradian del Sol. Esta explicación me parece a mí la más aceptable. Pero que si es una definición correcta y más adaptada a la Verdad, es otra cuestión a la que difícilmente un hombre mortal pueda dar una respuesta verídica.

4. Según la Escritura se dice también que se ha visto a los ángeles más a menudo como unos jóvenes de una enorme belleza que sirven en la Tierra a los seres humanos. Ahora bien, esto exige a los grandes pensadores tener una fe importante. Ni yo ni nadie de mis compañeros hemos visto algo parecido. Puede ser verdad, pero también puede ser una antigua expresión lírica mediante la cual se ha personificado a las fuerzas espirituales para una mejor comprensión, dándoles la forma perfecta, juvenil y vigorosa de un hermoso joven. Un ángel femenino nunca fue mencionado en las poesías, quizás porque los poetas nunca se habrían podido imaginar que en una virgen, por perfecta y atractiva que fuera, podría haber una gran fuerza como en un vigoroso joven.

5. Ves, estimado gobernador, cómo las opiniones difieren desde el punto de vista puramente racional. Parece que en todas ellas hay algo de real, pero lo que es realmente la Verdad nosotros los hombres no lo podemos estimar. Por consiguiente es mejor dejar al pueblo la creencia que le permiten sus sentidos, porque en el fondo no le podemos ofrecer nada mejor. Y esto es todo lo que te puedo contestar a tu buena pregunta, puesto que a ti no te puedo venir con lo que se cuenta al pueblo sobre este tema».

6. «O sea, ¿no crees del todo en la posibilidad de una presencia física y personal de un ángel?», preguntó Cirenio.

7. «No solamente no del todo», respondió Estahar, «sino nada en absoluto. Porque nunca tuve el honor o la suerte de ver algo parecido aunque fuera sólo en sueños y mucho menos en la realidad. Tampoco mis compañeros con los que ya he conversado sobre este tema, pudieron decirme otra cosa de lo que yo mismo he venido experimentando.

8. Con esto no quiero negar totalmente tal posibilidad, —aunque tan sólo para mí—, pero una cosa es segura: sin que sea a través de un medio natural, tal espíritu de ángel nunca podría manifestarse ante nuestros sentidos en una forma real — parecido a un rayo de luz que tampoco puede manifestarse como tal, a no ser que caiga sobre un medio material en el que produce una reacción.

9. Cierto es que el rayo de la luz solar pasa fácilmente por el aire antes de que pueda tocar el suelo de la Tierra para producir una reacción. En el aire, siendo un medio muy sutil, nunca puede convertirse en hierba; pero en el suelo se puede convertir en todo para lo que la materia ofrece alguna disposición.

10. Por eso digo que en la gran naturaleza de todas las cosas se descubre siempre un cierto orden impuesto; pues, en ninguna parte se puede ver algo que se esté desarrollando sin que existiera ya un motivo idóneo para ello. Además, aun con la observación más minuciosa de la naturaleza, por ninguna parte se ve salto alguno… Por la misma razón estoy en contra de toda clase de “milagros” con que también contra la aparición física y personal de un espíritu sea cual sea su denominación — si fuera un ángel, un diablo, un Dios o su polo opuesto…

11. Sí, un espíritu sublime se puede manifestar, pero nunca de otra manera que en el cuerpo físico de carne y hueso. Todo lo demás es fantasía de un hombre ilustrado o es pura mentira.

12. Es una pena que precisamente nosotros, quienes hemos reconocido hace tiempo la Verdad, tenemos que ser unas personas con aspecto y ademanes místicos que divulgan y conservan la mentira y la superstición más burda. Debemos poner caras muy piadosas ante unas tonterías que nos revientan de rabia. No obstante, aquí están Moisés y los profetas, —todos hombres afanosos de poder— que primero tuvieron que engatusar al pueblo con toda clase de cuentos abstractos para que este luego los coronase para siempre como soberanos suyos, dándoles así el derecho de tiranizarlo con todo lo que se pueda llamar “malicia”.

13. Pero una vez que un pueblo ha sido sometido y cegado mediante los falsos milagros, intenta ofrecerle de pronto la Luz, la verdadera Luz, y verás que no tardará en asaltarte y descuartizarte como un león en el desierto.

14. Por eso resulta siempre mejor dejarle a un pueblo ya muy ofuscado su vieja fe estúpida, reanimándola incluso por medio de nuevos milagros falsos, que esforzarse en instruirlo, considerando que tal pueblo idiotizado por lo general ya no se puede educar.

15. Para mí hubo un tiempo en que no admitía de ninguna manera que alguien que se esforzaba seguir idiotizando a la gente, ya de por sí muy ofuscada, por medio de algún milagro, y le quitaba su idea maléfica con toda la fuerza de mi rabia, incluso con ganas de matarle. Pero con el tiempo y tras muchos intentos fracasados me fui convenciendo que el pueblo, una vez idiotizado, ya no se puede ilustrar. Al mismo tiempo reconocí que había tratado injustamente a estas personas que intentaban reafirmar la antigua superstición del pueblo por medio de milagros artificiales.

16. Creo haberte mostrado claramente mi opinión. Espero que puedas comprender sin irritarte que yo estaba obligado de mostrarme frente al pueblo no como pensaba en realidad sino de otra forma muy distinta. Pero el hecho de que mis pensamientos muy personales fueron diferentes, te demuestra cómo es mi verdadera convicción interior que no te habría podido mostrar nunca si no estuviese presente en mí. Por eso ya no me impresionan para nada los magos; sólo que no se arremetan, por envidia, contra personas despiertas como yo, sino que nos echen una mano y así saldremos todos contentos.

17. Es preciso que la gente, imposible de aleccionar, nunca se dé cuenta que nosotros en realidad no somos nadie importante, sino hay que mantenerla en su opinión y fe ciega por medio de milagros artificiales que hagan creer que guardamos muchos secretos inescrutables que solamente puede entender hasta el fondo un sacerdote iluminado por el Espíritu de Dios o un profeta llamado por Dios específicamente.

18. Es suficiente con que haya sólo unos pocos que sepan que todas las doctrinas referente a un Ser divino no son otra cosa —dicho entre nosotros— que antiguas, vanas fábulas que han surgido de la fantasía humana y nada más».

Capítulo 150. Conversaciones entre Rafael y Estahar

1. «No tengo la misma opinión que tú», contestó Cirenio. «Yo creo firmemente que existe un Dios que ha creado, a partir de su propia Plenipotencia, toda clase de mundos de espíritus más el mundo de los sentidos — sólo en un espacio de tiempo naturalmente algo más largo que el que indica Moisés por haberlo seguramente mal o nada entendido. Sin embargo, aquí hay algunos hombres que entienden a Moisés mejor que tú.

2. También creo en una Vida eterna de todos los hombres que cumplen de buena voluntad el mandamiento de Dios; creo completamente en la personalidad en formas perfectas de todos los espíritus y así también de los ángeles de Dios. Además creo firmemente en la manifestación real de Dios a través de la boca de los profetas e incluso creo en la personalidad de Dios manifestada en cuerpo humano.

3. Finalmente creo en todo esto no por haberlo oído decir sino por mi convicción íntima y más viva, por lo que me extraña mucho que tú no creas en nada de todo esto.

4. ¿Qué dirías si te dijese en serio: “Mira, este amable joven es precisamente un ángel de Dios en el que tú nunca has creído, pues, te lo puede demostrar por hechos en cualquier momento”? — ¿Qué tienes que alegar?».

5. «Excelentísimo señor», respondió Estahar, «no puedo decir otra cosa sino que me estás tomando el pelo ante todo el mundo. Este hermoso joven es seguramente un hijo tuyo en el que pones todas tus esperanzas. Le has ido educando desde su más temprana infancia en todas las artes y ciencias posibles, y ahora sólo falta que el muchacho haya adquirido ciertas facultades de las que nosotros ni podemos soñar.

6. Si yo fuese tan ingenuo para creerme todo, me podrías contar un cuento chino. Pero esto no es tan fácil, porque sé lo que sé, y en secreto te pasará a ti lo mismo, sólo quieres ponerme una vez más a prueba».

7. «Bueno pues, si crees que te estoy contando un cuento chino», replicó Cirenio, «te animo a que hagas una prueba con él en el nombre de Dios. Ya se verá si te he dicho la verdad o no».

8. «Está bien», respondió Estahar, «si me lo permites voy a levantar inmediatamente el triple velo de Moisés que, referente a tu ángel, tienes ante tus ojos, para que veas claramente qué pasa con él. ¡Ven acá, mi bello joven ángel!».

9. Acto seguido Rafael se acercó y dijo a Estahar: «¿Qué quieres que haga, incrédulo?».

10. «Mira, aquí en el mar», dijo Estahar, «hay un sinnúmero de peces. ¿Podrías sacarme uno de los mejores y traérmelo ya frito y bien preparado en una bandeja?».

11. Apenas Estahar había pronunciado estas palabras, Rafael le presentó el pescado pedido en una gran bandeja y le invitó a comérselo.

12. Al ver Estahar este hecho, se quedó tremendamente cortado y no supo qué decir a este fenómeno inconcebible.

13. Rafael, no obstante, invitó también a Cirenio a degustar el pescado que estaba deliciosamente preparado. Cirenio lo partió en trozos y se comió un buen pedazo, elogiando su excelente sabor. A continuación, Estahar también se comió un trozo y afirmó el elogio de Cirenio. Luego, otros de los asistentes probaron también unas porciones del pescado y todos se quedaron encantados del buen sabor.

14. Una vez que se hubo consumido de este modo todo el pescado, Estahar se dirigió humildemente a Rafael y dijo: «¿Eres realmente un ángel del Señor o un joven mago excelente de Europa o África o de la lejana Asia? Lo que hiciste fue efectivamente maravilloso e increíble. Pero también hay magias y grandes magos entre los hombres que pueden engañar fácilmente a los profanos. Por eso dime sinceramente si eres efectivamente un ángel del Señor o en realidad un mago».

15. «¡De qué te serviría si te dijera que sí o que no», respondió Rafael. «Al incrédulo le hacen falta pruebas contundentes. Ponme a prueba y mira si lo que hago lo puede hacer cualquier mago».

16. «Sí, sí, estaría bien ponerte a prueba», dijo Estahar, «pero no sé con qué, porque la primera realización que te pedí un poco en broma ya se mostró como algo extraordinario. Juzgando por tu aspecto enormemente bello, me inclino realmente más a creer que eres un ángel de Dios que un mago. Pero a pesar de esto, parece que tienes realmente un cuerpo físico; déjame tocarte para ver si tienes también huesos».

17. El ángel dejó que Estahar le tocara, y este comprobó que el cuerpo de Rafael era del todo correcto y compacto. Se quedó estupefacto y dijo: «Hm, hm, aquí encuentro un cuerpo vigoroso y pletórico, nada fútil como un espíritu. Efectivamente, no hay nada que objetar al hecho. Pero no comprendo: este hermoso cuerpo, bien formado y con todo vigor, estos bonitos brazos musculosos… no hay nada espiritual en ellos. Francamente dicho, uno podría enamorarse locamente de él, sin contar que uno ya es viejo y que él pertenece al género masculino. Ves, por eso no veo nada que se pueda calificar como algo espiritual, puro y celestial. A no ser que tú, parecido al joven Tobías, estés apoyado en secreto e invisiblemente para nosotros los mortales por un ángel, es decir, que fuiste desde tu nacimiento un muchacho muy pío, como Samuel. Pero si esto no fuera el caso, del mismo modo podrías estar en comunicación con Belcebú. Sin embargo, no lo puedo afirmar porque tienes un aspecto demasiado bello y celestial y porque, francamente, nunca he creído realmente en ese Belcebú. Ya tenía dificultades para creer en un Dios, tanto más en su adversario.

18. Por eso, a pesar de mi severidad aparente, no soy un fanático sino un realista razonable y no considero ningún fenómeno como algo espiritual en tanto que se pueda explicar como algo natural.

19. La obra que realizaste no admite ciertamente ninguna explicación natural. Pero tampoco he pretendido nunca entender todas las cosas que aparecen en el gran ámbito de la naturaleza. Por eso tu arte milagrosa puede tener todavía algún motivo natural que tú y algunos más conozcan muy bien. Pero sé que a mí no me lo vas a revelar, lo que tampoco importa; porque en la naturaleza suceden muchas cosas que en sí son milagrosas pero cuyo motivo lo desconocemos. ¿Por qué vamos a calificarlo inmediatamente como un verdadero milagro?».

Capítulo 151. Estahar cuenta de sus experiencias con los magos de la India

1. «Mira, maravilloso muchacho que eres tan hábil en artes mágicas», prosiguió Estahar. «Hace aproximadamente tres años que llegaron algunos orientales a la ciudad; dijeron que venían de la lejana India donde hay, como dicen, unas montañas tan altas que sus cumbres casi tocan la Luna cuando se ve por encima de ellas. Bueno, puede ser; pero los extranjeros exageraron todo para causar mucha expectación, así también la altura de sus montañas.

2. Bueno, dejemos esto que no tiene mucha importancia. Estos indios que tenían un aspecto bastante raro, me pidieron permiso para demostrar al pueblo sus milagros contra un pago moderado.

3. Yo les dije a través de un intérprete: “No os puedo dar el permiso antes de haberme cerciorado personalmente en qué consisten vuestros milagros y si es aconsejable demostrárselos al pueblo ignorante, aunque yo mismo sea un gran amigo de todos los fenómenos extraordinarios”.

4. Los magos estaban muy satisfechos con mi propuesta, tanto más cuando les aseguré unos buenos honorarios por su representación exclusiva ante mí y algunos de mis colegas más razonables.

5. Se fueron pues al albergue donde se habían alojado en la ciudad y volvieron al cabo de una hora con los más diversos objetos mágicos que nunca había visto. Había varillas, piedras, metales extraños, vasijas grandes y pequeñas cuyas formas desconocía por completo.

6. Pregunté a su superior para qué necesitaba todo esto y me respondió que en el fondo para nada; pero que él tenía necesidad de tener a su lado algunos objetos familiares de su patria para poder realizar el milagro pedido de forma segura. Me preguntó después qué quería ver o saber de él.

7. “Bueno”, le dije, “si estoy libre para pedir lo que quiera, no vas a llegar lejos con tus magias”. Le pregunté si me podía decir qué estaba pensando. (Pensé en Roma y en el nombre del emperador.) Entonces puso sus manos sobre el pecho y me dijo mis pensamientos. Te puedes imaginar que me quedé estupefacto igual que con tu milagro.

8. A continuación puse delante de él un cántaro con agua y le mandé convertir el agua en vino. Entonces movió sus manos por encima del recipiente, haciendo giros y trazos, y dijo: “Señor, prueba el vino para ver si te gusta”. Yo probé el agua y, efectivamente, era un vino perfecto. Naturalmente, ¡cuán grande fue mi asombro!

9. A continuación tomó una jarra de barro totalmente vacía y vertió en ella el resto del vino, presumiblemente para refresco durante el largo viaje de regreso. Pero cuando examiné después la vasija, no estaba ni siquiera húmeda, menos aun contenía algo. Sin embargo, olía mucho a vino y el mago explicó que prefería llevar el vino en estado seco, convertido en sustancia espiritual, para no derramarlo.

10. Le pregunté si era capaz de convertir el olor otra vez en vino líquido bebible, y él nos devolvió la pregunta si queríamos beber otra vez. Cuando nosotros lo afirmamos, tomó la jarra innegablemente vacía y más pequeña que mi cántaro de agua, y vertió tanta cantidad de vino en él que hasta rebosó.

11. Bueno pues, querido joven amigo, te puedes imaginar que se nos pusieron los pelos de punta. Esto sobrepasaba toda nuestra capacidad de entendimiento. No supe qué decir. Entonces bebimos y disfrutamos del buen vino y — ¡otro milagro nuevo! — no podíamos notar que el nivel del vino en la jarra hubiera bajado.

12. Cuando ya estábamos bastante alegres por el vino y nos asombrábamos cada vez más, dijo el mago: “Pero, señores míos, tomar vino sin pan no puede ser bueno. Aquí hay algunas piedras; ¿qué pasa si las convierto en pan?” “¡Hazlo!”, le dije. Entonces pasó sus manos por encima de las piedras y dijo: “¡Coge el cuchillo y parte el pan!” Lo hice y, ¡sorpresa!, era un verdadero pan, bueno y sabroso.

13. Entonces le dije: “Pero, amigo, si eres capaz de lograr tales milagros, me gustaría saber ¿para qué necesitas todavía recibir un pago por ese arte extraordinario?”. “Solamente por la singularidad de estos fenómenos”, dijo el mago, “y para tener unos recursos para vivir en los lugares donde no está permitido realizar milagros”.

14. Esta respuesta me satisfizo, por lo que entregué al mago dos libras de plata que aceptó con agradecimiento. Sin embargo, a causa de la singularidad excepcional no le pude dar el permiso de presentar su arte públicamente ante el pueblo ignorante, porque le habría rendido una veneración poco más o menos divina, especialmente los griegos y romanos.

15. Me dijo que era capaz de realizar todavía gran cantidad de otros milagros que superarían en rareza los ya efectuados. Pero yo no tenía deseo de pedir y ver más cosas. Lo que ya había visto me había calentado la cabeza bastante y me alegré cuando estos indios se dispusieron a abandonar la ciudad, porque habrían causado una gran confusión en el pueblo.

16. La última cuestión que había dirigido al mago fue, si me quería explicar por lo menos uno de estos fenómenos contra pago. Este no me lo negó rotundamente, pero pidió tanto dinero que me hizo temblar y con más gusto aun le dejé marcharse.

17. Ves, mi afable muchacho, el mago de la lejana India ciertamente no era un ángel de Jehová, pero realizó unas obras muy prodigiosas. ¿Por qué entonces vas a ser tú un ángel, por celestialmente bello que sea tu cuerpo, sólo por ser capaz de realizar unos fenómenos francamente extraordinarios para mi limitado entendimiento humano?

18. Por lo tanto debes darme más pruebas puramente espirituales que demuestren tu calidad de ángel divino; de lo contrario no puedo considerarte como un ángel de Dios, aunque me presentes unos milagros cien veces mayores que el del pescado consumido. Creo que no hay nada que objetar contra esta mi petición totalmente sensata».

Capítulo 152. Estahar explica el asesinato del sumo sacerdote Zacarías

1. «Ahora se trata solamente de la cuestión de si has dicho la verdad o no», respondió Rafael. «Te puedo decir con toda certeza que acabas de decir unas mentiras abominables con tu fantasía desenfrenada sólo para examinar mi espiritualidad, y que en todo lo que has relatado con mucha astucia no hay ni una palabra verídica.

2. Dices que el mago fingido te había adivinado tu pensamiento; y yo acabo de “adivinar” que nos has mentido en la cara. Ahora tu mentira sobre los magos se ha convertido para ti en verdad a través de mí.

3. Según tu mentira, el mago fingido convirtió el agua en vino. Yo también te lo puedo demostrar. Mira, allí hay un cántaro vacío que vamos a llenar de agua. (Se llenó el cántaro de agua.) Mira el agua. No he tocado el recipiente y, sin embargo, el agua se ha convertido en un vino estupendo. — ¡Pruébalo, a ver si te gusta!».

4. Estahar probó el agua y constató que se había convertido efectivamente en el mejor vino.

5. Prosiguió el ángel: «El mago hizo desaparecer a continuación el vino en otro recipiente, y mira, yo no toco esta jarra y, sin embargo, no queda ni una gota de vino en ella. (La jarra estuvo vacía y seca.) Tu mago fingido hizo después del mero olor otra vez vino. Pero mira, esta jarra no huele a vino y yo quiero que se llene de nuevo del mejor vino. — ¿Ves?, ¡la jarra está llena!

6. Ahora falta el pan, porque no te gusta beber el vino puro. Tu mago necesitó varias piedras para convertirlas en pan. Yo no necesito nada más que mi voluntad, — y mira, aquí tienes varias piezas de pan. — Pruébalo para ver si no tiene mejor sabor que el que te has inventado.

7. A continuación regalaste a tu mago dos fingidas libras de plata. Pero yo te creo aquí del aire doscientas libras de plata auténtica como un buen pago por tu mentira. — ¡Dime si estás contento con esto!».

8. Estahar se quedó estupefacto y dijo al cabo de un rato: «No, es imposible que esto se realice de manera natural. Obviamente actúa aquí una fuerza sobrenatural desconocida movida por una Voluntad divina todopoderosa. Y tú, muchacho, eres realmente un ángel encarnado o eres uno de los grandes profetas de Dios como Samuel o Elías.

9. Sí, ahora creo que eres un mensajero de Dios que ha venido de los Cielos a nosotros pobres pecadores para reconducirnos al camino correcto del que nos hemos apartado tanto.

10. Es cierto, maravilloso mensajero del Señor, que la historia que te conté de los magos de la India fue más o menos inventada por mí, no obstante conforme a un ejemplo que alguien me contó un día. Te la conté para examinarte más a fondo; sin embargo, me convencí de que en verdad conoces el corazón y el pensamiento del hombre y que a través de tu voluntad se hace posible lo más improbable.

11. Del mismo modo creo ahora también firmemente que a pesar de tu bellísimo cuerpo eres un mensajero excelso de Dios. Siento una gran alegría en el corazón por haber vivido por una vez lo que está escrito en el libro y lo que en tiempos ancestrales han vivido de vez en cuando los santos padres».

12. «Pero no has vivido por primera vez», dijo el ángel, «lo que los antiguos padres vivieron antaño. Hace treinta años ya viviste algo parecido en el Templo por lo que el sumo sacerdote de entonces cayó principalmente por tu mano entre el altar y el Santísimo. ¿Por qué no creíste entonces en el milagro evidente y por qué te comportaste tan cruelmente incluso con el sumo sacerdote?».

13. «Querido mensajero todopoderoso del Señor», respondió Estahar, «¡no me recuerdes el tiempo en que vine al del mundo seguramente sólo por una maldición, ni la acción de la que me arrepentí después miles de veces! Pero en aquel tiempo, según mi ánimo y mi conocimiento, casi no pude actuar de otra manera.

14. Estaba, de manera secreta, completamente versado en la filosofía de los griegos y sabía por qué llegué a ser hombre. Prefería a Platón y Sócrates, como también a Aristóteles, muchísimo más que a todos nuestros profetas oscuramente místicos a los que hasta el momento no entiendo ni entenderé nunca, porque en el fondo no se les puede entender; especialmente el Cantar de los Cantares que parece provenir más bien de un loco que de un sabio. Por eso estaba muy rabioso contra todo lo que se oponía a la razón pura de Euclides, de modo que gracias a sus obras me he convertido realmente en un maestro de las matemáticas.

15. ¡Amigo mío, celestial y todopoderoso! Si alguien me dice que 2 más 2 son 4, y que el día tiene luz y la noche oscuridad, ha dicho la completa verdad, y yo le acogeré como un íntimo amigo. Pero si llega alguien y me quiere convencer de que 2 más 2 son 5 y que el día es oscuro y la noche luminosa, entonces le doy a ese burro tal paliza que le mato, porque ese asesino del espíritu es para mí mucho peor que un ladrón y un asesino común.

16. Eso fue lo que pasó en el Templo. También se empezó a afirmar lo más absurdo e incluso se pusieron castigos para aquél que osara oponerse contra una frase salomónica por oscura y necia que fuere.

17. El referido sumo sacerdote era un gran adicto a Salomón y daba mucha importancia a su sabiduría mística. Incluso empezó a presagiar una gran Luz que estaba a punto de llegar al mundo y que iluminaría la noche más oscura con tal intensidad que brillarían más que el Sol del mediodía. Sin embargo, el día del mundo se convertiría en una noche oscura, de modo que se morirían hombres y animales. Dijo que la Luz que iluminará la noche ya se encontraba en el mundo y estaba alumbrando ya la oscuridad de la noche de manera que hasta los que nacieron ciegos verían como los de visión normal en pleno día.

18. Lo que Zacarías dijo hasta aquí es solamente un principio que naturalmente es mentira de pe a pa, porque no he visto hasta el momento durante treinta años ninguna luz durante la noche excepto la luna llena, y la iluminación prolongada de la tarde de ayer que podría haberse evitado para evitar tanta desdicha. A nadie le estaba permitido preguntarle cómo habría que entender esto, aun así exigía una fe total.

19. En el nombre de Jehová lo habría soportado, porque añadir a un cúmulo de insensateces algunas más no importa tanto, porque uno puede pensar todavía por si mismo. Pero después empezó a decir que los 7 se hacen 1, los 666 se hacen ahora 111, y los 777 se hacen 1/2 y 1/3 y 1/4. El que sepa hacer cuentas, que ahora calcule así — porque ahora lo antiguo será juzgado y condenado.

20. Cosas tan absurdas me preocuparon a mí y a varios alumnos de Euclides de tal manera que nos invadió el miedo y la rabia; conspiramos contra esta idiotez insultante, poniéndole fin con unas piedras bien lanzadas.

21. Sin embargo, no pudimos conseguir muchas cosas con ello, porque los sucesores del muerto fueron después cien veces peores. Nos hicieron la vida en el Templo imposible. Ante esta situación tomé una decisión: me fingí un santurrón…Y, en consecuencia, pronto me mandaron aquí como superior y me concedieron todos los derechos del sumo sacerdote. Aproveché aquí la situación y me impuse exteriormente con rigor; pero interiormente me sentí bien y alegre. Aquí tienes pues el motivo por el cual Zacarías fue asesinado. — ¿Qué dices a esto?».

Capítulo 153. Rafael da explicaciones sobre las profecías acerca del Mesías

1. «¡Pero es más que evidente que todo esto tenía un sentido espiritual y no material!», advirtió Rafael. «Se refería al Mesías cuya venida al mundo fue anunciada en aquel tiempo y presagiada ya por todos los profetas, incluso por Adán, Enoc y también Cainán con todo entusiasmo.

2. Ahora ha llegado el tiempo en el que todas las profecías se están cumpliendo. Zacarías fue el último profeta que anunció de forma espiritual la llegada del Prometido, y vosotros le matasteis por eso e hicisteis una nueva alianza con el infierno que inició primero Caín en la lucha contra el devoto Abel, como predecesor de la humanidad ciega, necia y malvada.

3. Pero a la humanidad ciega y necia no se le puede tener demasiado en cuenta si comete en su ceguera pecados y crueldades de toda clase, ni tú tampoco serás juzgado a causa de Zacarías, más aún porque te has arrepentido seriamente de este crimen ya muchas veces lo que se ha valorado mucho en tu favor. No obstante, la cuestión ahora es qué harías si de pronto te vieras ante el Mesías que lleva conviviendo con los judíos desde hace treinta años, enseñando, y qué harían tus cincuenta compañeros. ¿Le rendirías los honores merecidos y le reconocerías y aceptarías en el corazón por lo que Él es?».

4. «Oh, mi amigo todopoderoso, esta es de nuevo una pregunta por la que uno se podría arrancar los pelos», respondió Estahar. «¿Quién es el Mesías místicamente prometido? ¿Dónde está? ¿Qué quiere y qué enseña? Por Jehová, antes de saber esto no se puede dar respuesta alguna».

5. «Él es Aquél del que David cantó en el salmo: “Abrid los portales ampliamente y alzad las puertas del mundo, ¡que va a entrar el Rey de la Gloria! ¿Quién es el Rey de la Gloria? Es el Señor, fuerte y poderoso — poderoso en la batalla. Es el Señor Sebaot, el Rey de la Gloria”.52 Ves, este es el testimonio que da del Mesías que se encuentra ahora físicamente como tres veces Santo en este mundo, como nosotros.

6. Una vez que David contestó esto claramente sobre Él, sabes también quién es el Mesías. Y ahora te ruego que me contestes también claramente mi pregunta».

7. «Si es así», dijo Estahar, «lo que no voy a poner en duda desde mi ámbito totalmente subjetivo, ¿qué hacemos ahora con Moisés dónde se dice categóricamente: “A Jehová ningún hombre le puede ver si quiere seguir vivo”? Al mismo tiempo tenemos en Moisés una clara prohibición por parte de Jehová al gran vidente, según la cual nadie debe hacerse una imagen de Dios. Sin embargo, tú dices que el Mesías según las palabras de David se encuentra aquí como un hombre en cuerpo físico. ¿Qué pasa entonces con la prohibición de hacerse una imagen de Dios, transmitida por Moisés? Uno de ellos hay que desecharlo, Moisés o tu Mesías según David, porque ambos no pueden tener razón a la vez».

8. «A ninguno de ellos», contestó Rafael, «porque ambos enseñan a los hombres lo correcto, bueno y verdadero. Moisés no dijo en nombre de Jehová que Él no pudiese aparecer como un hombre entre los hombres; solamente prohibió hacerse una imagen de Dios en figura labrada, a la manera del becerro de oro. Al mismo tiempo Jehová dijo a Moisés que nadie podría verle y experimentarle como Dios o Espíritu; no obstante le mandó a Moisés: “Mira allí, pero quédate detrás de la roca”, y Moisés vio la espalda de Jehová.

9. ¿Qué significa esto? La espalda de Jehová que Moisés vio indica precisamente lo humano corpóreo de Aquél que un día venidero iba a aparecer visiblemente como un hombre perfecto entre los hombres. ¿Por qué entonces desechar a Moisés si uno acepta el testimonio de David?

10. Vosotros, sin embargo, habiendo apartado ya desde hace treinta años la antigua Arca de la Alianza, porque la columna de fuego y la nube de humo habían desaparecido de ella, colocasteis una nueva totalmente material en su lugar. Esto es también un testimonio para el tiempo actual, aunque no lo entendáis: ahora Jehová ya no flota por encima de toda materia como Espíritu excelso, como antaño por encima de las aguas de la noche, sino Él mismo abandonó esta postura en la que se mostraba como Creador y Padre a los hijos a través del vidente elegido pero sólo de manera difícil e insegura para ellos. Por eso tomó forma y se encarnó en el cuerpo de un hombre para enseñar y hablar ahora Él mismo a los hombres, sus hijos.

11. ¿No reconoces aquí una nueva Arca de la nueva Alianza, para la cual la nueva muerta del Templo es un símbolo exhortatorio? Pero a la Vida espiritual de Jehová que flotaba antaño sobre la antigua Arca, Él mismo la ha depositado hace treinta años en el hombre divino que se encuentra ahora en el mundo y enseña a los hombres a reconocerle.

12. Si los hechos son así, ¿cómo vas a afirmar aún que se debe desechar a Moisés o a David para creerlo?

13. También está escrito: “En ese tiempo los Cielos se abrirán y los ángeles bajarán a los hombres de buena voluntad y les darán la Palabra eterna que se hizo carne y que es Dios mismo”. Esto mismo es lo que está pasando ante tus ojos y oídos. ¿Qué más quieres preguntar? O ¿me consideras todavía sólo como un ser humano?».

14. Estahar, reflexionando sobre las palabras del ángel, dijo: «Hm, me siento muy raro. Todo está correcto y la Verdad luce de cada palabra que has pronunciado. Me has convencido. Pero ahora se trata de mis compañeros para convencerlos también, y luego la pregunta es si podemos encontrarnos con el gran Mesías para escucharle personalmente».

15. «Ve y díselo a tus hermanos», dijo Rafael, «para que ellos también crean y sean bienaventurados. Después volved y veréis dónde podéis ver y oír hablar al Santísimo».

16. Estahar se fue inmediatamente a reunirse con sus compañeros que estaban todavía en la ignorancia.

Capítulo 154. Estahar convence a sus compañeros

1. Muchos de los compañeros de Estahar, sin embargo, se encontraban muy repartidos por la orilla del mar. Estahar los llamó a todos a reunirse en la costa y les dijo: «Amigos, ¿habéis oído a aquél joven y visto sus obras?».

2. «Algunas cosas sí, pero no todo», respondieron. «El asunto nos pareció demasiado organizado por el prefecto romano para atraparnos en su red. Pensamos: ¡Estar lo más lejos posible del arco se está más seguro de la flecha! De todas las maneras hemos perdido todo lo que poseíamos, ahora somos mendigos. La ciudad todavía está ardiendo. ¿Qué podemos hacer? Los romanos saben lo que somos para el pueblo, y también saben que sin nuestro favor obtener su mando en Asia les resultaría muy difícil. De modo que un romano como Cirenio a cuya disposición están todos los recursos de las tres partes del mundo, lo puede todo.

3. Dame mucho oro y plata y me convertiré rápidamente en un mago, quizás no a la manera de aquel joven, — pero yo también sabré realizar milagros asombrosos».

4. «Amigo, ¡qué estúpido eres hablando así!», dijo Estahar, «sin saber distinguir entre un milagro auténtico y uno falso. He objetado todo lo que se podía objetar, pero a pesar de todos mis razonamientos he perdido de la manera más vergonzosa en el momento en que ese joven me descubrió todos mis pensamientos. Entonces reconocí mi viejo gran error y ahora llego a vosotros para transmitiros lo que he visto y oído.

5. El joven es indiscutiblemente un ángel de Dios. Testimonió que el Mesías prometido ya se encuentra en el mundo, dando la vista a los ciegos y el oído a los sordos, y nos hace entender que incluso es posible que le veamos aquí y podamos hablar con Él.

6. Yo creo ahora todo y vosotros lo creeréis también. Ciertamente, no soy uno de esos que aceptan y creen todo a primera vista. Hasta que acepte las cosas debo estar completamente convencido de ello. Pero una vez que tenga la convicción, firme como una roca, nadie me la puede quitar.

7. Dado que esta es mi situación, me lo podéis creer sin vacilar. Porque ninguno de vosotros es capaz de presentar más argumentos que yo ya he hecho contra estos hechos; todas mis objeciones fueron rebatidas. Y dado que comprendo finalmente la historia con el Mesías y me he convencido de que 1 más 1 son 2, me lo podéis creer totalmente».

8. «Todo está bien», respondieron los compañeros, «pero ahora se trata de qué es lo que debemos creer».

9. «¿Estáis acaso sordos?», preguntó Estahar. «¿No os dije que aquel joven es en verdad un ángel de Dios, que el Mesías se encuentra en el mundo y que le vamos a ver y oír en persona? Esto debéis creerlo y no otra cosa».

10. «Está bien», dijeron los compañeros. «Teniendo en cuenta que tú lo crees y estás convencido de ello incluso matemáticamente, no podemos dudar más. Sin embargo, hay que considerar siempre en caso de tales fenómenos nuevos y nunca vistos, que frecuentemente los mejores nadadores se ahogan antes que nadie, los alpinistas más audaces se despeñan y los creyentes más firmes pasan a tener muchas más dudas que aquellos que no han aceptado tan rápidamente algo inverosímil y no le dieron enseguida total creencia.

11. Como sabemos, nunca fuiste un crédulo y por eso aceptamos tu palabra como verídica. No obstante, una cierta cautela nunca hace daño. Sabemos de la Escritura cómo más de algún profeta que hacía milagros se ha vuelto un hombre sencillo y débil hacia el final de su vida. Solamente las consecuencias mostraron de qué clase era tal profeta. Por eso conviene tenerlo en cuenta también aquí».

12. «De todo esto asumo yo la responsabilidad», respondió Estahar. «Ya sé que al Templo no se lo podemos presentar, pero también sabremos protegernos contra él. Hacia el exterior nos mantendremos como éramos —sólo de forma más razonable— y le pagaremos el tributo obligado. Pero nuestro interior debe cambiar completamente y debemos proponernos ir instruyendo al pueblo poco a poco de algo mejor.

13. Si estáis todos de acuerdo conmigo y os habéis convencido de lo que creo, vayamos pues allí donde están el gobernador y el joven. Allí se nos dará más Luz sobre todas las cosas».

14. Los compañeros asintieron y todos se fueron a ver a Cirenio. Una vez llegados, Estahar dijo: «Aquí estamos y nos ponemos completamente a tus órdenes. Haremos y seremos todo lo que tú quieras y nadie nos convencerá para actuar contra ti. No obstante pido que el amoroso y todopoderoso Mensajero de Dios consolide todavía más la fe de mis hermanos en todo aquello que al principio también a mí me costó trabajo creer».

15. «¿Ves cómo nosotros los romanos no somos unos jueces tan inexorables como lo habéis ido creyendo durante mucho tiempo?», preguntó Cirenio. «Sin embargo, queremos que prevalezca la justicia rigurosa y la verdad plena. El que se ajuste a ello, es nuestro amigo y recibirá el derecho civil romano, y ninguna jurisdicción aparte de la romana podrá dictar sentencia contra él.

16. Lo primero de lo que os beneficiaré es otorgar a cada uno de vosotros un certificado de ciudadanía romana. Sois junto con vuestro superior en total cincuenta e inmediatamente se os procurará este requisito. Una vez cumplido, ya se verá qué es lo que más se puede hacer por vosotros».

17. Acto seguido, Cirenio mandó a sus sirvientes sacar de los sacos de equipaje cincuenta buenos rollos de pergamino. Una vez colocados encima de la mesa, Estahar preguntó a Cirenio: «Excelentísimo señor, se supone que antes tendremos que indicarte nuestros nombres».

18. Cirenio, señalando al ángel, dijo: «Ved, aquí está mi escribiente veloz; él ya sabe lo que ha de hacer y también conoce vuestros nombres. Él establecerá los documentos delante de vuestros ojos». Cirenio pidió por tanto a Rafael que lo llevase a cabo.

19. Rafael se acercó rápidamente a la mesa y extendió los cincuenta rollos lo mejor posible; tomó una pluma con tinta, la pasó a la velocidad de un rayo sobre los rollos y dijo a Cirenio: «Aquí, amigo, tienes los certificados pedidos en idioma romano, griego y judío. Los puedes repartir a los interesados».

20. Al distribuir Cirenio los documentos, a todos los cincuenta les invadió un gran terror. Este milagro fue para ellos demasiado inmenso y poderoso, y todos, temblando, empezaron a comprender que se encontraban en la cercanía de Dios. Le agradecieron a Cirenio esta enorme gracia, pero ninguno de ellos se atrevió a hablar o preguntar algo.

Capítulo 155. Ebran pronuncia el mensaje sobre la “Nueva Luz” desde la eternidad

1. Los treinta jóvenes fariseos que estaban presentes, entre ellos Ebran y Risá, también lo habían visto y se alegraron mucho de que Cirenio hubiera logrado convertir por la buena causa a los cincuenta obstinados.

2. Ebran se acercó a Estahar, el superior, y dijo: «Mira, nosotros somos treinta a los que el Templo ha mandado a los países para reclutar a los paganos para el Templo. ¡Un negocio muy ingrato! Los paganos adelantan a los judíos templarios —tal como están ahora— en la educación como unos doscientos años. ¿Cómo vamos a cegar ahora a los que ven y subordinarlos al agua maldita del Templo? Esto es imposible. Nuestro raciocinio y corazón nos aconsejaron y nos convertimos todos en romanos, por lo que nuestro testimonio contra el Templo dará una gran Luz a muchos hombres. No obstante, aquí hemos recibido un santo testimonio todavía mayor que irradia una Luz aún más clara que miles de Soles a la vez; es una Luz desde la eternidad que viene iluminando desde antes de la Creación del mundo a los ángeles que fueron llamas vivas de la Llama eterna de Dios que es el Amor.

3. Esta Luz primaria de toda Luz, este Amor eterno lo hemos encontrado aquí, y vosotros ya lo habéis encontrado en gran parte, pero vais a encontrar aún más.

4. Es una gran alegría para nosotros que lo hayáis hallado aquí, como nosotros. Bien es cierto que os costó vuestra buena existencia material; el fuego ha consumido todas vuestras pertinencias y, como nosotros, os quedasteis sin nada. Pero es la Voluntad de Dios de una vez para todas que nosotros los humanos, si queremos acercarnos a Dios realmente y si llevamos en el corazón el deseo y la voluntad sincera de vernos atendidos en todo por Dios mismo, debemos anteriormente volver la espalda a todo lo mundano por el gran amor y la firme confianza al Padre todopoderoso, y desprendernos de todo lo que era importante y deseable para nosotros en el mundo. Sólo entonces Dios, Padre y Señor, estará dispuesto a aceptarnos como sus hijos abandonados y marginados por el mundo, y cuidará de nosotros plenamente, momento en que estaremos mantenidos y guardados verdaderamente por toda la eternidad.

5. Una vez que nos veamos cuidados por Dios, comprenderemos realmente lo mal que nos cuidaba el mundo.

6. ¿Para qué le sirven al hombre todos los tesoros de la Tierra que no se puede llevar cuando la tiene que abandonar para siempre? ¿Se los podrá llevar acaso? Sin embargo, los tesoros de Dios que Él ha creado espiritualmente para alma y espíritu, los llevaremos al Más Allá y nos servirán allí como alimento, bebida, vivienda y vestimenta y tendremos la Vida plena y eterna, llena de claridad, luz y dicha.

7. Por eso que no os dé pena todo lo que habéis perdido hasta hoy, porque el Señor ya ha cuidado de vosotros antes de que le hayáis conocido. ¡Sacrificad todo por vuestro amor para con Él, porque Él os recompensará en espíritu de forma múltiple lo que habéis perdido en materia!».

8. «Te doy las gracias en nombre de todos mis fieles compañeros y hermanos», dijo Estahar, «por este gran consuelo; mira allí en la mesa el gran pedazo de fina plata que el ángel nos ha traído por magia. Con esto ya estaríamos indemnizados en cierta medida por todos los daños. Pero yo y todos nosotros ya no damos mucha importancia a semejante recompensa. Porque lo que éramos, no volveremos a ser nunca más, pues el sabio gobernador dispondrá de cosas completamente diferentes para nosotros, como supongo. Estaremos atendidos en todo lo necesario de manera que no tendremos que pasar hambre y nos podremos vestir con lo suficiente; todo lo demás ya no nos interesa. Del mismo modo vamos a dejar a Marco, el hostelero, este gran pedazo de plata que seguramente pesa unas doscientas libras, como pago por la comida y bebida que nos ha procurado y nos procurará todavía.

9. Queremos saber únicamente una cosa: si el Mesías prometido del que decís que está en el mundo, se encuentra aquí cerca de este lugar. Verle a Él y quizás incluso oír una Palabra suya sería la mayor ganancia imaginable para nosotros.

10. Dicho entre nosotros: tenemos una suposición acerca de alguien del que hemos oído ya muchas cosas increíbles, las que ya no nos parecen tan increíbles una vez visto las obras realizadas por el ángel.

11. Bueno pues, este hombre, al decir verdad Dios mismo en vestido humano, nos parece ser aquel Nazareno, Jesús de nombre, del que se han extendido muchos rumores maravillosos de pueblo en pueblo de modo que nos vimos frecuentemente en unas situaciones embarazosas cuando el pueblo nos exigió más aclaraciones sobre lo que decía haber visto y oído personalmente.

12. El gobernador mismo me planteó una pregunta muy capciosa para cuya respuesta me subieron los calores. Por eso supongo que aquel maravilloso Jesús de Nazaret es el Mesías del que el ángel afirmó que se encuentre en el mundo. Quizás este Mesías se encuentra entre los presentes aquí, pero no quiera ser descubierto por razones muy sabias hasta que nosotros seamos más dignos de Él, más que ha sido lamentablemente el caso hasta ahora.

13. Por eso soy de la opinión y afirmo abiertamente que si la situación es tal, nosotros daremos la espalda al Templo y su Santísimo ilusorio para siempre y nos unimos al Mesías de los judíos con cada fibra de nuestra vida. — ¿Cuál es vuestra opinión?».

14. «Ciertamente no tenemos nada que objetar», le respondieron. «Lo que haces tú como nuestro superior, lo haremos nosotros también; conocemos las características del Templo y sabemos que entre sus muros no existe salvación alguna, porque ya no hay verdad ni amor ni fidelidad en él sino solamente afán de poder, soberbia, ira, venganza, mentiras, gula y toda clase de lujuria y adulterio. Estos son los componentes del Templo. ¿Qué salvación se puede esperar de tal institución? Maldición y perdición sí, tanta como deseemos tener; pero de salvación ya no se puede hablar de manera alguna.

15. Mientras nos hablabas, hemos reflexionado profundamente sobre todo este asunto y decidimos volverle la espalda al Templo para siempre y con todo derecho del mundo, porque no hemos aceptado algo nuevo de forma crédula. Hemos examinado todo seriamente, incluso los mayores milagros no nos pudieron cambiar de opinión.

16. Una vez que nos hemos convencido plenamente de la verdad absoluta, no podremos menos de tomar la Verdad que vino de los Cielos por lo que es; y eso tanto más que la época, las circunstancias y la soberanía romana están más a nuestro favor de lo que nunca hubiéramos podido esperar.

17. Estamos muy ilusionados en ver ahora al Mesías que seguramente proviene de Nazaret. ¿No es acaso aquél entre las gentes que lleva una túnica color rosa y encima un manto griego de merino de un color celeste? Tiene los cabellos tan hermosos como nunca se ha visto en un hombre».

18. «Sí», dijo Estahar, «podéis tener razón. Yo también ya le había echado el ojo. También vi que tanto el ángel como Cirenio siempre que hablaban y actuaban se volvían hacia Él, como preguntándole si todo estaba correcto lo que decían y hacían.

19. Así mismo, todos los demás le rindieron secretamente un gran respeto que no se me escapó de la vista. Si no es un príncipe de Roma, entonces juraría que este hombre es el Mesías y no otro».

20. «Vaya, con estos hermosos cabellos rubios nunca podría pasarse por romano», dijeron los demás. «Pero ¿qué nos podría pasar si nos acercáramos a Él y le preguntáramos por una cosa u otra?».

21. «Vamos primero a dirigirnos al ángel o al prefecto», recomendó Estahar, «ahora que somos ciudadanos romanos y tenemos todo el derecho para ello».

Capítulo 156. Un fariseo habla de la responsabilidad del hombre

1. Acto seguido todos se fueron contentos a ver a Cirenio y le preguntaron qué había que hacer en este caso.

2. Cirenio respondió: «Conviene más si esperáis todavía un poco y es mejor que os acerquéis íntimamente en el corazón a Él; entonces Él vendrá hacia vosotros y os dirá personalmente quién es y qué debéis hacer. Os puedo, sin embargo, anticipar que estáis en el buen camino. Porque ya habéis podido deducir de nuestra presencia aquí que el gran hombre divino debe encontrarse aquí, puesto que no nos hubiésemos quedado aquí durante tres días por una cosa insignificante.

3. Sí, os puedo asegurar que Él está aquí; pero acercaos primero en el corazón a Él y tomad el firme propósito de abandonar totalmente vuestras viejas costumbres y pecados, entonces Él vendrá a vosotros en persona y os dará la indicación divina de lo que haréis en el futuro.

4. Es Aquel que ya habéis supuesto. Observadle y pensad: Él es Jehová mismo como hombre entre los hombres. Es Él quien ha creado Cielo y Tierra y todo lo que hay dentro y encima de ella.

5. Él es el eterno fondo primario de todo Ser y toda Vida. En el Poder inescrutable de su Voluntad está comprendida toda la infinitud. Todo el poder de los ángeles es sólo un leve hálito de su boca; toda la Luz emana de Él.

6. En resumen, pensad que Él es precisamente Aquel que entregó a Moisés en el monte Sinaí los mandamientos para el pueblo de Israel. Pero este pueblo le ha olvidado y volvió a caer en todos sus vicios. Por eso vino Él ahora personalmente para reconducir a su pueblo y liberarlo de todos los males del alma.

7. Lleva esta bella túnica rosada para demostrar cuánto ama todavía a su pueblo. Con el amplio manto celeste indica que vino también para nosotros, los paganos, para convertirnos también en sus hijos. El manto envuelve a todo el mundo al que pertenecen también los paganos.

8. Reflexionad pues sobre todo lo que os acabo de aclarar; en breve se os manifestará en vuestro interior que he dicho la verdad».

9. Estahar y sus compañeros dieron las gracias a Cirenio por todas las aclaraciones inesperadas y se retiraron respetuosamente.

10. Al llegar reposadamente a la orilla del mar, Estahar dijo a sus compañeros: «¡Qué raro! A causa de las explicaciones de Cirenio sobre el Mesías me siento ahora extraño y al mismo tiempo a gusto. Me invade una sensación de bienestar, como si no nos faltase nunca más nada en el querido mundo. Pero al mismo tiempo siento timidez y temor ante el Señor de la eternidad; según lo que hemos oído ya no nos podemos engañar: Él es verdaderamente lo que Cirenio nos acaba de explicar. Una conversación con Él nos causaría unas sensaciones embarazosas de modo que nuestra lengua, generalmente muy suelta, se quedaría paralizada».

11. «Sí, sí, estás en lo correcto», dijo un hombre resuelto de entre los cincuenta. «Sin embargo pienso que no tenemos la culpa de que somos seres humanos, porque no hemos venido al mundo por nuestra voluntad. Tampoco tenemos la culpa por nuestras circunstancias de vida por las cuales hemos llegado a ser lo que éramos antes. Nuestros padres, nuestra educación y todas las diversas necesidades que surgieron a partir de ahí nos han formado tal como somos.

12. Si fuésemos hijos de pobres campesinos, seguramente seríamos lo que fueron nuestros padres. No obstante, a Dios le plació convertirnos en hijos de unos padres ricos y prestigiosos. Nos hicieron educar en el Templo y a continuación consagrarnos a él completamente. Es imposible que seamos culpables por eso. En el hecho de que nos convertimos en lo que éramos, seguramente ha tenido que ver también la Voluntad del Todopoderoso.

13. El hecho de que nos permitimos más de alguna cosa que no estuvo correcta según las leyes, fue naturalmente nuestro asunto; no obstante pienso: si tus padres te hubiesen educado para ser pescador que tuviese que ganarse miserablemente el pan de cada día, se habría podido evitar muchas cosas que uno se ha permitido viviendo en la abundancia, porque un cuerpo cebado y la sangre ardiente te han incitado para ello. Por lo tanto, nuestros actos contra la ley son en parte también una consecuencia de las circunstancias en las que fuimos colocados tras nuestro nacimiento y nuestra educación.

14. Si el gran Mesías se presentase ante nosotros, yo sería capaz de hablar con Él sin temor ni timidez. Porque no puedo ser menos de lo que soy, y Él seguramente no más de lo que es de eternidad en eternidad.

15. Dime claramente: ¿De qué tiene la culpa un árbol si es zarandeado por un vendaval? O ¿es acaso culpable el mar si la tempestad levanta su lisa superficie y las violentas olas intentan tragarse unas a otras como un animal feroz? O ¿de qué son culpables las débiles cañas si las olas las tuercen por todos los lados?

16. No somos la Fuerza primaria, pero dependemos de muchas fuerzas secretas que nos influyen. ¿De qué te sirve tu buena y seria voluntad para no caer en el río, si un puente carcomido se derrumba cuando lo ibas a atravesar? ¿Qué es la vida? ¿En qué nos podemos apoyar para vivir con seguridad? ¿Quién conoce el fundamento de los pensamientos y de las voluntades? La vida se forma tanto para los animales como para los seres humanos mediante la cohabitación instintiva. Ni el animal ni el hombre tienen consciencia alguna de cómo se está formando un organismo vivo a través de la cohabitación sensual e instintiva. La parte material puramente técnica ya de por sí está concebida tan artísticamente que un gran sabio tendría que estudiar durante miles de años para descubrir y conocer todos sus componentes y sus conexiones causales por lo menos de forma somera. Pero entonces conoce solamente la maquinaria. ¿Dónde está luego el principio de la vida misma, cómo actúa en la maquinaria y cómo utiliza los innumerables elementos de la misma?

17. Ciertamente sabemos que existimos, que vivimos, pensamos y tenemos voluntad; también nos damos cuenta de las diversas emociones e instintos en nosotros. Pero ¿cómo se producen, quién los evoca y a dónde van una vez que hayan recibido lo que nos exigieron?

18. Mira, estas son unas reflexiones muy fundadas que pueden disculpar ante cualquier Dios mediante la razón pura por lo menos 4/5 de nuestra existencia, y por eso no temo a un Espíritu ni a un Dios. Nunca he cometido algo malvado, excepto cuando, como hombre, me gustó de vez en cuando una doncella bien hecha. En este caso otra vez fue mi naturaleza la que tuvo la culpa. ¿Por qué me tenía que gustar una hermosa, dulce muchacha? ¿Acaso he dispuesto yo en mi ser esta voluptuosidad predominante? No sé nada de esto. ¿Quién me dio la sensación de un amor difícil de saciar? ¿Quién es el creador de la sed y del hambre en mí? ¿Por qué tengo que comer y beber? Mira, todo esto lo hacen unas fuerzas mayores en nosotros a las que no podemos oponernos con un argumento constructivo. Ciertamente podemos abstenernos hasta un cierto grado, pero más de esto nada hay que hacer. Si es así, ¿qué razón pura o qué sabiduría será capaz de juzgarme por mi posición y mis actos? Una humana, lúcida como la mía, seguramente que no, y así mucho menos una colosal y grandiosamente divina. ¿Por qué entonces he de tener un miedo infantil ante Dios?».

19. «Pero está escrito», intervino Estahar, «que el hombre debe temer a Dios, porque Dios es todopoderoso y el hombre impotente, de modo que nunca puede oponerse al Poder de Dios».

20. «Es cierto», respondió el interlocutor, «el hombre debe temer a Dios, pero esto se dirige sólo a la componente moral del hombre, y ni mucho menos al hombre íntegro con todas sus funciones vitales. Pero incluso este temor, en realidad, es más bien un temor por amor que debe servir de guía para la vida — un guía para la libre voluntad del hombre moral, similar al temor que tienen los niños para con sus padres por amor. Pero ¿qué Dios por sabio que sea te va a dar una ley que te prohiba la respiración, la digestión, el pulso o el envejecimiento, o también el crecimiento del cabello o de las uñas, o el olfato, el gusto o el sentir gozo y dolor? No existe medida alguna mediante la cual se podría apreciar correctamente dónde empieza el criterio constructivo consentido al hombre — y dónde este, en realidad, se lo busca… con todas sus facultades de pensar, querer y actuar dentro de una moral sin limitaciones, y todo esto independiente de todas las funciones vitales indispensables…

21. ¿Quién conoce los lazos con los que la vida natural está unida con la vida puramente espiritual que de por sí está totalmente libre, y en qué medida la vida natural, a pesar de los lazos, se puede mover como independiente? Sí, es fácil de ver que cada hombre está libre en un cierto modo — puede ir a dónde quiera, puede estar de pie o sentado, puede mirar libremente en todas las direcciones. No obstante, a todo esto precede un requisito que proviene de la vida natural limitada.

22. La cuestión es por tanto dónde —entre la vida natural indispensable y el libre ser espiritual en el hombre— está fijado el punto de partida de la moral de por sí libre?. En tanto que este punto no esté claramente determinado, no se puede hablar ni de pecados ni de virtudes».

Capítulo 157. Florano explica sus filosofías sobre Dios

1. «Amigo», contestó Estahar, «sé que eres un gran sabio del mundo y es difícil argumentar contigo. Pero es imposible que se te hayan pasado por alto las obras extraordinarias del ángel. ¿Las ha realizado para nuestra vida natural o precisamente para nuestro espíritu?».

2. «Las hemos visto con nuestros ojos», respondió el interlocutor. «¿Las ha visto también la gente de Jerusalén? ¡No! ¿Podemos entonces enojarnos con ellos, siendo hombres razonables, o incluso condenarnos a diversos castigos, sólo porque no las han visto con sus ojos físicos y no pueden creer en ellas, en el caso de que se les informase?

3. Mediante nuestros sentidos hemos sido obligados a creerlo, porque sin la vista estaríamos igual que los de Jerusalén. Dime entonces, dónde empieza el concepto moral. Elimina los ojos y su capacidad de visión y determina luego el punto de partida de la moral sin limitaciones».

4. «Amigo», dijo Estahar, «ya veo que no vamos a llegar fácilmente a ninguna conclusión. Esto nos lo tiene que aclarar un espíritu más sublime. Veo que se está acercando a nosotros el ángel; con él debes hablar y estoy ansioso de saber cómo vais a aclarar el asunto».

5. «Querido amigo», prosiguió el interlocutor sobriamente. «El ángel no me importa ni por un pelo más que tú; hablaré con él como contigo y no le regalaré más que a ti por ser un espíritu bendito que goza de la perfección mientras que nosotros todavía nos tenemos que arrastrar por el suelo como gusanos en el polvo de la inercia. Sólo hay una Verdad, y esta toca a un ángel igual que al haraposo más sucio del mundo».

6. Apenas dichas estas palabras, el ángel ya estaba presente y dijo: «Florano, por lo tanto ¿no me temes nada en absoluto?».

7. «Si conoces mi nombre», dijo el interlocutor, «también conocerás las razones por las cuales no tengo temor ante Dios ni ante ti, aunque realizases miles de los milagros más grandes. Yo también puedo imaginar miles de milagros, pero no los puedo realizar. Y ¿qué pasa? Si los pudiese efectuar, los tuyos ya no me parecerían tan maravillosos. Con sólo mirar ya me quedo contento… realizarlos no me interesa. O ¿tengo que estar triste si no brillo tanto como el sol de mediodía o no puedo volar en el aire como un pájaro? Yo estoy satisfecho con lo que sé, lo que soy y lo que sé hacer, más no necesito, por lo menos para este mundo.

8. Pero lo que sé, soy y puedo hacer es un don de Dios para mi persona individual, por lo que estoy muy agradecido al Creador; más no necesito y tampoco envidio a nadie que tenga más que yo.

9. ¿Debo tener acaso temor ante ti porque eres infinitamente más poderoso que yo? ¡Nada de eso! Si fueses más ignorante que yo, bien no tendrías poder alguno o uno basto al que yo podría enfrentarme con la fuerza de mi razón tanto como contra la fuerza de la tormenta. Pero dado que no solamente eres más poderoso que yo, sino en la misma medida también más sabio, me da la confianza de que no abusarás de mí, más aun porque no he podido ni quiero hacerte daño alguno. Y si quisieses gastarme una broma, no me enfadaría contigo por eso; pero tampoco te alabaría como “un león con la sabiduría”, de cuya seriedad se dice que “no caza moscas”. Dios, no obstante, es infinitamente más sabio y poderoso que tú, por eso le temo todavía menos que a ti».

10. «Pero ¿no sabes que Dios te puede aniquilar por siempre o puede castigarte con una gran plaga eterna si no cumples su Ley? En este caso ¿tampoco se debe temer a Dios?».

11. «Sin ofender tu sabiduría», respondió Florano, «debo declarar con el corazón abierto que esta pregunta tuya no ha hecho gran honor a tu sabiduría. Dudar que Dios, siendo el Ser todopoderoso en la infinitud, pudiera aniquilarme, sería una estupidez todavía mayor que tu recordatorio bastante necio de mi nulidad subjetiva y objetiva. ¿Qué pasaría si me convirtiese de nuevo en la nada eterna tal como era antes de venir a esta existencia? La nada es nada, no necesita nada y no tiene que ocuparse nunca de nada. ¡Ven acá entonces con la aniquilación eterna de mi nulidad que de por sí no es nada, y yo te aseguro de antemano que por ello no te llevaré nunca a juicio! Pero si para Dios, el Ser supremo más sabio, fuese un placer maltratar y torturarme eternamente, su Sabiduría no tendría gran valor, porque tal deseo no lo tiene ni el tirano más malvado.

12. La historia no nos muestra ningún ejemplo en el que un tirano fuera un sabio. ¿Qué me responderíais tú y tu Dios, si yo os demostrase que sois sumamente ignorantes en vez de omnisapientes? Esto, sin embargo, no lo puede afirmar de Dios nadie que haya echado sólo una mirada en la constitución de cualquier criatura. Por lo tanto, Dios es omnisapiente y por ello infinitamente bueno.

13. Estando provisto de estas características perfectas, es imposible que haya creado en toda la infinitud un ser vivo para la tortura eterna. Otro asunto es cuando Él purifica un ser, aquí o en el Más Allá, mediante diversas experiencias amargas o dolorosas; porque el hombre es obra de Dios que ha de perfeccionarse en el ámbito moral conforme al sabio Orden divino para llegar a ser lo que fue determinado por el Creador.

14. No obstante, el Creador no permite estos momentos dolorosos para la enmienda ni los produce por propia diversión expresamente para torturar durante un tiempo a un hombre por su falta, sino sólo para volver a llevarle al reconocimiento objetivo del Orden y facilitarle con ello su propia formación mediante su propio esfuerzo. Por eso no puedo considerar en absoluto como un castigo intolerante esta medida de prevención puramente divina de la que irradian únicamente el Amor y la mayor Benevolencia.

15. No puedes insultar a Dios más que si me le presentas como un eterno tirano. Creo que me has entendido.

16. Yo sólo puedo amar a Dios sobre todas las cosas y adorarle como el Ser santísimo, omnisapiente; pero temerle, ¡nunca!».

17. Tras estas palabras, el ángel le dio a Florano unas palmadas sobre el hombro y dijo sonriendo: «Lo has hecho muy bien y no creas que quiero discutir contigo. Tú tienes razón como yo también la tengo. Quise ofrecerte mediante mis preguntas superficiales sólo la oportunidad de declarar tus pareceres ante tus hermanos de una manera que nunca antes tuviste una ocasión. Te digo que ya has adquirido suficiente madurez para poder encontrarte con el Señor. Por eso, ¡sígueme! Yo mismo te presentaré ante Él».

18. «Entonces ¿es totalmente cierto que aquí se ha cumplido la antigua profecía?».

19. «¡Sí!», dijo el ángel, «la Verdad total de la que soy obviamente un testigo fidedigno de los Cielos; por eso ven de momento tú solo conmigo».

Capítulo 158. Acerca de la humildad y de la soberbia

1. Preguntó Florano: «¿Por qué no Estahar, nuestro superior, y mis otros hermanos también? ¿No tienen el mismo mérito como hombres que yo? ¡Ve tú solo! Si mis hermanos no se merecen ser presentados ante el Señor de la eternidad, yo mucho menos, porque sé que son mejores que yo.

2. Tú, ángel, recuerda siempre —si también tú tienes la facultad de memorizar algo— que odio cualquier preferencia hacia mi persona. Sí, me alegro de la primacía de mis hermanos, pero yo quiero ser siempre el menor entre ellos. Yo amo a los hombres en verdad, y a los que uno ama en verdad, se les concede con agrado cualquier preferencia y ventaja. ¡Pregunta a mis hermanos si he pensado o actuado alguna vez de otra manera! Y ahora ¿tengo que permitir que se me dé preferencia por primera vez en mi vida ante los ojos de mis hermanos? ¡No, no y no! Ni miles de legiones de espíritus poderosos como tú ni diez Jehovás todopoderosos nunca cambiarán mi opinión mientras tenga los pensamientos y la voluntad libres.

3. Mira, amigo mío poderoso, esto también obedece a un orden del que no me apartará seducción alguna, ni siquiera si viene por parte de mil Cielos abiertos, ni temor alguno ante todos los infiernos.

4. ¡Ve tú solo con el Señor! Yo no te seguiré por mi propia voluntad. Además me extraña mucho que tú, siendo un espíritu omnisapiente, no hayas captado previamente mis convicciones férreas cuando me diste la preferencia. Yo mantengo firmemente mis palabras. Bien es cierto que puedes llevar mi cuerpo, considerando que tienes todo el poder y la fuerza para ello. Pero la orientación de mi corazón nunca te la podrás llevar, a no ser que me la quites y me des otra. Pero en este caso no has transformado para nada mi individualidad actual sino la has aniquilado solamente y has introducido otra en esta maquinaria quebradiza».

5. «Pero querido amigo y hermano», dijo el ángel con cara benévola, «¿quién te dice que te doy preferencia, llevándote el primero al Señor según su Voluntad, por ser el más maduro? ¿Has visto acaso alguna vez que en un árbol, por noble que sea, todos los frutos maduren al mismo tiempo? ¿A quién se le ocurriría darle un valor preferente a una pera sólo porque ha madurado la primera? Ciertamente, se la consume antes que las otras que maduran más tarde, pero por eso, con nosotros en nuestros Cielos, no se la considera más valiosa. Por lo tanto Moisés tendría que ser también más valioso que el Señor mismo sólo porque fue llamado mil años antes que Él. ¡Por el contrario! ¿Quién tiene preferencia en el camino? ¿Aquél que lo ha construido o el general que lo ha pisado con su ejército para llevarlo a su destino?

6. Mira, amigo mío, en este punto no has acertado mucho con tu razón pura. Conozco muy bien la mentalidad bastante terca de tu corazón, por lo que la puse a prueba. Acabo de encontrar en el fondo de tu corazón —por lo demás muy noble— una pequeña soberbia disimulada que califica la verdadera humildad de tu propio yo como superioridad ante el yo de los demás… para que, a pesar de todo, en cierto sentido figure como único y extraordinario, insuperable por nadie de su ámbito… Con lo que al final la cuestión es quién es el más soberbio de los dos: aquél que quiere ser entre los hombres el último y más insignificante, o el primero y más importante.

7. ¿No conoces la historia griega del rey Alejandro de Macedonia y de un cierto hombre de malísimo aspecto, llamado Diógenes? Mira, éste vivió durante muchos años en una cuba que había colocado en la playa y preparado para servirle de vivienda.

8. Un día el gran héroe y rey visitó a este ermitaño que seguramente fue único en su especie. Alejandro se puso de pie delante de la cuba y dijo a este estoico, porque le agradaba: “¿Qué deseas que te haga?” Diógenes le respondió suplicando: “Que te quites del lado de donde me llegan los rayos del Sol y me calientan”.

9. Esta ecuanimidad estoica gustó al gran héroe, sin embargo dijo: “Si no fuese Alejandro, preferiría ser Diógenes”.

10. ¿Qué quiso decir Alejandro con esto? El sentido es el siguiente: “Todo el mundo me venera, pero ¡cuántas luchas me ha costado! Ese goza de un prestigio casi insuperable y llegará a ser inmortal, pero toda esta gloria imperecedera le ha costado sólo una vieja cuba”.

11. ¿Piensas quizás que entre la soberbia de Alejandro y la de Diógenes hay gran diferencia? ¡Por el contrario! Diógenes fue en su manera más soberbio que Alejandro.

12. Está bien querer ser el último por un amor y una humildad verdaderos; pero esto no excluye la obediencia hacia el Señor supremo del Cielo y de la Tierra. Por eso, si reflexionas bien, haz lo que quiere el Señor y todo será correcto. El Señor sabe mejor que nadie por qué Él quiere una determinada cosa».

13. «Sí, ahora te voy a seguir», dijo Florano finalmente, «porque me has convencido con mucha amabilidad de que estuve en un gran error». — Por tanto, Florano siguió solo al ángel, quien le llevó hacia Mí.

Capítulo 159. Florano se presenta ante el Señor

1. Cuando ambos estuvieron delante de Mí, el ángel se inclinó hasta el suelo y dijo: «Señor, aquí tienes a una manzana madura. Su carne es como la de todos los hombres, pero su espíritu es robusto y pleno de fuerza incorrupta. ¡Para Ti toda la alabanza y gloria de eternidad en eternidad!».

2. «Bien, mi Rafael», le dije, «tales frutos me agradan y los estimo mucho. Bien es cierto que proviene de la doctrina de Moisés y Aarón, pero también se ha instruido en la escuela de Platón, Sócrates, Pitágoras y Aristóteles. Por consiguiente, no es una caña que tuerce el viento sino un cedro estable del Libanon, capaz de resistir todos los vendavales. Este árbol está arraigado bien, ninguna tormenta le puede doblar. Por eso me lo guardaré hasta la construcción de la Nueva Jerusalén, cuando deba servir de tejado y fachada en mi casa.

3. Dime, Florano, ¿te alegras de verme?».

4. «¡Señor de toda Vida! ¿Quién no va a alegrarse de verte? Pero yo soy un pecador y tu Santidad me dice: ¡Aléjate de Mí! Y esto es lo que no me produce alegría. Me gustaría estar delante de Ti sin pecado, ser digno de Ti. Pero esto es imposible, porque he pecado y soy por eso un pecador que siente vergüenza ante tu Santidad. Mis sentimientos de arrepentimiento son los que me impiden tener el corazón alegre. Por otro lado, soy un hombre íntegro y tengo raciocinio que me muestra un motivo para excusar mis pecados ante Ti; pues, al mismo tiempo me hace comprender que soy un ser humano compuesto de muchos elementos que llegará a su perfección sólo cuando hayan fermentado sus pecados, similar a un vino joven que tiene que fermentar y purificarse para llegar a ser un vino puro y excelente.

5. Tú eres el Señor, y el ser humano es el fruto de tu lucha eterna, es decir, no consiste en otra cosa que en luchas con victoria y derrota para emerger de ambos, al modo del fénix de las cenizas del fuego purificador, hacia una nueva Vida que en sí misma está íntegra y siempre tendrá que ser una eterna lucha.

6. Por lo tanto, Señor, no me perdones mi pecado, porque fue necesario para incitar en mí la lucha hacia el renacimiento. Pero perdóname la vergüenza de mis frecuentes derrotas y yo podré alegrarme de Ti, oh Señor».

7. «Aquí veis a un hombre», dije Yo a los discípulos, «en cuya alma no hay falsedad alguna. Le llevo amando ya desde hace tiempo».

8. «Señor», intervino Simón Judas, «parece ser un segundo Matael».

9. «¿Crees que se puede ser un sabio sólo a la manera de Matael?», le pregunté. «Mira, Florano es precisamente lo contrario de Matael, sin embargo, también es un sabio. Matael es un instruido en las cosas de la naturaleza y en los lenguajes de los antiguos. Florano, sin embargo, conoce todas las religiones, los conocimientos y la sabiduría de los antiguos. Por eso es más difícil dialogar con él que con Matael. Pero ya que le hemos ganado para nosotros, será en su día una herramienta muy útil contra toda creencia errónea entre los hombres y luchará contra ella con mucha habilidad y buen éxito, sin necesidad de realizar milagros. Esto es mejor para los hijos del mundo, para que el juicio que los tiene presos en la materia no atrape sus almas con aún más rigor. Para los hijos celestiales, sin embargo, las obras milagrosas son una Gracia — lo que no es el caso para los hijos del mundo.

10. Dado que habéis percibido en vuestro corazón quién soy Yo, vuestra alma quedará libre cuando me veáis realizar las Obras de Dios en la Tierra; lo que no es el caso con los hijos del mundo, porque los milagros los coaccionan y paralizan hasta el punto de que ya no pueden pensar libremente.

11. Pero cuando Florano los vaya instruyendo con la inteligencia del mundo, les proporcionará una cierta Luz que les iluminará paso a paso el templo de su corazón de modo que, una vez hayan entrado en él, habrán sido ganados para la eternidad. No obstante, ninguno de vosotros ha alcanzado aún la inteligencia como la tiene Florano».

12. Estas palabras no las escuchó Florano, porque Yo había hablado sólo al corazón de los discípulos. Por eso me preguntó qué debía hacer.

13. «Ve con tus hermanos», le dije, «y diles que en breve me reuniré con ellos».

14. Florano no contestó nada; sólo hizo una reverencia y se fue aprisa con sus hermanos.

Capítulo 160. Florano habla con Estahar y los suyos sobre el Señor

1. Rápidamente estuvo de nuevo con sus compañeros, y Estahar le preguntó: «¿Cómo está la cosa? ¿Estamos en el buen camino?».

2. «¡Perfectamente!», dijo Florano. «¡Ya no hay duda alguna! Él es ciertamente un hombre como nosotros, pero en su Ser hay algo que no se puede describir con palabras sino solamente sentir. Cuando Él habla, parece que cada palabra vale para toda la eternidad. Se percibe claramente en cada palabra suya que con un “¡Hágase!” es capaz de crear un mundo lleno de prodigios.

3. Él ya no puede ocultar su Divinidad plena. Aun si yo no hubiese llegado a Él sin todos estos preparativos, le habría dicho sin dudar: “Tú no eres un hombre común, en tu pecho debe habitar la plenitud del Espíritu divino primario”.

4. No obstante, los preparativos fueron pensados muy sabiamente para que pudiéramos reconocer fácilmente con Quién estabamos tratando. Él me ha prometido reunirse con nosotros dentro de poco tiempo. En cuanto esté aquí, os podréis convencer por vosotros mismos de que tengo razón.

5. Ahora también estoy comprendiendo Quién fue el que denunció a Cirenio nuestro comportamiento en la ciudad que obviamente no fue correcto. Pero ahora todo ha cambiado. La casualidad de la aparición del sol ficticio de ayer por la tarde —de la que nuestro Mesías—Jehová seguramente habrá tenido un conocimiento previo, a no ser que haya sido del todo Obra suya— nos ha liberado de un solo golpe del antiguo yugo de la ignorancia, hecho del que nos podemos alegrar inmensamente. ¡Cuántas estupideces molestas e insultantes para la humanidad no podrá inventarse aún el Templo vano para cuya realización nefasta tendríamos que prestar nuestras manos! Pero ¡que vengan! A partir de ahora estamos en condiciones de enfrentarnos a ellos con nuestros derechos civiles romanos, y ¡ya veréis cómo se quedarán boquiabiertos!

6. Ahora tenemos de nuestra parte —y eso con gran prerrogativa— al gran Uno, al Mesías, y a un ángel de los Cielos que parece ser mucho más poderoso que aquel que condujo al joven Tobías; y, en el sentido mundano, tenemos a nuestro favor al “número dos”, al gobernador de toda Asía y una parte de Africa, tío carnal del emperador que actualmente reina en Roma. Ya puede venir todo el infierno de Jerusalén, pero nosotros lo venceremos como el león puede vencer al zorro más astuto. — ¿Qué decís a todo esto?».

7. «No podemos decir otra cosa que ahora nos va muy bien para toda la eternidad», afirmó Estahar. «Ya no temo a nadie. Luchar para Dios es bueno y fácil puesto que la fuerza divina es un muro de protección que enemigo alguno puede destruir nunca. No obstante, me gustaría oír de alguno de vosotros, por lo menos aproximadamente, qué nuevo destino nos espera en el futuro. ¿Tiene alguno cierta idea? — ¿Qué dices tú, Florano?».

8. «No pienso en eso», respondió Florano, «y bajo las actuales circunstancias considero que no vale la pena perder algún pensamiento sobre eso. Ahora estamos con Dios, y con Él estamos provistos de todo, no solamente para este tiempo sino para toda la eternidad. Hermano, podrías haberte ahorrado esta pregunta.

9. No me interesa ya nada de este mundo, porque Aquel al que hemos encontrado aquí me reemplaza todo. Lo que su Voluntad será, será también mi futuro para todos los tiempos. Sólo Él sabe lo que somos, lo que seremos y lo que hemos de hacer en lo sucesivo para llegar a ser lo que Él ha previsto para nosotros. Por eso, cualquier previsión por nuestra parte es una necedad. Solamente cuando Él nos diga: “Haz esto o lo otro”, habrá llegado el momento para nosotros de preocuparnos y ver si podemos cumplir estrictamente lo que su santa Voluntad nos ha encomendado. — Ves, hermano Estahar, esta es mi firme opinión.

10. Pero vamos a callarnos ahora, porque veo que el Señor se está preparando para venir aquí con Cirenio. Es preciso ahora que estéis bien concentrados en el corazón, de lo contrario no podréis soportar su cercanía. ¡Ya están llegando! ¡El ángel también y una muchacha que podría ser otro ángel!»

11. «No, la muchacha no puede ser un ángel», dijo Estahar, «porque nunca hubo ángeles femeninos ni los habrá. Porque esto tendría que aparecer escrito en alguna de las escrituras. Por consiguiente, esta doncella puede ser únicamente hija de un judío rico, porque de su vestimenta se ve que no es romana. El muchacho que Cirenio lleva de la mano, por el contrario, es seguramente romano o quizás el hijo menor del anciano. Observando a la doncella más detenidamente, da la impresión de que debe ser también muy sabia; lo demuestra su mirada firme y al mismo tiempo dulce».

12. «Sí, sí», dijo Florano, «debes de tener razón. Pero no estoy de acuerdo con tu opinión de que no existen ángeles femeninos. Entre los ángeles no habrá diferencias de sexo, pero seguramente habrá diferencias en su naturaleza emotiva de manera que se comportan entre ellos como aquí en la Tierra lo hace un marido amoroso con su mujer amada. Si observas bien al ángel, dime si no se parece más a una tierna doncella que a un muchacho joven. Si se vistiera con ropas femeninas, resultaría ser una muchacha “non plus ultra” como dicen los romanos. — Pero ¡basta de palabrerías para nada! Pronto estarán aquí».

Capítulo 161. La confesión de Florano ante el Señor y el testimonio sobre el Templo

1. Al llegar nosotros con paso pausado a donde se encontraban los cincuenta, estos se inclinaron profundamente. Pero Yo les mandé erigirse como los varones, lo que hicieron inmediatamente.

2. «¿Creéis que Yo soy Aquel al que todos los profetas han anunciado?», les pregunté.

3. «Señor, nadie de nosotros lo duda», respondieron todos. «Pero teniendo en cuenta de que lo eres efectivamente, ¿cómo nos preguntas todavía, puesto que conoces nuestros pensamientos más íntimos antes de que hayamos empezado a pensarlos?».

4. «Que esto para nadie de vosotros sea una piedra del escándalo», les dije Yo, «puesto que no se trata de lo que ciertamente sé desde la eternidad, sino de vuestra declaración personal; porque mientras no exterioricéis vuestro interior para que de esta manera vuestros sentidos exteriores puedan volverse conscientes de lo que se oculta en su interior, menos aún podréis percibirme a Mí.

5. Bien es cierto que me podéis ver con vuestros ojos y oír con vuestros oídos; pero vuestro corazón no me puede percibir ni comprender en el espíritu y en toda la Verdad. Por eso os dirijo preguntas, y las respuestas que saquéis surtirán un efecto bien distinto para toda vuestra vida que las que daríais a un semejante vuestro.

6. Por consiguiente, os pregunto una vez más si creéis sin dudar que Yo soy Aquel del que Moisés y los demás profetas han hablado. ¡Decid sin rodeos lo que pensáis en vuestro corazón!».

7. Tomó la palabra Florano: «Señor, Tú entiendes nuestra naturaleza mejor que nosotros. Todo ha sucedido tan repentinamente: ayer el sol ficticio de la tarde y su desaparición súbita; las consecuencias están envolviendo todavía toda la región con humo; la pérdida de nuestras pertenencias — y todavía no sabemos nada de nuestras mujeres e hijos. Entonces huimos hacia aquí, nos capturaron y nos juzgaron. Luego las obras milagrosas del ángel, y Tú mismo… ¡todo esto en dieciocho horas! De verdad, todo esto no es una bagatela con la que se puede resolver las dudas sin más ni más.

8. A mí y seguramente también a todos mis compañeros todo me parece como un sueño. Todo es cierto y correcto y nadie puede negar lo que sucedió aquí, pero en tan corto tiempo hubo tantos acontecimientos extraordinarios aquí que no se puede comprender de una sola vez. Creemos firmemente todo lo que ha pasado y va a pasar aquí, y el hecho de que Tú seas el Mesías al que han anunciado todos los profetas es tan cierto como es cierto que el anciano romano es el gobernador de toda Asia, es decir, en tanto esté conquistada por los romanos. Pero hasta que todo esto lo hayamos integrado en nuestra vida pasará aún bastante tiempo.

9. De un solo golpe no se hace caer un árbol; así nosotros tampoco podremos comprender lo sucedido de una vez en su totalidad. Pero nos esforzaremos en lo posible valorando con profundo reconocimiento todo lo que pasó por causa nuestra y lo que hemos vivido aquí. Pues no hay nada más sublime y profundo en la Tierra que pueda experimentar un mortal.

10. En resumen, creemos sin dudar que Tú eres el Mesías prometido, a pesar de tu descendencia humilde, más o menos conocida por nosotros, en cuanto a las condiciones terrenales y materiales. Tus padres terrenales eran pobres; tu padre fue, según nuestros conocimientos, un carpintero en Nazaret. La descendencia de tu madre la desconocemos. Tanto más extraordinario es que el Salvador de toda la humanidad, anunciado ya al primer hombre de la Tierra, haya podido venir a este mundo en estas condiciones de pobreza y humildad, puesto que en Espíritu deben estar a su servicio desde la eternidad todas las ventajas de una cuna ilustre.

11. Si una emperatriz te hubiese dado a luz y luego realizases tales prodigios, ¿qué pueblo en la Tierra no se te sometería en todo? Pero, siendo el hombre de máxima sublimidad, sí, incluso el único Dios mismo en figura humana, y llegar a este mundo en estas condiciones modestas, debe escandalizar a más de uno. A nosotros naturalmente ya no nos importa y estamos por eso más contentos; pero no todas las personas van a pensar así, y menos la gente soberbia de Jerusalén y aún menos los templarios. A éstos los conocemos bien: ellos conocen en el mundo sólo a una persona a la que aman y respetan —todo lo demás es basura para ellos— y esta persona es para cada templario sin excepción su propio ego. Cualquier otro ser, aunque fuese un Dios, lo desprecian; únicamente un esplendor externo les puede impresionar de vez en cuando.

12. Si llegases hoy, oh Señor, a Jerusalén y lo permitieses, matarían tu cuerpo físico ya en los tres primeros días; los templarios no conocen a nadie nada más que cada uno a sí mismo. Aunque cada uno quisiese matar al otro, no obstante, y puesto que cada cual es útil al otro para conseguir sus fines egoístas, se toleran mutuamente bajo el manto de una amistad del todo hipócrita.

13. Nadie confía en el otro más allá de lo que pueda seguirle el juego; sin embargo, cada cual finge al otro una confianza absoluta. Pero si le necesita para algún negocio, ha de depositarle sobradas fianzas para asegurar que actuará honradamente. No obstante, incluso las fianzas son inútiles. Si el encargado de una misión mercantil ve, tras haber concluido el negocio, una ventaja que supere la fianza depositada, deja que se pierda la misma y recoge tranquilamente en su lugar el beneficio mayor.

14. Ante los hombres podría contar todavía muchas cosas, pero como Tú, oh Señor, conoces todo ya de por sí, cualquier otra palabra mía sería una real estupidez. Y repito que por eso creemos firmemente en Ti, pues, tenías que venir para poner fin a todas estas atrocidades ahora para siempre».

Capítulo 162. Los caminos de la conducción divina

1. «Escúchame, mi querido Florano», le dije, «acabas de confesar ante Mí más de lo que te había pedido; pero no importa y está bien.

2. Sí, Yo voy a poner fin a las atrocidades en Jerusalén y en otros lugares, pero muchos tendrán aún que adoptar la misma convicción que tú. Todavía hay muchos que en su gran ceguera están sobremanera apegados al Templo, esperando la Salvación y todos los auxilios por su parte. Si se les quitara a estos ciegos de hoy para mañana el Templo, no lo tomarían como una gran bendición del Cielo sino por un juicio tremendo y caerían en la más terrible desesperación que tendría unas consecuencias mucho peores que su ceguera actual, por nefasta que sea. Ahora vosotros sois para el pueblo los representantes del Templo y os toma como los donantes de la salvación de la que el Templo —como lo cree— está lleno.

3. ¿Qué quiero deciros con esto? Nada más que debéis mostrarle al pueblo poco a poco, y dónde haya buena aceptación también de una sola vez, lo que es el Templo ahora, qué es lo que hacen sus servidores y cuáles son sus características.

4. Al mismo tiempo debéis anunciar al pueblo lo que habéis visto u oído aquí; de este modo todas las maquinaciones del Templo y el Templo mismo serán socavados de la manera sistemática más eficaz, hasta que finalmente se hunda por sí mismo y deje de ser lo que es actualmente. En su lugar surgirán los nuevos templos del Espíritu de Dios53 de los cuales se construirá una nueva Jerusalén en el Cielo.

5. Naturalmente, debéis iniciar esta buena tarea lo más disimuladamente posible; lo podéis hacer ahora más fácilmente puesto que sois ya ciudadanos de Roma y el Templo no os puede atacar, porque entre vosotros y el Templo vigila la espada de Roma.

6. Esta es pues una misión que Yo os confío. Cumplidla bien, y podéis estar seguros de que la recompensa no se hará esperar. — ¿Estáis conformes con ello?».

7. «Señor», respondió Estahar, «¿iremos a ocupar de nuevo nuestra antigua posición en Cesarea de Filipo o debemos ir a otro sitio?».

8. «Os quedaréis aquí, en Cesarea de Filipo», les dije Yo, «bajo el amparo y la dirección de Marco, nuestro hostelero, al que Cirenio y Yo otorgaremos el poder sobre toda esta región, que a decir verdad ya está otorgado en su mayor parte. La extensión de Cesarea de Filipo es muy grande y cuenta con muchos cientos de miles de habitantes. Una vez que estos hayan percibido la Luz, esta se seguirá extendiendo por sí misma. Sin embargo, todo dependerá de vuestra sutileza para poner por obra esta misión».

9. «Señor», intervino Estahar, «todo esto está bien y justo, pero actualmente toda la ciudad está en ruinas. No tenemos viviendas y nuestra sinagoga fue lo primero que las llamas destruyeron. ¿Dónde vamos a poder vivir?».

10. «Dejad que Yo me ocupe de esto», les dije. «Si es mi Voluntad, en un instante se erigirá ante vosotros un mundo perfecto, más aun esta pequeña ciudad. De todas formas, Cirenio pondrá en servicio, apoyado por mi Gracia, todos los medios para procuraros alojamientos. Además llegarán pronto aquí los visitantes de alto rango que estamos esperando desde esta mañana, y con ellos se podrá realizar y determinar muchas cosas».

11. Estahar hizo una profunda reverencia y dijo a media voz a Florano: «El Todopoderoso está hablando como un ser humano, lo que me gusta mucho. Pero Él podría acabar con el Templo y con la traviesa Jerusalén para siempre con un solo pensamiento. ¿Para qué esperar que se hunda por sí mismo?».

12. «Mira, hermano», dijo Florano, «esto es porque nosotros dos seguimos siendo individuos de la especie de los burros que todavía no tienen idea alguna del Orden divino.

13. Cuando en primavera ves en un árbol unos frutos aún muy verdes y duros, te gustaría tener inmediatamente algo del Poder universal. Te gustaría decir “¡Fiat!” (¡Hágase!) Y que todos los higos, manzanas, peras, ciruelas y uvas hayan madurado al instante. Sin embargo, el Creador todopoderoso ha dispuesto el asunto de otra manera, tal como nos enseña a diario la experiencia. ¿Deberíamos preguntar también y decir: “El Todopoderoso conoce las necesidades de los hombres; ¿por qué espera tanto hasta que deja madurar los frutos?”.

14. Igualmente, el hombre tiene que pasar muchos años siendo un niño ignorante para después ir creciendo y madurando hasta ser un adulto. Por el contrario, un gorrión se hace un pájaro perfecto en dos semanas después de su nacimiento y se maneja sin problema en su ámbito aéreo. Sí, la mayoría de los animales poseen desde su nacimiento todos los conocimientos para su función en su ámbito, mientras el hombre necesita casi veinte años para saberse manejar en este su mundo. Él, el señor de la naturaleza, tiene que esperar más que cualquier criatura para ser aquello a lo que está destinado. ¿No se podría decir también: “Señor, Todopoderoso, ¿por qué no te has preocupado mejor por el hombre, tu preferido, — por qué el ser humano que crece lentamente, tiene que esperar tanto hasta que se vuelve un hombre adulto?”.

15. Mira, esto pertenece una vez más al Orden divino inconcebible y dependerá así mismo de su Orden el hecho de que debemos ir socavando poco a poco el Templo; pues que una destrucción abrupta causaría a los muchos ciegos para los cuales el Templo es el todo, la máxima desesperación, lo que sería mucho peor que seguir permitiendo durante un cierto tiempo la actuación fraudulenta de sus servidores nefastos.

16. Mira, yo he comprendido bastante bien la idea del Señor y no entiendo por qué a ti se te ha escapado. Tampoco entiendo por qué has podido preguntar al Señor por el alojamiento y la manutención que necesitemos en el mundo. ¿No basta con lo que nos dijo que debemos hacer esto o lo otro? Ya se sabe desde antaño que aquel que me ha empleado para un trabajo también me procurará la manutención. Si esto ya lo hacen los hombres egoístas, ¡cuanto más lo hará el Señor de los Cielos y de la Tierra sin tener que pedírselo!

17. Con esta pregunta demasiado humana, querido hermano, has demostrado más que nunca tu falta de fe que, a decir verdad, debes remediar decididamente ahora para siempre».

Capítulo 163. Indicaciones para la misión de los trabajadores en la viña del Señor

1. «Amigo mío», dije Yo a Florano, «no es la carne la que te indica esto sino el Espíritu de arriba que habita en ti. Bien es cierto que en Estahar también habita un espíritu, sin embargo todavía duerme, de modo que habla más su carne que su espíritu. Cada cual se preocupa ante todo de lo que le es más cercano. Para aquel cuyo espíritu está despierto, lo más cercano es precisamente su espíritu y por eso se preocupará más de las cosas del espíritu. Pero para aquel que vive, piensa y desea aún según la carne, lo más cercano es por lo tanto la carne y se preocupará sobre todo de las cosas de la carne, dejando de lado las del espíritu.

2. Así son las cosas y así viven los hombres del mundo; pero tan pronto como nuestro amigo Estahar tenga un espíritu más despierto, se preocupará también más de las cosas que son del espíritu.

3. La mejor preocupación por el espíritu es que vuestro corazón se llene del amor para con Dios y el prójimo.

4. Es fácil amar a los hombres buenos y honrados y tratar con ellos, pero ir a los pecadores para llevarlos al camino correcto es una misión que exige mucha abnegación.

5. Porque, si acompañas a una prostituta o adúltera por la calle, muchas personas te señalarán con el dedo y te darán un trato que no te honrará ante el mundo. Por el contrario, si has llevado a la prostituta o la adúltera al camino correcto, Dios te dará una gran recompensa de la cual la menor chispa vale más que un mundo entero de los honores más espléndidos.

6. El que vuelve a traerme a un perdido, recibirá mayor premio que aquel que ha cuidado cien ovejas en unos pastos bien cercados. Porque trabajar para que una persona honrada se mantenga en una vida honesta y virtuosa, es muy fácil; pero devolverle a una persona despreciada por todos la honra y convertir a un pecador obstinado en un héroe virtuoso, significa mucho. Y sólo a esto doy mucho valor, sin embargo, lo primero es únicamente un trabajo para servidores perezosos.

7. Yo soy el Altísimo, —si lo queréis aceptar así— y busco y acojo solamente a los que son despreciados y perdidos ante los ojos del mundo. Los sanos no necesitan al médico.

8. Por lo tanto, si queréis ser mis verdaderos discípulos y servidores, debéis ser en todo como Yo mismo lo soy.

9. Si veis a un ciego en la calle y veis al mismo tiempo que el camino por donde anda está muy peligroso, ¿no vais a acudir para ayudarle y decir: “Amigo, el camino por donde andas está muy peligroso; deja que te conduzca para que no te caigas en un hoyo”? Y si luego se confía a vosotros, ¿acaso os avergonzaríais de conducirle?

10. Un pecador, no obstante, es muchas veces más ciego espiritualmente que un ciego físico. ¿Quién entonces se avergonzará de apoyar y conducir a una persona espiritualmente ciega?

11. Por lo tanto, que en el futuro ningún pecador sea para vosotros tan obstinado que vosotros pudierais avergonzaros y no ser un guía para él.

12. Recordad siempre esta enseñanza y llevadla a vuestro corazón; entonces descubriréis los caminos luminosos de la Vida y podréis discernir todo lo demás claramente.

13. Pero ahora están llegando por el mar los barcos que traen a los visitantes referidos quienes os darán mucha Luz sobre muchas cosas».

Capítulo 164. La llegada de los barcos

1. Marco y sus dos hijos vieron también desde su casa que estaban llegando unos barcos; siendo ellos unos buenos marineros, se fueron rápidamente a la orilla para ver si les faltaba algo a los navegantes.

2. También Cirenio y los demás romanos y griegos corrieron hacia el mar para mirar qué era lo que traían los tres barcos. Sin embargo, estos se encontraban todavía en alta mar e iban a tardar aún una hora en llegar a la orilla. Por consiguiente, los espectadores no pudieron divisar aún nada de lo que había en estos barcos bastante grandes.

3. Por eso me preguntó Cirenio, y le dije: «Vienen aquellos a los que estamos esperando desde esta mañana. La causa de su demora es que tuvieron que hacer frente a un viento desfavorable y una mar tempestiva de modo que hubo que buscar otro puerto para resguardarse del fuerte viento. Ya ha pasado una hora después de mediodía y todavía tardará una hora hasta que lleguen aquí, puesto que han de luchar con los remos contra el viento ya algo amainado. Ahora depende de nosotros el prestarles ayuda y acortarles el camino y ahorrar tiempo».

4. «Señor», dijo Cirenio, «¿no quieres mandarles a Rafael como lo hiciste ayer con Ouran?».

5. «En este caso no es necesario», le respondí. «No les amenaza el peligro como ayer a Ouran. Marco y sus hijos se arreglarán muy bien con estos tres barcos, y los tendremos aquí dentro de media hora».

6. «Pero, Señor», replicó Cirenio, «¿no quieres realizar hoy ningún milagro?».

7. «¿No has leído en el libro de Moisés», le respondí, «que dijo: “El séptimo día descansó el Espíritu creador de Dios, y así el séptimo día era el sábado.”? Si Yo ahora guardo un poco el descanso del sábado, estoy en lo justo, porque he trabajado antes durante seis días completos. Además dispongo aquí de varios ayudantes que pueden ser activos en mi nombre y con toda la fuerza necesaria».

8. «Señor», respondió Cirenio, «lo que acabas de decir tiene una vez más un significado especial cuyo sentido no entiendo por completo».

9. «Bueno pues, pregúntale a cualquiera», le dije, «y todo se te aclarará. Yo ahora voy a aprovechar la tranquilidad para el descanso, no para Mí sino para vosotros, para daros la oportunidad de actuar; así Yo también estoy activo en todos vosotros. — ¿No lo entiendes?».

10. «Si, sí, ahora lo entiendo», respondió Cirenio, «y me puedo imaginar por qué es así».

11. «No será difícil para ti», le dije, «puesto que os lo expliqué claramente esta mañana. Antes del almuerzo no voy a hacer nada por Mí mismo; pero después de la comida habrá bastante ocasión para poder hacer algo; también cuando estoy hablando, con ello también estoy haciendo algo antes del almuerzo.

12. Ahora es preciso decirle a Marco que mande a sus dos hijos hacia los barcos y que él mismo se ocupe de preparar las mesas, puesto que los visitantes que esperamos llegarán muy cansados, hambrientos y sedientos, así como también su servidumbre y los pobres marineros agotados».

13. Acto seguido hice señas a Marco, que entendió inmediatamente mi intención y mandó a sus hijos a embarcar. Él mismo se fue rápidamente a la casa para emprender todos los preparativos.

14. También en las tiendas de Ouran todos se pusieron en movimiento porque Matael y sus cuatro compañeros, su joven esposa Elena y el rey Ouran habían observado los barcos desde las tiendas que habían ocupado desde hacía una hora junto con la familia de Erme, el referido mensajero de Cesarea de Filipo. Todas estas personas se dispusieron a vestirse y a ponerle a Matael los ropajes reales, para que pudiese presentarse ante los visitantes como lo que era.

15. A esto, Ouran se acercó a Mí y me preguntó humildemente: «Señor, ¿qué traerán los barcos? ¿Quizás los importantes visitantes que esperábamos?».

16. «Amigo mío», le dije, «tu pregunta fue hecha por cumplido. En nuestra presencia no existen ni importantes ni menos importantes, sino solamente hermanos de la A hasta la Z. Si Yo dejo que me llaméis vuestro amigo y hermano, ¿por qué habrá de haber entre vosotros los hombres superiores e inferiores? Únicamente el Todopoderosos es el Señor ante vosotros, pero vosotros sois todos hermanos y servidores de un solo Señor.

17. ¿O crees tú que a los reyes los considero Yo de más rango que a sus humildes servidores, sólo porque son reyes poderosos? ¡Nada de eso! Es sólo el corazón el que manda; el rey debe saber en su corazón por qué es un rey, y el servidor por qué es un servidor. Por lo demás, ambos están ante Mí en el mismo peldaño, muy abajo.

18. Por lo tanto, mi amigo Ouran, recuérdalo siempre que ante Mí no hay visitantes ni de alto ni de bajo rango, sino únicamente hijos, hermanos y hermanas».

19. Esta seria lección le chocó un poco a Ouran; no obstante, se contentó con ella, hizo una profunda reverencia y no siguió preguntando más.

Capítulo 165. Sobre los peligros de la soberbia

1. Cuando Ouran volvió a Matael, dijo: «Hoy no hay manera de tratar con el Señor. Cuando le pregunté muy humildemente si estaban llegando los anunciados visitantes importantes, recibí una lección tan dura y seca que no olvidaré nunca. El Señor está hoy como cambiado. Ayer fue el Amor y la Benevolencia en persona, pero hoy da a cada cual que se le acerca la correspondiente lección. ¡Esto no lo entiendo en absoluto!».

2. «Pero yo sí», respondió Matael. «A mí no se me ocurriría ni en sueños preguntar al altísimo y todopoderoso Señor por los visitantes de alto rango. ¿Qué somos nosotros los humanos y quién es Él? Él no se da ninguna importancia ante nosotros, está lleno de Amor y humildad, y nosotros le estamos hablando de unos personajes importantes. Ahí, mi querido suegro, te has equivocado bastante y el Señor no pudo darte otra respuesta a tu pregunta. Si me hubieses preguntado a mí, no sé si mi respuesta no habría sido incluso algo más seca y severa. Sin embargo, el Señor, siendo tan bondadoso, reprende sin pasión a los hombres sólo para que reconozcamos nuestro error. Ve y confiésale que te arrepientes, y recibirás de Él inmediatamente otra respuesta».

3. «Realmente, otra vez tienes razón», respondió Ouran. «Si he cometido un error hay que enmendarlo enseguida».

4. Tras estas palabras, Ouran salió de su tienda y fue a verme inmediatamente, diciendo: «Señor, antes cometí un gran error con mi pretenciosa pregunta. Te pido que me perdones, pues que no lo hice voluntariamente sino, francamente dicho, por mi antigua ignorancia como Tú, oh Señor, ya habrás comprendido».

5. «Amigo mío», le dije, «al que reconoce un error suyo y lo enmienda, le es perdonado para siempre; y el que se dirige después a Mí, le es perdonado doblemente.

6. Pero al que reconoce su error, y sin embargo lo sigue manteniendo, no se le perdona, aunque se dirigiese cien veces a Mí.

7. En verdad te digo: El que viene hacia Mí y dice: “Señor, Señor”, todavía no es mi amigo sino sólo aquel que hace mi Voluntad. Y esta dice que no os debéis elevar sobre vuestros semejantes sólo por tener un cargo.

8. Bien es cierto que debéis desempeñar vuestro cargo con fidelidad y justicia; sin embargo, no debéis olvidar nunca que aquellos sobre los que mandáis son de igual clase que vosotros, y por tanto vuestros hermanos.

9. El verdadero amor al prójimo os lo enseña tras el amor sincero que tenéis como hijos míos hacia Mí.

10. Si es necesario, dejad actuar el prestigio y el honor de vuestro cargo; pero vosotros mismos debéis actuar llenos de humildad y amor, así vuestro juicio sobre los hermanos y hermanas errados resultará siempre justo y conforme a mi Orden.

11. Te comunico esto solamente para mostrarte aquí también mi Orden y mi Voluntad. Al que no abandona y elimina de sí hasta el último atisbo de soberbia, no le será manifestado mi Reino en el Espíritu y no entrará en él.

12. Ahora ve y comunícaselo a todo aquel que muestre aún tan sólo un pequeño rastro de soberbia».

13. Tras estas palabras, Ouran hizo una vez más una profunda reverencia, según su costumbre, y se unió a paso ligero con los suyos. Matael le preguntó cómo había Yo acogido su petición.

14. «El Señor fue misericordioso conmigo», dijo Ouran, «me mostró la Verdad, el Orden y la Justicia en la verdadera humildad, y yo estoy tan feliz como antes».

15. «Sí, padre y hermano en la verdadera humildad», dijo Matael. «Nuestra misión es una tarea muy sublime frente a millones de hermanos y hermanas, pero también muy difícil ante la faz de Dios todopoderoso. Hay que estar muy alerta de que uno no se deje arrastrar por la importancia del alto cargo. Porque uno se puede volver muy orgulloso y soberbio y no ser “solamente” un hombre elegido por Dios para que sirva a sus hermanos de la mejor manera… para ser así como un siervo de los siervos.

16. El que se enaltece por su cargo y posición será humillado, tal como se ha visto en un buen número de reyes de Judea. Así mismo, tal como fue, lo será hasta el fin del mundo. Es muy difícil lucir con oro y joyas y seguir siendo más humilde en el corazón que cualquier súbdito. Sólo la Gracia y la Misericordia del Señor pueden mantener a un rey en medio de su esplendor terrenal sobre el nivel del Orden de los Cielos».

17. «Tienes totalmente razón», afirmó Ouran. «Entretanto los tres barcos ya están muy cerca de la orilla; vayamos pues allí para recibir a los visitantes».

18. Acto seguido, todos se apresuraron para llegar al punto de desembarque.

Capítulo 166. La alegría de volver a verse con los visitantes esperados

1. Una vez que los recién llegados pisaron tierra y me reconocieron, me saludaron con los brazos abiertos y lágrimas de alegría en los ojos.

2. Cornelio saludó inmediatamente a su hermano Cirenio y dijo: «Bueno, si vosotros estáis aquí, ¡supongo que no me quedará otra ocupación que sentir la mayor felicidad de volver a encontrarme una vez más entre todos vosotros!».

3. Fausto, Kisiona y Filopoldo no pudieron pronunciar palabra alguna por el llanto de alegría que les sobrecogió; los servidores a su vez también se asombraron sobremanera al volver a verme.

4. Cirenio preguntó a Cornelio cuándo se había enterado de la fatalidad que había sufrido la ciudad de Cesarea de Filipo.

5. «Ningún mensajero me lo comunicó», dijo Cornelio, «sino que lo sospeché. Ayer fue un día muy espectacular en todos los sentidos: primero un eclipse solar total que nos hundió en la más profunda noche durante un buen rato; y luego, al atardecer, cuando tendría que haber anochecido, el Sol tuvo la extravagancia de quedarse todavía unas horas más sobre el horizonte, lo que causó un alboroto indescriptible entre los judíos, griegos y romanos.

6. Si el actual superior de los fariseos —que es un gran amigo de nuestro anciano Jairo— no hubiese demostrado que es un hombre sabio y probo, igual que su vecino de Nazaret, ambas ciudades habrían sido pasto de las llamas; sin embargo, estos superiores dirigieron unas alocuciones muy inteligentes al pueblo atemorizado que aceptó la instrucción y se tranquilizó en gran parte. A las personas más exaltadas las hice guardar bajo vigilancia, les expliqué todo y las dejé en libertad ya desde esta mañana.

7. Pero una vez que yo en Cafarnaúm y Fausto en Nazaret hubimos restablecido el orden y la calma, Fausto vino a toda prisa a Cafarnaúm para verme y comunicarme que había visto desde Nazaret en esta dirección el cielo teñido como de un fuego y pensó que podría haber sucedido algo grave aquí. Pero cuando llegó a Cafarnaúm, encontró todo en calma. No obstante vino a verme y me lo comunicó. Entonces subí con él y con muchos de sus servidores al monte más destacado cerca de Cafarnaúm. Desde allí se pudo divisar mejor el arrebol, pero no pudimos determinar el lugar al que había tocado la desgracia. No antes de esta mañana, cuando el Sol iluminaba estas regiones, pude reconocer que el denso humo salía del lugar de Cesarea de Filipo. Entonces decidí navegar con Fausto hacia aquí para enterarme de lo que había sido pasto de las llamas.

8. En el momento en que llegué a la costa para tomar un barco, vino también Kisiona con Filopoldo y me confirmó la noticia de que había visto desde la cumbre de una de sus montañas muy altas que Cesarea de Filipo estaba ardiendo.

9. Tras esta noticia que también confirmó Filopoldo, el vidente ocasional, tomamos rápidamente el barco del amigo Kisiona y navegamos hacia aquí a pesar del viento en contra. Durante la travesía me pude convencer que se trataba efectivamente de Cesarea de Filipo y me entró gran miedo por lo que nos esperaría aquí.

10. Pero llegados aquí y al encontrarnos con el Señor de todas las maravillas, con sus discípulos y contigo, mi querido hermano, es más de lo que podíamos esperar. ¡Todo el miedo se ha desvanecido y todo está en el mejor orden!

11. En cuanto a Ti, mi queridísimo amigo Jesús, mi santo Maestro desde la eternidad, todo tu Poder no es nada frente a mi grandísimo amor hacia Ti: ¡No podrás evitar que ahora mismo te abrace de todo corazón! Ya lo he hecho espiritualmente todos los días, pero ahora también lo hago real y físicamente».

12. Con estas palabras Cornelio me apretó casi en éxtasis contra su pecho, cubriendo mi cabeza con besos de cariño y lágrimas de sublime alegría. Una vez haberse liberado del arrebato de su noble corazón, me fue soltando suavemente y dijo, lleno de emoción: «Señor y Maestro, Dios y Creador de la infinitud espiritual y material, ordéname qué debo hacer de bien, ya que Tú conoces mi corazón».

13. «Tú también conoces mi corazón», le respondí. «Haz lo que tu corazón te dice en mi nombre y así ya has hecho bastante para ti y para Mí. Pero como por el impulso de tu corazón me has apretado a más no poder como nadie lo ha hecho jamás, un día venidero —después de mi Elevación— aún en esta Tierra te consentiré una Gracia extraordinaria: ni tú ni otro miembro de tu familia sentiréis la muerte corporal.

14. Esta demostración de tu amor ha alegrado hasta mis entrañas, porque me has dado una prueba como nadie me lo ha hecho hasta el momento, excepto los niños pequeños que conocen al Padre antes que los adultos. Pero ahora, ¡deja que Yo te abrace también a ti!».

15. Cornelio, llorando de alegría, dijo: «¡Señor y Maestro divino, no soy digno de tal Gracia infinitamente sagrada!».

16. «Pues entonces te hago digno», le dije Yo. «¡Ven hacia Mí!».

17. Acto seguido Cornelio vino a Mí y le abracé. El abrazo le hizo romper en lágrimas y sollozos de nuevo, de modo que muchos creían que le pasaba algo grave. Sin embargo se dominó y dijo: «Quedaos tranquilos. No me falta nada sino ahora tengo todo en abundancia y la alegría me hace romper en lágrimas».

18. A esto, Kisiona también se acercó a Mí y me preguntó con voz triste: «Señor, ¿piensas todavía en mí y no me guardas rencor?».

19. «Mi querido hermano, ¿cómo puedes preguntarme tal cosa?», le dije Yo. «Tú me amas sobre todas las cosas y Yo de la misma manera, — ¿qué más pudieras querer? ¿No te acuerdas de lo que te dije en confianza, que permaneceremos amigos y hermanos durante toda la eternidad? Y lo que Yo digo es valedero por mi parte para siempre; y si tú sigues siendo como eres, también será valedero para ti eternamente. Así será. — ¿Estás contento con esto?».

20. «Oh, Señor», dijo Kisiona, «¡más que contento! Soy sumamente dichoso al poder escuchar de nuevo una palabra santísima de tu boca santísima».

21. «Tendrás la oportunidad de escuchar todavía muchas», le respondí. «Pero mira ahora a los cincuenta fariseos; entre ellos reconocerás a algunos que estuvieron presentes durante las graves peripecias que sucedieron en tus localidades».

22. Kisiona, Cornelio y Fausto observaron a los cincuenta más detenidamente, y Kisiona quien tenía una buena memoria para las caras, detectó inmediatamente a ocho hombres que habían participado en el importante transporte atravesando la montaña. «¿Qué hacen estos aquí?», preguntó. «¿Acaso están aquí como prisioneros por haber participado ilegalmente de nuevo en un transporte o han cometido alguna otra fechoría?».

23. «¡Nada de esto!», le dije. «El sol ficticio de ayer tarde y a continuación el incendio de la ciudad —del cual llevaron la mayor culpa ellos mismos— nos los han traído aquí y ahora están totalmente de nuestra parte y son perfectos ciudadanos de Roma.

24. Pues mirad, llevo aquí ya unos siete días, y esto sólo por el buen sitio de pesca: aquí se consigue los mejores peces del mar natural, pero igualmente también los más nobles peces espirituales del mar espiritual. En este tiempo hemos conseguido efectivamente una cosecha muy notable.

25. Ves a estos cincuenta; es una pesca del día de hoy, y no hay ni uno podrido entre ellos. Más allá ves a otro grupo de treinta, todos rebosantes de salud: una pesca de ayer. Allí en la mesa ves a otros doce, también muy sanos: otra pesca de ayer. Allá, cerca de las tiendas, hay a su vez cinco de la clase más selecta: también de ayer. — Dime si esto no significa haber trabajado diligentemente».

26. «Sí, efectivamente», afirmó Kisiona, «si se ha ganado a todos ellos, entonces se ha dado un gran paso hacia el Reino de Dios en la Tierra que Tú anuncias. Y esto tanto más, porque parecen ser todos templarios de los cuales los más veteranos son muy difíciles de transformar. Naturalmente, una vez que hayan sido transformados, estarán firmes como la roca.

27. Pero allí veo también a Ebalo, ciudadano de Genesaret, con una de sus hijas; ¿forma él también parte de una pesca?».

28. «Ciertamente», le afirmé. «Pero él ya entró en nuestra red con toda su familia durante la gran redada en Genesaret; y la muchacha fue uno de los pececitos más nobles. Ya la conocerás más de cerca y te alegrará el corazón. En lo que se refiere a la sabiduría más pura del ánimo y la pureza del corazón, apenas habrá alguien aquí que le parezca… Este testimonio sobre la muchacha te lo doy Yo, ¿quieres aún otro mejor y más fehaciente?».

29. «Oh, Señor», respondió Kisiona, «tu testimonio vale más que ningún otro. Estoy deseando poder entrar en conversación con esa muchacha».

30. «Pero allí hay también unas tiendas reales», constató Fausto. «El anciano lleva unas vestimentas reales, igual que el joven que está hablando con una mujer joven. ¿Pertenecen estos también a los capturados para el Cielo del Amor y de la Luz?».

31. «Ciertamente», le dije, «es un rey del Ponto; su reino es grande y él ha conducido a su pueblo de una forma muy sabia, con unas leyes fáciles pero a respetar rigurosamente. Él se dio cuenta que, para hacer feliz a un gran pueblo, se debe conocer antes la Verdad y al único Dios verdadero. Por lo tanto se puso en camino hacia el Sur, porque había oído que en Jerusalén lo podría encontrar. Durante su travesía llegó a este mar interior.

32. Sin embargo, corrió un gran riesgo a causa del eclipse solar de ayer, por lo que le hice salvar por mi ángel y traerle aquí junto con su hija Elena y su pequeño grupo de servidumbre.

33. El joven rey, no obstante, fue antes un novicio de los templarios a quien, siendo un hombre de gran talento, habían mandado como misionero al mundo. En la frontera entre Judea y Samaria cayó junto con otros cuatro compañeros en manos de unos ladrones que los obligaron volverse gente de la misma mala calaña. Sumergidos en gran aflicción y desesperación, las almas de los cinco se ocultaron bajo las alas de su espíritu y sus cuerpos fueron poseídos totalmente por los maléficos espíritus infernales. Sólo una patrulla del poder de Roma consiguió capturar a los cinco diablos, como los llamaba el pueblo, y los trajo aquí anteayer noche bajo rigurosa vigilancia y encadenados firmemente. De acuerdo con las severas leyes de Roma no los esperaba en Sidón sino la ejecución definitiva.

34. Pero Yo vi a sus almas y su espíritu y limpié su carne de los maléficos espíritus infernales. Podéis hablar con ellos para daros cuenta qué espíritu los rige ahora. Particularmente Matael, ahora el esposo de la hija del rey y un corregente, es un hombre al que cualquier ciudadano ha de tener respeto.

35. En la medida que fue posible ha renacido totalmente en el espíritu y será para Mí un instrumento eficaz contra los paganos de las regiones del Norte. Cuando vayáis a hablar con él os daréis cuenta vosotros mismos de su buena índole».

36. «Señor», preguntó Cornelio, «¿quién es aquel joven, —no Josoé al que ya conocemos desde Nazaret— sino el otro que ahora mismo está conversando con la muchacha?».

37. «Es precisamente el ángel», dije Yo, «quien salvó ayer al anciano rey y su hija. Ya lleva unas tres semanas entre los mortales; le asigné a la muchacha para ser su maestro educador; no obstante, está al servicio de cada uno de los Míos».

38. «¿Quién es el hostelero y cómo se llama?», preguntó Filopoldo.

39. «Es un veterano romano», expliqué Yo, «un alma fiel que ama la verdad. Tiene dos hijos y cuatro hijas, unas muchachas muy buenas, y su mujer es tan ejemplar que no conoce otra cosa que la voluntad de su honrado marido.

40. Por eso me agradó hospedarme en la casa de esta familia, anteriormente muy menesterosa. Ya veréis cómo estas ocho personas están preparando un almuerzo para los cientos que se encuentran aquí, que os causará gran asombro. Mirad, el anciano posadero ya se está acercando aquí para anunciarnos que el almuerzo está preparado».

Capítulo 167. Las profecías acerca de la encarnación del Señor

1. Apenas haber pronunciado estas palabras, Marco se presentó para anunciar que el almuerzo estaba preparado y preguntarme si lo debía servir puesto que ya era la novena hora del día (las tres de la tarde).

2. «¡Que lo sirva!», le dije, «puesto que los visitantes ya han llegado y todo está en orden».

3. A esto, Cornelio dijo al anciano Marco: «¡He, viejo compañero de armas! ¿Ya no me conoces? ¿Ya no te acuerdas cuando estuviste conmigo en Iliria54 y Panonia55? Entonces no era todavía un guerrero sino un muchacho joven. Ya han pasado 45 años y ahora tengo casi sesenta».

4. «Oh, sí, excelentísimo soberano», dijo Marco, «lo tengo muy presente en mi memoria. Costó mucha seriedad para mantener a aquellos hombres hostiles e pendencieros en un orden aceptable. En la región del Ister56, cerca de la ciudad de Vindobona57, tampoco nos pasó mejor al principio; pero al cabo de unos años las turbulencias se calmaron y nosotros pudimos pasar una vida bastante sosegada.

5. Las costumbres de aquellos germanos fueron para nosotros los romanos algo extraños. Pero una vez que íbamos logrando introducir una formación más liberal entre ellos, todo fue bastante bien. Únicamente su vino era algo insípido y ácido, pero se podía beber, una vez que uno se había acostumbrado a él.

6. No lejos del lugar de Vindobona, río arriba del Ister, donde estuvimos de caza de jabalíes —y creo que habíamos cazado unos cuarenta— nos encontramos con un vidente y sacerdote germano, de largas barbas, que estuvo sentado en un roble observándonos durante la caza de jabalíes. Este hombre hablaba un poco de romano y nos dijo en el momento en que estuvimos debajo del roble cazando un jabalí:

7. “¡Escuchad y recordad, vosotros dos muchachos valientes! En Asia, en el país más allá de las aguas, os está esperando algo sublime. Allí veréis algo que no ha visto aún ningún mortal. Aquí solamente florece la muerte; tal como el fuerte jabalí ha acabado bajo vuestras lanzas y espadas, aquí, en el país de la muerte, acaba todo. Pero en Asia florece la vida; el que se encuentre allí, no verá la muerte nunca”.

8. Después se calló; y cuando quisimos saber más de él, no nos contestó nada y nosotros nos fuimos a continuar con la caza. — Ahora puedo confirmar que el anciano había pronunciado efectivamente una profecía que nosotros ahora estamos viendo palpablemente».

9. «Es cierto», dijo Cornelio, «casi hubiera olvidado a este viejo germano. ¡Tienes totalmente razón! Tenemos que hablar más detenidamente de esto».

10. Marco se dispuso a servir la comida en las mesas con la ayuda de la servidumbre de Cornelio y Julio. «Señor», me dijo Cornelio, «¿qué dices acerca de la profecía del germano que nos comunicó en Europa ya hace tantos años a mí y al anciano Marco que me lleva seguramente unos diez años?».

11. «Todos los pueblos dispersos en la amplitud de la Tierra tienen ya desde el primer hombre una profecía sobre Mí y mi encarnación actual entre los hombres. Los sacerdotes sabían buscarse un camino mediante dichos y el impulso en el interior de su corazón hasta llegar a una visión espiritual, por lo que profetizaron muchas veces en imágenes muy confusas que finalmente ellos mismos no entendieron.

12. Solamente en otros momentos de éxtasis y de arrebato algunos de ellos tuvieron de vez en cuando una percepción más lúcida mediante la cual pudieron explicar algo mejor sus visiones anteriores.

13. Así pasó también con los germanos. Aquel germano que estuvo sentado en su roble, se encontró en un éxtasis visionario estimulado por el olor embriagador del árbol y el miedo de vuestras lanzas, lo que provocó que pronunciara tal profecía. Cuando volvió a despertarse del éxtasis, no se acordó de nada de lo que os había dicho, por lo que no pudo daros respuesta alguna.

14. Ved, en esto consisten tales profecías. Si queréis creerlo os digo que la bruja de Endor58 se encontró en aquel tiempo también en un éxtasis visionario cuando Saúl la obligó evocar para él el espíritu de Samuel, a pesar de que ella normalmente estaba siempre en conexión con espíritus malvados de los cuales sacaba mensajes mentirosos, engañosos y maléficos.

15. Ningún ser humano es tan inerte o malvado que no fuera capaz de enunciar en un momento dado una verdadera profecía; sin embargo, ésta no puede ser una garantía para todas las demás profecías hechas sino es verdadera sólo en sí misma.

16. De este modo el oráculo de Dodona y él de Delfos dieron muchas veces unas profecías verdaderas a las que siguieron, no obstante, otras muchas falsas y mentirosas.

17. De la misma manera no puede negarse que ciertos videntes y profetas incluso hicieron milagros; por el contrario, otros se inventaron muchas fantasmagorías por la sugestión de los malos espíritus y el impulso de su razonamiento mundano. Persuadieron a pueblos enteros durante siglos y viviendo una vida tranquila y sin preocupaciones hasta que nuevos videntes más iluminados pusieron fin a sus fechorías.

18. Pero no siempre fue tan fácil; porque es muy difícil corregir a un pueblo manipulado y mucho más a sus sacerdotes embusteros, porque sus privilegios y ventajas corren riesgo.

19. Todos vosotros podéis convenceros ahora de lo difícil que es incluso para Mí que todos crean en Mí. Sin embargo, uso un lenguaje que antes de Mí no usó ningún vidente y hago cosas hasta ahora nunca vistas. El Cielo entero está abierto, descienden ángeles que me sirven y dan testimonio de Mí, y a pesar de todo, incluso la fe de los discípulos que siempre están conmigo, que ven, oyen y experimentan todo, parece a una veleta o una caña que el viento hace girar en cualquier dirección».

Capítulo 168. Acerca de la conducción divina de los hombres y pueblos

1. Y proseguí: «Yo podría transformar naturalmente en un instante a todos los hombres mediante mi poderosa Palabra; pero entonces, ¿dónde quedarían la vitalidad y libertad del espíritu que este debe cultivar él solo?

2. Con esto comprenderéis fácilmente que no es sencillo enmendar los errores introducidos en los pueblos sin perjudicar su libre albedrío y su destino espiritual.

3. Por otra parte tampoco es posible evitar que tales errores puedan arraigar, pues la verdad, la mentira, el bien y el mal han de ser presentados a la parte espiritual del hombre para que los examine, los reconozca y los elija libremente; de lo contrario el hombre nunca sería estimulado a pensar.

4. El hombre debe encontrarse continuamente en lucha, de lo contrario se adormecerá. Su vida siempre debe encontrar nuevas oportunidades para ejercitarse como tal y con ello mantenerse por sí misma, fortalecerse y perfeccionarse.

5. Si Yo no permitiese las equivocaciones entre los hombres sino sólo la Verdad con sus resultados determinados, finalmente los hombres se parecerían a derrochadores ricos y voluptuosos, preocupados tan sólo por tener llenas sus barrigas en el momento oportuno.

6. Si proveyéramos a todos los hombres de lo mejor para sus estómagos, podéis estar totalmente seguros de que pronto no habría sacerdotes, reyes, soldados, ni tampoco ciudadanos, trabajadores, artesanos, ni agricultores, pues ¿para qué trabajar si de todos modos se encuentran abastecidos para toda la vida de la mejor manera posible?

7. Por consiguiente debe haber miseria, necesidad y pobreza entre los hombres, y también dolor, sufrimiento y aflicción, para que el hombre no se muera de inercia perezosa e indolente.

8. De lo que acabáis de oír podéis deducir cómo debe ser todo entre los hombres para que continuamente sean estimulados a la actividad; y por este motivo principal de la vida es inoportuno evitar que penetren errores y equivocaciones, así como extirpar los introducidos.

9. Y las consecuencias, siempre malas que siguen a los errores y equivocaciones, son igualmente los remedios más útiles y convenientes para extirparlos y para difundir la Verdad.

10. Por la miseria y la pobreza, causadas por la mentira y engaños de toda índole, la humanidad debe comenzar a sentir profunda y vivamente la necesidad de encontrar la Verdad y de buscarla intensamente, tal como el anciano Ouran del Ponto la ha encontrado. La Verdad, hallada con diversas penas y fatigas necesarias servirá realmente a la humanidad. Sin embargo, si se la pudiera encontrar tan fácilmente como el Sol en el claro firmamento, pronto no tendría valor alguno y la humanidad, para distraerse, correría en pos de la mentira igual que el caminante durante el día va siempre en busca de la sombra.

11. El hombre de esta Tierra es tal como en el fondo debe ser para hacerse verdaderamente un hombre; pero todas sus circunstancias exteriores también deben ser y suceder de tal manera que sea forzado por ellas a transformarse en hombre verdadero.

12. Ahora bien, la Verdad pura no la puedo dar ahora a la humanidad sino sólo en forma de parábolas e imágenes para que el ser humano pueda buscarla desentrañándolas. Estoy hablando sin reservas sólo a vosotros pocos; sin embargo, no divulguéis la Verdad pura directamente a las personas sino algo disimulada para que tengan la oportunidad de reflexionar y actuar libremente. Y para que vosotros mismos no os volváis tibios, os digo:

13. Todavía tengo muchas cosas que deciros que aún no las podéis entender ni soportar; pero cuando llegue el Espíritu de la Verdad, este os conducirá en toda la Verdad. Entonces estaréis para esta Tierra en la Verdad y recibiréis la llave para todas las demás verdades de los Cielos. Vuestra gran misión será entonces desvelarlas cada vez más, eternamente.

14. Pero mirad, Marco nos está invitando a la mesa; ésta también es una verdad a la que hemos de seguir».

Capítulo 169. La comida en comunidad en casa de Marco

1. Tras estas palabras mías, Cornelio me abrazó de nuevo y dijo muy emocionado: «Realmente, tales palabras las puede pronunciar únicamente un Dios y nunca un hombre».

2. «Está bien que me des este sincero testimonio», le dije, «que te supondrá también los mejores frutos. Esto no te lo ha dicho tu carne sino tu espíritu que proviene, como el Mío, de Dios; por eso eres un buen amigo y hermano mío.

3. Dado que nos encontramos en la carne, debemos seguir esta invitación para cubrir las necesidades físicas».

4. Todos estuvieron de acuerdo y nos sentamos en las mesas en las que estaban servidos los mejores pescados.

5. En la mesa que Yo ocupé se sentó Cirenio a mi derecha, a su lado Cornelio, y enfrente de nosotros Fausto, Kisiona, Julio y Filopoldo. A mi izquierda se sentó Yara, luego Rafael, el muchacho Josoé y Ebalo. El ala larga a la izquierda lo ocuparon mis discípulos y él de la derecha la familia real de Ouran con Matael, Rob, Boz, Micha y Zahr.

6. Enfrente, paralela a la mía, estaba otra mesa larga que ocuparon los cincuenta fariseos. Estahar y Florano llegaron a sentarse en el centro y pudieron ver mi cara.

7. Detrás de Mí había una tercera mesa en la que se sentaron los treinta jóvenes fariseos y levitas; sus portavoces Ebran y Risá justo detrás de mi espalda, pero mirando en dirección contraria.

8. En el ala izquierda de mi mesa, justo detrás de mis discípulos, estaba colocada una mesa más corta con los doce fariseos y sus portavoces Suetal, Ribar y Bael. En el ala superior detrás de Ouran había otra mesa pequeña en la que se sentaron Erme, el mensajero pobre de Cesarea de Filipo, con su esposa, ahora bien vestida, y sus tres hijas naturales y una hija adoptiva. De esta forma estuvieron todos los que me pertenecían bien colocados.

9. La servidumbre tuvo sus mesas más hacia el exterior y quedó bien atendida, así como también los varios centenares de soldados que tenían que ocuparse ellos mismos de su mantenimiento, como era costumbre entre los romanos.

10. De esta manera todo el mundo estuvo ocupado en reconfortar su cuerpo y me alabó por este generoso agasajo.

11. En las mesas hubo pescado, pan y muchas buenas frutas, como higos, peras, manzanas, ciruelas e incluso uvas. Había vino en abundancia, y no había nadie que no hubiera gozado de los alimentos con fruición. El anciano Marco, sus hijos y las hijas mayores corrían ágilmente entre las mesas para reponer lo que se había consumido.

12. El vino iba soltando poco a poco las lenguas y las conversaciones se volvieron más ruidosas. También en mi mesa los comensales elogiaron la buena comida y bebida. Incluso la niña Yara se animó y no paraba de elogiar y admirar las dulces uvas, teniendo en cuenta que en realidad todavía no era su tiempo.

13. Del mismo modo mis discípulos empezaron a animarse en la conversación, lo que ocurría muy raras veces. Sólo Judas Iscariote se callaba, porque estaba muy ocupado con un considerable pescado y el gran vaso de vino lo que le impidió entablar alguna conversación. Tomás le había dado algunas veces un toque, pero Judas no se dio cuenta, y esto estuvo bien en prevención de algún comentario impropio.

14. Yara, sentada a mi izquierda, estaba esperando la oportunidad de poder darle una lección de muy señor mío a este discípulo desagradable para ella; pero esta vez no hubo forma de sacar a Judas de su ocupación flemática, comiendo y bebiendo.

15. Incluso, tras haber terminado con el gran pescado, se dispuso a servirse otro no de menor tamaño; pero en este instante Rafael fue más rápido y se te adelantó. Esto causó una disimulada alegría entre los presentes y a Yara le costó no explotar en carcajadas.

16. Yo le pregunté qué le pasaba.

17. «Oh, Señor, mi amor», respondió ella, «¿cómo preguntas a un ser humano, estando para Ti su interior tan abierto como esta copa? ¿No has visto, oh Señor, que Judas ya había escogido anteriormente el pescado más pesado y también la copa de vino más grande? Además unos pedazos grandes de pan han parado en su estómago.

18. Ahora quiso hacerse también con un segundo pescado enorme; pero Rafael que se había dado cuenta del justo enfado de los demás discípulos, se adelantó a Judas y salvó el pescado ante su gula. Este es el motivo de mi risa contenida.

19. Ya sé desde Genesaret que uno no se debe reír de nadie si no es por amor y bondad; pero este suceso fue tan cómico que apenas pude contener la risa. Creo que no es una falta reírse un poco de un tragón cuando no consigue lo que pretende, porque podría servirle también de lección».

20. «Pecado no es, mi querida Yara», le dije, «pero el que lo puede evitar, ha actuado de mejor manera. Si miramos a un tragón avaro con cierta severidad, se da cuenta de su comportamiento y lo deja; pero si nos reímos de él, se enfada y pone todo su empeño para llevar a cabo doblemente su pretensión mezquina.

21. Judas Iscariote es un avaro y probablemente también un ladrón; porque el que siempre trata de engañar a su prójimo y efectivamente le engaña, es un ladrón.

22. Si ve durante su comportamiento egoísta unas caras sonrientes, se cree que su chistosa picaresca es una diversión para los demás y seguirá actuando de esta manera aún más. Pero si se le observa con caras más serias, abandonará su mala intención y la reservará para otra ocasión, porque no se puede esperar de un avaro que se enmiende de hoy para mañana. Sin embargo, es bueno impedirle sus actuaciones egocéntricas lo más que se pueda. Así va perdiendo más y más el ánimo para seguir con su comportamiento glotón por simple enfado, si no es por repulsa al mismo.

22. Ves, mi queridísima hijita, este es el motivo por el cual es mejor no reírse de alguien que fracasó con su voracidad intencionada».

Capítulo 170. La diferencia entre la voluntad y la acción o la contradicción entre querer y hacer

1. «Sí, Señor, mi único amor», respondió Yara, «todo esto sería estupendo si tuviésemos siempre a la disposición una enseñanza divina. Pero nosotros, los seres humanos, muchas veces estamos muy ciegos, y justamente en momentos en que deberíamos ver muy bien que “por las muchas casas no vemos la aldea”. Lo mismo nos ocurre con la sabiduría en los momentos más importantes de la vida; cuando más la necesitamos nos abandona, y cuando no nos hace falta estamos pletóricos de pensamientos e ideas superlativas. Esto siempre es una cosa peculiar, propia del hombre.

2. Respecto a mí, sólo me parece buena mi voluntad; y tampoco puedo elogiarla tanto, porque la mayoría de las veces le falta la fuerza real para la realización. Muchas veces uno quiere hacer cosas buenas y a pesar de todo no las hace, o hace todo lo contrario de lo que en realidad quiere hacer. Ignoro la razón, pero sé por propia experiencia que es así.

3. ¡Señor, amor mío! Por tu Gracia omnipotente me fue permitida o echar una ojeada a tu maravillosa Creación universal; ahora sé más al respecto que todos los sabios de la Tierra juntos. Conozco lo que encierran las profundidades eternas de tus Cielos; pero ¿por qué no me conozco a mí misma?».

4. «Porque eres un ser aún más maravilloso que todos los grandes Soles y mundos juntos», le respondí. «En el corazón del hombre se encuentra un Cielo más maravilloso que el que miras con tus ojos.

5. Toda la materia está en el juicio, una necesidad absoluta. Puedes contemplar su exterior y también su estructura interior; pues hay alquimistas sabios que tienen los conocimientos necesarios para descomponerla perfectamente en sus elementos — una ciencia que se llama alquimia que con el tiempo se perfeccionará más y más.

6. Así como puedes reconocer una piedra por su exterior y su interior con bastante exactitud, así también puedes reconocer todo un mundo. Nuestro amigo Matael es muy experto en esta ciencia; así como también mi discípulo Andrés que también estuvo con los esenios, es un buen “alquimista”, una ciencia que aprendió en Egipto. Ambos te explicarán adecuadamente el gran mundo de la materia. Verdad es que todavía hay cosas dentro de la materia que un alquimista nunca descubrirá; sin embargo, puede reconocer los elementos por los que está formada cualquier materia, aunque nunca los elementos en sí mismos, porque encierran cosas espirituales y sólo son totalmente reconocibles por un espíritu puro.

7. Si los elementos ya son portadores de secretos infinitos, tanto más lo son el alma y el espíritu del ser humano que encierran una infinidad de cosas. Esta ciencia no se aprende mediante la alquimia y, por este motivo, Yo debía llegar a los hombres para enseñar lo que nunca habrían descubierto por sí mismos.

8. Precisamente por el mismo reparo que tú pusiste Yo descendí de los Cielos para enseñaros lo que ningún otro hombre puede hacer.

9. Verdad es que ahora no comprendes cómo puedes querer algo con la voluntad y pese a ello no obras en virtud de la misma, sino según otros motivos exteriores que no conoces, y en no pocas ocasiones los hueros deseos de la carne determinan tus obras contra la voluntad del espíritu. Porque la voluntad no pertenece ni a la carne, ni a la sangre, ni al alma, la cual ha formado la carne y la sangre y después ella misma ha tomado su alimento de las dos, sino que pertenece al Amor, el cual es mi Espíritu en vosotros, y por eso no sólo sois mis criaturas, sino también mis hijos verdaderos; y más tarde, en mi Reino, también reinaréis conmigo sobre todo el universo infinito.

10. Pero para poder realizar lo que digo, antes debéis renacer en el espíritu, de lo contrario no será posible.

11. ¿Lo comprendes, mi niña querida?».

Capítulo 171. Sobre el renacimiento en el espíritu

1. «Lo comprendo un poco, pero ni con mucho del todo», respondió Yara. «Por más que he oído hablar del renacimiento en el espíritu, no lo comprendo claramente. ¿Cómo podría entenderlo?».

2. «Esto ni tú ni otras personas pueden entenderlo ahora», le dije, «porque cuando Yo hablo con vosotros de cosas terrenales no me comprendéis cabalmente. ¿Cómo podríais entenderme del todo si Yo os hablara sobre cosas puramente celestiales?

3. Yo os digo: si ahora empezase a hablar con vosotros de cosas puramente celestiales, todos comenzaríais a enojaros y diríais: “Ved, este hombre está loco. Habla de cosas que son contrarias a la razón y a la naturaleza. ¿Cómo puede tomarse por verdadero el testimonio de este hombre?”.

4. Por tal motivo no comprenderéis el renacimiento del espíritu, sino cuando Yo, en calidad de Hombre y de Hijo del Hombre, sea elevado de esta Tierra ante vuestros ojos como Elías.

5. Sólo entonces verteré de los Cielos mi Espíritu lleno de Verdad y de Poder sobre todos los Míos, con lo cual se posibilitará completamente el renacimiento en el espíritu. Entonces también vosotros comprenderéis y reconoceréis el nuevo nacimiento de vuestro espíritu.

6. Sin embargo, hasta ese momento nadie puede renacer enteramente en el espíritu, ni Adán, ni Moisés, ni ningún profeta.

7. Pero por mi elevación anunciada, todos los que, empezando por Adán, han nacido en esta Tierra y en su vida tuvieron por lo menos buena voluntad aunque no siempre actuaron conformemente, podrán alcanzar ese renacimiento completo del espíritu.

8. Todavía hay muchos que tienen la mejor voluntad de hacer cosas buenas pero les faltan por completo los recursos, las fuerzas y las habilidades necesarias para tal fin. Ahora bien, en tales casos la buena voluntad tiene tanto valor para Mí como el hecho mismo.

9. Supongamos que alguien cae al agua y tú lo ves. Gustosamente quieres ayudar al infeliz pero estás segura de que no sabes nadar. En caso de que te echaras al agua tras la persona que se ha caído, ambos quedaríais sepultados en ella; sin embargo, si supieras nadar, saltarías sin el menor reparo detrás del infeliz y le salvarías. Pero como pese a tu buena voluntad de salvarle no puedes hacerlo, buscas a alguien que lo pueda y quiera.

10. En este caso, hija mía, la buena voluntad vale tanto como la misma obra efectuada, y esto es válido para miles y miles de casos en los que la mera buena voluntad es aceptada por Mí como la obra misma.

11. Todavía quiero ponerte otro ejemplo: Tienes la mejor voluntad de ayudar a un pobre que se acercó a ti, pero careces de bienes, te diriges a algunas personas más acomodadas y les pides fervientemente una ayuda justa para el hombre pobre, más no la recibes a causa de la dureza de sus corazones, y tienes que dejar, llorando y encomendándole a Dios, el Señor, que el pobre continúe su camino sin ayuda.

12. En este caso tu voluntad vale tanto como el mismo hecho ya realizado.

13. Y de tales hombres ha habido muchos antes de nosotros, los hay ahora y los habrá todavía más en lo sucesivo; todos ellos participarán en el renacimiento del espíritu en su alma.

14. Si pese a lo que te acabo de explicar lo más claramente posible en qué consiste tal renacimiento del espíritu y aún no lo entiendes completamente, no tardará en llegar el día en que renacerás en tu espíritu y entenderás por entero por qué no lo puedes comprender ahora. ¿Captas lo que te quiero decir?».

15. «Sí, Señor, mi amor único», respondió Yara. «Ahora lo comprendo bien, porque Tú explicas las cosas con tanta claridad como el Sol de medio día ilumina la Tierra».

16. Tras estas palabras Yara me agradeció esta mi enseñanza y me prometió no volver a reírse de una acción ignorante de una persona.

Capítulo 172. La conversación entre Cornelio y Yara

1. Cornelio, igual que Fausto y Filopoldo, se asombraron sobremanera de la inteligencia de la muchacha, por lo que Cornelio me pidió si podía sentarse al lado de ella para poder entablar una conversación. Yo se lo permití, lo que le alegró mucho así como también a la niña y a los demás comensales de la mesa. Le recomendé hacerle algunas preguntas inteligentes.

2. Antes de formularle una pregunta, Cornelio se paró a pensar, porque mi recomendación le había hecho comprender que no hablásemos de cosas inútiles sino de temas con un fin provechoso. Esto le llevó a la reflexión de qué podría ser provechoso para un grupo de personas que estaban acostumbradas a escuchar siempre lo más sublime.

3. Pero cuanto más reflexionaba, menos se le ocurría un tema digno de preguntar a la muchacha y entablar una conversación con ella. Nada le pareció lo suficientemente valioso para tal fin.

4. Al cabo de un largo rato de reflexión, Cornelio me dijo: «Mira, mira, pensé que este asunto era más fácil; pero cuanto más pienso menos encuentro algo digno de esta sabia muchacha».

5. «Bueno pues, si no encuentras algo especial, pregúntale por lo más cercano y cotidiano», le dije.

6. «Sí, estaría bien», respondió Cornelio, «pero también tiene pega. Porque no le voy a preguntar por algo demasiado cotidiano ni tampoco por algo mejor de lo que ya se ha hablado aquí muchas veces».

7. La muchacha que se había dado cuenta del apuro en que se encontraba Cornelio, le dijo: «Oh, querido amigo, si no encuentras ninguna pregunta para mí, permíteme que te pregunte yo, porque a mí no me faltan preguntas».

8. «Esto estaría muy bien, mi niña adorable», respondió Cornelio. «Pero si tu me planteas una pregunta, se entiende que yo te la tendría que responder. Sin embargo, si no fuese capaz —lo que podría ser muy probable, teniendo en cuenta tu gran inteligencia— ¿qué pasaría entonces?».

9. «Bueno, ¿y qué?», dijo la muchacha. «Entonces respondo yo misma a mi pregunta y tu valoras luego tanto la pregunta como la respuesta y podrás decirme si yo me he equivocado. Mira, para mí tampoco es fácil preguntar aquí algo y responderlo. El Señor, eternamente mi único amor, en este sentido me preocupa menos que nadie, porque ante su Sabiduría ilimitada nuestra sapiencia más que limitada de todos modos siempre resultaría insípida y sin fondo.

10. El hecho de que hablemos de manera más o menos ignorante no cambia la relación entre nosotros y el Señor, porque por nosotros mismos no somos nada en comparación con Él; y si representamos algo para Él, es únicamente por su Gracia en nuestros corazones.

11. No obstante, hay entre nosotros algunos sabios —precisamente en esta mesa— a los que tengo mucho respeto.

12. Es cierto que sé muchas cosas que aparte de mí, Rafael y naturalmente el Señor no puede saber ningún mortal, porque le falta toda experiencia en este sentido. Pero ¿de qué me sirve si en las lejanas estrellas me sienta como en casa, mientras que en nuestro suelo natal, la Tierra, me sienta como un extraño?».

13. «¿Quién en nuestra mesa es tan particular al que tú puedas tener tanto respeto, humanamente hablando?», preguntó Cornelio.

14. «Mira allí, el virrey», dijo Yara, «quien va a reinar sobre todo el Ponto, a partir de ahora, al lado del anciano Ouran. Su nombre es Matael. Este me podría dar todavía más de un hueso duro de roer. Creo que no sería capaz de contestarle inteligentemente ni una de entre cien preguntas».

15. «Mi querida niña», intervino Matael, «¿por qué de pronto tan modesta? Conmigo no vas a pasar ningún apuro, porque conozco demasiado bien la agudeza de tu raciocinio. Aun cuando incluso Rafael tenga que esforzase mucho, ¡cuánto más unas personas como nosotros! Cornelio hace bien en reflexionar detenidamente sobre qué va a conversar contigo, porque de tu género hay muy pocos que son como tú. Bien es cierto que yo también comprendo y sé muchas cosas; no obstante no me gusta entrar contigo en una batalla intelectual lo que sería una verdadera estupidez. Pero dejarme enseñar por ti será para mí siempre un gran gozo y provecho».

16. «Esto es lo que pasa finalmente con una pobre chica», dijo Yara, «cuando tiene algunos conocimientos más que otros, nadie se atreve a hablar con ella. Por eso sería casi mejor saber algo menos para no ser un contratiempo para los amigos más sabios. Pero ¿cómo remediarlo? Es imposible frenarme en lo que sé, porque no puedo restringir la Luz que hay en mi corazón. Esta misma Luz enciende en mí cada vez más fervientemente el amor para con él Señor, el Padre santísimo de todos los padres de la Tierra. Si fuese posible aminorar ya sólo un poco este mi gran amor, también me volvería más ignorante; sin embargo, no puedo. Y lo que sé gracias a esta Luz no es ni mucho menos mi conocimiento sino el del Señor en mi corazón; por eso nadie tiene que tener vergüenza, igual que yo no debo tener vergüenza de nadie. Por lo tanto, tú, estimado amigo Cornelio, y tú, estimado Matael, podéis hablar conmigo sin reservas».

17. «Sí, sí, está bien», respondió Cornelio, «pero ahí está precisamente la pega; yo estoy notando claramente que es difícil conversar contigo, queridísima Yara, porque tu corazón abarca efectivamente la Verdad pura, más de lo normal. Eres tan afable y amorosa que uno podría escucharte durante días. Pero plantearte alguna pregunta o que tú nos preguntes algo, es completamente otro asunto. Preguntar es fácil, pero a continuación hay que dar la respuesta, y para esto no estoy muy preparado.

18. Además, tengo todavía algo de presunción y temo nada tanto que verme avergonzada, lo que seguramente no es correcto, pero no puedo evitarlo, porque fui educado de esta manera y es muy difícil abandonar rápidamente una vieja costumbre.

19. No obstante, espera todavía un poco, seguro que se me ocurrirá algo inteligente para preguntarte y me alegraré luego mucho escuchar de ti una sabia respuesta».

Capítulo 173. La pregunta que Cornelio planta a Yara

1. Con esto Yara se quedó contenta y Cornelio empezó a escudriñar su cerebro, pero todavía no se le ocurría nada interesante.

2. Al cabo de un rato dijo a Yara: «Ahora sí que se me ha ocurrido algo: Dime qué es en realidad el Sol y de qué elementos está compuesto. Emite una luz y un calor tan potentes sobre la Tierra que no se puede concebir. Si eres capaz de explicarme algo a este respecto, te daré una recompensa real, si la quieres aceptar».

3. Yara, algo irónica respondió: «Sabes, excelentísimo soberano, de este modo se saca de un estanque los peces putrefactos para limpiarlo, porque pudren y contaminan el agua. ¿Has comprendido, estimado señor Cornelio?

4. Si tienes tesoros que te sobran podrás utilizarlos para dar un sustento real a todos los pobres, especialmente a los de esta ciudad que fue destruida por las llamas. Yo, por el contrario, no necesito ninguna recompensa de nadie, porque tengo todo el Amor del Señor y esta es mi única y más apreciada recompensa.

5. Sí, te voy a responder a tu pregunta, pero no voy a permitir que me des recompensa alguna, sobre todo ninguna terrenal. Esto es para mí uno de los pecados más graves; porque por un lado se lo quito a los verdaderos pobres y por otro, te privo de la oportunidad de hacer realmente algo bueno. Y eso, sobre todo, teniendo en cuenta que en esta Tierra no soy nada de pobre; pues es posible que dispongo de más tesoros mundanos de lo que tú podrías pagar con todo un imperio — tesoros que en realidad no me hacen falta, de modo que menos aún toda tu recompensa real ofrecida.

6. Pero no creas que lo digo por soberbia sino lo digo como la pura y más inocente verdad; pues si tuviese tan sólo una chispa de orgullo, no estaría en este sitio, al lado del Señor de todos los señores y del Maestro de todos los maestros. — De modo que ves, amigo Cornelio, por lo demás muy amable, ¡ahí te has despistado un poco!

7. Mira, a las personas que como yo están dotadas de una Gracia especial del Señor, aunque inmerecida, se las debe tratar y juzgar de otro modo que a los hombres normales del mundo.

8. Tú pensabas que yo, siendo una niña de apenas catorce años, fuese tan presumida como las demás muchachas del mundo y tuviera la mayor ilusión en vestirme con ropas reales. Pero esta vanidad está más alejada de mí que la estrella más lejana que tus ojos puedan divisar en el firmamento, y esto significa algo importante. Por eso, retira rápidamente tu ofrecimiento de recompensa, de lo contrario no te voy a responder a tu pregunta».

9. «Bueno pues», dijo Cornelio, «ya que he metido la pata con mi ofrecimiento, lo retiro según tu deseo y haré lo que me has aconsejado; pero por la amistad que nos une, contéstame a mi pregunta».

10. Acto seguido Yara empezó a concentrarse y dijo: «Quieres saber qué es el Sol y de qué elementos está compuesto porque emite una luz y un calor tan fuertes sobre la Tierra, ¿verdad?

11. En efecto, te puedo dar una información verdadera, pero ¿de qué te va a servir? Me lo puedes creer tal como un ciego cree a alguien que le dice que una flor es maravillosamente roja. Pero ¿se podrá convencer el ciego por sí mismo de este hecho? No será posible en esta vida; y en la otra vida el alma no se preocupará de esto, porque será capaz de comprender en un instante más de lo que haya podido aprender con mucho esfuerzo durante los cincuenta años vividos en la Tierra».

12. «En esto tienes completamente razón», asintió Cornelio. «Nunca podré convencerme personalmente de la verdad de tus informaciones acerca del Sol. Pero ahora sé también que no me vas a mentir, porque lo que tú sabes lo has recibido únicamente del Señor. Por tal razón podré aceptar todo lo que me quieras decir acerca del Sol como una Verdad perfecta e indiscutible».

13. «Bueno pues», dijo Yara, «ya veré si no vas a encogerte de hombros; escúchame pues».

Capítulo 174. El Sol natural

1. Y Yara prosiguió: «El Sol es también como nuestra Tierra un mundo enteramente habitado, sólo que es un millón de veces mayor que la Tierra, que tampoco es pequeña. Pero la luz irradiada por aquel astro enorme no se origina en su superficie habitada sino en una atmósfera que le rodea por todos lados. Por una parte, esta atmósfera sumamente lisa en continua fricción con el éter que la rodea, lo que con sus descargas eléctricas produce continuamente una luz muy intensa. Por la otra, como este astro tiene las características de un espejo esférico gigantesco, toda la luz que recibe de eones de Soles la vuelve a reflejar en el espacio infinito, en todas direcciones.

2. La luz de nuestro Sol ilumina y calienta nuestra Tierra y muchas otras que llamamos planetas. El calor, no obstante, no llega junto con la luz solar a esta Tierra sino que es generado por medio de la luz en el lugar de destino donde da con la materia.

3. Verdad es que la luz viene de muy lejos, pero el calor se produce aquí mismo. Ciertos espíritus naturales en el aire, en el agua y en la tierra entran en gran actividad, gracias a ella. Exactamente esta actividad es la que produce aquello que sentimos como calor. Y así como la luz puede aumentar más y más hasta infinitamente, también el calor puede aumentar.

4. Vas a preguntar: “¿Quién puede vivir en el Sol? Porque la luz allí debe ser fortísima, por lo tanto el calor también será importante”. Más este no es el caso. De toda esa luminosidad exterior del Sol no pasa ni una millonésima parte a través de su atmósfera a su superficie habitada. Por eso, sobre los continentes del cuerpo solar, no hay ni tanto más luz ni calor que aquí en nuestra Tierra. De modo que allí las criaturas de Dios pueden vivir perfectamente — como nosotros podemos vivir en esta Tierra. Sólo que allí no puede haber noche alguna, porque todo lo que hay en el cuerpo solar se halla en su propia luz inextinguible.

5. Por lo tanto, los habitantes del Sol no conocen la noche; sin embargo, debido al aire sumamente claro que circunda al Sol hasta una altura de 1.200 horas59 desde el suelo firme del Sol, en su día eterno los habitantes del Sol pueden ver bastante bien las estrellas, los planetas y nuestra Tierra que giran alrededor del Sol. Verdad es que este aire hacia el interior se nubla de vez en cuando con muchas nubes densas, pero otras veces hay regiones absolutamente serenas y sin nubes, desde donde se puede observar bastante bien los mundos exteriores, mucho mejor que desde cualquier otro planeta.

6. También el Sol gira alrededor de su propio eje, pero no en 24 horas como nuestra Tierra, sino en 29 días. De modo que en este plazo los habitantes solares pueden ver todo el cielo estrellado, principalmente los habitantes de la región del cinturón central. A mi parecer los habitantes de esta región son los hombres más sabios y bellos. Los habitantes de los otros cinturones se parecen más o menos a los de los diversos otros planetas.

7. Sin embargo, en lo que concierne a la constitución interior de este inmenso globo solar, tengo la impresión de que más cuerpos solares están metidos unos dentro de otros como bolas huecas. Estos pueden hallarse separados a distancias de 2, 3 y hasta 4.000 horas60, lo que no ha de ser entendido como cosa constante, porque los cuerpos solares interiores muchas veces se extienden y otras se contraen para volver a su estado normal. Los espacios entre ellos están llenos de agua o de diversas clases de aire.

8. No sé por qué esto es así; sólo lo sabe el Señor y Maestro de la infinitud que está sentado a mi lado. Si quieres saber más, tendrás que dirigirte a Él».

9. «Te agradezco mucho, mi queridísima niña», dijo Cornelio, «la información que me has dado y que puedo aceptar completamente con mi entendimiento, puesto que no veo nada que se contradiga. Pero, ¿a cuánta distancia debe de estar el Sol de nuestra Tierra para que nos parezca tan pequeño aun siendo un mundo tan gigantesco?».

10. «Para esto, en la Tierra, actualmente no existe una medida exacta», respondió Yara. «Los egipcios tuvieron una medida y los descendientes en Europa encontrarán más tarde otra. Sin embargo, te puedo decir que una flecha que se lanzara con fuerza desde la Tierra hacia el Sol, tardaría en llegar unos veinte años terrestres.

11. Lo puedes calcular tú mismo: Mide el tiempo que necesita una flecha para llegar a una distancia de mil pasos de un varón61 y verás que, aun disparada con toda velocidad, la flecha necesitará dos momentos62 para cruzar los mil pasos. Ahí hay que tener en cuenta que una hora comprende 1800 de estos momentos, y que un día tiene 24 horas, que un año tiene 365 días, y que el vuelo de la flecha costaría unos veinte años. Teniendo estas cifras, puedes calcular fácilmente la distancia que hay entre el Sol y la Tierra. También puedes figurarte 40 veces 1.000 veces 1.000 horas de un camino63 rural y tendrás la distancia bastante exacta».

12. Cornelio sumamente asombrado: «Nunca me habría imaginado que esta muchacha pudiera calcular con la cabeza estas enormes cifras como nosotros calculamos los pequeños números con los dedos. Ella sobrepasa en mucho a Euclides, el matemático más grande. Señor, dime si he de aceptar todo esto como verdadero. Por lo menos a mí me parece que ha dado en el clavo».

Capítulo 175. Acerca de la educación del corazón y del intelecto

1. «Aunque no sea un evangelio», le respondí, «no obstante, es una verdad que con el tiempo tendrá también su valor para curar a los hombres de muchas supersticiones. Porque los hombres en ningún ámbito mantienen tantas supersticiones como en él de la luz del cielo estrellado. Sin embargo, todavía no ha llegado el momento para enseñar a los hombres todos los conocimientos, sino ahora es preciso convertir las actuales larvas humanas en verdaderos hombres.

2. Esto sólo se puede lograr cuando el hombre se reconoce a sí mismo y luego también a Dios, amándole sobre todas las cosas. Una vez que el hombre se haya consolidado en la fe para poder recibir de Dios el Espíritu santo, se volverá también receptivo para las demás verdades que están todavía sin descubrir y las comprenderá.

3. Pero si se le llenase la cabeza con estos conocimientos, no las comprendería y se volvería loco.

4. Por tal motivo, el principio más importante es: Antes de conocer la ciencia, los seres humanos tienen que hacerse verdaderos hombres, de lo contrario la ciencia les hará más daño que beneficio, porque esta ocupa únicamente el intelecto que reside en el cerebro. Sin embargo, el corazón, siendo el fundamento de la Vida, sigue siendo basto y salvaje como él de una fiera, pudiendo hacer más daño con ayuda de la ciencia que sin ella, puesto que para un corazón despiadado la ciencia es un verdadero impulso para hacer barbaridades de toda clase.

5. Por consiguiente, amigos y hermanos míos, colocad a los ciegos primero la Luz de la Vida en el corazón para que ilumine el entendimiento del alma; luego también la ciencia resultará una bendición para el hombre.

6. Es cierto que puede ser loable saber muchas cosas para poder dar un buen consejo a las personas. No obstante, mejor es amar mucho y en verdad, porque el amor despierta y vivifica; la ciencia, por el contrario, sólo da satisfacción y luego se echa a descansar.

7. Por consiguiente, la ciencia puede resultar beneficiosa para el corto tiempo de esta vida, sin embargo, es perjudicial para la Vida del espíritu. Pero cuando con el tiempo surge de la Luz del espíritu, como suplemento, entonces posee también el calor de la Vida y vivifica como la luz del Sol que precisamente no solamente ilumina como ninguna otra sino que también vivifica y calienta todo lo que toca.

8. Creedme, todos los milagros que giran con sus órbitas en los espacios inconmensurables, moran ocultos en el espíritu de cada ser humano. Por consiguiente, esforzaos primero en que vuestro espíritu se despierte completamente; después vivenciaréis en vosotros claramente todo lo que no ha visto ojo alguno ni ha percibido sentido alguno.

9. Los hombres que verdaderamente reconocen y aman a Dios en Mí, el Hijo del Hombre, ya gozarán en esta vida de bienaventuranzas cuya magnificencia ningún ser humano ha experimentado jamás; pero por el camino de la ciencia pura ningún hombre las alcanzará. — ¿Entiendes esto, Cornelio?».

Capítulo 176. El destino de la Enseñanza divina

1. «Sí, Señor», respondió Cornelio, «tus palabras contienen tanta Verdad que según nuestros conceptos humanos nunca se había manifestado; de otro modo, más de una persona la habría captado y vivido seriamente conforme a ella, y seguro que los buenos resultados habrían sido evidentes.

2. Sin embargo, según mi entender bastante amplio nunca fue manifestada, sino entre nosotros los paganos fue justamente lo contrario. Por lo tanto, Sócrates, Platón y Plotinio, unos grandes genios, son de admirar profundamente al igual que varios grandes hombres de Roma que han logrado encontrarte a Ti, el Dios Uno verdadero, mediante unos esfuerzos heroicos en contra de las reglas del politeísmo.

3. Platón estuvo convencido de que el Dios Uno verdadero, aunque desconocido, debía de ser el Amor puro. Más reflexionaba sobre el Dios desconocido, más calor sintió en su corazón; y cuando notó que este calor bienhechor crecía y un médico le dijo que esto era una enfermedad, se rió y dijo: “Si esto es una enfermedad, entonces deseo tener más de esta enfermedad en mi corazón; pues me hace tanto bien como no me lo proporciona la salud más perfecta”.

4. Platón fue amando a este Desconocido cada vez más y c