Jakob Lorber

El Gran Evangelio de Juan

Tomo 4

Obra recibida mediante la Voz Interior

ÍNDICE

Capítulo 1. La verdadera sabiduría y la viva veneración a Dios

Capítulo 2. El destino de los pueblos de Palestina

Capítulo 3. El Señor y los nueve ahogados

Capítulo 4. Disposiciones del Señor referente a la resurrección de los ahogados

Capítulo 5. Las dudas de Cornelio

Capítulo 6. Los persas y los fariseos disputan sobre el milagro. Judas Iscariote se dedica a pescar oro

Capítulo 7. El sirviente infiel de Elena

Capítulo 8. La tranquilidad exterior y la actividad interior de la sociedad

Capítulo 9. Los espías de Herodes

Capítulo 10. Las palabras defensivas de Zinka y su informe sobre el fin de Juan .

Capítulo 11. La respuesta amable de Cirenio a Zinka

Capítulo 12. La captura del Juan Bautista. La relación entre Herodes y Herodías

Capítulo 13. El atentado de los templarios contra el vidente Juan Bautista

Capítulo 14. La orden de Herodes de arrestar a Jesús

Capítulo 15. La inexplicable autorización romana de Herodes

Capítulo 16. La autorización falsa de Herodes

Capítulo 17. La política de los templarios

Capítulo 18. La Doctrina del Profeta de Galilea

Capítulo 19. La opinión de Zinka acerca de la Doctrina de Jesús

Capítulo 20. El asombro del Zinka sobre el milagro de las mesas

Capítulo 21. La naturaleza del afán de saber. El silencio justo y el canto que agradan a Dios

Capítulo 22. El canto de Rafael

Capítulo 23. La comunicación con Dios por medio de la palabra interior del corazón

Capítulo 24. El cultivo del corazón humano

Capítulo 25. Zinka pregunta a Ebalo acerca de Rafael e indaga al Señor

Capítulo 26. Jesús resucita a las dos ahogadas. Zinka reconoce al Señor

Capítulo 27. La biografía de las dos jóvenes

Capítulo 28. Cirenio reconoce a sus hijas. Risá y Zinka llegan a ser yernos de Cirenio

Capítulo 29. La modestia del Zinka

Capítulo 30. Más vale obrar que hablar

Capítulo 31. Reflexiones de Risá y Ebran

Capítulo 32. Un acontecimiento durante la adolescencia de Jesús

Capítulo 33. Las palabras de Cirenio acerca de la verdad y de la mentira. Su promesa solemne de trabajar para la Doctrina del Señor

Capítulo 34. La ley impuesta y la del “deber”

Capítulo 35. La diferencia entre las almas de la Tierra

Capítulo 36. Las enfermedades psíquicas y su tratamiento

Capítulo 37. Médicos y sanatorios para la curación de almas enfermas

Capítulo 38. Justicia verdadera

Capítulo 39. La eterna ley fundamental del amor al prójimo

Capítulo 40. El sonambulismo y su aplicación

Capítulo 41. Pureza corporal y espiritual. Curación a distancia

Capítulo 42. El Señor anuncia un ejemplo práctico del sonambulismo

Capítulo 43. El ciudadano Zorel pide una indemnización por el daño ocasionado por el incendio

Capítulo 44. El concepto de Zorel sobre la propiedad

Capítulo 45. Zorel tiene que oír la Verdad

Capítulo 46. Zorel ruega que se le deje partir libremente

Capítulo 47. Las preparaciones para un tratamiento mediante el sueño sonámbulo

Capítulo 48. Zorel se reconoce a sí mismo

Capítulo 49. El alma del sonámbulo se purifica

Capítulo 50. El alma purificada se viste

Capítulo 51. El cuerpo del alma

Capítulo 52. El alma del Zorel en el camino de la abnegación

Capítulo 53. Zorel en el paraíso

Capítulo 54. La relación entre cuerpo, alma y espíritu

Capítulo 55. La mirada de Zorel sobre la Creación

Capítulo 56. El ser del hombre y su destino en la Creación

Capítulo 57. Zorel observa los procesos de la evolución en la naturaleza

Capítulo 58. ¡No juzguéis!

Capítulo 59. La actitud materialista de Zorel

Capítulo 60. Zorel critica la moral y la educación

Capítulo 61. Equivocaciones materialistas

Capítulo 62. La protección legal de la propiedad

Capítulo 63. El origen y la familia de Zorel

Capítulo 64. El pasado de Zorel como traficante de esclavos

Capítulo 65. Zorel presenta sus excusas

Capítulo 66. Los estupros del Zorel

Capítulo 67. Cirenio se indigna ante los crímenes de Zorel

Capítulo 68. Las disculpas y explicaciones del Zorel

Capítulo 69. Zorel como matricida

Capítulo 70. Zorel justifica las propiedades de su carácter

Capítulo 71. Cirenio se sorprende de la perspicacia de Zorel

Capítulo 72. Juan exhorta a Zorel a que mejore su modo de vida

Capítulo 73. La voluntad del reconocimiento y la voluntad del placer en el hombre

Capítulo 74. El Ser de Dios y su Encarnación

Capítulo 75. Cirenio cuida de Zorel

Capítulo 76. El secreto de la vida espiritual interior

Capítulo 77. Zorel se decide a mejorar

Capítulo 78. El camino para obtener la Vida eterna

Capítulo 79. Sobre la pobreza y el amor para con el prójimo

Capítulo 80. Sobre los placeres carnales

Capítulo 81. La manera justa de dar que es del agrado de Dios

Capítulo 82. Sobre la humildad y el orgullo

Capítulo 83. La educación para volverse humilde

Capítulo 84. Las buenas intenciones de Zorel

Capítulo 85. Zorel se confía a Cornelio

Capítulo 86. Humildad exagerada y humildad verdadera

Capítulo 87. Cornelio y Zorel hablan sobre milagros

Capítulo 88. Las diferentes opiniones sobre la naturaleza del Señor

Capítulo 89. La piedra luminosa de la fuente del río Nilo

Capítulo 90. El alma y el cuerpo

Capítulo 91. El perfeccionamiento de las “pobres almas” en el Más Allá

Capítulo 92. Cómo las almas son guiadas en el Más Allá

Capítulo 93. El progreso del alma en la Tierra y en el Más Allá

Capítulo 94. El desarrollo de la vida del alma

Capítulo 95. La finalidad de servir

Capítulo 96. Una mirada a los misterios de la Creación

Capítulo 97. La actividad justa del amor para con el prójimo

Capítulo 98. La ayuda que el dinero puede ofrecer

Capítulo 99. Servir correctamente y servir de manera errónea

Capítulo 100. La doctrina de Moisés y la Doctrina del Señor

Capítulo 101. La hierba mala entre el trigo puro

Capítulo 102. Los pensamientos y sus realización

Capítulo 103. La evolución de la materia

Capítulo 104. El egoísmo, causa de la materia

Capítulo 105. La creación de los sistemas solares

Capítulo 106. La importancia de la Tierra y su formación

Capítulo 107. La formación de la Luna

Capítulo 108. El mal hereditario del amor propio

Capítulo 109. Redención, renacimiento y revelación

Capítulo 110. El bautismo. La trinidad en Dios y en el hombre

Capítulo 111. El orden mosaico de la alimentación

Capítulo 112. Una predicción sobre las revelaciones presentes

Capítulo 113. La vocación para recibir la palabra interior

Capítulo 114. Una ojeada al mundo de los espíritus naturales

Capítulo 115. Yara y los espíritus de la naturaleza

Capítulo 116. La naturaleza y la actividad de los espíritus naturales

Capítulo 117. Una acumulación de sustancia anímica

Capítulo 118. La esencia del oxígeno

Capítulo 119. Rafael muestra la creación de los seres orgánicos

Capítulo 120. La procreación de los animales y de los hombres

Capítulo 121. El motivo de las revelaciones del Señor

Capítulo 122. El Señor desvela el interior del Judas Iscariote

Capítulo 123. Se reprende a Judas Iscariote

Capítulo 124. La educación de los niños

Capítulo 125. La vida de Judas Iscariote

Capítulo 126. Las consecuencias de una educación incorrecta

Capítulo 127. El miedo a la muerte

Capítulo 128. La separación del alma del cuerpo en el momento de morir

Capítulo 129. Los procesos durante la separación del alma del cuerpo

Capítulo 130. Observaciones del clarividente Matael a la ocasión de la ejecución de unos ladrones asesinos

Capítulo 131. Una crítica de un saduceo sobre los castigos romanos

Capítulo 132. El fin de los reos crucificados

Capítulo 133. La forma de las almas de los ladrones asesinos

Capítulo 134. Matael llega al padre moribundo de Lázaro. La extraña aparición natural en su camino a Betania

Capítulo 135. Los intentos de reanimación del rabino en el cadáver del anciano Lázaro

Capítulo 136. El espíritu de Lázaro da un testimonio del Mesías

Capítulo 137. El rabino cobarde faltó a su palabra

Capítulo 138. La biografía del anciano Lázaro

Capítulo 139. El Señor explica las apariciones espirituales a la hora de la muerte del anciano Lázaro

Capítulo 140. Las preguntas insensatas

Capítulo 141. La “ira” de Dios

Capítulo 142. La primera pareja humana

Capítulo 143. El diluvio

Capítulo 144. La razón de las catástrofes

Capítulo 145. La influencia del mal sobre el bien

Capítulo 146. La maravillosa planta medicinal. La naturaleza de la luz y de la oscuridad, del bien y del mal

Capítulo 147. Las causas del calor y del frío

Capítulo 148. La caída mortal del muchacho curioso

Capítulo 149. Las apariciones espirituales durante la desdicha. El suicidio del esenio maldito por el Templo

Capítulo 150. Las almas de los dos desgraciados en el Más Allá

Capítulo 151. El Señor explica los estados anímicos de los dos desgraciados en el Más Allá

Capítulo 152. Las diferentes clases de suicidas y su estado en el Más Allá

Capítulo 153. De la piedra filosofal

Capítulo 154. La venenosa esfera de vida exterior de la viuda

Capítulo 155. El veneno de serpiente como remedio

Capítulo 156. Los fenómenos espirituales a la muerte de la viuda y de su hija

Capítulo 157. La evolución de las figuras anímicas de las dos mujeres fallecidas ..

Capítulo 158. El veneno en los minerales, en las plantas, en los animales y en los hombres

Capítulo 159. La naturaleza venenosa de las dos mujeres fallecidas

Capítulo 160. El reparo de Cirenio sobre el orden del desarrollo terrenal de las almas

Capítulo 161. Cirenio critica el Génesis de Moisés

Capítulo 162. La creación de Adán y Eva

Capítulo 163. El cuádruple sentido del Génesis de Moisés

Capítulo 164. La clave para comprender las escrituras espirituales

Capítulo 165. Los verdaderos instructores del Evangelio

Capítulo 166. La mañana magnífica

Capítulo 167. Sobre el ayuno y la alegría

Capítulo 168. El sermón del Simón sobre amonestaciones egoistitas

Capítulo 169. Simón critica el Cantar de los Cantares de Salomón

Capítulo 170. La clave para comprender el Cantar de los Cantares

Capítulo 171. Simón explica algunos versos del Cantar de los Cantares

Capítulo 172. Gabi confiesa su estupidez y su vanidad

Capítulo 173. Los antiguos principios farisaicos de Gabi

Capítulo 174. La opinión del Simón sobre el Señor

Capítulo 175. Los pensamientos de Simón sobre la naturaleza sexual del Señor como Hombre

Capítulo 176. Volverse uno con Dios. Simón reconoce sus debilidades carnales....

Capítulo 177. La finalidad y la naturaleza de la voluptuosidad

Capítulo 178. La naturaleza de los ángeles. Corazón y memoria

Capítulo 179. El pueblo de Abisinia y de Nubia

Capítulo 180. El Señor envía un mensajero para encontrarse con la caravana de Nubia

Capítulo 181. El Señor habla con el guía de los nubios

Capítulo 182. El guía cuenta su viaje a Menfis

Capítulo 183. La maldición de la cultura excesiva de los egipcios

Capítulo 184. La bendición de la cultura original del hombre sencillo

Capítulo 185. El paradero de los nubios en Egipto

Capítulo 186. El negro pide certeza sobre la presencia del Señor

Capítulo 187. Los nubios reconocen al Señor

Capítulo 188. La humildad exagerada

Capítulo 189. Oubratouvishar describe su patria Nubia

Capítulo 190. El tesoro de Oubratouvishar

Capítulo 191. La llegada de los negros partidos más tarde

Capítulo 192. La naturaleza de Isis y de Osiris

Capítulo 193. El gran Templo de Jabusimbil, construido en las rocas

Capítulo 194. Oubratouvishar muestra a los suyos el Dios encarnado en Jesús ....

Capítulo 195. Las dudas justas de los negros referentes a la Divinidad del Señor

Capítulo 196. Oubratouvishar intenta a convencer a sus compatriotas de la Divinidad de Jesús

Capítulo 197. Las ventajas y desventajas espirituales de los negros

Capítulo 198. La diferencia de los climas y de las razas en la Tierra

Capítulo 199. La comprensión lenta y la comprensión rápida de la Doctrina de la Verdad

Capítulo 200. Rafael convence a los negros de la Divinidad del Señor

Capítulo 201. El negro y Oubratouvishar entregan sus tesoros a Cirenio

Capítulo 202. El origen del templo Jabusimbil, de la Esfinge y de las columnas .. de Memnón representados por los jeroglíficos de las dos primeras perlas

Capítulo 203. El secreto de la tercera perla. Los siete gigantes y los sarcófagos ....

Capítulo 204. Rafael explica las constelaciones en la cuarta perla

Capítulo 205. La división del tiempo en la quinta perla

Capítulo 206. El enigma de la sexta perla: la representación de las pirámides, de los obeliscos y de la esfinge

Capítulo 207. Las constelaciones de la séptima perla

Capítulo 208. Las costumbres de los nubios y las de los blancos

Capítulo 209. Formación del intelecto y del ánimo

Capítulo 210. El objetivo de la Encarnación del Señor. Los negros como testigos de la humanidad verdadera y original

Capítulo 211. El poder de los moros sobre el agua

Capítulo 212. El dominio de los moros sobre los animales

Capítulo 213. El dominio de los negros sobre las plantas y los elementos

Capítulo 214. El conocimiento de sí mismo del hombre

Capítulo 215. La esfera de vida exterior del alma humana y la esfera de luz exterior de Sol

Capítulo 216. La influencia del carácter humano sobre los animales domésticos ...

Capítulo 217. Las ventajas de la formación correcta del alma

Capítulo 218. El poder de un alma perfecta

Capítulo 219. El efecto de la luz solar. La estructura del ojo humano. La visión del alma

Capítulo 220. El renacimiento y la educación correcta del hombre

Capítulo 221. La comprensión justa y la intuición del pensamiento

Capítulo 222. El significado de la esfera de vida exterior del alma

Capítulo 223. La fuerza del hombre perfecto en el amor

Capítulo 224. Hambre de alimento espiritual

Capítulo 225. La fuerza maravillosa de los renacidos

Capítulo 226. La relación entre el alma y el espíritu

Capítulo 227. El cerebro y el alma

Capítulo 228. La formación correcta del cerebro

Capítulo 229. Cirenio pide una dilucidación más detallada sobre la construcción del cerebro

Capítulo 230. Las consecuencias de la impudicia

Capítulo 231. La bendición de un engendramiento ordenado

Capítulo 232. La estructura del cerebro humano

Capítulo 233. La relación entre el cerebro de la parte anterior de la cabeza y el de la región occipital

Capítulo 234. La conexión de los órganos de los sentidos con el cerebro

Capítulo 235. El cerebro perfecto y el cerebro echado a perder

Capítulo 236. La naturaleza del sabio mundano y su desgracia en el Más Allá

Capítulo 237. Las consecuencias de un cerebro espiritualmente oscuro

Capítulo 238. Las dificultades de desarrollo de un alma mundana en el Más Allá..

Capítulo 239. La influencia de una educación incorrecta sobre el cerebro

Capítulo 240. El cerebro de un sabio mundano

Capítulo 241. La pregunta por el origen del pecado

Capítulo 242. Injusticias aparentes en la guía de las almas en este mundo y en el Más Allá

Capítulo 243. La Naturaleza de Dios. La gravedad de prueba necesaria de la vida terrenal

Capítulo 244. El ego del hombre en calidad de maestro absoluto de su destino

Capítulo 245. El desarrollo independiente del alma humana llamada a la filiación de Dios

Capítulo 246. Los motivos de Dios para establecer la perfección independiente .de un alma humana

Capítulo 247. De la posesión. La difusión lenta del Evangelio

Capítulo 248. Hacer milagros al tiempo oportuno

Capítulo 249. El obrar señales a la propagación de la Doctrina del Señor

Capítulo 250. Dificultades con la propagación de la Doctrina pura

Capítulo 251. La espada como medio de castigo para pueblos incrédulos

Capítulo 252. El “Padre” y el “Hijo” en Jesús

Capítulo 253. Las apariciones ocurridas durante el bautismo del Señor. La eternidad del Señor

Capítulo 254. La magnitud de la Creación

Capítulo 255. La Encarnación del Señor en nuestro período de creación y en nuestra Tierra. La omnipresencia del espíritu

Capítulo 256. La esfera de la vida exterior del alma y la del espíritu

Capítulo 257. La Omnisapiencia de Dios

Capítulo 258. La lengua de los animales

Capítulo 259. Ejemplos de la inteligencia de los animales

Capítulo 260. La conversación del Nubio conocedor de lenguas de animales con el asno de Marco

Capítulo 261. El aumento de la esfera de vida exterior del hombre

Capítulo 262. La esfera de Luz vital exterior de Moisés y de los patriarcas

Capítulo 263. El motivo de las explicaciones del Señor

Información

JESÚS EN LA REGIÓN DE CESÁREA DE FILIPO (Mateo 16, continuación)

Capítulo 1. La verdadera sabiduría y la viva veneración a Dios

1. Habiéndome levantado con todos los que habían descansado agradablemente junto a Mí durante más de tres horas, llamé a los tres y les pregunté por qué no se habían entregado también ellos al sueño reparador durante esas tres horas.

2. Dijo Matael: «¡Señor!, Tú, el gloriosísimo; Tú, el muy sabio, ¿quién puede dormir cuando tu Palabra le ha restaurado tan poderosamente? ¡Los tres nos sentimos tan fortalecidos como si hubiésemos dormido perfectamente toda la noche! Pero, en tu nombre, hemos aprovechado las tres horas según nuestras posibilidades y, con tu consentimiento misericordioso, hemos aprendido cosas que ningún mortal había soñado hasta ahora, por lo que te damos las gracias desde lo más profundo de nuestro corazón. Tú eres el Señor y sólo Tú lo eres Todo en todos sitios y en toda cosa, por lo que sólo para Ti es todo nuestro amor y nuestra veneración más profunda».

3. Dije Yo: «Está bien, sé todo lo que habéis discutido y aprendido antes del tiempo que os estaba prescrito. Pero puesto que habéis sabido esas cosas, por el momento guardadlas para vosotros y, después, no hagáis mal uso de ellas: los hijos de esta Tierra no las comprenden porque no vienen del mismo sitio que vosotros. Aún os serán dadas a conocer cosas mucho más grandes. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros el día que Yo lo derrame sobre vosotros desde lo alto del Cielo, sólo entonces seréis guiados en toda Verdad. Pues será el Espíritu de Amor, el Padre mismo, quien os eleve y os enseñe para que todos podáis venir a donde Yo esté.

4. En verdad os digo que nadie viene a Mí si el Padre no le atrae a Mí. Si queréis venir hasta Mí, todos debéis ser instruidos por el Padre, es decir, por el Amor eterno de Dios. Todos debéis ser tan perfectos como perfecto es el Padre en los Cielos. Pero no os llevará a ello ni el mayor saber ni la más rica experiencia, sino únicamente el amor vivo a Dios y un amor igual al prójimo. Ese es el gran secreto del renacimiento de vuestro espíritu por Dios y en Dios.

5. Pero antes, cada cual tendrá que atravesar conmigo la puerta estrecha de la más completa renuncia a sí mismo, hasta que se vuelva como Yo soy. Cada cual debe dejar de ser algo para sí mismo, para poder serlo todo en Mí.

6. Amar a Dios sobre todas las cosas significa absorberse y disolverse completamente en Dios, y amar al prójimo significa no ser sino uno con él, sin lo cual nunca podrá amársele completamente: un amor a medias no sirve ni al que ama, ni al que es amado.

7. Si desde una alta montaña quieres tener una buena vista en todas direcciones, siempre deberás subir a la cumbre más elevada porque desde una cima más baja buena parte del paisaje quedará inevitablemente oculta a tu vista. Lo mismo pasa con el amor: lo más extremo debe venir de lo más profundo de vosotros para que sus frutos se manifiesten.

8. Vuestro corazón es un campo, el amor activo la semilla viva, y los hermanos pobres el estiércol. Quien de vosotros siembre mucho en su campo bien abonado, tendrá buena cosecha. Con cuantos más pobres abonéis el campo, más fértil será. Cuantas más buenas semillas sembréis en él, más ricas serán las cosechas. Quien siembre abundantemente cosechará en abundancia, pero quien siembre con parquedad poco recogerá.

9. La sabiduría más elevada es llegar a ser sabios por el amor más activo. ¡Por el contrario el saber no sirve de nada sin amor! Por eso no debéis preocuparos por saber mucho, sino por amar mucho, y el amor os dará lo que ningún saber puede daros. Está bien que hayáis aprovechado estas tres horas para enriquecer vuestros conocimientos y vuestra experiencia de variadas maneras con tanto celo, aunque todo eso por sí solo no le aprovechará mucho a vuestra alma. Pero si en adelante dedicáis el tiempo a amar al prójimo con el mismo afán, un día será de gran provecho para vuestras almas.

10. ¿De qué me serviría que os quedaseis medio pasmados de admiración ante mi Poder, mi Magnitud y mi inagotable Magnificencia, si vuestros hermanos y hermanas pobres lloran de hambre, de sed y de frío delante de vuestra casa? ¡Qué lamentables y completamente inútiles serían vuestros gritos de júbilo y alabanza en Honor y Gloria de Dios si detrás se oyera el lamento de un hermano pobre! ¿Para qué sirven todas las riquezas y las fastuosas ofrendas al Templo, si un hermano pobre languidece o muere de hambre delante de su puerta?

11. Por eso debéis buscar ante todo la miseria de vuestros hermanos y hermanas pobres; ayudadles y consoladles y descubriréis más en un hermano al que hayáis socorrido que si hubieseis visitado todas las estrellas y me hubierais alabado con lengua de serafines.

12. En verdad os digo que todos los ángeles, todos los Cielos y todos los mundos con toda su sabiduría no podrán daros en toda la eternidad lo que conseguiréis ayudado con todas vuestras fuerzas y con todos vuestros medios a un hermano en la miseria. Nada es más elevado ni más cercano a Mí que el verdadero amor activo.

13. Si rezas a Dios y mientras lo haces no oyes la voz de tu pobre hermano que se lamenta y que ha venido a pedirte ayuda, entonces ¡malditos sean tus vanos cuchicheos! Porque honrarme es amar y no mover inútilmente los labios.

14. No debéis ser como aquellos de los que decía Isaías: “Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí”. Si me rezáis, hacedlo en espíritu y en toda Verdad, pues Dios es Espíritu y sólo se le puede rezar en Espíritu y en Verdad.

15. La verdadera oración en espíritu, la única que me agrada no consiste en mover la lengua, la boca y los labios, sino exclusivamente en el ejercicio activo del amor. ¿Para qué te sirve adornar con varios libros de oro la tumba de un profeta si mientras no escuchas la voz de un hermano que sufre? ¿Acaso piensas que eso me agradará? ¡Necio! ¡Te miro con ojos de cólera porque, por un muerto, no has oído la voz de un vivo!».

Capítulo 2. El destino de los pueblos de Palestina

1. (El Señor): «Por eso, para que con el tiempo los lugares por los que ahora pasamos no se vuelvan objeto de una grosera idolatría, he previsto que ya no existan dentro de cien años.

2. No existirá Nazaret, el pueblo en el cual viví en mi juventud, sino otro pueblo con el mismo nombre en las montañas que están al Oeste de aquí. Genesaret desaparecerá y, de este lado del mar, sólo subsistirá Tiberíades. Cesárea de Filipo, donde estamos ahora, ya ha dejado de existir, pero quedará otra más arriba de las aguas del lago Merom, de donde sale el Jordán, y otra más en el poniente, cerca del gran mar de sal y no lejos de Tiro y Sidón. Del país de Samaria sólo subsistirá la parte que se extiende desde aquí al sur. Y la parte pequeña situada hacia levante —con el verdadero Sicar actual y con el verdadero monte Horeb— desaparecerá y, más tarde, vuestros descendientes la buscarán y la encontrarán no lejos del gran mar; pero de ella ya no quedará sino el nombre y una montaña escarpada, que no será la verdadera. Y lo mismo pasará con Jerusalén y otros lugares de la Tierra Prometida, cuya mayor parte se volverá un desierto.

3. Tened muy presente todo esto; pues así ocurrirá para que los hombres no desatiendan demasiado los clamores de sus pobres hermanos y hermanas por idolatrar excesiva de estos lugares. Por eso todos quedarán confundidos... ¡Que busquen mi cabaña en un Nazaret equivocado y que pongan caras de bobo porque pronto, después de mi Ascensión a mi Reino, el verdadero Nazaret desaparecerá del suelo terrestre!

4. Quien escudriñe buscando vanidades, hallará vanidades y por ellas morirá; pero aquél que busque al verdadero Nazaret en el corazón, lo hallará en cada hermano pobre, y en cada hermana pobre encontrará un verdadero Belén.

5. Tiempos vendrán en los que llegarán aquí hombres desde muy lejos buscando estos lugares. Los nombres quedarán, pero no los lugares ni las aldeas originales. Incluso los pueblos europeos entrarán en guerra por la posesión de estos lugares, imaginándose que así me prestan un buen servicio, mientras que en su patria permiten que perezcan sus mujeres, hijos, hermanos y hermanas en la pobreza, la necesidad y la miseria.

6. Cuando luego lleguen a Mí en el Más Allá para recibir la recompensa esperada por sus esfuerzos y sacrificios, haré que su gran necedad les sea manifiesta y les mostraré la miseria que han ocasionado a causa de su estupidez sin par, en primer lugar entre aquellos cuyo cuidado dependía directamente de ellos: sus mujeres, sus hijos y otros necesitados de la casa. Y serán conscientes de que no recibirán la Luz de mi Gracia antes de haber reparado completamente el daño ocasionado, lo que les resultará muy difícil, porque para ello no dispondrán en la penumbra del reino de los espíritus, encima de la Tierra y debajo de ella, sino medios muy escasos...

7. Os digo que a causa de la gran necedad de los hombres estos lugares serán entregados a un pueblo pagano. Y mediante estos paganos Yo castigaré a los falsos adeptos de mi Doctrina en levante y en poniente, al mediodía y en las zonas del septentrión.

8. ¡Procurad que ni la necedad ni la superstición ciega se infiltren en mi Doctrina de la Vida y del verdadero reconocimiento de Dios por los únicos caminos del amor activo! ¡Porque el amor activo dará a todo hombre la Luz verdadera, y la verdadera, justa e ilimitada comprensión de todas las cosas del mundo natural y espiritual! Este es y seguirá siendo eternamente el único verdadero camino eficaz para llegar a Mí y entrar en mi Reino eterno.

9. Sólo Yo, el Amor desde todas eternidades, soy la Luz, el Camino, la Puerta y la Vida eterna. El que intente penetrar en mi Reino de la Luz de otra manera es parecido a un ladrón y será sepultado en las más profundas tinieblas ya en este mundo y más aún en el Más Allá. Ahora sabéis lo que debéis hacer y lo que es justo ante mis ojos. ¡Actuad así y andaréis por el buen camino!

10. Ahora vayamos a ver a los nueve ahogados y tú, Marco, haz que traigan vino pues vamos a necesitarlo».

Capítulo 3. El Señor y los nueve ahogados

1. Fuimos rápidamente hacia los nueve ahogados y Yo mandé que los pusieran boca arriba y con las cabezas ligeramente levantadas. Puestos así, le dije a Marco: “Viérteles a cada uno una cuantas gotas de vino en la boca”. Lo que fue muy fácil porque todos la tenían abierta. Cuando lo hicieron, dije a todos los presentes: «¡Venid, y si hay alguno que no esté convencido, que se asegure que estos nueve hombres están verdaderamente muertos!».

2. Entre los treinta fariseos convertidos había un médico que sabía perfectamente si un cuerpo estaba verdaderamente muerto o no. Se inclinó sobre los cadáveres y dijo: «No voy a examinar estos ahogados porque tenga la menor duda de su muerte sino para, como experto y perito, atestiguar de manera irrefutable que los nueve están completamente muertos». Acto seguido los palpó a todos, y examinó sus ojos y su facies hipocrática, señal segura de muerte completa y de extinción de toda vida física.

3. Cuando el médico hubo emitido su juicio —aceptado por todos los que consideraban sus conocimientos verdaderos y válidos— todavía añadió: «No sólo en este momento, sino ayer, una hora después de haber caído al agua, ya estaban tan muertos como ahora. A juzgar por el olor, ya ha comenzado la descomposición y no hay ciencia ni fuerza humana capaces de devolverles la vida. Eso sólo puede hacerlo Aquél que el día del juicio final resucitará a todos de las tumbas».

4. Yo dije: «Para que con esta afirmación válida del médico reconozcáis la Magnificencia y la Gloria del Padre en el Hijo del hombre, clamo al Padre: “Padre, ¡glorifica tu nombre!”».

5. En este momento muchos oyeron una voz de trueno: «Ya le he glorificado en ti, mi Hijo más amado; porque Tú eres aquel en el que tengo puesta mi complacencia. ¡Qué los hombres te escuchen!».

6. Muchos oyeron estas palabras, pero otros sólo sintieron un trueno y empezaron a preguntarse por qué había tronado. Pero quienes habían escuchado las palabras en el trueno dieron testimonio de lo que habían oído, con lo que los otros se maravillaron y dijeron: «¡Qué cosa más extraña! Sólo escuchamos el trueno; pero como varias personas afirman haber percibido las mismas palabras, lo creemos como si las hubiésemos oído nosotros mismos. Aun así, de todo esto sólo podemos deducir que este Maestro sólo es el Hijo y no el santo Padre todopoderoso que vive en los Cielos al que ningún hombre puede ver, sino sólo hablar en momentos santificados. Así que como Moisés también hizo prodigios extraordinarios era igualmente hijo del Altísimo, y los demás profetas lo fueron también en la misma medida. Sólo que este Nazareno debe ser el más grande de todos los profetas porque hace más milagros y más importantes».

7. Al oír la conversación, Murel dijo: «Estáis muy equivocados y cometéis un gran error. ¿Quién, antes de Moisés, anunció mediante el Espíritu del Señor un nuevo Moisés?... ¿quién un Elías?... ¿quién un Samuel y quién a cada uno de los cuatro grandes profetas? ¡Todos fueron despertados por Dios como por casualidad, y todos han profetizado! Y ¿sobre qué han profetizado principalmente? Precisamente sobre Aquél que está ahora ante nosotros.

La voz que acabamos de escuchar como un fuerte trueno es tanto la Suya propia como aquella con la que nos habla, la que sale de su boca corporal. La diferencia consiste sólo en que con su boca nos habla como hombre, mientras que mediante la voz de trueno se ha hecho oír como Aquél que era, es y será eternamente, El que ha creado todo lo que existe y El que en el monte Sinaí dio al pueblo los Mandamientos entre truenos y relámpagos. Por eso sólo a Él le es posible todo, incluso que por su sumo Amor hacia nosotros, sus hijos, haya podido hacerse hombre como nosotros, sin lo cual nunca habría sido posible que sus hijos —a los que ama sobre todo— pudieran verle y conocerle perfectamente».

Capítulo 4. Disposiciones del Señor referente a la resurrección de los ahogados

1. Acto seguido me acerqué a Murel y le dije: «¡Bien hecho, hijo mío!, veo que te has adentrado muy profundamente en la Verdad, y has enseñado correctamente según esta Verdad a los que estaban equivocados. Por eso serás una herramienta útil contra los judíos y los paganos; y en el Cielo tendrás tu recompensa.

2. Pero hagamos lo que he preparado para vosotros, para que a todos os sea manifiesto que única y verdaderamente Yo soy Aquél que debía venir según las predicciones de todos los profetas, incluso de Simeón, Ana, Zacarías y Juan a quien Herodes hizo decapitar. Estos nueve deben ser resucitados y regresar a sus casas. Y cuando se despierten completamente fortalecidos, ¡no los retengáis sino permitidles que se vayan inmediatamente! Sólo cuando Yo haya abandonado esta región podréis informarles sobre lo que les ha pasado».

3. Y dirigiéndome a Marco, le dije: «¡Dales ahora todavía un poco más de vino!».

4. Marco lo hizo, pero Cirenio y Cornelio me preguntaron por qué se debía verter vino en la boca de los ahogados antes de ser resucitados.

5. «Para resucitar a estos nueve el vino no es preciso», les respondí. «Pero como inmediatamente después de ser resucitados deben regresar a sus lugares, necesitan un fortalecimiento corporal que se conseguirá dándoles vino por la boca, aún antes de la vivificación. Los nervios del paladar y de la lengua lo absorberán y de esta manera también lo compartirán con los demás nervios vitales. Cuando más tarde resuciten, el alma vuelta a su cuerpo tendrá una herramienta fortalecida que podrá utilizar inmediatamente para diversas actividades. Sin este fortalecimiento previo, estos nuevamente resucitados tendrían que permanecer aquí cierto tiempo para fortalecer sus miembros realizando alguna actividad. Al mismo tiempo este fortalecimiento previo proporciona un sabor agradable a la boca de los ahogados, lo que también es conveniente porque el sabor del agua turbia del mar les causaría náuseas, difíciles de calmar. Ahora también sabéis esto. ¿Tenéis todavía alguna otra pregunta respecto a este asunto?».

6. Dijo Cornelio: «No precisamente, Señor y Maestro, pero me llama la atención que Tú, Omnipotente cuya Voluntad es capaz de realizarlo todo, te sirvas en algunas situaciones de recursos completamente naturales para obtener fines determinados».

7. «¿Y por qué no?», le respondí. «¿Acaso los recursos naturales no son también obra de Mi Voluntad, como lo es el vino de las bodegas de Marco, cuyos odres vacíos y otras vasijas he llenado milagrosamente? Si me sirvo de un recurso natural, ¿acaso ello es menos milagroso que si no me hubiese servido de él, sino solamente de Mi Voluntad? ¿Lo comprendéis ahora?».

8. Respondieron Cornelio y Cirenio: «Sí, Señor, ahora lo hemos comprendido claramente, y estamos ansiosos de ver la vivificación de los nueve ahogados. ¿Vas a realizarla ahora?».

9. «¡Tened todavía un poco de paciencia hasta que hayan recibido el vino por tercera vez; esto les proporcionará un fortalecimiento previo suficiente para su vivificación!».

10. Los curiosos quedaron satisfechos y Marco, obedeciendo mi orden, echó por tercera vez vino en las bocas de los nueve ahogados.

11. Acto seguido dije a los presentes: «La obra está cumplida. Alejémonos ahora de este lugar y sentémonos a las mesas, donde nos espera un desayuno bien preparado. Si nos quedásemos aquí no haríamos sino confundir a los despertados; pues, pensarían que debe haber pasado algo extraordinario con ellos; pero si no ven a nadie cerca, pensarán que, fatigados por el temporal de ayer, se durmieron en esta duna y que han despertado esta mañana de su profundo sueño. Así se levantarán tranquilamente y regresarán a sus casas, donde los suyos, naturalmente, los acogerán con la mayor alegría».

Capítulo 5. Las dudas de Cornelio

1. Todos obedecieron a mi orden, aunque la mayoría no con mucho gusto porque hubiera preferido ver el milagro de cerca; sin embargo, nadie se atrevió a contradecirla. De modo que nos sentamos a las mesas y nos servimos los sabrosos y bien preparados pescados.

2. Mi Yara dijo: «¡No sé por qué estoy hoy de tan buen humor! Pero veo que los demás no están tan contentos como yo. La verdad es que soy una muchacha y debía estar más picada por la curiosidad que los otros, ¡pero pasa precisamente lo contrario! Los hombres miran continuamente hacia los nueve ahogados, a ver si ya se han despertado. Yo aún no he mirado hacia allí y aun así he visto que se han ido yendo uno tras otro... Y los hombres, gobernadores y reyes continúan mirando, preguntándose en su interior si han sido resucitados. ¡Sí!, ¡hace ya casi media hora, en cuanto nosotros llegamos a las mesas, que empezaron a moverse y se levantaron del suelo uno tras otro, se restregaron los ojos para despabilarse y se alejaron! Como soy pequeña, lo vi fácilmente por debajo de las ramas de los árboles que a vosotros que sois grandes os impiden observar el milagro del poder de la Voluntad divina. Ahora ya es demasiado tarde y aunque fuerais allí, no encontraríais sino los sitios vacíos donde habían sido colocados. También aquellos que el Señor despertó ayer tras la tormenta se marcharon junto con los nueve ahogados».

3. «¡Todo lo descubres con tu buena vista!», dijo Cornelio. «Como ya todo ha pasado, basta el éxito del Orden del Señor, porque con un solo fallo surgirían muchas dudas en los obstinados. Pero dime, ¿has visto realmente que los nueve se levantaron y se fueron?».

4. Yara le contestó un poco excitada: «¿Acaso me tomas por mentirosa? Desde que vivo y pienso nunca ha salido una mentira de mi boca, ¿y al lado de mi Señor, de mi Dios y verdadero Maestro, iba a mentir para satisfacer vuestra curiosidad? Oh, tú que eres un noble señor, ¡todavía estás muy lejos de conocerme! Incluso en la inteligencia más lúcida mora la mentira. Puedes haber explicado algo a alguien según tu comprensión, tal como te parecía evidente, pero tu idea podía ser totalmente errónea, de modo que tu explicación resultó una gran mentira y, al dar al otro una información falsa, te engañaste incluso a ti mismo. Pero el amor verdadero y puro nunca miente ni puede mentir, porque honra al prójimo —que también es hijo de Dios— más que a sí mismo, y a Dios sobre todas las cosas. Yo estoy llena de amor a Dios y también al prójimo. Siendo así, ¿iba a ser capaz de darte un testimonio falso? Noble Cornelio, ¡esta descortesía ha sido poco amable por tu parte!».

5. «Apreciada Yara», le respondió Cornelio, «¡no era ni mucho menos mi intención ofenderte! ¡Te lo he preguntado porque es habitual preguntarlo, pero nunca pensé en ofenderte pensando que hubieras podido decirme algo falso! ¡Pregúntale al Señor, que sin duda alguna conoce bien el estado de mi ánimo, si quería acusarte de mentir a ti, que eres una muchacha sincera! Los nueve han sido despertados por la Voluntad del Señor y han regresado a sus casas, y de esta manera todo el asunto está resuelto. Te hice tan torpe pregunta por mera costumbre y ni mucho menos pensé en algo parecido. ¿No me guardarás rencor?».

6. «Oh, no señor», le respondió Yara, «sólo que en adelante tendrás que pensar y formular tus preguntas un poco mejor... Pero cambiemos de conversación, porque ya hemos hablado demasiado de cosas vanas».

7. «Sí, tienes razón», dijeron Cornelio y Cirenio. «El tiempo es demasiado valioso para perderse en conversaciones vanas mientras el Señor se encuentra entre nosotros. Demos ahora únicamente al Señor todo el honor, Él ya decidirá lo que tengamos a hacer».

8. «Ya está bien», les dije. «Ahora tenemos tiempo para pescar; aprovisionaremos abundantemente a Marco. Después de mediodía habrá algo nuevo».

9. Al oírlo, y sin perder tiempo, el viejo Marco mandó a sus hijos que preparasen los navíos necesarios porque los grandes viveros vallados de la playa donde guardaba los peces, había sufrido mucho por el temporal del día anterior.

Capítulo 6. Los persas y los fariseos disputan sobre el milagro. Judas Iscariote se dedica a pescar oro.

1. Mientras nosotros discutíamos diversos asuntos en nuestra mesa, los treinta fariseos jóvenes y los veinte persas que todavía estaban presentes su pusieron a disputar. Los persas consideraban la resurrección de los nueve ahogados como una auténtica obra milagrosa, mientras que los treinta fariseos jóvenes lo ponían en duda. Sobre todo Risá, el que antes había preparado a Ebran, estaba más que ninguno en contra de que lo fuera.

2. Dijo Ebran: «Amigo Risá, si un hombre está físicamente muerto como estos nueve ahogados, puedes colocarle como quieras y al día siguiente ponerle el mismo vino en la boca, pero nunca lo resucitarás. Esto es obra de la fuerza de la Voluntad divina. Colocarlos en una posición especial y darle vino sólo facilita que el agua pueda salir del estómago y de los pulmones, que el vino les fortalezca previamente y que desaparezca de la boca el sabor nauseabundo. Pero para la resurrección del cuerpo muerto ni la posición especial ni el vino pueden ser considerados necesarios. El Señor lo hizo así para que las almas de los ahogados encontrasen inmediatamente un cuerpo habitable y utilizable pues tenía la intención de resucitarlos mediante su Voluntad. ¿Acaso no lo comprendes?».

3. «Sí, lo comprendo y supongo que tienes toda razón», le contestó Risá. «Pero aun así sería conveniente comprobarlo en la práctica para convencerse si la manera de colocarlos y más tarde el hecho de darles tres veces vino pueden resucitar a una persona realmente ahogada. Una vez comprobado, quedará claro que esta resurrección es un milagro verdadero. Eso es lo que pienso».

4. Dijo Ebran: «Si insistes en tu opinión y el Señor lo quiere, tal vez con ocasión de la próxima pesca podamos encontrar algún cadáver. Entonces podrás hacer la prueba de poner al ahogado en posición inclinada y de darle el vino para su resurrección, con lo cual, indudablemente no conseguirás ningún resultado asombroso».

5. También los persas dijeron: «Somos de la misma opinión. Pues lo que únicamente puede ser hecho por la fuerza de la Voluntad divina, ningún hombre puede hacerlo —a no ser que la Voluntad de Dios actúe tras la voluntad del hombre— porque no es sino una criatura. Esto es lo que pensamos y creemos que no estamos equivocados. Pero ahora todos se dirigen al agua, de modo que embarquemos nosotros también; sin duda en esta ocasión sucederá igualmente algo maravilloso y debemos ser testigos de ello».

6. Durante aquella mañana el agua estaba particularmente serena, condición óptima para pescar. Con excepción del Judas Iscariote, mis discípulos se unieron a los hijos del viejo Marco y les ayudaron a lanzar las grandes redes y a tenderlas.

7. Judas Iscariote se divirtió a su manera dirigiéndose a la ciudad, totalmente destruida, para contemplar el aspecto de la misma. Había oído decir que los ricos griegos tenían la intención de pavimentar las calles con oro y plata, y creía que ya habían empezado la obra. Por eso se dirigió a paso de lobo hacia el lugar del incendio para pescar allí oro, plata y otras cosas preciosas expuestas abiertamente.

8. Pero por esta vez sus malas inclinaciones no tuvieron resultado —salvo sobre sus costillas— porque cuando los guardias vieron al forastero buscando oro y plata en las calles, le detuvieron y le atizaron una paliza de padre y muy señor mío. De modo que abandonó las ruinas de la ciudad que, pese a la tempestad, todavía estaban humeando. Esta ciudad se había llamado desde siempre “Vilipia”, los griegos la bautizaron “Filipo” y más tarde, bajo los emperadores de Roma, la ciudad recibió también el sobrenombre de “Cesárea”, con lo que se llamaba “Cesárea Filipo”.

9. Cuando nuestro pescador de oro llegó a la casa de Marco a paso ligero, no encontró a nadie, salvo a su mujer y a sus hijas, con las que no pudo hacer nada porque estaban muy ocupadas preparando la comida y no tenían tiempo de entretenerle. Como la conducta de este discípulo siempre les parecía algo impertinente, ni tenían ganas de contestar a sus preguntas petulantes. Como este discípulo se había mostrado insoportable con ellas en repetidas ocasiones, no gozaba de sus simpatías.

10. Así que no encontrando una acogida favorable por parte de la mujer y las hijas de Marco, salió de la casa y fue al mar para ver dónde estábamos, aunque no pudo encontrar ni rastro de nosotros porque, para hacer una buena pesca, habíamos salido a alta mar a causa de bancos de peces que iban allí sólo dos veces al año siguiendo la corriente del río Jordán. Por lo general eran truchas asalmonadas doradas de las mejores.

11. Al quedarse solo, aburrido y sin saber qué hacer, el discípulo entró en las tiendas de Ouran para comprobar si todos habían salido y si podría encontrar algunas piezas de oro o de plata que sobrasen. Pero también aquí se llevó una decepción; pues Ouran había apostado en cada tienda tres vigilantes que, en ausencia del amo, tenían malas pulgas. Enfadado y disgustado abandonó las tiendas y se decidió por la sombra de un árbol en la que en seguida se durmió a gusto.

12. Pero tampoco tuvo suerte esta vez porque pronto le despertaron las moscas. De modo que durante tres horas Iscariote fue un hombre acosado y poco faltó para que se desesperara. Finalmente descubrió nuestros navíos y se animó un poco, arrepentido de haber abandonado Mi compañía.

Capítulo 7. El sirviente infiel de Elena

1. Nosotros, mientras tanto, habíamos hecho una pesca maravillosa de los mejores peces. También habíamos encontrado, en alta mar, los cadáveres de dos mujeres totalmente desnudos, obra de piratas. Estos les habían robado todos sus bienes y luego las habían echado al agua, todavía vivas.

Las dos jóvenes tenían 19 y 21 años, mujeres bien formadas. Venían de Cafarnaúm, eran hijas de una familia rica y querían viajar a Gergesa, confiándose al mar. Su barco y la tripulación eran de buena condición. Pero en medio de la mar se enfrentaron con corsarios griegos. Estos mataron a golpes a la tripulación de cuatro marineros y luego los tiraron al mar. A las muchachas les quitaron toda la ropa, las violaron y luego las arrojaron al agua.

Pero aún antes de amanecer estos malhechores fueron prendidos por el brazo de la justicia; con lo que estos diablos en forma humana no escaparán de su castigo más severo y riguroso.

2. Ambas muchachas estaban atadas juntas por los cabellos y flotaban muertas sobre el agua. Según la opinión de Risá, esto era una oportunidad para poner a prueba lo de la posición de los cadáveres y lo de darles vino para la posible resurrección. Por este motivo envolvieron a los dos cadáveres en paños y los pusieron en un barco.

3. Entonces había mucho trabajo y Marco a penas sabía dónde almacenar toda la pesca. Por eso Yo mandé al ángel Rafael para que le ayudase, y rápidamente todo estuvo en mejor orden. Risá se encargó de los dos cadáveres para el ensayo de resucitarlos, y los colocó igual que Yo un día antes a los cadáveres de los nueve ahogados.

4. Mientras tanto Tomás saludó a Judas Iscariote, y le preguntó un poco irónicamente si había tenido éxito en su pesca particular. Judas Iscariote murmuró algunas palabras en su barba densa, pero no se atrevió a entrar en disputa con Tomás; pues, recordó bien que este antes le había advertido que no fuera a buscar oro a la ciudad... y seguro que estaba al tanto de cómo le había resultado la pesca.

Por eso Judas Iscariote se calló y Yo di una señal a Tomás para que dejase al buscador de oro en paz, pues tal disputa no habría sido fructuosa.

5. Aconteció que un sirviente de Ouran —a cuenta de Judas Iscariote— metió demasiado profundamente sus manos en el talego de tesoro de Elena y le quitó treinta denarios, monedas de plata. Este sirviente vino a toda prisa a nuestra mesa para llamar la atención: «¡Un ladrón, un ladrón! Cuando su alteza asistía a la pesca en la mar y nadie estaba aquí, salvo los soldados romanos que hacían sus ejercicios alrededor del monte, yo tuve que salir de la tienda para hacer mis necesidades: Al mismo tiempo un discípulo del gran Profeta, al que con razón llamáis vuestro maestro, entró furtivamente en la tienda y robó treinta denarios del talego de tesoro de la princesa, antes de que yo hubiera regresado.

6. Cuando entré en la tienda, allí estaba él, observando el suelo como si estuviera buscando algo que había perdido. Como me parecía sospechoso, le reprendí ásperamente, por lo que en seguida abandonó la tienda. Al principio no pensaba nada de mal de un discípulo del gran Profeta, pero dando vueltas por la tienda me llamó la atención que el talego de la majestuosa princesa no se hallaba en el orden acostumbrado. Como yo en calidad de confidente estaba al tanto del contenido numérico del talego del tesoro, lo abrí y conté su contenido. Y mira por donde, ¡faltaban treinta denarios de plata! ¡Nadie más que este discípulo antes mencionado pudo haber tomado estos treinta denarios!

Nada más darme cuenta, denuncio este hecho sumisamente, para que finalmente no se sospeche de mí, dado que yo mismo soy inocente».

7. Pero Elena le preguntó: «Siervo, ¿por qué te disculpas antes de que alguien hubiera sospechado de ti?».

8. «Majestuosa princesa», respondió el vigilante, «no es que me disculpe, sino como es mi deber, sólo indico el robo cometido por el discípulo del gran Profeta».

9. «¿Cuándo has inspeccionado la penúltima vez mi talego del tesoro sin autorización mía?».

10. «Inmediatamente después de que la majestuosa princesa me había encargado la protección de la tienda», le respondió el vigilante. «Y entonces la talega contenía todavía 600 denarios, mientras que ahora contiene solamente 570, con lo que faltan evidentemente treinta denarios, los que nadie más que el discípulo señalado puede haber tomado. Como en calidad de guardia de los sublimes tesoros soy el responsable de todas las cosas, debo también saber qué y cuánto tengo que vigilar. De modo que acabo de enterarme de la falta indicada y lo declaro como es mi deber».

11. Dijo Elena: «Bien, inspeccionaremos este asunto más detalladamente y ya hallaremos al malhechor que no escapará al castigo justo y merecido.

También es posible que te hayas equivocado al contarlo o la primera o la segunda vez, y no es muy oportuno acusar al discípulo del gran Maestro divino que, tal vez, por aburrimiento entró en la tienda, pues no hemos prohibido a nadie la entrada en nuestras tiendas. ¡Ahora vuelve a tu puesto! Pero más tarde vendré para inspeccionar este asunto con toda severidad».

12. Recibida esta orden, el vigilante se alejó, y su primera actividad fue la de volver a meter los treinta denarios en el talego, para que de esta manera se pudiera tener la impresión que la princesa tenía razón al suponer que él podía haberse equivocado la primera vez al contar los denarios.

Terminada esta operación, volvió tímidamente por no saber qué iba a decir durante la inspección. Le parecía que le convenía volver a la princesa, a pedirle perdón e indicarle que al contar las monedas realmente se había equivocado, y que había denunciado al discípulo injustamente.

Pensado y hecho. De modo que transcurridos algunos momentos, el guardián volvió a la princesa y le explicó el hecho, rogándola al mismo tiempo que no procediera a la inspección anunciada, dado que ya no existía delito alguno.

13. Aún así el guardián quedó muy abochornado, porque sabía muy bien que el rey Ouran castigaba la mentira y el robo severamente. Pero Elena tuvo compasión con el viejo infeliz que por lo demás nunca se había mostrado infiel, y le dijo: «¡Levántate! No está bien que quisieras vengarte tan vilmente de un discípulo del Señor, aunque te sea antipático; pues, no te había hecho mal alguno. — Por eso mereces un castigo severo, pues, ahora sé cómo has obrado».

14. El siervo empezó a temblar mucho y Judas Iscariote, que desde cierta distancia había escuchado atentamente este diálogo, se acercó a él y le dijo: «Verdad es que has actuado mal contra mí, y eso sin motivos, pero te perdono. Confieso que estuve algunos momentos en la tienda donde tú me asustaste con tu acecho, con lo que me fui; pero de ninguna manera atentaba contra la propiedad ajena. Y aun si no me hubieras abordado tan furiosamente, los tesoros que proteges nunca habrían sufrido daño alguno por mí. — Sea como fuere, yo te he perdonado; ¡ahora es cosa tuya el arreglarte con tus soberanos!».

Capítulo 8. La tranquilidad exterior y la actividad interior de la sociedad

1. Acto seguido Judas Iscariote se retiró y Yo les dije a Elena, Ouran y Matael: «Terminemos este asunto, porque tenemos que resolver asuntos mucho más importantes. ¡Quedaos con el siervo y no le castiguéis! Nunca habría cometido esta travesura si no le hubiese instigado un espíritu. Él fue inducido a ello para hacernos una profecía que se cumplirá. — Pero basta ya; pues ahora tenemos que tratar de asuntos mucho más importantes».

2. Profundamente sorprendido, Cirenio me preguntó: «¿Señor, en qué pueden consistir estos asuntos? Me parece que no puede haber cosas más importantes que todas aquellas que hemos vivido. ¡Dímelo, Señor! Mi corazón arde en ansias de conocer tus nuevas órdenes y decisiones para que pueda observarlas».

3. «¡Ten un poco de paciencia!», le contesté. «¡Porque todo requiere su tiempo para su maduración! Por eso conviene que antes, junto conmigo, aún descanséis un rato».

4. En seguida todos procuraron relajarse y el asunto entre Judas Iscariote y el guardián de los tesoros de Ouran quedó terminado. Ouran y Matael —que de por sí daban poca importancia a los tesoros mencionados— tenían aún que negociar asuntos de gobierno importantes con Cornelio y Fausto, porque Ouran se sintió impulsado a regresar a su pueblo —cuyo rey era— y hacerlo feliz con el gran hallazgo de la Verdad, consistiendo en Mi Doctrina.

Pues, quería ser un rey de un pueblo razonable, sensato y sabio, y no de máquinas humanas que sin conocimiento ni voluntad actúan como animales.

5. Risá, sin embargo, observó pensativo a sus cadáveres, pensando si con las mismas manipulaciones observadas —y finalmente por el poder de mi nombre— podrían ser resucitados. Otros que se encontraban a mi alrededor reflexionaron en qué podría consistir la cosa importante que Yo iba a realizar después de este corto descanso. Aunque exteriormente parecía que todos estaban descansando, interiormente en sus ánimos no pararon, pero eso sin saber a qué atenerse.

También Filopoldo, Murel y Kisiona deliberaron juntos sobre lo que aún pudiera suceder; y también Cirenio, Ebalo y Yara cavilaron mucho, pero nadie podía imaginarse lo que iba a suceder.

6. Chabbi y Yura —los dos portavoces delegados de los persas— dijeron a sus compañeros que los abordaron con muchas suposiciones: «¡Dejadlo, porque esto sería tentar la fuerza de Dios en nuestros corazones! ¿Qué sabemos de nuestra constitución interior?

Si no sabemos nada de nosotros mismos, ¿cómo podríamos saber algo sobre la calidad y la naturaleza del Ser divino y lo que Él va a realizar? Lo que sí sabemos es que todo lo que Él hace es sumamente sabio y sirve para nuestro bien; lo demás debiera preocuparnos poco. Somos racionalistas y podemos utilizar satisfactoriamente todo lo que sirve para nuestro bien. Y finalmente ya tenemos por grandioso, valioso e importante todo lo que viene de Él, del único Señor de la eternidad y de la infinitud de todos sus hechos y obras incontables.

7. Como aún no nos conocemos a nosotros mismos —ni mucho menos— tampoco podemos saber lo que aún nos hace falta más allá de lo que ya hemos recibido. Pero Él lo sabe, y por eso puede muy bien designar algo venidero como grande y sobremanera importante.

Es imposible que el Señor de todo el Orden eterno empiece a contar con el número trece o catorce, sino que siempre empezará con el uno; con lo que sin duda alguna también sabrá con toda claridad lo que —en su debido orden— nos sirve para la perfección interior de nuestra vida.

De modo que podemos esperar tranquilamente, y ya veremos lo que hoy aún va a emprender».

8. Esta enseñanza realmente sabia calmó los ánimos de los persas y también de todos aquellos que estaban sentados a mi mesa; pues, se tranquilizaron y con viva atención y alegría esperaron lo que Yo más tarde iba a realizar.

Capítulo 9. Los espías de Herodes

1. En este momento el viejo Marco salió de la casa donde ya estaba ocupado con las preparaciones para el almuerzo, se acercó a Mí y me dijo en voz muy baja: «¡Señor, perdóname, si te molesto algunos momentos con un asunto!».

2. Pero Yo le respondí: «¡Amigo, ve y di a los espías de Herodes que detrás de tu casa están al acecho: “El Hijo del hombre actúa y habla abiertamente ante los ojos y los oídos de todo el mundo y no pretende acordar algo en secreto con nadie; por lo tanto, si alguien quiere hablar conmigo para discutir algo, debe venir a Mí y hablar y actuar de la misma manera. No admito que se me sople algo secretamente al oído, ni que se conjeture a escondidas; porque es una costumbre condenable de los hijos del mundo que, cuando traman algo maligno, no se atreven a salir a la luz, dado que a causa de sus malas intenciones temen a los hombres.

Yo, no obstante, obro y actúo abiertamente, siempre hablo con voz medida y no tengo miedo ante los hombres”. — ¡Ve, pues, y díselo a esos traidores indignos!».

3. Marco se inclinó profundamente ante Mí y se fue para cumplir puntualmente con este encargo. Cuando echó mis palabras a la cara de los acechadores tramposos que Herodes había enviado en todas las direcciones, uno de ellos le contestó: «Amigo, parece que no sabes que Herodes nos ha provisto de todos los poderes, incluso sobre la vida y muerte, y que tenemos el derecho de acabar con cada rebelde».

4. «¿También tratándose de un súbdito de Roma, como en mi caso?».

5. «Si le aniquilamos, el tetrarca no nos pedirá cuentas», contestó el portavoz atrevido.

6. A estas palabras Marco respondió: «Pero con más seguridad os las pedirán Dios y el gobernador romano, Cirenio, que por fortuna desde algunos días se encuentra aquí con otros dignatarios romanos. Pues, mala suerte os espera si en plan hostil os atrevéis a tocar a los míos».

7. Respondió el descarado: «¿Qué dices del gobernador de Roma — que está aquí? Porque sólo hace pocos días que el mismo, mediante el prefecto de Jerusalén, concedió a Herodes el derecho ilimitado de ejecución».

8. «¡Vale ya!», dijo Marco, «y en seguida vamos a ver quién delegó tal derecho a Herodes».

9. Acto seguido Marco envió a uno de sus hijos a Cirenio con el orden de comunicarle lo ocurrido. Con rabia contenida Cirenio, nada más enterarse de ello, mandó a Julio con cien soldados para que capturase a los treinta espías y que matase sin merced a cualquiera que no se rindiera inmediatamente entregando sus armas.

10. Yo todavía le avisé: «¡Matar no, pero sí tomar preso».

11. Al ver que los romanos empezaban a echarse furiosamente encima de ellos, los espías quisieron huir, pero sin éxito. Pues, los soldados les hicieron entender que ejecutarían sin merced ni compasión a cada uno de los que opusieran resistencia. Esta severa advertencia surtió efecto: los espías descarados se rindieron. Maniatados, encadenados y desesperados, fueron presentados al gobernador, en presencia de Marco y Julio.

12. Cuando los espías de esta manera se hallaron ante Cirenio, Cornelio y Fausto, con su severa voz de dictador romano Cirenio les preguntó: «¿Dónde están vuestras autorizaciones y la orden que os manda perseguir al Profeta de Galilea en todos sus caminos?».

13. El cabecilla que se llamaba Zinka le respondió: «¡Señor mío! Como tengo las manos atadas no me resulta posible sacar la autorización de mi saco. Haz que me suelten las cadenas y las cuerdas, y te presentaré los justificantes, para que sepas que también nosotros tenemos un señor que nos gobierna y al que debemos de obedecer, porque él compró el derecho de los romanos de ser también un señor sobre nuestra vida —en vuestro lugar— y lo pagó muy caro, con lo que puede hacer matar a voluntad cuando quiera, y eso sin tener que rendiros cuentas.

14. Por nosotros podría haber diez mil profetas que vagasen por toda Galilea. Si estos nos dejasen en paz, nosotros tampoco les haríamos mal alguno.

Sin embargo, cuando un gobernador poderoso nos convoca y nos paga un buen salario, pero en el caso de que le negáramos el servicio a la vez podría matarnos mediante sus numerosos verdugos, entonces el asunto recibe otro aspecto. Ante esta realidad tenemos que volvernos perseguidores de cualquiera, a vida o muerte, aunque el perseguido fuera un hombre totalmente honesto.

¿Acaso faltan vuestros guerreros si cumplen con vuestras órdenes, a vida o muerte? Si alguien es responsable ante Dios —si hay uno— entonces sólo puede tratarse de un señor, pero nunca su siervo ni su fiel servidor. ¡Haz pues que me libren de estas cadenas y te mostraré los documentos escritos y firmados por la propia mano de Herodes, en tres lenguas! Sólo cuando los tengas en cuenta podrás emitir un juicio válido sobre nosotros».

15. En seguida Cirenio mandó que le desencadenaran. De modo que Zinka pudo sacar un rollo de pergamino de su bolsa escondida y entregarlo a Cirenio con las siguientes palabras: «¡Léelo y entonces juzga si nuestras persecuciones referente a un Profeta de Galilea, Jesús de nombre, son legales o no!».

16. Cirenio leyó el documento que estaba firmado por Herodes. El texto rezaba como sigue: “En virtud del poder otorgado por Roma, en trueque de mil libras de plata y cien libras de oro, yo, el tetrarca Herodes mando y ordeno, apoyándome en la ayuda de Roma, para que se capture vivo o muerto al Profeta de Galilea que parece ser peligroso, y entregármelo vivo o muerto. En el primer caso yo mismo le examinaré para saber qué clase de hombre es. Los espías que envío tienen el pleno derecho de perseguir al Profeta en cuestión en todas partes y de capturarle. Y en caso de que este opusiera resistencia, tienen el derecho a matarle junto con sus seguidores, y de entregármelo aunque sea muerto. El que se apodere de este Profeta recibirá una recompensa de 300 denarios. Escrito en Jerusalén, en mi propio palacio”.

17. «¿Qué dices ahora?», preguntó Zinka. «¿Estamos autorizados los treinta, o no?».

18. Tras haber cavilado un poco, Cirenio dijo: «Según estoy informado, Roma nunca otorgó tal autorización a Herodes. Lo que sí puedo decir de buena fe es que para el caso de urgencia se le otorgó el derecho de ejecución, limitado al ámbito de su propia casa — pero fuera de ella sólo si ocurriera cualquier conspiración contra nosotros los romanos, y si la potencia romana ocupante o un tribunal romano se encontrasen demasiado lejos del lugar de los rebeldes; sólo en este caso Herodes tendría el permiso de ejercer el derecho a matar a base de la espada afilada.

19. Este es el texto de la autorización otorgada por Roma a Herodes, la que yo mismo he leído y firmado; pues, todo lo que de Roma queda dispuesto para Asia pasa por mis manos o por las de un diputado mío que, tan pronto como posible, debe informarme sobre todo lo que ha acontecido.

¡Con lo que declaro este documento nulo y sin valor!, y esto hasta que yo reciba una instrucción de Roma que explique detalladamente el porqué, cuándo y cómo se ha otorgado tal plenipotencia a Herodes — lo que yo ignoro. Esto nos debe de infundir miedo y preocupación justificados a nosotros los romanos leales y fieles.

20. No os devolveré esta autorización hasta que ella vuelva de Roma. Mientras tanto quedaréis siendo mis prisioneros. Aunque vosotros mismos según las leyes mundiales no seáis criminales, sí sois herramientas de aquel delincuente que comete una atrocidad tras otra... Y para atrocidades Roma nunca ha dado permiso a nadie — y sin duda alguna tampoco habrá dado semejante permiso a vuestro Herodes.

21. Lo que sí sé es de qué manera gente como Herodes abusa de las concesiones bajo cualquier pretexto patriótico. El asesinato masivo del viejo Herodes cometido en los niños inocentes todavía me sirve de prueba evidente cómo estos astutos zorros griegos saben abusar, en su propio favor, de los derechos que les son otorgados, para incitar al pueblo judío contra los romanos.

22. Oh, ¡ya encontraré los medios para que Herodes tenga que retirarse dentro de sus límites; pues, esto ya me lo he propuesto seriamente. El viejo Herodes tenía que experimentar mi sentido romano de justicia, a pesar de que yo entonces sólo contaba un poco más de treinta años de edad. Pero ahora casi soy un anciano, tengo más experiencia, me he vuelto más serio y... ¡estimo mucho más que antes un derecho riguroso. Por eso, lo que ahora cuenta para mí es: “Pereat mundus, fiat jus” (Se haga justicia así el mundo sucumba).

Ahora mismo voy a enviar dos mensajeros, uno a Roma, y otro a Jerusalén a Herodes, para que exija todas las autorizaciones de Roma que se hallan en las manos de Herodes. ¡Ay de él, de sus siervos y de sus sirvientes, si las autorizaciones de Roma no concuerdan con el sentido de esta autorización otorgada».

Capítulo 10. Las palabras defensivas de Zinka y su informe sobre el fin de Juan

1. Dijo Zinka: «¡Oh señor! ¿No nos vas a atribuir que de esto también nosotros tenemos la culpa? Hasta ahora nuestro señor y soberano ha sido Herodes. Verdad es que cometió muchas injusticias atroces contra la pobre humanidad, y me di perfectamente cuenta de ello; pero ¿qué se podía hacer? Teníamos que obedecer y ejecutar sus órdenes. ¿Qué alternativa le queda a un esbirro tuyo si le mandas decapitar a un criminal? Aunque esté completamente convencido de que el condenado es inocente, ¡él tiene que ejecutar la orden y cortarle la cabeza!

2. ¿Acaso ignorábamos la inocencia de Juan, hace poco decapitado? Éramos bien conscientes de ella, y queríamos mucho a este tipo tan raro, sabio y devoto de Dios... pues todavía en la cárcel nos enseñaba y nos advirtió que tuviéramos paciencia y perseverancia, y nos previno contra los pecados, ya fuera contra Dios o el prójimo. También nos señaló que ahora en Galilea había surgido un Profeta de todos los profetas y un sacerdote de los sacerdotes, al que él no era digno de desatarle los cordones de sus zapatos. Nos anunció que sólo éste nos redimía de todo mal y nos mostraría el camino de la Luz, de la Verdad y de la Vida eterna. En pocas palabras, él nos enseñaba —a sus guardianes— como si fuésemos sus discípulos y sus mejores amigos.

3. Cuando Herodes nos preguntaba cómo se comportaba el prisionero, sólo podíamos darle el mejor testimonio. Eso gustaba tanto a Herodes que el mismo le visitaba y le permitía que le enseñara. Poco le faltó a Herodes que le devolviera la libertad completa, si Juan, por lo demás un hombre muy sabio, no hubiera cometido la insensatez de reprochar al soberano voluptuoso las relaciones pecadoras con la bella Herodías; aunque casi estuvo a punto de apartarle de ella.

4. Desgraciadamente en aquel tiempo Herodes celebró su cumpleaños, con gran pompa. Y Herodías, bastante familiar con las flaquezas de él, se adornó más que nunca. De esta manera realzó sus encantos a más no poder. Así ataviada, ella llegó al palacio con su vieja madre furia para felicitar a Herodes. Y como había arpistas, flautistas y violinistas, Herodías bailó ante los ojos de Herodes de forma lasciva.

Esto le gustó tanto al necio voluptuoso que hizo un juramento de otorgar a Herodías todo lo que ella le exigiere.

Esto fue el principio del fin de nuestro buen Juan, porque él era un estorbo para la codicia de la vieja. Esta dio la señal a la joven de que pidiera la cabeza de Juan sobre una fuente de plata. Herodías le hizo caso, aunque secretamente sintió un gran horror.

5. ¿Para qué sirvió nuestro amor para con Juan, nuestra convicción de su absoluta inocencia y pureza, y para qué sirvió nuestro pesar y nuestra compasión? Condenábamos en voz alta a la vieja y a la joven Herodías, ¿pero para qué sirvió?

Yo mismo, acompañado por un esbirro, tuve que entrar en la cárcel para comunicarle al bueno de Juan la voluntad atroz del soberano poderoso... Yo mismo tuve que atarle y hacer que le pusieran sobre el tajo, y que con el hacha afilada cortasen su venerable cabeza. Como un niño pequeño estuve llorando a lágrima viva sobre la maldad inaudita de esas dos mujeres y sobre el destino más triste de mi caro amigo.

¿Pero para qué servía todo esto ante la voluntad más obstinada y ofuscada de una sola fiera humana tan poderosa?

6. De manera parecida ahora nos han enviado para capturar y entregar a Herodes al Profeta grandioso que, como dicen, debe encontrarse aquí en Galilea, y que tal vez es el mismo del que Juan había anunciado cosas tan sublimes.

¿Acaso somos nosotros responsables de ello, por ser servidores jurados de este soberano feroz? ¿O es que somos libres de presentar nuestra dimisión cuando nos parezca conveniente? — ¡Ni mucho menos, porque si no cumplimos con nuestra obligación nos tomarán presos y nos cortarán la cabeza!

Señor, si somos así y actuamos conforme a nuestro deber, ¡indícame un juez justo que por ello podría condenarnos!

7. Haz que todos los ángeles y Dios mismo desciendan de los Cielos a la Tierra y que pronuncien un veredicto de culpabilidad sobre nosotros, ¡entonces este veredicto será tan justo como la misma decapitación de Juan!

Consta que si hay un Dios justo, Él debe ser más sabio que todos los hombres... Pero si es sumamente sabio y a la vez omnipotente, entonces no comprendo cómo es posible que Él haya creado semejantes monstruos, además de tan poderosos.

8. Esta es la única razón por la que yo y mis 29 ayudantes ya no creemos en Dios. Porque nuestra última chispa de fe quedó extinguida a la misma hora de la decapitación vil de Juan... Yo, en el lugar de Dios, habría destrozado a cien tipos como Herodes con más de cien mil rayos en vez de consentir en la decapitación de un Juan.

Puede ser verdad que en el otro mundo Dios le recompensé por la paciencia y disposición con las que toleró su muerte cruel; pero en cuanto a mí, yo no daría la mitad de mi vida terrenal por mil vidas en un Más Allá, por bienaventuradas que fueran, porque hasta ahora nunca nadie ha podido convencerse de manera convincente de la existencia de tal vida. He aquí mi convicción...

9. Quien tiene el poder puede dictar y mandar según le dé la gana; pero nosotros debemos obedecer. Si el dictador asesina, esto no tiene importancia — pues tiene el derecho a causa de su poder; pero si nosotros asesinamos, somos considerados criminales con lo que también a nosotros nos toca la muerte. Señor, te pregunto a ti y a todos los señores y sabios del consejo: ¿Cómo Dios puede declarar todo esto como justicia? ¡Ten la bondad, señor, de darme una contestación clara acerca de este asunto!».

Capítulo 11. La respuesta amable de Cirenio a Zinka

1. Cirenio arqueó los ojos ante esta objeción y me dijo a media voz: «Este hombre no tiene un pelo de tonto y parece tener mucha ética, ¡me parece que debiéramos ayudarle! — ¿Qué te parece, Señor, podremos ganarle para nosotros — a él y a su séquito?».

2. «Un roble no cae de un solo golpe», le dije claramente. «Sin embargo, con cierta paciencia un hombre puede realizar mucho. Cuando se le guía a la Luz, no se le debe hacer mirar al Sol del mediodía, porque si de golpe se le da demasiada Luz, se quedará ciego durante cierto tiempo. Pero suministrándole paulatinamente poco a poco más Luz, acostumbrándole a ella, entonces también en la Luz más brillante será capaz de ver todas las cosas con gran claridad, sin quedarse ciego.

3.Este hombre acaba de prestarme un buen servicio porque, como testigo presencial, ha dado testimonio verídico ante mis discípulos de cómo mi precursor Juan —el que en las regiones del río Jordán predicó y bautizó— fue capturado y matado por Herodes.

No por mi causa sino por la de mis discípulos aún debiera descubrirles por qué Herodes hizo que prendiesen a Juan y le llevasen a la cárcel. — ¡Pregúntaselo!».

4. Con lo que dirigiéndose a Zinka, Cirenio dijo: «Amigo, no quería que interpretases mi sentencia así como si hiciera castigar a los servidores y subordinados de un tirano aun si estos en sus ánimos de ninguna manera coinciden con los conceptos de él — eso sólo si ellos mismos ya se identifican con tal actitud inhumana de su soberano tiránico y cumplen con su voluntad malvada como si fuera voluntad propia de ellos. Pero a hombres como tú que reconocen la crueldad inhumana de su señor y que en sus corazones la condenan profundamente, siempre sabré defenderlos con toda justicia.

5. Por qué razón Dios frecuentemente permite que el vicio triunfe, mientras que la virtud, por desgracia, muchas veces tiene que sufrir hasta que le toque la muerte física... amigo, ¡también para esto existe un motivo muy sublime!

Pero ahora tu intelecto aún no está suficientemente desarrollado para que lo puedas percibir... Y me parece que el intelecto de tus compañeros es dirigido aún bastante más hacia el exterior que el tuyo...

Pero ya vendrá la hora —tal vez antes de lo que te imaginas— en que vas a percibir con todo tu ánimo por qué también debe haber hombres como Herodes».

6. «Señor», dijo Zinka, «acabas de rendirme el honor de llamarme “amigo”...No dejes que este término valioso sea sólo una formalidad como hoy en día desgraciadamente es costumbre entre los hombres. En el caso de que hayas tomado esta palabra en su sentido real, te ruego que nos demuestres la amistad soltando también las cadenas de mis 29 compañeros.

Que no nos vamos a escapar, esto está garantizado por vuestra guardia, pero sobre todo es a causa de tus palabras amistosas. Créeme — y hablo abierta y libremente: Nosotros, lo que por desgracia somos, ¡todos lo somos con la mayor repugnancia!... Si tú pudieras librarnos de este yugo, harías la obra más humanitaria y más justa».

7. «¡Deja que esto sea asunto mío!», le respondió Cirenio. «Mirad alrededor de vosotros y veréis muchos que están salvados de la perdición. Y hay pocos entre ellos que, conforme a nuestra severidad romana, no habrían merecido o la espada o la cruz.

Pero míralos cómo se encuentran delante de nosotros: ¡como oro purificado y nadie de ellos desea dejar nuestra compañía! Espero que un buen día tengáis la misma suerte, porque con Dios todas las cosas son posibles — de lo que yo mismo estoy completamente convencido.

8. Ahora permíteme una pregunta: Tú nos has hecho un servicio muy importante al relatarnos claramente cómo el vidente de Dios perdió su vida por Herodes. Supongo que también estabas presente a la hora de su captura. ¿Puedes decirnos por qué Herodes tomó preso a Juan, al que sin duda alguna nunca le había hecho el menor daño?».

Capítulo 12. La captura del Juan Bautista. La relación entre Herodes y Herodías

1. Dijo Zinka: «Si me está permitido hablar abiertamente sin que esto me acarree malas consecuencias, yo mismo como cómplice en la acción contra este hombre más inocente os puedo detallar fielmente el verdadero motivo. Pero si tu pregunta es capciosa, entonces prefiero callarme referente a una historia cuyo recuerdo me produce mucha pena y aflicción, pero a la vez también una ira profunda».

2. «¡Puedes hablar abiertamente porque entre nosotros no hay tramposos!».

3. «¡Entonces escúchame!», prosiguió Zinka: «Te dije que ya no creo en que haya un Dios, porque todo lo que en el Templo se enseña acerca de Él es mentira infame; pues, ¡nunca puede haber un Dios como le pinta el Templo!

Juan, nuestro amigo infeliz, enseñó al pueblo realmente a reconocer la existencia de un Dios justo. Su doctrina era muy oportuna, pues, hacía bien a cada uno aunque no perteneciera al Templo ni fuera fariseo. Pero para el Templo esta doctrina de un Dios verdadero era un contratiempo.

Ya ves de dónde sopla el viento...

4. Desde hace mucho tiempo los templarios tenían ganas de acabar con el pobre Juan, si no temiesen al pueblo cuya mayor parte ya conocía las mentiras viles y los fraudes infames del Templo. Por este motivo los templarios tramaban hacer creer a Herodes que nuestro Juan, en secreto y bajo falsas apariencias, quería incitar al pueblo en contra de él.

5. Finalmente, estas mentiras incitaron a Herodes a que él, en nuestra compañía, se dirigiera a Juan que se encontraba en una región muy desierta del río Jordán, para convencerse si la situación era realmente tan peligrosa como lo afirmaron los del templo. Una vez allí, no halló huella alguna de todo lo que los templarios le habían mentido; con lo que finalmente el mismo se indignó con semejante maldad y vileza del Templo y de sus habitantes.

6. Cuando los del Templo empezaron a insistirle con que eliminase a Juan, en mi presencia Herodes les dijo con cara de indignación: “¡A causa del consejo y la voluntad de los malvados perros voraces jamás condenaré a nadie en contra de mi propia convicción!”.

7. A esta respuesta enérgica los caballeros negros se retiraron y se callaron. Sin embargo, no dejaban de darle consejos malvados. Mientras exteriormente ponían a mal tiempo buena cara y se comportaban como si el caso de Juan no les preocupase en absoluto, en secreto contrataban y sobornaban asesinos alevosos para que acabasen con la vida de este hombre de Dios.

8. Cuando Herodes se dio cuenta de esto, tuvo compasión con el vidente inocente tan honesto. Nos convocó para informarnos sobre lo que había indagado, y nos dijo: “¡Oíd, tengo que salvar a este hombre! Id so pretexto con armas y cuerdas, atadle flojamente, descubridle mi plan secreto, ¡y él os seguirá! Aquí voy a hospedarle en una cárcel decente, y tendrá trato y comunicación libre con todos sus discípulos”.

9. Dicho y hecho, y Juan se conformó dentro de lo posible. Pero pronto la escoria del Templo se enteró de este arreglo y volvió a darle vueltas para ver cómo podría convencer a Herodes para que al final el mismo tomase las medidas para matar a Juan».

10. Entonces Zinka se calló, pero Cirenio le rogó que continuara con el relato, con lo que este prosiguió: «Los servidores negros del Templo se enteraron muy pronto de que a Herodes —medio judío y medio pagano— le atraía la joven Herodías, pero que en virtud de judío por respeto al estado de adulterio no se atrevía a contraer una relación más íntima con ella.

Ante su conciencia eso le tenía sin cuidado, pero a causa del Templo y sus lecciones Herodes tenía que respetar por lo menos el decoro exterior.

11. Todo esto los caballeros negros lo sabían perfectamente. De modo que le enviaron un hombre astuto y de lengua elocuente con la proposición de hacerle saber que, a causa de la conocida esterilidad de su mujer, le era permitido el mantener a una concubina, sin ningún temor — por supuesto, pagando una contribución a la caja de ofrendas. Él podía estar completamente seguro de que el Templo no le pondría reparos.

12. Herodes no se hizo rogar dos veces, entregó algunas libras de oro al portador de esta noticia y el asunto estuvo concluido.

Acto seguido envió un mensajero a Herodías, la que no puso ninguna objeción en cumplir con el deseo del tetrarca, más aún al ser incitada y empujada por parte de su madre; pues la vieja era una mujer creada perfectamente para Satanás. No había nada de bueno en ella, sino tanto más de malo.

La primera vez la vieja misma presentó a su hija ricamente adornada a Herodes, y la encomendó a su gracia. Verdad es que Herodes la acariciaba tiernamente, pero aún no pecaba con ella. Después la recompensó abundantemente y le permitió que accediera libremente a sus aposentos.

13. Nada más volver a casa, la madre quiso saber acerca de todo lo que el tetrarca había hablado y hecho con ella. La hija le dijo la verdad y alabó el comportamiento amable y sensato de Herodes. También dijo que él la había obsequiado ricamente y que le había ofrecido el acceso libre; sólo que ella, en su corazón, debía permanecer completamente fiel a él.

14. Como yo tenía que acompañar a Herodías a su casa, pude ver escrito en los ojos de la vieja lo que ella estaba pensando: “¡Debe haber gato encerrado! Si los grandes atractivos de mi hija no pueden seducir a Herodes a la primera vez, entonces tampoco lo podrán a la segunda”.

Pero como la vieja temía que con este plan iba a perder el derecho a una indemnización por parte de Herodes —por la vulneración del honor de su hija— ella misma la instruyó en el arte de la seducción, para que la próxima vez supiera cómo debía comportarse ante él para conseguir que cohabitara con ella.

15. Contrariado, salí de la casa de la bruja y regresé a Herodes, para contarle todo lo que yo había observado. Se comprende que estas noticias no le agradaron... Y por eso se decidió a presentar este asunto a Juan».

Capítulo 13. El atentado de los templarios contra el vidente Juan Bautista

1. Zinka continuó con su relato: «Juan, sin embargo, le aconsejó a Herodes: “¡No te metas en líos con Herodías y su madre, porque la vieja es una culebra y la joven una víbora!

Además, tú conoces la Voluntad del Dios todopoderoso de Abraham, Isaac y Jacob, y conoces su Orden que desde el principio a cada hombre se le ha permitido una sola mujer. Una vez que hayas contraído matrimonio con una mujer fértil o estéril, esto no te da el derecho a tomar una concubina. Porque si perseveras con paciencia y devoción, todavía es posible que Dios despierte un fruto vivo en el regazo de tu mujer, hasta en edad avanzada.

¡Lee la historia de los patriarcas y sabrás que su paciencia y devoción les aportaron una bendición abundante, aun en edad avanzada!

2. ¡De modo que no te líes con Herodías y que de ninguna manera aceptes una carta de divorcio elaborada por el Templo; porque Dios nunca ha decretado la expedición de una carta de separación! Moisés lo hizo por su propia cuenta, a causa de la dureza de los corazones humanos, pero no estuvo bien al hacerlo. Sus reglamentos no eran ni mucho menos del agrado de Dios, el Señor, ¡de esto puedes estar seguro! ¡Por eso atente a tu mujer y evita que Herodías pueda venir a visitarte!

¡Dale a Zinka —es decir, a mí— la autorización y él ya sabrá tomar las medidas convenientes para que esta víbora no pueda entrar en tu casa! Si sigues este consejo, permanecerás en la amistad de Jehová; de lo contrario, serás un enemigo de Jehová y caerás en la perdición”.

3. Herodes tomó a pecho las palabras de Juan y decidió abstenerse de Herodías; pero la vieja culebra y la joven víbora hicieron todo lo posible para engañarle. Sabían cuando él salía y a dónde se dirigía. Y Herodías siempre sabía encontrarse con él, adornada y ataviada lo más atractivamente posible.

Aunque él ni siquiera la tocaba, su corazón empezó a arder cada vez más por ella... De modo que finalmente él mismo empezó a buscar oportunidades para ver a la bella Herodías las más veces que le resultaba posible.

4. Cuando finalmente se acercaba el día de su cumpleaños, Herodías hizo todo lo posible para participar en la gran fiesta. Entretanto también los del Templo se informaron por ella, si había tenido éxito con Herodes. Pero Herodías sólo pudo decirles que aún no había avanzado ni un palmo, a pesar de todas sus artimañas. Pues dijo: “No tengo ni idea de quién puede tener la culpa de ello, porque veo claramente que le gusto, y aunque sea con disimulo, me ronda cada vez más”.

5. Oyendo esto, él del Templo dijo abiertamente a las dos mujeres: “La culpa de todo la tiene sólo el profeta del bautismo y agua con el que Herodes se ha encaprichado, viendo en él su salvación... Herodes mismo le capturó en la región del Jordán para protegerle de nosotros, ¡pero esto no le servirá de mucho! Porque el profeta de agua debe caer, ¡y caerá!

¡Para vosotras tanto como para nosotros este Juan es un peligro! Por eso, si no antes, lo más tarde en el día de Herodes su suerte será decidida: Tratad de destruir al profeta, cueste lo que cueste, y podréis hacer con el Herodes lo que queráis”.

6. Con esto las dos mujeres tuvieron una explicación más que suficiente acerca del fracaso de sus maquinaciones. Con lo que las dos deliberaron de qué manera podían acabar con Juan. Entonces la joven me puso al corriente de su secreto y me prometió mucho oro y plata si yo mismo le mataba de una manera conveniente.

Yo, por supuesto, no me dejé seducir para cometer algo así, pero sí hice que pareciera que paulatinamente consentía en sus planes e ideas; pero eso sólo para poder estar al tanto de las maquinaciones de las dos mujeres y de los caballeros negros del Templo, tramadas contra el pobre Juan.

7. Cuando discutí esto con Herodes, este se rascó la oreja y me dijo: “Veo que las cosas andan realmente como yo me lo imaginaba desde hace unos cuantos días. Pero ¿qué podemos hacer?

Lo mejor sería aislar a Juan sobre todo de la gente a la que no conocemos. Sólo debemos permitir a sus discípulos más íntimos que le visiten. A todos los demás los tenemos que despachar, porque demasiado fácilmente un asesino alevoso sobornado por las mujeres o por el Templo podría matarle a cuchilladas, con lo que la maldad del Templo habría logrado su propósito.

Créeme, ¡también las dos mujeres están siendo manipuladas por el Templo!

Para salvar a Juan voy a permitir a las dos mujeres que me visiten, especialmente a Herodías. Por eso ve a ella y dile que desde ahora puede venir”.

8. Yo, en calidad de servidor, tenía que obedecer aunque sabía bien que esta ayuda no iba a ser favorable a Juan.

Desde entonces Herodías venía casi diariamente a ver a Herodes y, como ninguna otra, supo ganarse cada vez más el afecto del tetrarca. Pronto lo supieron los caballeros negros del Templo y con perseverancia instaron a las mujeres a que, en cuanto se presentara una oportunidad, incitasen a Herodes a acabar con Juan, porque él había influido en demasiada gente para que abandonaran el Templo. La vieja juró en nombre del Templo que no descansaría antes de que el profeta del agua estuviera muerto.

La joven sabía muy bien cómo impedir a Herodes que visitara al profeta, para que no pudiera buscar nuevos consejos. Yo como servidor no osaba recordar a Herodes las palabras de Juan, porque conozco bien el mal genio del tetrarca cuando está poseído de una pasión.

9. Así continuaba la situación conflictiva hasta que llegó el gran día de Herodes. Pero algunos días antes debió de haber acontecido algo entre Herodes y Herodías, porque durante un tiempo ella dejó de visitarle. No obstante, precisamente estos pocos días habían hecho que el corazón de Herodes se excitara sobremanera con la hermosa Herodías, con lo que el día de la fiesta el triunfo de ella sobre Herodes ya era más que seguro».

Capítulo 14. La orden de Herodes de arrestar a Jesús

1. Zinka continuó: «Muchos sabemos de qué manera ella había celebrado su triunfo...

Pero vosotros aún no sabéis que entre los discípulos de Juan corren rumores de que Juan ha resucitado, y que se ha ido a Galilea para continuar allí con lo mismo que había hecho antes. Estos rumores llegaron también a oídos de Herodes y de su Herodías, la que desde la muerte de Juan había empezado a enfermar de una manera extraña, igual que la vieja furia madre, lo que llenaba los corazones de Herodes y de Herodías de un gran miedo y una gran inquietud. Por eso me envió a mí —como amigo probado del asesinado— para instarle que volviera con Herodes, para que este pudiera pedirle perdón por la gran injusticia cometida. También Herodías lloraba mucho por culpa de aquella hora en la que había cedido a las exigencias de su malvada madre y deseaba reconciliarse con Juan.

2. Consta que Juan nunca ha resucitado... Pero lo que sí es verdad, es que yo había sabido por boca de Juan que en Galilea haya aparecido un gran Profeta, al que Juan —como él mismo dijo— no era digno de desatar los cordones de sus sandalias.

Todo esto se lo dije a Herodes, y el me insistió: “Aun así, tráeme a este hombre del que Juan habló con tanto respeto, ¡quizás él podría ayudarnos!”. También le mencioné lo que yo había oído hablar del gran Profeta, que parecía que él resucitaba muertos, trasladaba montes, dominaba tempestades y otras cosas más por el estilo — hechos nunca oídos. También le dije que yo no conseguiría nada contra el poder de este Profeta porque la fuerza de un solo pensamiento de él podría matar a miles de seres.

Pero Herodes y Herodías insistieron ofreciendo 300 denarios de plata a aquel que le trajera— aún añadiendo: “Si no puede ser vivo, me conformaré en verle muerto...”.

3. “Si él no viene voluntario, no tendremos éxito”, le respondí. “Porque antes de intentar matarle, nosotros mismos ya estaremos muertos, porque él reconoce los pensamientos más escondidos de los hombres y sus intenciones, incluso antes de habernos acercado a él...

Siendo así, no comprendo por qué tenemos que ir a capturarle”. Pero Herodes me contestó: “Yo lo quiero así y mi voluntad es bienintencionada. Si el profeta es bueno, reconocerá mi voluntad como buena y vendrá a mí. Mis lágrimas comprueban que no haré con él lo que en mi ofuscación he hecho con el bueno de Juan. ¡Id ahora y cumplid con mi voluntad!”.

4. Luego nos fuimos y por eso estamos aquí — sin haber logrado nada, casi nueve semanas con la misma intención, buscando al Profeta en Galilea... De vez en cuando le he enviado mensajeros a Herodes, comunicándole claramente la vanidad de nuestros esfuerzos — pero sin éxito. Él sabe de otras fuentes que el Juan resucitado o el gran Profeta se detiene en Galilea y que hace grandes milagros. ¡Teníamos que hacer todo lo posible para cogerle, porque cualquier indiferencia por nuestra parte sería castigada severamente!

5. De esta manera nuestras excursiones nos trajeron hasta aquí, sabiendo que cerca de Cesárea Filipo, como dicen, han ocurrido hechos maravillosos; pero hasta ahora no hemos encontrado más que una ciudad completamente quemada, una región desolada por la tormenta de ayer y ahora a vosotros los romanos tan severos.

6. ¡Atendednos y libradnos de este déspota porque en su ira no se puede uno fiar de él! De esto podéis estar completamente seguros. He dicho toda la verdad y ahora sabéis cómo andan las cosas. Ahora, ¡actuad según vuestra justicia! Si vosotros los romanos sois nuestros señores, entonces ya no tendremos nada que ver con Herodes. Estamos dispuestos a serviros mil veces más fielmente que a ese déspota, porque de vosotros se vislumbra por lo menos algo de humanidad, mientras que Herodes, cuando es dominado por su ira, resulta un auténtico monstruo».

Capítulo 15. La inexplicable autorización romana de Herodes

1. Dijo Cirenio: «Cumpliremos con vuestros deseos, porque estoy completamente satisfecho con tu descripción de Herodes y sé lo que tengo que hacer con él. Pero todavía me interesa saber si la autorización del tetrarca es así como me lo has descrito antes. ¿Has visto también la firma con mi nombre? ¿Tuviste la oportunidad de enterarte del contenido de la autorización? ¡Dímelo francamente!».

2. «Como sé escribir y hablar en tres lenguas, ya he copiado este documento casi cincuenta veces», le respondió Zinka, «y Herodes tenía que presentar cada copia al prefecto para que la legalizara como idéntica de la original, cada vez pagando diez denarios.

Pues, ¡no vi tu nombre, pero sí él del emperador que ahora reina! No puedo decirte más».

3. Dijo Cirenio: «Evidentemente se trata de una autorización nueva no idéntica a aquella que yo firmé. ¿Puedes también decirme cuándo Herodes recibió esta autorización de Roma en cuestión?».

4. «Nada es más fácil que eso», le respondió Zinka. «Recibió este documento ya el año pasado. Lo sé exactamente porque yo mismo escribí la solicitud.

La verdad es que en esa petición estaba bien claro que el emperador —en calidad de soberano y monarca absoluto, y so exclusión de todos los departamentos subordinados— para la seguridad necesaria de la persona de Herodes le otorgase una autorización conforme figuraba en los términos de la solicitud.

Pero ahora llegamos a lo principal donde —a mi modo de ver las cosas— se halla la mayor infamia:

5. Herodes había mandado tal petición a Roma, de eso puedo dar toda garantía porque, como ya dije, yo mismo la redacté. Se comprende que esta petición excepcional iba acompañada de una gran cantidad de oro y plata. Los emisarios eran cinco de los fariseos principales que de todos modos tenían que emprender un viaje a Roma, por cuenta de ellos. Algunos días antes de su partida estos se presentaron a Herodes para preguntarle si no tenía algún asunto que arreglar en Roma.

6. Estos le vinieron muy a propósito a Herodes que ya llevaba cavilando durante cuatro semanas cómo y por medio de quién podía enviar este pedido extraordinario a Roma, de la manera más segura y secreta. Con lo que esta ocasión le vino de maravilla, sobre todo porque él estaba en buenos términos con estos cinco fariseos muy inteligentes y porque él los tenía por los más honestos de toda la ralea del Templo. Cuando les preguntó, cuánto pedían como sueldo de mensajeros —lo que desde Jerusalén fácilmente podía costar unas 200 libras— ellos no solicitaron nada, pues lo hacían para Herodes que ya les había hecho muchos favores, también para él lo hacían por pura amistad...

7. Herodes muy satisfecho, entregó la petición a los cinco, junto con la carga pesada, para cuyo transporte se servían de treinta camellos. Con lo que esta petición extraordinaria se dirigió a Roma... pero en realidad, con toda seguridad, se habrá esfumado en cualquier otro lugar que nosotros no podemos saber.

8. Bajo condiciones favorables de tiempo tal viaje de aquí a Roma puede requerir tres semanas completas, en otras ocasiones menos favorables también puede costar un mes. Además algunos cuantos días, pero frecuentemente varias semanas, se permanece en Roma y luego cuesta mucho tiempo hasta que se consigue una audiencia con el emperador, lo que en las circunstancias más favorables puede durar medio año, porque este está ocupado con mil asuntos gubernamentales más importantes. Luego, la vuelta va a costar tanto tiempo como la ida. Haciendo los cálculos a base de muchas experiencias y según sepa yo, nada ni nadie ha vuelto de Roma antes de que haya pasado tres cuartos de año.

9. Sin embargo, antes de que hubieran transcurrido seis semanas, los cinco mensajeros entregaron la autorización solicitada a Herodes, exactamente conforme a los términos de la solicitud redactada por mí; y estaba escrita en pergamino bueno, y provista de todos los conocidos sellos imperiales... A la vez le felicitaban con toda solemnidad...

Por mi parte pensé que ahí había gato encerrado, y aún hoy doy mi cabeza en prenda de que los cinco mensajeros en aquella ocasión habían estado tan poco en Roma como yo.

10. Me consta que estos estafadores han guardado la fortuna en un lugar seguro, junto con los treinta camellos sanos; y seguro que han imitado la firma del emperador y sus insignias, entregando a Herodes una autorización imperial secreta, de la que el emperador sin duda alguna sabe tan poco como tú, gran señor.

Repito que esto es sólo mi parecer, porque también cabe dentro de lo posible que la autorización procediese del emperador... Tal vez las naves tuvieron vientos favorables a la ida como a la vuelta... Y quizás nada más llegar el emperador, si estaba de buen humor —en una hora desocupada— los había tratado con preferencia otorgándoles la autorización deseada inmediatamente... si por casualidad en seguida encontraron un barco con destino a Asia... y si en la vuelta también había vientos favorables que los llevaron directamente a la costa de Judea...

Bueno, ¡no quiero hacer de juez, porque todo eso no son sino suposiciones y cálculos míos».

Capítulo 16. La autorización falsa de Herodes

1. Dijo Cirenio: «Amigo, esto es más que una suposición, ¡porque es la realidad! Aun si el emperador hubiese otorgado la autorización pedida con la mayor diligencia, no es posible que en seis semanas habría llegado desde Roma a Jerusalén, dado que cada decreto al salir de Roma ya necesita 40 días hasta que con el viento más favorable llegue a Sidón.

No hay nave que tome el camino más directo cruzando alta mar, es decir, el camino más corto, pero a lo largo de las costas del Mar Mediterráneo, dando la vuelta por Grecia, se necesita por lo menos 40 días, y por eso nadie puede ir y volver por este camino en el mismo tiempo.

2. Además, cada forastero que llega a Roma y que quiere pedir algo al emperador, antes debe permanecer 70 días en Roma y ningún enviado del extranjero u hombre privado —a no ser un comandante en jefe o un dignatario extremadamente importante—consigue una audiencia con el emperador antes de este plazo. Porque en Roma han acordado la medida de que cada extranjero que desee obtener una gracia del emperador, antes debe donar sacrificios a la ciudad, consumiendo tanto como sea posible y haciendo regalos y sacrificios a las instituciones de la ciudad, lo que cada forastero aun viniendo de países lejanos puede efectuar con facilidad, porque sin ser rico nadie puede llegar a Roma ni tampoco tendrá motivos para pedir al emperador una gracia especial.

Para el pueblo común y sin recursos hay leyes sancionadas y jueces justos, y cada uno sabe bien a dónde dirigirse, en caso de que le apriete el zapato. Al dirigirse allí, se le ayudará según la ley, porque con nosotros, los romanos, no se anda con rodeos sino que vale el axioma: “Justitia fundamentum regnorum” y “Pereat mundus, fiat jus”.

Con nosotros, los romanos, ahí no se trata de locuciones vacías, sino de axiomas que hasta ahora siempre han sido observados concienzudamente.

3. Por tal motivo no es injusto que los forasteros, antes de ser considerados dignos de recibir una gracia imperial, tengan que hacer un sacrificio a esta gran ciudad. De todo eso se deduce claramente que los cinco enviados del Templo antes de estos 70 días consecutivos no podían obtener una audiencia con el emperador, y por eso es imposible que en seis semanas hubieran hecho el viaje de ida y vuelta entre aquí y Roma.

Por ello hay que emitir el juicio cierto de que los cinco se han quedado con el tesoro de Herodes destinado al emperador, y que al tetrarca tiránico le han entregado una autorización falsificada. De modo que Herodes ahora se imagina poseer derechos mayores que los que recibió originalmente de Roma junto con su título de tetrarca. ¡Yo le diré la cruda verdad — y eso dentro de poco!

4. ¡Ahora me queda claro por qué nunca recibí una información al respecto! Porque en virtud de mis funciones de plenipotenciario de Roma sobre toda Asia y parte del África lindante debo ser informado sobre todo de lo que Roma ha dispuesto sobre Asia; de lo contrario, cuando un decreto de Roma que me resulta desconocido empieza a producir efectos, me veo obligado a considerarlo como iniciativa arbitraria, es decir, como una sublevación contra Roma y su poder — una provocación contra la que debo intervenir inmediatamente, con todos los medios y todas las fuerzas poderosas que estén a mi disposición. Por eso ahora os habrá quedado claro que la autorización de Herodes sólo puede ser falsa.

Y una vez que conste que es falsificada, también comprenderéis que, primero, debo descubrirle el fraude a Herodes y, segundo, tengo que quitarle la autorización falsa para enviarla al emperador, para que él mismo pueda castigar a los malhechores la profanación de su persona».

Capítulo 17. La política de los templarios

1. Dijo Zinka: «Augusto señor y amigo, eso lo comprendemos perfectamente, ¡pero aparte de ello reconocemos algo que tú evidentemente no reconoces!».

2. «¿Qué es, pues?».

3. «Es la alta política», continuó Zinka, «en consecuencia de la cual casi durante todos los tiempos y en todos los países de la Tierra los sacerdotes poseen ciertos privilegios que les permiten hacer muchas cosas que para el pueblo común son considerados como delito. Los sacerdotes son tan audaces que ante los mortales se hacen pasar por dioses, pronunciando el supuesto verbo divino como les da la gana. Ningún hombre se atreve a sublevarse contra ellos e incluso el emperador mismo tiene que poner buena cara a este descaro a causa de la superstición tradicional, mediante la cual los hombres se mantienen obedientes y humildes y no se oponen al rey del país, a pesar de que este, en general, les imponga tributos pesados y leyes difíciles de observar.

4. Si se permite a los sacerdotes que gobiernen en el lugar de Dios con el criterio de ellos, el emperador no se va a molestar mucho si estos ofuscadores del pueblo alguna vez —o secreta o abiertamente— se atribuyen los derechos del soberano —hablando en su nombre e incluso promulgando leyes si lo consideran como conveniente para el soberano, su pueblo o para ellos mismos— porque esto debe parecer tanto más perdonable, cuanto más a desmano se encuentran aquellas provincias de la sede del soberano... como en este caso la Judea de Roma...

5. Si hoy el emperador les pide explicaciones y cuentas a causa de la autorización falsificada, no le negarán en absoluto el haberlo hecho sin haber recibido ninguna clase de orden para proceder de esta manera. Pero para colmo, a la vez, serán capaces de señalarle que tomaron esta disposición únicamente en el bien del monarca y de su estado.

Ya sabrán demostrarle al emperador minuciosamente por qué han procedido de esta manera y por qué tal decreto era absolutamente necesario, y sabrán exponerle las buenas consecuencias que resultaban de todo ello para el estado y el monarca. Con lo que al final el emperador aún tendrá que alabarlos y recompensarlos.

6. Ve a pedirles explicaciones, y verás que después del interrogatorio no les podrás imputar más que el emperador mismo.

Por fin, cuando te prueben que tal acto era necesario para contener el afán de imperar de Herodes hasta ciertos límites, aun tendrás que ratificar la vigencia de la autorización, ¡porque sin ella, pero con la ayuda de sus tesoros y riquezas incalculables, Herodes podría fácilmente formar un enorme poder secreto con el que ya empezaría a hablaros a los romanos en términos categóricos!

Pero ellos dirán que se habían enterado de este peligro y que por la iluminación desde lo alto han adoptado las medidas convenientes mediante las cuales Herodes, pro forma, había recibido un privilegio del poder y de la voluntad imperial — privilegio que de todos modos habría conseguido a la fuerza.

Si los templarios te vienen con tales explicaciones, ¿qué otra cosa podrás hacer a no ser alabarlos y recompensarlos?».

7. «Ahí aún no veo claro», le respondió Cirenio. «En el caso de que Herodes hubiera realmente preparado un plan tan malicioso y quería realizarlo, ¿por qué no me llegó información secreta alguna acerca de ello? Yo habría podido tomar las medidas correspondientes. Entre Jerusalén y Sidón o Tiro no hay tanta distancia... Y, por fin, ¿cómo van a justificar los templarios ante el emperador el desvío del gran tesoro y de los 30 camellos? ¡A mi me parece que para esto tendrán sus dificultades!».

8. «¡Noble señor y amigo!», dijo Zinka. «Consta que posees una sabiduría gubernamental muy profunda. Sin embargo, a mí me parece que en este asunto te faltan todavía algunas experiencias como a uno que nunca ha llevado en su mano ni el cetro de su propia casa.

Te digo que ellos pueden haber tenido dos motivos para no informarte. Primero: un peligro inminente; y segundo: evitar causar cualquier sensación que podría poner sus planes en peligro. Pues, si tú hubieras sido informado demasiado temprano sobre este asunto, en seguida habrías asediado toda la ciudad de Jerusalén y la habrías tenido bajo estrecha vigilancia.

¡Pero esto habría ocasionado una gran irritación en el pueblo que se habría llenado de una gran ira contra vosotros — una ira de la que Herodes habría podido aprovecharse para causaros todos los problemas inimaginables!

9. Previendo y calculando bien todas estas posibilidades, y llevado por la abundancia de su divina sabiduría, el Templo tomó una decisión que remedió todo este problema tan conflictivo sin ocasionar el menor ruido.

A la hora oportuna, lo mismo a ti que al emperador, de todos modos ya os habrían informado poco a poco de lo que había sucedido, para colmo incluso señalándoos cómo habría que proceder a continuación. Los tesoros destinados al emperador de todos modos sólo te los habían enviado después de que les hubiera parecido aconsejable el informarte sobre los sucesos...

10. Si recibes semejantes respuestas a tus preguntas —lo que me consta— ¡dime si en virtud de una verdadera jurisprudencia gubernamental habrías podido hacer otra cosa que alabar a los templarios y premiarlos según lo que prevé la ley! Pues, a cada buen gerente o administrador honesto hay que recompensarle con el diez por ciento».

11. «Pero si yo, por mi parte, estoy completamente convencido de la perfidia y de la maldad infame de los templarios, ¿cómo voy a alabarlos y además recompensarlos? ¿Acaso no hay manera de aplicar justicia a estos hermanos de Satanás?».

12. «No deja de ser una pregunta importante para uno de nosotros dos que conoce y detesta más a esta ralea malvada del Templo», respondió Zinka a Cirenio. «Si yo de un soplo pudiera acabar con todos ellos junto con el Templo y todas las sinagogas, ¡no me lo pensaría ni un solo momento y lo realizaría en el acto!

Pero tal como están las cosas, ni siquiera un dios podría darte otro consejo que él de poner buena cara a mal tiempo. Más tarde ya vendrán otros tiempos...

13. Según mi parecer y el cálculo de Juan, en 40 años estarán completamente maduros para ser abatidos y luego podréis reconquistar toda la Judea y Jerusalén, y os tocará destruir sus nidos desde sus cimientos. Pero antes de haber pasado este plazo no podréis hacer nada contra ellos, ni con las armas en las manos — salvo lo que acabo de aconsejarte.

Transcurrido cierto tiempo podrás hacer que los interroguen sobre el tema en cuestión; pero si quieres obtener explicaciones de inmediato, entonces obra como te he aconsejado, de lo contrario podrás dar motivo para un desenlace fatal».

Capítulo 18. La Doctrina del Profeta de Galilea

1. Dijo Cirenio: «Amigo, soy consciente de tu gran cautela y perspicacia. Herodes ha hecho de ti un abogado sin par en toda la Galilea.

Verdad es que ahora ya no eres herodiano sino romano, y ya no te incumben los asuntos de Herodes sino sólo los nuestros. Por eso ya puedes saber algo más sobre todo lo que se ha concentrado aquí en este lugar tan cerca del mar, incluso el porqué. Pero ante todo dime: ¿Qué harías tú, si de repente se presentara aquí Jesús, el gran Profeta de Galilea?».

2. «¿Yo?», preguntó Zinka. «¡Yo no haría nada — absolutamente nada! Pues, le dejaría andar su camino... Bueno, ya me gustaría hablar con él para ver si Juan tenía razón al afirmar que no era digno de desatarle los cordones de sus zapatos...

Juan era un profeta sumamente sabio y poseía más Luz que todos los profetas juntos. Ahora bien... si Juan ya daba tal testimonio sobre este Jesús de Nazaret, ¡qué grande, sabio y poderoso debe de ser!

3. Sabes, estimado amigo, si yo hubiera querido seriamente prender a Jesús —aunque sólo aparentemente— ya habría podido hacerlo desde hace mucho tiempo, pues en la mayoría de los casos yo sabía dónde se encontraba.

Para decir verdad, no tenía ni intención de arrestarle — pues tenía un respeto particular a este hombre y, según todo lo que he oído sobre él por parte de testigos fidedignos —hasta incluso de samaritanos— él debe estar colmado de alguna Divinidad perfecta — a no ser que es un mago destacado de la antigua escuela egipcia.

En todo caso no quisiera tener que ver algo de particular con él, porque entonces toda polvareda levantada me caería a la faz. Para decir verdad, me gustaría verle y hablarle, pero solamente en plan absolutamente pacífico — ¡y de ninguna manera con mi ropaje de esbirro, ni desde lejos!».

4. A eso Yo mismo pregunté a Zinka: «Querido amigo, Yo conozco a Jesús de Nazaret como a Mí mismo; por eso puedo decirte que Él no es enemigo de nadie, porque es un bienhechor de todos los que se acercan a Él, buscando ayuda. Verdad es que Él es un enemigo del pecado, pero no del pecador que se arrepiente de su pecado y vuelve con humildad a lo bueno y puro.

Por parte de Él ningún hombre ha sido juzgado ni condenado, aunque sus pecados fuesen más numerosos que los granos de arena en la mar y de hierba en la tierra.

5. Su doctrina, en pocas palabras, consiste en que el hombre reconozca a Dios y le ame sobre todas las cosas, y que ame a su prójimo como a sí mismo — donde no importa quién o qué es, si es grande o simple, rico o pobre, hombre o mujer, joven o anciano...

Para todo aquel que siempre cumple con esto y aborrece el pecado, vendrá el día en que experimentará en sí mismo que esta doctrina no es el producto de una mente humana sino que surge verdaderamente de Dios, pues ningún hombre puede saber lo que debe hacer para conseguir la Vida eterna ni tampoco sabe en lo que consiste. Únicamente Dios lo sabe, y por fin también aquel a quien se lo comunicó la boca de Dios.

6. Él también dice que todos los hombres que quieren obtener la Vida eterna deben ser enseñados por Dios, porque los que sólo son enseñados por los hombres acerca de lo que deben hacer, todavía están lejos del Reino de Dios... Ellos oyen las palabras pronunciadas por una boca humana, pero como la boca que las ha pronunciado es mortal, lo mismo pasa con las palabras en el hombre que las ha oído: Pues, no presta atención y no las vivifica mediante una actividad correspondiente. Sin embargo, la Palabra que emana de la boca de Dios no está muerta, sino viva, y estimula el corazón y la voluntad del hombre para la actividad, y de esta manera vivifica a todo.

7. Y una vez que el hombre por medio de la Palabra divina se ha vuelto vivo, entonces seguirá vivo y libre para siempre. Y nunca más palpará la muerte, ni aunque corporalmente muriera mil veces.

8. Mira, amigo mío: ¡En esto, en pocas palabras, consiste la parte esencial de la Doctrina del gran Profeta de Nazaret! — Dinos ahora qué te parece... ¿Qué opinas de Él?».

Capítulo 19. La opinión de Zinka acerca de la Doctrina de Jesús

1. Tras haber reflexionado un poco, Zinka dijo: «Caro amigo, en contra de esta Doctrina, aunque sea un poco atrevida, no se puede objetar absolutamente nada. Suponiendo que haya un Dios que se preocupa de los hombres mortales, la Doctrina es evidentemente de naturaleza divina.

Verdad es que también otros grandes sabios han enunciado el principio de que el amor puro es el germen fundamental de toda Vida y que por eso los hombres debían cultivar el amor más que todo, porque sólo a base de amor puede florecer toda la Salvación; sin embargo, estos sabios no especifican cuál es la naturaleza del amor...

Ante el hecho de que el amor puede ser tanto de naturaleza buena como mala, al final no se sabe qué lado del amor se debe cultivar como saludable.

2. Pero esta Doctrina expresa claramente qué clase de amor debe cultivar el hombre para adoptarlo como principio de la vida. Con lo que consta que tal doctrina no puede provenir de los hombres sino únicamente de Dios, lo que ya es una prueba que de todos modos debe haber un Dios. Ahora bien, querido y noble amigo, aunque no te conozca y seas un pagano, de todo mi corazón te doy las gracias más sinceras por haberme prestado un gran servicio, y eso no sólo a mí, sino también a todos mis amigos, los que tampoco tienen un pelo de tontos. Todos, en cierto modo, éramos incrédulos; pero por lo menos a mí me parece que hemos vuelto a encontrar al Dios perdido, lo que me alegra mucho.

3. Verdad es que Juan se esforzaba mucho en convencerme de la existencia de un Dios eterno, pero a pesar de eso no tenía éxito. Como yo sabía responderle en cada ocasión, él no podía disolver mis dudas; de modo que me quedé con mis antiguas dudas, pero sólo hasta ahora, ¡porque de repente Tú me las has disipado todas!

4. Qué cosa más extraña, pero así es: si alguien se encuentra en un laberinto y no halla la puerta correcta, no llegará al palacio del rey que ha tomado su residencia habitual en el centro amplio del gran laberinto. Ahora Tú acabas de mostrar y abrirme la puerta justa, con lo que me resultará fácil entrar dentro de poco en el gran palacio del rey eterno.

5. Por favor, sé tan amable de decirme dónde te tocó la suerte de encontrarte con este gran hombre... Por cierto, no puede ser un mago, sino debe ser un hombre dotado de enormes Fuerzas divinas, porque esto ya lo manifiesta su doctrina que es verdaderamente divina. Dime pues, dónde has podido hablarle... ¡Deseo ir allí para verle personalmente, porque quisiera oír estas palabras vivas de la Salvación directamente de su propia boca!».

6. «¡De momento quédate tranquilamente aquí!», le respondí, «porque tras el curso de unas cuantas conversaciones tú mismo ya le hallarás.

Ya hace una hora que el mediodía ha pasado y nuestro buen anfitrión Marco acaba de terminar las preparaciones para el almuerzo, con lo que pronto van a servirlo. Después del almuerzo todavía nos queda mucho tiempo para conversar sobre diversos asuntos. Tú, siéntate en nuestra mesa y tus 29 compañeros pueden sentarse en la mesa vecina».

7. Entonces Marco sirvió los alimentos. Una vez que estos estuvieron en la mesa, a Zinka le llamó la atención de que con tantas mesas como había de repente estuviesen atendidas con tan abundante comida y copas llenas de vino, a pesar de los pocos sirvientes que había.

8. Por eso preguntó a Ebalo que estaba sentado a su lado: «Amigo, dime por favor, cómo es posible que en un abrir y cerrar de ojos unas mesas tan grandes hayan sido atendidas tan abundantemente, y eso a pesar de la poca servidumbre que veo... De veras, estoy profundamente sorprendido... ¡Casi diría que eso no sucede de una manera natural! ¿Es posible que el viejo anfitrión tenga espíritus clandestinos a su disposición, que le ayudan en tales ocasiones?».

9. «Mientras estabas tan absorto en la conversación no habrás prestado atención a lo que ha ocurrido aquí, porque en este tiempo las mesas pueden haber sido atendidas fácilmente», le respondió Ebalo. «Verdad es que yo tampoco me he fijado en ello, aun así no creo que haya podido pasar algo fuera de lo natural».

10. Pero Zinka insistió: «Créeme, amigo mío, yo puedo adentrarme al máximo en cualquier conversación y nada puede suceder a mi alrededor sin que me entere, ni que se escape algo de mi atención. Con toda certeza sé que hace unos momentos no se encontraba ni una sola miga de pan en todas estas mesas — y de repente las mesas parecen doblarse con el peso de tanta comida.

Oye, supongo que a un hombre con corazón e intelecto será permitido hacer una pregunta, ¿sobre todo cuando se trata de un forastero? En fin, no me importa si me dan una explicación objetiva o no; pero insisto en mi opinión de que aquí las cosas no suceden de manera natural.

¡Mira a mis 29 compañeros y verás que ellos discuten sobre la misma cuestión! Sólo todos vosotros que quizás en otras ocasiones ya habéis comido aquí os quedáis indiferentes ante este hecho, sabiendo cómo esto sucede. Pero no importa, ¡porque con el tiempo ya descubriré este secreto!».

Capítulo 20. El asombro del Zinka sobre el milagro de las mesas

1. Acto seguido Zinka, que era de estatura muy grande, se levanto y miró alrededor de sí para examinar todas las mesas todavía cubiertas de platos llenos de pescado bien preparado, de pan y de muchos vasos y cántaros, todos llenos del mejor vino; y también observó que todos los huéspedes ya se habían servido con muchas ganas, sin que en las muchas mesas disminuyese la comida. En pocas palabras, cuanto más tiempo estuvo nuestro Zinka observándolo todo, tanto más se asombró, de modo que finalmente le daban mareos. Sólo su hambre considerable y el olor exquisito de la comida hicieron que se sentara y empezara a comer.

2. Ebalo le sirvió el pescado más grande, explicándole que se trataba de una de las especies más nobles del mar de Tiberíades, pues así se llamaba la ensenada del mar de Galilea situada en el contorno de Cesárea Filipo.

Zinka disfrutó del pescado cada vez con más ganas, pues, le gustaba sobremanera. No se olvidó del buen pan y acudió diligentemente al vaso lleno de vino cuyo nivel a pesar de todo no disminuía... Y tampoco podía acabar con el pescado, a pesar de comer buenos trozos.

3. Lo mismo que le sucedió a él, también le sucedió a sus compañeros. Sobremanera animados y de buen humor, tenían ganas de extenderse sobre lo que les estaba pasando, pero su asombro cada vez mayor sobre estos fenómenos que se presentaron allí no les dejaba tiempo para tanto. Pues, para ellos fueron fenómenos antes nunca experimentados.

A pesar de que ya se sentían satisfechos, el buen sabor del pescado, del pan y del vino los sedujo a servirse otra vez de nuevo — lo que también les resultó inexplicable.

4. Por fin, Zinka se dirigió a Cirenio y le instó a que le explicase cómo podía ocurrir todo eso.

5. Pero Cirenio no le dijo más que: «En cuanto el banquete se haya terminado, ya tendremos tiempo suficiente para discutir sobre algunos asuntos. Pero de momento, ¡continúa comiendo y bebiendo a tu gusto!».

6. «Mi noble señor», le respondió Zinka, «Nunca en mi vida he sido un glotón, pero si todavía continúo durante mucho tiempo en tu compañía, ¡me temo que desde luego me transformaré en uno!

Lo que no comprendo en absoluto es dónde se queda todo lo que estoy comiendo y bebiendo... Estoy satisfecho y mi sed está calmada, pero aun así puedo continuar comiendo y bebiendo... Y el vino es mucho mejor y más generoso que cualquier otro que jamás he bebido; pero aun así no me embriaga...

7. ¡Conque insisto en que aquí pasan cosas que están fuera de lo normal! ¡En toda esta compañía debe haber un gran mago que manifiesta su increíble fuerza milagrosa!

¿O, acaso, es que ya nos encontramos cerca de ese gran Profeta al que he buscado junto con mis 29 compañeros? Si esto fuera el caso, gran amigo y gobernador, tendría que rogarte sumisamente que nos permitas a los 30 que nos vayamos dónde quieras, o que vuelvas a atarnos. Porque si tropezáramos con Él, a causa de nuestro juramento el que hemos jurado ante Herodes tendríamos que poner las manos sobre Él. A pesar de estar convencido de que esto no nos serviría para nada, aun así tendríamos que hacerlo a causa de nuestro juramento, ¡aunque fuera para nuestra propia perdición!».

8. «¿Cómo es eso?», preguntó Cirenio. «¿En qué legislación existe una ley que dice que hay que cumplir con un condenable juramento forzado? Tu juramento ya se deroga por sí mismo por el hecho que tú y tus 29 compañeros sois mis prisioneros... De ahora en adelante tendréis que hacer lo que yo y mis generales subordinados os mandemos y eternamente nunca lo que vuestro insensato Herodes os había decretado. ¡Estáis eximidos de vuestro juramento malo para todos los tiempos!

9. En el caso de que el gran Profeta viniendo de donde sea se presentase ante vosotros, ¡que nadie se atreva a tocarle ni con un solo dedo! Aquel que por un juramento absurdo se lo arriesgara, experimentaría la severidad de las leyes romanas.

10. Vaya, Zinka, a causa de tus exposiciones verdaderamente ingeniosas te he tomado por un verdadero sabio, pero con la última revelación de tu intelecto has bajado mucho en mi consideración... ¿Acaso todo lo que antes manifestaste no fue sino fingido?».

11. «¡Esto, por supuesto, que no!», respondió Zinka. «Noble señor, yo y todos mis compañeros pensamos y queremos exactamente como hemos pensado, querido y hablado antes... Pero debes comprender que ante estos fenómenos que se han producido aquí —y que todavía se están produciendo— un hombre que posee un mínimo de intelecto, finalmente debe quedarse estupefacto y reaccionar de una manera algo confusa.

12. Si yo hubiese visto y experimentado alguna vez algo parecido, seguro que me habría mantenido tan tranquilo como todos vosotros; pero apenas mi vecino sabio me dijo que el almuerzo estaba a punto de ser servido, y mira, ¡en menos de un abrir y cerrar de ojos las mesas ya estaban doblándose por el peso de las comidas y bebidas puestas en ellas!

Podéis decir lo que queráis, yo sigo opinando lo mismo: aquí se trata de un arte extraordinario de magia o de un prodigio perfecto.

13. Tú, noble amigo, puedes fácilmente permanecer tranquilo porque seguro que conoces la razón de todo esto, pero en nuestro caso es otra cosa. Mira sólo el pescado que todavía estoy comiendo: ya he comido tanto de él, ¡pero todavía queda mucho más que la mitad!

Estoy completamente satisfecho y a pesar de ello puedo continuar comiendo...

Y ve aquí mi vaso: ya habré bebido más que una medida de vino, pero mira, ¡el nivel del vino está apenas tres dedos por debajo del borde!

Un hombre capaz de pensar lógicamente no puede quedarse indiferente ante hechos como estos — como si se tratase de cosas rutinarias... Aquí soy tu prisionero y no me está permitido exigiros explicación alguna sobre este fenómeno; pero me será permitido el rogároslo. De modo que os rogué por una explicación y vosotros os habéis limitado a la recomendación que era de esperar.

14. Eso de esperar estaría bien, si en mi interior en vez de un alma ávida de saber hubiera una roca muerta totalmente inerte. ¡Pero mi alma no es una roca sino que está animada por un espíritu siempre sediento de Luz.

Tal sed no se puede apagar con una bebida refrescante sino únicamente con alguna palabra explicativa procedente de la boca de un espíritu ya iniciado. Vosotros ya estáis colmados de esta bebida etérea, ¡pero en mí que estoy sediento, no queréis verter ni una sola gota de toda vuestra abundancia sobre mi lengua ardiente!

Ved, ¡esto es lo que me aflige más de todo, y es lo que hace que mis sentidos estén tan confundidos! Si yo en tales circunstancias estoy un poco confuso, noble señor, ¿cómo es posible que esto te sorprenda?

15. ¡Pero basta ya! Dejemos ahora este asunto porque ya empieza a fastidiarme. ¡Qué me importan estos fenómenos!

¡El hombre no debe saber todo ni le hace falta que sepa todo! Para ganarse su pan diario, no necesita aprender mucho ni reunir experiencias, ni tampoco saber cosas extraordinarias. ¡El que aspira a más es un tonto! Por eso, ¡comamos y bebamos hasta que se agoten las existencias!

Si no se me permite llegar a saber algo, entonces prefiero no saberlo. Pues, lo que uno mismo quiere, esto lo tolera con facilidad, pero aceptar la voluntad ajena es muy duro para cada alma honesta.

De ahora en adelante podéis estar tranquilos, porque ya no volveré a molestaros con ninguna pregunta».

16. Acto seguido Zinka se calló y continuó comiendo su pescado tranquilamente, y de vez en cuando se servía del pan y del vino; y sus compañeros siguieron su ejemplo, sin hacer caso a lo que estaba ocurriendo o a lo que se estaba hablando detrás de ellos.

Capítulo 21. La naturaleza del afán de saber. El silencio justo y el canto que agradan a Dios

1. En secreto, Cirenio me preguntó lo que se podía hacer con este hombre.

2. «Todavía mucho», le respondí. «Todos ellos serán buenas herramientas para nosotros. De momento les hace falta un poco de reposo, por lo que hice que entraran en un estado de indiferencia.

3. ¡Créeme! Una vez que un alma tiene sed por un saber más elevado, ya no se retirará tan fácilmente a la inactividad. Con tal alma ocurre lo mismo que con un novio que está irremediablemente enamorado de la novia elegida. Pero la joven, por no ser muy formal, toma el amor de su novio a la ligera y se dice: “Si no es éste, todavía quedan muchos otros...”.

4. Transcurrido cierto tiempo, el novio enamorado se entera de ello y se entristece. Disgustado y lleno de rabia, intenta seriamente nunca más pensar en la doncella infiel; pero cuanto más se lo propone, tanto más piensa en ella, secretamente deseando que lo que había oído hablar por boca ajena no sean sino meras mentiras.

5. Pero un buen día ve que la doncella tiene trato con otro. Al verlo casi revienta de ira y jura ya no pensar en la infiel; pero justamente entonces empiezan a atormentarle pensamientos tan ardientes que no le caben otros, aunque sean sanos y positivos. De día y de noche, intranquilo, suspira y vierte lágrimas amargas, de vez en cuando maldiciendo a la infiel...

6. ¿Por qué todo eso? ¿Acaso no se propuso decididamente no pensar nunca más en la indigna?

7. Pero en su angustia se presenta un amigo leal que le dice: “Amigo, estás cometiendo una injusticia contra tu prometida a la que amas. Mira, con su aparente imprudencia sólo quería poner tu amor a prueba, pues ella es pobre mientras que tú tienes grandes riquezas. Por eso no podía imaginarse que tú realmente podías tener la idea de tomarla como mujer legítima.

Por eso tomó tu amor más bien por una farsa y pensaba que antes de concederte definitivamente su mano debía examinarte un poco, para asegurarse que realmente la amabas tanto como lo indican tus palabras. Pues muchas veces las pobres doncellas aprenden por experiencias tristes que tales jóvenes ricos —jóvenes como tú— sólo quieren divertirse con las pobres sin tener intenciones serias.

Ahora se ha dado cuenta que tenías buenas intenciones y por eso te ama más de lo que tú puedas imaginarte. Desde que ella te declaró su amor, en su corazón ya no te fue infiel. Ahora, celoso ciego, sabes como están las cosas. ¡Haz pues lo que quieras!”.

8. ¿Piensas tú, Cirenio, que el enamorado tan profundamente ofendido ya no quiera tener que ver nada con la doncella pobre pero hermosa — como él se lo había propuesto? ¡Al contrario! Porque las palabras de su amigo eran el mejor medicamento para sus oídos y su corazón, y le costaba mucho esperar el momento en que pudiese dar su mano para siempre a su amada.

9. Y lo mismo le pasará también a nuestro Zinka. Ahora come y bebe como si los milagros ya no le preocupasen, pero en su interior está más activo que antes; por eso te digo que no te preocupes...

10. Yo conozco a todos los hombres y sé lo que pasa en sus corazones. Además, toda influencia en los sentimientos que pueda haber en sus corazones viene de mi parte, y donde conviene Yo sé lo que he de hacer. Por eso, tengamos buen humor y comamos y bebamos lo que todavía haya en la mesa, porque para la tarde necesitaremos un poco más de fuerza física, dado que la cena se va a retrasar un poco».

11. Todos estaban muy animados y muchos alababan a Dios, el Señor. Algunos empezaron a cantar; pero aparte de Erme no había ningún verdadero cantante. Muchos de los presentes le insistieron que cantara algo, pero él no se atrevía porque temía la crítica de los romanos que tenían unos oídos muy finos.

12. Erme, sin embargo, les dijo: «¡Amigos y señores míos! En mi corazón canto una canción a Dios, el Señor, ¡y seguro que el Señor de Israel la oye con agrado! Si yo la cantase en voz alta, sería fácil de que a causa de algunos sonidos impuros no os gustase. Eso me llenaría de vergüenza y de mal humor — lo que no estaría bien, ni para mí ni tampoco para vosotros. Por eso prefiero cantar este himno íntimamente en mi corazón. ¡Aquel al que va dirigido, seguramente lo oirá!».

13. «Tienes razón, Erme. Tú, ¡continúa cantando en tu corazón!», le dije. «Al oído de Dios este canto suena mucho más agradable que cualquier griterío en voz alta y sin sentido — algo que tal vez agrade al oído humano físico, aunque el corazón permanezca frío y sin ser tocado.

14. Si en ciertas ocasiones se canta con una voz audible, ¡que sea cuando el corazón ya está tan colmado de la sensación de amor, que tiene que desahogarse mediante la voz oral para no ahogarse en el arrebato de su amor a Dios! Entonces, por supuesto, también el canto exterior es del agrado a Dios — mientras sea cantado con una voz pura, la que eleva al alma aún más.

15. Porque una voz impura y no armoniosa es como una agua turbia vertida sobre una llama ardiente, donde cada uno sabe lo que va a pasar».

16. Cuando hice esta observación acerca del canto, la encantadora Yara me dijo: «Señor, ya que estamos reunidos en un ambiente tan alegre, ¿qué te parece si Rafael nos cantara algo?».

17. «¡Pregúntaselo tú misma!», le dije como si estuviera hablando en broma. «Quizás lo hará para complacerte. Yo no tengo nada en contra de ello».

18. En seguida Yara se dirigió a Rafael y le instó a que cantase algo.

19. Pero este le respondió: «Se ve que aún no tienes idea alguna de cómo canta un ser como yo, pero de antemano te digo que no serías capaz de soportar mi voz durante mucho tiempo, porque resulta demasiado emocionante — y también debe sonar así por estar formada por elementos sumamente puros.

Tu carne no soportaría el sonido de mi voz. Si te canto algo tan sólo durante un cuarto de hora, morirás debido al encanto del sonido de mi voz, pues, no hay nada en esta Tierra que se pudiera comparar con ello.

Bueno, mi querida Yara, si quieres que te cante, te cantaré; pero no puedo decirte de antemano el efecto que mi voz surtirá sobre tu carne».

20. «A ver, si por lo menos me cantas una sola nota, suponiendo que esto no me mate».

21. «¡Bien, voy a cantarte con un sólo sonido y todos que están aquí deberán oírlo, incluso los que habitan un poco más lejos de aquí, para que busquen qué explicación puede tener este sonido que han percibido!

Pero incluso yo tengo que prepararme por algunos momentos. ¡Y que estés preparada!, porque este sonido surtirá un efecto tremendo sobre ti».

Capítulo 22. El canto de Rafael

1. Por supuesto, también Zinka oyó estas palabras y preguntó Ebalo que estaba sentado a su lado: «¿Acaso este joven encantador es un cantante distinguido? ¿Ya le has oído cantar alguna vez?».

2. «La verdad es que muchas veces le he oído hablar», le contestó Ebalo, «pero hasta ahora nunca le he oído cantar. Por eso yo mismo tengo mucha curiosidad de oírle cantar esa nota evidentemente tan sensacional».

3. «¿De dónde viene este joven y quién es esta muchacha?».

4. «El joven vive conmigo en Genesaret, y la muchacha es mi hija de apenas quince años de edad; pero ya tiene toda la Escritura en su cabeza y en su corazón — y actualmente el joven es instructor en mi casa. Le conozco bastante bien, pero no sabía nada de su calidad de cantante; por eso yo mismo estoy intrigado por escucharle».

5. Cuando Ebalo terminó de pronunciar estas palabras, Rafael avisó: «¡Ahora aguzad vuestros oídos y prestad atención!».

6. A continuación de esta invitación todos percibieron —como desde muy lejos— un sonido básico muy débil pero indescriptiblemente puro, de modo que todos se sintieron transportados a un estado de éxtasis.

En su gran entusiasmo Zinka exclamó: «¡No!, ¡así no canta un cantante terrenal! ¡Porque así sólo puede cantar Dios, o tal vez uno de sus ángeles!».

7. Poco a poco el sonido aumentó en intensidad, y se volvió más vivo y más poderoso. En su fuerza máxima —como si surgiera de mil trombones— soñaba como un acorde de cuarta—sexta en re bemol menor, subiendo de la octava baja a la principal con la repetición de la octava y disminuyendo gradualmente, para al fin extinguirse en un la bemol menor de la octava principal debilísimo, de una pureza nunca oída.

8. Todos estaban tan encantados que sus sentidos entraron en una especie de aturdimiento, con lo que se encontraron como desmayados. Por eso, a una señal mía, el ángel tuvo que reanimarlos.

9. Con lo que todos se despertaron como de un sueño feliz, y Zinka, lleno de entusiasmo, fue corriendo hacia Rafael y le dijo, abrazándole con toda su fuerza: «¡Oh Joven!, ¡tú no eres un mortal!, ¡o eres un Dios o un ángel!

¡Con esta voz debes de ser capaz de resucitar a los muertos y animar a las piedras! ¡Me consta que no hay mortal en esta Tierra que jamás haya oído semejante sonido celestial y sobrenatural! ¡Oh, joven más que celestial, ¿quién te enseñó a producir semejantes sonidos con tu garganta?

10. ¡Estoy profundamente entusiasmado! ¡Todas mis fibras vitales están todavía vibrando a causa de la belleza y pureza indescriptibles de este canto singular! Además, ni siquiera tuve la impresión de que tú mismo habías producido este sonido purísimo en tu garganta, sino más bien que todos los Cielos se habían abierto y que la boca de Dios estaba vertiendo armonía sobre la Tierra muerta.

11. ¡Oh Dios!, ¡oh Dios de Abraham, Isaac y Jacob! — ¡Tú no eres un sonido vacío articulado por los labios! ¡Porque Tú eres la Verdad y la purísima Armonía eterna! Oh sonido, ¡qué sonido!

Sí, ¡este sonido me devolvió todo lo perdido, me devolvió a mi Dios, mi santo Creador y mi Padre, porque para mi ánimo este sonido fue un evangelio purísimo de los Cielos! Lo que quizás miles y miles de palabras no habrían sido capaces de conseguir, ¡este sonido singular de los Cielos lo ha realizado: ¡me ha perfeccionado!

Mi corazón —antes duro como una piedra— ahora se ha vuelto delicado como una cera expuesta al Sol y como una gota de rocío colgada en la punta de una hierba.

12. ¡Oh Juan, al que con corazón dolorido tuve que anunciar la muerte, si en los últimos momentos de tu vida terrenal hubieras oído este sonido, seguro que la muerte de tu cuerpo te habría parecido una puerta dorada radiante de Luz, para entrar en los Cielos de Dios; pero en el calabozo oscuro en el que estabas encerrado —para ti, un santo de Dios— sólo retumbaban sonidos de desespero, de aflicción y de tristeza...

13. ¡Oh hombres, oh hombres! — Todos los que no habéis oído lo que yo acabo de oír, ¡qué malas tendencias deben reinar en vuestros corazones y qué oscuridad debe haber en vuestras pobres almas, para que no podáis sentir lo que yo ahora siento y lo que siempre sentiré mientras viva en esta Tierra!

Oh, Padre santo en los Cielos, Tú que nunca has desatendido la suplica llena de ánimo de un pecador, ¡te ruego que el día que yo me vaya de este mundo de lágrimas, antes me permitas que una vez más pueda oír este sonido indescriptible... ¡Y abandonaré esta Tierra todo lleno de bienaventuranza, alabando tu santo nombre eternamente!».

Capítulo 23. La comunicación con Dios por medio de la palabra interior del corazón

1. Después de estas exclamaciones de Zinka que edificaron profundamente los ánimos de todos los presentes, Yara dijo: «¡Oh Rafael, oh Rafael! Ahora me pareces un ser completamente diferente al que antes... Has partido mi corazón... ¡Ahora preferiría que nunca me hubieras cantado!».

2. «¡Tú misma me obligaste!», dijo Rafael. «Yo, en realidad, de ninguna manera quería cantar. Pero aunque no pueda deshacer lo hecho, ¡en realidad poco importa! Ten en cuenta que en los Cielos de Dios todo debe armonizar con este sonido singular, de modo que en lo sucesivo debes esforzarte más seriamente en arreglar tu vida de tal manera que en todos sus efectos y en todas sus manifestaciones y disposiciones se parezca a este sonido.

Todo aquel cuya vida no se parezca a este sonido, no entrará en el Reino del Amor eterno y purísimo.

3. Porque el sonido que has oído pertenece al Amor y a la suprema Sabiduría de Dios. ¡Tómatelo a pecho y actúa de manera que te vayas igualando completamente al sonido oído, y en todo tu amor y tu sabiduría serás justa ante Dios que te ha elegido como verdadera novia del Cielo — razón por la que Él me ha mandado que sea tu guía!

4. Pero lo que ahora está sucediendo aquí, sucede ante Dios y ante sus Cielos, y ni mucho menos es para este mundo que nunca lo percibiría. Observa a los hombres sentados en las otras mesas, cómo están formándose diversas ideas acerca de este fenómeno y cómo riñen y altercan, ¡pero dejémosles que disputen, porque el intelecto humano no se enterará de la naturaleza de este sonido!

5. Ya hace varios días que el Señor está aquí, y mañana será el último. Lo que acontecerá después, nadie lo sabe, salvo el Señor mismo. Por eso, ¡llena tu corazón con todo el amor y con toda la humildad, y guarda en él todo lo especial y extraordinario que aquí has oído y visto! Guárdalo para ti, porque al retransmitírselo a los hombres mundanos no harías sino echar las perlas más preciosas a los puercos, lo que a los hombres mundanos no les serviría para nada.

Todo eso, ¡tómalo muy a pecho, y te harás una herramienta muy útil en la mano del Señor, en el Cielo tanto como en la Tierra! — ¿Lo recordarás?».

6. «¡Oh mi querido Rafael! Verdad es que he tomado nota de todo ello, pero lo que acabas de decirme no me agrada en absoluto — en lo que se refiere a la partida del Señor, anunciada para mañana. ¡Tú sabes lo mucho que le amo sobre todas las cosas! ¿Qué será de mí, cuando ya no pueda verle, ni oírle, ni hablarle?».

7. «¡Verás como no lo pasas mal!», le respondió Rafael. «Aunque no le veas, siempre podrás oírle y hablarle, porque cada vez que en tu corazón le preguntes, Él también te responderá dentro de él.

8. Mira lo que debemos hacer nosotros, los ángeles... Ahora estoy aquí, como ves, pero si fuese la Voluntad del Señor, debería trasladarme instantáneamente a un mundo muy lejano de aquí y quedarme en él tanto tiempo como es necesario según el Orden del Señor.

¡Créeme que allí frecuentemente estamos muy lejos de la presencia personal del Señor, pero de ninguna manera de su presencia espiritual, porque a este respecto estamos continuamente en Dios como Él está en nosotros y realiza sus obras inconmensurablemente grandes.

9. El que ama verdaderamente a Dios, el Señor, está continuamente con Él y en Él. Si quiere oír o saber algo de Dios, que se lo pregunte en su corazón; y mediante los pensamientos del corazón recibirá inmediatamente una respuesta perfecta. De esta manera cada hombre, en cualquier momento, puede ser instruido y enseñado por Dios en todos los asuntos. De esto se puede deducir que para ser feliz y bienaventurado no hace falta que siempre pueda uno ver al Señor, sino que basta oírle y sentirle, para poseer todo lo que sea necesario para la bienaventuranza verdadera de Dios.

10. Tampoco yo estaré siempre visiblemente cerca de ti, pero basta con que me llames en tu corazón y estaré contigo y te responderé claramente por medio de pensamientos tuyos muy suaves pero siempre perceptibles.

Cuando percibas tales pensamientos, sé consciente de que yo te los he inspirado. Ya los reconocerás como tales, dado que no son frutos de tus propios campos. Y en cuanto los hayas reconocido, ¡obra según ellos!

11. No es suficiente saber lo que es bueno y justo, y lo que es del agrado a Dios, —¡ni mucho menos— ni siquiera cuando se siente la mayor satisfacción por la Doctrina de los Cielos! Porque es preciso tomar la determinación seria y firme de obrar en todo según prescribe esta santa Doctrina venida de los Cielos.

12. Por eso hace falta: percibir la Doctrina divina, reconocerla y obrar según ella. No tiene valor alguno conocerla bien y no obrar según ella».

Capítulo 24. El cultivo del corazón humano

1. Rafael continuó: «Recuerda, mi querida Yara, cuando el Señor estaba en Genesaret y Él mismo te instruyó en cierto arte de horticultura. Te enseñó reconocer diversas plantas útiles y cómo había que cultivarlas y utilizarlas. Te preparó una pequeña huerta, plantó diversas plantas útiles y de cada una te explicó qué forma iba a tener, cómo iba a crecer, cuándo y cómo iba a florecer, y qué especie de frutos iba a producir. Te enseñó para qué servían, cómo se podían consumir, y cómo había que conservar una cosecha abundante para que no se estropease.

En pocas palabras, el Señor mismo te dio la instrucción necesaria en todo, de cómo debías preparar tu pequeña huerta.

2. Eso te llenó de una alegría inmensa. Pero ¿acaso con esta alegría todo estuvo ya concluido? ¿Acaso la pequeña huerta habría producido los frutos de la bendición sin haberla cultivado con toda diligencia? Sólo con la alegría que tenías tras esa enseñanza del Señor no habría crecido tu pequeña huerta, salvo algunas hierbas malas.

Pero como conforme a las instrucciones te pusiste manos a la obra, pronto floreció la pequeña huerta y se transformó en un pequeño paraíso terrenal, con la perspectiva de obtener una cosecha abundante.

3. Y ahora mira: En el mismo sentido también el corazón humano es una huerta, aunque sea muy pequeña: si se cultiva el corazón diligentemente según la Enseñanza del Señor y no se omite fuerza alguna para poner toda la Enseñanza en práctica, pronto el corazón estará tan lleno de Bendición y Gracia de los Cielos que el hombre finalmente podrá cuidar de su alma y espíritu por propia cuenta — sin que continuamente precise de nuestro consejo y de nuestra ayuda.

4. Esto es lo que el Señor intenta hacer con el hombre: que se convierta en un ciudadano de los Cielos completamente independiente, según el Orden eternamente inalterable de Dios. ¡El que alcanza esta meta, ya ha alcanzado todo!

Dime, ¿has comprendido todo lo que acabo de explicarte? ¿Ya te orientas un poco en lo que concierne al sonido sumamente puro que he cantado?».

5. «Oh, sí, ahora lo comprendo y todo me resulta tan claro como el Sol del mediodía en un cielo despejado», respondió Yara. «Tus palabras dieron un consuelo inmenso a mi corazón, y voy a ponerlas en práctica para que en mi interior se transformen en una Verdad vital que me traerá alegría y bienaventuranza.

Supongo que lo de instruirme y ver puestos en práctica los consejos que me diste, esto no será tu tarea más conflictiva... pero todos los demás hombres, ¿piensas que también ellos cumplirán con todo lo que me has aconsejado a mí, de manera tan fiel y verídica?».

6. «Tú, primero, preocúpate por ti misma, porque de los demás ya se preocupará el Señor», le respondió Rafael.

Capítulo 25. Zinka pregunta a Ebalo acerca de Rafael e indaga al Señor

1. Por supuesto, también Zinka había entendido esta enseñanza, por lo que se dirigió a Ebalo, al que entre todos tenía la mayor confianza: «Amigo mío, este joven prodigioso que nos hizo oír el sonido de los Cielos y que ahora dio a tu hija una enseñanza tan particular más que mística que hasta ahora nunca he oído, hablando francamente, ¡no debe pertenecer a nuestra Tierra como nosotros!

¡A ver, si él tiene que ver algo con Aquel al que mi Juan se sentía demasiado indigno para desatarle los cordones de los zapatos — sólo que me parece que para esto es todavía demasiado joven, pues dicen que debe tener algo más de treinta años!».

2. «Querido amigo, ¡este joven no es Aquel del que estás hablando, pero sí, es un discípulo principal de Él!», le respondió Ebalo. «Pues, ahora te confieso abiertamente que el Profeta de Nazaret posee un Poder tan enorme y una Sabiduría tan elevada que —como se dice— incluso los ángeles de los Cielos descienden a la Tierra para recibir su Doctrina, admirar sus hechos y glorificar en Él la Omnipotencia de Dios.

3. Que este joven, del que no sabes qué opinar de él, te sirva precisamente para probar que todo lo que te dije es la pura verdad. Sin duda, para ser un hombre mortal de esta Tierra, su aspecto resulta demasiado celestial, mientras que para ser un ángel tiene un aspecto todavía algo demasiado terrenal... Ya vive más que un mes conmigo porque es el educador de mi hija. No tiene padre ni madre en la Tierra, y manifiesta un poder fabuloso... ¡Puedes creerme!

Esta es toda la genealogía que te puedo dar de él. ¡Pero ve tú mismo y conversa con él, y puedes estar seguro que no te dejará a deber ni una sola respuesta! A pesar de ello, no descubrirás ni la menor arrogancia en él».

4. «Ya sé bastante... Ya sé lo que en este tiempo tan extraordinario debo pensar de este joven», le respondió Zinka. «Pero todavía tengo una pregunta: Este gran Profeta de Nazaret, ¿se encuentra aquí, entre nosotros? Porque sin Él no comprendo qué podría tener que ver un ángel aquí... ¡Dime si Él se encuentra aquí, para que también yo pueda honrarle profundamente. Pues a juzgar por lo que dices, debe tratarse de un ser puramente divino. Me basta con que mediante una pequeña señal me des a entender que Él está aquí».

5. «Amigo mío, ¡ten todavía un poco de paciencia porque ya le conocerás! Como ya no eres esbirro, para tu tranquilidad te puedo decir que Él se encuentra entre nosotros, porque de lo contrario seguro que todos estos grandes personajes de Roma no estarían aquí».

6. «Esto me basta, no necesito saber más. Ahora voy a encontrarle».

7. Con esto Zinka se quedó tranquilo; sin embargo, al mismo tiempo prestaba toda la atención a lo que ocurría y no dejó de observar sobre todo a Cirenio, a Cornelio, y al ángel, porque suponía que estos podrían descubrirme más fácilmente que nadie... Pero en esto se había equivocado, porque a estos Yo les había comunicado interiormente todo lo que debían hablar y a dónde debían dirigir la atención de Zinka.

Mientras tanto levantaron el banquete y quitaron las mesas.

Nosotros nos fuimos a la orilla del mar, donde conversamos de asuntos insignificantes. Aun así Zinka y sus compañeros no nos quitaron los ojos de encima.

Capítulo 26. Jesús resucita a las dos ahogadas. Zinka reconoce al Señor

1. Al pasear por la orilla del mar, finalmente llegamos al lugar donde Risá cuidaba de las dos ahogadas esperando su resurrección.

2. Cirenio le preguntó: «Risá, amigo mío, ¿ya comienzan las dos a manifestar algunas señales de vida?».

3. «Señor, ¡esto es un esfuerzo inútil!», le contestó Risá. «Estas dos manifiestan cada vez más los síntomas de la muerte, con lo que todo tratamiento subsiguiente es en balde... ¡A estas dos únicamente la Omnipotencia de Dios les puede devolver la vida, por lo que ya no vale la pena cambiar la posición de sus cuerpos ni verter vino en sus bocas!».

4. «Esto es lo que tú te imaginas...», le dije.

5. «Señor, mira las manchas azules», me respondió Risá, «y observa el progreso avanzado de la descomposición, y Tú mismo me darás la razón de que estas dos sólo en el día del juicio pronosticado por Daniel podrán ser reanimadas por la Omnipotencia de Dios».

6. Oyendo esto, también Zinka que era un gran entendido en el reconocimiento de difuntos, se abrió paso hacia adelante para ver si las dos estaban realmente muertas. Después de haberlas examinado concienzudamente, Zinka confirmó: «Este amigo tiene razón. Las dos muertas tendrán que esperar hasta el día del juicio —suponiendo que en esta Tierra haya uno, lo que pongo en duda—, pues sé muy bien en qué se convertirá este conglomerado de carne: en polillas, gusanos, moscas, escarabajos, en diferentes hierbas y otras plantas.

¡Cantidad de seres humanos serán despedazados y devorados por las fieras! ¡Y otros serán consumidos por el fuego! ¿Acaso será posible que el día del juicio toda esa carne pueda volver a hallarse unida como ahora? — ¡Entonces renuncio a mi existencia humana para siempre!

Yo, Zinka de Jerusalén, versado y experto en muchas cosas, afirmo rotundamente que en un día del juicio venidero incluso la Omnipotencia de Dios tendrá poca prisa en reanimar a estas dos conglomeraciones de carne femenina. Lo que sí hará: dar a sus almas un nuevo cuerpo espiritual, ¡pero seguro que en estos dos cuerpos de carne ninguna alma sufrirá ya dolor de cabeza!».

7. A estas palabras Yo le respondí a Zinka: «Amigo mío, es cierto que conoces muchas cosas y no pocas veces das en el clavo; pero en este caso, en rigor, has errado un poco el golpe.

Tienes toda la razón de que en el Más Allá nunca ya un alma andará en este cuerpo; pero justamente estos dos cuerpos, durante cierto tiempo, aún volverán a ser portadores muy apropiados de sus almas...

¡Si Yo lo quiero, estas dos deben resucitar! Una de ellas será tu mujer, bastante fecunda, y la amarás sobremanera; y la otra será la mujer de Risá que también es soltero — sólo que él no despertará fruto alguno en ella».

8. Acto seguido llamé a las dos ahogadas, y estas se levantaron instantáneamente. Llenas de asombro miraron a su alrededor sin poder comprender dónde se encontraban y qué había pasado con ellas.

9. Risá y Zinka, sin embargo, se echaron a mis pies y Zinka exclamó: «¡Tú eres Aquel que Juan anunció! — ¡Pero no eres un profeta, sino Jehová mismo!».

10. A esta escena de resurrección acudieron también los persas todavía presentes, y Chabbi, cuyo nombre ya era conocido, dijo a Zinka: «Tengo la profunda sensación de que esta vez has realmente dado en el clavo. Así es, amigo, ¡Este es Jehová! Y el joven que antes nos hizo oír un sonido celestial es un arcángel, el mismo que una vez en la Tierra guió al joven Tobías.

Así es: Este es el gran Mesías anunciado por todos los profetas y videntes, y con Él empieza un nuevo Reino en esta Tierra — un Reino espiritual...

11. Él es Aquel del que muchos se escandalizarán y al que atentarán con la intención de hacer con Él lo que Herodes hizo con Juan, pero todos los que lo intenten se estrellarán ante su Poder... y ante su Sabiduría se quedarán atónitos y ciegos como la noche más densa... porque en la Tierra nunca hubo hombre encarnado como Él...

12. Lo que te digo en el nombre de mis veinte compañeros, te lo digo sin la menor timidez: Como he conocido a Este ya no temo al mundo, y los únicos que le deben temer a Él son todos aquellos que van a sublevarse contra Él. Oh, ¡a estos sacrilegos ya les tomará el pulso! ¡Mil veces ay de estos malhechores!

Él no se enfrentará a sus adversarios con la espada en la mano — pero el Poder de su Palabra los juzgará y les causará su perdición.

13. Aquí mismo, delante de ti, tienes las pruebas palpables del Poder que está en su Palabra. Sin duda alguna estas dos doncellas estaban absolutamente muertas, pero Él no dijo más que: “¡Levantaos!”, ¡y las dos se levantaron! Ahora viven como recién nacidas, bien vivas, de buena salud y de conciencia perfectamente clara...

Veo que de momento habrá que traer a estas dos criaturas encantadoras unas prendas de vestir. Como entre nosotros los persas hay varias mujeres que todas llevan consigo tres vestidos para cambiar, que cada una de ellas les dé uno y de este modo las dos estarán atendidas».

Capítulo 27. La biografía de las dos jóvenes

1. Justo en este momento Chabbi se dirigió a Mí y me preguntó si le era permitido hacer esto.

2. «¡Hazlo de todos modos, porque haciendo el bien nadie nunca ha pecado ante Mí! ¡Ve y haz que vistan a las dos!», le dije.

3. Chabbi se fue y después de algunos momentos volvió con dos vestidos de seda muy fina y de color blanco radiante, con dos vestidos de cachemira azul celeste y con dos pares de sandalias preciosas con cintas de seda. También trajo dos peines en forma de diadema y horquillas de oro adornadas con piedras preciosas de mucho valor.

Sin embargo, las dos se negaron a aceptar las joyas porque les parecían demasiado valiosas...

4. Pero Yo les dije: «¡Si Yo lo quiero así, ¡tomad lo que se os da, porque conviene que las novias estén adornadas con gusto!».

5. Finalmente aceptaron las joyas, y cuando estuvieron vestidas y bien arregladas como unas princesas, ellas mismas manifestaron una gran alegría y estaban llenas de agradecimiento.

6. Cuando radiando de belleza se encontraban delante de nosotros, Zinka exclamó: «¡Otro milagro! Porque cuando antes inspeccioné a las dos en su estado de difuntas, ellas me parecían como unas mujeres de por lo menos cuarenta años. Con sus arrugas no tenían gracia alguna, e incluso cuando las vi tan maravillosamente resucitadas tampoco manifestaban un aspecto particular... ¡Pero ahora son dos doncellas de apenas veinte años de una belleza que nunca he visto en mi vida! ¡Con lo que hay otro milagro!

¡Ante ellas incluso una Herodías se desvanece! Si Herodes viera a una de estas dos y si se lo pidiera, ¡por ella haría decapitar a todos los judíos!

Si yo, pobre pecador, realmente fuera considerado digno de la gracia de obtener como mujer a una de estas criaturas angélicas, Jerusalén jamás ya me volvería a ver; porque ella sería un atractivo para Herodes y también para los otros “santos” de la ciudad de Dios».

7. Entonces dijo Cirenio: «Si estas dos hijas prodigiosas no tienen padres legítimos o si los padres legales por la muerte intervenida han perdido todo el derecho, entonces serán hijas mías y recibirán de mí una dote conveniente».

8. La mayor de las dos que se llamaba Yamila explicó: «Nosotras dos —para ser francas— somos huérfanas, pues no tenemos padres; y a los que llamábamos “padre” y “madre”, evidentemente no eran ni siquiera parientes nuestros.

En una edad de dos y tres años respectivamente llegamos a la casa de un comerciante griego que algo más tarde, en parte, se había adherido al judaísmo. Según nos aseguró una criada anciana, un traficante de esclavos nos había llevado de Sidón a Cafarnaúm, donde aquel comerciante al que llamábamos “padre” nos había comprado por cinco cerdos, cinco terneros y ocho ovejas.

9. Tenemos entendido que el vendedor había dado al comerciante un escrito en el que constan nuestros nombres y los de nuestros genitores. Parece que según este escrito nuestros verdaderos padres eran romanos de alta condición; no sabemos hasta qué punto todo esto es verdad.

El viaje en el que nos ocurrió esta desgracia lo emprendimos secretamente para visitar a unos parientes de nuestros padres aparentes, con la esperanza de que estos iban a informarnos sobre la verdad — si nuestros padres aparentes verdaderamente sólo nos habían comprado.

10. Pero caímos en las manos de unos piratas malvados que nos robaron todo lo que llevábamos encima y nos desnudaron. Después, a pesar de todas nuestras súplicas, nos ataron juntas por los cabellos y nos echaron vivas al mar profundo...

No tenemos idea de lo que pasó a continuación, ni sabemos cómo hemos llegado a este lugar que nos resulta completamente desconocido, ni quién nos ha devuelto la vida — pues nos consta que cuando nos encontraron arrastradas por el mar a orilla, ya estábamos muertas.

Pero ahora, ¿dónde nos encontramos y quienes sois vosotros, oh hombres buenos y generosos?».

Capítulo 28. Cirenio reconoce a sus hijas. Risá y Zinka llegan a ser yernos de Cirenio.

1. «Hijas mías, ¡sólo un poco de paciencia!» les dijo Cirenio. «Tú te llamas Yamila, ¿y cómo se llama tu hermana menor?».

2. La muchacha menor le respondió: «Mi nombre es Ida, pues, así es como siempre me llamaron».

3. En ese mismo momento Cirenio se arrojó a mi cuello y exclamó: «¡Mi Señor!, ¿cómo podría agradecerte esto? ¡Oh Dios, Padre! ¡Tú acabas de devolverme a mis dos hijas naturales! ¡Hace diecisiete años que unos miserables me las robaron! Nunca he comprendido cómo eso fue posible a pesar de toda la vigilancia que había en mi casa —eso sigue siendo un enigma para mí...

4. Inmediatamente envié mensajeros en todas direcciones que debían buscar e indagar el paradero de las dos hermanas perdidas... Entonces uno de mis oficiales más valientes me dijo: “Aunque Plutón mismo te las haya robado, ¡yo te las devolveré! — A no ser que el mar o una fiera hambrienta las hubiera devorado...”. Se fue por tres años, pero todos sus esfuerzos fueron en vano.

5. También te envié mensajeros a ti, oh Señor, a Nazaret. Te encontraron, pero regresaron con la mala noticia de que ya no se podía esperar nada de ti. Me informaron que te habías vuelto un joven muy tranquilo de entre trece y catorce años, más bien ingenuo y nada ya de prodigioso...

6. Incluso tus padres terrenales dieron un testimonio modesto de ti y dijeron que desde que tuviste doce años toda huella de Sabiduría te había desaparecido y que desde entonces te quedaste más atrás que cualquier niño normal, respecto a tu inteligencia y tu entendimiento. Parece que entonces te instaron para que solamente a ellos —a los mensajeros— les hicieras una predicción, pero Tú guardaste silencio y sólo al fin les dijiste que no habías venido a este mundo para predecir, sino para trabajar como cualquier otro hombre.

7. Cuando se te preguntó si no recordabas todo lo que habías hecho desde la cuna hasta los doce años, respondiste: “¡Lo que era antes, ahora ya no es!”. Y cuando te preguntaron por el motivo, no dijiste nada más sino que te saliste al aire libre... Y mis mensajeros tuvieron que regresar sin haber logrado nada.

8. De modo que entonces toda mi investigación fue inútil. Con lo que durante siete años enteros yo lloré la muerte de mis dos hijitas más queridas... Y mira, ¡aquí están delante de nosotros!

Entonces me privaste de ellas — para devolvérmelas ahora de una manera doblemente milagrosa... Oh Señor, ¿cómo podría agradecértelo?».

9. «Esto ya lo has hecho al dar cobijo a todos los aquí acogidos — para que su futuro destino sea mejor que hasta ahora. En pocas palabras, Cirenio —tú que eres mi primer amigo— ya me has hecho tantos favores que en esta Tierra no podía dejarte sin recompensa; y más tarde, en mi Reino celestial, por ello te llegará una recompensa aún mayor...

10. Ahora que has recuperado a tus hijas en perfecta salud, piensa en los dos a los que las he destinado como esposas. Aunque los dos hombres no sean de ascendencia real, en cierto modo son ahora hijos míos, con lo que seguramente estarás contento».

11. A estas palabras Cirenio me respondió: «Señor, para mí tu Voluntad es un mandamiento sumamente agradable, y para mis yernos ya encontraré posiciones que les facilitarán ser lo más útiles posible a los pobres, tanto en el sentido espiritual como en el natural.

12. ¡Venid ahora, hijas mías, para que os estreche contra mi pecho, porque ahora soy uno de los padres más felices de toda la Tierra! ¡Qué feliz será vuestra madre de volver a teneros, porque ella se sentía tan desconsolada por vosotras! Si pudiese veros, su felicidad sería aún mayor; pero con lo cariñosa que es, sigue siendo ciega. Ya lo era cuando nos casamos... Durante cierto tiempo recobró algo de vista; pero más tarde otra vez la perdió.

A pesar de ello tiene una sensibilidad tan delicada que apuesto que os reconocerá instantáneamente. Oh, ¡que infinitamente feliz soy ahora!

¡Venid a mí, todos los pobres, quiero haceros felices con todas mis fuerzas!

13. Si sólo pienso en que os encontramos flotando en el mar, ligadas por vuestros cabellos... Si entonces sólo me hubiera imaginado lejanamente que vosotras erais mis hijas, ¡qué horriblemente infeliz me habría hecho vuestro aspecto! Sólo ahora, ya resucitadas, el Señor me lo hace saber, para hacerme lo más bienaventurado posible... Por ello, Señor, te alabo y te doy todo mi amor».

Capítulo 29. La modestia del Zinka

1. Zinka se acercó y dijo: «Noble señor y soberano, como las circunstancias se manifiestan de una manera que yo no podía ni imaginármelas, ahora todo cambia. Aquí ya no se trata de las hijas de un comerciante de Cafarnaúm, sino de la casa real de Roma, un árbol en el que no crecen manzanas para gente como nosotros; pues para tales hijas deben hallarse hijos descendientes de parientes de sangre real.

Yo sólo soy el hijo ordinario de un judío... Aunque descienda de Juda, ¿qué es esto en comparación contigo, tú, que eres un hermano del gran emperador Augusto y por consecuencia desciendes de los más antiguos patricios? Además, eres inmensamente rico y yo no recibo más que un sueldo mísero por un trabajo enorme.

2. Si hubiera recibido a Yamila, maravilla de los Cielos, ¡lo infinitamente feliz que ella me habría hecho como esposa! Pero dado que como hija tuya ahora es muy superior a mí, no puedo ni debo casarme con ella. Noble señor, hoy en tu estado de ánimo tan puro igual me la concederías, pero mañana ya podrías arrepentirte de ello. Si tú volvieras a quitármela, ¿acaso yo podría impedírtelo? ¡Qué aflicción tendría que pasar! Sin embargo, si me tocase casarme con ella con toda seguridad que me quedará para siempre, ¡seguro que sería el hombre más feliz! Pero nunca insistiré en que se case conmigo, pues, conozco mi condición y también la tuya.

3. ¡Procúrame una pequeña propiedad en el territorio romano y trabajaré diligentemente con mis manos para ganarme el sustento para mí y mis colaboradores. Pero te ruego que nunca me envíes a Jerusalén ni a Judea, porque no quiero ya tener que ver nada con Herodes ni con el Templo».

4. «¡No te preocupes!», le respondió Cirenio, «porque nunca podría quitarte a mi Yamila. Pues el Señor ya te la destinó a ti antes de habérmela devuelto a mí... ¡Y para mí la Palabra del Señor y sus decisiones son sumamente sagradas!

Si queremos parecemos a los ángeles santos del Señor, debemos cumplir con todo lo que Él desea.

Es verdad que en este mundo represento algo, mientras Él me conceda que viva aquí. Pero en el gran Más Allá todos seremos iguales y todos los tesoros que ahora poseemos se quedarán aquí en la corteza terrestre a merced de los estragos del tiempo que consume todo.

5. Por eso que no te estorbe mi condición elevada, porque la tengo para el bien de la humanidad — en la medida en que esté en mi mano. ¿Y tú, al que el Señor de la infinitud, de la Vida y de la muerte ha puesto al cuidado personal de mi corazón, ibas a ser excluido de ello? — No, ¡eso nunca! ¡Tú eres mi hijo y seguirás siéndolo!».

6. Al entender estas palabras, Zinka dijo: «En verdad, ¡así sólo puede hablar un ánimo completamente devoto de Dios, el Señor! Lo que el Señor quiere, sin duda alguna, también lo quiero yo; pues El que ha resucitado a las dos mujeres es el Señor mismo, de lo que yo ahora estoy completamente convencido. Y si mil millones de personas afirmasen lo contrario, Zinka nunca vacilaría en su fe. ¡Únicamente a Él le doy todo mi amor y mi verdadera adoración! ¡Suya sea toda la gloria y todo el honor en todas las eternidades!».

7. Nada más haber pronunciado estas palabras, Zinka se echó a mis pies y continuó: «Oh Señor, ¡perdona todos mis pecados para que pueda adorarte como hombre purificado!».

8. «¡Levántate, hermano mío! Hace mucho que ya te perdoné todos tus pecados porque conozco tu corazón desde hace mucho tiempo, y por fin hice que viniera a Mí. Verdad es que fuiste enviado para tomarme preso y Yo permití que me prendieras, ¡pero sólo para el bien de tu corazón y para tu propia salvación! ¡Ahora, en mi nombre, levántate de buen ánimo y vuélvete una herramienta útil para Mí!».

9. Acto seguido Zinka se levantó y empezó a meditar profundamente sobre la magnificencia y el significado de este acontecimiento.

Pues, después de Matael, Zinka era evidentemente el espíritu mayor en nuestra sociedad.

Capítulo 30. Más vale obrar que hablar

1. Cuando de esta manera el ánimo de Zinka se tranquilizó un poco, se acercó Risá, el segundo yerno de Cirenio, y empezó a disculparse de manera parecida.

2. Pero Rafael le dio una palmadita en el hombro y le dijo: «Amigo, atente bien a la verdad de tu corazón, ¡porque tú aún no eres un Zinka! Cierto que eres honesto y bueno, pero no debes hablar de otra manera que como lo sienta tu corazón. — ¿me comprendes?».

3. «Sí, amigo de los Cielos,», le respondió Risá. «Comprendo lo que me dices... y siempre cuando quiera hablar, hablaré tal cual lo siento en mi corazón sin que una sola mentira pase por mis labios.

Verdad es que todavía soy joven y tengo menos experiencia que otras personas, y menos aún con el sexo femenino porque nunca he estado enamorado de una mujer.

Pero en mi corazón me siento extraordinariamente atraído por esta Ida tan celestialmente hermosa y sé que sería inmensamente feliz si ella se transformara en mi esposa; pero por otro lado soy consciente de que yo dentro de esta gran felicidad haría la figura de un bobo... Por este motivo prefiero más bien prescindir de esta felicidad.

4. Por ahora mi amor para con Ida está aún lejos de ser una pasión, y por eso podría todavía renunciar fácilmente a esta felicidad ofrecida; pero si más tarde se despierta en mi el amor para con ella sin que la felicidad me caiga en suerte, esto me causaría un gran sufrimiento difícil de remediar. Por esta razón prefiero que el Señor y Cirenio me quiten toda esperanza de semejante felicidad.

5. Mira, amigo celestial, así es como lo siento y por eso te he hablado de esta manera. Si tú puedes ayudarme un poco en este sentido, ¡entonces hazlo antes de que sea demasiado tarde! Porque una ayuda justa y eficaz también debe llegar en el tiempo oportuno — de lo contrario no vale para nada».

6. «Amigo, te digo que poca ayuda necesitarás por mí parte — más bien ninguna... Por eso que todo continúe así como el Señor lo ha dispuesto», dijo Rafael. «Tú mismo puedes renunciar a todo, por supuesto, porque el Señor nunca dispone algo en contra del libre albedrío del hombre — salvo la medida y la forma del cuerpo. Pero si el hombre hace demasiado poca atención a lo que el Señor le ha aconsejado hacer, o si no hace caso a la mínima señal que le haya dado, poca bendición podrá esperar.

¿Comprendes también eso?».

7. «Sí», dijo Risá, «también esto lo he comprendido y por eso digo que siempre se haga la Voluntad del Señor... El que cumple con la Voluntad del Señor nunca puede faltar ante Dios. Porque Dios el Señor sabe mejor que nadie qué es lo que nos sirve para nuestro bien.

Por esta razón, de ahora en adelante, siempre aceptaré en mi corazón todo lo que el Señor disponga y cumpliré con ello con la mayor gratitud.

Lo que el hombre puede hacer fácilmente —todo aquello para lo que ya siente un impulso en su corazón— siempre debe realizarlo y nunca ignorarlo. Ya hay bastantes luchas en otros campos en los que la voluntad débil del hombre difícilmente ganará. Si en cosas fáciles y muy agradables ya manifiesta una voluntad débil, entonces seguramente no hará grandes progresos en la verdadera virtud... ¿Tengo razón, o no?».

8. «En efecto» respondió Rafael. «Pero también consta que es mejor obrar mucho y bien en vez de hablar mucho y bien. Si los hombres te ven obrar mucho y bien, también te imitarán. Y si te oyen hablar mucho y bien, también querrán imitarte.

Pero como a muchos les falta la sabiduría necesaria para hablar bien, consta que solamente hablarán estupideces, con las que perjudicarán a muchas mentes débiles y también a sí mismos, porque sus corazones se volverán soberbios y presumidos.

A causa de unas ganas innecesarias de hablar, con el tiempo surgen y se divulgan doctrinas falsas que llevan a la pobre humanidad a la más completa oscuridad, con lo que después resultará difícil el volver a iluminarla. Sin embargo, mediante muchas obras buenas la humanidad obtendrá un corazón noble y abierto que de todos modos es el mejor semillero para la verdadera sabiduría; y donde sea necesario, ya sabrá hablar bien y de manera adecuada.

9. Esto te lo digo porque frecuentemente tienes demasiadas ganas de hablar, a pesar de que todavía te falta mucho para que puedas pronunciar una plática realmente perfecta. Por eso habla poco pero escucha y obra tanto más; entonces también tú serás un verdadero discípulo del Señor, y eso según su Voluntad y de su agrado.

10. Los que más tarde tengan que hablar y enseñar, a estos ya los escogerá el Señor mismo. En cambio, a los que Él no escoja para hablar y enseñar, a estos los ha destinado para que sólo obren según su Palabra y su Doctrina; estos, por consiguiente, sólo deben actuar conforme a las disposiciones del Señor. De este modo gozarán siempre de la Complacencia y de la Gracia de Dios. ¡Díselo también a tus amigos y compañeros, porque también entre ellos hay unos cuantos que presumen de saber hablar correctamente y con elocuencia. Estos tampoco están escogidos por el Señor para hablar sino sólo para obrar!

11. El Señor te concede la felicidad terrenal para que en el futuro puedas realizar muchas cosas buenas y nobles. Si el Señor te hubiese elegido para hablar y enseñar, Él te habría dicho: “¡Ven y sígueme a donde voy Yo, y aprende a reconocer toda la Sabiduría del Reino de Dios!”. Con lo que ya ves: para poder hablar y enseñar hace falta más que para obrar; pero aun así, el obrar es lo principal, mientras que el hablar y enseñar es sólo como un indicador en el camino que conduce e induce a la actividad...

12. ¡Ve lo agradable que Cirenio es al Señor!, pero seguro que no es a causa de su elocuencia, sino por sus buenas y nobles acciones.

Quien hace mucho el bien y cosas nobles, en caso de necesidad ya sabrá hablar bien y lo que es justo, porque un corazón abierto y noble nunca queda sin Luz de los Cielos. El que posee esta Luz en la medida de sus muchas acciones buenas y nobles, a la vez siempre será consciente de dónde, cuándo y cómo debe hablar.

Mi querido Risá, ¿entiendes bien, lo que acabo de decirte?».

13. «¿Cómo no iba a comprenderte?», le respondió Risá. «Tú has hablado la Verdad más pura y esta siempre es bien comprensible para todo el mundo. Siempre me atendré rigurosamente a estas palabras tuyas.

Todo lo que acabas de decirme, en seguida voy a comunicárselo a mis compañeros. Pero todavía me gustaría saber de ti si Zinka está únicamente destinado a obrar o también a enseñar».

14. «Mi amigo Risá, entre tus experiencias y las del Zinka existe una diferencia considerable. Él es una gran alma procedente de arriba, y ha tenido muchas experiencias importantes a pesar de que sólo tenga diez años más que tú — razón por la que será elegido por el Señor para obrar y para hablar.

En cuanto tú hayas acumulado muchas experiencias, también a ti te tocará hablar y enseñar. Pero por ahora, ¡reúne experiencias y enriquécete en acciones buenas y nobles!».

Capítulo 31. Reflexiones de Risá y Ebran

1. Risá tomó estas enseñanzas profundamente a pecho y se dirigió a sus compañeros, los que empezaron a felicitarle por su buena suerte, pero Risá les comunicó palabra por palabra lo que Rafael le había enseñado.

2. Cuando hubo terminado, Ebran le dijo: «Estas palabras son tan magníficas como si hubieran salido de la boca de Dios mismo. A pesar de eso tengo que observar algo, aunque no referente al contenido de las palabras, sino que se trata de aquel que las pronunció...

La enseñanza contenía muchas palabras memorables y verídicas que surgieron por buen orden; pero aun así el orador que las pronunció habló antes de haber actuado... A mí me parece bien, porque es evidente que a cada buena acción debe preceder una buena instrucción, porque de lo contrario sería imposible que aquel que debe actuar pudiera obtener una iniciativa para sus actividades.

3. En el fondo Rafael tiene razón, porque pronto el hombre será consciente de lo que es bueno y justo. Leyes simples se lo prescriben, y si tan sólo tiene buena voluntad, las buenas acciones no faltarán. Pero únicamente el saber sin nada más debe ser un móvil demasiado irrelevante para obrar el bien, sobre todo tratándose de egoístas que por meras ventajas materiales demasiado fácilmente se dejan llevar a obrar el mal.

En este caso habrá que ampliar la enseñanza previa de tal manera que al discípulo le lleguen pruebas palpables e irrefutables que le puedan servir como motivos para obrar el bien... con lo que cualquier actividad en contra de ellas le debe parecer tan absurda como cruzar el mar sin una embarcación.

4. Habiendo llevado al discípulo hasta este punto, entonces el obrar verdaderamente el bien ya le resultará muy fácil; no obstante, sin las pruebas palpables que sirven como motivos para hacer el bien, el paso a la actividad siempre seguirá siendo un problema, aunque se reconociera su virtud... Como la actividad de hacer el bien en general está unida con diversas dificultades y requiere abnegaciones, prefiere pasárselo bien en ociosidad y egoísmo detestables, olvidándose de obrar el bien. De modo que se continúan satisfaciendo las apetencias animales y, transcurridos treinta años, el hombre sigue siendo el mismo hombre animal que fue cuando todavía estaba en la cuna.

Por eso, según mi humilde opinión, para la enseñanza de obrar el bien también hacen falta las pruebas antes mencionadas que tienen que ser más concluyentes que las expresiones: “Debes hacer eso y aquello porque es bueno, y debes dejar de hacer lo otro porque es malo”».

5. «Tienes razón», afirmó Risá, «pero en el fondo no dices otra cosa de lo que Rafael ha dicho con toda claridad: que sólo debe hablar y enseñar el que el Señor en el espíritu ha predestinado para este fin.

Tal instructor enseñará la Doctrina a sus discípulos —junto con las pruebas necesarias— y de esta manera ya los incitará a que obren, tal como el discurso del ángel me ha incitado a mí a que obre. Sin embargo, si nosotros dos ahora nos presentásemos como instructores, sin duda alguna diríamos muchas tonterías; y si viniese un orador verdaderamente sabio con las réplicas dispuestas, seguro que él nos enredaría y por fin tendríamos que bailar al son de él. Pero si obramos bien, él no podrá hacer las más mínimas objeciones, a pesar de toda su perspicacia. Por eso vale más obrar que enseñar. — ¿Lo has entendido?».

6. «Sí, lo entendí todo y lo de antes también», le respondió Ebran. «Pero te digo que el hombre es un ser extraño, lo veo en mí mismo...

Recuerda: Siempre cuando estábamos estudiando la Escritura, ¡lo increíblemente sublimes que nos parecían todos estos maravillosos relatos, acontecimientos y enseñanzas que nos infundían un respeto tan profundo! Cuando en diversas ocasiones se trataba de la actividad del Espíritu de Dios, finalmente, por mera veneración obcecada, ¡ya no nos atrevíamos ni a pronunciar su nombre! Y cuando leíamos algo sobre un ángel que se manifestaba, sentíamos un escalofrío que nos llegaba hasta la médula... Y Moisés tenía tanta grandeza que casi todos los montes parecían inclinarse ante su nombre.

7. Ahora estamos aquí delante del mismo Dios cuyos mandamientos Moisés fulminó en el monte Sinaí... Y el mismo ángel que condujo al joven Tobías anda entre nosotros como si fuera un hombre ordinario, y con palabras dulces y agradables nos introduce en la Voluntad del Señor... Además, continuamente se realizan milagros y más milagros increíbles — y aun así todo esto nos parece tan normal, como si ya estuviéramos acostumbrados a ello desde nuestra infancia...

Dime, ¿a qué se debe este fenómeno?

8. Por mera admiración y adoración debiéramos estar saliéndonos fuera de nuestras casillas — pero en vez de eso nos quedamos totalmente indiferentes e insensibles. ¿Cuál puede ser el motivo? ¡Sólo pensando en ello me entra una rabia que me daría con la cabeza contra la pared!».

9. «¡Cálmate, amigo!», dijo Risá. «Será que el Señor quiere que sea así. Porque si por motivos comprensibles siempre estuviéramos en un estado de sumo arrebato, se nos escaparía mucho de lo que aquí sucede y de lo que se habla.

Pero el Señor sabe muy bien cómo mantener nuestros ánimos en los límites de una objetividad realista. Por eso podemos observar y oír a sangre fría todo lo que aquí ocurre y todo lo que se habla delante de nosotros, y tanto más profundamente podemos inculcarlo en nuestra alma aunque se trate de algo incomprensiblemente sublime. En cuanto todo eso se haya terminado, ¡seguro que en nuestros ánimos empezará una actividad colosal!

Pero me consta que de momento todo es mejor tal como sucede... ¿No serás de otra opinión?».

10. «¡De ninguna manera!», dijo Ebran. «Tu opinión es realmente acertada, porque debe ser así. Pero tampoco está mal si en esta ocasión extraordinaria nunca habida uno se amonesta a sí mismo, porque demasiado fácilmente uno se queda demasiado poco edificado, mientras que al leer los acontecimientos extraordinarios de los tiempos remotos muchas veces estos nos han conmovido y entusiasmado profundamente.

Si esta inercia espiritual únicamente dependiera de nosotros mismos, entonces deberíamos considerarla como un pecado grave; pero si según tu parecer el Señor determina todo en nosotros mediante su Voluntad omnipotente, entonces debemos agradecérselo profundamente. Por eso, íntimamente, debemos ponderar tanto más todo lo que Él habla y hace, y debemos reflexionar cómo vamos a poner su Palabra en obra.

Lo que me resulta enigmático es que Zinka sea un hombre tan colmado de espíritu, a pesar de que sólo era el cabecilla de los siervos de Herodes. ¿Dónde habrá obtenido una sabiduría tan extraordinaria y reunido tantas experiencias?».

11. «No tengo ni idea», le respondió Risá. «Pero un tirano como Herodes, sin duda alguna le habrá examinado concienzudamente antes de haberle hecho jefe de sus siervos.

Además, Zinka ha confesado que era un amigo particular del profeta Juan; de modo que de él seguramente habrá aprendido muchas cosas de gran importancia vital. Por eso se entiende perfectamente que Zinka sea más sabio que nosotros.

Como aún va a pronunciar un discurso tengo mucha curiosidad por saber qué dirá. — Pero ahora me parece que el Señor quiere hablar. Por eso ¡callémonos! De todos modos, de nuestras conversaciones no sale mucha sabiduría».

Capítulo 32. Un acontecimiento durante la adolescencia de Jesús

1. Durante el diálogo entre Risá y Ebran Yo di a las dos resucitadas la oportunidad de reconocerme como Aquel que hacía algunos meses en Cafarnaúm había resucitado algunos muertos, y en seguida las dos me reconocieron como el mismo Resucitador. También conocían a María y a todos los demás de la casa de José.

Yamila también relató que recordaba bien como el viejo carpintero José junto con sus seis hijos había construido un corral de ovejas completamente nuevo para su padre adoptivo en Cafarnaúm. También recordó haber visto que Yo —como hijo más joven de José— estaba trabajando allí. Pero entonces no había tenido la menor idea de que en Mí moraba el Espíritu del Altísimo.

2. Pero Ida añadió: «¡Que sí, querida hermana! Era el último día cuando se terminó la construcción del corral de ovejas, cuando nuestro padre adoptivo pagó el trabajo al viejo José, pero según su costumbre retuvo algunos denarios. Entonces este Santo se acercó al comerciante y le dijo: “¡No lo hagas porque esto no te acarreará bendición alguna! Verdad es que eres pagano, pero crees en el Dios de los judíos, y este Dios poderoso vive en mi corazón, y si Yo le pido algo, Él me lo concederá.

Él vive también en los corazones de todos los justos y atiende con gusto sus ruegos. Si mantienes una posición tan dura ante José que ha cumplido con un trabajo muy pesado, entonces Yo pediré a mi Dios y Padre que Él te lo pague, y pronto te lo pagará con la misma moneda. Ten en cuenta que no conviene ofender a los que están unidos a Dios”. Mi padre adoptivo no hizo caso de estas palabras e insistió en su retención. Entonces el viejo carpintero le dijo: “Soy un hombre justo y te digo sinceramente: Esos denarios habrían sido exactamente toda mi ganancia en este trabajo pesado, y con ellos habría podido pagar el alquiler de la casa en que vivo; pero como para ti —que eres hombre muy rico— estos pocos denarios son de tanta importancia, ¡quédatelos! Pero que sepas que te quedas injustamente con ellos, ¡y esto nunca da un buen resultado!”.

3. Yo misma lloraba de enfado por la dureza obstinada de mi padre. Entré en mi cuarto y, en secreto, busqué todo mi dinero ahorrado, y tú, Yamila, hiciste lo mismo. Luego metimos el dinero —unos cien denarios— secretamente en la caja de herramientas de José. Nadie se dio cuenta salvo Tú, Señor.

Luego nos dijiste: “¡Un buen día el bien que las dos habéis hecho os será recompensado con creces!”. Al decir estas palabras, Tú parecías un hombre transfigurado... Luego os levantasteis y salisteis de nuestra casa. Como ya era de noche y tenías que andar varias horas a pie hasta llegar a Nazaret, te pregunté: “¿No preferís pasar la noche aquí en vez de ir por el camino inseguro, tanto más porque la noche está muy densa y nubes de tormenta cubren el cielo?”.

Entonces me diste una respuesta que siempre recordaré: “El que ha hecho el día es su Señor, y El que ha hecho la noche también es su Señor; por eso el Señor del día y de la noche no ha de temer ni el día ni la noche. La tormenta está también en poder del mismo Señor al que el mundo no conoce. Por lo tanto, ni la noche, ni la tormenta pueden dañarnos. ¡Adiós a las dos, que sois unos pequeños ángeles!”.

Con estas palabras salisteis de nuestra casa, y el Cielo es testigo de que apenas atravesasteis el umbral de la casa ya no se vio huella alguna de vosotros.

4. Muchas veces pensaba en ti, Señor, pero hasta ahora no podía encontrarte. Pero tus palabras dirigidas a nuestro padre adoptivo se cumplieron terriblemente. Aquella misma noche se levantó una tormenta horrible y tres rayos cayeron en el nuevo corral, donde había mil setecientas ovejas de las más preciosas. En pocas horas todo fue pasto de las llamas y pese a nuestros esfuerzos, no pudimos salvar nada.

Entonces nuestro padre adoptivo se arrepintió de haber pecado tan duramente contra el carpintero devoto, y dijo: “¡Este castigo me viene desde arriba porque lo he merecido! De ahora en adelante ningún trabajador honesto en mi casa se verá privado de un solo estater de su salario honestamente ganado”; y cumplió con su palabra. No hizo reconstruir el corral en el mismo sitio, sino en otro lugar hizo cercar un terreno de cien yugadas y levantar una cabaña para diez pastores y guardianes de las ovejas.

Nunca hemos vuelto a ver al viejo carpintero de Nazaret. Debe haber muerto poco después, pues, ya tenía un aspecto bastante flojo.

5. Cerca de medio año más tarde vinimos a Nazaret con ocasión del gran mercado y nos informamos ansiosamente del viejo carpintero y de sus hijos; pero nos contestaron que había sido llamado a un lugar muy lejos, donde le encargaron construir varias casas. De modo que volvimos a Cafarnaúm sin haber logrado nuestro propósito; de modo que no llegamos a saber nada de la familia de los carpinteros.

Tengo entendido que unos tres años después nuestro padre adoptivo se enteró de que José, a causa de un gran encargo, se había trasladado a un lugar en la Alta Nazaret, situado en las montañas hacia Samaria. Pero allí no vimos a nadie de los suyos, a pesar de que yo deseaba mucho llegar a conocer más a fondo al joven carpintero que, si no me equivoco, se llamaba Jesús.

6. Sin embargo, lo que entonces no nos era concedido, oh Señor, Tú nos lo has reservado tan maravillosamente en este momento. Sólo ahora se me ha encendido una Luz acerca de las palabras misteriosas que entonces pronunciaste cuando en aquella noche oscura salisteis de nuestra casa. Ahora sabemos Quién era y es el Señor del día, de la noche y de la tormenta...

Ahora te damos las gracias más sinceras con nuestros corazones y nuestras bocas por todos los favores que Tú, queridísimo Jesús, nos has concedido sin que los hubiéramos merecido».

7. Pero Yo les contesté: «¡De ninguna manera carecéis de mérito! Pensad sólo en el bien que hicisteis al viejo José... ¡Cuán a propósito le vinieron vuestros cien denarios cuando a la mañana siguiente los encontró en su caja de herramientas! Primero pensó que vuestro padre adoptivo los había ocultado en ella; pero pronto le clarifiqué su error. Elogió mucho la bondad de vuestros corazones y Yo le prometí que iba a recompensaros muchas veces vuestra bondad.

De modo que con todo mi Amor ahora os devolví vuestras vidas y vuestros padres verdaderos. ¡Acercaos a vuestro padre terrenal y dadle una gran alegría, porque su alegría también es mía!».

8. Acto seguido las dos hermanas se acercaron a Cirenio y le abrazaron cariñosamente. Y Cirenio lloraba como un niño...

Capítulo 33. Las palabras de Cirenio acerca de la verdad y de la mentira. Su promesa solemne de trabajar para la Doctrina del Señor.

1. Cuando Cirenio tras haberse deshecho en lágrimas —en lo que sus dos hijas, Zinka y Risá le habían acompañado profundamente emocionados— volvió a dirigirse a Mí, me abrazó y me dijo entre sollozos: «¡Oh, eterno Amor más puro! ¿Quién no iba a amarte sobre todas las cosas? Oh Señor y Padre, ¡qué bueno y santo eres! Oh Señor, ¡déjame que me muera en este mi amor!

2. Señor y Padre, desde que me ha sido concedida la incalculable gracia de conocerte desde tu nacimiento terrenal, siempre te he amado y Tú eres el punto de partida de todos mis pensamientos.

Yo no fui siempre un dueño equilibrado de mi propio mundo interior, ni tampoco de mi mundo exterior; pero ahora, por medio de tu Gracia y tu Amor, creo haber obtenido la fuerza necesaria para pasar el resto de los días que me queden plenamente conforme con tu santa Voluntad.

3. Cierto es que en la mayoría sólo gobierno a paganos y, por desgracia, aún tengo que proteger sus doctrinas — un gran mal, pero con un sólo golpe no cae un roble.

Dentro de lo posible, por lo menos en mi contorno gubernamental, intentaré extender entre los paganos de buena índole el conocimiento del único verdadero Dios vivo.

4. Supongo que los mayores problemas nos los causará el clero que desde varios siglos ya vive de sus maquinaciones lucrativas engañando y deslumbrando al pueblo. Los viejos invocarán rayos y truenos del cielo y los jóvenes echarán chispas, pero por fin se verán obligados a abandonar las costumbres enraizadas y a aceptar el trabajo en nuestro campo nuevo.

La cosa más triste para el hombre honesto en esta Tierra es que en todas partes se encuentra la mentira de inmediato y sin el menor esfuerzo, mientras que a la verdad hay que buscarla arduamente, además frecuentemente exponiéndose a grandes peligros.

5. Los antiguos egipcios habían organizado sus escuelas de una manera muy sistemática: El que intentaba adquirir cualquier conocimiento en favor de la vida exterior mundana, sólo debía pagar su tasa y le enseñaron las diversas ventajas; pero los que vinieron para buscar y hallar la Verdad que condiciona la vida interior del hombre, con sus búsquedas de mal agüero, fueron embrollados de una manera inaudita. Y si realmente encontraron la gran sabiduría de la vida, los obligaron a continuar como sacerdotes; y bajo el juramento más riguroso les estaba prohibido compartir con un lego la menor sílaba de lo que habían hallado.

6. Con lo que se ve que siempre fue muy difícil alcanzar la santa Verdad, mientras el dominio de la mentira se extendía gratuitamente sobre todo el mundo. Pero como la antigua mentira siempre llevaba la batuta sobre los hombres, con el tiempo estos se han acostumbrado a ella. De modo que para ellos la mentira se ha vuelto una segunda naturaleza, y eso tanto más fácilmente ante el hecho de que muchos —aunque no todos—siempre se encontraban a gusto con ella. A mi parecer, el desentenderse de la mentira no resultaría tan dramático — pero sí, el olvidarse de las ventajas que ella acarrea. ¡Ahí está el quid!

7. Ahora bien, se necesita un poco de paciencia y todo va a arreglarse: Hablando con el sacerdocio a solas, se le promete y se le da otras ventajas... Se presenta la Verdad a esta casta que de todos modos no tiene fe y, por lo menos a aquellos que son de índole algo mejor, se les motiva a difundir la Verdad. Estoy convencido de que de esta manera la mayor dificultad puede ser convertida en un esfuerzo sencillo.

Pero si en la Tierra se podrá vencer la mentira del todo, esto es otra cuestión. Seguro que hombres buenos y probos cuyas almas estén penetradas de la Verdad harán todo lo posible para poner al menos a sus vecinos en una Luz algo más clara. Alrededor de tales lumbreras siempre habrá una buena claridad, pero un poco más lejos de ellas la Luz volverá a perder intensidad y se hará más y más obscura. En grandes distancias —en el espacio tanto como en el tiempo— la noche completa reinará como hoy día.

8. Esta es mi opinión. Tú, oh Señor, fácilmente lo podrías hacer de otra manera; pero también sabes por qué debe ser así en la Tierra... Por eso, ¡hágase siempre tu santa Voluntad!».

Capítulo 34. La ley impuesta y la del “deber”

1. «Mi querido amigo», dije a Cirenio, «tus opiniones me agradan y el Padre santo en el Cielo siempre tiene una alegría cuando sus hijos consultan sabiamente con Él; pero existen ciertas cosas que deben ser así para obtener cierto fin que, de lo contrario, no podría ser alcanzado.

2. Por esta razón Dios nos ha dado una ley doble: La primera es la ley puramente mecánica impuesta. Bajo esta ley se encuentran todas las formas con su organización interior que confirma la utilidad de la forma. Esta ley mecánica nunca puede ser modificada ni por un pelo.

La otra ley se llama “tú debes...”. Y únicamente a esta está dirigida la Doctrina de la Vida.

3. Según la ley de la Vida puedes incluso destruir todos los componentes de un conjunto sin que esto tenga importancia, porque todo lo que debe ser libre, lo debe ser en las primeras etapas de su desarrollo.

Aunque aquello que debe ser libre se haya deformado incluso en su libre ser interior, aun así no puede abolir la ley inalterable que le ha sido impuesta; porque en la forma mora el germen que volverá a brotar dentro del orden justo. Este germen agarra todo lo que en la libre esfera vital se haya estropeado, para atraerlo al orden correcto.

4. En esta Tierra ves pueblos y naciones que se han abandonado a una depravación total — en lo que se refiere al alma. Sin embargo, su forma sigue siendo la misma, y al mirarlos debes reconocer que se trata de seres humanos.

Aunque sus almas estén desfiguradas a causa de toda clase de mentiras, falsedades, perfidias y malicias, a la hora oportuna hago que entre un poco más de calor en su germen vital, con lo que este empieza a crecer y a consumir el antiguo desorden del alma como la raíz de la hierba absorbe también la gota de agua podrida... y entonces brota un tallo de hierba fuerte y sano, con flor y semilla...

5. ¡Por esta razón nunca emitáis un juicio demasiado duro sobre un pueblo corrompido, porque mientras quede la forma, también el germen puro subsistirá en el hombre — y mientras este subsista, incluso un diablo podrá aún convertirse en un ángel.

6. Los culpables de la continua depravación de los hombres y de sus almas, en general, son maestros equivocados, la codicia y el despotismo de algunos poderosos, y la posesión pasajera por espíritus malos que se apoderan de la carne y del espíritu del sistema nervioso de los hombres. Pero nunca puede tratarse de una corrupción total que pudiera afectar incluso al germen vital más interior.

7. Mira, lo que los espíritus malvados hicieron con Matael y sus cuatro compañeros, ¡cómo los maltrataron! Pero Yo liberté a los cinco de estos espíritus y desperté en ellos el germen vital. Y fíjate, ¡qué perfectos están los cinco ahora delante de nosotros!

8. ¡Consta que hay diferencias entre los hombres! Algunas almas, las que vienen de arriba, son más fuertes y los espíritus malvados de esta Tierra apenas pueden perjudicarlas. Por consiguiente, la prueba de vida que almas como estas pueden sostener en su carne ya puede ser bastante severa sin que ellas tengan que sufrir ningún daño importante digno de mención.

Cuando en almas como estas se despierta el espíritu —es decir, el germen primario oculto de la Vida— y con sus eternas raíces vitales penetra el alma del todo, en seguida lo poco corrompido que haya en tal alma queda curado... he aquí el hombre completamente perfecto, tal como lo puedes comprobar en Matael, Filopoldo y en unas cuantas personas más.

9. Hay almas humanas que antes eran ángeles del Cielo... En casos como estos, por supuesto, no puede introducirse tan fácilmente una corrupción.

Juan Bautista y varios profetas, como Moisés, Elías, Isaías y otros pueden servir de ejemplo. Y también hoy en día hay algunos cuantos en la Tierra que han descendido de los Cielos para que aquí, juntos conmigo, anden por el camino estrecho de la carne.

Hombres como estos sí son capaces de soportar una severa prueba de vida en la carne y la aguantan siempre con el mayor sacrificio».

Capítulo 35. La diferencia entre las almas de la Tierra

1. El Señor continuó: «Aparte de esto todavía hay diferencias entre las almas que vienen de arriba, porque algunas pocas vienen de mundos solares perfectos; estas son más fuertes que otras que vienen de planetas pequeños parecidos a esta Tierra, para aquí poder alcanzar la Filiación de Dios.

2. Cuánto más imperfecto es un planeta, tanto más débiles son también sus emigrantes. Verdad es que estos tienen que soportar una prueba de vida menos difícil, pero en su alma pueden recibir un daño mayor. A pesar de eso poseen el germen primario de la Vida muy fuerte, y cuando este sea despertado de la manera apropiada, pronto las almas volverán al pleno orden de la Vida.

3. Finalmente, en la mayoría, se trata de almas que desde el principio primario proceden de esta Tierra. Estas son las que están designadas para la Filiación de Dios. Pero precisamente éstas son las más débiles, las que más fácilmente pueden corromperse — pero aun así esto ocurre difícilmente porque entre cien de ellas hay por lo menos una o dos almas fuertes procedentes de arriba que las protegen contra una perdición total. Aunque entre ellas se encuentren ovejas muy extraviadas, también estas, con el tiempo, serán halladas.

4. Cada alma, por muy débil e impotente que sea, contiene en sí el germen primario de la Vida que nunca puede ser corrompido. Cuando el alma dentro de un tiempo conveniente ha sido suficientemente preparada para que su germen primario más íntimo pueda ser despertado, en seguida será bienaventurada, y en todas las cosas se vuelve capaz de reaccionar con amor y sabiduría — un estado en el que es un hijo del Altísimo como lo es un espíritu angélico hecho hombre, o un alma de un Sol central, de un Sol de un sistema planetario, o de cualquier otro cuerpo extraterrestre oscuro y sin luz, de los que hay en todo el universo más que granos de arena en la mar o hierbas en la Tierra.

5. Aquel de entre vosotros que sea un hombre ya más perfecto, puede imponer sus manos a un pecador insensato y supersticioso, pasándoselas suave y repetidamente desde la raíz de la nariz hacia las sienes y hacia abajo, hasta el epigastrio. Entonces el hombre en cuestión entra en un sueño extático. Durante este sueño su alma —por muy perturbada que esté— quedará liberada de los espíritus malignos que le torturan el cuerpo, y en seguida el germen primario de la Vida entrará en actividad, aunque sea por poco tiempo.

6. Ahora hacedle preguntas a tal soñador extático y recibiréis respuestas ante las que quedaréis asombrados.

7. Cuando poco después se despierta al hombre a la vida normal —de acuerdo con su propia disposición a la que hay que respetar— entonces el germen primario de la Vida se retira a su antiguo letargo, y el alma vuelve a sus antiguas condiciones carnales sin acordarse de lo que durante el sueño extático de su cuerpo ha pasado en ella. No sabe ni un ápice de todas las cosas sabias que ha hablado por la boca de su carne y continúa insensata y supersticiosa como antes.

8. ¡Que esto os sirva para demostrar que, en el fondo, un alma nunca puede estar tan perdida que no pueda ser curada nunca!

9. Verdad es que para muchas almas aún hará falta mucho tiempo —o aquí o más aún en el Más Allá— hasta que puedan alcanzar la firmeza sana e independiente muy necesaria para despertar en ellas definitivamente el germen primario de la Vida y para que este las penetre completamente.

Pero tan sólo el imaginarse que este proceso vital debe ser imposible e irrealizable para un alma que aparentemente está totalmente corrompida, o imaginarse que el alma considerada maldita íntimamente debe aparecer como una escoria del infierno en la que los ojos criticones del mundo ven montañas densas de pecados, ¡todo esto resulta un pecado grave contra el Amor y la Sabiduría de Dios!».

Capítulo 36. Las enfermedades psíquicas y su tratamiento

1. El Señor continuó: «Por eso, ¡no juzguéis a los hombres, para que al fin de cuentas no os volváis vuestros propios jueces!

2. ¿No sería una necedad, además inhumana, la de juzgar a un hombre que está físicamente enfermo y por ello castigarle sin escrúpulos, sólo porque cayó enfermó? Pero una necedad aún mucho mayor y mucho más inhumana es si juzgáis y condenáis a un hombre psíquicamente enfermo, porque su alma se debilitó y se enfermó por las razones antes mencionadas.

3. Según vuestras leyes y disposiciones los llamáis criminales y los sometéis a una punición dura e inexorable. ¿Pero qué conseguís con ello? Castigáis a un alma porque cayó enferma sin culpa suya... ¡Ahora preguntaos a vosotros mismos en qué luz aparecerán vuestros tribunales ante Dios!

4. Y tú, Cirenio, mi querido amigo filantrópico, pregúntate a ti mismo en calidad de juez superior de Roma y de señor sobre la vida y la muerte: Sin Mí, ¿qué habrías hecho con los cinco criminales principales? Tú habrías hecho que se te relatasen las historias de sus actos abominables y por fin los habrías sancionado con la muerte por la cruz.

¿Acaso te habría pasado alguna vez por la cabeza que en estos cinco hubieran podido morar espíritus tan raros? ¡Te digo que esto no se te habría ocurrido nunca!

5. Tú, completamente encolerizado a causa de sus hechos atroces, con la sangre más fría del mundo los habrías condenado a muerte, y te habrías sentido satisfecho por haber prestado un buen servicio a Dios y a la humanidad. Sin embargo ¡qué daño habrías ocasionado a la humanidad si hubieras eliminado tales espíritus de la Tierra —espíritus que ahora están perfectamente curados en su alma y en su cuerpo, y que ahora lucen para los hombres de la Tierra como el Sol de primavera, animando a millones de corazones humanos y motivándolos para lo bueno y lo verdadero! Desde ahora, por supuesto, procederás de otra manera — ¡pero antes habrías sido inexorable!

6. Y mira, esto es lo que pasa con todos los tribunales en esta Tierra...

Para las enfermedades corporales y los defectos físicos hay médicos y toda clase de medicamentos, pero para las enfermedades de la pobre alma no hay médicos ni medicamentos sino únicamente un libro voluminoso de leyes, frecuentemente muy difíciles de observar, y tras ellas, la espada del verdugo.

7. ¿No sería más afable, más sabio y más humano, formar más médicos y producir más medicamentos para las almas enfermas en vez de para sus cuerpos físicos que de todos modos pronto servirán de alimento a los gusanos?

8. Yo sé mejor que nadie que es más difícil curar una enfermedad del alma que muchas del cuerpo. Pero ninguna enfermedad del alma es incurable, mientras que para cada cuerpo hay una enfermedad final para cuya curación no hay hierba alguna en toda la Tierra. Y a pesar de eso vosotros, los hombres, hacéis tantas cosas que contradicen el buen sentido...

9. Para el frágil cuerpo mortal construís sanatorios tras sanatorios, farmacias y baños, ungüentos, esparadrapos y bebidas curativas; pero para el alma inmortal aún no habéis erigido ni un solo sanatorio.

10. En tu corazón dices ahora: “¿Cómo habría sido eso posible sin Ti, oh Señor? ¿De dónde habríamos debido tomarlo, y de quién habríamos debido aprenderlo?”.

Eso sí que es verdad porque, sin duda alguna, recibir estos conocimientos requiere una investigación más profunda de toda la naturaleza humana, porque no es suficiente sólo saber por experiencias hechas durante mucho tiempo qué especie de jugo de hierbas cura lo mejor las molestias de un estómago sobrecargado; pero también el alma humana inmortal merece que uno se preocupe un poco más de su constitución compleja que de la constitución de un estómago sobrecargado por mera glotonería.

11. Consta que en todos los tiempos han sido enviados a este mundo verdaderos médicos del alma, llenos del Espíritu de Dios, que han predicado el camino recto hacia la Salvación. Unos cuantos les han hecho caso y quedaron curados; pero los grandes y poderosos de la Tierra se tuvieron por sanos y menospreciaron a los médicos del alma que Yo había enviado al mundo, y finalmente los persiguieron y les prohibieron poner en práctica la obra de la salvación de almas humanas enfermas. De modo que a causa de los grandes y poderosos de la Tierra la doctrina de la Gracia para la curación de las almas enfermas nunca pudo echar las raíces necesarias para que esta obra pudiera volverse en un fuerte árbol de curación.

12. Y si en alguna parte se ha puesto una semilla sana y fuerte en el suelo, los hijos egoístas y despóticos de esta Tierra siempre supieron podar este árbol cada vez más, cortándole las ramas y raspándole la corteza que les parecían superfluas, hasta que todo el árbol tuvo que secarse.

De este modo hasta ahora no se ha edificado ni puesto a disposición ningún otro sanatorio para las almas enfermas que las leyes severas, arrestos, prisiones de investigación, horribles cárceles de punición, la espada despiadada y diversos otros medios de ejecución muy eficaces.

Sin duda alguna estos son productos de almas enfermas, pero fuertes; a estas hay que ayudarles ante todo, si se quiere lograr cualquier éxito satisfactorio con la curación de las almas diminutas, débiles y subordinadas a esta Tierra».

Capítulo 37. Médicos y sanatorios para la curación de almas enfermas

1. El Señor: «Por eso Yo mismo tenía venir a esta Tierra para edificar un hospital eternamente eficaz para la curación de todas las almas enfermas, porque los hombres nunca habrían podido realizar semejante empresa.

2. A pesar de eso tendremos siempre dificultades con la fundación de un hospital duradero para las almas enfermas, porque habrá hombres que empezarán a sentirse perjudicados en los derechos de su mundo ilusorio.

3. El egoísmo y la entrega al mundo —que son un hálito del infierno en el pecho del hombre— siempre se opondrán a tal empresa porque no quieren ser curados de sus enfermedades malvadas, ni quieren renunciar a sus medios mundanos... medios como leyes duras difíciles de respetar, y sus sentencias y castigos.

4. Aun así, después de Mí, en todas partes habrá muchos que mantendrán este sanatorio para almas que ahora erigí, y que quieran servirse de él. Aunque por parte de las almas mundanamente poderosas pero íntimamente muy enfermas tales verdaderos hospitales frecuentemente tengan que soportar y tolerar mucho, Yo mismo sabré protegerlos.

5. Caso que almas humanas mundanas intencionadamente demasiado enfermas por mera manía mental intenten acabar con tal hospital para las almas, Yo ya sabré alcanzarlas tras un juicio extraordinario muy apropiado... y sabré ordenar la curación de sus almas en sanatorios del Más Allá, donde durante su curación muy lenta aún se oirá muchos llantos y mucho crujir de dientes.

6. Ya en este mundo los medicamentos eficaces normalmente tienen un gusto muy amargo; pero los remedios para la curación de las almas en el Más Allá son aún más amargos; pues, deben ser muy fuertes para curar allá un alma peligrosamente enferma que aquí no tuvo cura.

Verdad es que todas almas tendrán cura, ¡pero el tiempo que costará y lo desesperadamente amargo que resultará este proceso! Por eso, ¡dichoso aquel que cure su alma ya en los sanatorios terrenales!

7. Por todas las razones hasta ahora nombradas, vosotros los jueces poderosos de ahora en adelante seréis unos verdaderos médicos de almas y aplicaréis justicia a cada alma — para su curación, pero de ninguna manera para que se atrofie aún más...

8. De verdad te digo: Cuanto más por un juicio —que de por sí está enfermo de alma— a un alma enferma habéis hecho aún más enferma de lo que ya era, tanto más enfermos y míseros vosotros mismos os volvéis en vuestra alma, y vuestra curación en el Más Allá os resultará aún mucho más amarga que la del alma a la que habéis hecho más enferma por vuestra mala justicia.

Pues, a pesar de vuestra sentencia cruel y absurda, tal alma sigue estando simplemente enferma y también podrá ser curada en el otro mundo por medio de una cura simple. Pero el alma insensata de un juez, después de cada sentencia malograda y mala, caerá dos veces en el mal que haya causado a aquella alma a la que había juzgado de mala manera... con lo que también el mal original del alma del juez inevitablemente aumentará al doble... Consta que en el Más Allá la curación del alma de tal juez ya muy enferma precisará mucho tiempo y, además, resultará muy amarga.

9. Si en cualidad de médico —aunque seas incompetente y también enfermo— te llaman a visitar a un paciente con una enfermedad grave y contagiosa, y en vista de la ganancia y por tu incompetencia le das un medicamento que no le cura sino que empeora su estado de salud, ¿qué provecho sacarás de ello? Como costumbre vuestra, al no haberle ayudado, no recibirás sueldo alguno, ¡pero tú mismo te has contagiado del mal peligroso del enfermo! Con lo que no has cobrado y, además, ahora has de soportar dos enfermedades en vez de una sola...

10. Si en tu lugar viene un médico competente, ¿no irá a curar al enfermo anterior, dándole un remedio simple y apropiado, mientras que en tu caso, dado que estás achacado de dos males, tendrá que aplicar un doble remedio para ayudarte?

Consta que tal medicamento doble sin duda alguna efectuaría, a la vez, una revolución doblemente desagradable en tu carne que el medicamento aplicado una sola vez con tu enfermo tratado anteriormente».

Capítulo 38. Justicia verdadera

1. El Señor continuó: «Supongo que esto ahora lo habéis comprendido; por eso continúo:

Todo esto no quiere significar que ahora, —por lo que os dije— debéis destruir todas las prisiones y romper todas las cadenas y espadas que, a pesar de todo, son un mal imprescindible contra el gran mal de almas muy enfermas, oh ¡eso no! Porque a almas muy contagiosamente enfermas hay que separarlas cuidadosamente de las almas sanas, y hay que guardarlas en lugar seguro hasta que estén curadas hasta el fondo.

2. Pero que no sean vuestra ira ni vuestro sentimiento de venganza los que los mantengan en lugares seguros, sino vuestro gran amor para con vuestros prójimos y la preocupación íntima por curarlos del todo. Cuando el espíritu justo lleno de amor os indica que a uno u otro de los gravemente enfermos habrá que aplicarle un medicamento de gusto amargo, ¡no le privéis de él, porque esto resultaría de una misericordia inoportuna y prematura!

Únicamente llevados por verdadero amor debéis aplicar al paciente gravemente enfermo un medicamento amargo, y ya se producirá en él la curación deseada; y vosotros mismos recibiréis una bendición abundante.

3. El medicamento que al principio durante la noche apliqué a los cinco, seguro que no era dulce ni de gusto exquisito, pero mi gran Amor para con ellos lo reconoció como inevitablemente necesario para su curación completa, con lo que la aplicación de aquel medicamento amargo era también un acto de mi sumo Amor para con ellos. A la mañana siguiente se curaron tanto más fácilmente y ellos mismos os dirán si alguno de ellos me guarda rencor a causa del medicamento amargo.

4. Pero si alguien, llevado por mera ira y sed de venganza, atormenta y maltrata al supuesto criminal de la manera más despiadada y sin compasión, él mismo ya se ha vuelto un criminal de categoría, y más tarde a él mismo también le tocará la aplicación de un medicamento tanto más amargo.

5. Vendrá el día en el que la medida con la que medís también os será aplicada a vosotros. A aquel que mide con verdadero amor también le aplicarán la misma medida; pero a aquel que mide con ira y venganza, le llegará el día en que para su curación se le aplicará el mismo remedio, pero en doble cantidad... Y en el Más Allá, del instituto de corrección severo, no saldrá ni un solo segundo antes de que la última fibra dura de su alma se haya vuelto blanca y suave como la lana.

6. Acabo de mostraros la verdadera naturaleza del hombre, con lo que ya no podéis decir: “Eso no lo hemos sabido”. De modo que como ahora lo sabéis, ¡actuad conformemente, y enseñadlo también a los que os están subordinados que hasta ahora —por ser ellos mismos enfermos— no saben lo que hacen!

De esta manera, como verdaderos colaboradores sanos, contribuiréis de la mejor manera a establecer mi Reino en esta Tierra, y mi Complacencia os acompañará en todos vuestros caminos. Pero si en cualquier lugar o circunstancia volvéis a actuar según vuestra manera acostumbrada, ¡entonces sabed que vuestra alma de nuevo ha sido afectada de algún mal, y pedid que Yo os cure de ello, para que no tengáis una recaída de un sufrimiento doble, ocasionado por vosotros mismos!

7. Oh vosotros, que con vuestras sentencias juzgáis a las pobres almas, haciéndolas aún más enfermas de lo que ya estaban antes, ¡pensad con toda seriedad quiénes sois y quiénes debéis ser según la Verdad, y qué debéis hacer conforme al Orden de Dios!

Vosotros los jueces y poderosos que reináis sobre los pueblos —que por su parte representan todo vuestro poder, vuestra autoridad y vuestra dignidad— debéis ser verdaderos padres de ellos y como tales debéis preocuparos mucho de la salud de los muchos hijos e hijas confiados a vosotros... Y con todo amor, aplicación y esmero paternales debéis preocuparos por el bien de sus almas... No hace falta que seáis médicos para el cuerpo, ¡pero tanto más debéis ser verdaderos médicos para el alma!

8. Si observáis a vuestros hijos que frecuentemente no hacen caso a vuestros mandamientos paternales y de vez en cuando incluso pecan fuertemente contra ellos, ¿acaso sería conveniente si para darles un escarmiento, al uno u otro le torturaseis o por fin incluso le colgaseis en la cruz?

Esto, quizás, alguna vez puede haberlo hecho un padre extremadamente despótico; pero seguro que la historia del mundo no podrá citar muchos ejemplos de esta índole. Pero los que sois buenos padres, seguro que reprenderéis a vuestros hijos desobedientes —por lo menos aparentemente— y en casos extremos los castigaréis incluso con la férula saludable.

Si luego los hijos se mejoran, experimentaréis una gran alegría, porque será un gran placer para vosotros ver sanas y vivas las almas de vuestros hijos.

9. Vosotros, los jueces poderosos, ¡tratad de la misma manera a todos los hombres, y vuestra alegría nunca tendrá un fin!

¡Imaginaos que vosotros estuvierais en el lugar de aquellos a los que corresponde obedeceros y que deben aceptar y respetar vuestras leyes! ¿No sería de vuestro agrado si ellos, en calidad de jueces vuestros, procedieran con prudencia y misericordia ante vosotros? Lo que lógicamente pudierais desear que ellos os hagan a vosotros si con almas enfermas comparecierais ante ellos, lo mismo hacedles a ellos, si con sus almas enfermas comparecen ante vosotros».

Capítulo 39. La eterna ley fundamental del amor al prójimo

1. El Señor: «Ved, en eso estriba la explicación práctica de todas las leyes de Moisés y de todas las predicciones de los profetas: ¡Amad sobre todo a Dios, vuestro Padre eterno, y a vuestros hermanos y vuestras hermanas —frecuentemente pobres o enfermos— y amadlos al menos como a vosotros mismos! Y vosotros, como verdaderos hijos sanos del alma, seréis tan perfectos como el Padre en el Cielo es perfecto — ¡a lo que en realidad sois llamados! Pues, el que no es perfecto como el Padre en el Cielo, no vendrá a Él ni comerá en su mesa.

2. ¡Ve, mi querido Cirenio, ahí tienes todo lo que antes consideraste como un mal del mundo difícil de vencer!

Verdad es que la mentira tan arraigada entre los hombres mundanos es difícil de combatir porque es una grave enfermedad fundamental del alma. Pero con facilidad se puede uno desembarazar de la mentira por medio de la Verdad que tiene su origen en el Amor, parecido a la luz que proviene de la llama.

No obstante, si necesitas luz para iluminar un cuarto oscuro, ¿acaso se te podría considerar como sabio si prefirieses prender fuego a todo el aposento, destruyéndolo de esta manera? Por el mismo motivo no se debe divulgar mi Palabra y mi Doctrina mediante la espada...

3. Si quieres curar a alguien que sufre de una herida, no debes causarle otra nueva diez veces más grave; porque si así lo hicieras, habría sido mejor que nunca hubieras curado la herida original...

4. De cierto os digo: el que divulga mi Palabra y mi Doctrina con la espada en la mano, no será bendecido por Mí por su celo y su empeño, sino él mismo será echado a las tinieblas más oscuras... Pues, si durante la noche iluminas un cuarto, sirviéndote de buenas lámparas de aceite, todos los presentes disfrutarán de una luz agradable; pero si prendes fuego a todo el aposento, todos te maldecirán y te rehuirán como a un loco furioso.

5. Quien predica para la curación de las almas, que hable de manera bien audible pero también con palabras suaves y blandas, y que no lance gritos como un furioso que espumajea de rabia; pues, un hombre espumajeando de rabia no mejorará a nadie con su griterío. Pero sus oyentes o se burlarán de él o, y si exagera con su vocerío, le echarán fuera de la comunidad, sirviéndose finalmente de palos y puños.

6. Del mismo modo uno que en su propio pecho siente el aguijón del enojo, ¡que no hable con su hermano con palabras reconciliadoras, porque terminará exagerando; y en vez de incitar a su hermano a la reconciliación, provocará en él una reacción que le alejará aún más del buen fin propuesto!

7. Al divulgar mi Doctrina siempre debéis poner una cara amable y serena, porque al sembrar mi Doctrina venís a los hombres con un mensaje lleno de alegría de los Cielos, y debéis anunciárselo también con gestos alegres y amables.

8. Imagínate que invitaras a alguien a un banquete de alegría, sirviéndote de las siguientes palabras: “¡Oye, indigno pecador maldito de Dios! ¡Verdad es que por la justicia de Dios te odio a causa de tus pecados, pero aun así vengo y te mando con todos los medios a mi disposición que acudas a mi banquete de alegría, y eso tanto más que en caso contrario te condenaría y te maldeciría para siempre; sin embargo si vienes, por lo menos durante este día de alegría, podrás estar seguro de mi gracia y de mi benevolencia!”.

9. ¿Qué piensas que te respondería el invitado? Dime la cara que pondría el invitado a tal invitación... ¿Piensas que para él ese banquete de alegría también sería una fiesta? Yo diría que incluso el más necio respondería a semejante invitación con un “¡muy servidor suyo!”.

Si el invitado se siente demasiado impotente ya se presentará, para liberarse de las malas consecuencias amenazadas, pero si se siente suficientemente fuerte, agarrará al invitador bruto por el cuello y le echará de su casa. Con lo que poco va a aceptar semejante invitación.

10. Por la misma razón todos aquellos que entre los hombres de la Tierra van a divulgar mi Doctrina —que en realidad también es una invitación para un banquete de alegría de los Cielos— sobre todo tienen que tener en cuenta que, como verdaderos mensajeros de los Cielos, deben presentarse llenos de amabilidad y amor para predicar el Evangelio. Pues, no se puede anunciar una nueva maravillosa con una cara desfigurada por la iracundia... Y si alguien lo hiciera, sería un necio o un bufón y como tal completamente incapaz de propagar mi Palabra.

Mi querido Cirenio y todos los demás, ¿habéis comprendido todo lo que acabo de explicaros?».

11. Completamente contrito por la Verdad de mi plática, Cirenio me respondió: «Oh, Señor, Tú eres el único realmente, ¡he comprendido todas tus palabras! ¡Con lo que se refiere a mí, me atendré estrictamente a ellas, en todo! Consta que no puedo garantizar a los demás; pero pienso que todos te han comprendido tan bien como yo. Ahora tengo que reconocer que a pesar de toda mi buena fe muchas veces he pecado vilmente contra la humanidad...

¿Quién podrá enmendar el mal que sufrieron aquellos contra los que pequé?».

12. Pero Yo le respondí: «¡No te preocupes por eso, sino solamente de lo que harás en el futuro!

Pero en seguida habrá algo de nuevo».

Capítulo 40. El sonambulismo y su aplicación

1. Cornelio se acercó a Mí y me dijo: «Señor, en el transcurso de tu plática y lección sumamente divina has dado a entender que un hombre espiritualmente perfecto puede imponer las manos a otra persona, y que esta pronto entraría en un sueño de éxtasis y que con alma sana podría pronunciar discursos sabios — aunque se tratara de un hombre en general ciego y totalmente estúpido.

Si tan sólo pudiera observar el proceso de tal tratamiento, entonces sabría cómo se debe proceder para curar a un paciente — caso que fuera conveniente. Pero si uno es un profano en este método de curar, hasta con la mejor voluntad no podrá emprender ni lograr nada. — ¿Te importaría confiarme más detalles sobre esto?».

2. Digo Yo: «¡Con mucho gusto, porque este acto de imponer las manos es absolutamente necesario para restablecer la salud tanto del alma como del cuerpo! La sola imposición de las manos ya calma hasta el dolor más fuerte del cuerpo. Además, como efecto secundario, en la mayoría de los casos el hombre al que con fe firme le impusiste las manos con la voluntad inquebrantable de ayudarle se vuelve clarividente... estado en el que él mismo podrá determinar un medicamento apropiado que, aplicado según su propia prescripción, tiene que causarle una perfecta curación.

Consta que a causa de la inobservancia de la prescripción ha habido fallos en el resultado; sin embargo, si se aplica la prescripción minuciosamente, la curación perfecta se realizará con toda seguridad.

3. Cuando tras tal proceso del tratamiento una persona ha entrado en este estado de clarividencia, no se debe importunarla con preguntas vanas; sólo hay que preguntarle por lo esencial.

4. El que impone sus manos sobre algún enfermo debe hacerlo en mi nombre, de lo contrario no tendrá resultado alguno.

5. Para realizar esta curación se necesita no sólo una fe muy fuerte sino también una voluntad fuerte e inquebrantable.

6. Tal aspiración debe tener su origen en el fondo más profundo del corazón y debe proceder del verdadero amor para con el prójimo. Entonces la fuerza del amor llena las manos de aquel que las impone, penetra por las puntas de los dedos y, como un rocío suave, fluye en los nervios del enfermo eliminando el dolor frecuentemente muy punzante.

7. Bien observado, resulta más difícil conseguir que un varón entre en un sueño extático que una mujer; y en ciertos casos también puede ser una mujer la que lleve a un varón a un sueño extático, pero eso únicamente si es muy piadosa y si le asiste su ángel invisible, atraído por la oración y la pureza de su corazón.

8. Tales mujeres piadosas y devotas proporcionarían un gran alivio sobre todo a las parturientas que tienen que sufrir muchos dolores; con lo que esto valdría más que si las comadronas, según su costumbre, viajasen a Belén para allí aprender el arte de asistencia a parturientas en que se sirven de los más diversos remedios supersticiosos de los más estúpidos que siempre dañan más de lo que curan.

9. Cuántas ceremonias estúpidas y ridículas utilizan frecuentemente, sobre todo cuando se trata de primogénitos: si primero nace una niña, entonces hay que entonar canciones de lamentación más que estúpidas, y durante tres días seguidos hay que suspirar y berrear. Y si nace un varón, hay que matar terneros y corderos, y hay que hacer panecillos; y todos los cantantes, silbadores y músicos han de presentarse para armar un barullo ensordecedor para “el alivio de la madre”.

En vez de todas estas tonterías, ¿acaso la asistencia al parto antes indicada no sería bastante mejor?».

10. «¡Por supuesto que sí!», respondió Cornelio: «Pero, ¿es posible que una mujer pueda volverse suficientemente piadosa?».

11. «Fácilmente», le respondí. «Por una parte es cosa de una buena educación y, por otra, tiene que tratarse de una virgen bien madura a la que se pueda dar una formación fundamental. Sólo que no se debe proceder a tal formación —por muy madura que la virgen fuera— antes de haber comprobado la verdadera devoción de su corazón.

12. Pero también los hombres pueden ayudar a una parturienta y proporcionarle un gran alivio».

Capítulo 41. Pureza corporal y espiritual. Curación a distancia

1. Estahar, que se encontraba a mi lado observando todo atentamente, me preguntó: «Según los preceptos de Moisés, ¿no impurificaría esto al hombre durante todo un día?».

2. «De ahora en adelante nada podrá ya impurificarte, a no ser pensamientos malos y sucios, malos deseos, avidez sucia, difamación, mentira y calumnia», le respondí. «Estos son los factores que impurifican al hombre. Todo lo demás no le impurifica, a no ser que le ensucie exteriormente, la piel. Pero para limpiar la suciedad exterior el hombre tiene suficiente agua a su disposición.

3. Moisés dio tales prescripciones a los judíos sobre todo a causa de su gran propensión a la impureza en todas las cosas exteriores. Porque hombres que exteriormente—te son como cerdos, tanto más fácilmente también se vuelven cerdos en el corazón y en el alma. Es por eso que Moisés ordenó a los judíos particularmente la purificación exterior.

4. Pero la verdadera purificación del hombre sólo se realiza mediante una verdadera penitencia, por el arrepentimiento de un pecado cometido contra su prójimo, y con la intención seria de no pecar ya — de modo que por un mejoramiento completo de su vida.

5. Si no realizáis esto, podéis rociar con sangre a cien mil machos cabríos, maldecirlos y, en lugar de vuestros pecados, echarlos al río Jordán — aun así vuestros corazones y almas quedarán tan impuros y sucios ante Dios como lo eran antes.

Con el agua se limpia el cuerpo, y con una voluntad firme y devota a Dios se limpia el corazón y el alma; y así como el agua limpia y fresca fortifica los miembros del cuerpo, una voluntad firme y devota de Dios fortifica el corazón y el alma.

6. Almas de esta manera fortificadas también pueden imponer espiritualmente —en mi nombre— las manos a un enfermo que esté muy lejos, y él mejorará.

7. Pero aquel cuya perfección del corazón y del alma es todavía algo deficiente, que se conforme con la imposición de las manos mencionada antes en mi plática principal, y a uno que esté físicamente enfermo ya le calmará considerablemente sus dolores.

Y conseguirá que el enfermo entre en un sueño extático con el cual le comunicará el remedio que le ayudará. Acto seguido hay que aplicárselo esmeradamente y poco a poco el enfermo mejorará, aunque no fuera tan rápidamente como si un hombre espiritualmente perfecto le hubiese impuesto sus manos, en cuyo caso la curación se habría realizado instantáneamente.

8. Así cada uno puede convencerse de que durante el sueño extático también almas normalmente necias —e incluso las de niños— pueden predecir, porque durante este proceso están unidas con el germen espiritual de su vida.

Una vez terminado el sueño en cuestión, el germen íntimo de vida vuelve a su estado de letargo, el alma vuelve a despertarse en su carne y ya no sabe nada de lo que ha ocurrido ni de lo que ha hablado mientras soñaba.

Y precisamente esto da testimonio de que cada alma, por perdida que esté, podrá ser curada».

Capítulo 42. El Señor anuncia un ejemplo práctico del sonambulismo

1. El Señor continuó: «Para que vosotros también lo veáis en la práctica, hago que venga ahora de Cesárea Filipo un hombre bastante necio y malintencionado. Que uno de vosotros le trate de la manera discutida y veréis y oiréis la suma sabiduría que manifestará este hombre. Y cuando después se despierte, seguirá siendo el mismo estúpido y malintencionado de antes. Luego veréis que nos costará mucho el inspirarle de manera natural algunas ideas un poco más claras sobre Dios y los hombres».

2. Cirenio me respondió: «Señor, ¡tengo mucha ilusión de verle, porque en esta ocasión volveremos a experimentar y aprender mucho! ¿El hombre en cuestión ya se ha puesto en camino hacia nosotros?».

3. «Sí, viene a buscarte a ti y va a solicitar muy groseramente una subvención porque a causa del fuego ha perdido una cabaña, dos ovejas, una cabra y un asno. Se ha enterado de que tú te encuentras por aquí y que das ayuda a los perjudicados.

Este hombre ya está en el camino para reclamarte una indemnización por el daño sufrido. Aunque sea un pobre diablo, en realidad ni ha sufrido tanto perjuicio porque bastante antes de haberse producido el fuego había robado las dos ovejas de otro hombre. Y de la misma manera, hace un año, se apoderó de la cabra y del asno.

4. De todo lo que acabo de anunciarte puedes deducir que nuestro hombre es un bribón y pícaro de categoría y al mismo tiempo un necio, lo que en el caso de hombres de esta especie en general es la consecuencia de una codicia bestial y ciega.

Él habría muy bien podido salvar su cabaña junto con sus trastos; pero durante el incendio andaba rodando por los alrededores para ver si podía apropiarse de algunos hallazgos. Finalmente no halló nada, y cuando de mal humor regresó a su cabaña, la encontró en llamas y sus animales ya se habían quemado hasta los huesos.

5. Hasta hoy ha lamentado la pérdida de su choza, pero cuando hace una hora se enteró de que tú te encontrabas aquí por los motivos antes indicados, en seguida se decidió a venir para ver si verdaderamente indemnizas daños.

6. Para que ahora sepas de antemano con qué especie de hombre pronto tendrás que ver, y cómo —por lo menos en el principio— tienes que proceder, te lo he indicado un poco más detalladamente. De lo más importante ya te enterarás por parte de él mismo».

7. «¿Conviene que se le dé alguna indemnización?».

8. «De momento aún no; porque primero tienes que examinarle esmeradamente a la manera romana; después del tratamiento cuando haya adoptado algunas calidades humanas encontraremos lo demás. Zinka efectuará el tratamiento, porque entre todos es el que posee la mayor fuerza para este fin. Antes Yo voy a imponerle las manos a Zinka para que gane más fuerza y tenga más éxito con el tratamiento».

9. Zinka, que siempre estaba alrededor de Mí para no perder ni una sílaba de mis palabras, me preguntó: «Señor, ¿cómo seré capaz de realizarlo, dado que no estoy suficientemente familiarizado con esta forma de tratamiento?».

10. «¡Ponle la mano derecha sobre la frente y la izquierda sobre la fosa epigástrica!, y así tratado el hombre caerá en el sueño antes citado y empezará a hablar, aunque con voz más débil que en su estado normal... Cuando quieras que se despierte, basta con que le impongas tus manos en el orden inverso, continuando durante algunos momentos. Tan pronto como despierte, retiras tus manos y el tratamiento habrá terminado».

11. Zinka estuvo de acuerdo con todo y, lleno de fe en su éxito, esperaba ansiosamente a este hombre. Todavía me preguntó si debía comenzar con el tratamiento inmediatamente, nada más llegar el hombre, o si debía esperar una señal.

12. «Cuando haya que comenzar algo, ya te lo indicaré», le respondí. «Antes debéis llegar a conocer su estupidez y su descortesía, o sea, el estado de la enfermedad de su alma. Una vez que le hayáis reconocido suficientemente, entonces habrá llegado la hora de observar su alma en su estado sano. Ahí veréis confirmado que ninguna persona, por abyecta que parezca, debe ser juzgada ni condenada como totalmente corrompida, porque cada alma contiene en sí un germen sano de Vida. ¡Preparaos y prestad atención, en seguida va a aparecer!».

Capítulo 43. El ciudadano Zorel pide una indemnización por el daño ocasionado por el incendio

1. Apenas Yo había pronunciado estas palabras, llegó el hombre. Se llamaba Zorel y tenía un aspecto muy degenerado, iba vestido de harapos medio quemados y armó un gran escándalo.

2. Yo le hice una señal al Julio para que fuera a preguntarle lo que buscaba allí. Julio, con rostro severo, se dirigió al hombre y cumplió con lo que Yo le había aconsejado.

3. Zorel se presentó y dijo en alta voz: «Soy un habitante de la ciudad. He perdido todo por el incendio. Sólo hoy me he enterado de que el gran Cirenio se encuentra por aquí para ayudar a las víctimas con una indemnización satisfactoria.

Cobré ánimo y vine aquí para, en primer lugar, ver si Cirenio está aquí y luego si realmente hace algo para indemnizar a las víctimas. Si lo hace según la costumbre de los nobles romanos, entonces no habré hecho mi camino en balde; pero si por la razón que fuera no hace nada, pues entonces, dentro de su desatención tampoco hará una excepción conmigo.

¡Noble romano, dime si Cirenio se halla por aquí y si, como me han dicho, concede indemnizaciones — con el fin de que me dirija a él y le implore!».

4. «Sí», le respondió Julio, «Cirenio está aquí y hace importantes obras de caridad — pero sólo en favor de aquellos cuya reputación es intachable. Si eres un hombre honesto, seguro que no regresarás a tu casa con las manos vacías...

¿Ves la larga mesa en la sombra de los altos cipreses y cedros? Allí está sentado y da audiencia a todo el mundo. ¡Ve allí y preséntate a él! ¡Pero concéntrate y cobra valor, porque Cirenio es perspicaz como un águila, y a la primera ojeada reconoce el carácter de un hombre! Lo que él reconoce vale tanto como la verdad jurada, pero ¡ay de aquel que le contradiga! Nunca es tan crítico como cuando concede beneficios».

5. Al escuchar estas palabras, Zorel reflexionó profundamente sobre lo que debía hacer en estas circunstancias. Se decidió a dirigirse hasta Cirenio cojeando — un fingimiento estúpido en él.

Llegado allí, hizo tres reverencias, bajando la cabeza casi hasta el suelo. Terminada la tercera reverencia, dijo en voz tremolante y estridente: «¡Noble señor y soberano sumamente severo! Yo, Zorel de nombre, antiguo habitante modesto de la ciudad incendiada de Cesárea Filipo, imploro vuestra noble severidad romana de concederme a mí, pobre diablo y víctima de un accidente, una ayuda con una pequeña cantidad de dinero, aunque fuera la más trivial, y algunas pocas prendas de ropa, porque aparte de estos andrajos que llevo no tengo otra.

6. Yo era el propietario honrado de una pequeña cabaña con un terreno de dos yugadas de suelo estéril, tenía también una mujer a la que hace dos años llevaron los dioses, seguro que directamente al elíseo. No tenía hijos pero una criada con la que todavía vivo, pero sin hijos. Mis bienes movibles consistían en dos ovejas, una cabra, un burro, algo de ropa y unos utensilios malos para labrar el campo. Pero todo eso fue pasto de las llamas mientras yo estaba ocupado extinguiendo el fuego de otras casas.

7. Ahora, como cientos de otros habitantes, soy un mendigo completo; hasta mi criada, la que era mi única asistenta, me abandonó porque ya no le puedo pagar nada —¡lo que no olvidaré! Si tuviera la extraordinaria suerte de llegar a poseer otra choza y lo que fuera, ¡que venga y ya sabré echarla a la calle.

8. Además, de ahora en adelante, desdeñaré y rehuiré todo lo que se llame mujer, porque no hay mujer que valga algo.

Aunque digan que soy una bestia tonta que no sabe ni cómo comportarse con una mujer y que la mía murió de disgusto... si eso hubiese sido el caso, yo no habría llorado su muerte durante casi un año y, tampoco hasta cuando se produjo mi desgracia, mi criada no se habría quedado gustosamente conmigo, aunque no pudiera darle un sueldo digno de mención.

9. En realidad, es una deshonra considerable que también el varón deba ser parido por una mujer; pues, a veces me digo que habría sido más conveniente si mi madre hubiera sido una osa.

10. Aunque los dioses hayan arreglado todo con sabiduría, con la creación de las mujeres han mostrado su punto débil que no les hace honor en absoluto. Por eso Zeus merece muy bien que Juno tantas veces le prepare mal tiempo. Además, parece que todo el gremio de dioses aún no ha madurado del todo, porque de lo contrario no se permitirían de vez en cuando unas travesuras que incluso a los seres humanos les harían poco honor.

11. Verdad es que soy un hombre creyente y honro a los dioses a causa de algunas cuantas instalaciones y arreglos sabios en este mundo; pero cuando a veces empiezan a apestar con una estupidez que clama al Cielo, ya dejo de ser amigo de ellos.

¿Habría sido posible que nuestra ciudad se incendiara si Apolo no hubiese vuelto a permitirse una trastada?

Nuestros sacerdotes tan sabios afirman con énfasis que Apolo se ha encaprichado de alguna ninfa terrestre muy tierna, quizás hasta habiéndole hecho una visita indecente; y durante este tiempo abandonó el carruaje celeste con los corceles valientes, con lo que Juno o Diana pudieron gastarle una broma... y nosotros, los pobres faunos, tenemos ahora que pagar la cuenta.

12. Se entiende por sí solo que el hombre de vez en cuando se vuelva débil; por supuesto, en general por falta de experiencias. Pero ¿qué culpa tiene la caña frágil si el viento la agita en todas direcciones?

Pero cuando también los poderosos cedros —símbolos de nuestros dioses amados— se dejan doblar por los miserables vientos terrestres, hasta algunas veces en las direcciones más sucias, esto es incomprensible... con lo que cada hombre racional necesariamente debe considerar algo tal como estúpido.

13. Dios por aquí o dios por allá — mientras Él obre con sabiduría, como le es debido a un dios, merecerá ser honrado, pero si de vez en cuando obra de manera endeble como un hombre mortal, y nosotros los pobres hombres tenemos que sufrir las consecuencias de las imprudentes travesuras divinas sin haberlas merecido, entonces esto resulta muy tonto —incluso por parte de un dios— con lo que no puedo honrarle ni adorarle.

14. Tú, sabio soberano y en realidad ya algo como un semidiós, comprenderás que los dioses y en particular el mismo Apolo enamorado tienen la culpa de mi desgracia. Por eso te suplico que me indemnices por el daño sufrido».

Capítulo 44. El concepto de Zorel sobre la propiedad

1. Cirenio le preguntó: «¿Cuánto deseas que te dé?».

2. «No demasiado poco, ni demasiado mucho», le respondió Zorel. «Si tan sólo recobro lo perdido quedaré satisfecho».

3. «¿Conoces las leyes de Roma, promulgadas a los pueblos para la protección de sus bienes adquiridos?».

4. «Oh sí, aunque no tanto como un jurista pero algunas, sí, las conozco; y contra éstas nunca he pecado. Y un pecado contra leyes desconocidas de todos modos es nulo...

5. Por cierto, soy griego y nosotros, los griegos, nunca hemos tomado demasiado en serio las leyes que hacen una distinción estricta entre lo tuyo y lo mío, porque favorecemos antes la propiedad común a la propiedad privada. Pues, la propiedad común causa amistad, fraternidad, honestidad verdadera y duradera, y la ausencia del espíritu dominador entre los hombres, lo que indudablemente es una cosa buena. La propiedad privada siempre provoca avaricia, envidia, codicia, pobreza, ratería, robo, asesinato y el despotismo extraordinario del que por fin surgen, como de una caja de Pandora, todas las penas terrestres de la humanidad.

6. ¡Si no hubiese leyes tan exageradamente severas a favor de la propiedad privada, entonces no habría tantas raterías ni tantos fraudes! Afirmo que las leyes para proteger la propiedad privada son como campos bien abonados en los que florecen todos los vicios imaginables, mientras que en la propiedad común ni envidia, codicia, recelo, difamación, engaño, hurto, robo, asesinato ni cualquier guerra ni otras miserias pueden introducirse.

7. Como las leyes para proteger la propiedad privada siempre las he considerado como una desolación atroz de la vida amigable y fraternal en comunidad, nunca he tenido escrúpulos, por lo menos en cosas de menor importancia, si he podido conseguirlas aunque fuera de manera ilegal... y seguro que si alguien ha prestado algo de mí de la misma manera, nunca le he perseguido.

8. La cabaña y el campo son mi propiedad legal. A todos los objetos que había en ellos, por las razones mencionadas, nunca les he atribuido mucha importancia porque soy espartano. El que conoce Esparta y sus leyes antiguas y sabias comprenderá por qué en el caso de un pequeño hurto nunca me he hecho un cargo de conciencia digno de mención.

Verdad es que las dos ovejas, la cabra y el burro no eran un bien comprado; pero tampoco eran un bien hurtado, porque los he encontrado en el bosque, donde estaban pastando — no todos a la vez sino en ocasiones distintas. El propietario de aquellos grandes pastos forestales también es propietario de muchos miles de animales de estas especies. Cierto que esta pequeña pérdida no le habrá dolido, mientras que a mí me vino muy bien.

9. Supongo que con eso no he pecado demasiado contra las leyes romanas de la propiedad... además, encontré estos animales errando perdidos en un bosque que tenía una largura y anchura de muchas horas... con lo que para su propietario legal de todos modos ya constaban como perdidos.

La rebusca es legítima hasta para los judíos que pretenden que su Dios supremo les ha otorgado una ley precisamente para tal fin... ¿Por qué, entonces, iba a ser un crimen para nosotros, los romanos?

10. La ley absurda para proteger la propiedad no puede ser defendida sino con la espada en las manos de los poderosos de la Tierra, es decir, por medio de la fuerza de los osos y leones salvajes, pero nunca por medio de la razón. Aunque todos los diez mil dioses estén en favor de esta ley, mientras yo viva con la facultad de pensar tan claramente como pienso ahora y siempre he pensado, continuaré en contra de ella.

11. Por supuesto, noble soberano, tú tienes el poder de la espada y a mí, pobre fauno, me puedes castigar conforme a tu parecer. Pero aun con todas las armas de Roma nunca serás capaz de doblar las líneas rectas de mis principios. No obstante, si tienes otras razones convincentes en favor de una propiedad estrictamente legal, entonces estoy preparado para escucharlas y arreglar mi modo de vivir según ellas».

Capítulo 45. Zorel tiene que oír la Verdad

1. Cirenio, arqueando los ojos, me dijo con disimulo: «¡Señor! Me habías advertido que este hombre era bastante tonto y maligno, ¡pero hasta ahora ha hablado tan perfecta y formalmente como uno de los primeros abogados de los paganos!

Verdad es que ha aceptado poco del judaísmo, pero está tan familiarizado con nuestras leyes y con las del antiguo imperio griego como nosotros mismos, con lo que no se le puede objetar gran cosa. Yo esperaba de él una gran estupidez, ¡pero nada de eso!... Él se vuelve cada vez más preciso y defiende su hurto de una manera contra la que no se puede objetar nada... En estas condiciones, ¿qué podremos hacer con él?».

2. «¡No te preocupes!», le dije. «Él mismo aún va a desmentir de una manera irrefutable todo lo que según su concepto tonto le parece completamente razonable. ¡Continúa examinándole, porque importa mucho que aprendáis a distinguir claramente el razonamiento de la gracia natural humana de aquel de la inteligencia!».

3. Dijo Cirenio: «Soy realmente curioso y me gustaría saber qué, por fin, va a resultar de todo eso».

4. Acto seguido Zorel preguntó: «Noble soberano de Roma, ¿qué puedo esperar y con qué puedo contar? ¿Eres de la misma opinión como yo, o debo aceptar la tuya, la que aún no me has presentado?».

5. «Hasta que yo acceda a tu deseo o no, aún tendremos que aclarar algunas cosas. Me parece que eres un hombre estrafalario y de tu honradez no me fío en absoluto. Si los cuatro animales mencionados realmente los encontraste errando en un gran bosque o donde fuera, y si su propietario legal ya los dio por perdido o no, y si los demás utensilios de la casa los has encontrado de manera parecida, esto, de momento, lo dejamos aparte.

Pero ahora te digo otra cosa: En muchos lugares hay hombres videntes que ya han suministrado miles de pruebas de su facultad clarividente. También en nuestra compañía se encuentra uno y yo mismo otorgo una fe a sus afirmaciones que no puede ser desbaratada ni por cien mil pruebas en contra.

6. Ve, cuando tú aún no podías haber salido de la ciudad, este vidente ya me dijo que ibas a venir y lo que deseabas de mí. De modo que antes de que yo te haya visto, ya sabía de la desgracia que te había tocado.

Con gran facilidad habrías podido evitarla ¡si te hubieras quedado en casa! Pero tus ideas ilegales de la protección legítima de la propiedad te empujaron a explorar las calles de la ciudad en llamas para apropiarte de lo que fuera, de manera ilegal. Mientras tanto tu cabaña de paja se prendió fuego que consumió rápidamente tus propiedades ilegales. Es evidente que tu criada te abandonó, porque ella te conoce y sabe que eres un hombre del que en tales ocasiones no se puede fiar uno en absoluto.

7. Pues, aunque tratándose de otros estás en contra la propiedad privada legal, en tu propia casa quieres tenerla intocablemente garantizada.

Ahora bien: el fuego consumió ilegalmente tu propiedad, y no puedes pedir cuentas al elemento natural porque no te responderá. Pero a tu criada la habrías tratado muy mal, y la habrías obligado restituirle todo —a vida o muerte— porque habrías afirmado rotundamente que ha sido culpa de su dejadez que el fuego haya devorado todo.

8. Ve, uno de estos videntes me ha predicho todo eso sobre ti, y mucho más, — un hombre en el que tengo más fe que en todos los dioses de Roma y de Atenas. Pero en nuestras leyes hay un proverbio que reza: “¡Audiatur et altera pars!”8. Esto te permite que me alegues una prueba contraria. Aprovecha esta ocasión para justificarte, y te escucharé con la mayor indulgencia y paciencia».

Capítulo 46. Zorel ruega que se le deje partir libremente

1. Un poco pensativo, Zorel respondió: «Soberano supremo, si tú afirmas de antemano que das más crédito a uno de tus adivinos probados que a cien mil de otros testigos, entonces quisiera saber para qué podría servir una contradicción por mi parte que resultaría más que descabellada... Contra tu fe inmutable —basada en lo que sea— no puede haber prueba eficiente en contra...

Además tú tienes el poder en tus manos, ¿quién podría discutir contigo?

2. ¿Para qué me serviría afirmarte con toda convicción que así no es? Tú vas a presentarme al adivino que me repetirá lo que tú ya me has dicho y yo con mi objeción me encontraré en un gran lío. En pocas palabras, no puedo hacer nada contra tu “fe de más de cien mil hombres” porque darás al adivino más crédito que a cien mil de mis objeciones.

8. Óigase también lo que dice la parte contraria.

Ante semejante afirmación por tu parte no tengo más remedio que decir: Noble soberano, ¡perdona que me haya atrevido a acercarme a ti!

3. Por lo demás mantengo mi afirmación de que para la sociedad humana una propiedad privada protegida por una ley severamente sancionada resulta mil veces peor que la libre propiedad común.

Ya he expuesto mis razones de por qué estoy en contra de esa verdadera caja de Pandora y no necesito repetirlas. Ahora sólo añado que, en adelante, ante la obligación fastidiosa de la brutal fuerza superior, dejaré de poner mi principio en práctica.

4. Verdad es que no veo ninguna prosperidad en las leyes protectoras de la propiedad para la pobre humanidad; pues, para mi constituyen una gran absurdidad... Pero yo, un hombre vestido de harapos miserables, ¿qué puedo hacer contra muchos miles de hombres?

Es posible que la propiedad privada legal elimine ciertas contrariedades de poca importancia de la propiedad comunal; pues, también cada mal trae algo de bueno. Pero la eliminación de los males insignificantes no está en relación ninguna con las atrocidades que inevitablemente tienen que resultar de la propiedad privada tan conflictiva.

5. Y con eso he terminado de hablar. Ante las circunstancias dadas poco puedo contar con algo de bueno; con lo que vale más que con tu permisión benévola me largue de aquí; por supuesto, solamente con tu permisión. Porque —y los dioses lo saben— a causa de los testimonios aparentemente ciertos en contra de mí con los que tus videntes evidentemente te han colmado, yo comparezco ante ti como un criminal... y a los criminales les corresponde un castigo antes de consentirles la libertad, porque la ley requiere ver la sangre de un pobre fauno antes de devolverle la libertad...

6. Si según tus conceptos en mí ves a un criminal, entonces castígame inmediatamente, y luego devuélveme la libertad — o dame la muerte... A mí, ahora, todo me da igual, porque me encuentro sin protección delante de ti. Pues vosotros, los romanos, sois y seguiréis siendo unos defensores de la ley, a sangre fría, y ni la razón ni la miseria de nadie le protegen contra la venganza de vuestras leyes.

Dime, gran soberano, ¿me permites que me vaya tal como he venido, o tengo que quedarme aquí para recibir una punición todavía a determinar?».

Capítulo 47. Las preparaciones para un tratamiento mediante el sueño somnámbulo

1. En voz seria, pero al mismo tiempo humanamente suave, Cirenio le respondió: «No te está permitido irte; pero tampoco tienes que quedarte aquí para esperar un castigo sino únicamente para tu propia salvación. Nosotros, los romanos, nunca nos hemos complacido en el castigo de pecadores sino únicamente en su perfecta mejora. Cuando se puede obtenerla sin aplicar la férula severa, siempre preferimos proceder sin esta. Sólo la aplicamos cuando todos los demás medios no surten efecto.

Del mismo modo nadie tiene que sufrir la totalidad de consecuencias si no ha pecado más que una sola vez contra la sana ley en vigor — eso sólo cuando alguien ha cometido el mismo pecado repetidamente, o por demasiada imprudencia, o por intención condenable. El que deliberadamente comete un pecado repetidamente, también debe ser castigado deliberadamente.

2. Ahora bien, conforme a tus antiguos principios espartanos sólo has pecado a causa de tu pobreza, con lo que te encuentras por primera vez ante un juez. Por esta razón no serás maldecido ni condenado; pero ahora, aquí, debes reconocer la maldad e insensatez de tus ideas y debes corregirlas. Se va a curar tu alma muy enferma y luego debes comprender el beneficio de las leyes sabias y empezar a proceder firmemente según ellas.

Sólo entonces te marcharás de aquí como hombre liberado y tú mismo tendrás una gran alegría porque serás un hombre verdaderamente puro y libre.

3. Y para que tal curación pueda ser realizada, un hombre puro de nuestra compañía, física y espiritualmente fuerte, va a imponer sus manos saludables sobre tu cabeza y tu pecho. Este tratamiento sumamente suave despertará y vivificará en ti mismo las nociones inherentes que te permitirán reconocer la naturaleza saludable de las leyes sancionadas de Roma y de sus aplicaciones rigurosas... y tú mismo vas a alegrarte de ello. — ¿Estás de acuerdo?».

4. Ya un poco más animado que antes, Zorel respondió: «Noble Señor, estoy de acuerdo con todo lo que no sean palos, ni decapitación, ni crucifixión. Pero no puedo hacerme responsable de si tal tratamiento realmente me llevará a principios mejores y más razonables, porque no es tan fácil doblar un árbol viejo — aún así no quiero ponerlo del todo en duda.

¿Dónde está el hombre que me va a imponer sus manos fuertes?».

5. Cirenio me preguntó con disimulo si el momento era oportuno.

6. «¡Ten todavía un poco de paciencia!», le respondí. «¡Dejad al alma todavía un pequeño plazo de digestión! Por el momento el hombre está lleno de pensamientos agitados, con lo que costaría mucho entrar en el sueño extático. Tampoco conviene que él sepa demasiado pronto que Zinka es el elegido para este fin. Ya os haré una señal».

7. Después de haberle pronunciado estas palabras, durante cierto tiempo hubo silencio y Zinka esperaba con anhelo temeroso que Yo diera la señal para el tratamiento del Zorel. Este, sin embargo, se preguntó qué de bueno o también de malo podrían hacer con él.

Pero mirándonos, se dijo a sí mismo: «No, en estos hombres no se ve ni la menor insidia, ¡seguro que se puede fiar uno de ellos!».

8. Esta preparación era necesaria antes de comenzar con el tratamiento, porque sin ella la imposición de manos de Zinka no habría producido efecto, dado que para tal tratamiento también el paciente mismo debe ser puesto en cierto estado de fe y de confianza. De lo contrario, aun con todas las fuerzas substanciales que emanen del alma del ayudante, no hay manera de producir el sueño de éxtasis curativo.

9. ¡Otra cosa es cuando se trata de hombres perfectamente renacidos en el espíritu! Estos, como Yo, no necesitan más que su propia voluntad excitada, ¡y el acto de la curación ya es un hecho consumado! Pero en casos en que el ayudante aún no esté renacido en el espíritu, antes de que comience con el proceso de la curación del enfermo, tiene que despertarle y animarle, preparándole de esta manera para el tratamiento; de lo contrario, como ya mencioné, todo el tratamiento resultaría en un esfuerzo vano.

10. De modo que Zorel estaba ya preparado para que Zinka le impusiera las manos.

Capítulo 48. Zorel se reconoce a sí mismo

1. Entonces hice una señal a Zinka y este se acercó al Zorel con las palabras: «Hermano, el Señor, omnipotente y lleno de Misericordia, Bondad, Amor y Sabiduría, quiere que te cure solamente imponiéndote mis manos llenas de fuerzas vitales.

¡No temas nada sino confía y conviértete en otro hombre, porque no vamos a retener nada que pudiera servirte corporalmente y espiritualmente para tu verdadera salvación! Si estás dispuesto y si confías en mí, tu amigo y hermano verdadero, entonces permíteme que te imponga mis manos».

2. «Amigo mío, ¡con tus palabras tan leales y sinceras podrías enviarme incluso al Tártaro e iría!», le respondió Zorel. «Por eso, ¡adelante y pon tus manos verdaderamente fraternales sobre mí, dónde y cómo quieras y no voy a oponerme!».

3. «Entonces bien... Siéntate en este banco y haré que te penetre la fuerza de Dios».

4. «¿De qué dios? ¿Acaso se trata de Zeus, Apolo, Marte, Mercurio o Vulcano, de Pluto o de Neptuno? Te ruego que al menos a Pluto le dejes fuera de juego, porque no me gustaría en absoluto ser penetrado de su fuerza huracanada».

5. «¡Olvídate de todos esos dioses que no existen sino únicamente en la fantasía de los hombres ciegos, desde hace mucho tiempo!», le respondió Zinka. «Sólo hay un Dios verdadero, y este es el gran Dios que os es desconocido, al que también vosotros, los paganos, por todas partes edificáis templos — pero hasta ahora nunca le habéis reconocido...

Pero ha llegado la hora para que conozcáis también a este único Dios verdadero. Y mira, en cuanto te imponga mis manos para tu salvación, serás penetrado de la Gracia y Fuerza de este Dios».

6. «Si es así, ¡entonces imponme tus manos ahora mismo, y eso de la manera que te sea más conocida!».

7. Acto seguido, de la manera antes descrita, Zinka impuso sus manos a Zorel que en seguida cayó en un sueño extático.

8. Después de haber transcurrido un poco más de un cuarto de hora, Zorel, por lo demás profundamente dormido y con los ojos cerrados, empezó a hablar: «¡Oh Dios, oh Dios, qué hombre más malo y miserable soy y qué honesto y probo podría ser si tan sólo lo quisiera.

Y precisamente en eso origina la maldición del pecado que —tras la mentira y la soberbia que en realidad constituyen el pecado fundamental— se engendra y multiplica cada vez de nuevo como la hierba sobre la tierra y la arena en la mar.

9. Oh Dios, tengo tantos pecados y manchas en mi alma que a causa de ellos no puedo ver ni mi propia piel; pues, me encuentro agobiado bajo el ímpetu de mis incontables pecados, como en una niebla densa...

10. Oh Dios, oh Dios, ¿quién podría jamás librarme de mis pecados? Soy un ladrón de categoría y un mentiroso, y cuando miento saco cada vez más mentiras para confirmar y blanquear las antiguas. Oh, ¡qué vil mentiroso soy! Todo lo que tengo lo conseguí mediante mentiras y engaños, y por medio del hurto clandestino y manifiesto.

11. Verdad es que en mi gran ceguera no lo consideraba como pecado; pero también tenía muchas veces la oportunidad de enterarme de la verdad. Sin embargo, nunca acepté que me convencieran sino siempre puse como pretexto a Esparta, despreciando las leyes sabias de la justicia romana. Ay, ¡que sinvergüenza más malintencionado soy!

12. Lo único que me sirve de consuelo es que nunca he asesinado a nadie... Pero poco ha faltado, porque si mi criada no me hubiese abandonado antes de mi vuelta a casa, ¡seguro que ella habría sido una triste víctima de mi rabia!

13. Cierto es que soy un monstruo abominable. Soy peor que un oso, más malvado que un león, un tigre, o una hiena, y mucho más maligno que un lobo, por no hablar de un jabalí; porque para colmo soy astuto como una zorra, lo que me caracteriza como verdadero diablo enmascarado.

14. ¡Oh, hermano Zinka, mi alma está muy enferma y tendrás grandes dificultades en curarme!

15. Pero ahora tengo la sensación de que en mi interior empieza a aclarar un poco y la densa niebla alrededor de mí comienza a disiparse... Pues, sí, ¡la niebla se vuelve cada vez menos densa y también puedo respirar con más facilidad!

Sólo que en esta claridad veo tanto más mi verdadera forma monstruosa llena de lepra, de úlceras y bobones asquerosos... Ay, ¡todo mi aspecto es él de un verdadero monstruo! ¿Dónde está el médico que pueda curarme algo así? Mi cuerpo malicioso disfruta de buena salud, ¿pero qué importaría un cuerpo enfermo si tan sólo mi alma —mi verdadero yo— estuviera sano!

16. Oh Dios, si alguien pudiese ver mi alma, ¡se espantaría ante su gran fealdad! Cuánto más aclara a mi alrededor, ¡tanto más repugnante se presenta mi alma! Hermano Zinka, ¿Es que no hay un remedio por el que mi alma pudiese recibir una apariencia más decente?».

Capítulo 49. El alma del somnámbulo se purifica

1. Entonces, en su sueño, Zorel empezó a suspirar y algunos de los presentes pensaron que iba a despertarse.

2. Pero Yo les dije a todos: «¡De ninguna manera! Porque esto no ha sido nada más que la primera fase de su sueño. Todavía dormirá más de una hora y pronto va a hablar de nuevo, en otro estado de vida anímica más elevado.

En el estado pasado se trataba del desprendimiento del alma de las pasiones carnales y mundanas, las que debía reconocer como enfermedades que se manifestaban en la forma exterior de su alma y contra las que debía adquirir una gran repugnancia.

El único remedio contra tales enfermedades del alma es: reconocerlas, luego abominarlas profundamente y, por fin, alimentar la voluntad firme de desembarazarse de ellas completamente y lo más pronto posible. Una vez que se manifieste esta voluntad, la curación progresará fácilmente.

3. ¡Ahora prestad atención, porque pronto volverá a hablar! Si otra vez te pregunta por cualquier cosa, ¡contéstale sólo con el pensamiento y te oirá y comprenderá muy bien!».

4. Apenas Yo había dado esta instrucción a Zinka, Zorel volvió a hablar: «Mira... yo lloraba mi gran miseria y las lágrimas formaron un lago como el Siloé en Jerusalén. Ahora me estoy bañando en este estanque, y sorpresa, ¡su agua está curando mis muchas heridas, los bubones y las úlceras en el cuerpo de mi alma! Ah, ¡esto sí que es un verdadero baño para mi salvación! Verdad es que todavía veo las cicatrices, pero las heridas, los bubones y los tumores han desaparecido del cuerpo de mi pobre alma.

¿Pero cómo es posible que con mis lágrimas de manera visible se haya formado un verdadero estanque?

5. Alrededor de él hay un paisaje magnífico — es la región de la consolación que da una esperanza dulce; pues, tengo la impresión de que realmente puedo contar con una curación completa. Esta región es tan magnífica que me gustaría quedarme aquí para siempre. A pesar de que antes el agua en mi estanque estaba turbia, ahora está bastante clara; y cuanto más clara se vuelve, tanto más curativo es su efecto sobre mi salud.

6. Ahora también noto que en mi interior hay algo que comienza a moverse, algo como una voluntad fuerte, y detrás de ella percibo algo como palabras que me empujan y que en voz alta dicen: Yo quiero, yo debo... debo porque quiero... ¿Quién podría refrenar en mi interior lo que quiero? Soy libre en mi voluntad. ¡No debo querer lo que quieran que quiera, sino querer lo que yo mismo quiero! Y yo quiero lo que es verdadero y bueno, porque yo mismo quiero quererlo, pues, nadie puede forzarme a ello.

7. Ahora reconozco que la Verdad es una Luz divina de los Cielos. Todos nuestros dioses son fantasmas; pues, no son absolutamente nada. El que cree en ellos anda más perdido que un necio; porque un verdadero necio nunca cree en tales dioses absurdos. En ninguna parte veo a los dioses; pero sí, veo la Luz divina y entiendo la Palabra divina. Pero a Dios mismo no le puedo ver porque es demasiado santo para mí.

8. Ahora con el agua de mi estanque ya se ha formado un lago alrededor de mí. Este lago no es profundo, porque el agua sólo me llega hasta la región lumbar. Es sorprendentemente clara, pero no se ve pececitos en ella; ni tampoco los habrá nunca porque nacen del hálito de Dios — de un hálito verdaderamente omnipotente. Yo, mientras tanto, no soy sino un alma humana muy débil de cuyo hálito nunca podrán nacer pececitos de Dios.

9. Esto requiere mucho; pues, el que quiere crear pececitos con su hálito debe ser prácticamente omnipotente. Eso nunca podrá hacer un hombre, porque es demasiado débil para ello. Tal vez no sea imposible, pero en este caso el hombre tendría que estar lleno de la Voluntad divina y del Espíritu divino. Para un hombre justo y cabal esto no será imposible; pero ante el hecho de que yo no soy un hombre justo ni cabal, me resulta absolutamente imposible.

10. Esta agua es pura y el suelo también es puro, y hay mucha hierba preciosa. ¡Pero qué cosa más sorprendente que haya tanta hierba preciosa y exuberante debajo de las aguas! Y mira, la hierba crece visiblemente y empieza a desplazar el agua tan clara empujándola. Sí, sí, ¡la esperanza se vuelve más poderosa que los reconocimientos y el miedo que los acompaña!

11. Ahora veo a un hombre bastante lejos en la orilla, un hombre que me llama haciéndome señas con la mano. Ya me gustaría acercarme a él pero no sé qué profundidad tiene el lago. Si entre yo y la orilla hubiera partes muy profundas, podría hundirme y estaría perdido.

12. Pero hay una voz que me dice desde el agua: “Tengo en todos los lugares la misma profundidad, de modo que puedes atravesarme sin tener miedo. ¡Ve hacia aquel hombre que te llama, porque te guiará y te orientará!”.

Qué cosa más extraña, ¡aquí hablan hasta el agua y las hierbas! — ¡Nunca vi nada parecido!

13. Ahora me pongo en marcha hacia aquel amigo en la orilla. Debe ser un amigo, de lo contrario no me habría hecho señas. No eres tú, Zinka, — pues, es otro hombre. Ahora te veo también a ti — detrás de él; pero tú no eres tan amable como él, ni con mucho... ¿Quién será este hombre? Tengo mucha vergüenza ante él, porque me encuentro completamente desnudo. Mi cuerpo tiene ahora una apariencia bastante buena, casi ya no descubro en él huellas de la enfermedad. Oh, si al menos tuviera una bata, porque estoy completamente desnudo como uno que toma un baño. Pero tengo que ir allí, porque sus señales me atraen con gran fuerza. Ya voy — y fíjate, ¡puedo andar sin la menor dificultad!».

Capítulo 50. El alma purificada se viste

1. En este momento Zorel se calló y Zinka me preguntó: «¿Cómo es posible que él vea todas estas cosas, y cómo puede ahora atravesar el agua mientras se encuentra aquí sin moverse, como si estuviera muerto?».

2. «Ahora su alma no ve sino las condiciones que sirven para su mejora», le respondí. «De estas, en el ánimo del alma, se forma un mundo propio, y lo que tú aquí llamas un progreso del pensamiento, en el reino de las almas se manifiesta como un movimiento de un lugar a otro.

3. El estanque que se formó de sus lágrimas y cuyas aguas curaron su alma, representa el arrepentimiento de sus pecados cometidos, y el baño en las mismas caracteriza la verdadera penitencia que tiene su origen en el arrepentimiento.

El agua pura representa el reconocimiento justo de sus pecados y vicios; y lo del estanque que se convierte en un lago expresa la voluntad poderosa de ser purificado y curado a base de su propia voluntad.

La hierba preciosa sobre el fondo del lago representa la esperanza de alcanzar la plena salud y de obtener la libre Gracia superior de Dios. Esta última ya se presenta visiblemente en la orilla todavía un poco lejana — lo soy Yo mismo en el Espíritu y en la Voluntad.

El movimiento en dirección hacia Mí, atravesando las aguas del verdadero arrepentimiento y de la penitencia, representa el verdadero progreso del alma.

4. Sin embargo, todo eso no es sino una demostración alegórica para el alma, para que esta se entere de cómo está acondicionada y para que se responsabilice de lo que emprende en su ánimo para su propia mejora — esto, por supuesto, todavía limitado al ámbito de la voluntad, sin entrar en actividad exterior efectiva; porque esta ha de efectuarse en estado despierto cuando la voluntad está en unión completa con su cuerpo.

5. En seguida Zorel se encontrará conmigo y volverá a hablar. ¡Prestad atención, porque todo lo que ahora va a decir corresponde a un estado íntimo de su alma! Hasta que entre en el tercer estado, es decir, en unión pasajera con su purísimo núcleo vital, todavía soltará muchas cosas confusas.

6. Cuando entre en el tercer estado, ya os daréis cuenta de la manera coherente y sabia con la que habla. Ahora sólo habla su alma purificada para este fin, pero en el tercer estado su espíritu va a hablar. Entonces ya no descubriréis lagunas en él, y hablará de una manera que os emocionará.

7. Ahora ya llega a la orilla y dice: “Ay, ¡qué viaje más fatigoso! Ahora que estoy contigo, noble amigo, ¿no tienes una bata para mí?, porque mi desnudez ante ti me da mucha vergüenza”.

8. Yo le digo desde mi Espíritu y mi Voluntad, ahora visibles para él: “¡Sal del agua, y serás vestido conforme a tus obras!”.

9. Dice el alma de Zorel: “Amigo, ¡no hables de mis obras, porque estas son malas y malvadas! Si mi vestido se parece a éstas, entonces tendrá un aspecto horriblemente negro y andrajoso”.

10. Le digo: “Si es así, aquí tienes agua en abundancia para lavarlo”.

11. Dice Zorel: “Oh, amigo, eso sería lo mismo como si quisieras blanquear a un moro lavándole. Eso será muy difícil. Pero vale más tener cualquier vestido que ninguno. De modo que salgo del agua”.

12. Le digo: “A mis pies encontrarás una toga con muchos pliegues, pero muy sucia; su verdadero color está entre el blanco y el gris — el color típico de la ropa de los paganos en el reino de los espíritus”.

Zorel toma la toga cuya suciedad le da asco — lo que ya es una buena señal. Aun así se la lleva corriendo al agua y se pone a restregarla. Ahora la escurre.

13. Ya ha terminado y la toga se ha quedado limpia. Como todavía está húmeda, Zorel no está convencido de ponérsela; pero Yo le recomiendo que se la ponga. Porque si antes no tenía miedo del agua, cómo puede ahora vacilar en ponerse la toga sólo porque esté un poco húmeda...

Pero ahora el mismo volverá a hablar en voz alta».

14. «¡Es verdad!», dijo Zorel. «Antes no me importaba ni toda el agua del lago, ¿por qué iba a importarme ahora si la toga está un poco húmeda? ¡Ahora mismo me la pongo! — Ah, ¡qué bien me siento con ella!».

Capítulo 51. El cuerpo del alma

1. A eso, en el pensamiento, Zinka le preguntó: «¿Es que el alma también tiene un cuerpo?».

2. Zinka hizo esta pregunta porque él mismo no tenía la menor idea del aspecto del alma ni de su constitución, porque según el concepto de los judíos el alma era una nada nebulosa, por lo que decían: “El alma es un espíritu puro que tiene inteligencia y voluntad, pero carece de una forma y aún más de un cuerpo”.

3. Por esta razón Zinka arqueó las cejas cuando Zorel le respondió en voz alta: «¡Por supuesto! El alma también tiene un cuerpo, aunque sea etéreo... Para el alma su cuerpo le resulta tan perfecto como para la carne su cuerpo carnal. Además, el cuerpo del alma no carece de nada de lo que posee el cuerpo carnal.

Me consta que todo esto no lo puedes ver con tus ojos carnales, pero yo puedo ver, oír, sentir, oler y gustar todo; porque el alma tiene los mismos sentidos que el cuerpo los tiene como medio de comunicación entre sí y su alma.

4. Los sentidos del cuerpo son las riendas de control en las manos del alma para la dominación de su cuerpo en el mundo exterior. Si el cuerpo no tuviera estos sentidos sería completamente inútil, y una carga insoportable para el alma.

5. Imagínate un hombre completamente ciego y sordo que no siente el dolor ni el bienestar de la salud, y que no tiene olfato ni gusto... ¡Dime si tal cuerpo puede servir en algo a su alma! ¿No tendría que desesperarse esta alma por lo demás completamente consciente de todo?

6. Por la misma razón los sentidos más agudos del cuerpo no servirían para nada al alma si esta, en su cuerpo etéreo, no poseyera exactamente los mismos sentidos. Como el alma posee los mismos sentidos que el cuerpo, también ella, con sus sentidos sutiles, percibe fácil y claramente lo que antes los sentidos del cuerpo han percibido del mundo exterior.

Ahora sabes que el alma también tiene una forma corporal.

7. Todo esto ahora lo sabes porque te he dicho como lo veo, siento y percibo corporalmente. Y, cuando vuelva a despertarme, tú todavía lo sabrás, pero yo ya no sabré nada de todo ello, porque lo que ahora veo, siento y percibo, lo registro solamente con los sentidos sutiles de mi alma, y de ninguna manera con los sentidos de mi cuerpo carnal.

8. Si yo percibiese todo también con los sentidos de mi cuerpo, estos grabarían ciertas informaciones en los nervios de mi cerebro y en los nervios vitales del corazón carnal, donde mi alma en estado normal volvería a encontrarlas y las reconocería perfectamente. Sin embargo, como ahora estoy casi completamente desunido de mi cuerpo físico y no puedo accionar ni influir sobre sus sentidos, al regresar a él ya no sabré absolutamente nada de todo lo que ahora veo, oigo, siento y hablo, ni de todo lo que aquí pasa conmigo.

9. También el alma en sí tiene una memoria, con lo que puede acordarse incluso de los detalles más insignificantes de todo lo que le ha pasado hasta entonces — pero eso sólo cuando se encuentre en su estado absolutamente libre.

Mientras el alma se encuentre en un cuerpo que la envuelve completamente en oscuridad, lo único que percibe son impresiones brutas ocasionadas por ruidos tempestuosos que ahogan todo lo espiritual. De modo que de todo lo que afecta su propio ser, frecuentemente ni siquiera es consciente — a no ser de su mera existencia... y ni hablar de percibir algo de las impresiones espirituales más sublimes y profundas conservadas en ella.

10. Tú también tienes un alma como yo que ahora soy un alma completamente libre; pero tú sabías muy poco o nada de ti mismo. La causa de ello se debe a la carne oscurísima, con la que cada alma está vestida durante cierto tiempo.

Sólo ahora, como por medio de la voz de la boca corporal todavía estimulada te he hecho algunas impresiones en los nervios de tu occipucio, y tú, como alma, tras estas impresiones puedes leer las características primarias correspondientes conservadas en ti, ahora sabes —como alma y no como carne— que tienes un alma y que tras tu facultad de pensar y de querer tú mismo eres alma cuyo ser etéreo—corporal tiene la misma forma que tu cuerpo físico.

11. Por lo demás no te asombres si te digo que después, cuando al despertarme vuelva a la vida mundana, ya no sabré nada de todo lo que acabo de decirte; pues, el motivo de ello ya te lo he explicado con todo detalle».

Capítulo 52. El alma del Zorel en el camino de la abnegación

1. Zorel continuó: «Ahora el amigo me dice: “¡Ven Zorel, abandona este lugar, voy a llevarte a otra región!”.

2. Me voy con el buen amigo a una región muy lejana del lago. Ahora andamos por una avenida preciosa en la que los árboles se inclinan ante el amigo al que estoy siguiendo. Él debe ser un personaje muy importante en el reino de todos los espíritus. Oh, ¡algunos de estos árboles casi se rompen por su fuerte inclinación!

3. También tú, Zinka, nos acompañas; pero tienes una apariencia nebulosa y parece que no ves que los árboles se inclinan delante de mi amigo. Esto es extraño para el mundo, ¡pero aun así es pura verdad!

4. Qué cosa más extraña, ¡ahora incluso los árboles se ponen a hablar! Pues, murmuran en voz inteligible y clara: “¡Salve al Santo de los Santos! ¡Salve al Rey de los Cielos, desde la eternidad a la eternidad!”.

5. ¿No te parece esto muy extraño? Lo que me resulta fastidioso es que tú haces como si no vieras nada de todo esto o como si se tratara de un fenómeno completamente habitual para ti...

6. El amigo ante quien los árboles se inclinan y le alaban en voz alta, me dice que lo que nos sigue —lo que se parece a ti— no eres tú mismo sino solamente una imagen borrosa de tu alma que se produce únicamente en nuestro ámbito.

Dice que de tu alma salen ciertos rayos vitales como de una luz. Tan pronto como estos tocan a nuestra esfera, toman forma de una manera parecida a los rayos que, durante el día, salen de un hombre y caen sobre la superficie de un espejo; pues, en este instantáneamente toman la forma de aquel hombre del que habían surgido.

7. Voy a fijarme en tus pies para convencerme que no vas andando, sino que sólo nos sigues flotando como una sombra. Pues sí, ¡no mueves ni los pies ni las manos y aun así nos sigues flotando a una distancia de unos siete pasos. Ahora comprendo por qué no ves cómo los árboles se inclinan y cómo no oyes su murmullo maravilloso.

8. Pero la avenida se vuelve más y más estrecha y los árboles más y más pequeños, aunque a la vez están más juntos los unos con los otros. Pero aun así no dejan de inclinarse ni de murmurar.

El camino se vuelve cada vez más pesado. Ahora la avenida se ha quedado tan estrecha y el camino tan espinoso y lleno de broza que nos cuesta mucho avanzar. Aún no se ve el final, a pesar de que el amigo dice que pronto habremos llegado a su término.

Los arbustos están cada vez más juntos y el suelo es completamente pedregoso; y entre las piedras crecen en todas partes espinos y cardos, de modo que cuesta cada vez más continuar.

9. Pregunto al amigo por qué hemos tomado un camino tan increíblemente malo, y me responde: “Mira al lado izquierdo y al lado derecho y en ambos lados vas a descubrir un mar con una profundidad insondable.

A pesar de que en su final resulte muy estrecho y espinoso, este es el único istmo sólido que se extiende entre estos dos grandes mares sin fin y que une todo el mundo terrenal con el gran paraíso de los bienaventurados en el Más Allá. El que quiere llegar allí debe prestarse a tomar este camino porque no hay otro”.

10. Ves, Zinka, esta respuesta sorprendente me dio el amigo y guía a mí que soy una nulidad. Todavía le digo: “También en el mundo hay muchos caminos muy malos, pero allí los hombres se sirven de picos y palas, y mejoran el camino. Aquí, ¿por qué no se hace lo mismo?”.

11. El amigo me responde: “Precisamente porque este matorral enorme protege esta lengua de tierra contra las tempestades marinas. Si esta lengua de tierra sólida no estuviese protegida con este matorral tan denso, las enormes olas de los mares en ambos lados hace mucho tiempo que se la habrían llevado completamente.

Pero como los matorrales al crecer se han ramificado tan intensamente, especialmente hacia las dos riberas, las olas grandes y fuertes se rompen en ellos y depositan en el ramaje espeso su espuma, la que paulatinamente se petrifica. De esta manera la lengua de tierra tan importante se consolida más y más.

Esta lengua de tierra se llama humildad y verdad fundamental. Y consta que ambas, la humildad y la verdad, nunca han dejado de ser espinosas para el hombre”.

12. Ve, Zinka, así ha hablado el amigo, y ahora en mi interior se está aclarando de una manera muy extraña; empiezo a notar que en mi corazón hay algo que empieza a moverse...

Lo que se mueve es una Luz que en mi corazón tiene una forma como la de un embrión en el cuerpo maternal. Es absolutamente pura, ¡lo veo! Ahora se vuelve más grande y más fuerte. Oh, ¡qué Luz más magnífica y pura! ¡Seguro que es la real llama vital de Dios en el verdadero corazón del hombre! Sí, ¡así es! Está creciendo continuamente... Oh, ¡el bien que me está haciendo!

13. Todavía seguimos el sendero estrecho; pero ahora ya no me molestan los matorrales ni las espinas, ni tampoco siento dolor cuando me pincha o roza una espina. Los matorrales disminuyen, los árboles vuelven a ser más grandes y de nuevo se forma una avenida preciosa. Ahora ya no hay más matorrales y la lengua de tierra se ensancha, las riberas de los mares se alejan más y más de nosotros. Aunque sea a una gran distancia, ya veo un paisaje magnífico con montañas hermosas, y las montañas las veo envueltas en una aurora maravillosa...

Aún no hemos salido de la avenida que se ensancha y engrandece cada vez más, y los grandes árboles aún no han dejado de inclinar sus copas majestuosas ante mi amigo y guía. Su murmullo suena ahora como el sonido encantador de unas arpas perfectamente afinadas...

14. ¡Oh Zinka! ¡Aquí todo es indescriptiblemente maravilloso! Sólo que tú todavía nos sigues, flotando, mudo como antes; pero esto no lo puedes cambiar, porque no lo eres tú mismo sino sólo tu imagen borrosa. ¡Si tan sólo pudieras ver todo esto, conservar vivamente las buenas características y llevártelas a tu vida terrenal! ¡Qué hombre más memorable serías!

También yo podría serlo, pero como de todo esto no me quedará nada en la memoria...

El amigo me dice que con el tiempo el recuerdo vivo de todo eso me será restituido, sólo que antes aún tendré que pasar este camino espinoso en mi cuerpo carnal —un camino que se me presentará».

Capítulo 53. Zorel en el paraíso

1. Zorel continuó: «Oh, mi Luz vital interior ya tiene una intensidad enorme, pues, ¡ya penetra todos mis intestinos! ¡Oh, qué efecto más bueno surte esta Luz sobre todo mi ser!

Ahora la percibo en la figura de un niño de cuatro años, de un aspecto muy amable. También debe ser muy sabio, porque su aspecto es como él de un pequeño dios ideado de manera más pura que no tiene que ver con aquellos dioses imaginarios de los egipcios, griegos y romanos, sino que parece ser una imagen milagrosa del verdadero Dios de los judíos...

¡Sí!, ¡es una imagen de la verdadera Divinidad!

2. Ahora reconozco muy bien que no hay sino un solo Dios verdadero; pero sólo aquellos que tienen un corazón completamente puro verán su sagrado Semblante. Yo llegaré difícilmente a contemplarlo, a causa de mi corazón que ya desde siempre es lamentablemente impuro...

Pero tú, amigo Zinka, lo verás, porque en tu corazón no descubro casi nada de impuro, salvo la mancha y el hilo de ligadura con los que durante cierto tiempo, necesariamente, todavía estarás unido al mundo.

3. Ahora, todavía a bastante distancia, veo el final ancho de la avenida. Ya no se ve nada de los mares; en todas partes veo paisajes hermosos donde hay un jardín tras otro; y en todas partes hay casas y palacios preciosos. — ¡Todo indescriptiblemente maravilloso!

4. Mi amigo me dice que eso no es el Cielo, ni lejanamente, sino que es el Paraíso. Dice que hasta ahora ningún hombre mortal ha llegado a los Cielos, porque aún no se ha construido ningún puente que conduce hasta allí. Todas las almas buenas, las que desde el comienzo de la Creación han vivido en la Tierra, permanecen aquí junto con Adán, Noé, Abraham, Isaac y Jacob. Aquellas montañas altas limitan este país maravilloso.

El que llegue a escalar estas montañas verá el Cielo y ejércitos de ángeles de Dios; pero nadie podrá entrar en él antes de que se construya —para toda la eternidad—un puente firme y sólido sobre el gran abismo sin fondo.

5. Ahora andamos tan rápidos como el viento. El hombre de Luz en mi interior ya tiene el tamaño de un niño de ocho años, y tengo la impresión de que sus pensamientos cruzan todo mi ser como relámpagos. Siento bien su grandiosidad y profundidad incomprensibles, pero aún no percibo sus formas.

¡Debe haber algo de verdaderamente maravilloso en ellos! Cada relámpago de pensamiento me produce unas delicias indescriptibles... unas delicias desconocidas en toda la Tierra... Tampoco es posible que el mundo las pudiera sentir, porque toda la Tierra no es sino un juicio de Gracia de Dios... y a pesar de toda Gracia en él no deja de ser un juicio, y en el mejor juicio las delicias siempre están repartidas escasamente.

6. Ahora ya nos estamos acercando a las montañas altas y el paisaje se vuelve más y más hermoso. ¡Qué diversidad indescriptible de maravillas! Para describir todas estas maravillas, ¡mil generaciones no serían suficientes!

7. ¡Y mira, en las faldas de estas montañas habita un sinnúmero de seres humanos más hermosos! Pero parece que no se enteran de nosotros, ni de mí, ni de mi querido amigo, pues pasan evidentemente sin vernos, mientras todos los árboles siguen saludando a mi amigo visiblemente.

¡Qué pueblo de espíritus más extraño!

8. Mientras tanto ya hemos ascendido la cumbre de un monte muy alto. ¡Oh Dios, oh Dios, aquí estamos — y sobre todo yo como un verdadero burro estúpido!

A una gran distancia veo un horizonte más claro que el Sol. Tengo entendido que allí comienza el Cielo de Dios que desde allí se extiende continuamente hasta la infinitud.

9. Pero entre esto y aquello hay un abismo mayor que el espacio entre la Tierra y el Sol. ¿Y sobre este abismo va ser construido un puente? — Bueno, ¡para Dios todo eso es posible!

10. Ahora el hombre de Luz en mi interior se ha vuelto tan grande como yo mismo y, qué cosa más extraña, me entra el sueño y el amigo me invita a descansar sobre el césped, y eso es lo que voy a hacer».

Capítulo 54. La relación entre cuerpo, alma y espíritu

1. Dije Yo: «Ved, ahora va a pasar al tercer estado. ¡Prestad mucha atención a sus palabras!».

2. En seguida Cirenio me preguntó: «Señor, si Zorel ahora se duerme en el césped invisible para nosotros, ¿qué tiene esto por objeto? ¿Es esto obligatorio? ¿No podría Zorel pasar al tercer estado sin dormirse?».

3. «Si su alma fuese pura, si, podría pasar sin entrar en cierto sueño; pero dado que su alma por medio de ciertos vínculos todavía está en conexión con su cuerpo, antes del cambio del estado debe producirse un aturdimiento durante el cual el alma puede pasar al otro estado sin enterarse de ello.

Lo que el alma de Zorel acaba de ver y decir en el segundo estado lo hizo en un estado más bien aparente. Sólo en el tercer estado su alma entrará en verdadera clarividencia, en el que todo lo que dirá será entera realidad».

4. «Pero, ¿qué es propiamente dicho el sueño y cómo se produce?», preguntó Cirenio.

5. «¡Menuda curiosidad!», observé Yo. «Pero bien, como de todas formas quieres saberlo, tendré que explicártelo. ¡Escúchame pues!:

6. Si llevas una túnica y a la manera griega unos pantalones que cubren las piernas, esta ropa sigue a los movimientos de tu cuerpo y de tus piernas, es decir, la túnica y el pantalón deben someterse a tu voluntad como los miembros de tu cuerpo se someten a la voluntad de tu alma.

En caso de que en el verano quieras tomar un baño, te quitas la ropa porque no la necesitas. Mientras estés en el agua bañándote, la túnica y los pantalones están en un estado de reposo consecuente, porque de por sí no hacen movimientos. Al salir del agua y al volver a vestirte, la túnica y los pantalones vuelven a hacer los movimientos anteriores y, en cierto modo, van a vivir contigo.

Para tomar el baño, ¿por qué, en realidad, te quitaste tus vestidos? ¡Porque estos en el agua te habrían molestado! Como en el baño te has fortalecido, los mismos vestidos que antes te resultaban molestos, después te habrán parecido muy ligeros y cómodos.

7. Cuando a causa de las penas y molestias del día tu alma se cansó y se debilitó, se despierta en ella la necesidad de un reposo confortante y fortificante. Entonces el alma cansada se quita su envoltura de carne y entra en un baño fortificante de agua espiritual en que se baña, purifica y fortifica. Una vez fortificada, vuelve a entrar en su envoltura carnal y, con gran facilidad, mueve los miembros pesados de esta envoltura.

8. Se supone que por el relato del Zorel te has enterado vivamente de que en su alma —desde el corazón de esta— ya ha empezado a brotar un hombre interior de Luz... un hombre que para su alma es casi lo mismo como el alma para su cuerpo material.

Pues bien, este hombre de Luz en esta alma —su envoltura articulada— nunca antes había recibido el menor fortalecimiento; de modo que moraba en el corazón del alma como el huevo en el seno de la mujer no fecundado, es decir, sin ser animado, excitado ni despertado por un varón.

Tras este tratamiento particular por mi Palabra y por la de Zinka el verdadero germen primario de la Vida ha sido animado, excitado y despertado momentáneamente, con lo que este empezó a crecer tanto hasta que llenó toda su alma —o sea su envoltura articulada— con su ser puramente espiritual.

9. El alma, aunque por el momento esté muy purificada, contiene todavía ciertas partes materiales que para el espíritu puro resultan demasiado incómodas, pues, nunca antes había sido educada para llevar tal yugo. Este hombre espiritual —despertado de una manera espiritual más bien artificial y obligado a crecer rápidamente— está todavía demasiado débil para llevar un alma tan pesada, con lo que anhela reposo y fortalecimiento.

Este sueño aparente del alma sobre el césped de la montaña consiste en quitarle al espíritu las partes más materiales de su alma y sólo guardar del alma lo que le resulta afín. Todo lo demás, mientras tanto, debe reposar igual que el cuerpo descansa sin moverse cuando el alma se fortifica, o como tu túnica reposa cuando permites a tu cuerpo reconfortarse con un baño.

10. Pero también durante tal reposo de las partes exteriores más groseras y menos nobles —realizado para fortalecer la esfera humana más noble— sigue habiendo una conexión entre ambos:

Si viniera alguien cuando estás tomando un baño refrescante y se pusiera a romper tu ropa, pronto tu amor natural para con tu vestido reaccionaría con ímpetu. Una conexión todavía más intensa existe entre el cuerpo y el alma: a aquel que antes del tiempo debido quisiera quitarle su envoltura carnal, le aplicaría una buena lección.

11. La unión entre el alma y el espíritu es muy intensa, porque el alma misma —sobre todo un alma completamente pura— es un elemento primario completamente espiritual. El espíritu reaccionaría violentamente si se le quisiera arrancar su cuerpo y su vestido, porque en este caso enseguida se incendiaría de tal manera que destruiría todo lo que se le acercase.

12. Pero hasta que el espíritu pueda vestirse con todo lo que en el alma es afín a él, y hasta que de esta manera pueda formar un propio “yo” perfecto con el alma, antes esta tiene que desprenderse completamente de todo lo material. El espíritu reconoce perfectamente lo material del alma al observar con qué esta está vestida.

Ya oíste que Zorel habló de una toga sucia la que el mismo limpió en el lago donde la estregó, frotó, y escurrió, y de la que luego se sirvió como vestido todavía húmedo.

Ve, precisamente este vestido es la parte exterior material del alma que debe ser quitada y expuesta al descanso, antes de que el hombre interior espiritual y divino pueda extenderse completamente sobre su alma ya muy afín a él, y con ella formar un solo ser.

13. El proceso de pasar al otro estado siempre requiere un poco de tiempo, porque todo lo que pertenece al ámbito de la vida libre debe entrar en una unión espiritual completa con el nuevo ser más noble, antes de que este nuevo hombre celestial pueda manifestarse sintiendo, pensando, viendo, oyendo, oliendo, saboreando, y actuando por sí mismo de manera totalmente autónoma.

Tal traslado espiritual indispensable se realiza en esta especie de sueño particular. Una vez que este traslado se haya realizado, el nuevo hombre estará listo y para su existencia puramente espiritual ya no precisa de más transformaciones.

14. En tal estado el hombre está completamente perfeccionado; de modo que en lo que se refiere a su ser, ya no existe perfección mayor. Sólo en el reconocimiento del Amor y de la Sabiduría más puros de los Cielos y en su propio perfeccionamiento continuo dentro de estos, es de esperar un eterno aumento, y tras este también la obtención de una bienaventuranza cada vez más elevada — como consecuencia de su amor, su sabiduría y su poder cada vez más elevados.

15. En seguida actuará nuestro Zorel en calidad de hombre espiritual perfeccionado y, todavía por medio de su boca carnal, nos informará sobre el perfeccionamiento concluido de su existencia humana sumamente perfeccionada. — ¡Prestad atención, pronto volverá a hablar!».

Capítulo 55. La mirada de Zorel sobre la Creación

1. Después de dar estas explicaciones a Cirenio, Zorel, el que durante todo el tiempo había quedado como muerto, empezó a moverse y obtuvo el aspecto de un transfigurado, de manera que al mirarle, incluso a los soldados romanos presentes les infundía profundo respeto; y uno de ellos dijo: «Este hombre parece un dios durmiente».

2. También Cirenio constató: «De cierto, ¡esta figura humana irradia una nobleza indescriptible!».

3. Finalmente Zorel abrió la boca y dijo: «¡De modo que así se encuentra ante Dios uno que solamente ahora —en su entidad perfecta— le reconoce, ama y adora...!».

Luego hubo un rato de silencio.

4. Después Zorel continuó: «Ahora todo mi ser es luz... no veo sombra alguna, ni en mi interior, ni fuera de mí... pues, todo lo que me rodea es luz... ¡pero dentro de esta luz fundamental veo todavía una Luz santísima que brilla como un Sol poderoso, y en este Sol está el Señor!

5. Antes pensaba que mi amigo y guía sólo era un alma humana como nosotros —pero eso ocurría porque en mi condición anterior había todavía mucho engaño en mi interior.

¡Sólo ahora reconozco al guía! Ya no está conmigo, sino que ahora le veo en aquel Sol... Veo al que es santo, santísimo... Legiones sin fin de espíritus luminosos más perfectos flotan alrededor de este Sol en todas direcciones, en distintas formaciones. ¡Qué majestad infinita hay en todo esto! Oh hombres, ¡mirar a Dios y amarle sobre todo son las delicias más hermosas y la bienaventuranza más sublime!

6. Ahora no veo solamente los Cielos sino que mi mirada penetra también en las profundidades de las creaciones del gran y único Dios todopoderoso.

Veo nuestra pobre Tierra completa, veo todas las islas y todos los continentes. Veo el fondo del mar y veo la abundancia de organismos y seres en el agua, desde la especie más ínfima hasta la mayor... ¡Qué diversidad infinita hay entre ellas!

7. También veo cómo los más diversos espíritus diligentes producen las hierbas y que la Voluntad del Todopoderoso los incita a una gran actividad. Veo el destino de cada uno de estos pequeños espíritus incontables y veo que sus tareas están claramente definidas. Así como las abejas trabajan para construir sus panales, así también los pequeños espíritus trabajan en los árboles y arbustos, y en las hierbas y plantas.

Todo esto lo hacen cuando están penetrados de la Voluntad de Aquel que era mi amigo y guía en el sendero de prueba estrecho y espinoso de mi vida hasta aquí, y que ahora habita en aquel Sol nunca accesible que constituye su Luz primaria santísima, y de donde envía su Voluntad hacia todas las infinidades.

8. Sí, ¡únicamente Él es el Señor, y nadie le asemeja! Todo lo grande y lo pequeño debe obedecer a su Voluntad. En toda la infinitud no existe nada que pudiera oponerle resistencia a Él. Su Poder sobrepasa todo, y su Sabiduría no es nunca escudriñable. Todo lo que existe viene de Él y no hay nada en los espacios infinitos de sus Creaciones que no haya surgido de Él.

9. Veo como de Él emanan fuerzas que —parecido a los rayos del Sol saliente que por la mañana se dirigen en todas direcciones— se extienden con una velocidad más rápida que la de un relámpago; y donde un rayo alcanza algo, allí las cosas empiezan a moverse y a vivir, y pronto surgen y aparecen formas y figuras nuevas.

Pero la forma humana es la última y definitiva de todas las formas, y su figura es una verdadera figura celestial, porque todo el Cielo cuyos límites son conocidos únicamente a Dios, también es un hombre... y cada asociación de ángeles en sí también forma un hombre completamente perfecto...

10. Esto es un gran misterio de Dios, y aquel que no se encuentre en el punto en el que ahora me encuentro yo, de ninguna manera podrá concebirlo; porque sólo el espíritu más puro de Dios en el hombre puede concebir, comprender y contemplar lo que es del espíritu —ya dentro o fuera de él— y cómo se mantiene, cómo se origina, y por qué y para qué fin. No hay nada en toda la infinitud que no exista para el hombre... todo está destinado para sus necesidades, y eso para siempre».

Capítulo 56. El ser del hombre y su destino en la Creación

1. Zorel continuó: «Dios mismo es el eterno Hombre primario, supremo y más perfecto de por sí; y la Naturaleza de este Hombre es un Fuego cuya sensación es el Amor... es una Luz cuya sensación es el Entendimiento y la Sabiduría... y da un Calor cuya sensación es la Vida misma en toda la esfera de consciencia de sí misma.

Cuando el fuego se vuelve más intenso, también la luz se vuelve más intensa, y también el calor que crea todas las cosas se vuelve más poderoso... Finalmente, la luz llega muy lejos... Y el rayo mismo es luz que contiene el calor que crea exteriormente en las lejanías como también interiormente...

Lo creado absorbe cada vez más Luz y Calor, con lo que luego ilumina y calienta más y más las lejanías y, donde llegue, de nuevo crea... De esta manera todo se reproduce eternamente a partir del Fuego, de la Luz y del Calor primarios, y llena cada vez más, y más lejos, el espacio infinito de la Creación.

2. De modo que todo toma su origen en el Ser primario del Dios único y evoluciona hasta que se vuelva semejante al Ente del Hombre primario — una semejanza en la que existe en la forma humana en una libertad total que se origina en Dios... una existencia como la de un dios individual en su relación indispensablemente entrañable con el Dios primario — por ser lo mismo que Dios mismo...

3. Donde haya luz, fuego y calor, allí o acaba de perfeccionarse el hombre o empieza a evolucionarse, en cuyo caso miles de millones de partículas de luz, de fuego y de calor se juntan transformándose en crisálidas minúsculas y producen formas. Estas formas individuales, a su vez, se agarran de nuevo y se transforman en crisálidas ya algo más grandes con formas que poco a poco ya presentan más características humanas, dado que estas formas evolucionan en seres.

Tal ser ya produce más fuego, más luz y más calor; con lo que surge la necesidad de entrar en una forma superior ya más perfecta.

Pronto las muchas diversas formas cada vez más perfectas rompen sus envolturas, se juntan de nuevo con otras y, ya con sustancias de una propia voluntad, se incuban de nuevo en una forma aún más sublime y perfecta — un proceso que continúa hasta llegar al hombre perfecto.

Luego el hombre mismo se desarrolla hasta que haya llegado al estado en el que yo ahora me encuentro, con lo que se vuelve perfectamente semejante al Fuego, a la Luz y al Calor originales — lo que todo es Dios en su Luz primaria íntima con todo su Fuego y todo su Calor... lo que es Dios de eternidad en eternidad, al que ahora estoy mirando fijamente...

4. Por eso el hombre, originalmente, es un hombre surgido de Dios, y sólo después se vuelve un hombre por su propio esfuerzo. Mientras se trate del hombre surgido de Dios, se parece a un embrión en el seno maternal; y sólo cuando de por sí mismo se vuelve un hombre dentro del Orden de Dios, entonces será un hombre perfecto, porque sólo así puede alcanzar la verdadera semejanza con Dios. Una vez que la haya alcanzado, continuará eternamente como un dios, creando mundos extensos, seres y hombres.

¡Qué cosa más extraña que ahora todos mis pensamientos, sentimientos y deseos toman forma, y mi voluntad parece ser la envoltura de lo que he pensado y de lo que he sentido! Ved, el proceso de la Creación prosigue continuamente...

5. La sensación en calidad de calor —con lo que también de amor— precisa de la sustancia real: cuanto más poderosa se vuelve la sensación, o sea, cuantas más llamas y calor produce en sí misma, tanto más poderosa resulta también la luz de las llamas.

6. En la luz las necesidades del amor se manifiestan en formas, pero estas, nada más nacer vuelven a desaparecer, como en el caso de un hombre con mucha fantasía que, cuando tiene los ojos cerrados, ve imágenes fugitivas... pero pronto se presentan otras imágenes mayores que, poco a poco, toman formas más duraderas y mejor definidas.

Sólo cuando se trata de hombres perfectos —como ahora en mi caso, aunque sea sólo por una duración muy corta— el pensamiento guarda su forma porque le agarra la voluntad; pues, nada más aparecer, el pensamiento queda cubierto con una envoltura que le mantiene en la misma forma en que se presentó — una envoltura a la que ya no puede modificar...

Como esta envoltura al principio es etéreamente delicada y por eso también transparente, por parte del creador del pensamiento capturado por la voluntad también entran cada vez más luz y calor en él. Esto aumenta la luz y el calor propios del pensamiento capturado —tratándose de los dos elementos espirituales de los cuales se originó— con lo que pronto empieza a desarrollarse más y más. Y conforme a la disposición de la Luz de la Sabiduría y de la Comprensión absolutamente perfecta —en la que la construcción más compleja resulta más transparente y clara que el día más claro— el pensamiento capturado es provisto de todos los componentes, órganos y articulaciones necesarios y convenientes.

Una vez que el pensamiento está provisto de esta organización, ya hay una vida propia en él — una vida que empieza a volverse consciente de sí misma y a arreglarse.

7. Es imaginable que un hombre perfecto en un abrir y cerrar de ojos debe ser capaz de pensar y combinar una plenitud enorme de pensamientos e ideas diversos, ya concebidos con su propio organismo. Si quiere envolverlos con su voluntad continuarán existiendo; entonces se desarrollarán hasta que en la máxima perfección de su naturaleza finalmente se asemejen al Creador mismo.

Los pensamientos y las ideas continuarán reproduciendo y creando sus iguales por iniciativa propia, multiplicándose infinitamente de la misma manera como ellos mismos obtuvieron su existencia — de lo que el mundo material presenta ejemplos más que palpables.

8. La propia reproducción de la especie se encuentra en las plantas, en los animales y en los hombres —en lo que se refiere a su cuerpo físico— y, además, en los cuerpos celestes que también se multiplican.

No obstante, la multiplicación es limitada. Por ejemplo, a una semilla específica le está permitida la reproducción de una cantidad limitada de semillas idénticas, conforme a su especie — una cantidad que nunca podrá sobrepasar. Tratándose de animales, el caso es parecido; pues, cuanto más grande es el animal, tanto más limitada es su reproducción.

En el reino espiritual de los hombres perfectos el proceso de sentir y de pensar continúa eternamente — como en el caso de Dios mismo. Pero como de la manera antes explicada todo pensamiento y toda idea pueden ser consolidados por la voluntad de su espíritu creador, y finalmente pueden volverse incluso independientes, se comprende que la multiplicación eterna de los seres nunca puede tener fin.

9. Zinka, tú te preguntas ahora en tu ánimo dónde todos estos seres, los que nacen en número infinito, hallarán espacio suficiente si la Creación continuamente va a aumentar en estas proporciones extraordinarias. Oh amigo, ¡ten en cuenta que el espacio físico mismo es infinito! Y aunque continuamente en cada momento creases un millón de Soles, estos se dispersarían y se perderían tan rápidamente en el espacio infinito, como si nunca hubiese sido creado ni uno solo.

Nadie más que Dios mismo concibe el espacio eterno de la infinitud. Incluso los mayores ángeles más perfectos no pueden formarse una idea de las profundidades eternas del espacio, pero sí, se estremecen ante sus profundidades infinitas...

10. Oh amigo, ¡ahora, con los ojos de mi alma, veo la totalidad de la Creación material!

Entre todas las estrellas innumerables que ves hay puntos de luz tenue de los cuales cada uno parece ser una estrella, pero en realidad se trata de campos solares inimaginablemente grandes, formados por mil millones de veces mil millones de Soles y todavía más planetas...

Y ahora te digo que esta Tierra, su Luna, el gran Sol y todas estas estrellas innumerables que ves, en relación con la totalidad actual de la Creación no son ni lejanamente lo que es un pequeño átomo en relación con todo el espacio estelar visible...

Además, puedo decirte que entre las muchas estrellas que te resultan visibles hay unas cuantas cuyo diámetro es todavía muchas miles de veces más grande que la distancia entre la estrella más lejana a la que casi ya no ves y su punto opuesto en dirección contraria —una distancia tan lejana que, para recorrerla con la velocidad de un relámpago, harían falta más de mil millones de veces mil millones de años terrestres.

11. Como ves, algunos cuerpos celestes tienen un tamaño enigmático y aun así, a causa de su enorme distancia de aquí, a tus ojos parecen sólo como puntos que apenas emiten luz. No obstante, comparados con la totalidad del universo de la Creación, estos cuerpos celestes resultan insignificantes como un átomo llevado por los rayos del Sol.

Te digo que puedes crear mil millones de Soles con todos sus planetas, lunas y cometas, y puedes distribuirlos en este cúmulo cósmico globular, y no vas a notar una reducción de su espacio, parecido a una gota de agua que no aumenta el mar. Y mil millones de veces mil millones de cúmulos cósmicos globulares en todo el universo de la Creación actual quedarían igual de desapercibidos que mil millones de gotas de lluvia en el mar.

12. ¡Fíjate en toda la Tierra! ¡Cuántos miles de ríos desembocan en el mar, y este no aumenta en absoluto! Ahora, imagínate continuamente tantas creaciones como quieras, y estas siempre se perderán en el espacio infinito como las incontables gotas de agua que continuamente caen en el mar donde se pierden...

Por eso, no te inquietes, ni pierdas el ánimo a causa de demasiadas creaciones, porque en la infinitud hay eternamente espacio suficiente para lo infinito, y Dios tiene Poder suficiente como para mantener todo eternamente y para conducirlo a su destinación principal y final».

Capítulo 57. Zorel observa los procesos de la evolución en la naturaleza

1. Zorel continuó: «Y ahora, Zinka, voy a decirte aún más: Todo lo que en la Tierra a partir de tu juventud has pensado, hablado y hecho, más todo lo que como alma en tu existencia precedente a esta vida terrestre has pensado, hablado y hecho, todo esto está inscrito en el “Libro de la Vida”...

Un ejemplar de este libro lo llevas en la cabeza de tu alma, y otro muy grande se encuentra siempre abierto delante de Dios.

Cuando hayas alcanzado la perfección —tal como yo ahora soy perfecto ante Dios— volverás a encontrar todos tus pensamientos, palabras y hechos, fielmente anotados. Todo lo que era bueno te causará una gran alegría. Lo que no era conforme al buen orden, por supuesto, no te causará alegría alguna, pero como hombre perfecto tampoco te causará tristeza. Porque de todo ello reconocerás la gran Misericordia de Dios y serás consciente de lo sabiamente que Él nos guía.

Esto confortará tu amor puro a Dios y tu paciencia para con todos aquellos pobres hermanos todavía imperfectos que Dios el Señor te confiará para que los guíes ya sea en este mundo o en el otro.

2. De estos pensamientos, pláticas y hechos tuyos allí manifiestos, aún nacerán nuevas creaciones en nuevas épocas, en las que normalmente primero se forman cuerpos mundiales de los más diversos tamaños.

Estos serán expuestos al fuego de los Soles para que allí obtengan cierta madurez. Una vez que esta se alcance, serán lanzados con gran fuerza al espacio de la Creación, donde su formación subsiguiente poco a poco se confiará a su propio criterio.

Entonces, en tal mundo recién nacido, poco a poco los muchos millones de pensamientos e ideas individuales evolucionan más y más por medio del fuego y la luz productores de vida que les están inherentes — como unas semillas depositadas en un suelo fértil. Así sirven al nuevo mundo como base para la formación posterior de toda clase de minerales, plantas y animales, de cuyas almas con el tiempo se formarán almas humanas.

3. De vez en cuando puedes ver tales mundos nuevos en forma de estrellas nebulosas y de cometas que siguen su trayectoria por el espacio del cielo. Su origen primario son los pensamientos, las ideas y las acciones inscritos en el Libro de Dios...

4. De ahí ves que incluso el pensamiento más suave pensado por un hombre —o en esta Tierra o en otra— no podrá perderse eternamente nunca; y los espíritus de cuyos pensamientos, palabras, ideas y hechos se forme tal mundo nuevo consolidado por la Voluntad de Dios, en su estado de absoluta perfección en seguida reconocen que tal mundo es una obra suya — de sus propios pensamientos, ideas, palabras y hechos.

En su suma bienaventuranza se preocupan con mucho gusto de su conducción, dirección y formación, y de la apropiada organización interior del astro mismo como también de su plena animación y, finalmente, de todas las cosas y de los seres que tendrán que subsistir en él.

5. Ahora observas la Tierra y no ves sino una materia aparentemente muerta. Verdad es que también yo veo las formas aparentemente muertas de la materia; pero veo aún mucho más en ella — lo que con tus ojos físicos nunca podrás ver...

Pues, veo las cosas y los seres espirituales presos en ella, y veo y siento los esfuerzos continuos que hacen para intensificar su formación interior y para desarrollar mejor sus formas adecuadas. También veo innumerables espíritus de diversos tamaños que continuamente están en actividad como los granos de un reloj de arena romano. Ni hablar de descanso... pues mediante esa actividad incesante se realiza la evolución más apropiada de toda clase de vida natural.

6. Te digo que en cada gota de rocío que tiembla en la punta de una hierba veo —como si se tratara de un mar— un sinnúmero de seres que corretea en él en todas direcciones...

El agua de la gota no es más que una envoltura general de un pensamiento de Dios. Pero los espíritus minúsculos presos en el agua se sirven de ella para formar su envoltura específica, con lo que en seguida tienen existencia en alguna forma ya más definida, ya bastante diferente de aquella envoltura general.

Pero al mismo tiempo la gota como tal va desapareciendo, y las nuevas formas que se habían desarrollado en ella —organismos ínfimos ya con vida propia— empiezan a hormiguear por las plantas o las cosas en las que la gota se había formado.

Pero pronto cientos de miles de estos organismos ínfimos, juntándose, se combinan en una sola forma nueva y distinta. Una nueva piel se forma alrededor de la nueva forma y, por la influencia de la luz y del calor, los muchos pequeños organismos en ella son transformados en un organismo adecuado para la nueva forma ya bastante más grande.

El nuevo ser entra en una nueva actividad, preparándose para pasar otra vez a una forma aún más desarrollada, en la que de nuevo vuelve a empezar a ser activo para el paso a una forma todavía más sublime y perfeccionada.

De este modo la actividad manifiesta de cada ser que ya ha adoptado una forma definida es una preparación adecuada para adquirir una forma superior y más perfecta para la consolidación de la vida anímica y —finalmente ya en forma humana— para la consolidación de la vida puramente espiritual.

7. Lo que te digo no es imaginación, sino es la Verdad eterna y la más pura. Todavía podría comunicarte mucho sobre el Orden divino — tal como ahora lo veo y reconozco claramente. Pero me doy cuenta que el lapso de mi perfección está a punto de terminar. Por eso quisiera todavía pedirte que cuando vuelva a ser un hombre muy estúpido y a veces ofensivo, que tengas paciencia conmigo y que, dentro del Orden divino que ahora te es conocido, me guíes por el camino correcto...

Al despertarme en este mundo vas a asombrarte de encontrarme tan estúpido e ignorante como antes, y que de todo lo que ahora ha ocurrido conmigo no sé absolutamente nada; pero aun así, todo me redundará en beneficio...

8. Ahora mi espíritu madurado a la fuerza se cansa de este estado totalmente extraño para él, por lo que durante cierto tiempo quedará como dormido. Pero tras este descanso todavía necesario se despertará fortalecido, y sentirá la necesidad urgente de una verdadera perfección de la vida cuya delicia bienaventurada acaba de experimentar...

Luego él mismo contribuirá mucho para una rápida perfección de su alma, para que esta madure lo antes posible en toda Verdad y en la facultad justa de entregarse y rellenar completamente al espíritu que la penetra.

9. Ahora volveré a dormir durante media hora y, transcurrido este tiempo, debes despertarme, imponiéndome las manos en el sentido inverso. En cuanto me despierte, ¡no me permitas partir antes de haber reconocido completamente al Hombre de los hombres que está sentado en esta mesa! Porque Él es Aquel al que todavía veo en el Sol del gran mundo eterno de los espíritus...

10. ¡Te agradezco que me hayas impuesto tus manos!».

Capítulo 58. ¡No juzguéis!

1. Después de haber pronunciado estas palabras, Zorel volvió a dormir tranquilamente, y Zinka exclamó: «¡Bueno!, ¡lo que este hombre acaba de revelarnos! ¡Si todo esto es verdad, entonces hemos recibido conocimientos con los que seguramente ni un solo profeta había soñado! ¡Estoy completamente desconcertado ante la sabiduría tan profunda de este hombre! ¡Creo que ningún ángel puede poseer una sabiduría más profunda que esta!».

2. También Cirenio estaba impresionado y dijo: «Sí, Señor, hay que ayudar a este hombre que nos ha revelado tantas cosas tan maravillosas de tu Orden divino que hasta ahora nunca fueron reveladas...

Las revelaciones de Matael eran grandes y me incitaban mucho a reflexionar; ¡pero todo lo que este Zorel acaba de revelarnos es extraordinario! Es difícil de pensar y de creer que una sabiduría tan profunda pueda ser expresada en palabras humanas y aun así resultar tan comprensible...

Para ser conciso: ¡Estoy completamente fuera de mí a causa de este Zorel! Si todo eso también lo pudiese decir en estado despierto en su carne, le colocaría en un trono del que tendría que predicar a los hombres la Verdad sublime para que todos alcancen con mayor seguridad el destino verdadero y perfecto de su existencia».

3. «¡Muy bien, amigo Cirenio!», le respondí. «Pero de momento poco importa lo que ha profetizado en su tercer estado —a pesar de que todo es la pura verdad— sino lo que importa es que en adelante no condenéis a nadie por tener un alma enferma... Pues ahora todos habéis entendido y experimentado que también en un alma por enferma que esté, mora un germen de vida completamente sano; y si el alma tras vuestros esfuerzos fraternales se cura, entonces habréis obtenido un logro que ningún mundo jamás podrá pagar.

¡La dicha que podría ocasionar un hombre así de perfeccionado! ¿Quién podría estimar su alcance? Vosotros, los hombres, no lo sabéis, ¡pero Yo sé por qué vale la pena hacer semejante esfuerzo!

4. Por esta razón os digo: ¡sed siempre misericordiosos, también con los grandes pecadores y criminales que infringen vuestras leyes o las divinas!, porque sólo un alma enferma es capaz de cometer pecados, pero nunca una que está sana, dado que el pecado siempre es una consecuencia de un alma enferma.

5. Entre vosotros, los hombres, ¿quién puede juzgar y castigar a un alma a causa de la violación de uno de mis Mandamientos, dado que todos estáis sometidos a la misma ley?

Una de mis leyes consiste precisamente en que no juzguéis a nadie... De modo que si juzgáis a vuestros prójimos por haber pecado contra mi ley, ¡entonces pecaréis en la misma medida contra la mía! Siendo vosotros mismos pecadores, ¿cómo vais a juzgar y condenar a otro pecador?

¿Acaso no sabéis que al condenar a vuestro hermano enfermo de alma a un castigo severo, al mismo tiempo habréis pronunciado una doble sentencia contra vosotros mismos — una sentencia que un día os será aplicada en el Más Allá, a no ser, según las circunstancias, todavía en este mundo?

6. Si alguien entre vosotros es un pecador, que renuncie a su cargo de juez; porque si juzga, impondrá sobre sí mismo el doble castigo del cual se liberará más difícilmente que aquel al que haya juzgado y condenado.

¿Acaso un ciego puede guiar a otro ciego y llevarle al camino correcto? O un sordo, ¿acaso puede él explicar a otro sordo el efecto de las armonías de la música, como las aplicó David con la mayor perfección? O, ¿puede un paralítico decir al otro: “¡Ven, pobre miserable, voy a llevarte a la posada!”? ¿No perderán ambos el equilibrio y caerán en la cuneta?

7. Por eso, recordad ante todo no juzgar a nadie, y cuidad de que los que en el porvenir serán vuestros discípulos también lo tomen a pecho. Porque al observar mi Doctrina, de hombres haréis ángeles, mientras que en el caso de inobservancia produciréis diablos y jueces en contra de vosotros mismos.

8. Verdad es que no hay nadie en este mundo que sea completamente perfecto; pero que el más perfecto en la comprensión y en el corazón sea el guía y médico de sus hermanos y hermanas enfermos. Y aquel que es fuerte que cargue con aquel que es débil, de lo contrario él terminará igual que el débil, con lo que ambos ya no avanzarán.

9. Para que todos vosotros lo podáis entender en toda su profundidad, con este Zorel os he preparado un ejemplo palpable, del que podéis aprender perfectamente que vuestra manera de juzgar a un criminal es muy equivocada.

Vuestra manera de juzgar siempre seguirá siendo un atributo del mundo, y hay poca posibilidad que al dragón de la tiranía jamás se le podrá aplastar su cabeza dura como un diamante —por cuyo motivo esta Tierra es un mundo de prueba para mis futuros hijos— pero en vuestro entorno esto no debe quedar así... Por eso, entre vosotros, los Cielos están esparciendo buenos frutos provistos de semillas en abundancia.

10. Si ahora disfrutáis de los frutos de mi Celo, ¡no olvidéis de esparcir los granos que estos traen lo más abundantemente posible en los corazones de vuestros hermanos y hermanas, para que en estos germinen y produzcan un nuevo fruto abundante y sano!

Cómo de las semillas depositadas en el corazón se produce un nuevo fruto maravilloso, esto ya os lo ha demostrado Zorel, clara y detalladamente. ¡Actuad conforme a ello y vosotros mismos —como si fuera por vuestra propia cuenta— vais a producir vida, lo que os acarreará una Vida eterna en toda la perfección que ahora os está conocida!

Esto, tras el acto de la imposición de las manos, os será puesto de manifiesto para su observación y aplicación lo más completa posible.

11. Y ahora ha llegado el momento en que tú, Zinka, impongas las manos a Zorel en sentido inverso, para que se despierte. Una vez despierto, tú, Marco, le das vino mezclado con un poco de agua para que su cuerpo obtenga su fuerza anterior. Y cuando luego se ponga a hablar como antes, ¡no os enfadéis y menos aún le recordéis lo que ha hablado en su estado de éxtasis, porque esto podría causarle un perjuicio físico!

¡Y tampoco os riáis si viene con estupideces! En las conversaciones podéis guiarle paulatinamente hacia Mí, pero sin precipitación, porque de lo contrario se podría destruir mucho en él, y eso por mucho tiempo.

Ahora, Zinka, pon manos a la obra; Marco ya ha preparado el vino con el agua».

Capítulo 59. La actitud materialista de Zorel

1. Acto seguido Zinka impuso sus manos en sentido inverso a Zorel que pronto abrió sus ojos. Cuando estuvo despierto del todo, di al viejo hostelero Marco la señal de que le diera el vino mezclado con agua porque la sed le molestaba mucho. Zorel vació el vaso bastante grande de un solo trago, pero aún pidió otro vaso porque todavía tenía sed.

Marco me preguntó si era conveniente dale otro vaso más, lo que le confirmé pero advirtiéndole que esta vez pusiera más agua que vino.

Tras beberse el segundo vaso, Zorel ya se sintió mejor. Fortificado de esta manera, miró alrededor de sí, examinando el escenario; y aunque el día ya declinaba, todavía se podía distinguir todo bastante bien.

2. Mirándome fijamente, después de un rato Zorel dijo: «Zinka, ¡aquel hombre de allí me parece muy conocido! Debo haberle visto en alguna parte... ¿Quién es y cómo se llama? Cuanto más le miro, tanto más vivamente estoy convencido de haberle visto antes. Zinka, como ahora me resultas tan simpático, ¡confíame, quién es este hombre!».

3. «Es el hijo de un carpintero de Nazaret, de ese pueblo situado cerca de Ca—farnaúm — para no confundirlo con otro pueblo del mismo nombre que se encuentra detrás de la montaña, y que está habitado sobre todo por griegos más bien sucios.

Su característica es la de un Salvador extraordinariamente hábil en su arte. A quien Él ayuda, tiene realmente ayuda. Su nombre corresponde a su carácter, se llama Jesús, lo que significa Salvador de almas y al mismo tiempo de miembros del cuerpo enfermos. Tiene una fuerza muy grande en su Voluntad y en sus manos, y al mismo tiempo es bueno y sabio como un ángel.

Ahora ya sabes todo lo que me has preguntado. En caso de que tengas más preguntas, ¡hazlas! Porque si no, es posible que estos nobles señores emprendan otra cosa, con lo que ya no nos quedará tiempo para hablar más detalladamente sobre lo que quieras saber».

4. «Te agradezco por lo que me has comunicado», le respondió Zorel a media voz, «aunque aún no sepa a qué atenerme. Porque no me explico por qué este hombre me resulta tan conocido... Pues, tengo la sensación de como si alguna vez hubiese hecho un gran viaje con él... He viajado mucho por tierra y por mar, también en compañía; pero no recuerdo haberle visto ni hablado; pero a pesar de eso tengo la fuerte sensación de haber tenido que ver algo con él durante un viaje. ¡Explícamelo, por favor, cómo es esto posible!».

5. «¡De la manera más natural del mundo!», le respondió Zinka. «Alguna vez habrás tenido un sueño muy vivo del que te acuerdas ahora débilmente, lo que será la razón de este sentimiento».

6. «¡Puede ser que tengas razón! Con frecuencia sueño algo de lo que me acuerdo algunos días después, si algún acontecimiento similar me lo trae a la memoria. De lo contrario se me olvida todo, con lo que ya no recuerdo sueño alguno, aunque lo haya soñado muy vivamente. Bueno, esto será así, porque en realidad nunca he visto a este nazareno...

7. Pero ahora otra cosa, querido amigo... He venido aquí para recibir del noble gobernador la limosna en cuestión. ¿Piensas que habrá manera? En el caso que no se pueda esperar nada, quizás tú puedas interceder en favor de mí para que me permita regresar a mi cabaña.

De lo contrario, ¿qué pinto yo aquí? Los asuntos sabios de la teosofía y de la filosofía no me interesan en absoluto. Mi teosofía y filosofía son: Creo en lo que veo, es decir, creo en la naturaleza que desde la eternidad se regenera continuamente. Además creo que comer y beber son los dos factores más importantes para vivir, pero más allá de esto no creo tan fácilmente en otras cosas.

8. Consta que hay muchas cosas extrañas en el mundo, como diversas magias y otros artes y ciencias. Pero entre estos y yo hay la misma relación que entre el fuego y yo: mientras no me queme no soplo... No siento necesidad dentro de mí de saber y comprender más de lo que ahora sé y comprendo, y por eso sería muy estúpido de mi parte el quedarme más tiempo por aquí para recibir alguna lección de sapiencia difícilmente comprensible, aunque después podría vanagloriarme de ella ante algunos tontos.

9. En mí ves un hombre absolutamente natural que tiene aversión a todas las instituciones y leyes hechas por hombres que se toman por muy sabios, porque limitan la libertad innata del ser humano de una manera inaudita, y eso sólo para que algunos pocos puedan ser admirados como ricos y poderosos, por supuesto con la consecuencia fatal de que por ello frecuentemente millones puedan consumirse en la miseria más tremenda.

Si comprendiese más de lo que ahora comprendo, me enteraría aún más profundamente de estas injusticias, con lo que seguramente no me volvería más feliz. Pero dentro de mi estupidez me evito mucha pena porque no comprendo el motivo fundamental de todas las maldades y perversidades humanas.

10. Donde los hombres malvados presumiendo de ser muy sabios no pudieron inventar suficientes leyes agobiantes para la humanidad, allí colocaron genios perspicaces que —andando con caras extáticamente desfiguradas— introdujeron con astucia toda clase de leyes “por parte de los dioses” que, bajo la amenaza de severos castigos eternos más que absurdos, de nuevo atormentaron a la pobre humanidad... Sólo que a todos los que observaban estas leyes rigurosamente, les prometieron unas recompensas extraordinarias después de su muerte... ¡Menuda gracia, digo yo, dado que los muertos ya no precisan de nada...!

11. Sólo en lo que se refiere a los castigos, esos hombres no admitieron su prórroga hasta después de la muerte, con lo que se anticiparon a sus dioses imaginarios, prefiriendo castigar a los infractores de las leyes de los dioses ya aquí, para que en el Más Allá nadie se viera privado del castigo prometido.

De modo que sólo en lo que se refería a la recompensa, para esta dejaban esperar a los fieles hasta después de la muerte. Pues, en esta vida apreciable nunca hubo anticipo voluntario alguno para los fieles, a no ser que alguien realmente se hubiera comprometido incluso arriesgado su vida en favor de una de esas grandes personalidades...

Todo lo que existe en las asociaciones humanas está concebido con tal interés particular que cada pensador racional a la primera ve el fundamento sobre el que está construido: el elemento de lo legal divino y él de lo social humano.

12. Amigo, si un solo individuo quiere vivir como un señor de toda la magnificencia de la Tierra, absolutamente libre, entonces el resto de la humanidad —que no tiene ni fuerza ni voluntad— tendrá que llorar junto con el suelo que la lleva.

Por supuesto, a los que oprimen a la humanidad, los tiranos despiadados, les convendría en el Más Allá recibir la recompensa correspondiente, pero, ¿quién podría dársela? En pocas palabras: ¡Todo esto es ilusorio, pues, no es sino un juego de marionetas!

13. Aquel que consigue que los demás se vuelvan serviles, hace bien, porque un hombre estúpido no vale más que un perro estúpido...

¡Que el hombre más fuerte y más listo mate al estúpido a golpes y tome posesión entera de sus bienes y, en vida o muerte, trate de protegerlos de intervenciones ajenas! Si lo consigue, pronto será un gran señor... En caso contrario, bien merecido lo tiene porque ha emprendido algo de lo que como hombre sabio hace mucho tiempo habría debido sospechar que no lo lograría.

Para ser conciso: para los estúpidos no hay nada mejor que su aniquilación; porque cuando ya no existen, para ellos todas las leyes, todas las persecuciones y todas las puniciones inhumanas dejan de existir eternamente. Más vale la no—existencia en vez de vivir en la miseria; diez mil años de la mayor felicidad no recompensan una sola hora de verdadera miseria.

14. He aquí, querido amigo Zinka, mi convicción inofensiva, contra la que en este mundo difícilmente se podrá poner reparos. Se trata de la verdad que nadie quiere oír; todos se complacen en una existencia de fantasías engañosas, imaginándose que son muy dichosos.

¡Adelante, pues!, ¡qué cada uno hurgue en el reino de la mentira y busque la consolación en la imaginación fantástica — sobre todo cuando la miseria ya empieza a aplastar su nuca con un pie de hierro!

15. Vosotros, los miserables, ¡adormeceos todos con el opio de la mentira y, mientras viváis, dormid bajo la influencia dulce de la locura... y si con esto sois felices, ya vais bien servidos...

Yo, sin embargo, estoy servido muy mal, porque debajo de las alas amparadoras del águila de la verdad me siento muy infeliz, dado que desde las alturas cada vez de nuevo tengo que ser consciente de una caída mortal que me espera a mí y a los demás que se encuentren en condiciones parecidas a las mías...

En cuanto se rompa el lazo flojo con el que mi necedad me ha atado al ala poderosa del águila, ¿quién me recogerá en la caída?

16. Hombres, ¡permitidme que consuma mi robo con toda tranquilidad, porque con esto no os perjudicaré! ¡Dadme tan sólo de vuestra gran abundancia lo que necesito para adquirir de nuevo lo que me quitó la coincidencia trágica y no encontraréis en mí un mendigo desagradecido!

En caso de que según la costumbre no queráis darme nada, ¡permitidme por lo menos que pueda regresar para que —por supuesto por vía ilegal porque soy un pobre diablo— pueda recoger las piezas de madera que necesite para volver a construirme una cabaña provisional suficiente para mí, por lo menos tan buena como la que se construye un castor.

Supongo que una u otra cosa me la vais a otorgar; pues, estoy convencido de que no me haréis aún más miserable de lo que ahora soy. ¡De lo contrario preferiría que me mataseis ahora mismo, porque no quiero ser más miserable de lo que ya soy! Y si no me matáis vosotros, ¡ya sabré lo que debo hacer — pues, matarme yo mismo!».

17. «¡Eso que no se te ocurra!», le dijo Zinka. «Ni tampoco se te dará motivos para cometer un acto así de atroz; pues, por habernos dado cuenta de tus conocimientos y experiencias, mientras dormiste, Cirenio ya se ha preocupado de ti. Pero eso sólo será cuando hayas reconocido que todo lo que ahora tomas por verdad, en realidad es absolutamente erróneo...

Pero, ¡por eso no te preocupes, acepta una mejor doctrina, y luego serás verdaderamente feliz!».

Capítulo 60. Zorel critica la moral y la educación

1. «Tus palabras suenan muy bien porque son amables y consoladores», le respondió Zorel. «Estoy convencido de que hablas tal como lo siente tu corazón y que todo lo que dices es pura verdad. Pero la pregunta es: Yo, ¿qué doctrina podría aceptar, y bajo qué luz podría reconocer como completamente equívoco lo que hasta ahora considero como auténtica verdad?

Dos y otra vez dos hacen cuatro: una eterna verdad matemática y ni los Cielos pueden objetar nada en contra de ello; y es imposible que pudiera haber otra regla que podría declinar esta verdad... Sólo si estuviese lo suficientemente loco como para aceptar que dos y otra vez dos hacen siete, ¡entonces sería posible que cambiara de convicción; sin embargo, con mi concepto actual eso es completamente imposible!

2. Ningún sentido común por muy puro que sea puede negar que debe haber alguna fuerza primaria eterna e inteligente de la cual surgen por lo menos los gérmenes primarios o, como mínimo, los primeros reglamentos. Porque donde haya un dos, allí antes también debe haber habido un uno.

¡Qué cosa más ridícula y estúpida por parte de los hombres necios y ciegos que se imaginan una fuerza primaria en forma humana o, para colmo, en forma animal — y eso tratándose de una fuerza primaria que debe estar distribuida y extendida uniformemente en toda la infinitud eterna, porque su impacto debe manifestarse por todas partes con la misma intensidad!

3. Si los judíos hubiesen mantenido su doctrina original, todavía tendrían el concepto más razonable de una fuerza primaria común, a la que llaman Jehová, porque en su religión reza la frase: “¡No debes imaginarte a Dios bajo forma alguna y menos aun esculpir una estatua de Él!”. Pero se han apartado completamente de este principio y ahora sus sinagogas y templos están repletos de imágenes y de ornamentos. Al mismo tiempo creen en las cosas más absurdas; y a los que no se creen lo que los sacerdotes enseñan, los castigan.

Los sacerdotes se llaman “siervos de Dios”, y por eso exigen que se los honre sobremanera; en cambio, ellos atormentan a la pobre humanidad mediante todo lo que puedan idear.

¿Bajo semejantes circunstancias volverme judío? ¡Ni hablar!

4. Se dice que tienen leyes de Dios mismo, los que Él les dio mediante el fundador Moisés en el monte Sinaí...

En principio, estas leyes resultarían bastante buenas, si cada uno se sirviera de ellas para arreglar su vida conformemente.

Pero para qué sirve si se prohíbe a la pobre humanidad con rigor el robo, el engaño y el fraude, mientras que uno que está sentado sobre el trono de la magnificencia a cada ocasión que se le preste roba y engaña a más no poder a toda la humanidad servilmente subordinada, riéndose de toda ley divina...

A un pensador puro, ¿en qué luz le deben aparecer tales leyes y sus “defensores”?

5. Si un pobre diablo por mera necesidad se ha visto forzado a llevarse algo donde se encontraba en abundancia, entonces, con severidad rigurosa, se le hace responsable de ello y se le castiga exageradamente. Pero el mismo “protector” de la ley que roba, asesina, hurta y engaña todos los días y en todas ocasiones, se encuentra por encima de la ley a la que no observa, ni por asomo; pues, el mismo no cree en nada, salvo en sus propias ventajas mundanas.

Semejante disposición contraria a las necesidades escasas de la pobre humanidad, que clama al Cielo, ¿acaso puede ser divina?

¿Qué mente ya algo más clara podría jamás aprobar esta disposición?

6. De algo donde consta que me gustaría que me lo hicieran a mí, puedo suponer que tampoco sería al desagrado de mi prójimo, si yo se lo hiciera a él...

Si me encuentro en la miseria y en la pobreza más profunda, sin tener dinero para procurarme las cosas más indispensables... voy a pedir pero nadie me da nada... si entonces finalmente yo mismo me tomo lo que necesito, ¿puede una ley condenarme por ello?

¿Es posible que no tenga derecho a llevarme nada, con lo poco que necesito, y eso teniendo en cuenta que nuestros antepasados poderosos seguramente no pecaron al tomar posesión cabal de países enteros?

7. Si fuera un ladrón habitual por pereza al trabajo, entonces ni el mayor razonamiento podría sentirse ofendido si por eso se me pidiese cuentas; sin embargo, si en el caso de necesidad urgentísima tomo posesión “ilegal” de algo, entonces ni siquiera un dios debería pedirme cuentas, y menos aún un hombre egoísta y débil que, en muchos aspectos, durante un día comete más injusticias que yo en todo el año.

No quiero criticar la ley protectora de posesiones supuestamente divina, pero consta que dentro de su rigurosidad incondicional no mejora a la humanidad ni la hace más humana, sino al contrario, la hace más dura, más insensible y más cruel.

8. Del mismo modo el código moral es formulado muy rudamente, sin haber tomado en consideración la naturaleza, la edad, ni las fuerzas en los hombres — y eso ante las tentaciones a las que el ser humano frecuentemente está expuesto, tanto el hombre como la mujer...

Frecuentemente falta toda educación, pero también frecuentemente se encuentra una educación que es peor que ninguna...

Muchas veces el ser humano disfruta de comidas y bebidas que le incitan la sangre, y en general encuentra una oportunidad para satisfacer su instinto natural ardiente y lo satisface. Pero pronto se descubre la historia y, por haber violado una ley, se le castiga sin miramientos; pues ha violado una ley “divina”.

9. ¡Oh insensatos —vosotros mismos y vuestras leyes “divinas”! ¿Por qué no habéis promulgado antes una ley divina preliminar con el objetivo de proporcionar sobre todo una buena y verdadera educación? Con lo que pronto ya habríais visto si todavía faltaba promulgar un reglamento posterior o no...

Si un jardinero ha plantado árboles para preparar espalderas, ¿acaso no es una gran insensatez por parte de él si los deja crecer durante muchos años y sólo después, cuando ya se han vuelto grandes, duros e inflexibles, empieza a doblarlos con toda fuerza? ¿Por qué el jardinero estúpido no empezó a doblar los árboles a tiempo cuando todavía eran jóvenes y flexibles, sin arriesgar nada?

Sea un dios o un hombre por cuya boca hable: ¡Que primero cuide por una educación sabia y justa, apropiada para la naturaleza de los hombres, y sólo después promulgue leyes sabias — en el caso de que el hombre una vez bien educado todavía precise de ellas!

10. ¡Oh, Amigo Zinka! Es evidente que eres un judío y conoces mejor tu doctrina que yo; pero dentro de lo que por casualidad me resulta conocido de ella, no puedo decirte otra cosa que lo que ya te he dicho. Y de eso comprenderás que yo, aunque aspire a una indemnización por parte del noble Cirenio, no puedo renunciar en absoluto a mis principios que se basan sobre la razón pura y sobre las leyes matemáticas. Ante estas condiciones de cambio rechazo cualquier sustento, por magnífico que sea, y prefiero tomar el báculo de mendigo, para pasarme el resto de mis días en esta Tierra de manera miserable como antes. Lo que luego la naturaleza hará de mí, a un muerto que regresa a la vieja nada poco le importará...

¡Ahora habla tú, Zinka, y dime si según tu opinión tengo razón o no!».

11. «Amigo Zorel, en el fondo del fondo no puedo decir que no tengas razón», le respondió Zinka. «Pero a pesar de ello todavía conviene que te diga que existen cosas sorprendentes de las que aún no puedes hacerte idea alguna. En cuanto te enteres de ellas, tú mismo reconocerás cuánto de bueno y de verdadero se halla en los principios fundamentales que acabas de afirmar».

12. «Muy bien, si ya tienes idea de algo mejor, ¡preséntame alguna objeción! Estoy listo para darte cuentas».

13. «Esto, a los dos, nos serviría de poco. ¡Pero dirígete a aquel hombre de allí del que decías que te parecía tan conocido! Él va a iluminarte justamente y pronto empezarás a comprender más claramente la verdad o lo contrario de tus afirmaciones».

14. «Muy bien, esto es lo que voy a hacer porque no le temo en absoluto; ¡pero voy a darle un hueso duro de roer!».

Capítulo 61. Equivocaciones materialistas

1. Con estas palabras, Zorel, vestido con sus harapos miserables, abandonó a Zinka y se dirigió a Mí: «¡Señor y noble maestro del arte médico, esta ropa que cubre mi cuerpo miserable es un andrajo, pero por lo menos cubre las partes pudendas de un hombre al que realmente duele el hecho de ser, por desgracia, un prójimo entre las muchas personas que pretenden ser “hombres”. Aunque nuestra forma la tengamos en común —salvo la ropa— entre nuestra manera de ser debe haber una diferencia fundamental.

2. Soy un hombre que sabe bien defender que dos y dos no hacen siete sino cuatro.

Zinka me dijo que tú podrías darme una luz más clara que aquella que reina en mí que por lo menos entre la gente de mis condiciones me daría el sello de ser un humano; pero nunca he presumido de nada y menos aún voy a presumir si tú estás dispuesto a proporcionarme una luz mejor.

Zinka me dijo que únicamente tú serías capaz de realizarlo...

3. Ya estás enterado de mis principios que, a mi modo de ver las cosas, no carecen de fundamento. Desgraciadamente, para mí siempre han sido una verdad absolutamente irrevocable. Si tú puedes presentarme principios mejores, ¡hazlo!, y con mucho gusto en seguida abandonaré todos mis conceptos erróneos.

No sé con qué tratamiento honorable debo saludarte. Pero supongo que también tú eres un hombre leal a la verdad, y a hombres como estos poco les importa qué título se les otorgue. Voy a llamarte gran maestro y honrarte como tal, a pesar de que no te conozco sino de oídas.

Si realmente puedes satisfacerme eficazmente, ¡te adoraré!

4. Si te parece bien, dime hasta qué punto mi concepto sobre la verdad es razonable o equivocado...

Nosotros, en la época actual, ¿somos más “hombres” que aquellos que fueron los primeros seres racionales que habitaban la Tierra o hemos degenerado?

Ante el hecho de que los hombres han inventado un derecho de posesión pretendiendo que se lo ha dado un dios, ¿ahora yo —un pobre diablo que frecuentemente durante tres días sucesivos no pruebo ni un solo bocado, y que incluso mendigando no recibo nada— de la abundancia de cualquier otro hombre no me debería tomar lo más imprescindible para evitar mi muerte por inanición?

¡Cada gusano en la tierra tiene el derecho de saciarse con una posesión ajena sin tener que comprarla, dado que también es habitante del suelo terrestre — desgraciadamente obligado por la naturaleza poderosa que lo ha establecido así! ¿Acaso un hombre tiene menos derecho de saciarse con las frutas terrestres que corresponden a su naturaleza porque no puede comprar un terreno — menos derecho que los pájaros en el aire, de los que cada uno es un ladrón habitual? ¡Te ruego encarecidamente que me des una información justa acerca de mis preguntas!».

5. «Amigo», le dije, «mientras equiparas tus derechos humanos con los de los animales, tienes toda la razón con tus derechos naturales fundamentales; en este caso no puedo objetar absolutamente nada, y cada derecho que protege la propiedad incluso todos los demás códigos morales son una ridiculez más que absurda. Menudo disparate sería el quererles dictar leyes protectoras de la propiedad y otras prescripciones morales a los pájaros en el aire, a los animales en el suelo terrestre y a los peces en las aguas, porque cada hombre suficientemente razonable —y más aún un Dios— debería saber que el único legislador para estos seres es su propia naturaleza.

De modo que con tu concepto tienes toda la razón si partes de la base de que el hombre, de momento, no es más que cualquier animal, tal como este está concebido en su naturaleza, y como si tampoco tuviera más perspectivas que un animal...

6. No obstante, cabe muy bien dentro de lo posible que el hombre existe para una finalidad más sublime, sólo que esto, hasta ahora, nunca te ha pasado por la cabeza —detalle que tu misma sabiduría acusa porque no lucha sino por tus necesidades más primitivas.

Ante esta posibilidad tus principios matemáticos parecen estar construidos sobre un fundamento bastante débil...

7. Que cada hombre ha sido puesto sobre esta Tierra para una finalidad más sublime, esto ya lo debieras deducir del hecho que cada hombre, como ser recién nacido, se encuentra en condiciones bastante inferiores a las de un animal; y sólo después de haberle dedicado varios años de cuidado considerable, empieza a hacerse un hombre. Este debe adoptar un orden, y con diversos esfuerzos justos y luchas legítimas debe ganar su pan diario. Por la misma razón también tiene que cumplir con leyes, para que las considere como primeros indicadores de camino para alcanzar una meta superior, y debe cumplir con ellas tras su libre voluntad... esto en vista de la auto—educación subsiguiente que es la única fórmula tras la cual finalmente podrá alcanzar su futuro destino — un destino que nunca alcanzará como hombre racional animal ni tampoco con la sabiduría más mordaz, sino únicamente como hombre perfectamente humano.

8. Mientras te preocupes solamente por lo que es de la carne, aun como hombre no llegarás muy lejos. Pero en cuanto descubras que en ti aún vive otro hombre con necesidades muy distintas a las de la carne y que también tiene un destino completamente diferente, entonces ya no tendrás dificultades en reconocer lo mucho que con tus principios estás hurgando en arena suelta.

9. Ve, Yo conozco tu voluntad que por lo demás es buena, y tu búsqueda de la Verdad y de la causa de todo el mal en el que ahora la humanidad en la Tierra está pringada hasta el cuello.

Como siempre te has complacido en el hurto, tus pensamientos te presentaron las leyes en defensa de la propiedad y de la posesión legal como una caja de Pandora; y como durante tus mejores años fuiste un gran amigo de las mujeres y de las relaciones sexuales, también te molestaba la ley moral que te calificaba de pecador — como también a cualquiera que abusase de la cohabitación.

10. Pues sí, como hombre animal tienes toda la razón con tus principios, como también con la idea que debiera existir una ley preliminar antes de todas las demás leyes — una ley preliminar según la cual todos los niños debieran recibir una educación, inculcándoles un orden social de una manera que en la edad adulta les resultaría completamente imposible de violar cualquier ley, con lo que de una manera natural una legislación suplementaria posterior resultaría superflua.

11. Ve, ¡es precisamente este orden que el Creador de los mundos y de todos los seres ha establecido para los animales!

Cada animal, ya en su seno maternal, recibe la educación preliminar que tú reclamas. La recibe correcta y del todo en su naturaleza, con lo que en lo sucesivo ya no necesitará ley alguna, porque con la educación en el seno maternal ya ha recibido todo lo que necesita durante toda su vida.

Consta que Aquel que creó a los espíritus angélicos, los Cielos, los mundos y a los hombres, sabía muy bien lo que hacía falta para crear al hombre como hombre libre y apto para su educación posterior — y no como animal irracional...

12. Si examinas tus principios de la vida matemáticamente exactos aún un poco más detalladamente, pronto descubrirás que la lengua es un gran mal para el hombre, porque mediante ella los hombres pueden instruirse con toda clase de barbaridades. Si los hombres no pudieran hablar ni comunicarse mediante señales, tampoco la mentira se habría introducido; incluso el proceso de pensar es peligroso, porque pensando los hombres pueden discurrir maldades y perfidias. Finalmente tampoco debieran ver claramente, ni oír, ni gustar, ni oler; porque todos estos sentidos en su plena agudeza podrían fácilmente hacerle tener avidez de lo que fuera.

Ahora, ¡observa a tal hombre conforme a tus principios matemáticos y pregúntate a ti mismo, si entre él y un pólipo marítimo queda todavía alguna diferencia, salvo la de su forma exterior!

13. Entonces, en vista de la finalidad tan sublime para la que fueron creados todos los hombres, ¿qué, quieres hacer con un hombre así?

¿Qué educación le podrás dar? Un hombre así, ¿cuándo llegará a reconocerse a sí mismo y a reconocer al Dios verdadero que es el Fundamento original de todas las cosas, de toda la Luz y de todas las bienaventuranzas?

¡Considera la constitución de un hombre sano, observa y escudríñala exactamente con tu intelecto crítico, y te quedará claro que un ser organizado tan sabia y artísticamente, al final de cuentas debe tener otro destino diferente que él de llenarse cada día la barriga para poder después defecar tantas más inmundicias!».

Capítulo 62. La protección legal de la propiedad

1. (El Señor:) «Aquí pones como pretexto tu pobreza —como la de muchos otros—y, frente a la ley divina que protege la propiedad, reclamas el derecho que te permita que en el caso de necesidad urgente puedas tomarte tanto como te haga falta para saciarte, sin pecar contra esta ley.

De una fuente digna de fe puedo decirte que Jehová, cuando por medio de Moisés dio las leyes al pueblo de Israel, también consideró esta necesidad; pues, inculcó a los hombres la ley formal: “¡Al asno que trabaja en tus tierras no le niegues el que se coma algo; y al buey que tira del arado no le tapes la boca! Y cuando lleves las gavillas al granero, las espigas que se hayan caído en el campo, ¡déjalas allí!, para que los pobres puedan espigar y de esta manera satisfacer sus necesidades.

¡Que cada uno sea preparado siempre para ayudar al pobre! Y cuando este dice: ‘¡Tengo hambre!’, no le dejes continuar el camino antes de que se haya saciado”.

Ves, esto también es una ley de Jehová, con lo que me parece evidente que también la pobreza estaba suficientemente tomada en consideración.

2. Es propio de la naturaleza de las cosas que cada hombre nacido en esta Tierra no puede ser un terrateniente. Consta que los primeros habitantes por no ser numerosos, fácilmente pudieron repartir el suelo a título de propiedad, porque en aquellos tiempos las tierras no tenían dueño.

Pero ahora, especialmente en las regiones fértiles, la Tierra está habitada densamente. Por eso, a aquellas familias que desde hace muchos tiempos con el sudor de su frente limpiaron y cultivaron el suelo arriesgando sus vidas, ya no se les puede disputar la propiedad asignada sino, al contrario, hay que protegérsela — y eso ya para el bienestar común, para que a aquellos que con mucha aplicación y diligencia han bendecido el suelo, nadie pueda arrancárselo, dado que no lo cultivan solamente para sí mismos sino año tras año también para cientos de otras personas que no pueden poseer tierras.

3. Los propietarios de muchas tierras tienen que tener muchos labradores que, como los mismos propietarios, se alimentan del mismo suelo. ¿Acaso sería conveniente para los labradores si a cada uno de ellos se le asignase una parcela igual de grande? ¿Puede un solo hombre labrar el suelo de manera debida? E incluso si pudiera hacerlo durante cierto tiempo, ¿qué ocurriría si cayera enfermo o se volviera viejo?

¿No sería mucho más prudente y mejor si algunos pocos poseyeran un suelo extenso y depósitos con provisiones, que si todos los hombres —incluso los niños recién nacidos— no fueran sino propietarios de terrones dispersos, con lo que al fin de cuentas en tiempos de necesidad nadie tendría reservas?

4. Continúo preguntando a tu intelecto matemático: Si en las sociedades de hombres no hubiese leyes que protegen la propiedad, Yo quisiera ver la cara que pondrías si viniesen unos gandules que nunca tienen muchas ganas de trabajar y, por tener hambre, te quitaran tus pequeñas reservas para saciarse. Seguro que los gritarías: “¡Alto!, ¿por qué no habéis trabajado y recogido?”. Y si te respondieran: “Porque no teníamos ganas de trabajar, y como sabemos que nuestros vecinos trabajan...”.

Ante semejante descaro, ¿no te parecería muy apropiada una ley que proteja la propiedad, y no desearías que estos ladrones audaces fueran juzgados y castigados, y por fin, obligados a que sirvan y trabajen?, ¿y no desearías que tus provisiones robadas fueran restituidas? Ves, ¡esto también lo exige la mera razón de los hombres!

5. Ya que tomas tus principios matemáticos por los mejores del mundo, ve a mil caminos vecinales de aquí hacia el este; allí en las montañas hallarás todavía mucho terreno sin propietario, donde en seguida y con toda tranquilidad puedes tomar posesión de un suelo de muchas horas de camino de largo y de ancho, y nadie te lo disputará.

Puedes llevarte incluso algunas mujeres y servidores, con lo que en aquella región montañosa algo a desmano puedes fundar una especie de estado y ni durante mil años nadie te molestará en tus posesiones, a no ser osos, lobos y hienas los que antes tendrías que quitarte de encima. De lo contrario estos podrían estorbar e intranquilizarte durante la noche.

En este plan por lo menos llegarías a conocer las grandes dificultades con las que los demás propietarios de tierras tenían que luchar hasta que las ponían en las condiciones actuales.

6. Ve, como tú mismo nunca fuiste un amigo ávido de trabajar y menos aún de pedir, siempre tenías una aversión contra la antigua ley protectora de la propiedad, y por eso tú mismo cada vez te tomaste la libertad de llevarte lo que fuera, cuando no corrías el riesgo de que te vieran ni te castigaran.

Sólo el terreno de casi dos yugadas junto con la cabaña te los compraste; pero tampoco se trataba de un dinero ganado por medio de un trabajo leal, sino lo sustrajiste de manera astuta de un comerciante rico de Esparta.

Bueno, en otros tiempos en Esparta estaba permitido hurtar cuando era realizado de una manera muy astuta; pero ahora, desde hace muchos años, también allí ya existen las mismas leyes protectoras de la propiedad como aquí, y por eso has robado al comerciante de un modo completamente ilegal, pues, le sustrajiste unas cuantas libras de oro. Con eso, en calidad de fugitivo, te compraste el campo en cuestión junto con la cabaña; pero todo lo demás que poseías lo habías robado en Cesárea Filipo y sus alrededores.

7. Pero ¡ay de aquel que te hubiese substraído o robado algo de ti! Porque le habrías inculcado la ley protectora de la propiedad —en otras circunstancias una contrariedad para ti— de manera que hasta a un esbirro romano le habrías dado mil vueltas... ¿O acaso habría sido de tu agrado si cualquier otro prójimo hubiera cosechado los frutos maduros de tu campo porque era un hombre completamente pobre?

Mira, si no te gustaría a ti, seguro que tampoco gustaría a otra persona si le robaras su cosecha a base de tus principios de la vida y de la educación, matemáticamente correctos.

Si en la realidad las cosas sólo pueden ser así como te las expuse, ¿acaso tomas tus principios de vida todavía por los únicos verdaderos e incontestablemente correctos?».

8. Zorel se quedó perplejo, porque se veía atrapado y completamente vencido.

Capítulo 63. El origen y la familia de Zorel

1. Zinka se aproximó a Zorel por detrás, dándole una palmadita en el hombro y le dijo: «Bueno, amigo Zorel, ¿vas a aceptar el sustento por parte de Cirenio o no? Pues, me parece que las máximas de tu vida tan buenas como al principio parecían —incluso a mí— se han colapsado del todo...».

2. Pasado un rato, Zorel dijo: «Sí, es verdad, ¡únicamente el Salvador tiene razón! Ahora entiendo claramente mi estupidez, ¡y todo lo que dijo sobre mí es auténtico! Pero, ¿cómo ha podido enterarse de todo esto? Pues sí, desgraciadamente todo es verdad...

Siendo así, ahora, ¿qué se puede hacer?».

3. «¡Nada más que pedir una enseñanza conveniente, escucharla y actuar conforme a ella!», le respondió Zinka. «Todo lo demás déjalo a aquellos que te tienen afecto y que pueden ayudarte — lo que también harán si cumples con lo que te he aconsejado».

4. Acto seguido Zorel se arrodilló ante Mí y me rogó para que le instruyese, pero Yo le dije que se dirigiera al apóstol Juan.

Todavía me preguntó respetuosamente por qué Yo mismo no quería continuar dándole más enseñanza.

5. Pero le contesté: «Si el señor de un asunto tiene diversos servidores y criados a su disposición, ¿acaso hace mal o comete una injusticia si a estos les asigna tareas conformes a sus buenas facultades? No es necesario que él mismo emprenda todo para que resulte perfecto; basta con la presencia del espíritu del señor y el trabajo será bien realizado aunque sea por las manos de unos servidores. Por eso puedes muy bien dirigirte a aquel que te he indicado, y te encontrarás con un hombre muy hábil. Está sentado al final de la mesa, es el que lleva una capa de color azul claro».

6. A estas palabras mías Zorel se levantó y de prisa se dirigió a Juan. Llegado allí le dijo: «¡Siervo fiel de aquel señor sumamente sabio! Bien habrás entendido quién soy y cómo estoy condicionado... ¡Te ruego que para mi mejora completa me des aquella enseñanza que me hará digno de formar parte de aquellos que con todo derecho pueden llamarse verdaderos hombres!

Ahora ya no reclamo apoyo con el motivo de que me vuelva un hombre justo, sino únicamente a causa de la Verdad íntegra misma quisiera oír la de ti».

7. «¡En el nombre del Señor vas a ser introducido en toda la Verdad!», le respondió Juan. «Sin embargo, antes tienes que confirmarme que en adelante cambiarás totalmente tu plan de vida y que repararás todo el daño que hayas ocasionado en contra de la voluntad de cualquiera... incluso él del comerciante que todavía vive en Esparta, de modo que tendrás que devolverle las dos libras de oro.

Además, tienes que renunciar completamente al paganismo y volverte un judío nuevo; pues tu abuelo ya era judío, de la tribu de Levi. Hace cuarenta años que se fue a vivir en Esparta para allí anunciar a los griegos el único Dios verdadero y para transformarlos en verdaderos judíos en el espíritu; pero al fin de las cuentas él mismo se dejó persuadir y, junto con todos los suyos, se volvió un pagano estúpido y ciego; y también tú, dado que naciste en Esparta.

Tus dos hermanos que actualmente viven en Atenas, tras su gran elocuencia se volvieron sacerdotes paganos y aún ahora dedican sus servicios hueros a Apolo y a Minerva. Tu única hermana es la mujer de un comerciante obscuro que trata con los ídolos e imágenes de Éfeso y, al mismo tiempo, también se dedica al comercio de emparejar prostitutas. De modo que esto es tu cuñado, antiguamente un judío pero ahora lo que acabo de decirte».

8. Zorel estaba más que atónito, dado que Juan sabía todo lo que él mismo —por razones bien evidentes— nunca habría revelado a nadie; pero ahora no podía impedir oír todas estas cosas de la boca de un hombre del que sólo podía sospechar que había estado en Grecia y que sabía de todo lo que allí había ocurrido y todavía está ocurriendo.

9. Por eso, enseguida preguntó a Juan: «Pero, ¿para qué tienes que contar todo eso ante toda la gente? ¿No basta con que tú y yo lo sepamos?».

10. «¡Tranquilo, amigo! Si lo hiciese para causarte daño en tu alma y cuerpo, sería un hombre malo y ante Dios me quedaría peor que tu cuñado inmoral de Atenas; pero a causa de tu propio bien tengo que desnudarte completamente ante los hombres, para que ante nadie parezcas ser algo que no eres.

Si quieres volverte perfecto debes descubrirte a ti mismo y no debe quedar ni la más mínima hipocresía en tu alma. Sólo en cuanto te hayas librado de todo lo que está en desorden, entonces podrás ponerte a trabajar en tu propia perfección.

Verdad es que tú mismo con toda tranquilidad podrías desembarazarte de todas tus inclinaciones pecadoras y volverte un hombre mejor, con lo que la gente te honraría y respetaría; pues, nadie sabría de ti sino sólo cosas buenas y nada de malas, de modo que muchos seguirían tu buen ejemplo. Pero en caso de que más tarde por parte de un testigo fidedigno se enterasen de que, a escondidas, habías sido un pecador de lo más vil, ¿con qué ojos te mirarían todos los que antes te honraron como hombre puro y siguieron tu ejemplo?

Toda tu virtud se convertiría en una piel de oveja y todos empezarían a sospechar de un lobo feroz debajo de ella; y a pesar de tu virtud irreprochable todos te rehuirían y evitarían tu compañía.

11. De ahí puedes deducir que para ser perfecto no es suficiente solamente eliminar la existencia del mal sino que también hay que evitar la apariencia de él. De lo contrario resultaría muy difícil el servir efectivamente al prójimo, lo que por fin debería ser la tarea principal de cada hombre, porque de otra manera no sería imaginable una sociedad verdaderamente feliz en esta Tierra.

12. ¿De qué provecho sería para una sociedad humana si cada hombre fuese completamente perfecto pero se escondiese siempre ante su vecino? El uno empezaría a desconfiar del otro, y donde hubiera un mosquito que zumba alrededor de la cabeza de un vecino —con lo inocente que este fuera— los demás sólo verían volar dragones y elefantes.

Si ahora todos llegan a saber quién y cómo eras, lo que has hecho y como has vivido, y ante los ojos y oídos del mundo mejoras y te vuelves otro hombre, perfectamente consciente de tus maldades y faltas anteriores, y si ahora las aborreces vivamente, entonces cada uno te recibirá con sinceridad, confianza y benevolencia, y te amará como un hermano puro ama al otro.

Por eso todo tu historial te tiene que ser manifiesto, antes de que puedas adoptar eficazmente una mejor doctrina...

13. Aunque mucho ya haya sido manifestado, aún no es todo; pero como tienes dificultades en confesar tus faltas tú mismo, te lo facilito precisamente manifestándolo yo en tu lugar, literal y fielmente conforme a lo que con toda claridad sé de tu vida».

14. «Pero, ¿cómo es posible que sepas todo esto?», le preguntó Zorel. «¿Quién te lo ha revelado? Pues, ¡nunca te he visto ni hablado antes!».

Capítulo 64. El pasado de Zorel como traficante de esclavos

1. «¡No te preocupes por eso!», le respondió Juan. «En cuanto te vuelvas perfecto, tú mismo lo comprenderás claramente; pero ahora, ¡volvamos a nuestro asunto!

2. Lo peor de tu índole es que clandestinamente eras traficante de esclavos... y eso con muchachas de doce a catorce años de edad, procedentes de Asia Menor, y las enviabas comerciándolas a Egipto y a Persia. Muchas de estas muchachas delicadas llegaron a manos malvadas y sólo pocas a manos buenas.

Fácilmente podrás imaginarte que estas muchachas por parte de los hombres que las compraron pronto fueron violadas de la manera más indigna. Si estos se hubieran conformado con el coito natural, tu culpa no habría sido tan grande, pero en Alejandría, en el Cairo, en Tebas y en Menfis, ¡cómo las han maltratado — y cómo las están todavía maltratando, aún actualmente! Si vieras a una de estas pobres muchachas, cómo su amo para producir una excitación sensual mayor, antes del máximo placer la dilacera con férulas y látigos, entonces te maldecirías y condenarías a ti mismo —a pesar de lo poco humanitario que eres— por haber entregado un ser humano a semejante miseria indescriptible, a causa del vil lucro.

3. ¡Las miles de maldiciones que ya han sido lanzadas contra ti, y las cien mil veces cien mil lágrimas que han sido derramadas a causa del dolor causado por los maltratos con semejante brutalidad diabólica! ¡Cuántas de estas muchachas delicadas, en su máximo desespero y con dolores insoportables murieron a consecuencia de los malos tratos!

¡Todo esto pesa sobre tu conciencia y te maldice!

Pues intensificaste tu comercio clandestino de una manera que ya hace tres años el número de las pobres a las que has hecho tan infelices llegó a ocho mil...

Por eso te pregunto: ¿Qué piensas de cómo, jamás, serás capaz de repararlo? ¿Qué te hicieron estas muchachitas, para que tú las hayas hecho tan desafortunadas? ¡Habla y justifícate!».

Capítulo 65. Zorel presenta sus excusas

1. Zorel se quedó atónito y desconcertado, y sólo después de un buen rato de silencio respondió: «Amigo, si en aquellos tiempos hubiese reconocido lo que reconozco ahora, te puedes imaginar que habría hecho cualquier cosa menos el tráfico de esclavos...

Soy ciudadano de Roma y según que yo sepa nunca una ley romana prohibió el comercio de esclavos. Este comercio siempre estuvo permitido, y lo que cientos se permitieron legalmente, ¿cómo iba a ser prohibido para mí?

Hasta a los judíos les está permitido comprar niños y niñas, especialmente si no tienen hijos. ¿Por qué no les va a ser permitido en otros pueblos civilizados, de los que sin duda alguna ya desde tiempos inmemorables los egipcios como también los persas forman parte? De modo que las muchachitas no han sido vendidas a un pueblo salvaje e incivilizado, sino al pueblo más civilizado conocido en toda la Tierra, donde con todo derecho se podía esperar que la suerte triste de estas muchachas no fuera a empeorar sino evidentemente a mejorar.

2. ¡Vete a Asia Menor y allí te encontrarás con un sinnúmero de seres humanos y sobre todo niños...! Allí, como hombre sabio, por fin tendrás que preguntarte a ti mismo, de qué podrán nutrirse y vivir, sin que tengan que comerse mutuamente...

Puedo asegurarte que cada vez cuando llegué a las regiones de la Asia Menor fui literalmente asediado por los habitantes y sus niños. En cambio por varios panes recibí un gran número de niñas, pero también de muchachos. Los niños corrían hacia mí, lanzando gritos de alegría y ya no querían separarse de mí. Cada vez que compré cien, aún me dieron un suplemento de cuarenta a cincuenta muchachas.

Muchos me los compraban los esenios, sobre todo a los muchachos, y no importaba su edad; pero a veces también compraban muchachas.

Los egipcios compraban sólo a las muchachas ya más maduras, por un lado para el trabajo y, por otro, probablemente también para su placer. No dudo en que entre ellos pueda haber habido algunos voluptuosos que torturaban a una esclava por lujuria, pero no pienso que haya habido muchos.

3. Según que yo sepa, no había muchos que fueron a Persia, a donde en general las llevaron unos comerciantes y artistas persas a los que luego servían para realizar trabajos útiles y buenos. Además, desde hace mucho tiempo existe en Persia una ley sabia según la cual todos esclavos o esclavas que se portasen bien, después de de diez años consiguen la plena libertad y finalmente podrán hacer lo que quieran. Podrán quedarse allí y empezar un negocio, o regresar al país de su origen. De modo que los niños vendidos a Persia poco pueden hablar de desgracia.

En fin, que algunas niñas en Egipto no lo pasaban bien, esto no lo puedo rebatir. ¡Pero dirijámonos a su patria y allí encontraremos a muchas que dentro de toda su libertad no viven mejor, ni por asomo, que aquellos desdichados en Egipto. Pues, muchos no tienen casi nada que comer y se alimentan con raíces crudas, las que recogen en los bosques, y hay muchos de ellos que, faltos de ropa, en invierno tanto como en verano andan completamente desnudos y mendigan, hurtan y dicen la buenaventura.

Hay hombres que van mendigando y hurtando algunos harapos, pero la mayoría de ellos no consigue nada. Por eso muchos andan completamente desnudos, siempre acompañados por un montón de niños.

4. De estos nómadas errantes mi compañero y yo siempre hemos comprado la mayor parte de los niños y niñas que les sobraban y de esta manera les hemos procurado un sustento. Los habitantes sedentarios del Ponto los llaman “Zagani”, lo que quiere decir tanto como “los expulsados”. Estos hombres hormiguean como vagabundos en hordas, y no tienen techo ni tierras. Como refugio les sirven cuevas, cavidades terrestres y árboles huecos...

Con lo que ahora te pregunto, si no se les hace un gran favor al llevarse los niños incluso gratuitamente, proveyéndolos de la manera que sea — y más aún, si se les compra a los padres desnudos y hambrientos, dándoles ropa, pan o dinero...

5. Si se compara todo esto de la manera como he pensado hasta ahora, cómo algunos cuantos de estos hombres antes eran esclavos de la mayor pobreza, y tras mi interferencia se volvieron esclavos bien provistos, se deducirá fácilmente que la desgracia que según tu parecer traje a estos hombres no es ni tan grande como tú te la imaginas. Pero incluso esto no se lo habría ocasionado, si antes hubiera pensado como pienso ahora.

6. Por lo demás —aunque admiro tu sabiduría piadosa y devota de Dios— dicho sea entre nosotros que si un Dios sumamente bondadoso de una u otra manera interviene en la suerte del hombre, parece algo extraño que permita que semejante multitud de hombres bien concebidos tenga que arrastrarse en esta Tierra como los animales salvajes.

Tal Dios todopoderoso podría cuidar por lo menos de que estos hombres hallaran un refugio un poco más digno en esta Tierra querida.

7. Para el hombre racional resulta incomprensible ver centenares de miles de seres humanos bien concebidos pero tan lamentablemente desamparados... seres humanos que pasan hambre y que tienen que vagabundear completamente desnudos... pero se ve imposibilitado de ayudarles aun con la mejor voluntad del mundo...

Siendo así, ¿es de extrañar, amigo, que ante semejante miseria de estos hombres uno empiece a dudar de la existencia de un Dios omnisapiente sumamente bondadoso? ¡Con lo que ante semejante miseria mi afirmación anterior en contra de una ley de protección de la propiedad tan ruda, finalmente, no va tan despistada...!

8. He aquí, amigo, mi objeción y justificación contra el reproche más duro y severo que me has hecho. Haz ahora lo que quieras, ¡pero nunca olvides que un Zorel, muy conocedor del mundo, está delante de ti con el arco tendido y, a pesar de los andrajos que le cubren, no tiene ni el menor miedo de cualquier sabiduría con la que le vengan!

¡Ahora preséntame mejores motivos —caso que los haya— por qué según la sabiduría de Dios todo debe ser como es, y sin hacer dengues te daré mis más sinceras gracias! Pues, debieras entenderlo tan bien como yo, que, según mi humilde comprensión, en la Tierra hay mucha miseria innecesaria al lado del bienestar exagerado de algunos pocos hombres. ¿Por qué una persona tiene que tener todo, mientras que centenares de miles al lado de ella no tienen nada?

Por eso, en pocas palabras, ¡explícame el porqué de la miseria de los zaganis en la región de Asia Menor! ¿Quiénes son, de dónde vienen y por qué deben languidecer en semejante miseria eterna?».

Capítulo 66. Los estupros del Zorel

1. Pero Juan le respondió: «Si mides la sabiduría verdadera de Dios solamente con la vara de un intelecto un poco despierto, entonces tendrás razón de no recelarte de sabiduría alguna. Pero como la Sabiduría verdadera de Dios nunca se mide con la vara corta del intelecto sino, como todo lo que sale de Dios, con la medida de la eternidad e infinidad, entonces arriesgas que con tu intelecto salgas perdiendo.

Pero, ¡dejemos esto y volvamos a nuestro punto principal!

2. A partir de tus buenos conocimientos en la materia acabas de contarme el mal que pasan los zaganis en Asia Menor y qué miserables se encuentran... y que para sus niños resulta un gran favor si unos traficantes de esclavos los compran y luego los venden en alguna parte...

Pero dejemos esto, dado que pones como pretexto una especie de buena voluntad por tu parte — un pretexto que aún te admito un diez por ciento a tu favor...

Sin embargo, aún queda otra cosa en el fondo de tu cámara de conciencia, la que consume totalmente las diez por cien que están a tu favor; de modo que finalmente sólo se te puede atribuir acciones malvadas, ¡y dudo que ante estas tu intelecto pueda hallar cualquier justificación!

3. ¡Dime ahora, cómo justificas los frecuentes estupros que tú mismo has cometido! ¡A ver, qué razón juiciosa vas a presentarme!, — ni siquiera ante la ley divina de Moisés, sino simplemente ante la ley orgánica romana, la que castiga con extremo rigor la violación de doncellas inmaduras...

¿Acaso alguna vez te han conmovido los gritos de angustia y de dolores de una muchacha que era objeto de tu gran voluptuosidad? ¿Y acaso no es verdad que cinco de estas muchachas bien hechas, tras haberlas vilmente violado, han fallecido de una manera más inhumana, aunque de esto ya hace unos cuantos años?

Tu compañero te reprochó la pérdida de dinero que esto os ha causado, porque estas cinco muchachas preciosas que tenían entre diez y doce años, vendidas en el Cairo os habrían aportado quinientas libras de plata.

Verdad es que esto te dolió mucho, con lo que muchas veces maldijiste tu voluptuosidad — pero nunca la maldijiste a causa de haberte vuelto un asesino ciego de cinco muchachas encantadoras, sino únicamente por la pérdida de tanto dinero.

4. Ahora, ¡junta todos estos hechos y dime qué piensas de la clase de “hombre” que eres entre los hombres, y a ver si el calibre de tu intelecto también ahí encuentra un justificante!

No puedes venir con el pretexto de que eres un hombre natural salvaje y brutal que apenas es capaz de distinguir entre el bien y el mal, porque hace un momento me explicaste perfectamente lo miserables que viven los zaganis, y que tal abandono y negligencia de todo un pueblo no es precisamente una honra para Dios el Señor, su Amor y su Sabiduría. Incluso me has invitado a que te demuestre la razón de la Sabiduría divina que justifica que Dios hace que un pueblo entero tan grande tenga que sufrir hambre. De modo que tú mismo has manifestado que tienes un sentimiento de justicia bien definido y un conocimiento perfecto del bien y del mal.

Entonces, ¿cómo es posible que hayas podido maltratar a esas muchachas de una manera tan inhumana? Aunque después con tus pobres conocimientos de médico hayas procurado curarlas, en realidad empeoraste su estado aún más que antes con tu lascivia.

¡Ahora habla y justifícate ante Dios y ante los hombres!».

Capítulo 67. Cirenio se indigna ante los crímenes de Zorel

1. Finalmente Zorel se vio abatido y no sabía qué alegar para salvar su honra. Aunque empezó a reflexionar profundamente para sacar algo de su intelecto para justificarse, se vio totalmente atascado y no halló ni una sola trampa para escaparse de su atolladero y salvarse.

2. Juan le insistió para que hablase y que hiciera uso de su arco tendido, pero Zorel no quiso despegar sus labios.

3. Mientras tanto Cirenio, pasmado por la maldad de Zorel, me preguntó: «Señor, ¿qué podemos hacer? ¡Ante estos hechos consumados el caso de este hombre incumbe a la jurisdicción!

Verdad es que nuestras leyes referentes a la trata de esclavos permiten venderlos a cualquier persona, junto con sus hijos — caso que los tengan. Pero en el caso de hijos de hombres libres, y sobre todo de niñas, mientras aún no hayan cumplido los catorce años, está prohibido bajo pena tan sólo presentarlos en el mercado, ¡porque es un crimen!

4. Luego, cada uno de los que quieran dedicarse al comercio de esclavos, debe tener una autorización especial en forma debida. Para este permiso tiene que dar al Estado una fianza considerable y, aparte de eso, debe pagar el impuesto anual correspondiente.

Pero en el caso de éste y su asociado, hasta ahora no se ha nombrado nada de un permiso, de modo que han hecho un comercio clandestino, lo que resulta otro crimen considerable contra las leyes en vigor — un crimen que en estas circunstancias agravantes acarrea una sanción con diez años de cárcel...

5. Luego el estupro quíntuplo sin escrúpulos ni conciencia con resultado letal... ¡Esto es otro crimen que en estas circunstancias agravantes es castigado por lo menos con quince años de cárcel o incluso con la muerte!

6. Además, hay que tener en cuenta los engaños y las raterías que ha cometido en gran cantidad, y las muchas mentiras que ha soltado...

7. Señor, Tú conoces mis obligaciones estatales y mi juramento por todo lo que me resulta santo y caro. ¿Qué debo hacer en este caso? Con Matael y sus cuatro compañeros su posesión total era una protección segura contra mis deberes severos en calidad de juez superior del Estado; pero en este caso, no descubro nada que pudiera salvarle de mis deberes como juez...

Pues, ¡es un malvado enraizado! ¿Tendré que esforzarme en cumplir con las obligaciones severas de mi función?».

8. «A ver si me entiendes», le respondí. «Como resulta que aquí Yo soy el Señor y, en el fondo del fondo, tú me debes tu juramento únicamente a Mí, Yo también puedo dispensarte de él cómo y cuándo quiero; de modo que únicamente Yo he de decidir lo que aquí debe suceder sucesivamente para curar un alma enferma.

Además, has prestado tu juramento a dioses que nunca han existido... Y como con los padrones de tu juramento hay gato encerrado, tu juramento no tiene más fundamento que los dioses mismos. De modo que tus dioses juntos con tu juramento son una mera nulidad.

Tu juramento sólo tiene un valor en la medida en que Yo lo considere como un símbolo de fidelidad; pero cuando Yo lo declaro nulo, entonces no tiene el menor valor ante Mí — y tú, por lo menos por ahora, estás completamente dispensado de este juramento.

9. Te digo que aún no hemos terminado con el examen de este hombre, ni mucho menos. Aún vas a saber algo que te asombrará todavía más...

10. Éste es un hombre totalmente fuera de serie, al que ya debieras haber conocido un poco mejor, dado que en su sueño extático ya se dio a conocer, aunque un poco más globalmente que ahora, sobre todo en su primer estado de arrepentimiento.

Su revelación presente, tan abierta, es más detallada porque debe ser así; aun así no te debe resultar chocante ni inmoral, porque todo esto lo permito precisamente para mostraros un alma completamente enferma y, por fin, también los remedios que pueden servir para su curación.

Ya os había contado antes que sería enormemente estúpido castigar a un enfermo con férula y cárcel porque se había caído enfermo; ¡pero cuanto más desmañado y absurdo sería castigar a un hombre con golpes mortales a causa de su alma totalmente enferma.

Dime, amigo Cirenio, ¿acaso, en tu celo, ya has olvidado completamente mi Doctrina?».

11. «¡Eso sí que no! Pero ya por vieja costumbre, cuando de vez en cuando aparece un malvado enraizado, se me levanta una pequeña tormenta... Pero ya ves lo rápido que acepto una advertencia y en seguida reconozco mi antigua estupidez...

Ahora ya estoy curioso por ver cómo continúa este examen, en lo que nuestro Juan evidentemente se entiende muy bien. Consta que para eso hacen falta su sabiduría y su aguda visión interior, por supuesto guiadas por tu Espíritu.

Lo que sorprende es que Zorel en el fondo ni se entera de lo milagroso que aquí se está manifestando; por lo menos le debería llamar la atención de cómo es posible que el sabio Juan pueda contarle sus pecados mortales cometidos en todos los países, como si en todas partes hubiera sido un testigo presencial».

12. «¡Ahora presta atención, porque Juan va a continuar con el interrogatorio de Zorel!», le dije.

13. Acto seguido mandé a todas las mujeres y muchachas presentes que se retirasen a las tiendas porque las revelaciones siguientes sólo debían llegar a los oídos de hombres maduros.

Todas las mujeres hicieron caso, incluso Yara y las dos hijas resucitadas de Cirenio Yamila e Ida.

Capítulo 68. Las disculpas y explicaciones del Zorel

1. Verdad es que la curiosidad de las mujeres era considerable, pero mi Palabra era todavía más poderosa y todas desaparecieron en las tiendas de Ouran, donde tenían que quedarse y esperar hasta que volviera a llamarlas.

2. Cuando de esta manera las mujeres estuvieron apartadas, Juan continuó y preguntó a Zorel: «¿Qué pasa con el disparo del arco tendido? ¡Me parece que has disparado tus flechas al aire sin acertar nada! ¡Además, aún querías hacer frente a la Sabiduría de Dios...!

¡Ahora te digo que hables — si todavía te quedan palabras!».

3. Por fin Zorel respondió: «¿Para qué hablar? De todos modos ya sabes todo lo que he hecho desde la cuna — los Dioses saben cómo esto es posible...

Por supuesto, todavía podría hablar, ¿pero para qué justificarme?

Así como era y en parte todavía sigo siendo, así también he actuado. ¿Cómo iba a actuar diferente de lo que estoy condicionado en mi ánimo? ¿Qué culpa tienen un león y un tigre de ser animales salvajes y feroces? Es cosa de su naturaleza, con lo que en el fondo no pueden ser considerados como degenerados. Si son malos, la culpa no será sino de Aquel que los creó así.

4. ¿Por qué puede haber miles de hombres más dóciles que los corderos, y por qué no lo soy yo? ¿Acaso me he creado yo mismo y me he hecho como soy?

Si estuviese completamente corrompido, aun con todo lo que me has presentado desde tu sabiduría, todavía podría desmentirlo, porque con nosotros el razonamiento más sabio de una sola persona nunca tiene valor ante el tribunal de la justicia sino solamente cuando está perfectamente confirmado por otros testigos.

Reconozco tu sabiduría y creo ver en ti un hombre que no quiere hacerme mal sino que quiere ayudarme, y por eso declaro como verdad todo lo que has dicho de mí. Pero aunque no niegue la verdad, se supone que me esté permitido el justificarme...

5. De todos modos eres libre de presentar en voz alta todo lo que yo haya hecho en mi vida a causa de las inclinaciones de mi naturaleza; y por ello, a lo sumo, podéis condenarme a la muerte — a la que miro con intrepidez en las cuencas de sus ojos huecos. Pues, ¡no la temo!

Si de mi vida más que miserable todavía conoces algunas aventuras más, ¡suéltalas! Pues, ¡ya no siento vergüenza ante nada de este mundo!

6. Por lo demás, referente a las cinco muchachas, has exagerado un poco al inculparme que lamenté su muerte solamente por haber perdido una ganancia; además, su muerte no fue consecuencia de una violación ni mucho menos tan vil como dijiste, sino de un agravamiento leproso. Para confirmar esto, podría presentarte varios testigos fidedignos que oyeron como ya imploraba a Zeus para que me conservase estas cinco muchachas, y que a los dioses les hice un juramento de adoptarlas como hijas mías si se restablecían.

Pero cuando a pesar de toda asistencia prestada las cinco murieron en el transcurso de treinta días, estuve inconsolable e hice otro juramento: el que ya no iba a tocar a muchacha alguna ni dedicarme ya al comercio de esclavos. Esto lo he observado hasta ahora y por eso me trasladé aquí y compré mi propiedad; sólo que ahora, como ya sabéis, las llamas han devorado todo lo que tenía.

¡Ahora habla tú y dime si también esta vez he mentido!».

Capítulo 69. Zorel como matricida

1. «Pues sí», dijo Juan, «eso es lo que hiciste más tarde, ¡pero al principio tu índole fue tal como he dicho!

¡Al pretender que tus abusos de las muchachas no han sido tan viles, veo que aún ahora sigues soltando grandes mentiras! únicamente a una sola la trataste con un poco más de consideración — la última que te quedó, y eso cuando tu lascivia ya empezó a negarte su servicio.

Pero a las primeras cuatro no las consideraste en absoluto, sino que les aplicaste un trato verdaderamente bestial... ¿acaso lo puedes negar? Ves, ¡te callas y estás temblando!

A continuación las muchachas enfermaron con una lepra muy peligrosa que, por supuesto, les aceleró la muerte, pero aun así tu lascivia era verdaderamente la única culpable...

¡Pero cerremos ahora este capítulo y pasemos a otro!

2. Lo que todavía carga sobre tu conciencia, por supuesto, también ha sido ajeno a tu voluntad — pero el hecho es una realidad que acarrea su consecuencia... Por eso, ¡que el hombre nunca actúe con la cólera, porque estos actos siempre siguen a la persona como una propia sombra nefasta...

¿Te acuerdas todavía de tu madre que se llamaba Agla —una mujer muy razonable— cómo ella te amonestaba a causa de tus actos libertinos y cómo sobre todo insistió que te apartases de tus compañeros infames — y lo que le hiciste ingratamente?».

3. «¡Oh dioses!», dijo Zorel, «Verdad es que tengo todavía una vaga idea como la de un sueño; pero ya no puedo decirte detalles sobre este asunto. Por eso, ya que estás en plena peroración, ¡habla tú! Sé que nunca hice nada de malo con premeditación; pero si sucumbo a la iracundia, esto no es culpa mía, igual que no es culpa del tigre si es una bestia feroz sedienta de sangre.

Ahora, ¡habla tú!».

4. «De eso ya hablaremos más tarde», le respondió Juan. «Entonces te serviste de una marmita que se encontraba sobre un banco y la arrojaste con todas tus fuerzas a la cabeza de tu madre que se desvaneció y cayó al suelo. Pero tú, en vez de socorrerla, te llevaste las libras de oro antes mencionadas y huiste a bordo de un barco de piratas que se dirigió hacia aquí. Y desde entonces, durante unos tres años, acompañaste a los piratas en su oficio — ocasión en la que te volviste comerciante de esclavos.

Pronto después tu madre murió, por un lado a causa de un traumatismo craneal, y por otro por la pena de que tú fueras un hijo incorregible. De modo que aparte de los demás pecados también él del matricida cae sobre tu conciencia... y, para complementar la carga de tus muchos actos malvados, aún pesa sobre tu cabeza la amarga maldición de tu padre y también la de tus hermanos y hermanas...

Ahora, con esto, estás completamente al descubierto. ¿Qué dices a todo eso como frío razonador?».

5. «¿Qué voy a decir? Un hecho es un hecho y ya no tiene remedio.

Ahora reconozco muy bien lo que he faltado en mis acciones anteriores, pero ¿para qué me sirve toda esta comprensión? Es una sensación como si de un tigre pudieses hacer un hombre comprensivo que pudiera pasar revista a las atrocidades sangrientas que ha hecho, ¿pero para qué le serviría? ¡Si él pudiese deshacer lo hecho, haría todo lo humanamente posible, pero en su estado de tigre, ¿qué podía hacer para no ser un tigre sino un cordero?

Ahí el arrepentimiento de un hecho infame, aun con la mejor voluntad de volver a repararlo, es tan en balde como la intención insensata de cambiar el día pasado en el día presente. Consta que desde ahora en adelante puedo volverme un hombre mejor, completamente cambiado; pero en lo que se refiere a los tiempos en que era un hombre malvado, es imposible que con efecto retroactivo pueda hacerme mejor de lo que era. ¿Acaso debiera verter lágrimas amargas de dolor a causa de las barbaridades que he cometido? Eso sería tan ridículo como si un tigre que se ha vuelto hombre quisiera verter lágrimas amargas de arrepentimiento porque antes era un tigre».

Capítulo 70. Zorel justifica las propiedades de su carácter

1. (Zorel:) «Desde mi nacimiento tuve un temperamento colérico. En vez de moderarlo por medio de una educación dulce y razonable, y para desarrollar mi intelecto tanto como posible, me corrigieran mediante todos los castigos inimaginables.

Mis padres siempre fueron mis mayores torturadores. Si hubiesen reunido su entendimiento con una buena voluntad, habrían podido convertirme en un ángel de los judíos; pero con los miles de castigos despertaron en mí a un tigre. Entonces, ¿quién tenía la culpa de que me hubiera transformado en semejante bestia?

En primer lugar, antes de mi engendramiento y nacimiento, no pude escoger algunos padres más sabios y, en segundo lugar, después de mi nacimiento no era ni lejanamente un Platón, un Frigio o menos aún un Sócrates, con lo que tampoco yo mismo podía darme una educación más adecuada...

¿Qué debería haber sucedido para que me hubiera hecho un hombre mejor y no un tigre?

2. Te considero como demasiado sabio para no poder darme una respuesta razonable a esta pregunta.

Entre vosotros, los judíos, siempre se encuentra esporádicamente algunos hombres poseídos de espíritus malos — como hace algunas semanas vi uno con los gerasenos que después de todo era uno de los mejores. Dicen que uno de ellos debió de ser poseído hasta por vuestro diablo de los judíos, el que hacía sus faenas durante las noches más oscuras.

Pero valía la pena ver al otro espíritu de la posesión, el que hacía de las suyas durante el día, pues, incluso multitudes de hombres no podían con él. Hacía vilezas que a todos les causaban escalofríos...

Si hubiera manera de curar a este poseso de su mal, dime, si podría haber un juez mundano tan suficientemente estúpido como para que al hombre curado le llame la atención de todas las barbaridades hechas durante esta posesión y le instara a que se arrepintiera de ellas, envuelto en lágrimas, y que mejorara.

¿Acaso era culpable el hombre que durante su posesión cometía tales atrocidades?

3. Sabio amigo, ¡imagínate una roca muy pesada que cae de una gran altura y mata a veinte hombres que por casualidad se encuentran allí! ¿Por qué debía ocurrir eso? ¿Quién se hace responsable de esta calamidad?

Me imagino que en este momento llegara un mago poderoso que, a la manera de Deucalión y Pirra, transformara el peñasco en un hombre dotado de toda la comprensión e inteligencia... y que, cuando este “nuevo hombre” se encontrara allí en buena salud, el azar querría que pasara un juez sabio... que este dijera a este hombre recién creado: “¡Mira hacia allí, malvado! ¡Todo eso es obra tuya, más que condenable...! ¿Por qué, cuando todavía eras roca, caíste con tanto ímpetu sobre estos veinte hombres? ¡Justifícate, porque de lo contrario tendrás que contar con un castigo severo y terrible por este acto irresponsable!”. Entonces, ¿qué diría el hombre recién creado al juez insensato?: “No es culpa mía si yo como peñasco irracional, a una gran altura por una fuerza ajena fui separado de mis semejantes... y si era tan horriblemente pesado... además, yo no llamé a estos hombres para que vinieran y esperasen aquí hasta que me precipitara sobre ellos, aplastándolos a todos”.

4. Supongo que ahora reconoces que la acusación de este hombre recién creado por parte de tal juez presumido es más que insensata; e igual, a la vez, reconoces ahora que yo —un bloque en bruto transformado en un hombre nuevo— soy tan poco responsable de mis acciones malas como el hombre recién creado de la roca antes mencionada. Si tú no quieres ser un juez insensato, ¡entonces júzgame según los criterios de la pura razón y no actúes a tu capricho! ¡Sé un ser humano, como también yo ahora lo soy!».

Capítulo 71. Cirenio se sorprende de la perspicacia de Zorel

1. Juan empezó a reflexionar más profundamente sobre estas palabras de Zorel pues no le parecía que carecieran de fundamento. Por eso, en su corazón, se dirigió silenciosamente a Mí, preguntándome qué debía hacer con este hombre que evidentemente empezaba a llevarle ventaja.

2. «¡Dale un poco de tiempo», le respondí, «Voy a ponerte en el corazón y en la lengua lo que debes decirle!». Y Juan me lo agradeció, haciéndome caso.

3. Cirenio que con gran atención había seguido la justificación de Zorel, me dijo: «Señor, tengo que confesar que este hombre es un ser verdaderamente sorprendente; pues, me parece que acaba de poner al discípulo Juan en un aprieto, a pesar de lo sabio que es... En pocas palabras, yo también estaría al fin de mi sabiduría y tendría que declararle inocente...

4. ¡No puedo imaginarme en absoluto cómo este sinvergüenza de categoría puede haber adquirido semejante perspicacia!

Se comprende que hombres como el superior Estahar y también Zinka —antes de haberte conocido a Ti— hayan podido hablar con perspicacia a su propio favor, porque todos estos hombres son eruditos y profundamente experimentados en muchas cosas... pero consta que este hombre desde siempre fue un caradura de primera, ¡y a pesar de eso manifiesta una perspicacia e inteligencia inesperada!

¡Nunca en mi vida he experimentado algo parecido! Dime, Señor, ¿cómo le sobrevino a este hombre su agudeza?».

5. «Pues nunca fue tan hueco», le respondí, «porque en Roma, desde siempre, los griegos son los mejores abogados. Conocen el rigor inflexible de las leyes romanas y por eso las estudian a fondo, para que en cuanto un juez les pida cuentas a causa de algún delito, siempre puedan estar preparados para defenderse de la manera más eficaz; y como hombres que se proponen a embaucar al Estado lo más posible, ya están colmados de conocimientos de los derechos del estado y de la humanidad — incluso de las escrituras de los más diversos filósofos mundanos. Y este Zorel es uno de ellos...

6. Antes del sueño extático tampoco habría hablado con semejante perspicacia; pero tras su sueño todavía le ha quedado cierto vestigio de su espíritu en su alma — razón por la cual esta ahora se ha vuelto tan aguda de criticar.

Seguro que esta lucidez mental pronto volvería a perderse si él volviera a integrarse en su antiguo ámbito de vida; pero al continuar con este interrogatorio, él se volverá más y más perspicaz — lo que Yo le permito expresamente a causa de mis discípulos, para que en esta ocasión se enteren de la agudeza de la inteligencia humana mundana, lo que es muy saludable para ellos.

A estos, a pesar de ser hombres muy humildes y de tener corazones comprensivos, de vez en cuando les surgen pensamientos un poco presumidos, enfrente de los cuales un hombre como este presenta una excelente “piedra de escándalo”.

7. Juan, en su corazón, ya me ha confesado la insuficiencia de su sabiduría, y los demás discípulos ahora están pensando con todas fuerzas qué puede significar todo esto; pero Yo hago que todavía tengan que reflexionar algo más para que, íntimamente, se hallen mejor a sí mismos.

En cuanto hayan penetrado un poco más profundamente en su interior, ya volveré a ayudarles para que puedan continuar. ¡Zorel aún les mandará muchos mosquitos, con lo que se van a rascar mucho la oreja!

Pero después ya podrán dar algún paso adelante.

Ahora le voy a soltar la lengua a Juan para que pueda continuar con el interrogatorio, ¡presta atención!».

Capítulo 72. Juan exhorta a Zorel a que mejore su modo de vida

1. Después de un rato Juan dijo a Zorel: «No puedo negar que ahora con tu inteligencia hayas tocado algunas cosas que tienen cierto fundamento; pero aplicadas a tu propia vida no encajan en absoluto, porque íntimamente tu alma está tan desarrollada que siempre sabrá distinguir perfectamente lo falso de lo verdadero. Y cualquier alma que es capaz de hacer esto con tanta sagacidad como la tuya, también distingue lo bueno de lo malo... y dado que la tuya lo sabe, peca contra su propio conocimiento y contra su conciencia.

Ahora: a aquel que peca contra su conocimiento y su conciencia, a él sólo su verdadero arrepentimiento y una verdadera penitencia pueden purificarle de la antigua inmundicia de sus pecados; de modo que únicamente así puede volverse agradable a Dios.

2. ¡Tú quieres volverte un hombre mejor y también lo serás! Al quererlo, ante todo debes reconocer que tú mismo eras culpable de todas tus malas acciones. Siendo así, es cosa tuya que también reconozcas que no es justo echar la culpa a otro...

De modo que debes reconocer la culpa como muy propia tuya, y debes sentir un verdadero arrepentimiento por haber reconocido lo verdadero y bueno en todos los sentidos, y aun así, en tus acciones, haberte decidido por lo contrario.

3. Bueno... si en tu interior no hubieras tenido ni la más remota idea de lo puramente verdadero —con lo que tampoco de lo bueno— sino que si te hubieras movido en el contorno de una superstición obscura como característica de la esfera de tu vida, entonces no se te podría achacar la culpa de tus acciones, por muy graves que estas fuesen calificadas ante el tribunal de la pura razón; y estarías tan libre de pecados como tu tigre y tu roca que se habían transformado en hombre racionales. Y nadie ya tendría el derecho de decirte: “¡Mejórate, arrepiéntete de tus hechos atroces y haz una verdadera penitencia para que te vuelvas un hombre del agrado de Dios!”.

4. Después habría que introducirte en toda la Verdad, mostrarte el camino justo y conducirte durante cierto tiempo en él.

Pero si alguien ya perfectamente iniciado en esta Verdad volviera a arrojarse a lo falso y continuara actuando malvadamente como antes, por supuesto, él pecaría porque en estas circunstancias obraría en contra de su propia convicción y atormentaría su conciencia.

Por eso tus imágenes alegadas no valen sino para hombres que parecidos a los animales nunca han reconocido la Verdad. Pero tú no eres profano en el tema de la pura Verdad, porque la reconoces casi tan perfectamente como yo — y eso desde hace mucho tiempo.

Cada vez que emprendiste una acción mala contraria a tu convicción y tu conciencia, también sentiste arrepentimiento, pero hasta ahora nunca llegaste a una verdadera penitencia ni tampoco a una mejora.

5. Por este motivo, Dios, el Señor, ha hecho que caigas en una gran miseria. Ahora ya no tienes nada; incluso tu antiguo compañero en el comercio de esclavos te ha abandonado y ahora ya se encuentra en Europa, donde disfruta de sus ganancias considerables, mientras que tú estás aquí y, prácticamente desnudo, buscas socorro. Desde luego tendrás ayuda, pero antes tendrás que mostrarte digno de ella demostrando que, absolutamente voluntario, empiezas a integrar lo verdadero y lo bueno en tu vida activa. Entonces tendrás verdadera ayuda — en este mundo y en la eternidad.

6. Pero si insistes en actuar de una manera a la que tú reconoces como falsa o mala como yo, entonces durante toda tu vida terrenal continuarás en la miseria... Y cómo lo pasarás en el Más Allá, donde después de haberte despojado de tus restos mortales te espera la verdadera Vida, sobre esto ya te informará tu propio sentido común, si tan sólo consideras que esta vida temporal constituye la semilla y que la Vida eterna en el Más Allá constituye el fruto...

7. Si en el suelo del jardín de tu vida plantas una semilla noble y buena, entonces también cosecharás frutos nobles, pero si pones semillas de cardos y de plantas espinosas en él, ya vendrá el día en que cosecharás lo que has sembrado. Bien sabrás que en cardos no crecen higos y que los arbustos espinosos no dan uvas.

8. Como ves, ahora no te he juzgado sino solamente te he mostrado lo que debes hacer en adelante; mis palabras no han sido severas ni duras contra ti, sino que te he hablado en tono suave y amable...

Ahora, ¡toma mis palabras a pecho, y como amigo tuyo te garantizo que nunca te arrepentirás de ello!».

Capítulo 73. La voluntad del reconocimiento y la voluntad del placer en el hombre

1. «¡Ah, si se me habla en este tono, entonces también yo me vuelvo tratable», dijo Zorel. «Pues, lo que dijiste sonaba muy humano, con lo que procuraré hacerte caso en todo lo que me digas como hombre — y no como juez...

¡Querido amigo! Ya me reconozco perfectamente: parece que el núcleo íntimo de mi vida no es tan malo, pero mi exterior, sí, es malo del todo...

Si fuese posible quitarse completamente esta carne de encima —junto con algunos atributos malos del alma— y revestir al núcleo interior con una carne mejor, ¡entonces yo sería un hombre excepcional!

Cierto es que ya no soy el mismo malvado tan peligroso como antes, ¡pero de ninguna manera se puede uno fiar de mi carne! Lo que llama la atención es que en todas mis acciones por malas que sean, mi voluntad nunca participaba. Siempre fue así como si por casualidad hubiese caído en ellas... y de lo que en realidad yo quería, siempre sucedió lo contrario... ¿Cómo se puede entender esto?».

2. «Mira, el hombre tiene una doble voluntad», le respondió Juan. «Una de estas dos voluntades está ligada con el reconocimiento de la Verdad mediante una rienda muy delicada. La otra voluntad es aquella que está ligada con el mundo sensual y sus exigencias deliciosas, mediante una rienda que, tras toda clase de costumbres y vicios, ya se ha vuelto muy poderosa.

Cuando el mundo te presenta un bocado sabroso junto con la posibilidad de conseguirlo con gran facilidad, entonces la rienda poderosa empieza a tirar violentamente en el ovillo de la voluntad de tu corazón; y aunque al mismo tiempo también se mueva la rienda menos fuerte del reconocimiento de la Verdad, esto sirve de poco o nada, porque desde siempre el fuerte ha vencido al débil.

3. Para ser efectiva, la buena voluntad debe manifestarse de manera firme y resuelta, decidida a no temer absolutamente nada. Con la indiferencia más estoica debe reírse de todas las ventajas mundanas e, incluso arriesgando la pérdida de la vida física, tiene que seguir el camino luminoso de la Verdad. Entonces la voluntad del reconocimiento, en otras circunstancias muy débil, se vuelve poderosa y toda voluntad mundana de sentimientos y de deleites le está sometida.

Finalmente, también ésta entra del todo en la Luz de la voluntad del reconocimiento, con lo que el hombre, por fin, se unifica en su interior — condición imprescindible para la perfección íntima del ser humano inmortal.

4. Si entre tus pensamientos y tu interior no consigues establecer unanimidad, ¿cómo podrás decir: “¡He reconocido la Verdad en toda su abundancia y profundidad!”, teniendo en cuenta que en tu propio interior todavía estás en desacuerdo...? Al pronunciar algo así, ¿acaso no serías tú mismo para ti una mera mentira?

La mentira ante la verdad es como la noche ante el día. Tal noche no conoce luz alguna, y tal hombre que en sí es mentira no puede reconocer ninguna Verdad luminosa — motivo por el que en los hombres mundanos desgastados la rienda de la voluntad del reconocimiento se ha vuelto tan floja que al menor tirón por parte de la voluntad mundana de sentimientos y deleites es vencida.

5. En el caso muy frecuente que la voluntad mundana de sentimientos y deleites haya aplastado del todo la voluntad del reconocimiento, y de esta manera también se haya establecido cierta unanimidad en el interior oscuro del hombre, entonces, en el espíritu, el hombre ya ha muerto; pues, su interior es un condenado y nunca ya podrá llegar a la Luz, a no ser tras su materia gruesa inflamada a causa de la presión de sus avideces ardientes.

Pero la “materia” del alma es mucho más obstinada que la del cuerpo físico, con lo que hace falta un fuego muy poderoso para consumirla y aniquilarla toda.

6. Como un alma no aceptará tal purificación extremadamente dolorosa, sino que por avidez de placeres y mero despotismo procurará escapar de la captura, un hombre que en este mundo dentro de la noche de su vida en su más íntimo se ha vuelto uno solo, ya podrá ser considerado como perdido para siempre...

7. Sólo aquel que por medio de su enérgica voluntad lúcida del reconocimiento ha vencido completamente la voluntad mundana de deleites, y que de esta manera, en su interior, en la Luz y en toda Verdad se ha vuelto uno solo, todo él se ha vuelto Luz y Verdad, por lo que también Vida...

Pero para esto, como antes he mencionado, se necesita una abnegación verdaderamente estoica — no aquella orgullosa de vuestro Diógenes que se tenía por más que un rey Alejandro repleto de oro, sino de una abnegación humilde como la de un Enoc o de un Abraham, Isaac y Jacob.

Si eres capaz de esto, entonces tendrás ayuda en este mundo como también en el Más Allá. De lo contrario, para ti todo se habrá acabado, y no habrá manera de ayudarte. Pero estoy convencido de que serás capaz de realizarlo, porque no te faltan ni comprensión ni inteligencia. ¿Qué dice ahora tu comprensión interior?».

Capítulo 74. El Ser de Dios y su Encarnación

1. Zorel le respondió: «Mi comprensión interior me dice: “¡Zorel puede todo — si es el verdadero Zorel el que lo quiere”... Y éste lo quiere ahora, con lo que sin duda alguna también tendrá ayuda...

Si por lo menos pudiera quedarme algunas semanas contigo, entonces progresaría más rápida y fácilmente».

2. «Una vez que tu voluntad haya tomado la decisión de que debes volverte un hombre mejor, entonces ya te quedarás en la cercanía de la grande y viva Luz de Dios —entre hombres espiritualmente fuertes como nosotros mismos».

3. «En realidad, ¿Quién y qué es vuestro Dios, al que vosotros, los judíos, le llamáis el Dios de Abraham de Isaac y de Jacob?».

4. «Una vez que dentro de ti en tu Luz te hayas vuelto uno, encontrarás esta pregunta claramente respondida — tal como nosotros la hemos encontrado», le respondió Juan. «Caso que tratásemos de explicártelo más detalladamente, no nos comprenderías ni en toda tu vida. Pero de antemano puedes saber, qué concepto un hombre verdadero debe hacerse de Dios: ¡escucha, pues!

5. En Sí mismo, el único verdadero Dios uno es Espíritu eterno y más puro, con un grado altísimo de conciencia de Sí mismo, con una Sabiduría más profunda y llena de Luz, y con una Voluntad más firme a la que nada resulta imposible.

6. Dios es el Verbo en Sí, y el Verbo mismo es Dios. Ahora este Verbo eterno se encarnó y vino al mundo a los Suyos, pero estos no reconocen la Luz que de esta manera vino al mundo.

Por esta razón esta Luz será quitada a los hijos y será dada a los paganos, porque los paganos buscan ahora la Verdad, pero los hijos de la Luz la rehuyen como los grandes reos la justicia. Por eso se la quita a los hijos y se la da a los paganos, tal que actualmente es el caso.

7. Pues, en Jerusalén habitan los hijos de los patriarcas —linaje que se origina en la Luz— pero ellos proscriben la Verdad de Dios y se adhieren más y más a la noche, a la mentira y a las obras malvadas.

Los paganos, sin embargo, recurren el mundo y buscan la Verdad. Al encontrarla tienen una gran alegría y, en el corazón y mediante hechos, honran sobremanera al Dador de Luz.

8. Si miras alrededor de ti verás una gran multitud de gente que en la mayoría es pagana. Todos estos paganos han buscado la Luz de los Cielos, y como la han encontrado son muy felices. Pero Jerusalén, la ciudad del Señor, no hace sino enviar esbirros y alguaciles para que aplasten la Luz.

Sin embargo, los que fueron enviados eran más prudentes y listos que aquellos que los enviaron, porque salieron de su gran oscuridad, entraron en la Luz y tuvieron una gran alegría en ella, de modo que se quedaron en la misma.

Verdad es que capturaron la Luz, pero no para llevarla a las cárceles de Jerusalén, sino para sí mismos para sus corazones, y ahora son nuestros hermanos en la Luz de Dios, se alegran de la misma y de Aquel del que emana la gran Luz.

9. Viniste aquí como pagano, aunque no para encontrar una Luz que ilumine la noche de tu vida, sino para recibir oro y plata. No obstante, aquel que sale del calabozo y entra en la Luz del Sol difícilmente podrá evitar que este le ilumine. Y eso es lo que ahora te pasa a ti.

Aunque no hayas buscado la Luz ella te ilumina, dado que has entrado en la Luz del Sol — es decir, no en la luz del Sol natural que ahora mismo está tocando el horizonte, sino en la Luz del Sol espiritual... un Sol que con toda Sabiduría ilumina la infinitud para que todos los seres racionales a base de su Luz puedan pensar y querer —en esta Tierra como también en un sinnúmero de otros mundos con los que Dios ha llenado el espacio infinito.

10. Por eso, permite que esta Luz te penetre... Veo que ya empiezas a sentir que ella poco a poco está penetrando en tu cuerpo; y una pequeña centella de esta Luz te hará más feliz que si pudieras apoderarte de todos los tesoros de la Tierra. Ahora busca tú mismo el Reino real de la Verdad y todo lo demás te llegará por añadidura, con lo que nada te faltará».

Capítulo 75. Cirenio cuida de Zorel

1. «Amigo, ¡tienes razón!», le respondió Zorel. «¡Todo de lo que el hombre disfruta en la oscuridad no prospera!

Yo mismo ya soy consciente de que vivo en una noche espiritual muy densa porque a pesar del tono misterioso de tus palabras, estas ya me han iluminado considerablemente, ¡y por eso me dan una gran alegría!

Pero si tu palabra también tiene algo de influencia sobre Cirenio, ¡ten la bondad de rogarle que me dé por lo menos una capa que sea un poco mejor de lo que llevo! Porque metido en estos harapos me siento fatal en vuestra compañía... Seguro que Cirenio tendrá alguna vieja capa usada por su servidumbre».

2. Cirenio llamó uno de sus servidores y le dijo: «¡Ve a nuestro equipaje y tráeme una buena túnica, una toga y una capa!».

3. El servidor se fue y trajo lo pedido.

4. Acto seguido Cirenio llamó a Zorel y le dijo: «¡Toma estos vestidos, retírate detrás de la casa y cámbiate!».

5. Con gran gratitud, Zorel tomó los vestidos y, detrás de la casa de Marco, se cambió y de esta manera obtuvo un aspecto impresionante.

6. Poco después Zorel volvió a Cirenio. «¡Noble señor!», le dijo. «¡No ya nuestros dioses vanos sino que el único verdadero y eterno Dios vivo te lo pague! Ahora has vestido a un hombre pobre y desnudo, lo que es una obra noble que en realidad no merezco.

Pero si existe un verdadero Dios todopoderoso sumamente sabio cuyos hijos somos, o por lo menos sus obras... un Dios que nos colma con buenas obras que no merecemos, y a las que no podemos sino agradecérselo, ¡y nada más!... Así también yo me encuentro delante de ti, noble señor y soberano, no pudiendo sino agradecértelo desde el fondo de mi corazón, pues, más no puedo...

Pero si me aceptas como el último de tus servidores, con gusto te dejaré mi campo».

7. «El campo no te pertenece a ti, sino a aquel con cuyo dinero lo has comprado», le respondió Cirenio. «Por eso lo vamos a vender y el producto lo entregaremos a su propietario o a sus hijos, y sólo entonces podrás ser mi servidor».

8. «Noble señor y soberano, lo que tú quieras, ¡hazlo! Todo lo que viene de ti, para mí resulta una gracia — pero no me abandones y obséquiame aceptando mi servicio...

Así como me he quitado mis viejos harapos para siempre, así también me desharé del hombre viejo y malo que he sido hasta ahora, y haré de mí otro hombre completamente cambiado, ¡puedes creérmelo! Tan malo como fui, tan bueno quiero volverme para expiar —en el tiempo que me quede en esta Tierra— tanto como sea posible todo el mal que he hecho.

9. Si hubiera tenido la suerte de encontrarme alguna vez con un hombre que hubiera podido darme una Luz tan clara como me la dio vuestro Juan, entonces nunca me habría abandonado tan profundamente a todos estos vicios... pues, por eso siempre tenía que servirme de mí mismo como hombre más inteligente.

¡Sólo puedo rogarte que desde ahora seas clemente y misericordioso conmigo, y en adelante ya no te daré motivos para que estés descontento conmigo!

Sé muy bien escribir y calcular, entiendo diversos artes, y soy versado en la historia de los pueblos hasta la actualidad. Me he familiarizado con el Herodoto, y las crónicas de los judíos, de los persas y de los antiguos babilonios tampoco me son desconocidas; con lo que supongo que de una manera u otra te podré ser útil».

10. «¡De esto ya hablaremos más tarde!», le respondió Cirenio. «¡Ahora vuelve a tu amigo Juan para que te muestre el camino justo. Una vez que le hayas encontrado, ya se encontrará todo lo demás».

Capítulo 76. El secreto de la vida espiritual interior

1. A estas palabras de Cirenio Zorel se inclinó profundamente ante todos nosotros y sin perder tiempo se dirigió de nuevo a Juan que volvió a recibirle con toda amabilidad. Y enseguida le preguntó, cómo le había ido.

2. «Me ha ido estupendamente bien, como ya puedes deducir al ver mis vestidos; porque cuando se posee una buena camisa, una toga y una capa griega en azul marino echadas sobre los hombros, entonces es evidente que por lo menos mundanamente uno se encuentra muy bien.

Pero referente a mi bienestar espiritual, por supuesto, todavía hay gato encerrado...

¡Quiera Dios que también en el espíritu empiece a vestirme de nuevo — como ahora mi cuerpo está vestido! Seguro que entonces me sentiré aún mucho mejor, sólo que temo que esto costará todavía mucho tiempo...

3. ¡Permíteme todavía una pregunta! Vosotros sois hombres como yo, y tenéis carne y sangre y los mismos sentidos como cualquier hombre; sin embargo, me has dado pruebas de una lucidez intelectual que supera extremamente todo lo que he experimentado hasta ahora.

Por eso te pregunto: ¿cómo has alcanzado esta lucidez intelectual? ¿Quién os ha enseñado, a ti y a tus compañeros? ¿Cómo habéis encontrado este camino?».

4. «Aunque te lo explicase, de poco te serviría», le respondió Juan. «Pero si haces lo que voy a decirte, encontrarás la Doctrina en ti mismo; y tu espíritu despertado y fortificado por el Espíritu divino te llevará hacia toda Sabiduría y toda Verdad.

Si quieres aprender cualquier arte, tienes que dirigirte a un artista para que te muestre las ardides; luego siguen las prácticas diligentes hasta que te hayas perfeccionado en ellas de tal manera que se parecen perfectamente a las del maestro — y ya eres un artista como él.

5. Si quieres aprender a pensar debes dirigirte a un filósofo que te llamará la atención sobre las causas y los efectos, con lo que empezarás a pensar y a concluir.

Por ejemplo, vas a decir: “Como el agua es un cuerpo líquido, fácilmente puede entrar en movimiento, y a causa de su peso debe fluir cuesta abajo, porque según toda experiencia a causa de la fuerza de atracción propia de la Tierra todo lo pesado desde siempre se ha dirigido hacia abajo — y tiene que dirigirse continuamente allí, por ser así la Voluntad inalterable del Creador, la que para toda la naturaleza es una ley impuesta.

6. Una vez que al llegar al mar el agua ha encontrado el cauce más bajo posible, ya deja de fluir, con lo que entra en calma — pero en sí siempre seguirá siendo un cuerpo líquido. Y cuando una tempestad pasa por su superficie espaciosa normalmente tranquila, la agitará — lo que manifiesta el afán del cuerpo líquido a entrar en calma.

Pero como no hay otra cosa que tenga semejante afán de quedarse en calma como el agua, por la misma razón su equilibrio puede ser disturbado más fácilmente que él de cualquier otro cuerpo elemental.

7. De ello, por fin, se deduce que cuanto más líquido es un cuerpo, tanto más anhela la calma; y cuanto más manifieste este anhelo en su naturaleza física, tanto más fácilmente se le puede poner en movimiento. Y, cuanto más fácilmente se puede poner un cuerpo elemental en movimiento, tanto más líquido debe ser”.

De este ejemplo ves cómo se empieza a aprender a pensar en una escuela de filósofos y cómo se deduce de la causa el efecto, y viceversa.

8. Ya ves que esta forma de pensar se mueve en un círculo sin fin ni salida...

Por eso, en lo que se refiere al ser, a la voluntad y al pensar en el ámbito interior espiritual del hombre, esta forma de pensar sirve de poco o nada.

Si en cualquier arte puedes perfeccionarte solamente con la ayuda de un artista, y si para perfeccionar el pensar racional y ordenado precisas de la ayuda de un filósofo, entonces el pensar íntimo y espiritual sólo podrás aprenderlo con la ayuda del espíritu, a saber, en tu propio interior por parte del Espíritu de Dios que te penetra. Esto dice que únicamente el espíritu puede despertar al espíritu, porque un espíritu ve y reconoce al otro como un ojo ve y reconoce el otro, y ve que se trata de un ojo y cómo está condicionado.

9. El espíritu es la visión más íntima del alma — visión cuya Luz penetra todo por ser una Luz más íntima y por eso sumamente pura.

Ahí ves que para aprender los diversos sujetos siempre se depende de profesores adecuados, de lo contrario siempre se quedará un chapucero; pero después de haber hallado al profesor más adecuado importa mucho que se practique con diligencia todo lo que le haya enseñado y aconsejado.

10. En cuanto tu espíritu se despierte en ti, percibirás su voz como pensamientos claros en tu corazón. A estos tienes que escucharles atentamente y, conforme a ellos, tienes que arreglar toda la esfera de tu vida. Así proporcionarás a tu propio espíritu un campo de acción cada vez más amplio. De esta manera el espíritu en ti crecerá hasta alcanzar el tamaño de un hombre, y penetrará en toda tu alma y con ella en todo tu ser material.

11. Una vez que perfeccionándote hayas alcanzado este nivel, entonces serás capaz de ver y reconocer no solamente lo que todos los hombres comunes pueden ver y percibir con sus sentidos, sino también aquellas cosas que son inescrutables para el hombre ordinario — lo que tú mismo has descubierto en mí, porque sin haberte visto ni conocido antes, he podido desvelar todos tus secretos y todo lo que tú has hecho aquí en la Tierra.

12. Ahora acabo de darte una idea de las circunstancias de la que puedes deducir y reconocer a qué hay que atenerse con las cosas relacionadas con el espíritu.

Pero todo esto te sirve de poca cosa o nada... Lo que ahora importa es que debes saber lo que tienes que hacer para despertar a tu espíritu. Sólo lo de revelártelo no me incumbe a mí, sino a otro hombre que también se encuentra entre nosotros y cuyo Ser está profundamente penetrado del Espíritu divino.

Este hombre es El que te va a mostrar el camino hacia la Verdad y, Él mismo siendo el Espíritu de todo espíritu, tras tu carne llamará al tuyo: “En el nombre de Aquel que era, es y será eternamente, ¡despierta en el amor a Dios, y tras este también en el amor a tus hermanos!”.

Y ahora, ¡dime lo que opinas de todo lo que acabo de decirte!».

Capítulo 77. Zorel se decide a mejorar

1. «Tu enseñanza me parece extraordinariamente intelectual, verdadera y buena, y consta que todo debe ser así; de lo contrario no habrías podido desvelar mis actos más escondidos como recitándolos de un libro», le respondió Zorel. «Todo esto prueba que un hombre puede llegar a una perfección casi inimaginable...

Yo, por mi parte, ante todo, me conformo ya con esta convicción ahora adquirida.

No aspiro a llegar a una perfección como la que he descubierto en ti para que en otra ocasión parecida pueda recitar a un pobre pecador sus pecados, sino la aspiro a causa de la perfección humana misma que quisiera alcanzar... para proporcionarme para toda la vida una consolación elemental que me permitiría alegrarme íntimamente de mí mismo...

Nunca querría ser un profesor ni tampoco un juez por clemente que fuera; sólo quisiera servir como hombre perfecto, para que en adelante nadie ya tenga que sufrir daño alguno a causa de mi estupidez.

2. Este es el único motivo por el que quisiera llegar a tu perfección.

Fuera lo que fuere, incluso si una exigencia implicase sacrificar mi vida corporal, yo cumpliría con ella; porque si quiero algo, no hay sacrificio que me resulte demasiado grande. Pues, ¿qué valor puede tener una vida si esta está compuesta de nada más que de imperfecciones? A base de lo imperfecto no se puede hacer nada de perfecto... ¡Pero yo ya no tengo el menor antojo de algo imperfecto!

3. Pero acabas de decirme que me dirija a otro hombre que está lleno del Espíritu de Dios, y que va a enseñarme lo que debo hacer... Como tú le conoces, ¡indícame quién es para que me dirija a él y le pida que despierte mi espíritu!».

4. «Es Aquel que te dijo que te dirigieras a mí. ¡Ve a Él y Él te despertará!».

5. «Después de haberme despertado de mi sueño, un presentimiento interior me dijo que este antes mencionado hijo de carpintero de Nazaret debe ser más que un hombre ordinario.

¡Por fin se manifiesta como verdad lo que hasta ahora sólo he presentido vagamente! Además, es tan extraordinariamente sorprendente que precisamente aquel hombre me pareciera tan conocido. ¿Cómo llegó él a tal perfección? ¿Puedes decirme algo sobre esto?».

6. «A ti se te puede perdonar esta pregunta... Pues, es como si preguntaras cómo y de qué manera Dios ha adquirido su infinita Sabiduría y Omnipotencia...

Dios mismo eligió a este Hombre para tomar en Él su morada corporal. Esta es la gran Bendición que tras este Elegido ha sido concedida a todos los pueblos y todas las naciones. Lo humano que ves de Él representa al Hijo de Dios, pero en Él reside la plenitud del Espíritu de Dios...

7. Siendo así, no se puede preguntar cómo ha adquirido tal perfección infinita... Lo que Él es y lo que será eternamente, Él ya lo era en el seno materno. En su encarnación pasó por todo el proceso puramente humano — con excepción de aquel del pecado... pero todo esto no contribuyó a su Perfección espiritual, porque ya era perfecto desde toda la eternidad.

Todo esto lo hizo para que en Él todos los hombres tengan un modelo para seguirle — para seguir a Aquel que es el Origen y Maestro primario de toda Vida y de todo lo que existe.

8. Con lo que ahora también sabes de Quién se trata. Por eso ve a Él, para que muestre el camino al espíritu que vive en ti y que es tu amor puro para con Dios y tu amor para con Aquel que ahora vive entre nosotros como verdadero Salvador de todos los hombres que han vivido en esta Tierra, de los que ahora viven y de los que en el futuro vivirán en ella.

9. Cuando te dirijas a Él, ¡obsérvale con el amor de tu corazón y no con tu intelecto! Porque sólo mediante el amor podrás ganar y percibirle en su Divinidad, pero nunca mediante el intelecto. Sólo el amor puro es capaz de potenciarse eternamente, mientras que en el intelecto existen unos límites que nunca podrás sobrepasar.

Pero, como ya dije, el amor del hombre para con Dios es capaz de potenciarse eternamente; y cuanto más poderoso se vuelva tu amor para con Él, tanta más Luz habrá en el interior de todo tu ser. Porque el amor puro para con Dios es un fuego vivo y una Luz clarísima. El que anda en esta Luz, en toda la eternidad nunca ya verá la muerte — así Él mismo nos lo dijo.

Ahora ya sabes mucho. Por eso, ¡despierta tu corazón y ve hacia Él!».

10. Por profundo respeto, Zorel casi no sabía qué pensar y hacer, porque con esta última enseñanza le quedaba fuera de duda que en Mí moraba toda la plenitud de la Divinidad.

Debido a su gran respeto estaba cada vez más y más desalentado y pusilánime, con lo que tras un rato de profunda admiración le dijo a Juan: «Amigo, cuanto más reflexiono sobre tus palabras, tanto más difícil me resulta el dirigirme a Él y, como el hombre más indigno de su Gracia, pedirle que Él mismo me muestre el camino luminoso de la Vida.

Confieso que ahora casi ya no me atrevo a dirigirme a Él porque irradia una Santidad que me embarga y que no deja de decirme: “¡Atrás, hombre más indigno! ¡Haz penitencia durante un año y después ven a ver si puedes tocar el borde de mi manto!”.

Dime, ¿por qué me sobreviene ahora semejante angustia que invade todo mi ser?».

11. «Así tiene que ocurrir, porque al verdadero amor para con Dios siempre debe preceder la humildad del corazón; de lo contrario nunca se manifestará el amor verdadero y vivo», le respondió Juan. «Persevera todavía un poco en esta contrición de tu corazón ante Él; pero en cuanto te llame ya no vaciles, ¡sino acude a toda prisa!».

12. Con estas palabras Zorel se tranquilizó un poco, pero aún tuvo presente lo feliz que habría sido si hubiera podido dirigirse al Santísimo sin nunca haber cometido pecado alguno.

Capítulo 78. El camino para obtener la Vida eterna

1. Pero para su gran sorpresa Yo le dije al Zorel: «El que reconoce sus flaquezas con arrepentimiento eficaz y hace penitencia con la verdadera humildad viva de su corazón, a él le aprecio más que a noventa y nueve justos que nunca han necesitado hacer penitencia.

Por eso, ven a Mí, amigo penitente, porque ahora obra en ti un sentimiento justo de humildad que prefiero a aquel de los justos que desde tiempos primordiales clamaban en su interior: “¡Hosanna a Dios en las Alturas, al que nunca hemos profanado su nombre tan sumamente santo conscientemente mediante el menor pecado!”.

Esto es lo que exclaman — lo que también es su derecho, pero a causa de ello miran al pecador con ojos de juez y le rehuyen como la peste.

2. Se parecen a los médicos que rebosan de una salud perfecta, pero que tienen miedo de presentarse ante un enfermo que precisa de su ayuda, por temor a que ellos mismos pudieran caer enfermos.

¿Acaso no tiene más mérito un médico que nunca tiene miedo de enfermedad alguna sino que acude a toda prisa cuando cualquier enfermo le llama, aunque alguna vez se contagiase — si sin preocuparse de esto ayuda a los enfermos y también a sí mismo?

3. Por eso, ¡ven a Mí y te indicaré lo que mi discípulo no pudo mostrarte, es decir, el único verdadero camino de la Vida y del Amor, y de la verdadera Sabiduría!».

4. A estas palabras Zorel recobró el ánimo y con algunos pasos lentos se acercó del todo.

5. Y Yo le dije: «Amigo, el camino que conduce a la Vida del Espíritu es espinoso y estrecho. Esto quiere decir que todo lo enojoso, amargo y desagradable que pueda pasarte por parte de los hombres lo has de combatir con paciencia y benevolencia; y a aquel que te haga el mal no se lo devuelvas sino todo lo contrario — y acumularás ascuas ardientes sobre su cabeza.

Y al que te pegue no se lo pagues con la misma moneda... vale más que soportes todavía otro golpe de él para que finalmente haya paz y concordia, porque únicamente en la paz prospera el corazón y se desarrolla el espíritu en el alma.

6. Si alguien te pide que le hagas un servicio o que le des una dádiva, no se lo niegues, suponiendo que el servicio pedido de ti no infringe los Mandamientos de Dios ni las leyes mundanas — lo que supuestamente en seguida sabrás a juzgar.

7. Si alguien te pide la túnica, déjale también la capa, para que reconozca que eres un discípulo de la escuela de Dios. Si lo reconoce, te devolverá la capa; y si se la guarda, entonces es que su reconocimiento es todavía muy débil. No pases pena por la capa sino únicamente por el hecho de que el hermano aún no haya reconocido lo cerca que está del Reino de Dios.

8. Si alguien te pide que le acompañes durante una hora, quédate dos horas con él para que tu buena voluntad sea un testimonio de qué escuela debe ser el que es capaz de manifestar tal abnegación. De esta manera incluso los sordos y los ciegos recibirán señales de que el Reino de Dios se está acercando.

9. Tras vuestras obras y acciones se reconocerá que todos vosotros sois mis discípulos, porque más fácil resulta predicar bien que hacer el bien. ¿De qué sirve la palabra vacía si no recibe vida por una actividad conforme a ella?

¿De qué te sirven los pensamientos e ideas más hermosos si no eres capaz de realizarlos?

Las palabras más bellas y verdaderas no sirven para nada si las pronuncias sin que tú mismo tengas la voluntad de actuar conforme a ellas. Únicamente la obra tiene valor; pensamientos, ideas y palabras carecen de valor si no están llevados a cabo. Por eso, cada uno que predica bien, ¡que también obre bien, porque de lo contrario su sermón no valdrá más que una nuez hueca».

Capítulo 79. Sobre la pobreza y el amor para con el prójimo

1. (El Señor:) «En el mundo hay una gran cantidad de peligros para el alma. Ya ves la pobreza: Sus conceptos de “lo mío” y de “lo tuyo” menguan tanto más, cuanto más agobiado está un hombre de ella. Por eso, si quieres andar por caminos seguros, ¡no permitas que la pobreza de los hombres se les vuelva insoportable!

2. El que ya es pobre, que pida a sus hermanos más acaudalados una limosna. Si da con corazones duros, que se dirija a Mí y Yo le ayudaré. Pero la pobreza y la miseria no justifican el robo, y menos aún el homicidio de un hermano atracado. Por lo tanto aquel que es pobre ya sabe a quiénes dirigirse.

3. Verdad es que la pobreza es una gran plaga para los hombres; pero en ella mora el noble germen de la verdadera humildad, motivo por el que la pobreza siempre perdurará en la Tierra. A pesar de eso los ricos no deben hacerlos pudientes, de lo contrario correrán peligro — aquí y más tarde en el Más Allá.

4. Yo os digo a todos: Si entre vosotros hay pobres, no es necesario que los convirtáis en ricos, pero de ninguna manera debéis permitir que sufran miseria. A los que veis y conocéis, ¡ayudadles con equidad!

Aparte de estos todavía hay muchos en esta gran Tierra que son horriblemente pobres y sufren extremada miseria. Sin embargo, como no los conocéis ni percibís sus gritos lastimeros, tampoco los pongo al cuidado de vuestro corazón, sino únicamente a aquellos a los que conocéis y acuden a vosotros.

5. Del que entre vosotros de todo corazón sea amigo de los pobres y necesitados, Yo también seré verdadero amigo y hermano suyo, y esto no sólo aquí sino también en el Más Allá. Él no tendrá que aprender la sabiduría interna de otro sabio, sino que Yo mismo se la daré en toda plenitud.

El que ame a su pobre prójimo como a sí mismo y no despache a una pobre hermana —venga de la tribu que fuere y tenga la edad que tuviere—, Yo mismo vendré a él y siempre me manifestaré fielmente. Se lo diré a su espíritu —que es el amor— y este llenará de ello toda su alma y su boca.

Lo que la boca hable o el alma escriba, esto será hablado o escrito por Mí para todos los tiempos.

6. Sin embargo, el alma de los hombres de corazón duro será invadido por espíritus malos que la corromperán, con lo que la igualarán a un alma animal — de una forma en la que el alma también se manifestará en el Más Allá.

7. Dad con gusto y en abundancia, porque conforme deis también seréis recompensados. Pero un corazón duro no será penetrado por mi Luz de Gracia, y en él reinarán la oscuridad y la muerte con todos sus horrores.

8. Sin embargo, un corazón afable y apacible pronto será penetrado por la Luz de mi Gracia que es de naturaleza sumamente suave; y Yo mismo tomaré morada en tal corazón, con toda la plenitud de mi Amor y de mi Sabiduría.

9. ¡Tened fe en mis palabras! Ellas son Vida, Luz, Verdad y hecho cumplido, cuya realidad se manifestará a cada uno de los que me hagan caso».

Capítulo 80. Sobre los placeres carnales

1. (El Señor:) «Acabamos de examinar el asunto de la pobreza y también hemos visto las consecuencias que pueden presentarse cuando llega a ser insoportable. También hemos visto cómo podemos remediarla, y cuáles son las ventajas que pueden resultar al hombre si cumple con la instrucción que os he dado a todos vosotros.

De modo que hemos terminado con los contratiempos que pueden producirse por la pobreza. Ahora vamos a pasar a otro asunto que parece bastante distinto del que acabamos de tratar, pero que a pesar de eso está en relación estrecha con él: el tema del placer carnal.

2. En este —más o menos para todos los hombres— consiste la calamidad principal, porque consta que de esta voluptuosidad nacen casi todas las enfermedades físicas y todos los males del alma.

3. El hombre renuncia más fácilmente a todos los demás pecados que a este, porque los demás sólo tienen motivaciones exteriores; este pecado, sin embargo, tiene la motivación en sí mismo — en la carne pecaminosa.

Por eso debéis apartar vuestra vista de los peligros atractivos de la carne hasta que os hayáis vuelto maestros de ella.

4. ¡Proteged a los hijos de la primera caída y preservad su pudor, entonces, como adultos, sabrán dominar su carne con facilidad y no sucumbirán tan fácilmente! Pero una vez perdido el cuidado, el espíritu malicioso de la carne tomará posesión de ella.

No hay diablo más difícil de expulsar que precisamente el diablo de la carne, a éste sólo se le puede echar fuera del hombre ayunando y rezando mucho.

5. ¡Absteneos de enojar a los pequeños y las pequeñas, y de ataviarlos con ropa exagerada que incita a la carne! ¡Ay de aquel que en este sentido peca contra la naturaleza de los pequeños y las pequeñas! ¡En verdad, os digo que para este pecador habría sido mejor si nunca hubiera nacido!

6. Con toda la fuerza de mi ira Yo mismo castigaré al malhechor que peque de esta manera contra la naturaleza sagrada de la juventud; porque una vez que la carne se ha vuelto quebradiza, entonces el alma ya no tiene una base sólida, y su perfección resultará extremadamente difícil.

7. ¡No podéis haceros idea alguna del trabajo que cuesta a un alma débil el volver a curar una carne quebradiza hasta que se quede incluso libre de cicatrices! ¡Qué angustia experimenta el alma frecuentemente al sentir el quebranto y la debilidad de su carne que es su envoltura terrenal! ¿Y quién es culpable?, ¡la vigilancia mala de los hijos y de las hijas, y los muchos enojos causados a los niños y las niñas!

8. En general en las ciudades la corrupción moral es mayor que en el campo.

En calidad de discípulos míos, llamad la atención de los hombres a todo lo que os acabo de decir, y a las muchas consecuencias malas de un quebranto demasiado prematuro de la carne. Habrá muchos que lo observaran, y de ellos resultarán almas sanas. En estas el espíritu podrá despertarse más fácilmente de lo que ahora es el caso con muchos.

9. ¡Ved a los ciegos, sordos, mutilados, leprosos y gotosos; ved también a todos los niños y adultos aquejados de diversas enfermedades físicas! Todas estas enfermedades son la consecuencia de un quebranto demasiado prematuro de la carne.

10. Antes de haber cumplido veinticuatro años de edad el varón no debe tocar a una virgen —ya sabéis cómo debéis entenderlo— y la virgen debe haber cumplido por lo menos dieciocho años, o por lo menos diecisiete años enteros; antes de este tiempo no es madura y no debe reconocer a un varón — aunque aparente cierta madurez. Al ser tocada demasiado temprano por un hombre voluptuoso, ella ya se vuelve carne quebradiza y un alma débil y apasionada.

11. Es difícil curar la carne quebradiza de un hombre, pero aún mucho más difícil es curar la de una virgen si fue quebrantada antes del tiempo. Primero es poco probable que dé a luz a hijos completamente sanos y, segundo, de semana en semana se volverá más adicta al placer sexual; al fin incluso se volverá prostituta que es la deshonra más miserable para el género humano — no tanto para ella misma, pero sí, para aquellos cuya negligencia la han hecho lo que es.

12. Pero, ¡ay de aquel que se aproveche de la pobreza de una virgen y quebrante su carne! En verdad os digo: ¡También a este le habría valido más si nunca hubiera nacido! Y aquel que cohabita con una prostituta consumada en vez de salvarla mediante los remedios adecuados —apartándola del camino de la perdición y ayudándola para que encuentre el buen camino—, para él llegará el día en que tendrá que justificarse ante Mí tras un juicio severo; porque el que pega a un hombre sano no peca tanto como el que maltrata a un lisiado.

13. El que ha cohabitado con una virgen completamente madura y sana también ha pecado, pero como el mal ocasionado no tiene consecuencias perjudiciales —y eso sobre todo si ambos gozan de una salud perfecta— Él tendrá que someterse a un juicio menos severo.

Pero el que por mera lascivia hace a una virgen madura lo mismo que haría a una prostituta —sin engendramiento de un fruto vivo en el regazo de ella— tendrá que someterse a un juicio doble; y si lo hace con una prostituta, tendrá que someterse a un juicio diez veces más severo.

14. Una prostituta es una mujer que en su carne y en su alma ha fracasado totalmente. El que de corazón honrado le ayuda para salir de su gran miseria, en mi Reino él será grande.

El que cohabita con una prostituta por un vil sueldo y de esta manera la hace peor de lo que era antes, un día venidero será recompensado con el mismo premio que le toca a cualquier homicida malintencionado en el lodazal que está a disposición de todos los diablos y sus servidores.

15. ¡Ay del país, ay de la ciudad donde se practique la prostitución, y ay de la Tierra cuando en su suelo este gran mal llegue a ser excesivo! A tales países y ciudades Yo designaré tiranos que a los hombres les impondrán cargas exorbitantes, a fin de que toda carne pase hambre y abandone esa actividad más vil y nefanda que un hombre es capaz de cometer con sus pobres prójimos.

16. ¡Que una prostituta pierda todo honor y respeto incluso ante los que la han usado por el vil sueldo, porque en lo sucesivo su carne será víctima de diversas enfermedades difícilmente curables! En el caso de que una mejore verdaderamente, entonces volveré a mirarla.

17. Si un hombre lascivo para satisfacer su lascivia recurre a otros medios que al recipiente que Yo puse en el regazo de la mujer, para él hay poca probabilidad de que un día llegue a contemplar mi Semblante.

Verdad es que Moisés para estos casos ordenó la lapidación, la que Yo no abolo del todo aunque sea un castigo muy duro para tales crímenes y criminales ya completamente presos del diablo; Yo sólo os doy el consejo paternal de que quitéis tales pecadores de las comunidades, que los abandonéis en una gran miseria en un lugar de destierro y, sólo cuando casi desnudos hayan vuelto a las fronteras del país natal, los recibáis de nuevo y los metáis en un sanatorio para curar las almas, y no les permitáis salir de este sanatorio antes de que estén curados completamente!

Si durante bastante tiempo han manifestado una verdadera mejoría muchas veces probada, entonces podrán regresar a la sociedad. No obstante, si les quedan rastros de tendencias voluptuosas por pequeños que sean, entonces vale más que el resto de su vida se queden bajo custodia, para que no puedan contaminar a los hombres no corrompidos de una sociedad.

18. En este sentido tampoco tú, Zorel, fuiste puro del todo, porque ya de muchacho estabas afectado de diversas impurezas — un ejemplo malo y fastidioso para tus compañeros jóvenes. Pero esto no puede ser considerado como pecado porque no tenías una educación que habría podido llevarte a cualquier verdad pura que te habría mostrado lo que, en realidad, es justo según el Orden de Dios.

Sólo cuando trataste con un abogado empezaste a conocer los derechos de los ciudadanos de Roma, y comenzaste a aprender mejores principios. Verdad es que a partir de este tiempo ya no fuiste un hombre—animal — lo que no podía evitar que por lo demás fueras un violador de las leyes, tergiversándolas a más no poder, y engañando a tu prójimo en cada ocasión que se te presentaba.

Pero todo esto es agua pasada y, conforme a tu comprensión actual, ahora te encuentras ante Mí como hombre ya mejor.

19. A pesar de todo todavía se encuentra mucha lascivia carnal en ti. Por esto te llamo la máxima atención y te doy el consejo que tengas sumo cuidado; porque una vez que te encuentres en el ámbito de una vida algo mejor, tu carne todavía muy lesionada volverá a agitarse en su quebranto todavía lejano de ser curado... y es posible que te costará mucho esfuerzo calmar y finalmente sanarla por completo del antiguo quebranto.

¡Guárdate de toda clase de exceso, porque en él mora la semilla de la voluptuosidad carnal! Por eso, ¡sé moderado en todo y nunca te dejes seducir comiendo y bebiendo excesivamente, de lo contrario tendrás dificultades en dominar tu carne!

20. De modo que también hemos tratado un poco el tema de la carne, dentro de lo que es necesario para ti.

Y ahora vamos a dedicarnos a otro asunto en el que también te estás pasando».

Capítulo 81. La manera justa de dar que es del agrado de Dios

1. (El Señor:) «Este asunto consiste en un concepto puro acerca de “lo mío” y de “lo tuyo”. Moisés dijo: “¡No hurtarás!”, y en otra ocasión: “¡No codiciarás todo lo que pertenece a tu prójimo!”.

2. Por supuesto, puedes comprar algo honradamente de tu prójimo y luego poseerlo legalmente ante todos los hombres; pero quitar algo a alguien secretamente y en contra de su voluntad es un pecado contra el Orden de Dios dado por Moisés. Pues, es evidente que tal acción es contraria a todo amor al prójimo.

Porque lo que dentro de toda legalidad te resultaría desagradable si alguien te lo hiciera, tampoco se lo hagas a tu prójimo.

3. El hurto en la mayoría de los casos procede del amor propio, porque de este surgen la pereza y la propensión para tener una vida holgada sin tener que trabajar. De esto se origina cierto desaliento envuelto en una timidez orgullosa, a causa de la cual uno no se presta a pedir —por ser enojoso— pero sí al hurto clandestino y a la substracción. De modo que en el hurto mora una multitud de defectos entre los que el amor propio exorbitante es la causa más evidente de todos los demás — aun así se trata de un mal anímico que siempre puede ser remediado mediante un verdadero amor vivo para con el prójimo.

4. Se comprende que ahora te dirás: “El amor al prójimo resultaría muy fácil si se tuviera siempre los medios para practicarlo; pero entre cien hombres hay apenas diez que están en condiciones para practicar esta virtud maravillosa; las demás noventa personas, en la mayoría de los casos, son aquellos que se deben beneficiar de esta virtud de los diez acaudalados. Si sólo practicando el amor para con el prójimo se puede luchar contra el vicio del hurto, entonces los noventa pobres poca ocasión tendrán para practicarlo, dado que les faltan los recursos para practicar esta virtud”.

5. Tu conclusión es lógica y con el intelecto mundano nadie puede objetarte nada; pero la razón del corazón habla otra lengua, porque dice: “No sólo con limosnas se practican las obras del amor al prójimo, sino sobre todo mediante buenos hechos y prestando servicios honestos y sinceros, por supuesto, acompañados por una buena voluntad...”.

6. La buena voluntad es el alma y la vida de una buena acción, porque sin la buena voluntad la mejor acción no tiene valor alguno ante el tribunal de Dios.

Cuando ves o encuentras a tu prójimo en cualquier miseria y tienes la voluntad viva de ayudarle, pero te faltan los medios necesarios para ello... si tienes el deseo vivo de socorrerle de una manera u otra... y si el hecho de no poder ayudarle te parte el corazón... entonces, ante Dios, tu buena voluntad valdrá mucho más que la de otro hombre al que se tenía que estimular para que ejecutase una buena acción.

7. Y si un rico ha socorrido a toda una comunidad completamente empobrecida porque esta le había prometido el diezmo y cierta sumisión si volvía a prosperar, ante Dios toda su buena obra no valdrá nada porque él ya ha cobrado su sueldo. Lo que ha hecho, cualquier usurero lo habría hecho a causa de la ganancia.

8. Ahí ves que cada hombre, rico o pobre, puede practicar el amor al prójimo ante Dios y para el bien de su propia vida espiritual interior; lo que importa es una buena voluntad verdaderamente viva con la que cada uno, con toda entrega, haga todo lo que pueda.

9. Cierto es que la buena voluntad sin nada más tampoco valdría nada, si aparte de la buena voluntad tuvieras bienes pero también ciertas consideraciones contigo mismo, con tus hijos, con parientes y otros... y si a un necesitado que se encuentra delante de ti le concedieras poco o nada porque no siempre se puede saber si el que pide ayuda es un sinvergüenza perezoso indigno de cualquier ayuda, porque en este caso ayudarías a un zángano en su pereza, sustrayendo la ayuda de una persona más digna... y si se te presentara un hombre más digno, le pondrías los mismos reparos dudosos, porque nunca se puede saber con certeza si por esta vez se trata de una persona verdaderamente digna...

10. Pues sí, amigo, el que aun con la mejor voluntad en el momento dado cavila si debe hacer el bien o no, su buena voluntad está todavía muy lejos de ser realmente viva, por lo que ni su buena voluntad ni sus buenas acciones valen ante Dios.

Donde existe la posibilidad, la voluntad tiene que ser idéntica a las obras; de lo contrario, la una de estas dos quita a la otra el valor y la validez ante Dios.

11. De modo que lo que haces o das, ¡hazlo y dalo con mucha alegría, porque el que hace y da con amabilidad cuenta doble ante Dios, y está el doble más cerca de la perfección espiritual!

12. Pues, el corazón de un dador amable se parece a un fruto que madura pronto y fácilmente, porque en su interior hay un calor justo en toda plenitud — un calor que es absolutamente necesario para la maduración de un fruto, porque en el calor obra el elemento que corresponde a la vida: el amor.

13. De modo que la alegría y la amabilidad del dador y bienhechor es exactamente aquella plenitud de calor de la vida espiritual interior que no puede ser recomendado suficientemente — un calor en el cual el alma madura doble de rápido para la acogida completa del espíritu en todo su ser, porque precisamente con este calor se manifiesta la extensión del Espíritu eterno en su alma, la que en virtud de esta transición se vuelve más y más parecida a él.

14. Un dador y bienhechor, por lo diligente que sea, está tanto más lejos de la meta de la verdadera perfección espiritual interior de la vida, cuanto más basto y desatento se comporta al dar la ayuda; porque el comportamiento poco amable al entregar sus obras de caridad manifiesta todavía un carácter material y mundano, con lo que este está mucho más lejos del elemento puramente celestial que el carácter alegre y amable.

15. En el mismo sentido, al entregar la ayuda o al entrar en acción no debes hacer advertencias serias ni ásperas, porque estas provocan frecuentemente una tristeza considerable al pobre hermano que en su corazón alimenta el deseo de que, ojalá, no dependiera de la ayuda de este dador que siempre le exhorta con cara de vinagre.

Además, tales exhortaciones inoportunas muchas veces provocan un orgullo en el bienhechor, con lo que el perceptor de la ayuda se siente profundamente humillado, porque ante la prosperidad del bienhechor su miseria se manifiesta tanto más...

He aquí donde tomar resulta mucho más difícil que dar...

16. El que tiene una gran fortuna y una buena voluntad dará con facilidad, pero el pobre que recibe el regalo ya tiene cierta timidez ante el dador por amable que este sea, porque a causa de su pobreza se ve obligado a ser una carga para el bienhechor.

¡Pero cuánto le tiene que doler el corazón al pobre cuando el bienhechor se dirige a él con cara de vinagre y, antes de darle la ayuda, le suelta sermones sabios que para al perceptor tienen que resultar un fastidio! Porque cuando este en el caso de otra necesidad tenga que volver a la puerta del predicador amonestador, al venir la segunda vez esperará un sermón aún más extenso, más sabio y más insistente — un sermón que según su impresión no dirá otra cosa que: “¡No vuelvas tan pronto, o mejor, no vengas ya!”, y eso a pesar de que el bienhechor seguramente nunca habría pensado algo parecido ni habría tenido la intención de decirle nada al pobre.

17. Por la misma razón un dador y bienhechor alegre, amable y complaciente vale mucho más que un predicador amonestador y vinagroso porque consuela y eleva el corazón del perceptor y produce en él un sentimiento de agradecimiento. A la vez le crea una confianza llena de amor y de esperanza ante Dios y los hombres, y su yugo que siempre le resultaba tan pesado se vuelve más ligero, con lo que en adelante lo llevará con más paciencia y más devoción que antes.

18. Un bienhechor alegre, amable y complaciente significa para un hermano pobre y necesitado lo mismo que un puerto seguro y acogedor para un navegante que se encuentra en una alta mar agitada por la tormenta.

Pero cuando uno está en apuros, un bienhechor con cara de vinagre puede ser comparado con una bahía que preserva al navegante de un naufragio total, aunque continúe el miedo de que después de la tormenta aún pudiera presentarse una marea viva —como de vez en cuando sucede— que podría ocasionarle un daño aún mayor que anteriormente la tempestad en alta mar.

19. Ahora, dentro de la medida que la Voluntad de Dios considere conveniente, sabes perfectamente cómo debe ser concebida la verdadera perfección espiritual del amor al prójimo — y eso de la manera más fácil y rápida. Actúa conformemente y, pronto y fácilmente, vas a alcanzar la única verdadera finalidad de la vida».

Capítulo 82. Sobre la humildad y el orgullo

1. (El Señor:) «Y ahora llegamos a un campo vital sumamente importante porque únicamente en el marco de éste se puede lograr que se realice el renacimiento integral del espíritu en su alma, en lo que consiste el triunfo verdadero y el objetivo más elevado de la vida... Este campo es el extremo opuesto del orgullo y de la soberbia, y se llama humildad.

2. En cada alma mora un sentimiento de grandeza y de ambición que a la menor ocasión se enciende en forma de accesos de cólera, y no hay manera de reducir y menos aún extinguir estos accesos antes de que el ofendido haya acabado con los agresores.

A causa de esta pasión terrible el alma se vuelve muy material y se estropea de una manera que se vuelve aún más inaccesible para una perfección espiritual interior... más de lo que la arena ardiente del desierto africano pueda servir para apagar la sed.

3. Tras la pasión del vil orgullo por fin el alma misma se transforma en tal arena ardiente — suelo en que ni siquiera un musgo es capaz de echar raíces, menos aún cualquier otra planta algo más jugosa y bendecida.

¡De modo que ahí ves el alma de un hombre orgulloso...! Su fuego violento quema, abrasa y destruye todo lo noble, lo bueno y lo verdadero de la Vida desde su base, y mil veces mil años tendrán que pasar antes de que el desierto arenoso de África se transforme en un campo precioso abundantemente bendecido. Hasta entonces todo el mar tendrá que inundarlo aún muchas veces...

4. ¡Fijaos en un rey orgulloso que se sintió ofendido por su vecino por nada más que una bagatela! Su alma se enciende más y más y de sus ojos salen llamas de cólera, con lo que clama el lema irrevocable: “¡Que la venganza más terrible caiga sobre el ofensor infame!”.

Y la consecuencia bien conocida es una guerra devastadora — una masacre en que cientos de miles de hombres pierden la vida de la manera más horrorosa por la causa de su rey altanero, arrogante y petulante. Desde su tienda el rey furioso observa con gran satisfacción la matanza y carnicería y, lleno de orgullo, recompensa con oro y piedras preciosos a cada guerrero que ha sido capaz de ocasionar al enemigo un daño considerable.

5. Cuando tal rey con su fuerza superior ya ha aplastado al ofensor casi del todo, esto aún no le basta. Pues, quiere ver delante de él mismo cómo torturan al ofensor de la manera más horrible, sin atender a ruegos ni súplicas...

Y cuando a causa de las torturas el ofensor muere ante los ojos del rey orgulloso, este aún maldecirá la carne del ofensor y la echará a los cuervos. En el corazón diamantino de tal rey nunca entrará el menor arrepentimiento, sino la ira —o sea, que el desierto abrasador de África— continuará matando de la manera más cruel a cualquier persona que se atreva a no honrar suficientemente el lugar donde el rey soberbio estuvo pisando el suelo.

6. Por supuesto, también un rey como este tiene un alma; pero, ¿qué aspecto tendrá? Te lo digo: peor que el lugar más ardiente del gran desierto arenoso de África...

¿Piensas que tal alma alguna vez podrá ser transformada en un huerto de los Cielos de Dios? Te digo que mil veces antes el desierto de África producirá dátiles, uvas e higos deliciosos, porque esta alma no contiene ni la menor pizca de Amor celestial...

7. Por eso, ¡guardaos sobre todo del orgullo! Nada en todo el mundo destruye al alma tanto como el orgullo y la soberbia que siempre bufan de ira. Una sed de venganza es su continuo acompañante, como la eterna sed inapagable es el acompañante continuo del gran desierto abrasador de África... Y como todos los animales que ponen sus patas en el suelo arenoso del desierto pronto sufrirán de la misma plaga, así también los siervos del hombre orgulloso finalmente también se volverán orgullosos y sedientos de venganza como él. De no ser así, ¿cómo podrían ser servidores de un hombre orgulloso?».

Capítulo 83. La educación para volverse humilde

1. (El Señor:) «¿Cómo un hombre puede salvarse de esta pasión tan maliciosa, dado que en cada alma humana existe un germen de ella, e incluso en el caso de niños ya ha producido excesos considerables?

¡Esto sólo es posible mediante la humildad!

2. Es precisamente por eso que en esta Tierra hay tanta pobreza al lado de un bienestar, para que de esta manera el orgullo esté llevado con riendas. ¡Procura poner una corona real en la cabeza de un mendigo pobre y te convencerás de que en un abrir y cerrar de ojos toda su humildad y paciencia de antes se habrán disipado!

Por eso conviene que haya pocos reyes y muchos mendigos humildes.

3. Cada alma tiene un sentimiento de alteza innato —ya por parte de Dios por ser Idea y Voluntad suya— cuya existencia ya se nota bien en el pudor de los niños.

4. El sentimiento de pudor de los niños es un sentimiento del alma que —una vez que ella comienza a tomar conciencia de si misma— de esta manera silenciosa manifiesta su descontento de forma que, a pesar de ser una esencia espiritual, tenga que verse envuelta en una carne torpe e incómoda — una carne de la que no puede desembarazarse sin sufrir dolores. Cuanto más delicado y sensible es el cuerpo de un alma, tanto más fuerte será también su sentimiento de pudor.

Ahora, si un educador prudente de los pequeños sabe dirigir este sentimiento indestructible hacia una humildad justa, entonces creará de este sentimiento un espíritu custodio para el niño... y de esta manera el educador pone al niño en el camino en el que pronto y fácilmente podrá llegar a una perfección espiritual; sin embargo, la más mínima desviación de este sentimiento innato puede hacer que el niño vuelva a inclinarse hacia la altanería y el orgullo.

5. Es un gran error el dirigir este sentimiento de pudor de los niños a lo que se llama “ambición infantil”, porque en este caso el niño en seguida se cree superior a los demás; se siente fácilmente ofendido y humillado, por lo que en seguida se pone a llorar amargamente — lloros que manifiestan que alguien le ha herido en su sentimiento de altivez.

6. Si padres de miras estrechas procuran calmar al niño ofendido —aunque sea sólo por apariencia—, pidiendo cuentas al ofensor e insistiendo en que se le castigue, entonces ya han puesto en el niño el primer germen para alimentar una satisfacción de sed de venganza; y si continúan calmando a su niño de la misma manera, fácilmente lo convertirán en un diablo para ellos mismos y para muchos otros.

Sin embargo, cuando se trata de padres juiciosos —que hacen que los niños lo antes posible entiendan el valor mayor de las otras personas y de los demás niños, y que de esta manera dirijan el sentimiento de pudor de los niños hacia una humildad justa— estos harán de sus niños unos ángeles que más tarde serán verdaderos modelos de la vida que —parecido a las estrellas más hermosas que iluminan la noche de la vida terrenal— a los demás les iluminarán el camino y los fortalecerán con su afabilidad y su paciencia.

7. Pero como los niños raras veces reciben una educación tras la cual se pudiera despertar el espíritu en su alma, por eso, cuando ya sean hombres adultos que han llegado a un conocimiento más puro, ante todo deben esforzarse en adoptar una humildad verdadera y justa.

Mientras uno no se haya deshecho del último rastro del sentimiento del orgullo, ni aquí en esta Tierra, ni en el Más Allá podrá entrar en la vida perfeccionada puramente espiritual de los Cielos.

8. Si alguien quiere ensayar si su humildad es realmente perfecta, que pregunte a su corazón si todavía puede ser ofendido por lo que fuera... si de todo corazón puede perdonar fácilmente a sus mayores ofensores y perseguidores... si puede hacer el bien a todos aquellos que le han causado mal... si no siente alguna vez añoranza por disfrutar las magnificencias de este mundo... si le agrada ser el más ínfimo entre los ínfimos para poder servir a quien sea y en lo que sea...

El que es capaz de hacer todo eso sin pasar pena ni ponerse triste, ya aquí en la Tierra es un habitante de los Cielos más altos de Dios y lo será eternamente, porque en semejante humildad no se une solamente el alma perfectamente con su espíritu, sino en la mayor parte también el cuerpo.

9. Por esta razón tal hombre nunca sentirá ni palpará la muerte del cuerpo, porque toda la parte etérea del cuerpo —la que en realidad anima la naturaleza— ya en este mundo se ha vuelto inmortal, junto con su alma y su espíritu:

10. Lo que tras la muerte física se desprende del alma es sólo la farsa sombría aparente que no tiene vida ni sentimiento, de modo que esto al alma no le puede causar miedo ni dolores, porque todo lo que en el cuerpo posee sentimientos vivos ya desde hace tiempo se ha integrado en el alma; de modo que un hombre así de perfecto no sentirá el desprendimiento de su cuerpo exterior insensible más que si a este se le cortara los cabellos o las uñas que sobresalen. Pues, todo aquello que en el cuerpo nunca tuvo sentimiento alguno, tampoco puede manifestar ninguna sensación en el momento en el que el alma sale del cuerpo, dado que todo lo que en el cuerpo pueda manifestar sensación y vida ya se ha unido antes completamente con el alma, formando con este un solo ser eternamente inseparable.

11. Ahora sabes qué es la humildad justa y sus efectos, y en adelante cumplirás con esta virtud. Quien ahora sigue fielmente lo que Yo acabo de decirte, se convencerá de que estas palabras fácilmente de entender —aunque estén dadas sin vana pompa retórica— no vienen de un hombre, sino de Dios.

El que vive y actúa según mis palabras, anda en el buen camino para la verdadera perfección interior y espiritual de la vida. — ¡Dime ahora, si has comprendido clara y convincentemente todo lo que te he dicho!».

Capítulo 84. Las buenas intenciones de Zorel

1. Dijo Zorel lleno de asombro sobre la Verdad sublime y la pureza de esta enseñanza: «¡Señor y Maestro eterno de todos los seres y de toda la Vida! En lo que se refiere a mi mismo, ya te he reconocido por tu Doctrina ¡aun sin previo ejercicio práctico de esta enseñanza! Me queda claro que estas palabras que han salido de tu boca no las ha hablado un hombre mortal sino únicamente un Dios que creó el Cielo, la Tierra, y al hombre.

Y tanto más intensamente voy a llevar a la práctica todo lo que Tú, oh sumo Amor, por tu Gracia acabas de enseñarme.

2. He comprendido todo, y lo curioso es que tengo la sensación de como si una vez en alguna parte ya hubiese escuchado palabras semejantes y también las hubiera practicado. No obstante, eso sólo puede haber ocurrido en un sueño, porque realmente no sé dónde y cuándo en la vida real se me habría podido otorgar semejante Gracia. Pues es muy extraño para mí que cada palabra de tu santa boca me parezca tan conocida y familiar y que al mismo tiempo me anime tan agradablemente...

Será por eso que todo me resulta tan comprensible. Sea como fuera, tales palabras y doctrinas que tocan tan profunda y fielmente a todo lo que se llama vida en el hombre, nunca han sido pronunciadas por un hombre mortal.

3. Quien tras estas palabras aún no encuentra el camino acertado que en su interior conduce a la perfección espiritual... quien no siente en sí mismo el empuje poderoso de arreglar todas sus acciones y su conducta siguiendo exactamente esta Doctrina, de veras, él no debe ser un verdadero hombre o se habrá entregado demasiado a este mundo muerto y estúpido, con lo que su alma se habrá vuelto dura como un diamante.

De lo contrario uno no puede imaginarse cómo un hombre, habiendo oído y entendido esta Doctrina, no arreglaría toda su vida de acuerdo con ella. ¡Porque entonces podría ver con toda claridad el objetivo que se podría alcanzar mediante esta Doctrina!

No quiero vanagloriarme como si ya hubiera alcanzado algo, pero el haber obtenido un concepto completamente claro de la Verdad purísima de esta Doctrina — un concepto que penetra en la consciencia de la vida, ¡esto ya significa algo! Pues, por lo menos para mí esto ya tiene un valor muy importante en la vida.

4. El que una vez haya comprendido esto tan claramente como yo, no va a ser tan tonto que con todos estos conocimientos todavía quiera echarse en todos los charcos y fangos del mundo para pescar el lodo maloliente en el que finalmente tendría que ahogarse, en vez de ascender a las alturas claras del Horeb y del Líbano, y allí coleccionar hierbas curativas que sanan al alma enferma para la Vida eterna.

Por “hierbas curativas en las alturas bañadas de luz del Horeb y del Líbano” entiendo las obras que sólo se hallan en las alturas llenas de Luz del reconocimiento de la Verdad que se encuentra en tu Doctrina, Señor, es decir, por el obrar según las palabras que hemos oído de tu boca. Y por “Horeb” y “Líbano” comprendo lo verdadero divino y lo bueno divino — eso conforme a mi entendimiento.

5. Oh Señor, Tú estás ahora delante de mí y por encima de todo... ¡pero nunca eres más grande, más santo y más excelso que en los hombres cuando tu Amor y tu Sabiduría los han transformado en hijos tuyos!

6. A mi parecer también a Ti debe causarte una suma alegría cuando una criatura —antes apenas aparentemente humana— empieza a oír y asimilar tu Palabra paternal, y cuando por su propia voluntad finalmente toma la decisión irrevocable de vivir y actuar conforme a tu Palabra para alcanzar la perfección sagrada que Tú como Dios, Creador, Padre y Maestro has determinado como el objetivo más bienaventurado.

7. ¡Qué grande debe ser tu alegría paternal cuando un hombre por fin llega a ser perfecto dentro de tu santo Orden!

Pero, ¡qué grande también debe de ser la alegría de un hijo que en su nulidad como criatura dentro de su suma humildad y su perfección interior finalmente te reconoce a Ti mismo como único y verdadero Padre!

Querría conocer a aquel espíritu angélico celestial que tuviese la fantasía suficiente como para describir tal alegría... y luego querría conocer a aquel hombre que en su flaqueza espiritual actual fuera capaz de comprender la profundidad de esta fantasía...

Verdad es que tengo un presentimiento vago — sí, ¡y otra vez me parece como si ya hubiese sentido algo similar en un sueño!, pero todo eso debe ser más bien una reacción feliz de lo que tu Doctrina, oh Señor, ha creado en mi corazón y en mi voluntad.

8. Es una alegría como la de un sembrador que con buenos ánimos es consciente de que sus campos —una vez que estén limpios de todas las hierbas malas y las semillas más puras estén sembradas— despertarán en él la esperanza más hermosa de una cosecha rica de bendición.

9. Ahora mi campo es fértil, lo que Tú, Señor, evidentemente has visto, porque de lo contrario no habrías sembrado las semillas más puras en tanta abundancia.

Será esta convicción la que produce en mí esta sensación deliciosa indescriptible, pues estoy seguro del éxito, y de que realizaré tu santa Palabra en mí. Y una vez que la causa esté perfeccionada, no faltará el efecto sagrado.

Nunca hago las cosas a medias sino siempre por entero, por lo que también voy a cumplir por entero y activamente con tu Palabra.

10. Ya en calidad de sinvergüenza era capaz de hacer cosas por entero, aunque no tenía la menor seguridad de éxito; y nada más que una corriente de aire un poco violenta y todas mis esperanzas, por ventajosas que fueran, se esfumaron.

Aun así nadie puede acusarme de indiferencia ni probar que he hecho cosas a medias. De modo que si de sinvergüenza podía ser capaz de hacer cosas por completo, aunque muchas veces sin perspectiva de tener un final cierto, ¡cuanto más sabré ahora evitar cosas imperfectas andando por este nuevo camino! Pues, sabré apartar mis pensamientos, palabras y hechos de las exigencias del mundo que ya durante demasiado tiempo me ha tomado el pelo.

11. Ningún germen de un pensamiento mundano, ni rastro de una acción mundana debe ya aparecer en mí — ¡nunca ya después de que mi voluntad haya tomado esta decisión! Sólo lo que nos está impuesto —como las necesidades y exigencias comunes de mi cuerpo— todo esto sigue en las manos omnipotentes de tu Voluntad, oh Señor.

Pero vendrá el día en que mis pensamientos, mis ideas, mis palabras y mis acciones darán testimonio de que también un griego puede cumplir con su palabra y con su decisión una vez tomada.

12. También puede ser que en este avivamiento feliz de mi ánimo bienaventurado haya pronunciado algo demasiado precipitadamente, ¡pero esto no importa!

Zorel no olvidará nunca lo que ha hablado ahora. Y si no lo olvida también obrará rigurosamente conforme a sus palabras, aunque le cueste la vida terrenal. Como ahora sé claramente y siento que después del desprendimiento de la vida de este cuerpo seguramente habrá otra incomparablemente más perfecta, esta vida de mi carne ya no me significa nada. Como he arriesgado muchas veces mi vida por una ganancia mundana vana, ¿por qué no iba a hacerlo ahora, dado que estoy seguro de ganar todo lo que ahora pienso, siento y hablo?

13. Oh, ahora no estoy hablando como un borracho, sino que te lo digo todo con los sentidos más sobrios del mundo para dar testimonio de que he comprendido la plenitud de la Verdad de la Palabra divina. El hecho de que ahora estoy dispuesto a arriesgar mi vida terrenal para esta Verdad santísima da testimonio de que he comprendido todo en toda plenitud; y no lo digo sólo para dar a mis palabras un aire retórico, sino hablo tal como lo siente mi corazón.

14. Consta que hay hombres que, emocionados por una ocasión extraordinaria, también hablan de una manera como si ya el día siguiente fueran a transformar toda la Tierra en un huerto precioso; pero pasada la ocasión, empiezan a reflexionar sobre todo lo que han oído y visto, con lo que las decisiones para actuar se debilitan de día en día y las viejas costumbres insensatas pronto vuelven a tomar el lugar de las decisiones nuevas.

Pero en mi caso nunca fue así; porque una vez que había reconocido algo como verdadero, entonces siempre obraba estrictamente según ello hasta adquirir un concepto convincente de algo mejor.

15. Mis acciones anteriores no estaban en contradicción con mis conceptos de la vida que incluso ante el foro de la razón mundana de carácter filantrópico no podían ser considerados como condenables.

¿Cómo podía yo tan sólo suponer que en este mundo jamás pudiera entrar en contacto personal con el eterno Maestro de todo Ser y de toda Vida, ante cuya Sabiduría de lo más pura y ante su concepto del destino de la Vida mis conceptos racionales se derriten como la cera expuesta al Sol?

Pero lo más increíble se ha vuelto realidad: El gran Dios en toda la plenitud de su eterna Perfección todopoderosa y omnisapiente está delante de todos nosotros y nos enseña el objetivo del hombre y de su vida — no sólo en lo que se refiere a su existencia temporal sino también a la eterna; y nos enseña con palabras tan claras que incluso a uno casi ciego y sordo le deben resultar comprensibles hasta al fondo de lo más profundo.

Siendo así, no se puede menos que tomar una decisión para toda la vida — una decisión de la cual ni un mundo reducido a cascotes me podría retener.

16. Verdad es que hombres cobardes siempre se van a dirigir más fácilmente al mundo que a la Verdad santísima que sale de la boca del único y verdadero Dios; porque también el mundo tiene ventajas para el tiempo pasajero; pues, tiene oro, plata y piedras preciosas. A causa de este lodo los hombres débiles se olvidan fácilmente de Dios, pues Él no hace que les llueva oro ni plata de las nubes. No obstante, ahora he llegado a conocer el oro purísimo de los Cielos verdaderos de Dios y por eso, desde el fondo más profundo de mi vida, desprecio este fango seductor de la Tierra.

Señor todopoderoso de la eternidad, si ha salido de mi boca una sola palabra equivocada, ¡entonces castígame!

17. ¡Noble Cirenio! Sólo en mi estupidez y pobreza espiritual he podido implorarte una ayuda, pero ahora retiro mi petición absurda. Porque donde he hallado en abundancia los tesoros del Cielo, ya no necesito los terrenales, ni tampoco necesito ya mi campo ni mi cabaña quemada, pues, ¡he reconocido y visto la cabaña de Dios en mi corazón! ¡Vende todas mis posesiones y paga mis deudas a los que yo les debo!

En lo que se refiere a mí, trabajaré y serviré a todos los hombres en todo lo que es justo ante Dios, porque soy capaz de trabajar. Durante mi vida he adquirido diversas habilidades y por eso soy un hombre que sabe hacerse útil. Ya se me concederá el tiempo necesario para que pueda corresponder en todo lo que se refiere a mis acciones, a las que ahora me comprometo para toda mi vida».

18. «Como conozco a tu alma, te he llamado en el espíritu», le respondí, «de lo contrario no habrías venido aquí; pero como has sido transformado considerablemente, también serás atendido en el porvenir. Aún me serás una herramienta útil para los griegos en las costas en Asia Menor y también para los de Europa. Allí hay muchos que anhelan la Luz y no pueden recibirla.

De momento vivirás en la casa de Cornelio, un hermano del Cirenio; y en la misma casa serás provisto de todo.

Cuando llegue el tiempo para que salgas a dar a conocer mi nombre a los pueblos, Yo te lo señalaré. Ahora tienes todo lo que necesitas, y lo demás ya te lo enseñará el Espíritu de la Verdad. Cuando tengas que hablar, no tendrás que reflexionar, sino que en el momento oportuno las palabras serán puestas en tu corazón y en tu boca, y los pueblos te oirán y glorificarán a Aquel que te ha dado tanta sabiduría y tanto poder».

Capítulo 85. Zorel se confía a Cornelio

1. (El Señor:) «Está anocheciendo y nuestro anfitrión Marco ya ha preparado la cena. Como eres una buena pesca para nosotros, ahora lo vamos a celebrar con una buena cena en la medida en que esto sea posible aquí en la Tierra, pues, un día en el Más Allá, en mi Reino, todo resultará mejor.

Después de la cena nos vamos a dedicar a algo completamente fuera de lo normal, y mañana, todavía antes de la salida del Sol, nos separaremos por cierto tiempo porque todavía tengo que visitar muchos pueblos. Tú, Rafael, ve ahora a buscar a las mujeres, porque la discusión que no estaba destinada para sus oídos ya está terminada y en seguida vamos a cenar».

2. Rafael se fue a buscar a todas las mujeres, y en seguida Yara vino corriendo hacia Mí.

«¡Oh Señor, mi amor!», exclamó, «¡me parecía una eternidad hasta que por fin nos llamaron! Menos mal que ahora vuelves a permitirme estar a tu lado. ¿Pero realmente no debíamos oír todo lo que Tú, Señor, has negociado con Zorel?».

3. «Así es, porque habría sido demasiado fuerte para vosotras, las femeninas», le dije. «Además, no has perdido absolutamente nada por ello, porque en el día oportuno todo eso te será revelado. Ahora traen la cena y durante ella podrás divertirte con Josoé y Rafael. Zorel aún no tiene la menor idea de quién es Rafael, pero después de la cena ya se le vamos a presentar.

4. Después de la cena estaremos despiertos hasta la madrugada, y esta última noche que estaré corporalmente entre vosotros, aún vais a presenciar muchas maravillas como nunca las habéis visto antes. En esta noche vais a saber íntegramente Quien es El que ahora te ha dicho todo esto. Pero nadie debe enterarse de ello antes del tiempo».

Y, dirigiéndome a Zorel, continué: «¡Tú, Zorel, atente ahora a Cornelio, porque en adelante él será tu proveedor!».

5. En seguida Cirenio comentó: «Señor, cierto es que no envidio a mi hermano en nada que sea bueno, pero también a mí me habría gustado encargarme de Zorel».

6. «¡Tu deseo es una gran alegría para mi Corazón y vale tanto como la obra consumada», le respondí, «pero de todos los que en esta ocasión han sido convertidos ya has tomado la mayor parte a tu cargo! Mira el tesoro que tienes: Zinka y sus compañeros, Estahar, Murel y Florano, Ebran y Risá, Suetal, Ribar y Bael, Erme con su mujer y sus hijas, y ahora también tus dos propias hijas Yamila e Ida, los dos a los que he designado como yernos tuyos, y el muchacho maravilloso Josoé. Y se entiende de sí mismo que también están a tu cargo todos los que pertenecen a los antes mencionados, con los que puedes estar completamente satisfecho.

Tu hermano Cornelio sólo tendrá que preocuparse de Zorel que pronto resultará muy útil en su casa, y más tarde también a los forasteros — por los que le he despertado. De todos modos te verás frecuentemente con tu hermano, con lo que en estas ocasiones podrás hablar con él sobre todo lo que os interese.

¿Todavía estás triste de que no te haya confiado Zorel a ti?».

7. «Señor, ¿cómo puedes hacerme esta pregunta? ¡Tú sabes que únicamente tu santa Voluntad es mi mayor felicidad, sea lo que fuere! Además, nunca pasará ni un mes entero sin que mi hermano y yo nos veamos, ya sea por asuntos de negocio o por puro amor fraternal, con lo que yo tendré ocasión de cambiar algunas palabras con este hombre.

8. Pero acabas de decir a la querida Yara que durante esta noche aún nos presentarás algunas cuantas maravillas, dado que ya estamos suficientemente preparados e iniciados en tu forma de ser... Me pregunto en qué puede consistir el punto esencial de estas maravillas...».

9. «¡Querido amigo! ¡Todo esto ya lo veréis y entenderéis en el momento oportuno!

Ya ves que Marco está sirviendo la cena. Como sobre todo tus hijas necesitan fortalecerse mucho, ya no vamos a emprender nada antes de que la cena se haya terminado».

Capítulo 86. Humildad exagerada y humildad verdadera

1. Marco dio la señal de que todos se sentasen en los largos bancos y Cornelio invitó a Zorel a que se sentara a su derecha.

2. Pero este se negó a hacerlo y dijo: «Noble señor y soberano, ¡no me hagas eso, porque mi sitio está allí abajo, cerca de la cabaña de madera, en la última mesa más ordinaria hecha de tablones, donde están sentados vuestros servidores más insignificantes, pero ni mucho menos aquí en la primera de las mesas y eso a tu derecha! ¡Menudo ejemplo de humildad daría yo ante el hecho de que el Señor me haya encomendado la humildad tan encarecidamente!».

3. «¡Amigo Zorel, aquí basta con tu buena voluntad!», le dije. «Por eso, ¡hazle a Cornelio el favor! La verdadera humildad no se encuentra en la apariencia de las actuaciones sino únicamente en el corazón, conforme a la abundancia de la Verdad que mora en él. Ve a Jerusalén y mira a los fariseos y escribas con qué caras y vestidos de humildad andan por las calles, mientras sus corazones están llenos de orgullo y de altanería pestíferos, mientras odian a muerte a cada uno de los que no quieren bailar a su son. Sin embargo un rey con corona y cetro —si para él estas reliquias no tienen más valor que un hombre— puede tener un ánimo lleno de humildad como el último mendigo en la calle. Si consideras todo esto, te sentirás a gusto a la derecha de Cornelio, en nuestra mesa».

4. «Bueno, si es así todo va bien», dijo Zorel y se sintió conforme lo deseaba Cornelio.

5. «Muy bien, querido amigo», le dijo Cornelio. «¡Me alegro de todo corazón, porque en adelante queremos vivir y trabajar juntos en el nombre de Aquel que nos ha iluminado! De todos modos, en lo que se refiere a la justa humildad, a mi modo de ver las cosas diría lo siguiente: En el corazón cada uno debe estar lleno de la verdadera humildad y de amor para con el prójimo — pero sin hacer alarde de ello. Porque si me arrastro demasiado ante los hombres provoco arrogancia en ellos, los hago orgullosos y yo mismo me quito la oportunidad de poder servirles en todo lo que les sea útil.

6. Nunca debo rechazar cierto respeto que, como hombre, me corresponde por parte de los demás, porque de lo contrario no podré realizar nada de provecho. Por eso los dos vamos a ser tan humildes en nuestros corazones como nos sea posible; pero de cierta dignidad exterior no queremos ni debemos prescindir.

7. Muchas veces tenemos la ocasión de ver cómo hombres pobres para su subsistencia tienen que dedicarse a trabajos humillantes. Para coronar nuestra humildad, ¿acaso debiéramos también ir a vaciar charcos y cloacas? Por supuesto que no, porque basta con que en nuestro corazón a aquellos hombres que han de dedicarse a tales trabajos no los consideramos inferiores a nosotros — a los que el Señor ha confiado otras tareas.

8. Ante todo debemos estimar el cargo, pero no por nuestra causa sino sólo ante el pueblo — y eso por la causa del pueblo. Por eso nosotros mismos no debemos limpiar charcos ni cloacas, sino que tenemos que dejar este trabajo a los que el Señor y las circunstancias naturales hayan asignado para semejantes trabajos.

Nosotros tampoco lo soportaríamos porque no hemos sido acostumbrados a semejantes trabajos desde nuestra juventud. Y el Señor, sin duda alguna, ni espera algo parecido de nosotros; lo que sí espera —por ser el Padre de todos los hombres— es que en nuestro corazón no despreciemos a nadie ni al mayor pecador, sino que hagamos todo lo posible para salvar su alma. De esta manera creo que obraremos justamente ante Dios y ante todos los hombres».

9. «Sí, ¡así es!», les confirmé. «La verdadera humildad y el verdadero amor para con el prójimo moran en vuestros corazones, ¡y no en la apariencia exterior como en el caso de los fariseos!

10. Quien sin necesidad se mezcla entre el salvado y el orujo, que no se sorprenda si al fin se le comen los puercos.

11. La verdadera humildad no exige ni mucho menos que echéis las perlas de mi Doctrina a los puercos. Pues, hay hombres que incluso son peores que los cerdos... A estos mi Doctrina no les sirve; con lo que a esta especie de hombres, antes de darles a conocer mis palabras y mi nombre, los podéis muy bien utilizar para limpiar charcos y cloacas.

12. No valoréis a los hombres conforme a la ropa que llevan, ni por su dignidad aparente, sino solamente conforme a su conducta según su corazón y su ánimo. Si estos son nobles, dulces y pacientes, entonces les anunciáis el Evangelio y les decís: “En el Nombre del Señor, la paz sea contigo y con todos los hombres en la Tierra que son de buena voluntad”.

Si un hombre de esta manera bendecido de antemano tiene una buena voluntad y un buen corazón, entonces la paz llena de bendición continuará en él, y el Evangelio que le es comunicado pronto empezará a producir los frutos más hermosos del Cielo.

Y según vuestro modo humano Yo diría que ahora estáis perfectamente familiarizados con lo que es la verdadera humildad.

13. Como la comida ya está servida en abundancia, comamos pues y bebamos a pedir de boca y con buenos ánimos. Mientras Yo como verdadero novio vuestro ahora estoy sentado entre vosotros, podéis comer conmigo con buen humor y buenos ánimos. Cuando dentro de poco ya no estaré entre vosotros como ahora, ya os sentaréis de nuevo a la mesa, aunque fuera con menos ganas y alegría».

Capítulo 87. Cornelio y Zorel hablan sobre milagros

1. Todos se atrevían a servirse valientemente de los alimentos y comían con mucho gusto. Bajo la mirada de todos, Rafael se sirvió varios pescados bastante grandes y los consumió con gran rapidez, lo que llamó mucho la atención de Zorel y de Zinka, pero sobre todo la de Zorel que aún no sabía quién era este joven. Por eso le preguntó a Cirenio cómo era posible que aquel joven consumiera tan vorazmente los pescados más grandes, a pesar de que no tenía cara de ser un glotón.

2. Y Cirenio le respondió: «Este joven es un ser extraño; es al mismo tiempo un hombre y un espíritu, y está animado de una fuerza y de un poder que nunca podrás imaginarte ni soñando. Mi hermano Cornelio que está sentado a tu lado puede darte el mismo testimonio».

3. A continuación Zorel preguntó a Cornelio, qué explicación tenía de este joven.

4. Y Cornelio le respondió: «Querido Zorel, es exactamente así como mi hermano te lo ha explicado; no sé decirte más sobre su naturaleza milagrosa, por el simple motivo de que tampoco yo lo comprendo del todo. Debe de ser el mismo ángel que según el mito de los hebreos, hace mucho tiempo sirvió de guía a un joven que se llamaba Tobías. En fin, yo no estuve presente, con lo que no puedo servirte de testigo vivo; pero creo que fue así, ¿y por qué no iba a creerlo?

5. Verdad es que aquí acontecen tantos milagros que nuestros descendientes más tarde difícilmente se los creerán — y aun así son auténticos; pues, somos testigos oculares.

Ahora ocurren tantas cosas divinamente maravillosas que al fin uno debe creer todo lo que comunican las escrituras y los libros de los judíos. Y como aquí un milagro supera a los demás, ¿por qué no iba a haber sucedido lo mismo en tiempos remotos? Con lo que hace varios cientos de años nuestro comilón puede muy bien haber servido de guía a aquel joven piadoso que se llamaba Tobías. Por mi parte, lo creo firmemente y supongo que tampoco a ti te chocará».

6. «¡En absoluto!», le respondió Zorel. «Porque todo lo milagroso es algo especial y no tiene que ver nada con los fenómenos que existen en el contorno de la naturaleza; pues, se ríe de las leyes de la naturaleza, y en sí todo lo milagroso no es más que la realización de la fantasía de un poeta dotado de una gran sabiduría. Todo lo que un hombre lleno de imaginación pueda figurarse, en el ámbito de lo milagroso se vuelve una realidad.

7. A un Dios todo le debe ser posible, porque la existencia de un mundo y un cielo estrellado ya dan continuamente testimonio de ello; pues, al menos la primera creación de un mundo nos debiera parecer un milagro extraordinario. Pero una vez que esté creado y provisto de ciertas leyes que fomentan su existencia y la de una población, entonces a sus habitantes ya no les parecerá tan milagroso.

8. Pero si el Creador visita a los habitantes de este mundo creado tan milagrosamente —como actualmente es el caso— entonces estos tienen que admirarse de nuevo cuando el Todopoderoso vuelve a hacer milagros que sólo Él puede realizar — milagros que nadie en toda la infinitud puede efectuar, a no ser que sea conforme a la Voluntad del Creador.

9. Con eso no quiero negar que cualquier hombre espiritualmente perfecto también pudiera ser capaz de hacer milagros; tal vez, como puro espíritu completamente perfecto, podría crear incluso un pequeño mundo — pero consta que sin la colaboración de la Voluntad divina nunca será capaz de realizar nada. Seguro que tal espíritu podría hablar y enseñar con suma sabiduría, pero nunca sin estar penetrado por el Espíritu.

10. Me acuerdo débilmente de haber leído en la tradición hebrea que hace mucho tiempo un asno había hablado muy sabiamente a un profeta que se llamaba Balam; y dicen que en los tiempos muy remotos incluso animales salvajes y voraces habían enseñado e instruido a los hombres obstinados e incorregibles. Repito que no fuimos testigos presenciales, pero aun así puede haber algo de verdad en ello.

Consta que tales animales en aquellas ocasiones fueron penetrados por el Espíritu de Dios al que servían de herramienta. Pero te digo que tratándose de los hombres sabios el caso es muy parecido, sólo que estos ante los animales tienen la gran ventaja de que su sabiduría es duradera y apta para perfeccionarse.

11. Esta es mi opinión; pero verdad es que no la considero como verdad irrefutable. Ya fracasé una vez con mi razonamiento lógico, y no quiero repetir semejante revés; pero hablando de las cosas con formalidad, aun sin tener pruebas, se pueden confrontar las opiniones y finalmente llegar a la conclusión de si hay algo de verídico en ellas o no».

12. «Amigo», dijo Cornelio, «hablas como un libro y estoy seguro de que tu opinión tiene cierta base; pero también yo opino algo referente a ti, y esto es que ahora comas tu pescado y dejes de preocuparte de cómo este joven celestial devora un pescado tras otro, todavía manifestando apetito suficiente para acabar con otros diez pescados del mismo tamaño.

¡Ahora come también tú y muéstranos que puedes acabar por lo menos con uno de estos pescados; y toma también un vaso de este vino tan bueno!».

13. A estas palabras Zorel empezó a comer y beber con toda tranquilidad, sin preocuparse ya de todo lo que sucedía a su alrededor.

Capítulo 88. Las diferentes opiniones sobre la naturaleza del Señor

1. Con el tiempo el vino empezó a soltar las lenguas y hubo más y más animación en las mesas en que se originaron incluso opiniones diferentes sobre Mí, y se podía decir que durante aquella cena hubo un primer cisma.

Algunos afirmaban que Yo era el supremo Ser divino mismo. Otros lo confirmaron, pero abrigando la reserva de que lo era sólo indirectamente. Y otros dijeron que sólo era un hijo de David que según la ascendencia estaba destinado a ser el Mesías del reino de David, y que por eso estaba provisto de la fuerza milagrosa de David y de la sabiduría de Salomón. Todavía otros opinaban que Yo era un primer ángel de los Cielos, que “pro forma” me había vestido con la carne y que, además, había traído conmigo un ayudante de los Cielos.

2. Algunos, y en parte incluso apóstoles míos, me tomaban por el Hijo del Altísimo, y aunque Yo tuviera las mismas características que mi Padre, todavía era una personalidad completamente distinta. Y, además, incluso el Espíritu de Dios frecuentemente citado aún podría resultar en un tercer personaje que, según las circunstancias, también tendría su propia voz decisiva...

3. Pero pocos estaban de acuerdo con esta versión. Luego algunos preguntaron a Pedro por su parecer.

4. Este les respondió: «Cuando nosotros habíamos recorrido esta región, después el Señor mismo nos preguntó por lo que la gente pensaba de Él, lo que Él era y lo que, por fin, nosotros mismos pensábamos de Él.

Había diferentes opiniones y cuando finalmente me preguntó a mí, le respondí espontáneamente como lo sentía en mi corazón: “¡Tú eres es Hijo del Altísimo!”. Él estaba satisfecho con mi testimonio e incluso me llamó una roca de fe sobre la que Él construiría su Iglesia, a la que las puertas del infierno nunca podrían vencer.

Como entonces mi opinión pronunciada fue aprobada y confirmada por Él mismo, me consta que no estoy equivocado si ahora la mantengo firme como una roca».

5. Aun así Juan se opuso considerablemente a la opinión de Pedro y dijo: «¡En Él habita corporalmente la plenitud de la Divinidad!

Como Hijo —que de ninguna manera puede ser una personalidad distinta— reconozco únicamente a su cuerpo físico en tanto que este constituye un medio para lograr un fin, pero aun así, en el conjunto, Él es idéntico a la Divinidad que en toda plenitud habita en Él.

6. ¿Acaso mi cuerpo es otra personalidad que mi alma? ¿No forman los dos un solo hombre, aunque al principio de mi existencia el alma tenía que desarrollar este mi cuerpo?

Alguien podría verlo así como si el alma se hubiera revestido de un segundo hombre —uno material— y que de esta manera, alrededor de sí, se hubiera preparado una segunda personalidad. Bien puede decirse que el cuerpo es un hijo o algo engendrado del alma; pero por eso de ninguna manera forma una segunda personalidad al lado de ella, ¡y menos aún sin ella!

Se podría decir que el cuerpo es un hijo o algo que es un producto del alma, ¡pero por eso el cuerpo no puede formar una segunda personalidad para el alma o, peor aún, sin el alma! Y aun menos se puede decir lo mismo del espíritu en el alma, pues, ¿qué sería un alma sin el Espíritu divino en ella? ¡Porque el alma sólo se vuelve un hombre perfecto mediante el Espíritu divino, si este la ha penetrado del todo!

¡Entonces espíritu, alma y cuerpo tienen perfectamente la misma personalidad!

7. Además está escrito: “Dios creó al hombre completamente según su Imagen”.

Pero si el hombre —como imagen perfecta de Dios— con su espíritu, su alma y su cuerpo es solo una persona y no tres, entonces consta que Dios —como Espíritu primario sumamente perfecto, vestido de un alma igual de perfecta y ahora también de un cuerpo visible para nuestros ojos— sólo puede ser un Dios individual y nunca Uno triple, ¡y menos aún un Dios de tres personajes individuales!

Esto es el parecer que yo sostengo eternamente — sin que por eso quiera ser una roca de fe».

8. Todos los que estaban sentados a mi mesa dijeron al unísono: «¡Juan ha hablado bien!».

9. Por eso Pedro quería corregirse y dijo: «Sí, en principio quería decir lo mismo, sólo que yo no soy tan elocuente para manifestar tan rápidamente lo que comprendo en mi interior, aunque es evidente que siempre será difícil entender estas relaciones».

10. «Difícil o no», observó Juan. «Supongo que a tu manera nadie en la Tierra nunca será capaz de comprenderlo, mientras que a la mía —pienso yo— resulta más fácil. ¡Que el Señor mismo obre de árbitro entre nosotros dos!».

11. Entonces les dije Yo: «La fe puede hacer mucho, ¡pero el amor puede hacer todo! Verdad es que tú, Simón Juda, eres como una roca de la fe; pero Juan es un diamante puro en el amor y por eso ve también más profundamente que cualquiera de vosotros. Por eso él es mi escribano favorito; a él aún le daré mucho a escribir lo que para todos vosotros todavía será enigmático. Porque en semejante amor cabe mucho, mientras que en la fe sólo cabe algo definido hasta que resuene: “¡Hasta aquí y vale ya!”. Por eso, ¡ateneos a las palabras de mi apóstol favorito, porque él me introducirá en el mundo con toda mi Perfección!».

12. Acto seguido Pedro quedó un poco desconcertado e, íntimamente, tuvo un poco de celos de Juan. (Por la misma razón Pedro, después de mi resurrección, cuando le mandé que me siguiese para pastar mis corderos, criticó a Juan por haberme seguido sin que Yo le hubiese invitado explícitamente, por lo que después le reprendí. En la misma ocasión Yo prometí a Juan la inmortalidad, lo que fue el motivo de que entre el pueblo se originara la leyenda de que este discípulo nunca iba a morir, ni tampoco corporalmente).

13. Pedro preguntó a Juan, cómo hacía para que siempre pudiera manifestar una comprensión y un conocimiento más profundos que él.

14. Pero Juan le respondió: «Mira, yo no me encuentro en tu psique y tú tampoco en la mía, y no tengo norma para determinar por qué mi parecer siempre es el más acertado. Pero como el Señor mismo delante de nosotros ha enunciado que ahí opera la diferencia entre la fe y el amor, toma estas sus palabras como respuesta a tu pregunta. Sólo el Señor puede examinar los corazones de los hombres y por eso Él sabe exactamente qué diferencia existe entre nuestras psiques».

15. Por el momento Pedro se quedó satisfecho con esta respuesta y no hizo más preguntas.

Como la cena ya había terminado, nos levantamos y subimos todos al monte.

Capítulo 89. La piedra luminosa de la fuente del río Nilo

1. Poco después llegamos todos al monte ya conocido. Cuando cada uno de nosotros había ocupado su sitio, el anciano Marco —con su mujer y sus hijos— se acercó a Mí y me rogó encarecidamente que al día siguiente aún me quedara con él porque le dolía saber que antes de la salida del Sol Yo ya iba a marcharme.

2. «¡No te preocupes!», le respondí, «¡porque Yo puedo irme o quedarme, pues, el tiempo no me obliga, porque Yo soy también un Señor del tiempo para todos los tiempos! De modo que el tiempo no me será contado.

Todavía hay muchos lugares que tengo que visitar, y los visitaré, pero allí donde he encontrado un verdadero amor vivo, un día más o menos no tiene importancia».

3. Con lágrimas en los ojos Marco me respondió: «¡Oh Señor y Padre mío, te doy las gracias de todo corazón! ¡Hágase siempre tu santa Voluntad!

Pero ahora que las densas nubes han cubierto el cielo del todo y la noche está muy oscura, ¿no conviene que nos traigan antorchas?».

4. «Déjalo, ¡ya nos haremos luz!», le respondí, y acto seguido llamé a Rafael y le dije:

5. «En el centro de África, por donde están las altas montañas del Komrahai y donde de una roca nace la primera fuente del río Nilo, allá, en una profundidad de diez veces la altura de un hombre, debajo de las rocallas encontrarás una piedra del tamaño de una cabeza humana, ¡tráemela, porque va a iluminarnos suficientemente toda la noche!

Cuando la hayas traído, ¡ponla sobre aquel tronco nudo para que su luz se extienda a lo lejos e ilumine los alrededores! El hecho que ahora te haya hablado como a un hombre aconteció por la causa de los hombres, para que sepan de antemano lo que ahora ha de suceder y para que reconozcan mi Poder tras la ejecución tuya de mi Voluntad».

6. Con estas palabras Rafael desapareció, pero en seguida volvió parecido a un meteoro luminoso que estaba cayendo del cielo, y trajo la piedra que desprendía una luz tan clara como la del Sol.

7. Antes de que pusiera la piedra sobre el designado tronco nudo y hueco, varios pidieron examinarla de cerca.

8. Pero cuando Rafael les acercó la piedra, nadie podía mirarla a causa de su luz demasiado intensa; porque despedía una luz fuerte como el Sol en un día de invierno. De modo que Rafael colocó la piedra luminosa en el sitio indicado. Desde allí su luz iluminaba todo su alrededor, de modo que se podía ver y distinguir bien todas las cosas hasta a bastante distancia.

9. Se comprende que Zinka con sus compañeros y sobre todo Zorel casi ni osaron respirar por mera admiración. Zorel se esforzó para conjeturar algo razonable sobre este acontecimiento, pero no pudo sacar nada, porque sus conceptos matemáticos todavía invariables chocaban con la imposibilidad lógica del fenómeno de la llegada tan rápida de la piedra, y de su enorme luminosidad — acontecimiento en el que sus experiencias y sus ciencias no podían encontrar una explicación triunfante.

Ya había estado varias veces en Egipto, con sus esclavas, y en una ocasión hasta algunas jornadas más allá de las cataratas. Por lo tanto conocía bien las distancias al extremo Egipto, pues, siempre necesitaba de 5 a 6 semanas para llegar a las cataratas, aun sirviéndose de buenos camellos.

10. Con lo que Zorel se dijo: «Según mis cálculos, un huracán necesitaría tres días y una flecha medio día para cubrir este trayecto. Entonces, ¡con qué rapidez debe haberse desplazado este joven, para recorrer en un momento tal vez el triple de esta distancia!

Si el joven es un espíritu, ¿cómo podría traer algo material y cómo podría esta materia, por dura que fuese, protegerse de la destrucción debida a la resistencia del aire? ¡Eso va totalmente en contra de las leyes de la naturaleza! Además, ¡la luz intensísima que irradia, comparable con la del Sol, y eso sin desprender el menor calor! ¡Algo así no puede existir!

Nunca hubo experiencia alguna que hubiera descubierto algo parecido, a no ser algo como pasa con la madera podrida cuya luz pálida, durante la noche, apenas alcanza la intensidad de las luciérnagas».

11. De esta manera Zorel continuó cavilando y pensando durante cierto tiempo, y luego dijo a Cornelio y a Zinka: «¡Esto es lo que yo llamo un verdadero milagro, porque hasta ahora, en la Tierra, nunca tuvo lugar un fenómeno como este! ¿Qué especie de piedra podría ser? ¡Hasta ahora nunca se había descubierto piedra parecida! ¡Qué valor podría tener semejante piedra para un emperador o para un rey — suponiendo que con el tiempo no pierda su luz!

En la costa extensa de África, mucho más allá de las columnas del Hércules, en las regiones donde las estribaciones de los montes altos del Atlas saludan al océano atlántico, a finales de verano también se encuentra esporádicamente piedras muy blancas que, en la noche, durante ciertas horas desprenden alguna luz; pero esta no es duradera, y al colocar tal piedra en un cuarto seco en seguida desaparece su capacidad de lucir, con lo que la piedra ya no tiene ningún valor.

Sin embargo, el caso de esta piedra es muy distinto. Se supone que nunca perderá su luz, y por eso debe tener un valor incalculable».

12. Dijo Cornelio: «Yo no le doy tanta importancia a esta luz sino más bien en la manera como nos llegó y quién la trajo.

Pero ahora dejemos esto. Mañana, durante el día, tendremos la oportunidad de examinarla más detalladamente, porque entonces a causa de la luz solar nuestros ojos estarán menos sensibles que precisamente ahora, en esta noche tan densa, en la que las nubes anuncian una lluvia permanente que será una gracia para toda la región. ¡Pero callémonos ahora, porque el Señor va a comenzar lo que nos ha prometido cuando estábamos todavía en las mesas!».

13. Zorel se conformó con esta respuesta y aguzó sus ojos y oídos.

14. Pero Ouran se acercó a Mí y me preguntó: «Señor, ¿qué pasará mañana con esta piedra? ¿Mantendrá siempre su luz?».

15. «Con esta pregunta, en principio, has expresado el deseo de poseerla para tu corona», le respondí. «Pero eso no puede ser; porque después para conquistar esta piedra podrían originarse guerras desastrosas. Por esta razón mi ángel volverá a llevarla allí donde la ha encontrado, y con eso acabará para siempre toda discordia».

16. Ouran se quedó conforme con esta decisión y volvió a su sitio.

17. Pero a pesar de eso, Cirenio dijo: «¡Señor, como un regalo para el emperador sin duda esta piedra luminosa causaría una impresión considerable!».

18. «Por supuesto», le respondí, «pero a causa de su valor mundano demasiado importante no dejarían de estallarse guerras y eso sería fatal. Podrás tener algunos granos, ¡pero de ninguna manera toda la piedra!».

19. Cirenio todavía preguntó: «¿Cómo es posible que la piedra tenga semejante capacidad de despedir luz — y cómo se llama?».

20. «Estas piedras no pertenecen a esta Tierra, sino pertenecen al gran mundo del Sol. Pues, allí de vez en cuando, se producen erupciones de una potencia inconmensurable para vuestra imaginación y, con frecuencia, piedras como estas son lanzadas con enorme fuerza al vasto universo. He aquí una de esas piedras.

21. Su fuerza de iluminación se origina en su superficie sobremanera lisa, en la que continuamente se acumula una gran cantidad de electricidad que cada vez de nuevo excita a los espíritus presos en la materia enormemente dura, a que entren en actividad.

Además, esta piedra es completamente transparente, con lo que toda actividad de los espíritus en el interior de ella se manifiesta exteriormente en forma de una gran luminosidad — una manifestación que se incrementa de manera natural a causa de la actividad de los espíritus del aire exterior que continuamente se frotan en la superficie sumamente lisa de la esfera.

22. Pero tampoco en el Sol estas piedras existen como tales en la naturaleza, sino que son sus habitantes los que las preparan así con sus manos diestras. En la mayoría de los casos las hallan ya en la forma redonda, en regiones de grandes mares. Estas piedras siempre aparecen cuando se producen erupciones, en las que elementos minerales fundidos con extremas temperaturas son lanzados muy lejos al espacio donde siempre adoptan la forma redonda de una gota, conforme a la ley de su propia gravedad.

23. La caída de estas bolas en la superficie del Sol puede tardar días, meses o años, dependiendo de su tamaño y de lo lejos del Sol que hayan sido lanzadas. Hay las que caen en las montañas y en el suelo donde se estrellan; pero muchas caen en los grandes mares donde quedan indemnes y donde los habitantes del Sol las buscan. Pues los hombres del mundo solar son capaces de aguantar durante horas debajo del agua y de trabajar en los fondos marítimos como si trabajasen en el suelo seco, y eso fácilmente porque aparte de sus facultades anfibias también poseen equipos de buzo muy adecuados.

24. Cuando los habitantes de una gran casa solar se han provisto de cierta cantidad de estas esferas, a pesar de que estas ya de por sí tienen una superficie muy lisa, con toda diligencia los artistas las pulen todavía más, hasta que empiecen a emitir luz.

Una vez que el grado de pulimento esté óptimo, colocan las bolas en los largos pasajes subterráneos que recuerdan a catacumbas, por los que siempre hay un fuerte corriente de aire. De modo que estas bolas en los largos pasajes subterráneos sirven para iluminarlos y para adornarlos, a lo que dan mucha importancia. Pues, allí las viviendas comunes están frecuentemente mejor decoradas —sobre todo en su interior—que en Jerusalén el templo de Salomón.

Así se comprende que los hombres del Sol, en particular los que habitan el cinturón central, también hacen todo lo posible para adornar sus pasajes subterráneos.

25. Sin embargo, no estamos aquí reunidos para describir el mundo solar, sino para fortalecer vuestra fe y vuestra voluntad. Para alcanzar esto tendremos que ocuparnos de otras cosas más que de una descripción detallada y completa del gran mundo solar».

26. Cirenio todavía preguntó: «¡Señor! Si esta bola luminosa es más compacta que un diamante, ¿cómo se podrá desprender algunos granos de su superficie?, pues, me gustaría tener algunos en recuerdo de esta noche».

27. «Algunas veces piensas todavía de una manera muy mundana», le respondí. «Pues, consta que allí donde se encuentran estas bolas luminosas existe todavía gran cantidad de ellas, ya sea en África o en el Sol mismo. Y para mi ángel todas las distancias resultan iguales.

De esta bola luminosa, sin destruirla, ningún hombre mortal sería capaz de desprender algunos granos, y si alguien la rompiera a la fuerza, los fragmentos perderían inmediatamente la facultad de lucir, mientras que las pequeñas bolitas del mismo tipo sí la mantienen.

Pero ahora, en serio, basta ya con este asunto».

Capítulo 90. El alma y el cuerpo

1. (El Señor:) «Ahora vamos a dedicarnos a algo distinto. ¡Zorel y también Zinka, acercaos a Mí, y decidme ante todo qué queréis ver y saber!».

2. Los dos se acercaron y Zinka dijo: «Señor, para hombres todavía imperfectos como nosotros, esta pregunta es muy difícil de contestar. Nos gustaría ver y saber muchas cosas porque todavía nos queda mucho por ver y por saber, a pesar de ya haber visto y experimentado muchas cosas.

Otra pregunta es qué, entre todas las infinitas cosas que hay, para nosotros lo más preciso es que contestes a una pregunta a la que nosotros no somos capaces de contestar porque estamos todavía muy lejos de saber lo que para nosotros sería realmente lo más necesario.

Pero Tú, Señor, sabes mejor que nadie qué es lo que nos hace falta. Por eso, actúa según tu Amor y Sabiduría sin hacernos caso, y cada uno de nosotros verá, entenderá y sentirá lo mejor».

3. «Muy bien», le dije. «Voy a ver lo que se puede hacer. A mi parecer una visión optimista sobre la vida del alma después de la muerte del cuerpo será de la mayor importancia y necesidad para todos vosotros. Por esta razón os voy a explicar este asunto un poco más detalladamente.

4. Ya os he explicado varias veces en lo que, realmente, consiste la muerte del cuerpo. También os hablé de las diferentes maneras en las que puede tener lugar, y cuáles son las consecuencias para el alma y su espíritu. Pero si os lo explicara en largas frases teóricas, un año entero no sería suficiente. Por eso, para su verdadera comprensión, voy a explicaros los sucesos con palabras y demostrarlos con hechos; y entonces lo comprenderéis.

5. Aun así, antes de llegar al grano, tengo que explicaros de qué manera el alma está unida al cuerpo. ¡Oídme, pues!:

6. El alma —una mezcla de partículas que entre ellas se adhieren— es una composición de naturaleza completamente etérea sustancial. Y como el cuerpo en el fondo de su naturaleza también contiene substancias etéreas, estas resultan afines a la naturaleza etérea sustancial del alma.

Esta afinidad es lo que une el alma con el cuerpo — eso mientras lo etéreo sustancial del alma no se haya degenerado convirtiéndose con el tiempo en algo meramente material sustancial que casi ya no tiene afinidad con la identidad anímica. Y aunque quedara algún rastro de afinidad, sus elementos tendrían que ser extraídos del cuerpo tras el proceso de la descomposición, para que en el Más Allá el alma desnuda pueda revestirse con ellos.

7. Si un alma finalmente ha absorbido demasiado de lo material de su cuerpo, entonces la muerte física también alcanzará a ella, con lo que también ella tendrá que pudrirse junto con su cuerpo, para que —después de haber transcurrido varios años terrestres— vuelva a despertarse, naturalmente en un estado de imperfección total en que encontrará muchas dificultades para llegar a una región de luz más elevada, porque se hallará en un entorno terriblemente oscuro donde encontrará poca vida.

8. Mientras tras el tiempo, la miseria y toda clase de humillaciones aún no hayan sido expulsados del alma todo lo mundano y lo basto corporal—sustancial, no se podrá hablar de un despertamiento del espíritu en él, lo que en el Más Allá se realiza mucho más difícilmente que aquí en la Tierra. Porque en el Más Allá esta alma debe quedarse aislada, completamente sola, para que como ser todavía demasiado desnudo —es decir, indefenso y sin respaldo alguno— no pueda ser tragado y absorbido por otro ente que se encuentre en plena forma porque está dotado de un fuego vital mucho mayor; de lo contrario a tal alma le tocaría la misma suerte que a una gota de agua que cae sobre el hierro incandescente.

Pues ante un espíritu ya perfecto, para cada alma todavía imperfecta ocurre lo mismo que en otros tiempos ya dije a Moisés cuando pidió verme: “¡No puedes ver a Dios y seguir viviendo!”.

9. Cuanto más altamente potenciada está una vida individual, tanto más fuerte y poderosa se manifiesta. Por eso toda vida que todavía se encuentra en un nivel muy bajo nunca podrá sostenerse ante una vida muy potenciada, a no ser a una distancia conveniente.

¿Qué es un mosquito ante un elefante, una mosca ante un león, una plantita delicada de musgo contra un cedro viejo de cientos de años en el Líbano, y qué es esta Tierra ante el gran Sol?

¿Qué es una gota de agua ante un gran incendio?

Si alguien pisara a un elefante no le haría daño; pero si pisara a una hormiga, acabaría con la vida natural de ella.

10. Si hay algo que en la naturaleza exterior ya resulta palpable, tanto más desarrollado y pronunciado se presenta en el reino de los espíritus.

En cada vida individual ya existente se manifiesta la necesidad insaciable de acumular y unir cada vez más vida — un principio cuya base, en realidad, es el amor. Si este principio no fuese la fuerza motriz inherente a toda vida, en el universo infinito no habría un solo Sol ni una sola Tierra, con lo que menos aún habría criaturas en ellos.

11. Pero en la vida como tal ya existe el principio de unificación de más y más vida, y como toda vida libre se esfuerza continuamente en unirse con más vida afín a ella, finalmente, de muchas vidas individuales e inteligencias específicas se forma una sola vida con una inteligencia potenciada, de modo que de muchos seres ínfimos de poco raciocinio se formará un solo ser dotado de una gran inteligencia».

Capítulo 91. El perfeccionamiento de las “pobres almas” en el Más Allá

1. (El Señor:) «Dado que ahí se trata de un principio inmutable y sumamente necesario para todo ser y toda vida, si en estas circunstancias un “pobre alma” llega desnuda al Más Allá y se encuentra con un espíritu como por ejemplo nuestro Rafael, en seguida este la absorberá como el mar absorbe una gota de agua. Por este motivo he tomado la disposición preventiva —válida para toda la infinitud— que una vida todavía muy débil y limitada siempre sea colocada en un entorno en el que se encontrará aislada, toda sola; y que sólo estará permitido que se le acerquen potencias vitales que en nada sean mucho más fuertes que las aisladas.

2. Potencias vitales como estas no pueden absorberse las unas a las otras, porque todas estas identidades individuales tienen más o menos la misma fuerza. Pero ya forman asociaciones entre ellas en las que se consultan, aunque sea con resultados que no pueden ser muy provechosos porque la sabiduría de todos estos individuos es casi idéntica.

En este sentido, ¡imaginaos una reunión de concejales iguales de estúpidos que quieren resolver un asunto muy sabiamente y luego quieren poner el resultado en práctica!

¿Qué resultados producirán sus deliberaciones? ¡Nada más que estupideces!

3. Todavía hoy en día hay pueblos —la mayor parte en islas— donde desde los tiempos de Adán todavía viven descendientes de Caín, sin ser estorbados. Estos se encuentran todavía en el mismo nivel de desarrollo en el que estaban hace dos mil años.

Ahí nos encontramos ante la cuestión: ¿Por qué no han hecho un progreso en su civilización, sino más bien un retroceso a pesar de todos los consejos frecuentes?

¡Es porque entre ellos el más sabio es más insensato que aquí el pastor de cerdos más ignorante! Bueno, si ya el más sabio no sabe nada, ¿qué, entonces, van a saber los demás que le piden consejo?

4. Uno se preguntará: “¿Por qué no ha enviado Dios a estos pueblos uno de sus profetas llenos de su Espíritu?”.

He aquí que hemos llegado al punto principal...

5. En aquellos pueblos habitan almas que todavía son demasiado inmaduras, es decir, que espiritualmente están todavía desnudas. Una revelación más alta los devoraría y los metería en un juicio, del que nunca se liberarían. La Verdad más pura quedaría transformada en la superstición más empedernida, y ellos se enraizarían tanto en esta superstición que ni Yo mismo podría liberarlos por ningún medio.

6. Por eso hace falta que durante mil años todavía se queden así como son. Transcurrido este tiempo serán visitados por hombres más despiertos, pero sin recibir enseñanza sino que estos sólo les darán algún ejemplo para que se despierten. Después, de vez en cuando, les serán presentadas más sorpresas. Tras haber continuado así durante varios siglos, estos pueblos desnudos ya quedarán vestidos, tanto corporal como espiritualmente; y después, poco a poco, irán siendo maduros para una revelación más sublime.

7. Y exactamente así, sólo de manera bastante más penosa, es como en el gran Más Allá se realiza el desarrollo y el perfeccionamiento de la vida de un alma que se ha vuelto meramente natural, completamente desnuda. A esta, durante mucho tiempo, hay que dejarla sola en una oscuridad total, hasta que impulsada por su propia miseria empiece a hacer esfuerzos para salir de su letargo todavía muy material y de esta manera empiece a formar en su corazón pensamientos ya algo más definidos, sean los que fueren.

8. Cuando los pensamientos ya están más marcados y más claramente definidos, entonces en tal alma empieza ligeramente a amanecer. Comienza a sentir una base sobre la que puede ponerse de pie y, poco a poco, también dar algunos pasos.

Este movimiento corresponde al progreso de un pensamiento a otro y de un sentimiento a otro — un proceso que en el fondo es una búsqueda. Pero a cada búsqueda debe seguirle un hallazgo, porque de lo contrario el buscador tras haber buscado durante mucho tiempo se cansará y finalmente se rendirá a causa de sus esfuerzos infructuosos, con lo que volverá a caer en su antiguo letargo.

9. Tan pronto como el alma buscando encuentra algo, aunque sea poca cosa, esto le da un nuevo estimulo aún mayor para continuar su búsqueda e investigación. Y si encuentra rastros de existencia de semejantes, entonces, como un perro de caza, sigue estas huellas y no se para antes de haber hallado por lo menos la prueba de una existencia cercana.

10. Motivado por esta búsqueda cada vez más potenciada el alma va madurando y trata de saciarse con todo lo que encuentra accidentalmente para revestir así su cuerpo anímico substancial. Pues, de vez en cuando encuentra algo para calmar su estómago y su sed abrasadora, aunque sean cosas muy escasas. Y una vez que el alma se vuelve ansiosa a causa de su fuego vital interior más y más ardiente, surgen cada vez más estimulantes por los que se despierta cierta necesidad».

Capítulo 92. Cómo las almas son guiadas en el Más Allá

1. (El Señor:) «Consta que un espíritu que desde cierta distancia guía a tal alma debe tener mucho cuidado, para que esta en su plan de búsqueda sólo halle lo que le sirve para progresar en el perfeccionamiento de su vida.

2. Con el tiempo puede encontrarse con un alma semejante a ella, afligida más o menos por las mismas necesidades, con la que en seguida entra en comunicación, parecido a dos personas en este mundo que corren la misma suerte.

De modo que se preguntan y se lamentan mutuamente, y poco a poco empiezan a deliberar sobre lo que habría que hacer para mejorar su condición tan lamentable.

3. Se entiende por sí mismo que la segunda alma sólo debe tener una semejanza aparente con la primera que acaba de salir de su aislamiento; pues, de no ser así, un ciego sería guía de otro, con lo que fácilmente ambos podrían caer en un hoyo, y después se encontrarían en condiciones peores que el primero en su período de aislamiento.

4. El espíritu humano en sí ya perfecto que, como por casualidad, se acerca al alma joven que está en plan de búsqueda, debe cuidar de que no se le note nada de su perfección, sino que al principio debe presentarse completamente parecido a ella. Cuando ella se ríe, el se reirá con ella, cuando ella llora, el llorará también. Sólo cuando el alma se queja, se lamenta, y se pone a maldecir su suerte, ¡que el espíritu no haga lo mismo, sino por lo menos al comienzo sólo haga parecer que también él se queja de su destino aparentemente parecido, pero que también demuestre indiferencia y tome su suerte con cierta resignación — pase lo que pase!

Con eso el alma joven se vuelve más dócil y ya se satisface con una pequeña ventaja que también parece haberse producido accidentalmente.

5. Cuando tal alma en el Más Allá ha encontrado algún lugar todavía muy modesto, mientras ella misma no sienta en sí la necesidad de mejorar su destino hay que dejarla allí, porque tales almas se parecen a hombres de aquí en la Tierra que están completamente satisfechos con una propiedad muy modesta, mientras esta produzca por lo menos tanto como les haga falta para subsistir modestamente.

Todo lo que sea más sublime, perfecto y mejor, no forma parte de sus ansias, por lo que tampoco se preocupan por ello. ¿Qué les importa el puesto esplendoroso de un emperador o de cualquier general? Si tienen lo justo para comer y luego también tranquilidad, entonces ya están contentos sin desear nada más.

6. Lo mismo pasa en un segundo estado con un alma que ya ha salido de su aislamiento y que tras su propio esfuerzo fue atendida y abastecida de manera que ya considera su estado como soportable y no se preocupa de nada más — incluso alimenta cierta aversión contra todo que pudiera ocasionarle cualquier esfuerzo.

7. Digamos que si —en el Más Allá— hemos atendido a un alma hasta tal punto que ya ha encontrado un empleo con gente buena que la provee de las cosas más necesarias... O digamos que ha obtenido una pequeña casa abandonada como propiedad, un huerto muy fructífero y algunas cabras lecheras, tal vez incluso un servidor y una criada... Entonces, de momento, el espíritu guía ya no puede hacer más; de modo que durante cierto tiempo tiene que dejar este alma en su nuevo hogar sin interferir en nada.

8. De vez en cuando el guía se aleja durante cierto tiempo y hace como si se fuera para buscar algo mejor. Después vuelve y dice que ha encontrado algo mejor — sólo que costará mucho esfuerzo y trabajo el alcanzarlo. El alma pregunta en qué consisten el trabajo y el esfuerzo, y el guía se lo explica detalladamente. Si el alma está dispuesta, el guía la lleva allí; pero en el caso contrario la deja en su propiedad, pero cuida de que su huerta produzca cada vez menos hasta que por fin no produzca ni siquiera lo más necesario.

9. El alma va a aplicar todo esfuerzo para volver a transformar la huerta en una fuente de producción rica; pero el guía no debe permitir que se cumpla su deseo, sino debe ocasionar que el alma finalmente comprenda la inutilidad de todos sus esfuerzos y que le interesa abandonar esta casita para aceptar un empleo en el que seguramente no tendrá que trabajar y esforzarse más que antes, pero en el que seguramente va a conseguir un sustento aceptable.

10. Cuando un alma manifiesta vivamente tal deseo, que se continúe guiándola a un empleo en que tendrá mucho trabajo. Pero una vez allí, el guía la abandonará con cualquier pretexto, pretendiendo que en otro lugar le han confiado un trabajo bastante pesado pero bien recompensado.

Entonces se instruye al alma que debe cumplir concienzudamente con su tarea. Se le advierte encarecidamente que toda negligencia será sancionada con las retenciones correspondientes del sueldo, pero que por otra parte, si voluntariamente trabaja más de lo debido, también será recompensado correspondientemente.

11. A eso el alma o cumple exactamente con lo concertado y tal vez con algo más, o ella se cansa de los esfuerzos, se vuelve perezosa y por eso cae en una miseria peor que la anterior.

En el primer caso se la elevará y pondrá en un estado más libre y considerablemente más agradable en el cual podrá pensar y sentir más. En el segundo caso, sin embargo, el guía la abandonará a una miseria considerable, y hará que regrese a sus pobres posesiones anteriores donde todavía encontrará algo, pero ni mucho menos lo suficiente.

12. Pasado cierto tiempo, cuando el alma ya se vea en grandes apuros, el guía volverá — esta vez con mucho mejor aspecto. Viene en calidad de amo y propietario de muchas fincas y pregunta al alma, qué le ha ocurrido para haber sido tan negligente en su trabajo tan prometedor.

El alma viene con el pretexto de que el trabajo ha sobrepasado sus fuerzas, pero el guía le demuestra que sus esfuerzos en esta pobre propiedad son mucho mayores y aun así no se presenta la menor perspectiva de sacar las más mínimas ventajas.

13. De esta manera se consigue que el alma entre en razón, porque vuelve a aceptar otra ocupación en la que por esta vez va a esforzarse más que antes. Si corresponde, se le ayuda un poco más — pero todavía dejándola en su idea de que aún no ha muerto físicamente; pues, en general a las almas materiales les cuesta mucho tiempo hasta que perciben este hecho, por lo que hay que instruirlas de una manera muy prudente.

Habiendo empezado como almas completamente desnudas, esta novedad sólo la soportan cuando ya han adquirido una consistencia en cierto sentido anímica—corporal y ya están decentemente vestidas. En este estado más consistente ya son capaces de recibir algunas revelaciones concisas porque el germen de su espíritu ya empieza a brotar en ellas.

14. Una vez que un alma ha llegado a este punto y ha aceptado comprensivamente que ahora se encuentra en el mundo de los espíritus, y que en adelante su destino eterno depende únicamente de ella misma, se le muestra el camino correcto del amor a Mí y al prójimo — camino que el alma ha de seguir por su propia voluntad tras su autodeterminación completamente libre.

15. Después de haberle mostrado este camino y haberle advertido de lo que tiene que alcanzar sin falta, de nuevo el guía la abandona y sólo volverá si el alma le llama seriamente en su corazón.

Si no le llama es porque ya se encuentra en el camino correcto. Pero si vuelve consciente de su fracaso y desea que el guía vuelva, entonces este viene y le presenta la mera vanidad de sus esfuerzos y aspiraciones.

16. Si el alma alimenta el deseo de corregirse, de nuevo el guía la lleva a otra ocupación, y si en esta cumple con sus obligaciones será promovida una vez más; pero esta vez más despacio que la primera, porque de lo contrario fácilmente podría recaer en su antiguo letargo material — una recaída de la cual una liberación resultaría mucho más difícil que de la primera, porque con cada recaída el alma se endurece más, como un árbol que crece y que de año en año se vuelve más inflexible».

Capítulo 93. El progreso del alma en la Tierra y en el Más Allá

1. (El Señor:) «Se comprende por sí mismo que aquí no hablo de un caso particular sino que os doy una regla fundamental para demostraros cómo —al guiar a un alma en este mundo o más aun en el Más Allá— hay que proceder para sacarla de la materialidad que perjudica a su vida.

2. Al lado de este ejemplo hay todavía un sinnúmero de variantes de las que cada una tiene que ser tratada un poco diferentemente. Pero aun así debe haber una norma básica a la que todas las demás normas tienen que sujetarse — parecido al suelo que para volverse fértil precisa del agua de lluvia para que las semillas sembradas en él puedan empezar a germinar. De qué manera luego las semillas —de tan diversas especies— depositadas en el suelo se aprovechan de la gota de lluvia de todo lo que les conviene, esto es cosa de la inteligencia específica de los espíritus que viven en los gérmenes y que saben muy bien cómo cuidar de su hogar.

3. Eso os lo digo para que comprendáis lo difícil y penoso que resulta en el Más Allá el camino para la perfección de la vida interior, y lo fácil y libre que es aquí en este mundo donde el alma todavía posee un cuerpo físico en el que puede depositar sus tendencias materiales, deshaciéndose de ellas cuando y como quiera.

Pero en el Más Allá esto no resulta tan fácil, precisamente porque ya no tiene un cuerpo material ni sus pies tocan ya un suelo material sino uno espiritual, construido por los pensamientos y las ideas del alma misma — un suelo que es inepto para absorber definitivamente la materia expulsada del alma.

4. Pues, a lo que del alma cae a su suelo le pasa lo mismo como a una piedra lanzada desde la Tierra al espacio infinito — eso si alguien tuviera la fuerza de lanzarla hacia arriba, lejos de le Tierra, con una velocidad inicial que supera treinta mil veces la rapidez de una flecha disparada; entonces, por cierto, la piedra se alejaría tanto de la Tierra que nunca volvería a caer sobre ella.

Pero si es lanzada con una fuerza de proyección inferior a la fuerza que la gravedad de la Tierra ejerce sobre ella, la piedra volverá a caer necesariamente sobre el suelo de la Tierra.

5. Y ved, lo mismo pasa en el Más Allá con los fragmentos materiales de los pecados todavía adherentes al alma. Si el alma se los quita de encima y los echa al suelo de su mundo, esto le sirve poco o nada, porque el suelo en el cual el alma se mueve en el mundo espiritual forma parte de ella misma — parecido a la fuerza de atracción de la Tierra que con su extensa esfera de acción siempre seguirá siendo una propiedad inmutable de la Tierra misma.

6. Si el alma en el Más Allá quiere liberarse de todas sus substancias materiales, para esto debe actuar sobre ella una fuerza más sublime: la Fuerza que está en mi Palabra y en mi Nombre, pues está escrito: “Delante de tu Nombre se arrodillarán los que viven en los Cielos, en la Tierra, y debajo de la Tierra”. Esto se refiere a todas las criaturas humanas de los innumerables mundos en el infinito espacio de la Creación, porque en el Cielo viven los hijos de Dios eternamente perfectos, y en esta Tierra viven únicamente los que están destinados para este fin.

Si este privilegio sublime está reservado exclusivamente a esta Tierra, entonces esta, ante Dios, tiene una dignidad muy superior a la de los demás cuerpos celestes, con lo que estos y sus habitantes ante Él son inferiores a la Tierra y sus habitantes... Es así como hay que entender las palabras “los que viven debajo de la Tierra”.

7. De modo que el alma no puede ser purificada sino por mi Palabra y por mi nombre. Pero en el Más Allá esto no es tan fácil como uno pudiera imaginárselo, porque para esto hacen falta muchos preparativos. Antes el alma debe tener mucha práctica en toda actividad independiente y debe tener en sí una fuerza considerable antes de que le sea posible adaptar mi Palabra y mi nombre.

8. Una vez que el alma es capaz de hacerlo, le resultará fácil el quitar incluso el último elemento material de todo su territorio y eso de una manera que nunca ya podrá recaer sobre ella. Cómo y por qué, en seguida os será demostrado».

Capítulo 94. El desarrollo de la vida del alma

1. Dijo Cirenio que había escuchado con toda atención: «Señor, no puedo decir que todo esto no lo haya comprendido. Sólo temo que esto —todavía estando aquí en la Tierra— aún se me podría difuminar, lo que me haría muy infeliz; pues, todo lo que ahora hemos entendido por tu santa Boca no deja de ser un poco demasiado sublime para la inteligencia humana con lo despierta que fuera; por eso creo que una pequeña dilucidación suplementaria de ninguna manera sería de más».

2. Dije Yo: «Amigo, los romanos tenéis un buen proverbio que reza: “¡Longum iter per praecepta, brevis et efficax per exempla!”24, un proverbio que aquí se puede aplicar perfectamente. Espera aún un poco y voy a presentaros unos ejemplos de manera milagrosa. Pero lo sumamente sublime de todo ello sólo lo percibirás el día en que os sobrevenga el Espíritu puro de la eterna Verdad que os llevará a toda la Verdad de los Cielos y de todos los mundos.

3. ¿No ves que ya en la naturaleza para el crecimiento de todos los animales y todas las plantas no hay sino una sola ley?

4. Mira, todas las plantas crecen y se multiplican desde su interior. Absorben de la humedad del suelo las substancias afines a ellas y finalmente, purificadas por un sistema de muchos canales y capilares que las absorben en sí mismas, integrándolas en su vida.

5. En el fondo los animales toman sus alimentos de la misma fuente, sólo que estos alimentos —o en el organismo de las plantas o en la carne ya más refinada de animales de género muy inferior— ya están mucho más purificados que los que se encuentran en el humus original de la tierra.

6. El hombre, finalmente, ya se aprovecha de lo más fino y puro, tanto del mundo vegetal como del mundo animal; heno, hierba y paja ya no le alimentan. De las plantas necesita sobre todo los cereales y de los árboles los frutos nobles, dulces como la miel. De los animales, en general, aprovecha sólo lo reconocidamente más puro y le repugna la carne de animales impuros.

24. El camino de la enseñanza es largo y fastidioso, breve y eficaz él de los ejemplos.

7. ¡Pero cuántas variantes y irregularidades hay en el desarrollo de la flora y de la fauna, ya en este mundo! — ¡Pero aun así cada ejemplar llega a su destino!

A la vista alerta de un investigador que examina todas las cosas del mundo natural no puede escapar de la vista que una cosa sirve a la otra, y que la una existe para que la otra pueda prosperar.

8. La vida del alma debe filtrarse a través de diversos elementos naturales. Primero la vida se encuentra en el éter donde se concentra, uniéndose con otras específicas iguales, parecidas o parientes. De esta manera, en su conjunto, ya acumula cierto peso. De momento se sume en su propio centro donde va acumulando más peso, formando con el tiempo su sustancia vital ya notable.

9. En el aire la vida se concentra de nuevo —como antes en el éter— pues se forman nubes y nieblas. También estas se concentran más y forman gotas de agua que caen a la tierra en forma de lluvia, granizo, nieve y rocío; y en ciertas regiones forman neblinas y condensaciones constantes cuando el aire está saturado de humedad.

10. El agua —un elemento vital todavía muy inferior, pero ya superior al éter y al aire— ya debe empezar a servir de manera muy diversa a los organismos de condensación de vida que son superiores a ella.

Como la vida en la materia gruesa está casi del todo petrificada, el agua debe ablandar y absorberla, para que la misma agua luego pueda transportarla. Y en esto consiste una primera forma de servicio.

11. Luego el agua debe entregar estas partículas de sustancia anímica a las plantas. Una vez que en estas poco a poco se hayan desarrollado en formas ya más definidas, de nuevo el agua y el aire húmedo las absorben, con lo que el agua de nuevo debe proporcionarles los elementos necesarios para nuevas formas de vida más libres.

De esta manera, dentro de su esfera, el agua siempre sigue sirviendo y, además, continuamente nacen de ella incontables partículas de micro—almas vitales para una existencia cada vez más libre e independiente.

12. Pero también la vida de las plantas debe aceptar y cumplir con servicios ya más complicados. Los servicios del agua son todavía muy sencillos mientras que los servicios de las plantas para el continuo desarrollo de la vida ya son más complejos.

13. Todavía más diversos e importantes son las prestaciones de servicio para el desarrollo de la vida anímica incluso en los animales más primitivos y más simples —los que todavía son los más parecidos al reino vegetal. De esta manera el servicio en cada forma de vida más elevada también se vuelve cada vez más complicado.

14. Una vez que la vida anímica haya pasado enteramente a la forma humana, su tarea principal es la de servir.

Hay unos cuantos servicios naturales que a cada forma humana están impuestos como imperativos; pero aparte de estos hay un sinnúmero de servicios libres, sobre todo morales — todos dejados al libre criterio del hombre.

Y si el hombre en todos sentidos ha sido un servidor fiel, entonces él mismo se ha elevado a la perfección más alta de la Vida.

Verdad es que esto ocurre con muy pocos hombres que ya desde su nacimiento han sido puestos sobre un nivel más elevado. Pero en el caso de hombres que todavía se encuentran en un nivel parecido a aquel de los animales, su perfeccionamiento no es realizable en este mundo sino únicamente en el Más Allá — pero siempre en plan de servir».

Capítulo 95. La finalidad de servir

1. (El Señor:) «Al servir se practica y se activa la humildad de la mejor manera, porque cuanto más inferior parece un servicio, tanto más sirve para la formación de la Vida. La humildad como tal no es otra cosa que una condensación muy fuerte de la Vida en sí. El orgullo, en cambio, es una composición que cada vez se vuelve más fútil, una dispersión de la Vida en la infinitud y, finalmente, su pérdida total, lo que podemos llamar la segunda muerte, o sea, la muerte espiritual.

2. En el orgullo acaba todo servicio y con esto también todo el desarrollo de la vida. Si el desarrollo de la vida se basara en el imperio orgulloso sobre los demás, seguro que Yo habría establecido un orden que otorgaría a cada hombre el derecho ilimitado a dominar. Pero como esto es totalmente contrario a mi Orden eterno, toda criatura y todo ángel tienen que prestarse a servir, y finalmente, sirviendo más y más al prójimo, encontrarán la mayor felicidad y bienaventuranza.

3. Sin el proceso de servir, en realidad, tampoco puede haber continuidad de la vida; y tampoco pueden existir dicha, felicidad, amor, sabiduría, alegría ni aquí en la Tierra ni en el Más Allá. El que se imagina un Cielo lleno de ociosidad y de holgazanería, se equivoca mucho.

4. Por este motivo a los espíritus sumamente bienaventurados de los Cielos más elevados les son otorgados fuerzas y poderes casi iguales a los míos, para que puedan prestar su servicio no sólo a Mí sino también a todos los hombres, ya aquí en este mundo de vida de prueba. Si no fuera así, ¿para qué les serviría el don de la fuerza creadora? ¿Acaso se necesita fuerza y sabiduría para la ociosidad?

Si su actividad y la prestación de sus servicios ya para esta Tierra constituyen una importancia indescriptible, ¡la importancia que tienen que tener para el mundo de los espíritus, y con este para toda la infinitud!

5. Yo tampoco vine a vosotros para transformaros en ociosos y holgazanes o para instruiros en la agricultura, en la ganadería o en otros trabajos por el estilo, sino para educaros como trabajadores activos para la gran viña de los Cielos.

La finalidad de mi Doctrina que os doy es, en primer lugar, que vosotros mismos os perfeccionéis verdaderamente en el dominio de vuestra vida interior y, en segundo lugar, que vosotros —cuya vida ya está perfeccionada— ya aquí y particularmente más tarde allá en mi Reino me sirváis como colaboradores fuertes y aplicados.

6. Si mi propósito final no fuera éste y si Yo os dijera: “¡Sed activos, pero sólo en este mundo, porque vendrá el día en que en mi Reino podréis descansar holgazanamente y mirar boquiabiertos las magnificencias de Dios!”, entonces Yo mismo debería ser más tonto y más estúpido que el más ignorante entre vosotros.

Por supuesto que vais a mirar eternamente las magnificencias de Dios, con asombro, ¡pero no sin ser activos! Porque depende precisamente de vuestra actividad que las maravillas de los Cielos se multipliquen y que se vuelvan cada vez más sublimes y divinas.

7. Yo quiero que en adelante sólo vosotros, hijos Míos, pongáis todos mis pensamientos e ideas en obra — ya aquí sirviendo al alma, al corazón y al espíritu de vuestros hermanos y vuestras hermanas, y en el Más Allá sirviendo a todas las grandes realidades —desde la esfera de su origen espiritual más interior hasta su formación material más exterior— para que estas después puedan ser reintegradas en la Vida perfeccionada y potenciada, puramente espiritual y completamente libre.

Y para eso, amigos Míos, harán falta infinitamente mucho tiempo, paciencia y una gran actividad, y una sabiduría y fuerza universal».

Capítulo 96. Una mirada a los misterios de la Creación

1. (El Señor:) «¡No creáis que un mundo como esta pequeña Tierra pueda ser creada de la noche a la mañana y ser poblada en un instante!

¡Para esto hacen falta inimaginablemente muchas miríadas de años terrestres! ¡Qué tiempo para vosotros inconcebiblemente largo hace falta para que un mundo tan sólo se vuelva maduro para la evolución del género humano!

¡Cuántas especies de plantas y animales tienen que haber abonado el suelo de la Tierra —tras su fermentación y descomposición— hasta que en su podredumbre haya podido formarse aquel humus del cual una primera alma fuerte podía tomar su cuerpo y arreglarle conforme al Orden de Dios de una manera que este cuerpo tenía que servir al alma incluso para la procreación de sus semejantes... eso para que las almas libres —ya preparadas pero todavía sin cuerpo— ya no necesitasen componer su cuerpo durante centenares de años, a base de vahos, sino para que pudiesen producirle de una manera mucho más rápida: en un cuerpo materno, perfectamente equipado con todo lo necesario.

2. ¡Ved, para todo eso hacen falta mucho tiempo, mucha sabiduría, mucha paciencia y una fuerza infinita! Pero como vosotros nunca dejaréis de pensar y de concebir ideas, y menos aun Yo, la Creación continuará eternamente porque Yo no puedo pensar en vacío, y vosotros tampoco.

Tan pronto como el pensamiento es percibido como algo real ya tiene que tener forma; y una vez que tenga forma, ya está vestido espiritualmente y se encuentra delante de nosotros como objeto capaz de recibir luz, de lo contrario no podríamos percibirlo como algo que tiene forma. De modo que mientras Yo pienso y formo ideas desde mi propio fondo y vosotros pensáis y formáis ideas —también desde mi fondo— es imposible que el proceso de crear pueda terminar.

La infinidad del universo nunca carecerá de espacio, de modo que nunca nos molestará un aburrimiento causado por ociosidad.

3. Donde hay mucho que hacer también hay muchos cargos conformes al grado de habilidad de aquellos a quienes se atribuye una tarea.

Aquel que dentro de mi Orden ha adquirido muchas cualidades también será colocado encima de mucho; y aquel que ha adquirido pocas cualidades también será puesto encima de poco. Pero aquel que en esta vida no ha adquirido cualidad alguna, seguro que en el Más Allá tendrá que languidecer en plena oscuridad hasta que tras sus propios esfuerzos interiores totalmente libres se haya capacitado a entrar en un servicio con lo inferior que este fuera.

Caso que cumpla bien con este servicio inferior, se le dará otro más importante; pero si lo desempeña mal, pronto perderá todo, incluso lo que habría podido adquirir fácilmente con sus capacidades deficientes.

4. A cualquiera que tiene se le dará más para que posea en abundancia, pero al que no tiene le será quitado incluso lo que posee, y de nuevo noche, oscuridad, hambre, miseria y necesidad serán su destino hasta que se preste a ser activo en sí mismo para que de esta manera se cualifique para un servicio más avanzado.

5. Por eso os aconsejo que aquí todos seáis diligentes y que no os dejéis deslumbrar por los tesoros de este mundo que perecerán como la forma material actual de toda la Creación visible a los ojos de la carne. ¡En lugar de ellos recoged tantos más tesoros espirituales que durarán para toda la eternidad! ¡Sed hospederos y amos prudentes en la casa de vuestro corazón! Cuantos más tesoros espirituales almacenáis en él por medio de obras buenas, tanto mejor será vuestra vida en el Más Allá. Pero el que aquí cicatea tendrá que culparse a sí mismo si en el Más Allá encuentra la despensa de su corazón casi totalmente vacía.

6. Aquí es muy fácil recoger, porque todo lo que alguien hace de buena voluntad y por amor para con Dios y para con su prójimo es aceptado como si se tratara de oro puro; pero en el Más Allá tendrá que adquirir y pagar todo con el oro purísimo de su propia actividad más interior y pura — todo de su propio fondo. ¡Y esto, queridos amigos, resulta un poco difícil en aquel reino en que no hay minas materiales de oro ni de plata!

7. Aquí, en este mundo, podéis hacer oro del lodo y comprar con él el Cielo — eso si en la compra vuestro corazón está verdaderamente presente. En el Más Allá sólo podréis producir lo noble de lo más noble en vosotros mismos, y esto será aún más difícil que aquí hacer oro de guijarros.

Pero el que ya aquí por medio de sus obras buenas y nobles ha producido una gran cantidad de tal oro espiritual, no carecerá de él en el otro mundo. Porque de un grano de este material en el Más Allá se hará una roca enorme como un mundo, lo que ya constituye una gran provisión».

Capítulo 97. La actividad justa del amor para con el prójimo

1. (El Señor:) «Ahora veo que en algunos de vosotros surge un pensamiento malvado sugerido secretamente de Satanás que reza: “Os ha costado muchos esfuerzos, penas y trabajo para obtener el oro que habéis adquirido para vosotros y vuestros descendientes, ¿y ahora debéis malgastarlo para los que en toda ociosidad echaron su vida a perder? ¡Que trabajen para vosotros y que se ganen su pan cotidiano y, conforme a lo que merezcan, ya se lo repartiréis en cantidad justa! El que no es capaz ni tiene ganas de trabajar, ¡que perezca como un perro en plena calle!”.

2. Oh, este pensamiento que os ha sido inspirado es muy malo, porque ¿cómo puede trabajar un ciego? A pesar de eso es vuestro hermano que tiene el mismo derecho de vivir como vosotros, los que veis y oís, y tenéis miembros sanos. ¿Cómo van a trabajar los pobres ancianos e hijos débiles de padres empobrecidos que no tienen las fuerzas necesarias? ¿Cómo van a trabajar cojos y lisiados, además, por un jornal tan escaso que queréis pagarles? ¿Cómo van a trabajar mutilados y paralíticos por un sueldo que queréis concederles tan escasamente como posible?

3. ¿Cómo van a trabajar aquellos hombres que día tras día buscan trabajo y no lo consiguen en ninguna parte? Porque a quienes se dirijan, los enviarán a otra persona dado que de momento no tienen trabajo para ellos.

Aun así vuestro pensamiento malo les exige que busquen trabajo, lo que en otra parte no pueden encontrar más que con vosotros mismos. Si un hombre como estos finalmente se vuelve mendigo, le rehusáis y le llamáis un holgazán perezoso. Si otro se vuelve un ladrón, le capturáis como si fuera una fiera, le maltratáis y luego le echáis en el calabozo. Si un tercero se vuelve un asesino o al menos un salteador de los caminos, le prendáis, le condenáis, le echáis en la cárcel y poco después le matáis brutalmente.

4. Estas, en general, son las consecuencias de vuestros pensamientos malos que el príncipe de las tinieblas en todos los tiempos os ha sugerido clandestinamente. Pero en adelante esto ya no debe ser así porque pensamientos como estos pertenecen al infierno, ¡pero que nunca ya se produzcan en vuestros ánimos!

5. No se os pide que distribuyáis todos vuestros bienes a los pobres —porque sois discípulos míos— pero sí debéis ser administradores sabios de las riquezas que os están confiados, para que a los que son pobres sin culpa suya no los dejéis languidecer ni sufrir privaciones cuando estos se presentan ante vuestras puertas.

6. Fijaos en nuestro amigo Ebalo de Genesaret. Desde cuando es anfitrión ha hospedado a miles de pobres de todas las clases, tanto de su región como a forasteros, y eso nunca a regañadientes ni con cierta inquietud a causa de los suyos, y a pesar de eso su fortuna no ha disminuido en nada.

Al contrario, ahora tiene tantos tesoros terrenales que con ellos podría comprarse un reino grande; pero estos tesoros sólo los aprecia porque le ponen en condiciones de poder ayudar eficazmente a más pobres. No se preocupa de su casa, y de los hijos e hijas se preocupa sólo en tanto que se hagan fuertes en el reconocimiento del verdadero Dios único... Yo, en cambio, cuido de todo lo demás de su casa, y me hago responsable que nunca falte nada.

7. A los miedosos les dejo las preocupaciones de su casa y nunca les colmo sus graneros con cereales, y sus bodegas nunca rebosarán de vino. Los árboles de sus huertos no rebosarán de frutos a causa de mi Bendición, sus estanques no rebosarán de peces y los rebaños en los campos no serán muy gordos.

El que tiene poca confianza en Mí cosechará según ella. Porque Yo daré a cada uno conforme a su confianza, y su fe que es un fruto de su amor para conmigo y para con el prójimo.

8. Por eso, sed siempre misericordiosos, con lo que también en Mí hallaréis siempre Misericordia. Conforme tratéis a vuestros hermanos y hermanas, así os trataré Yo.

Os aconsejo que siempre estéis dispuestos a serviros los unos a los otros y a amaros mutuamente como Yo os amo.

Así manifestaréis a todo el mundo que sois verdaderamente discípulos míos, y que en vuestro espíritu sois verdaderos hijos míos.

9. Es una condición para todos mis hijos que aquí en esta Tierra deben practicar continuamente la gran ocupación que los espera en mis Cielos; porque allí el amor hace todo. Y toda sabiduría que no tenga su origen en la luz de la llama del amor, eternamente nunca será recibida en mis Cielos ni nunca encontrará aplicación alguna».

Capítulo 98. La ayuda que el dinero puede ofrecer

1. (El Señor:) «El que entre vosotros tiene mucho dinero, que no lo preste siempre sólo a aquellos que pueden reembolsárselo con intereses usurarios y eso en un plazo concertado, sino que lo preste también a los pobres que no pueden devolver ni el capital, ni pagar los intereses. Entonces él tendrá un buen crédito conmigo y Yo, todavía aquí, se lo reembolsaré diez veces, y en el Más Allá cien veces — el capital más los intereses.

Pero el que presta su dinero únicamente a aquellos que le pueden reembolsar el capital y los intereses en el plazo concertado, o a los que puede demandar judicialmente, él ya se ha llevado su paga, aquí, y ya no tiene que esperar otra de Mí porque no ha servido a Mí, sino sólo al mundo y a si mismo.

2. Sin duda vais a decir: “Si uno prestó dinero a interés a alguien que se encontraba en necesidad, esto no deja de ser una buena obra, porque si el prestatario lo aplicó de manera sabia y se volvió un hombre rico, fácilmente pudo devolver el capital más los intereses. De todos modos el prestador corría el riesgo que en el caso del fracaso de la especulación iba a perder su dinero.

Sin embargo, si al prestatario el dinero prestado le resultó productivo, ningún Dios con toda su Sabiduría podrá poner reparos en que el prestatario devuelva el capital y pague los intereses concertados.

Pues, en primer lugar el prestador también es un hombre ante quien cualquiera tiene las mismas obligaciones y, en segundo lugar, es posible que el dinero que ha prestado haya sido toda su fortuna de la que él debe vivir como un campesino de sus tierras. Caso que el prestador no permitiera que le devuelvan el dinero ni le paguen los intereses, ¿de qué iba a vivir?

O, ¿acaso podría el prestatario mismo tan sólo lejanamente desear de quedarse con el dinero prestado que le ha producido tanto, bien sabiendo que este dinero era la única propiedad del prestador complaciente?”.

3. A eso Yo os digo: Cada uno que tiene dinero y un amigo lo necesita y viene pidiendo un préstamo, no se debe negárselo. Aquel que se lo presta por los intereses legales, ya ha hecho una buena obra que también será apreciado en los Cielos.

Al mismo tiempo es un deber del prestatario no sólo devolver al prestador concienzudamente el dinero prestado junto con los intereses concertados, sino todavía más. Porque si uno ha ganado mucho, por propia iniciativa de su corazón debe repartir la ganancia con el prestador, dado que sólo con el dinero de éste ha hecho tanta ganancia. Sin embargo, el prestador no debe exigírselo; todo eso debéis arreglarlo tratándolo a base de una buena voluntad. Aun así no debéis olvidaros de vuestras propias obligaciones...

4. En el caso en que se presentara al prestador un hombre muy pobre del que no se puede esperar que sepa utilizar sabiamente una suma prestada muy importante, Yo no obligo a nadie que le preste el dinero pedido, porque de esta manera el prestador derrocharía el dinero conscientemente sin haber realmente servido a nadie; pues, sólo habría facilitado al pobre prestatario que se pierda en toda clase de vicios, según su naturaleza.

De modo que tal obra sería más bien mala que buena — por lo menos sería muy insensata, lo que no podría ser del agrado de mi Amor y menos aún de mi Sabiduría.

5. Otra cosa sería si se os presentara un hombre pobre del que sabéis que sabe administrar el dinero, pero que ha empobrecido por circunstancias ajenas a él, y que os pidiese un préstamo; a este no se lo neguéis, aunque no recibáis intereses ni tengáis la certitud de que os pueda devolver el capital prestado. Si el hombre lo ha utilizado provechosamente, como hermano vuestro ya sabrá lo que le corresponde hacer, pues tiene las mismas obligaciones para con vosotros como vosotros para con él.

6. Pero en el caso que no fuera capaz de devolver el dinero prestado, no deberíais guardarle rencores ni exigir el dinero prestado de sus descendientes, porque eso sería completamente en contra de mi Orden. Si estos —y sobre todo los hijos o los primeros nietos— han llegado a obtener una buena fortuna, ellos harán bien en liquidar aquella deuda que su pobre padre o abuelo había contraído con un filántropo.

En tal caso el filántropo ya sabrá lo que le corresponde hacer con este dinero —por amor a Mí y al prójimo.

7. De modo que cuando os digo que debéis prestar vuestro dinero también a aquellos que no pueden devolvéroslo, con esto os quiero decir que debéis proceder con vuestro dinero u otros bienes de la manera como Yo acabo de indicároslo; porque todo lo que fuera demasiado o demasiado poco, sería o insensato o perjudicador — de modo que resultaría en un gran pecado contra el verdadero amor al prójimo».

Capítulo 99. Servir correctamente y servir de manera errónea

1. (El Señor:) «¡De modo que servir es la gran palabra clave que suena por todas las esferas de la infinitud, en el gran reino de la naturaleza tanto como en el reino infinito de los espíritus!

2. También los habitantes maliciosos del infierno se entienden en este término —sólo que, en comparación con el servicio ofrecido por parte de los habitantes del Cielo, en el infierno cada uno quiere estar servido. Y si uno sirve alguna vez a otro, entonces es sólo un servicio fingido, egoísta e interesado con el que quiere engañar al otro, para que a la próxima ocasión con tanta más seguridad le pueda explotar.

3. Por la misma razón una índole infernal eleva a sus superiores a una gran altura, parecido a lo que cierta especie de buitres hace con las tortugas en las orillas del mar:

Tal buitre servicial ve una tortuga que se mueve en el lodo para llegar a la tierra firme, para buscar hierbas y saciar su hambre. El buitre, con ganas de saciarse con la carne de la tortuga, de momento le hace el favor de agarrarla del caparazón para depositarla en la tierra firme cubierta de mucha clase de hierbas.

Pronto la tortuga empieza a buscar las hierbas que le sirven de alimento. El buitre la observa cierto tiempo y hace algunas tentativas para averiguar la dureza del caparazón. Pero como su pico tan agudo que sea no es capaz de llegar a la carne, deja a la pobre tortuga que paste tranquilamente hasta que se vuelva confiada y saque la cabecita más afuera de la cáscara, ávida de comerse las hierbas.

4. Entonces, de repente, el buitre agarra el animal de su cabeza blanda y levanta la tortuga a grandes alturas, llevándola a un terreno de suelo rocoso; allí la suelta y ya empieza su caída mortal. Al caer sobre el suelo rocoso el caparazón se rompe en piezas y el buitre que la siguió igual de rápido, en seguida se sirve de la recompensa que le ha aportado su atención servicial inicial.

He aquí una fiel imagen natural de la disposición a servir de manera infernal...

5. Verdad es que eso también es una manera de servir, pero meramente egoísta e interesada; y por eso cada servicio más o menos interesado que los hombres se prestan mutuamente también es más o menos relacionado con la disposición a servir de manera infernal. De modo que cualquier servicio en tanto que esté relacionado con el infierno, de ninguna manera puede tener un valor ante Mí y todos mis Cielos.

Sólo un servicio completamente desinteresado tiene valor, y es puramente celestial y perfecto ante Mí.

6. Si os ayudáis mutuamente, hacedlo con amor y fraternidad verdadera como es costumbre en los Cielos. Si alguien os pide que le prestéis un servicio, prestádselo con amabilidad y con amor, y no preguntéis al solicitante por el sueldo antes de haberle prestado el servicio — porque así lo hacen los paganos que no conocen al Padre verdadero en el Cielo y que han adoptado sus costumbres más bien de los animales que de un dios; pues, aún hoy en día los mismos antiguos egipcios nos sirven de testigos de este detalle, porque el primer maestro que los excitó a reflexionar fue un toro, por lo que hasta ahora le veneran como divino.

7. Al otro lado, si alguien acaba de prestarte un buen servicio, tampoco debes preguntarle cuánto le debes; sino que de todo amor y toda alegría de tu corazón debes recompensarle lo mejor posible. Al ver tu buena actitud, él te abrazará y te dirá: “Noble amigo, apenas te presté un pequeño servicio y tú quieres recompensármelo tan generosamente. Basta con la décima parte que es más que suficiente, y lo aceptaré como prueba de amistad”.

8. Si ambos hablan de este modo con toda sinceridad y amor, ¿acaso no serán enseguida amigos verdaderos en espíritu? ¡Por supuesto que sí! Y seguro que de esta manera el verdadero Reino de Dios se establecerá entre vosotros, gobernándoos celestialmente con el cetro de la Luz y de la Gracia».

Capítulo 100. La doctrina de Moisés y la Doctrina del Señor

1. (El Señor:) «No es suficiente, ni lejanamente, sólo saber y creer lo que según el Orden de Dios y de todos los Cielos es bueno, justo y verdadero, sino se debe también obrar según ello con todo el amor y con toda alegría del corazón; sólo así os llegará el Reino de Dios con su justicia que hará de vosotros verdaderos hijos de Dios.

2. Además, ¿qué servirían toda la inteligencia y comprensión de una persona, si no actuase conforme a ellos, sino que se quedara con sus antiguas costumbres mundanas?

¿No se parecería a un hombre necio al que se ha regalado un palacio para que lo habite con los suyos, en toda tranquilidad y comodidad? Se supone que este afortunado tendría una gran alegría en las instalaciones magníficas y confortables, pero aun así, acostumbrado desde su juventud, prefiere quedarse con los suyos en la choza húmeda, insalubre e incomoda, todavía lamentándose de las inconveniencias de su cabaña tan limitada.

3. ¡Eso sí que es un necio modelo! Pero un necio aún mucho mayor es uno que conoce mi Doctrina y la reconoce como eternamente verdadera, y a pesar de eso en todas sus actuaciones sigue continuando como un buey de labor que persevera en sus antiguos costumbres.

4. Os lo digo a todos: Mi yugo que os pongo es suave; y sumamente ligera es la carga que tenéis que portar, de modo que a aquel que la porta le costará pocos esfuerzos. Pero el que no esté dispuesto a llevarla, tendrá que atribuirlo a sí mismo si lo pasa mal y miserable.

¡Manifestad mutuamente un amor justo y descansaréis en almohadas blandas y suaves! Si preferís poner vuestras cabezas sobre rocas, también las tendréis; pero que después nadie se queje si en la mañana de la Vida su cabeza está llagada y te duele.

5. Si tuvieras un servidor fiel y otro infiel, ¿no serías un gran insensato si despidieras al servidor fiel porque estaba mucho menos tiempo en tu casa que el otro que es un verdadero pícaro que te engañaba en todas ocasiones a más no poder?

Ya veis que toda esa disposición anticuada de servir tiene que desaparecer completamente porque no vale para la Doctrina pura de los Cielos; pues, esta nueva Doctrina no es simplemente un trapo nuevo para remendar una vestidura vieja completamente rota, sino que es un vestido completamente nuevo que debe sustituir la vieja vestidura del todo.

6. Por la vestidura vieja y desgarrada no hay que entender a Moisés y a los profetas —porque estos son oro purísimo de los Cielos— pero sí vuestros estatutos y reglamentos humanos.

Con estos —como también con de los del Templo— ya no se puede hacer nada, porque aun si se quisiera remendar una gran rasgadura con un trozo de tela completamente nueva, no se podría coserla porque la vestidura vieja demasiado quebradiza ya no aguantaría puntada alguna.

7. Verdad es que Moisés, para aquellos tiempos, dio al pueblo israelita reglamentos para toda la vida doméstica y para todas las necesidades de la humanidad, ahora ya totalmente tergiversados. Pero aunque no hubieran sido tergiversados, hoy en día ya no servirían para mi Doctrina que ahora os doy.

Pues, cuando se ara no se puede cosechar a la vez. Cuando los granos de trigo sembrados han madurado, se contrata segadores, y para estos los arados ya no sirven. Moisés labró y los profetas sembraron, y ahora ha llegado la época de la siega y de la cosecha, en la que Moisés con el arado en las manos ya no nos sirve.

Ahora vamos a cosechar y vamos a traer a nuestros graneros todo lo que haya madurado.

Después de la cosecha se volverá a daros el arado de Moisés para ahuecar el suelo para una siembra nueva del trigo más puro de los Cielos; y habrá guardas que vigilarán para que no se pueda acercar el enemigo para sembrar hierba mala entre el trigo purísimo».

Capítulo 101. La hierba mala entre el trigo puro

1. (El Señor:) «Verdad es que la Tierra será labrada de nuevo... y consta que se esparcirá las semillas más puras en los surcos recién hechos... y los guardas vigilarán los campos... pero a pesar de eso ya veo una gran cantidad de hierba mala entre el trigo nuevo. ¿Cómo podía esta mezclarse con el trigo?

2. Ved, ¡eso es un pecado de los guardas! Porque cuando anocheció, estos se quedaron dormidos porque se decían: “¿Quién se atreverá a entrar en los campos si los tenemos circundados?”.

3. Pero cuando dormían, el enemigo se acercó a hurtadillas, se introdujo furtivamente en el campo y esparció rápidamente la semilla mala.

4. Y cuando por la mañana los guardas se dieron cuenta que entre el trigo había salido una gran cantidad de mala hierba, por supuesto se fueron corriendo al señor y le dijeron:

“¡Señor! Sembramos el trigo puro que nos diste en el suelo igual de puro y vigilábamos los campos preciosos, ¿pero para qué todo esto ha servido? Aun así vino el enemigo, furtivamente sin que le hubiéramos visto, y esparció mucha mala hierba entre el trigo. Esta ahora crece excesivamente. ¿Qué debemos hacer: Debemos escardarla o la dejamos crecer?”.

5. ¿Qué les responderá el señor? Os lo digo Yo:

“Como a la hora de la noche —que es una prueba de la vida para cada hombre—no os quedabais despiertos y alertos, al príncipe de la obscuridad le resultó muy fácil sembrar su mala hierba entre mi trigo.

¡Ahora dejad que crezcan ambos, hasta que venga la época de nueva siega! Entonces diremos a los segadores: ‘¡Recoged primero el trigo y llevadlo a mis graneros, y en seguida después recoged también la mala hierba, atadla en haces y quemadla toda, para que sus semillas ya no vuelvan a entrar en el suelo echándolo a perder!’”.

6. Ahora os preguntáis celosamente en vuestros corazones: “¿Cómo debemos entender esto?”.

7. Y Yo os digo que se puede entenderlo fácilmente: El campo corresponde al corazón de los hombres de esta Tierra; el trigo purísimo es mi Doctrina; el arador y el sembrador soy Yo, ahora, y vosotros juntos conmigo. Vosotros también sois los guardas, junto con aquellos que vosotros vais a designar en mi nombre. Yo soy el Señor y Amo, y mis graneros son los Cielos. El enemigo es Satanás y su mala hierba es el mundo malvado con todos sus apetitos nefastos y mortíferos. Los segadores nuevamente designados son aquellos mensajeros de los Cielos a los que Yo, a su tiempo debido, designaré y enviaré para que recojan el trigo y quemen toda la mala hierba, para que esta en el futuro ya no estropee tan fácilmente el campo y el trigo.

Supongo que ahora habréis entendido esta imagen muy acertada».

8. «Sí, ahora la entendemos bien. Pero Tú, Señor, con tu Omnipotencia y Omnisciencia podrías fácilmente evitar que en adelante —aunque en la noche de prueba de la vida alguna vez nos sorprendiera el sueño— el enemigo pueda venir para sembrar su semilla mala entre el trigo puro».

9. «A esto Yo os digo: donde se trata de que en mis hijos se debe desarrollar una vida totalmente libre, mi Omnipotencia tiene que quedar totalmente fuera del juego. En este caso incluso Yo mismo no puedo hacer nada, sólo vosotros podéis ayudaros mutuamente.

Yo os doy el campo, el arado, el trigo, y designo los segadores, pero vosotros mismos sois los que tienen que trabajar. Y si trabajáis con aplicación, si alguna vez os falte la fuerza necesaria, entonces ya sabéis que Yo siempre os proveeré con todo lo necesario si me lo pedís en vuestros corazones. Luego, con fuerzas renovadas, el trabajo os resultará mucho más fácil. Pero Yo no debo ni puedo trabajar en vuestro lugar, ¡ni eternamente nunca!

Y aun si lo hiciera, esto no serviría para la libertad e independencia de vuestra vida, porque en este caso seríais meras máquinas, y ni mucho menos hombres libres que obran, piensan y viven una vida propia.

10. De todo eso ahora os tiene que quedar claro que lo de servirse mutuamente conforme a mi Doctrina es la condición principal de toda Vida.

¡A ver si lo comprendéis!».

11. «Señor», dijo Cirenio, «Tú que eres el único Verdadero en toda la eternidad, ¡a Ti nadie se iguala! Tus palabras tan claras son Verdad y Vida. Sólo ahora empiezo a vivir, y tengo la sensación que ahora se me haya despertado de un sueño profundo.

Así como Tú acabas de hablar, Señor, sólo puede hablar un Dios, porque no hay hombre capaz de saber lo que hay en él y lo que le vivifica, y cómo debe cultivar la vida para que diera fruto.

Nosotros, Señor, estamos ahora bien provistos y preservados para siempre; pero los que vendrán después de nosotros, a pesar de todo su celo probablemente ya tendrán que luchar mucho contra toda clase de hierbas malas que se encontrarán en tu campo, en medio del trigo más precioso. Pero para todo lo que esté en mi poder, al infierno no le resultará fácil el sembrar su mala hierba en el campo que Tú acabas de mostraros.

12. Pero ahora me gustaría aún saber de tu boca cómo el infierno y su príncipe influyen en los hombres. ¿Cómo consiguen traer su mala hierba al campo de los Cielos?».

Capítulo 102. Los pensamientos y sus realización

1. «¡No hay nada más fácil que esto!», le respondí. «Ya os he demostrado antes cómo cada hombre debe seguir el camino de la ley si quiere llegar a la libertad y a la independencia de su ser y de su vida.

Si existe una ley dada a los hombres desde su ámbito exterior, entonces es que en el interior del hombre debe haber un estímulo de hacer con gusto precisamente aquello que la ley prohíbe —aunque fuera sólo por un momento— en vez de cumplir rigurosamente con ella.

Ya antes de toda la Creación material di existencia a espíritus, lo que ya os he explicado de manera comprensible; pues, incluso hoy en día vosotros, cuando queréis construir o crear algo, observáis el mismo orden.

2. Primero concebís diversos pensamientos y después los formáis en ideas. Una vez que de los pensamientos y las ideas hayáis desarrollado una forma definida, la envolvéis con vuestra voluntad para que se quede permanente. En estas condiciones la forma tiene ya una existencia espiritual completamente indestructible, y siempre que queráis presentárosla la tendréis visiblemente presente.

Cuanto más tiempo íntimamente la observáis, tanto más afecto sentís por esta forma espiritualmente revestida; incluso se despierta en vosotros un amor a ella. Este amor aumenta y vuestro corazón empieza a arder por ella, y por medio del calor vital y por la luz producida por la llama del amor, la idea cada vez más definida se desarrolla más y más, se perfecciona y se vuelve más bonita. Y tras su perfección cada vez mayor ya empezáis a descubrir más ventajas y tomáis decisiones para convertir la idea madurada en una obra físicamente palpable.

3. Al principio hacéis dibujos en el pergamino y eso hasta que el dibujo corresponda completamente a la imagen espiritual que lleváis en vuestro interior. Entonces os consultaréis con un perito para saber si y cómo se puede realizar la obra; y este pronto podrá precisar cuánto costará y cuánto tiempo se necesitará.

Luego firmáis un contrato y, transcurridos algunos años, vuestra idea realizada estará delante de vosotros, lista para admirarla y servirse de ella.

4. Ved, así concebís y fabricáis vuestras casas y ciudades, vuestros castillos, utensilios y buques, y muchas otras cosas por el estilo. Y de la misma manera también Yo creo los Cielos, los mundos y todo lo que ellos llevan y contienen. Sin duda alguna se necesita más tiempo para crear un mundo que vosotros para erigir una cabaña, una casa o lo que sea, porque vosotros ya tenéis la materia a vuestra disposición, mientras que Yo antes debo creármela, sirviéndome de la firmeza inalterable de mi Voluntad.

5. Verdad es que Yo, dentro de un momento, también podría crear cualquier materia e incluso una legión de mundos, pero un mundo así creado perduraría poco porque no he alimentado la idea suficiente tiempo para permitirle su maduración imprescindible.

Pero una vez que mi idea acerca de un nuevo mundo fue madurada y alimentada suficientemente por mi Amor y mi Sabiduría, entonces también ganará continuamente en intensidad, con lo que se vuelve más y más consistente.

6. Lo mismo pasa a vosotros que ya tenéis la materia a la disposición: Si construís una casa dentro de un solo día, seguro que no aguantará un siglo y menos aún un milenio.

Pero si en el caso de edificios donde antes de comenzar con las obras permitisteis que vuestra idea formada madure suficiente tiempo en vosotros, después de darla muchas vueltas os ha quedado más y más claro qué hace falta para dar a tal forma una existencia perfecta y más duradera posible, entonces consta que realizaréis una construcción perdurable, igual que la de las pirámides que actualmente ya existen casi dos mil años, resistiendo a todas las tempestades, y que aún existirán cuatro veces este tiempo, apenas exteriormente un poco desmoronadas.

7. Si los antiguos faraones no hubiesen reflexionado tanto tiempo antes de construir aquellas construcciones como archivos para la conservación de sus ciencias y artes secretos —a las que los estragos del tiempo no debían destruir ni durante milenios— entonces estas pirámides ya no existirían como monumentos de la arquitectura primitiva.

Pero como los constructores, una vez que habían concretizado su idea que ya había adoptado formas, antes la habían alimentado durante muchos años facilitándola de esta manera su plena maduración, se comprende que esta idea concretizada en materia todavía hoy en día llena al viajero de asombro.

8. En lo sucesivo los hombres aprendieron a pensar más diligentemente, capaces de desarrollar rápidamente una idea nítida del conjunto de sus pensamientos, aunque sea bastante compleja; y tan rápida como fue concebida, tan rápida fue realizada. Por eso, a causa de la madurez previa deficiente, tal obra resultaba “ligera”, y por eso también prontamente perecedera.

En pocas palabras: todas las obras ligeras perecen pronto, pero todas las laboriosamente reflexionadas son duraderas».

Capítulo 103. La evolución de la materia

1. (El Señor:) «Cuando en tiempos primarios proyecté a los espíritus afuera de mi Centro —como ideas Mías maduradas— los llené de mi Fuerza y ellos mismos podían empezar a pensar y a querer.

Entonces también hacía falta fijarles un orden según el que debían pensar, querer y finalmente también obrar. Pero junto con la introducción de este orden era necesario depositar en estos primeros seres el estímulo de no observar el orden dado, porque de lo contrario nunca habrían tenido ocasión de hacer uso de su libre voluntad.

Sólo este estímulo depositado en ellos produjo una verdadera noción de vivir, en virtud de la cual empezaron a coordinar, a elegir, a querer firmemente, y a obrar.

2. Sabiendo eso, se comprende que ya en los primeros espíritus creados debía empezar a manifestarse cierta hierba mala, pues, este estímulo sacó muchos de los primeros espíritus del orden, los que a causa de su resistencia cada vez mayor finalmente tenían que endurecerse — lo que dio motivo para la Creación material universal.

3. Primero hubo los Soles centrales principales y, surgiendo de estos, finalmente hubo todos los innumerables otros Soles y cuerpos celestes, junto con todo lo que descubrís y encontráis sobre y en ellos.

4. Todo lo que ahora llamáis materia, en tiempos remotos fue algo puramente espiritual que voluntariosamente salió del buen Orden de Dios, ateniéndose a los estímulos engañosos y endureciendo en ellos — lo que finalmente formó la materia.

De modo que la materia no es otra cosa que algo espiritual de por sí endurecido que se encuentra en el juicio o, en términos aún más precisos: la materia es la envoltura gruesa y pesada de lo espiritual.

5. Lo espiritual como tal, encerrado en su envoltura tan dura y gruesa que sea, nunca puede convertirse en materia, sino continúa existiendo y viviendo en la materia de la especie que fuese. Si la materia es muy dura, la vida espiritual en ella es también muy amordazada y no puede evolucionar ni manifestarse, a no ser que le llegue ayuda desde el exterior.

6. En las rocas la vida sólo puede empezar a manifestarse si tras seguidas épocas de lluvia, nieve, rocío, granizo y relámpagos etcétera se ha vuelto cada vez más des—desmenuzable.

Entonces se escapa algo de vida al aire, en forma etérea, y parte de ella se prepara una nueva envoltura más ligera — a principios en forma de moho y de plantitas débiles como el musgo. Pero a lo largo insatisfecha con esta envoltura, la vida opta por una existencia más libre, y lo antes posible se prepara una nueva envoltura en la que puede moverse más libre e independientemente.

7. Mientras la envoltura nueva sea tierna y blanda, lo espiritual preso se encuentra bien y, en el fondo, no desea nada mejor. Pero por la actividad de los espíritus encerrados que intentan cada vez más de deshacerse de lo material molesto al principio todavía bien blando, de nuevo la envoltura se vuelve más dura y más gruesa.

Por eso la vida espiritual tiende hacia arriba, forma el tallo de la planta, el tronco del árbol, etcétera; y —lo que se puede observar sobre todo en los tallos de los cereales— forma anillos parduscos cada vez más estrechos para protegerse del endurecimiento cada vez mayor que le sigue inevitablemente.

Como finalmente a pesar de todo su esfuerzo no hay esperanza de poder evitar este endurecimiento, los espíritus aprietan el tallo inferior tanto como posible y se rehuyen en pequeñas ramas, hojas o pelusillas y finalmente en flores. Pero como también todas estas dentro de poco vuelven a endurecer y a la mayoría de los espíritus queda claro que todos sus esfuerzos eran en balde, pronto empiezan a conservarse en “cápsulas” a las que envuelven con una materia bien sólida más afín a ellos.

De ahí origina toda clase de semillas y frutos.

8. Pero en este proceso la parte egoísta de la vida —que dentro de una planta ya se ha vuelto mucho más libre— no gana mucho, porque todo lo que una vez se encerró en la cápsula dura de una semilla tiene que pasar tantas veces por el mismo camino como la semilla está sembrada en la tierra húmeda que rebosa de vida.

La parte más paciente de la vida —que en calidad de guardián y portador de la vida más diligente, temerosa e impaciente consintió en quedarse en la materia de la parte inferior del tallo— pronto se pudre y así entra en una esfera superior y más libre. Pero también en esta vuelve a vestirse con una envoltura, en general ya con una forma animal afín a ella.

Y de todo lo que como fruto de la planta se han comido los animales o incluso los hombres, la parte más gruesa está aprovechada para la formación y nutrición de la carne; la parte ya algo más noble sirve de espíritu fortificante y vivificante para los nervios, y la parte más noble se vuelve sustancia anímica».

Capítulo 104. El egoísmo, causa de la materia

1. (El Señor:) «Si ahora observáis este proceso un poco más de cerca, no os resultará difícil comprender en toda profundidad de la Verdad de dónde viene la hierba mala que hay en el campo puro de la Vida.

2. Todo lo que es del mundo y de la materia es una aberración, algo que necesariamente siempre se opone al verdadero Orden espiritual de Dios. Pero es precisamente por eso que al principio todo lo aberrado —como estímulo tentador para despertar la libre voluntad— tenía que ser inspirado a la idea ya animada y bien formada como ser autónomo proyectado de Dios afuera de su Centro; con lo que en realidad todo lo aberrado es lo presenta la hierba mala en el campo de la Vida espiritualmente puro.

3. Aunque la mala hierba originalmente haya sido una necesidad para la creación de una vida espiritual perfectamente libre, aun así el ser humano finalmente debe reconocerla como tal y debe deshacerse de ella del todo voluntario, porque es imposible que ambos puedan subsistir juntos.

A pesar de que la mala hierba es un medio necesario para lograr el fin, nunca podrá identificarse con el fin mismo.

4. De la misma manera la red es un medio necesario para la pesca, pero ¿quién iba a echarla al agua no por pescar peces, sino para sacarla tal como es y luego asarla en el fuego y servirse de ella como comida? Con lo que consta que la red sólo sirve para la pesca, y una vez que mediante ella se haya sacado los pescados del agua y llevado a la despensa, se recoge la red y se sirve de la ganancia que la pesca ha producido.

5. De modo que el estímulo debe existir para que facilite la trasgresión del mandamiento — un estímulo que despierta la fuerza del entendimiento y la libre voluntad.

Mientras el alma esté bien consciente del estímulo sin hacerle caso —siempre luchando contra él con la misma libre voluntad que este despertó y animó en ella— este estímulo llena al alma de placer y de alegría; pues, el alma libre se sirve de él, pero únicamente como medio, y de ninguna manara como finalidad.

6. Pues, el odre no es idéntico con el vino, sino que es sólo un recipiente para la conservación de él. ¿Quién sería tan tonto que, a causa del olor apetitoso del odre quisiera hincar los dientes en él, sabiendo muy bien que sólo ha de abrir el odre en el lugar previsto para sacar el vino puro de él?

7. La mala hierba, o sea, el estímulo para transgredir la ley, es por tanto una cosa subordinada y nunca debe llegar a ser lo principal. Cualquiera que convierte lo muy subordinado en lo principal parece a un tonto que quiere saciarse con las ollas en las que se prepara la buena comida, y eso tirando los buenos alimentos.

8. Finalmente, ¿en qué consiste la mala hierba tras cuya descomposición se abona la vida? ¿Qué nombres tiene este estímulo contrario a la ley, depositado en la forma vivificada?

¡Son el amor propio, el egoísmo, el orgullo y, por fin, también el despotismo! Verdad es que el amor propio induce a la forma vivificada a la introversión, pero eso con las miras de acumular todo para sí, encerrándolo y guardándolo para siempre, para que nunca nadie pudiera aprovechar de ello y para asegurarse de que nunca tenga que correr el riesgo que alguna vez pudiera quedarse corto en lo que fuera.

Al encerrar en sí todo lo que continuamente recibe mediante el Orden divino que mantiene y alimenta todo, en el ser tiene que producirse una densidad cada vez mayor, y también cierta complacencia en sí mismo, aunque esta fuera pasajera. Esto, en toda la extensión de la palabra, es el egoísmo que procura imponer su yo autoritativo a toda fuerza a cualquier otro yo, sirviéndose de todos los medios disponibles aunque fuesen de la peor índole.

9. Cuando el egoísmo ha alcanzado lo que quería, entonces se eleva sobre todo lo que es parecido a él y, como ebrio, mira todo por encima del hombro. Y ved, semejante desprecio parece al asco que produce un estómago hinchado ante las comidas que todavía están en la mesa — he aquí la altanería. En esta ya se encuentra mucha materia y todo un campo lleno de hierba malísima.

10. Luego, la altanería en sí se consume de insatisfacción porque sigue dándose cuenta que aún no está todo a su entera disposición como le gustaría. Por eso examina todos sus recursos y demás fuerzas, y descubre que podría conseguir que todos estén a su servicio si él, diplomáticamente, se hiciera pasar por generoso.

Pensado, examinado y hecho...

Y como siempre hay más hambrientos que saciados, la altanería ya tiene el paso libre. Pronto todos los pequeños individuos hambrientos se reúnen alrededor de ella y consienten en que los gobierne rigurosamente, porque finalmente también ellos chupan algo de la riqueza de la altanería.

Por eso obedecen a la altanería como unos esclavos, aumentando de esta manera la fuerza de ella y, a su vez, la altanería trata de imponerse cada vez más. Y esta aspiración insaciable es lo que en el verdadero sentido de la palabra es el despotismo más pernicioso, en el que no cabe el menor amor.

11. En tal despotismo se expresa la materia más recia con la que todo un planeta petrificado ya está previsto de toda clase de elementos malos en abundancia. Que el despotismo y con él la verdadera tiranía se parecen a la materia más densa, esto ya lo demuestran las fortalezas y los castillos macizos, detrás de los que se parapetan los soberanos. Sus muros deben tener un espesor de varias brazas y tienen que ser defendidos por guerreros fuertes para que nadie jamás pudiera diezmar su materia y reducir el bienestar altivo del soberano.

¡Ay de aquel desgraciado que se atreviera a tambalear una sola piedra del aquellos muros del tirano, porque en seguida se acabaría con él!

12. Pero que conste que aquí no me refiero a los soberanos y regentes que el Orden de Dios ha determinado para que tras ellos se reduzca el despotismo existente en todos los seres humanos — regentes que resultan en unos pilares para la manutención de la humildad y de la modestia, y del amor y de la paciencia; porque estos soberanos del pueblo designados de Dios deben ser lo que son y no pueden proceder de otra manera, pues, son guiados conforme a la Voluntad de Dios el Todopoderoso para que se mejoren los pueblos.

Aquí sólo se trata del despotismo ordinario de cada espíritu y hombre, y Yo os demuestro lo que es el despotismo en sí.

Consta que había soberanos que realmente eran tiranos malvados. Estos se habían destacado del pueblo y se rebelaron contra los soberanos introducidos por Dios, parecido a Absalón que en otros tiempos se levantó contra su propio padre David.

Soberanos como estos no fueron designados por Dios, sino que usurparon esta función, pues, son malignos y por eso una auténtica mala hierba, con lo que son productos correspondientes de la materia más gruesa.

13. Pero tú, mi Cirenio, y tu emperador no sois ni mucho menos de esta índole, sino lo que sois, lo sois por mi Voluntad, a pesar de ser paganos.

Aunque seáis paganos os prefiero en mucho a reyes que, en vez de dirigir y guiar a los hijos de Dios como debido, no eran sino verdaderos asesinos que mataban físicamente y más aun psíquicamente — por lo que se les quitó para siempre los antiguos tronos, las coronas y los cetros para entregarlos a vosotros, los paganos más sabios.

Bueno, Cirenio, hice este comentario al margen para que sepas que a ti y a tu sobrino de ninguna manera os considero como usurpadores de vuestros tronos...

Pero ahora continuemos nuestras observaciones acerca de la mala hierba en el campo bueno».

Capítulo 105. La creación de los sistemas solares

1. (El Señor:) «Ved. Ahora la humanidad —llevada por el amor propio, el egoísmo, el orgullo, la altanería y el despotismo que se origina de estos— se hincha tanto de toda clase de materia que después no será capaz de librarse completamente de ella ni en muchos miles de milenios.

Pero os digo que del mismo modo hace tiempos remotos hubo espíritus creados que por el estímulo puesto en ellos se volvieron demasiado egoístas, orgullosos y, por fin, despóticos — con la consecuencia que se transformaron en mera materia.

2. Estos espíritus se aislaron en grandes agrupaciones que se establecieron las unas de las otras en distancias para vosotros inconcebiblemente grandes. Ninguna de estas agrupaciones quería oír, ver, ni saber nada de las demás, para que pudiera entregarse exclusivamente a su amor propio, a más no poder. Y su entrega más y más intensiva al amor propio y al egoísmo produjo un despotismo absoluto y una soberbia cada vez más estimulada.

Por eso, como consecuencia de la ley de la gravedad que se produjo como función del amor propio y del egoísmo, finalmente las innumerables formas de vida se contrajeron en un bulto inimaginablemente enorme — he aquí un Sol central principal material de un cúmulo cósmico globular...

3. Pero en el espacio infinito hay un sinnúmero de cúmulos cósmicos globulares en los que tales Soles centrales principales sirven de centro común para innumerables universos solares. Y precisamente en estos Soles centrales principales se trata de las agrupaciones contraídas de espíritus primarios, de los que en el transcurso de los tiempos surgieron todos los otros universos solares, regiones solares, campos solares, sistemas planetarios, lunas y cometas.

4. ¿Cómo se originó esto? Ved, a muchos de los espíritus grandes en el Sol central principal la enorme presión se les volvió inaguantable. Se encendieron de ira y, incandescentes, se despegaron de la presión original, huyendo infinitamente lejos de su antigua agrupación.

Durante cierto tiempo se extendieron en el espacio infinito, libres, contentos y sin compromisos. Incluso se hicieron la idea de volver libremente al orden puramente espiritual. Pero como no pudieron desembarazarse del elemento del amor propio, por fin volvieron a contraerse en enormes bultos sólidos de los que se formaron Soles centrales de segundo grado — y eso en cualquiera de los innumerables cúmulos cósmicos globulares.

5. Con el tiempo también en estos Soles centrales de segundo grado los espíritus principales se encolerizaron a causa de la presión que continuamente aumentaba; de modo que se encendieron y en un sinnúmero de masas se despegaron de la agrupación de segundo grado. Y otra vez hicieron cara de estar dispuestos a volver a lo puramente espiritual; pero como con el tiempo volvieron a tener mucha complacencia en sí mismos y no querían privarse de su amor propio, se aumentó su peso material, con lo que también volvieron a contraerse en grandes bultos: Soles centrales de tercer grado.

6. Pero pronto se produjeron los mismos contratiempos como con los anteriores Soles centrales. Los espíritus superiores, siendo la minoría, fueron oprimidos demasiado violentamente por los muchos espíritus subordinados, con lo que pronto también se excitaron. Con enormes esfuerzos se despegaron del gran bulto por muchos millones y, por esta vez, ya con la intención firme de volver a pasar a lo puramente espiritual.

Durante tiempos inimaginables continuaron flotando en el gran espacio de la Creación en forma de masas nebulosas etéreas muy distantes las unas de las otras.

7. Recordándose de la enorme presión que antes tenían que aguantar, esta libertad les gustaba mucho. Sólo que en esta libertad ociosa empezaron a sentir hambre, con lo que para saciarse empezaron a buscar alimento en el espacio — en cualquier parte, fuera de ellos.

También lo encontraron. Y tenían que encontrarlo, porque la avidez parece al efecto del polo norte magnético que atrae con una fuerza irresistible todo hierro como también todos los minerales ferrosos.

8. ¿Y qué era la consecuencia inevitable? Paulatinamente, su naturaleza empezó a densificarse mucho, con el resultado de que pronto volvió a despertarse el amor propio con todo su engendro, y la consecuencia inevitable era otra contracción individual, para lo que, por supuesto, siempre hacía falta un sinnúmero de años terrestres.

9. No obstante, ¿qué son esos espacios de tiempo, tan enormes que fueran, ante el Dios eterno? Un vidente del pasado dijo: “¡Ante Dios mil años son como un día!”. ¡Y Yo os digo que mil veces mil años ante Dios no significan más que un solo momento!

A un ocioso, por mero aburrimiento, las horas le parecen días, y los días le parecen años, mientras que al diligentemente aplicado y activo las horas le parecen momentos y las semanas días.

Y como Dios desde todas eternidades está penetrado de un afán de actividad infinito y es ininterrumpidamente activo, la consecuencia bienaventurada es que a Él tiempos que os parecen inimaginablemente largos le resultan como momentos; con lo que para Él la evolución y formación completa de un Sol es un proceso que cuesta poco.

10. De la última contracción —que era de cuarto rango— aún se originaron y todavía siguen originándose los Soles de sistemas planetarios, de quinto rango, como aquel que ilumina esta Tierra.

La naturaleza de esta clase de Soles es mucho más suave y delicada que la de los Soles centrales, pero a pesar de esto tienen una masa enorme de materia pesada como consecuencia del amor propio de sus eones veces eones espíritus, de cuyo amor propio se ha compuesto tal Sol.

11. En estos ya se despierta la voluntad seria de volver a lo puramente espiritual original y a observar el verdadero Orden de Dios. Muchos de los espíritus luchan contra el estímulo metido en ellos y se vuelven ángeles auténticos, de momento sin pasar por el camino de la carne.

Los que de inmediato quieren someterse al camino de la carne —o en el Sol o incluso ya pasando por esta Tierra— están libres de hacerlo. Y esto vale también para los espíritus de los Soles centrales antes nombrados, sólo que allí este caso se da bastante menos frecuentemente que precisamente en el Sol de nuestro sistema planetario en cuya luz se manifiesta la gran actividad de la mayoría de sus espíritus.

12. Pero algunas agrupaciones de espíritus que aun con las mejores intenciones se soltaron de sus bultos solares no podían desprenderse completamente del amor propio; de modo que volvían paulatinamente a entregarse a ese estímulo original puesto en ellos, etcétera.

13. Pronto se volvieron materialmente visibles en forma de cometas nebulosos con una cola larga. ¿Os preguntáis qué significa esta cola? Demuestra el hambre de los espíritus que ya se vuelven materiales y su gran avidez de saciarse materialmente —una avidez que atrae del éter partículas materiales que les agradan.

Tal cometa, como aglomeración de espíritus ya vueltos muy materiales, vaga por muchos milenios en el gran espacio etéreo y busca alimento como un lobo feroz.

14. Por los alimentos que continuamente absorbe, este cometa se vuelve más y más compacto y pesado. Con el tiempo el Sol del que se había escapado empieza a ejercer su influencia sobre él hasta tal punto que tiene entrar en órbita regular alrededor suyo. Una vez que tenía que someterse a tal orden, el cometa se vuelve un planeta como esta Tierra, la Venus, el Marte, el Júpiter, el Saturno, y algunos otros que os están desconocidos.

15. De modo que ya tenemos un planeta delante de nosotros — un planeta que como tal siempre tiene mucha hambre. Y como ahora se encuentra más cerca del Sol que antes como cometa, también recibe suficiente alimento de él — un alimento que a la vez es un cebo para atraer cada vez más a este fugitivo, con la intención de volver a incorporárselo, aunque fuera después de mucho tiempo.

Esto no deja de ser un deseo laudable por parte de los espíritus originales en el Sol, pero aun así —tratándose de un planeta ya relativamente grande como la Tierra—tal deseo nunca se realizará; pues, aunque los espíritus presos en los planetas todavía sean muy materiales, conocen la materia del Sol y no tienen la menor gana de volver a integrarse completamente en él.

Con mucho gusto acogen a los espíritus que vengan del Sol, grandes y pequeños, pero no quieren saber nada de una unificación completa con el Sol mismo.

16. De vez en cuando sucede que el Sol atrae a los espíritus que dentro de su bulto material se habían huido. Y una vez que estos estén en la cercanía del Sol, el enorme afán de actividad de los espíritus del Sol ya más libres que rodean al astro solar —a los que se debe principalmente la luminosidad de la superficie del Sol— ocasiona que también todos esos espíritus contraídos en los sólidos bultos atraídos de repente entren en extrema actividad, con lo que estos se sueltan bruscamente y todos se ponen a la fuga, dispersándose.

17. La consecuencia de la actividad despertada en los espíritus que durante mucho tiempo estaban acorralados en un planeta —o al menos en un cometa ya más maduro—es la repentina disolución total de tal bulto y la liberación de muchos millones de millones de espíritus, de los que la mayoría —escarmentada por semejante lección— en seguida entra en el correcto orden de la vida, se convierte en espíritus angélicos auténticos y en guardas serviciales de sus hermanos menos libres, incluso de aquellos que todavía languidecen en otros bultos duros, para contribuir para su futura salvación».

Capítulo 106. La importancia de la Tierra y su formación

1. (El Señor:) «Pero una parte de estos espíritus que se soltaron aún quiere encarnarse en cualquier planeta. Algunos se encarnan también en el Sol, en el cinturón más afín a su naturaleza; pero pocos se interesan por esta Tierra porque en esta el camino por la carne les parece demasiado conflictivo. Pues, en ella tienen que renunciar incluso a todos los recuerdos en una existencia anterior, y desde el principio deben entrar en una existencia completamente nueva, lo que no es el caso al encarnarse en cualquier otro planeta o cuerpo celeste.

2. Porque a los espíritus encarnados en los otros planetas les queda cierto recuerdo de sus estados anteriores, como una visión de ensueño, con la consecuencia que son mucho más sabios y objetivos que los de esta Tierra. Pero por otro lado tampoco son capaces de hacer los progresos necesarios para poder entrar en un nivel superior de la vida libre.

En este sentido parecen más a los animales de esta Tierra en los que ya por naturaleza se forma cierto instinto dentro del cual siempre manifiestan una gran habilidad y perfección, de manera que el hombre aun con toda su inteligencia no es capaz de imitarlos para obtener los mismos resultados. No obstante, ¡procurad a enseñar a estos animales más allá de sus instintos innatos, y poco conseguiréis!

3. Hay algunos animales que permiten cierta instrucción hasta que puedan ser utilizados para trabajos sencillos y pesados, por ejemplo, el buey para tirar un carro, el caballo, el asno y el camello para llevar cargas, y un perro para rastrear, cazar y dar batidas; pero más allá no seréis capaces de enseñarles nada — y menos aún a hablar.

Hasta cierto punto la causa de ello es una reminiscencia imprecisa de los estados anteriores que mantiene las almas de los animales coaccionadas como en un juicio, de modo que estas viven en cierto aturdimiento.

4. Únicamente con todos los hombres de esta Tierra —y por ninguna otra parte— se da el caso que al encarnarse olvidan completamente sus vidas anteriores y por eso comienzan una existencia dentro de un orden y una formación totalmente nueva que les facilita el desarrollo hacia la perfecta semejanza a Dios.

5. Por eso, para que un alma pueda encarnarse en la Tierra, o tiene que proceder de un Sol que todavía contiene todos los elementos básicos originales y allí mismo debe ya haber pasado por el camino de la carne —con lo que ya contiene todos los elementos específicos de inteligencia de la psique necesarios para la perfección de una vida espiritual elevada—, o tiene que venir directamente de esta Tierra tras haber migrado por los tres reinos de la naturaleza: por la materia rocosa más bruta y todas las capas de minerales, después por toda la flora y, finalmente, por toda la fauna en el agua, sobre la tierra y en el aire.

6. Pero atención: ¡aquí no se trata del cuerpo material sino del elemento psíquico espiritual encerrado en su envoltura material! Aunque analizándola más detalladamente, en el fondo también la envoltura es psíquica—espiritual, pero en toda su estructura es todavía demasiado inerte, indolente, bruta y pesada, lo que manifiesta mediante su amor propio, egoísmo, arrogancia, su despotismo más avaro y mortífero, y su entrega a una vida regalada.

Esta materia, antes que todo, tiene que purificarse tras un proceso de repetidas descomposiciones hasta tal punto que la parte ya más pura de la envoltura permita que finalmente se integre en ella; pero hay poca probabilidad que la sustancia anímica misma pudiera aprovechar algo de esta materia algo purificada.

7. Por la misma razón existe en la Tierra un número de especies diferentes de minerales, plantas y animales mucho mayor que en cualquiera de los demás planetas y Soles. En el conjunto, por supuesto, saldría un número fabuloso. Pero tratándose de cualquier astro individual de todo el espacio de la Creación, la variedad de sus especies no llega ni a una cienmilésima parte de aquella de las especies que existen en la Tierra, en cada uno de sus tres reinos.

Ya por eso, únicamente esta Tierra está destinada a portar verdaderos hijos de Dios...

8. ¿Por qué? Con esta Tierra ocurre algo muy excepcional: Como planeta pertenece ahora a nuestro Sol, pero bien mirado no procede de este como los demás planetas de nuestro sistema planetario —con la excepción de uno que se encontraba entre el Marte y el Júpiter, pero que como consecuencia de la mala índole de sus habitantes que se habían pervertido del todo, ya hace seis mil años quedó destruido— sino de su Sol central principal, con lo que esta Tierra ya existe inimaginablemente más tiempo que nuestro Sol, él de la Tierra.

Pero la verdadera evolución material de la Tierra empezó después de que nuestro Sol —como bulto enorme— ya durante mucho tiempo había entrado en órbita alrededor de su Sol central. Aun así, la Tierra ha atraído y absorbido su sustancia física material sobre todo de nuestro Sol».

Capítulo 107. La formación de la Luna

1. (El Señor:) «Hace muchos millones de años terrestres que la Tierra era físicamente mucho más pesada, y sus espíritus estaban muy oprimidos. Entonces los espíritus de peor índole se encolerizaron y se separaron de ella, arrastrando con ellos una gran cantidad de materia más gruesa; con lo que durante muchos milenios vagaban alrededor de la Tierra en una órbita muy desordenada.

2. Como la mayor parte de los terrones —salvo algunos bloques— era de sustancia blanda y en parte incluso líquida, y como el conjunto estaba en rotación ligera pero continua, poco a poco toda la masa tomó forma de una esfera maciza. Como la rotación de esta esfera en relación con su pequeño diámetro era demasiado lenta para que el agua pudiera mantenerse uniformemente distribuida por su importante superficie, y como, además, su revolución alrededor de la Tierra era muy rápida, a causa de la fuerza centrífuga todo lo líquido tenía que acumularse en el lado de la esfera opuesto a la Tierra.

3. Por eso el centro de gravedad efectivo de este astro se fue desplazando más y más hasta aquel lado donde se acumulaba todo el líquido, de modo que con el tiempo la propia rotación demasiado lenta de este bulto finalmente tenía que pararse del todo. Pues el bulto ya resultaba más compacto y el agua ya no podía penetrar tan rápidamente por él, y las olas se rompían demasiado violentamente contra las paredes de las altas montañas que se habían formado. Por eso el astro empezó a mostrar siempre la misma faz a la Tierra — la que le había expulsado.

4. Y eso era muy conveniente para que sus espíritus obstinados como escarmiento puedan “disfrutar” de su estado de encontrarse metidos en una materia más seca y casi desprovista de todo alimento. Porque desde cuando esta Tierra está habitada de seres humanos, la parte visible de la Luna —pues, el astro en cuestión es precisamente nuestra Luna— sirve también para acoger almas humanas todavía apegadas a la vida mundana. Desde allí, vestidas de una envoltura etérea—material, pueden contemplar con entrega su querida Tierra, durante miles de años, desde una distancia de cien mil horas de camino, lamentándose que hayan dejado de ser habitantes egoístas de ella.

Ya están tomadas las medidas necesarias para que a pesar de todas sus ansias no puedan volver a la Tierra, con lo que en el transcurso de unos cuantos eones de años terrestres incluso los más obstinados ya entrarán en razón.

5. Ahora habéis llegado a saber cómo se ha originado toda la Creación material, incluso la de las Lunas y de los planetas que casi en todas las partes donde existen se han formado de la misma manera; y todos tienen la misma naturaleza y sirven ahora para el mismo fin.

6. Igual que en los tiempos remotos tras la caída de los espíritus surgió toda la Creación material de los mundos incluso las Lunas, de la misma manera en los cuerpos celestes duros y pesados poco a poco se han formado los montes como primeros viveros gigantescos de un mundo, y más tarde diversas plantas, diversos animales y, por último, el hombre mismo.

7. Espíritus de mejor índole se libran violentamente de la presión de la materia que se vuelve cada vez más violenta, disolviendo su propia materia mediante el poder de su voluntad.

Estos espíritus pueden pasar directamente al orden de los espíritus puros; pero el antiguo estímulo ejerce todavía su poder acostumbrado, con lo que de nuevo se despierta el amor propio: la planta absorbe, el animal devora y el alma humana, apenas entrando en la antigua forma de la semejanza a Dios, busca con avidez el alimento material y el bienestar ocioso acostumbrado; de modo que a poco rato el alma de nuevo debe revestirse con un cuerpo material que, a pesar de todo, es más sutil y más delicado que la vieja materia pecadora.

A pesar de encontrarse en un cuerpo más delicado, el amor propio del alma pura aumenta tanto que de nuevo se convertiría en materia más dura si Yo no hubiese colocado en su corazón un guarda: una chispa de mi Espíritu de Amor».

Capítulo 108. El mal hereditario del amor propio

1. (El Señor:) «Sin duda habéis oído hablar del mal hereditario — por lo menos vosotros, los judíos. ¿En qué consiste? ¡Ved y oíd!

2. Se trata del antiguo amor propio que es el padre de la mentira y de todo el mal originado en el; y la mentira es la antigua materia pecadora que no es sino una manifestación exterior del amor propio, del egoísmo, del orgullo, de la altanería y del despotismo pecadores.

3. Todo eso se produjo como consecuencia del estímulo necesario que Yo tenía que poner en los espíritus para que se volviesen conscientes de su propia libre voluntad y se sirviesen de ella. Pero a pesar de que este estímulo era indispensable, no fue ni mucho menos necesario que por él tras el pecado se formasen los mundos materiales.

Su formación —aunque tolerada por mi Orden— sólo fue una consecuencia de que tantos espíritus no quisieron resistir al estímulo, aunque bien habrían sido capaces de hacerlo; pues, seis veces más espíritus originales resistieron, y uno de ellos está aquí a nuestro servicio: es Rafael.

4. El enemigo que siempre sembró la mala hierba entre el trigo puro, que todavía la siembra y seguirá sembrándola durante mucho tiempo es el antiguo amor propio, y su séquito que os está bien conocido es la mala hierba que en el sentido más amplio representa todo lo que tiene que ver con materia, mentira y diablo.

5. Mientras tanto, mi Palabra es el grano noble y bueno del trigo, y vuestra libre voluntad es el campo en el que Yo en calidad del Sembrador de toda Vida siembro el grano más puro de mi Orden entero.

6. ¡No permitáis que el amor propio os domine, sino luchad contra él fácil y enérgicamente con la espada candente del verdadero amor más desinteresado y altruista a Mí y a vuestro prójimo, y mantendréis el campo limpio de todas las malas hierbas; y vosotros mismos, como fruto más puro y valioso, un día venidero entraréis en mi Reino donde veréis y dirigiréis creaciones nuevas y espiritualmente puras, en toda la eternidad!

7. ¡Pero tened cuidad que el enemigo —o sea el amor propio en vosotros— no llegue a ocupar ni un solo átomo de sitio, porque tal átomo ya sería la semilla de la verdadera hierba mala que con el tiempo podría ocupar totalmente vuestra libre voluntad, con lo que lo puramente espiritual vuestro se transformaría más y más en la mala hierba de la materia, convirtiéndoos en mera mentira, porque tal como es, toda la materia es la manifestación palpable de lo que es mera mentira!

8. El átomo más pequeño de amor propio en vosotros —que ahora sois discípulos míos— en mil años se habrá convertido en montones de mala hierba más venenosa, y mi Palabra será discriminada y tergiversada de mala manera para que no resulte un estorbo para cualquier mentira llena de soberbia y de odio.

Pero si vosotros permanecéis puros en mi Orden, pronto veréis que lobos y corderos beberán del mismo arroyo.

9. Acabo de daros una explicación sobre algo que hasta ahora no fue revelado a espíritu alguno, para que así os quede claro Quien es Aquel único que puede daros tal Doctrina. ¡Que os conste que no lo hice por la Doctrina misma, sino para que obréis conforme a ella!

Por eso, no seáis sólo oyentes impresionados pero inactivos de enseñanzas y doctrinas que antes de Mí nadie ha predicado tan abiertamente a los hombres como Yo acabo de hacerlo... tampoco es suficiente que reconozcáis claramente que Dios mismo, el Padre desde todas eternidades, os ha dado esta enseñanza... ¡sino debéis escudriñar severamente vuestro corazón, a ver, si en su amor se encuentra un átomo de mala hierba!

Si encontráis una, ¡arrancadla junto con todas sus raíces más pequeñas, obrad abundantemente conforme a mi Orden que ya os está conocido, y cosecharéis para siempre el verdadero fruto provechoso para vuestra vida!

10. Para que también veáis que todo es así como acabo de explicároslo, voy a abriros por algunos momentos vuestra visión interior, para que podáis ver y experimentarlo todo. Por eso, ¡prestad atención a todo lo que vais a ver!».

Capítulo 109. Redención, renacimiento y revelación

1. Se comprende que nadie había esperado recibir esta visión anunciada — una visión que tanto como mis explicaciones nunca tuvo precedentes. De modo que todos los presentes se sorprendieron y se maravillaron.

2. Muchos se golpearon el pecho y, en su arrebato, lanzaron gritos muy altos: «¡Señor, Señor!, ¡mátanos porque ante Ti somos pecadores demasiado viles! ¡Y todo eso por nuestra propia culpa, sea consciente o inconsciente! únicamente Tú eres bueno y santo, pero todo lo demás que lleva una envoltura material es malo y abominable. Oh, Señor, ¿cuánto tiempo debemos todavía permanecer en nuestra propia materia? ¿Cuándo seremos salvados de nuestra antigua maldición?».

3. A estos les respondí: «Precisamente ahora que Yo mismo bendigo toda la materia, introduciéndome a Mí mismo en vuestra antigua maldición. Todo el antiguo Orden de los antiguos Cielos junto con estos mismos termina y ahora, sobre la base de la materia bendecida por Mí, se establece un nuevo Orden y un nuevo Cielo; y toda la Creación incluso esta Tierra tiene que tener una nueva organización.

4. Conforme al Orden antiguo, nadie que había pasado por la materia podía entrar en los Cielos. Pero desde ahora en adelante nadie podrá llegar a Mí, a los Cielos más altos y más puros, sin haber pasado por el camino de la materia y de la carne, igual que Yo.

5. Cualquiera que desde ahora en adelante sea bautizado en mi Nombre con el Agua viva de mi Amor y con el Espíritu de mi Doctrina, y cuya fuerza de actividad también sea bautizada en mi nombre, su antiguo pecado hereditario está borrado por toda la eternidad, de modo que su cuerpo ya no será una pocilga de pecados sino un templo del Espíritu santo.

6. Entonces, ¡que cada uno cuide de que no vuelva a impurificarse con la antigua hierba mala y venenosa del amor propio! Guardándoos tan sólo de éste, santificaréis incluso vuestra carne y sangre; y una vez que el espíritu puro reine en vosotros, en él y mediante él no sólo el alma resucitará a la Vida eterna perfecta, sino también la carne y la sangre del cuerpo, con todo lo demás.

7. ¡Ved la diferencia entre antes y ahora! Y tal como ahora será arreglado, tal quedará en toda eternidad.

8. El Sol, que antes estaba lleno de maldición, a partir de ahora será lleno de Bendición, igual que todo lo que en el espacio infinito existe en cualquier forma.

Como ya os dije, estoy haciendo todo nuevo, y todas las antiguas relaciones tienen que ser modificadas porque Yo mismo me he transformado, vistiéndome con la materia.

9. Pero os digo: El que no cree y no está bautizado en el Agua y en el Espíritu en mi Nombre y en mi Palabra, ¡para él continuará todo como antes! Porque gente como esta no entrará en mi Reino, ni podrá contemplarme en el Más Allá, sino permanecerá en la periferia más extrema de mi Reino donde reina la noche y donde hay mucho llanto y crujir de dientes.

Y la Luz vital más pura de los Cielos no les llegará con más fuerza que la luz de una pequeña estrella llega a esta Tierra, y de mis verdaderos Cielos de la Vida no sabrán más de lo que aquí los hombres saben del aspecto de las estrellas y de lo que pasa en ellas. Aunque los hombres cavilen durante millones de años sobre lo que pueden representar esos puntos luminosos, después no sabrán más que ahora.

Aunque aún habrá hombres que inventarán instrumentos para observar objetos lejanos como si estuviesen cerca, con las estrellas no podrán porque estas se encuentran demasiado lejos de la Tierra.

10. Y en las mismas condiciones se encontrarán los paganos en el Más Allá, los que aquí no creían ni fueron bautizados: a lo sumo estarán puestos en una esfera desde la cual podrán ver los Cielos desde una gran distancia y hacer sus conjeturas, como ahora los hombres de la Tierra miran al cielo estrellado y sacan sus conclusiones.

Consta que después de mil años sabrán algo más de lo que saben ahora, y que descubran que las estrellas son Soles; pero lo que es un Sol, cómo produce su luz, qué tamaño tiene y qué distancia tiene de la Tierra, cuántos planetas giran alrededor de él, cómo estos están acondicionados, qué clase de habitantes tienen, qué costumbres tienen y qué lengua hablan, todo eso no lo resolverán con su intelecto.

11. Y si vosotros que ahora sabéis mucho se lo dijerais, no os lo creerían, porque un intelecto puramente mundano —como hoy día se encuentra frecuentemente entre los paganos— no cree en nada a no ser que lo pueda ver con sus propios ojos y palpar con sus propias manos.

12. Pues sí, en tiempos venideros aquí y allá entre los verdaderos confesores de mi nombre que tienen un corazón lleno de amor a Mí, aún despertaré hombres y mujeres y les revelaré todos los secretos de los Cielos y de los mundos; pero habrá pocos que lo aceptarán como verdad convincente.

13. Aquellos a los que todo esto será revelado tendrán la visión interior y tendrán una gran alegría; y alabarán y elogiarán el nombre de Aquel que les habrá revelado tantas cosas que para ellos son completamente convincentes y a las que de otra manera ningún sentido humano tendría acceso.

14. En los tiempos venideros aún habrá hombres en esta Tierra ante cuya visión toda la Creación estará manifiesta como una escritura secreta descifrada; pero esta Gracia será reservada exclusivamente a aquellos que antes ya creían en mi nombre y que también estaban bautizados en él».

Capítulo 110. El bautismo. La trinidad en Dios y en el hombre

1. Cirenio preguntó: «Señor, yo creo profundamente en todo lo que Tú enseñas. ¿Significa esto que yo también ya estoy bautizado?».

2. «Pues no, con eso aún no estás bautizado», le respondí. «Pero esto aquí no tiene importancia. Porque el que tiene una fe como tú, amigo, en el espíritu ya está como bautizado y eso con toda la bendición del bautismo.

3. Los judíos tienen la circuncisión, la que es algo como un prebautismo que como tal ante Mí no tiene valor alguno, a no ser que el circunciso a la vez también tenga el corazón “circunciso”.

Por este término hay que entender un corazón bien limpiado y colmado con todo amor, lo que vale más que todas las circuncisiones desde Moisés hasta nuestros días.

Después de la circuncisión hubo aún el bautismo con agua, de Juan, con el que sus discípulos todavía continúan. Este bautismo como tal tampoco no vale nada, a no ser que le haya precedido la penitencia requerida o que con certeza aún le seguirá.

4. El que se deja bautizar con el agua con la intención de mejorarse, no comete una falta, ¡pero que no crea que es el agua lo que purifica su corazón y fortifica su alma! Eso sólo lo realiza su propia voluntad completamente libre, mientras el agua sólo sirve simbólicamente, pues, señala que la voluntad —en calidad de agua viva del espíritu— purifica al alma de los pecados como el agua natural limpia la cabeza y el cuerpo del polvo o de lo que sea.

5. El que ha recibido el bautismo con agua en su verdadero sentido, también está bautizado perfectamente si a la hora del bautismo o antes ya la voluntad ha causado el efecto correspondiente en el corazón del bautizado. Sin este efecto el mero bautismo con el agua no tiene valor alguno; pues, no causa bendición alguna de la materia y menos aún una santificación de ella.

6. Del mismo modo el bautismo con agua aplicado a los niños menores de edad no tiene valor alguno, a no ser uno simbólico por la admisión en una sociedad mejor y porque el niño recibe un nombre, lo que para la vida del alma evidentemente tampoco tiene valor alguno, a no ser uno exterior político.

Bien mirado, también se podría dar un nombre al niño sin nada de circuncisión ni bautismo con agua, porque eso a Mí me da lo mismo; pues, ningún nombre santifica el alma de un hombre, sino únicamente la mejor libre voluntad de actuar y obrar de manera justa conforme a la mejor comprensión, y eso durante toda su vida.

Cada nombre puede ser santificado por la voluntad y por las obras; pero nunca puede ser al revés.

7. Cuando Juan bautizaba, también le trajeron niños para que él o sus discípulos los bautizaran. También los bautizaron si se presentaban representantes evidentemente concienzudos que les prometieron solemnemente que iban a cuidar de la educación espiritual del niño. Pues bien, en tal caso también el niño puede ser bautizado con agua por el motivo de darle un nombre.

Pero el bautismo santifica el alma y el cuerpo del niño sólo hasta cuando este llegue al verdadero reconocimiento de Dios, de sí mismo y del uso correcto de su libre voluntad. Hasta que llegue ese día, el representante ha de cuidar concienzudamente que el niño sea provisto lo mejor posible con todo lo que es necesario para obtener la santificación verdadera; de lo contrario el alma del representante quedará cargada toda la responsabilidad.

8. Por eso vale más no proceder al bautismo con agua antes de que un hombre de por sí sólo esté capaz de cumplir —tras su comprensión y su libre autodeterminación—con todas las condiciones necesarias para la santificación de su alma y de su cuerpo.

Por lo demás, para la santificación del alma y del cuerpo el bautismo con agua es absolutamente innecesario, lo único que hace falta es el reconocimiento de la Verdad en Dios y la actividad conforme a la comprensión correcta de ella.

Ya que bauticéis con agua, no es preciso tomar el agua del río Jordán sólo porque Juan bautizaba con su agua, sino para este fin sirve cualquier agua fresca, preferiblemente la de fuentes antes de la de cisternas; porque la de fuentes es mejor para la salud corporal que la reposada de cisternas.

9. El único bautismo verdadero y válido ante Mí es él con el fuego del amor a Mí y al prójimo, con el celo vivo de la voluntad, y con el Espíritu santo de la eterna Verdad de Dios.

Estos tres principios son los que en el Cielo dan un testimonio válido para cada uno, pues son: el Amor como Padre verdadero; la Voluntad como Palabra viva y real o el Hijo del Padre; y, finalmente, el Espíritu santo como comprensión justa de la eterna Verdad viva que origina en Dios — pero todo esto vivamente activo en el hombre, ¡y únicamente en él!

Porque lo que no se encuentra en el hombre ni ocurre por el impulso de su propia voluntad, no tiene valor para él, y lo que no puede tener valor para el hombre, menos aun lo puede tener para Dios.

10. Pues, para que el hombre reconozca a Dios como tal, debe haberle reconocido por medio de la Doctrina... debe haber adoptado su Voluntad como la suya propia... y debe haber arreglado todas sus actividades tras su amor y el celo vivo de su voluntad... sólo siguiendo la suprema Voluntad reconocida...

Sólo así la imagen de Dios en el hombre se anima, crece, y pronto penetrará todo su ser. Donde se da este caso, allí el hombre penetra en todas las profundidades de la Divinidad, porque la imagen de Dios en el hombre es una reproducción fiel del mismo Dios único, desde la eternidad.

11. Cuando esto sucede en el hombre, todo en él es santificado y ha alcanzado el verdadero bautismo del renacimiento del espíritu. Tras este bautismo el hombre se vuelve un verdadero amigo de Dios — un amigo íntimamente tan perfecto como lo es el Padre en el Cielo. Os digo expresamente que os esforcéis para volveros tan perfectos como Él, porque el que no lo consigue no llegará al Hijo del Padre.

12. ¿Quién es el Hijo? El Hijo es el Amor del Padre, con lo que es el Amor del Amor, el Fuego y la Luz, y el Hijo del Amor, o sea, la Sabiduría del Padre.

Por lo tanto, si en vosotros está la Imagen fiel del Padre, esta, finalmente, tiene que volverse tan perfecta en todo como el Padre mismo, porque de lo contrario no sería una imagen del Padre.

Ahora nos encontramos ante la cuestión: si la imagen no es perfecta, ¿de dónde, si no de ella, le podría venir al hombre la verdadera Sabiduría?

13. Igual que el Padre siempre está en Mí, también Yo me encuentro siempre en Él. Del mismo modo vosotros debéis hallaros en vosotros mismos, entonces también os encontraréis en Dios, y Dios estará en vosotros.

E igual que Yo y el Padre somos Uno, así también vosotros, ante todo, debéis volveros uno con la reproducción fiel del Padre en vosotros. Una vez que lo hayáis conseguido, entonces también vosotros os habréis vuelto uno conmigo y con el Padre eterno que está en Mí, dado que Yo y el Padre en Mí somos perfectamente Uno desde todas eternidades».

14. «Señor, ¡esto excede nuestra facultad de entendimiento!», dijeron los discípulos. «¡Por eso te rogamos encarecidamente que nos expliques esto más claramente!».

15. «¿Es que también vosotros sois todavía ignorantes? ¿Cuánto tiempo todavía tendré que aguantaros así? ¡Oh género todavía más desorientado!

Bueno, ¡ya os será dado el entendimiento necesario para que podáis comprender el secreto del Reino del Dios en la Tierra!

16. ¿Qué ha pasado con los pensamientos de vuestro corazón?

Ya os he explicado varias veces Quién es el Padre y Quién es el Hijo, y que el Padre es para el Hijo lo que el Amor es para la Sabiduría, o el calor para la luz. Os he demostrado que la luz sin el calor no sirve para nada, pero tampoco el calor sin luz maduraría las espigas en los campos.

Os he demostrado que del calor siempre surge una luz, porque el calor es la primera manifestación de alguna actividad; y esta manifestación como tal es la luz, la que aumenta en la medida en que aumente una actividad ordenada — ¡y aun habiéndooslo explicado tan detalladamente no comprendéis que el Padre y el Hijo son una unidad y que también nosotros —Yo y vosotros— somos una unidad!».

17. «Señor, ¡no nos lo tomes a mal!», respondieron los discípulos «¡Ya vamos percibiéndolo, y lo que aún nos falte, ya lo percibiremos con el tiempo en la medida debida».

18. «Ya sé que así será», les dije, «pero os reprimí porque veía muy bien que estabais más bien interesados en hacer preguntas en vez de recibir un conocimiento más profundo del tema».

Capítulo 111. El orden mosaico de la alimentación

1. Enseguida Cirenio observó: «¡Estoy sorprendido que tus discípulos no hayan comprendido lo que yo y sin duda todos los demás han entendido muy bien!

Pero como estás dispuesto a aclarar cosas que antes de Ti nunca nadie ha explicado, me gustaría saber qué significa la orden impuesta a los judíos de no comer alimentos impuros ni de tocar ciertas cosas consideradas impuras. Nosotros, los paganos, disfrutamos de todas las cosas y según nuestra enseñanza no nos volvemos impuros.

También los antiguos egipcios comieron todo lo que conforme a su experiencia les parecía comestible y no se sabe nada de una impurificación; de lo contrario, sé por la historia que de Egipto han surgido grandes intelectuales con conceptos muy puros.

Y también entre nosotros, los romanos, los hubo en todos los tiempos.

¿Por qué deben precisamente los judíos privarse de tantos alimentos?».

2. «Porque su estirpe viene de arriba, desde Adán, y en gran parte se ha mantenido hasta hoy en día — una estirpe que estaba destinada para que Yo en su medio pudiera llegar al mundo vistiéndome con esta materia para la salvación de toda criatura», le respondí. «Ciertamente has entendido que al vestirme Yo mismo con la materia toda ella fue bendecida y santificada por Mí.

Veo que en tu ánimo me lo estás afirmando.

Como sabes, antes de mi Venida de los Cielos la Tierra estaba más o menos yaciendo bajo la maldición que pesaba sobre ella. No es que Dios la hubiese maldecido, sino ella misma se preparó su propia maldición a causa de su amor propio, egoísmo, orgullo, despotismo y altanería, los que la han transformado en un aglomerado espiritual meramente escorificado.

3. Desde siempre la materia tuvo y todavía tiene muchos grados de dureza. Cuánto más dura es, tanto más violenta e impura es íntimamente, porque lo espiritual en ella aglomerado consiste en tanta más hierba mala ya conocida.

4. Los animales que al principio de la población de esta Tierra se juntaron con los hombres —como el buey, la oveja, la cabra, y entre los aves el pollo y la paloma— ya de por sí son de naturaleza más pura y de carácter más manso, con lo que su carne para el hombre proveniente de arriba tenía que ser la más saludable y beneficiosa para mantener la pureza de su alma; sólo que también estos animales debían estar perfectamente sanos y no se permitía matarlos durante la época del celo, porque incluso los animales normalmente puros durante este período se vuelven más impuros.

5. Más tarde también otros animales como el caballo, el asno, el camello, el puerco, el perro y el gato se asociaron al hombre, pero ya desde el principio más bien sólo a los hijos del mundo mundano; mientras que sólo con la excepción del asno y más tarde también del camello, los judíos siempre despreciaban los animales antes mencionados, hasta en la actualidad.

6. Todavía hoy un judío auténtico tiene cierto miedo del caballo y del perro, no es amigo del gato ni se fía mucho del camello.

Le repugnan las aves acuáticas domesticadas y siente una gran aversión al pavo y a las pintadas, de modo que todavía pasará mucho tiempo hasta que se vuelva amigo de estos animales. Al judío de categoría todos le dan asco, mientras que a los griegos, así como también a vosotros, los romanos, ya desde hace mucho tiempo estos animales os sirven para un asado muy apreciado.

7. Pero a partir de ahora las cosas van a cambiar mucho y cambiarán aún mucho más cuando Yo habré regresado a mi Casa. Después de mi regreso, a prueba de todo eso, en el gran jardín del hermano Cornelio mostraré a uno de mis discípulos —que actualmente todavía es un judío enraizado— qué clase de comidas se podrá comer sin tener dudas al respecto.

8. Acabo de mostrarte el motivo de las prescripciones mosaicas dadas a los judíos referente a la comida, las que seguramente reconoceréis. Por eso ahora ha llegado el momento para pasar al objetivo por el cual hemos subido a este monte».

Capítulo 112. Una predicción sobre las revelaciones presentes

1. (El Señor:) «Ya os dije que vais a ver cosas maravillosas fuera de lo normal; pero aparte de la esfera luminosa que Rafael trajo de Africa, a pesar de que la medianoche ya ha pasado, aún no ha ocurrido nada excepcional. También os dije que iba a abrir durante un rato vuestra visión interior para que de momento por lo menos podáis ver el mundo tal como es.

2. Pero antes de hacerlo os insto a todos que de estas visiones no digáis nada a nadie, porque aún tardará mucho hasta que la humanidad mundana será tan sólo lejanamente madura para ello. Además, para la salud del alma ni siquiera es necesario que el mundo llegue a saberlo.

En cuanto el mundo se tome a pecho amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo, todo lo demás ya le será revelado en la medida necesaria.

3. Vosotros, como primeros pilares de mi Doctrina, en secreto debéis estar informados sobre muchas más cosas que todos los demás juntos, para que pasado cierto tiempo no caigáis en la tentación ni abandonéis mi Doctrina.

4. Os digo que todo lo que os revelo no va a perderse: Cuando desde ahora hayan pasado casi dos mil años, y mi Doctrina estará casi totalmente enterrada en la materia más sucia, entonces despertaré a hombres que escribirán fielmente lo que ha ocurrido aquí — un gran libro que se entregará al mundo al que en gran parte se volverán a abrir los ojos».

5. (Nota bene: Tú, mi siervo y escribiente, ¿crees que Yo no hubiera mencionado este hecho en aquella época? ¿Acaso quieres ser tan flaco en la fe como eres en la carne? Te digo que a Cirenio y a Cornelio incluso les di tu nombre y algunos más detalles; y ahora son testigos felices de todo lo que te dicto para que lo escribas. Al final también te diré los nombres de los que desde ahora hasta dentro de dos mil años escribirán y harán cosas mayores y más importantes que las que tú haces ahora. De momento toma nota de esto y continúa escribiendo todo con plena fe).

6. Entonces Cirenio se sorprendió mucho y Cornelio me preguntó más detalles acerca de estos hombres a los que se concederá tal don.

7. Yo les di las profesiones, las características e incluso los nombres de los hombres mencionados y añadí: «Uno de ellos, el que recibirá la mayor parte de las revelaciones —de las que hasta ahora sólo os he comunicado una mínima parte— descenderá del hijo primogénito de José, por lo tanto será descendiente auténtico de David. Será flaco en la carne como aquel rey, pero tanto más fuerte será en el espíritu. ¡Dichosos aquellos que le oirán y arreglarán sus vidas conformemente!

8. La mayoría de los grandes hombres inspirados descenderá de David, pues tales cosas sólo pueden ser dadas a aquellos que incluso físicamente tienen la misma descendencia que Yo. Pues, también Yo desciendo de David, porque María, la madre de mi cuerpo, es una hija purísima de David.

En tal época venidera los descendientes de David se encontrarán casi todos en Europa, pero aun así seguirán siendo descendientes puros y genuinos de aquel hombre que era del agrado del Corazón de Dios, capaces de ser portadores de la mayor intensidad de Luz de los Cielos.

No subirán a un trono terrestre, pero tantos más hermanos los esperarán en mi Reino y Yo siempre los tendré en presente. También la mayoría de mis discípulos que están aquí desciende de David; por eso ellos son mis hermanos físicos, salvo uno que no viene de arriba sino meramente de este mundo. Él no debiera estar presente, pero aun así tiene que estar para que se cumpla lo que está escrito en la Escritura».

9. Completamente asombrado Cirenio observó: «¿De modo que siempre revelarás tu Voluntad únicamente a los descendientes de David? ¿Acaso Matael, Zinka y Zorel son también descendientes del gran rey, dado que a ellos revelas ahora lo mismo que a los descendientes de David?».

10. «Amigo», le respondí, «esto aquí no se realiza mediante la revelación secreta sino por la palabra abierta bien entendible para cada oído físico.

Otra cosa es lo de percibir la palabra interior, la secreta, la que sale de mi Corazón para entrar en el corazón de aquel que la percibe. Para esto ya debe haber un linaje preparado — un linaje de hombres cuyo interior es capaz de soportar el Poder de mi Palabra. Porque a cualquiera que no estuviera preparado, la menor sílaba proveniente directamente de Mí le causaría la muerte física. Pero una vez que la Palabra esté escrita, los hombres de buena voluntad y de buen sentido podrán percibirla leyéndola, y así ella no sólo no los matará sino los confortará y los fortalecerá para la Vida eterna.

11. Pero en el caso que la estudiasen hombres mundanos malvados para ridiculizarla, aunque esté solamente escrita, a estos los destruiría y los mataría.

De modo que ahora también estás al tanto de esto.

¡Pero ahora sed preparados para contemplar las maravillas eternas de la Creación, de la existencia y de la permanencia».

12. Cirenio todavía me rogó: «Señor, estamos preparados de observar lo que tu gran Gracia va a ofrecernos, pero ten la bondad de contestarme todavía una pequeña pregunta».

13. «¡Pregunta, sea lo que fuere, y te voy a contestar!».

Capítulo 113. La vocación para recibir la palabra interior

1. De modo que Cirenio observó: «Señor, si para la futura percepción de tu santa Palabra en el espíritu sólo serán capacitados aquellos que en cierto modo tengan una predisposición física y psíquica, ¡esto servirá poco a los que carecen de estos requisitos aunque tras una vida en extrema abnegación hayan podido alcanzar el verdadera renacimiento del espíritu! — ¿Y aun así no son dignos de la Gracia de percibir la Palabra de tu Corazón en el suyo?

A mi parecer todos los hombres, vengan de arriba o de abajo, si viven conforme a tu santa Voluntad, también deberán llegar y obtener las mismas facultades... ¡Se supone que el espíritu que penetra su alma y finalmente incluso su cuerpo, también será capaz de soportar una Palabra tuya!».

2. «Amigo, con lo mucho que te quiero y aprecio, pero aquí tengo decirte que en este caso has juzgado como un ciego de los colores del arco—iris.

Ante semejante concepto estoy sorprendido que los miembros de tu cuerpo aún no se hayan rebelado contra tu cabeza, hace mucho tiempo ya, porque no han sido dotados de las mismas capacidades y facultades de las que tu cabeza puede ensalzarse.

3. Tus pies de por sí son ciegos y mudos, y a pesar de esta dotación poco favorable deben cumplir con la labor más pesada. Tus manos deben ejercer tu voluntad y tienen que hacer los más diversos trabajos. Y aun así no tienen ojos para ver la hermosa luz, ni orejas para oír la armonía sublime del canto; tampoco tienen un olfato ni un gusto para disfrutar y apreciar la gracia que la vida ofrece.

Tomando eso en consideración, ¿no te parece que estos miembros están perjudicados respecto a la cabeza?

4. También un zarzal podría quejarse ante una vid: “¿Qué mal he hecho yo para que no me deba caer en suerte la gracia que también yo pudiese producir uvas jugosas?”.

5. ¿Es posible que aún no sepas que de mi parte todo está evaluado de la manera más minuciosa y que cada cosa tiene su propia finalidad?

De la misma manera que están relacionados los diversos miembros del cuerpo —pues cada miembro sirve a los demás según su propia facultad inherente— así también los hombres tienen diferentes facultades propias a ellos, con las que pueden servirse mutuamente. Y precisamente esto es lo que proporciona una suma bienaventuranza en la vida.

6. Cuando tu cabeza y tu corazón están contentos, también todos los demás miembros lo están, pero si tan sólo uno de los más pequeños miembros sufre, entonces ya se acabó el buen humor de la cabeza y del corazón y también el bienestar de todos los demás miembros de por sí perfectamente sanos. Todos están tristes a causa del uno que sufre y hacen todo lo posible para ayudar y curar al miembro enfermo.

7. Sin duda alguna es una vocación sublime el tener la facultad de percibir la voz de mi Amor, anotar todo y transmitirlo a otros hombres que no tienen esta facultad pero que la anhelan. Pero una facultad del corazón igual de sublime es retener y conservar las anotaciones recibidas en el corazón y arreglar su vida correspondientemente. Si un hombre, aunque provenga de abajo, de esta manera ha adquirido el renacimiento de su espíritu, no tardará en hallar la recompensa abundante, y seguro que no estará molesto por la facultad de aquel que percibe mi Palabra — parecido a tu meñique no se queja de no ser un ojo de tu cara.

¡Ahora dime si estás satisfecho con esta respuesta!».

8. «Señor, ¡estoy más que satisfecho! Y ya no te importunaré más con preguntas tontas como esta. De modo que ahora, sin más estorbos, ten la Gracia de mostrarnos las maravillas que nos tienes preparadas».

Capítulo 114. Una ojeada al mundo de los espíritus naturales

1. Dije Yo: «¡Mirad, por qué hice que del centro más profundo de África trajesen esta bola luminosa: para descubriros el mundo de los espíritus naturales, y eso sin milagros sino sólo de una manera natural todavía desconocida a vosotros.

2. Resulta que la luz de esta piedra tiene la propiedad de actuar sobre los nervios vitales situados por encima de la fosa epigástrica, y eso de una manera que tras una influencia prolongada de esta luz el alma dirige su visión allí, y así empieza a ver incluso las cosas más ocultas. Ahora vuestra visión interior va concentrándose allí, de modo que con los ojos físicos cerrados allí veréis más que ahora con los ojos más abiertos.

3. Hay personas a los que la luz lunar surte un efecto parecido, pero nunca tan intensivo como precisamente la luz de esta piedra.

¡Por eso cerrad vuestros ojos y convenceos vosotros mismos si tras la fosa epigástrica veis mejor o no que con los ojos físicos!».

4. Acto seguido todos cerraron sus ojos y se asombraron sobremanera de la capacidad visual tan nítida del alma tras la fosa epigástrica.

5. Sólo Matael y sus cuatro compañeros dijeron: «Para nosotros esta maravillosa capacidad visual no es ni mucho menos extraordinaria; porque mediante ella, con frecuencia, vimos las cosas más extrañas y anduvimos por lugares por los que en el estado normal, despierto, ningún hombre mortal podía pasar sin consecuencias graves.

En estas ocasiones vimos el aire, los mares, los lagos y ríos llenos de caras o más bien larvas sorprendentes que flotaban en el aire, moviéndose incontroladamente, o parándose o dando vueltas, y más en este estilo. Había las que caían a la manera de copos de nieve y se pararon en el suelo para meterse en seguida en sus grietas, otras fueron atraídas por las plantas que las absorbieron como el rocío, y otras fueron absorbidas directamente del suelo o de las piedras.

6. Las que se habían metido en las grietas del suelo y las que habían quedado absorbidas de las plantas y de las piedras, estas ya no volvían a aparecer; pero donde hubo algún árbol, una hierba o un animal que estaba en descomposición, allí surgieron diversas nuevas partículas —al principio como una bruma ligera que irradiaba una luz tenue— que a cientos de miles pronto se fundieron en una forma ya más pronunciada.

7. Una vez que tal forma estaba acabada, no tardaba mucho y —provista de algo como una conciencia propia— esta comenzó a moverse parecido a un perro que busca algo que su buen olfato había husmeado.

8. Vimos frecuentemente que estas formas se dirigieron flotando hacia rebaños de ovejas, cabras o vacas, y una vez allí, se quedaron entre estos animales. Cuando estos alguna vez efectuaron el acto de procreación —y parecía que estas formas los estimulaban para tanto— se quedaron absorbidos por estos animales y ya no volvieron a aparecer.

9. Muchas de estas formas se dirigieron a las aguas para flotar cierto tiempo sobre ellas. Después algunas se sumergieron directamente en el agua, otras se condensaban formando una masa brumosa y sólo después se sumergieron en el agua donde adoptaron una nueva forma que a veces ya tenía algo parecido con los animales acuáticos.

10. Pero para nosotros lo más sorprendente era de ver que del agua salieron miles de esperpentos, larvas y formas que se presentaban como especies de insectos y pájaros de toda clase. Tenían alas, patas y otras extremidades bastante bien formadas, sólo que no se servían de estas, pues, todas pendían sin fuerza de su “cuerpo”. Todas estas formas flotaban en el aire como plumones. Sólo cuando se acercaba una bandada de verdaderos pájaros, estas larvas y formas brumosas se movilizaron y la acompañaron, y con el tiempo esta bandada las absorbió.

11. Vimos que desde las alturas continuamente llovía una especie de polvo ligeramente luminoso, algunas veces más y otras veces menos denso, que se concentraba sobre todo encima de la superficie del agua. Observando este polvo más de cerca, también se podía apreciar formas que parecían a huevos minúsculos u otros animalitos acuáticos extremadamente pequeños... y pronto el agua se tragó este polvo.

12. Oh, ¡aún podríamos contar mucho más de ello, si tan sólo tuviéramos el tiempo necesario!

Pero todo aquello que antes podíamos ver en nuestro estado lamentable, ahora lo vemos con ojos realmente cerrados — una visión que despierta en nosotros el recuerdo que grita en voz alta: “¡Todo eso lo habéis visto durante varios años todas las tardes y todas las noches!”.

A veces teníamos estas visiones también durante el día, sobre todo cuando el tiempo era nublo como en el otoño, pero eso siempre sin saber a qué atenernos. Ahora, felizmente, comprendemos el asunto y sabemos qué es y dónde tiene su origen. Por eso, Señor, ¡a Ti sea todo el honor, nuestro amor, nuestra gratitud y nuestra adoración!».

Capítulo 115. Yara y los espíritus de la naturaleza

1. A eso Yara, que estaba descansando a nuestro lado, preguntó: «Señor, ¿qué son estos pequeños hombres en tantos diferentes colores, los que vinieron del bosque y que ahora nos rodean en grandes grupos? Tienen una estatura de niños de apenas dos años. Aunque algunos de ellos tengan alguna ropa medio transparente, la mayoría de ellos está completamente desnuda».

2. «Son almas humanas de esta Tierra ya completadas que aún no han pasado por la carne», le respondí. «Y hasta ahora tampoco tienen muchas ganas de hacerlo porque les da horrores volverse presos en la materia. Las almas que están vestidas tienen incluso una lengua aunque no sea muy desarrollada, pero aun así todos ya poseen cierta inteligencia primitiva, parecida a la de los monos».

3. «¿Me entenderían si les dirigiera la palabra?».

4. «¡Pruébalo, a ver si tienes suerte!».

5. Acto seguido Yara cobró ánimo y preguntó a uno de los hombrecito de azul claro, brumosamente vestido: «¿Quiénes sois y qué queréis aquí?».

6. El hombrecito de color azul claro se plantó delante Yara y, mirándola fijamente, le respondió: «¿Quién te mandó a ti, carne maloliente, a preguntarnos algo a nosotros que somos puros? ¡Salvo el Uno y todavía otro, todos apestáis asquerosamente a materia, la que es la mayor contrariedad para nuestro olfato!

¡En adelante, carroña maloliente, no te dirijas a nosotros antes de que el Espíritu más todopoderoso de todos espíritus te lo haya mandado explícitamente! — ¡O sea que procures deshacerte de una manera conveniente de tu saco carnal carcomido!».

7. «Bien, hijita mía, ¿cómo te gusta esta respuesta?», pregunté a Yara.

8. «Oh Señor, ¡estos seres son increíblemente ásperos! ¿Es verdad que soy un carroña mal oliente? ¡De pura pena no sé cómo calmarme porque estoy desesperada!».

9. «Vaya, vaya, hijita mía, ¡este espíritu sólo te ha hecho un gran favor! ¿Por qué, entonces, te afliges por ello?

Por supuesto, este pequeño espíritu habría podido decirte con palabras más decentes que en ti todavía mora un rastro de vanagloria... Pero como no es un orador elocuente y su vocabulario es muy limitado, habla más bien sólo según sus sentimientos y no según su intelecto.

10. ¿Es que por haberte dirigido a este hombrecito de color azul claro tu ánimo se ha quedado decaído? Te digo que si hubieras dicho algo parecido a uno de los hombrecitos de color rojo encendido, ¡este te habría dado una respuesta con la que por mera rabia te habrías desmayado!

¡Ahora dale las gracias por el bien que te ha ocasionado, y verás que la conversación con él resultará algo más llevadera!».

11. Yara tomó estas palabras muy a pecho y, sin pérdida de tiempo, dijo al espíritu que todavía le estaba clavando los ojos: «Querido hombrecito, te agradezco el bien que me has ocasionado con tus palabras exentas de miramiento, y te ruego que no me guardes rencor por haberme dirigido a ti.

¿Verdad que no me lo tomarás a mal, querido hombrecito?».

12. El hombrecito se rió a carcajadas y, todavía riéndose, contestó: «Aquel que te lo ha sugerido ya es algo distinto, pero a ti, gansito blanco, todavía te falta mucho. ¡Porque ni la idea ni la voluntad de darme las gracias han germinado en tu suelo maloliente! Pero aun así ahora ya me resultas más soportable que antes...

Sólo que todavía te falta mucho hasta que hayas eliminado tu vanidad orgullosa del todo. Por eso te digo que no presumas mucho, ¡porque todo lo tuyo es malo, mientras lo bueno pertenece a Otro!».

13. «Dime, querido hombrecito, ¿de dónde sabes todo esto?».

14. De nuevo el hombrecito se rió y dijo: «No hace falta saber lo que se ve. Incluso tú misma ves ahora más de lo que ves normalmente. Yo, sin embargo, veo todavía mucho más porque no me he metido en la carne maloliente; de modo que veo perfectamente cómo cada uno de vosotros está acondicionado. Por eso te repito que no te vanaglories por todas tus cualidades porque estas, en tu caso, todavía seguirán siendo propiedad ajena durante mucho tiempo».

15. «¿Cómo debo comprender eso? ¡Explícamelo más detalladamente!».

16. «Si alguien que ha hecho muchos viajes —en los que tras muchas penas y fatigas ha reunido muchos conocimientos y experiencias— te comunica lo que ha visto y experimentado, entonces también tú sabrás lo que él sabe. ¿Pero, acaso, tienes motivos para ser orgullosa de estos conocimientos?

¡Porque el hecho que ahora sepas más que antes es un doble mérito de aquel que, primero, tras grandes penas y sacrificios ha reunido estos conocimientos y estas experiencias y, segundo, aun ha tenido la bondad de comunicártelo fielmente! ¡Dime pues, si puedes considerar la adquisición de estos conocimientos y experiencias como mérito tuyo!

17. Mira, tú sólo figuras como libro lleno de conocimientos y experiencias buenos y útiles, pero ni mucho menos como escritor sabio del libro. ¿Quién tiene el mérito de las cosas buenas y útiles escritas en el libro — el mismo libro o el que lo ha escrito?

Ves, tú eres un libro bien escrito, ¡pero todavía estás lejos de ser un escritor! Por eso, ¡no presumas!».

18. El hombrecito volvió a reírse, se puso como un general y dijo a su ejército: «En cuanto os hayáis cansado de mirar a esta gente con asombro, ya podremos continuar nuestro camino; porque por lo menos a mí este mal olor me molesta demasiado».

19. Acto seguido todos se fueron y desaparecieron en el bosque.

Capítulo 116. La naturaleza y la actividad de los espíritus naturales

1. Toda sorprendida, Yara dijo: «¿Quién habría pensado encontrar semejante sabiduría en estos hombrecitos airosos? Pero en el fondo me alegro que se hayan ido, porque con el tiempo nos habrían hecho sudar, a pesar de que ellos mismos parecen ser de naturaleza muy fría. Parece que el amor les está desconocido, pero saben muy bien distinguir lo verdadero de lo falso.

¿Qué será de ellos si nunca quieren pasar por el camino de la carne?».

2. «Ya vendrá el día en que se prestarán a hacerlo», le respondí. «Pero aún transcurrirá mucho tiempo hasta que se decidan. Los hombrecitos de color azul claro serán los primeros, pero a los demás aún les costará mucho más tiempo.

3. Las almas que surgieron y siguen surgiendo de la naturaleza de esta Tierra se deciden difícilmente a tomar el camino de la carne, y sólo numerosas experiencias y muchos conocimientos adquiridos —que alimentan buenas esperanzas en ellas— hacen que se decidan a tomar este paso una vez que hayan llegado a la conclusión cierta que tras el camino por la carne nunca pueden perder nada sino únicamente ganar, dado que en el peor de los casos sólo podrían volverse lo mismo que son actualmente.

4. A estas almas naturales les gusta quedarse en las montañas. Pero también entran en los hogares de gente sencilla, pobre y modesta, para hacerles el bien. Sólo que no toleran que se les ofendiera, porque entonces reaccionarían de mala manera.

5. Secretamente también frecuentan escuelas y aprenden muchas cosas de los hombres. No pocas veces muestran a los mineros los mejores y más ricos depósitos de minerales; y en los pastos alpinos sirven a los pastores y a los animales, sólo que tampoco allí toleran que se les ofenda.

6. Hay una cantidad de almas naturales en esta Tierra que ya han llegado a una edad de casi cinco veces la de Matusalén y aún no han pasado por el camino de la carne; pues, todo les parecería bien — menos la pérdida de la reminiscencia porque eso lo consideran como una especie de muerte de su existencia actual.

7. De modo que ya sabéis a qué ateneros con estos seres. ¡Pero ahora poned atención a lo que va a seguir!».

8. Por una vez el anciano Kisiona tomó la palabra, pues dijo: «Señor, cuando hace algunas semanas estabas en mi casa, ¡las cosas grandes y sublimes que he visto! ¡Pero todo lo que ha sucedido en estos pocos días que ahora me encuentro aquí, en toda la región de Galilea nunca nadie habría tan sólo soñado con algo parecido!

Señor, ¡perdóname que me haya atrevido interrumpirte con mi boca más que torpe! Porque en ocasiones como esta nadie debería hablar ni una palabra, sino únicamente escuchar y observar. Y si alguna vez alguien no entiende algo a la primera, que tenga un poco de paciencia y pronto vendrá la explicación por sí sola. — Y ya he terminado de hablar».

9. «¡Habla y pregunta cuando y como quieras, querido amigo mío», le dije, «porque las palabras de tu boca suenan extremadamente bien al oído de mi corazón, porque la voz de la verdadera humildad es para Mí la melodía más preciosa.

10. Ayer oíste también el son magnífico producido por el ángel Rafael. Aunque este son era celestial y bello, el sonido más puro de la verdadera humildad me suena aún incomparablemente mejor.

11. Como tú también eres un hombre justo y del agrado de mi Corazón, los días del invierno me quedaré en tu casa, y entonces tendremos muchas ocasiones para aclarar muchas cosas, a ti y a todos los tuyos. Por eso no te desanimes y ahora observa todo bien — las explicaciones no faltarán».

12. «Señor», dijo Kisiona, «no soy ni mucho menos digno de esta gracia, pero este invierno será para mí una temporada de suma bienaventuranza. ¡Qué alegrías viviremos en mi casa!

¡Pero basta ya, y ya mantendré mi boca callada!».

13. Cirenio todavía dijo: «Entonces también yo me quedaré de vez en cuando en tu casa y haré todo lo posible para abastecer a los pobres de toda la región en lo que sea conveniente».

14. «¡Noble soberano, esto será un hecho bueno de tu parte y una gran alegría para mí!», observó Kisiona. «¡Pero ahora recomiendo que dejemos de hablar, porque delante de nuestros ojos pasan continuamente maravillas sobre maravillas y no las observamos con suficiente atención!».

Capítulo 117. Una acumulación de sustancia anímica

1. Luego Matael describió lo que estaba viendo: «¡Qué acumulación enorme está flotando en nuestra dirección, viniendo de la ciudad! ¡Fijaos cómo dentro de ella todo ondea y se retuerce a la manera de las serpientes! ¡Qué figuras y formas más extrañas se ve! Puedo distinguir bueyes, vacas, terneros, ovejas, gallinas, palomas y diversas otras aves, moscas, cucarachas de todo género y especie, asnos, también algunos camellos, gatos, perros, algunos leones, peces, culebras, serpientes, lagartos y grillos; veo paja, diversa madera, una gran cantidad de granos de cereales, frutas, vestidos, incluso algunas herramientas y otras cosas más por el estilo, a las que no conozco.

¿Qué puede significar todo eso? ¿Acaso se trata también de almas? ¡Todo esto parece estar cosido en un enorme saco totalmente transparente en cuyo interior todo revolotea como la paja ligera en un torbellino!».

2. Le respondí: «Se trata de almas —o sea de espíritus de una clase inferior— que forman una asociación de desafortunados que durante cierto tiempo todavía continuará así, y que sólo se disolverá después de que en su aparente saco nutritivo haya madurado suficientemente.

3. Todo lo que existe en este mundo es sustancia anímica. Si su cohesión física queda destruida por lo que fuera, esta sustancia entra en un estado anímico totalmente libre. En este estado la sustancia anímica vuelve juntarse adoptando la misma forma que tenía antes y así continuará todavía durante cierto tiempo.

Si esta forma tras su inteligencia con el tiempo ha madurado algo, la sustancia anímica empezará paulatinamente a abandonarla y a pasar a otra más viable.

4. Este bulto es un recipiente para todo lo que encuentra. Todo lo que el fuego había destruido, en él lo encuentras como sustancia anímica ya provista de cierta inteligencia. El hecho que en este saco encuentres todas estas formas como en una jaula es debido al gran miedo que tienen.

5. Por ejemplo, si en cualquier lugar de la Tierra se anuncian grandes catástrofes —las que siempre son consecuencias naturales de una actividad de los espíritus o almas naturales— entonces también a todas las almas animales les invade un gran miedo.

En ocasiones como estas todas las especies de animales se acercan los unos a los otros, amistosamente, y forman una sociedad completamente pacífica. Las víboras y las serpientes no piensan en su veneno, las fieras feroces no atacan a los corderos pacíficos, y las abejas y las avispas guardan su aguijón en su vaina como el guerrero su espada.

En pocas palabras: en estas circunstancias todo cambia su naturaleza, incluso la flora anda cabizbaja y ninguna planta se reanimará antes de que la calamidad haya pasado.

6. Todo lo que en tales circunstancias quedó físicamente destruido —con excepción de los hombres— se reúne después del desastre porque el miedo continúa y, por precaución, se envuelve con un pellejo.

Si tal bulto de almas incoherentes ha vagado durante tal vez un siglo y sus elementos anímicos dispares ya se han acostumbrado los unos a los otros, entonces empiezan a unirse, formando almas humanas naturales coherentes ya bastante fuertes.

7. De modo que este bulto que ahora flota delante de nosotros contiene casi todo lo que en Cesárea Filipo quedó pasto del fuego.

Es fácil que este bulto necesitará más de cien años para su desarrollo completo, pero entonces habrá más de cien almas humanas naturales ya maduras que romperán la envoltura floja. Y estas, tal vez después de otros cien años, tomarán el camino de la carne como nosotros.

8. Semejantes acumulaciones siempre se forman en ocasiones de grandes incendios, de erupciones volcánicas y también de grandes inundaciones. Cuando contienen pocos elementos animales el proceso de su transformación dura más tiempo, pero cuando hay muchos de ellos como en este caso aquí, normalmente este proceso es más corto.

9. No es necesario que de las acumulaciones que no contienen elementos animales también tengan que desarrollarse almas humanas naturales, porque de tales acumulaciones pueden muy bien formarse almas animales naturales o también almas de plantas ya más nobles, aunque estas últimas normalmente se forman a base de los vahos que se producen durante el proceso de la descomposición o también a base de vapores y humos volcánicos.

10. En pocas palabras: donde resulta que los vahos se hayan producido o tras la descomposición de materia gruesa animal y vegetal o solamente tras el proceso de fermentación de minerales, allí sólo se desarrollan diversas almas de plantas cuyas partículas más gruesas se unen en las raíces, las partículas ya más nobles se unen en las hojas, y a la hora de la fecundación de las flores las partículas más nobles se unen con un alma vegetal que ha entrado en actividad para producir un brote. De esta manera unidas, realizan la multiplicación bendita de las semillas y de sus gérmenes.

11. Los elementos vegetales anímicos más gruesos se quedan en la materia en el tronco y en la fibra de la madera. Los elementos algo más nobles se quedan en el follaje delicado, los aún más nobles desarrollan la fruta y su maduración, y los elementos más nobles se unen en un germen para una vida con inteligencia propia, ya capaces de despertarse para una vida y actividad nueva, igual que antes, o para que tras la consumición por parte del hombre o del animal se integren directamente en un alma humana o animal.

12. Cuando el hombre consume las frutas de las plantas, las almas vegetales que fomentan la formación de los gérmenes pueden unirse directamente con su alma; mientras los elementos más gruesos del casco y de la fruta sólo se unen con la sangre, con la carne, y con cartílagos y huesos — lo que después de la muerte física por ser sustancia demasiado impura tiene que migrar de nuevo por la flora, purificándose durante varios ciclos, hasta que haya alcanzado la madurez necesaria para unirse con un alma vegetal y después, de nuevo, con un alma humana o animal.

Ahora, de paso, habéis aprendido cómo se forman estas acumulaciones, cómo se desarrollarán y cuál es su objetivo final; de modo que podéis continuar vuestras observaciones, a ver, si dais con otro fenómeno.

13. Lo que ahora veis es la explicación de la escala de Jacob, por medio de la cual él vio la Tierra conectada con el Cielo y vio ascender y descender las fuerzas de la Vida y los pensamientos de Dios. Consta que Jacob tuvo esta visión; pero hasta ahora ni él ni nadie la ha comprendido.

Ahora la he desvelado ante vosotros, pero para este fin también vosotros teníais que entrar en una especie de sueño clarividente mediante la luz de aquella esfera luminosa. Sólo así la podéis ver y por fin comprenderla por medio de mi Palabra; para que sepáis qué relación existe entre lo celestial y lo terrenal. Pues, a lo largo de esta escala lo uno se convierte progresivamente en lo otro.

Pero ahora dirigid vuestra visión interior hacia más allá del mar. ¿Qué veis?».

Capítulo 118. La esencia del oxígeno

1. Dijo Zinka: «Señor, veo que en la superficie del agua hay un sinnúmero de serpientes fogosas que se mueven con gran rapidez en todas las direcciones. También hay las que se sumergen, y es evidente que el agua no les refrena su movimiento. Veo incluso el fondo del mar donde hay una multitud de monstruos de toda clase y una infinidad de peces; y todos intentan atrapar estas serpientes fogosas.

Cuando un pez o uno de estos monstruos acaba de tragarse una o varias de estas serpientes fogosas, instantáneamente se vuelve más vivo y activo, manifestando un gran deleite.

2. También veo serpientes fogosas que revolotean en el aire, sólo que estas son mucho más pequeñas y reflejan menos luz. Estas se concentran sobre todo encima del agua. Parece que los pájaros que tienen la costumbre de volar durante la noche encima de la superficie del agua no las aprecian mucho, pero los peces dan grandes saltos desde el agua para atraparlas. Las serpientes que nadan sobre la superficie del agua brillan más intensivamente que las demás, y se mueven con la rapidez de la flecha...

Señor, ¿qué significa todo eso? ¿Cómo debemos interpretarlo?».

3. «Lo que allí veis es la verdadera sustancia nutritiva para la vida», le respondí. «Es la “sal” del aire y la “sal” del mar. Más tarde los científicos llamarán este elemento el oxígeno. Por cierto no lo verán, pero lo conocerán y sabrán definir perfectamente su concentración.

4. Sobre todo el agua —que es elemento principal de la vida para las plantas, los animales y los hombres— debe contener este oxígeno en gran cantidad, porque los animales acuáticos no podrían vivir si el agua no fuese tan rica de este elemento.

5. Originalmente este oxígeno es la auténtica sustancia anímica, y corresponde a los pensamientos antes de que estos se hubieran consolidado en forma de una idea concreta.

Si alguna vez encontráis esta sustancia vital anímica aglomerada en cantidad suficiente, veréis que pronto se manifestará alguna forma animada o delicada y ágil, o rígida como una piedra o un trozo de madera muerta.

¡Fijaos ahora sobre todo en las orillas donde en algunas partes veréis un centelleo concentrado en puntos!, pues, esto se produce al estrujarse mucho la sustancia vital, el oxígeno.

6. Ahora podéis ver que estas serpientes fogosas aquí y allá se concentran estrujándose por cientos y miles, formando un bulto que a causa de la fricción durante un rato desprende una luz muy intensa — ¡y ya acaba de producirse una idea, tenga la forma que tuviere!

7. Una vez que esta forma está a punto de realizarse, esa luz espontánea se apaga y todo entra en calma; en cambio, esta nueva forma empieza a reorganizarse en un ser.

O se presenta en la forma de un cristal, de una semilla, de un pequeño huevo o, a lo sumo, en un animalito acuático ya acabado, o al menos en un musgo acuático — razón por la que en las partes de las orillas más vadeables abundan las plantas acuáticas. Y donde estas abundan, seguro que no habrá escasez de animales acuáticos, grandes y pequeños, de las especies que sean.

8. Seguro que os preguntaréis quién modela estos espíritus vitales que todos se parecen, para darles o una forma rígida o dinámica... Esta pregunta os la va a contestar mi Rafael.

¡Ven, Rafael, habla y presenta un ejemplo práctico!».

Capítulo 119. Rafael muestra la creación de los seres orgánicos

1. Rafael dio un paso hacia adelante y dijo: «Dios en Sí es eterno e infinito, y llena todo el espacio infinito. Él como Pensamiento supremo más puro y más grande y como Idea eternamente más perfecta en Sí mismo y de por Sí —siendo todo esto desde toda eternidad— en toda su infinitud no puede sino continuamente crear Ideas; y la infinitud está llena de Ideas surgidas de Él.

Nosotros —los ángeles primarios que desde tiempos para vosotros inimaginables somos sus Ideas maduradas, ahora independientes, llenas de Vida, de Luz, de Sabiduría, de comprensión y de voluntad— aún tenemos un sinnúmero de espíritus servidores a nuestra disposición. Estos, en cierto sentido, son nuestros brazos pues reconocen nuestra voluntad y cumplen con ella instantáneamente.

2. Los puros Pensamientos de Dios son la Esencia de la que origina todo lo que abarca la infinitud: nosotros mismos surgimos exclusivamente de la Voluntad del supremo Espíritu todopoderoso de Dios; pero todo lo demás surgió después, de nosotros, que fuimos los primeros y más excelentes recipientes para los Pensamientos y las Ideas que surgieron de Dios, y continuaremos siéndolo eternamente, cada vez de manera más sublime y perfeccionada.

3. Nosotros juntamos los Pensamientos vitales de Dios que se os presentan en forma de largas lenguas o serpientes fogosas y, conforme al Orden divino inherente a nosotros, creamos continuamente formas y seres; y si alguien os preguntara de dónde Dios o nosotros —sus servidores, mensajeros y criados eternos ya eternos— hemos tomado la sustancia material para formar los seres, entonces tendríais la respuesta ya delante de vosotros: Estas lenguas largas fogosas que parecen a serpientes son la materia prima espiritual de la que se ha hecho todo lo material—sustancial que existe en toda la infinitud.

4. El Señor mismo os ha indicado claramente el proceso de todo ello.

Pero todo esto sólo lo comprenderéis en su profundidad cuando después de haber madurado perfectamente os encontraréis ante Dios el Señor, en el espíritu y ya no en la carne pesada.

5. Para que conforme a la Voluntad del Señor también podáis ver —lo que ahora os está facilitado— cómo nosotros, los antiguos servidores poderosos de Dios, de los Pensamientos divinos que flotan aquí delante de nosotros formamos formas y seres, ¡mirad aquí con los ojos de vuestra alma y vais a experimentar algo que hasta ahora ningún mortal en toda la Tierra ha llegado a conocer!

6. ¡Ved, en el nombre del Altísimo mandé a mis servidores espirituales que traigan mucha de esta sustancia necesaria! Y ya tenemos delante de nosotros un bulto luminoso de lenguas fogosas que aun no tiene otra forma que la de una grande bola.

¡Ved cómo estas lenguas fogosas se aprietan y empujan como si todas quisieran colocarse en el mismo centro! Ahora parece que poco a poco entra más calma; pero en realidad no es calma sino la consecuencia de un atasco porque todas las lenguas ya se están apretando al máximo, de modo que ya no pueden acercarse más al centro.

7. Vais a preguntar por qué todas se esfuerzan para llegar al centro...

Os doy un ejemplo: si tengo varias bolas del mismo tamaño pero de diferente material para lanzarlas, entonces la más pesada llegará lo más lejos de todas; o, al tratarse de la misma distancia y si todas las bolas están lanzadas en el mismo momento, la más pesada llegará la primera.

Lo mismo sucede con los infinitamente muchos pensamientos sustanciales que surgen de Dios. Entre estos hay los que tienen relativamente mucho peso — los que ya son a punto de manifestarse como forma; y hay los que son un poco menos pesados pero, como tales, todavía muy concretos. Luego hay pensamientos algo más ligeros que son menos maduros porque aún no están suficientemente alimentados con luz. Todavía hay pensamientos ligeros que apenas están pensados; y, por fin, hay los muy ligeros, los que parecen a los primeros brotes de un árbol. Estos, en sí, ya representan algo; pero, todavía desunidos, aún no están en aquel estado divino de desarrollo en el que se podría reconocer la forma futura que van a adoptar.

8. Si uno como nosotros, siguiendo al impulso interior del Espíritu supremo y conforme al Orden de la Voluntad divina quiere, o sea, debe formar un ser de esta sustancia vital anímica que ahora os está conocida, entonces convoca a los espíritus subordinados y estos tienen que acumular toda esa sustancia en cantidad suficiente. Ahí consta que tanto materialmente como espiritualmente los pensamientos pesados llegarán antes que los ligeros. De modo que los pesados evidentemente formarán el centro, mientras que los más ligeros tendrán que conformarse con las partes exteriores.

9. Como los pensamientos centrales son los más ricos en sustancia nutritiva, los pobres y todavía hambrientos se arriman a ellos para aprovechar y saciarse de la abundancia de los ricos.

Así se explica el fenómeno que veis delante de vosotros: las lenguas fogosas exteriores hacen todo esfuerzo posible para acercarse al centro, mientras que al mismo tiempo parece que todo se va calmando — y eso a pesar de que la intención sigue siendo la misma; pues, las del exterior procuran alimentarse de la abundancia de las del centro.

10. De modo que aquí veis un bulto cuyos elementos por la mayor parte son muy hambrientos, con lo que tienen muchas ganas de saciarse.

Este bulto parece a una especie de pólipo marino de forma esférica que con sus muchos miles de ventosas minúsculas continuamente chupa del fango del mar el alimento que le conviene. Con el tiempo, por sobrealimentación, le empiezan a salir tentáculos con los que aumenta su agilidad. De esta manera obtiene una forma muy particular y característica con la que ya se distingue mucho de su forma esférica original.

11. Íntimamente, todos estáis sorprendidos al oír mi explicación acerca de la evolución de un ser y de su forma a partir de sus primeros principios, ¡pero así es y nunca puede ser de otra manera!

¡Observad la naturaleza exterior de las cosas y pronto veréis todo confirmado!

12. Tomad, por ejemplo, el ovario de una gallina y fijaos de los pequeños óvulos en su estado de desarrollo. Veréis que algunos son todavía pequeños como guisantes, otros ya son como uvas y otros, por fin, como pequeñas manzanas. Aun así, en el interior de su pellejo muy fino no encontraréis otra cosa que la sustancia amarilla de la yema, porque este ser carece todavía de toda forma.

13. Esta sustancia central se alimenta más y más, y produce alrededor de sí la clara del huevo. Transcurrido cierto tiempo de nutrición, la clara se deshace de sus elementos más gruesos — pero eso sin apartarlos del huevo, sino forma con ellos una cáscara sólida alrededor de él. Esta cáscara sirve de protección para que, al ponerlo, el huevo no sea aplastado.

Pero ahora observad un huevo puesto, ¡qué diferencia hay entre él y el primer huevo—embrión en el cuerpo materno!

14. Después, durante cierto tiempo, la gallina incuba el huevo dándole calor. Mientras tanto, ¡qué transformaciones suceden en el huevo!

En la yema empieza una gran actividad y se establece un orden: los pensamientos concretos —es decir, las lenguas fogosas— se hallan y se atraen uniéndose con sus más afines. Estos, por su parte, en seguida atraen los pensamientos exteriores más afines a ellos, los que ya resultan un poco más ligeros.

Y en poco tiempo ya distinguiréis el corazón, la cabeza, los ojos, los intestinos, las patas, las alas y los plumones finos del polluelo.

Cuando el ser se ha desarrollado hasta este punto, las partes ordenadas atraen de la sustancia disponible cada vez más de lo que es afín a ellas — con lo que el ser se desarrolla más y más.

15. Una vez que la forma y el organismo están desarrollados casi perfectamente, durante esta actividad incesante también el pensamiento principal original —o sea central— fue fortificado, sostenido y saciado más y más; con lo que ahora con su vida abundante empieza a integrarse en el organismo, tomando las riendas. De esta manera el ser empieza a manifestar vida, y sólo entonces es cuando realmente empieza a perfeccionarse.

16. Cuando el pensamiento vital —que en realidad es el alma— está desarrollado completamente e integrado en todo el organismo, percibe que todavía se encuentra en una cárcel. Por eso comienza a moverse más violentamente, rompe la pared de la cárcel y, fatigado, entra en el gran mundo, todavía lleno de miedo porque aún no se siente suficientemente fortificado para tanto.

Sin demora empieza a tomar alimento del mundo exterior, y así continúa creciendo y desarrollándose durante el tiempo necesario para entrar en cierto equilibrio con la naturaleza del mundo exterior.

17. Y ya vemos delante de nosotros una gallina desarrollada y fecunda, capaz de absorber del aire, del agua y sobre todo del alimento orgánico ya animado los elementos específicos anímicos que la nutren — los espirituales para el desarrollo subsiguiente de su alma, y los más gruesos no sólo para el mantenimiento de su organismo sino, según el orden, también para la generación de nuevos bultitos de los que después se forman nuevos huevos—embriones.

18. El sexo depende en cada caso del peso original y de la perfección y fuerza del pensamiento fundamental y vivo del alma. Si el pensamiento desde el principio está perfectamente concreto —de modo que en sí ya forma una idea nítida— entonces terminará en un ser masculino; pero si desde el principio ubica en el segundo rango más ligero, entonces terminará en un ser femenino».

Capítulo 120. La procreación de los animales y de los hombres

1. (Rafael:) «Tras el acoplamiento de los animales sólo se produce una excitación del pensamiento vital fundamental anímico —ya presente en el huevo— a la actividad ordenada, porque sin esta excitación este pensamiento permanecería en su sosiego inactivo, alimentándose de lo que encuentra en su ambiente; y como todos los demás pensamientos andan en el mismo plan, pronto todos se habrían consumido mutuamente, sin dejar ni rastro.

Algo parecido también puede suceder a los huevos que estaban excitados por el acto de la fecundación, si no se cumplieron las condiciones necesarias para el desarrollo subsiguiente.

2. Tratándose de animales, el acto de fecundación no es más que una excitación de lo que ya se encuentra en el cuerpo de la hembra, porque los pequeños bultitos anímicos animales de todos modos ya se concentran en cantidad y orden determinado en el lugar que les corresponde.

Ya que están allí, primero excitan a la madre. Esta, excitada, excita al macho, con lo que este se pone a fecundar la hembra — pero no es que tras este proceso pusiese una nueva semilla en el regazo de la hembra, sino que tras su actividad despierta el bultito vital ya presente en la madre.

3. Esto se realiza de la manera siguiente: El semen del macho que consiste sobre todo en espíritus vitales más bien libres e independientes, como tal provoca una verdadera revolución entre los espíritus vitales presos en los bultitos vitales de la madre, y de esta manera los obliga a entrar en actividad; porque de lo contrario estos habrían continuado en su ociosidad habitual en la que nunca se habrían agarrado para organizarse interiormente y juntos formar un ser.

Los espíritus del semen provocan a los espíritus vitales en la hembra continuamente y no los dejan en paz — una provocación a la que los espíritus vitales de la hembra se oponen sin cesar. A veces, si son suficientemente fuertes, incluso consiguen parar a los espíritus masculinos — un acto al que los criadores caracterizan de “derrame”, lo que ocurre frecuentemente con el vacuno, pero también con otros animales e incluso frecuentemente con el ser humano.

Pues, los espíritus vitales en los bultitos vitales de las madres están demasiado inclinados al sosiego en vez de prestarse de buen grado a cualquier actividad continua y ordenada. Pero una vez que están debidamente excitados, el proceso continúa con regularidad.

4. ¡Y ved, delante de nosotros tenemos tal bulto vital materno que aquí se manifiesta en escala grande! ¿Veis cómo durante el tiempo de mi explicación ya se ha tranquilizado considerablemente?

Si se le permitiese continuar de su manera, a causa de sus ganas de sosiego iría reduciéndose, porque sus elementos que se dirigirían cada vez más hacia el centro acabarían con él chupándolo sin consideración, con lo que sus elementos finalmente se atrofiarían junto con él.

En este sentido tales espíritus vitales se parecen a niños tímidos y miedosos, porque una vez que se hayan protegido con una funda —como en este caso— ya no aceptan alimentos desde el exterior, sino se nutren continuamente de su centro maternal, por lo que finalmente tienen que atrofiarse hasta llegar al tamaño de un punto.

Por eso vamos a convocar espíritus vitales originales muy fuertes —de modo que masculinos— constantemente estimulados para esta actividad, para que continuamente froten este bulto femenino ocioso; y ya vais a ver el efecto que esto surtirá en él.

5. Ved, conforme a la Voluntad del Señor, mediante los muchos espíritus servidores a la disposición he hecho venir aquellos espíritus de pensamientos originales muy grandes y luminosos que antes estaban flotando cerca del agua y que parecían a lenguas fogosas.

¡Fijaos bien cómo empiezan a retozar alrededor del bulto femenino que flota libremente delante de nosotros! Y ved, todos los espíritus vitales femeninos —que son un poco más pequeños— empiezan a moverse y se esfuerzan a desembarazarse de estos espíritus vitales masculinos tan inquietos. Pero estos no ceden, con lo que la excitación de los espíritus femeninos aumenta y se transmite más y más al centro vital del bulto.

6. De modo que ahora incluso en el centro se produce un movimiento. Y como los espíritus vitales femeninos allí apretados por su actividad de nuevo se han vuelto hambrientos, se ven obligados a alimentarse de la luz de los espíritus vitales masculinos.

Así se vuelven más luminosos y se recrecen, de modo que mediante ellos también al espíritu central principal de los pensamientos vitales le llega alimento masculino.

Obligados por esta actividad, los espíritus que rodean el centro reciben de él el estímulo de ordenarse más y más, para formar una especie de baluarte bien organizado. Los espíritus vitales más fuertes que se encuentran cerca del centro —ahora bien iluminados— se reconocen a sí mismos y la razón y el orden de su existencia; se asocian según su naturaleza y afinidad y ya veis que se forman composiciones orgánicas, y lo exterior va tomando una forma que cada vez más parece a un ser animal.

7. Tras esta actividad y lucha todas las partes vitales necesitan más y más nutrición, la que les suministran los elementos vitales masculinos. A causa de la alimentación los espíritus vitales femeninos exteriores empiezan a familiarizarse con los espíritus masculinos tan inquietos, y la antigua timidez y el miedo desaparecen — detalle que también se transmite a los espíritus interiores.

Todo empieza a moverse con más libertad, con el resultado de que el ser se perfecciona. En seguida estará tan avanzado que vosotros, hijos del Señor, ya podréis determinar qué especie de animal ahí va a salir.

¡Ved, cómo está creciendo y tomando forma — una burra fuerte y robusta, y la Voluntad del Señor es que continúe existiendo y ya no se disuelva!».

8. Enseguida Ebran y Risá comentaron: «El buen Rafael parece tener una predilección para crear burros. Porque hace tan sólo dos días, para nuestra gran sorpresa, ya creó otro».

9. «¡Dejad aparte lo que entonces debía suceder para vuestra instrucción!», respondió Rafael. «Esta burra tiene otro significado, porque a todos vosotros esta de aquí os sirve de símbolo de verdadera humildad. También a vosotros, los hombres de este mundo, cuando en vuestras empresas tomáis decisiones precipitadas, como consecuencia os puede salir un burro o buena parte de él.

Pero aquí se trata de mostraros el desarrollo de una criatura como desde su principio original, y eso sin perder tiempo. En el caso que os empeñáis en encontrar algo de chistoso en este asunto, ya veis que a causa de nuestra prisa nos ha salido una burra...

10. Os digo que esta burra aún será fecundada por el burro de anteayer; y en el año que viene un hombre de Jerusalén comprará ambos animales cuyo potro será conmemorado por los tiempos de los tiempos.

11. Pero vale ya de eso porque es suficiente que hayáis visto cómo a partir de los espíritus vitales originales —los Pensamientos individuales de Dios— se desarrolla un ser natural sin tener una madre que les diera a luz.

Bueno, si queréis, aún podría produciros otros seres — en un abrir y cerrar de ojos».

12. «Poderoso servidor del Señor, ¡eso no es necesario!», dijeron todos. «Porque para nuestra instrucción tenemos más que suficiente con este ejemplo maravilloso. Más ejemplos tal vez sólo nos turbarían en vez de aclarárnoslo».

13. «Ahora bien, si es así, aún podréis escucharme un poco.

Acabo de mostraros la procreación y la formación de un ser —de la especie que fuera— por un lado realizado en un cuerpo materno ya existente, y por otro de manera libre como suele tener lugar en cualquier planeta nuevo o en cualquier isla nuevamente surgida en un planeta ya existente, lo que también acontece, por lo menos de vez en cuando.

14. Pero este ejemplo no lo debéis aplicar a la formación y procreación del hombre, especialmente a él de esta Tierra; aunque ahí pasen muchas cosas aparentemente parecidas, pero básicamente se trata de algo muy distinto.

15. Verdad es que también la mujer humana ya posee aquella sustancia natural específica. Cuando sucede la procreación de la manera conocida, entonces también se fecunda y excita un pequeño bulto, sólo que este luego es arrancado como una uva del racimo, y es llevado al lugar preciso. Luego acude un alma ya completa que cuida de esta uva vital hasta que la sustancia de esta esté suficientemente preparada para que el alma, que se está más y más consolidando, pueda penetrar en el embrión todavía bastante líquido e inconsistente — un proceso que le puede costar unos dos meses. Una vez que el alma se ha apoderado del todo del embrión, el niño empieza a manifestar vida y a crecer rápidamente al tamaño común.

16. Mientras los nervios del cuerpo físico del niño aún no están desarrollados ni activos, el alma continúa trabajando conscientemente con todo empeño y organiza el cuerpo conforme a las necesidades de ella.

Una vez que los nervios están completamente desarrollados y su espíritu que se está desarrollando cada vez más entra en la actividad debida, entonces el alma se retira poco a poco a la región de los riñones donde finalmente se duerme. En este estado de mera vegetación no se entera de nada ni se acuerda de su existencia natural anterior a su encarnación.

Sólo algunos meses después del nacimiento el alma empieza a despertarse poco a poco, lo que se puede notar fácilmente porque el niño duerme cada vez menos. Pero hasta que el alma llegue a cierta conciencia pasará un poco más de tiempo, porque sólo cuando el niño empieza a hablar es cuando el alma entra en un estado de conciencia — pero eso sin reminiscencia de su existencia anterior, porque este reconocimiento resultaría en una contrariedad para el desarrollo más elevado del alma.

17. El alma, ahora completamente encerrada en la carne, no ve ni reconoce nada sino únicamente lo que le transmiten los sentidos del cuerpo físico. De modo que incluso en su interior no puede ver nada porque la masa de la carne que la envuelve la deja en una oscuridad tan profunda —y eso muy necesariamente— que ni siquiera se da cuenta que también sin la carne tiene una existencia propia.

Durante mucho tiempo el alma se siente idéntica con la carne, y cuesta mucho trabajo y esfuerzo conseguir que un alma perdida en su carne comience a sentir que tiene un propio yo y que lo tenga en cuenta —lo que también es sumamente importante—porque de lo contrario no podrá acoger un espíritu dentro de ella misma, y menos aún despertarle.

18. Sólo cuando el espíritu en el alma empieza a despertarse, también comienza a aclarecer en ella, pues, el alma empieza a reconocerse a sí misma más detalladamente y a descubrir en ella las cosas más ocultas, aunque de momento aún no tenga idea alguna a qué atenerse con ellas.

19. Sólo cuando el Espíritu y su poderosa Luz en el alma se han vuelto una realidad cumplida, entonces al alma le vuelven todos los recuerdos — por supuesto todos en una Luz transfigurada.

Entonces en el alma ya no cabrán patrañas ni engaños, sino habrá únicamente una Verdad celestial clarísima en ella... y el alma misma se habrá vuelto una con su Espíritu divino y todo lo que se encuentra en su interior y su exterior se vuelve una suma delicia y bienaventuranza.

20. ¿Tenéis ahora cierta idea de la imagen simbólica de la misteriosa escala de Jacob?

Bueno, ya he terminado con mi explicación. Lo demás os lo dirá el Señor mismo».

Capítulo 121. El motivo de las revelaciones del Señor

1. Después de esta enseñanza por parte del ángel todos los presentes dijeron: «¿Qué podría aún haber que no nos haya quedado claro?».

2. Y el capitán Julio añadió: «¡Si eso continúa así, aún quedaremos convertidos en dioses...!

Si fuese posible servirse de esta clarividencia a voluntad, fortaleciendo nuestra voluntad correspondientemente, nosotros mismos nos volveríamos dioses y podríamos realizar milagros; pero esta especie de nuestra clarividencia es sólo una consecuencia de la luz mágica de ese globo luminoso, y nuestra voluntad y nuestro conocimiento son débiles, de modo que somos y seguiremos siendo hombres débiles.

3. Si ahora se tiene en cuenta todo lo que este ángel puede realizar —todo aquello de lo que el hombre aun con la mejor voluntad no puede realizar ni una sola pizca— entonces se empieza a darse cuenta de la diferencia infinita entre Dios y los hombres.

Una diferencia que es palpable: ¡Dios es todo y el hombre es nada!

Aunque alguien se riera de la gran profundidad de la Sabiduría y de la Omnipotencia de Dios, ¡yo no me río de ellas!, porque en mi interior siento con toda claridad que comparándome tan sólo con el ángel Rafael ya soy una mera nada. ¿Qué, entonces, puedo ser comparado con Dios? — ¡Una nulidad absoluta!

4. Ahora ya sabemos y reconocemos cosas inmensas, y vemos milagros y más milagros que casi nos dejan atónitos.

Y si pusiéramos a prueba nuestra propia voluntad, a ver si esta es capaz de conseguir que una de estas lenguas fogosas nos hiciera caso formando un bulto de esos con lo pequeño que fuera, me consta que por lo menos yo con toda la fuerza de mi voluntad no sería capaz de mover ni un sólo átomo, ¡de modo que menos aún una de esas lenguas fogosas! Por esta razón opino que sería mejor no saber ni conocer excesivamente muchas cosas, porque en este caso no te entrarían tantas ganas de también poder realizar milagros. A causa de tanto saber y de tantos reconocimientos ya me está entrando miedo... ¿Por qué debo ver, oír, reconocer y saber tantas cosas tan extraordinarias?».

5. Dije Yo: «Para que aparte de todo eso también reconozcas lo poco que es el hombre de por sí, y para que te enteres que su ser, su saber, su reconocimiento y sus facultades dependen únicamente de Dios.

6. Simplemente con tu voluntad no podrás realizar eternamente nada, parecido a este ángel que con su propia voluntad tampoco puede realizar nada; pero si has adoptado mi Voluntad como tuya, entonces también tú podrás hacer las mismas cosas que hace este ángel.

7. Es muy conveniente que ahora sepas y comprendas tanto, y que al mismo tiempo empieces a comprender que el alcance de tu propia voluntad termina más o menos en el contorno de tu cuerpo. Puedes saber y comprender todo lo que el ángel sabe y comprende, pero si después de haberte iniciado en mi Sabiduría no adoptas mi Voluntad, entonces todo el saber y reconocer no te servirán para nada. Si eres un hombre de actividad, el exceso de saber sólo te resultará en un tormento. Pero también esto tiene su ventaja, porque sólo tras la humildad el hombre se vuelve hombre e hijo verdadero de Dios.

8. Además, todo esto no se os muestra para que lo imitéis, sino únicamente para que reconozcáis a Dios que está en Mí... para que luego tanto más decididamente cumpláis con lo que Yo —como Creador de toda Vida— os he enseñado y recomendado en virtud del perfeccionamiento de vuestra vida.

9. Sólo así podréis alcanzar el renacimiento de vuestro espíritu, sin el cual mi Voluntad no puede eficazmente tomar raíces en vosotros.

Una vez que abracéis mi Voluntad con la vuestra hasta tal punto que voluntario subordinéis la vuestra a la Mía, y que con devoción cuidéis que mi Voluntad que os está manifiesta obtenga el predominio en vosotros, entonces la plenitud de mi Espíritu se vuelve vivo en vosotros y pronto penetrará en todo vuestro ser.

10. Si de esta manera habéis practicado mi Voluntad celosamente, entonces esta puede abrirse del todo en vosotros, y lo que ella quiera, esto también se realizará, ¡pero sólo después haber cumplido minuciosamente con todo lo que os dije — y de ninguna manera antes!

11. El conocimiento de todo esto, en realidad, sólo os debiera servir de riendas para dirigir vuestra voluntad directamente a la Mía y para que se identifique con ella; porque ahora tan sólo por mis hechos ya deberíais reconocer que Yo realmente soy Aquel como Quien me manifiesto continuamente.

12. Si esto ahora lo reconocéis perfectamente, entonces os resultará tanto más fácil el seguir a mi Voluntad y de esta manera hacerla propiedad vuestra.

13. Si alguien os aconseja seguir un camino y si por sus palabras os dais cuenta que ni él mismo está seguro de él, se supone que dudaréis en tomar este camino y diréis: “Más vale quedarnos donde estamos”.

Pero si sus palabras manifiestan que él es perfectamente familiarizado con el camino que os ha descrito y, además, vive allí a donde lleva, entonces diréis: “Él tiene buenos conocimientos y una buena voluntad, pues, no quiere ni puede desviarnos; por eso podemos ponernos en camino sin los menores reparos”.

Entonces, por tener firme confianza en él, someteréis vuestra propia voluntad a la de él — a la del hombre versado que os ha mostrado el camino bueno y correcto.

14. Y ved, ¡el mismo caso se da aquí! Si Yo me presentase ante vosotros envolviéndome en un aire místico, seguro que os tendrían que entrar dudas comprensibles.

Pero como Yo me desvelo ante vosotros en palabras y hechos hasta en los más mínimos detalles, y con toda la Sabiduría, todo el Amor y Poder, os manifiesto que realmente soy Aquel como El que me he presentado ante vosotros, ¡lo demás ya no puede fallar!

En primer lugar es imposible que todavía podáis tener dudas acerca de Mí, y en segundo lugar debe ser muy fácil para vosotros seguir mi Voluntad —la única manera como vuestro espíritu puede alcanzar el renacimiento— porque os tiene que quedar perfectamente claro que al cumplir con mi Voluntad de ninguna manera hacéis castillos en el aire sino que tras ella tenéis que llegar a la realidad eternamente verdadera.

Espero que ahora comprendáis por qué Yo hago todas estas cosas extraordinarias ante vosotros y por qué me os desvelo de esta manera.

15. Pero como un maestro verdaderamente sabio y perfecto no hace nada sin tener un motivo, tampoco Yo lo hago; y por eso os digo: no os enseño solamente por vuestra propia causa, sino sobre todo para que más tarde, en mi nombre, os volváis doctrinadores y guías para vuestros hermanos y hermanas ciegos. Es por eso que vosotros tenéis que ser introducidos más profundamente en los secretos de mi Reino y de mi Ser, y también debéis reconocer al hombre en toda su naturaleza — desde su origen primario hasta su máxima perfección posible y su completa semejanza a Dios.

16. Pues, es precisamente tras vuestra confianza viva que podréis despertar lo más fácilmente la confianza en vuestros discípulos, con lo que también ellos pronto van a ver y comprender estas cosas ocultas como vosotros ahora las veis y entendéis.

17. ¿Me habéis bien comprendido, y os queda claro por qué os he revelado todo eso?».

18. Profundamente conmovidos, todos respondieron: «¡Sí, Señor, nuestro Maestro y nuestro Dios!».

19. «Pues bien», les dije. «¡Entonces despertad y volved al mundo natural, para que os muestre aún más cosas, porque todavía os quedan muchas más cosas a reconocer y comprender».

Capítulo 122. El Señor desvela el interior del Judas Iscariote

1. Acto seguido todos volvieron a ver con los ojos físicos y estaban llenos de admiración sobre todo lo que habían visto y oído y, en voz alta, todos empezaron a elogiarme durante media hora.

2. Los mismos elogios y alabanzas manifestaron que todos me habían reconocido vivamente.

Solamente Judas Iscariote se acercó a Mí y dijo: «Señor, durante mucho tiempo me ha costado creer, pero ahora también yo creo plenamente que Tú eres verdaderamente Jehová mismo, o por lo menos un verdadero hijo de Él.

Pero lo que a pesar de todo no comprendo de Ti es lo siguiente:

3. Tú, que eres Jehová, infinito, ¿cómo podías abandonar tu infinitud para ponerte en esta camisa de fuerza, en una existencia que no deja de ser temporal y limitada? ¡Y a pesar de todo eso el espacio infinito sigue siendo el mismo que era desde la eternidad! ¡Tú, en calidad de Jehová, eres precisamente el espacio infinito mismo! ¿Cómo puede existir este espacio en su entidad infinita, y Tú, que eres el Infinito mismo en esta forma humana tan limitada?

4. Ve, Señor, ¡esta pregunta no deja de ser importante! ¡Si ahí me das una Luz amplia, seré el más afanoso de todos tus discípulos! De lo contrario, siempre quedará una pequeña duda que turbará mi alma».

5. «¿Cómo es posible que ahora todos vean y únicamente tú te hayas vuelto ciego? ¿Acaso te imaginas que esta envoltura me encierra? ¿Y acaso te imaginas que el Sol, con toda la luz que irradia, está encerrado allí donde está activo? ¿Cómo podrías verlo si su luz no llegara más allá de su esfera exterior?

6. Yo soy sólo el eterno punto central de Mí mismo y desde este lleno eternamente invariado el espacio infinito.

7. En todas partes soy el eterno Yo; pero aquí entre vosotros me encuentro ahora en el eterno Centro de mi Ser desde donde, eternamente invariado, está mantenida toda la infinitud en su eternamente infinita extensión.

8. Desde la eternidad Yo habitaba en mi Centro inaccesible y en mi Luz surgida de Mí mismo, también inaccesible. Pero por el bien de los hombres de esta Tierra me complací en salir de mi Centro y mi Luz inaccesibles de tal manera que todavía dentro del mismo Centro y dentro de la misma Luz —desde la eternidad absolutamente inaccesibles incluso para los supremos ángeles— ahora en todos sentidos soy accesible para los hombres, con lo que ahora podéis muy bien soportar mi Luz.

9. Cuando salimos de Sicar en dirección de Galilea, y después de mediodía nos reposamos un en monte, mostré a varios entre vosotros que mi Voluntad también llega al Sol. ¡Recuerda esto y ya te quedará claro que a causa de mi Voluntad omnipresente que abarca toda la infinitud estoy en todas partes en mi Casa!».

10. «Sin duda me recuerdo que allí durante algunos momentos apagaste la luz del Sol», respondió Judas Iscariote, «y esto no deja de tener su gracia. Pero dicen que también los antiguos magos egipcios eran capaces de realizarlo... ¿Cómo?, ¡eso es otra pregunta!

En la naturaleza hay fuerzas secretas sorprendentes; Tú las conoces y también los antiguos magos las conocían, aprovechándose de ellas. Aunque según sepamos nunca nadie ha realizado hechos como Tú.

11. Pero tampoco Tú careces de enseñanza mundana, pues hay quien habla de la habilidad de tu padre José e incluso de la de tu madre María que era discípula de Simeón y de Ana; y cuando un hombre joven y lleno de espíritu tiene genitores como estos, ya podrá conseguir algo en su vida.

Pero esto es mi opinión meramente mundana, porque por mi parte creo que en Ti habita el Espíritu de Jehová y actúa en toda plenitud.

12. ¿Para qué me sirve un Jehová eternamente invisible que se encuentra en algún sitio más allá de todas las estrellas en su Luz inaccesible y nunca se muestra a sus criaturas — un Jehová que no hace milagros salvo los estereotipos de cada día, los que de igual manera podrían ser productos de la misma naturaleza?

Tú, por lo menos para mí, eres un auténtico Jehová porque por palabras y hechos ante nuestros ojos te has manifestado más que palpablemente como un perfecto maestro de toda naturaleza y de toda criatura. El que como Tú puede resucitar a los muertos, mandar a los elementos e incluso puede crear instantáneamente asnos y peces de la nada... y que puede llenar las despensas de Marco con pan y vino, para mí es un Dios único verdadero — ¡con lo que por mí todos los demás dioses se pierdan!

Que tengas tus facultades puramente divinas de donde sea, ¡para mí eres un Dios verdadero! ¿Tengo razón o no?

13. ¡No tengo tanto pelo de tonto como opina mi hermano Tomás! Yo sé lo que sé y lo que hablo, ¡y si él continuamente afirma que soy un asno o un buey, se equivoca mucho! Si yo quisiera discutir con él, de mil de mis argumentos él no sería capaz contestarme ni uno solo.

Por eso, si yo no hubiese olfateado que en Ti mora el Jehová verdadero, desde hace mucho tiempo ya habría regresado a casa, a mi alfarería; pero como tal vez sé mejor que los demás Quién eres, me quedo y abandono mi arte lucrativo —a pesar de que tampoco soy un enemigo del oro y de la plata relucientes— porque prefiero tu oro y plata espirituales.

14. Pero que Tomás —cuando el ángel conforme a tu Voluntad creó una burra completamente sana— me susurró clandestinamente al oído que este milagro se había realizado únicamente por mí, para demostrarme en una imagen animada lo que soy, ¡eso no lo puedo tolerar!

Si Tomás se toma por más sabio de lo que le parezco yo, pues, ¡que lo sea, pero que a mí me deje en paz! Yo no le pongo obstáculos en el camino, y aunque me llame un ladrón, ¡seguro que nunca le he robado nada!

15. Acabas de darnos una enseñanza sabia perfectamente divina referente a la enfermedad de un alma humana y nos has demostrado con toda claridad que se debe tener más paciencia con un alma enferma que con un hombre achacado de una enfermedad física. Dado que incluso yo todavía puedo tener el alma algo enferma, ¿por qué —por lo menos ante mí— el sabihondo de Tomás no toma tus enseñanzas sumamente divinas a pecho si en su corazón no hay espacio suficiente para ellas?

No exijo ni mucho menos que él me pida disculpas por haberse complacido en titularme un burro —pues, con lo humilde que él se cree, yo también lo soy—, sin embargo me sentía impulsado confesar ante todos que, aun siendo un hombre “enfermo de alma”, no envidio a un Tomás por su salud anímica tan extraordinaria.

A pesar de todo quiero continuar siendo un buen amigo y hermano suyo, ¡lo que siempre fui! Lo único que quisiera de él es que en adelante practique su afán de corregir con otro y no siempre sólo conmigo; pues, hasta nuevas órdenes sigo siendo lo mismo que él: un discípulo nombrado por Ti, mi Señor y Dios».

16. «Verdad es que no es muy loable por parte de mi Tomás, que siempre se sirva de ti de blanco», le respondí. «Pero al otro lado no me está desconocido que tú, una vez acabada la formación de esta burra que se encuentra delante de nosotros, has gastado un chiste bastante inoportuno que era el verdadero motivo por el que Tomás te combatió con tus propias palabras.

17. ¡Dime, por qué tenías que hacer la observación según la cual pretendiste que al fin de las cuentas todos mis hechos milagrosos resultarían en la producción de burros auténticos!

Mira, esta observación era bastante maligna y merecía bien la reprimenda de Tomás.

No te reprendo tu fe según la cual me consideras como tu único Dios y Señor; pero lo que sí te reprendo es que tal fe y tal opinión no existe sino en tus palabras, y ni mucho menos en la vida de tu ánimo.

18. Porque en realidad me tienes más bien por un auténtico sabio de la antigua escuela egipcia y por un mago familiarizado con todas las fuerzas secretas de la naturaleza — un mago que sabe muy bien cómo tiene que servirse de estas fuerzas para que no puedan rehusarle el servicio. Mira, ¡esto es lo que es muy reprochable en ti!

19. Lo que para cientos es la Verdad palpable más pura, tú aún puedes ponerlo en duda, soltando abiertamente afirmaciones que ante gente de fe débil tienen que ponerme entre dos luces...

Cuando resucité a algunos completamente ahogados, en seguida sacaste la conclusión de que las condiciones del mismo lugar y la posición de las estrellas hayan contribuido considerablemente para que me haya resultado tan fácil el realizar diversos milagros; y que en otros lugares Yo no habría podido producir los mismos resultados, ni mucho menos.

Afirmas que también en Nazaret, Cafarnaúm, en Kis, en Jesaira e incluso en Genesaret Yo haya realizado grandes milagros, aunque no hayan sido ni mucho menos tan numerosos como aquí.

Pero si realmente me consideras por tu único Dios y Señor, ¿por qué me pones en duda ante los forasteros?».

20. Resoluto y con descaro Judas Iscariote respondió: «Al observar el mundo y la naturaleza algo más detalladamente resulta evidente que Dios, cuando quiere realizar algo especial, siempre tiene mucho en cuenta las circunstancias del lugar, si estas son favorables o no.

Si subimos a un monte muy alto, como por ejemplo el Ararat, no encontraremos nada más que rocas peladas, nieve y hielo. ¿Por qué no crecen en él uvas, higos, manzanas, peras, cerezas y ciruelas? Pues, ¡opino que Jehová juzga que aquel lugar no es suficientemente apto para que Él allí hiciera crecer estos milagros dulces! Ahí se ve que Jehová mismo tiene mucho en cuenta si un lugar le resulta favorable o no, porque de lo contrario habría hecho que también en el Ararat crecieran estos dulces milagros tan nutritivos.

21. No creo que quite importancia a tu Divinidad cuando afirmo que Tú para realizar tus milagros siempre juzgas un lugar más oportuno que otro como por ejemplo Nazaret, donde evidentemente no te excediste en hacer milagros.

En calidad de Jehová, con facilidad podrías transformar el gran desierto de África en campos fértiles y florecientes si consideraras esta región apta y adecuada para tanto. Aun así el territorio mencionado todavía sigue siendo un desierto, y creo que tu Divinidad no sufrirá merma si el Sahara africano queda todavía durante mucho tiempo tal como es.

Esta es mi opinión, aunque es fácil que el hermano Tomás no esté de acuerdo con ella».

22. A una señal mía Tomás se acercó y dijo a Iscariote: «Hablar, hablaste bien, si tan sólo en tu ánimo sintieras lo mismo y lo reconocieras como pura verdad, ¡pero de esto no se puede descubrir ni la menor huella en ti!

Según tu concepto interior, primero, el Señor siempre fue y sigue siendo un filósofo sabio que de las muchas doctrinas que le son conocidas sabía formar una sola sumamente sabia y, segundo, siempre sabía dominar toda magia tan perfectamente que en ocasiones seguras y circunstancias favorables nada le podía fallar.

He aquí tu concepto que no deja de tener rasgos de Satanás: Un gran mago que sabe subordinar a su voluntad incluso todas las fuerzas más secretas, finalmente tiene que ser un dios auténtico...

23. Se ve que aquí el Señor Jesús de Nazaret reúne perfectamente los requisitos de tu concepto, con lo que tampoco tienes escrúpulos de destronar completamente al antiguo Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, y sustituirle por tu dios mago. Pues, para que tomes al Espíritu de este Santo de Nazaret por el mismo que en aquellos tiempos en el Monte Sinaí con truenos dio sus Mandamientos a nuestros padres, ¡de esto, en tu corazón, estás todavía muy lejano!

24. Y como en tu caso las cosas siempre van en el mismo plan, en cada ocasión cuando quieres darte importancia manifestando la doblez de tu lengua mala y traidora, ¡no puedo evitar de reprenderte!

Porque cada uno que mueve su lengua diferentemente de lo que piensa y siente, él es un traidor contra el santuario de la Verdad. Por eso conviene que permitas que te amonesten y que en adelante nunca pienses ni sientas diferente de lo que expresa tu boca. Porque esto es una característica de lobos feroces que andan vestidos de piel de oveja para que tanto más fácilmente —con sus garras mortíferas— puedan apoderarse de un cordero manso e inocente.

A ver si me comprendes, porque tus intenciones me resultan completamente manifiestas; es por eso que te reprendo cuando te pones a llamar la atención, porque enseguida veo que andas en plan de mentiras, porque hablas diferentemente de lo que piensas y sientes. Que te conste que no soy enemigo de tu alma enferma, pero sí de la enfermedad misma».

Capítulo 123. Se reprende a Judas Iscariote

1. Judas Iscariote respondió: «Si las cosas son así, me veo obligado a exteriorizarme; pues, a los demás el Señor siempre les ha dado la oportunidad de exteriorizar su perfidia y su falsedad para deshacerse completamente de ellas.

Si los forasteros han recibido este trato preferente, ¿por qué privármelo a mí, dado que formo parte de vuestra sociedad y siempre he compartido los buenos y malos tiempos con vosotros?».

2. Por una vez Bartolomé tomó la palabra: «Con los forasteros el caso era completamente diferente. En la mayoría, lo falso en ellos era más bien una herencia desde hace mucho tiempo, con lo que en el fondo ni siquiera era culpa suya si eran malos y malvados.

Pero cuando percibieron la palabra clara de la Verdad eterna entraron en ebullición y empezaron a deshacerse de toda la basura antigua. Así se volvieron limpios.

Tú, sin embargo, te encuentras ya durante mucho tiempo en un ambiente de plena Luz espiritual de la Verdad, y para la autenticidad absoluta de la misma tienes miles de las pruebas más contundentes en palabras y hechos maravillosos. Pero tú no necesitas a un Dios, a no ser uno que te proporciona mucho dinero para que en esta Tierra puedas vivir una vida regalada y para que sin consideración de las Verdades divinas recibidas aquí puedas pecar a más no poder.

3. Con tu modo de pensar íntimamente no habrá manera de deshacerte de toda la antigua basura que tienes en tu interior; porque tu interior no te puede mejorar ni nos puede ofrecer puntos de partida que nos permitirían prepararte un nuevo corazón, sea mediante palabras o hechos... Y sin un nuevo corazón seguirás siendo tal como eres...

4. Si la Palabra omnipotente del Señor no es capaz de transformarte, ¿qué efecto podrían surtir nuestras palabras en ti? ¡Será mejor que vuelvas a tu sitio y en adelante ya no nos molestes con tu palabrería inútil! — ¡He terminado de hablar!».

5. A esta reprimenda dura Judas aún quería contestar algo en su defensa, pero Cornelio le dijo: «¡No vuelvas a abrir tu boca a no ser que se te lo haya mandado — de modo que te calles y no estorbes al Señor en su actividad! Y si tienes absolutamente necesidad de hablar, ¡entonces ve al fondo del bosque cerca de aquí y habla a los árboles y las zarzas que no te vendrán con objeciones que pudieran fastidiarte y por fin ofenderte! O ve a la ribera del mar y habla con los peces, ¡seguro que estos tampoco te objetarán nada!

Porque de todo lo que se habla y de lo que ocurre aquí tú no comprendes nada en absoluto, y tu insensatez áspera, tu codicia y tu egoísmo cada vez mayor nos disturben en nuestras reflexiones profundas sobre las grandes Verdades de la Vida que basan en Dios, el Señor de todas las cosas».

6. Después de haber recibido este sermón, Judas Iscariote se retiró completamente al fondo del escenario y ya no habló más, porque tenía un gran respeto a Cornelio y estaba consciente de su gran celo y su inclinación a Mí y mi Doctrina.

7. Cuando volvió a establecerse la calma, Yo dije a todos: «Al que tiene, se le dará más y abundará; y al que no tiene, aun aquello que tenga le será quitado.

8. Ahora pudisteis convenceros del mal que procede de la avaricia y de la inclinación al mundo. Cuidaos por tanto de estos porque a un corazón avaricioso es imposible comprender algo de cosas espirituales y tampoco puede ser iluminado acerca de lo que necesita saber para su salvación.

9. Aunque sólo hace pocos días que estáis conmigo, todos vosotros ya habéis comprendido cosas difíciles; pero este discípulo está casi medio año alrededor de Mí y con sus propios ojos y oídos era testigo de todos los prodigios y doctrinas posibles, y aun así no concibe la Verdad. El motivo es su exagerada avidez de dinero — y eso porque es perezoso y vago.

10. Un hombre verdaderamente diligente con facilidad gana diariamente tanto como necesita, y tal vez aún más —lo que le vendrá bien en su vejez— y si no ha podido ahorrar nada por haber repartido con gusto su abundancia con los pobres y necesitados, aun así en los días de su vejez va a tener lo suficiente.

11. Pero un hombre perezoso se complace en la holgazanería y la ociosidad y quiere pasárselo bien a costa de los prójimos diligentes. Por eso se convierte en un mentiroso, un estafador y un ladrón para acumular tesoros y riquezas que luego le permiten vivir como un rey.

12. A causa de semejante codicia y avidez su alma obscurece de tal manera que ya no es capaz de asimilar nada de asuntos puramente espirituales, y aunque se encuentre en un ambiente de Luz espiritual más pura y sublime, en seguida absorbe esta Luz transformándola en su ser egoísta en materia gruesa, con lo que otra vez no ve ni reconoce nada por tanta materia.

13. Cómo lo espiritual se transforma en materia, esto ya lo habéis visto a la ocasión de la creación de esta burra que ahora pasta delante de vuestros ojos, de modo que ya no necesito daros más explicaciones. Porque el que entre vosotros lo ha comprendido, lo ha comprendido rápida y fácilmente; pero el que no lo ha comprendido a la primera, no lo comprenderá ni después de mucho tiempo — y eso aún menos en este mundo.

14. Por eso preguntaos todos a vosotros mismos hasta dónde llega vuestra comprensión. El que la tiene, pues, la tiene; pero el que no la tiene, aún tardará mucho hasta que la tenga.

Aquel cuya alma es meramente espiritual, también puede fácilmente comprender lo espiritual; pero para aquel cuya alma codicia la materia es imposible que pueda comprender estas cosas sublimes y puramente espirituales».

Capítulo 124. La educación de los niños

1. (El Señor:) «Consta que debe haber diferencias entre los hombres; pero nadie fue puesto a este mundo de una manera tan abandonada que su alma debía volverse completamente materia. Ni una sola alma humana ha sido metida en la carne sin su libre voluntad y sin su propia inteligencia.

2. La causa principal de la perdición de las almas humanas se basa principalmente en la primera educación que reciben y en el amor ciego para con los niños. Se deja crecer al arbolito como crece y, a causa de mimos inoportunos y cuidados excesivos, se contribuye para que el tronco se desforme el máximo posible.

Cuando ya está endurecido, todos los ensayos de rectificarlo sirven de poco o más bien nada; pues, una vez que un alma esté torcida, en general ya no hay manera de rectificarlo.

3. Por esto os digo que todos enderecéis vuestros niños cuyo carácter durante su juventud todavía es fácilmente moldeable, y pronto quedarán pocas almas que son tan materializadas que no supiesen entender lo espiritual y no se prestaran fácilmente a actuar conforme al verdadero Orden de Dios.

¡ Entendedlo bien, porque es precisamente por esto que os he mostrado la encarnación de un alma en el seno maternal!

4. Hasta que tenga siete años un niño es todavía más bien animal que hombre, porque todo lo que en el niño es hombre, por la mayor parte se encuentra todavía en un sueño profundo.

De modo que como el niño todavía es más bien animal que hombre, también tiene mucho más necesidades animales que verdaderamente humanas.

5. ¡Que se les dé sólo lo más preciso, se los acostumbre temprano a diversas privaciones y que nunca se alabe excesivamente a los obedientes, pero que tampoco se trate con demasiada dureza a los menos capacitados y menos obedientes, sino siempre con amor justo y con paciencia!

6. Hay que cuidar de que se practiquen en muchas cosas buenas y útiles. Y —con lo obedientes que sean— nunca se les dé motivos para que se vuelvan vanidosos o se amen o sobreestimen a sí mismos. Sobre todo cuando los niños son de presencia muy bonita, no se los haga aún más vanidosos u orgullosos de lo que ya son por naturaleza, vistiéndolos con ropa suntuosa.

Se los mantenga decentes pero nunca se los convierta en ídolos, y de esta manera, ya desde su nacimiento, se los pone en aquel camino en el que —en su juventud ya más avanzada— llegarán a lo que todos vosotros ahora vais a llegar con mi ayuda.

7. La virgen, casta y pudorosa, llegará al estado de una madre honorable; y el adolescente —con alma de varón madura y el espíritu en ella ya despertado— entrará en edad adulta y será una bendición para los suyos, para la Tierra y para todas sus criaturas.

8. Pero si cedéis demasiado a las apetencias y pasiones animales de vuestros niños, entonces abriréis una nueva puerta muy ancha a todos los vicios, por la que estos a montones penetrarán en este mundo acarreando la perdición.

Y una vez que estén allí, será en vano lanzaros contra ellos con las armas que fueran, porque no conseguiréis nada contra el gran poder del mundo vicioso.

9. Por eso, ¡cuidad de los arbolitos para que crezcan rectos hacia el cielo, y purificadlos con esmero de todas las excrecencias nocivas! Porque una vez que los árboles se hayan vuelto grandes y fuertes y estén llenos de deformaciones ocasionadas por los vientos perjudiciales, después no seréis capaces de enderezarlos ni a la fuerza.

10. Antes habéis visto delante de vosotros el gran bulto de lenguas fogosas. En su estado anímico—específico suelto y libre aún no estaba ni mucho menos definido que iba a salir precisamente una burra, porque solamente después de que el ángel había tomado las disposiciones correspondientes, los elementos empezaron a agarrar y organizarse de tal forma que finalmente tenía que aparecer la forma de una burra.

11. Dado que el asno ya tiene una existencia palpable, ya no será posible convertirle en otro animal. Verdad es que no hay nada imposible para Dios; pero en este caso el burro tendría que ser desintegrado del todo, y todos sus elementos específicos fundamentales tendrían que combinarse formando otro organismo completamente nuevo, aceptando otros elementos y rechazando muchos elementos específicos típicos para el asno.

Eso, evidentemente, sería cien veces más laborioso que crear —a partir del pensamiento original— en las proporciones correctas un ser totalmente nuevo que antes nunca había pisado el suelo de esta Tierra.

12. En este sentido también se puede hacer mucho con un niño, mientras que un hombre adulto o más aún un anciano difícilmente consentiría en nada.

13. Por eso, ante todo, aseguraos de una buena y verdadera educación de los niños, porque entonces no tendréis dificultades con comunicar mi Evangelio a todos los pueblos nuevos. Y la buena semilla caerá también en un suelo bueno y limpio, produciéndoos una cosecha céntupla.

Pero si consentís en que vuestros niños se desarrollen como los monos se lo permiten a sus pequeños, entonces estos os lo agradecerán de mala manera: todo lo que los padres recolectan, los pequeños lo consumen y lo estropean con travesura; y si los padres lo quieren evitar, enseguida los pequeños a pesar de su tierna edad les regañan los dientes agudos, con lo que los padres finalmente besan el azote y se conforman».

Capítulo 125. La vida de Judas Iscariote

1. (El Señor:) «En este discípulo —Judas Iscariote— tenéis un ejemplo típico. Era hijo único de un padre muy rico y de una madre locamente enamorada de él. La consecuencia era que ambos, el padre y la madre, mimaban a su hijo excesivamente, y le permitían y le daban todo lo que le apetecía.

Como resultado, cuando el joven se volvió grande y fuerte, despachó a los ancianos de la casa y empezó a divertirse con prostitutas a más no poder.

2. No tardó mucho y el joven había despilfarrado toda la fortuna de los padres, de modo que estos se vieron obligados a mendigar y dentro de poco murieron de aflicción y de dolor.

3. Como el joven también se hubo empobrecido, finalmente se ensimismó preguntándose: “¿Pero por qué soy así y no me he desarrollado de otra manera? No soy yo el que me ha dado a luz... y aún menos me he engendrado yo mismo... tampoco he podido educarme a mí mismo... y, aun así, ¡todo el mundo me echa en cara que soy un miserable y malvado que por sus travesuras libertinas e irreflexivas ha llevado a sus padres a la miseria, despilfarrando toda la fortuna que habían ganado con el sudor de su frente!

Además, dicen que por eso he causado la muerte prematura de mis padres...

4. Pero, ¿qué culpa tengo yo? Todo esto puede haber sido muy malo por mi parte, ¿pero acaso puede ser culpa mía que los viejos no me han educado mejor?

¿Qué hago ahora, pobre que soy, sin dinero, sin trabajo, sin casa y sin pan? Lo más fácil sería hurtar porque esto daría lo más rápidamente un buen resultado; pero tampoco tiene gracia si te atrapan por ser un ladrón inexperto y luego te azotan hasta la sangre... Y asaltar es todavía peor.

Pero ya sé lo que voy a hacer: voy a aprender cualquier arte, aunque fuera la antigua alfarería tan estúpida con la que mi padre se había enriquecido”.

5. Dicho y hecho. Se fue a Cafarnaúm y entró de aprendiz en el taller de un alfarero benigno donde con mucha diligencia aprendió este arte en poco tiempo.

Daba la casualidad que el viejo alfarero tenía una hija, y después de poco el joven artesano se casó con ella.

6. Pero tan despreocupado que Judas era antes, tan duro y avaro se volvió como alfarero artesano, y su mujer tenía que sufrir con frecuencia por su dureza.

Producía una mercancía de calidad y empezó a venderla en todos los mercados. Pero los suyos a los que dejó en casa los llevó por el camino de la amargura. Cuando volvió a casa con mucho dinero, se reconoce que a los trabajadores más diligentes les dio algo; pero cuando volvió con pocas ganancias, toda la casa tenía que sufrir por ello.

7. Para que aparte de las entradas por la alfarería consiguiera una ganancia adicional, arrendó una pescadería y, hace pocos años, empezó a dedicarse a la “magia” porque había visto en varias ocasiones que algunos magos egipcios y persas ganaron mucho dinero. Aunque se gastó mucho dinero para este fin, no logró nada especial. También tomó clases con algunos esenios que le hacían creer que, si fuera necesario, podrían crear incluso un mundo con todo lo que debía contener.

8. Pero pronto Iscariote se convenció que todo fue un engaño y volvió las espaldas a sus maestros. — En este año se enteró de todo lo que Yo hacía, y que todo esto excedía lo que se llamaba “actividad prodigiosa”.

9. Eso era el motivo verdadero por el que se adhirió a Mí, abandonando a todos los suyos, para aprender de Mí cómo realizar milagros, para que más tarde pudiera ganar mucho oro y plata con estos conocimientos.

10. Mi Doctrina le importa muy poco. Si presta atención a mis Palabras, es sólo porque quiere enterarse de qué modo y con qué recursos he realizado una u otra obra prodigiosa. Y como de esta manera nunca podía ni podrá percibir algo que podría aprovechar, por eso siempre es de mal humor.

11. Además referente a Mí, aún en este mundo, la cuenta le saldrá horriblemente mal.

Una acción traidora y a causa de ella el desespero más atormentador le convertirán en un suicida, de modo que una cuerda y un sauce determinarán su triste fin en este mundo. Pues él es un hombre que quiere tentar a Dios, lo que lógicamente es un sacrilegio inaudito... Además, el que se atreve a cometer un sacrilegio contra Dios, tampoco faltará en cometerlo contra sí mismo.

12. Os digo que en el Más Allá los suicidas difícilmente verán el semblante de Dios...

Os podría presentar el motivo —cierto como las matemáticas— pero en verdad no vale la pena. Basta con que creáis aquello que os he indicado como consecuencia del suicidio, porque su motivo siempre es una insensatez que origina en el desespero, y este siempre es la consecuencia de algún crimen contra Dios o sus Mandamientos».

Capítulo 126. Las consecuencias de una educación incorrecta

1. (El Señor:) «Bien es verdad que se reconoce que los Mandamientos de Dios son sumamente buenos y justos; pero también se encuentra gente que no quiere saber nada de ellos — gente que se pasa su vida dedicándola al mundo. Con hombres como estos, por supuesto, no se puede hacer negocios formales. El que con ellos entre en relaciones comerciales será el engañado, y eso ya desde el principio.

De modo que aquel que traba relaciones con tales hombres mundanos debe ser verdaderamente necio, porque de lo contrario habría examinado mejor a sus socios comerciales antes de entrar en negocios con ellos.

2. Tal hombre evidentemente necio todavía puede tener un buen corazón, aunque siempre tenga ganas de hacer ganancias pero tenga poca fe en Dios.

Siempre se dirá: “¡Que me sea consentido que me vuelva muy rico! Entonces seré el mejor hombre del mundo y me proporcionaré todo lo que me facilitará llegar a conocer mejor y más claramente al Ser místico de Dios. Y realizaré todas las buenas obras imaginables para la pobre humanidad, de modo que mi nombre será citado aún durante miles de años.

Para eso, ¡haced que los hombres ricos del mundo estén a mi servicio y pronto todo lo demás se arreglará por sí mismo!”.

3. Llevado por semejantes esperanzas absurdas tal hombre necio hace proyectos y los presenta a los grandes y ricos. Estos, con su astucia mundana, pronto descubren una manera para aprovecharse de los proyectos del especulador que les hace caso y se deja engañar a más no poder.

4. A eso se encuentra sin recursos, con sus proyectos y esperanzas desbaratados y completamente arruinado, y sin saber qué hacer para salir de esta situación. Pues para él prácticamente nunca existían una fe en Dios y una confianza ya algo más concisa en el Poder, en la Bondad y en la ayuda de Dios.

Tras el engaño que le quitó todo, ha perdido toda la relación con el mundo. Y como su talento es demasiado limitado, aun con toda cavilación no es capaz de encontrar salida alguna.

5. ¿Qué puede ser la consecuencia de todo esto? — ¡La desesperanza total y con esta la hartura más ardiente de esta existencia que no presenta ni los menores rastros de perspectivas algo más llevaderas! En general, en tal arrebato febril, el insensato se mata a sí mismo, con lo que se vuelve suicida.

Que el suicidio en muchos casos ocasiona al alma un daño inconmensurable, esto ya lo podéis deducir claramente del hecho que el hombre en estas circunstancias alimenta cada vez más su intención de destruirse; pues, alimenta un odio mortal contra su existencia sin el que nunca se habría vuelto un suicida.

Pero semejante estupidez nunca es innata a nadie, sino que es únicamente la consecuencia de una educación mala e incorrecta.

6. El que ama a sus hijos verdaderamente, ante todo debe cuidar de educar sus almas de tal manera que no puedan ser absortas por la materia. Si están educadas en el orden correcto, pronto serán capaces de recibir en ellas su espíritu, con lo que nunca ya se volverán insensatos, y ni hablar de cometer un suicidio.

7. Pero con una educación de los niños a la manera de los monos —sobre todo en las ciudades— no puede esperarse otra cosa. Por eso acostumbrad a vuestros niños ya en edad temprana que busquen el verdadero Reino de Dios en el corazón, y con eso los habéis adornado de manera real; pues, les habéis proporcionado la mayor y la mejor herencia, temporal y eternalmente.

8. Pero los niños mimados nunca se vuelven personajes dignos de la Vida. Aunque en general no pase nada de malo con ellos, con el tiempo se forma en ellos cierto punto flaco al que nadie debe provocar y menos aún rozar; porque al tocarlo se acabó la paz, pues, el hombre se vuelve furioso y trata de vengarse.

Por lo menos advertirá al ofensor con amenazas severas que en adelante evite semejantes bromas, porque de lo contrario iba a sufrir unas consecuencias terribles...

9. En el fondo, el mal de tal punto flaco no tiene su origen en la voluntad ni en el reconocimiento absolutamente libres; pero aun así no deja de ser un defecto en el alma en que esta siempre será vulnerable — y eso no sólo aquí en la Tierra, sino todavía durante mucho tiempo en el Más Allá.

10. Por esta razón debéis cuidar de que en vuestros hijos no se formen esos puntos flacos, porque producen en el alma las así llamadas enfermedades crónicas medio cicatrizadas.

Mientras el tiempo sea claro y agradable, y aunque haya una ligera brisa, estas cicatrices se callan y el hombre que las lleva se siente bien sano. Pero cuando se prepara un temporal, estas cicatrices empiezan a excitarse y frecuentemente producen dolores que llevan al hombre a la desesperación.

11. Pero tan difícil como para cada médico resulta remediar estos viejos daños físicos, tan difícil es curar las cicatrices del alma.

Si un navegante quiere evitar que su buque haga agua, no debe llevarlo por donde haya arrecifes de toda clase, sino solamente por donde el mar tenga la profundidad necesaria.

De modo que el educador de los niños —como timonel verdaderamente familiarizado con las exigencias de la vida— no debe guiar sus pequeños buques animados por allí donde la trivialidad mundana está tan llena de arrecifes, sino que desde el principio debe atreverse a navegar más bien en las profundidades íntimas de la Vida. De esta manera protegerá a las pequeñas embarcaciones de cualquier herida peligrosa y se ganará la corona de un verdadero timonel de la Vida.

12. ¡Dichoso será cada uno que toma estas palabras a pecho, porque él y los suyos no quedarán sin Bendición!

13. Y ahora, como hemos aprovechado de tratar con este asunto secundario que se ha producido por la intervención del discípulo Judas Iscariote, volvamos a nuestra contemplación del proceso de la formación y de la aparente extinción — y en particular sobre esta última».

Capítulo 127. El miedo a la muerte

1. (El Señor:) «Consta que la formación de una cosa, de un ser o hasta de un hombre siempre causa cierta alegría, mientras que la disolución —sobre todo tratándose de una persona— siempre causa tristeza que llena el corazón humano de melancolía.

2. Pero Yo pregunto: ¿Por qué, si los hombres hasta cierto punto todavía creen en la inmortalidad del alma? — Os digo que el motivo es más profundo de lo que pensáis.

Ante todo, esta tristeza se origina en el miedo a la muerte, pero también en otras cosas que no quiero mencionaros todas a la vez para no desconcertaros...

3. Una vez que un alma haya renacido completamente y haya entrado en toda la actividad vital, seguro que habrá perdido toda tristeza y todo miedo vano a la muerte física.

Pero en el caso de almas que aún no han alcanzado el grado justo en la perfección interior de su Vida, estas siguen lamentando la muerte de sus queridos fallecidos y, como consecuencia, arrastran todavía cierto miedo de la muerte — un miedo del que en este mundo sólo se librarán el día en que su espíritu ya haya llenado del todo su alma y este haya llenado del todo al espíritu en ella.

4. Observad a una criatura mimada que, desde muy pequeña, no ha sido habituada a una actividad. ¡La decepción que se lleva si después de haber cumplido más o menos doce años la obligan a entrar en una actividad que corresponde a sus fuerzas! Pues, empieza a llorar, se pone triste y de mal humor, y está llena de indignación y de ira contra aquellos que la empujan a cumplir un trabajo continuo.

5. Ved, en cambio, a un muchacho de la misma edad que ya desde su temprana juventud fue acostumbrado a trabajos formales, de acuerdo con su condición. ¡Con qué alegría y con qué gusto retoza y juega durante todo el día sin cansarse!

6. Igual que un alma inerte siempre siente un gran miedo a todas las actividades serias y continuas, también existe en ella el miedo a la muerte e incluso a una enfermedad algo más grave.

7. Muchas veces habréis tenido la ocasión de observar que hombres muy aplicados y activos no tienen ni mucho menos tanto miedo a la muerte como personas vagas que codician una vida regalada — un miedo que no se disipará antes de que tales almas hayan entrado en una actividad justa.

8. Tal vez pensáis que este miedo sólo es una consecuencia de la incertidumbre ante el Más Allá. — ¡Pero nada de eso!, porque ahí no se trata sino de una consecuencia de la pereza profundamente arraigada en el alma, pues, esta teme íntimamente que con la pérdida del cuerpo su existencia posterior será sumamente activa.

Ante esta perspectiva se vuelve inconsolable, se aflige y entra en un estado en cierto modo febril, en el que empieza a producirse cierta incertidumbre sobre la existencia futura. ¡Reflexionad sobre este particular y luego continuaremos con este asunto importantísimo!».

9. A estas palabras Mías Matael se levantó y dijo: «Si me lo permites, voy a añadir algunas palabras que tal vez pueden contribuir para una mejor comprensión de este asunto».

10. «¡Habla sin rodeos de lo que sabes y comprendes», le dije, «porque tu saber y tu comprensión están bien fundados!».

Capítulo 128. La separación del alma del cuerpo en el momento de morir

1. Acto seguido Matael empezó a hablar: «Queridos amigos y hermanos, en verdad no sé cómo ocurrió, pero a veces, ya desde mi juventud más temprana, podía ver espíritus e incluso hablar con ellos.

En realidad, este era el motivo principal por el que me metí en el Templo, porque me dijeron que allí los espíritus —que muchas veces me molestaban— ya no tendrían poder sobre mí, y seguro que desde entonces ya no iba a verlos.

Y así fue, porque cuando me puse los vestidos benditos del Templo, mis visiones de los espíritus realmente se acabaron. Cómo y por qué, no lo sabría explicar, pero es la pura verdad.

2. Aunque los muros y los vestidos del Templo me libraron de esta plaga, los espíritus sabían cómo vengarse de otra manera; pues, consta que de ahí resultó mi terrible posesión. Lo demás de mi estado deplorable ya lo sabéis, de modo que no necesito perder más palabras.

Pero recuerdo varios detalles de mi antiguo estado de vidente de espíritus, y si ahora cito algunos acontecimientos de aquellos tiempos, creo que puedo prestaros un pequeño servicio.

3. Cuando yo tenía siete u ocho años, de pronto murieron cinco personas de una epidemia. Se trataba de la mujer del vecino, de dos hijas mayores y dos sirvientas, que en principio gozaban de una buena salud.

4. Era extraño que sólo hayan fallecido mujeres y sirvientas, por lo demás robustas y fuertes. Cuando enfermó la mujer del vecino al que el día anterior habían muerto las dos hijas mayores y las dos sirvientas, este, triste y desesperado, vino a nuestra casa pidiéndonos que le ayudásemos y, si fuera posible, salvásemos a su mujer de la muerte. Tengo que decir que mi padre poseía una buena finca en los alrededores de Jerusalén, y que vivía en ella durante la mayor parte del tiempo. En caso de necesidad también era médico, con lo que era más bien un deber el estar a disposición del vecino desgraciado. Se comprende fácilmente que en esta ocasión yo no debía quedarme en casa, porque muchas veces podía dar consejos y recomendar buenos medicamentos a mi padre, porque los espíritus me los indicaron abierta y sinceramente.

5. Mi padre era seguro de que yo en casa del vecino iba a encontrar algunos espíritus que podrían indicarme algunos remedios. De modo que si quería o no, tuvo que acompañarle. Y no se equivocó: había una multitud de espíritus — buenos y malos mezclados.

Esta vez, sin embargo, no recibí consejos. Pero un gran espíritu vestido en grisáceo, al preguntarle por un remedio curativo, me contestó: “¡Mira a la moribunda! Su alma ya sale del tórax que en general es la salida del alma del cuerpo”.

6. Entonces observé a la moribunda de cerca. De su tórax salió una bruma blanca que se extendió más y más por encima de él, y también se volvió cada vez más densa; pero no pude ver nada de una figura humana.

Cuando el gran espíritu de luz grisácea vio mis dudas al respecto, me dijo: “Fíjate cómo un alma abandona para siempre su morada terrestre”. Y yo le pregunté: “¿Por qué este alma no tiene forma como vosotros, que también sois almas puras?”. Contestó el espíritu: “¡Espera un poco más! En cuanto el alma haya salido completamente del cuerpo, ya adoptará un aspecto agradable”.

7. Mientras se extendía y densificaba la bruma encima del tórax, la enferma gemía como alguien que estaba inquietado por una pesadilla.

Después de haber transcurrido un cuarto de hora, la bruma del tamaño de una muchacha de 12 años flotaba dos palmos por encima de la moribunda y sólo estaba conectado con ella por un cordón vaporoso de un dedo de espesor. Este cordón de color rojizo se alargaba y acortaba rítmicamente, y cada vez que esto pasó, se volvió más fino y el cuerpo hizo contracciones evidentemente dolorosas.

8. Transcurridas unas dos horas, este cordón de vapor se soltó del tórax y su parte inferior parecía a las raíces abundantes de una pequeña planta.

En el mismo momento en que el cordón de vapor se soltó del cuerpo observé dos fenómenos: Primero, la muerte absoluta del cuerpo de la moribunda. Y segundo: la masa nebulosa, dentro de un instante, adoptó la forma de la mujer del vecino a la que conocía muy bien. En seguida se vistió con una túnica blanca, saludó a los espíritus amables que se encontraban alrededor de ella y los preguntó dónde estaba qué es lo que le había pasado. También estaba sorprendida de lo preciosa que era la región en que se encontraba.

9. Como yo no veía nada de aquella región, me dirigí a mi espíritu de luz grisácea y le pregunté dónde se podía ver esa región tan bella. Y el gran espíritu en gris claro me contestó: “Esta región no la puedes ver con tus ojos físicos, porque no es sino un producto de la fantasía de la fallecida — una fantasía que poco a poco se convertirá en una realidad concreta”.

Con estas palabras quedé despachado, y el espíritu continuó hablando en una lengua que yo no entendía. Pero debe ser que al alma liberada había dicho algo muy agradable porque ella reaccionó con un semblante muy entusiasmado.

10. Lo que me llamó la atención es que el alma liberada evidentemente no estaba interesada en lo que había pasado con su cuerpo terrestre, y que conversaba con los espíritus con visible placer en una lengua que yo no conocía.

Un poco después trajeron también a las dos hijas y las dos sirvientas fallecidas. Con toda amabilidad, las hijas saludaron a su madre y las sirvientas a su ama — pero no como si las unas hubiesen sido hijas suyas y las otras sus sirvientas, sino indiferentemente como verdaderas amigas y hermanas, todas hablando una lengua que me resultaba completamente incomprensible. Además, ninguna de ellas parecía preocuparse lo más mínimo de su cuerpo físico antes seguramente muy estimado. Y parece que tampoco percibieron nuestra presencia — la de los mortales.

11. ¡Cosa más extraña que el alma de la mujer, nada más dejar su cuerpo atrás, al ver la belleza de la región expresaba su alegría todavía en lengua hebrea; pero cuando se había familiarizado con su nuevo ambiente, se sirvió de una lengua que —según me parece— ya no debe existir entre los mortales en toda la Tierra!

12. Por eso me dirigí al espíritu de luz grisácea y le pregunté: “¿Qué es lo que hablan estas cinco almas recién llegadas en vuestro reino, y en qué lengua hablan?”.

13. “¡Pero qué muchacho más curioso eres!”, contestó el espíritu. “Ellas hablan esta lengua por ti, porque no quieren que las entiendas; pues, saben perfectamente que tú posees el don de la clarividencia y de hablar con almas desencarnadas, como lo hacen los birmanos de la Alta India. También saben y sienten que sus cuerpos todavía yacen aquí; pero esto no les importa más que a ti un vestido roto que tiras porque ya no te sirve.

Ahora podrías ofrecerles todos los reinos del mundo con la perspectiva de una vida de mil años en toda salud, ¡y nunca volverían a entrar en sus cuerpos! De lo que están hablando de todos modos no comprenderías nada —aunque fuera en tu lengua—porque ven que ya vivimos en la época en la que el gran Mesías prometido ya se encuentra encarnado como hombre en el mundo material, aunque actualmente todavía sea un niño tierno. Cuando serás hombre, le reconocerás en Galilea”.

14. Eso era todo lo que el espíritu grisáceo claro me participó gentil y amablemente. Sin duda alguna fue la aparición más memorable que yo, de muchacho, había visto en aquellos tiempos tan real y vivamente como ahora os veo a todos vosotros, y la prueba de que aquel espíritu me había dicho la verdad, la tenemos aquí palpablemente delante de nosotros, Señor: ¡que realmente te he encontrado en Galilea como el espíritu de luz grisácea me lo había anunciado!

15. Ahora me gustaría si me explicaras un poco más detalladamente por qué el alma en el momento de la separación del cuerpo aparece como una masa nebulosa que sale del tórax, y no se presenta enseguida en la forma humana ya desarrollada.

Señor, Maestro más sabio de toda la Vida, ¿nos darías una explicación sobre este detalle?».

Capítulo 129. Los procesos durante la separación del alma del cuerpo

1. Dije Yo: «¡En seguida la tendréis — escuchadme, pues!

Esta bruma sin forma ya tiene el volumen del ser humano; lo que pasa es que el alma en el momento de la separación pasa una gran angustia, por la que durante algunos momentos se desmaya completamente.

2. Al alma que se encuentra en el proceso de separarse de su cuerpo físico le cuesta un esfuerzo enorme el conservar íntegramente su existencia consciente de sí misma. Pues, todos sus elementos entran en una vibración extraordinariamente violenta, de modo que incluso la visión más aguda de visionarios no puede descubrir una forma definida.

3. Un ejemplo natural ofrece la cuerda de los bajos de un arpa: si la tocas fuertemente, oscilará durante un rato con tanta amplitud que en vez de ver su cuerpo sólo ves algo como una cinta nebulosa medio transparente; pero cuando la cuerda deja de oscilar, a causa de su calma se volverá a ver su verdadera forma.

4. El mismo fenómeno se presenta cuando miras una mosca zumbante cuyas alitas no las puedes ver — a no ser que haya dejado de volar y de zumbar; y durante el vuelo ves las alitas sólo como una pequeña nube vaporosa.

5. Cuando el alma se está separando del cuerpo que ya no sirve, entonces frecuentemente vibra en oscilaciones de una amplitud de un palmo, en todas direcciones, y eso con una rapidez que puedes presumir mil oscilaciones por cada momento; con lo que se comprende que incluso al observador más atento resulta completamente imposible el divisar algo de la forma humana en el alma.

En la medida en que el alma se calma, también la forma humana se vuelve visible. Cuando por fin entra completamente en el estado de sosiego que se produce inmediatamente después de la liberación completa, se puede apreciarla ya en la perfecta forma humana — suponiendo que antes no se haya desfigurado demasiado por diversos pecados.

¿Lo comprendes ahora?».

6. «Oh, Señor omnisapiente, ¿cómo no iba a comprenderlo? ¡Me has explicado este fenómeno tan claramente que se lo puede palpar con las manos!

Señor, perdóname mi curiosidad, pero aún quisiera saber en qué lengua habían hablado y conversado estas cinco almas... Yo mismo hablo varias lenguas; pero a pesar de eso no entendí ni una sola palabra de todo lo que habían hablado. ¿Existe en este mundo todavía una lengua parecida?».

7. «¡Pues sí! Los sacerdotes birmanos poseen todavía esta lengua que fue la lengua original de los primeros hombres en esta Tierra; y vuestra lengua, el egipcio antiguo y hasta cierto punto también el griego antiguo proceden de ésta que era la primera lengua humana.

¿No vais a pensar que comprenderíais al padre Abraham, a Isaac y a Jacob, si estuviesen aquí y hablasen como hablaban en sus tiempos? En absoluto, ¡no comprenderíais ni una sola palabra! Ya comprendéis con dificultad los libros de Moisés que son mil años menos antiguos que Abraham, ¡cuánto más difícilmente comprenderíais a los patriarcas mismos!

Verdad es que con los judíos muchas cosas han cambiado, con lo que también su lengua — y eso sin producirse una segunda confusión de lenguas como aquella de Babilonia.

¿Me comprendes?».

8. «Oh, Señor; también este punto me ha quedado completamente claro y espero lo mismo de todos los demás hermanos; de modo que en el nombre de todos aún quisiera rogarte por algunas más enseñanzas».

9. «Estas no faltarán», le dije. «Pero como has hecho experiencias tan abundantes referente el proceso de morir, ya por tus hermanos aún tendrás que contarnos algunas de las más notables. Lo que a uno u otro hermano sea incomprensible, ya volveré a explicároslo.

10. Ya os he mostrado el proceso del hacerse de las cosas hasta el punto de su transición tras la caída de la materia.

La muerte física sigue todavía siendo el horror de toda criatura; y el porqué ya os lo he explicado concisamente, no obstante, pronto se dará una ocasión para explicároslo aún más detalladamente.

Y ahora, ¡continúa con tus relatos!».

11. Dijo Matael: «¡Oh Señor tan lleno de Amor, ya que me animas, aún voy a relatar varios casos tal como los he visto con los ojos de mi alma!».

Capítulo 130. Observaciones del clarividente Matael a la ocasión de la ejecución de unos ladrones asesinos

1. (Matael:) «Cuando tenía doce años, ya capaz de pensar y hablar seriamente como un hombre cabal, sucedió que en Jerusalén varios ladrones asesinos de la peor especie fueron condenados a morir en la cruz. En total fueron siete.

En aquellos años eso causó una gran sensación, no sólo en toda la ciudad de Jerusalén sino también en sus alrededores. Entonces cierto Cornelio era comandante romano y prefecto en el ínterin. Este se irritó profundamente con esos malhechores de categoría, porque estos —con una naturaleza verdaderamente bestial como la de un tigre— mataban a las personas secuestradas torturándolas de manera indescriptible, ¡y eso por mero placer!, y se divirtieron tanto más cuanto más a los pobres les costó el morirse.

En pocas palabras, la designación “diablos” era todavía demasiado noble para estos delincuentes».

2. En este momento Cornelio le interrumpió y le dijo: «¡Amigo, no olvides tus palabras porque las aprecio en mucho! Pero a favor de tu relato fielmente comenzado quiero señalarte que yo mismo era este Cornelio. Y ahora ¡continúa tu relato, porque hasta ahora todo ha sido completamente conforme a la verdad!».

3. «Íntimamente ya me lo había pensado», le respondió Matael, «porque me acuerdo muy bien de tus rasgos fisonómicos de entonces. Y para mi relato es de gran importancia que en tu noble personaje haya un testigo presencial.

¡Permitidme pues que continúe!

4. Dado que estos siete malvados descritos eran diablos tan crueles y feroces, también Cornelio se decidió de proceder con ellos de manera cruel, para establecer un ejemplo que servía de escarmiento.

En este plan les fue comunicado que la ejecución de la sentencia tendría lugar en exactamente catorce días, y durante este plazo cada día se les leía los tormentos que los esperaban, pintándolos en los colores más tremebundos.

Además, durante este espacio terrible se les daba bastante bien de comer, para que la vida les pareciera tanto más agradable, y para que la muerte segura tras las tormentas dolorosas les pareciera tanto más amarga.

5. Acompañado de mi padre, visité a esos malhechores unas cinco veces, y al fin siempre los veía echando humo como de leña medio carbonizada todavía ardiente.

Este humo despedía un hedor inaguantable —al menos para mí— que casi no tendrá su igual en este mundo.

Cuanto más tiempo los malhechores se encontraban en estas condiciones y cuanto más se acercaba su día del suplicio, tanto más penetrante resultaba el hedor de ese humo.

Se entiende de sí mismo que estos siete diablos con los días que pasaban empezaron a cambiar sus colores más que un camaleón.

6. Finalmente llegó el día del horror. Los alguaciles y esbirros se presentaron y en plaza pública, y en la presencia de varios miles de espectadores les quitaron los vestidos, salvo lo que les cubría las partes pudendas; y acto seguido los azotaron hasta la sangre.

Como había tanta gente, sólo pude asistir a este azotamiento desde bastante lejos, pero aun así pude observar que durante esta flagelación salió de los condenados una gran cantidad de murciélagos negros, en enjambres, y todos desaparecieron volando. También salió una especie de pequeños dragones que volaba encima de los azotados — los que desde entonces ya no humeaban tanto como antes.

7. Sólo al fijarme con máxima atención, descubrí que todos estos murciélagos negros y también esa especie de pequeños dragones que salieron de los condenados se habían formado de este humo del que todavía se estaban formando más formas muy feas que luego también se fueron volando. ¡Cuántas de estas criaturas infernales habrán abandonado a estos siete malvados durante aquellos catorce días pasados!

8. Después de haber sido azotados tan brutalmente, sus rostros que antes tenían un aspecto realmente diabólico se volvieron paulatinamente más humanos, y ellos mismos se volvieron más débiles y más miedosos; pues, parecían a unos borrachos a los que casi no quedaba claro lo que les estaba pasando. Todo este asunto me parecía muy extraño: pues vi cómo estos hombres antes tan feroces empezaron a convertirse en una naturaleza parecida a la de los corderos...

9. Después de la flagelación trajeron siete cruces y a cada uno de los delincuentes pusieron la suya en sus hombres para que la lleve hacia afuera de la ciudad, a Gólgota —lugar que desde hace mucho tiempo por parte de los romanos era el lugar de la ejecución de los reos; pero ninguno de ellos —a pesar de los empujones, golpes y maltratos que les aplicaron— era capaz de moverse ni un sólo paso con la carga macabra que le estaba puesta encima de los hombros.

Por eso mandaron a buscar un gran carro tirado por dos bueyes fuertes. Primero cargaron todas las cruces y encima de estos colocaron a los reos, atándolos fuertemente con cuerdas y cadenas, y todo se dirigió hacia afuera de la ciudad, a Gólgota.

10. Llegados al lugar del destino, al que aparte de mí y de mi padre no habían seguido muchas personas por la crueldad del espectáculo, volvieron a desatar todo y tiraron a los delincuentes sangrientos del carro. Uno tras otro los ataron fijamente a las cruces, utilizando cuerdas bastas entrelazadas de espinas, y colocaron las cruces en cavidades ya cinceladas para este fin. Entonces fue cuando los delincuentes empezaron a clamar y quejarse a más no poder.

11. Todo eso debe haberles ocasionado dolores insoportables. Pues, ya estaban completamente dilacerados por el azotamiento y, además, tenían que sufrir por las cuerdas entrelazadas de espinas y luego aún por la rudeza de la madera de las cruces que, sin duda, eran bien sólidas, pero estaban terminadas tan ásperamente como posible. Con lo que incluso uno de cuerpo sano ya tendría que sufrir mucho si le ataran las manos, los pies y el tronco tan rigurosamente fijo...

A todo esto sólo os he llamado la atención para que vosotros, hermanos míos, ante el Señor comprendáis más fácilmente lo que sigue y, al mismo tiempo, para mostrar hasta que punto el noble Cornelio había cumplido fiel y irrevocablemente con su sentencia.

12. Cuanto más tiempo estos reos pendían en las cruces, tanto más horrible fue su griterío y tantas más calumnias, imprecaciones y maldiciones soltaron hasta que, pasadas unas tres horas, estaban ya completamente roncos y ya no tenían voz; y como se habían mordido sus labios y sus lenguas, ya estaban echando espumarajos sangrientos de sus bocas.

Pasadas siete horas enteras, se volvieron más calmos y parecía como si, a la vez, los nervios de todos hubieran recibido un impulso tranquilizante, con lo que se callaron.

13. Con lo mucho que en su estado libre se habían comportado como diablos auténticos —y seguro que no había nadie en toda la ciudad de Jerusalén ni en toda la Judea que hubiera sentido compasión por estos siete—, tengo que confesar francamente que todo este asunto finalmente no me parecía nada de loable. Sea como fuere, la ley lo prescribe así y ante los ojos del mundo lo habían merecido.

14. Señor, en aquellos años nadie de nosotros tenía la menor idea de todo lo que acabamos de oír de tu santa boca y de lo que acabamos de ver, con lo que no es sino lo justo si la justicia castiga a aquellos siete reos con la severidad máxima de la ley, como escarmiento para los muchos reos que eventualmente todavía sigan las mismas vías.

Pero con lo indignantemente inhumano y escandaloso que era todo lo que os conté, esto no es nada en comparación con lo que aún me queda a relataros sobre lo que aconteció poco después. Continúo, pues:

15. Poco después, encima de la cavidad torácica de los siete, empezó a desarrollarse una especie de vapor muy extraño, negro como el carbón, y continuó aumentando hasta alcanzar dos veces el tamaño de los que pendían en las cruces.

También me fijé del cordón nebuloso con el que la niebla salida de la región torácica todavía estaba unida con el cuerpo sacudido por convulsiones.

¡Pero esta nube negra no adoptó la forma humana sino la muy espantosa de un tigre enorme, totalmente negro, cuyas rayas eran rojas como la sangre!

Cuando estas bestias negras estuvieron desarrolladas del todo, empezaron a enfurecerse y procuraron a separarse del cuerpo a toda fuerza; pero no lo lograron porque para eso los cordones vitales eran demasiado resistentes.

16. A mí todo este espectáculo me resultó demasiado horrible; y como de todos modos ya era una hora después de mediodía, mi padre y yo nos marchamos para volver a casa. Y sólo cuando ya estuvimos en el camino conté a mi padre todo lo que había visto durante la crucifixión.

Él mismo me confesó de no haber visto nada parecido, pero como había observado celosamente los movimientos mis ojos, le quedó claro que yo debía haber visto algo particular; y a causa de mis reacciones le quedaba claro que no le había mentido.

Él, como médico de urgencia y al mismo tiempo filósofo y teósofo, halló muchas cosas notables en mis observaciones; aunque a pesar de toda su filosofía y teosofía no comprendía más de mis relatos que yo mismo.

Aun así se decidió a volver por la tarde al lugar de la ejecución para reunir aún más experiencias, y para que después sin cumplimientos pudiera decir a los saduceos que esta experiencia les demostraba palpablemente lo insensatos que son todos aquellos que niegan rotundamente la inmortalidad del alma humana».

Capítulo 131. Una crítica de un saduceo sobre los castigos romanos

1. (Matael:) «Nosotros mismos teníamos como vecino un saduceo enraizado con su familia. En general era un hombre pacífico, bueno y honesto, pero no había manera de hablar con él sobre Dios ni sobre la inmortalidad del alma humana. A todos los que creían en algo parecido, los tomó por mentalidades subdesarrolladas. Y de mí decía que tengo un gran talento de poeta porque según él yo poseía una fantasía y una imaginación sin par.

De vez en cuando mi padre tenía trato con él, pero finalmente siempre era tiempo perdido.

2. En aquella ocasión mi padre le preguntó si no quería acompañarnos al Gólgota, pero él nos respondió: “¡Por nada en el mundo! Porque no puedo ver morir ni matar un animal y menos aún a hombres, aunque hubiesen cometido atrocidades peores que estos siete.

Si se nos acercasen bestias feroces, bien, ¡que las cacen para hacerlas inofensivas, y habrán hecho un servicio a la humanidad! Lo mismo se debe hacer con hombres parecidos que ya no valen para una sociedad humana pacífica. ¡Que los maten, y ya está, pero que no los torturen, porque no será la culpa de ellos que se hayan vuelto bestias feroces! Siempre su naturaleza, el temperamento, el carácter y su educación deficiente fueron la causa de tales degeneraciones y depravaciones.

3. Si se dice que esto sirve de escarmiento debo soltar una carcajada, porque nosotros, los hombres pacíficos y bien educados, no precisamos de estos escarmientos.

Y aquellos a los que convendría que lo viesen, poco van a ser tan estúpidos y acudir a este espectáculo de los siete reos para que lo acepten como escarmiento.

4. Sin duda alguna estos ejemplos de escarmiento tendrán una consecuencia, pero esta será poco graciosa: pues, en adelante los demás reos y criminales —tal vez un millar que aún no está capturado— maltratarán aún mucho más horriblemente a los que caigan en manos de ellos.

¡Menuda suerte tocaría a un romano que cayera en las manos de esos criminales que todavía se encuentran en libertad! ¡Ni por todos los tesoros del mundo quisiera encontrarme en su pellejo!

¡Esta podría ser la única ‘ventaja’ que se pudiera obtener tras un cumplimiento demasiado cruel de una ley demasiado marcial!

5. ¿Quién no recuerda los tiempos antes de la ocupación romana? Bueno, las leyes siempre tenían un carácter serio — pero por lo menos eran razonables y nunca se oía nada de grandes atrocidades.

Pero ahora los sabios paganos —estos reformadores altisonantes del mundo y conquistadores de ciudades y países— nos han bendecido con leyes políticas y marciales severísimas. ¡Y en las calles de nuestra tierra prometida, a pesar del cuerpo de guardia romana diez veces aumentado, se cometen atrocidades que un hombre hecho y derecho no puede escuchar sin desmayarse!

Por eso, ¡id solos y tendréis un ejemplo séptuplo de crueldad específica romana, la que por la otra parte pronto acarreará consecuencias de setenta veces la crueldad!

6. Que el hombre siga siendo hombre porque la eterna naturaleza le ha elevado sobre sí misma. Pero cuando el hombre con todo su sentido común tan altamente alabado por fin se transforma en un animal más feroz y cruel que las bestias más atroces de los bosques, entonces lo de los seres humanos se acabó... y llegó la hora de mudarnos a los bosques para aprender la humanidad natural de las bestias salvajes...

¡Idos pues a Gólgota, a ese lugar más maldito de toda la Tierra que está impregnado de sangre humana como una carnecería con la sangre de las vacas, ovejas y cabras! ¡Pero lo que allí aprenderéis, en verdad, no tendrá ninguna gracia!

7. Profesáis a vuestro Dios y creéis en la inmortalidad del alma, ¿y aun así podéis observar con indiferencia cómo hombres por ser mal educados y profundamente despistados, durante todo el día son atormentados hasta a la muerte, y eso por bestias aún más feroces que ellos mismos?

Creédmelo, a pesar de la maldad de estos siete que daba escalofríos: ¡sin la severidad romana nunca se habrían vuelto tan crueles!

¿Quién los ha hecho así?

¡Los que se complacen en torturarlos durante todo el día!

8. ¿Y vosotros como judíos santurrones podéis quedaros mirando como estos infames son atormentados por seres aún mucho más infames? ¡Menudos vecinos tengo! ¡Os digo que en el establo de mi asno reina más humanidad que en vuestra casa donde creen en un Dios!

¿Está entendido?”.

Con estas palabras se fue, y nosotros seguimos nuestro camino».

Capítulo 132. El fin de los reos crucificados

1. (Matael:) «Después de media hora estuvimos de nuevo en el Gólgota donde salvo los guardianes casi ya no hubo nadie. Los siete ofrecían un espectáculo horroroso. Pero no quiero hablar tanto del aspecto de los cuerpos medio muertos, sino sobre todo de sus almas.

Pues, estas estaban todavía atadas a sus cuerpos, y ellas mismas se esforzaban a destruirlos:

Con violencia, los tigres negros echaron las garras en sus cuerpos e hincaron los dientes en ellos. Pero como los sistemas nerviosos de los cuerpos medio muertos todavía funcionaban, los tigres debían sentir un efecto retroactivo, porque con cada mordedura ocasionada al cuerpo sus caras se desfiguraron de dolor; y enseguida pusieron sus zarpas sobre el lugar del cuerpo en que habían clavado sus dientes.

2. Asistimos a estos sucesos crueles durante una hora y continuamente tenía que contar a mi padre lo que yo veía y percibía en los siete crucificados. Pero un guardia romano que hace un rato estaba observado mis miradas inestables se dio cuenta que yo daba explicaciones a mi padre.

Por eso se acercó y nos preguntó en lengua romana, lo que veíamos en los siete delincuentes porque, particularmente yo, los observábamos con tanta atención inestable, y qué era lo que tenía a participar a mi padre. El guardia insistió en que habláramos en su lengua, porque de lo contrario nos debía despachar de allí.

3. El padre le habló en griego lo que dominaba mejor que el latino, aunque nosotros dos también entendíamos bastante bien el latino; porque en Jerusalén —ya de muchacho— se debía conocer tres lenguas para saber conversar con los muchos forasteros.

Mi padre explicó al guardia que él era médico y que conmigo, su hijo y alumno, hacía estudios diagnósticos y psicológicos... que me incitaba a prestar mucha atención a todos los síntomas y que al mismo tiempo me daba explicaciones al estilo de Hipócrates.

4. Esto gustó al guardia que era un hombre ávido de saber, por lo que manifestó su deseo que mi padre me diera las explicaciones en griego para que él también pudiese sacar un provecho de ello.

¡Con esto nos habíamos metido en un gran lío! Porque eso de que mi padre me explicaba algo no era sino una estratagema para tranquilizar al guardia, porque en realidad era yo el que participaba algo a mi padre sobre las visiones psíquicas que percibía... visiones que eran de una naturaleza que el guardia se habría reído de nosotros —caso que se lo hubiésemos dicho.

¿Qué debíamos hacer en esta situación? No vimos solución alguna.

5. En el mismo momento vi un espíritu que, de pie sobre una nube, estaba descendiendo de las alturas, y en su mano derecha portaba una gran espada reluciente.

Me pregunté: “¿Qué va a hacer éste aquí?”.

El guardia se dio cuenta de mi mirada escudriñadora e inmediatamente me preguntó si yo veía algo particular. Y, un poco rudo y lacónico, le contesté: “¡Pues sí!

— Pero aunque te lo dijera, ¡no me lo creerías!”.

6. En seguida el guardia intentó asediarme con preguntas. Pero en el mismo momento recibió la orden de Cornelio de romper las piernas de los siete reos, con hachas, directamente por encima de sus todillos —una costumbre de los romanos— y caso que alguno de ellos todavía viviese, que acabara con él mediante un golpe sobre la cabeza y otro sobre el pecho...

Como nuestro guardia se vio obligado a cumplir ante todo con estas órdenes, finalmente pudimos continuar con nuestras observaciones sin más estorbos.

7. Entonces me concentré en aquel espíritu tan grande que llevaba un vestido plisado de color azul oscuro, y me pregunté a mí mismo qué iba él a pintar en este asunto. ¡Oídme, pues!:

Cuando los quebrantahuesos estaban esperando la orden de romper a los siete las piernas —y por si acaso un reo todavía dio señales de vida, de acabar con él mediante los golpes previstos—, el espíritu poderoso ciñó su espada y cortó los siete cordones con los que las almas negras de los tigres todavía estaban unidos con los cuerpos.

8. Cuando estas almas terribles quedaron liberadas de sus cuerpos, de pronto obtuvieron un aspecto algo más humano y andaban sobre sus patas traseras, pero todavía totalmente calladas, de apariencia triste y con caras de sufrimiento.

Acto seguido el espíritu les habló en tono imperioso: “¡Marchaos al lugar de vuestro amor malo porque este os atraerá! ¡Y tal vuestros hechos, tal será también vuestra recompensa!”. Pero las siete almas gimieron: “¡Si nos toca la perdición, para eso aún habrá tiempo! Además, ¿por qué teníamos que sufrir todas esas torturas, si aquí de todos modos nos espera la eterna perdición?”.

9. Dijo el gran espíritu poderoso: “¡Todo dependía y todavía depende de vuestro amor! ¡Cambiadlo conforme al Orden de Jehová que os está conocido y seréis vuestros propios salvadores, porque aparte de vosotros mismos, nadie en toda la infinitud de Dios puede liberaros! La vida y el amor son vuestros; si podéis cambiar vuestro amor, este transformará toda vuestra vida y todo vuestro ser.

Y ahora, ¡marchaos!”.

10. Al entender estas palabras enérgicas del espíritu poderoso, las siete almas se fueron rápidamente, todavía soltando un gimoteo horrible.

Acto seguido, me atreví a preguntar al espíritu cuál era el destino que esperaba a los siete.

11. Y este, ya subiendo, no dijo más que: “¡Todo depende de su muy propia voluntad! Porque en su caso no fue una falta de su educación ni de su reconocimiento.

Y tampoco estaban poseídos, ¡porque toda su maldad fue exclusivamente una consecuencia de su voluntad malísima!

Los bichos que podías ver durante su flagelación y que huyeron de los siete cuerpos no eran demonios intrusos sino meros productos y engendros de su propia mala voluntad. De modo que este juicio ha sido justo del todo, porque se trataba de siete demonios consumados, para los que en este mundo no había enseñanza ni palabras ni mejora.

Pero aquí con nosotros, donde todo está manifiesto, su suerte será tal como ellos mismos se la prepararán a base de su amor. Aquí no les faltarán ocasiones —aunque todas sean sabiamente simuladas— de ejercerse aún más en lo peor como también en lo mejor.

¡Compréndelo muchacho, y explícalo también a tu padre, al que no ha sido dada la visión de estas cosas!”.

12. Después de haber pronunciado estas palabras significativas, el gran espíritu poderoso desapareció y los quebrantahuesos pusieron manos a la obra. De cinco de los reos ya no salió sangre de las heridas abiertas; pero sí de los dos últimos. Con estos dos acabaron dándoles los golpes decisivos — lo que en realidad fue un trabajo en balde, porque donde el alma —ya sea buena o mala— ha salido definitivamente del cuerpo, este está completamente muerto.

13. Después de esta actividad poco edificante los esbirros fueron para casa, aún entregando los cadáveres al desolladero y sus ayudantes para su exterminio. Como entonces no estaba permitido enterrarlos, normalmente los quemaron con madera maldita, o los hirvieron en agua maldita, y después los echaron a las bestias que al devorarlos en general se murieron. Por eso los desolladeros preferían cocer los cadáveres en el agua maldita porque luego los podían vender en todo el entorno para la lucha contra los lobos, las hienas, los osos y los zorros, lo que les resultó en una buena fuente de dinero...

14. De modo que esta, Señor, es otra historieta que he vivido durante mi juventud. En general, todo me queda claro, salvo que las figuras de las almas no tenían ni rastro de la forma humana. ¿Y qué significan los incontables bichos como los murciélagos y aquellos pequeños dragones que antes ya habían huido de estos infames?

Verdad es que aquel espíritu grande me dio una explicación que todo era un producto de la malísima voluntad de estos infames... ¿Cómo hay que comprender esto? Señor, ¡sólo Tú puedes explicárnoslo, y nadie más! ¡Por eso, si es conforme a tu santa Voluntad, resuélvenos estos dos enigmas!».

Capítulo 133. La forma de las almas de los ladrones asesinos

1. Dije Yo: «El relato sobre lo que tú mismo experimentaste es correcto.

La forma bestial que las almas de estos siete reos han adoptado tiene su causa en que aun dentro del orden haya cierta libertad — pero eso sólo hasta tal punto que los mismos elementos específicos del alma que actúan en un cuerpo puedan volver a organizar y agarrarse de otra manera.

Algo parecido pasa en un montón de gusanos que todos se arrastran doblándose para buscar una posición más cómoda para ellos. Una vez que procediendo a su manera buena o mala la hayan encontrado, entonces la forma exterior del conjunto siempre será la correspondiente: o buena o mala.

2. Fijaos en varias plantas: por aquí hay una curativa y allá una venenosa. ¡Miradlas en la luz de nuestra bola que es clara como la del Sol! ¿Veis como la planta salubre y curativa en su forma es muy flexible, modesta, agradable, graciosa y suave, mientras que la planta venenosa tiene hojas deformes, rajadas y en parte sospechosamente lisas? ¡Y a pesar de todo, ambas especies están compuestas de la misma sustancia original, crecen en el mismo suelo, chupan el mismo rocío y absorben el mismo aire y la misma luz! Aun así, en la planta curativa todo es salubre y en la venenosa todo es veneno.

Y la causa de todo ello estriba únicamente en la inversión del orden...

3. Ya habéis visto antes cómo de las lenguas fogosas bastante parecidas —las que flotaban en el aire y eran invisibles a los ojos físicos— se había formado un burro perfecto y pacífico. ¿Creéis, que con un orden diferente de los mismos elementos originales que se reorientaron y agarraron para tomar una forma orgánica al fin no habría podido originarse perfectamente una forma distinta como la de un tigre, un camello, un buey, un elefante o cualquier otro animal?

¡Por supuesto que sí! Porque una reorientación de los elementos en un orden diferente cambiaría necesariamente la naturaleza y las características inherentes.

Pero todas estas diferentes naturalezas se comportan hostiles entre ellas, porque en cada forma particular diferentemente organizada prevalece continuamente la tendencia de convertir todo lo demás en su propio orden, sobre todo si es un poco más débil.

4. De estas propiedades surgen el amor, el calor interior, el afán, la avidez, la codicia, el hambre y la sed. Si esta codicia —que corresponde a la avidez de imperar— aquí y allá es demasiado grande y procura demasiado a hacerse con mucho y luego convertirlo en su propio orden, entonces no raras veces lo incorporado se vuelve demasiado poderoso, agarra el antiguo orden anímico—orgánico del ser que se lo ha incorporado y lo arrastra al suyo que puede ser mejor o peor — con lo que ahí fácilmente puede resultar un orden pésimo...

5. Entonces ¿qué sucede? ¡Precisamente lo que tú, Matael, has observado con las almas de aquellos reos que tenían la forma de tigres!

Resulta que sus almas en su avidez de incorporarse más elementos anímicos han exagerado al acoger un exceso de elementos que no valían para su orden; y estos son los que finalmente pervirtieron las almas de los reos conforme a su propia índole, con lo que convirtieron las almas humanas de ellos en auténticas almas de tigre... y del mismo origen eran los bichos que tú viste salir en grandes cantidades de los reos angustiados.

¡Ahora decidme, si habéis comprendido esta amplia enseñanza en todos sus detalles!».

6. Dijo la mayoría: «Sí, Señor, más o menos la comprendimos; pero si pretendiéramos de estar ahora verdaderamente familiarizados con esta materia seríamos unos mentirosos.

Tras la formación de la burra hemos percibido muy bien cómo a partir de las sustancias espirituales originales se forma una cosa o un ser. Hemos visto cómo crecía la hierba y cómo, en cierto modo por sí mismo, se creó una burra de las lenguas fogosas. Gracias a tu Bondad y Gracia, sabemos incluso qué son estas lenguas fogosas y de dónde vienen, y cómo las que son afines a una idea y una forma pueden organizar y agarrarse para realizarla.

Nos queda claro que estos innumerables pensamientos primarios tuyos de los que abunda toda la infinitud entre sí se diferencian mucho, y eso a pesar de que según la apariencia exterior todos se parecen... Pues son más ligeros o más pesados — conforme si tienen un sentido que abarca algo con más profundidad, más seriedad, más integridad o no... Y vemos que los pensamientos más afines son los primeros que se organizan y agarran para comenzar a formar cualquier organismo.

7. Como ya dije, todo esto lo comprendemos bien; pero aun así hay algo que nos resulta un enigma que únicamente Tú, Señor, nos podrás resolver, si es de tu agrado. Seguro que no hace falta que te digamos por dónde tenemos nuestras lagunas, porque Tú las conoces todas y, con tu gran Gracia, ya nos las llenarás — si lo juzgas conveniente.

En el caso que esto para nosotros no fuera oportuno saber, también estaríamos más que satisfechos con lo que sabemos y entendemos».

8. «Para poder comprender el misterio del Reino de Dios en toda su profundidad, antes debéis haber renacido en el espíritu, lo que por ahora todavía resulta imposible para vosotros», les dije. «Sólo cuando el Hijo del hombre haya regresado a aquel lugar de donde ha venido, Él os enviará el Espíritu de la Verdad que es santo. únicamente éste os despertará del todo, pues, perfeccionará vuestros corazones y despertará en vosotros al espíritu de toda la Verdad — es decir, en el corazón de vuestra alma; y tras este acto habréis renacidos en el espíritu, y en la Luz más clara veréis y comprenderéis todo lo que abarcan los Cielos en sus profundidades.

9. Todo lo que ahora os muestro y explico no es sino un anticipado para aquello que os será dado en toda plenitud por el Espíritu.

Todavía hay mucho a deciros, pero ahora no lo soportaríais; sólo en cuanto venga el espíritu de la Verdad, él os guiará en toda Verdad. Como esto ahora lo sabéis, vamos a proceder a otro anticipado importante, y nuestro Matael nos va a relatar otro episodio de su vida tan rica en experiencias.

10. Matael, ¡vuelve a tomar la palabra y cuéntanos los sucesos experimentados y bien observados en Betania! Como todavía nos quedan cuatro horas hasta la salida del Sol, aún podemos llegar a saber muchas cosas interesantes. De modo que empieza ya con tu relato».

Capítulo 134. Matael llega al padre moribundo de Lázaro. La extraña aparición natural en su camino a Betania

1. Dijo Matael: «¿Me permites, Señor, que aparte de eso también mencione aquella extraña aparición natural que mi padre y yo, en nuestro camino a Betania, a medianoche observamos en el levante?».

2. «Claro que sí», le respondí, «porque este fenómeno está relacionado con aquel suceso en Betania, hace diecisiete años. Por eso, ¡empieza, pues!».

3. «¡Señor, veo que nada te está oculto en toda la infinita esfera de la Creación! Para Ti no hace falta que te cuente esta historia, pero por la causa de los amigos y hermanos voy a contar con mucho gusto todos aquellos acontecimientos tan sutiles, sobre todo como veo que todos se fían de lo que les cuento.

Aunque todo lo que ahora os voy a comunicar tenga un carácter místico y fabuloso, ¡todo es pura verdad! Por eso os invito que de nuevo me prestéis vuestra atención:

4. Era en otoño ya muy avanzado. Las cumbres de las montañas estaban cubiertas de niebla y el tramontano poco agradable revoloteaba las hojas secas por el aire.

Sólo en dirección del levante había todavía algunos huecos entre las nubes por los que las estrellas preciosas miraban la tierra, dando la impresión como si estuvieran llorando... una escena que yo y mi padre —que era un gran amigo de la naturaleza, incluso cuando sus elementos estaban agitados— observábamos casi hasta la medianoche Pero cuando estábamos a punto de entrar en la casa para acostarnos, vimos que se nos estaba acercando un hombre a toda prisa, con una linterna en la mano. Y pasados unos pocos momentos, encontramos un joven bastante afligido delante de nosotros.

5. En seguida reconoció a mi padre como médico y dijo en voz triste: “¡Amigo y médico! Vengo de Betania. Me llamo Lázaro y soy hijo del anciano Lázaro al que amo más que a nadie.

Hoy mi padre cayó muy enfermo y su estado es muy grave. Nuestro rabí, que en casos de urgencia también hace de médico, ya no se aclara con él.

Él mismo me envió a ti, pues, dijo que eres un médico extraordinario y que ya habías ayudado a enfermos en casos en que otros médicos ya no encontraban remedios algunos. ¡Ven y cura a mi padre — si todavía es posible!”.

6. Mi padre le dijo: “Si otro médico ya ha llevado a un enfermo al umbral de la muerte, ¡entonces acuden a uno como nosotros y esperan que haga milagros! Bueno, no importa, ¡si tan sólo se pudiera estar instantáneamente en todas partes para realizarlos! De todos modos iré contigo, acompañado por mi hijo único porque tiene el don de ver espíritus, con los que en el caso de necesidad también puede hablar.

Una vez allí, ya veremos lo que se puede hacer. Si hubieras venido a caballo que te habría traído más rápidamente aquí y si hubieras traído contigo algunos caballos de carga que nos hubieran llevado más rápidamente allí, entonces una curación habría resultado más probable.

Pero si en el caso de tu padre ya se manifiestan los síntomas hipocráticos de la muerte, entonces ya no habrá curación, porque contra el poder de la muerte no ha crecido planta medicinal alguna, ni en las montañas y aun menos en cualquier jardín”.

7. El mensajero estaba conforme con estas palabras y sintió mucho el no haber traído consigo algunos caballos de carga. Partimos en seguida, pero aún a paso ligero nos costó más de una hora el llegar allí.

8. Mientras estuvimos andando absortos en pensamientos, las nieblas en el levante desaparecían por completo y empezó a aclarecer más y más. Después de un cuarto de hora había tanta luz como media hora antes de la salida del Sol. Se comprende que esto llamó tanto nuestra atención que a pesar de nuestra prisa nos paramos para ver qué podía ser el motivo de este extraño aumento continuo de luz.

9. Finalmente hubo luz como en pleno día, y en el horizonte oriental, aparentemente, empezó a levantarse un sol, pero mucho más rápidamente que el Sol de cada día. Y a pesar de que este sol fenomenal se estaba levantando, su parte inferior no quería soltarse del horizonte.

10. Creciendo rápidamente, este fenómeno tomó la forma de una columna de luz cuya parte superior pronto llegó al cenit. Al mismo tiempo empezó a irradiar una luz y un calor tan fuertes que nos vimos obligados a buscar la sombra de una higuera bien cubierta de hojas para no cegarnos de la luz ni desvanecernos de calor. Pero no tardó mucho y la columna se volvió más y más delgada hasta que desapareció, y con esto su luz y el calor intenso que esta había producido.

11. Todo este fenómeno hasta que la luz había desaparecido no había costado más que un cuarto de hora. Pero al desaparecer la luz también perdimos nuestra facultad visual; porque al desaparecer esta luz tan fuerte, nuestra vista quedó tan cegada que ni siquiera en la luz producida por la linterna del mensajero podíamos ver el camino.

12. Como poco después nuestros ojos volvían a recuperar su facultad visual acostumbrada podíamos reconocer y seguir nuestro camino, todavía con cierta dificultad.

Todo este fenómeno nos había costado media hora, y mi padre me preguntó si a esta ocasión había visto algún espíritu.

13. Y le dije fielmente: “En la luz misma —la que a causa de su enorme intensidad podíamos mirar mucho menos aún que la luz del Sol del mediodía— no podía descubrir nada, pero sí aquí abajo, cerca de nosotros.

Pues, aquí abajo pude divisar vagamente una multitud de figuras que se dirigía hacia el occidente como si allí hubiera algo que la atraía o empujaba con gran fuerza. De modo que su movimiento estaba orientado en la misma dirección como él del fenómeno de luz. Sólo pude distinguir un espíritu que se acercó mucho a nosotros y que tenía el aspecto serio de un hombre anciano. Parecía que el fenómeno luminoso le producía un gran deleite. También él iba dirigido al occidente, pero más bien en dirección de Betania. Pero en la medida en que el fenómeno de luz en el cielo empezó a desvanecerse, también este espíritu desapareció”.

No vi más, por lo que tampoco pude decir más a mi padre.

14. Nuestro guía estaba asombrado de mi don como vidente y creó en mis palabras, porque opinó que no podía ser que mi fantasía ya hubiera alcanzado semejante intensidad poética que yo habría podido chuparme todo esto de mis dedos. Con eso, en realidad, tuvo completamente razón, porque nunca fui muy ingenioso y, de joven, nunca tenía fantasía o facultad imaginativa; lo que sí tenía era un gran talento para aprender lenguas extranjeras.

15. Con estas observaciones poco importantes llegamos finalmente a Betania y en seguida entramos en la casa de Lázaro en la que encontramos al enfermo ya agonizando... con lo que ya no había remedio.

16. Alrededor de la cama se encontraron dos hijas del moribundo, llorando, pero muy simpáticas; y luego había una multitud de parientes, tías y primas que sollozaban y lloraban en voz alta, como suele ocurrir en tales circunstancias.

Nuestro guía, hijo de la casa, también estaba llorando, y por su gran tristeza olvidó incluso a preguntar a mi padre si en estas condiciones aún había un remedio para ayudar.

17. Sólo el rabino —un hombre muy pequeño— se acercó a mi padre y le preguntó, si según él existía un remedio que, al aplicarlo al moribundo, por lo menos podría conseguir que durante algunos momentos volviera en sí.

Mi padre no le respondió directamente, sino se dirigió disimuladamente a mí y me preguntó en qué estado se encontraba el anciano, y si podía ver que el alma ya había empezado a salir del cuerpo.

18. De mi manera inocente se lo expliqué tal como lo veía: “El alma ya está completamente desarrollada y flota encima del cuerpo, en posición horizontal, en una altura de medio hombre. Todavía está conectada con el cuerpo mediante un hilo de luz fino como un cabello, con lo que según nuestras experiencias dentro de algunos momentos se romperá.

Lo que llama la atención es que aquella enorme columna de luz que vimos con nuestros propios ojos como fenómeno de naturaleza, aquí reaparece sobre la cabeza del alma. Tiene la misma potencia luminosa y también emite un calor muy agradable. El alma no quita sus ojos de esta columna y parece que esta le produce un gran deleite”».

Capítulo 135. Los intentos de reanimación del rabino en el cadáver del anciano Lázaro

1. (Matael:) «Cuando mi padre había recibido estas informaciones de mí, en seguida se dirigió al rabino que ya se había vuelto un poco impaciente, y le dijo: “Amigo, según acabo de examinar la situación, cada gota incluso del bálsamo más fuerte para reanimar la vida sería desperdiciada, porque su alma flota ya en una altura de casi un hombre por encima del cuerpo evidentemente completamente muerto. De modo que ya puedes entonar tu salmo de lamentaciones y, como sacerdote, puedes señalar a la gente que para el muerto ya no hay ayuda terrenal”.

2. Al oír estas palabras concluyentes, el rabino puso cara de vinagre y preguntó a mi padre: “¿Cómo puedes ser tan seguro de esto?”.

Pero mi padre que nunca hacía muchos cumplidos de cortesía le contestó secamente: “Cómo lo veo y de dónde lo sé, ¡esto no te importa! Tú, procede con lo tuyo; y yo ya sé lo que debo hacer”.

3. En el mismo momento el alma se soltó completamente del cuerpo. Varios espíritus de aspecto muy sublime y sabio la tomaron en el medio y le pusieron un precioso vestido plisado de tela blanca. Uno de ellos tomó la columna de luz y la puso alrededor de las caderas del alma liberada como cinturón que irradiaba una luz tan fuerte como el Sol del mediodía.

Al mismo tiempo otro espíritu poderoso le puso un sombrero que irradiaba igual de fuerte, y le dijo: “Hermano, sé adornado eternamente con la Luz de la Sabiduría de Dios que luce en ti”.

4. Acto seguido todos los nobles espíritus presentes quitaron la casa, junto con el alma liberada. Este detalle se lo dije en seguida a mi padre, con lo que él de nuevo se dirigió al rabino y le dijo: “Dado que el alma del anciano ahora ya se ha soltado completamente del cuerpo, se supone vas a anunciar la muerte definitiva a toda esta gente desconsolada...”.

5. “¡Tranquilo!”, respondió el rabino. “Porque ahora voy a darle algunas gotas estimulantes sobre su lengua y, suponiendo que en el cuerpo humano haya algo como un alma, ya vamos a ver si esta realmente ha salido del cuerpo o no.

Según mi opinión bien aprobada, el ser humano no tiene un alma que tenga una vida espiritual más allá de la vida de la sangre y de los nervios. El hombre, una vez muerto, está muerto como una piedra o una leña seca. Por eso, en el nombre de todo lo que puedo llamar santo, te juro que al morir el hombre ya no queda nada vivo en él.

Sin embargo, hay remedios arcanos en la naturaleza que vuelven a despertar la vida en el cuerpo ya casi muerto, y esto es lo que voy a hacer ahora mismo para demostrar a un judío arraigado como tú que el alma aún no puede haber salido del cuerpo ni nunca saldrá de él porque nunca ha habitado un verdadera alma en el cuerpo humano”.

6. Acto seguido el rabino sacó de su bolsillo un pequeño frasco de oro, lo mostró a mi padre y le dijo: “Mira, amigo, ¡aquí en este frasco se halla lo que es un alma para un hombre muerto!”.

7. Sonriendo, mi padre dijo: “Tú, ¡continúa! Y toda mi posesión —la que seguramente conoces— será la tuya, caso que el muerto se mueva durante un momento después de que le hayas dado las gotas. ¡Conozco tu remedio arcano! También yo lo tengo y al aplicarlo a aparentemente muertos ya ha prestado buenos servicios — ¡pero eso sólo porque en aparentemente muertos el alma se encuentra todavía durante mucho tiempo en el cuerpo!

De modo que este remedio se aplica con éxito en todos los casos en que aún no se hayan manifestado los síntomas hipocráticos; pero una vez que estos se manifiesten en la cara de un difunto, el alma ya ha salido, y aunque le apliques el contenido de diez mil de estos frascos, el cuerpo ya no se moverá sino quedará inerte como una piedra o una leña seca.

Tú, ¡procede a tu prueba con el auténtico aceite de helecho persa y, como ya te dije ante muchos testigos, toda mi posesión será tuya si este muerto que ya empieza a desprender un ligero olor de descomposición, tras haber recibido tus gotas hará aún el menor movimiento!”.

8. A estos argumentos de mi padre el pequeño rabino se quedó algo perplejo. Aun así se acercó al muerto y le abrió la boca — pero en vez de las acostumbradas dos o máximo tres gotas, dejó caer diez sobre la lengua ya bastante seca.

Acto seguido le cerró la boca y esperó con gran atención, a ver, si el muerto iba a hacer el menor movimiento. No obstante, pasó una hora y después otra. Y cuando empezó a amanecer, el muerto aún no había demostrado la más mínima intención de moverse.

9. Ante esta situación mi padre preguntó al rabino si todavía estaba convencido de que el muerto —como efecto de las gotas del aceite de helecho persa— aún iba a moverse y a lo mejor también a hablar.

10. “¡Vamos a esperar tan sólo hora más hasta que el Sol haya salido!”, dijo el pequeño. “¡Y ya empezará a moverse y a hablar!”.

11. De nuevo sonriendo, mi padre dijo: “¡Continúa pues!, porque yo no tengo nada en contra. De lo contrario, con mucho gusto sacrificaré todos mis bienes para ver devuelta la vida a este anciano tan bueno y honesto, al que conozco como hombre muy devoto a Dios.

Y si pierdes, sólo exijo de ti que creas en el verdadero Dios eternamente vivo —en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob— y que creas en la inmortalidad absoluta del alma humana”.

12. “Estoy de acuerdo y así lo haré”, le respondió el rabino. “Pero, amigo mío, te advierto que saldrás perdiendo; y lo sé porque en secreto pertenezco a la secta de los saduceos que son muy sensatos. Además, ¡con mucho gusto me desharía de mi pertenencia al Templo proscribiéndola al gran desierto de África!

Pero si realmente triunfas sobre mí, con gran alegría volveré a pertenecer íntegramente al Templo”.

13. Después hubo un gran silencioso y con ansia se esperaba el momento en que el anciano Lázaro iba a reanimarse».

Capítulo 136. El espíritu de Lázaro da un testimonio del Mesías

1. (Matael:) «Mientras tanto el joven Lázaro se acercó a mi padre y le preguntó si hay la menor esperanza que las gotas arcanas del rabino pudiesen despertar a su padre.

2. Y este le respondió: “Siento mucho, caro amigo, que como hombre y médico tenga que confesarte la entera verdad. Además, ¿para qué iba a entretenerte con esperanzas vanas si yo mismo estoy completamente convencido de que estas esperanzas nunca se cumplirán?

Pero para consolarte, puedo darte la aseveración absolutamente cierta de que tu padre vive y que, en realidad, nunca ha muerto...”.

3. Con tristeza, el joven Lázaro no podía decir más que: “¡Mírale en el lecho —éste no vive sino está muerto del todo!”.

4. Pero el padre le respondió: “¡Éste sí que está muerto, sin duda alguna! ¡Pero lo que tú ves no era tu padre sino únicamente su vestido de carne! Te digo que mi hijo que es un perfecto vidente de espíritus es capaz de decirte otra cosa.

¡Ve a él y pregúntale sobre las visiones que ha tenido aquí, y todo lo que te comunicará te causará una gran alegría!”.

5. En seguida el hijo del Lázaro se dirigió a mí, y me preguntó a mí en calidad de hijo del médico qué podía decirle para su consolación. Y yo le conté detalladamente todo lo que había visto espiritualmente.

Había muchas personas cerca de nosotros que aguzaron los oídos, pero pocas de ellas tenían un corazón tan lleno de fe como nuestro joven Lázaro. Y cuanto más tiempo le contaba mis experiencias hechas de vidente, tanto más se animó su rostro.

Sus dos hermanas —que todavía tenían una edad muy tierna— en seguida se enteraron de este cambio y le preguntaron cómo era posible que de repente se hubiera vuelto tan alegre. Lázaro señaló con el dedo a mí y se calló.

6. Las dos muchachas se acercaron a mí y, modestamente y con muy pocas palabras, me preguntaron lo que yo había dicho al hermano para que él hubiera podido perder su gran tristeza y que ahora estuviera tan alegre como si en toda la casa nunca hubiese ocurrido nada de triste... y me rogaron que se lo contase también a ellas.

7. En aquellos tiempos yo todavía era bastante travieso y les contesté: “A vosotras, las muchachas, os conviene que también seáis un poco tristes, por lo que no voy a deciros nada. ¡A la hora oportuna vuestro hermano Lázaro ya os lo revelará!”.

8. Verdad es que las dos muchachas no me insistieron en decirles lo que yo había contado a su hermano, pero aun así ya se quedaron algo menos tristes.

Como mientras tanto el Sol de color púrpura empezó a mirar por encima del horizonte, mi padre se dirigió al rabino y le preguntó: “Ahora, amigo, ¿qué me dices sobre el efecto de tus gotas de aceite de helecho persa? El difunto sigue estando tan inmóvil e inerte como una leña vieja. ¿Qué pasa, pues? El Sol ya ha salido y el muerto no manifiesta el menor movimiento. Entonces, ¿quién ganó la apuesta, tú o yo?”.

9. “¡Amigo, me declaro vencido y ahora quiero creer lo que tú creas!”, le respondió el rabino. “Tú eres un médico sabio con muchas experiencias que seguramente no cree en algo ciegamente. Aunque yo no reconozca el fundamento, sí quiero creer porque tú lo crees, pues, sin duda alguna tú reconoces el fundamento. Acepto tu fe como mía y me atengo a lo que tú me has dicho; pues, has ganado esta apuesta muy significante y yo soy tu prisionero”.

10. “¡No mi prisionero sino, en el nombre de Jehová, un hombre completamente libre!”.

11. “¿Qué tengo que hacer para ganar completamente tu amistad?”.

12. “¡Ya la tienes! ¡Continúa en toda fe y tras ella llegarás a la Luz verdadera!”.

13. Acto seguido me dirigí a mi padre y le dije lo que en estos momentos estaba viendo: Acabó de entrar en el cuarto un espíritu bastante grande, me hizo una señal y me dijo que el hijo y las hijas de Lázaro debían estar preparados, porque el espíritu del padre iba a volver un rato para bendecirlos y hacerles una gran profecía.

Se lo dije a mi padre para que lo anunciara a los tres, y él en seguida lo hizo. Al oírlo, el hijo de Lázaro y sus dos hermanas de catorce y dieciséis años se quedaron muy ilusionados.

14. No tardó mucho y, lleno de esplendor celestial, el espíritu del difunto volvió a entrar en el cuarto y los tres podían verle y entender su voz.

15. El espíritu de Luz dijo a su hijo: “¡Tú que eres mayor de edad, sé un buen padre educativo de tus hermanas tan jóvenes! No permitas que cualquier pensamiento malo penetre en tu corazón; porque ve: yo vivo y no he muerto. Lo que aconteció es porque el Señor lo quería así. El ha elegido nuestra casa, y en ella se cumplirá la maravilla de todas las maravillas.

16. El Señor ya se ha encarnado en esta Tierra como hijo de unos padres pobres... Él, el Eterno y Santísimo, ya ha empezado su gran Obra de la Salvación.

Para todos los que son de la buena voluntad, Él quiere ser eternamente un buen Padre.

En adelante los hombres de esta Tierra ya no van a tener un Padre eternamente invisible e inaccesible, sino precisamente Uno eternamente accesible y visible... Y este Dios, Creador de todo lo que contiene la eterna Infinidad, pasará frecuentemente por esta casa. ¡Por eso, preservad vuestros corazones de impurezas, para que esta casa sea digna de recibir a Aquel, a quien el Cielo y la Tierra no pueden encerrar!

17. Vosotros veis que vivo, ¡por eso procurad que también viváis como yo vivo —eternamente en Dios, el Padre mío y vuestro!

¡En este sentido recibid mi bendición verdaderamente paternal, la que ya no os doy tras la carne —la que está allí en la cama como viejo vestido desgastado que espera la liberación por las mandíbulas de los gusanos— sino como espíritu perfecto del Paraíso de Dios en el Reino de los espíritus puros!

¡Cumplid con los Mandamientos de Dios y elogiadle y amadle sobre todas las cosas, y ya en esta Tierra haréis una cosecha mayor que esta de la que yo ahora desfruto en el Paraíso esplendoroso de Dios.

¡Que Dios, el Señor esté con vosotros! Amen”.

18. Acto seguido el espíritu desapareció y los tres estaban colmados de una alegría indescriptible».

Capítulo 137. El rabino cobarde faltó a su palabra

1. (Matael:) «Todos los presentes quedaban maravillados por la repentina alegría del hijo y de las hijas del anciano Lázaro. Con excepción de mí y de estos tres nadie había percibido nada. Pero a todos los presentes les quedaba claro que algo había pasado: Algunos opinaban que los tres debían haber tenido una visión consoladora. Unos fariseos que estaban también presentes, opinaron que los tres hijos a causa del gran sufrimiento se habían vuelto locos, mientras que el pequeño rabino opinaba que mi padre secretamente los había encantado.

2. Oyendo esto, me planté ante él y le dije en voz alta: “¡Hombre desgraciado!, ¿ya has olvidado la promesa que hiciste a mi padre tan honesto?

¿Cómo eres capaz de juzgar ahora en contra de la Gracia extraordinaria de Dios? ¡Ten cuidado que Jehová no te castigue visiblemente, porque tú no eres un ser humano, sino un animal miserable!”.

3. A estas palabras mías el pequeño rabino se volvió tan pálido como el cadáver sobre la cama y empezó a temblar por todo el cuerpo.

4. Mi padre, al observarlo, se dirigió al rabino y le preguntó, qué le había ocurrido y por qué se había vuelto tan pálido como un muerto. Y el pequeño le contó con lengua temblante todo lo malo que yo acababa de manifestarle.

5. Mi padre, no obstante, le dijo: “¡Bien merecido lo tienes! ¿Por qué no quedaste fiel a tu fe que me habías prometido tan encarecidamente? ¡No se debe mofarse de Dios ni de sus espíritus! ¿Me comprendes?

¡O crees por la credibilidad de aquellos cuyas experiencias nunca puedes disputar, o te quedas como eras antes!

6. Lo que eres, ¡sélo íntegramente!: o un ángel o un diablo... Pero lo peor de lo malo es el querer ser un ser de doble identidad, es decir, un ángel y un diablo a la vez en la misma persona.

¿No es verdad que los dos fariseos que acaban de entrar te han hecho hervir la sangre de tu cabeza y de tu corazón? Te entró el miedo y como ex adepto de la secta de los saduceos empezaste a bailar al son de su flauta, como ahora los griegos hacen bailar sus osos.

Aun así, ¿cómo podías faltar a tu juramento? Miserable, ¿qué vas a hacer ahora?”.

7. El rabino se cubrió su rostro y se fue, y probablemente se retiró a su alojamiento en Jerusalén para reflexionar sobre sus pecados mortales. Hasta ahora no sé qué ha sido de él, solamente puedo decir que tanto mi padre como yo le hemos visto varias veces en Jerusalén, pero cada vez cuando nos descubrió desde lejos, evitó un encuentro; no sé si fue por rabia o por vergüenza.

Tampoco volvió a entrar en la casa de Lázaro, a pesar de que allí había olvidado sus frascos milagrosos — detalle del que nos enteramos después porque el joven Lázaro y sus hermanas nos visitaban frecuentemente...

8. Ahora bien, Señor, esta es la historia de los acontecimientos que mi padre y yo experimentamos en Betania, tan verdadera y fielmente como acabo de relatarlos. Por supuesto, en aquellos años todo eso era para mí un enigma imposible de resolver.

Ahora ya comprendo mucho de ello, salvo los dos fenómenos que a pesar de tus explicaciones aún no comprendo: en primer lugar la columna de luz que vimos a medianoche en el cielo natural, y los espíritus que la acompañaban dirigidos hacia el occidente; y, en segundo lugar, el mismo fenómeno pero puramente espiritual que se encontraba por encima de la cabeza del alma que ya flotaba completamente libre encima del cadáver.

9. Luego aún me llamó la atención que, cuando esta alma empezó a salir del cuerpo, no vi nada de una nebulosidad, sino enseguida vi una figura humana bien desarrollada, todavía conectada con el cuerpo por medio de un hilo de color violeta muy claro. Pero este pronto se rompió, y en seguida el alma completamente libre se encontró en el medio de varios espíritus sabios y poderosos, vestida de un precioso vestido plisado de tela blanca, tal como ya lo relaté.

10. Ahora, Señor, a mí y sin duda también a todos los demás, nos gustaría oír de tu boca cómo estos fenómenos y estas apariciones están relacionados.

Oh Señor, ¡haznos el favor de explicárnoslo!».

Capítulo 138. La biografía del anciano Lázaro

1. Dije Yo: «Os lo voy a explicar, sólo que todos debéis prestar la máxima atención, de lo contrario no lo comprenderéis.

Pues, este fallecimiento es un caso muy particular, porque hace mucho tiempo que no hubo uno como este ni habrá tan fácilmente otro como este.

2. El anciano Lázaro —que era un gran espíritu angélico de la Creación primaria— en virtud de su voluntad totalmente propia fue encarnado en esta Tierra donde le esperaban las condiciones de vida más difíciles que uno puede imaginarse.

Desde la cuna hasta sus cuarenta y siete años de edad ha soportado circunstancias y pruebas difícilmente a relatar. ¡Cuántas veces tenía que luchar contra muchos peligros de la vida! El que entre vosotros conoce la historia de la vida de Job, fácilmente podrá hacerse una idea de lo que nuestro Lázaro tenía que aguantar en su vida terrenal.

3. Varias veces llegó a grandes honores mundanos y obtuvo grandes riquezas, tenía una mujer y cinco hijos más hermosos, obedientes y agradables, que le amaban sobremanera por ser un padre tan bueno y sabio:

En la edad de diecinueve años se casó con la hija única de uno de los hombres más ricos de Belén; cien camellos no habrían sido suficientes para transportar todo su oro, su plata, sus perlas y piedras preciosas.

Sin embargo, esta gran fortuna terrenal no duraba mucho. Sus tesoros iban disminuyendo de año en año y, como era demasiado complaciente, frecuentemente le robaron sensiblemente. Por colmo, un día su casa hecha de cedros prendió fuego. Pudo salvar a su mujer y a los niños, pero nada de todos sus tesoros, con lo que luego, durante unos tres años, tenía que vivir casi sólo de limosnas.

4. Pero durante aquellos tres años le murieron su mujer y todos sus hijos amados, y él mismo cayó enfermo de lepra y padeció todo un año. Finalmente un médico egipcio le dio un remedio arcano y le libró completamente de este mal.

Todavía como un hombre guapo y fuerte de una edad de treinta y cuatro años, fue asaltado de traficantes de esclavos de la Persia interior donde le vendieron como esclavo a un amo extremadamente duro.

5. Pero como entre los muchos esclavos de su amo él era el más fiel y siempre sufría su dureza con la mayor paciencia y sumisión, después de haber pasado diez años el amo le llamó y le dijo:

“A pesar de toda mi dureza te he observado y escudriñado, por lo que sé que siempre me fuiste fiel y que nunca evitaste trabajo ni esfuerzo alguno para lograr frecuentemente grandes ventajas para mí. Cuando exigí mucho de ti, siempre hiciste aún más, y esto siempre para mi gran ventaja.

Verdad es que soy un amo duro, pues, este testimonio me da todo el mundo. Pero a pesar de esto no me falta la visión ni la comprensión. Por eso ahora te devuelvo la plena libertad, con lo que puedes regresar confiadamente a tu país. Reconociendo tus servicios leales y fidelísimos te regalo cien camellos, diez de mis esclavas más hermosas y noventa criados, y para que en todas partes puedas comprar lo necesario para mantenerte, mi tesorero aún te pagará mil bolsitas de oro y dos mil de plata.

Mira, así el amo duro recompensa a un esclavo fidelísimo, y lo doble daría a un siervo fidelísimo al que yo por desgracia nunca he tenido. ¡Emprende ahora confiadamente tu camino con todo lo que has recibido como regalo de tu amo duro!”.

6. Lázaro se inclinó muy profundamente ante su amo y quería darle las gracias, pero este le paró con palabras serias: “¡Amigo, el que merece su sueldo como tú, después de recibirlo no necesita agradecérselo al dador! Por eso, ¡ve en paz!”.

7. Conmovido a lágrimas, Lázaro abandonó la sala y entró en el gran patio donde todo ya estaba preparado: los camellos, las diez esclavas y los noventa criados, y cada uno de los camellos muy fuertes estaba cargado de oro y de plata.

8. Lázaro montó su camello y la caravana se puso en marcha. Después de diez días de viaje llegó a Belén, tomó alojamiento en un albergue y se informó acerca de su antigua posesión.

Pero como no se había tenido noticias del propietario legítimo —a pesar de que los heraldos habían pregonado repetidamente que se le buscaba— conforme a las leyes romanas su propiedad fue vendida como patrimonio del Estado romano, y ya hacía tres años que estaba reconocida como propiedad definitiva de aquel que la había adquirido.

Pues el que la había adquirido, durante los primeros siete años era más bien sólo arrendatario. Si el propietario original volvía dentro de este plazo de siete años, entonces podía servirse de su derecho de reclamar su propiedad; sólo que en este caso tenía que reembolsar al adquiridor lo que este había pagado, más los intereses.

Porque en tal caso el adquiridor era considerado como administrador al que legalmente correspondía un honorario por sus actividades. Pero una vez terminado este plazo de siete años, el adquiridor se volvía propietario absoluto, protegido por las leyes de Roma. De modo que esto es lo que pasó a la propiedad de Lázaro y él tuvo que marcharse sin haber logrado nada.

9. Todo un año debía pasar en albergues hasta que por fin un griego en Betania vendió su propiedad considerable. Lázaro las adquirió por mil quinientas bolsitas de plata y, en la edad de cuarenta y siete años, se casó con una de las más fieles esclavas que también era judía. Con esta tuvo al joven Lázaro y a las dos hermanas.

Después de diez años devolvió la libertad a todos sus siervos traídos de Persia, pero ninguno le abandonó; de ellos viven todavía cincuenta y tres. Pasados dos años, todos se convirtieron al judaísmo y por eso Lázaro los apreció tanto más.

Su mujer —un modelo de paciencia y tolerancia femenina, de devoción y de piedad— se murió hace tan sólo dos años; y desde entonces el joven Lázaro y sus dos hermanas se preocuparon solos por todas las propiedades.

Aparte de Dios tienen pocas necesidades y están haciendo mucho bien a los pobres».

Capítulo 139. El Señor explica las apariciones espirituales a la hora de la muerte del anciano Lázaro

1. (El Señor:) «Como el anciano Lázaro había cumplido tan concienzudamente con su camino por la Tierra y no había perdido nada de su antigua perfección angélica celestial sino, al contrario, aún había ganado mucho, a la hora de la despedida de su vida de prueba —la que había aprobado perfectamente— se unieron miríadas de ángeles más perfectos que ejercieron una influencia tan grande sobre los espíritus naturales de esta Tierra que estos tenían que entrar en una actividad similar a la de los espíritus naturales del Sol.

Por la gran actividad de las miríadas de espíritus apiñados en un espacio tan limitado se produjo esta luz que tú, tu padre y el joven Lázaro podíais ver precisamente en el momento en que el alma angélica y el espíritu del anciano Lázaro habían empezado a desprenderse de los vínculos de la carne.

2. Los espíritus que acompañaron esta luz del este al oeste no tienen ninguna relación particular con la aparición. Estos sólo fueron excitados sobremanera por la actividad extraordinaria de los espíritus naturales —que normalmente están debajo de sus órdenes— con lo que sin saber lo que pasaba, ellos mismos tenían que dejarse llevar por la corriente.

3. Que esta manifestación —según tu lengua precisa— se dirigió del este al oeste, esto señala que en la Tierra había una defunción muy significativa — una defunción comparable con el hecho que en la Tierra todo se despierta con la salida del Sol en el este, y vuelve a dormirse con la puesta del Sol en el oeste.

Al mismo tiempo la tarde terrenal corresponde a la mañana puramente espiritual, y la mañana terrenal corresponde a la tarde espiritual. Porque por la mañana terrenal la mayoría de los hombres empieza a dedicarse sobre todo de las preocupaciones mundanas — lo que resulta en una auténtica tarde espiritual muy profunda, frecuentemente hasta sin ocaso; de modo que efectivamente ya se trata de una noche espiritual.

Sólo por la tarde, cansados de las preocupaciones mundanas, muchos se prestan a reflexionar sobre la fuga de la vida temporal y a dirigirse a Dios, lo que corresponde al menos al crepúsculo matutino espiritual.

4. Esta explicación del fenómeno de luz es suficiente para vuestra comprensión, de modo que ahora conocéis la relación espiritual y natural de esta gran aparición luminosa durante la noche, y su compañía sobrenatural.

5. Pero pasemos ahora al cuarto mortuorio del anciano Lázaro donde no viste ninguna forma nebulosa indefinible flotando encima del cadáver, sino en seguida más bien una forma humana completa.

El motivo estriba en su gran amor a la actividad, lo que ya señala una vida espiritual interior perfeccionada — una vida totalmente libre y exenta de todo miedo ante la gran actividad que le espera en el Reino infinito de los Cielos.

Pero en un caso donde no haya miedo, este tampoco puede manifestarse mediante vibraciones del alma, con lo que la forma humana anímica ya al salir del cuerpo está visible como forma definitiva y sosegada — naturalmente sólo para los ojos de aquel que tiene el don de la clarividencia.

6. El hilo tan extremadamente fino entre el alma y su cuerpo da testimonio de que su sentido de todo lo mundano es ínfimo, lo que facilita la separación del cuerpo sin dolores.

La aparición idéntica de la columna de luz encima de la cabeza del alma, ante todo, da testimonio de la voluntad muy poderosa del alma misma, y es a causa de la actividad tan extraordinaria de la voluntad que esta se manifiesta como columna de luz por encima de la cabeza... Como columna, conforme a su inflexibilidad... Y como luz (que siempre es un producto de una actividad justa), conforme al Orden divino de los Cielos de Dios — una luz que siempre ilumina y estimula abundantemente la fuerza del entendimiento del alma, para que la voluntad no actúe ciegamente sino siempre con máxima visión y consciencia.

7. Pero como el proceso de pensar del hombre justo se origina sobre todo en el corazón donde también está la sede del amor y de la voluntad, ahora la luz de la voluntad del alma libre —que durante la vida terrenal sólo tenía que actuar en unión con el intelecto que tiene su sede en la cabeza— se vuelve un cinturón para el vestido del amor, de la justicia, de la paciencia y de la tolerancia, visiblemente ceñido alrededor del abdomen del alma libre.

Y el sombrero manifiesta un nuevo don de la Luz purísima de los Cielos, dado como suplemento a todos aquellos que ya en la Tierra se han dedicado a la verdadera Sabiduría celestial y a base de esta se volvieron hombres llenos de amor, de sabiduría y de verdadera justicia celestial.

Tal sombrero de Luz es un distintivo de la voluntad sabia de todos los ángeles primarios de los Cielos —los de la Creación primaria— y todo aquel que lo lleva puesto manifiesta que como ser completamente perfecto y semejante a Dios está iniciado en toda Sabiduría y todos Conocimientos de todos los Cielos.

8. Tal espíritu de los Cielos que también ha pasado por la carne de la vida terrenal, él solo reconoce y percibe tanto como todos los demás espíritus angélicos de la Creación primaria juntos —los que aún no han recorrido el camino de la carne— porque tanto como el alma del hombre es un compuesto de toda clase de partículas de inteligencia terrenales, también tal sombrero es un compuesto de toda clase de partículas de inteligencia celestiales...

9. Supongo que ahora todos habréis comprendido estos fenómenos para vosotros poco corrientes. En el caso de que a alguno entre vosotros todavía queden dudas, que pregunte, y él recibirá Luz. Porque los Cielos dan una Luz justa a los que son de buena voluntad y obran con justicia. Por eso, ¡preguntad sin timidez si todavía os queda alguna duda!».

Capítulo 140. Las preguntas insensatas

1. Dijo Cirenio: «Señor, todos nosotros no podemos agradecerte suficientemente por estas enseñanzas sublimes que acabas de darnos, y ahora ya comprendo mucho más.

También la última visión de su repertorio de experiencias que el virrey Matael nos ha relatado me queda clara, sólo que todavía ignoro las condiciones de los dos o tres grandes y poderosos espíritus angélicos que vinieron a buscar al espíritu del anciano Lázaro. Tal vez pudiéramos por lo menos saber sus nombres santísimos, y cuál fue la verdadera razón por la que el espíritu del anciano Lázaro haya hecho una visita a sus hijos.

Toda esta historia me ha llamado mucho la atención, y todavía me gustaría saber cómo y dónde enterraron el cuerpo físico del anciano Lázaro, y qué es lo que más tarde ha pasado con aquel rabino. También sería conveniente saber algunos más detalles acerca del famoso aceite de helecho. Señor, ¿nos darías algunas informaciones más detalladas sobre estos asuntos?».

2. «Pero, amigo mío, ¡todo eso son cosas secundarias que ante la causa principal no tienen ni la menor importancia! ¿Qué importan los nombres fútiles de los espíritus angélicos que vinieron al encuentro de Lázaro? Pues, no precisaban de un salvoconducto para viajar, ni de una protección legal de este mundo.

Entonces, ¿para qué te podrían servir sus nombres? Pero como tienes tantas ganas de saberlos: Fueron los arcángeles Zuriel, Uriel y en el trasfondo también Miguel en la versión de Juan Bautista, del que Zinka nos ha relatado tantas cosas.

3. Todavía había muchos más espíritus que estaban presentes, a los que Matael no podía ver; porque estos, como espíritus purísimos, no son visibles para los ojos del alma, sino solamente para los ojos del espíritu sumamente puro — una facultad que Matael nunca había tenido.

Y luego, ¿qué importancia tienen el entierro del cadáver del anciano Lázaro, el pequeño rabino y el aceite de helecho que cura el tétano y mata los gusanos en el estómago, caso que es auténtico?

Por eso, todo lo que no nos sirve, ¡dejémoslo aparte, y procuremos a enriquecer nuestro saber y nuestros reconocimientos sólo en cosas espirituales!

4. Más vale que preguntéis por algunas cosas espirituales, todavía de la esfera de las visiones espirituales de Matael, que por cosas que son tan insignificantes para el espíritu como la nieve que cubrió las campañas mil años antes de los tiempos de Adán.

Lo que es la materia, cómo se originó y todavía se origina, os ha sido explicado clara y palpablemente, de modo ahora, ante todo, sólo vamos a preocuparnos de cosas espirituales. ¿Qué sirven al hombre todos los conocimientos y las ciencias del mundo si no se conoce a sí mismo hasta en su raíz más profunda, y esto sobre todo en la esfera anímica y espiritual de su vida y de su ser?

5. Aun si poseyera todos los bienes mundanos, ¿acaso podría jamás ser feliz si de vez en cuando inevitablemente le surgiera la cuestión si continuará viviendo consciente de si mismo o si se desaparecerá por toda la eternidad? Si el interrogador medroso no recibe una respuesta suficiente ni por parte de una persona más experimentada que él y menos aún por parte de la sede de su propia vida interior tan oscura, en la que nunca había entrado la menor Luz de la Verdad... entonces, ¿qué sucederá?

¿Pensáis que a aquel hombre, por lo demás tan rico, sus tesoros y riquezas le pueden dar una verdadera satisfacción? Si se está consciente de un mínimo de amor a la vida, ¡seguro que no! Entonces, ¿para qué le servirían todos los tesoros del mundo si su alma sufriera daño?

6. ¡De modo que fuera con todo que puede ser destruido por la herrumbre y las polillas! Porque sólo lo que es del espíritu perdurará eternamente, mientras que todo lo que forma parte de la materia aún tendrá que pasar por una cadena de transformaciones interminable hasta que pueda llegar al estado espiritual. Por eso, ¡preguntad por cosas espirituales y las del alma, pero de ninguna manera por cosas terrenales!».

Capítulo 141. La “ira” de Dios

1. Un poco desconcertado, Cirenio dijo: «Señor, con excepción de mí, hasta ahora nadie te ha preguntado por lo que fuera, y ahora parece como si Tú, mi Dios, Señor y Mantenedor por eso te hayas enojado de mí».

2. «¿Cómo puedes interpretarme tan mal? ¿Cómo pudiera Yo tener rencor a ti, teniendo en cuenta que te estoy demostrando con toda seriedad lo que para cada hombre es lo más necesario para la Vida? Vaya, vaya, ¡qué corto es tu discernimiento! ¿Cuando tendrá la medida justa?

¿Cómo iba el Amor primario de todo Amor más puro de Dios jamás guardar rencor a persona alguna?

3. Si alguna vez leéis algo respecto a la “ira” de Dios, debéis interpretarla como el rigor eternamente equilibrado y firme de la Voluntad de Dios. Este rigor de la Voluntad de Dios es exactamente la base intrínseca del Amor más puro y poderoso, del que surgió lo infinito y todas las obras, como el polluelo sale del huevo... ¿Cómo iba este Amor jamás a enfadarse con nadie?

¿O, acaso, os imagináis que Dios podría guardar rencor a alguien como un hombre insensato?».

4. En este momento el príncipe Estahar se acercó a Mí y me dijo: «¡Señor, perdóname si me permito hacer una observación referente a la ira de Dios!

5. Porque estudiando la historia de la humanidad con fe firme en Dios, no puede olvidarse totalmente que Dios de vez en cuando, en ciertas épocas, ha hecho sentir de modo inexorable y severo su ira y su venganza a las criaturas desobedientes.

6. “Mía es la ira y la venganza”, dice el Señor por boca del profeta. Y que es así, esto lo prueban la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, el diluvio en los tiempos de Noé y el consentimiento de la maldición de Noé contra uno de sus hijos... y más tarde la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra y de las diez ciudades en sus alrededores donde hoy apreciamos el Mar Muerto... y aún más tarde las plagas de Egipto y las tribulaciones de los israelitas en el desierto, las guerras sangrientas contra los filisteos, la prisión babilónica y ahora, finalmente, el sometimiento completo del pueblo de Dios por el poder de los paganos.

7. Señor, considerando claramente esta actitud de Jehová contra nosotros, los pecadores, ¡no se puede tomarla por otra cosa sino por una auténtica ira y venganza por parte de Jehová!

8. Verdad es que puede decirse: “De esta manera Dios, con la férula en su mano, educa seriamente al hombre y a grandes pueblos enteros”. Pero los golpes en modo alguno parecen ser efectuados por la mano de un Padre amoroso, sino que demuestran una actitud flamante y llena de ira, aunque en cierto aspecto también muy justo.

9. Esta es mi opinión, suponiendo que la historia universal nos revela la plena verdad; sin embargo, en el caso de que todas estas historias tristes de la intervención Dios sólo fueran ficciones, entonces lo que se designa por “ira y venganza” de Dios todavía podría ser el núcleo de su eterno Amor purísimo.

Todo esto sólo lo he mencionado porque Tú mismo, Señor, antes nombraste la ira y la venganza de Dios.

10. Señor, pienso que debe ser tal como Tú has dicho antes, pero lo que sigue siendo extraño es que con la ira manifestada por Dios en aquellos tiempos —cuando la humanidad no había mejorado ni hecho penitencia— también seguía la pena severísima sin miramientos, y esto tanto en lo grande como en lo pequeño, y en general como en particular. Sin duda sería conveniente saber cómo encaja esto con el Amor purísimo que no contiene ira ni venganza».

Capítulo 142. La primera pareja humana

1. Dije Yo: «Acabas de hablar de la ira y de la venganza, y de la Justicia y del Amor de Dios como un ciego habla de la armonía de los colores del arco iris.

2. ¿Aún no has comprendido que los cinco libros de Moisés y todas las escrituras de los profetas, de David y Salomón, no pueden ser entendidos sino por la interpretación espiritual?

3. ¿Piensas en serio que Dios mandó a un querubín con una espada de fuego en la mano derecha para que arrojara fuera del paraíso a Adán?

Yo te digo: aunque esto, a Adán, le haya sido presentado de esta forma, no fue sino una representación de lo que en realidad pasó en su propio interior...

Todo esto formaba parte de su educación, y también era necesario para fundar la primera religión e Iglesia original para los hombres en la Tierra.

4. Nunca hubo en la Tierra un paraíso material donde los hombres se alimentaban de pescados que les acudieron ya fritos, sino igual que ahora siempre tenían que pescarlos y después prepararlos, para luego poder comerlos con moderación.

Pero ya que el hombre era activo, recogía los frutos de la tierra y se procuraba provisiones de víveres, ¡cualquier región de la Tierra donde el hombre cultivaba el suelo habría sido un auténtico paraíso terrenal!

5. ¿Qué habría sido del hombre y de su formación espiritual si en un paraíso de ociosidad y de comidas de golosina no hubiera tenido que preocuparse de nada... si los mejores frutos maduros hubieran acudido a su paladar, y si descansado en el césped más blando, se hubiera permitido que todos sus deseos se cumplieran a pedir de boca?

Con semejante educación, ¿cuándo habría llegado a ser independiente? Te aseguro que siguiendo tu idea, el hombre sería como un buey comilón o un pólipo en el fondo del mar.

6. ¿Qué representa el querubín con la espada encendida? Esta imagen alegórica, ¿qué significa?

El hombre estaba desnudo, pues, hasta ahora ninguna criatura ha nacido con la ropa puesta.

Igual que esta burra aquí, Adán no había pasado por una infancia, porque en lo que se refiere a su cuerpo físico, este se había formado de la misma manera como él de esta burra. A pesar de que Adán ya medía más de doce pies —y Eva no mucho menos— él tenía que empezar falto de experiencia en todo lo que se refería a naturaleza de la Tierra; de modo que en este sentido, sí, fue un niño que tenía que aprender sobre todo tras la propia experiencia.

7. Durante la primavera templada, el verano y el otoño podía aguantar en su estado desnudo, pero en invierno comenzó a sentir sensiblemente el frío. Por eso, en los sentimientos que Dios tras su sugestión espiritual y natural despertaba cada vez más en él, se preguntó:

“¿Dónde estoy, y qué ha pasado conmigo? Antes me sentía tan a gusto, pero ahora tengo frío, y los vientos fríos hacen mal a mi piel”.

De modo que es evidente que tenía que preocuparse de un alojamiento que le protegía contra la intemperie, y que tenía que empezar a cubrir su cuerpo con el follaje de los árboles. A causa de este trabajo inevitable se vio obligado a pensar, y sus pensamientos empezaron a intensificarse y ordenarse.

8. También empezaba a molestarle el hambre porque muchos árboles y zarzas se quedaron con las ramas vacías. Así que tenía que desplazarse mucho en busca del alimento; recogía los frutos y los llevaba a una cueva que le servía de morada.

Y su ánimo, ya algo más experimentado, le dijo: “Ves, en esta época la Tierra se halla anatematizada. Y a ti, hombre, no te queda otro remedio que buscar y recoger el sustento en el sudor de tu rostro”.

9. Después de haber pasado un primer invierno en la cueva —en las alturas que circundaban el noroeste de la Tierra Prometida a la cual también pertenece Galilea—, al primer hombre y su pareja les sobraba tiempo para meditar más profundamente sobre sí.

También deseaba tener mayor compañía. Y durante el sueño fue instruido de lo que debía hacer en este sentido.

10. La mujer le dio la orientación para engendrar, pues fue la primera que en el sueño tuvo una visión de cómo efectuarla. Entonces Adán empezó a engendrar a Caín, y poco después a Abel y a Set.

Pero vale ya con este tema... sólo a ti, mi amigo Estahar, aún te digo que todo se desarrolló de manera totalmente natural, con lo que no había nada contrario a la naturaleza.

Aun así, Moisés reconoció que esto sólo podía suceder según la Voluntad de Jehová; porque mediante el Espíritu de Dios reconoció que esta vida natural de experiencias era guiada por Mí, es decir, por mi Espíritu.

Por eso Moisés, en cuadros alegóricos, siempre colocó a Dios junto a esta primera pareja humana, y personificó también mi intervención mediante las imágenes correspondientes según se acostumbraba en aquella época. Estas imágenes eran imprescindibles para guiar e instruir los pueblos.

11. Por lo demás, se entiende por sí mismo que Dios y los ángeles sabían muy bien dónde y cómo colocar a la primera pareja humana en una de las regiones más fértiles del mundo.

12. Si más tarde fenómenos naturales —desde arriba permitidos para este fin— forzaron a la primera pareja humana a abandonar su primer jardín nutritivo y a buscar otro, esto no sucedió ni mucho menos como consecuencia de una especie de ira divina sino únicamente por Amor para con las criaturas, para que sus sentimientos vueltos indolentes volvieran a despertarse y para que de nuevo entrasen en actividad para acumular más experiencias.

13. Cuando Adán, su mujer y sus hijos vieron que en toda la Tierra había algo de comer, empezaron a emprender viajes mayores, con lo cual quedaron bastante familiarizados con Asia y África, de modo que enriquecieron aún más en experiencias.

En secreto guiados por el Espíritu divino regresaron a su Edén y se quedaron allí, estableciendo la cuna del género humano de toda la Tierra...

14. Respóndeme en tu ánimo si por ahí puedes descubrir algo de una ira o venganza de Dios».

Capítulo 143. El diluvio

1. (El Señor:) «Pues sí, la Sabiduría de Dios puede volverse una contrariedad para hombres ya educados pero sólo medio maduros, si estos se rebelan arbitraria y malintencionadamente contra su Orden. Pero ahí entra en función el Amor de Dios, que en su Paciencia sin par siempre sabe oponer a las aspiraciones equivocadas de los hombres los remedios más apropiados para que vuelvan al camino correcto.

De modo que mi Objetivo final con el género humano siempre será alcanzado, aun sin que el hombre por cualquier venganza todopoderosa de Dios se viera forzado a actuar conformemente como si fuera una máquina.

2. Pero incluso estos remedios no pueden ser considerados como una consecuencia de la ira divina sino sólo como consecuencia de una manera equivocada de obrar de los hombres.

Pues sí, el cosmos y la naturaleza tienen sus leyes necesarias e inmutables dentro del Orden de Dios. Pero también el hombre tiene sus leyes en lo que se refiere a su forma y sus condiciones físicas. Si él quiere actuar en contra de este Orden y transformar el mundo, entonces no será castigado por una ira espontánea de Dios, sino por el mismo Orden divino severo e inmutable de las cosas que deben ser como son.

3. Ahora te preguntas si incluso el diluvio hay que considerarlo como consecuencia natural y necesaria por la manera equivocada en que obran los hombres.

Y te contesto que sí... Porque Yo había instruido a más de cien videntes y mensajeros, había advertido a los pueblos contra sus acciones contrarias al Orden divino y a la naturaleza, y durante más de cien años les llamé muy severamente la atención sobre las consecuencias terribles que su cuerpo y a su alma iban a sufrir inevitablemente; pero su maldad llegó hasta el extremo de que no sólo se burlaban de los mensajeros sino que incluso mataron a muchos de ellos, y de este modo emprendieron una auténtica lucha contra Mí.

Pero a pesar de esto no me llené de ira ni de venganza, sino los dejé obrar y actuar libremente, permitiendo que pasaran por la triste experiencia que la insensatez y la ignorancia de ninguna manera están libres de hacer con la gran naturaleza y el Orden divino lo que en su ceguera les da la gana.

4. Mira, tú eres completamente libre de escalar aquel peñasco que ves en dirección de mediodía —que tiene una altura de unas quinientas alturas de un hombre— y luego precipitarte intencionadamente hacia abajo. Según las leyes precisas de la gravedad de todos los cuerpos consta que tu travesura te costará la vida física. ¡Y ahora pregúntate, si eso hay que atribuirlo a mi ira o venganza!

5. Allá en el Este ves cordilleras totalmente cubiertas de bosques. Haz que te acompañe un millón de hombres y dales la orden de encender todos los bosques. Pronto todos los montes estarán pelados. ¿Cuál será la consecuencia?

Los muchos espíritus naturales que se han quedado sin campo de acción comienzan a enfurecerse en el aire. Habrá un sinnúmero de rayos, de lluvias torrenciales y de granizadas terribles que destruirán los alrededores — todo consecuencias naturales de aquel incendio provocado.

Dime, ¿ves también ahí una acción de la ira o venganza de Dios?

6. Y si millones de hombres se ponen obstinadamente a deshacer montes para llenar con ellas grandes lagos, o si construyen rutas estratégicas muy anchas para que tanto más fácilmente puedan ir a la guerra... si hombres escarpan cordilleras enteras hasta a quinientas veces la altura de un hombre y esto en extensiones que cuestan varios días de viaje... o si alrededor de los montes cavan fosas de una profundidad de trescientas veces la altura de un hombre, abriendo de esta manera las esclusas interiores de la Tierra, con lo que los montes empiecen a hundirse y las aguas comienzan a subir de una manera que en Asia cubren las cumbres de montañas muy altas como si se tratara de un mar...

Además, con estas grandes devastaciones de montañas también quedan destruidos muchos miles de millones de yugadas de bosques más sanos — situación en que incontables miríadas de espíritus naturales que antes estaban ocupados cuidando de la vegetación más fértil y preciosa, de repente se ven privados de su ocupación...

Ahora imagínate la revuelta que estos espíritus en aquellos tiempos habrán armado en el aire... las continuas lluvias torrenciales y las granizadas más terribles, acompañadas por un sinnúmero de de rayos, y eso durante cuarenta días... ¡Las inmensas masas de agua que cayeron de las nubes e inundaron gran parte de Asia — y todo eso por causas absolutamente naturales!

Dime, ¿dónde ves ahí una ira o venganza irreconciliable de Dios?

7. Moisés relató estos acontecimientos en la forma que en aquella época era costumbre, es decir, en imágenes en las que según la inspiración del Espíritu divino siempre hizo prevalecer mi Providencia — lo que sólo es posible mediante verdaderas imágenes alegóricas.

8. Pero ¿puede Dios ser una Divinidad de ira y de venganza, sólo porque tú y muchos otros nunca habéis comprendido sus grandes revelaciones?».

Capítulo 144. La razón de las catástrofes

1. (El Señor:) «Te digo: Si vivierais durante cincuenta años dentro del verdadero Orden de Dios, no se produciría calamidad alguna.

2. Os digo a todos: Todas las calamidades, todas las catástrofes, epidemias y enfermedades entre los hombres y animales, todas las perturbaciones atmosféricas, el mal clima, las malas cosechas, las granizadas y devastadoras inundaciones, los huracanes, tornados, las plagas de la langosta y otras más por el estilo, ¡todos son consecuencias de actos desordenados de los hombres!

3. Si los hombres al máximo posible viviesen conforme al Orden divino, no tendrían que soportar calamidades como estas. Los años pasarían como perlas colocadas en hileras, un año tan bendecido como el otro.

La parte habitable de la Tierra nunca sufriría un frío excesivo ni un calor sofocante. Pero como los hombres tan sumamente inteligentes mucho más allá de sus necesidades levantan construcciones demasiado grandes... si se ponen a introducir “mejoras” exageradas en gran estilo, si desmontan montes enteros para construir grandes caminos estratégicos destruyendo muchos cientos de miles de yugadas de los bosques más sanos y preciosos... y si entre ellos mismos, finalmente, viven continuamente en querellas y disputas, ignorando que continuamente están rodeados de una gran cantidad de inteligentes espíritus naturales de los que depende todo el clima de la Tierra así como la pureza del aire, del agua y del reino terrenal, no es de extrañar que bajo estas condiciones la Tierra pase por cada vez más calamidades de toda clase.

4. Hombres avariciosos ponen a buen recaudo sus graneros y estrechas vigilancias a sus riquezas y tesoros desmedidos, y ¡ay de aquel que se atreviera a acercarse a ellos!, porque en seguida recibiría un castigo severísimo.

5. Con esto no quiero decir que la persona no debiera proteger sus bienes adquiridos con sacrificio.

Pero aquí me refiero a la superabundancia y al lujo innecesario. ¿No sería aconsejable construir graneros abiertos para pobres y menesterosos — aunque bien bajo la supervisión de un distribuidor competente, para que ningún pobre pueda tomar más de lo que necesita para alimentarse? Si de esta manera desapareciera la codicia y la avaricia de la Tierra, ¡también se acabarían los años de escasez!

6. Ahora preguntas, cómo eso puede ser posible, y Yo te respondo: De la manera más natural del mundo, es decir: Si uno está un poco familiarizado con la manera interior con la que procede toda la naturaleza, entonces pronto lo entenderás tan fácilmente que podrás palparlo con las manos.

7. Ved, aquí hay una planta curativa, y allá una que es extremadamente venenosa. ¿No se alimentan ambas de la misma agua, del mismo aire, de la misma luz y del mismo calor? Y a pesar de eso, esta planta abunda en elementos curativos y aquella está llena de veneno mortal.

8. ¿Cómo eso? Con su carácter interiormente bien ordenado la planta curativa influye en todos los espíritus vitales naturales que la rodean, con el resultado que estos con toda amabilidad y paz se arriman amorosamente a ella y la alimentan desde el exterior como si fuera desde su interior; y de esta manera todo en toda la planta se vuelve tanto más curativo. De modo que durante el día, en la luz solar, su exhalación y los espíritus vitales naturales que la rodean ejercen un efecto altamente saludable a los hombres como también a los animales.

9. Mientras tanto la planta venenosa, cuyo interior contiene y encierra un carácter fuertemente egoísta, furioso y colérico, influye con este carácter en los mismos espíritus vitales naturales y los echa a perder, de modo que al arrimarse a la planta alimentándola el conjunto se corrompe de tal manera que todo su carácter se vuelve idéntico al original de la planta.

Como el vaho de esta planta es venenoso para la salud humana, también su alrededor resulta perjudicial, y los animales gracias a su olfato sensible ni siquiera se acercan a ella».

Capítulo 145. La influencia del mal sobre el bien

1. (El Señor:) «Pero más aún una persona avara y codiciosa resulta en una planta venenosa con una esfera de acción extraordinaria.

Todo el entorno espiritual de su vida mundana, su exhalación y toda la esfera de su vida exterior adoptan sus características íntimas, con lo que se vuelven idénticos al hombre. Luego los espíritus naturales que le rodean y a los que ha corrompido, por su parte, corrompen continuamente a todos los muchos nuevos espíritus naturales todavía buenos que acuden, convirtiéndolos en malos, avaros y codiciosos.

2. Pero como estos espíritus naturales no están solamente en continuo roce con el hombre sino también con los animales, con las plantas, con el agua y con el aire, por eso dan lugar a muchas luchas, fricciones y agitaciones innecesarias en el aire y el agua, en la tierra y el fuego, y también en los animales.

3. Quien quiera comprobarlo, que se dirija a un hombre bueno y observará que también todos sus animales tienen un carácter relativamente suave y pacífico.

Esto se ve sobre todo en el caso de perros, pues, en poco tiempo estos adoptan el carácter de su amo. El perro de un avaro sin duda alguna también será una bestia avara, y cuando come no será aconsejable acercarse a él. Sin embargo, al visitar a un hombre tranquilo y generoso que tiene un perro, verás que este animal tiene un carácter más bien manso y prefiere apartarse de su comedero en vez de meterse en una lucha con visitantes no invitados, regañando los dientes. También los demás animales domésticos de un amo bondadoso son considerablemente más mansos, e incluso en las plantas y los árboles un observador atento notará una diferencia.

4. Observemos también a la servidumbre de un avaro, ¿acaso, en la mayoría de los casos, no es también avara y envidiosa, y en este plan también tramposa, falsa y engañosa?

Incluso un hombre normalmente bueno y bondadoso, cuando durante mucho tiempo se encuentra cerca de un avaro que está con el oro y la plata al cuello, por fin adoptará un sistema más económico y, al practicar la caridad, se volverá más escrupuloso.

5. Aparte de esto sucede en la Tierra que lo malo transforma lo bueno con mucho menos esfuerzo en lo suyo malo que lo bueno transforma lo malo en lo bueno suyo.

6. ¡Ved a un hombre iracundo que por rabia quisiera matar todo que le rodea!

Mil hombres buenos que le observan finalmente también se vuelven iracundos, y para pararle todos pondrían sus manos agresivas en él si todas ellas cupieran. ¿Por qué en este caso un iracundo excita a mil hombres que se vuelven contra él, en vez de que los mil hombres bondadosos inviten al iracundo a volverse bondadoso y de buen corazón como ellos?

7. Es porque sobre todo aquí en esta Tierra —por la causa de la educación de los hijos de Dios— el estímulo para hacer el mal es y también debe ser mucho mayor que para hacer el bien.

8. ¡Pero volvamos a estas dos plantas! E imaginaos un gran caldero de hierro en el que preparamos un té saludable de mil de las plantas curativas.

Aquel que estuviera enfermo del pecho y bebiese de este té, pronto empezaría a notar una mejora porque los buenos espíritus vitales naturales, en el pecho, en seguida pondrían los pocos malos en el orden debido.

9. Pero si después tomásemos una sola de esas plantas venenosas y la echáramos también en el caldero en que están hirviendo las mil plantas curativas, ojo, ¡en seguida esta única planta venenosa transformará toda la tisana curativa en su propio género malvado mortal! Y ¡ay del enfermo que se atreviera de tomar un trago de este brebaje, porque le costará infaliblemente su vida, pues, no habría remedio natural alguno para salvarle!

10. ¡Supongamos ahora el caso opuesto! ¡Hagamos hervir mil ejemplares de esta planta venenosa en un caldero para preparar un brebaje mortal, y luego pongamos una sola planta medicinal! Vaya, ¡lo rápidamente que todos los buenos espíritus naturales curativos de esta planta serán convertidos en el veneno más mortal de estas mil plantas ponzoñosas!

11. De ahí se puede deducir claramente que precisamente en esta Tierra por las razones mencionadas lo malo transforma mucho más fácilmente lo bueno en lo suyo malo, que viceversa.

12. ¡Figúrate ahora una multitud de hombres muy malos en una sociedad, en una región o en todo un país, y pregúntate según lo que acabas de aprender si en serio podría ser la consecuencia de una ira de Dios, si diversos males, desgracias y calamidades sobrevinieran sobre todos ellos!

Os lo digo a todos, y sobre todo a ti, amigo Estahar, que todo esto depende sola y únicamente de los hombres, de sus acciones y de sus maneras de vivir; y la ira de Dios y su venganza no tienen que ver eternamente nada con eso — salvo que Yo he puesto tal Orden en la naturaleza de las cosas que, mientras exista la Tierra, este debe ser inalterable. Porque de lo contrario la Tierra se disolvería y ya no podría ofrecer al hombre una esfera de acción para su vida de prueba.

13. Por eso, si uno no quiere que lo malo excesivo le devore, tiene que ir detrás de lo bueno con todas las fuerzas imaginables.

14. Por eso, ante todo, procurad a perfeccionar vuestra vida íntima siguiendo activamente mi Doctrina, y los venenos del mundo ya no podrán causaros daño alguno».

Capítulo 146. La maravillosa planta medicinal. La naturaleza de la luz y de la oscuridad, del bien y del mal

1. (El Señor:) «¡Pero volvamos de nuevo a nuestro caldero de ponzoña con los mil ejemplares de las plantas venenosas que hierven en él. ¡Ni siquiera cien mil de las plantas curativas podrían desintoxicar el brebaje ponzoñoso de esta caldera!

Pero en las montañas altas de la India crece una pequeña planta —que también existe en el Sinaí— de la que un pequeño trozo como el tallo de una hierba echado en el gran caldero lleno de veneno es suficiente para que en un abrir y cerrar los ojos todo su veneno se transforme en el té más curativo.

2. Tú, sabio Estahar, ahora vas a preguntar con asombro cómo esto es posible... Pero te digo que también esto sucede de la manera más natural, y en seguida todos sabréis cómo eso.

3. Mira, cuando en una noche de tormenta sin luna hay una oscuridad muy densa, tendrás la sensación como si toda la infinitud fuera igual de oscura. Para la vista —por lo menos durante un rato— esta oscuridad resulta en un veneno mortal porque fastidia las facultades de los ojos; pero por medio de una chispa muy pequeña de la luz solar la vista queda liberada de este veneno y la oscuridad queda instantáneamente transformada en una luz clara.

4. ¿Ya sospechas a dónde nos llevará esto? Es posible que puedas suponer o presentir algo, pero para saberlo aún te falta mucho. ¡Escucha pues!

5. ¿Cómo es posible que una chispa de la luz solar pueda ahuyentar toda la oscuridad? Y sin la centella, en realidad, ¿por qué está todo oscuro, dado que durante la noche más oscura el aire consiste en los mismos espíritus como durante el día más claro?

6. Cuando el Sol se ha puesto completamente, poco a poco los espíritus vitales naturales se ponen a descansar, cada uno de su manera, y como su reposo es íntimo y ellos mismos no vibran en sus envolturas finísimas, el ojo físico no percibe su presencia ni su existencia, y la consecuencia palpable es que para el ojo carnal hace noche de oscuridad total.

7. Supongo que piensas que el viento también sopla en la noche y que por eso los espíritus vitales naturales no podrán descansar. Pero te digo que ahí estás muy equivocado, y se ve que no tienes ni la menor idea del movimiento específico interior de un espíritu natural.

Sin duda alguna, el viento también sopla durante la noche, con lo que evidentemente también los espíritus vitales naturales hacen un movimiento — pero no se trata de un movimiento particular en sí, sino de un movimiento general en la dirección que sea, obligado por un espíritu superior.

No obstante, cuando en algún punto un espíritu natural o una agrupación importante de espíritus naturales íntimamente entra en un movimiento de vibración extraordinaria —como en el caso de aquellas lenguas fogosas que habíais presenciado—, entonces en aquel punto se produce para el ojo una gran claridad, lo que señala que en el mismo momento hay algo que se está agarrando, ordenando y formando.

8. Esto, en tales ocasiones, también excita una multitud innumerable de espíritus vitales naturales de su extenso alrededor, con lo que también en las cercanías se hace luz.

Cuánto más intensivamente una esfera de espíritus naturales tras la gran actividad de sus vibraciones excita a los espíritus vecinos, tanta más luz se produce en los alrededores, y allí cualquier agrupación de espíritus que ya se ha agarrado y organizado para producir nuevas formas, en seguida adopta las mismas tendencias.

La misma luz del Sol aporta una prueba contundente tras su fuerza creativa y el efecto que surte sobre los cuerpos celestes que se encuentran suficientemente cerca de él.

9. Pero no es sólo sobre los planetas que la luz solar excita a los libres espíritus vitales naturales para que formen algo, sino también en el espacio libre; pues sobre todo allí estos espíritus al agarrar y ordenarse, frecuentemente producen cosas con los que a pesar de toda vuestra sabiduría nunca hubieseis soñado.

10. Como ahora has visto que debido a la fuerza de la luz solar una sola chispa de luz puede transformar instantáneamente un enorme espacio oscuro en plena luz, así aquella hierba curativa mencionada transforma todo el contenido de brebaje venenoso del caldero en una bebida absolutamente saludable y curativa, porque los espíritus vitales naturales de esta pequeña hierba medicinal, dentro del orden justo, en seguida entran en una actividad extremadamente intensiva, con lo que instantáneamente obligan a los espíritus inertes, perezosos y desordenados de la planta venenosa que entren en una actividad ordenada.

11. Lo mismo pasa con la influencia de un hombre verdaderamente perfecto: por una parte directamente sobre sus prójimos y luego también sobre los espíritus vitales naturales todavía libres en un alrededor extenso.

12. Hombres de por sí buenos y ordenados tendrán una influencia buena sobre los menos buenos, y estos tendrán en ellos unas hierbas bien curativas.

Pero si estos hombres verdaderamente buenos se encuentran entre hombres maliciosos que llevan una vida desenfrenada, pronto serán también corrompidos porque la fuerza de su precepto moral interior es insuficiente para que pueda ofrecerles un contrapeso.

Sin embargo, si un hombre está íntimamente perfeccionado, él parece a la pequeña hierba en el gran caldero de brebaje ponzoñoso, y también a la chispa de la luz solar en el vasto espacio de la noche.

13. Si esto ahora lo has comprendido realmente, finalmente reconocerás que todo el mal que existe entre los hombres en esta Tierra no puede ser la consecuencia de la ira y de la venganza de Dios, sino que es únicamente el resultado del orden corrupto de la vida de los hombres — al igual que todo lo bueno frecuentemente es resultado de un solo hombre íntimamente perfeccionado.

14. Como con estas instrucciones estás puesto al tanto, de nuevo estáis libres a preguntarme más acerca de la historia del fallecimiento del anciano Lázaro.

Veo que uno entre vosotros tiene una pregunta en reserva. — ¡Qué la presente!».

Capítulo 147. Las causas del calor y del frío

1. Dijo Matael: «Señor, este uno soy evidentemente yo mismo, porque hay un detalle con el que a pesar de reflexionar profundamente aún no me puedo aclarar».

2. «Sí, eres exactamente tú. Pues, ¡suelta lo que te aprieta!».

3. «Cuando mi padre con el joven Lázaro y yo partimos de nuestra casa, y en el camino a Betania vimos el gran fenómeno de luz, sentíamos un calor considerable», dijo Matael. «Sin embargo, cuando este fenómeno de luz finalmente desapareció del todo, aparte de la oscuridad que se presentó, de repente se hizo sentir un frío que me entraron escalofríos. Ahora, a pesar de toda mi reflexión, no comprendo qué puede haber sido la causa de este frío.

Si te parece bien, Señor, quisiera conocer la causa».

4. «¡Pero esta causa es tan obvia que casi puedes palparla!», le dije. «Si frotas fuertemente dos piezas de madera la una con la otra, estas se calientan, al fin se encienden y empiezan a quemar en llamas vivas. ¿Por qué sucede eso? Porque los espíritus vitales naturales presentes en los órganos y en las células de la madera —que se encuentran en un sosiego inerte— son violentamente despertados y excitados, con lo que pronto entran en una fuerte vibración que se manifiesta en forma de luz y de fuego. Así excitados, también excitan a los espíritus adyacentes aún más inertes y de esta manera, finalmente, ponen a todos los espíritus naturales en máxima excitación, es decir, en llamas vivas.

Cando termina esta excitación —es decir, el fuego se apaga— toda la multitud de espíritus vitales naturales se enfría rápidamente; y cuanto más vehemente fue una excitación, tanto más rápidamente se produce la fatiga de los espíritus naturales, y es con el reposo de estos que se presenta este el frío...

5. Una pieza de madera que arde a llama viva o un trozo de carbón incandescente, nunca estará tan caliente como una pieza de hierro incandescente. El motivo de ello basa en que los espíritus naturales en el hierro son capaces de excitarse mucho más vehemente que aquellos en la madera. Pero para que el carbón y el hierro se enfríen a la misma temperatura, el hierro tardará menos que el carbón. Y cuando los dos se han enfriado del todo, al tocarlos, el hierro da la sensación de estar más frío que el carbón.

6. Cuando en un día de verano hace un calor sofocante, los espíritus vitales naturales empiezan a moverse — una actividad que provoca un calor y un bochorno cada vez mayor. Si estos aumentan, es porque los espíritus naturales comienzan a apretarse más intensivamente, lo que al ojo humano pronto se manifiesta en forma de nieblas y nubes.

7. Ya sabéis cómo en estas ocasiones las nubes aumentan, y finalmente empieza a relampaguear, a llover a cántaros y a veces también cae granizo, lo que es debido a la acción de los espíritus de paz que ya os están conocidos.

8. Cuanto más frecuentemente y con más fuerza en una tormenta se repiten los relámpagos, tanto más frío hará después, lo que es una consecuencia de la recuperación de la calma de los espíritus naturales — una calma a la que les obligan los espíritus de paz que son más poderosos que los espíritus naturales.

Lo mismo pasó con el fenómeno de luz que viste, pues cuando este se apagó se produjo semejante frío. ¿Lo comprendes ahora?».

«Sí, Señor, y te agradezco esta explicación».

Capítulo 148. La caída mortal del muchacho curioso

1. Dije Yo: «Si es así, aún tienes que contarnos lo de la defunción de un muchacho que cayó de un árbol y pronto después murió, y también lo de aquel hombre que se tiró en un estanque, con lo que se suicidó. ¡Pero sé breve y cuéntanos sólo los factores principales!».

2. En seguida Matael dijo: «¡Todavía ruego por un poco de paciencia, porque quiero contar ambos casos juntos y por eso tengo que concentrarme aún un poco!».

3. «¡Cuéntalo ya!», le dije, «porque voy a ponerte las palabras justas en tu lengua, de modo que no hace falta que te prepares un concepto!».

4. «Si es así, no necesito reflexionar mucho y voy a contaros ambos acontecimientos tan verdadera y fielmente como estos se han grabado en mi memoria».

5. Dijeron todos en voz alta: «¡Noble virrey de los pueblos alrededor del gran Ponto hasta el Mar Caspio, todos estamos esperando con impaciencia escuchar a tu relato, porque realmente eres un maestro insuperable en relatar historias!».

6. «Para relatar bien, ante todo se debe tener cierta práctica lingüística y sobre todo un gran amor a la verdad», respondió Matael. «El que cuenta la verdad, siempre llevará ventajas a los fabulistas.

Sea como fuere, lo que según el deseo del Señor he de contaros es un acontecimiento que yo mismo he vivido, como todas las muchas historias experimentadas desde la cuna hasta que tenía una edad de veinte años. Voy a contaros la historia tal como en una edad de diecisiete años la he experimentado al lado de mi padre que siempre estaba alrededor de mí y que se ha vuelto muy sabio mediante las visiones que yo tenía...

7. Era durante el tiempo de la “purificación” general de los judíos en que —como se sabe— en la ribera del río Jordán matan y sacrifican chivos expiatorios para que estos expíen los pecados de los judíos, y finalmente se los echa en el río de Jordán, acompañados de lloriqueos, letanías y maldiciones.

Bueno, no vale la pena perder más palabras sobre este espectáculo que está conocido a cada judío.

8. Lo que os será menos conocido es que en aquellos tiempos a estas fiestas del sacrificio del chivo expiatorio siempre acudía una gran multitud de gente, de modo que había griegos, romanos, egipcios y persas, pues, no faltaban curiosos.

9. Consta que también los muchachos querían ver algo del espectáculo. Y como no eran capaces de ver por encima de las personas mayores, su curiosidad los incitó a subir a los árboles que se encontraban en el escenario.

Pero pronto los árboles resultaban insuficientes para tantos muchachos, de modo que estos, ya sentados en las ramas, empezaron a disputárselas. Había gente que les amonestaba para que guardasen silencio, pero esto servía para poco o nada.

10. Mi padre y yo estábamos sentados en nuestros camellos que nos había regalado un persa al que mi padre había curado de una enfermedad grave.

Ambos camellos tenían dos gibas, con lo que no eran dromedarios y nos resultaba más fácil el montarlos; y podíamos bien observar todo el escenario.

No lejos de nuestro lugar de observación había un ciprés alto y precioso en cuyas ramas —ya por naturaleza no muy fuertes— se riñeron tres muchachos porque cada uno de ellos quería confiar su peso a la rama más fuerte.

11. Como este árbol ya bastante viejo sólo tenía dos ramas de solidez suficiente para confiarse a ellas, los tres muchachos se pelearon por estas dos más fuertes, de modo que el tercer muchacho tenía que conformarse con una rama de poca confianza que se encontraba en una altura de cinco veces la de un hombre.

12. Durante una hora esta situación era soportable, hasta que a mediodía se levantó un viento violento que empezó a sacudir el ciprés preocupantemente. Además, este viento sopló el denso humo del altar de sacrificio directamente al árbol en que se encontraban estos tres muchachos, de modo que estos tuvieron que cerrar sus ojos porque les escocían mucho.

13. En esta situación inquietante observé al muchacho acuclillado en la rama floja. Cuando el humo le llegó con tanta concentración, de repente observé dos murciélagos que volaban alrededor de su cabeza. Tenían el tamaño de dos palomas maduras y le empujaban aún más humo a la cara.

14. En seguida llamé la atención de mi padre sobre este detalle, y le dije que seguramente iba a haber una desgracia. También le dije que los dos murciélagos no me parecían ser reales porque a veces aumentaban y después disminuyeron de tamaño.

15. El padre dirigió su camello hacia el árbol y llamó al muchacho sentado en la rama frágil, a que descendiera lo antes posible, porque de lo contrario iba a haber una desgracia. Le había llamado en voz bastante alta, pero no sé si el muchacho se ha enterado o no, porque yo, en realidad, sólo prestaba atención al espectáculo mismo, cómo el muchacho se frotaba cada vez más los ojos; pues, ya debía haberse quedado medio ciego.

16. Como mi padre vio que sus llamadas de advertencia al muchacho no tenían resultado, volvió a mí y me preguntó, si mi visión todavía continuaba. Se lo confirmé y repetí que al muchacho iba a pasar una desgracia inevitable si no se le bajara inmediatamente del árbol.

“Sí, hijo mío, ¿pero qué podemos hacer?”, preguntó mi padre. “Porque no tenemos una escalera. Y el muchacho a pesar de haberle llamado no abandona el árbol. Por eso no nos queda otro remedio que a esperar lo que Dios, el Señor, enviará sobre este muchacho desobediente”.

17. Apenas mi padre había pronunciado la última palabra, la rama débil se rompió a causa del movimiento continuo del muchacho. Y por haberse quedado sin apoyo, desde una altura de cinco veces la de un hombre, el muchacho cayó directamente cabeza abajo sobre una roca que se encontraba debajo del árbol. De modo que se rompió el cráneo y la nuca — una muerte instantánea...

18. Esta desgracia produjo un gran espectáculo entre el pueblo, y todos querían ver al muchacho desgraciado, víctima de este accidente.

Ya que el muchacho estaba muerto, ¿qué ayuda podían prestar? Por fin la guardia romana dispersó la multitud, y se llamó a mi padre que por todas partes estaba conocido, invitándole a examinar al muchacho, a ver si estaba verdaderamente muerto o si aún había una posibilidad de reanimarle.

Mi padre tocó el cráneo y la nuca del desgraciado y dijo: “Aquí ya no ayudarán hierbas ni ungüentos. Este muchacho está absolutamente muerto y en este mundo ya no se despertará”».

Capítulo 149. Las apariciones espirituales durante la desdicha. El suicidio del esenio maldito por el Templo

1. (Matael:) «Al mismo tiempo mi padre me preguntó, si yo todavía veía algo especial con este muchacho.

2. Le hablé en griego y le dije: “Aquellos dos grandes murciélagos por encima de su pecho se están uniendo, tomando la forma de un mono de aspecto muy afligido y triste, y se esfuerzan a separarse del cuerpo; pero parece que este todavía los atrae tanto que por el momento aún no les es posible el desprenderse totalmente de él.

Pero cuanto más tiempo duran sus esfuerzos, tanto más perfectamente se vuelven uno solo; y mira, ¡ahora mismo acaban de desprenderse del cuerpo! Y ya es un solo ser que o se acuclilla y da saltos alrededor del cuerpo como si estuviera buscando algo”.

3. “¿No será el alma del muchacho?”, preguntó el padre.

4. “¡No tengo idea!”, le respondí. “Aunque se tratara de un muchacho depravado, realmente, ¿no debería tener un alma mejor que este?

Ahora este ser extraño está acuclillado al lado de la cabeza destrozada que todavía sangra, y hace como si estuviera chupando la sangre que todavía sale de la gran herida. Pero no consigue nada. Sólo absorbe una especie de vaho que sale de la sangre, apenas visible, con lo que recibe un aspecto algo más humano.

Pero ahora vienen unos portadores que probablemente se llevarán el cadáver del muchacho. Estoy curioso si este ser parecido a un mono también se irá”.

5. En este momento vinieron cuatro portadores con una barra bastante larga a la que ataron el cadáver con lienzos, y se lo llevaron.

6. Mientras tanto continué mis observaciones: “Pero el ser extraño se queda, mira alrededor suyo como alguien que se encuentra en un vacío donde no ve nada. Parece que tampoco nos ve a nosotros — a los hombres en carne.

Ahora se acuclilla en el lugar en que el muchacho había caído del árbol, y da la impresión que se va a dormir. En fin, ¡debe tratarse del alma de este muchacho!”.

7. Dijo mi padre: “¡Por fin, en seguida va a terminar este espectáculo del sacrificio del chivo expiatorio tan grotesco! Todavía van a emitir un juicio sobre todos aquellos que, por ser pecadores demasiado grandes, están excluidos de la redención general, y todo va a terminarse...

Como todos los años, ¡siempre la misma historia sin sentido, sin bendición, sin fuerza ni provecho para nadie!”.

8. A eso mi padre se calló. Oía las sentencias y no se indignó poco cuando la primera maldición cayó sobre los pobres samaritanos, y sólo después sobre todos los paganos, sobre los esenios y saduceos, y con menos ímpetu también sobre adúlteros, incestuosos, fratricidas, patricidas y matricidas, y abusadores de animales; y al final, la sentencia más impetuosa fue fulminada sobre los despreciadores del Templo y sus santuarios.

9. Después de esta ceremonia poco edificante —en la que con cada maldición pronunciada la vestimenta del sumo sacerdote sufrió un importante rasgón más— toda la multitud se retiró a la ciudad.

Sólo un hombre al que las sentencias de maldición evidentemente habían desconcertado se había quedado bastante cerca de nosotros, al lado de un pequeño lago.

En realidad, era más bien una vieja charca muy profunda formada por el río Jordán —de una circunferencia de cien alturas de un hombre— de la cual algunos tontos incluso afirmaban que tras ella se hubiesen marchado todas las aguas del diluvio de toda la Tierra, y eso en un poco más de un año... Bueno, consta que esta charca es bastante profunda, pero aun así no dejará de tener un fondo.

10. A mi padre parecía un poco sospechoso que este hombre desde una peña sobresaliente mirara aquellas aguas negras de una manera tan fija y confusa. Y me preguntó si yo también observaba algo fuera de lo normal alrededor o por encima de este hombre.

11. Le contesté tal como lo vi: “No descubro nada, pero a pesar de eso no puedo negar que este hombre no me gusta en absoluto. Me atrevo a emitir el pronóstico que este hombre mediante su propio cuerpo pronto va a examinar la profundidad de esta charca”.

12. Repito fielmente las mismas palabras de entonces; aunque a mi padre nunca le gustaba cuando en circunstancias tan delicadas me permití a bromear un poco — lo que yo nunca podía evitar. Por eso te ruego, Señor, que me perdones clementemente si aquí me sirvo de las mismas palabras como entonces».

13. Dije Yo: «Así como hablas está bien, porque Yo quiero que sea así. Por eso, por así decir, Yo mismo te meto las palabras en tu lengua. ¡Ahora continúa, porque todos te escuchan con suma atención!».

14. De modo que Matael continuó su relato: «Apenas hube pronunciado la última palabra, cuando el hombre alzó sus manos hacia arriba y en voz alta clamó: “El sumo sacerdote me ha maldecido porque abandoné al Templo y me hice un esenio con la esperanza de que iba a aprender una sabiduría mejor, ¡pero con los esenios no hallaba más que en el Templo de Jerusalén!

Arrepentido, regresé al Templo y recé y sacrifiqué, pero el sumo sacerdote rechazó mi sacrificio, me llamó un sacrílego abominable y me maldijo por toda la eternidad, rasgando su vestidura siete veces.

Ahora, a la ocasión de esta purificación general, yo esperaba recibir una moderación de la maldición pronunciada; no obstante, mi ilusión era vana. El sumo sacerdote no hizo sino afirmar la antigua maldición, y me denominó un maldito ante Dios y el hombre, ¡de modo que soy un maldito!

Pues, ¡que sea maldito!”. — Y con estas palabras clamadas en voz alta, el hombre se lanzó del peñasco y se ahogó en la charca».

Capítulo 150. Las almas de los dos desgraciados en el Más Allá

1. (Matael:) «Poco después observé algo como un esqueleto humano de color grisáceo que flotaba sobre la superficie del agua, acompañado de unos diez patos negros de aspecto muy extraño. Sólo los pies —y eso sólo por debajo de los tobillos— llevaban algo de carne; todo lo demás eran huesos sin carne ni piel, lo que me parecía muy raro.

Al principio el esqueleto flotaba con la cara hacia arriba, pero después de media hora se había dado la vuelta y empezó a moverse con las manos y los pies como un nadador hábil, y parecía que se esforzó a librarse de los patos negros. Estos, sin embargo, eran tenaces y no querían abandonar al nadador que tenía un aspecto lúgubre.

2. De esta manera, durante una hora, esta cosa misteriosa continuó flotando sobre la superficie, moviéndose en todas las direcciones, ora más rápidamente, ora más lentamente; y a veces se hundió y volvió a la superficie.

Yo habría tomado este monstruo por un animal acuático — si mi padre también lo hubiera visto, pero a pesar de su vista normalmente muy aguda no pudo divisar nada, por lo que yo tenía que deducir que este esqueleto flotante no podía ser algo no natural, sino anímico o espiritual.

Transcurrida una hora, el esqueleto se tranquilizó completamente y los patos negros parecían picotear algunos restos de carne todavía presentes en el esqueleto.

3. Como allí ya no aconteció nada de importante, volvimos al mono que trató de enderezarse y ponerse de pie para andar de la manera que fuera, pero no había manera.

A cada quinto paso sus esfuerzos colapsaron y tenía que apoyarse con sus patas delanteras en el suelo; pero rápidamente se erigió de nuevo, siempre mirando alrededor suyo en todas las direcciones. Según la manera que estaba mirando, se podía deducir que este ser o temía algo o tenía mucho hambre, de modo que tal vez estaba buscando un alimento conveniente.

Tras estos ensayos de andar y mantenerse de pie, el ser llegó a la charca lúgubre, donde en seguida vio el esqueleto en la compañía de los patos misteriosos.

4. Cuando nuestro mono —o más bien el alma de nuestro muchacho, víctima del accidente— descubrió el esqueleto, soltó un grito que parecía más bien a un silbido y lo observó con suma atención.

Tal vez media hora después se erigió como un hombre y, en una especie de ceceo, percibí claramente las palabras: “¡Este era el padre desafortunado de mi pobre cuerpo! ¡Ay de nosotros, porque a los dos nos ha alcanzado la ira y la justicia de Jehová!

En mi caso aún habrá remedio, pero ¿cómo se podrá ayudarle a él?”.

5. A eso el mono se calló y mostró una cara muy triste, mientras los patos negros en la charca se divirtieron dando empujones al esqueleto que no manifestaba mucha vida.

Así pasó otra media hora, ocasión en la que se dispersaron todas las personas con excepción de algunos romanos y griegos que estaban absortos en una discusión de negocios, pues no prestaban atención a nuestras observaciones silencioso.

6. Mi padre todavía me preguntó si yo observaba algo más, y le contesté con pocas palabras: “Hasta ahora, ¡nada en absoluto!”.

7. De modo que mi padre suponía que podíamos regresar a casa porque ya habíamos visto lo más esencial, y que no valía la pena de observar lo que Jehová aún iba a emprender con las dos almas.

8. Pero yo le respondí: “Padre, ya nos hemos dedicado unas tres horas a estas dos almas que sólo nos han presentado un espectáculo triste pero insustancial. ¿Por qué no esperar una hora más? ¡Tal vez aún se producirá algo interesante!”.

Mi padre estaba de acuerdo con mi propuesta, y nos quedamos. Y pocos momentos después de nuestra conversación el asunto obtuvo otro aspecto...

9. De repente el mono se levantó lleno de rabia y se lanzó al agua para cazar los patos lúgubres. Y ¡ay de aquellos a los que pilló, porque en un abrir y cerrar los ojos los deshizo en mil trozos! Cuando no quedaron más que cinco, estos se escaparon de toda prisa.

10. Acto seguido el mono sacó el esqueleto del agua y lo sentó sobre un trozo de césped precioso, a unos cinco pasos de la charca.

Y luego dijo: “Padre, como estás en condiciones tan pobres, ¿oyes mis palabras y entiendes mi voz?”.

El esqueleto sentado asintió con la calavera, evidentemente dando a entender que entendía las palabras de su hijo y que también las comprendía.

11. Y el mono, que ostensiblemente tomaba una figura más y más humana, se levantó como si tuviera un poder importante y dijo con una voz bien entendible para mí: “¡Padre, si existe un Dios, entonces sólo puede ser un Dios bueno y justo! Este Dios no condena a nadie, porque si el hombre es una obra de este Dios no puede ser una chapucería, sino sólo una obra maestra.

Porque si hubiera un maestro que verdaderamente maldijera su obra, ¡él estaría profundamente debajo del peor chapucero! Porque ni siquiera un chapucero condena su obra, sino todavía se complace en ella. Y Dios, en calidad de un Maestro superior de todos los maestros, ¿acaso iba a condenar sus Obras?

12. La maldición y la condenación son inventos de los hombres como consecuencia de la ceguera y del desarrollo insuficiente de su naturaleza humana.

Los traspiés cometidos por un hombre en desarrollo son el resultado de pruebas en las que él debía hacer uso sabio de su libre albedrío para volverse independiente. Y la actuación del hombre es un ejercicio para su autodeterminación, tanto en la esfera de su reconocimiento como también en la de su libre voluntad, por supuesto, dentro de cierto orden — un orden que tras todas las infinitas hileras de las grandes Creaciones del sabio Creador es concebido de forma que únicamente dentro de éste es realizable una existencia temporal y eterna de los seres.

13. La maldición de los hombres es un producto de su concepto tenebroso, porque se echan a perder a sí mismos y a sus prójimos y, por fin, echan a naciones enteras a la mayor miseria, en aflicción y desespero sin par. A ti, pobre padre de mi cuerpo terrenal, te mató la repetida maldición del sumo sacerdote, a pesar de que ante Dios nunca has merecido nada igual. En tu inmenso desespero tú mismo quitaste a tu cuerpo terrenal su vida temporal, y ahora te encuentras aquí en una miseria que es el engendro tristísimo de la soberbia de aquellos que a sí mismos se toman por seres divinos.

Pero parece evidente que a mí Dios me ha enviado su Gracia y suficiente comprensión y fuerza para alejar de ti aquella maldición décupla del sumo sacerdote, la que te torturaba en forma de diez patos negros, ¡pero por fin ahora estás en un lugar seguro! Ahora voy a hacer todo lo que mis fuerzas vitales me permitan para ayudarte en tu gran miseria y pobreza”.

14. Durante estas palabras el hombre—mono adoptó cada vez más una figura verdaderamente humana. Y después de haber terminado su plática, su forma humana ya se había vuelto encantadora. Además, como si hubiera surgido del aire, de repente se vio vestido de un hábito de pliegues, de color gris claro. Y como al lado de este hombre aún había algo que estaba envuelto en un paño, el muchacho lo desenvolvió y sacó una camisa larga de color gris oscuro.

Dijo el joven que ya se había vuelto bien guapo: “Ah bien, es un vestido para ti, padre, ¡permíteme que te lo ponga!”.

15. El hombre—esqueleto consintió con su cabeza y el muchacho, dentro de un instante, le puso la camisa y le ató el paño en forma de un turbante alrededor de su frente. De esta manera el esqueleto ya recibió un aspecto algo mejor.

Acto seguido el muchacho, ya bastante valiente, tomó al viejo por sus brazos para levantarle, pero no lo consiguió.

16. Después de varios intentos el muchacho —que ya tenía la altura de un joven maduro— clamó en voz alta (de lo que incluso mi padre pretendía haber oído algo aunque sea sin articulación):

“¡Jehová!, si Tú estás por alguna parte, ¡entonces envíanos alguna ayuda! ¡Mi padre no ha pecado, sino el gran pecado de aquellos que como hombres se arrogan un prestigio divino para explotarlo mundanamente es el pecado que ha aplastado a mi padre como una roca caída de las nubes — y ahora se encuentra aquí como pobre alma condenada por el mundo!

¿Acaso también quedará eternamente condenada por tu parte? ¡Dale por lo menos una piel sobre sus huesos! ¡Me da pena ver la desnudez horrorosa de mi padre! ¡Ayuda Jehová!, ¡ayuda!”.

17. A este clamor aparecieron dos espíritus poderosos que tocaron el esqueleto en la región de la sien, e instantáneamente obtuvo tendones, piel unos pocos cabellos.

Y me parece que también obtuvo ojos, pero muy huecos y hundidos. Pero ninguno de estos dos espíritus perdió una sola palabra y, terminada esta acción, en seguida desaparecieron.

18. Luego el joven intentó a poner al hombre—esqueleto de pie, y esta vez tuvo éxito. Cuando el viejo era capaz de mantenerse él solo en pie, el joven le preguntó si también podía andar. En voz hueca y extremadamente estridente el viejo lo confirmó.

Y sin perder el tiempo el joven le tomó por los brazos y ambos se fueron en dirección del mediodía. Luego los perdí de la vista».

Capítulo 151. El Señor explica los estados anímicos de los dos desgraciados en el Más Allá

1. (Matael:) «Estos fueron pues los relatos de los sucesos que yo mismo experimenté. Lo que más tarde en el reino de los espíritus ha acontecido con los dos, esto no lo sé.

A pesar de tus explicaciones anteriores, Señor, no comprendo lo que en el caso del muchacho que cayó del árbol significan los dos murciélagos que más tarde se fundieron, transformándose en la figura de un mono; y tampoco comprendo cómo y por qué finalmente el alma del suicida se me manifestaba como un auténtico esqueleto casi sin vida, flotando sobre el agua. ¿De dónde vinieron los diez patos negros, y por qué atormentaban al esqueleto?

¿Cómo es posible que el alma todavía en forma de mono fuera capaz de acabar con las diez aves maliciosas? ¿Qué significa el vestido y de dónde vino? Y ¿qué efecto surtió la ropa, según su género, sobre las dos almas diferentes?

2. Verdad es que con estos acontecimientos se podría hacer muchas preguntas; pero para mí, ante todo, son de mayor importancia todos aquellos puntos sobre los que he manifestado mi ignorancia, y sobre los que me gustaría bien obtener alguna explicación. Si alguien más entre nosotros todavía quisiera obtener una explicación sobre algunos fenómenos y sus efectos secundarios, supongo que también a él le será permitido hacer algunas preguntas».

3. Dijo Cirenio: «Amigo, ¡tus relatos me han causado una sensación muy extraña!

La vida humana me parece como un río que corre tranquilamente sobre una altiplanicie; pero al final de esta, la corriente antes tan pacífica se precipita con vehemencia en un abismo insondable, y con gran estrépito se cava un lecho de reposo de una profundidad espantosa. Pero el ímpetu de su propia caída la empuja cada vez más allá de su estado de tranquilidad, de modo que la corriente tiene que continuar huyendo hasta que se la traguen el poder y la profundidad insondable del mar.

4. Oh, Señor, ¡para nuestra consolación déjanos saber de semejantes momentos críticos en nuestra vida por lo demás tan bella!

Tomemos por ejemplo a aquel hombre que según el relato del hermano Matael se había tirado a la charca —la que conozco bien— para acabar con su vida llena de desesperaciones...

Nada más saltar, ¡qué cambio más terrible hubo! Parece que poco después se ha producido cierto alivio, pero aun así, ¡menudo consuelo! ¡Qué inseguridad y qué desgracia! Por eso te rogamos, oh Señor y Maestro, que nos des una explicación confortadora acerca de las visiones y de los relatos espantosos de nuestro hermano Matael».

5. «En estos relatos, en efecto, vemos unos momentos de vida horriblemente tristes que realmente son muy serios», le confirmé. «¿Pero qué quieres hacer para salvar una vida totalmente deshecha por la influencia del mundo y sus apetencias infernales —para que no se eche a perder del todo, sino para llevarla poco a poco al sendero correcto?

¿Acaso no habría que preocuparse por esta vida con toda devoción?

6. Sin duda alguna, para el observador este proceso tiene algo muy repugnante...

Se trata del pasaje por un portal sobremanera estrecho que, por supuesto, no tiene la misma gracia como el aspecto de una novia bien hecha que rebosa de salud... pero este proceso conduce al verdadero hombre a la verdadera Vida — eternamente inmortal e imperecedera.

Y por este motivo para el que lo comprende, tal momento serio de la vida le produce todavía más consuelo que el rostro radiante de una novia bien hecha.

Pero ahora vamos a pasar a la elucidación de lo que hemos oído de Matael:

7. Aún antes de que el muchacho se había caído del árbol, Matael había observado dos grandes murciélagos que revoloteaban alrededor de él.

Ahí hay que tener en cuenta que el muchacho era un auténtico vástago de esta Tierra. Estos auténticos hijos de la Tierra —como ya os he explicado en otras ocasiones— tanto anímica como corporalmente están compuestos de elementos de toda la Creación orgánica de esta Tierra; lo que ya se puede deducir de la gran variedad de alimentos de los que el hombre se puede servir, mientras que los animales están muy limitados en los alimentos que les sirven.

Para que el hombre a todas partículas de inteligencia de las que está compuesta su alma, a partir de todos los alimentos naturales que él toma les pueda proveer el alimento anímico correspondiente, para eso está concebido de tal manera que puede servirse de una inmensa diversidad de alimentos que les ofrece la fauna, la flora e incluso el reino mineral. Porque el cuerpo sustancial del alma, tanto como el cuerpo físico, se nutre y madura a base de los alimentos naturales que el hombre consume.

8. Pero tratándose de un auténtico vástago de esta Tierra, todavía es de gran importancia de qué esfera anterior resulta el alma que recibió... hasta qué grado de desarrollo este alma había llegado tras su migración por la cadena infinita del desarrollo en etapas.

Luego, sobre todo cuando se trata de niños, hay que tener en cuenta que su alma íntimamente todavía arrastra huellas de aquella especie de ser a partir de la cual se había transformado en una forma humana.

Si un niño desde el principio recibe una buena educación, la forma del ser precedente pronto se convertirá completamente en la forma humana y se consolidará cada vez más con esta. Pero si en el caso de un niño la educación está tratada con negligencia, entonces, en su alma, la especie de criatura precedente se pondrá más y más en el primer plano y, paulatinamente, arrastra incluso al cuerpo ya perfectamente humano a su forma precedente.

Por eso, en el caso de hombres brutales, se puede reconocer bastante fácilmente cuál es la forma que evidentemente predomina en su alma.

9. Como ya os dije que el muchacho tanto anímica como corporalmente era un auténtico vástago de esta Tierra, ante su educación evidentemente abandonada ya os quedará claro por qué antes de caer del árbol, su alma haya sido visible en forma de dos murciélagos; porque por el gran esfuerzo que le costó el agarrarse al árbol y por la fuerte humareda que le ahogaba, había entrado en un estado de convulsión que le paralizó...

Este estado le mantuvo todavía un rato en el árbol, aunque el muchacho ya no se enteró de lo que le estaba pasando.

10. Pues, mientras un alma en el momento de morir aún no esté completamente separada del cuerpo, tanto tiempo ella queda sin conciencia a causa de su perturbación medrosa.

Le pasa algo como a un hombre que, con la cara hacia fuera, estuviese atado a un husillo que se encuentra en rotación muy rápida. Este hombre puede mirar como quiera, pero no podrá distinguir objeto alguno. A lo sumo verá alrededor de sí una neblina de rayas en color mate que, con velocidad de las rotaciones aún más elevada, por la confusión de su órgano de vista podrá incluso darle la impresión de encontrarse en plena noche.

11. Pero, como el órgano de la vista necesita calma para distinguir un objeto tal como es, de la misma manera el alma precisa cierta calma interior para obtener una consciencia segura y clara de sí misma.

Cuanto más el alma está intranquilizada en sí misma, tanto más se desvanece también su consciencia clara de sí misma hasta que haya recuperado su tranquilidad —un fenómeno que con moribundos se manifiesta tanto más marcadamente, cuanto más bajo era el grado de formación vital del alma.

Que os conste que en el caso de un alma que ha cumplido con su vida, este proceso de aspecto un poco triste no se presenta, lo que Matael había observado cuando murió el viejo Lázaro, porque el alma de este no manifestaba inquietud alguna.

12. Corporalmente, durante casi un cuarto de hora, el muchacho sentado en el árbol ya era prácticamente muerto y ya no sabía nada de sí mismo; por lo que su alma y su cuerpo ya estaban envueltos en una oscuridad muy profunda...

Y un alma que entra en un gran desasosiego empieza a desintegrarse de manera ordenada en las criaturas de las vidas anteriores, más pequeñas y más imperfectas. Por esta razón, en este caso, primero se veía dos murciélagos.

Sólo después de que el cuerpo del muchacho por el destrozo de su cerebro había perdido el vínculo con su alma, entró más sosiego en el alma desintegrada; las dos criaturas anímicas de la existencia previa del alma se agarraron mutuamente y pronto apareció un mono como última criatura precedente. Pero este necesitaba un descanso más prolongado para componerse integralmente, y aún más descanso necesitaba para volver a reconocerse y para volverse consciente de sí mismo. Por eso se acuclillaba durante cierto tiempo en el lugar donde su cuerpo había caído del árbol — más por el instinto que consciente de lo que había acontecido.

13. Pero poco a poco recuperó el conocimiento y el reconocimiento de sí mismo, con lo que el mono obtuvo un aspecto cada vez más humano y empezó a ponerse de pie.

Su sentimiento perceptivo anímico cuyo alcance se extendía cada vez más, empezó a percibir la cercanía del alma desgraciada de su padre terrenal; por lo que abandonó su lugar donde acuclillaba y, llevado por lo que percibía, se dirigió hacia la charca donde reconoció perfectamente el alma atormentada de su padre, cargada con diez maldiciones humanas.

14. En este momento se despertó en el muchacho el amor infantil, pero al mismo tiempo también la cuestión referente a Dios y su verdadera Justicia. y con todo esto también una ira totalmente justificada contra la maldición que los hombres, en su altanería sin fin, se atreven a lanzar contra sus pobres prójimos, sin darse cuenta que estos pobres en el fondo son mucho mejor que ellos mismos.

En este plan el hombre—mono ahora ya más perfecto reconoció en sí la fuerza de poder enfrentarse con los diez diablos de maldición que, en forma de diez patos negros, torturaban al alma de su padre de mala manera.

15. En esta conciencia de sí mismo ya más elevada, el hombre—mono se precipita en la charca y, llevado por su amor infantil para con su pobre padre, empieza a luchar valientemente contra estos diez diablos de maldición. En pocos momentos están destruidos y el hombre—mono toma ya un aspecto casi humano.

16. Ahora su amor comienza a echar nuevas raíces vitales incluso en el alma muerta de su padre. Este detalle aumenta aún más el amor y la fuerza del hijo y, provisto con estos, saca al padre del lugar de su ruina y su perdición y le deja en el suelo seco, donde por el amor del hijo también para la existencia futura del padre se forma una base fuerte y sólida para su sosiego.

Y como el amor del hijo aumenta, también aumenta su Luz — una Luz en la que reconoce la insuficiencia de su fuerza, por lo que de manera justa se dirige a Dios para que Él ayude a su padre.

Esta ayuda no se hace esperar, y pronto le llegan ropa y energía para avanzar hacia una esfera de vida mejor y más perfecta, donde el alma del padre alimentada del amor continuamente creciente del hijo vuelve a recibir carne y sangre espirituales y, finalmente, se vuelve capaz de reconocer a Dios y a entrar en su Orden — lo que en el caso de suicidas siempre es un asunto extremadamente difícil».

Capítulo 152. Las diferentes clases de suicidas y su estado en el Más Allá

1. (El Señor:) «Pero también existen diferencias entre los suicidas en el Más Allá. Por ejemplo, si alguien ve su orgullo humillado sin poder vengarse, y en una situación turbulenta pone fin a su vida, comete el peor suicidio premeditado, que nunca podrá ser reparado completamente en el alma.

Harán falta mil veces mil años para conseguir que tal alma por lo menos obtenga una envoltura para cubrir su simulacro de esqueleto, desprovisto por completo de amor... y más aún para cubrirlo con una carne psíquica que es un producto del amor —un producto que, a su vez, también despierta amor...

2. Si alguien mira a una virgen cuya carne está bien hecha y que rebosa de salud, al instante se queda excitado en todo su ser, y su corazón arde de amor en la ilusión de poder llamarla propiedad suya. ¿Por qué pasa esto? ¡Porque la abundancia carnal de la virgen es un mero producto de amor — de mucho amor! Y todo aquello cuya sustancia basa en el amor, también en el prójimo puede y debe despertar lo que es, pues, ¡amor!...

3. Pero acerquémonos a otra virgen que es de aspecto terriblemente magro, y os digo que ésta poco excitará los corazones de los jóvenes sino, al contrario, estos la compadecerán secretamente, pero nadie se enamorará de ella. ¿Por qué en este caso es así? ¡Porque sus huesos no están cubiertos suficientemente de aquella sustancia que es un producto del amor!

4. Un alma que ya en su vida terrenal llegó a ser mero amor, nada más llegar en el Más Allá ya tiene un cuerpo psíquico perfecto y hermoso; en cambio, un alma avarienta y egoísta presenta en el Más Allá un aspecto muy flaco. Pero aun así tiene todavía un poco de carne y de sangre, porque tal alma posee por lo menos el amor a sí misma. Sin embargo, un suicida carece incluso de este amor, por lo que en el Más Allá tiene que aparecer como mero esquelete. Además, otra cuestión es si este esqueleto es humano o animal...

5. Ya hemos tocado de pasada como puede haber varias clases de suicidio, y de los peores ya os he hablado en detalle. Un suicida malísimo no aparecerá en el Más Allá en forma de esqueleto humano, sino de dragón, de serpiente o de bestia voraz; con lo que os quedará claro que tal alma nunca podrá perfeccionarse completamente.

6. También hay suicidas por celos de una doncella que —sin ser por culpa de ella—se había enamorado de otro joven que le gustaba más que aquel celoso que, con cada ocasión que se le prestaba, la atormentó con toda clase de reproches y le imputó falsamente una infidelidad con la que ella ni siquiera había soñado...

Tal suicida llega al otro mundo en esqueleto de lobo, perro o gallo. Porque la naturaleza de estos animales había dirigido la comprensión y voluntad de tal insensato celoso, dado que como criaturas previas fueron éstas las que condicionaron el ser principal real de tal alma. También esta clase de suicidas llegará difícilmente a una perfección de la vida.

7. Existen suicidas que, en secreto, han cometido un gran crimen y saben que les espera una pena de muerte dolorosa porque les consta que su crimen saldrá a la luz del día. Normalmente tal criminal, movido por un inmenso temor e instigado por el suplicio de su propia conciencia, de pura desesperación acaba con su vida ahorcándose.

Tales almas llegan al Más Allá como esqueletos en la forma de los animales que les precedían, o sea salamandra, lagarto o escorpión, todos amontonados y circundados de un muro incandescente, generalmente en forma de serpiente gigantesca. También tal muro incandescente forma parte de la criatura precedente de la misma alma y es una componente inteligente de ella.

8. En pocas palabras, una vez que un alma a consecuencia de una mala educación se ha quedado sin amor —incluso sin el amor a sí misma— entonces este alma está también penetrada de todo el infierno porque este es el peor enemigo de la Vida. y por eso, íntimamente, se vuelve un enemigo de su propia vida y existencia, con lo que siempre procurará a destruirla de cualquier modo indoloro.

Con semejante enemistad total contra la vida finalmente todo tiene que desquiciarse, de modo que en el Más Allá tal alma de ninguna manera puede manifestarse de otra manera que disuelta en los elementos originales de su vida: en esqueletos carentes de carne — de modo que en meros portadores de su juicio necesario.

9. El hueso —en el hombre tanto como en el animal— constituye la parte que se encuentra en el juicio más profundo y carente de todo amor. Y como en los huesos tanto como en las piedras no puede mantenerse un amor para la vida, al final sólo quedan estos —aunque sea solamente en forma de substancias anímicas— como señal que en estas partes nunca podrá encontrarse el menor amor.

Aun así, para los huesos humanos siempre quedará más probabilidad de revestirse con vida que para los huesos animales, y más aún tratándose de las cáscaras de los insectos, de los cartílagos y de las espinas de los anfibios.

10. Cuando en el Más Allá un suicida aparece en las condiciones antes descritas, podéis imaginaros lo difícil que será y cuánto tiempo costará hasta que esa alma por lo menos pueda transformarse en un esqueleto humano, y después reciba una piel o cualquier carne.

11. Aquí se plantea la cuestión si tal alma sufre dolores. Os digo que en ciertas ocasiones sí, los más vehementes y ardientes, y en otras ninguno. Cuando a causa de su todavía posible revivificación en cierto modo está estimulada por espíritus que, para tal fin, se acercan a ella, entonces sufrirá un dolor muy ardiente en sus componentes; pero cuando vuelve a calmarse, ya no experimentará ni sentimientos ni conciencia, de modo que tampoco dolor.

12. Aparte de estas clases de suicidio aún hay muchas otras cuyas consecuencias no afectan al alma como las dos que acabo de describir; pero no hay suicidio alguno que tenga consecuencias buenas para el alma.

13. El suicidio relatado de Matael era uno de la clase menos conflictiva, por lo que la revivificación y salvación de aquella alma resultaba rápida y fácil. No obstante, a tal alma quedará una hendidura para siempre — la que consiste en que casi nunca podrá volver a alcanzar la plena filiación de Dios; porque un alma suicida casi nunca pasará más allá de los bienaventurados del primer Cielo, el más exterior —de modo que también el más inferior— y menos aún cruzará sus territorios fronterizos.

14. En el primer Cielo, el Cielo de sabiduría, entran sobre todo las almas procedentes de todos los demás astros, y de esta Tierra las de aquellos paganos sabios que habían vivido conforme su conciencia y su sentido de justicia, pero que incluso en el Más Allá no quieren saber nada de mi Personaje.

Si con el tiempo aceptan algo, aún podrán ser admitidos en el segundo Cielo, el Cielo central. Pero nunca llegarán al tercero, el Cielo más íntimo y elevado — él del Amor y de la Vida... porque en este Cielo sólo entran las almas que han alcanzado la plena filiación de Dios.

15. Yo diría que ahora también las formas de muerte de las que el hermano Matael os ha hablado ya están aclaradas suficientemente. Si hay alguien entre vosotros que todavía tiene alguna duda, tiene toda la libertad de preguntar. Nos quedan dos horas hasta que el Sol se levante; entonces todos emprenderemos otra cosa. Quien aún quiere saber algo más, ¡que pregunte!».

16. Dijeron todos: «Señor, todo está claro, ¡porque con la manera de explicarlo tan vivamente a nadie pueden quedar dudas!».

Capítulo 153. De la piedra filosofal

1. Dije Yo: «Ahora bien, como todavía nos quedan dos horas, nuestro Matael puede aún contarnos una última historia de defunción muy memorable y fuera de serie. Pero antes, como ya empieza a rayar el alba, Rafael aún debe llevar la bola luminosa a su lugar y en esta ocasión traer al Cirenio los prometidos guijarros luminosos».

2. Rafael pronto terminó esta misión y trajo a Cirenio siete de tales guijarros luminosos, los que tenían el tamaño de guisantes. Estos despedían una luz tan fuerte que nadie podía mirarlos; pues, sólo uno de ellos irradiaba una luz tan fuerte que, si se le hubiese colocado en el centro de una sala en un punto elevado, la habría iluminado más que diez mil lámparas.

3. Pero Cirenio no sabía dónde guardar estos guijarros luminosos y me pidió consejo. Por eso Yo volví a llamar a Rafael para que proporcionara a Cirenio un recipiente para su conservación.

4. Rafael ya era preparado y entregó a Cirenio un recipiente de oro puro, en su interior revestido de amianto, depositó los guijarros en él y cerró la tapa que estaba adornada de artesanía ingeniosa.

De esta manera bien guardados, entregó los siete guijarros a Cirenio con las palabras: «¡Guárdalas para ti! ¡Pero que nunca una de estas piedras preciosísimas decore cualquier corona real, para que no se despierte la codicia de otros príncipes a poseer semejante corona y no se estalle una guerra, en la que se dilacerasen miles de hombres como lobos, hienas y osos furiosos, sólo a causa de una de tales bolitas luminosas!».

5. Cirenio me dio las gracias y también a Rafael, pero este no las admitió sino las pasó a Mí.

6. Y Yo indiqué: «¡Está bien que este asunto haya encontrado su solución! Los guijarros que te había prometido a ti, Cirenio, están bien guardados; ¡y que nunca hagas un uso mundano ni te vanaglories de ellos, tampoco ante tus parientes más próximos! Si quieres predecir, pon el estuche sobre tu hueco epigástrico y tendrás visiones claras.

¡Pero que únicamente tú sepas que la posesión de estas piedras te ha fortalecido para que pudieras hacer predicciones! ¡Que el pueblo oiga las predicciones y se atenga a ellas, pero nunca debe saber de dónde resultan! Caso que hayas oído hablar algo de una piedra filosofal, ¡aquí la tienes en forma de estos siete guijarros! Pero es exclusivamente para ti y nadie más».

7. «Señor, ¿qué hay que hacer con los siete guijarros el día que me muera?», me preguntó Cirenio.

8. Y le respondí: «¡Entonces entrégalos a Josoé; él ya sabrá lo que hay que hacer con ellas a causa del bien del mundo! Pero dejemos ahora este asunto para que tú, Matael, puedas comenzar con tu relato porque este, para vosotros, tiene un valor mucho mayor que centenares de miles de guijarros luminosos como estos... ¡Ahora empieza, y sé breve y conciso, para que no nos interrumpa la salida del Sol que hoy será muy memorable!».

Capítulo 154. La venenosa esfera de vida exterior de la viuda

1. Matael se inclinó y, sin perder el tiempo, empezó a contar el siguiente caso memorable de defunción:

“En una pequeña aldea entre Belén y Jerusalén vivía una viuda peculiar que había tenido dos maridos. El primero se le murió después de un año de vida matrimonial. Con este tenía una hija que era sordomuda desde su nacimiento, aunque por lo demás gozaba de una buena salud y tenía buenos ánimos, lo que es muy raro entre los sordomudos.

2. Después de una viudez de un año un segundo pretendiente muy sano y fuerte le propuso el matrimonio y se casó con ella, de la que decían que entonces había sido muy hermosa. Pero este hombre no tuvo una suerte mejor que su predecesor, porque vivíó todavía algo más de dos años y luego murió de consunción general, como el primero.

3. Esto desalentó a todos los demás pretendientes de pedirle el matrimonio. Con este segundo marido fuerte y vigoroso no tenía descendencia, mientras que su hija sordomuda crecía sobremanera, y cuando tenía cinco años ya tenía una estatura como pocas la tienen con doce años. Además, tenía una fisonomía sumamente agradable, de modo que cada hombre la miraba con gran placer.

4. Esta viuda vivía todavía veinte años, siempre hermosa y muy atractiva, y su hija encantaba a cada hombre; pues en aquellos tiempos en todo el país de los judíos no había ser humano más hermoso y gracioso que esta sordomuda.

Al mismo tiempo esta muchacha era muy inteligente e instruida y, por medio del lenguaje por señas, sabía entenderse con todo el mundo, y eso siempre de una manera tan graciosa y hábil que cada hombre estaba feliz de haber conversado con esta sordomuda.

Muchos pretendientes le propusieron el matrimonio, pero como según una disposición legal —a la que no puedo encontrar la menor razón— los sordomudos están excluidos del matrimonio, no hubo manera de realizarlo.

5. La viuda formaba parte de la gente adinerada y tenía amplias propiedades, de modo que también tenía muchos criados y muchas criadas; además, ante los pobres se mostraba muy caritativa.

Verdad es que con mucho gusto habría vuelto a casarse, pero como nadie le pidió la mano y ella misma ya no se atrevía a entregarse a un hombre por miedo y por prudencia de no volverse asesina involuntaria de un tercer hombre, se quedó soltera, llevando una vida moral, decente y retirada — consoladora para muchos menesterosos y necesitados.

6. Una vez se le presentó también un médico griego que quería curarla de su extraña particularidad; pero ella le despachó y —si mi memoria lo demás muy buena no me falla— más tarde se lo contó fielmente a mi padre, con las siguientes palabras:

“Mis padres eran buena gente, pues eran temerosos de Dios. Y yo, como muchacha, era conocida como un modelo de discreción. Antes de mi primer matrimonio nunca me había entregado a hombre alguno. Para mi es un enigma cómo es posible que mi cuerpo por lo demás tan sano pueda incubar un mal tan pernicioso... Por lo demás estoy rebosante de salud, gracias a Dios, y por eso no quiero tomar medicamento alguno. Veo que es la Voluntad de Dios, a la que acepto voluntariamente.

Por eso dije al médico: ‘Para ti, seudo esculapio, vale más que te vayas de aquí, porque de lo contrario te echo mi aliento y luego serás perdido sin remedio, ¡aunque pretendas ser un médico que quiere ayudarme! — ¡Pero como veo, no eres capaz de deshacerte de tu horrible bocio, como también de la cojera de tu pie izquierdo! Porque si un médico quiere ayudar a un enfermo, ante todo el mismo debe ser un hombre sin máculas que rebosa de salud, dado que sólo así puede inspirar la confianza necesaria al enfermo, para que pueda creer que el médico es un experto en su arte. Pero si el médico mismo se presenta como inválido y quiere ayudar a una persona que goza de buena salud, entonces habrá que reírse de él y, caso de que se vuelva impertinente, echarle fuera de la casa en la que se ha introducido”.

7. Al oír este comentario, el médico abandonó refunfuñando la casa.

Pero aun así, transcurrido un año, el médico volvió y se informó del estado de salud de la viuda hermosa, y empezó a pedirle su mano tan bonita.

8. Entonces la viuda se puso impaciente, le sopló de una distancia de tres pasos y le dijo: “¡Aléjate y no te acerques a mí, porque si entras en esta vaharada, serás un hijo de la muerte; y no pasará ni un año y pudrirás debajo de la tierra”.

9. Pero el médico se rió, y con alegría y avidez inhaló el vaho a pleno pulmón, para mostrar a la viuda hermosa, cuan poco se recelaba de este fútil soplo, afirmando que no será dañino.

Lo más curioso en el asunto era que la viuda, ella misma, ni siquiera creía en eso en absoluto, sino se sirvió de la amonestación sólo porque los hombres lo difundían por todas partes y por eso nadie se atrevía a acercarse demasiado a ella.

10. Pero no le faltaba razón al pueblo. Cuando esta viuda no estaba muy excitada, su hálito era bueno y saludable, pero cuando alguien la provocaba se volvió inaguantable. Aquel que recibió demasiado de su hálito, ya no vivía más que un año — con lo que era un hijo de la muerte. Pues, enfermó de una especie de consunción muy rara y ni el médico más experimentado la podía curar. No había remedio: la enfermedad avanzaba y el enfermo sucumbió a ella...

Y, efectivamente, lo mismo pasó a este médico griego que pronto empezó a volverse achacoso y a consumirse; y transcurridos ocho meses no quedó más que un cadáver consumido. Comparado con él, una momia egipcia de una edad de tres mil años tendría un aspecto bien sano.

11. Pronto la viuda lo supo, y hubo los que le susurraron que se iba a llevarla a los tribunales.

Eso la viuda se lo tomó muy a pecho, de modo que finalmente ella misma empezó a enfermar. Por eso hizo que llamaran a mi padre que, por supuesto, me llevó con él por ser su vidente indispensable — a ver, si por medio de mi don de vidente se podía descubrir algo acerca de ella.

Entramos con cierta precaución en la casa de la viuda tan peculiar, y la encontramos acostada, floja y fatigada, rodeada de su hija —sordomuda pero por lo demás de una belleza celestial— y algunas criadas que cuidaban de ella.

12. Aquí hay que observar que su aliente anormal sólo resultaba nocivo para los hombres, pero nunca para las mujeres y criadas.

13. Cuando mi padre entró en el cuarto, dijo con su respiración algo retenida: “Aquí está el médico llamado de Jerusalén. ¿Qué desea la viuda encantadora de mí?”.

14. Respondió la viuda: “¿Qué va a desear una enferma de un médico, a no ser que la cure?, ¡ayúdame si puedes!”.

15. “¡Permite que te observe durante cierto tiempo, luego voy a ver si todavía podré ayudarte o no!”, dijo mi padre.

16. Y la viuda le respondió: “¡Haz lo que te parezca bien!”.

17. Entonces mi padre me dijo en lengua romana: “¡Observa bien si aquí puedes descubrir algo, porque su enfermedad debe tener una causa muy particular!”.

18. Acto seguido esforcé mi visión a más no poder; pero al principio no pude percibir nada de fuera de lo normal, es decir, algo espiritual o algo inquietante.

Pero habiendo pasado una hora vi un humo azul que se extendió por encima de la cama de la viuda y pregunté a mi padre si veía también algo parecido. Él lo negó, con lo que dedujo que esto ya era algo extraordinario.

Entonces continué mis observaciones con máxima atención, y pronto descubrí en este hálito azul una multitud de serpientes de cascabel y de serpientes marinas de una longitud de un dedo, todas flotando como peces nadan en el agua. Estos reptiles se enroscaban horriblemente, daban saltos y vueltas, y relampagueaban extraordinariamente con sus lenguas reflectantes; pero no salían más allá del contorno marcado por el hálito.

Esto se lo indiqué a mi padre, dándole también mi parecer que de todos modos no convenía acercarse demasiado a la cama. Mi padre era de la misma opinión, y al mismo tiempo me preguntó si yo no podía indicarle un remedio para ayudar a la viuda».

Capítulo 155. El veneno de serpiente como remedio

1. (Matael:) «Cuando estaba completamente absorto, tuve la impresión como si alguien me cuchichease en mi oreja: “Prended una serpiente de cascabel y una serpiente marina, decapitadlas, hervidlas bien, ¡y que la viuda beba el caldo! E indicadle que la justicia a la que teme tan profundamente no puede causarle el menor daño. Y pronto recuperará su salud. Y caso que en lo sucesivo alguien empiece a caer enfermo por el hálito venenoso de ella, que procure conseguir las serpientes mencionadas y tomar tal caldo — un caldo con el que también el antiguo Esculapio curaba sus enfermos atacados por la consunción, y el enfermo recuperará completamente su salud. Estas serpientes se encuentra frecuentemente a la falda meridional del monte Horeb”.

2. Este consejo al que había recibido con toda claridad, enseguida se lo participé a mi padre que no cabía en sí de alegría. Inmediatamente dijo a la viuda que tuviese toda confianza porque él iba a ayudarla sin duda alguna. Le recomendó que ante todo no debiera temer en absoluto la justicia por lo del médico griego, porque ella no tenía la culpa de su muerte. Además, mi padre le dijo que él mismo conocía muy bien las leyes de Roma y no sabía nada que en tal caso pudiera valer para un pleito.

3. La exposición tan clara de su inocencia tranquilizó a la pobre viuda de tal manera que el hálito azul por encima de ella desapareció por completo. Cuando se lo dije a mi padre, él sentía una gran alegría y en seguida envió a un mensajero al monte Horeb para conseguir las serpientes en cuestión.

Allí había varios cazadores de serpientes muy reconocidos, y pasados algunos pocos días se nos proporcionó varios ejemplares de ambas especies. Por supuesto, ya estaban decapitadas y conservadas en arcilla, para que al evitar el contacto con el aire no podían descomponerse tan pronto; pues había allí una tierra arcillosa muy grasa de color amarillo, en la que un cadáver no se descompondría ni en cien años.

4. Cuando las serpientes habían llegado —transportadas por un camello— sacaron la cantidad justa de su arcilla, las limpiaron y las pusieron en una marmita sobre el fuego para hervirlas durante tres horas — sin que la viuda en su cama se enterase de ello.

Entre el encargo de traer las serpientes del monte Horeb y la preparación de la medicina, cociéndolas, pasaron cuatro días. Durante este tiempo, de día, mi padre consolaba a la viuda y le prometió la convalecencia ya en cinco días. Tan sólo al entenderlo, de día en día la viuda se reponía visiblemente y ya tenía la intención de abandonar la cama.

Pero mi padre no quería permitírselo a causa de la preparación del caldo, pues si ella hubiese visto algo, probablemente habría rechazado la medicina — con lo que se habría jugado su curación. Así que no vio nada, y cuando mi padre le sirvió el caldo, ella se lo bebió con satisfacción visible hasta la última gota, y al fin confesó que esta medicina en forma de caldo tenía un sabor excelente.

5. Después de algunas horas mi padre le administró una segunda ración de caldo. Y, ya el cuarto día, la viuda empezó a sentirse tan bien que mi padre tenía grandes dificultades de retenerla en la cama. Pero él le insistió que debía guardar la cama por lo menos hasta la mitad del quinto día de nuestra presencia.

Pasado este tiempo, ella se levantó completamente convalecida y restablecida, y recompensó a mi padre ricamente sin olvidarse de mí.

6. Cuando partimos, ella aún preguntó confidencialmente a mi padre si había conocido al médico griego, y si este también hubiese sido capaz de curar su enfermedad.

7. Mi padre, sin embargo, le contestó: “Cierto que le he conocido bastante bien a este miserable charlatán. Verdad es que nunca ha ayudado a nadie — a no ser para la tumba”.

8. Con esta indicación la viuda encantadora estaba completamente satisfecha y nos despidió con gran benevolencia.

Acto seguido, con todo esmero, mi padre empaquetó las serpientes que quedaban en arcilla y, con otras cosas de gran valor, cargó el camello de ellos. Y también nosotros montamos nuestros dromedarios y regresamos alegremente y de buen humor a nuestro hogar.

9. Con la medicina tan rara llevada que nos llevamos, más tarde mi padre todavía había curado muchos enfermos de consunción y de esta manera había adquirido mucho dinero y una reputación famosa.

Esto, por supuesto, a los del templo no les daba ninguna gracia, ni tampoco a los esenios. Pero tanto más los romanos le respetaban y le protegían al máximo posible, alzaron su arte y ciencia hasta las estrellas y le dieron el nombre honorario de ^SCULAPIUS IUNIOR.

Cuando se le terminaron las serpientes, volvía a pedir un envió importante del monte Horeb y con estos curaba a los enfermos de consunción, de los que ni uno solo había muerto».

Capítulo 156. Los fenómenos espirituales a la muerte de la viuda y de su hija

1. (Matael:) «Desde la curación de la viuda habían pasado algunos años sin haber recibido noticias de ella. Era precisamente un sabbat, cuando de madrugada apareció un mensajero de nuestra viuda y pidió al padre que se le presente lo antes posible; porque de repente la viuda y su hija se habían caído tan enfermas que nadie del círculo de sus vecinos entristecidos se atrevía a contar con su restablecimiento.

2. Consta que a pesar de ser día de sabbat, pronto habíamos montado a nuestros dromedarios, y se entiende por sí solo que el padre no olvidaba traer la medicina rara en cantidad justa; pues conforme a las leyes naturales era de la opinión que la viuda había sufrido una recaída, lo que en este tipo de enfermedades ni es tan raro; y cada médico sabe que una recaída en un viejo mal resulta mucho más pertinaz que la misma enfermedad cuando se produjo por primera vez.

3. Después de un viaje de varias horas llegamos a la casa conocida. Pero ya desde lejos, a la distancia de una caminata de media hora, ya descubrí que toda la casa estaba envuelta en un vaho azul bastante denso, y cuánto más cerca llegamos, tanto más claramente vi en el vaho las bestias ya conocidas, flotando en él. Luego, a una distancia de unos sesenta pasos de la casa, dije a mi padre:

“¡Para!, ¡porque por el bien de nuestra salud no debemos acercarnos ni un sólo paso más! ¡De lo contrario los dos pronto nos volveremos una presa de la muerte, porque el mismo malicioso vaho azul con sus habitantes tan misteriosos ya envuelve toda la casa!”.

4. Perplejo, mi padre se paró. Mandó al mensajero que entrara en la casa para ver a las dos enfermas y para que nos trajera informes sobre el estado de su salud. El mensajero se apresuró entrando en la casa y encontró a las dos sin conocimiento, ya agonizando en plena lucha con la muerte inexorable.

5. Nada más recibir esta noticia del mensajero, mi padre le dijo: “Amigo, no puedo hacer milagros, de modo que no me queda más remedio que emprender la vuelta cuanto antes mejor, ¡porque en la cercanía de estas dos enfermas uno no está seguro!”.

6. El mensajero opinó, sin embargo, que debíamos quedarnos todavía una hora más, porque no se podía saber con certeza si las dos aún iban a volver en sí o no.

7. Dijo el padre: “Verdad es que tú no puedes saberlo, pero con tanta más certeza lo sé yo. Todo en el mundo presenta ciertas características —íntimamente como también exteriormente en sus cercanías— de las que un hombre versado puede deducir con certeza cómo una cosa o un asunto está condicionado; y así es también en este caso. De modo que incluso me consta que las dos mujeres en esta casa ya no vivirán ni una sola hora, con lo que cada intento de salvarlas sería completamente en balde.

8. Además, a todos los servidores varones de esta casa os advierto: ¡Intentad conseguir serpientes de cascabel y serpientes marinas, cortadles las cabezas, limpiadlas y hervidlas, y bebed su caldo varias veces, porque de lo contrario dentro de un año todos moriréis de consunción total; pues la exhalación de estos dos seres femeninos desconocida a vosotros es de una especie que cada hombre que en las condiciones actuales se les acerca demasiado, será contagiado de esta exhalación y lo más tarde dentro de un año y medio quedará convertido en una mera momia!”.

9. El mensajero le dio las gracias por este consejo y quería obsequiar a mi padre ricamente; pero este no aceptó nada sino empezó a preparar los dromedarios y el camello de carga para emprender la vuelta, lo que con estos animales, particularmente cuando están fatigados y hambrientos, siempre causa muchos problemas.

Por eso la preparación de estas bestias de carga para la vuelta era siempre un trabajo fastidioso y molesto, pero por esta vez nos favoreció mucho. Porque si nuestros animales en seguida hubiesen cedido a nuestra voluntad, mi padre y sobre todo yo, nos habríamos perdido una de las visiones más notables.

10. Poco a poco el vaho azul aumentaba, unos por la mitad. En forma de una esfera gigantesca, pronto se levantó por encima de toda la gran casa y se fue llenando no sólo de esas dos especies de serpientes, sino también de una multitud de las más diversas especies de animales maliciosos como también de animales mansos. Sin orden alguno, estos revoloteaban como grullas cuando se echan a volar.

Toda esa esfera enorme pendía en dos cuerdas o más bien cintas que tenían el aspecto de ser muy flojas. Una parte de la esfera —algo menos que la mitad— era un poco más clara que todo el resto.

11. Lo que me parecía muy extraño era que cuando durante la tarde se levantó un viento bastante fuerte, este no era capaz de causar el más mínimo estorbo a la esfera colgada tan flojamente.

Mientras con gran asombro observé este fenómeno, manteniendo a mi padre al corriente —en lengua romana—, me di cuenta que hubo cada vez más especies de animales como ratones, ratas, conejos, gallinas, palomas, patos, gansos, corderos, ovejas, liebres, corzos, ciervos, gacelas, y todavía una multitud de otros animales —todos perfectamente desarrollados— que vagaban en aquella esfera tan enorme.

12. El padre observó: “Pero hijo, ¿me estás diciendo la auténtica verdad? Porque esta historia empieza a pasar un poco de castaño oscuro”.

13. Pero yo le afirmé que como siempre, también en aquella ocasión sólo le contaba lo que veía claramente delante mis ojos, ni una palabra de más ni una de menos. A eso mi padre no me contestó nada y prestó tanta más atención a cada una de mis palabras.

14. Excitado, examiné este fenómeno cada vez más intensivamente, pues era lo más extraño que jamás había experimentado en mi vida. Hubo un momento en que se rompieron ambas cintas en las que la gran esfera parecía estar fijada y, de repente, en vez de una sola esfera hubo dos separadas que flotaban por encima de la casa, en una altura de aproximadamente dos veces la altura de un hombre.

A pesar de que el viento soplaba cada vez más fuertemente, no causó efecto a las esferas que flotaban inmovibles por encima de la casa.

15. Después de la división en dos esferas ya no veía nada de sabandijas en ellas. La que parecía ser un poco menor contenía una mezcla de animales mansos y era un poco más clara, mientras que la mayor también contenía lobos, osos y una multitud de zorros que juntos con los animales más mansos estaban en continuo movimiento.

Lo que también parecía muy extraño es que en la oscuridad de la tarde ya avanzada, todo lo que las esferas contenían aparecía en una luz tan clara como si fuera iluminado por el sol del mediodía».

Capítulo 157. La evolución de las figuras anímicas de las dos mujeres fallecidas

1. (Matael:) «Esta situación continuó durante la mitad de un cuarto de hora, pero después todo empezó a cambiar considerablemente. El motivo para ello era que llegó una bandada de urracas, todas volando, y de aspecto completamente natural; deben haber sido varios cientos. Y estas urracas empezaron a intranquilizar mucho a ambas esferas.

Todos los animales en las mismas parecían a meterse los unos en los otros, y en ambas esferas pronto se presentaron dos águilas gigantescas que a las urracas que se lanzaban sobre ellas las atrapaban al vuelo. ¡Ay de aquellas a las que cogían, porque en seguida se acabó su existencia provocativa! No tardó mucho y todas las urracas quedaron devoradas.

2. Cuando lo conté fielmente a mi padre, él me respondió: “Pues esto da bien la impresión como ahí se tratara de las almas de las dos fallecidas. ¡Continúa observando esta cosa con diligencia y dime siempre lo que veas! Realmente, ¡nunca antes me contaste una historia de un proceso de defunción tan extraordinario!”.

3. “¡Padre, lo que veo, te lo cuento inmediatamente!”, le respondí. “Ahora mismo las esferas se vuelven más pequeñas y las águilas gigantescas se transforman en dos vacas sin cuernos. Y veo a un hombre de apariencia perfecta que sube al frontispicio del tejado y que en cada mano lleva un haz de heno.

¿No querrá dar de comer a estas vacas? ¡Pues sí! Las dos vacas se bajan un poco y extienden sus lenguas hacia los haces de heno tendidos a ellas. De modo que ahora comen el heno tranquilamente”.

4. Así informé al padre sobre lo que yo veía. Después de que las vacas habían consumido el heno, el hombre desapareció del tejado; pero pronto vino otro que no se parecía en absoluto al primero. Este subió al tejado con dos cubos llenos de agua, a los que tendía a ambas vacas para que se la bebieran, y las vacas vaciaron los cubos hasta la última gota.

5. Después de este detalle también el segundo hombre desapareció, junto con sus cubos, y acto seguido las vacas empezaron a girar rápidamente. Las esferas de vaho se volvieron completamente invisibles y a causa de su rotación tan rápida yo ya no podía distinguir ambos seres en ellas.

Durante esta rápida rotación el bulto se volvió más y más claro, hasta que finalmente alcanzó la claridad de una luna poniente.

6. Pronto después la rotación terminó, y en el lugar de las vacas anteriores flotaban allí dos figuras humanas, magras y completamente desnudas. Como nos volvían las espaldas no pude distinguir su sexo; pero a juzgar por su tamaño deben haber sido femeninas.

7. Después de un cuarto de hora vi a otro ser humano que subía al frontón del tejado y que llevaba dos bultos, de los que dio uno a cada una de las dos figuras. Y acto seguido este hombre desapareció.

Las dos figuras desataron ágilmente los bultos y sacaron de ellos vestidos plisados, de color grisáceo claro, y se los pusieron en un momento. Sólo entonces vi con toda seguridad que se trataba de la viuda extraña y de su hija sordomuda. Verdad es que me aparecían más magras, pero a pesar de eso estaba enteramente convencido que eran ellas.

8. Entonces, cuando las dos figuras femeninas perfectas se encontraban sobre el frontón del tejado —bien visibles para mí— de nuevo se presentaron dos hombres sobre el tejado, esta vez vestidos de capas en verde claro. Estos se acercaron a las dos figuras femeninas haciéndoles señales para que les siguiesen, lo que las dos hicieron sin vacilar.

9. Todos juntos se dirigieron hacia el mediodía y pronto desaparecieron totalmente de mi vista. E inmediatamente después oí claramente las palabras: “¡únicamente a Dios, el Señor, toda la gratitud, toda la alabanza, toda la gloria y todo el honor por la salvación de estas dos pobres almas!”.

10. No tengo la menor idea quién puede haber pronunciado estas palabras; pero las oí muy claramente. Imposible que hayan sido las dos figuras en verde claro, porque estaban ya muy lejos. Las debe haber pronunciado alguien que se encontraba detrás de mí; pero quién, ¡de esto no tengo la menor idea!

11. Sea quien fuere que las había pronunciado, esto importa muy poco para toda la historia; pero cierto es que eran buenas y acertadas, y puede ser que tenían un sentido extenso.

Consta que estas dos mujeres habían llevado una vida sumamente buena, honesta y casta, y ellas eran muy caritativas para con los pobres y, además, también eran muy temerosas de Dios. Por eso resulta algo difícil el comprender por qué esta voz había dado tantas gracias, tanta alabanza y tanto honor a Dios por la salvación de esta viuda y de su hija sordomuda... Pues debe ser que el portador de esta voz ha sabido algo más de lo que mi intelecto era capaz de comprender.

12. Tú, oh Señor, de todos modos sabes más que nadie qué en esta historia de defunción para nosotros seguirá siendo enigmático.

Por este motivo no quiero ponerte una pregunta específica sobre toda la historia, dado que de todos modos todo este relato, del principio al fin, es una sola pregunta; por eso vale más que Tú, oh Señor, la expliques en su conjunto porque yo me encuentro totalmente desconcertado.

De por sí ya la enfermedad era para mí muy enigmática, ni hablar de los fenómenos durante y después de la defunción.

La concentración y subida del vaho azul evidentemente anímico encima de toda la casa, los animales en el mismo y finalmente la separación de la gran esfera en dos pequeñas. las urracas agresivas. las águilas gigantescas y la transformación de las mismas en vacas sin cuernos etcétera. En pocas palabras, toda una fábula que nadie podría creer si se la contara por las buenas.

Oh Señor, caso que fuera conforme a tu Voluntad, ¡entonces concédenos la Gracia de aclararnos esta historia, porque hasta ahora hay más que un triple velo de Moisés entre ella y yo!».

Capítulo 158. El veneno en los minerales, en las plantas, en los animales y en los hombres

1. A esta petición de Matael Yo pregunté a los demás: «¿También para todos vosotros esta historia es igual de incomprensible?».

2. Todos respondieron afirmativamente, pidiendo su revelación.

3. Entonces dije a todos: «Sin duda habéis leído la historia de los hijos de la serpiente, ¿y aun así pretendéis que para esta historia os falta la Luz necesaria? — Pues ved...

En esta Tierra hay minerales venenosos, plantas venenosas y también conocidos animales venenosos. Los minerales venenosos lo son en su totalidad, las plantas venenosas por la mayor parte, y los animales venenosos —en lo que se refiere a la totalidad de su ser— lo son por la menor parte.

Bueno, también habéis oído hablar de que las almas de los hombres de esta Tierra son una conglomeración de almas minerales, vegetales y animales. Esto es algo que ya os he explicado en varias ocasiones, sólo que entonces he hablado más bien en general que en detalles. Y hasta ahora tampoco os he mostrado casos especiales, pero este caso aquí es excepcional, por lo que quiero hacéroslo un poco más comprensible.

4. Vosotros conocéis el Orden justo y verdadero de Dios, pero también conocéis las excentricidades del mismo; podéis pensarlas, sentirlas y percibirlas. Si vosotros lo podéis, tanto más Dios lo puede. Consta que Él conoce su Orden mejor que nadie y, además, sabe muy bien de todas las posibles y diferentes transgresiones de este Orden; de modo que también debe ser capaz de pensarlas y sentirlas profundamente.

5. Como sabéis, en las criaturas que deben y quieren ser libres e independientes —sobre todo en el caso de los ángeles y los hombres de esta Tierra— Dios debe incluso poner el estímulo para oponer resistencia contra su Orden, para que de esta manera se realice una verdadera autodeterminación basada en el libre albedrío para los mencionados.

De eso se deduce claramente que Dios debe estar al corriente de cualquier resistencia extrema contra el Orden, tanto como al buen Orden verdadero y vivo mismo.

6. Tanto en Dios como en el hombre, entre los pensamientos y sentimientos reglamentarios los pensamientos y sentimientos contrarios al orden corresponden a los minerales venenosos, a las plantas venenosas y a los animales venenosos.

Pero como todos pensamientos y sentimientos que existen en Dios son imperecederos, ahí permanecen en la esfera de la formación primaria de partículas de inteligencia, donde se manifiestan en forma de lenguas fogosas. Allí, por ser afines entre ellos, estos pensamientos y sentimientos pueden agarrarse; y en su ámbito negativo pueden formar su propia especie de seres.

7. De esta fuente primaria, en el fondo, originó toda la Creación material que se encuentra en el juicio.

Pero como la Creación material no está solamente designada para servir a las criaturas espirituales de veneno nocivo que pone su vida a prueba sino que, aplicada en medida justa, también sirva de bálsamo vital curativo, para este fin está concebido un orden que los pensamientos sustanciales primarios demasiado contrarios al orden estén diferenciados de los menos contrarios y que formen la venenosa cadena de seres ya mencionada de los tres reinos de la naturaleza visible, exterior y más material.

8. Primero los venenos se encuentran en la materia de los minerales, que es la más gruesa. Luego, ya algo más flojos, se encuentran en el reino de las plantas apropiado.

Y luego, debilitados a un mínimo, los venenos se encuentran en ciertos animales primitivos en los que se vuelven peligrosos para la vida exterior positiva, y en ciertas circunstancias incluso pueden herir mucho la verdadera vida interior completamente positiva — aunque no la puedan realmente echar a perder.

9. Bueno, las potencias específicas anímicas de estos seres venenosos con su capacidad de inteligencia al fin se agarran y, finalmente, adoptan una forma —siempre femenina— cuya naturaleza no deja de incubar un complemento realmente venenoso. Almas como estas, mediante el acto de procreación realizado en cualquier parte, finalmente llegan al camino de la carne».

Capítulo 159. La naturaleza venenosa de las dos mujeres fallecidas

1. (El Señor:) «Tal alma, una vez encarnada, pone su veneno en la carne y la sangre de su propio cuerpo, cuya salud física por eso ni siquiera se encuentra comprometida en la esfera de su vida; pues el cuerpo, desde siempre, ya está concebido conformemente.

2. Aun así, para un hombre originado en el orden positivo siempre es arriesgado acercarse demasiado a tal persona; aunque tal acercamiento no dañe directamente a su alma, pero sí, tiene un efecto nocivo para su cuerpo no preparado para tolerar tal veneno. Y con esto ya hemos llegado a nuestra viuda...

3. Su alma que por lo demás es buena y también ha entrado en un buen orden, ha depositado su elemento primario venenoso en el bazo y en el hígado de su cuerpo físico, donde se mantiene inactivo e inofensivo mientras el alma no esté excitada exasperadamente por lo que fuera.

Pero una vez que tal persona realmente venenosa esté irritada, para todo ser humano masculino ha llegado la hora en que debe retirarse a toda prisa de su esfera venenosa.

4. Pues este veneno inherente al cuerpo de la persona venenosa es del tipo nervioso—etéreo, con lo que también penetra en su esfera de vida exterior.

Cualquier hombre que por la inhalación de este veneno o por una estancia prolongada en el ambiente cargado de tal éter venenoso le permite entrar en contacto con su propio éter nervioso, su vida física está definitivamente perdida — a no ser que se le aplique el antídoto.

5. Bueno, este antídoto tendría que ser el caldo mencionado — eso mientras los nervios aún no estén demasiado irritados y afectados. Pero al mismo tiempo habría que ahogar esos animales en un gran recipiente lleno de aceite de olivas; y luego, tras haber bebido aquel caldo, también haber frotado esmeradamente todo el cuerpo con el óleo de las serpientes.

Sólo así se habría podido lograr una curación completa; y eso porque el veneno que ya se había infiltrado en los nervios tendría que retirarse de ellos, juntándose con su elemento primario que o se encuentra en el caldo en el estómago o en aquel óleo; con lo que ya no puede repercutir en los nervios ni dañarlos.

6. Cuando la viuda te llamó por primera vez —a ti y a tu padre— ella estaba padeciendo a causa de su propio veneno que el médico griego había irritado demasiado violentamente. Ya desde entonces ella habría podido morir por eso; pues raras veces estas personas venenosas mueren de otra enfermedad que de su propio veneno.

7. El vaho azul que a ti te resultó visible —en el que flotaban varios animales que no te daban ninguna gracia— era tal derrame de éter nocivo. Y tan sólo por los habitantes que llevaba, ya quedaba claro de qué clase de espíritu era el contenido del derrame.

8. Cuando tu padre mediante su prudente elocuencia suavizaba considerablemente el miedo que excitaba sobremanera el fuero interior de la viuda, el éter malicioso se retiró tranquilizado en el bazo y en el hígado; lo que excedía se quedó en la bilis del estómago, donde dentro de cuatro días fue absorbido completamente por el caldo y defecado por la vía natural. De modo que así la viuda quedó curada completamente.

La voz que te indicó el remedio era la de un espíritu de guarda de la viuda.

9. Sin embargo, cuando tú y tu padre fuisteis llamados por segunda vez para acudir a la viuda, esta había tenido un gran disgusto a causa de su hija sordomuda, la que a pesar de su sordomudez empezó a enamorarse seriamente en un hombre algo libertino.

Eso era el motivo por el que no sólo el veneno de la viuda sino también él de su hija —que era de la misma índole— fue irritado extremadamente; es como si mil serpientes de las más venenosas hubieran mordido a las dos en todos sus nervios vitales. y desde este momento ya se podía olvidarse de una curación corporal — salvo si hubiera sido por intervención de mi Omnipotencia.

A causa de su gran irritación, las almas de ambas mujeres casi se disolvieron del todo, es decir, se disolvieron en sus elementos primarios, con lo que ocuparon necesariamente un espacio mucho mayor, de modo que se extendieron hasta por encima de la casa en la que se encontraban las dos moribundas.

10. Cuando el desprendimiento total de las almas de su cuerpo se hubo realizado, y cuando los elementos primarios en la enorme esfera de vaho vital tras su apaciguamiento empezaron a volverse conscientes de que se pertenecían mutuamente, entonces pronto las dos esferas entremezcladas volvieron a separarse. de manera que la mayor se quedó con los elementos primarios vitales de la viuda, y la menor con aquellos de la hija.

Ya más tranquilizados, estos elementos primarios se reconocían cada vez más, de modo que se agarraron y en seguida podías ver en las esferas una especie animal superior.

11. Cuando en el interior de la esfera de vaho vital empezó a restablecerse la calma, las criaturas anímicas de las que se habían compuesto las almas, de nuevo volvieron a reconocerse más íntimamente, y se transmutaron en dos águilas hembras.

Pronto viste una bandada de urracas que intranquilizó las esferas. Se trataba de los espíritus de la vida exterior que también tenían que unirse con las almas correspondientes. Cuando esto sucedió de la manera como tú lo has visto, aparecieron dos vacas.

Estas ya eran más afines a la forma humana, pero todavía faltaba algo elemental primario.

12. Aquellas dos almas humanas —que habían sido maridos de la viuda— se dieron cuenta de esta insuficiencia y la arreglaron de la manera debida.

Acto seguido una nueva vida entra en esta especie de vacas. Todo empieza a entremezclarse y finalmente se establece un nuevo orden orgánico, con el resultado que pronto salen dos figuras humanas perfectamente constituidas.

Las almas de los hombres presentes las acogen con amor — un amor que a la vez es la materia prima para una ropa adecuada. De esta manera las almas antes tan descompuestas se transforman para siempre en figuras completamente humanas, dotadas de los conocimientos necesarios, lo que se manifiesta claramente por su partida hacia la tarde.

13. Las palabras de gratitud que entendiste al final, llegaron del mismo espíritu de guarda que, casi dos años antes, te había indicado el justo remedio para la curación de esta enfermedad.

Pero este espíritu también estaba consciente de la gran dificultad que suponía el transformar un orden contrario en uno verdadero y celestial; porque también con poco veneno es posible convertir una gran cantidad de bálsamo en veneno, pero con poco bálsamo y mucho veneno es prácticamente imposiblemente preparar un bálsamo curativo.

Únicamente para Dios todo es posible. Es por eso que al final el espíritu de guarda pronunció aquellas palabras de gratitud a Dios, el Señor.

14. ¿Lo habéis comprendido todos? El que todavía tenga algunas dudas, ¡que pregunte y recibirá más Luz!».

Capítulo 160. El reparo de Cirenio sobre el orden del desarrollo terrenal de las almas

1. Dijo Cirenio: «Oh Señor, el único que es justo y sabio. En lo que se refiere a este relato, lo comprendo todo muy bien; pues veo esta estructura artística verdaderamente divina que, en su proceso de evolución natural, sale de Ti. Pues veo tu eterno Orden y también veo que sólo dentro de tal orden te resulta posible realizar todas las cosas. Pero hay algo que todavía me queda bastante oscuro y puedo mirármelo como quiera, no obtengo más claridad.

2. Es que todavía no comprendo por qué nuestra alma —antes de adoptar una forma humana con sus plenas facultades mentales— tiene que pasar por un estado en que está dividida en mil veces mil plantas y otras tantas veces en animales, e incluso en minerales.

De modo que antes de volverse un alma humana perfecta, mediante rayos y lluvias torrenciales tiene que ser erosionada de las rocas, ¡y quién sabe de qué más!

Y más tarde esta historia de trasmigración y de recogida de partículas anímicas continúa de manera aburrida por todos los reinos de las plantas y de los animales y, finalmente, el alma aún tiene el honor de que para su transformación en un alma humana bien fuerte aun haya que sacrificar por lo menos veinte bueyes y unos cien ovejas, corderos y asnos. ¡Eso es lo que los romanos llamamos una “doctrina dura”!

3. ¿No sería posible a Dios el crear al instante una perfecta alma humana y luego vestirla de carne y sangre? ¿Para qué sirve este proceso tan aburrido?

¡Miremos a nuestro Rafael! ¿Qué le falta todavía para una vida perfecta? Nosotros, las almas penosamente recogidas, ¿qué somos en comparación con él? ¿Acaso en su meñique no posee más poder y sabiduría que nosotros en todo nuestro cuerpo compuesto de legiones de elementos? No quisiera presenciar la pérdida de mil legiones de los guerreros más experimentados y acreditados, ¡porque él los aniquilaría en un abrir y cerrar los ojos!

¡Eso es lo que yo llamaría una perfección de la vida! Si puedes concederla a él, ¿por qué no a un alma humana? ¿O es que su espíritu también tenía que pasar una trasmigración tan interminable, como alma, por quién sabe cuántas etapas incontables? En eso, Señor, me encuentro todavía en la noche. ¡Dame una Luz justa y, en adelante, ya no te molestaré con preguntas tan estúpidas!

4. Verdad es que vuestro Moisés dice: “Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida; y fue así el hombre alma viva”. A decir la verdad, según estas palabras sumamente obscuras —si puede tomárselas así como están escitas a pie de la letra— en calidad de Dios ya le habías soplado un alma perfecta por sus ollares, con lo que todo el hombre habría debido ser un alma perfecta según tu imagen. Pero lo uno carece de Luz como lo otro. Por eso te ruego que nos enciendas a todos una pequeña Luz en la medida conveniente».

5. «Bueno, mi querido amigo Cirenio, no es culpa Mía, si tu memoria de vez en cuando empieza a abandonarte», le respondí. «Pues lo que tú ahora quieres saber ya os lo he explicado detalladamente. Sólo es que tú lo has olvidado; pero voy a despertarte un poco tu memoria, y luego todo te quedará claro».

6. «Pues sí, Señor, por supuesto, ¡siempre tienes razón!», dijo Cirenio. «Ahora ya me acuerdo. Fue en este mismo monte cuando durante la noche todo nos ha sido explicado detalladamente, cuando todos nosotros por la luz mágica de la esfera luminosa hemos visto la creación de todas las cosas, e incluso la salida de tus Pensamientos e Ideas, su infinita multitud, y hasta nuestros propios pensamientos hemos visto flotando delante de nosotros en forma de las lenguas fogosas.

¡Sí, sí, no es que sólo lo hemos oído sino también lo hemos visto claramente!».

Capítulo 161. Cirenio critica el Génesis de Moisés

1. (Cirenio:) «A pesar de todo aún no puedo familiarizarme con los libros de Moisés. Deben de contener cosas extraordinariamente grandes y verdaderas; pero ¿quién salvo Tú, Señor, comprende lo que él escribió?

2. Sobre todo su Génesis es incomprensible. Una vez dice: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y todas las bestias de la Tierra, y sobre cuantas sabandijas que anden arrastrándose sobre la tierra”.

Y creó Dios al hombre a imagen suya, a varón y hembra. Y Dios los bendijo y les dijo:

“Procread y multiplicaos, llenad la Tierra y sometéosla. Y dominad los peces del mar, las aves del cielo y los ganados — y sobre todo cuanto vive y se mueva sobre la tierra”.

Y dijo Dios: “He aquí que os he dado mucha hierba que da simiente, y muchos árboles en que hay fruto que da simiente, para que todos os sirvan de alimento. Y a toda bestia de la tierra, a todas las aves de los cielos, y a toda clase de sabandijas que viven sobre la tierra, que les sirva mucha clase de verdura para comer”.

Y así fue. Y vio Dios que todo lo que había hecho estaba bueno. Y con la tarde y la mañana se hizo el sexto día...

3. Se debería pensar que con este texto la historia de la Creación iba a terminar; pero no es así, ni mucho menos.

Un poco más tarde, después de que Dios, el Señor, había observado que su Creación era buena, Moisés volvió a que Dios iba a formar al primer hombre —sirviéndose de barro o de un bulto de tierra— e insuflarle por la nariz un alma, con lo que el hombre estaría terminado completamente; sólo parece que Dios se había olvidado que el hombre—varón también precisaría de una mujer.

4. Verdad es que antes en el texto constaba: “Y creó Dios al hombre; varón y hembra”. Aquí, sin embargo, durante mucho tiempo Moisés dejó a Adán solo, y sólo después Dios hizo que cayera en un sueño profundo para crear de su costilla la primera mujer.

Bueno. el que pueda combinar esto con sentido y razón, evidentemente comprende más que yo.

5. Según el primer pasaje Dios invitó inmediatamente a Adán y a Eva a dominar toda la Tierra y toda la criatura que haya en ella. Y en seguida Él los bendijo, pues así es como el texto reza: “Y Dios los bendijo”.

De modo que antes ya Él debe haber bendecido la Tierra y toda su criatura; porque también está escrito que Dios mismo vio que todo lo que El había creado era bueno. No obstante, lo que Dios mismo vio como bueno, ya debe haber sido altamente bendecido por la altísima complacencia de Dios.

6. De modo que aparece en el texto anterior que toda la Tierra y la primera pareja humana estaban bendecidas altamente.

Pero el texto posterior todo recibe otro aspecto: Evidentemente la Tierra no tiene más que un solo huerto habitable, aunque fuera bastante grande; porque en su centro nacen al mismo tiempo cuatro de los ríos más caudalosos de Asia.

Allí Dios creó al primer hombre de barro, solo, y después le sopló un alma viva por la nariz. Y Adán vio y puso nombres a los árboles y a las hierbas, a los peces en la mar, a las aves bajo el cielo y a todo animal en la Tierra.

7. Los insectos, moscas, abejas, avispas, avispones, mariposas y todavía una gran multitud de habitantes pequeños del aire —los que no se puede llamar sabandijas— Moisés evidentemente los ha olvidado a mencionar. tanto como todos los habitantes innumerables de la mar — salvo los peces. Pues, refiriéndose al aire y al cielo, sólo habla de las aves, y refiriéndose a la mar sólo habla de los peces. ¡Eso también es un poco extraño!

8. Pero eso todavía puede tener paso; pues bajo el término de “aves” todavía puede entenderse todo lo que habita el aire, y bajo el término de “peces” todos los animales que viven en el agua. Pero no quisiera afirmar que Moisés a los términos que utilizaba les había dado un sentido tan amplio como para que se pudiera comprender todo correctamente...

9. Sea como fuere, eso aún se podría aceptar. Pero los primeros pasajes rezan que el sexto día de la Creación inmediatamente después de la exclamación: “¡Hagamos al hombre a la imagen de Dios!”, Él crea a un hombre y una mujer.

Sin embargo, según el texto posterior, al varón ya le había formado mucho antes, de barro; y sólo mucho más tarde crea a la hembra de la costilla del varón. Además, toda la Tierra aparece mucho menos bendecida, y ni hablar de la bendición de esta primera pareja humana.

De lo contrario, les prohíbe comer la fruta de un cierto árbol bajo la pena de muerte y de maldición de la Tierra. Y más tarde reza que, después de haber infringido esta ley, esta Tierra realmente fue maldita: que en adelante sólo iba a producir cardos y espinos, que iba a morir, y que tendría que ganar el pan con el sudor de su frente.

¡Y ni rastro de la bendición que Moisés menciona en su texto anterior, ni tampoco nada de una suma satisfacción de las obras realizadas de Dios!

Amigo mío, sumamente divino, ¡eso también es una “doctrina dura”!, y ni con la mejor voluntad uno puede aclararse con ella.

10. Francamente dicho: Tengo una fe férrea en Ti, Señor, y en tus enseñanzas. ¡Pero que no me vengan con el Moisés tan enmarañado! Si te es posible darme una Luz clara sobre este asunto, me parece muy bien; pero caso que esto de momento no fuera conforme a tu Orden, creo que perdería poco o nada.

Todos nosotros hemos recibido de Ti una Luz perfecta, por lo que fácilmente podemos prescindir de la penumbra de Luz de Moisés. ¿Qué nos sirve una doctrina que no podemos entender en su Verdad original? ¡Más vale una palabra instructiva y razonable que diez mil palabras que nadie comprende!».

Capítulo 162. La creación de Adán y Eva

1. «Medida con la norma de la inteligencia mundana», le dije, «tu observación sobre Moisés ni está tan mal; pero juzgado con el discernimiento del espíritu, Moisés es totalmente distinto a lo que te parece según el texto.

Por lo demás, lo que se refiere al texto, la versión anterior no es ni tan diferente de la posterior como tú opinas; pues la segunda versión constituye más bien un comentario detallado respecto a la primera — un comentario que en realidad corresponde más bien a la manera espiritual como se realizó la creación del hombre.

2. Cómo se debe entender la formación natural de los seres, esto ya os lo he mostrado esta noche en la medida en que por el momento os conviene saber. Y Matael, muy familiarizado con la ciencia de las correspondencias, hace un día también os ha informado cómo hay que interpretar y entender las escrituras de Moisés; de modo que otra vez debo hacer la observación, mi amigo Cirenio, que tienes una memoria realmente muy corta.

Aunque antes ya haya reanimado tu memoria, de modo que ahora, con una voluntad firme, puedes moverte en ella un poco más libremente, pero por tus dudas acerca de la creación del hombre según el Génesis de Moisés todavía voy a añadir algunas correcciones para que tú y algunos otros aún podáis deducir cómo es la realidad.

3. Ved, todo lo que Moisés dice y realmente quiere decir con el Génesis se refiere ante todo sólo a la educación y a la formación espiritual de los primeros hombres en general, y sólo en analogía también a la primera pareja humana.

4. Además, en lo que se refiere a su cuerpo físico, Adán fue creado y formado de las partículas etéreas de la arcilla más fina, y eso por mi Voluntad y según el Orden establecido, tal como ahora acabo de mostrároslo.

Y una vez que —lleno de experiencia— por mi Voluntad había adquirido aquella fuerza tras la cual alrededor suyo debía formarse una esfera de vida exterior muy intensa. y cuando fatigado de trabajar y de viajar una vez cayó en un sueño profundo, ya había llegado el momento de colocar en su esfera de vida exterior un alma escogida y combinada de todas las ramas de la naturaleza, como ya lo habéis visto.

5. Tal alma que se encontraba en la esfera de vida exterior comenzó inmediatamente a formar un cuerpo que le correspondía —y eso a base de estos elementos vitales exteriores de Adán a los que el alma tenía mucho cariño—, un cuerpo a base del vaho exterior vital abundante de Adán, tal como aun hoy día acostumbran almas de difuntos cuando quieren aparecer a los hombres durante algunos momentos.

Y, conforme mi Voluntad y Orden, en tres días esta alma había terminado su cuerpo.

6. Cuando Adán se despertó, lleno de asombro y de alegría vio delante de sí su viva imagen que le prestaba gran atención porque se originó de su propia naturaleza.

7. Empezó a sentir en la región de su corazón una sensación extraña, algo que le apretaba, algo agradable — y aun así a veces experimentaba un vacío dentro de sí: Fue el comienzo del amor sexual, y ya no podía separarse de esta viva imagen suya que le encantaba sobremanera. A donde él se dirigía, la mujer le seguía, y si la mujer se dirigía a cualquier otra parte, no podía dejarla sola.

Sintió la importancia de la mujer y su amor, de modo que en un momento de clarividencia dijo: “Nosotros, yo un varón y tú una mujer nacida de mis costillas, conforme al Plan de Dios somos una carne y un cuerpo. ¡Tú eres la parte más encantadora de mi vida y siempre seguirás siéndolo. pues el hombre se olvidará de su seriedad de varón y de su preocupación, y se apegará a su mujer!”.

8. Donde la historia de la Creación dice que Dios cubrió con carne la parte de Adán de donde cogió la costilla, espero que ninguno de vosotros sea tan necio para imaginarse que Dios realmente hirió a Adán para quitarle una costilla tan pequeña y para formar con ella el cuerpo de una mujer ya bien hecha... Además, las costillas tienen que servir de escudo exterior para proteger las delicadas vísceras.

9. Si David habla de: “Dios, nuestro castillo sólido y escudo fuerte.”, ¿por eso, acaso, Dios debería ser una auténtica fortaleza hecha de piedras o un auténtico escudo de bronce irrompible?

10. ¡Lo mismo pasa con la costilla como materia prima para Eva! La costilla no es sino un símbolo para una cosa — y esta cosa es la poderosa vida de amor interno de Adán.

En primer lugar, Moisés nombró la costilla en la Escritura por ser un protector de esta vida física, con lo que también la presenta como tal. Y más en adelante, en segundo lugar, porque una mujer buena, amorosa y fiel también puede ser considerada como protección y escudo de la vida del hombre; con lo que para él figura bien como una costilla.

Y por último, porque el éter vital de la esfera exterior constituye una protección poderosa para la vida íntima natural del alma, sin la cual el hombre no podría vivir ni un solo momento.

11. De modo que Eva —en lo que se refiere a su cuerpo delicado— surgió de la abundancia del éter vital de la esfera exterior de Adán.

Y como este éter vital se desprende de la región de las costillas y de la cavidad torácica para luego envolver al hombre hasta bastante lejos, también un Moisés que se entendía muy bien en el lenguaje simbólico podía perfectamente hacer nacer a Eva de una costilla de Adán y documentar que Dios cerró la herida de Adán con la carne de su compañera.

Pues, Eva fue precisamente la encarnación del éter vital de la esfera exterior de Adán — carne con la que Dios sustituyó la pérdida del éter vital exterior de Adán, cubriéndole la parte herida con la carne agradable de Eva que, para ser preciso, también era carne de Adán».

Capítulo 163. El cuádruple sentido del Génesis de Moisés

1. (El Señor:) «Ved, ¡así es como hay que leer a Moisés y a entenderle en lo que se refiere a la parte natural de la comprensión!

Por supuesto, todavía existe una comprensión más profunda, íntima y puramente espiritual, conforme a la cual bajo la historia de la Creación sobre todo hay que entender el proceso de la formación de los seres humanos: que no haya para ellos más que ellos mismos y Dios, y que le amen.

En esta esfera Dios trata con Adán, espiritualmente, y le enseña, le da leyes, le castiga cada vez que cae en falta y vuelve a bendecirle, si es que Adán —o sea la primera humanidad de esta Tierra— en realidad reconoce a Dios, le ama y vive dentro de su Orden.

2. Aunque todo eso no se produjo mucho en el sentido natural, en la materia, tanto más se produjo en el sentido espiritual — manifestándose en seres humanos todavía muy puros, incorruptos y sumamente sencillos, como si se tratara de algo natural.

Por eso se puede leer Moisés de cuatro maneras y siempre entenderle bien y claramente.

3. Primero: en el sentido puramente natural... En este se reconoce la muy necesaria evolución tras ciertos períodos, conforme al Orden eternamente invariable de Dios. De ello todos los sabios en ciencias naturales pueden colmar su intelecto para sacar sus conclusiones siempre algo tibias; pues pueden averiguar muchas cosas, sin nunca llegar a cualquier fundamento fuerte y sólido.

4. Segundo: una combinación de lo natural y de lo espiritual... Esta esfera también muy acertada es la mejor para los hombres que aspiran por la complacencia de Dios, porque en este caso lo natural y lo espiritual —como si anduvieran mano a mano—se vuelven perfectamente comprensibles y manifiestos. (Nota bene: De esta manera fue relevada la obra "El Gobierno de Dios").

5. Tercero: puramente espiritual... Esta alternativa no considera en absoluto los sucesos naturales ni los cambios temporales a los que estos están sujetos. Ahí se trata únicamente de la formación espiritual de los hombres, la que Moisés ha presentado excelentemente en las correspondientes imágenes naturales. De esto deben ser conscientes todos los sabios que están al servicio de Dios. todos aquellos a los que está confiada la formación interior —o sea espiritual— de los hombres.

6. Y, por fin, cuarto: puramente celestial... donde el Señor es todo en todo, y todo se refiere a Él.

¿Cómo se debe entender esto? Esto no lo podréis asimilar antes de que tras el renacimiento completo de vuestro espíritu os hayáis vuelto uno solo Conmigo, tal como también Yo soy Uno con el Padre en el Cielo — con la diferencia que todos vosotros seréis uno Conmigo manteniendo una personalidad individual, mientras Yo y el Padre —El que es mi Amor— siendo Uno solo, mantenemos eternamente la misma Personalidad.

7. Ahora, mi querido amigo Cirenio, espero que tu opinión sobre Moisés será mejor. ¿O acaso piensas todavía que Moisés —parecido a un ciego— no sabía lo que escribió?».

8. Dijo Cirenio completamente contrito: «Señor, déjame que en toda mi vergüenza me quede quieto y mudo, porque ya reconozco el gran disparate que he soltado. De ahora en adelante sólo quiero oír y ya no hablar ni una sola palabra».

9. En este momento Cornelio se acercó y me dijo: «Señor, ahora, antes de que el Sol haya salido completamente, ¡permíteme también a mí que hable alguna palabra o, más bien, haga una observación que no dejara de tener cierta importancia!».

10. «¡Adelante, porque lo que te abruma tiene que salir!», le respondí.

11. Y Cornelio continuó: «Seguro que con la escritura de Moisés será así como Tú nos lo has explicado tan claramente, y nosotros los hombres, tras las reflexiones adecuadas, tal vez podremos sacar de la escritura su primero, segundo y tercer sentido; pues deben existir correspondencias entre todo lo espiritual y lo material.

¿Pero quién, salvo Tú, tiene la clave necesaria para entenderlo?

12. Comprendemos bien todo lo que acabas de explicarnos. Pero, si no me equivoco, Moisés escribió cinco libros. Suponiendo que estos deben tener más o menos el mismo estilo y contener el mismo espíritu, ¿quién sabrá leerlos y entenderlos?

¿Sería posible darnos una instrucción general para entenderlos? Pues lo que se refiere a mí, desde ahora en adelante, en la mayoría de mi tiempo voy a dedicarme a la escritura santa de los judíos; pues he podido conseguir un ejemplar fidedigno del Templo; pero también me gustaría entender lo que leo.

13. Domino perfectamente la lengua hebraica y entiendo la escritura según el texto, pero ¿que me sirven la voz de las palabras y su sentido material, si no sé penetrar en el sentido espiritual de la misma?

Tal vez, Señor, sería posible darnos para ellos una instrucción general para que sepamos entender lo que leemos».

Capítulo 164. La clave para comprender las escrituras espirituales

1. «Mi amigo Cornelio», le dije, «para eso, en la esfera del mundo exterior, no hay regla ni instrucción global; lo único que puede ayudarte para comprender el espíritu de la Escritura es tu propio espíritu, renacido de Mí y de mi Doctrina. Mientras aún no estés renacido en el espíritu no hay regla que te podría servir. Pero una vez que estés renacido, ya no necesitarás regla alguna, porque tu espíritu despertado hallará rápida y fácilmente a su semejante — y eso sin regla alguna.

2. Caso que al menos quieras comprender el sentido natural de la Escritura mejor que hasta ahora te resultaba posible, entonces tendrás que familiarizarte bien con la lengua de los ilirios, cuyas raíces tienen la mayor semejanza con la antigua lengua egipcia, la que es casi idéntica con la antigua lengua hebraica. Sin estos conocimientos lingüísticos nunca serás capaz de leer correctamente las escrituras de Moisés y por eso tampoco comprenderlas correctamente según el texto literal.

Pero si ni siquiera comprendes las imágenes materiales presentadas en las Escrituras, ¿qué te pasaría con la comprensión espiritual ocultada en ellas, aun con miles de reglas e instrucciones?

3. La lengua hebraica actual se ha vuelto completamente diferente en comparación con la lengua que hablaron Abraham, Noé y Adán. Por eso, con tu fe y con tu amor, ¡queda en Mí!, y recibirás la comprensión correcta como suplemento, y eso dentro de poco tiempo.

Además, no vas a perder nada si lees frecuentemente en la Escritura, pues haciendo eso tu alma se mantendrá en la actividad de buscar y reflexionar. — ¿Estás satisfecho con esta respuesta?».

4. «¡Por supuesto, Señor y Maestro!», respondió Cornelio. «Una esperanza justa establecida en un fundamento seguro vale más que la posesión entera de lo que se ha esperado. De modo que ahora quiero alegrarme de todo lo que ya tengo de Ti. ¡Acepta las gracias más encarecidas de mi corazón!».

5. Cornelio, satisfecho, se alejó e inmediatamente se acercó el viejo Estahar, el antiguo superior de la sinagoga, y me dijo: «Señor y Maestro, las palabras, entendidas de tu boca, constituyen una Doctrina que nosotros ahora comprendemos; pero ¿la comprenderán también los demás si se la participamos?

¡Lo mucho que hemos experimentado, oído y visto, para que ahora hayamos sido capaces de comprender también esto! Pero los demás a quienes debemos también participarlo, los que aún no han experimentado, ni oído, ni visto nada parecido, ¿cómo lo comprenderán estos para su beneficio?».

6. «Pero amigo», le dije, «¿dónde tenías tus oídos cuando al principio dije —e incluso os di la orden— que no descubráis ni reveléis a nadie todo lo que ibais a oír y experimentar durante toda esta noche?

¡Que esto quede oculto ante todo el mundo! A aquel que verdaderamente renacerá en el espíritu, de todos modos todo le resultará manifiesto; pero el que persiste en las apariencias de su mundanismo, si supiese algo de ello, le resultaría en una absurdidad y una piedra de escándalo.

Por eso vale más que el mundo no se entere de esto. Pero para que vosotros podáis comprender los secretos del Reino de Dios, para vuestro propio fortalecimiento es necesario que lo sepáis. A cada cual lo suyo.

7. Lo que debéis enseñar en mi Nombre, por la mayor parte ya lo sabéis. Y todo lo demás que sepáis es una bendición para vosotros —los que más o menos sois elegidos para ser doctrinadores para el pueblo— para que vosotros mismos sin la menor duda creáis que únicamente Yo soy el Señor y Maestro desde la eternidad.

Porque una vez que tengáis la fe justa, fuerte e invariable, al manifestarles vuestra propia fuerza de fe, con facilidad también despertaréis una fe fuerte y viva en vuestros discípulos. Y para que seáis capaces de manifestar vuestra fe con todo su poder, hacía falta que antes vosotros mismos reconocierais que Yo había salido del Padre, para que vestido con vuestra carne os pudiera mostrar el camino de la Vida.

8. Suponiendo que esto ahora lo hayas comprendido, entonces también sabrás qué, a la hora a la que Yo os envíe, todos vosotros habréis de predicar a los pueblos: ¡Amad a Dios, vuestro Padre eterno, sobre todas las cosas, y a vuestro prójimo como a vosotros mismos! ¡Cumplid con los Mandamientos que Dios —mediante Moisés— dio a todos los hombres!

Con esto ya tenéis reunida mi Doctrina, la que tenéis que predicar a los pueblos.

¡Más no necesitáis!

9. Todo lo demás que llegáis a saber aquí es sólo para vosotros, como acabo de repetírtelo. ¡Espero que te ha quedado claro qué, en adelante, debes hacer y observar; con lo que ya puedes volver a tu sitio!».

Acto seguido Estahar se retiró.

10. Luego el rey Ouran se levantó y me preguntó: «¡Señor, Maestro y Dios! Tú sabes por qué emprendí mi gran viaje. También hallé lo que buscaba — un hallazgo que me hace sobremanera feliz. como a cualquiera que lo haya encontrado como yo.

Pero sin Doctrina nadie puede hallarlo. Por eso nos encontramos ante la cuestión, quién debe adoctrinar y enseñar, y qué se precisa para ser capaz de predicar y enseñar al pueblo. ¿Es conveniente que los instructores viajen como mensajeros de un lugar a otro y de un país a otro, o sería mejor preparar escuelas públicas, proveerlas de los instructores más capacitados y prescribir leyes que obligan a la humanidad que frecuente estas escuelas?

¡Señor, Maestro y Dios, te ruego que con suma benevolencia me des una instrucción; pues voy a hacer todo lo que Tú quieras que haga!».

Capítulo 165. Los verdaderos instructores del Evangelio

1. «Me gusta tu voluntad verdaderamente buena y seria», le respondí a Ouran, «pero también tu memoria se ha vuelto un poco corta, porque sobre eso ya te he dado instrucciones suficientes, a ti y en particular a Matael, tu yerno.

¡Reflexiona un poco y ya lo hallarás! Por lo demás es evidente que el que quiere guiar a un ciego debe necesariamente ver, si no quiere caer en un hoyo, junto con el ciego. Pues no puedes decir al hermano: “¡Ven, para que te quite la mota de tu ojo!”, mientras en tu propio ojo haya toda una viga.

2. De modo que un verdadero instructor debe estar exento de desperfectos que podrían estorbarle al cumplir con su misión, porque de lo contrario ningún instructor es mejor que cualquier alumno imperfecto.

Os muestro y explico tantas cosas nunca oídas porque quiero formaros en instructores. Por eso cada instructor perfecto antes tiene que ser enseñado de Dios, como también vosotros sois enseñados de Él.

El Padre en el Cielo debe enseñarle, porque de lo contrario no llegará a la Verdad en toda profundidad de la Luz. Pero el que no llega a esta profundidad y por eso no se vuelve mera Luz, ¿cómo iba a iluminar la noche de su prójimo?

3. Lo que debe iluminar la noche y transformarla en el día debe ser una luz de por sí, parecido a la del Sol que ahora está a punto de salir. Si el Sol fuese oscuro y negro como el carbón, ¿acaso transformaría la noche de la Tierra en el día más hermoso? Yo diría que entonces haría la noche aún más negra de lo que antes ya fue de por sí.

4. Por esta razón un instructor que no ha sido educado ni instruido de Dios es peor que uno que nunca fue instructor. Porque tal instructor parece a un saco lleno de semillas malas, del que se siembra toda clase de hierbas malas de superstición más negra en los surcos de la vida humana, ya de por naturaleza siempre y necesariamente de pobreza espiritual.

5. Si tú quieres que tus pueblos aprendan a leer, a escribir y a calcular, puedes servirte de instructores y maestros mundanos apropiados, en escuelas, y eso ya empezando con los niños.

Pero para el bien de los seres humanos, mi Evangelio sólo pueden y deben anunciar aquellos que, en toda plenitud, poseen precisamente aquellas características que antes ya definí claramente como necesarias para esta misión.

6. Pero para eso no hacen falta centros de enseñanza, sino un verdadero mensajero celestial debe ir de comunidad en comunidad, o de pueblo en pueblo, y debe pronunciar: “¡La paz sea con vosotros, porque el Reino de Dios ha llegado cerca de vosotros!”. Si aceptan al mensajero, este se quedará y predicará.

Si una comunidad no le acepta por ser demasiado apegada al mundo y al diablo, el mensajero saldrá de ella, pero no sin haber sacudido el polvo de sus pies, ¡porque tal comunidad ni siquiera es digna que un verdadero mensajero del Cielo continúe su camino llevando en sus pies el polvo de aquel lugar!

7. ¡Mi Doctrina no hay que imponerla a nadie!

Pero uno o varios miembros de una comunidad deben enterarse de las efusivamente grandes ventajas de mi Doctrina de los Cielos. Si los miembros la quieren oír, se la predicarán con palabras concisas y convincentes. Pero si no la quieren oír, o si muestren poco interés, el mensajero del Cielo seguirá su camino sin pérdida de tiempo, pues ¡nunca echéis vuestras perlas preciosas a los puercos!

8. Ahora sabes de qué manera ha de realizarse la divulgación de mi Doctrina.

¡Pero a partir de ahora ya no debes olvidar estas instrucciones!

Por lo demás te recomiendo que este encargo tan sumamente sagrado sólo lo confíes a Matael y a sus cuatro compañeros, porque estos saben exactamente lo que deben hacer y disponer referente a la divulgación de mi Doctrina. Ellos, en sus corazones, siempre dialogarán Conmigo, lo que es un requisito imprescindible para la difusión verdadera de esta Doctrina mía.

9. El que en mi Nombre enseña a sus hermanos —sean importantes o sencillos— no tiene que sacar de su propia fuente sino siempre y únicamente de la Mía. No le será preciso pensar: “En cuanto llegue, ¿qué voy a hablar ante este o aquel, para divulgar la Palabra del Señor?”, pues todo lo que habrá de hablar, en el momento oportuno le será puesto en el corazón y en la lengua.

10. Y a quien toque en suerte esta Gracia, ¡que no vacile en pronunciar estas palabras en alta voz — por miedo o timidez ante un gobierno poderoso, al que podría ofender o provocar! Porque quien teme al mundo más que a Mí, no será digno de Mí ni tampoco de mi menor Gracia, y por eso no vale para las funciones de mensajero del Cielo.

11. Verdad es que encontrarás menos dificultades en tu reino, donde eres un legislador y juez superior y tus pueblos te temen, porque conocen la inflexibilidad de tus juicios y sentencias.

Pero donde un doctrinador en calidad de mensajero celestial llega a un pueblo dominado de un gobernador duro, evidentemente ya precisa de más valor y ánimo que tú como rey respectado en tu país extenso.

12. Quien es o quiere ser un mensajero justo y verdadero del Cielo, que no lleve un bastón ni cualquier otra arma, ni tampoco un saco para meter cosas en él; porque Yo mismo ya le despertaré amigos que le darán lo que le hace falta en calidad de hombre carnal.

Y que un verdadero mensajero del Cielo —salvo durante el invierno o en las regiones frías del norte— no lleve más que una sola túnica, para que nadie pueda reprocharle que tiene demasiado y que, por eso, otro tiene demasiado poco. Caso que alguien le obsequie con otra segunda o también tercera túnica, que la acepte, porque encontrará ocasiones en abundancia, en las que tales regalos píos encontrarán una buena aplicación.

13. Ahora, Ouran, tienes todas las reglas que prescriben el procedimiento de los verdaderos instructores. Sólo voy a añadir lo siguiente: Cada verdadero mensajero celestial recibirá de Mí el don de curar a todos los enfermos — sólo por la imposición de las manos.

Si en una comunidad hay algunos enfermos, que los mensajeros justos los curen, porque este detalle despertará en ella un buen sentido, y sus miembros estarán más dispuestos a aceptar la nueva Doctrina de los Cielos que exclusivamente mediante un discurso elocuente.

14. De todos modos los hombres prefieren escuchar las palabras de un médico que las de un profeta, con lo más iluminado que fuera. Lo mismo que Yo hago debe hacer también un verdadero mensajero celestial, enviado por Mí a todos los países.

Sin embargo, antes de imponer las manos, el verdadero mensajero debe fijarse bien si una enfermedad está tan avanzada que el enfermo ya se encuentra más bien en el otro mundo que en éste. Si percibe que el alma del enfermo ya se encuentra fuera del cuerpo, entonces no debe imponer las manos sino orar en mi Nombre y bendecir el alma que está partiendo de este mundo.

Cada verdadero mensajero del Cielo verá en cada momento lo que debe hacer.

Ahora, Ouran, ¿estás bien orientado en todo lo que todavía deseabas saber?».

15. «Sí, Señor, Maestro y Dios, ¡el único verdadero!», respondió Ouran. «¡Recibe los agradecimientos más fervientes de mi corazón! Mis pueblos te elogiarán y glorificarán por haber concedido tanta Gracia no merecida a su rey anciano — una Gracia de la que también ellos disfrutarán. ¡Por eso, lleno de amor, te doy otra vez mis gracias más fervientes!».

Capítulo 166. La mañana magnífica

1. Después de este agradecimiento sentido con verdadero fervor y pronunciado con la mayor sinceridad, Ouran volvió a su sitio.

Exactamente en el mismo momento el Sol empezó a preparar su salida de una manera antes nunca visto, con tanto esplendor que casi nadie se atrevía a mirar hacia el horizonte. Mil ligeras nubecillas en color rojo claro esperaban temblando —como de profundo respeto— a la madre maravillosa del día.

2. Pasados algunos instantes, el gran Sol, bañado en la luz más clara del arco iris, empezó a elevarse sobre las montañas en la lejanía.

Esta vez su diámetro parecía ser diez veces mayor que de ordinario. Muchas de las personas presentes observaban grandes bandadas de aves que volaban en círculos más o menos altos en el oleaje animado del aire purísimo — un oleaje en los colores más intensivos que incluso al Sol salido prepararon un panorama precioso.

3. Por encima de la superficie extensa del mar, lisa como un espejo, había una neblina muy ligera que reflejaba maravillosamente los colores del arco iris del Sol.

Al mismo tiempo una multitud de grandes gaviotas blancas volaba ágilmente por encima de la superficie vasta del mar bañado en la luz brillante, y sus alas irradiaban una luz como si fuesen de diamantes y de rubíes.

4. Soplaba a la vez un aire matutino de un aroma tan agradable y fresco que Cirenio y muchos otros exclamaron en voz alta: «¡Nunca el ojo de un hombre mortal ha visto una mañana tan magnifica, y nunca un sentido humano ha percibido una frescura matinal tan estimulante!».

5. También Yara, la que durante toda la noche había permanecido callada y que estaba ocupada escuchando y observando, de repente lanzó un grito de encanto: «Oh, ¡esta es una mañana como la gozan los ángeles en el Cielo!

¡Qué belleza, qué gracia indescriptible! ¡Es una mañana que corresponde a la que en esta noche había salido en nuestros corazones, en plenitud exuberante! ¿No es verdad, Señor, mi único amor, que esta es una mañana celestial, llena de significado?».

6. «¡Sí, tienes razón, mi hijita más querida!», le respondí. «Porque cuando en el hombre todo se vuelve celestial, entonces también todo lo que le rodea se vuelve celestial.

Las mañanas se vuelven mañanas celestiales, los días, días celestiales y las tardes, verdaderas tardes celestiales; y la noche se vuelve un sosiego para los Cielos, pero eso sin oscuridad sino lleno de la Luz más magnífica para el alma pura del hombre que está unida con su espíritu.

¡Disfruta plenamente de la magnificencia fortificante de esta mañana con este aire tan aromático!».

7. La muchacha lloró lágrimas de alegría y se levantó de su sitio para estirar su cuerpo, disfrutando de este aire matinal tan aromático.

8. Luego vino también el anfitrión Marco. Como él estaba ocupado para preparar el desayuno, se había perdido el espectáculo de la salida del Sol.

Pero como el Sol todavía resplandecía abundantemente en la luz de los colores más claros del arco iris, me preguntó con gran asombro, qué significaba esta mañana tan fuera de serie; pues ya se ha vuelto un hombre viejo, había viajado mucho por los continentes de Europa, África y Asia, pero nunca había visto el Sol con una luz tan brillante. Por eso me pidió, que le informara sobre el significado de este fenómeno.

9. «Mira», le dije, «si el emperador de Roma viniese aquí, todos los pueblos sometidos a él le prepararían toda clase de fiestas imaginables, en parte por alegría que por una vez puedan ver a su emperador, pero en parte también por la esperanza que él, en el estado de buen humor, les concediera cierta gracia e indulgencia.

Ahora ve, ¡aquí en mi Persona ves también a un Autócrata — un Soberano sobre todos los Cielos y mundos!

10. Los habitantes de los Cielos, como nuestro Rafael, saben qué revelaciones sumamente importantes para la Vida os he hecho esta noche a vosotros, los hombres... y saben que encontrándome entre vosotros enseñándoos como Padre, os está permitido verme de cara en cara en este Personaje. La suma alegría y bienaventuranza que ahora experimentan, la manifiestan también mediante la actividad de los espíritus naturales de esta Tierra.

11. Pero no sólo en esta Tierra, sino en todos los mundos de la Creación infinita se celebra en esta época una fiesta correspondiente, y eso durante un lapso de siete horas. Durante este tiempo no muere criatura creada alguna en toda la Creación, ni tampoco se engendra alguna.

Pasadas estas siete horas, la fiesta terminará y todo reanudará su curso natural acostumbrado.

12. De modo que ya sabes el motivo de la magnificencia de esta mañana...

¡Pero ahora preocúpate que también el desayuno sea especialmente bueno; porque hoy también nosotros vamos a celebrar una fiesta particular!».

13. Marco en seguida se fue. Mientras tanto, todos los presentes unieron sus voces a la alegría de los Cielos, me glorificaron y me alabaron; y Yara más que nadie.

14. Después de que todos me habían elogiado y glorificado durante una hora, Marco volvió, invitándonos al desayuno que ya estaba preparado.

Pero muchos preferían permanecer todavía más tiempo en el monte.

15. Por eso les dije a todos: «Allí abajo donde nos esperan las mesas preparadas al aire libre perdura la misma mañana como aquí en el monte; además, gozaréis de ella en el corto camino hacia abajo, y una vez allí vais a gozar de ella el doble. ¡Nuestros cuerpos precisan una fortificación y por eso vamos a bajar a las mesas sin perder el tiempo!».

Capítulo 167. Sobre el ayuno y la alegría

1. A estas palabras mías, completamente naturales, uno de los treinta fariseos jóvenes observó: «Por fin, oímos también una vez una palabra natural de la boca de Aquel, en cuyo cuerpo habita el Espíritu supremo de Jehová en toda plenitud de su Sabiduría, Amor, Fuerza y Poder divinos.

Pero uno nunca puede ser seguro si en estas palabras no se esconde todavía un sentido profundo, espiritual. ¡Quien salvo Él mismo lo escudriñase, debería ser recompensado con un reino! — Ahí, por lo menos a mí, nunca me tocaría ser un rey».

2. «¡Esta observación ya era demasiado tonta para pensarla en todo silencio», le respondió uno de sus compañeros. «¡Pero ni hablar de pronunciarla en voz alta!

¿Cómo podría Este pronunciar algo sin un sentido interior profundamente espiritual? Aunque lo que dice nos parezca ordinario, siempre es y seguirá siendo una expresión del Espíritu supremo, con lo que no puede ser sino lleno de sentido espiritual más profundo. Consta que nosotros dos ni en toda la eternidad seremos capaces de averiguar la profundidad de esta frase expresada a la ligera; pero sí, siento claramente que en esta frase puede ser escondido un sentido infinito.

Por eso, en adelante, ¡guárdate de hacer semejantes observaciones tan estúpidas!».

3. Dijo el primero: «Con gusto confieso que de todos modos era estúpido de mi parte, pero mis palabras no eran mal intencionadas».

4. Dijo el segundo: «¿No habrá sido tu intención soltar un chiste?

Toda la noche los dos hemos oído, visto, sentido y presenciado tanta sabiduría sublime, ¡y de repente te permites a glosar!

Mira, como somos tan estúpidos, chiflados y cortos de alcance, el Señor nunca nos ha llamado como llamó al sublime Matael para contar algún acontecimiento maravilloso. ¡Menuda diferencia que hay entre nosotros dos y Matael!

En esta sociedad tan sumamente sublime Yo me siento como una nada. ¡Y tú aún tienes ganas de glosar!».

5. «Tienes mucha razón, hermano, de decirme las cuatro verdades. ¡No lo merezco mejor! Por eso voy a castigarme a mí mismo. Sabes, tengo muchas ganas de tomar el desayuno — ¡pero no lo voy a tomar! ¡Porque hasta la noche ni un solo mordisco va a pasar por mis labios!

Oh, ¡ya sé cómo castigar mi lengua demasiado suelta!». — Con eso este joven fariseo dio media vuelta para volver a ascender el monte.

6. Pero entonces su compañero le dijo: «Si tú ayunas, entonces es culpa mía por la reprimenda que te dirigí. Por eso voy a ayudarte en tus ayunos, pues así las aguantarás más fácilmente. Verdad es que has faltado, pero sin pérdida de tiempo te has arrepentido de tu falta; por eso mereces perdón y asistencia justa en tu buena acción de corregirte a ti mismo. ¡De modo que voy a ayunar junto contigo!».

7. «Esto no lo quiero», dijo el primero, «porque no es justo si el inocente sufre junto con el culpable — lo que, por desgracia, en el mundo sucede demasiado frecuentemente».

8. «Sé que dices la verdad; pero dime dónde ocurre frecuentemente que el inocente —como en mi caso— sufre voluntariamente junto con el culpable».

9. «Bueno, estos casos no se dan con tanta frecuencia. Pero tantos más casos hay en que los inocentes deben sufrir involuntariamente con los culpables.

Por ejemplo: Suponemos que un emperador, soberano de un reino extraordinariamente grande y sostenido por sus fuertes ejércitos, llega a ser insultado por un rey mucho menos poderoso que no tiene más que un reino muy pequeño.

El emperador podría vengarse en el rey mismo; pero en vez de esto invade el reino con sus ejércitos y lo devastará horriblemente. No tiene en consideración ni el ganado ni a los hombres; todo tiene que pasar a cuchillo, y pueblos, aldeas y ciudades serán destruidos por el fuego. ¡Cuántos inocentes tienen que sufrir en este caso a causa de un solo culpable! Bueno, creo que este ejemplo te bastará para que comprendas que también yo de vez en cuando tengo razón».

10. Mientras estos dos que se quedaron atrás en el monte intercambiaron sus opiniones, llegamos a las mesas y nos sentamos para tomar el desayuno, muy copioso y bien preparado.

Aparte de Mí nadie echó a estos dos fariseos jóvenes en falta — los que en realidad ya no eran “fariseos”. Por este motivo pedí al Marco que subiera al monte y los buscara en Nombre del Señor, para que también se presentaran al desayuno.

11. Marco subió rápidamente y les comunicó mi Voluntad. Los dos se levantaron enseguida y le siguieron.

12. Cuando llegaron abajo, Yo les dije a los dos:

«Simón y Gabi, ¡venid y sentaos a esta mesa, porque después de haber tomado el desayuno vamos a ver si en mi invitación natural —pronunciada en el monte referente al descenso para tomar el desayuno— realmente no se puede encontrar un sentido espiritual, interior!

Pero antes importa que comamos y bebamos, porque para su subsistencia temporal nuestro cuerpo precisa de alimento y fortalecimiento — parecido al alma que necesita crecer en el reconocimiento y en la fuerza de la voluntad.

13. Por eso, ¡comed y bebed, y eso de ayunar dejadlo para otra ocasión!

Mientras Yo me encuentre entre vosotros como un verdadero Padre de vuestro espíritu y un novio de vuestras almas, no debéis ayunar ni corporalmente, ni en vuestras almas; pero cuando ya no estaré entre vosotros como ahora, volveréis a tener la ocasión de ayunar en varios sentidos.

14. Ayunar con exceso y sin motivo es también una necedad. e incluso puede volverse un pecado como él de comer opíparamente con exageración.

De modo que quien quiere vivir en un verdadero orden, que sea moderado en todo; porque es inevitable que cada exceso con el tiempo tendrá sus consecuencias para el cuerpo, el alma y el espíritu. Pero ahora, ¡comed y bebed a pedir de la boca y sed de buenos ánimos!

15. Un corazón alegre y vivaz me resulta mucho más agradable que uno afligido, triste, lastimero, gruñón, quejumbroso e insatisfecho con todo; porque tal corazón es ingrato y egoísta, y seguramente alimenta poco amor — mientras en un corazón alegre viven el amor, la esperanza y la confianza perfecta.

Cuando una persona afligida llega a otra que es alegre, pronto sentirá alivio, su alma empezará a moverse más libremente y la Luz del espíritu puede más fácilmente penetrar en el alma tranquila, iluminándola — mientras que un alma triste se encoge y, finalmente, se vuelve sombría y malhumorada.

16. Todo eso os digo suponiendo que bajo “alegría” y “vivacidad” del corazón no entendáis una alegría desbordante, inmoral o bromista, ¡ni pensarlo!, sino una que llena los corazones de un matrimonio sano y honesto, o la que experimentan los hombres devotos a Dios tras haber hecho obras buenas que son del agrado de Dios.

¿Lo habéis bien entendido, todo?».

17. Todos lo afirmaron y se alegraron por mi alegría. Luego todos se sirvieron de la comida, sin vacilar, pues los preciosos pescados de suma calidad estaban muy bien preparados. También acudieron bien al vino.

Capítulo 168. El sermón del Simón sobre amonestaciones egoistitas

1. Después de media hora hubo mucha animación en nuestro gran grupo, y Simón empezó a dar rienda suelta a su vena humorística, sin duda llena de espíritu. Gabi, por el contrario, un hombre joven más bien serio de unos veinte años, le dio frecuentemente un codazo, para que no pase los límites de la prudencia.

2. Pero Simón le dijo: «En los tiempos de David, cuando este de alegría desbordante bailaba delante el arca, ¿acaso alguien le reprendió? Verdad es que su mujer, por avergonzada, le aconsejaba más moderación en su transporte de alegría.

Pero David no le hizo caso... Y mira, ¡tampoco yo voy a hacer caso a tus codazos de corrección, sino me volveré aún más alegre! Por eso, ¡deja de darme codazos, porque de lo contrario también te pellizcaré de mi manera!

3. ¡Mira allí donde está el Señor — porque únicamente Él es nuestro corrector!

Nosotros que somos pecadores, ¿para qué corregirnos mucho, mutuamente?

¡Porque en general, cada uno de nosotros, los hombres, corrige a su prójimo por mero amor egoísta! El tacaño amonesta a sus prójimos para que sean moderados, sobrios y ahorrativos en todo, y para eso no le faltan máximas morales. Pero, ¿por qué lo hace? Pues teme que alguien pudiera empobrecer, y que él por ser un hombre acomodado y adinerado luego tendría que ayudarle — aunque no sea por amor al prójimo sino para que no le consideren un sinvergüenza.

4. En este sentido, un hombre que no es capaz de andar rápidamente, sabrá explicar a sus compañeros el daño que puede causar el andar con mucha rapidez — como si él mismo fuera un médico... Otro hombre, poco amigo del calor excesivo, siempre cuando pueda hará resaltar la utilidad de la sombra.

Seguro que el bebedor de vino no recomendará a sus amigos que beban agua.

Un hombre joven o de edad ya más avanzada que con mucho gusto mira a cierta doncella, siempre la avisará del peligro de tener trato con otros hombres; y a los hombres mismos siempre sabrá advertirlos del peligro de relaciones imprudentes con el sexo femenino. ¿Acaso en tales avisos no se manifiesta un gran egoísmo?

5. Dicho francamente, hasta ahora siempre he hecho la observación que en las amonestaciones frecuentemente presenciadas siempre se manifiesta un poco de egoísmo por parte del amonestador. lo que este, al ensimismarse un poco, no puede negar.

Si hay algo que a él mismo no le gustaría que se lo hicieran, siempre advertirá a sus prójimos que, sobre todo, no hagan eso a nadie — y no le faltarán eslóganes de buena moral para subrayar sus amonestaciones.

6. Un hombre enamorado en una doncella, pronto la prevendrá lleno de amor pero a la vez seriamente contra otros hombres que podrían poner la mira en ella. ¿Por qué no previene las muchas otras doncellas contra la maldad de los otros hombres?

¡Porque ante las otras doncellas su amor propio no está en juego!

7. Consta que por los detalles de las distintas amonestaciones y censuras que los hombres se imparten mutuamente, incluso se puede descubrir exactamente los flacos de ellos mismos.

8. Por algo, en el monte, nuestro Maestro divino ha hecho la observación excelente y sumamente acertada para ciertos amonestadores no invitados, para que estos no dijeran precitadamente a su prójimo: “¡Ven, amigo, para que te saque la astilla de tu ojo!”, porque antes les correspondía asegurarse que no se hallaba toda una viga en sus propios ojos.

Y una vez que hayan sacado su propia viga aplicando todo su esfuerzo, ya tendrán un motivo bien fundado para preguntar a su hermano si le parecía bien si le sacasen la astillita de su ojo.

9. Mira, amigo Gabi, esto también es una moral... Pero, por supuesto, no quiero imponértela como tú lo intentas con tus codazos. ¡Aun así afirmo que debe haber poco de erróneo en mi exposición!

10. Acabo de hablar y ahora voy a continuar con mi pescado. Mientras tanto, amigo Gabi, puedes dar riendas sueltas a tu lengua de predicador. ¡Pero ahórrame la sabiduría salomónica, porque para esta los dos aún no somos suficientemente maduros!

En todo caso nosotros dos debemos estar alegres por el motivo que todavía vivimos concientemente; y referente a Salomón, ¡dejémosle en paz! ¡Que cante el cantar de los cantares el que quiera! Supongo que nuestras voces nunca alcanzaran esta altura en la querida madre Tierra».

11. A causa de las pullas de Simón, Gabi puso una cara de poco contento, pero no contestó nada por respeto ante Mí.

Capítulo 169. Simón critica el Cantar de los Cantares de Salomón

1. «¿Entonces tu compañero es un gran amigo de Salomón?», pregunté a Simón. «¿Qué es lo que comprende él de este Cantar de los Cantares? ¡Decidme hasta qué punto ya lo habéis comprendido!».

2. «¡Señor y Maestro del Cielo y de esta Tierra!», respondió Simón. «Si me está permitido hablar con toda franqueza, entonces lo haré con mucho gusto; pero si tengo que medir lo que digo, ¡no me saldrá ni una sola palabra!».

3. «¡Habla a pedir de tu lengua y como tú puedes hacerlo mejor», le respondí, «porque tu gracia y tu humor tienen una buena base!».

4. «Si es así», contestó Simón, «entonces ya sacaremos algo. Pero más allá de los límites de mi intelecto sumamente sencillo habrá poca cosa. Sin embargo, mi opinión no dejará de ser sana...

5. Señor y Maestro, nos preguntaste hasta qué punto habíamos penetrado en el sentido del Cantar de los Cantares... Oh, Elías, ¡ayúdame!, ¡porque aún no he penetrado en él en absoluto, pues todo el tiempo que hubiera empleado habría sido una pérdida!

Pero Gabi sabe de memoria todo el primero capítulo. Siempre se deja los cuernos en él, pero del sentido de este capítulo comprende tanto como yo del fondo del mar. Lo grotesco es que cuanto más se lee del primer capítulo de este Cantar, ¡menos se entiende! Y cuando uno por fin lo sabe de memoria, ¡entonces lo comprende aún menos que antes!».

6. Entonces le pregunté: «¿Sabes tú también de memoria el primer capítulo?».

7. Dijo Simón: «Este Gabi ya lo ha repetido y recitado de carrerilla tantas veces que, para mi disgusto y fastidio, también yo ya lo sé de memoria, ¡palabra por palabra! Pero te digo que es más entretenido hablar con los escitas que recitar el Cantar de los Cantares de Salomón.

¡Aquel que encuentra algo de real en este Cantar debe ser hijo de unos padres fuera de lo normal! ¡Yo lo tengo por un disparate! Tan bellos, verdaderos y edificantes que son sus proverbios y también sus prédicas, tan estúpido e insustancial es su Cantar de los Cantares. ¡El que en este Cantar ve más que una obra de un loco debe ser un enfermo mental!

8. Por ejemplo, ¿qué podrá decir: “¡Que él me bese con el beso de su boca, porque tu amor es más dulce que el vino!”?

Ahí, ¿quién es “él” y a quién se refiere “me”?

¡Luego el desconocido “él” debe besar al igualmente desconocido “me” con la propia boca del “él”!

¿Acaso este “él” también tiene bocas ajenas en su rostro?

Entonces, ¡qué ser más raro y extraño debe ser!

9. La segunda parte de este primer versículo evidentemente parece contener el motivo del deseo expresado en la primera parte del verso: pero en este caso el “él” figura en la segunda persona y no se puede estar completamente seguro si la expresión “tu amor” —definido como más dulce que el vino— se refiere al amor de ese “él”.

Ante el hecho que no se sabe quién es “él” ni a quién se refiere “me”, ¿de dónde se va a deducir, quién es aquel cuyo amor debe ser más dulce que el vino?

10. Además, ahí no se hace ningún cumplido favorable al amor cuando se dice que “el amor era más dulce que el vino”, mientras no se haya especificado antes que el vino era extraordinario; pues también hay vinos muy malos...

Y si el amor es simplemente mejor o más dulce que el vino, sin definición de su calidad, entonces en tal amor habrá gato encerrado. Puede ser que en esta palabrería se halle escondido algo especial, pero en este mundo ya no lo sacaré.

11. Para colmar los disparates que os estoy presentando aún voy a añadir el segundo versículo al primero, el que —si mi memoria no me engaña— reza como sigue:

“Que se huela tus buenos ungüentos; tu nombre es un ungüento derramado, por eso las doncellas te aman”.

A mi entender, el segundo verso cuadra con el primero como todo un edificio sobre un ojo. ¿Qué clase de ungüento es, y de quién es? ¿Quién debe oler este ungüento? ¿Cómo puede el nombre de alguien ser un ungüento derramado, y por qué a causa de ello debe ser amado por las doncellas? ¿Y de qué doncellas se trata?

12. Por eso, gran Salomón, ¡lárgate con tu excelsa sabiduría!

¡Una sola palabra de Ti, Señor, para mí tiene un valor mil veces mayor que toda esta suma sabiduría de Salomón!

¡Pero ahora vale ya! Señor, ¡y líbrame de recitar los demás versos, porque estos pasan ya de la raya!».

13. Dije Yo: «Muy bien, mi querido Simón. ¿No podrías recitarme también aquellas palabras de advertencia, las que Yo sobre el monte dirigí a aquellos que a causa de la mañana hermosa no querían descender del monte, y de cuyas palabras afirmaste que seguramente no podían contener un sentido interior espiritual? ¡Si todavía te acuerdes, repítamelas por favor!».

14. Dijo Simón con el rostro algo confuso: «Señor y Maestro, si mi memoria no me engaña, las pocas palabras eran las siguientes: “Allí abajo donde al aire libre nos esperan las mesas preparadas perdura la misma mañana como aquí en el monte; además, también gozaréis de ella durante el descenso, y una vez allí abajo disfrutaréis de ella el doble. Nuestros cuerpos precisan una fortificación y por eso vamos a bajar a las mesas sin perder el tiempo”.

Creo que esto es lo que dijiste, Señor».

15. «Bien, mi querido Simón», le dije. «Repetiste correctamente la frase, palabra por palabra. Pero ¿qué me dirás, si ahora te digo que esta frase de exhortación que Yo pronuncié, en el sentido espiritual dice absoluta y cumplidamente lo mismo que los dos versos del Cantar de los Cantares del Salomón que acabas de recitarme?

¿Puedes imaginarte de qué manera?».

16. Dijo Simón: «Antes de comprender esto, comprendería que mañana el gran mar se transformaría en las campiñas más fértiles.

Pues lo que habías hablado en el monte, Señor, era claro y definido, y todos nosotros comprendimos perfectamente lo que debíamos hacer en nuestro propio bien, a saber, bajar del monte y durante esta mañana más hermosa sentarnos de buenos ánimos a las mesas y fortalecer nuestros cuerpos con una comida matinal bien preparada. El que no lo haya comprendido así, debe ser más sordo que una tapia.

17. Pero, ¿quién podría comprender así de bien los dos versos del Cantar de los Cantares? ¡En el sentido natural, como ya he demostrado, estos son un desatino! Siendo así, ¿quién iba aún a buscar seriamente un sentido altamente espiritual y sabio en ellos? Esto me da la sensación como si de un estúpido más animal que hombre debería hacerme la idea de que es un Platón sabio.

Por lo demás, todo será posible, ¿por qué no esto? En fin, no hago más que manifestar lo que siento y experimento».

18. «Tanto mejor», le dije, «porque cuanto más imposibilidades encuentres ahora en ello, ¡tanto más maravillosa te resultará más tarde la aclaración! Pero también es sorprendente que tú y tus semejantes con los ojos y los oídos abiertos aún no veáis ni entendáis nada...

Pero ¡dejémoslo! Como estás tan al corriente con el Cantar de los Cantares, ¡añade a los dos versos aún el tercero, e inmediatamente seré capaz de resolver a toda tu satisfacción el enigma que para ti es tan insoluble!».

19. «¡Ay de mí!, ¡después de los dos primeros ahora aun el tercer verso!», exclamó Simón. «Por amor a Ti, Señor, ya haré todo con gusto, ¡todo lo que me pidas! ¡Pero te aseguro que faltará poco y esto me revolverá el estómago!

20. El tercer verso es aún más embrollado. Si mi memoria no me engaña, el famoso verso reza más o menos así: “Llévame en pos de ti, y andamos. El rey me lleva a su cámara. Nos gozamos y regocijamos en ti; nos acordamos más de tu amor que de tu vino. Los devotos te aman”.

21. ¡Ahí lo tienes! Quien pueda digerirlo, ¡que lo digiere! Si en el principio sólo rezara: “¡Llévame en pos de ti, y ando!”, pero reza que “¡andamos!”. ¿Quién es aquel que quiere ser llevado, y quiénes son más tarde los “nosotros”, los que andan?

22. “El rey me lleva a su cámara”. Pues, ¿qué rey?, ¿el eterno o cualquier temporal mundano? Por lo demás, esta frase es todavía una de las mejores...

23. “Nos gozamos y regocijamos en ti”. ¡Aquí sólo quisiera saber quiénes son “nosotros” y quién es aquel, de quien se alegran!

24. Además, aquellos desconocidos se acuerdan del amor del otro desconocido más que del vino, del que tampoco se menciona de qué calidad es.

25. Y ¿quién, por fin, es el totalmente desconocido “te”, al que los devotos aman? ¡Ay marañada de términos indefinidos!

26. ¡Qué criatura más pobre y miserable es el hombre de esta Tierra!

Al comenzar empieza con nada, vive con nada, y finalmente acaba con nada. Aunque durante el período algo mejor y más lúcido de su vida se imagine que comprende algo, lo más tarde cuando desafortunadamente da con el Cantar de los Cantares, el tonto ya es acabado.

Porque tan pronto que el hombre mediante palabras o escritos de otro es llevado a la conclusión que su sabiduría no es sino imaginaria, con esto incluso el mismo hombre ya está acabado — aunque continúe viviendo, pero eso más bien como un aturdido que ya no es capaz de asimilar nada.

Si el hombre —como en mi caso— ha llegado a este punto donde no hay manera de continuar, entonces da la vuelta y empieza a vegetar como un animal. ¿Para qué esforzarse por un nada ni por mil veces nada?

27. En efecto, Señor y Maestro, toda esta noche Tú nos has manifestado cosas que nunca antes han sido mostrado a los hombres mortales de esta Tierra, por lo que ahora comprendo y concibo enormemente más cosas que antes.

Pero, ¿por qué no comprendo la sabiduría salomónica? ¿Es que no está permitido a los hombres que la comprendan o es verdad que es una locura piadosa —lo que en el sentido mundano parece ser el caso— con lo que nunca habría manera de comprenderla?

¿O pudiera, acaso, haber en ella secretos de suma importancia para la Vida que hay que mantener ocultos?

28. Si es lo uno o lo otro, ¡dímelo!, porque únicamente a Ti te creo lo que en serio me vas a decir sobre ello, porque consta que únicamente que Tú puedes comprender el Cantar de los Cantares — si existe manera de comprenderlo...

Pero si todo este Cantar de los Cantares no es más que un fraude de sabiduría salomónica, ¡dime también esto, y voy a echar todo este “Canto” en una cloaca, para que sus habitantes puedan estudiar de él la sabiduría salomónica!».

Capítulo 170. La clave para comprender el Cantar de los Cantares

1. Dije Yo: «Amigo, verdad es que tus bromas ya se vuelven un poco pesadas, y por eso ya debería decirte lo que una vez un pintor famoso dijo a un zapatero...

Pero en tu caso aún no puede ser de otra manera; pues según Salomón todo tiene su tiempo en esta Tierra.

Por eso concéntrate como debido y ten buena voluntad, y el Cantar de los Cantares de Salomón te será iluminado de más cerca, con lo que verás que este Cantar corresponde perfectamente con mis palabras de advertencia en el monte y que significa absolutamente lo mismo.

2. Lo que Salomón en su Cantar de los Cantares había presentado proféticamente a los hombres no fue sino mi Existencia actual — de hecho en hecho, de posición en posición y de actividad en actividad; y eso en diversas imágenes llenas de correspondencias espirituales.

Únicamente Yo soy su objeto; pues el “él” y el “tú”, el “le” y el “te”, todo esto soy Yo.

El que en Salomón habla Conmigo, su espíritu figura en el singular; y cuando figura en el plural, es porque se trata de los espíritus del pueblo que —en cierto modo en el espíritu real y dominador de Salomón— se unen para el mismo objetivo, con lo que en el sentido moral cuentan como una sola persona.

3. Cuando la escritura reza: “¡Que me bese con el beso de su boca!”, esto significa: El Señor me hable con su Boca verdaderamente propia, a mí, Salomón, y a través de mí al pueblo de Israel — y por medio de este a todos los hombres de la Tierra.

¡Que el Señor ya no me hable meras palabras de sabiduría sino palabras del Amor, de la Vida; porque una palabra del Amor es un verdadero Beso de la Boca divina al corazón humano; por lo que Salomón dice:

“¡Él (el Señor) me bese con el beso de su boca!”.

4. Ahora también armoniza bien la segunda parte del primer verso que dice:

“. porque tu Amor es más dulce que el vino”, o sea: ... porque a mí y a todos los hombres tu Amor es más oportuno que la sabiduría — pues bajo “vino” siempre se entiende “sabiduría y verdad”.

5. El hecho que Salomón —cuando en su primera rogativa pide la Palabra del Amor— todavía suspira por Mí en tercera persona, significa que por el camino de la mera sabiduría se encuentra todavía lejos de Mí.

Pero con el detalle que la segunda parte del verso —donde se pronuncia el motivo del ruego de la primera frase— figura en segunda persona, Salomón expresa un acercamiento de Dios por el camino del Amor ya mayor que por el camino de la mera sabiduría. Y el Beso —el Amor, por el que Salomón pidió en su Cantar de los Cantares—vosotros mismos ahora lo estáis recibiendo directamente de Mí.

Con lo que supongo, mi querido Simón, que el primer verso del Cantar de los Cantares ya te queda un poco más claro que antes».

6. «Por supuesto, Señor, consta que por esta explicación incluso el segundo verso ya me queda aclarado y me atrevería ahora a explicarlo yo mismo».

7. «¡Hazlo!», le animé, «y ya veremos cómo has comprendido el segundo verso en la Luz del primero».

8. De modo que Simón continuó: «Es evidente que significa lo siguiente: “Señor, si Tú me besas con el Beso de tu Boca. si tu Palabra se convierte en Amor, es decir, en un ungüento verdadero de la Vida, ¡que este ungüento que es tu divina Palabra amorosa sea perceptible para todos los seres humanos!”.

Pues frecuentemente uno se sirve de la palabra “oler” en el sentido de “percibir o darse cuenta”. Por ejemplo se dice: “¿Hueles en qué terminará eso?”, o: “¡Él ha olido el guiso (o el ungüento)!”.

9. Ahora, Señor, Tú estás con nosotros, como a petición de Salomón en el primer verso. ¡Tenemos tu Nombre y tu santa Palabra de Amor, la que verdaderamente es más deliciosa que la sabiduría pura de Salomón!

Ahora tenemos ante nosotros el ungüento derramado, tu Nombre, tu Amor, tu santa Palabra de la Vida — perceptibles para todos.

10. Las doncellas que por eso te aman, aparentemente también las somos nosotros, ¡eso mirándolo desde el punto de vista de nuestro entendimiento y nuestra comprensión limitados!

Pues una doncella no deja de ser un ser gracioso y no carece de comprensión ni de inteligencia, ¡pero ni hablar de la gran sabiduría varonil — por lo menos en general!...

Por eso, Señor, es evidente que nosotros mismos somos las doncellas que te aman sobre todo, porque comprendemos tu Palabra tan llena de Amor — la que para nosotros es un ungüento extendido cuyo aroma delicioso nos deleita maravillosamente.

¡Dime, Señor, si tras el primer verso he entendido el segundo correctamente!».

11. «¡Lo has comprendido verdadera y perfectamente del todo!», le respondí.

«Este Cantar de los Cantares, aparentemente incomprensible, puede ser comprendido fácilmente si uno tan sólo ha comprendido correctamente el primer verso por vía de las correspondencias.

Como has entendido correctamente el segundo verso, ¡inténtalo ahora también con el tercero, y ya veremos si en este también das en el clavo!».

12. «Señor, ¡ahora ya me atrevo a interpretar todo el Cantar de los Cantares, porque con los dos primeros versos aclarados, el sentido del tercero ya se encuentra tan manifiesto ante mí como esta mañana tan magnífica!:

13. “¡Llévame en pos de ti, y andamos!”.

¿Quién más puede llevar espiritualmente, a no ser tu Amor? El resultado es que aquellos que están enseñados y llevados por el Amor comprenden y asimilan en un solo momento más que si fueran enseñados por la sabiduría seca y fría durante muchos años — con lo que dentro del crecimiento de comprensión realmente progresan .

Por eso, la persona que en la primera frase figura en singular, no es sino una persona moral que en la segunda parte de la frase aparece dividida en una multitud, lo que de momento evidentemente somos nosotros, luego toda Israel y, por fin, toda la humanidad en la Tierra.

14. Por supuesto, el Rey, el Eterno, el Santo nos lleva a todos a la santísima y sumamente luminosa cámara vital de su santísimo Corazón paternal que está lleno de Amor. Ahora nos alegramos y somos sobremanera felices por Ti, y seguro que nos acordamos mil veces más de tu Amor paternal que de toda la sabiduría fría y seca.

Sólo en el ámbito de tu Amor somos llenos de humildad y de corazón simple. Por eso somos devotos y te amamos, Señor, y sólo dentro de nuestra suma devoción te amamos perfectamente.

15. El amanecer de la sabiduría que corresponde al amanecer arriba en el monte, es magnífico y hermoso; y aquí abajo en la gran cámara santa de tu santísimo Corazón paternal —con las hospitalarias mesas preparadas con la refacción de Amor— también perdura la misma mañana de la verdadera Vida.

Ya instruidos en el conocimiento verdadero, arriba en el monte gozamos de la magnífica mañana de Luz vital; pero allí no hubo mesas preparadas con comidas tan deliciosas — con alimentos para nutrir y fortificar la Vida.

16. Sin duda nos gustaba la Luz de la sabiduría más profunda; pero es fácil que en algunos de nosotros ya hayas visto el germen de la presunción, germinado en el corazón en el surco del jardín de la Vida, por lo que con las palabras de Amor más irresistibles dijiste:

“Hijitos, ¡abajo en la profundidad de la humildad perdura la misma mañana!

Si descendéis el corto camino desde la altura de la pretensión (que en general es una consecuencia de una mera sabiduría elevada) hacia abajo a la profundidad de la humildad del amor, ¡entones vais a gozar de la misma mañana de Luz!

Y allí abajo, en la profundidad del Amor, la mañana de Luz perdura tanto como aquí. Además, gozaréis de ella el doble, porque vais a encontrar más que la misma Luz: ¡Allí mora la misma Fuente de la Luz y de la Vida llena de Amor, bañada en el Amor y la Humildad! ¡Pues allí abajo las mesas están llenas de comidas para el fortalecimiento, la alimentación y el mantenimiento de la Vida en su totalidad!”.

17. Hasta aquí, Señor, nos has llevado en pos de ti por el verdadero Beso de tu santa Boca; y luego ya no hemos tardado y corrimos en pos de Ti y te amamos ahora como tus verdaderos devotos en todo amor y toda humildad...

Señor, ¿he interpretado, presentado y desvelado bien el sentido interior de tus palabras de advertencia pronunciadas en el monte?».

Capítulo 171. Simón explica algunos versos del Cantar de los Cantares

1. «¡Excelentemente!», le dije. «Si Yo mismo os hubiese explicado estos versos —y eso comparando mis palabras exhortatorias en el monte— me habría servido exactamente de las mismas palabras.

De modo que cumpliste con este asunto a toda mi satisfacción. Pero ya que ahora te has vuelto el ilustrado del Cantar de los Cantares, ¿qué si procuraras a explicar algunos versos más del primer capítulo?

¿O tal vez hay otro entre vosotros que también podría probarlo?».

2. Pero todos dijeron: «Señor, ¡no somos capaces de hacerlo, aunque nos parezca que sí!».

3. «En este caso ya no tengo reparo alguno», respondió Simón. «Porque de repente ahora lo comprendo bien y, de cierto, también correctamente.

4. El verso siguiente reza como sigue: “Negra soy, oh hijas de Jerusalén, pero preciosa como las cabañas de Cedar y como las alfombras de Salomón”. Traducie