Jakob Lorber

Joyas del Gran Evangelio de Juan

Selecciones de sermones, amonestaciones y consejos para la vida, pronunciados por el Señor, los ángeles y otros personajes de aquel tiempo.

Recibido al dictado de la voz interior

Compilación y traducción: Hellmuth Roden

Índice

Abreviaturas

GEJ: obra el Gran Evangelio de Juan
Código: [tomo].[capítulo].[versículo(s)]
Ejemplo:
  1.48 = GEJ, tomo 1, capítulo 48
  5.123.12 = GEJ, tomo 5, capítulo 123, versículo 12.
  7.10.1-4 = GEJ, tomo 7, capítulo 10, versículos del 1 al 4.

TOMO 1

1.48 Palabras del Señor.

1.50 La santificación del sábado.

1.59 Más vale amar a Dios que temerle.

1.62 El discurso del Señor sobre el Reino de Dios y de la misión del Mesías.

1.72 Predicciones importantes del Señor referentes al futuro. El fin del mundo y el juicio general. La gran aflicción. La promisión de los ángeles con gran estruendo de trompetas antes de la segunda venida de Jesucristo. La Tierra como paraíso. La última prueba para Satanás (Lucifer). El padecimiento y la resurrección del Señor.

1.74 ¡Nunca paguéis mal por mal!.

1.81 El fin principal de la encarnación del Señor: La creación de un puente sobre el abismo entre este mundo y el Más Allá.

1.84 El Sol. La distancia entre el Sol y la Tierra. El tamaño del Sol. Un eclipse solar.

1.86 El Señor explica el daño que causa la fornicación en este mundo y en el otro. Los placeres voluptuosos son artificios del demonio.

1.91 El Señor da instrucciones a sus dos escribientes Juan y Mateo. Explicación para entender mejor la diferencia o disparidad entre el evangelio de Juan y el de Mateo. Desde hace mucho tiempo el Señor ha tomado las disposiciones necesarias para purificar y aclarar su Doctrina. El testimonio del Señor sobre su nueva revelación actual. Esta segunda señal volvió a hacer Jesús cuando vino de Judea a Galilea (Juan 4, 54).

1.92 Un orden justo siempre es bueno y útil. La Omnisciencia de Dios. Cómo son guiados los hombres. El ángel custodio o de la guarda. Dios es Amor. La relación entre Dios, como el Amor puro, y los hombres.

1.106 En la sinagoga, un hombre justo y cabal da públicamente un buen testimonio verdadero del Señor. Las cualidades o prendas personales de Jesús de Nazaret. La vida, los hechos y la Doctrina del Señor.

1.125 La confianza verdadera en Dios.

1.129 Aventuras en el Más Allá de la hija resucitada del principal Cornelio.

1.140 La magnitud del mundo material y la del mundo espiritual. La dignidad y el elevado destino de los hijos de Dios «¡Actuad según su Palabra!».

1.152 La prohibición de que Satanás entre en el Más Allá.

1.153 Tres espíritus de la Luna dan información sobre su mundo.

1.164 Las leyes de Dios.

1.165 La caída de los ángeles. Los ángeles puros, los espíritus caídos y los hombres.

1.166 El motivo de la Encarnación del Señor. La Salvación.

1.167 Un evangelio dirigido a los novios. La decadencia de la humanidad motivada por las mujeres. Las características de las malas mujeres. Prevención contra el matrimonio con una mujer orgullosa y soberbia. La maldición de tal enlace en éste y en el otro mundo. Maldad y bondad no gobiernan a la vez en el mismo corazón.

1.169 Un Evangelio acerca de la risa.

1.174 Reglas de conducta para jueces y legisladores. El tratamiento de los criminales y de los condenados a muerte.

1.197 Explicación de la parábola sobre la hierba mala (Mateo 13, 37-42).

1.198 El Señor continúa explicando la parábola de la mala hierba. Lo peor es una promesa no cumplida. «¡Sed justos y amorosos!».

1.201 Advertencias para la misión. La Verdad es la espada del Amor. «Mi Reino no es de este mundo». No temáis a los hombres sino únicamente a Dios.

1.202 Todos vosotros sois hermanos y hermanas iguales. El sábado verdadero. La justa casa de Dios y el verdadero servicio divino. Al quien quiere hacer bien, el viento le sopla favorablemente. El verdadero amor puro y el amor interesado.

1.207 Algo sobre el ayuno verdadero. El efecto perjudicial de la mortificación para establecer trato con el mundo espiritual.

1.210 Doctrina corta de la Vida.

1.214 La razón del encubrimiento del recuerdo de nuestra vida anterior. La relación entre el cuerpo, el alma y el espíritu. El camino de la perfección del hombre terrestre. El espíritu del hombre terrestre equivale a un dios pequeño. La diferencia espiritual entre los seres terrestres y los de los otros mundos.

1.216 El motivo de la encarnación del Señor en la Tierra. Algo sobre la Nueva Revelación actual.

1.217 Advertencia contra las trampas del Satanás. El espíritu malo solamente puede influir en los sentidos, pero no en la voluntad del alma. Consejos para la Vida, llenos de consuelo.

1.220 Palabras dirigidas a los dormilones. Advertencia contra la ociosidad.

1.221 El “Sermón de la Noche”. La bendición de la actividad y el mal de la pereza. Algo sobre soberanos indolentes y enérgicos.

1.222 Un Evangelio pequeño de la Vida.

1.224 Importancia y naturaleza de la autocontemplación.

1.236 «Lo que Dios ha unido, el hombre no lo debe separar». El Señor al bendecir el matrimonio de Fausto con Lidia.

TOMO 2

2.3 La aplicación de la fuerza curativa.

2.8 El Reino del Cielo.

2.10 La ley del Orden divino.

2.12 Segunda resurrección de Sarah.

2.14 La Diferencia entre el poder divino y el del hombre.

2.18 El Ser de Dios.

2.20 Sarah da testimonio del otro mundo.

2.22 Testimonio de los nazarenos sobre Jesús.

2.37 El poder y la rapidez de los ángeles.

2.38 La naturaleza humana y la naturaleza divina del Señor.

2.39 La influencia de los ángeles sobre los hombres.

2.40 El amor para con el Señor.

2.41 La naturaleza del amor verdadero.

2.45 La verdadera naturaleza humana de los ángeles.

2.46 El amor de los médicos para con el prójimo.

2.53 Chiwar, hijo de un sacerdote superior de Jerusalén, da testimonio de los hechos y de la Vida de Jesús.

2.58 El trato del hombre terrestre con el padre celestial.

2.59 La adopción perfecta de ser Hijo de Dios.

2.60 La utilidad de las pasiones.

2.62 La Comunicación con el Señor por medio del pensar con el corazón.

2.68 Un Evangelio dirigido a los bien acomodados. El Señor llora.

2.68 Testimonio de una mujer a cuyo marido curó el Señor.

2.69 La Resurrección de Josoé.

2.71 Promesa de inmortalidad a Josoé.

2.72 El culto verdadero a Dios.

2.75 La regeneración del Corazón por el Hombre mismo.

2.75 El Señor a Judas Iscariote:.

2.76 La humildad y la abnegación.

2.78 «Cada mentira es perjudicial y provoca mal». La prueba de la fe de Simón Pedro (Mateo 14,24-33).

2.102 El Señor y sus discípulos después de la tempestad en el barco.

2.104 El Señor dirige sus palabras de la Verdad a los fariseos, escribas y esenios, divulgadores de una doctrina falsa.

2.110 El paseo sobre el mar.

2.111 La oración verdadera.

2.112 Orden doméstico y amor.

2.113 El elogio justo y el peligro elogiar.

2.114 Yara habla sobre sus diferentes experiencias al orar.

2.115 Yara ve los Cielos abiertos.

2.119 Los sueños de Yara sobre la Crucifixión y la Resurrección del Señor.

2.127 Con el Señor todo se consigue con el amor.

2.129 Una ascensión maravillosa de un monte.

2.132 La naturaleza del miedo.

2.133 Jesucristo, mediador entre el Cielo y la Tierra.

2.134 El Levantamiento el Mar de Galilea.

2.136 El poder de los ángeles. Visita a una estrella.

2.137 La facultad interior de contemplar la Creación.

2.138 Una escuela de renunciación en el Más Allá.

2.139 Una vista al orden cósmico.

2.140 Estados evolutivos en el Más Allá.

2.141 El espíritu humano.

2.141 La rapidez de los ángeles.

2.148 Los fenómenos naturales y su analogía espiritual.

2.149 Contemplación de una salida del Sol. Las manifestaciones matutinas.

2.150 La Luz de los ángeles.

2.157 La celebración de los días de conmemoración.

2.164 La imitación de Jesús.

2.166 Amor y paciencia.

2.169 La posesión.

2.171 Hablar y callar.

2.174 La autenticidad de los Evangelios.

2.186 El Valor de los presentes.

2.195 Materia y espíritu.

2.201 Observaciones de Yara.

2.208 Cumplimiento de la ley y la misericordia cristiana. El Señor explica la diferencia entre autocomplacencia y misericordia verdadera:.

2.210 El cuerpo y el alma.

2.212 La necesidad hace maestro.

2.214 El Génesis. Revelación del sentido verdadero de las imágenes.

2.214 Cirenio pregunta por el verdadero sentido del Génesis.

2.215 La creación de animales prehistóricos gigantescos y del primer hombre. Una visión del futuro.

2.216 El proceso evolutivo del grano de trigo como analogía de la evolución humana.

2.217 La evolución espiritual del hombre.

2.218 El alma y el cuerpo.

2.219 La creación del Cielo y de la Tierra.

2.220 El significado de la imagen: «Que se haga la Luz».

2.221 El significado de la imagen: separación de la Luz de las tinieblas. Y fue la tarde y la mañana un día. Los seis días de la creación.

2.222 El hombre: razón y fin de toda la creación.

2.224 La caída de los ángeles. La caída de Adán y el pecado original.

2.230 El don divino: la voz de conciencia.

2.231 Las consecuencias de la caída de Lucifer.

2.240 Yara hace una descripción de Jesús el Salvador.

TOMO 3

3.3 Destino y evolución del hombre.

3.8 Las condiciones del Señor al recibir discípulos.

3.9 Las ventajas de la abnegación.

3.10 Los males originados por las necesidades.

3.12 Instrucciones misioneras.

3.33 Una profecía.

3.36 La verdadera veneración a Dios.

3.42 El alma y el espíritu.

3.49 Explicaciones de los hechos ocurridos a Moisés.

3.53 Fundamento de la Doctrina de Jesús.

3.100 El elevado origen y destino del hombre.

3.110 En busca de Dios.

3.111 El estar reunido con el Señor.

3.112 Cómo dar gracias a Dios.

3.121 La naturaleza de Jesús.

3.123 La sabiduría de Yara.

3.130 Misión y sufrimiento de los ángeles.

3.133 La búsqueda verdadera de Dios.

3.168 Cómo los hombres y los pueblos son guiados divinamente.

3.170 La diferencia entre la voluntad y la acción. La contradicción entre querer y hacer.

3.171 La regeneración.

3.174 El Sol natural.

3.178 El destino del hombre.

3.184 La lengua del corazón.

3.190 Descripción del Señor.

3.192 Bendición y maldición de la riqueza. El ángel Rafael salva milagrosamente a comerciantes judíos de Persia, que estaban perdidos durante una enorme tempestad en el mar de Galilea.

3.194 El Señor explica un texto de la escritura (1 Reyes 19, 9-15).

3.207 La adoración verdadera de Dios.

3.209 La oración.

3.211 Explicación del cuarto mandamiento.

3.221 Encarnaciones pasadas del hombre.

3.232 La conciencia y la influencia de los ángeles.

TOMO 4

4.1 La Sabiduría verdadera y la adoración viva de Dios.

4.23 La comunicación con Dios por la Palabra interna en el corazón.

4.24 El cultivo del corazón humano.

4.30 Obrar y hablar.

4.32 Un acontecimiento durante la adolescencia de Jesús.

4.34 La diferencia entre las almas en la Tierra.

4.36 Las enfermedades psíquicas y sus tratamientos.

4.40 El sonambulismo y su aplicación.

4.41 Limpieza corporal y espiritual. Curación a distancia.

4.42 El tratamiento.

4.54 El sueño.

4.57 El libro de la Vida.

4.78 El camino para la Vida eterna.

4.79 La pobreza y el amor para con el prójimo.

4.93 El progreso del alma aquí en la Tierra y en el Más Allá.

4.95 La finalidad de ayudar.

4.96 Secretos de la creación.

4.99 El auxilio justo y el auxilio erróneo.

4.106 La importancia y la formación de la Tierra.

4.112 Predicción sobre las revelaciones actuales.

4.116 La humildad.

4.127 El miedo a la muerte.

4.128 La separación del alma del cuerpo durante la muerte.

4.141 La “ira” de Dios.

4.142 La primera pareja humana.

4.144 La razón de las catástrofes.

4.145 La influencia del mal.

4.152 Las diferentes clases de suicidio y las situaciones diversas de los suicidas en el Más Allá.

4.162 La creación de Adán y Eva.

4.165 El justo mensajero celeste.

4.167 El ayuno y la alegría.

4.188 La humildad excesiva.

4.218 El poder de un alma perfecta.

4.220 El renacimiento.

4.230 El efecto de la impudicia.

4.231 La bendición de un engendramiento ordenado.

4.236 La naturaleza de los sabios mundanos y su destino en el Más Allá.

4.246 Los motivos de Dios para determinar la perfección independiente de un alma humana.

4.252 El Padre y el Hijo en Jesús.

4.253 Las apariciones ocurridas durante el bautismo del Señor.

4.254 La grandiosidad de la Creación.

TOMO 5

5.5 El Señor da normas de conducta al Marco, el hostelero.

5.10 Un Evangelio para el sexo femenino.

5.46 Predicción del arcángel Rafael.

5.66 Consejo del Señor.

5.73 Cómo puede amarse a Dios sobre todas las cosas.

5.84 La importantísima de la filiación divina en esta Tierra.

5.90 La principal obligación del hombre: hacerse totalmente semejante a Dios.

5.94 El ángel Rafael explica las nociones de “Satanás” y “Diablo”.

5.97 La ayuda por la Gracia divina.

5.108 La era de la técnica.

5.109 La propia condenación de las criaturas.

5.113 Los habitantes del mundo estrellar y la filiación de Dios.

5.117 El reconocimiento de la Divinidad de Jesús como condición previa para amar verdaderamente a Dios.

5.125 La necesidad del examen de conciencia.

5.136 El descubrimiento de los clandestinos hechos terrestres en el Más Allá.

5.157 La Tierra, una escuela de prueba para los hijos de Dios.

5.168 La avaricia y la economía.

5.169 Una promesa del Señor para los necesitados.

5.184 El desenvolvimiento del alma.

5.188 La causa de la gran variedad de las almas en la Tierra y sus condiciones particulares.

5.196 El beneficio de descansar en sillones de reposo. Consejos respecto a la salud.

5.197 La historia primitiva de los hombres. Los primeros hombres en la Tierra.

5.200 La diferencia entre los hombres de la Tierra y los de los otros mundos.

5.201 Una ojeada a Saturno.

5.204 El Mesías y la Salvación.

5.211 El hombre, ser imperecedero.

5.216 El poder maravilloso de la Palabra.

5.217 La transformación maravillosa de la región a orillas del mar. Voluntad libre y aceptación de la Voluntad divina.

5.218 La finalidad de la crucifixión del Señor.

5.222 El ayuno.

5.225 Hijos de Dios (de arriba) e hijos del mundo (de abajo).

5.226 La vida de los materialistas en el Más Allá.

5.232 Conducción de las almas en el Más Allá y reencarnación.

5.233 Desaparición y formación de las creaciones materiales.

5.234 La transfiguración del Señor en el monte Tabor.

5.235 El Señor habla con Moisés y con Elías.

5.236 Los tres discípulos hablan con los espíritus del otro mundo (Mateo 17,4-9).

5.237 Las encarnaciones de Juan Bautista (Mateo 17,10-13).

5.238 La resurrección de la carne.

5.239 El Beneficio de la frugalidad. La preparación de la carne de los animales impuros.

5.246 Jehová, Hijo de Dios e hijo del hombre.

5.248 El perdón o la remisión de los pecados.

5.259 La pregunta de los discípulos referente al premio en el Reino celestial.

5.263 El patrón, Bernabé, de nombre, se acuerda del Niño Jesús durante los tres días en el Templo.

5.269 El camino verdadero para la Vida eterna.

5.271 Modestia, afabilidad y humildad. La medida justa.

5.272 Interpretación de la lengua de los profetas.

5.275 Observación del mundo estelar.

TOMO 6

6.2. Explicaciones del texto de la Biblia.

6.8. Moisés y Elías aparecen a la llamada del Señor.

6.13. La nueva estrella y la nueva Jerusalén. Condiciones para la Vida eterna..

6.18. Un evangelio de alegría.

6.39. Un buen fin no justifica medios malos.

6.40. La influencia de los espíritus de la Luz.

6.41. Multiplicación de los panes.

6.42. Interpretación espiritual de esta comida.

6.51. Ayuno y penitencia. Parábola del fariseo y el publicano.

6.52. Causas principales de las enfermedades.

6.57. La verdadera adoración a Dios.

6.61. La reencarnación. La Tierra, escuela para los hijos de Dios.

6.65. Evolución en el Más Allá de las almas encarnadas antes de Jesucristo.

6.67. La inmortalidad del alma.

6.68. Causas de la angustia ante la muerte.

6.75. El amor a Dios.

6.76. Próxima transformación en la Tierra.

6.79. La palabra interior, secreto divino en el corazón humano.

6.80. Un evangelio para madres que amamantan su hijo. Visita al posadero en Caná. Curación del hijo enfermo.

6.88. La base del perfeccionamiento espiritual. Naturaleza de Dios.

6.90. Naturaleza del Señor, la divina y la humana.

6.92. El comercio de esclavos.

6.111. El camino para conocer y amar a Dios.

6.114. “Sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas”. La serpiente como ejemplo de conducta.

6.123. La oración.

6.133. Doctrina del alma. El ser y el fin de la materia. Desarrollo libre e independencia del hombre hasta llegar a ser hijo de Dios.

6.135. La personalidad de Dios. La Voluntad de Dios y la del hombre. La fuerza de la voluntad.

6.137. Visita al templo de la sabiduría.

6.138. Naturaleza y efecto del amor.

6.139. Los judíos tratantes.

6.144. La actuación humana depende de la gracia divina.

6.150. Revelaciones y profetas, verdaderos y falsos.

6.152. La diversidad de criaturas de la Tierra y su finalidad.

6.157. Contemplación de la Luna mediante la visión interior.

6.160. Los perros protectores de Noé.

6.160. El mundo estelar, escuelas para espíritus.

6.163. El destino de los suicidas.

6.164. La irritación y su efecto perjudicial.

6.174. Profecía del gran juicio del tiempo actual.

6.180. Bendición y adoración justas.

6.187. El efecto del vino. Los espíritus malos.

6.188. Valor del raciocinio y de la verdadera fe.

6.189. Visión del mundo maravilloso de los ángeles. Diferencia entre los ángeles y los hombres.

6.190. Diferencia entre la Tierra de los ángeles y la de los hombres.

6.191. La doble o segunda vista. La tercera vista.

6.192. Una visita al universo.

6.193. Interpretación espiritual de las diversas fases del día.

6.207. Los últimos tiempos de la Tierra; el reino de los mil años y el juicio del fuego ..

6.215. La vida después de la muerte.

6.218. El romano, Agrícola de nombre, habla sobre la naturaleza del alma.

6.220. La renuncia al mundo.

6.221. La dirección divina de los hombres.

6.222. Comidas puras e impuras.

6.223. La consideración justa del sábado.

6.225. La influencia espiritual. El libre albedrío.

6.226. La naturaleza de Dios. La vida del alma en el Más Allá.

6.227. Diligencia y economía. La riqueza justa.

6.228. El conocimiento de Dios.

6.236. Advertencia contra los celos y el orgullo.

6.239. La segunda Creación de Dios.

TOMO 7

7.1. La salida del Sol y su interpretación.

7.14. El ángel Rafael a Lázaro.

7.17. Reencarnación de las almas de otros mundos.

7.18. Los siete espíritus originales de Dios.

7.19. Las guerras de Jehová.

7.20. La discordancia de los siete espíritus en el hombre.

7.36. La importancia de vigilar los pensamientos.

7.43. Beneficios de la paciencia.

7.56. La naturaleza en los ángeles. Amor y sabiduría. Corazón e intelecto.

7.58. Alma y cuerpo. Estado del alma materialista.

7.66. Naturaleza del alma y del espíritu.

7.67. Los diversos grados de bienaventuranza de las almas perfectas.

7.68. El poder de los ángeles.

7.85. El ayuno y la oración justos.

7.91. El diluvio material y espiritual.

7.92. La caridad. La providencia divina conduce a los hombres.

7.94. La pena capital.

7.100. El camino verdadero hacia Dios.

7.103. El camino para la perfección de la vida.

7.117. Naturaleza y sitio de la Verdad.

7.121. La guía de los hombres.

7.126. El Reino de Dios.

7.140. El destino del hombre.

7.141. El Amor condescendiente de Dios a los hombres. La posición de los hombres hacia Dios. La verdadera humildad. La adoración verdadera de Dios. Perdón de los pecados.

7.142. La forma y el espíritu de las criaturas.

7.169. Advertencia a la juventud liberada. Los ángeles. Cielo e infierno. Naturaleza de la visión interna.

7.170. Una caravana comercial de Damasco en sus apariencias materiales e inferno-espirituales.

7.181. La ociosidad como mal mayor.

7.205. El Señor cuenta sus tiempos de juventud.

7.210. El viaje a Tiro.

7.211. Encuentro de Jesús con Cirenio.

7.212. En el palacio de Cirenio.

7.213. La verdadera veneración a Dios.

7.216. Intenciones de Dios hacia los hombres.

7.218. Un relato de los espíritus sobre el Más Allá.

7.219. La vida de Julio César en el Más Allá.

7.221. Adán y Eva, primeros humanos de la Tierra. Los preadamitas.

7.223. El camino para alcanzar la perfección espiritual.

TOMO 8

8.1. El ángel Rafael escarmienta rigurosamente a fariseos.

8.12. El peligro de la materia.

8.16. La encarnación de los habitantes de las estrellas.

8.19. La impotencia humana.

8.27. Jesús, hijo de Dios.

8.29. Comprensión universal de la Vida de Dios.

8.30. El conocimiento del futuro.

8.32. La posesión.

8.38. Oraciones por los difuntos.

8.51. Los juicios futuros.

8.52. María de Mágdala y el Señor.

8.57. Correspondencias entre el microcosmos y el macrocosmos.

8.74. La evolución psíquica de los preadamitas.

8.75. Enseñanzas sobre el cuerpo celeste destruido. Los asteroides.

8.76. Los habitantes del cuerpo celeste destruido.

8.78. Disfrutar los bienes de la Tierra.

8.80. La hipocresía y el fingimiento.

8.81. La muerte del hombre.

8.82. Causas del sufrimiento antes de la muerte.

8.92. La verdadera oración a Dios.

8.95. La fuerza en las cosas mínimas.

8.99. Las predicciones.

8.103. Dios prueba a quienes ama.

8.106. El Más Allá.

8.116. El dueño del albergue reconoce al Señor.

8.119. El perdón de los enemigos.

8.129. La inmortalidad del alma.

8.132. La evocación de espíritus.

8.133. La invocación de almas desencarnadas.

8.151. La ayuda del Señor en el camino del espíritu.

8.163. La segunda venida del Señor.

8.165. Si no os hiciereis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos.

8.166. Más fácil es hacer pasar un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de Dios.

8.176. La Verdad.

8.185. Los cuatro fuegos purificadores. Primero y segundo fuego purificador.

8.186. El tercero y cuarto fuegos de la purificación.

8.187. Condiciones para la segunda venida del Señor.

8.215. El posadero supersticioso.

TOMO 9

9.6. El Señor en Jericó.

9.30. La medida del bien y del mal.

9.35. El Señor en Nahim, en Judea. Resurrección del joven de Nahim. Causas de la miseria y de las enfermedades.

9.43. Señales de la presencia espiritual del Señor.

9.48. El Señor y sus discípulos encuentran una cuadrilla de salteadores en una región desierta y la convierten.

9.57. La imitación del Señor.

9.59. Bendición de frutos en una pequeña aldea de Samaria.

9.63. El Señor con los suyos en una selva virgen de Samaria.

9.64. El Señor en Galilea.

9.73. Enseñanzas del Señor sobre “comer su carne y beber su sangre”.

9.86. El verdadero temor a Dios.

9.94. La segunda venida del Señor.

9.98. El dueño del albergue y Judas Iscariote.

9.100. Quitarse del viejo Adán y ponerse el nuevo.

9.101. Motivos de la miseria en la Tierra.

9.104. Los peregrinos delante del albergue.

9.105. Objeto del viaje de los indo-judíos.

9.106. El sueño de la muchacha.

9.107. La muchacha reconoce al Señor.

9.119. El Señor llama los tres arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.

9.129. Temor a Dios y amor a Dios.

9.133. El Señor se despide de los indo-judíos.

9.135. El Señor amonesta a los discípulos para que soporten a Judas Iscariote.

9.137. Observaciones al anochecer.

9.138. El trato con los espíritus buenos.

9.141. Naturaleza del Más Allá.

9.143. La actividad de los espíritus.

9.149. Predicción del Señor sobre su fin.

9.159. La práctica del amor al prójimo.

9.166. El Señor da normas de conducta para los creyentes.

9.167. Relación entre el cuerpo y el alma. Capacidad de visión del alma en el Más Allá.

9.170. Explicaciones sobre algunas circunstancias del Más Allá.

9.171. Guía de las almas humanas hacia el perfeccionamiento.

9.174. Sabiduría del ángel Rafael.

9.185. Cómo distinguir a los profetas falsos de los verdaderos.

9.210. El juicio que espera en el Más Allá a los de corazón duro.

TOMO 10

10.2. El Señor en la región de Cesarea Filipo.

10.10. Preguntas filosóficas del Capitán.

10.32. La oración del Señor.

10.40. El Señor y el capitán contemplan la aurora.

10.54. Los peligros de comer alimentos impuros.

10.60. El Señor responde a las preguntas del anciano de los judíos referentes al tiempo del misterioso rey de Salem y de la resurrección mencionada por el Señor.

10.68. Amor y paciencia, las dos virtudes principales del hombre.

10.78. El capitán Pellagio habla sobre el hombre que busca a Dios.

10.84. Significado del amor.

10.90. El comportamiento de los verdaderos discípulos del Señor.

10.101. Razón de las bellezas naturales.

10.109. La Omnipotencia del Señor y su límite.

10.110. El infierno.

10.112. Finalidad de las enfermedades.

10.115. Promesa del Señor sobre los tiempos finales.

10.116. El entorno espiritual del Señor.

10.139. ¿Quién es mi prójimo?.

10.159. Naturaleza del Sol.

10.162. El Señor bendice una región desierta.

10.175. Experiencias en el otro mundo.

10.182. La causa de las enfermedades.

10.193. Origen de la veneración a Apolo.

10.203. La piedra luminosa del Sol.

10.210. Los alimentos más importantes para el hombre.

10.211. El Señor, creador omnipotente.

10.215. Aplicación justa del mandamiento de amor al prójimo.

10.223. El demonio de la avaricia.

10.224. Amonestación contra la ociosidad.

10.227. Por qué las aves ingieren agua.

10.236. Formación del mar Caspio.

10.240. Advertencias sobre los alimentos.

TOMO 1

Palabras del Señor

1.48.10 (El Señor): «Quien hasta el fin persiste fiel y firmemente en la fe y en el Amor como Yo os lo enseño, será bienaventurado en mi Reino Eterno en los Cielos».

1.49.12 «Si ya queréis despertar vuestros corazones para conmigo y entregaros ante Mí en humildad verdadera, entonces entrad en el Templo amplio de mi Creación y el Sol, la luna y las estrellas, el mar, las montañas, los árboles y los pájaros en el aire, los peces en el agua y las flores en los campos os anunciarán mi honor».

La santificación del sábado

1.50.1 «La santificación más acertada del sábado es manifestar aún más actividad en hacer el bien que durante los demás días».

1.50.4-10 Dios solo espera de los hombres que le reconozcan y que le amen con todo el corazón, y no sólo los sábados, sino todos los días sin cesar.

¿Qué culto sería éste si sólo los sábados os acordáis de Dios y nunca durante los demás días de la semana? ¿No es Dios cada día el mismo e inalterable? ¿No hace Él salir el Sol cada día, dando su luz sobre los justos y los injustos, aunque de los últimos siempre haya muchos más que de los primeros?

¿No trabaja Dios cada día? Si el Señor no se permite tener días festivos, ¿Por qué los tienen los hombres? ¿Sólo para su ociosidad? ¡Nada se respeta tan escrupulosamente durante los sábados como la ociosidad! Pero con ésta, sin duda alguna, se presta el peor servicio a Dios.

Dios quiere que los hombres continua y paulatinamente se habitúen a ejercitar el amor para con el prójimo, para que en su tiempo en el Más Allá ya estén preparados para poder dedicarse con el máximo esfuerzo a tal actividad y que sólo en ella busquen y encuentren la bienaventuranza suprema. ¿Acaso sería posible que tal formación interna pudieran obtenerla los hombres por medio de la ociosidad? ¡Jamás!

Los días laborables, mientras el hombre trabaja, sólo practica el egoísmo, ya que trabaja para su carne, y lo que consigue dice que es suyo. Quien le pide una parte de lo que ha conseguido trabajando se la tiene que comprar por dinero o con otro signo de compensación, de lo contrario no obtiene nada de importancia. Durante los días laborables los hombres sólo cuidan su egoísmo, y el sábado, el único día que les queda para practicar el amor para con el prójimo, se entregan a la ociosidad. Así que hay que preguntarse seriamente: ¿Cuándo se dedicarán los hombres al verdadero servicio a Dios, que únicamente consiste en el servicio afectuoso para con el prójimo?

Dios mismo no descansa ni un momento sino que está continuamente activo para los hombres y nunca para sí mismo, pues no precisa de una Tierra, de un Sol, de la luna, de las estrellas, ni de cosas algunas que surja de ellas. Sin embargo, todos los espíritus y hombres creados necesitan todas aquellas cosas, de modo que el Señor sólo está activo sin cesar a causa de ellas.

Mas si el señor, cuya obra son todos los días, está continuamente activo para los hombres y quiere que los hombres, como hijos suyos, le igualen en todo, ¿cómo puede Él haber querido que los hombres, después de seis días dedicados al egoísmo, el séptimo día sirvan a Dios por la ociosidad y a Él, quien eternamente está activo, le honren por la pereza?

1.58.4-6 Lo que el amor hace en la Tierra, también está hecho en el Cielo y quedará eternamente; pero lo que hace la pura prudencia mundana, lo devorará el suelo de la Tierra y no quedará nada para el Cielo. ¿De qué le serviría al hombre tener todos los tesoros del mundo si perdiese su alma?

El que trabaja para la Tierra y para la carne es un loco, porque al igual que la carne humana tiene su fin, también lo tendrá la Tierra. Sin embargo, cuando algún día llegue el fin de la Tierra, ¿sobre qué suelo habitará el alma pobre?

Cuando pierdan el cuerpo, perderán también y para siempre la Tierra. Al no haberse creado por la fuerza del amor una Tierra nueva en su corazón, su alma habrá de entregarse a los vientos, nubes y nieblas, y andará vagando por el infinito eterno; nunca jamás hallará reposo ni descanso a menos que lo halle en las imágenes o creaciones erróneas, vanas y fútiles de su propia fantasía, la que, cuanto más tiempo dure, se hará siempre más débil, obscura y finalmente llegará a ser obscuridad y noche tan densas, que el alma difícilmente hallará salida de ellas por sí misma.

Más vale amar a Dios que temerle

1.59.4 (El Señor:) «Si Yo no hubiese sabido desde hace mucho tiempo que tú eres un hombre justo y cabal y extraordinariamente devoto y temeroso de Dios, no me habría dirigido a ti. Pero no es del todo justo que temas a Él, a quien verdaderamente debes amar sobre todas las cosas. Por eso me dirigí a ti para mostrarte cómo has de amar a Dios en lo sucesivo en lugar de temerle. De esta manera Dios se humillará y te será en todo una ayuda segura, y fuerte, y más digna de confianza».

1.60.7 «Pues mira, cuando Yo vea que alguien tiene la voluntad justa de hacer algo, entonces aceptaré tal voluntad como obra hecha».

El discurso del Señor sobre el Reino de Dios y de la misión del Mesías

1.62.5-9 Bien es verdad que el Mesías fundará un Reino nuevo en esta Tierra, pero entiéndase bien que no será un reino material gobernado bajo corona y cetro, sino un Reino del Espíritu, de la Verdad, de la Libertad justa por esta Verdad, bajo la dominación exclusiva del Amor.

Mas el mundo será llamado a entrar en este Reino. Al seguir esta vocación, la Vida eterna será su pago pero en caso contrario, si no se sigue a esta vocación, el mundo quedará como es, aunque finalmente le caerá en parte la muerte eterna.

El Mesías, ahora en calidad de Hijo del hombre, no vino para condenar este mundo sido sólo para llamar a todos los que andan en las tinieblas de la muerte para que entren en el Reino del Amor, de la Luz y de la Verdad.

El Mesías no vino a este mundo para reconquistar lo que a vuestros padres y reyes le arrebataron los paganos, sino sólo para devolveros lo que Adán perdió para todos los hombres que han vivido y vivirán en esta Tierra.

Hasta ahora ninguna alma liberada de su cuerpo fue elevada de la Tierra. Desde la época de Adán hasta ahora, un sin número de almas todavía languidecen en la oscuridad o noche de la Tierra. Pero sólo desde ahora quedarán libres; y cuando Yo ascienda al Cielo abriré a todos el camino a los Cielos y todos entrarán por este camino en la Vida eterna.

Predicciones importantes del Señor referentes al futuro. El fin del mundo y el juicio general. La gran aflicción. La promisión de los ángeles con gran estruendo de trompetas antes de la segunda venida de Jesucristo. La Tierra como paraíso. La última prueba para Satanás (Lucifer). El padecimiento y la resurrección del Señor

1.72 De camino a Sicar Yo iba en compañía de la esposa y de las siete hijas de Jonael. Ellas me preguntaron también por lo que dentro de poco sucederá al mundo, a Jerusalén y a Roma. Yo les di respuestas complacientes y les expliqué que dentro de poco el príncipe de este mundo será juzgado y poco después también todo lo que forma su séquito. Al mismo tiempo Yo les indiqué el fin del mundo y el juicio general, como el de la época de Noé, y llenas de admiración, ellas me preguntaron cuándo y cómo acontecerá.

Yo les dije: «¡Queridas hijas mías! Tal como era en la época de Noé, así también será en aquel entonces: el amor disminuirá y se enfriará por completo; reconocer a Dios como Ser omnipotente y omnisciente y la fe en una Doctrina pura, manifestada por los Cielos a los hombres, se transformará en una superstición muerta y obscura, llena de mentiras y engaños, y los potentados del mundo volverán a servirse de los hombres como de los animales, y a sangre fría y sin conciencia matarán a aquellos que no se sometan incondicionalmente a la voluntad de su poder esplendoroso. Los potentados importunarán y atormentarán a los pobres, oprimiendo con todos los medios posibles a cualquier espíritu libre, y por eso se originará una gran aflicción entre los hombres, como nunca antes habrá existido en la Tierra. Pero entonces se acortarán los días a causa de los muchos elegidos, los cuales se encontrarán entre los pobres; pues si esto no se hiciere, también los elegidos morirían.

Desde ahora hasta entonces pasarán algo menos de dos mil años. Entonces Yo enviaré a los pobres hombres los mismos ángeles, como los veis aquí, con gran estruendo de trompetas. Estos ángeles despertarán de las tumbas de sus tinieblas a los hombres de la Tierra, mortificados en el espíritu, y como una columna de fuego, desde un extremo al otro del cielo, todos los millones de hombres despertados se echarán sobre todos los poderes mundiales y nadie les podrá oponer resistencia alguna.

Desde esa época, la Tierra volverá a ser un paraíso y Yo conduciré eternamente a mis hijos por el camino verdadero de justicia.

Pero desde entonces, transcurridos otros mil años, el príncipe de las tinieblas, por un tiempo muy corto de siete años y algunos meses y días volverá a ser libre por amor de sí mismo, para su caída definitiva o para su posible conversión.

En el primer caso, el interior de la Tierra será transformado en una cárcel eterna mientras la superficie y el exterior quedarán transformados en un paraíso. En el segundo caso, la Tierra sería transformada en un Cielo y la muerte del cuerpo y del alma desaparecería para siempre. Pero ni siquiera el primer ángel de los Cielos sabe si esto sucederá y cómo. Esto únicamente lo sabe el Padre».

¡Nunca paguéis mal por mal!

1.74 «¿Qué cosa buena harás si pagas mal por mal?

Si preparas una comida, que en sí misma carece de sabor, ¿actuarás bien si debido a su gusto insípido echas en ella acíbar y bilis en vez de usar sal, leche y miel? Si a una buena comida añades ingredientes aún mejores, entonces sin duda alguna no cometerás falta; pero si quieras empeorarla con ingredientes aún peores que ella, dime ¿no encontrarás algún hombre con cierta inteligencia que pronto diga: “Qué hace ese necio”?

Entre los hombres aun es más así. Si devuelves su mal con cosas peores, pregúntate a ti mismo si alguna vez su mal se hará mejor. Sin embargo, si pagas el mal que has sufrido con el bien, entonces amortiguarás el mal que hay en tu hermano y fácilmente conseguirás un buen hermano.

Por tanto, si queréis ser buenos nunca paguéis mal por mal, pues si juzgáis y castigáis a los que han pecado contra vosotros, entonces finalmente los volveréis malos, nadie tendrá amor verdadero y no se encontrará cosa buena en nadie».

1.75.12 «Con amor y paciencia conseguiréis todo. Sin embargo, si juzgáis y condenáis a los hombres, que a pesar de su ceguera siguen siendo vuestros hermanos, en vez de la bendición del Evangelio sólo sembraréis maldición y discordia entre los hombres de este mundo».

1.76.3-5 «Quien debe ser detenido y conducido por la fuerza todavía es un diablo; solo quien se deja conducir por el amor, por la amabilidad y la paciencia es como un ángel de Dios y es digno de ser un hijo del Altísimo.

Con el amor obtendréis todo, pero con la fuera sólo se despierta de su sueño al diablo. ¿Y qué resultado bueno puede obtenerse en la Tierra del diablo despierto?

Por eso vale mucho más que entre los hombres aumente el amor y la benevolencia y que éstos queden despiertos eternamente. Con eso instan a los diablos a que duerman y se mantengan en calma para que no causen ningún daño en la Tierra».

1.80.2 «Quien vive conforme a mi Doctrina puede existir y vivir fácilmente. Pero quien vive conforme a su propia vanidad, en general lleno de amor propio y de orgullo, y no puede perdonar de todo su corazón y bendecir diez veces más a quien le ofendió por alguna cosa, tarde o temprano sufrirá las consecuencias infalibles de la hostilidad, amén de que tendrá que pagar su deuda hasta su último cuadrante. ¡Vivid por tanto, en paz y en concordia con todo el mundo! Más vale sufrir una injusticia que causar una sola injusticia ficticia y falsa. Con eso no tendréis vengadores, y los espíritus que de otro modo habrían sido vuestros enemigos serán entonces vuestros ángeles guardianes y os evitarán muchas desgracias.

Esto tiene que ser así según mi Voluntad y mi Orden inalterables».

El fin principal de la encarnación del Señor: La creación de un puente sobre el abismo entre este mundo y el Más Allá

1.81 Pregunta dirigida al Señor: «Ahora no veo claro como tu Doctrina verdaderamente santa se abrirá paso sin apenas obstáculos ni dificultades en esta época obscura en la que la humanidad está enterrada. Según tus propias palabras, tu Doctrina no valdría mucho para los hombres, pues, con maravillas, no haría de ellos sino máquinas, y deben ser libres; de manera natural constaría mucha sangre y llevaría mucho tiempo. Aunque no tengo el don de profetizar, casi puedo afirmar, puesto que conozco bastante bien a los hombres de Asia, de Africa y de Europa, que dentro de dos mil años, contando desde ahora, ni la mitad de los hombres terrestres gozarán el fruto de tu Doctrina. ¿Tengo razón o no?».

Dije Yo: «Bien mirado, tienes razón, pero esto, en general no es tan importante como piensas. Pues aquí no se trata tanto de la aceptación general de mi Doctrina por todos los hombres en esta Tierra, sino principalmente del puente tendido al fin entre este mundo material y aquel Reino espiritual cuyos países eternos están situados al otro lado del sepulcro, puente erigido por mi llegada actual, por mi Palabra y por mi Doctrina.

Quien en este mundo acepte enteramente en serio mi Doctrina celestial, ya pasará este puente cuando todavía viva en su cuerpo, pero, quien en la Tierra no la acepte sino incompletamente, o la acepte de modo indiferente, o no la acepte de ningún modo, llegará al otro mundo en una gran obscuridad y le será muy difícil encontrar este puente.

Sin embargo, a los hombres, que nunca hayan conocido mi Doctrina se les darán guías en el otro mundo para que les conduzcan a este puente. Si los espíritus, todavía desconocedores de mi Doctrina, siguen a los guías, también ellos pasarán el puente para llegar a la Vida eterna; si por el contrario perseveran obstinadamente en sus ideas, serán juzgados con arreglo a la vida que llevaban sin llegar a convertirse en hijos de Dios».

El Sol. La distancia entre el Sol y la Tierra. El tamaño del Sol. Un eclipse solar

1.84.6 «¡Ve arriba, al Sol! Allí hay otros paisajes. Allí un desierto es más hermoso que aquí un paraíso. Si la luz del Sol da un aspecto hermoso y agradable a las regiones de la Tierra, que sin esta luz sería un mundo lamentable y de miseria, cuánto más hermosas deben ser por tanto las regiones del Sol mismo, parte de cuya abundancia en magnificencia y brillo presta su luz tenue a esta Tierra».

1.84.10-15 El señor, dirigiéndose al discípulo Mateo: «¡Ahora imagínate la distancia entre la Tierra y el Sol! Si un pájaro hubiese salido de la Tierra en la época de la creación de Adán, volando a toda velocidad en dirección al Sol, aun no habría llegado sino tendría que volar todavía muchos años. Cuando seas capaz de entenderlo, entonces comprenderás que el Sol te parezca tan pequeño, el Sol que es más de mil veces mayor que esta Tierra que te lleva».

Dijo Mateo, sin poder comprender ni tal distancia ni el tamaño del Sol: «Señor si esto es así, ¿cómo puedes gobernar y mantener desde la Tierra un mundo tan grande?».

Dije Yo: «Lo que ahora te parece tan imposible -dicho sea entre nosotros- es facilísimo para Mí; cierto es que ahora no puedes comprenderlo, pero tiempo vendrá en que lo comprenderás todo.

Sin embargo, para que puedas ver que por la Omnipotencia del Padre en Mí también al instante alcanzo el Sol, te ruego que prestes atención: voy a cubrir por unos momentos el Sol, de manera que nadie en toda la Tierra pueda verlo, y sabrás que desde esta Tierra también puedo alcanzar el Sol».

Dijo Mateo: «Oh, Señor, no lo hagas, porque entonces los hombres se morirán de miedo».

Contesté Yo: «¡No te preocupes! Los hombres pensarán que se trata de un eclipse de Sol normal, que suceden frecuentemente de una manera natural. En pocos momentos ya tendrán de nuevo el Sol. Ahora vas a ver».

Dijo Mateo, un poco receloso: «Señor, ¿vamos a llamar la atención de todos los aquí presentes sobre lo que va a suceder?».

Contesté Yo: «¡Dejémosles dormir y descansar! Ya es suficiente con que tú llegues a saberlo, pues uno que escribe ha de saber más que aquellos que por de pronto no están destinados a escribir. Atiende, ahora digo: ¡Sol, cubre tu faz por siete momentos delante de toda la Tierra!». En ese instante se hizo completamente obscuro como la boca del lobo. Sólo algunas de las primeras estrellas pudieron verse débilmente.

Mateo tembló de miedo, diciendo: «¡Señor todopoderoso! ¿Quién puede sostenerse a tu lado, cuando tu brazo divino alcanza instantáneamente tal distancia infinita?». Apenas había dicho Mateo estas palabras cuando el Sol lucía de nuevo con su brillo más perfecto y Mateo volvió a respirar más libremente, aunque no pudo abrir la boca a causa de su asombro. No cobró valor hasta después de un buen rato y dijo: «No, Señor; esto no lo comprendo. ¡Tu poder debe ser ilimitado e inmenso! Pero te pido que no nos en el futuro tales pruebas horribles de tu Omnipotencia, pues todo el mundo se consumiría de miedo y perecería dentro de poco».

Dije Yo: «¡No te preocupes por esto! ¿Acaso ha perecido algún hombre? Un poco de miedo nunca daña al hombre sensible...».

El Señor explica el daño que causa la fornicación en este mundo y en el otro. Los placeres voluptuosos son artificios del demonio

1.86.2-8 Vino pues Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había hecho de agua vino (Jn. 4, 46).

Yo pregunté a los habitantes si no había enfermos en este pueblo, pero me contestaron que afortunadamente no había ni un sólo enfermo en todo el pueblo.

Pero Yo les dije: «Bien es verdad que estáis sanos de cuerpo pero no de alma, pues quien fornica está muy enfermo en su alma. Debido a este pecado, el corazón del pecador se hace más duro de día en día, más impasible e implacable para con el prójimo, y finalmente sólo se ama a sí mismo y al objeto con el que puede fornicar, más no a causa del objeto mismo sino de la voluptuosidad. Tal corazón rehuye la Palabra divina, que le desaconseja y persuade de su concupiscencia, y por ende se hará incluso enemigo de los que retienen la Palabra de Dios en el corazón y viven según ella. Muchos de vosotros padecéis esta enfermedad tan perniciosa, y Yo he venido otra vez a vosotros para curaros de esta enfermedad mortal. Quien entre vosotros sepa que está acatado de esta enfermedad, que confíe en Mí y Yo le curaré.

Al anunciar Yo tal consejo, una muchedumbre abandonó la casa, pues a los culpables o pecadores les asaltó un miedo enorme a que Yo les traicionara públicamente. Y así huyeron presurosos. Entre ellos también había algunos adúlteros e incestuosos, y muchos de ambos sexos que se masturbaban. Por fin estaban contentos de encontrarse lejos de mis ojos.

Muchos de los perversos no huían por no ser curados de tal vicio sino a causa de la deshonra».

Dije Yo: «¡Dejemos que se vayan esos necios ciegos! Ante de los hombres tienen vergüenza, pero no delante de Dios, que siempre mira y examina las intenciones de los hombres. Yo os digo a todos vosotros: esta vergüenza mundana es vanidad. ¿Cuánto tiempo de vida les queda en este mundo? Pronto se les va a tomar el cuerpo, cuya carne les ha proporcionado tantas horas dulces. Luego llegarán desnudos al otro mundo, en el que se les publicará minuciosamente y con pelos y señales lo que en éste han hecho tan ocultamente. Allí, los únicos méritos que se les anunciarán serán la ignominia y la vergüenza perdurables de las que no se podrán desembarazar tan fácilmente como aquí.

En verdad os digo a todos vosotros: voluptuosos, fornicadores y rameras no entraran en el Reino de Dios, salvo que transformen radicalmente sus pésimas costumbres. ¡Mirad! Todos los demás pecados los comete el hombre fuera de su cuerpo y por eso le es más fácil enmendarlos, pues lo que ocurre fuera del cuerpo no perderá tanto al hombre como lo que se hace en su interior; pero la fornicación se efectúa en el interior del hombre, perjudica por tanto al alma y al espíritu y es por ello el mal más peligroso de todos los males. Por tal razón, ¡evitadlo y huid de él como si fuese la peste! La voluptuosidad es la manía del diablo. ¡Ay de los que han sido atrapados por el diablo! A estos pecadores les resultará muy difícil soltarse de sus garras. Disgustos, sufrimientos y penas indecibles serán su destino».

1.89.9 Toda comida bien condimentada con el amor del corazón afectuoso y noble del dador, es del mayor sabor y mucho mejor que las comidas más exquisitas puestas en las mesas de egoístas sibaritas.

El Señor da instrucciones a sus dos escribientes Juan y Mateo. Explicación para entender mejor la diferencia o disparidad entre el evangelio de Juan y el de Mateo. Desde hace mucho tiempo el Señor ha tomado las disposiciones necesarias para purificar y aclarar su Doctrina. El testimonio del Señor sobre su nueva revelación actual. Esta segunda señal volvió a hacer Jesús cuando vino de Judea a Galilea (Jn, 4, 54)

1.91.1-20 El día siguiente, en Caná Yo dije a Juan -que anotaba la primera señal de la boda- que él también debía apuntar la segunda señal en la misma aldea, y Juan lo hizo con pocas palabras en ocho versos como está escrito.

Sin embargo también Mateo me preguntó si él debía apuntar este hecho. Pero Yo le dije: «¡Déjalo! Cuando mañana lleguemos a Cafarnaúm y cuando Yo enseñe y haga señales, entonces tú habrás de apuntarlo. Pero añade a mi “Sermón de la Montaña” la curación del leproso de Sicar, al que curé al descender del monte».

Dijo Mateo: «Señor, si mal no recuerdo han sido curados dos leprosos en Sicar, ¿cuál de los dos debo apuntar?».

Dije Yo: «Bien es verdad que han sido curados más de dos, sin embargo, ya basta con uno, al que curé al pie del monte y al que envié al sacerdote Jonael -cuyo nombre no necesitas anotar- para que se le muestre y dé la ofrenda exigida por Moisés para testimoniarlo. Pues quien no me cree a causa de esta señal, no me creería tampoco si Yo realizara cien señales. Por eso de todas las muchas señales apunta solamente la que acabo de mostrarte».

Contestó Mateo: «Ahora ya sé, Señor, a cual de las señales te refieres. Ya tomé nota de ésta, pero no la apunté completamente y lo voy a hacer al instante. Al mismo tiempo, voy a comenzar un capítulo nuevo. El “Sermón de la Montaña” lo dividí en tres capítulos, y este capítulo de las curaciones será el cuarto».

Dije Yo: «Ahora tu división es buena, pero después de que Yo sea ascendido de esta Tierra a mi Reino Eterno y Celestial, tendrás que escribir cuatro capítulos antes; por consiguiente puedes clasificar los tres capítulos del “Sermón de la Montaña” como V, VI y VII, en vez de I, II y III, y el capítulo nuevo como VIII».

Mateo tomó tal disposición en sus anotaciones y el “Sermón de la Montaña”, aunque era el primero de Mateo, no se encuentra hoy en los capítulos principales sino en el quinto, sexto y séptimo.

Es necesario saberlo para poder entender mejor los dos evangelios según Juan y Mateo, pues ambos Evangelios fueron escritos bajo mi dirección personal y con lo dicho se armonizan exactamente dos documentos que exteriormente aparentan ser muy distintos. De ordinario casi siempre ocurría que incluso conocedores profundos de la Sagrada Escritura, aun considerando como idénticos los hechos milagrosos que se parecen en el Evangelio de Mateo y en el de Juan, se preguntaban a pesar de todo: “¿Cómo es posible que Mateo diga esto y Juan aquello cuando el hecho parece ser enteramente el mismo?”.

De ello también surgían muchos errores y no pocas veces una apostasía de mi Doctrina tal como está escrita en los Evangelios.

Bien es verdad que en este caso puede preguntarse: “¿Por qué, Señor, toleraste tal cosa durante tantos siglos?”, y “¿por qué no quisiste poner en claro tal cosa a persona alguna?”. Y Yo digo:

No pasó siglo alguno en el que en todas partes donde se profesaba o conocía en cierto modo mi Doctrina no fueran elegidos ciertos hombres para que expusiesen suficientemente las circunstancias y explicaciones precisas a la humanidad. Los elegidos lo han hecho siempre y también han añadido exactamente a los escritos lo que de mi Doctrina se perdía por la negligencia de los hombres o por la terquedad u obstinación, y no pocas veces por la mala voluntad de los directores de sectas religiosas y de los curas y sacerdotes del Evangelio; no obstante, muy pocos lo aceptaron.

Las iglesias que se fueron formando con el tiempo lo rechazaron y lo consideraron como herejía porque no les servía para sus maquinaciones codiciosas y ansias de mando.

Y los sabios y artistas declararon tales explicaciones “fantasmagorías” y “desatinos o extravagancias” de un soñador estúpido o pobre diablo, que tenía ganas de destacar sin haber adquirido afanosamente, sumergiéndose en estudios profundos, las condiciones y cualidades necesarias.

Y en el lugar donde vivía y era conocido el profeta escogido, no valía nada ni tenía reputación y por tanto no tenía éxito. Según conceptos e ideas generales de los hombres, un profeta no debería vivir en la Tierra propiamente dicha, ni tener forma humana, ni comer, ni beber, ni tampoco llevar ropa, sino que por lo menos debía ir por los aires, sentado como Elías en un carruaje de fuego, y proclamar sólo lo que agrade y lisonjee a los hombres. Entonces sería un profeta auténtico, al que sin duda alguna se dirigirían todos los ojos y orejas, particularmente si además, en sus viajes por el aire, arrojaba monedas de oro y plata para los ricos, y de cobre para los pobres, elogiando a los grandes, ricos y poderosos, y castigando duramente a los pobres, sobre todo cuando osaran rebelarse contra los ricos, grandes o poderosos. Sin duda, para los pobres tal profeta no sería una agradable y seguramente no lo alabarían.

Pero si un profeta es un hombre como todos los demás, si come y bebe, si tiene una morada y además algún oficio mundano, entonces la fama de su don profético está perdida, le tomarán por necio o por hipócrita y en su patria encontrará poca aceptación.

Durante casi dos mil años he suplido siempre lo que faltaba, pero ¿quien lo aceptó? Fueron siempre muy pocos y éstos raras veces lo aceptaron con actividad y viveza suficientes. Bien es cierto que aceptaron los conocimientos; pero adoptar la forma de vida correspondiente y convencerse en su espíritu de que el profeta -un hombre corriente- estaba escogido verdaderamente por Mí para volver a traer al mundo poco a poco obscurecido los hombres una Luz nueva de los Cielos, eso, con toda clase de vanas excusas, siempre lo omitieron.

Uno ha comprado algunos bueyes y los tiene que amaestrar para cultivar la tierra; él no tiene tiempo desde luego. Otro está labrando unas tierras nuevas y por eso tampoco tiene tiempo. Un tercero se ha casado, y por tanto aún tiene menos tiempo. Un cuarto está construyendo una casa grande y no sabe qué hacer con tantas preocupaciones; le resulta absolutamente imposible tener tiempo. De modo que finalmente cada uno tiene su excusa, y, otra vez, la nueva Luz de los Cielos luce en vano durante un siglo en algún rincón perdido de esta Tierra. Y si el siglo próximo vuelvo a dar una nueva Luz para esclarecer los antiguos escritos, le cabrá la misma suerte.

Como la experiencia de siglos obliga a reconocer esto, también debe preguntarse si la culpa es mía, ya que hasta ahora aún se encuentran las mismas lagunas en los escritos antiguos que las descubiertas hace mil años por sabios e intelectuales vanos, de los que, en todos los tiempos, surgieron muchos escépticos y detractores de mi Doctrina, de mi Divinidad y de la Divinidad de mi Doctrina.

Esta es la razón por la que ahora aclaro integralmente este asunto para que nadie pueda tener el pretexto de que Yo, durante mi presencia física en la Tierra, no me hubiera preocupado por la pureza e integridad de mi Doctrina, ni por los hombres que la aceptaron.

Cuando el día final vuelva a la Tierra, haré una gran selección y no aceptaré a ninguno que venga con disculpas, ya que quien busca seriamente siempre encontrará la Verdad.

Un orden justo siempre es bueno y útil. La Omnisciencia de Dios. Cómo son guiados los hombres. El ángel custodio o de la guarda. Dios es Amor. La relación entre Dios, como el Amor puro, y los hombres

1.92.2 «Un orden propio en todas las cosas, aunque parezcan insignificantes, muchas veces reporta un gran beneficio».

1.92.11-18 Conversación entre el Señor y Mateo; el Señor: «Te voy a decir que Dios puede saber todo lo que Él quiere saber; pero aquello que no quiere saber, para que el hombre pueda actuar libremente, eso tampoco lo sabe ¿Lo comprendes?».

Mateo: «Señor, si es así, la vida de los hombres es esta Tierra es una cosa muy peligrosa. Cualquier hombre medianamente instruido conoce los innumerables enemigos que con toda clase de males perjudican a la pobre humanidad y la destruyen. Si Tú lo permites y no intervienes, entonces se plantearán problemas para la salvación de nuestras almas».

Dije Yo: «No es tan malo como piensas, porque en primer lugar cada uno vivirá en su fe religiosa y sobre todo en su amor, y en segundo lugar queda a la discreción de cada hombre dirigirse en todo momento a Dios y pedir su ayuda y Dios dirigirá su mirada al solicitante y le ayudará a librarse de cualquier miseria.

Por lo demás cada hombre tiene un invisible espíritu tutelar o ángel de la guarda, el cual tiene que conducir al hombre desde su nacimiento hasta su tumba. Tal espíritu tutelar ejerce siempre una influencia sobre la conciencia del hombre y sólo se apartará más y más lejos del hombre si éste, conducido por su amor propio, abandona voluntariamente toda fe y todo amor al prójimo.

Por consiguiente, el hombre en esta Tierra no está en modo alguno tan abandonado como piensas, pues todo depende de su voluntad y obrar más libres, si quiere ser vigilado y guiado por Dios o no. Si el hombre quiere, entonces Dios también lo quiere; más si el hombre no quiere, se desliga de Dios y Dios no se preocupará más de él salvo de lo que es destinado al hombre natural según el orden general, esto es, la vida natural y todo lo que condicionalmente es necesario para la misma. Sin embargo, Dios no hace más caso al hombre y no debe hacer caso a causa de la libertad intangible del mismo. Sólo si un hombre busca a Dios desde la voluntad libre de su corazón y le pide su ayuda, Dios atenderá y satisfará los ruegos del hombre siempre por el camino más corto, en el supuesto de que éste busque y ruegue absolutamente en serio.

En el caso de que el hombre no busque y ruegue sino por vía de ensayo, para convencerse de si hay algo en Dios y en sus promesas, entonces no será considerado ni atendido por Dios. Pues Dios en sí es Amor purísimo y vuelve solamente su faz hacia aquellos que se dirigen a Él también desde el amor puro de su corazón y le buscan por amor a Dios mismo, y quieren reconocerle con gratitud como su Creador y tienen el deseo ardiente de ser protegidos y guiados por Dios mismo.

Los que acuden de este modo, Dios sabe bien en cada momento lo que les toca y les enseña y les endereza todas las veredas; pero los hombres que no quieren saber nada de Él, tampoco Dios se interesa por ellos.

Y cuando algún día estos últimos en el otro mundo queden en presencia de Dios, por más que griten y digan: “¡Señor, Señor!”, Dios les replicará: “¡Apartaos de Mí! ¡Nunca os conocí!”. Tales almas tendrán que sufrir y luchar mucho hasta que reconocidas por Dios, puedan acercarse a Él».

1.93.10 «A quien siempre hace voluntariamente algo por amor verdadero para conmigo, se lo retribuiré diez veces aquí y más tarde, en mi Reino, cien, mil e infinitas veces».

1.93.14 «¡Desembarázate de todas las cosas y marcharás más cómodamente; porque los ladrones no asaltan sino a quienes saben que llevan algo encima! Mas cuando no tengas nada, tampoco podrán robarte cosa alguna».

1.94.4 Una confianza absoluta y verdadera en Dios vale más que todos los tesoros de la Tierra, con los cuales puedes ayudar por poco tiempo a tu carne, pero nunca a tu alma. Sin embargo, cuando has perdido tu alma, ¿qué puedes dar más tarde para rescatarla?

En la sinagoga, un hombre justo y cabal da públicamente un buen testimonio verdadero del Señor. Las cualidades o prendas personales de Jesús de Nazaret. La vida, los hechos y la Doctrina del Señor

1.106.1-6 En ese momento, un hombre reputado de la región de Cafarnaúm se colocó delante de los demás y dijo: «Muy apreciado servidor de Jehová, Jesús, al que haces alusión, es nativo de esta región y también de esta ciudad, y siempre se ha portado honradamente y con religiosidad, temeroso de Dios. Se le ha visto con frecuencia rezar incesantemente; nadie le ha visto nunca reír, sin embargo se le ha visto llorar muchas veces en lugares escondidos, que solía frecuentar.

Ya en su juventud ocurrieron cosas extrañas con Él y ahora en calidad de médico, que no tiene semejantes en toda la Tierra ha emprendido un viaje, cura a los enfermos con la sola Palabra como únicamente le es posible hacer a Jehová.

Todos los hechos desde Moisés hasta nuestros días no han sido casi nada en comparación con los que Él realiza. Cura instantánea y completamente a quienes llevan muchos años inválidos. Cualquier fiebre, por fuerte y obstinada que sea, debe humillarse ante sus palabras; los mudos, sordos y ciegos de nacimiento hablan, oyen y ven tan perfectamente como nosotros. La lepra por perniciosa que sea, cura instantáneamente; por la mera palabra exorciza legiones de diablos de los posesos, y llama a los muertos y éstos se levantan, comen, beben y andan como si nunca les hubiese pasado nada. Es también dueño de los elementos y le obedecen como si fuesen sus servidores más fieles y complacientes.

Su Doctrina, en términos generales es la siguiente: Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo.

Pero como el mismo realiza tales hechos y anuncia la Doctrina más pura a sus discípulos, le tenemos por un profeta extraordinario, al que Jehová nos envió de los Cielos en nuestra miseria más grande, como en otros tiempos Elías fue enviado por Él. Esto es todo lo que yo y muchos otros sabemos de este Jesús y no podemos dar suficientemente las gracias a Dios porque volviera a acordarse de su pobre pueblo muy afligido por las tribulaciones.

Muchos le tienen por el gran ungido del Señor. Por lo que a mí respecta, no estoy a favor ni en contra, sin embargo yo os pregunto si el Cristo que vendrá algún día podrá efectuar hechos mayores».

La confianza verdadera en Dios

1.125.13-14 El Señor: «Quien confía en Dios, también Dios confía en él y no le abandona ni le deja perecer. Pero quienes creen que Dios es Dios, pero no confían enteramente en Él porque sus corazones les dicen que no merecen la ayuda de Dios, a éstos Dios tampoco les ayuda pues no tienen confianza en Él, sino sólo en sus propias fuerzas y medios, que consideran invulnerables».

Dicen: «¡Hombre, si quieres ser ayudado, ayúdate a ti mismo! Pues cada uno cuida de sí primero, o mejor, cada uno quiere llevar el agua a su molino y dejar en seco al del vecino. Y hasta que él se haya provisto, el pobre, que lo necesita, perecerá».

Pero Yo os digo: «Si primero cuidáis de vosotros, entonces seréis abandonados por Dios y estaréis desprovistos de su bendición y de su ayuda segura. Dios no creó al hombre por egoísmo sino por amor puro. Por consiguiente los hombres deben corresponder totalmente a este amor que les dio su existencia».

Aventuras en el Más Allá de la hija resucitada del principal Cornelio

1.129.1-3 Dijo la hija resucitada, de nombre Cornelia: «Ahora me acuerdo perfectamente de que estuve muy enferma, pero durante la enfermedad recibía un sueño dulce, me adormecí y tuve una visión maravillosa. Fuera donde fuese era luz, nada más que luz, y en la luz se formó un mundo maravilloso. Y podían verse jardines indescriptiblemente hermosos bañados en la luz más clara, y surgía una suntuosidad tras otra. Pero me parecía que ningún ser viviente moraba estas magnificencias y grandezas, y cuando llena de asombro contemplaba estas grandes y brillantes magnificencias y todavía no había aparecido ningún ser viviente, tuve miedo a pesar de todas las suntuosidades indescriptibles. Me eché a llorar y a dar voces, pero de ningún sitio recibía ni un eco en voz baja, ni una respuesta aparente. Entre las maravillas y grandezas que continuamente aparecían, me puse más y más triste.

Cuando me dejé caer en tal tristeza empecé a llamarte en voz alta, padre mío, y en aquel instante vino este amigo por entre los jardines, cogió mi mano y dijo: “¡Levántate, hija mía!”. Y en aquel momento desaparecieron todas las grandezas y magnificencias que me habían puesto triste y desperté, mientras este amigo todavía me cogía la mano. Al principio no pude recordar todo lo que yo había visto, pero ahora, cuando vuelvo a tener los sentidos tan puros como eran en los Cielos, me acuerdo de toda la visión que tenía como acabo de contártelo.

Me parece muy extraño que yo, al morir en esta cama, muriese para este mundo y siguiese viviendo en el sueño; venía a mí, ahora esté aquí como le había visto en la visión».

1.129.2 El Señor: «Quien me ama a Mí, también ama a aquél que está en Mí y que es la Vida eterna. Aunque muera mil veces en este amor para conmigo, vivirá eternamente».

La magnitud del mundo material y la del mundo espiritual. La dignidad y el elevado destino de los hijos de Dios «¡Actuad según su Palabra!»

1.140.3-9 El Señor: «Esta Tierra, el gran Sol, la luna y todas las estrellas, que allá donde están forman mundos enormes, entre los cuales hay algunos que son millones de veces mayores que esta Tierra, todo esto junto, en relación a la creación infinitamente grande del mundo material cósmico, representa mucho menos que la gota más pequeña de rocío comparada con el gran mar de esta Tierra, el cual es tan grande que un buen navegante, empleando la doble edad de Matusalén no alcanzará a navegarlo en toda su superficie. Pero el mundo cósmico, con todo lo que en él ha sido creado hasta ahora, también tiene sus límites, más allá de los cuales se extiende un espacio eterno e ilimitado, cuya extensión comparadas con toda la creación cósmica antes nombrada es como la eternidad comparada con un momento fugaz.

Pues bien, el mundo de los espíritus es tan infinito o ilimitado como el espacio que eternamente no tiene fin alguno.

Aunque el espacio eternamente no tiene fin alguno y en la verdadera aceptación de la palabra es infinito en todas direcciones, no hay en las profundidades y distancias más remotas del espacio ningún lugar donde el espíritu de la sabiduría y de la Omnipotencia de Dios no esté presente, como ahora, aquí en este lugar, entre vosotros, los verdaderos hijos de Dios, los cuales se distinguirán por su verdadero amor a Dios y por el amor puro a sus prójimos. En el otro mundo en la casa grande del Santo Padre, recibirán el poder de llenar más y más con creaciones nuevas el espacio infinito que nunca podrá ser llenado completamente.

Yo os digo. No hay ojo mortal que pueda ver, ni oreja que pueda oír, ni sentido terrestre que pueda percibir lo que en el otro mundo, en el Reino de los Cielos, esperará a los que son dignos de llamarse hijos de Dios.

Pues delante de los ojos de los verdaderos hijos de Dios las Tierras, los Soles y las Lunas flotarán como polvo centelleante.

Por tanto no solo escuchéis; debéis actuar según mi Palabra.

No reconoceréis sino a través de los hechos si las palabras que acabo de decir y las que todavía voy a pronunciar provienen de la boca de un hombre o de la boca de Dios».

La prohibición de que Satanás entre en el Más Allá

1.152.11 Verdad es que se le permite al Satanás entrar en el mundo natural y de vez en cuando hacer allí de las suyas; pero para siempre se prohibe a todos los diablos la entrada en el mundo de los espíritus. Donde ha comenzado una vez la Vida verdadera, la muerte está eternamente ausente. “Satanás”, “diablos” e “infierno” son el juicio, por consiguiente la muerte misma, y no tienen nada que ver en el Reino de la Vida.

Tres espíritus de la Luna dan información sobre su mundo

1.153.5-14 Yo dije a las hijas del Kisiona: «¡Queridísimas hijas mías! Detrás de vosotras se encuentran tres espíritus de la Luna. ¡Preguntadles! Ellos os dirán exactamente lo que es la Luna, de qué manera altera continuamente su luz y por qué algunas veces hasta la pierde completamente».

Luego la hija mayor preguntó a los tres espíritus sobre la Luna y éstos respondieron: «Hermosa, la pregunta que nos haces sobre la Luna es semejante a la que podríamos hacerte sobre la Tierra, en la que habitas. No sabes por qué ahora está obscuro en la Tierra y sin embargo no lo preguntas. ¿Cómo puedes hacer una pregunta sobre la Luna, que está mucho más lejos de ti que la Tierra que te lleva?

La Luna, como tu Tierra, también es un mundo. Tu Tierra es redonda como una bola o esfera; así también es nuestra Luna. Tu Tierra no queda iluminada de una vez por el gran Sol, sino sólo por la mitad, y así también ocurre con nuestra Luna. Entre vosotros la duración media de la noche es de trece de vuestras horas cortas, aproximadamente, y de la misma duración es el día de la Tierra. Pero en la Luna, la noche, al igual que el día, tiene una duración de catorce días y noches de tu Tierra, y ésta es la razón de que tu ojo, desde la Tierra, observa el cambio continuo de la luz lunar. Esto es una diferencia muy importante entre la Luna y tu Tierra, que es mucho mayor que nuestra Luna.

Además todavía existe otra diferencia enorme entre tu Tierra y nuestra Luna, y esta diferencia estriba en que la Luna únicamente está habitada por seres de mi especie en un solo lado, que tú no puedes ver, mientras que tu Tierra está poblada en todos los lados o está habitada en su mayoría.

Pero en la Luna no se vive tan bienaventuradamente como aquí en la Tierra. Allí hace un frío y un calor insoportables, allí se pasa mucha hambre y frecuentemente mucha sed abrasadora. Por eso te aconsejo que no anheles vivir en aquel mundo, pequeño pero extremadamente duro, en cuyos campos no se dan el trigo, los cereales, ni siquiera la vid.

Sin embargo, en el lado de la Luna que siempre puedes ver desde la Tierra, no viven seres encarnados, ni animales, ni hombres, sino únicamente espíritus infelices, los cuales no pueden ayudarse fácilmente cuando se hallan en un apuro del que no saben salir. Y ahora ya conoces todo lo que te es necesario saber.

También te aconsejo que no quieras saber más de la Luna, pues tal conocimiento acabaría por sumirte en la tristeza y la infelicidad.

Dedícate sólo al amor y abandona toda la sabiduría; pues más vale comer en la mesa del amor que lamer el rocío escaso de la piedra filosofal en la Luna».

Después de esta descripción, los tres espíritus lunares se fueron y la hija mayor me preguntó confidencialmente si las coas y las relaciones eran en la Luna como los tres espíritus las acababan de relatar.

Y Yo le dije: «Sí, queridísima hija mía, así son precisamente y a veces aún mucho peor».

1.155.15 «Habéis de ser tan perfectos como perfecto es en tofo el Padre Celestial, de lo contrario nunca podréis ser sus hijos».

Las leyes de Dios

1.164.2-3 El Señor: «La muerte del cuerpo también ha sido establecida como ley inalterable e inevitable, y a pesar de todos los lamentos del hombre, Dios no retira su Palabra santa. Ahora puedes discutir y estar descontento con tu suerte tanto como quieras, pero al fin y al cabo tendrás que morir. Sólo en el otro mundo comprenderás que tal morir te era absolutamente necesario.

Y, así es con todas las leyes que salen de la boca de Dios. ¡Prescríbete la ley divina a ti mismo y fácilmente serás capaz de observarla! Pero si tomas por norma otra ley distinta a la que Yo te doy entonces difícilmente serás capaz de cumplir con mi ley. Cuando una ley está en contraposición con otra, es sumamente difícil cumplir tanto una como otra».

La caída de los ángeles. Los ángeles puros, los espíritus caídos y los hombres

1.165.8-10 «Los hombres y los espíritus se diferencian considerablemente ya que un espíritu puro, como lo ves aquí en estos ángeles, desde el principio se valía sabiamente de su libertad, utilizándola según mi Orden y nunca pecaba contra él. Sin embargo, una gran parte de los espíritus -en tu concepto un número inconcebible- abusó de la libertad de su voluntad, por cuyo motivo cayeron en el juicio amenazado. De tales espíritus, en los que en realidad consisten toda esta Tierra y todos los mundos incontables como el Sol, la Luna y las estrellas, se originan, según una ley inalterable establecida en toda la naturaleza, los hombres de esta Tierra y también todos los hombres de los otros mundos, por la vía de la procreación primero y del nacimiento después. Por medio de educación, enseñanza e instrucción han de ser formados como hombres, y después de haber dejado su cuerpo han de hacerse espíritus puros y libres.

Como en general la encarnación sólo se efectúa en espíritus liberados del juicio para que en ella se sometan a una nueva prueba de libertad, como si no dependieran de nadie, fácilmente reconocerás la inutilidad del cuerpo físico para los espíritus ya perfectos; pues la carne solamente es un medio y nunca es ni puede ser un fin, porque finalmente todo tiene que hacerse espiritual y nunca más material.

Yo te digo: Esta Tierra y todo este cielo de Soles, Lunas y mundos pasarán cuando por vía de la carne todos los espíritus juzgados en el juicio se hayan convertido en espíritus puros; pero lo espíritus puros permanecerán eternamente y nunca perecerán, así como Yo y mi Palabra tampoco pasarán nunca».

El motivo de la Encarnación del Señor. La Salvación

1.166.10 «Las cosas llegaron a tal extremo que todos los hombres se habrían perdido, si Yo el Señor, no hubiera venido a este mundo para salvaros del yugo del Satanás y de su perdición eterna. Yo mismo tengo que hacer cuanto cabe en mi poder para, en el principio, elevar una mínima parte de los hombres a la Luz verdadera de los Cielos».

Un evangelio dirigido a los novios. La decadencia de la humanidad motivada por las mujeres. Las características de las malas mujeres. Prevención contra el matrimonio con una mujer orgullosa y soberbia. La maldición de tal enlace en éste y en el otro mundo. Maldad y bondad no gobiernan a la vez en el mismo corazón

1.167 El Señor: «¡Ay del mundo cuando las mujeres vuelvan a ataviarse y a sentarse en los tronos; entonces la Tierra pasará por el fuego!

Preocupaos por tanto de una buena disciplina con las mujeres. ¡Ante todo hacedles practicar la verdadera humildad! Deberán estar limpias, pero no ataviadas ni pintadas, pues el colorete, los atavíos y el adorno de las mujeres significan la perdición de la humanidad.

Así como una mujer pura, bien educada y humilde es una bendición para toda la casa, una mujer pintada y ataviada, y muy soberbia por tanto, es una maldición para toda la Tierra. Este tipo de mujer es un Satanás en miniatura entre los hombres, totalmente igual a una serpiente, que con sus miradas voluptuosas atrae a su garganta venenosa y mortal a los pájaros del cielo.

Por esto os doy el siguiente consejo, sin que sea un mandamiento:

Si algún hombre escoge una muchacha y pretende casarse con ella, que se asegure de que la muchacha elegida no se atavíe el cuerpo, sino que se lo lave con agua, lo que es necesario para la salud; que en la calle no ande con la cara descubierta y que no haga alarde de sus otros atractivos, sino que sea bien educada, disciplinada y virtuosa en todo, que en verano cubra bien su cuerpo con vestidos de lienzo, y que en invierno lleve vestidos de lana no teñida; que tampoco peque con la lengua, ni hable con falsedad, que siempre se atenga a la Verdad; que no se vanaglorie como si tuviese algo, pues para las mujeres es más provechoso no tener más de lo que les es imprescindible. Tal muchacha entonces es digna de un hombre y debéis casaros con ella. Pero una muchacha rica y adornada, vestida de ropa llamativa, que en la calle anda exponiendo su cara descubierta y que aprecia que los ricos y distinguidos la saluden, mientras ella misma dice de los pobres: “¡Mirad qué gentuza maloliente!”, en verdad os digo que debéis huir de tal muchacha como de un cadáver descompuesto.

Pues tal muchacha es un fiel y minúsculo trasunto del infierno tentador. Quien se case con ella cometerá un grave pecado contra el Orden divino y podrá estar seguro que su mujer, durante su vida en la Tierra, difícilmente mejorará. Caso que ella muera antes que su marido, cuando éste llegue al Más Allá, y aunque haya sido un hombre virtuoso, le arrastrará al infierno durante un tiempo considerable por haberla querido a causa de sus seductores atractivos.

Así como tal mujer en la Tierra aplicaba medios fraudulentos para echar el anzuelo a un hombre escogido por su lascivia, también en el otro mundo -aunque mil veces más tentadora- y con todas los encantos imaginables, irá al encuentro de su marido que la seguirá, y con suma astucia lo conducirá a su nido infernal. Le costará mucho librarse de su mujer.

Por eso debéis prestar atención a lo que acabo de deciros, y quien se case mire bien lo que hace, y que antes examine a su novia para que en vez de un ángel no se cargue con un demonio del que no podrá desembarazarse tan fácilmente.

Las características os las he indicado suficientemente. Ateneos a las instrucciones que os he dado y seréis felices en éste y en el otro mundo. Esto no os lo doy como un mandamiento obligatorio, sino como un consejo, tal como antes he mencionado, y a todas las mujeres vanidosas será de gran provecho si lo seguís.

Además, quien entre vosotros instruya a una muchacha presumida y tentadora de manera que reconozca su vanidad, tendrá un gran mérito en el Cielo.

¡Apartad vuestros ojos de una mujer fascinante, pues tal mujer está secretamente, sin saberlo, en alianza con Satanás y le sirve inconscientemente para sus fines seductores.

Quien quiera ver a Satanás en su aspecto más maligno, que mire a una ramera pintada y ataviada o a una mujer adornada, y verá a Satanás en su aspecto más peligroso para el hombre.

Cuando Satanás obra como dragón vomitando guerras, hambre y pestes sobre la Tierra, entonces es poco peligroso para los hombres, pues en tales miserias los hombres se dirigen a Dios, empiezan a hacer penitencia y de esta manera se salvan del infierno y de su juicio. Pero si Satanás viste sus dragones con el traje luminoso de un ángel, entonces será muy peligroso para el hombre, inclinado por naturaleza a la voluptuosidad: sería como si un lobo rapaz vestido de oveja entrase en el corral de las ovejas. Si el lobo viene como lobo a las ovejas, éstas huyen en todas direcciones y desorientan al lobo que se detiene y cavila a cual de las ovejas debe capturar y finalmente se marcha sin presa alguna; sin embargo, si el lobo se acerca vestido de oveja, las ovejas no huirán, sino que por el contrario se alegrarán de la nueva compañera, la cual es un lobo que devorará todo el rebaño sin que oveja alguna huya de él.

Por esta razón debéis conservar en vuestros corazones esta Doctrina y consejo como cosa sagrada y seguirlo como si os lo hubiese dado como un mandamiento; en tal caso vuestros matrimonios serán colmados por la bendición del Cielo, de lo contrario por la maldición del infierno.

No os dejéis seducir por los encantos mundanos y engañosos; sed siempre sensatos y tasad el mundo en su justo valor. No cambiéis el oro y las perlas que habéis recibido de los Cielos por las vanidades del mundo, y siempre habrá paz entre vosotros y veréis los Cielos abiertos. Pero si no podéis resistir los atractivos de este mundo y os hacéis cautivos, entonces tendréis que achacaros a vosotros mismos si los Cielos se cierran más y más ante vosotros; y cuando estéis metidos en miseria grande y claméis al Cielo, pidiendo ayuda, el Cielo no os prestará auxilio. Pues no es posible que alguien esté apegado con complacencia a los gozos y alegrías del mundo y al mismo tiempo pueda mantener buenas relaciones con el Cielo.

Todo hombre está creado y constituido de tal manera que en su corazón no caben, al mismo tiempo, lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso; habrá lo uno o lo otro, pero ambos jamás.

En su juicio el hombre puede y debe reconocer a los dos, es decir, a lo bueno y a lo malo, a lo verdadero y a lo falso; pero en su corazón no puede permanecer como fondo de la vida sino lo uno o lo otro».

Un Evangelio acerca de la risa

1.169.15-18 Los hombres no deben reír, o por lo menos muy raras veces, pues la risa proviene del despertar de espíritus maliciosos, que se encuentran en el cuerpo humano.

Una expresión radiante del rostro, de la cual puede reconocerse una benevolencia particular, es celestial. Los diablos se ríen siempre cuando consiguen hacer una mala jugada; pero en los Cielos nadie ríe, sino que se obra siempre con la benevolencia más cordial y amable para con las criaturas más miserables e infelices. Se está lleno de compasión con cualquier hombre que todavía ha de cumplir con sufrimientos su tiempo en la Tierra. Esto os sirve para todo el porvenir, no lo olvidéis.

Cuando los hombres empiezan a burlarse mucho de las flaquezas de sus hermanos, la fe desaparece como el Sol tras su puesta y el amor en sus corazones se enfriará y habrá una miseria entre los hombres como antes nunca ha habido en la Tierra.

¡Acordaos de esta enseñanza de los Cielos! Cuando vuestros hijos se burlen, castigadlos. Pues más vale llorar que reír, porque la burla es un atributo del infierno, continuamente lleno de risas sarcásticas.

Reglas de conducta para jueces y legisladores. El tratamiento de los criminales y de los condenados a muerte

1.174.6-18 Nadie debe odiar a un pecador porque peca; sin embargo, cada uno hará bien en odiar al pecado y lo aborrecerá verdaderamente. Sólo a un malhechor tenaz y obstinado, el cual es una misma cosa con el pecado, no has de darle la mano. Pero si por tal motivo cae en una miseria justa para ser corregido y te llega una súplica suya, entonces no deberán hacer oídos sordos; y si ves a un reo condenado a muerte, no deberás sentir alegría por su triste suerte, aunque haya cometido el delito en tu propia casa y por tal motivo esté condenado a morir; también es posible que tal reo y delincuente pueda ser feliz en el otro mundo.

El amor debe ser elemento predominante en la vida de cada hombre. Una justicia que no tiene sus raíces en el amor no es justicia ante Dios, y quien la ejecute como juez, ante Dios será un pecado diez veces mayor que el condenado, y un día Dios le condenará sin tener compasión, como él había condenado a su prójimo.

Por tanto no juzgues ni condenes a nadie aunque haya pecado gravemente contra ti, y no serás juzgado ni condenado, pues con la medida con la cual uno mide, con la misma medida se le pagará en el otro mundo. El juez duro y severo que legalmente obra según cualquier ley, pero que al mismo tiempo es frío y duro de corazón, en el otro mundo será condenado delante de un tribunal que procederá de la misma forma implacable, sin tener compasión. Los alguaciles, esbirros y verdugos, sin embargo, nunca verán la faz de Dios.

El que prende un ladrón o un asesino, hace bien si le entrega a un tribunal justiciero; pero el juez nunca debe olvidar que el reo mientras viva en este mundo no es un diablo total, sino un hombre mal educado y seducido; para su posible corrección han de hacerse todos los intentos posibles, antes de que como diablo incorregible pueda ser sentenciado a muerte.

Pero ante el tribunal de justicia se ha de proceder de tal manera que un condenado no sea muerto en el acto, sino que debe ser fuertemente atado por las manos y por los pies a la picota, cinco palmos por encima del suelo, y expuesto a las miradas del pueblo por un día entero. Al manifestar fervorosa y candorosamente que se quiere corregir y mejorar, ha de ser desatado de la picota y admitido en una casa adecuada de corrección; pero no ser puesto en libertad hasta que demuestre sin duda alguna una verdadera corrección. Sin embargo, si el reo atado todo el día en la picota no da señal alguna de que quiere corregirse, entonces será un diablo perfecto, y si todavía vive en la picota, deberá ser muerto después del ocaso y deberá ser quemado en el patíbulo junto con la picota.

Explicación de la parábola sobre la hierba mala (Mt 13, 37-42)

1.197.12-15 «Yo, o como dicen los judíos, el Hijo del hombre, siembro la buena simiente. El campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del Reino y la cizaña los hijos del mal. Y el enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo y los segadores son los ángeles. De manera que tal como es cogida la cizaña y quemada al fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su Reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad, y los que no tienen compasión con la miseria de los hermanos, y los echarán en el horno de fuego: allí será el llanto y crujir de dientes. Mas el horno de fuego será el corazón de los hijos del mal: arrogancia, egoísmo, soberanía, crueldad, dureza del corazón, indiferencia contra la Palabra de Dios, avaricia, odio, envidia, mentira, engaño, falta a la palabra, deslealtad, lascivia, fornicación, prostitución, adulterio, falso testimonio, difamación y todo lo que va contra el mandamiento del amor al prójimo.

Pues así como a los justos les florecerá en sus corazones toda la Gloria del Cielo, así también a los injustos les crecerá en sus corazones lo que en él tienen; porque una mala simiente nunca dará buen fruto.

Un corazón duro nunca dará fruto blando; uno que no cumple con su palabra nunca recolectará, y la ira siempre será el fuego que nunca se apaga. Por consiguiente, guardaos de todo eso y sed justos según la ley del amor».

El Señor continúa explicando la parábola de la mala hierba. Lo peor es una promesa no cumplida. «¡Sed justos y amorosos!»

1.198.1-7 «Si queréis ser verdaderos hijos de Dios, no prometáis nunca a persona alguna lo que luego no podréis cumplir o, aún peor, lo que no querréis cumplir, sean cuales fueran las razones; en verdad digo: lo peor es una promesa incumplida.

Quien está enojado peca en sí y primero se perjudica a sí mismo, quien fornica pone su alma en el juicio de la carne y vuelve a perjudicarse a sí mismo; pero el mal de los males es la mentira.

Si has prometido a alguien hacer algo y de pronto se dan circunstancias que te hacen imposible cumplir con tu promesa, entonces vete inmediatamente a la persona a la que diste la promesa y con corazón abierto y francamente muéstrale lo que te ha pasado para que él, que cuenta con el cumplimiento de tu promesa, pueda hallar a tiempo recursos y medios para arreglar sus asuntos.

Ay de quien hace una promesa y no la cumple, aunque pueda cumplirla, pues con eso causa un mal importante. En este caso, el que cuenta con el cumplimiento de la promesa no puede cumplir con su deber y los que confían en él también tienen las manos atadas, de manera que tal promesa incumplida puede causar un apuro muy grande y aflicción profunda a miles de personas. He aquí que una promesa no cumplida constituye lo contrario al amor para con el prójimo, que es el peor de los males.

Más vale tener un corazón duro que no cumplir con una promesa, porque un corazón duro nunca hace concebir esperanzas. Todo el mundo sabe que no puede esperarse nada de quien es duro de corazón y buscará otros recursos. Pero cuando alguien espera algo que le han prometido, entonces no tomará otras medidas ni disposiciones, y cuando llegue el momento en el cual el hombre que contaba con el cumplimiento de la promesa quiera arreglar sus negocios y el prometedor le deje plantado sin advertirle anteriormente que no le ha sido posible cumplir con su promesa por una razón que naturalmente ha de ser verdadera, entonces el que hizo la promesa es igual a Satanás, que desde el principio también hizo al hombre las promesas más brillantes por medio de sus profetas, pero nunca las ha cumplido, arrojando a muchos a la miseria.

Cuidaos por tanto de hacer promesas que no podáis cumplir, y lo que todavía es peor, no hagáis promesas si no las queréis cumplir cualquiera que sea la razón. Porque obraríais como el príncipe de los demonios.

Sed caritativos, amorosos y justos en todas las cosas; pues los justos resplandecerán en el Reino del Padre como el Sol en el mediodía más claro».

Advertencias para la misión. La Verdad es la espada del Amor. «Mi Reino no es de este mundo». No temáis a los hombres sino únicamente a Dios

1.201.2-4 y 11-14 «¡Con qué dificultad se separará el hombre rico de sus bienes y qué fácilmente abandonará este mundo el que no posee bien alguno del mundano seno venenos, sobre todo si fue perseguido a causa de mi nombre! Este último desprecia el mundo y en verdad no le da pena abandonar este obscuro reino de pestilencia para entrar con visión clara en el Reino de los Cielos.

Así como el oro se purifica en el fuego y obtienen su gran valor, así también debe ser el caso con todos vosotros que queréis ser discípulos e imitadores míos; pues mi Reino, para el que todos nosotros trabajamos ahora, no es de este mundo, sino de aquel gran mundo que, como eternamente imperecedero, sigue a esta corta vida terrestre de prueba.

Por tal razón no os doy la paz para esta vida sino la espada; pues por medio de la lucha con el mundo y con todo lo que os ofrece deberéis conseguir la libertad de la Vida eterna. Mi Reino se hace fuerza y los que no lo conquistan con violencia no se apoderarán de él.

Quienquiera que en la lucha por Mí pierda su vida terrestre, la hallará plenamente en mi Reino; pero quien en la lucha por Mí haga todo para conservar su vida, será un cobarde y nunca participará en la corona triunfal de la Vida eterna.

Yo sé mejor que nadie cómo Satanás maltrata el mundo, y Yo tengo poder suficiente para aniquilarle, pero mi gran Amor y paciencia nunca me lo permitirían.

Quien se imagina vencer a su enemigo, aniquilándole, es un luchador cobarde. No por su valor ni su audacia, sino únicamente por su gran miedo es por lo que se deshizo del enemigo, a quien tanto temía.

Quien quiere ser un héroe verdadero no debe destruir al enemigo sino que ha de tomarse el trabajo de ganárselo, haciéndolo con toda la prudencia, paciencia, amor y sabiduría de su corazón. Sólo entonces podrá vanagloriarse de una victoria verdadera sobre su enemigo, y el enemigo mismo, conseguido por tal lucha, será su mejor premio».

Todos vosotros sois hermanos y hermanas iguales. El sábado verdadero. La justa casa de Dios y el verdadero servicio divino

1.202.9-13 «No debéis creeros mejores que cualquier otro hombre. No hay sino Uno que es el Señor de todos vosotros; pero todos vosotros sois iguales como hermanos y hermanas, y en esto no debe hacer diferencia alguna entre vosotros.

Del mismo modo no debe haber norma o regla alguna entre vosotros y no debéis dar importancia a ciertos días y tiempos como si éstos fueran mejores o peores que otros, o creer que Dios haya fijado ciertos días en los que Él quisiera escuchar vuestras oraciones y aceptar vuestras ofrendas. Yo os digo: Con Dios todos los días son iguales, y entre muchos el mejor es aquél que habéis hecho verdaderamente bien a vuestro prójimo. Por tal razón, en el futuro vuestros hechos buenos determinarán el verdadero sábado que será el único que contentará a Dios.

El día en que hagáis bien, este mismo día será un verdadero sábado para Dios; sin embargo, el sábado común de los judíos será un horror a los ojos de Dios.

Pero si queréis edificar una casa de Dios, entonces construid hospitales y asilos de pobres para vuestros hermanos y hermanas menesterosos, y servidles con todo lo que necesiten, y así realizaréis un servicio del que vuestro Padre en el Cielo tendrá gran satisfacción.

En tales auténticos servicios divinos se reconocerá que verdaderamente sois discípulos míos».

Al quien quiere hacer bien, el viento le sopla favorablemente. El verdadero amor puro y el amor interesado

1.202.4 y 25-26 «Creedme, quien tiene buenas intenciones siempre es conducido por buenos vientos, pero quien tiene malas intenciones es guiado por malos vientos.

Quien no me ama por amor a Mí mismo, no llegará allí donde Yo estoy.

El hombre tiene que amar a Dios sin ansias de ganancias y sin interés personal, como Dios le ama a él; de lo contrario es enteramente indigno de Dios».

Algo sobre el ayuno verdadero. El efecto perjudicial de la mortificación para establecer trato con el mundo espiritual

1.207.6-10 «¡Sed siempre moderados en la comida y en la bebida, para que vuestras almas no caigan enfermas y no perezcan en sus desperdicios!».

Dijo Simón Pedro, con cara seria: «Señor, si esto es así, lo que no hay que poner en duda alguna, ¿entonces conviene ayunar más que comer?».

Dije Yo: «Quien ayuna en tiempo oportuno hace mejor que quien come opíparamente; pero hay una diferencia entre ayunar y ayunar. El ayuno verdadero consiste en que uno se abstienen principalmente de todos los pecados, y que con toda su fuerza reniega de todas las cosas mundanas, toma su cruz (en aquel entonces esta expresión era metafórica y significaba: miseria, penas, sufrimientos y apuros) en sus hombros y sigue en pos de Mí sin estar demasiado preocupado en cuanto al comer y al beber, ni tampoco en pasar de la necesidad a la comilona; todo lo demás respecto al ayuno tiene poco valor, o no tiene valor alguno.

Hay personas que por medio de ciertas mortificaciones quieren entrar en el mundo de los espíritus, y luego, con ayuda de ellos, dominar las fuerzas de la naturaleza; esto no sirve al alma, al contrario, le perjudica mucho; pues el alma caerá del árbol de la Vida como un fruto madurado a la fuerza, un fruto cuya simiente vital en todos los tiempos está podrida, estéril, y por tanto muerta.

Tal mortificación y ayuno no es virtud alguna, sino un pecado extraordinariamente grave».

Doctrina corta de la Vida

1.210.10 «Sed justos en todas las cosas, amad a Dios sobre todas las cosas y a vuestro prójimo, ya sea amigo o enemigo, como a vosotros mismos; haced bien a los que os causan mal; bendecid a los que os maldicen y rezad por aquellos que os ultrajan y os persiguen, y seréis aceptados como hijos del Altísimo. En esto consiste el único y verdadero agradecimiento para Mí por todo lo que Yo os he hecho. Esto es todo lo que Yo exijo de vosotros».

La razón del encubrimiento del recuerdo de nuestra vida anterior. La relación entre el cuerpo, el alma y el espíritu. El camino de la perfección del hombre terrestre. El espíritu del hombre terrestre equivale a un dios pequeño. La diferencia espiritual entre los seres terrestres y los de los otros mundos

1.214.8-11 Filopoldo: «Quiero saber por qué se conserva un recuerdo muy débil, la mayoría ninguno, de los acontecimientos de la vida anterior. ¿Por qué es esto así?».

El ángel: «Porque aquí, en la Tierra, se trata de que la criatura tiene que transformarse en una criatura enteramente nueva, por Dios y en Dios. Cuando seas una criatura nueva de Dios, y hayas adquirido la calidad de hijo de Dios, volverás a recibir todo lo demás.

En todos los demás mundos innumerables, eres formado exterior e interiormente con arreglo a lo que debes ser; pero aquí Dios ya encarga la formación exterior al alma, la cual construye asimismo el cuerpo, y esto según el orden en el que ella está creada. Pero, sobre todo, cada espíritu puesto en el alma ha de formar antes a ésta cumpliendo las leyes que le han sido dadas. Si el alma ha obtenido el grado justo de madurez y perfeccionamiento, el espíritu del hombre es un dios en escala diminuta, pues es enteramente del Corazón de Dios. Pero el hombre no lo es por la acción de Dios, sino enteramente por su propia acción, y he aquí que es un hijo verdadero de Dios. Te lo repito en pocas palabras:

En todos los demás cuerpos celestes, los hombres no han de formarse por sí mismos; quedan formados de Dios o de Sus hijos. Pero aquí en la Tierra, los hombres han de formarse enteramente por sí mismos, y de acuerdo con el orden que les ha sido revelado; de lo contrario no podrán ser hijos de Dios. Y así, u hombre perfecto en esta Tierra y en calidad de hijo de Dios, en todo iguala a Dios; por el contrario un hombre imperfecto está muy por debajo del nivel de los animales».

1.215.10-12 «Quien quiera venir, que venga; porque la irresolución nunca ha favorecido a ningún hombre.

Pues mientras alguien en todas sus acciones no dirige sus pasos en línea directa hacia Mí, todo lo que hace es en vano para su Vida. Y si poseyera todo el mundo y no me poseyese a Mí, no le serviría nada tener todo el mundo, pues está muerto. Pero cuando Yo, en el tiempo de la revelación del Evangelio, llamo a alguien y le digo “¡Ven!”, y no viene, será entregado a la muerte del espíritu».

El motivo de la encarnación del Señor en la Tierra

1.216.4-5 Yo escogí precisamente esta Tierra porque sus hijos son los últimos y los más inferiores de toda la infinidad y por eso Yo he vestido el vestido de la humildad y de la bajeza más profundas para que todas las criaturas en mi Creación infinita puedan acercarse a Mí; desde los planetarios, los más inferiores, hasta los habitantes supremos de los primitivos Soles centrales, todos deben poder acercarse a Mí por el mismo camino.

Por tal motivo nadie ha de asombrarse de que me encuentre en este último planeta de toda la Creación, expresamente imperfecto.

Algo sobre la Nueva Revelación actual

1.216.14 Cuando algún día sea necesario, Yo despertaré hombres de nuevo y les haré saber todo lo que pasaba aquí y lo que el mundo ha de esperar a causa de su maldad incurable e incorregible.

Advertencia contra las trampas del Satanás. El espíritu malo solamente puede influir en los sentidos, pero no en la voluntad del alma. Consejos para la Vida, llenos de consuelo

1.217.3-11 «Para que lo sepáis: el espíritu malo nunca descansa, ni de día, ni de noche; anda vagando como un león hambriento y con su hambre enorme asalta a todo lo que de alguna manera pueda vencer.

Si Satanás fuera visible, muchos hombres valientes se atreverían a luchar contra él, aunque sucumbirían muchos más en la lucha que ahora que no es visible; porque él puede realzar su forma hasta alcanzar la belleza de un ángel de luz, y también es capaz de adoptar la envoltura de un dragón ignífero. ¿Pero quién se atrevería a atacarle bajo tales formas? Siempre sería vencedor de millones de hombres, bien por su belleza o por su atrocidad horripilante. Sin embargo, como no puede mostrarse a persona alguna y como cada hombre puede reconocer con facilidad sus malas sugerencias, las cuales provocan que el alma siempre se haga inclemente, impúdica, deshonesta, impura, adúltera, dominante, perjura, avara, cruel, despiadada, indiferente contra lo verdadero y lo divino, insensible a todos los pobres y a los que sufren, y ávida de toda lujuria en este mundo; el hombre siempre es capaz de hacer frente a tales esfuerzos y afanes de Satanás, porque éste sólo puede influir sobre los sentidos del alma, pero nunca sobre la voluntad del alma.

Ahora también os he explicado características que, si sobrecogen vuestras almas, os permitirán reconocer fácilmente qué espíritu se encuentra en vuestra proximidad y qué intenciones tiene respecto a vosotros.

Si sentís tales indicios en vosotros, pensad entonces en esta Doctrina y en estas palabras mías. Animad vuestras almas y haced exactamente lo contrario de lo que se os antoja y os haréis dueños del espíritu malo. Y si le vencéis como acabo de deciros, no os molestará más y no tendréis que sostener ninguna otra lucha contra él. Sin embargo, aunque sólo os dejáis influenciar para ejecutar alguno de los vicios antes mencionado, o si, cedéis despreocupadamente en algo malo, no os libraréis con facilidad de el hasta el fin de vuestra vida terrestre.

Tomad en consideración todo lo que os he dicho, pues cuando el malo consigue de un alma que le dé su voluntad, con lo cual naturalmente se origina un pecado, lo que a el malo no le cuesta gran trabajo, entonces ha de sostenerse un combate muy duro para reparar enteramente el daño ocasionado en el alma.

No obstante a quien tiene una voluntad firme, toma en serio mis palabras, hace por su parte todo cuanto puede hacer y en espíritu me transmite su debilidad, le será fácil vencer enteramente a Satanás, aunque, bien entendido, sólo bajo la invocación sumamente fiel y viva de mi nombre.

Ahora sabéis todo lo que os es necesario saber; vosotros conocéis al único y verdadero Dios vivo y también conocéis ahora su voluntad.

Yo os digo: El Padre en el Cielo os ha provisto bien de todo lo que necesitáis; ahora depende de vosotros cuán concienzudamente y con qué esmero queráis usarlo para fundar con esto vuestra verdadera y eterna felicidad de la Vida.

De vuestras propias actividades provienen todos los resultados, y vuestras palabras y hechos serán vuestros jueces».

Palabras dirigidas a los dormilones. Advertencia contra la ociosidad

1.220.13-15 y 19-20 Los dormilones nunca alcanzarán una edad muy avanzada. Quien durante su juventud concede a su cuerpo cinco horas de sueño y seis horas en su edad madura, en general llegará a una edad avanzada y conservará durante mucho tiempo su aspecto juvenil; en tanto que un dormilón pronto envejecerá, tendrá una cara arrugada y canas, y en la vejez parecerá una sombra.

Así como el cuerpo se vuelve abúlico por el exceso de sueño, aún más sucede con el alma, disminuyendo ésta su actividad en realizar mis palabras y mi Voluntad.

Pero cuando la ociosidad arraiga en el alma, muy pronto anida en ella el vicio, pues la ociosidad no es más que un amor egoísta que huye de cualquier actividad que ha de ejecutar para el prójimo, porque en el fondo no quiere sino que todos los demás trabajen en beneficio de ella.

Guardaos por tanto de la ociosidad, porque es el camino y la puerta ancha que conduce a todos los vicios imaginables.

Después de un trabajo conviene descansar moderadamente los miembros del cuerpo. Sin embargo, más vale no descansar que descansar demasiado.

El “Sermón de la Noche”. La bendición de la actividad y el mal de la pereza. Algo sobre soberanos indolentes y enérgicos

1.221, 1-20 Un viajero ha cubierto a pie un largo camino y finalmente ha alcanzado un albergue. Si este buen andador, en el albergue, en vez de acostarse en seguida aún hace ejercicios y movimientos pequeños, y si al día siguiente se levanta antes del amanecer y continúa su camino, entonces nuestro buen hombre no sentirá fatiga alguna durante todo el día, y cuanto más dure su viaje tanto menos se fatigará.

Pero si un hombre muy fatigado por la marcha alcanza un albergue y en seguida se echa en la cama y no la abandona hasta el mediodía del día siguiente, entonces reanudará su marcha con pasos torpes y con cabeza totalmente embotada, y después de haber cubierto un trecho de camino, anhelará descansar a causa de la fatiga y hasta podría suceder que finalmente quedara en el camino y allí se perdiera si nadie le prestar auxilio.

Pero, ¿a qué atribuir la culpa? La culpa la tiene su gusto excesivo por el descanso y la ilusión inherente de que el descanso fortifica al hombre.

Un hombre, al querer alcanzar gran habilidad manual para ejecutar un arte que anhela, ¿obtiene tal habilidad cuando en vez de hacer prácticas ininterrumpidas con gran aplicación y diligencia, mete las manos en los bolsillos y pasea ociosamente los días enteros, temeroso de que sus manos y dedos puedan cansarse y en consecuencia resultar inhábiles y rígidos para el arte anhelado?

En verdad os digo: con toda mi Sabiduría ilimitada, en este caso no puedo profetizar ni fijar el plazo que necesitará tal aprendiz del arte para hacerse maestro. Por tal motivo, queridos amigos y hermanos míos, os repito:

¡Practicad la actividad para el bien común de los hombres! Pues toda la Vida es un fruto de la actividad continua e incesante de Dios y sólo puede ser mantenida eternamente por medio de la actividad verdadera, mientras que de la inactividad sólo puede originarse la muerte.

¡Poned las manos en el corazón y sentid cómo está activo permanentemente durante día y noche! No obstante, la vida del cuerpo depende únicamente de tal actividad; si el corazón se para, la vida natural del cuerpo terminará.

Así como el paro del corazón físico provoca evidentemente la muerte del cuerpo, así también el mismo paro del corazón del alma causa su muerte.

El corazón del alma se llama amor, y la pulsación del mismo se manifiesta por la verdadera y total actividad caritativa.

Por consiguiente, la actividad caritativa sin interrupción constituye la pulsación perpetua e infatigable del corazón del alma. Sin embargo, cuanto más pulsaciones realiza el corazón del alma, tanto más Vida se produce en el alma, y cuando en el alma se ha desarrollado un grado suficientemente alto, de manera tal que se iguale al grado de Vida superior divino, entonces tal grado de Vida del alma despertará la Vida del Espíritu divino en ella.

Este Espíritu, como Vida pura y por ser la superior e infatigable actividad misma, este Espíritu inunda el alma, la cual ha sido igualada a Él por la actividad caritativa y amorosa, y con esto la Vida eternamente indestructible comienza en el alma.

Todo esto lo causa la actividad, no el descanso ni la ociosidad.

Evitad por tanto el reposo y buscad la actividad absoluta, y vuestro premio será la Vida eterna.

No penséis que Yo he venido para dar paz y reposo a los hombres de esta Tierra; no, Yo he venido para daros la espada y la guerra.

Los hombres han de ser incitados a la actividad con miserias, penas y sufrimientos de toda clase, de lo contrario se harán bueyes de engorde perezosos que se ceban a sí mismos como presa para la muerte eterna.

Miserias y penas también provocan repetidas fermentaciones en el hombre, de las que finalmente puede desarrollarse algo espiritual.

Bien es verdad que puede decirse: “Miseria, penas y sufrimientos también despiertan ira, venganza, asesinatos, homicidios, envidia, avaricia, inclemencia, dureza del corazón y persecuciones”. Es cierto, pero por malo que todo esto sea, sus resultados siempre son mejores que la holganza y la ociosidad, los cuales constituyen la muerte y no reportan ni bien ni mal.

Por tal razón os digo: que cada hombre sea enteramente frío o enteramente caliente conmigo; pues a un hombre tibio vomitaré de mi boca.

Yo prefiero a un enemigo enérgico que no a un amigo tibio; porque el enemigo enérgico me obligará a ser muy activo para que Yo le gane o para que Yo adopte la mejor forma de hacerle inofensivo para siempre; mas al lado de un amigo tibio Yo también me pondré tibio, y si su miseria recae sobre Mí, ¿para qué me servirá el amigo tibio?

Por lo tanto, un soberano tibio también es una desgracia para su pueblo. En este caso el espíritu del pueblo se corrompe y los hombres se convierten en puros bueyes voraces y en bestias de carga. Pero un soberano despótico da vida al pueblo y todo el mundo está lleno de actividad para no ser castigado, y cuando un tirano extrema las cosas, todo el pueblo se subleva finalmente para librarse de su tiranía.

Creo haber hablado suficientemente sobre el valor de la actividad, y estoy persuadido que todos vosotros habéis comprendido lo que he querido enseñaros.

Un Evangelio pequeño de la Vida

1.222.7-10 «Amad a Dios con todas vuestras fuerzas, con todo vuestro corazón y veneradle en el espíritu y en la Verdad; pero amad a vuestros hermanos y hermanas pobres, no persigáis a vuestros enemigos; no maldigáis a los que os maldicen y haced bien a quienes os hacen mal; así pondréis ascuas sobre sus cabezas, y Dios verá vuestras obras y os las recompensará con creces.

No prestéis vuestro dinero a los que son capaces de devolvéroslo con gran interés; prestadlo a los pobres y a los menesterosos, y vuestro dinero será invertido en el Cielo a gran rédito, y el Padre en el Cielo siempre os pagará capital e interés para la eternidad.

No tengáis ansias de elogio, de gratitud ni de recompensa mundana en restitución de vuestros hechos buenos. Pues si así lo hacéis en este mundo, ¿qué galardón recibiréis luego en el Cielo? En verdad os digo: Quien en el mundo exige algo por un hecho bueno prestado a los pobres hermanos y toma alguna ganancia de cualquier clase, ya ha renunciado a su recompensa en el Cielo.

Quien trabaja por amor al Cielo será recompensado aquí temporalmente y en el Más Allá eternamente; mas quien trabaja en el mundo para cosechar una ganancia vil y pasajera, en el Cielo hallará vacío su libro del mérito y su pobreza espiritual difícilmente tendrá fin».

Importancia y naturaleza de la autocontemplación

1.224.8-12 En verdad os digo: No hay cosa más curativa y saludable para el hombre que una temporal autocontemplación introspectiva. Quien quiere conocerse a sí mismo y conocer sus fuerzas, tiene que examinarse con frecuencia a sí mismo y contemplarse interiormente.

Relajaos en silencio, permaneced tranquilos y meditad profundamente sobre vuestra conducta, sobre la Voluntad de Dios, bien conocida por vosotros si a lo largo de vuestra vida la habéis observado. Con esto os contempláis interiormente a vosotros mismos y dificultáis cada vez más que Satanás influya en vosotros y os invada. Porque éste no conoce actividad más infatigable que impedir al hombre sus ejercicios de introspección mediante diversas fantasmagorías insignificantes.

Habiendo obtenido cierta práctica en la contemplación introspectiva, lo que no se logra sino con duros ejercicios, el hombre reconoce muy pronto y con mucha facilidad las trampas que Satanás le ha urdido, y puede destruirlas valientemente y prevenir con suma energía toda maldad procedente del mismo enemigo. Esto lo sabe muy bien Satanás y está interesadísimo en ocupar el alma misma con varias fantasmagorías que la desvían hacia afuera y, estado al acecho y sin ser visto, le será muy fácil urdir algunas trampas al alma, en las cuales ésta se ha de caer finalmente de tal manera que en adelante ya no podrá alcanzar la autocontemplación, lo que supone un gran mal.

En este caso el alma se aparta más y más de su espíritu y no puede despertarle. Esto ya es el principio de la segunda muerte en el hombre.

Ahora sabéis en qué consiste la autocontemplación introspectiva.

«Lo que Dios ha unido, el hombre no lo debe separar». El Señor al bendecir el matrimonio de Fausto con Lidia

1.236.19 «¡No lo olvidéis! Lo que Dios ha unido, el hombre no lo debe separar, y por tal motivo un matrimonio verdadero permanece eternamente indisoluble. Un falso matrimonio mundano no es en modo alguno una unión conyugal delante de Dios y por tal razón es disoluble como los hombres mundanos mismos y todas sus uniones, las cuales ya desde el principio no son sino la más elemental fornicación, con la cual se pone en la miseria a los hijos de Satanás. Ahora sois enteramente esposo y esposa delante de Dios, sois una sola carne. ¡Amén!».

TOMO 2

La aplicación de la fuerza curativa

2.3.13 El Señor: «Cuando te llame un enfermo, imponle las manos para que mejore en su salud; si entonces te pregunta: “Amigo, ¿cómo te ha sido posible hacer tal cosa?”, dile: “Por la fe viva en el nombre de Aquél, quien era enviado de Dios para la bienaventuranza verdadera de todos los hombres”».

El Reino del Cielo

2.8.4-9 «Querido amigo: para los amigos verdaderos de Dios, el verdadero Reino de los Cielos se halla en todas partes. Sin embargo, para los enemigos de Dios no se encuentra en parte ninguna porque todo es infierno a donde se dirigen los ojos y los sentidos. Abajo y arriba todo es lo mismo. No alces tu mirada hacia las estrellas porque son Tierras como ésta que pisas, ni la bajes a la Tierra porque está condenada como tu carne, la cual morirá y se descompondrá. En vez de ello escudriña y busca en tu corazón, donde hallarás lo que buscas, porque en el corazón de cada hombre se ha puesto la semilla viva, de la cual florecerá la aurora verdadera de la Vida eterna.

El espacio en el que flota esta Tierra, así como el Sol, la Luna, las innumerables estrellas, que también son Soles y Tierras, este espacio es infinito. Puedes dejar esta Tierra y alejarte con la velocidad del pensamiento, y si continúas alejándote en este vuelo rápido del pensamiento nunca te acercarás al fin. En todas partes encontrarás creaciones maravillosas y extrañas, que llenan el espacio infinito.

Después de la muerte de tu cuerpo saldrás por tu corazón y entrarás en el espacio infinito de Dios, y según la calidad de tu corazón le encontrarás como Cielo o como infierno.

Pues en ninguna parte hay un Cielo ni un infierno creados a propósito, sino todo esto viene del corazón del hombre, y así cada hombre se prepara en su corazón el Cielo o el infierno según haya hecho bien o mal, y según crea, quiera y obre. De esta manera el hombre vive también según su fe, de la que se nutre su voluntad y de la que nace su obrar.

No obstante, si uno examina las inclinaciones de su corazón, fácilmente sabrá de qué espíritu lo llena. Cuando sus inclinaciones llevan su corazón y el amor del mismo al mundo, cuando siente en sí mismo un deseo hacerse un hombre famoso, célebre y grande; cuando el corazón, que quiere llegar a ser orgulloso y arrogante, siente desagrado al ver hombres pobres, y cuando en sí siente el afán y la propensión a dominar sobre otros sin haber sido elegido ni ungido por Dios para dominar, entonces en su corazón está metida la semilla del infierno, la cual, si no queda vencida y muerta, sólo preparará el infierno al hombre después de la muerte de su cuerpo.

Sin embargo, cuando el corazón del hombre está lleno de humildad, cuando el hombre se siente dichoso y feliz de ser el más pequeño entre los hombres y de servir a todos por el amor para con sus hermanos y hermanas, cuando obedece voluntariamente a sus superiores en todos los asuntos buenos que son útiles para sus hermanos y de esta manera ama a Dios sobre todas las cosas, entonces en su corazón va creciendo la semilla celestial, transformándose en un verdadero Reino del Cielo eternamente viviente. El hombre que de esta manera encierra en su corazón todo el Cielo, lleno de fe verdadera, de la esperanza, de amor purísimo, es imposible que después de la muerte del cuerpo no llegue a otro lugar que al Reino celestial de Dios, que ya llevaba en su corazón desde hacia mucho tiempo».

La ley del Orden divino

2.10.1 «En toda la infinidad no hay sino un Dios, una fuerza y una ley del Orden eterno. Quien de entre los hombres se apropia esta ley, halla el Cielo en todas partes; pero quien desde su propia libertad quiere contrariar a esta ley, en todas partes halla infierno, pena y tormento».

Segunda resurrección de Sarah

2.12.10-13 La resucitada, todavía un poco soñoliento, me preguntó: «Por el amor de Jehová, ¿dónde estoy? ¿Qué me ha sucedido? Estaba en un jardín hermoso en compañía de otras muchas muchachas y ahora, de repente, me encuentro en esta incómoda cámara obscura».

Dije Yo: «¡Estate contenta y tranquila, Sarah! ¡Mira, Yo, Jesús, que te resucité hace unas semanas por vez primera de la muerte, volví a resucitarse nuevamente dándote una Vida sólida. Desde ahora en adelante ninguna enfermedad podrá atacarte y cuando, pasados muchos años, tu tiempo haya llegado, Yo mismo descenderé de los Cielos, vendré y te conduciré a mi Reino, que eternamente nunca tendrá fin».

Al oír mis palabras, Sarah revivió enteramente y dijo con la voz más amorosa del mundo: «Oh, amor único de mi joven vida. Ya sabía yo que quien te ama sobre todas las cosas, no tiene que temer la muerte. Enfermé a causa de un amor poderoso para contigo, Tú, mi primer resucitador, porque no pude saber a dónde habías ido, y cuando pregunté con el corazón lleno del amor más ardiente para contigo, entonces me contestaron para tranquilizarme que te habían aprisionado como a un criminal y entregado a la justicia severa. Esto me partió el alma y enfermé gravemente, y morí por segunda vez. ¡Qué feliz soy ahora por tenerte otra vez, mi amor único y más extraordinario!

Cuando yacía en mi lecho de muerte, me decía: “Si sigue viviendo mi divino Jesús no dejará que me corrompa en la tumba fría”. Y todo aconteció como me decía el corazón. Vivo nuevamente y estoy en los brazos de mi amado y divino Jesús. Desde ahora en adelante nada me separará de tu lado divino. Como la servidora más humilde quiero seguirte a donde vayas».

La Diferencia entre el poder divino y el del hombre

2.14.2-3 El Señor: «¡Mira a todos mis hermanos! ¿Cuándo hablo con ellos? Durante muchos días no hablo exteriormente ni una sola palabra con ellos, pero con frecuencia a sus corazones. Y ninguno de ellos se levanta, preguntándome: “Señor, ¿por qué no hablas conmigo?”. Te lo digo como hace mucho tiempo se lo he dicho a todos: No acepto discípulos para charlas con ellos de cosas absurdas, sino para que oigan mi Doctrina y sean testimonios de mis hechos. Pues lo que ellos saben, Yo lo sabía desde hace mucho tiempo, y lo que ellos necesitan saber en particular, lo anuncio en sus corazones en el momento oportuno. Siendo así, pregúntate a ti mismo: ¿Para qué necesitan mis discípulos iniciados todavía la conversación externa? Ahora tú también eres discípulo mío y por tal razón debes tolerar tal organización de mi escuela.

Sin embargo, con otros hombres que no son mis discípulos más próximos, debo cambiar palabras; pues éstos no me comprenden en sus corazones mundanos. Pero también hablo con mis discípulos cuando las circunstancias lo requieren, no a causa de ellos sino de los que no son discípulos míos».

El Ser de Dios

2.18.1-4 El Señor: «Al morir, el alma se separa del cuerpo humano y, estando sola como cuerpo etéreo, es llevada a un lugar que corresponde enteramente a todo su modo de vivir, y nada la ayudará sino su libre albedrío y su amor. Sin son buenos las voluntad y el amor, entonces el lugar también será bueno, al cual el alma se prepara, por la fuerza y el poder inculcados en ella por Dios; sin embargo, sin son malos la voluntad y el amor, entonces también sus obras son malas, es decir, como en la Tierra: un árbol malo no puede dar frutos buenos, ni un árbol bueno, frutos malos. ¡Adornad de oro y de piedras preciosas un zarzal y ved si por ello os da uvas! Sin embargo, si adornáis de oro a la vid, siempre os daré uvas dulces llenas de sabor agradable.

Si es así, es imposible que sea de otra manera; entonces preguntaros a vosotros mismos qué provecho puede y debe causar a las almas de los difuntos el blanqueo de las sepulturas en las que no yacen sino huesos podridos y porquerías.

¿Creéis acaso seriamente que Dios es tan necio e insensato que podéis servirle por el lujo sin valor de la materia?

Yo os digo: Dios es Espíritu, y los que quieren servirle deben servirle en el espíritu y en la plena Verdad viva de sus corazones, pero no en la materia con la materia, la cual no es sino una voluntad fijada por tiempo corto del Padre omnipotente».

Sarah da testimonio del otro mundo

2.20.14-17 «¡Ilustre señor!», dijo Sarah, dirigiéndose a Cirenio. «Ya he estado dos veces en el otro mundo y sé lo que ha visto mi alma. Vi a Moisés y a todos los profetas buenos. Estos tenían paz y su gran alegría es este tiempo al que llaman el “Gran Día del Señor”. Sin embargo, entre los santos de Israel no vi ni un solo fariseo ni un escriba. Por tal razón pregunté dónde se encontraban.

Apareció un ángel luminoso y me invitó a seguirle. Le seguí. Pronto nos encontramos en un lugar horriblemente obscuro como en noche de tempestad. En lontananza había un lugar ardiente y el ángel me dijo: “¡Mira, allá está el lugar detestable donde habitan los que has mencionado”. Al dirigir mis ojos hacia allí no vi sino diablos y pregunté al ángel: “¡Mensajero del Señor! Sólo veo diablos, nada más. ¿Dónde están los que busco?”. Y el ángel contestó: “Son los mismos que ves”.

Me asusté mucho y me acordé de mi padre, que es un príncipe de los fariseos; no obstante el ángel observó lo que me habría hecho estremecer y dijo: “¡No te preocupes! Tu padre hallará el camino recto y tú aún le servirás de guía en la Tierra”.

Esto vi y oí, y por tal razón no lo sé de oídas sino por experiencias propias. No necesito aprender algo de estos pedazos de alcornoques y servidores de Satanás. Vi y aprendí la Verdad única y por tal motivo soy testigo de la Verdad eterna, enseñada por Jesús, y de que todo lo que dicen y enseñan estos doctrinadores malísimos es mentira perfecta».

Testimonio de los nazarenos sobre Jesús

2.22.8-11 Y el pueblo quedó atónito diciendo: «¿De dónde le viene a este hombre tal sabiduría, y por añadidura el don de realizar tales hechos y maravillas? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Jacobo y José, Simón y Judas? ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas esas cosas?».

Y otros preguntaron. «¿Dónde habrá aprendido tales cosas? A excepción de unos meses, ¿no estaba siempre en su casa, trabajando con su padre y con sus hermanos? Nunca observamos nada especial en él. Siempre era parco en palabras y cuando se le preguntaba por algo, no daba contestación alguna o una respuesta lacónica, de manera que se le tenía por un majadero, y ahora aparece como un varón al cual todo el mundo quiere ver. Esto es incomprensible para el sano sentido humano.

¿Qué ha pasado con este hombre? Verdad es que sabíamos que desde juventud más temprana dicen que había mostrado cualidades mágicas. Su padre y su madre creían que algún día este muchacho se convertiría en un personaje muy importante. Sin embargo, al correr los años todas las cualidades prometedoras se habían perdido enteramente. Ya de muchacho nunca quería ir a la escuela, de manera que era un carpintero sin formación. Muchas veces preguntaba al viejo José, que iba con Jesús, si en casa también era tan parco de palabras e insociable, y él me respondía: “¡Aún más que fuera de la casa!”, y sus hermanos decían lo mismo. Si es así, ¿cuál es el origen de sus particulares cualidades?».

2.23.1-3 Como Yo les parecía un profeta a causa de todo lo que ellos habían visto, un nazareno viejo decía lo siguiente: «Hace unos tres años oí decir de un babilonio que viajaba por estas regiones -los babilonios suelen frecuentar nuestras tierras y se presentan en público como pordioseros para ganar algún dinero diciendo la buenaventura-, que el tal babilonio pronosticó a un vecino mío lo siguiente:

“Nazaret, entre muros vive un hombre al que desconoces. Es callado y taciturno, pero cuando llegue su tiempo, los montes se inclinarán delante de Él y de sus palabras, y los vientos y el mar le obedecerán, y la muerte, que no tiene poder sobre Él, se estremecerá. Luego toda la gente de esta ciudad se escandalizará de Él, pero nadie podrá discutirle su poder, y la muerte le huirá como una gacela medrosa ante una leona perseguidora. Mas cuando pase de este mundo a los Cielos, entonces se hará matar de sus enemigos por tres días; pero el tercer día, con su enorme poder, rechazará la muerte y resucitará con toda la gloria y fuerza, ascendiendo con todo su cuerpo a los Cielos. El destino de todos los que le hayan perseguido será un juicio pavoroso de fuego que hasta ahora nunca ha habido en la Tierra. ¡Ay de todos los judíos orgullosos! Desde entonces en adelante, es decir hasta el fin del mundo, no poseerán patria sino que errarán por el desierto desperdigándose como la caza maldita.

De los rastrojos, cardos y espinas, prepararán un alimento incomible para saciar su hambre, y morirán a consecuencia de este alimento”.

Tales presagios hizo el babilonio mencionado y es muy curioso que este Jesús se haya presentado como el hombre cuyas palabras y hechos confirmar perfectamente todo lo que el babilonio presagió. ¿Qué vamos a hacer? Si un hecho ya tuvo lugar, el otro, o sea el juicio, también sucederá. Por esto soy de la opinión que le dejemos obrar como quiera y pueda, pues será muy difícil desafiarle. Quien resucita a los muertos también tendrá poder para realizar cosas mayores. Será imposible vencer a aquél ante quien se inclinan los montes y se callan silenciosamente los vientos y mares. Dejémosle ir en paz pues muchos centenas de hombres siguen en cuerpo y alma su Doctrina y le tienen por el Mesías prometido».

2.28.14 El Señor: «El pecado no da al hombre sino el testimonio de que es hombre; sin el pecado sería un animal».

«Se sobrentiende que Dios, que dio al hombre un espíritu semejante a Él, no creó al hombre para llegar a convertirse en animal sino para hacerse enteramente semejante a Dios».

2.36.18-20 El Señor: «Siempre hay hombres y espíritus que son de la opinión que en el extranjero se puede ver, saber y aprender más que en el propio país, y no obstante en todas partes hay el mismo Sol. Verdad es que en el extranjero se pueden llegar a conocer otras regiones, otros hombres, otras costumbres y otras lenguas; pero que el corazón haya ganado algo, eso es harina de otro costal.

Quien vaya al extranjero por pura curiosidad, para divertirse, ganará poco para la formación de su alma; más tendrá gran beneficio quien vaya al extranjero para ser útil a los hombres que allá viven y para llevarles una Luz nueva.

Todo profeta hace mejores negocios en el extranjero que en su propia patria».

El poder y la rapidez de los ángeles

2.37, 14-18 Los dos ángeles desaparecieron y Cirenio me preguntó con gran asombro: «¿Quién eran estos dos jóvenes graciosos y hermosísimos? Nunca había visto figuras tan sublimes».

Dije Yo: «Mira, todo señor tiene sus servidores, y al llamarles ellos han de aparecer y servirle. Como Yo también soy un amo o señor, también Yo tengo mis servidores que han de anunciar mis órdenes a todo el universo. Tú no puedes verlos; pero Yo sí puedo ver; y en donde nada supones, un sin número de legiones espera mis señas. Por añadidura, tales servidores míos por tiernos que aparezcan, tienen suficiente fuerza para destruir esta Tierra, caso que Yo les diera esta orden. Sin embargo, mira, allá vuelven con Lidia».

Después de que Lidia fuera recibida tiernamente por Fausto y conducida a nuestra mesa, Cirenio le preguntó: «¿Lidia, como has llegado tan rápidamente desde Cafarnaúm? ¿Ya estabas en camino?».

Contestó Lidia: «¿No ves a los dos ángeles de Dios? Me han traído aquí en un abrir y cerrar de ojos. En el camino no vi tierra ni aire; allí y aquí fue un momento, y ahora aquí estoy. Pero pregunta a estos dos ángeles, ellos te darán una respuesta mejor».

La naturaleza humana y la naturaleza divina del Señor

2.38.1-9 Cirenio se dirigió a los dos ángeles y les preguntó cómo era posible tal cosa. Estos, sin embargo, con sus delicadas manos me señalaron respetuosamente, diciendo con voz purísima y melodiosa: «La Voluntad del Señor es nuestro ser, nuestra fuerza y nuestra rapidez. Con nuestra fuerza no podemos hacer nada, pero si Él lo quiere, asimilamos su Voluntad y entonces somos capaces de realizar cualquier cosa. Nuestra belleza, que ciega tus ojos, es nuestro amor para con Él y este amor no es sino su Voluntad en vosotros. Si vosotros queréis ser semejantes a nosotros, entonces aceptad su verbo vivo y obrad voluntariamente según Él y en vosotros tendréis el poder y la fuerza todopoderosos de este verbo; y cuando Él os llame para obrar según su Voluntad, os será posible realizar todas las cosas y podréis conseguir y hacer más que nosotros pues deriváis puramente de su amor, mientras nosotros derivamos sólo de su sabiduría. Ahora ya sabes cómo nos ha sido posible realizar tan fácilmente lo que te asombraba tanto. En el futuro, obra enteramente según su verbo y también te será posible ejecutar cosas maravillosas».

Con mirada de asombro, Cirenio dijo: «¿Entonces tengo razón al considerar a Jesús como Dios y Creador único de todo el Universo?».

Dijeron los ángeles: «Tienes razón, sin duda alguna, pero no hagas alarde de esto. Y si notas algo humano en Él, no te molestes pues todo lo que es humano no lo sería si no hubiese sido divino desde la eternidad. Si por tanto Él de vez en cuando se mueve en las formas conocidas a que estás habituado, Él se mueve en la forma que corresponde a su Divinidad. Pues cada forma, cada pensamiento, tuvo su origen en Él antes de que empezaran a determinarse por su Voluntad en una voluntad libre fuera de Él. En toda la infinidad, en todo el cosmos, no hay ser alguno que no haya tenido su origen en Él. Esta Tierra y todo lo que en y sobre ella existe es sólo su eterno pensamiento fijado, el que por su Verbo se hizo Verdad. Si Él, por lo tanto, abandonase esta idea básica, lo que le sería muy fácil de hacer, en el mismo instante no habría más Tierra ni cosa alguna que en ella ves.

No obstante, la Voluntad del Señor no es semejante a la del hombre, que muchas veces cambia sus intenciones. La Voluntad del Señor es eternamente inmutable y no hay cosa alguna que pueda influir o cambiar esta Voluntad en el Orden fijado desde la eternidad. Sin embargo, dentro de este orden existe la máxima libertad y el Señor puede hacer lo que quiera, al igual que todo ángel y hombre. Que esto es así, puedes verlo fácilmente contigo mismo y con mil otras cosas.

En tu personal forma intrínseca puedes hacer lo que quieres. Sólo puede impedírtelo tu voluntad; pero la personal forma intrínseca no tolera alteración alguna por estar sujeta al fijo Orden divino.

Puedes modificar considerablemente la superficie exterior de la Tierra; puedes nivelar montes, desviar ríos, secar lagos y hacer surgir otros, puedes construir puentes por encima de los mares y con diligencia y esfuerzo puedes transformar los desiertos en un paraíso bendito y fértil; en pocas palabras, puedes efectuar en la Tierra un sinnúmero de transformaciones, pero no puedes conseguir aumentar el día ni acortar la noche, ni tampoco puedes dominar los vientos ni las tempestades.

Tienes que soportar el frío del invierno y el calor del verano; nunca puedes modificar la forma ni la constitución de las criaturas. Del cordero no harás un león ni viceversa y en esto puedes constatar el Orden divino.

Aquí, delante de ti, se encuentra El que desde la eternidad fundó tal Orden y sólo Él puede disolverlo cuando quiera. De la misma manera en que eres libre en tu pensamiento, en tu obrar y en tu querer dentro de este Orden divino inmutable, que determina tu ser y todo lo que te rodea, así el Señor lo es todavía más y puede hacer lo que quiera.

Por esto repito: No te molestes si el Señor se mueve en forma humana delante de vosotros, porque sin duda alguna cada forma es su propia obra».

La influencia de los ángeles sobre los hombres

2.39.3-8 El Señor, dirigiéndose a Cirenio: «¡Querido amigo! Antes de que existiesen todos los ángeles y criaturas, Yo fui el primer hombre desde la eternidad y por tal razón tengo también el derecho de seguir siendo hombre entre mis hijos creados».

Dijo Cirenio: «¡Haz lo que quieras! Para mí quedarás eternamente como lo que ahora eres, sin duda alguna. Pero deseo tener conmigo estos dos ángeles hasta el fin de mi vida terrestre. Son tan hermosos, amables y sabios...».

Dije Yo: «Esto no puede ser porque tú no soportarías la presencia personal y visible de los ángeles, y tampoco esta presencia visible sería útil para tu alma. Sin embargo, invisibles para tus sentidos terrestres, estos ángeles continuarán siendo tus protectores como lo han sido desde tu nacimiento.

No obstante, aunque tú no los ves, puedes hablar con ellos y puedes preguntarles lo que quieras; ellos pondrán la respuesta en tu corazón, la cual comprenderás siempre como un pensamiento pronunciado claramente en el corazón. Esto es mucho mejor que hablar verbalmente con ellos. Una palabra puesta por un ángel en tu corazón es más eficaz y más útil para tu alma que miles de palabras captadas desde el exterior por tus oídos, pues lo que percibes en el corazón ya es propiedad tuya, pero lo que percibes del exterior has de convertirlo en propiedad tuya por los hechos, según la palabra recibida.

Pues si tienes la Palabra en el corazón y pese a ello pecas de vez en cuando con tu ser exterior, entonces tu corazón no está conforme y te fuerza a reconocer tan pronto como es posible, que eres pecador; sin embargo, si no tienes la Palabra en el corazón sino sólo en el cerebro, recibida por el oído, y pecas, entonces tu corazón vacío peca también y no te fuerza a reconocerte culpable ante Dios y ante los hombres.

Por tanto, amigo mío, es mejor que no veas tus protectores espirituales mientras has de quedarte en tu cuerpo; pero cuando más tarde tengas que abandonarlo, entonces tú mismo, como espíritu, no sólo verás a estos dos sino a muchos más».

El amor para con el Señor

2.40.7-17 El Señor: «No me pasa inadvertida ninguna cosa que ocurra en el corazón de cualquier hombre.

Pero, dime queridísima Sarah, ¡cómo te gusta los dos jóvenes! ¿No prefieres uno de éstos a mí?, mi figura no es tan bella como la de ellos».

Contestó Sarah: «¡Pero, Señor, mi amor único y eterno! ¿Cómo puedes pensar tal cosa de mí? No cambiaría el Cielo lleno de ángeles mil veces más bellos por un cabello de tu cabeza, ni siquiera uno de estos dos por tu persona entera. Aunque son hermosos, me pregunto: ¿Quién les dio tal belleza? Fuiste Tú. Pero, ¿cómo podrías haberles dado tal belleza si antes no hubiese estado en Ti? Para mí, Tú eres todo en todo y nunca te abandonaré, aunque me quisieras ofrecer todos los Cielos llenos de los ángeles más sublimes».

Dije Yo: «Así es justo y así debe ser. Quien me ama debe amarme enteramente y sobre todas las cosas, si también quiere ser amado sobre todas las cosas por Mí. Mira, verdad es que estos dos ángeles son sumamente hermosos; sin embargo, ahora te prefiero a los ángeles más puros y por tal razón, quédate conmigo. Entre muchas, tú eres para Mí una novia verdadera. ¿Lo comprendes?».

Dijo Sarah: «Señor, esto no lo comprendo. ¿Cómo puedo ser tu novia? ¿Cómo puedo ser para Ti lo que mi madre es para mi padre? Tú eres el Señor del Cielo y de la Tierra y yo soy sólo una criatura tuya. ¿Cómo puede ser que el más ínfimo ser se una con el más noble y altísimo?».

Dije Yo: «Esto es muy fácil: el más ínfimo, mencionado por ti, también surgió del altísimo y por tanto también forma parte de éste.

Yo soy el árbol de la Vida y tú eres su fruto. Aparentemente el fruto es menor y menos consistente que el árbol; pero en su centro existe una semilla alimentada y madurada por el mismo fruto. A su vez, esta semilla contiene árboles de la misma especie capaces de engendrar los mismos frutos con semillas vitales.

De esto puedes deducir fácilmente que la diferencia entre el Creador y la criatura en cierto aspecto no es tan grande como supones; pues la criatura en sí y por sí es la Voluntad del Creador, la cual, sin duda alguna, es enteramente buena y digna. Si esta Voluntad libre, emanada del Creador y enteramente idéntica a su forma, en su independencia reconoce lo que en el fondo del fondo es y obra en acuerdo con ello, entonces se iguala al Creador y en su pequeña medida es enteramente lo que es el Creador en su plenitud infinita. En el caso de que esta partícula liberada de la Voluntad divina no reconozca esto así, no deja de ser lo que es, pero no podrá alcanzar su máximo destino hasta que reconozca lo que realmente es.

Para facilitar el trabajo de reconocerse a sí mismas, en todos los tiempos el Creador ha dado desde los Cielos revelaciones, leyes y doctrinas a tales partículas liberadas que se llaman “criaturas” u “hombres”. Ahora el Creador mismo ha descendido del Cielo a la Tierra para ayudar a los hombres a reconocerse a sí mismos y para darles más Luz, aliviando sus esfuerzos.

Ahora comprenderás cómo están relacionados el Creador y la criatura. También entenderás con facilidad como tú, completamente idéntica a Mí, podrás ser mi novia y mi esposa, unida a Mí por tu gran amor».

La naturaleza del amor verdadero

2.41.1-9 Dijo la hermosísima Sarah: «Sí, ahora lo comprendo mejor que antes. ¿Pero entonces todas las hijas de Eva tienen el mismo derechos a poseerte que yo?».

Dije Yo: «Así es, si son como tú eres; sin embargo, al no ser así, pueden llegar a ser mis servidoras y hasta mis novias, pero no mis esposas. Verdad es que el patriarca de mi cuerpo, David, tenía muchas esposas y con esto era un hombre según el Corazón de Dios. ¿Por qué Yo no iba a tener el mismo derecho a poseer muchas esposas puestos que soy más que David? Además Yo tengo riqueza para hacer felices a tantas mujeres como granos de arena hay en el mar y hierba en la tierra, y para que cada una sea abastecida de tal manera que jamás podrá tener deseo alguno que no sea satisfecho a la perfección. Mas si esto es así, ¿podrá molestarte el que Yo quiera dar a muchas la felicidad, la cual te doy en superabundancia?».

Respondió Sarah: «Sólo Tú eres el Señor, el Amor ilimitado y la sabiduría misma, y lo que Tú haces está hecho sabiamente; sin embargo, no es culpa mía amarte tan intensamente y por tanto quererte poseer para mí sola. Señor perdónaselo a mi corazón infantil».

Dije Yo: «Esto es totalmente justo. Quien no me ama celosamente, como tú, y quien en su corazón no quiere poseerme exclusivamente sólo a Mí, ya no tiene el verdadero amor vivo para conmigo. Y en el caso de que no tenga este amor, entonces tampoco tendrá en sí la abundancia de la Vida: porque Yo soy la Vida verdadera en el hombre originado en su alma por el amor para conmigo, y este amor es mi Espíritu que se halla en cada hombre.

Quien por ejemplo despierta su amor para conmigo, despierta también su espíritu dado por Mí a él, y como este espíritu soy y debe ser Yo mismo, como fuera de Mí eternamente no hay otro espíritu de la Vida eterna, jamás puede morir ni ser destruido ni siquiera por mi Omnipotencia, porque él es una cosa conmigo.

A quien en el mundo tiene reparo en amarme abiertamente sobre todas las cosas, también Yo tendré reparo en amarle ante todos los Cielos y en despertarle para la Vida eterna en el día del juicio final».

2.44.33 El Señor: «Borus estaba sumamente enamorado de Sarah y le habría dado todos los tesoros del mundo si se los hubiese pedido. Su belleza maravillosa, principalmente después de la segunda resurrección, era algo que Borus no podía describir, y sin embargo, me la sacrificaba enteramente, y con todo lo que tenía a su disposición quería celebrar mi supuesto día de bodas. También Sarah sentía mucho por Borus y lo sacrificaba enteramente a Mí. Pero entonces Yo di otro rumbo a las cosas y di a los dos lo que ellos me habían dado con todo el alma. Así pues, uno nunca pierde lo que sacrifica enteramente sino que lo recibe de nuevo lleno de la bendición más alta, y en el momento en que menos se lo espera».

La verdadera naturaleza humana de los ángeles

2.45.1-12 Cirenio se dirigió a Mí, diciendo: «Señor, he conversado con los dos ángeles sobre diversas cosas; pero de todo lo que me decían no he aprendido más de lo que por tu bondad y gracia ya sabía. Lo que me sorprendió fue que ambos jóvenes bellísimos eran muy fríos y desinteresados por todo lo que ocurría. Hablan llenos de la sabiduría más profunda, y su voz sobrepasa la armonía bellísima del arpa eólica; en sus rostros sonríe continuamente la aurora purísima, sus alientos despiden un perfume de rosas, de jazmín y de ámbar, sus cabellos son como oro puro y sus manos, blancas como alabastro, son tan tiernas y perfectas que no se halla comparación alguna; sus pechos son como los de una virgen; en suma, se podría enloquecer de puro amor por estos dos seres. Sin embargo, pese a todas estas cualidades indescriptibles, son tan fríos y desinteresados como una estatua de mármol.

Verdad es que no tienen cosa alguna repugnante ni al hablar ni al comportarse, pero nada les hace salir de su indiferencia sumamente imperturbable hacia todo lo que es y ocurre. Sobre ti mismo se expresan con una profunda sabiduría pero me dan la impresión que efectuaran la lectura de una carta en un idioma que no se comprende.

Dime, por favor, ¿cómo es posible esto en dos seres puramente celestiales? ¿Así son los espíritus en tus Cielos?».

Dije Yo: «No, no lo es; pero éstos dos se comportan así porque aquí deben hacerlo de tal manera; a pesar de ello tienen una voluntad libre y un corazón lleno de amor intenso, que te consumiría al instante si te lo mostrasen.

Verdad ese que el hombre terrestre puede soportar la más elevada sabiduría de los ángeles, pero su amor sólo puede soportarlo cuando su corazón se ha igualado al amor de ellos.

Puedes observarlo fácilmente en el fuego y su luz. Soportas la luz que sale de la llama; ¿pero podrás soportar la llama misma, la que da la luz?

Sin duda alguna, el Sol posee la luz más poderosa para el mundo y puedes soportarla cómodamente. Y cuando con el aumento de la luz también se intensifica el calor, soportarás la luz con mayores dificultades; pero ¿puedes con tu cuerpo existir como un ángel en el aire solar, en la atmósfera candente? Yo te digo: Esta atmósfera solar destruiría instantáneamente toda la Tierra y todo lo que contiene como a una gota de agua que cayera sobre una chapa metálica incandescente.

Quien quiere existir en tal luz y fuego antes debe ser la misma luz y el mismo fuego. Y por la misma razón estos dos ángeles no podrían manifestar su amor en tu presencia porque su amor poderoso te consumiría.

Por hermosos que sean estos dos ángeles favoritos míos, su belleza no es nada en comparación con la que tienen cuando su ser, en sus corazones, queda penetrado enteramente de mi Amor. Por eso Yo te digo: todas las cosas hermosas y amorosas que el mundo puede presentar desaparecerán en un nada».

El amor de los médicos para con el prójimo

2.46.6-16 Borus y Sarah se acercaron a Mí y él me preguntó qué debía hacer para poder mostrarse reconocido por esta Gracia tan grande que le había caído en suerte.

Le dije: «¡Dime, amigo y hermano! ¿Dónde hay un hombre que desde niño haya tenido más afecto por Mí que tú? De muchacho ya eras mi compañero diario y hacías todo lo que me podía agradar. Cuando, como cada año, fuiste con tu familia a su finca de Grecia y volviste después de unas semanas, Yo fui el primero a quien visitaste y a quien llevaste diversos presentes, muchas veces muy preciosos y hermosos. Y no te enfadaste cuando una vez destruí a martillazos una figura de plata de Diana con la que me obsequiaste y te prohibí hacerme este tipo de presentes.

Cuando Yo era joven y casi nadie me prestaba atención, tú eras el único que continuaba igual; y así como has sido siempre, así seguirás. De esta manera te pago un favor que te debía desde hace muchos años. Has recibido la esposa más hermosa y espiritualmente más adelantada, y Sara ha recibido el mejor esposo, el más rico y célebre. Nunca os faltará mi bendición y serás el mejor médico no sólo en este país sino en todo el mundo. Pienso que así podréis vivir bien sin tener preocupaciones.

No olvidad nunca a los verdaderos pobres y no te hagas pagar ni por pobres, y aún menos de un servidor, este arte de curar todas las enfermedades, un arte que no he conseguido ningún hombre en el mundo.

Pero cobra con justicia y derecho tu arte a los grandes poseedores de dinero, agentes y cambiadores, comerciantes y grandes propietarios; pues quien posee mucho y quiere vivir, de vez en cuando debe hacer un sacrificio por su vida.

Un médico como tú vende la vida a los hombres, la cual constituye el sumo bien, especialmente para los hombres mundanos. Por tal motivo siempre deben comprarla con mucho dinero, y aún deben estar sumamente contentos de que en la Tierra haya un hombre al que pueda comprarse la vida.

Pues te digo: Esto es un verdadero arte, un arte sumamente grande y limpio, que nunca puede ser aprendido de un hombre mundano: curar instantáneamente todas las enfermedades con la Palabra, la voluntad y de vez en cuando con la imposición de las manos, desde la obsesión malísima, incluidas todas las clases de pestes, hasta el ligero resfriado, limpiar los leprosos, hacer ver a los ciegos, hacer oír a los sordos, hacer andar a los cojos y enderezar a los tullidos; y además, anunciar a los pobres el Evangelio, el Reino de los Cielos. Amigo vete por todo el mundo y busca un hombre que sea capaz de hacer todo eso. Yo te digo: no hay otro con excepción de ti y de Mí.

Sin embargo, también te doy otro consejo: si un enfermo viene a ti o te llama , entonces pregúntale siempre seriamente: “¿Crees que puedo ayudarte en el nombre de Jesús, del Salvador de los Cielos?”. Si el enfermo te contesta: “Sí, yo creo que sí”, ¡cúrale!; pero si duda, entonces no le cures hasta que crea que puedes ayudarle en mi nombre».

Chiwar, hijo de un sacerdote superior de Jerusalén, da testimonio de los hechos y de la Vida de Jesús

2.53.4-7 Chiwar: «Conocéis la hija de Jairo y también sabéis que murió dos veces, y que la segunda vez estuvo algunos días en la sepultura; más ignoráis que esta misma Sara, esta hija bellísima de Jairo ha sido la esposa de Borus. ¿No es de extraño que un ser femenino, dos veces totalmente muerto, pueda casarse con un hombre, y esto de manera que nunca se había visto ni experimentado en la Tierra? Cuando recibía la bendición del carpintero, ella vio abierto al Cielo y un sinnúmero de ángeles llenó el aire y alabó a Dios, quien había manifestado y otorgado esta honra y gracia a los hombres de la Tierra. Después de haber sido bendecida esta pareja por Jesús, los Cielos se cerraron a una seña del Carpintero, y sólo dos ángeles quedaron como eran antes y como podéis verlos aquí en la sinagoga, cerca de la puerta, en forma de dos jóvenes celestiales. Miradlos y decidme si pueden ser de otro lugar que de los Cielos.

Pero si todo sucedía tan milagrosamente, lo que nadie de nosotros puede negar, ¿por qué no debemos tener al hijo del carpintero por algo superior a un alumno de los esenios, a los cuales nunca podía haber visto porque no se ausentaba de esta región salvo algunas veces cuando iba con su padre y sus hermanos a Jerusalén, y si mal no recuerdo una vez a Sidón para construir una casa?

Se sabe que era un trabajador callado y abstraído y que hasta se le tenía por poco inteligente, pero también se sabe que desde su nacimiento hasta su edad de doce años han ocurrido con Él acontecimientos extraordinarios; dicen que hasta su nacimiento fue maravilloso, según lo que me contó el otro día el principal romano, Cornelio de nombre.

Como todos estos acontecimientos relatados son verídicos, entonces me pregunto seriamente si no debemos considerarle por lo menos como un Hijo de Dios, pues por las cosas que realiza, el modo como manda a los ángeles y como éstos obedecen a sus señas, de todo esto puede deducirse que este Jesús posee en abundancia el Espíritu divino».

El trato del hombre terrestre con el padre celestial

2.58.2-4 Palabras del ángel dirigidas a Cirenio: «Desde la eternidad, los hijos tienen el derecho de hablar a su gusto con su Padre. No depende de ti, que eres un hombre, sino únicamente de Él, que te ha creado de sí mismo tal como eres, y con esto no siguió el consejo de nadie sino el suyo propio. No obstante, ¿cómo hubiese podido preguntar a alguien sino a sí mismo si antes de Él no había ser alguno en todo el espacio infinito?

Si hablas con Él como con tus semejantes, entonces haces bien; porque Dios, fuera de sí, no tiene ser alguno con el que hablar. Pero sus criaturas procedentes de Él están tan libres que ahora pueden hablar con Dios y Dios con ellas como un hombre con otro, y está justificado que tú hables con Él como con tus semejantes; porque la criatura es tan apreciada por su Creador como el Creador es apreciado por su criatura.

Cada criatura, por supuesto, es testimonio de la Omnipotencia, la Sabiduría y el Amor de Dios, y sin su Poder ningún espíritu, por poderoso que fuese, sería capaz de crear algo por sí mismo. Esto sólo puede hacerlo Dios. Sin embargo, como cada criatura es testimonio de la Omnipotencia, de la Sabiduría y del Amor divinos, ¿cómo no iba a ser apreciada por su Creador?».

La adopción perfecta de ser Hijo de Dios

2.59.14 Mientras que un hombre no pueda expulsar a Satanás con su propia fuerza del campo de batalla en todas las cosas y relaciones posibles, todavía le falta mucho para obtener la adopción perfecta de ser Hijo de Dios. Sin embargo, ¿cómo podría vencer a este enemigo, si se le quitara cada ocasión de tener contacto con él? Verdad es que la ganancia del Reino de Dios cuesta una gran lucha debido a la suma libertad de la Vida eterna, así que os debe ser dada la oportunidad para luchar entre Cielo e infierno.

La utilidad de las pasiones

2.60.1-5 El ángel: «Sabes que al hombre le dominan diversas pasiones. Uno, por ejemplo, siente la necesidad de poseer todo lo que tenga valor; evidentemente, esto es avaricia, es decir un vicio. Pero a este vicio se debe la navegación, pues sólo hombres sumamente avaros y codiciosos pudieron ser asaltados por la tentación de arriesgar su vida y hallar medios con los que atravesar los grandes mares para averiguar si todavía había tierras que quizás poseyeran grandes riquezas. Después de haber pasado muchas calamidades y peligros en la vida, después de haber soportado muchos esfuerzos, finalmente llegaron a un país totalmente deshabitado. Los grandes peligros que habían pasado atemperaron mucho sus pasiones codiciosas y les desalentaron para regresar; colonizaban allá a donde el viento les había llevado, construyeron sus chozas y casas y de esta manera poblaron tierras nuevas y despobladas. Juzga tú mismo si los hombres hubieran descubierto tierras extranjeras si no tuviesen la pasión de la codicia y la avidez.

Tomemos la voluptuosidad. Imagínate que esta pasión no existe, que la humanidad es celestemente casta, y tendrás un placer laudable hasta bien avanzada la edad en la vida pura y casta de los célibes. Y ahora imagínate que todos los hombres están en tal estado sumamente casto y pregúntate a ti mismo: ¿qué pasará con la procreación de los hombres, requerida por el Orden divino? Verás que el hombre también debe poseer esta pasión, de lo contrario la Tierra pronto estaría despoblada. Verdad es que por desgracia algunos hombres se exceden en ella, como muestra la experiencia diaria, y que tal degeneración siempre es contra el Orden de Dios y esto constituye un pecado. Sin embargo, la degeneración y el exceso de esta pasión contra el Orden divino es mucho mejor que la extirpación total de la misma.

Todas las fuerzas dadas al hombre, que se manifiestan principalmente como pasiones desenfrenadas, deben tener la capacidad evolutiva para el bien o para el mal, de lo contrario el hombre permanecería en un agua tibia y caería en la ociosidad más detestable.

Yo te digo: Nada podrá darte un testimonio más verídico del destino divino del hombre como los mayores vicios en contraposición con las virtudes más elevadas; pues sólo de esto se desprende cuántas cualidades han sido dadas al hombre de esta Tierra. El camino del hombre va desde el infierno más profundo hasta el Cielo más sublime de Dios, el cual incluso es inaccesible para nosotros los ángeles; y si no fuese así, nunca sería posible para el hombre de esta Tierra ser adoptado como hijo de Dios.

Tenemos que ver con hombres de un sinnúmero de otros mundos; pero existe una gran diferencia entre aquí y allá. Allí existen barreras tanto físicas como espirituales, difíciles a pasar. Vosotros, los hombres de esta Tierra, tenéis tan pocas limitaciones como el Señor mismo y podéis hacer lo que queráis. Podéis elevaros hasta la morada íntima de Dios; pero por eso también podéis caer tan profundamente como el mismo Satanás, el cual en otros tiempos fue igualmente un espíritu libre de Dios en sumo grado; y como cayó, necesariamente tuvo que caer en la profundidad más profunda de toda la perdición, de la que difícilmente hallará un camino de regreso, porque Dios ha dado la misma infinita capacidad de perfeccionamiento al vicio que a la virtud».

La Comunicación con el Señor por medio del pensar con el corazón

2.62.9-14 Simón Pedro, dirigiéndose a Cirenio: «¡Obsérvanos a nosotros, los primeros discípulos y testigos del Señor, si hablamos algo externamente con Él! Y a pesar de esto hablamos más con Él que tú y que muchos otros con palabras; pues hablamos con Él sólo con el corazón y le preguntamos por muchas cosas y Él nos responde en forma de pensamientos claros y bien expresados».

Dijo Cirenio: «Ahora comprendo por qué casi nunca habláis con el Señor. Bien, voy a probarlo. Si el Señor es tan misericordioso con vosotros, también lo será conmigo. Que yo le amo sobre todas las cosas ya lo demuestra el hecho de que en cierto modo he renunciado a efectuar mis negocios gubernativos, que me detengo con Él y fortifico mi alma con cada palabra que sale de su boca.

También creo que hago y que he hecho mucho más por Amor puro para con Él que todos vosotros. Le conocí cuando niño, y en país extranjero de los paganos cuidaba de Él, de sus padres y de sus hermanos. Mientras vosotros le habéis sacrificado vuestras redes de pescar, yo inmediatamente me mostraré dispuesto a renunciar a todas mis dignidades mundanas, si Él lo aceptaba, y a seguirle fielmente como uno de los más humildes entre todos vosotros, y a arriesgar mi vida por Él y por todos vosotros, como ya lo he hecho algunas veces, sin tener en cuenta como hubiese podido reaccionar Roma a causa de mi actitud.

Sin embargo, si hago todo esto por amor puro para con Él, entonces considero que debe otorgarme el mismo favor y gracia que os otorga a vosotros con tanta abundancia».

Dije Yo: «Ya lo tienes, carísimo amigo y hermano mío. Lo que ya posees no necesitas buscarlo. ¡No te inquietes por lo que crees no poseer! Prueba a preguntarme algo con tu corazón y pondré clara, audible y comprensiblemente la respuesta en tu corazón, que me ama sobre todas las cosas».

Un Evangelio dirigido a los bien acomodados. El Señor llora

2.68.2-13 El Señor: «Todo el bien que haces a los pobres y menesterosos en mi nombre, será mirado como si a Mí me lo hubieras hecho.

Vuestro Amor para con vuestros hijos e hijas arde como una luz; pero el Amor para con los hijos e hijas ajenas de padres pobres debe ser una fogata grande, pues nadie en todo el mundo es más pobre que un hijo o una hija abandonados. Quien adopta tal hijo o hija pobre en mi nombre, y le cuida y provee corporal y espiritualmente como a su propio hijo, me recibe a Mí, y quien me recibe, también le recibe a Él, que me ha enviado a este mundo y que es uno mismo conmigo».

Testimonio de una mujer a cuyo marido curó el Señor:

La mujer: «¡Unicamente a Ti, Padre Santísimo, sea toda la alabanza, todo el Amor y todo el honor! ¡Oh, Padre queridísimo, qué bueno eres para todos los que únicamente confían en Ti! Verdad es que castigas severamente a todos los que no cumplen con tus mandamientos; pero siempre que un pecador arrepentido te implora: “Querido Padre Santo, perdona a este pecador”, el buen Padre Santo le presta oídos y con su brazo omnipotente le socorre de toda la miseria.

¡Hombres! Tomad ejemplo de mí. También yo era una pecadora y Dios me tomó poderosamente bajo su férula siempre santa; pero yo no vacilaba en mi confianza para con Dios, me arrepentí de mis pecados y rogaba fervorosamente al Padre en el Cielo, y mirad, Él, únicamente Él, atendió mis súplicas y me salvó maravillosamente de la miseria enorme.

Confiad por tanto únicamente en Él. Pues cuando el hombre ya no es capaz de ayudar, Dios viene y ayuda al desesperado. ¡Que todo el mundo le alabe sin cesar! Sólo Él puede ayudar y socorrer verdaderamente a cualquier criatura. Tú, mi querido enviado de los Cielos, te doy mis más expresivas gracias, porque Tú mismo debes ser un instrumento santo en la mano omnipotente de Dios».

Estas palabras, que sólo me importaban a Mí me hicieron verter, sin que la mujer lo supiera, muchas lágrimas de la emoción más ferviente, y tuve que apartar mi cara de la suya.

Pero Cirenio lo observó y me preguntó: «Señor, ¿que te pasa, lloras?».

Yo respondí: «Amigo hay pocas criaturas como ésta en la Tierra, ¿no debía Yo, en calidad de Padre, al que acaba de alabar tan fervorosamente, ser conmovido con lágrimas de alegría? Yo te digo: Más que cualquier otro padre. Mira, ésta es una de mis hijas. Todas deben ser como ella y Yo tengo un placer indescriptible en ella».

La Resurrección de Josoé

2.69.1-9 y 70.5-13 Llegamos a la sinagoga y nos dirigimos a la sepultura en la que yacía Sara desde hacía cuatro días. En la misma sepultura se encontraba también el cadáver de uno de los amigos de Jairo. Se trataba de un joven de doce años de edad que, hacía año y medio que había fallecido de una enfermedad maligna. Estaba en una caja o ataúd de cedro, y se le encontró enteramente putrefacto hasta los huesos.

Al ver el ataúd, Jairo comenzó a llorar y dijo con lágrimas en los ojos: «¡Qué doloroso es este mundo! Hace nacer las flores más delicadas y ¿cuál es su destino? ¡Que mueren y perecen! El perfume balsámico de la rosa se convierte en desagradable y pronto emana un olor pestífero.

Este muchacho era un ángel, por decirlo así. Ya desde la cuna le animaba el temor a Dios y con diez años de edad entendía la Escritura como un hombre adulto, observaba los mandamientos como un judío adulto y piadoso; en pocas palabras, sus facultades espirituales justificaban las mayores esperanzas. Pero de repente cayó enfermísimo y no hubo médico que pudiese ayudarle, y con este muchacho murió todo lo que con razón podía esperarse de él.

En este caso debe preguntarse: ¿por qué Dios, el Señor, lleno de Amor y Misericordia, da tal destino a los hombres que esperan y confían en Él? Miles de criaturas pobres andan vagando sin tener morada ni educación alguna y Dios no las llama; pero aquéllos cuyos padres tienen bienes para educarles en sentido agradable a Dios, generalmente mueren en la flor de la vida».

Dije Yo: «Querido amigo mío, hablas de manera humana como lo entiendes mejor. Sin embargo Dios lo hace como Él desde la eternidad y según su manera divina lo comprende y debe comprender, de lo contrario nadie ni nada tendría vida. Por tal motivo, en tu rencor contra Dios eres injusto.

Pues si Dios llamase a todas las criaturas que desde muy temprano manifestasen inteligencia y talento, entonces todos vosotros que me rodeáis estaríais en la tumba. También vosotros tenéis cierto grado de inteligencia y vuestros padres no fueron pobres; y a pesar de todo Dios no os ha llamado, aunque por disentería y otras enfermedades malignas ha tomado de esta Tierra a muchos miles de hijos de los paganos pobres, por lo que los padres tuvieron que sufrir tanto como los padres de este muchacho, que han adoptado tres hijos pobres en lugar suyo. Estos tres son por tanto sucesores dignos dl muchacho, el cual con el tiempo hubiese sido extremadamente mimado a causa de su talento y en definitiva no habría correspondido a las elevadas esperanzas de los padres. Se habría vuelto orgulloso y ningún escriba habría podido enseñarle.

Previniendo esto, Dios le tomó de esta Tierra en el momento oportuno y le entregó a los ángeles para que recibiera una mejor educación y a su tiempo pudiere alcanzar su destino dado especialmente por Dios.

Al mismo tiempo Dios previó que ahora llegaría una época en la que su nombre sería glorificado. Por tal razón Dios ya hace año y medio que hizo morir a este muchacho para que se encontrara en putrefacción cuando Dios, el Señor, le volviera a resucitar».

El ataúd fue abierto y salvo los huesos más fuertes, el muchacho se veía totalmente putrefacto. Todos contemplaron con horror aquel miserable esqueleto.

Y Fausto dijo: «¡Ecce homo! ¡Mira, esto también es un hombre! ¡Vaya un destino el de la carne humana! Una calavera de aspecto desagradabilísimo provista de unos pocos cabellos pegados. La piel sobre el pecho está de color castaño verdoso y perforada por algunas costillas medio podridas. La columna vertebral ennegrecida, sobre la cual se ven vestigios de intestinos cubiertos de moho. Finalmente los pies. ¡Qué cosa tan horrible y deformada, llena de descomposición y de moho! También nuestras narices perciben, que no nos encontramos en el bazar de un vendedor de perfumes; pues el hedor es más desagradable de lo que yo hubiese esperado. Esta figura sirve bien para que el hombre menosprecie su existencia, porque al fin a todos nosotros nos espera igual destino. Por tal motivo prefiero en mucho la incineración de los cadáveres al entierro».

Dije Yo: «Pero si el Hijo del hombre tiene el poder de resucitar a tales muertos y también a todos los que desde la época de Adán yacen totalmente descompuestos en la tierra, entonces ¿tal imagen también es de horror para los hombres de la Tierra? ¿Puede tener la muerte algo pavoroso si existe un amo que la domina? Este muchacho os servirá de testigo para que todos los que estáis aquí veáis que Yo, en calidad de Hijo de hombre en esta Tierra, tengo precisamente el poder de resucitar también a tales cuerpos, de vivificarlos y de hacerlos inmortales».

Acto seguido, Yo dije al muchacho: «¡José, levántate y vive, y da testimonio de que Yo tengo el poder de resucitar muertos como tú!».

En este momento se originó una fuerte corriente de aire; desapareció el moho, se completó la piel sobre los huesos, el cuerpo empezó a surgir dentro de la piel, y pasados unos pocos instantes el muchacho se levantó del ataúd abierto. De inmediato reconoció a Jairo, a Fausto y a Cornelio, a los cuales ya conocía bien de Nazaret, y preguntó especialmente a Jairo, diciendo: «Querido tío, ¿cómo llegué a este ataúd? ¿Qué ha pasado conmigo? Estaba en una compañía agradable y no sé cómo he llegado aquí».

Dijo Jairo: «Querido Josoé ¡Mira a este señor que está a tu lado! Este es un Señor sobre la Vida y la muerte. Ya estabas muerto físicamente y desde un año y medio yacías en este ataúd y ningún poder humano era capaz de devolverte la vida; pero éste que también tiene apariencias de hombre te ha llevado nuevamente de la muerte a la vida. Por tal motivo únicamente a Él tienes que dar, desde el fondo de tu alma, las más sinceras gracias por tu nueva vida».

El muchacho me observó de hito en hito, de arriba abajo, y al cabo de un instante dijo: «Es precisamente el que me llamó de la compañía agradable y me dijo: “¡Ven acá, Josoé, tienes que servirme de testigo de que me ha sido dado todo el poder tanto en el Cielo como en la Tierra!”.

Y le seguí de buen grado, pues al instante sentí que Él había salido de Dios y que poseía el poder divino sobre todas las cosas, tanto en el Cielo como en la Tierra. Como Él está aquí, así le vi antes en el mundo espiritual, en el que sin duda alguna me encontraba cuando fue llamado por Él para volver a este mundo.

Ahora caigo en la cuenta y todo me resulta claro. También me acuerdo ahora de que ya había vivido en esta Tierra y de que fallecí, sin embargo no recuerdo cómo fue la muerte. Apenas había dejado este mundo, no sé cómo ni de qué manera, y me encontré en seguida en una casa bonita entre una compañía agradable. De vez en cuando veía mis padres y hermanos y discutíamos asuntos religiosos y divinos, los cuales me fueron enseñados por compañeros muy experimentados y sabios».

Promesa de inmortalidad a Josoé

2.71.7 El Señor: «Este muchacho, ahora resucitado, como ha pasado la descomposición, ya no morirá físicamente sino que cuando llegue su tiempo será llamado por un ángel y lo seguirá libremente, y jamás será visto por un mortal en la Tierra».

El culto verdadero a Dios

2.72.7 El Señor: «¡Construid para Dios en vuestros corazones un Templo vivo, en el que únicamente Él puede y debe ser reconocido, venerado y adorado dignamente porque sólo esto condiciona la Vida eterna del alma!».

La regeneración del Corazón por el Hombre mismo

2.75.6-8 Judas Iscariote, dirigiéndose al Señor: «Señor, Tú resucitas muertos de las tumbas, y ellos viven. ¿Por qué haces perecer mi corazón en la tumba del pecado? Quiero hacerme un hombre mejor y no puedo porque no soy capaz de modificar mi corazón. Señor mejora mi corazón y seré otro hombre».

Dije Yo: «En esto existe el misterio grande de la regeneración del hombre. Puedo hacer todo al hombre y él queda hombre; pero el corazón al que el hombre debe transformar si quiere prepararse para la Vida eterna le pertenece a él. Si Yo modificara el corazón humano, el hombre perdería su independencia y se convertiría en una máquina. Sin embargo, si el hombre recibe la enseñanza de cómo formar su corazón para Dios, entonces debe modificar y reformar su corazón, siguiendo voluntariamente la enseñanza que ha recibido.

Al haber reformado y purificado adecuadamente su corazón, Yo entro en Espíritu en él y tomo morada en su interior; luego todo el hombre está renacido espiritualmente y nunca podrá perderse por haber llegado a ser uno conmigo, como Yo mismo soy uno con el Padre, del que Yo he salido, viniendo a este mundo para mostrar y allanar el camino a todos los hombres a fin de llegar a Dios en toda la plenitud de la Verdad».

El Señor a Judas Iscariote:

2.75.13 «Guárdate sobre todas las cosas de la ira y de la codicia, de lo contrario serás un hijo de la muerte eterna. El arrepentimiento y la penitencia más allá de la tumba tienen un valor insignificante y no pueden servir salvo muy poco a un alma impura y negra».

La humildad y la abnegación

2.76.2-7 El Señor: «Quien de entre vosotros se humille más ante sus hermanos será el primero en el Reino de Dios; en cambio todos los que se dan importancia, pensando que son mejores que los demás, quedarán atrás, en el último grado del Reino de Dios.

Si alguien entre vosotros percibe en sí todavía un sentimiento de grandeza o de sublimidad, y con esto un sentimiento de ser mejor que los demás, entonces no está libre del ávido y codicioso infierno que consume todo, y pasará mucho tiempo hasta que sea enviado al Reino de Dios porque tal hombre no tiene un espíritu libre.

Pero si alguien se ha humillado, poniéndose bajo todos sus hermanos, y de esta manera está dispuesto a servir a todos según sus disposiciones y capacidad, entonces será el primero en el Reino de Dios y todos los demás pueden tomar ejemplo de él. Solo él tiene un gran espíritu divino y verdadero quien es capaz de humillarse bajo toda la criatura humana.

Pero hombres que en cierto modo no aceptan por puro egoísmo los servicios de su hermano para quitarle la oportunidad de poder ser primero en el Reino de Dios sin que aspiren a ella, esos hombres serán los últimos, y él será el primero porque quería servir verdaderamente por puro amor y humildad a todos los hermanos.

Otra cosa sería si alguien en este mundo sólo quisiera ser el inferior y servidor de todos a causa de la futura prioridad celestial. Este también sería uno de los últimos en el Reino de Dios. En el otro mundo, en el Más Allá, todo será pesado con una balanza finísima y medido según la regla o medida más exacta. Donde siempre aparezca algo de egoísmo, la balanza no dará el peso y no cubrirá la medida de los Cielos. Por tal motivo debes contener toda la Verdad, con toda la franqueza, sin segunda intención; de otra manera no puedes entrar en el Reino de Dios. Sólo la Verdad purísima sin falsedad, sin engaño y sin mentira insidiosa os hará libre ante Dios y ante todas sus criaturas».

«Cada mentira es perjudicial y provoca mal». La prueba de la fe de Simón Pedro (Mt 14,24-33)

2.78.2 y 101.1 Y ya el barco estaba en medio de la mar, atormentado por las olas porque el viento soplaba en contra. Había llegado la cuarta vela de la noche y el viento se calmó un poco. Andrés, de vista aguda, observó en todas las direcciones sobre la superficie del mar todavía fuertemente agitado y vio un hombre andando sobre sus olas como si anduviese sobre el suelo de la tierra.

Entonces Andrés llamó la atención de los hermanos sobre la figura que andaba sobre las olas de la mar, diciendo: «Hermanos, esto no es de buen agüero, esto es un fantasma del mar. Cuando se ven tales seres, los navegantes no pueden esperar nada de bueno».

Pronto coincidieron todos con la opinión de Andrés y se asustaron vehementemente. Lanzaron gritos de miedo y dijeron: «Oh, Jesús, ¿por qué nos has abandonado? Ahora estamos irremediablemente perdidos. Si todavía estás en alguna parte, acuérdate de nosotros y sálvanos del naufragio seguro».

Mientras los discípulos continuaban gritando, Yo me acerqué a diez pasos al barco y hablé a los que temblaban todavía de miedo, diciendo: «¡Confiad, soy Yo, no tengáis miedo!». Y los discípulos se calmaron.

Dijo Andrés: «En verdad es Jesús, nuestro Señor y Maestro».

Sin embargo, Simón Pedro dudaba todavía un poco y dijo: «Si es Él, entonces debe hacerme caminar sobre el agua, para que yo pueda experimentar como Él, que está sólida para mis pies».

Preguntó Andrés: «¿Te atreverás a dirigirte a Él sobre el mar agitado si te llama?».

Respondió Simón Pedro: «Claro que sí. Bien sé que el mar en este lugar es muy profundo. Si es Él, nada me sucederá; si no es Él sino un fantasma burlador, entonces estaremos todos perdidos.

Seré el primero en descender al fondo para prepararos una morada a todos vosotros».

Acto seguido Pedro se dirigió a la parte más baja del barco y gritó: «Señor, si eres Tú, manda que yo vaya a Ti sobre las aguas».

Y Yo le dije: «¡Ven y convéncete!».

Mientras los hermanos daban gritos de angustia, Pedro salió del barco y pisó sobre las aguas del mar. Al ver que Pedro no se hundía, sino que andaba como Yo sobre las aguas, desapareció toda duda entre los hermanos y creyeron que era Yo.

Pero Pedro se apresuró a venir hacia Mí. Sin embargo, cuando todavía faltaban siete pasos pequeños para llegar junto a Mí, vio el viento fuerte, que levantó olas altas. Esto le asustó mucho y empezó a imaginar que las olas altas quizá pudieran arrastrarle. Perdió un poco su gran fe y al observar que se empezaba a hundir hasta las rodillas, dio voces gritando lastimeramente: «¡Señor, sálvame!».

Yo me acerqué rápidamente a él, le extendí la mano y le saqué afuera del agua. Volví a ponerle sobre la superficie de las aguas, que le llevaron nuevamente como antes. Entonces le dije: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? ¿Todavía ignoras que únicamente la fe firme e inquebrantable pueda dominar todos los elementos?».

Respondió Pedro: «¡Señor, perdóname! Tú ves que todavía soy un hombre débil. El viento y las olas me han asustado mucho».

Dije Yo: «Ahora todo ya está bien. Vamos a entrar en el barco».

Entramos en el barco y el viento se sosegó al instante.

Todos los discípulos y los remeros se apresuraron hacia Mí, recibiéndome con las palabras: «¡Ahora reconocemos que Tú eres el Hijo de Dios!».

Y Juan me abrazó con todas sus fuerzas, diciendo: «¡Oh, mi querido Jesús! Por fin estás nuevamente entre nosotros. Ahora todo nuestro temor se ha desvanecido. No nos abandones nunca jamás, pues es horrible estar sin Ti. Nunca olvidaré esta noche. Nunca he pasado tanta angustia y susto. Ahora la tormenta puede burlarse de nosotros como quiera; ahora tenemos su Señor entre nosotros, el cual puede mandar que se sosiegue y el monstruo debe obedecer la voz del Omnipotente».

El Señor y sus discípulos después de la tempestad en el barco

2.102.1-7 El Señor: «Tanto si me veis como si no, a pesar de todo Yo estoy con vosotros; pues si me creéis, os fiáis de mi nombre, confiáis y esperáis en Mí y me amáis verdaderamente, entonces Yo siempre estoy con y entre vosotros, pero no estoy con quien duda de Mí, aunque me vea a su lado.

No hay cosa más peligrosa para la Vida eterna del hombre que los grandes tesoros de este mundo. ¿De qué le serviría al hombre poseer los tesoros de todo el mundo si perdiera su alma? Antes de lo que piensa, se le tomará su alma y se la echará a las tinieblas, donde será el llanto y el crujir de dientes. ¿De qué le servirían entonces todos sus tesoros?

Que cada uno de vosotros posea tesoros espirituales en el Cielo, donde ni la polilla ni el orín los corrompen, y eternamente tendrá lo suficiente de todo.

Mirad, allá en el fondo del mar ya se hallan sepultados varios barcos junto con sus amos y marineros. ¿Qué ganancia tienen ahora los que querían ganar grandes sumas en los mercados? Una tempestad terminó con su mala conducta, y sus almas han sido sepultadas en el fondo.

Sin embargo, vuestro barco, que durante esta noche tenía que luchar contra una tempestad impetuosa, estaba cargado de tesoros indestructibles para Espíritu y Vida, tesoros de Dios, y ved, el huracán con toda su fuerza violenta no ha sido capaz de arrojaros al fondo del mar. Por tal motivo Yo vine andando a pie sobre las olas bramantes para mostraros efectivamente que quien sólo lleva en sí los tesoros eternos del Cielo, se eleva fácilmente sobre todas las tempestades y olas de las pasiones mundanas, puede andar por encima de las mismas sin recibir daño alguno, y a pesar de ello queda por fin señor y amo sobre todas las molestias del mundo.

No obstante, si alguien carga su barco de la Vida con los tesoros del mundo y la tempestad le sorprende sobre las olas de sus preocupaciones mundanas, entonces barco y marinero se hundirán».

El Señor dirige sus palabras de la Verdad a los fariseos, escribas y esenios, divulgadores de una doctrina falsa

2.104.10-18 El Señor: «Vuestro asunto es este mundo y su materia costosa; sin embargo, aquí conmigo se trata de cosas puramente espirituales. Vosotros que nunca habéis comprendido lo que es la materia, ¿cómo queréis comprender lo que es puramente espiritual? Y sobre todo vosotros, esenios, que predicáis a vuestros seguidores un Dios y una resurrección, y con muchos gastos realizáis cosas maravillosas con el fin de ganar adeptos para vuestra falsa doctrina. Vuestro principio es el siguiente: si se quiere hacer felices a los hombres hay que, con buena voluntad, engañarlos y mentirles, porque la Verdad mata el bienestar de los hombres.

Pero si vuestro principio para hacer felices a los hombres es la mentira, ¿cómo podrías esperar a oír la Verdad de Mí? No reconocéis ni entendéis absolutamente nada del Reino de Dios en la Tierra y seréis los últimos en entrar en Él aunque queráis ser los primeros. Si permanecéis como sois, nunca formaréis parte del Reino de Dios.

¿Qué ganancia conseguís con vuestra buena voluntad de hacer felices a los hombres en este mundo, mintiéndoles y engañándoles, si con esto no hacéis sino matar almas de ciegos?

Mi principio para hacer felices a los hombres es el siguiente: a costa del cuerpo y de su felicidad, salvar el alma y prepararle una verdadera Vida eterna.

Pero, ¿cómo os sentiréis en el otro mundo, donde las almas engañadas por vosotros serán vuestros jueces? Verdad es que no creéis que será así; pero a pesar de todo, será como os lo he dicho.

Mas si no creéis mis palabras, creed en las obras que hago y que antes de Mí ningún otro hombre ha hecho.

Sin embargo, si mis obras son verdaderas y dan testimonio de mis palabras, entonces también mis palabras deben ser verdaderas.

Nadie puede deciros qué aspecto tiene el paisaje de la India salvo aquél que estaba allá y de allá vino a vosotros; nadie puede informaros sobre el Más Allá, salvo aquél que estaba allá, y de allá vino a vosotros. Y aquél soy Yo.

Quien cree mis palabras tendrá la Vida eterna; mas quien no cree mis palabras pasará a la muerte eterna. Mis palabras no son como las de un hombre de este mundo. Son la Vida y dan Vida a quien las recibe en su corazón, y más tarde obrare según su sentido y según su espíritu vivificador en todo».

El paseo sobre el mar

2.110.15-30 Por la tarde Yo di un paseo por mar, acompañado del comandante romano, de Ebalo, y de su familia. Encontramos los ocho marineros ocupados diligentemente en la reparación del barco. Los marineros se alegraron de verme y comentaron al comandante que Yo había andado sobre las aguas, pues no se podían sacar este acontecimiento de la cabeza.

Al enterarse de este suceso, el comandante me preguntó cómo era posible.

Y Yo le dije: «Ayer te conté qué poderes deben obedecerme y servirme. ¿Por qué me preguntas entonces? Por lo demás, si te atreves a poner tus pies sobre el agua, y si Yo lo quiero, también tú podrás andar sobre las aguas todo el tiempo que Yo desee. Vamos a hacer una prueba. Sin embargo, no deberás dudar sino sólo seguirme atrevida y valientemente».

Contestó el comandante: «Todo estaría bien si el mar no fuese tan profundo en este lugar. Bastaría un paso en falso para hacer compañía a las salamandras».

Dije Yo: «Hombre de poca fe, ¿piensas que Yo me atrevería a hacer algo así si no supiese Quién soy y quiénes son súbditos de mi Voluntad? Quien entre vosotros tenga ánimos y fe, ¡que me siga!».

Acto seguido pisé la superficie del mar, y ella me llevaba como en tierra firme. Cuando hube dado diez pasos desde la orilla, me volví e invité al grupo a seguirme, pero nadie se atrevió.

Luego llamé a la hija menor de doce años de Ebalo, y la muchachita se animó. Cautelosamente puso el pie sobre las aguas. Al sentir que las aguas no cedían, anduvo alegremente a saltitos hacia Mí. Experimentaba un gran placer en que las aguas la llevasen.

Después de la muchacha, con excepción del comandante, también los otros lo ensayaron. Todos tenían gran satisfacción y se sentían bien y seguros en la superficie acuática, ahora muy sosegada y en calma chicha.

El comandante, lleno de asombro y un poco más animado, me preguntó: «¿Qué sucedería si se levantara una tempestad?».

Respondí Yo: «¡Ven acá y convéncete!».

Por fin también el comandante probó a poner un pie sobre las aguas. Como quedó convencido de que el agua no cedía, muy cuidadosamente puso también por fin el otro pie sobre el agua y, con aliento contenido, para hacerse tan leve como fuera posible, avanzó los diez pasos para llegar a Mí. Se sentía muy feliz de encontrarse en un suelo que nunca pisado de esta manera.

Pero Yo dije: «Como estáis convencidos de que también el agua constituye un suelo seguro para los que creen firmemente, vamos a continuar nuestro paseo».

Verdad es que el comandante prefería volver al suelo firme de la orilla; sin embargo, las seis hijitas de Ebalo, corriendo alegremente hacia adelante y atrás, le infundían ánimo, de modo que anduvo con nosotros cerca de cinco mil pasos mar adentro.

Luego se levantó un viento bastante violento y empezaron a alzarse fuertes olas. Todos tenían miedo y el comandante me rogó que Yo volviese.

Pero Yo dije: «¡No tengas miedo! Las olas sólo vienen para convencerte de que también ellas, con el viento que las empuja, tienen que obedecerme».

Sin embargo, después de un rato, cuando las olas se hicieron más fuertes, el comandante regresó corriendo a más no poder; pronto llegó sano y salvo a la orilla y después de unos sacudimientos febriles de su cuerpo se encontraba muy contento por volver a tener un suelo de tierra firme bajo sus pies.

La oración verdadera

2.111.1-9 Cuando todos estábamos de nuevo en la orilla, el comandante dijo: «Señor, ahora tengo abundantes pruebas que Tú eres el mismísimo Dios o un hijo de Él, porque estas cosas no pueden hacerlas hombres mortales».

Luego todos se arrodillaron ante Mí y quisieron adorarme.

Sin embargo, Yo les mandé levantarse del suelo y les dije: «¡Escuchad! Todo esto no lo necesita Dios ni tampoco Yo. La única oración verdadera consiste en el amor sincero para con Dios, el Padre en el Cielo, y de la misma manera para con vuestros prójimos. Todas las demás oraciones no tienen valor alguno ante Dios ni ante Mí.

Dios nunca ha enseñado a los hombres a honrarle con los labios y tener los corazones fríos. Mas como Samuel oraba en voz alta ante el pueblo, al igual que algunos profetas, y como David cantaba sus salmos a Dios, el Señor, y Salomón su Cantar de los Cantares, el pueblo llegó a hacer oraciones vacías y sacrificios fríos.

Pero a Dios tales oraciones y sacrificios le causan horror. A quien no puede orar en su corazón, le sería mejor no orar para que no se comporte indignamente ante Dios. Dios no ha dado al hombre pies, manos, ojos, orejas y labios para que con ellos ore vanamente. Sólo el corazón sirve para la oración honrosa.

A pesar de todo, cada hombre también puede orar con los pies, las manos, los ojos, las orejas y los labios. Con los pies, si acude a los pobres y les socorre, llevándoles ayuda y consuelo; con las manos, si da la mano a los menesterosos amparándoles; con los ojos, si gustosamente mira a los pobres; con las orejas, si con gusto escucha las palabras de Dios, las toma en consideración, obrando según ellas y no cierra sus orejas ante los ruegos de los pobres; y finalmente con los labios, si conversa gustosamente con las viudas y huérfanos, pobres y abandonados, dándoles consuelo.

El hombre ora también con los labios si instruye a los ignorantes induciéndoles a la fe verdadera, al reconocimiento justo de Dios y a diferentes virtudes útiles. Todo esto constituye una oración sumamente grata a Dios.

Sabiendo esto, obrad según mis palabras y nunca os faltarán las bendiciones de Dios. Porque esto es lo que se llama adorar a Dios en el Espíritu y en toda la Verdad.

Verdad es que está escrito que el hombre debe orar sin cesar si no quiere caer en tentación. ¡Qué necio y loco sería si Dios exigiese de los hombres que orasen incesantemente con los labios. Entonces los hombres, para complacer y agradar a Dios deberían arrodillarse siempre, de día y de noche, y recitar maquinalmente sin corazón ni sentido oraciones vacías. Pero ¿cuándo hallaría tiempo para ejecutar los trabajos necesarios? Sin embargo, si estáis siempre activos con las manos, los pies, las orejas y los labios, como lo dicho antes, y si amáis en vuestro corazón a Dios y a vuestros prójimos pobres, entonces oráis verdadera y efectivamente sin cesar a Dios, el cual en retribución os bendecirá siempre y os dará la Vida eterna y bienaventurada en el Más Allá».

Orden doméstico y amor

2.112.1-12 Al llegar a la casa de Ebalo, también los hijos e hijas querían quedarse en su compañía.

Pero como Ebalo daba importancia a un severo orden doméstico, reprendía particularmente a sus hijas y a sus mujeres tal conducta, diciendo: «Ahora habéis visto y oído muchas cosas. Retenedlo y obrar según ello y recibiréis la bendición del Señor, como el Señor mismo os lo ha prometido en la orilla del mar. Pero ahora volved a vuestros quehaceres».

Las muchachas y las mujeres se excusaron, retirándose con sus corazones tristes.

Sin embargo, Yo dije al Ebalo: «Amigo, ¿por qué mandaste que se fuesen? Es bueno tener un orden doméstico saludable y severo con los hijos e hijas, y es muy laudable proteger bien a las muchachas; pero en mi presencia no hay peligro, sino sólo el Cielo bendito».

Ebalo contestó: «No quiero que te molesten, aunque les voy a llamar. Pero a mis hijos e hijas les gusta charlar y a curiosear, y pro eso les mandé que se fueran y no te molestaran».

Dije Yo: «Sólo la gran maldad de los hombres puede molestarme. ¡Vete a buscarlas!».

Ebalo se fue y las hizo volver a todas. La muchachita más pequeña se sentó rápidamente a mi lado y empezó a acariciarme.

Sin embargo, Ebalo se lo reprendió y dijo que esto no era buena educación.

Mas Yo le dije: «Amigo, permíteselo porque ella ya ha escogido lo mejor. Yo te digo a ti y a todos: Quien no venga a Mí como esta muchachita no hallará el camino al Reino de Dios; esta muchachita ya lo ha hallado. Tenéis que venir a Mí con amor intenso, si queréis ganar la Vida eterna.

Esta muchachita, con lo que hace, prueba lo que siente en su corazón; en cambio vosotros habláis prudentemente y mantenéis fríos vuestros corazones. En realidad no comprendéis quién soy Yo».

Acto seguido todos se arrodillaron, y Ebalo me besó los pies.

Después me dijo con un profundo respeto: «Señor, ya lo he sentido desde hace mucho tiempo; sólo me faltaba el ánimo de decirlo».

Dije Yo: «Pues no castiguéis a la muchachita que a todos vosotros infundió ánimo para venir a mi lado sobre el agua del mar. ¡Cuánto la quiero! Ella ya posee lo que vosotros aún tendréis que buscar; no lo hallaréis tan pronto. Empeñaos en el verdadero amor a Dios y al prójimo y tendréis en abundancia la Gracia y la Bendición desde arriba!».

El elogio justo y el peligro elogiar

2.113.1-7 y 12-15 Dijo la hermana mayor, a la que empezaron a atormentar los celos: «Yara siempre ha sido de naturaleza apasionada, enamorándose fácilmente de todo lo que veía. No es de extrañar que se enamore perdidamente de un hombre tan bello como Tú. Esto también yo puedo hacerlo; ¿qué puedo hacer puesto que ella se ha apropiado totalmente de ti?».

Dije Yo: «Mira, hermana celosa; si hubieras tenido un amor verdadero en tu corazón, no habrías hablado de esta manera. Pero como en tu corazón nunca ha habido amor verdadero por el mimo que has recibido, ahora no puedes dejar de hablar como lo has hecho.

Yara ama, sin preguntar si es amada. A ella le da igual si se trata de amigos o de enemigos. Ella es tan feliz que puede abrazar todo con amor. Nunca se le ocurrió pensar si también es amada; ella te ama a ti, a todos sus hermanos y hermanas y a sus padres, más de lo que es amada por vosotros. Ella ocupa el último lugar lo que nunca le ha impedido su gran amor para con vosotros. Esto se llama amar verdaderamente.

Cuando amas siempre quieres que te amen diez veces más. Y si no se responde con tal amor esperado, te sientes despechada.

En cambio Yara, nunca ha exigido ser correspondida. Por tal motivo ella tiene el permiso de amarme con todo su corazón. Porque únicamente por ella vine aquí y por amor a ella voy a quedarme todavía unos días en esta casa; y todos vosotros tenéis que agradecer a esta muchachita que Yo haya venido aquí y haya curado vuestros enfermos, y que todavía vaya a curar más enfermos.

A donde me dirijo siempre busco lo más ínfimo y oprimido. Todo lo demás que el mundo considera respetable y sumamente importante es un horror ante Dios. Esforzaos en ser como mi querida Yara y vosotros también os encontraréis física y espiritualmente tan cerca de Mí como ella está ahora.

Sin embargo, si alabáis a alguien, alabad a quien verdaderamente lo merece. Si la persona alabada se jacta del elogio, entonces no le alabaréis más, pues la vanidad es el origen de la soberbia, la cual es el espíritu de Satanás».

Yara: «No me gusta ver a hombres tristes y desgraciados. Preferiría tomar sobre mí toda la tristeza y desdicha si con ello los desgraciados, los tristes y los afligidos se pusieran felices, alegres y contentos. Por eso, mi queridísimo Señor Jesús, sé tan bueno con mis hermanas como lo eres conmigo, pues ellas también lo merecen».

Dije Yo: «En verdad querida Yara que no puedo rehusar tus deseos. Ahora tus hermanas ya comprenden por qué te amo tanto. Si ellas te igualan en sus corazones, también las amaré como te amo a ti, no te preocupes.

Así como tú no puedes ver hombres tristes y desgraciados sin sentir el deseo de ayudar, así ocurre conmigo también, aunque en mucha mayor medida, que siento el deseo y con éste la Voluntad fuerte y omnipotente de ayudar a todas las criaturas para ahora y para la eternidad.

Buscar lo perdido, curar lo enfermo y salvar todo lo que está preso; esto es mi intención, mi deseo y mi Voluntad, aunque sin influenciar en el libre arbitrio de cada persona. ¿Te gusta mi intención?».

Yara habla sobre sus diferentes experiencias al orar

2.114.1-11 Dijo Yara: «¡Cómo no! También yo quisiera hacerlo si pudiese. ¿Pero de qué me sirve mi voluntad humanitaria si no puedo ayudar? Sólo cuando se trata de cosas pequeñas puedo rogar a mis padres que ayuden a los pobres y menesterosos, y en estos casos casi siempre me han prestado oídos.

Sin embargo, al rogar a Dios, el Señor omnipotente, no siempre he tenido tanto éxito. También le rogaba frecuentemente y cuando pensaba que sin falta Dios había prestado oídos a mis ruegos y me dirigía al lugar para convencerme si tenía éxito con mi ruego infantil, entonces quedaba desesperada porque todo seguía como antes.

Fui a mi padre y le pregunté por qué Dios omnipotente era algunas veces tan duro de oídos.

Y mi padre me contestó que Dios sabía bien por qué envía un sufrimiento más largo a esta o aquella persona para su salvación. Dios sabe bien cuánto tiempo le falta a este o aquél para expiar; que en tales casos de nada servirán los ruegos y yo me sentí muy contenta porque en este mundo no hay mayor bienaventuranza y felicidad para un corazón compasivo que experimentar que el gran Dios presta oídos a una pequeña muchacha.

Y el que Tú, Señor, vinieras a nosotros, me parece como si el gran Dios hubiera prestado oídos a mi ruego. Todos nosotros hemos oído decir a muchas personas que han venido aquí que en Nazaret y sus alrededores cierto carpintero, Jesús de nombre, realizaba curaciones hasta ahora inauditas, resucitaba a los muertos, los ciegos volvían a ver, los sordos podían oír, los mudos hablar, los cojos e inválidos volvían a andar normalmente. En pocas palabras, no había enfermedad que no fuese curada momentáneamente por Él.

Al principio no le dimos crédito, pero cuando siguieron viniendo personas a nuestra casa, incluso algunas que habían sido curadas maravillosamente por Jesús, empezamos a creer que debía ser verdad.

Por lo tanto sentía un gran amor por este hombre, capaz de realizar tales milagros, y rogaba cada día tan ferviente y confiadamente como me era posible al Dios amado que te guiara por su Omnipotencia a nuestra casa. Y Dios me ha oído verdaderamente, enviándote a nosotros.

Cuando supe que habías llegado, tuve una alegría indescriptible. Si me hubiese atrevido, te habría abrazado. Pero a causa de mis padres y de mis hermanos debía dominar a mi corazón. Más hoy ha venido el tiempo felicísimo para mí de estar a tu lado. Desde que oí de Ti las primeras palabras, te amo sobre todas las cosas.

Ahora Tú estás aquí y te tengo. ¡Oh, qué felicidad indescriptible! Y puedo amarte y soy amada también de Ti. Ahora ni siquiera los ángeles perfectos en el Cielo pueden ser más felices que yo. Te ruego que no nos abandones nunca, de lo contrario me moriría de tristeza».

Dije Yo: «No, no, mi Corazón nunca te abandonará. También te digo que no verás la muerte ni la sentirás. Mis ángeles te llevarán de este mundo y te traerán a Mí, tu Padre desde la eternidad. Pues, mi queridísima Yara, Aquél a quien has rogado tan cordialmente por mi venida, ahora está sentado en Mí, al lado de ti, y te ama con la llama divina de todos los Cielos, y tenías razón al afirmar que eres más feliz que los ángeles más perfectos de todos los Cielos. Levanta los ojos y verás que es así como te lo he dicho».

Yara ve los Cielos abiertos

2.115.1 Yara levantó sus hermosos ojos azul celeste a los Cielos y, como una transfigurada, vio las profundidades de los Cielos abiertos a sus ojos. Después de bastante rato empezó a balbucir más que a hablar con voz celeste, pura y suave: «¡Oh, oh, gran Dios santísimo! Qué encantos indescriptibles veo ahora. Los Cielos infinitamente grandes están llenos de ángeles bienaventurados. ¡Qué dichosos y felices deben ser! Sin embargo, Yara todavía es más feliz y dichosa. Está vacío el trono eterno en el gran centro de los Cielos inmensos, alrededor del cual se hallan arrodillados gran abundancia de ángeles sobre nubes claras como la luz solar, y continuamente exclaman: “¡Santo es aquél cuyo trono está aquí! ¡Oh, regocijaos, porque pronto Él terminará la gran obra en la Tierra y llegará a ocupar este trono de la Gloria de Dios. Él, único que tiene el derecho a ocupar este trono, está ahora aquí con la pobre Yara! Alabadle y ensalzadle, pues de Él es este trono eterno de Gloria y Poder divinos”».

2.116.5 El Señor: «Quien ama la vida del cuerpo y hace todo por conservarla, con la vida del cuerpo pronto acabada perderá también la Vida eterna del alma. Pero quien huye la vida del cuerpo ganará la Vida eterna del alma».

El Señor: «Muchas cosas, empero, han sido ocultadas al hombre en esta Tierra. El gran porqué no lo sabrán sino en el Más Allá».

Los sueños de Yara sobre la Crucifixión y la Resurrección del Señor

2.119.9-11 y 120.1-12 Dije Yo: «Y ahora mi queridísima Yara, puesto que me amas tanto, tienes que contarme una historia pequeña; pues Yo sé que tú conoces muchas».

Dijo Yara, sonriendo inocentemente: «¡Oh Señor perdóname! Esto sería demasiado tonto, considerando tu sabiduría».

Dije Yo: «No, no, mi querida Yara, esto no debe preocuparte. Siempre podrás esperar la mejor indulgencia de Mí. Yo entiendo el llanto de los niños pequeños, por no hablar de su lenguaje. Algunas veces tú tienes sueños muy extraños. ¡Cuéntame uno de estos sueños!».

Dijo Yara: «Bueno pero mis sueños en general son terribles y me muestran los hombres mundanos en formas terribles, y entonces veo diablos en su lugar. Hace poco tuve un sueño de esta clase: vi un hombre de aspecto magnífico, que se parecía mucho a Ti, Señor. Vi a este hombre atado con cuerdas, como un criminal.

Pregunté a los que le seguían, llorando, qué había hecho este hombre magnífico para que los hombres se portaran tan mal con él. Y todos los que lloraban me dijeron lo mismo: “Era un gran bienhechor de la humanidad. Nunca cometió una injusticia, y la Verdad más pura salía de su boca. Ha dicho demasiadas verdades a los poderosos y arrogantes fariseos y escribas egoístas; y por esto el débil prefecto romano le ha condenado a muerte en la cruz. Ahora se le conduce al patíbulo. Observa con que desprecio y con que insultos pagan los hombres malísimos al mayor amigo de la humanidad”.

Acompañé a los hombres que lloraban hasta llegar a un monte pequeño y vi que al hombre honesto le salía sangre de unas heridas debidas a los golpes recibidos. Pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas para aumentar el dolor. Tenía que arrastrar su pesada cruz. Al llegar al lugar del suplicio, lo echaron sin misericordia sobre la cruz después de haberle desnudado y lo clavaron cruelmente por las manos y por los pies. Señor, era una escena horrible. Sólo de pensar en este sueño me quedo desfallecida. Finalmente se erigió la cruz y la colocaron en un hoyo escarbado para tal fin, asegurándola por medio de cuñas.

Lo más extraño fue que este hombre sumamente honrado no dio un solo grito de dolor, mientras otros dos reos que no eran tan martirizados gritaban horriblemente.

Al despertar, tembló todo mi cuerpo, Señor; tal sueño no es cosa de broma para un corazón sensibilísimo como el mío. En seguida rogué al Padre en el Cielo que no me enviase otros sueños tan crueles».

Dije Yo un poco triste y sombrío por este relato. «Este sueño tuyo es de gran importancia. Puedes considerarte bienaventurada por tener tales visiones, pues sólo a pocos profetas se les han concedido semejantes sueños.

Sin embargo, muchas cosas se han ocultado al hombre en esta Tierra; el gran porqué no lo sabrán sino en el Más Allá. Y ahora cuéntame otro sueño que tuviste tres días más tarde con el mismo hombre».

Dijo Yara: «Oh, Señor, me gusta mucho más contar este sueño porque fue maravilloso. Muy de mañana me encontraba en un hermoso jardín desde el que podía ver a lo lejos el lugar de suplicio que mencioné en el primer sueño. Tal contemplación me llenó de un gran miedo. Empecé a rogar al Padre querido en el Cielo que me librara de semejantes visiones, pero todavía continuaba viendo el lugar del suplicio con las tres cruces.

Sin embargo, pronto vino un joven hermoso que me consoló y fortificó con las siguientes palabras, que retuve bien en mi memoria: “¡No temas nada, querida alma pura y delicada! Lo que viste hace tres días debía suceder según el consejo y la Voluntad de Dios, de lo contrario ningún hombre hubiere llegado a ser bienaventurado ni a recibir la contemplación de Dios. Quien fue crucificado fue el Hijo de Dios, y Dios estaba en Él. Mas ahora, después de tres días, este Hijo de Dios va a resucitar por su propia Omnipotencia y de su propia carne. Continuará reinando sobre todo el Infinito. Su Reino y su Gloria nunca tendrán fin. Ante Él se humillarán todos los poderes y quienes se opongan a Él perderán. Llega el momento feliz. Pon suma atención a la pesada piedra de la tumba”.

Cuando el joven hubo pronunciado tales palabras, la pesada piedra se levantó espontáneamente de la tumba, y el mismo hombre a quien yo había visto crucificar tan horriblemente tres días atrás, salió con una faz llena de dignidad. No dudé ni un momento que fuera Él, pues observé los estigmas en las manos y en los pies.

Y el hombre se acercó a mí, diciendo con una voz extremadamente melodiosa: “Lo que acabas de ver en este sueño es una prueba de la realidad que sucederá un día no muy lejano. Sin embargo, antes me vas a ver todavía en persona y más tarde, después de mi resurrección, me verás muchas veces”. Después de haber oído estas palabras me desperté; y con frecuencia cavilaba sobre este sueño. Salvo Tú, Señor, ningún otro hombre se parecía al hombre mencionado en el sueño».

Dije Yo: «Quizás sea Yo».

Con el Señor todo se consigue con el amor

2.127.3-4 El Señor, dirigiéndose a Yara: «Conmigo todo se consigue con el amor. El Amor para con vosotros, los hombres, fue justamente lo que me atrajo a esta Tierra. Mas quien posee un amor como tú, puede hacer conmigo lo que quiera; pues tal amor es mi Espíritu en el corazón del hombre. Y lo que exige y quiere tal amor surge de toda la profundidad del Orden divino y por tanto tú puedes cogerme y no me separaré nunca de tu corazón.

Mi presencia no vale nada; todo depende únicamente de mi Espíritu. Todo lo que hago no lo hace mi persona sino sólo mi Espíritu».

Una ascensión maravillosa de un monte

2.129.10-14 y 130.3-10 El Señor: «Hoy ascenderemos al monte más próximo».

Respondió el comandante: «El monte más próximo, al que se llama “Cabeza Matutina” o en la lengua de esta región “Juitergli”, es el monte más alto y al mismo tiempo el más escarpado por todos los lados; es un coloso de roca. Si te refieras a este monte, no llegaríamos a la cumbre antes de caer la noche. Y no es aconsejable pernoctar allí porque a aquella altura siempre se encuentra nieve e hielo».

Dije Yo: «Amigo, esto no debe impedirnos ascender a ese monte, pues quien conoce el camino ascenderá más pronto que quien ha de buscarlo penosamente. ¡Quien tenga ganas de tomar parte en la ascensión, que venga conmigo! Sin embargo ¿qué haremos con la queridísima Yara, que quizás tenga dificultades en la subida?».

Respondió Yara: «Contigo, Señor, nada puede serme demasiado difícil; pero sin Ti, Señor, no soy capaz de hacer nada».

Salvo la servidumbre de la casa, todos me acompañaron a la ascensión del monte.

Cuando llegamos a la parte de la roca cortada por profundas escarpaduras, el comandante romano dijo: «Señor, de modo natural y con fuerzas humanas no es posible continuar la ascensión».

Dije Yo: «¡Mira hacia atrás y verás qué altura hemos alcanzado ya!».

El comandante volvió la cabeza y se asustó al darse cuenta de encontrábamos a media altura del monte, entre las paredes más escarpadas, casi perpendiculares.

Pasado el asombro, el comandante dijo con voz un poco temerosa: «¡Esto no hay quien lo entienda! ¿Cómo es posible subir por este desfiladero sin sentir fatiga alguna?».

Dije Yo: «¿No ves que siempre continuamos nuestra subida?».

Dijo el comandante: «Bien es verdad que me doy cuenta; pero al echar una mirada hacia arriba, luego no sé como continuar ascendiendo».

Dije Yo: «¡Si eres un buen guía, hallarás el camino más recto a través de todas las dificultades!».

Pronto estuvimos en la cumbre del monte.

La naturaleza del miedo

2.132.6-13 El Señor a Yara: «Nos encontramos aquí, en la cumbre de un monte que nunca ha sido pisado por hombre alguno. Como ves, las paredes del monte son tan escarpadas que de modo natural no es posible ascender ni descender; también has visto como, después de haber ascendido de manera natural hasta la mitad del monte, se perdió la posibilidad de continuar ascendiendo sobre las paredes perpendiculares. El comandante y todos los demás se preguntaron: “¿Qué vamos a hacer ahora?”. Sin embargo, Yo ascendía contigo sobre las paredes y todos los demás nos seguían sin fatigarse. ¿Cómo era posible?

Era posible porque el espíritu despertado por Mí dentro de las criaturas humanas, les llevó hasta la cumbre. Sin embargo, como los espíritus de las criaturas humanas no estaban acostumbrados a tal acción, una vez ascendidos a la cumbre, de nuevo volvieron a cansarse sus cuerpos y las almas se llenaron de temor. Si sus espíritus hubiesen seguido despiertos en sus corazones, no tendrían miedo, porque los mismos espíritus hubiesen llenado sus almas con absoluta confianza y hubieran puesto en sus corazones la entera convicción de que toda la naturaleza debe obedecerles.

El alma del hombre, o se adentra por la dirección incorrecta en su carne o por la dirección correcta en su espíritu, que siempre es una cosa con Dios, como la luz solar es una cosa con el Sol. Al adentrarse el alma en su carne, en todo será una cosa con la carne, porque la carne, en sí muerta, recibe por cierto tiempo, mientras el cuerpo no sufra daño, Vida del alma.

Sin embargo, si el alma continúa integrándose en su carne, de manera que ella misma acabe siendo carne, entonces queda atacada por el sentimiento de la destrucción, lo que constituye una característica de la carne, y este sentimiento es el miedo, que finalmente enflaquece e incapacita totalmente al hombre.

Caso distinto es un hombre cuya alma ya desde su temprana juventud se ha adentrado en su espíritu. Entonces no existe destrucción para ella. Su sentimiento es idéntico a la constitución de su espíritu eternamente indestructible. Ella no puede ver ni sentir muerte alguna, al ser ahora una cosa con su espíritu eternamente viviente, el cual domina todo el visible mundo natural. Se comprende fácilmente que este hombre, que todavía vive en la carne, desconoce el miedo, porque donde no hay muerte no hay miedo.

Por tal motivo los hombres deben preocuparse tan poco como les sea posible de las cosas del mundo. Deben preocuparse de que su alma sea una cosa con su espíritu y no con su carne. ¿Qué provecho tendrá el hombre si gana todo el mundo y sufre daño en su alma? Todo este mundo que vemos ahora alrededor de nosotros, este mundo con sus magnificencias inconstantes, pasará a su debido tiempo, como también todo este cielo con sus estrellas; pero el espíritu permanecerá eternamente así como cada una de mis palabras.

Es muy difícil ayudar a las criaturas que se han integrado intensamente en las cosas del mundo porque piensan que su vida consiste en las cosas fútiles del mundo, viven con un miedo constante y, por fin, son inaccesibles por la vía espiritual. Si nos acercamos a ellas por la vía de la materia no les servirá de nada; por el contrario, favoreceremos su juicio y con esto la muerte del alma.

Quien quiera salvar su alma debe poner todo su empeño en ello, renunciando a todas las cosas mundanas que le producen agrado. Al realizarlo con gran aplicación y con mucho celo, el hombre salvará y entrará en la Vida entera; sin embargo, si no lo hace, no se le podrá ayudar sino con grandes sufrimientos para que aprenda a despreciar el mundo con sus suntuosidades, se vuelva a Dios y de esta manera empiece a buscar su espíritu en sí mismo y se una más y más con él. Yo te digo: La felicidad del mundo es la muerte del alma. Dime mi querida Yara si has comprendido todo esto».

Jesucristo, mediador entre el Cielo y la Tierra

2.133.1-6 y 11-13 Dijo Yara: «¡Oh Señor, amor mío, Vida mía! A causa de tu gracia en mí he comprendido bien todo esto, pero es muy triste que los hombres no puedan o quieran comprenderlo. Luego habrá muchas almas muertas. Oh, Señor, haz que los hombres entiendan y comprendan tan santa Verdad y que se adapten a ella, de lo contrario voy a tener que vivir entre muchos muertos en este mundo!».

Dije Yo: «No te desanimes, éste es precisamente el motivo por el que Yo vine a este mundo. Hasta ahora han faltado caminos adecuados y los Cielos estaban separados de la Tierra; sin embargo ahora se construye un camino seguro y justo, y los Cielos quedarán unidos con la Tierra de manera que, siguiendo este camino, cada uno puede llegar fácilmente a los Cielos cercanos. No obstante, nadie debe ser influenciado en su libre albedrío.

De ahora en adelante quien lo desee firmemente puede alcanzar los Cielos, lo que hasta ahora no ha sido posible, pues entre la Tierra y los Cielos había un abismo demasiado grande.

Pero, ay de quienes lo sepan bien y no hagan caso de ello. A partir de ahora estarán en peor situación que los hombres de los tiempos pasados, que muchas veces querían pero no podían traspasar este abismo. ¿Lo comprendes?».

Dijo Yara: «Señor lo he comprendido todo. La posibilidad es buena, pero el libre albedrío de los hombres... Ellos ven y disfrutan el mundo; pero no ven ni disfrutan de los Cielos; y entonces muchos no querrán ir por el camino construido y será peor para ellos que antes. Sólo pocos tomarán el camino construido hacia el Cielo porque la cosa más difícil para los hombres consiste en la abnegación».

Dije Yo: «¡ No te preocupes! Las preparación para el mejoramiento se extenderá en gran escala desde aquí hasta el mas allá».

Yara elevó más bien su ánimo que sus ojos hacia arriba. De pronto todos los Cielos se abrieron y una gran multitud de ángeles de Dios, con un esplendor brillante, descendieron suavemente a la Tierra y cantaron: «¡Todos los Cielos, rociad de misericordia y gracia a los justos en esta Tierra! Pues, santo es Aquél que la pisó para la salvación de los que cayeron antes de que brillara un Sol con la Luz de la Gracia de Dios en todo el profundo espacio infinito. A los hijos humanos procreados de Satanás, Él los adopta y les hace hijos de su Amor.

¡Toda la honra, toda la gloria y toda la alabanza únicamente para Él, porque todo lo que Él hace está bien hecho y su Orden es Amor y grandísima sabiduría. Por tal razón sólo Él es santo, sumamente santo, y ante su nombre han de hincarse todas las rodillas en el Cielo, en la Tierra y bajo la Tierra. Amén».

El Levantamiento el Mar de Galilea

2.134.1-22 Terminado este cántico sublime, Yara se dirigió a Mí, diciendo: «Señor, realmente es muy difícil saber si lo más bello y suntuoso es el cantar, las palabras, la voz bellísima de mil colores o la belleza maravillosa de estos etéreos e incontables cantores. Ahora tengo una idea de lo que son los Cielos de Dios. Ahora deseo morir para entrar en las filas de estos cantores maravillosos. Pero dime, Señor, si lo deseas, ¿son estos cantores reales como perecen o fueron creados sólo para este momento?».

Dije Yo: «Estos son ángeles y fueron creados en tiempos remotos, antes de que se vislumbrase una creación material. Llama a uno de ellos y persuádete de que él, como todos sus semejantes, son seres verdaderos. Debo decir también que aunque tengan una apariencia etérea, poseen una fuerza y un poder tan grandes que el más flaco y pequeño de entre ellos podría destruir toda la Tierra de tal modo que no quedase átomo de ella. ¡Llama a uno de ellos y compruébalo!».

Dijo Yara: «Señor, no me atrevo, porque su gran belleza me inspira cierto miedo!».

Dije Yo: «Pero hijita mía, ¿no acabo de explicarte lo que es el miedo? No debes tener miedo alguno, de lo contrario Yo debería suponer que también en tu corazón existe algo mundano. Si tú estás conmigo, ¿cómo puedes sentir miedo?».

Yara hizo señal al ángel más próximo, y éste, flotando, se acercó a ella y la preguntó con voz extraordinariamente suave y cariñosa: «Yara querida hija magnífica de mi Dios, de mi Señor desde la eternidad ¿que desea tu corazón puro y amoroso?».

Contestó Yara un poco desconcertada por el brillo y la majestad del enviado del Cielo: «El Señor me dice que cada uno de vosotros es omnipotente y yo quiero persuadirme de ello; sin embargo, no sé como hacerlo».

Dijo el ángel: «Escucha, bella flor del Cielo, en este caso puedo ayudarte a salir del apuro. Mira, abajo se halla el extenso y profundo mar de Galilea. ¿Y si lo levantara y lo hiciera flotar libremente en forma de gran globo de agua delante de tus ojos?».

Dijo Yara: «Esto sería maravilloso, pero ¿qué sucedería con los peces y con los muchos barcos que se encuentran en la orilla y mar adentro?».

Contestó el ángel: «A mí me corresponde que no les ocurra ningún daño a los peces ni a los barcos».

Dijo Yara: «Entonces, si no va que suceder daño alguno, hazlo».

Dijo el ángel: «¡Vuélvete! El mar está vacío y sus aguas flotan ahora libremente en el aire».

El ángel cogió a Yara y ambos se dirigieron en un abrir y cerrar de ojos al fondo seco y profundo del mar. El ángel cogió una concha de nácar bellísima del suelo del mar, se la dio a Yara como recuerdo y para que pudiera enseñársela a los demás, que dormían corporalmente pero experimentaban todos los sucesos en el sueño.

Al encontrarse de nuevo a mi lado, Yara dijo: «Señor, sé bien que te es posible ejecutar todas las cosas; pero como en tu Voluntad y por tu Voluntad tal poder se encuentra también en la voluntad de los ángeles, es algo que no entiendo aunque es sumamente maravilloso».

Dije Yo: «Con el tiempo encontrarás en tu propio corazón la razón por la que a Dios le es posible realizar tales cosas».

Ordené al ángel que hiciera descender el agua al mar de Galilea. De este modo Yara podía pedirle otra cosa al ángel.

Dije Yo: «¿Verdad que vas a ayudarme a encontrar algunas otras tareas para los ángeles?».

Dijo la pequeña con voz de inocencia infantil: «Sí, por amor hacia Ti soy capaz de hacer cualquier cosa. Si me lo pides me echaré al fuego o me arrojaré desde este precipicio al mar puesto que el agua esté nuevamente en el mar».

Dije Yo: «Sin embargo, no hay fuego en la Tierra que pueda quemarte y destruirte porque tú misma estás llena de un fuego más poderoso. Tampoco podrían dañarte el agua ni las rocas porque tu carácter en mi Orden es más fuerte y duro que un diamante, y tu ánimo más suave que todas las aguas del Cielo. En pocas palabras, tú has penetrado a mi Corazón y por eso te doy la libertad de mandar hacer algo a los ángeles, y éstos lo harán como si Yo les hubiese mandado. Imagínate cualquier tarea porque este ángel ya está ansioso de cumplir tus deseos».

Dijo Yara: «Mi querido mensajero de los Cielos, si es posible hacerlo sin perjuicio alguno, haz en el nombre del Señor que este monte, que de modo natural es demasiado difícil de ascender, tenga unos caminos fáciles para subir y bajar, también en dirección al mar, donde no es accesible salvo para los pájaros».

El ángel hizo una reverencia ante la pequeña Yara y dijo: «Oh, adorable soberana en el nombre del Señor. Vete a cualquier lado del monte y quedarás satisfecha. ¡Algunas veces somos lentos en nuestras acciones, pero también podemos ser más rápidos que el relámpago!».

El poder de los ángeles. Visita a una estrella

2.136 Yara quedó convencida de que el monte no había perdido nada en su altura, y de que por todos los lados podía ser ascendido sin peligro alguno, principalmente por el lado opuesto al del mar.

Dijo Yara: «Este hecho es tan maravilloso que empiezo a dudar de mis sentidos y a pensar que duermo y sueño. Explícame un poco cómo te ha sido posible realizarlo. Antes has levantado toda el agua del mar y las has mantenido de forma que flotaba libremente en el aire, y ahora acabas de hacer que se pueda ascender la cumbre del monte. ¿Cómo te fue posible hacerlo sin ausentarte ni un momento?».

Respondió el ángel: «Ahora no puedes comprenderlo, pero pronto llegará el tiempo en el que todo lo comprenderás claramente. Sólo puedo decirte que no podemos hacer nada por nosotros mismos, sino que todo hacemos por la Voluntad omnipotente del Señor, al que tanto amas.

Escucha, la Tierra y los Cielos no son más que pensamientos e ideas de Dios conservados por su Voluntad inmutable. Si Él recoge sus ideas y disuelve sus pensamientos, en ese mismo momento se deshará toda la creación visible. Pero si el Señor coge un pensamiento nuevo y lo mantiene con su Voluntad omnipotente, entonces la cosa creada existirá visiblemente para todos».

Preguntó Yara: «¿Y qué tenéis que hacer vosotros para ejecutar la tarea?».

Dijo el ángel: «Somos puros recipientes de la Voluntad divina y ejecutores de la misma. Somos, por decirlo así, las alas de la Voluntad divina y por esto somos la Voluntad divina misma. Basta el pensamiento ligero nuestro unido con el poder de la Voluntad divina y la obra ya está concluida. He aquí nuestra rapidez en el obrar.

¿Ves aquella estrella luminosa en el levante? Si hubiese un camino derecho hacia ella, de verdad te digo, la Tierra no tendría suficientes granos de arena y un pájaro necesitaría años para volar allá. Y mira, para mí es posible ir y volver en un momento. No sentirás mi ausencia, y sin embargo, estaré allá ¿Me crees?».

Dijo Yara: «¿Por qué no iba a creerte? Pero no puede hablarse de una convicción por mi parte; porque no puedo ni quiero viajar allá como antes he descendido al fondo del mar».

Dijo el ángel: «¿Por qué no? ¿No sabes que para Dios todo es posible? Si conviene al Señor, te llevaré allá y me haré responsable de que nada te suceda».

Yara se dirigió a mí, preguntando: «Señor, ¿es esto posible?».

Dije Yo: «¡Sí, de la mano de este ángel! Si lo deseas, puedes encomendarte a él y en pocos momentos vas a volver nuevamente sana y salva para estar de nuevo a mi lado! Pero no te olvides de traer también un recuerdo de allá».

Entonces el ángel levantó a Yara del suelo, la apretó contra su pecho y desapareció. A los diez segundos volvió con Yara, que en su delantal traía una roca luminosa que al aire libre despedía una luz tan clara como la de una estrella matutina.

Después de haberse recobrado un poco de su asombro, Yara me preguntó: «Oh, Señor, ¿son todas las innumerables estrellas como aquella que acabo de ver con mis ojos? Pues esto es un mundo inmenso. En contraste con aquel mundo nuestra Tierra me parece tan pequeña como una concha de caracol comparado con este monte. Allá existen hombres perfectos que habitan en templos inmensos y de construcción maravillosa; pero aquellos hombres son tan grandes, tan gigantescos, que tienen una altura tres veces mayor que la de este monte, si estuvieran a la orilla de este mar.

Nos encontrábamos en la cumbre de un monte altísimo, desde el que se veía en todas direcciones una llanura sin fin, surcada hacia todos los lados por ríos suntuosos y hermosos, cuyas ondas cambiaban en los colores del arco iris; sin embargo el suelo estaba cubierto de jardines maravillosos, rodeando templos hermosos. Un instante después nos encontrábamos abajo, muy cerca de los templos, y veíamos a los hombres grandes. A cierta distancia aquellos hombres tienen buen aspecto, pero muy de cerca parecen montes caminantes. Sería necesario usar una escalera para ascender el dedo pequeño de aquellos hombres.

En pocas palabras, yo podría continuar contando por mucho tiempo lo que vi durante los pocos momentos de mi estancia en aquel mundo, pero esto sería hacer mal uso del tiempo que Tú habrías determinado para cosas mejores. Sólo deseo saber si todas estas innumerables estrellas también son mundos como el que acabo de visitar».

Respondí Yo: «Sí, hijita mía, y aún hay mundos todavía mucho mayores y magníficos. Pero, ¿crees firmemente que has estado en pocos momentos con cuerpo y alma en aquella estrella? Dime».

Dijo Yara: «Señor, mi amor y mi Vida. En la ida hicimos cuatro etapas. Hasta la cuarta se mostró como la he visto aquí; pero en la cuarta apareció tan grande como nuestro Sol durante el día. Entre este momento y el siguiente ya estuvimos en aquel mundo magnífico. Esta roca luminosa sirve de prueba de mi excursión estelar».

La facultad interior de contemplar la Creación

2.137 El Señor: «Ahora voy a mostrarte cómo un hombre perfecto en su corazón puede visitar las estrellas sin alejarse de esta Tierra. Sobra decir que no puede traerse una piedra luminosa de prueba. Imagina vivamente en tu corazón la estrella que acabas de visitar. Contémplala fijamente durante cierto tiempo con tus ojos y dime lo que ves».

Yara lo hizo y pasados unos momentos dijo: «¡Señor, mi amor. La estrella se acerca rápidamente, y cada vez se hace más grande. Su luz casi es insoportable. Esto es una luz terriblemente fuerte, pero no duelen los ojos. Ahora todo el firmamento es un poderoso mar de luz. ¡Oh Dios, qué maravillosas son tus obras! Y Tú andas aquí encarnado como un hombre modesto y sencillo entre nosotros, los gusanos humanos de la Tierra.

Ahora me encuentro nuevamente en el mismo monte y veo a mi alrededor la misma región llena de suntuosidades, veo los mismos templos con sus jardines hermosos. También veo flores hermosísimas, pero la más pequeña de ellas es más grande que una casa en esta Tierra. Ahora veo animales y pájaros bonitos. De los árboles enormes penden frutos extrañamente grandes».

Dije Yo: «¡Ten cuidado! Ahora llegas a una ciudad de aquel mundo. Dime si te gusta».

Yara quedó estupefacta, y dijo entusiasmada: «¡Por tu santísimo nombre, esto es tan maravilloso que ningún corazón humano sería capaz de imaginar! ¡Es indescriptible! ¡Qué templos! ¡Qué columnatas! ¡Qué cúpulas! ¡Qué lujo, tamaño y suntuosidad! Señor, te suplico que me hagas volver a la Tierra, porque tantas maravillas me podrían matar».

Dije Yo: «¡Cierra tus ojos y piensa en Mí y en la Tierra y todo irá bien!».

Yara así lo hizo y la mencionada estrella le pareció como estrella pequeña.

Dije Yo: «Antes me preguntaste si todas las estrellas eran mundos semejantes y te respondo que sí».

El Señor explicó a Yara cómo el mundo induce a hacer caer en la tentación a los hombres: «¡Escucha, mi queridísima Yara! Yo veo en tu corazón, lo mucho que me amas y también conozco tu fidelidad; pero aún eres más una niña que una muchacha adolescente. Hasta ahora has permanecido siempre bajo la protección de mis ángeles y los malos espíritus del mundo no han podido acercarse a ti. Sin embargo, cuando estés entrada en años y seas más madura, tendrás que resistir con tu propia fuerza al mundo malo y a sus veleidades para que con esto, según mi Orden inalterable, establecido para todos los seres, ganes terreno firme, en el cual sólo tú podrás acercarte a Mí en espíritu y en toda la Verdad.

El mundo posee un fuerte poder sobre el hombre porque el mundo en su mayor parte es dominado por el infierno. Al alma le cuesta muchas luchas encarnizadas no ser devorada por su propia carne y sangre y por tanto también por el mundo.

Por el gran amor que te profeso, te digo: Verdad es que desde la eternidad Yo puedo saber todo lo que va ser de un hombre en la madurez, es decir, cuando Yo quiero saberlo; sin embargo, para que el hombre en la madurez de sus años pueda obrar con entera libertad y sin ser turbado, durante tiempo Yo aparto mis ojos de él y no hago caso de sus acciones libres, salvo que él me ruegue encarecidamente que Yo le ayuda en la lucha que libremente lleva contra el mundo. En este caso me preocupo de él, le ayudo a tomar el camino justo y le concedo las fuerzas necesarias para poder luchar contra el mundo.

Yo no quiero ver lo que sucederá contigo en el futuro para que en el tiempo de la tentación te acuerdes de todas estas cosas. También tu ángel guardián te abandonará durante el tiempo mencionado; sin embargo, cuando con tus propias fuerzas hayas vencido enteramente al mundo, entonces se acercará a ti y te servirá en todo. Mi querida Yara, ¿me has entendido un poco?».

Una escuela de renunciación en el Más Allá

2.138 Contestó Yara: «Verdad es que lo he comprendido bien, pero es muy triste para mí y para todos los demás hombres; porque de entre mil hombres apenas uno tendrá la fuerza para afrontar el mundo tal como Tú lo deseas».

Dije Yo: «Por tal razón he descendido del Cielo viniendo a vosotros para con ayuda de mi Doctrina y de mis hechos facilitaros los medios con los que podréis vencer fácilmente al mundo».

Dijo Yara: «Pero hay en la Tierra un sin número de criaturas que quizás en mil años no sabrán nada de Ti. Durante un tiempo tan largo, ¿qué será de su protección contra la tentación del mundo? Ellos también son hombres como nosotros los judíos».

Dije Yo: «Con los pueblos de la Tierra pasa como con los diversos hijos de un padre: unos, nacidos antes, han de ser educados de manera diferente a los nacidos hace tres, cuatro o cinco años. El hijo primogénito ya se ha hecho hombre maduro, lleno de fuerza y otra hija llega a la edad núbil; junto a ellos hay hijos e hijas de tu edad, y otros se encuentran todavía en la cuna. Si el padre actúa prudentemente ¿tratará a los hijos en la cuna exactamente igual que al hijo hecho varón?».

Respondió Yara: «Esto sí que no. Sería muy necio por parte del padre».

Dije Yo: «Este es el motivo por el que unos pueblos recibirán mi Doctrina más tarde, cuando posean la madurez necesaria. ¿Lo comprendes?».

Dijo Yara: «Sí, Señor, eso lo comprendo bien, pero ¿qué destino tendrán en el Más Allá los pueblos que hasta ahora no han sido maduros?».

Dije Yo: «Vas a saberlo en un instante. Mira, allá en la parte septentrional del cielo hay una estrella de luz rojiza. ¡Fíjate, con el ojo de tu alma y también con tu ojo terrestre en ella y la estrella te dará la mejor respuesta a tu pregunta!».

Yara así lo hizo y pasados unos momentos dijo: «¡Oh Señor, Creador omnipotente del cielo y de todos los mundos! Esto es un mundo todavía mucho más grande que el anterior, y está rodeado de una luz aún más maravillosa. La luz es de un rojo claro, tirando un poco a oro amarillo, mientras la luz del primer mundo era puramente blanca. Ahora la luz de este mundo es insoportablemente fuerte; ya me veo transportada al suelo de este mundo. ¡Qué maravilla y qué diversidad! Pequeños montes que ascienden suavemente circundan maravillosos y fructíferos valles. En los valles se ven una especie de cabañas, formadas tan sólo por un techo mantenido por columnas resplandecientes como rubíes. Sin embargo, en la loma de los montes continúan sin interrupción tales cabañas en series interminables, y una cabaña se asemeja a otra como un huevo a otro. Los techos elípticos, descansan sobre siete columnas de rubíes; todas las columnas son iguales. Hasta ahora no se ven hombres ni otros seres vivientes, pero también deben existir aquí, porque la cultura extraordinaria de estos extensos países ya da un testimonio evidente.

Es muy extraño que aquí, en este mundo soberbio, todo se iguale: árboles, flores, todo está colocado en filas, y no hay nada fuera del orden.

Verdad es que todo esto tiene un buen aspecto, pero con el tiempo este orden sin variación cansaría a un hombre de nuestra especie. Ahora me encuentro en una de tales cabañas y veo que allí hay hombres como nosotros. Uno de ellos está en un lugar elevado y echa un sermón. Varios centenares de hombres escuchan piadosa y religiosamente al predicador.

En la cabaña vecina veo a muchos hombres con vestidos amplios replegados, sentados en torno a una mesa, comiendo; pero alrededor de las personas que comen hay muchos hambrientos y no recibe nada de comer. En la tercera cabaña veo ahora a varias muchachas hermosísimas. Están completamente desnudas y platican bromean con algunos hombres varones de poca importancia; en el fondo hay muchos hombres jóvenes de apariencia sensual, que hacen señales a las mozas hermosas para platicar y bromear también con ellos. Pero los jóvenes no son atendidos y al parecer esto no les gusta nada.

¡Qué extraño orden doméstico! Aunque las cabañas exteriormente se parecen como un huevo a otro, en su interior los quehaceres de los hombres parecen muy variados. Sin duda alguna esto es muy raro. Pero si este mundo enorme, en todas partes tiene un aspecto como en esta región que he visto, entonces prefiero vivir en nuestra pequeña Tierra, con excepción de los hombres malos».

Dije Yo: «Todo lo que ahora ves es sólo una escuela de renunciación y de dominio de sí mismo. ¡Continúa andando con tus ojos del alma y verás otra cosa!».

Dijo Yara: «Oh, Señor, el lujo, la majestuosidad, vuelve a sobrepasar la comprensión humana. Allí hay un palacio tan grande y alto como el mayor monte de la Tierra. Lo muros son de piedras preciosas. Miles y miles de escaleras doradas y galerías adornan exteriormente a este enorme palacio, rematado en una punta dorada. Alrededor de este palacio brillan los jardines más hermosos, cuya gran variedad siempre invita al ojo a la admiración. En los jardines hay también lagos hermosos, sobre los cuales nadan muchas obras de arte.

¿Qué significa todo esto? ¿Quiénes son los habitantes de este palacio enorme y para qué sirven todas estas obras de arte que flotan en los lagos hermosos?».

Una vista al orden cósmico

2.139 Dije Yo: «Este palacio es la morada de un regente de este territorio, que ya has visto. Todas aquellas cabañas escolares están bajo su dirección, y los objetos que flotan en los lagos se necesitan en algunas ocasiones para la enseñanza en la gran sabiduría. Como esta morada, hay todavía muchos centenares de miles en la zona central de este mundo, y cada una de ellas tiene su organización propia. Este mundo, así como el que has visto antes, son en realidad dos Soles, iguales a nuestro Sol que durante el día da luz a la Tierra, pero con la diferencia de que el que has visto antes es mil veces más grande que el Sol de nuestra Tierra, y el que todavía miras, cuatro mil veces mayor que el nuestro; pero nuestro mismo Sol es aproximadamente mil veces mil mayor que toda esta parte.

Alrededor de cada Sol giran a diferentes distancias una cantidad adecuada de Tierras como ésta en la que estamos, llamadas planetas. Varias de estas Tierras o planetas todavía tienen satélites, los cuales giran alrededor de ellas como acompañantes continuos, como la Luna gira alrededor de nuestra Tierra. Los planetas están provistos de un Sol, las zonas correspondientes a los planetas tienen un Sol cada una, salvo los Soles centrales destinados a conservar y guiar los Soles telúricos. Estos Soles centrales son un millón de veces mayores que diez millones de los Soles que ahora acabas de ver.

Los Soles centrales no están divididos en zonas en su superficie sino en tantas regiones como Soles telúricos han de proveer; y en este caso cada región que corresponde al Sol telúrico es, en cuanto a su superficie, de mil a diez mil veces mayor que la superficie de cada Sol telúrico junto con todos sus planetas. Alrededor de un Sol central giran por lo menos mil veces mil Soles telúricos.

Pero todavía hay Soles centrales alrededor de los cuales se mueven millones de los Soles centrales mencionados con todos sus Soles planetarios. Hay otros Soles centrales alrededor de los cuales se mueven los Soles centrales de segundo orden, y finalmente hay un cuerpo central del universo, el cual se encuentra en la profundidad inmensa e infinita de una zona de los Soles centrales y que no tiene otro movimiento sino el de girar alrededor de su propio eje. Este cuerpo celeste central también es un Sol, pero tan grande que todos los innumerables Soles planetarios, los Soles centrales de primer, segundo y tercer orden y todos los planetas con sus satélites, que giran alrededor de los innumerables Soles planetarios junto con sus muchos miles de diversos cometas, los cuales como futuros planetas se mueven en círculos inconstantes alrededor de los Soles planetarios, no sumarían la cien milésima parte del volumen del mencionado cuerpo celeste central, si este fuese una esfera hueca y todos los cuerpos celestes antes mencionados cupiesen en él. Yara, ¿puedes hacerte una idea de lo que acabo de explicarte?».

Contestó Yara: «Sí Señor, puedo hacerme cierta idea; pero ¿quién puede comprender un tamaño tan inmenso? Lo que ahora quiero saber es como es en el Más Allá la existencia de los pueblos inmaduros o no evolucionados».

Estados evolutivos en el Más Allá

2.140 Dije Yo: «Todos los hombres no evolucionados o inmaduros, la mayoría de las veces quedan instruidos sobre todas las cosas de la Vida en uno de aquellos Soles que has visto ahora. A los niños que mueren a tierna edad se les instruye y educa de esta manera en la zona central de nuestro Sol.

Las almas no evolucionadas vuelven a recibir un cuerpo en el Sol que has visto, pero esto sin nacimiento. Este cuerpo junto con el alma se hace espiritual y hasta puede hacerse entera y puramente espiritual. Tú misma has experimentado cómo y por quien es transportada tal alma de aquí allá. Sin embargo, este ángel que todavía se halla a nuestro lado es el guía y soberano de todos los mundos y Soles de los que te he hablado. Así que ya puedes imaginar qué poder y qué sabiduría le han sido otorgados.

Los innumerables ángeles que ves alrededor de ti tienen una ocupación idéntica, pues en las profundidades eternas existen numerosísimas conglomeraciones solares, cada una acompañada de un Sol central y cada conglomeración solar está dirigida por uno de estos ángeles. Bien es verdad que ahora ves muchísimos ángeles alrededor de ti; pero esto ni siquiera es la millonésima parte de los grandes ángeles soberanos, sin hablar de los ángeles pequeños a los que se ha confiado la dirección particular de Soles y planetas individuales y de pequeñas zonas universales. Y a pesar de ello, en todos los momentos tengo que cuidar en mi Espíritu de todos los cuerpos cósmicos; y si Yo descuidase un solo momento todo lo que acabo de mostrarte, todo acabaría, tanto lo más grande como lo más pequeño».

Dijo Yara: «Si los ciegos fariseos de Jerusalén pudiesen verlo, entonces cambiarían sus sentidos. ¿También serán enviadas sus almas a aquellas escuelas solares cuando pasen al Más Allá?».

Dije Yo: «Esto sí que no, mi queridísima Yara, porque pertenecen a un pueblo evolucionado. Las almas de un pueblo maduro, una vez pasadas eternamente a la maldad, irán a las profundidades de la Tierra, forzadas por sí mismas, pues la materia es su elemento y no pueden separarse de ella. Todo se hará para su salvación. Han de pasar todas las miserias y penas posibles para salvarles de la materia. Al desprenderse finalmente de ésta, el alma será llevada a una escuela existente en la parte espiritual de la Tierra; sólo de allí será transportada a la Luna. Una vez pasa allá todos los grados de renuncia, se la llevará a un planeta más perfecto para instruirla en la sabiduría correcta.

Si un alma ha quedado penetrada por la Luz verdadera, y por tal Luz, si ésta aumenta, queda engendrado el calor de la Vida espiritual, el alma empezará a unirse con su espíritu, de manera que paulatinamente toda su vida se hará amor. Al poseer el amor la fuerza necesaria, y una vez pasado a la verdadera llama de la Vida, el alma será iluminada desde su interior y sólo entonces tal alma estará en condiciones de ser recibida en el mundo verdadero de los espíritus felices donde podrá ser adoptada para ser conducida como una criatura.

Pero hasta que un alma llegue a este estado pueden pasar, en el caso más favorable, unos centenares de años terrestres».

El espíritu humano

2.141.2-3 El ángel, dirigiéndose a Yara: «Graciosa hija del Señor, tu alma se ha integrado enteramente en tu espíritu y casi no estás unida a la materia del mundo; tu ojo del cuerpo ha sido ojo del alma y tu ojo del alma ha sido ojo de tu espíritu eternamente inmortal. Por tal motivo estás puesta en tu esfera vital, como Dios ha previsto para cada ser.

Cada espíritu humano está constituido de tal manera que, igual al Espíritu de Dios, abarca toda la infinidad dentro de sí. Si por tanto miras a un astro u otro objeto muy distante con tu alma pura, que en cierto modo es igual a la visión del espíritu, y al lado de esto tu ojo anímico, por medio del ojo corporal, se dirige al objeto observado con los ojos del espíritu, entonces se origina un conflicto entre la imagen interior existente en tu espíritu y la forma exterior de la misma imagen. Este conflicto hace enteramente la Luz en tu alma con referencia al objeto contemplado y te lo presenta como es en realidad».

La rapidez de los ángeles

2.141.7-9 Preguntó Yara, dirigiéndose al ángel: «Dime, ¿cómo debo explicarme tu rapidez incomprensible?».

Contestó el ángel: «¡Queridísima hija de Dios! Esto es algo que sólo un espíritu puro puede comprender, pues no tiene nada que ver con el espacio ni con el tiempo. De por sí nosotros no somos nada; lo que ves en nosotros con los ojos de tu espíritu es el pensamiento de Dios, la idea de Dios, el verbo de Dios. Por tal motivo somos espíritus puros; la materia no puede oponernos obstáculo alguno.

Si nada puede entorpecer a un espíritu tan vivo, entonces para él aquí y allí es la misma cosa».

Los fenómenos naturales y su analogía espiritual

2.148.9-15 Palabras del Señor durante la contemplación de la salida del Sol: «Si veis una superficie de agua totalmente tranquila y el Sol da en este espejo acuático, entonces el Sol queda reflejado con la misma majestad y verdad como lo veis en el cielo. De la misma manera es necesaria un alma tranquila, que sólo se consigue con abnegación, humildad, paciencia y amor puro, para que la imagen de Dios se refleje tan pura y verdaderamente en el espíritu del hombre como el Sol en una superficie acuática totalmente tranquila.

Cuando éste es el caso del hombre, todo se hace Verdad para él, capacitando su alma para observar las profundidades de la Creación de Dios, en la abundancia de la Verdad más pura. Pero cuando se empieza a agitar algo en ella, las imágenes quedan destruidas y el alma se encuentra necesariamente en el campo de engaños de toda clase y no puede obtener una contemplación pura hasta que entre nuevamente en ella la calma completa de Dios.

Este es el verdadero descanso sabático y por ello Dios ha ordenado la celebración del sábado. Durante este día el hombre debe abstenerse de todo trabajo físico porque cada trabajo físico fuerza al alma a prestar sus fuerzas al cuerpo y así se agita, provocando una fuerte irritación en el espejo de su agua vital, lo que la imposibilita para poder reconocer claramente la Verdad divina.

Por tal razón el verdadero descanso sabático consiste en la abstención razonable de todo trabajo corporal duro; nadie debe trabajar sin necesidad, pero en caso de necesidad, cada hombre está obligado a prestar ayuda a su hermano.

Aún más que abstenerse del duro trabajo corporal, cada alma debe renunciar a todas las pasiones, porque las pasiones son las tormentas del alma. Agitan su agua vital y la semejanza divina queda tan desfigurada como la imagen del Sol en las olas del mar. Verdad es que la imagen del Sol queda reflejada, pero muy desfigurada. Y si la tormenta fuese de larga duración, surgirían del mar vapores condensados, llenando la atmósfera celeste del alma de nubes pesadas, que impiden que la Luz de Sol espiritual alcance sus aguas vitales; el alma se volverá oscura, no pudiendo diferenciar la Verdad de la mentira, tomando el fraude del infierno por una Luz que sale del Cielo.

He aquí el sentido espiritual que os muestra esta hermosa salida del Sol. Quien lo cumpla estará en la Verdad y en la Luz completa y tendrá parte en la Vida eterna; sin embargo, quien desprecie esta Doctrina, morirá eternamente».

Contemplación de una salida del Sol. Las manifestaciones matutinas

2.149.4-8 Los valles están llenos de niebla gris; también la superficie del mar está cubierta de una capa de vapor grisáceo. La niebla se eleva en los valles. Acá y allá cubre las colinas y alturas más bajas. ¿Qué significación espiritual tiene esta manifestación matutina?

El Señor: «El Sol corresponde enteramente al Ser de Dios. La Tierra con sus valles, llanuras, colinas, montañas, ríos, corrientes, lagos y mares, corresponde enteramente al hombre externo.

Las nieblas que se interponen entre el Sol y la Tierra corresponden a las diversas preocupaciones vacías y menores de los hombres, por entre las cuales la luz del Sol sólo puede penetrar parsimoniosamente. Las nieblas suben y cubren hasta las montañas. Pero las colinas y las montañas corresponden a la mejor inteligencia de los hombres en esta Tierra. Esta inteligencia mejor también queda enturbiada por las preocupaciones vanas y fútiles de los hombres medio ciegos.

Por ello soplan ahora los vientos matutinos, empujando las nieblas de las montañas y de los campos, para que queden destruidas y para que las montañas y los campos puedan ser iluminados libremente por el Sol y sus frutos maduren».

La Luz de los ángeles

2.150.10 El ángel Rafael al comandante romano: «Si me vieras en mi vestido de Luz, te quedarías ciego y tu cuerpo se disolvería ante mí pues el resplandor del Sol terrestre es la más pura obscuridad en comparación con el resplandor de mi vestido».

La celebración de los días de conmemoración

2.157.6-14 El Señor: «Quien se acuerda de Mí, que lo haga todas las horas del día; de nada me sirve una conmemoración una vez al año.

El que tiene fuerzas pero no quiere trabajar, tampoco debe recibir comida.

Yo te digo: Todas las conmemoraciones de los hombres carecen de valor alguno ante de Mí, salvo las que se celebren cada día, cada hora, vivamente en el corazón. Así las lunas nuevas, los años de jubileo, la fiesta de la liberación de Jerusalén del poder de Babilonia, la fiesta de Moisés, de Aarón, de Samuel, de David, de Salomón, son pamplinas, que importan tan poco como la lluvia que cayó al mar hace mil años.

Con esto no quiero suspender las verdaderas fiestas, pero han de ser conmemoradas no sólo todos los años sino también cada día en el corazón; de lo contrario pueden ser consideradas como ineficaces, muertas».

2.159.13-14 «Quien verdaderamente quiere ser bendecido por Mí tiene que aceptar mi Palabra, la cual contiene toda la Gracia, toda la Luz, toda la Verdad y todo el Poder; de lo contrario no es posible concederle gracia alguna.

Tomad ejemplo de Mí: Soy amable y humilde y tengo la mayor paciencia con cada hombre. ¿No da el Sol sobre buenos y malos, sobre justos e injustos y no cae la lluvia fructificadora en los campos de los pecadores así como en los de los justos? Sed perfectos en todo como es perfecto el Padre de los Cielos y tendréis abundancia de Gracia y toda la Bendición de los Cielos!».

La imitación de Jesús

2.164.1-10 El Señor: «¡Nunca olvides que también el pecador es tu hermano!

Si sientes ira en tu corazón por el pecador que merece el castigo justo, pon aparte el azote, porque por medio de tu ira este instrumento de castigo no sería curativo sino una serpiente, que al morder inyecta su veneno en la herida lo que causa la muerte al herido.

No creas que al matarle te has desembarazado de un enemigo. Porque si durante la vida terrestre era sólo un enemigo, después de la muerte corporal, como espíritu libre, te será cien veces más peligroso y te molestará con cien males durante toda tu vida y no podrás hallar medio alguno para liberarte de tu enemigo invisible.

Por eso, si castigas a alguien, castígale con amor y nunca con ira.

En Mí habita todo el Poder sobre los Cielos y sobre la Tierra. Con un solo pensamiento Yo podría aniquilar a todos mis perseguidores, a todos los fariseos. Y a pesar de esto Yo los tolero con toda la paciencia hasta el tiempo oportuno, cuando su medida haya sido colmada.

También a Mí me enojan los hombres y me entristecen el corazón sus actos incorregibles; pero a pesar de todo Yo los tolero y los castigo siempre con amor para que se enmienden y entren en el Reino de la Vida eterna para el que únicamente han sido creados. Si quieres ser un juez justo, imítame en todo.

Bien es verdad que es más fácil condenar a alguien que a sí mismo; pero quien asume la sentencia de un hombre condenado y se preocupa por la elevación justa del sentenciado, será llamado grande en mi Reino. Yo soy Señor y amo de la Vida y la muerte. Sólo Yo sé lo qué es la Vida y lo que es necesario para mantenerla eternamente y para gozarla en toda la bienaventuranza.

Si vivís según mi Doctrina, entonces mantendréis la Vida en total bienaventuranza; pero si la contravenís perderéis la Vida y entraréis en la muerte, que es el estado más desdichado de toda la vida, un fuego que nunca se extingue y un gusano que nunca muere.

¡Para allanar las dificultades, confiad siempre en mi nombre, y lo que os parece imposible hacer os resultará hacedero».

Amor y paciencia

2.166.2-4 y 9-11 Yara: «Las palabras del Señor son suaves como leche y miel hasta en asuntos serios. Por esta razón todos los maestros y guías deben imitarle, pues según veo esta manera suave de hablar tiene el máximo poder para conseguir su fin. Quien habla con vehemencia y grita, muchas veces ofende donde quería curar. Mirad al Señor, siempre muestra el mismo semblante amable, tanto con los amigos como con los enemigos; no es sorprendente que los enfermos curen sólo con su mirada».

El Señor: «¡Sed pacientes y suaves y derramaréis la bendición entera en los corazones de los hombres!

Sois de Dios y por esto debía haceros idénticos a Él en todo; sin embargo Dios no tiene prisa al criar. Primero surge la simiente, luego el germen. De éste nace el árbol que da yemas y botones, luego hojas, flores y, finalmente, frutos sabrosos, en los cuales se halla la simiente original, que, madura, sirve para la generación.

El mismo proceso veis con todas las cosas del mundo. El Sol no surge sobre el horizonte sin anunciarse y una tempestad siempre envía sus mensajeros.

Si Dios observa con rigor este orden con la máxima paciencia y perseverancia, entonces vosotros, como mis discípulos verdaderos, podréis imitarme en todo lo que os he mostrado, pues os he allanado el camino para que no os extraviéis».

La posesión

2.169.3-12 El Señor: «La Tierra es portadora de dos clases de criaturas. Una de ellas, la mejor, tiene su origen Arriba ya desde el comienzo; entre ellas han de surgir los hijos de Dios. La otra clase, la especie peor, desciende de esta Tierra. Su alma es en cierto modo un conglomerado de partículas tomadas de Satanás que están presas como materia en la masa telúrica. De esta materia pasan por el reino vegetal al reino animal, atravesando muchos grados evolutivos y finalmente forman una potencia que consiste en innumerables partículas psíquicas hasta que se forman almas de hombres y se encarnan en los cuerpos de las mujeres especialmente con las procreaciones no bendecidas; entonces, al igual que los hijos de la Luz de la esfera espiritual de los Cielos, nacen en este mundo.

Ahora bien, tales criaturas, como todo su ser ha sido tomado del Satanás, siempre están expuestos, más o menos, al peligro de ser poseídas por cualquier espíritu malvado, es decir, un alma negra de un hombre diabólico ya encarnado en esta Tierra, lo que sucede especialmente y cuanto antes, allá donde tal alma joven, tomada de las partículas satánicas de la Tierra, empieza a tomar una dirección buena y celestial. Como con esa dirección una parte viva del infierno es arrancada de su esfera, tal acto origina un sufrimiento insoportable a todo el infierno y por ello este último hace todo por evitar tal herida.

Verdad es que te preguntarás ahora: ¿cómo es posible que tal desprendimiento pueda ocasionar pena al infierno, pues tal alma en comparación con el infierno debe ser indeciblemente más pequeña e insignificante que un cabello en comparación con todo el hombre? Y Yo te digo que eso está bien pensado, pero coge uno de los cabellos más pequeños de tu cuerpo y arráncalo. Al arrancar el cabello sentirás, no sólo en el sitio del cabello sino en todo el cuerpo, un dolor punzante que te volvería loco si durase una hora sin interrupción.

Con esta explicación puedes comprender de manera más profunda por qué en la Tierra existe la posesión y debe existir hasta el fin de esta Tierra.

Sin embargo, esta posesión también tiene su ventaja para el poseso, porque esa alma cuyo cuerpo es poseído por algún diablo, será purificada por las torturas toleradas de su carne y protegida contra otra mala acometida. En el momento oportuno viene la ayuda desde arriba y un alma es salvada y ganada enteramente para el Cielo. ¿Lo has comprendido?».

Dijo Pedro: «Sí Señor, pero en este caso sería mejor no ayudar a una persona tan gravemente poseída».

Dije Yo: «Si alguien viene y te pide ayuda, de todos modos has de prestársela; porque mi providencia cuida de que en estos casos ningún participante o poseído llegue a pedir ayuda antes del tiempo oportuno. ¿Comprendes esta explicación importantísima?».

Dijo Pedro: «¡Sí, Señor, por eso sólo para Ti toda la gracia, todo el amor y toda la honra! De esta manera no hay cosa alguna en este mundo, de la que no se desprenda claramente para los hombres inteligentes y conocedores de las cosas divinas el Amor y la sabiduría altísimos de Dios».

Dije Yo: «Sí, así es, pero por ello no debéis desanimaros con todas las manifestaciones adversas y contrarias en esta Tierra; pues el Padre en el Cielo lo sabe y también porqué las permite.

Así pues, la mayoría de las enfermedades sufridas por los hombres no son más que providencias para que el alma no se una con la carne, la cual, hasta en los hijos de la Luz, es tomada del Satanás desterrado. La diferencia con los hijos de la Luz consiste sólo en que sus pasiones, cuando el alma quiera hacerse carnal, estarán dispuestas por el Cielo.

Verdad es que también los dolores de los hijos del mundo son ordenados y permitidos por el Cielo, pero en el fondo son dolores del infierno».

Hablar y callar

2.171.4 El sabio Natanael, dirigiéndose a Judas Iscariote, dice: «Hablar en el momento oportuno es una cosa buena para el que tiene que decir algo importante y sabe hablar; pero a un necio le conviene más callar enteramente».

La autenticidad de los Evangelios

2.174.16 En el fondo sólo los Evangelios de San Juan y de San Mateo son totalmente auténticos, al igual que los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas y el Apocalipsis de Juan. Los Evangelios de San Marcos y San Lucas también tienen un importante valor espiritual, aunque en algunos pequeños hechos se apartan del de San Mateo.

El Valor de los presentes

2.186.5-8 El Señor, dirigiéndose a Marcos, el cual recibió un regalo extraordinario de Cirenio: «Cógelo y utilízalo bien; pero no atribuyas importancia al presente, aunque es verdad que se puede medir un presente material. Esto no es posible hacerlo con la vida terrestre de los hombres. Hoy todavía eres amo de tus tesoros y mañana tu alma será llamada al Más Allá. Luego, ¿qué puedes dar para salvar tu alma de la muerte eterna?

Por eso cada uno debe buscar primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás le será dado según su necesidad.

Pero lo que uno recibe, no debe acumularlo sino utilizarlo sabiamente para su propio provecho y para el del prójimo. Hallarás muchos pobres y verdaderos necesitados; a éstos debes alegrarlos porque ahora has recibido material y espiritualmente los recursos para aliviar tal miseria y para alegrar el corazón triste de tu pobre hermano.

Cada corazón que has aliviado en mi nombre, en el Más Allá te será un Cielo lleno de bendiciones abundantes y aquí en la Tierra te proporcionará una satisfacción y una paz verdadera, una paz que el mundo desconoce».

2.189.4 «Lo que eres, lo eres si te encuentras en la cumbre del monte Ararat o en una colina de arena, pero la verdadera consideración, junto con el amor, no la gozas sino allí donde los hombres pueden llegar a Ti más fácilmente».

2.194.7-8 Yara: «Quien ama su vida, pero descuida despreocupadamente al Señor a causa del mundo, perderá también su vida porque ha perdido al Señor de la Vida. Sin embargo, quien no estima su vida y sólo considera como Vida verdadera lo que vive en su corazón para vivir únicamente para el Señor de toda la Vida, recibirá eternamente la Vida aunque su cuerpo muriera mil veces.

Sé y siento vivamente que el amor para con el Señor jamás podrá morir, porque a este amor le es imposible pecar, única muerte verdadera del alma. No obstante, si el alma del hombre está muerta, entonces todo el hombre está muerto».

Materia y espíritu

2.195.1-2 Josoé: «Del mismo modo que las cosas materiales no pueden entrar en los Cielos, tampoco nosotros podemos entrar con nuestro cuerpos en el Reino de los Cielos.

Pero cuando seamos llamados por Dios para abandonar este mundo, un ángel de Dios libertará en un instante todo lo que pertenece al espíritu, entregando la materia a la total disolución y, según la Voluntad eternamente inalterable de Dios, el alma, su espíritu vital así como todo lo que en la materia pertenece al alma, unido todo en la forma humana más perfecta, pasarán al mundo puro de los espíritus».

2.199.4-5 Yara: «Dios es la única y eterna causa primaria de todo ser. Todo lo que existe no es otra cosa sino sus Ideas fijadas, y éstas, como también son un ser de Dios, son la Vida de Dios.

Por tal razón, en Dios todo es Verdad total y eterna, porque fuera de Dios no puede existir cosa alguna, y en nosotros, los hombres, sólo en tanto seamos una sola cosa con su espíritu santísimo, a causa del amor puro para con Él. Esta unión nos ilumina en todas las situaciones, es decir, al ser una cosa con Dios, todo se hace Luz purísima. Y esta Luz original en su pureza máxima es la Verdad eterna e inmutable».

Observaciones de Yara

2.201.7-9 Yara: «No es necesario lustrar el oro como el plomo para que brille; se le pule una vez con esmero y luego brilla durante mucho tiempo. En mala tierra la vid crece y da frutos, pero las zarzas y los cardos generalmente seleccionan el mejor suelo. Los buenos y nobles animales domésticos raras veces son voraces, mientras un lobo, una hiena y otras bestias por el estilo quieren comer y devorar de día y de noche. De la misma manera el hombre verdaderamente bueno y noble es contentadizo, mientras el malo y tenebroso nunca tendrá bastante.

Ved a los hombres, que en la Tierra han querido proporcionarse un cielo lleno de placeres: finalmente deben abandonar todos sus tesoros acumulados fatigosamente, y muchos otros los disipan no pocas veces muy descuidadamente.

2.203.8 El Señor está con cada uno que le busca verdaderamente y nunca abandona a quien se dirige a Él, pidiendo ayuda en su miseria».

2.204.8 Yara, refiriéndose a Judas Iscariote: «No me fío nunca de los hombres, que no son capaces de mirarme a los ojos cuando hablo con ellos. Parece como si su mirada inconstante pudiera traicionar su mal corazón».

2.205.9-10 El Señor: «Al observar y meditar sobre mis palabras, pronto comprenderéis que bueno y justo es el Padre de los Cielos. Esta Tierra fue destinada a que durante toda la eternidad se críen y eduquen hijos del Espíritu de Dios y por tal motivo es necesario que su suelo sea más duro y estéril en vez de demasiado fértil y rico.

Por tal razón la mala hierba que crece junto a los cereales nobles no entorpece el crecimiento de los buenos frutos porque, más tarde, servirá para abonar el suelo que en algunos sitios se volvió demasiado duro y pobre.

En resumen: Lo que Dios permite es bueno, y para el hombre enteramente limpio; todo lo que la Tierra lleva en sí, sobre sí y encima de sí, también es limpio».

2.207.12 El Señor: «Cada cautiverio, presión y esclavitud no son en el fondo más que castigos permitidos por Dios. En un juicio, sin embargo, siempre es obligada una corrección exterior, y por tal motivo tiene generalmente mal efecto sobre el alma del hombre; porque quien evita el mal a causa de las malas consecuencias y hace el bien a causa de las buenas consecuencias, todavía está muy lejos del Reino de Dios. Sólo quien hace el bien porque es bueno y evita el mal a causa del propio mal es un hombre perfecto. Porque si el hombre no se afana en ascender a la Luz verdadera seguirá siendo esclavo en el espíritu y excluido del Reino de Dios».

Cumplimiento de la ley y la misericordia cristiana. El Señor explica la diferencia entre autocomplacencia y misericordia verdadera:

2.208 «Cierta muchacha ha sido enviada por sus patrones a realizar un encargo. Al regresar por la noche, fatigada, es sorprendida por una tempestad y pide ayuda en la vivienda de un ermitaño piadoso. Este, al abrir la puerta, se da cuenta de que se trata de una joven, con cuya presencia su santuario sería profanado y la desaíra como joven impura. Un publicano, que la oye llorar desde lejos, acude en su socorro y la recibe con gran amabilidad, diciéndose: “Aunque soy gran pecador, quiero ser misericordioso para más tarde también hallar misericordia ante Dios”. Sin embargo, el ermitaño, penitente severo, no quiere mancillar su alma».

Ante el Señor no vale la pureza verdadera del alma, sino sólo el amor misericordioso y sacrificado hacia el prójimo.

Y si tal hombre misericordioso ha cometido algunos pecados originados por la carne, su alma continuará andando en el Espíritu de Jesucristo.

El cuerpo y el alma

2.210 El Señor: «El cuerpo es materia y contiene las más groseras y primitivas substancias psíquicas, y el alma que en él habita, no es esencialmente más pura porque también ella procede del alma primitiva del Satanás caído. Sin embargo, en el alma habita el puro destello espiritual de Dios, del que recibe el conocimiento verdadero de sí misma y del Orden divino por medio de la voz de la conciencia.

Al lado de esto, el cuerpo está provisto de diversos sentidos -puede oír, ver, sentir, oler y saborear-, a través de los cuales el alma adquiere impresiones del exterior, buenas y malas, verdaderas y falsas.

Mediante el juicio del espíritu que la habita, pronto va a sentir en sí misma lo que es bueno y lo que es malo; por otro lado, a través de los sentidos exteriores de su cuerpo, también tiene experiencias buenas y malas, benéficas y dolorosas, recibiendo de Dios, por medio de revelaciones extraordinarias, el camino del Orden divino.

Dotada de esta manera, el alma puede determinar fácilmente su conducta, lo que es imprescindible para su existencia libre y eterna.

Cada alma ansiosa de vivir tiene que desenvolverse con los medios que le han sido dados, de lo contrario debería compartir la suerte del cuerpo o, sin haber evolucionado completamente, saldría del cuerpo, que, totalmente estropeado, ya no sirve para su continua formación y perfección. En tal caso el cuerpo se vería obligado a continuar su evolución en un medio o ambiente penoso, desagradable y desconsolador.

El cuerpo, constituido por partículas condenadas, y mortal por tanto, es con y para cada hombre el infierno en sentido estricto; la materia de todos los mundos es el infierno en el sentido más amplio.

Quien cuida mucho de su cuerpo sin duda alguna cuida también de su propio infierno y labra su propia ruina. Verdad es que el cuerpo necesita cierto alimento para que pueda servir al alma en su elevado destino; pero quien se preocupa meticulosamente día y noche por su cuerpo, evidentemente cuida de su infierno y ocasiona su muerte.

Cuando el cuerpo incita al alma a actuar para satisfacer los sentidos, tal ansia tiene su origen en la gran cantidad de elementos impuros juzgados en la materia, de los cuales está constituido el ser del cuerpo.

El alma, al prestar oído a estas exigencias, entrará en contacto con tales elementos, descendiendo de este modo a su propio infierno. En tal caso cometerá un pecado contra el Orden divino.

Para conseguir una existencia libre y eterna, el hombre debe haber acabado con la formación de su “yo” antes de los treinta años, de manera que sea completamente consciente de la inmortalidad del alma después de la muerte de su cuerpo».

La necesidad hace maestro

2.212.13-14 El Señor: «En la necesidad hasta el animal se vuelve ingenioso, más aún el hombre.

Cuando el hombre se ve forzado a pensar a causa de la miseria empieza a florecer la tierra debajo de sus pies; pero si está provisto de todo, holgazanea como un animal y no piensa ni hace nada».

El Génesis. Revelación del sentido verdadero de las imágenes

2.214 Incitado por una pregunta de Cirenio, que deseaba recibir una interpretación correcta del Génesis, incomprensible en la forma literal dada por Moisés, el Señor revela en los siguientes capítulos su sentido correspondiente.

Cirenio pregunta por el verdadero sentido del Génesis

2.214 Después de haber demostrado la imposibilidad de comprender la interpretación literal del texto mosaico, Cirenio opina que los textos, considerando su contenido, no son más que cuentos de hadas y fábulas. Por tal razón Cirenio pide al Señor la explicación de cómo el hombre ha sido creado en esta Tierra, cómo reconoció a Dios y a sí mismo, y quién le enseñó a diferenciar el bien del mal.

La creación de animales prehistóricos gigantescos y del primer hombre.

Una visión del futuro

2.215.2-15 El Señor: «Moisés no se ocupa del Génesis de la Tierra, del cielo y de las criaturas, sino únicamente de la formación del corazón y del intelecto del hombre. Por tal razón anuda en seguida la evolución psíquica a la historia.

Quien vislumbre la diferencia entre el mundo material y el espiritual, fácilmente deducirá cómo el primero se formó del segundo, y cómo y de dónde se originaron los Soles, los planetas y sus habitantes.

Pero esto no es tan fácil; en primer lugar, uno debe tener enteramente despierto el espíritu.

Puedes estar seguro además de que la edad de la humanidad en su estado actual se corresponde con los cálculos de Moisés referentes a la materia y al tiempo».

Después de haber dado una idea general sobre los animales gigantescos, que se utilizaban para el cultivo de la tierra todavía inhospitalaria y para el refinamiento paulatino de la flora y de la fauna, Jesús hace una profecía para nuestro tiempo presente, en el que aparecerán otros sabios, que rehabilitarán enteramente a Moisés. A partir de entonces pronto se establecerá el Reino de Dios en la Tierra y la muerte desaparecerá para siempre de la nueva Tierra.

Sin embargo, antes de esta época, pasarán muchas tribulaciones sobre la faz de la Tierra.

Con los tiempos de Adán comenzó la época en la que el alma fue capaz de formarse un cuerpo del lodo fértil de la tierra.

El proceso evolutivo del grano de trigo como analogía de la evolución humana

2.216 El Señor describe la encarnación de un alma natural en el cuerpo maternal. Desde este momento las fases del proceso evolutivo humano corresponden a las de un grano de trigo.

La evolución espiritual del hombre

2.217.5-7 El Señor: «Con el nacimiento del niño del cuerpo maternal, el eterno germen vital queda puesto en el corazón del alma como un destello del Espíritu más puro de Dios. Una vez formado el cuerpo, comienza la evolución del espíritu en el corazón del alma. Entonces el alma tiene que hacer todo lo posible y cooperar para que el espíritu empiece a germinar en ella.

En comparación con el trigo, el alma constituye la raíz y el tallo, y el cuerpo es el suelo.

Los anillos trazados por el espíritu son las humillaciones del alma. Una vez trazado el último anillo, el espíritu se desenvuelve finalmente por sí mismo, asimilando todo lo que en el alma le es afín. Finalmente el espíritu se consolida y asimila todo el alma y todo lo que en el cuerpo era afín con el alma. Entonces se hace indestructible para siempre».

El alma y el cuerpo

2.218.1-3 Cirenio: «¿Qué sucede con el germen cuando el trigo es molido, cocido y finalmente ingerido como pan? ¿Continúa viviendo?».

El Señor: «Ciertamente, pues cuando te alimentas, la parte material del trigo es excretada del cuerpo por vía natural. La Vida del germen, sin embargo, se integra con la Vida psíquica. La parte más material del germen que, semejante al agua del Génesis, siempre sirvió de base sólida para el Espíritu divino, se vuelve alimento para el cuerpo, pasando por fin debidamente purificada al alma, donde forma y alimenta no sólo los órganos psíquicos sino que también sirve para la formación y alimentación de todo lo que se encuentra en el cuerpo humano.

Con el ángel Rafael puedes convencerte de que el alma consiste en las mismas partículas que el cuerpo».

La creación del Cielo y de la Tierra

2.219.2-9 El Señor: «Para comprender bien y como es debido la historia de la creación de Moisés, uno debe tener una noción cabal sobre todo el ser del hombre, la cual es tan difícil de recibir como la comprensión justa y completa de Dios.

Por “Cielo”, que Moisés mencionó como creado primeramente, debe entenderse que, de su centro eterno y espiritual, Dios proyectó en eras remotas la capacidad intelectiva, exteriorizándola. Pero solo la capacidad intelectiva. Esta es semejante a un espejo que hasta en una noche enteramente obscura posee el poder de recibir y reflejar la imagen enteramente fiel y verdadera en su superficie pulida. No obstante, sin objetos este espejo no tiene valor.

Por tal motivo Moisés menciona además de la proyección del cielo, o sea de la capacidad intelectiva aislada del centro vital de Dios, otra creación simultánea de la Tierra. ¿Qué es esta Tierra mosaica? ¿Esta que pisamos? En absoluto.

Por “Tierra” Moisés entendió la capacidad de asimilación y atracción de las inteligencias afines, semejante a lo que los egipcios y griegos denominan con la expresión “asociación de ideas” de la que finalmente surge una frase entera llena de verdad.

Si por tanto en las capacidades intelectivas exteriorizadas de Dios, la atracción recíproca ya era condicionada de por sí, debido a su afinidad, entonces también se cumplía el tercer requerimiento, que las afines capacidades intelectivas se habían atraído y conmovido verdaderamente. Y Moisés no pudo encontrar una imagen más adecuada para este acto profundamente espiritual que la de la Tierra material, que no es otra cosa sino una aglomeración de puras partículas substanciales de afinidad simultánea que se atraen constantemente».

El significado de la imagen: «Que se haga la Luz»

2.220.4-7 Todavía sin acción ni movimiento, las ideas y pensamientos de la sabiduría divina son comparados por Moisés con el agua, en la que también se halla un sinnúmero de elementos especificados, y de la que todo el mundo absorbe su variada existencia.

Por el Espíritu -que al mismo tiempo es el Amor de Dios- los pensamientos de Dios comenzaron a unirse para formar ideas grandes, y así en la creación divina ocurrió por sí mismo el “sea la Luz” y “fue la Luz”. Análogo a este acto natural de creación se realizó desde el principio primitivo el proceso evolutivo desde la criatura recién nacida hasta el anciano, y desde el primer hombre de la Tierra hasta el fin de este mundo.

El significado de la imagen: separación de la Luz de las tinieblas. Y fue la tarde y la mañana un día. Los seis días de la creación

2.221.1-6 Para comprender más fácilmente la separación de la Luz de las tinieblas, el Señor da las analogías siguientes: «El día equivale a Vida, libertad, independencia, mientras las tinieblas significan muerte, condenación, opresión, dependencia.

“Y fue la tarde y la mañana un día”, donde “tarde” significa aquí aquel estado en el que las condiciones previas empiezan a asimilarse para recibir la Vida del Amor divino. Y como los hombres denominan mañana al paso de la noche al día, de la misma manera se denomina así al paso del estado dependiente de la criatura al estado libre e independiente.

Los seis días, que Moisés forma con la tarde y la mañana, corresponden a los seis períodos que cada cosa y cada ser ha de atravesar desde su origen o principio primitivo hasta su estado de perfección.

Y el reposo del día séptimo es el estado de la Vida perfectamente consolidada para la Eternidad, en semejanza perfecta a Dios».

El hombre: razón y fin de toda la creación

2.222.3-4 Quien lee a Moisés con la comprensión justa mostrada aquí, reconocerá en él al profeta más verdadero, que da al hombre conocimientos magníficos y sumamente ciertos sobre todas las profundidades de Dios y sobre todas las cosas creadas, tal como su gran espíritu los había recibido de Dios.

El Señor: «Se formaron aisladamente todos los Soles y todos los planetas y también se formó separadamente todo lo que ellos llevan y así apareció el hombre en el sentido más estricto y de modo general, porque toda la creación en su generalidad se iguala enteramente a un hombre; además, cada cosa particular de toda la creación espiritual y material corresponde y debe corresponder al hombre, siendo el hombre la razón y el fin principales de toda la creación. El hombre representa el producto final del plan divino conseguido por Dios a través de todos sus empeños precedentes».

La caída de los ángeles. La caída de Adán y el pecado original

2.224.1-11 El Señor: «La caída de los espíritus primeramente creados o de las ideas libres y vivas de Dios en el espacio infinito, constituye la gran separación de la que Moisés dice: “Y Dios separó la Luz de las tinieblas”, de la que resultó la creación del mundo material esparcido en el espacio infinito.

Mientras en la “caída de los espíritus” se realizó una separación necesaria, en la “caída de Adán” se trata de un acto libre del primer hombre ya libre en todas las esferas psíquicas. Adán no se hallaba bajo la ley de la coacción sino en el orden de la permisión para decidir voluntariamente por sí mismo entre el bien y el mal. Esta decisión libre le fue dada al hombre a causa de la consolidación ganada por su propia actividad.

Como Adán, debido a su desobediencia, no tomó el camino más corto hacia el lugar de su destino, tiene que alcanzar su fin por un camino de rodeos, camino penoso y fatigante que requiere mucho más tiempo.

Sin esta “caída de Adán”, la humanidad, o sea el alma perfecta del hombre, no hubiese recibido este cuerpo de carne, frágil y pesado, acosado por toda índole de flaquezas y defectos.

Verdad es que piensas: “¿Qué influencia importantísima puede tener sobre toda la humanidad que una pequeña ley moral sea observada o no? Sin el placer vacuo, Adán habría seguido siendo el mismo Adán carnal y también hubiese debido morir como todos los hombres”.

Por un lado tienes razón, pero por otro no. Sin duda alguna, el disfrute de una manzana, que es un fruto saludable y dulce, no es mortífero; pues de otro modo todos los hombres que comen manzanas en seguida deberían morir. Por consiguiente la manzana no tiene la culpa. Pero si se prohibe comerla durante un tiempo indeterminado, para mayor consolidación del alma, el alma, consciente de su libre albedrío, menosprecia la ley y la viola En cierto modo ocasiona una ruptura en su naturaleza, y esta ruptura es como una herida abierta, profunda y de difícil curación, porque cada vez que la herida se cicatriza, con la cicatrización se obstruye cierta cantidad de vasos de tal manera que en lo sucesivo los fluidos vitales del alma no puedan circular libremente, y con ello en el lugar de la cicatriz se produce una presión dolorosa y desagradable.

Por este motivo el alma se desvía de cuidar el sólo desarrollo libre del espíritu, aplicando la mayor parte de su actividad a la desaparición de la cicatriz. ¡Y ved, esta cicatriz se llama “mundo”!

El alma intenta librarse de esta cicatriz porque le causa muchos dolores: las preocupaciones mundanas. Cuanto más se preocupa el alma por librarse de este mal, tanto mayor se hace la cicatriz, aumentando su preocupación. Finalmente el alma no hace sino ocuparse de la curación de esta vieja cicatriz, esto es, intenta librarse de las preocupaciones enterrándose totalmente en la cicatriz y descuidando su espíritu. ¡Y esto es el “pecado original”!».

2.225.2 «Yo mismo descendí a esta Tierra para extirpar esta vieja cicatriz fea. Y esto se producirá por las muchas heridas infligidas a mi cuerpo».

El don divino: la voz de conciencia

2.230.11 El Señor: «A cada uno se le pondrá una voz amonestadora en su corazón, la cual le mostrará lo que es bueno y verdadero. Quien escuche, obedezca y se atenga a esta voz, recibirá una mayor Luz, la cual le iluminará todos los caminos del Orden divino».

Las consecuencias de la caída de Lucifer

2.231.1-10 El Señor: «El período desde Adán hasta nuestro tiempo es muy corto en comparación con la duración del tiempo, casi inconcebible para la mente humana, del período desde la creación de los primeros ángeles hasta la época en la que pudieron hacer uso de su libre albedrío. ¡Qué inmenso lapso de tiempo pasó también desde su caída hasta Adán!

Existen en el espacio infinito Soles centrales que, debido a su gran distancia a la Tierra, apenas son visibles como pequeños puntos luminosos pese a su tamaño incalculable. Estos Soles centrales tienen más o menos la edad de la época transcurrida desde la caída de los ángeles puros hasta nuestros días. Y si tomaras por un millón de años terrestres cada uno de los granos de arena de la multitud inmensa que pudieran constituir la Tierra según su tamaño, anchura y espesor, sin exceptuar la medida de los mares, el tiempo así calculado todavía sería demasiado corto para un Sol semejante.

Tal período tiene por tanto una duración bastante larga, y sin embargo casi es nada comparado con la duración del período primitivo en el que Dios, de sus pensamientos e ideas, empezó a formar los primeros espíritus y los hizo independientes. Todo fue realizado para obtener la perfección del libre albedrío de los espíritus primitivos en aquel período indeterminable.

Y a pesar de ello, había al final de aquel largo período de formación espiritual una cantidad sumamente grande de ángeles, que, aunque habían comprendido bien los caminos evolutivos de Dios, no deseaban seguirlos. Debido a las pequeñas ventajas que lograrían mas rápidamente, se desviaron del camino ofrecido y bien mostrado del Orden de Dios, y tomaron el de la propia destrucción.

Porque el espíritu “portador de la Luz”, al que eran inherentes un sinnúmero de espíritus, cada uno de ellos provisto de muchísimas inteligencias, dijo para sí: “¿Qué más necesito? Poseo todos los atributos divinos porque Dios depositó en mí todo su poder. Ahora soy fuerte y poderoso sobre todo. Me ha dado todo lo que Él tenía. Ahora Dios no tiene nada y yo lo tengo todo. Vamos a ver si después de la violación de la ley la ventaja que supone no es verdaderamente sino de duración corta. Con nuestra omnipotencia seremos capases de prolongar hasta la eternidad la duración de la ventaja que se dice que será corta. ¿Quién será capaz de impedírnoslo? No hay mayor poder ni inteligencia en todo el espacio infinito que el nuestro. ¿Quién será capaz de disputárnoslo?”.

Así pensó y habló el “portador de la Luz” y de este modo habló también a sus espíritus subordinados. Dicho y hecho. Las consecuencias se manifestaron en su propia prisión, en su inercia, y como consecuencia de ello surgió de nuevo la creación de la materia. Porque el éxito seguro de la inobservancia de la ley divina había tan previsto como el estado libérrimo de los espíritus cumplidores de la ley.

De este modo, el primer ángel, y todos los espíritus inherentes e inferiores, se encadenan por su propia obstinación. Cuánto tiempo permanecerán en tal cautividad, no lo sabe en todo el espacio infinito más que Dios.

Pero una cosa es cierta: los espíritus aislados a causa del Hijo perdido de la Luz, serán despertados nuevamente de su inercia por el poder divino y encarnados como hijos del mundo. Se les dará la misma oportunidad dada a los hijos de arriba: evolucionar hasta la máxima perfección para llegar a ser hijos de Dios.

Toda la materia es espíritu aislado, el cual, como alma, podrá renacer en cada criatura para la Vida eterna. Sin embargo, cuando de la materia de un mundo hayan surgido a la Luz todos los espíritus aislados, entonces también tal mundo habrá alcanzado el fin de su existencia.

No obstante, esto durará mucho tiempo en un mundo como esta Tierra, aunque alguna vez llegará su fin».

2.234.10-11 El Señor dirigiéndose a Marco: «Tú mismo has dicho: Conforme a las capacidades otorgadas, el hombre, creado según la imagen de Dios, debe aspirar a igualarse en todo a Él y también debe hacer lucir sobre todas las criaturas el pequeño Sol que lleva en su corazón, considerando como prójimo, sea amigo o enemigo, a quien se encuentra en la miseria y necesita su ayuda.

Tus palabras son justas y verdaderas y por eso debes obrar según ellas, de lo contrario faltará mucho tiempo para que la Verdad esté en ti, porque la Verdad sola sirve de muy poco al hombre para la Vida eterna si no la ha vivificado por los hechos. Pero si el hombre ha acompañado la Verdad con los hechos, la Luz de la Vida eterna ilumina todos los rincones de su alma humana, como el sol del mediodía que penetra en todos los valles profundos, calentándolos y llenándolos de Vida».

2.235.3 Marco: «Dios nunca deja sin recompensa una buena obra que hemos realizado en su nombre».

2.239.6 Julio: «Ante Dios y ante todos los hombres honestos más vale morir que salvarse con una mentira o falsedad».

Yara hace una descripción de Jesús el Salvador

2.240.10-13 Yara: «No solo cura los cuerpos de los hombres enfermos sino también las almas, despertando su comprensión; expulsa la superstición de los corazones de los hombres necios y extraviados, e instruye de modo tan claro y fácilmente comprensible a los ignorantes que todos se maravillan de ello mucho más que de sus curaciones por medio de la palabra.

Finalmente, también se muestra Amo perfecto sobre toda la naturaleza, pues le obedecen el agua, el aire, el fuego y la tierra. Me atrevo a afirmar incluso que el Sol, la Luna y todas las estrellas no quieren mostrarse desobedientes; también los ángeles de los Cielos se doblegan ante Él.

Él me ama mucho, y yo le amo sobre todas las cosas, aunque no es un hombre externamente hermoso. Es pequeño de estatura y sus manos ásperas están cubiertas de cicatrices producidas por el trabajo; pero su cabeza está llena de dignidad y sus ojos son los más bellos que he visto en toda mi vida. También tiene alrededor de la boca un aspecto sumamente complaciente y benévolo, aunque digno y serio».

TOMO 3

Destino y evolución del hombre

3.3.2-3 y 3.16 El ángel: «Tanto a los ángeles como a los hombres, los cuales en cierto modo también son ángeles en gestación, Dios les da una Vida perfecta y la capacidad evolutiva para asemejarse tan perfectamente como les sea posible a Dios. Si ellos, conocedores de los caminos seguros para llegar a tal meta, no quieren seguirlos, tienen que culparse a sí mismos si no hacen progresos en adquirir la semejanza divina.

Verdad es que el espíritu, por perfecto que sea, nunca alcanzará a Dios en su plenitud; pero de todos modos podrá realizar todo lo que quiera, siempre en el Orden establecido por Dios.

En la gran Creación de Dios todo marcha hacia adelante. Como el tiempo nunca se para, y como el progreso en el reino de los espíritus es permanente, los mortales no se deben detener para evitar que se alejaran demasiado de aquel Reino».

Las condiciones del Señor al recibir discípulos

3.8.2-8 Dije Yo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza.

Quien quiera ser discípulo mío debe echarse a cuestas una gran carga y seguirme. Mis discípulos no disfrutan de ventajas ni posesiones terrenas; al contrario, incluso deben dejar las ventajas y posesiones terrenas que ya han tenido; ni siquiera sus mujeres e hijos deben impedirles su propósito de llegar a ser verdaderos discípulos del Reino de Dios.

No deben llevar encima ni dinero ni otros tesoros de valor, ni dos túnicas, ni calzado, ni alforja para el camino, ni bordón ni ningún otro bastón de viaje para defenderse de posibles enemigos.

No deben poseer en la Tierra más que el secreto oculto del Reino de Dios. Si podéis conformaros con estas condiciones, entonces podéis ser mis discípulos.

Cada uno de mis discípulos también debe igualarme en cuanto a su amor, su carácter afable y su paciencia para con todos. Debe bendecir al peor enemigo como a su mejor amigo, y cuando se le presente la oportunidad, debe hacer bien al que antes le ha hecho daño y rezar por quien le persigue.

Ira y rencor deben estar lejos del corazón de quien quiera ser mi discípulo; no debe quejarse de los acontecimientos crueles y malos en esta Tierra.

Debe huir de todos los deleites de los sentidos como se huye de la peste; en lugar de ello debe hacer todo lo posible para formar en su propio corazón un espíritu nuevo por mi Palabra viva y, finalmente, continuar viviendo eterna y perfectamente en conformidad con este espíritu en la plenitud de toda la fuerza espiritual».

Las ventajas de la abnegación

3.9.1 y 9.5 «Quien quiera seguirme, que me siga; pero quien no quiera ni pueda, que se quede en su casa.

En estos días, el Reino de los Cielos se hace fuerte y los valientes lo arrebatan.

Sin embargo, respecto a las condiciones difíciles que os he puesto para haceros discípulos míos, Yo pienso lo siguiente: Tienes una túnica vieja, muy harapienta con la que resulta vergonzoso mostrarse en público y otro hombre se dirige a ti con una túnica nueva y buena, diciendo: “¡Amigo, quítate esa túnica vieja y destrúyela, porque no puede usarse más! Te doy a cambio otra nueva, que te servirá para siempre pues está tejida con una materia indestructible”. Te pregunto si ante tal ofrecimiento serías tan necio de quedarte con la vieja túnica andrajosa.

Además sabes que esta vida de prueba en la Tierra no dura sino muy poco tiempo y después de ella empieza inmediatamente la eternidad sin fin. ¿Sabes si todavía tienes otra vida después de la muerte de tu cuerpo? Unicamente Yo, con toda certeza, soy capaz de darle a tiempo a cualquier hombre la Vida eterna, más perfecta que la de un ángel, a cambio de esta vida corta y miserable.

¿Considerarás aún mi ofrecimiento, siendo Yo el único que puede conseguirte la Vida eterna de manera que la poseas totalmente? En verdad poco exijo y doy mucho a cambio».

Los males originados por las necesidades

3.10.1-13 «¿No habéis leído algo del Edén de la Tierra, donde fue creado el primer hombre? Este Edén o paraíso era un jardín grande, bien cultivado, con las frutas mejores de toda la Tierra, y sin embargo fue imposible que ninguna mano de hombre lo hubiera podido labrar antes. De esta manera los primeros hombres no tuvieron ni casas ni ciudades; sólo tuvieron muy pocas necesidades, fáciles de satisfacer, pese a lo cual estaban sanos, siempre alcanzaban una edad muy avanzada y por eso tenían mucho tiempo para dedicarse a la formación del alma, y de este modo continuamente estaban en unión visible con los poderes del Cielo.

Pero, por sugestión del Satanás, Caín construyó a su hijo Hanoc una ciudad del mismo nombre, y con esto colocó la primera piedra de todo el mal en la Tierra.

Yo os digo: El hombre no necesita sino muy poco para vivir en esta Tierra; pero el orgullo y la soberbia del hombre, su pereza, su arrogancia, su egoísmo y despotismo necesitan increíblemente mucho, y a pesar de ello nunca quedan satisfechos.

Así la preocupación humana queda bien alimentada y los hombres, como es natural, no tienen ya tiempo para dedicarse a aquello por lo que Dios les dio la vida.

Desde Adán hasta Noé los hijos de las montañas nunca estaban en guerra porque tenían muy pocas necesidades y ninguno quería ser más que su hermano; los padres mantenían siempre su respeto para con sus hijos e hijas porque continuaban siendo los guías, instructores y sabios consejeros de sus hijos.

Sin embargo, en los valles más profundos donde los hombres ciegos de corazón y de inteligencia empezaron a adornar suntuosamente a sus instructores y guías, untaron sus cabezas, les orlaron de coronas y por respetarlos más les otorgaron diversos poderes, la Vida acabó aplastada bajo necesidades pequeñas.

El lujo tiene un estómago tan grande que nunca puede ser saciado. La Tierra no pudo dar alimento suficiente en una superficie limitada y los hombres de lujo, difíciles de saciar, empezaron a extenderse más y más, llamando propiedad al suelo ocupado. Acto seguido cuidaron del lujo y con esto despertaron envidia y celos. Muy pronto se originaron rivalidades, disputas, querellas y guerras, y el más fuerte dominó finalmente al débil y le forzó a trabajar para él y a serle súbdito en todo. Los que se rebelaban fueron castigados incluso con pena de muerte y obligados a obedecer incondicionalmente.

Estas fueron las consecuencias de la cultura terrestre, del amor al lujo y de la arrogancia nacida de ello.

Cuando Yo ahora, viniendo de los Cielos, quiero llevaros nuevamente al estado primitivo y feliz de los primeros hombres y os muestro las caminos hacia el Reino de Dios, enteramente perdidos hace mucho tiempo, ¿cómo podéis decir que las condiciones establecidas por Mí son demasiado difíciles y rigurosas y en general casi irrealizables para los hombres?

Yo os digo: El yugo que pongo sobre vuestra cerviz es fácil, y la carga que os invito a llevar muy ligera comparada con lo que lleváis y soportáis diariamente.

¿A dónde os han llevado vuestras preocupaciones? Ni de día ni de noche tenéis tranquilidad ni descanso a causa del mundo, y para no veros privados de vuestro lujo imaginado y de vuestra vida regalada a costa del sudor vertido con frecuencia por vuestros hermanos y hermanas débiles.

Con tales preocupaciones ¿cómo va a hallar tiempo el alma para despertar en ella al Espíritu de Dios?

Verdad es que vuestras almas y las de millones de hombres ni siquiera saben que son portadoras del Espíritu de Dios, por no hablar de que con sus infinitas preocupaciones por el mundo ni quieren ni pueden hacer algo provechoso para liberar y hacer independiente a este Espíritu. La pobre y débil humanidad es sin embargo incitada por vosotros a trabajar infatigable y servilmente, y por eso tampoco puede hacer nada para liberar y hacer independiente su espíritu. De esta manera vosotros, los fariseos y vuestros seguidores, estáis muertos y sois verdaderos hijos del Satanás e incapaces de entender mi Palabra, que os conduciría rigurosa y verdaderamente a la Vida. Por el contrario defendéis la vuestra, que os llevará necesariamente, a vosotros y a vuestros seguidores, a la muerte eterna».

Instrucciones misioneras

3.12.6-10 y 13.10 El Señor: «Nadie piensa que todas las pasiones, las enfermedades y guerras, todas las privaciones, hambres y pestes proceden únicamente de que los hombre sólo se preocupan de su cuerpo en vez de dedicarse, según el Orden de Dios, a su alma y a su espíritu.

Verdad es que a las almas muertas se les predica el miedo ante Dios, y que el predicador mismo, muerto en su alma, ya no cree desde hace mucho sino tan sólo en el dinero que recibe por su sermón, y en el prestigio e importancia de que puede gozar al ejercitar sus dotes de predicador. Y así un ciego conduce a otro, un muerto quiere dar la vida a otro muerto. El primero predica para su estómago o cuerpo y el otro escucha el sermón debido a su cuerpo. Sin embargo, ¿qué beneficio puede recibir el alma enfermísima tanto del uno como del otro?

Yo soy un salvador y curador, y los hombres muertos y por tanto ciegos como topos se preguntan: “¿Cómo le es posible curarlos?”. Y Yo os digo que no curo la carne de hombre alguno, sino allí donde un alma no está demasiado unida con su carne. Sólo liberaré el alma y, en cuanto sea posible, despertaré al espíritu sepultado en ella. Este espíritu fortalece entonces inmediatamente al alma, la cual se libera, y entonces le será muy fácil poner en orden todos los defectos físicos de la carne.

Esto se llama una curación maravillosa en tanto que es la curación más natural de la carne. Lo que uno tiene lo puede dar, pero lo que no tiene no lo puede dar.

Quien tiene un alma viva según el Orden de Dios, y un espíritu libre en ella, puede liberar también el alma de su hermano si no está demasiado encadenada, y ésta, a su vez, puede ayudar fácilmente a su cuerpo de carne enfermo. Pero si el mismo médico tiene una alma enfermísima, ¿cómo puede dar a otra alma lo que le falta por completo?

Quien es muy humilde y está lleno de amor puro y desinteresado para con Dios y para con todos los hombres, y siempre se empeña tanto como le es posible en servir a los hombres según el orden de Dios, flota bien protegido, sano y salvo, pasando sobre las olas de todos los pecados del mundo en otras circunstancias fácilmente funestas, y al fin de esta vida terrestre, cuando las olas descienden a sus profundidades obscuras, su arca descansará en el gran Ararat del Reino más vivo de Dios, y quien la haya llevado tendrá una morada eterna».

Una profecía

3.33.2-7 Matael: «Tiempo llegará en el que los hombres determinarán según grados la fuerza vital de los vapores acuáticos y le pondrán bridas como los árabes se las ponen a sus caballos y la utilizarán para todos los trabajos penosos. También atarán la fuerza vital escondida en el agua ante carros muy grandes y con ella irán tan de prisa como una flecha.

También atarán la fuerza vital del agua ante los barcos grandes y ella los empujará sobre las olas del mar más rápidamente que los temporales, y finalmente hasta harán frente a cada temporal; sólo rocas, barrancos y bancos de arena causarán peligro y daño a tan rápidos viajeros.

Pero poco después de ese tiempo la vida de los hombres en la Tierra empezará a empeorar y los hombres pasarán grandes calamidades. El suelo se hará infecundo y estéril, originando grandes carestías, guerras y hambres, y la Luz de la fe en la Verdad eterna se apagará en muchos lugares y el fuego del amor se enfriará; luego vendrá el último juicio de fuego sobre la Tierra.

Bienaventurados aquellos que aún no hayan gastado completamente su fuerza vital en el lucro material, pues cuando el fuego del juicio venga del Cielo, no les podrá hacer daño porque su propia fuerza de Vida los protegerá.

Acto seguido la verdadera paz de la Vida y el Orden de Dios se darán las manos para siempre y no habrá más discordia ni pendencias entre los que habiten la Tierra purificada en compañía de los ángeles de Dios.

Aunque no lo veremos con nuestros cuerpos frágiles y pasajeros, nuestras almas serán testigos de todo lo que acabo de anunciar».

La verdadera veneración a Dios

3.36.2-5 El Señor: «Basta que creáis en Mí, que me améis como a uno de vuestros hermanos o mejores amigos y que obréis según mis palabras. Todo lo demás no tiene valor porque Yo no he venido a este mundo para hacerme tributar idolátricamente honores divinos por los hombres, sino para curar y sanar a todos los enfermos de alma y de cuerpo, y para mostrar a los hombres de este mundo el camino de justicia que conduce a la Vida eterna.

Bien es verdad que el hombre debe adorar a Dios sin cesar, pues Dios es santo y por eso es digno de toda adoración. Pero Dios es en sí un Espíritu y por eso no puede sino ser adorado en el espíritu y en la Verdad.

Sin embargo, ¿qué significa adorar a Dios en el espíritu y en la Verdad? Esto es tanto como creer siempre en el único Dios verdadero, amarle con todas las fuerzas sobre todas las cosas y observar sus leyes.

Quien hace esto, en primer lugar reza sin cesar y en segundo lugar reza de este modo a Dios en el espíritu y en toda la Verdad; pues sin hechos toda la oración es una pura mentira, con la que no se adora a Dios como Verdad eterna sino más bien se le deshonra».

El alma y el espíritu

3.42.5-8 Matael: «El alma es sólo un recipiente de la Vida de Dios pero tardará todavía mucho en ser la Vida misma; pues si fuese la Vida misma, ¿cómo podría hablar un profeta tanto de la Vida como de la muerte eterna? Como el alma sólo puede alcanzar la Vida eterna tomando el camino de la verdadera virtud divina, es imposible que pueda ser la Vida misma sino tan sólo un recipiente de la misma.

Sólo una pequeña centella ubicada en el centro del alma es lo que se llama el Espíritu de Dios o la propia Vida verdadera. Esta centellita debe ser nutrida del alimento espiritual que es la pura Palabra de Dios. Con este alimento, la centellita se hace más grande y poderosa en el alma, adopta la forma humana del alma, penetra enteramente en el alma, y finalmente, transforma a toda el alma en su ser; verdad es que en este caso el alma misma también se hace enteramente la Vida que se reconoce como tal en toda la profundidad de las profundidades.

En este estado tiene conciencia clara de sí misma y reconoce la sabiduría verdadera, pero mientras esto no ocurre no puede hablarse de una sabiduría verdadera.

La sabiduría verdadera es la Luz del espíritu en los ojos del alma; pero si un alma pregunta lo que es el espíritu en ella, ¿de dónde debe venirle la Luz del espíritu a su vista, en otras ocasiones enteramente ciega?».

3.43.1-8 Matael: «Una buena y sincera voluntad vale tanto como media obra a realizar; sin embargo, el hombre no debe permanecer con la buena intención, sino que ha de poner manos a la obra, de lo contrario la intención se enfría con el tiempo, haciéndose incapaz de realizar la obra buena.

Hay que ejecutar lo que se desea, de lo contrario la voluntad es una mentira y de la mentira nunca saldrá una Verdad.

La Verdad equivale a la Vida, y la mentira es la muerte. Por tal motivo se ha de buscar en todo la Verdad, pues es la Vida, y se ha de huir de la mentira, porque es la muerte verdadera.

De Noé se dice que cuando construía el Arca, al principio obraba con morosidad y descuido en su construcción ordenada; percibiendo esto, sus adversarios destruían durante la noche lo que él había construido el día anterior. Sólo después de haber pasado muchos años, comenzó a trabajar de día y de noche en el Arca, colocando guardias. Entonces la obra fue terminándose a pasos rápidos y como es sabido el Arca protegía contra la muerte ciega a quienes se refugiaban en ella».

3.47.3-5 Según el orden verdadero, el hombre justo sólo debe hablar la verdad; si la desconoce, debe callar, buscar y escudriñar. Y cuando la ha hallado entonces también debe hablar. Pues quien habla sin haber reconocido la Verdad, miente, aunque ocasionalmente diga la verdad.

Por tal razón, quien se deleita en decir una mentira, todavía no conoce el valor de la Vida; pues la Vida y la Verdad son una misma cosa. Sólo la Verdad desembaraza el alma y le abre la eternidad de Dios en el ser y en el obrar.

Sobre la lengua de un hombre verdadero nunca debe pasar una mentira; pues por la mentira el alma testimonia de sí misma que todavía anda en la muerte y no en la Vida.

Explicaciones de los hechos ocurridos a Moisés

3.49.2-18 ¿Qué quiso decir Dios a Moisés, invitándole a quitarse el calzado?

Quiso decir: ¡Apártate de tus tendencias carnales, apártate del viejo Adán carnal por medio de tu buena voluntad para que te presentes como criatura puramente espiritual delante de Mí; de lo contrario no podrás oír mi voz, ni tampoco podré hacerte conductor de mi pueblo.

¿Qué significó la ascensión del monte?

Moisés huyó de la persecución del faraón porque había asesinado a un alto funcionario del rey, considerado como hijo.

El faraón estimaba en mucho al profeta y no era del todo imposible que este último fuera algún día, como José, señor de Egipto.

Dios le mostró un monte en el desierto cuya cima no le fue permitido alcanzar pues se lo impedía la zarza en llamas.

Además Dios le dijo: «Verdad es que serás el salvador de mi pueblo, pero no de la manera como piensas sino como Yo, tu Dios y Señor, te lo enseñaré.

No serás rey de Egipto ni harás egoísta ni orgulloso a mi pueblo, al cual Yo he educado hasta ahora en la humildad. El pueblo ha de dejar este país y acompañarte al desierto. Allí el pueblo recibirá las leyes de Mí y Yo mismo seré el Señor y conductor del pueblo. Si el pueblo se muestra fiel a Mí, le daré el país de Salem, en cuyos arroyos corren leche y miel».

Dios no quiso invitar a Moisés a quitarse los zapatos, sino que con este lenguaje metafórico lo invitó a que se apartara del viejo Adán, o sea de la concupiscencia del hombre sensual, que puede ser considerada como los zapatos en los pies del hombre, como la vestimenta más baja y por lo tanto más innecesaria.

Y el lugar al que Dios llama santo no es sino un estado sumamente humilde del alma, sin el que esta no puede sobrevivir ante el semblante del Amor eterno que es el verdadero fuego de la Vida.

La zarza ardiendo en el fuego es un aprueba de que el camino de un profeta es espinoso; pero su gran amor para con Dios y para con su prójimo, representado por las llamas que se extienden sobre todo el arbusto, queman las espinas y por fin consumen toda la zarza, alcanza todo y le abre el camino al profeta.

Hay un solo Dios, una Vida, una Luz, un Amor y sólo una Verdad eterna; nuestra existencia actual sirve de camino para alcanzarla. Del Amor y de la Luz hemos procedido por la Voluntad del Amor eterno en Dios para llegar a ser Amor y Luz independientes. Nuestro destino es conseguirlo.

¿Pero cómo? Unicamente por el amor para con Dios y con una actividad incesante; pues nuestro amor para con Dios es el Amor de Dios mismo en nosotros y dirige nuestra alma hacia la actividad de la Vida verdadera, la cual en sí es la Verdad más perfecta y la Luz más clara. Y cuando empieza a alborear en un alma humana, entonces ya está muy cerca del destino eterno de la Vida.

Fundamento de la Doctrina de Jesús

3.53.4-15 El Señor: «Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo.

Amar a Dios sobre todas las cosas quiere decir: reconocer a Dios en su Voluntad manifestada y luego obrar según ella por amor verdadero, y portarse con el prójimo como cada hombre razonable se porta consigo mismo. Sobra decir que se trata del amor desinteresado en su más alto grado, tanto para con Dios como para con cada prójimo.

Así como todas las cosas buenas deben ser amadas por ser buenas y por eso verdaderas, también Dios quiere ser amado porque únicamente Él es sumamente bueno y verdadero.

Tu prójimo tiene que ser amado de la misma manera por ser, como tú, imagen de Dios, y por llevar en sí, igual que tú, un Espíritu divino.

Observando escrupulosamente esta nueva Doctrina, el espíritu muy atado del hombre queda cada vez más libre, crece y finalmente penetra en todo el hombre, y de este modo atrae todo en su Vida, la cual es una Vida de Dios, y por eso debe durar eternamente en una bienaventuranza sublime.

Cada hombre que de esta forma renace en el espíritu nunca verá ni sentirá la muerte, y desprenderse de su carne será una grandísima delicia.

Porque el espíritu del hombre, enteramente una cosa con su alma, es igual que un hombre que se halla en una prisión obscura por cuyo tragaluz angosto puede mirar los bellísimos paisajes de la Tierra y cómo hombres totalmente libres se divierten en actividades útiles, mientras él debe languidecer todavía en la mazmorra.

Cómo se alegrará cuando venga el carcelero, abra la puerta, le libre de todas las cadenas y le diga: “Amigo, ahora estás libre de todo castigo. ¡Vete y goza ahora de toda libertad!”.

El espíritu del hombre es parecido al embrión de un pajarito en el huevo; si ha madurado por el calor de la incubación dentro de la envoltura dura, entonces la rompe, la atraviesa y se alegra de su vida libre.

Pero esto el hombre no lo puede obtener sino observando exacta y sinceramente la Doctrina anunciada ahora a los hombres por el Salvador de Nazaret.

Al renacer más y más en el espíritu, el hombre también recibe otras aptitudes perfeccionadas de las que los materialistas y hombres carnales no pueden hacerse idea alguna.

Unicamente la Vida Verdadera es Señor, Creador, Conservador, Legislador y Guía de todas las criaturas, y por ello todas las cosas han de obedecer al poder del Espíritu Eterno, único viviente y activo».

El elevado origen y destino del hombre

3.100.3-8 El Señor: «Eres un hombre con un cuerpo mortal; sin embargo, en este cuerpo vive un alma inmortal con un espíritu de Dios aún más inmortal. Yo también soy ahora un hombre en el que asimismo vive un alma divina e inmortal y el Espíritu de Dios en toda su plenitud, tanto como es necesario para esta Tierra, y este Espíritu es el Padre en el Cielo, cuyo Hijo soy Yo y cuyos hijos también sois vosotros.

Todos vosotros estabais ciegos y todavía lo estáis en muchos aspectos; pero Yo entré en el mundo con la visión espiritual para mostraros el Padre a todos vosotros y para haceros ver como Yo veo.

Recibí la plenitud del Padre, y a cada uno que quiera la Vida también puedo dársela, porque el Padre ya ordenó que viva en Mí toda la plenitud de la Vida y que por Mí deban vivir todos los hombres.

Por tal razón Yo soy el camino, la Verdad y la Vida. Los que creen en Mí no verán ni sentirán la muerte, aunque pudieran morir corporalmente más de una vez; sin embargo, los que no crean en Mí morirán aunque vivieran mil veces.

Cada hombre tiene un cuerpo y éste ha de morir. Esto también sucederá con mi cuerpo; pero el alma queda más libre, más clara y más viva al desembarazarse de su cuerpo y luego vive en unión completa con El que a todo el mundo ordenó el fallecimiento del cuerpo para la salvación de todos los que creen en el Hijo del Hombre y observan sus mandamientos.

Reflexiona por tanto y cumple con los mandamientos, fáciles de observar. No necesitas más, pues Yo no he venido para recibir gloria ni honra de los hombres. Basta que me alabe el Uno que está encima de todos en el Cielo y en la Tierra; no obstante, si alguien quiere honrarme y alabarme, que me ame efectivamente por obras, que observe mis mandamientos, y su recompensa será grande en el Cielo».

En busca de Dios

3.110.8-11 «Ahora hay algunos y en lo sucesivo habrán todavía más que dirán de Mí: “¡Señor, Señor!”, y Yo voy a contestarles diciendo: ¿Por qué me llamáis, extranjeros? No os conozco y nunca os he conocido, porque siempre habéis sido hijos del príncipe de la mentira, de la arrogancia, de la maldad, de la noche y de toda la obscuridad. ¡Apartaos de Mí, malditos! Y luego habrá muchos llantos y crujir de dientes entre ellos.

Ellos buscarán a su Dios en lejanías y profundidades sin fin, nunca alcanzables, y no lo hallarán porque consideran demasiado sencillo buscarme en su proximidad, es decir, en su corazón.

En verdad os digo: Quien no busca a Dios en su corazón, tampoco le hallará en toda la eternidad.

Dios en sí es el Amor omnipotente más puro y más sublime, y por eso sólo puede ser hallado por el amor».

El estar reunido con el Señor

3.111.4-6 «A quien en su corazón está conmigo, le acompaño y él también me acompaña. Esto es lo principal. Sin embargo, ¿de qué le sirve a alguno acompañarme en persona en esta Tierra cuando su corazón siempre está muy lejos de Mí por la atracción del mundo material? En verdad te digo que ese está más lejos de Mí que todo lo que puedes imaginarte.

Pero quien en su corazón está muy cerca de Mí, siempre me queda cerquísima aunque nos separe exteriormente un espacio muchas miles de veces mayor que el que existe entre esta Tierra y las últimas estrellas que tus ojos pueden vislumbrar.

Yo te digo: Quien me ama y cree vivamente que Yo soy aquél cuya llegada esperaban los padres, éste será enteramente una cosa conmigo como Yo soy una cosa con mi Padre en el Cielo. Pues el Amor lo une todo; Dios y la criatura serán una cosa por el Amor y no hay espacio que pueda separar lo que el Amor puro y verdadero ha unido.

Después en el Más Allá, en mi Reino de los espíritus más puros y de la Verdad más perfecta, nunca estarás separado de Mí».

Cómo dar gracias a Dios

3.112 «¿Qué cosa podrías ofrecerme o sacrificarme del mundo que de todos modos no fuera cosa mía y que Yo no hubiera dado al mundo?

Sería una pretensión vana en Mí y en total contradicción conmigo y con mi Orden divino.

¡El amor lo hace todo! Quien me ama sobre todas las cosas, me da el mayor sacrificio y el agradecimiento más grato, pues él me sacrifica inmediatamente todo el mundo.

Junto al amor para conmigo hay otro amor: el amor al prójimo. Los pobres de espíritu y de recursos necesarios son los verdaderos prójimos; lo que alguien hace a ellos en mi nombre, a mí me lo hace.

Quien recibe a un pobre en mi nombre, a Mí me recibe y le será retribuido el último día, y quien recibe a un sabio por su sabiduría, también recibe la retribución de un sabio: y quien ni siquiera recibe un vaso de agua fresca cuando tiene sed, le será retribuido con vino al entrar en mi Reino.

Siempre que hagas bien a los pobres, hazlo en secreto con toda la amabilidad y no lo muestres al mundo, pues el Padre en el Cielo lo ve y el don del dador amante Le será agradable y Él se lo recompensará centuplicando.

Pero quien sólo quiere alardear ante los demás de que hace el bien, ya recibe su sueldo mundano y no ha de esperar otro más.

En esto consiste la manera de hacer sacrificios y de dar gracias que me agrada; fuera de ésta no hay otra, porque todos los holocaustos y otros sacrificios resultan fétidos ante la nariz de Dios, y todas las oraciones son un horror ante Dios, pues con ellas los corazones están muy lejos del amor verdadero para con Dios y para con los hermanos pobres.

Id y socorrer a los menesterosos, dad de comer a los hambrientos, dad de beber a lo que tienen sed, vestid a los desnudos, consolad a los afligidos, liberad los cautivos y predicad el Evangelio a los pobres de espíritu, y haréis mucho mejor que si gritáis día y noche en los templos mientras vuestros corazones permanecen fríos e insensibles para con vuestros hermanos pobres.

¡Mirad el aire, la tierra, el mar, mirad la Luna, el Sol, las estrellas; mirad las flores, los campos, los árboles; contemplad los pájaros en el aire, los peces en el agua y los demás animales en la tierra firme; mirad las montañas altas, las nubes y los vientos! Todo esto anuncia a gritos la honra de Dios y a pesar de ello Dios nunca ve vanamente como un hombre, sino que sólo ve el corazón humano que le reconoce y le ama en calidad del único y santo Padre verdadero. ¿Cómo va a gustarle un corazón falso o una ceremonia vana de palabras, en la que no hay sino egoísmo, ambición, tiranía, fornicación, mentira y engaño?

Ahora ya sabes lo primero que Dios no quiere, y es ser honrado por hombres vanos, pues toda la infinitud está llena de su honra.

¿Qué honra quiere dar el hombre necio y ciego a Dios, si él mismo no tiene otra que la que antes recibió de Él por la Gracia de ser un hombre? ¿Puede redundar en honor de Dios el que los hombres le sacrifiquen un buey, permaneciendo sus corazones insensibles y siendo diez veces peores que antes después de haber ejecutado el sacrificio?

Yo no acepto la honra de los hombres, pues el Padre en el Cielo me honra con creces. Sin embargo, siempre que los hombres observan mis mandamientos y con esto me aman sobre todas las cosas, me honran a Mí y a mi Padre, y Yo y el Padre somos perfectamente una misma cosa.

Un hombre justo y perfecto debe serlo ante todo en sus sentimientos, pensamientos y obras; de lo contrario, ni con mucho será enviado al Reino celestial de Dios».

La naturaleza de Jesús

3.121.3-5 Matael: «¿No lleva Jesús aquí en la Tierra, como todos nosotros, un vestido de carne y de sangre, del que se ha desarrollado un alma para ser capaz de entrar en unión perfecta con el eterno Espíritu divino?

Sólo el Espíritu en Él es Dios, todo lo demás es hombre, como hombres somos nosotros. Si Jesús ora, esto quiere decir, con otras palabras, que Él hace penetrar enteramente su materia por su eterno Espíritu fundamental de Dios, del que descienden todos los demás espíritus, al igual que la pequeña imagen del Sol en una gota de rocío se origina del Sol verdadero.

Él es, según su Espíritu, el Sol verdadero; nosotros y los demás espíritus no somos sino imágenes vivas de este eterno Sol fundamental que es Dios».

La sabiduría de Yara

3.123.2-8 y 123.17 Yara: «Con todos mis pensamientos y sentimientos me pongo en la profundidad más profunda de mi corazón, en el que se encuentra el amor para con Dios. Con esto este santo amor recibe alimento como si pones leña seca y fácilmente inflamable sobre un fuego poco animado, casi extinguido.

La leña pronto va a avivar el fuego casi extinguido de modo que se originen llamitas pequeñas; éstas pronto prenden la leña y luego todo va a pasar a llamas vivas y claras. De la misma manera se hace todo Luz y calor en mi corazón. Sólo ahora habla el Espíritu de naturaleza divina, despertado con esto en mi corazón:

“¡Oh Tú, mi santo Padre, que estás en los Cielos, santificado sea tu nombre! ¡Tu Amor paternal venga a nosotros, los pobres pecadores! ¡Hágase tu única y santa Voluntad aquí en esta Tierra como en todos tus Cielos! Hemos pecado contra tu Orden eterno y santo; perdónanos tal insensatez y ten paciencia e indulgencia con nosotros, como también nosotros tenemos paciencia e indulgencia con aquellos que han pecado contra nosotros. ¡No permitas que nosotros, en nuestra debilidad humana, seamos tentados por el mundo y el diablo, superando nuestras fuerzas! Con tu Gracia, Amor y Misericordia, líbranos de todos los males que pudiesen turbar nuestro amor para contigo.

Mas siempre que tengamos hambre y sed, espiritual y corporalmente, danos según tu mejor parecer lo que necesitemos cada día. Unicamente para Ti todo mi amor, toda la honra y toda la alabanza para toda la eternidad”.

A esto lo llamo orar... pero evidentemente, esta oración no vale nada ante de Dios si no cuando antes, en la profundidad del corazón, había sido avivado el amor para con Él, según el modo mencionado, en llamas claras y ardientes por la reunión de todos los pensamientos y sentimientos en el centro divino del corazón; si falta a esta manera, cualquier oración de sólo buenas palabras es un horror ante Dios y no será atendida.

Porque Dios en sí es Espíritu y por eso debe ser adorado en el espíritu del Amor y en la Luz clarísima de la Verdad.

Quien ama a Dios, el Señor, sobre todas las cosas, pronto será despertado; pero quien le busca con el intelecto, para amarle después de haberle hallado con su intelecto, se ha tomado un gran trabajo vano e inútil con el cual nunca logrará su fin deseado en este mundo.

Una sola centellita del verdadero amor vivo para con Dios en nuestro corazón ya constituye una joya, que debemos conservar y cuidar para que no nos sea enajenada. Si la poseamos siempre en mayor magnificencia, así en pureza como en intensidad vital, entonces poseeremos más de lo que puede caber en todos los Cielos».

Misión y sufrimiento de los ángeles

3.130.4-16 Dijo Zahr, dirigiéndose al ángel Rafael: «Tú eres un ángel del Señor bajado de los Cielos. Tú estás aquí sólo provisto de un cuerpo ligero a la orden del Señor. Este cuerpo etéreo puedes disolverlo en un instante.

Según el cuerpo eres un ser distinto a nosotros, los hombres mortales de esta Tierra. Tú nunca has nacido; con excepción de Dios, el Señor, nunca has tenido padre ni madre, de cuyo cuerpo hubieras salido como nosotros. Sólo conoces una bienaventuranza inmensa desde tiempos inmemoriales. Sólo conoces de nombre el dolor, la pena, la tristeza y el arrepentimiento, pero no por propia experiencia.

Por tal razón no puedes hablar con nosotros, los hombres terrestres, sobre cosas humanas; sólo puedes hablar con nosotros de cosas puramente espirituales, cosa que apreciamos mucho. Pero no puedes hablar de un cuerpo humano, porque nunca te has quejado de tu cuerpo».

Contestó Rafael: «¡Vaya todo lo que sabes! Aunque nunca me he metido en cualquier cuerpo, sé mejor que tú lo que es el cuerpo, para qué sirve cada fibra en él, etc.

¿No somos nosotros, los ángeles, los que hemos de cuidar de todo lo que concierne al ser de un hombre desde su nacimiento hasta su fallecimiento en esta Tierra?

¿No somos nosotros los que purificamos vuestras almas por medio de penas y dolores cumplidos en vuestra carne, y las hacemos capaces para recibir el Espíritu de Dios? ¿No debemos saber por tanto lo que son vuestras penas y dolores?

Nosotros, los ángeles, puedes creerme no somos incapaces de sentir penas y dolores. Nosotros tenemos que tolerar con frecuencia muchos más dolores y penas que vosotros, por sentir muchas veces cómo los hombres obstinados pisan con pies sucios, con burla nuestros esfuerzos y molestias, y finalmente nos vuelven la espalda.

Amigo mío, ¿tendrías tú tanta paciencia con un hombre sobre el que te hubiese sido dada toda la autoridad, si le colmaras de los mayores beneficios y favores, recibiendo de éste en recompensa menosprecio?

¿Y si no quisiera saber ni oír nada de ti, y todo su pensar y obrar fuera dirigido a abandonarte a ti, su mejor bienhechor y amigo?

Acaso te perjudique no sólo a ti sino también a tu reputación y a tu nombre y te convierta finalmente en un traidor malísimo. A decir verdad, ¿tendrías tú la paciencia de tratar a semejante malvado con toda moderación, paciencia y delicadeza?».

Dijo Zahr, extrañándose mucho de estas palabras del ángel: «No, amigo, no tendría paciencia».

Dijo Rafael: «Mira, yo tengo tanto poder y fuerza que podría destruir y aniquilar en un instante esta Tierra, la Luna, el Sol y todas las estrellas que ves con tus ojos, que inmensos cuerpos celestes, con todo lo que llevan; y sin embargo tengo paciencia con los hombres indisciplinados de esta Tierra.

Sin embargo, esto sería un mal fácil de soportar; pero imagínate ahora la continua conducta sumamente obstinada del Satanás y de sus ángeles, los cuales como muy poderosos seres espirituales siempre se dedican a la idea mala de perdernos no sólo a nosotros sino también a Dios y de quitarle todo su poder.

Verdad es que eso no podrá suceder nunca; pero ya es suficiente con que exista semejante plan maligno y con que no dejen de practicarlo. Y aunque sufren dolor y penas grandísimas que se causan a sí mismos con su pésima disciplina, no por ello desisten totalmente de su gran maldad.

Lo vemos y tenemos poder no sólo para castigarlos severamente, sino también para aniquilarles para siempre, y todo esto sin tener responsabilidad ante Dios, el Señor.

A pesar de todo los tratamos con toda la paciencia e indulgencia posibles, como a hermanos nuestros caídos, y llevamos este asunto de tal manera que su libre voluntad no reciba nunca restricción alguna por nuestra parte; sin embargo, evitamos con todo esmero la influencia a distancia de esa misma libre voluntad».

La búsqueda verdadera de Dios

3.133.3-4 El Señor: «¿Por qué os preocupáis por estas dos muchachas que me buscan? ¿Pensáis que sólo puedo proteger a alguien en cuya proximidad me hallo corporalmente?

Ellas me han encontrado también en sus corazones, lo que es muy fácil para cualquiera. Sin embargo quien me busca exteriormente, aunque sepa que sólo me ha de buscar en su interior, ha de entender que una búsqueda exterior no le pone en condiciones de acercarse a Mí, sino sólo de perderme más y más».

3.167.17-19 «No puede negarse que ciertos videntes y profetas incluso hicieron milagros; otros, por la sugestión de los malos espíritus y debido a su intelecto mundano, inventaron muchas fantasmagorías, persuadieron a pueblos enteros durante mil años y vivieron holgadamente hasta que nuevos videntes más iluminados pusieron fin a sus fechorías.

Sin embargo, eso no fue tan fácil porque un pueblo convencido no se deja orientar correctamente sin dificultades y menos aún sus sacerdotes embusteros ya que sus privilegios y ventajas corren riesgo.

Todos vosotros podéis convenceros ahora de lo difícil que es incluso para Mí, que todos crean en Mí. Yo uso un lenguaje que antes de Mí no usó ningún vidente y hago cosas hasta ahora nunca vistas. El Cielo entero está abierto, descienden ángeles que me sirven y dan testimonio de Mí, y a pesar de todo, incluso la fe de discípulos que siempre están conmigo, que ven, oyen y experimentan todo, parece como una veleta o una caña que el viento hace girar en cualquier dirección».

Cómo los hombres y los pueblos son guiados divinamente

3.168.1-12 «Verdad es que Yo con mi Palabra omnipotente puedo transformar instantáneamente a todos los hombres; pero ¿dónde quedarían entonces la libertad y la habilidad conseguidas con sus espíritus?

Con esto comprenderéis fácilmente que no es sencillo enmendar los errores introducidos en los pueblos sin perjudicar su libre albedrío y su destino espiritual.

Por otra parte tampoco es posible evitar que tales errores puedan arraigar, pues la Verdad, la mentira, el bien y el mal, han de ser presentados a la parte espiritual del hombre para que los examine, los reconozca y los elija libremente; de lo contrario el hombre nunca sería estimulado a pensar.

El hombre debe encontrarse continuamente en lucha, de lo contrario se adormecería. Su vida siempre debe encontrar nuevas ocasiones para ejercitarse como tal y con ello mantenerse por sí misma, fortalecerse y perfeccionarse.

Si Yo no permitiese la insuficiencia y la incertidumbre entre los hombres, sino sólo la Verdad con sus resultados determinados, los hombres se parecerían a disipadores ricos y voluptuosos, preocupados tan sólo por tener llenas sus barrigas en el momento oportuno.

Si proveemos a todos los hombres de lo mejor para sus estómagos, podéis estar totalmente seguros de que pronto no habría sacerdotes, reyes, soldados, ni tampoco ciudadanos, trabajadores, artesanos, ni agricultores, pues ¿por qué trabajarían o serían activos si de todos modos se encuentran abastecidos para toda la vida de la mejor manera posible?

Por tal motivo debe haber miseria, necesidad y pobreza entre los hombres, y también mal, dolor, pena y aflicción: para que el hombre no se muera de inercia perezosa e indolente.

De lo que acabáis de oír podéis deducir cómo debe ser todo entre los hombres para que continuamente sean estimulados a la actividad; y por este motivo principal de la vida, es inoportuno evitar que penetren errores y equivocaciones, así como extirpar los introducidos.

Y las consecuencias, siempre malas, que siguen a los errores y equivocaciones, son igualmente los remedios más útiles y convenientes para extirparlos y para difundir la Verdad.

Por la miseria y la pobreza, causadas por la mentira y engaños de toda índole, la humanidad debe comenzar a sentir profunda y vivamente la necesidad de encontrar la Verdad y de buscarla intensamente. En estas condiciones la humanidad también encontrará pronto la Verdad y entonces esta Verdad hallada con diversas penas y fatigas necesarias servirá bien a la humanidad; sin embargo, si la Verdad se pudiera encontrar tan fácilmente como el Sol en el firmamento claro, pronto no tendría valor alguno y la humanidad, para distraerse, correría en pos de la mentira.

El hombre de esta Tierra es tal como en el fondo debe ser para hacerse verdaderamente un hombre; pero todas sus relaciones exteriores también deben ser y suceder de tal manera que sea forzado por ellas a transformarse en hombre verdadero.

Ahora bien, la Verdad pura no puede ser dada al hombre sino sólo en forma de parábolas e imágenes, para que reflexionando profundamente pueda descubrir su sentido».

3.169.21 «Quién siempre trata a engañar a su prójimo y también le engaña, es un ladrón».

La diferencia entre la voluntad y la acción. La contradicción entre querer y hacer

3.170, 1-11 Yara: «Nosotros, los seres humanos, muchas veces estamos tan ciegos, y justamente en momentos en que debemos ver muy bien, que “estamos en la aldea y no vemos las casas”. Lo mismo nos ocurre con la sabiduría en los momentos más importantes de la vida; cuando más la necesitamos nos abandona, y cuando no nos hace falta estamos pletóricos de pensamientos e ideas superlativas. Esto siempre es cosa peculiar al hombre.

Respecto a mí, sólo me parece buena mi voluntad; y tampoco puedo elogiarla tanto porque la mayoría de las veces le falta la fuerza entera de la realización. Muchas veces uno quiere hacer cosas buenas y a pesar de todo no lo hace o hace todo lo contrario de lo que en realidad quiere hacer. Ignoro la razón pero sé por propia experiencia que es así.

¡Señor, Tú mi Amor! Por tu Gracia omnipotente me fue permitida una ojeada maravillosa a tu gran creación universal; ahora sé más a ese respecto que todos los sabios juntos de la Tierra. Conozco lo que encierran las profundidades eternas de tus cielos; pero, ¿por qué no me conozco a mí misma?».

Dije Yo: «Porque eres un ser más maravilloso que todos los grandes Soles y mundos juntos. En el corazón del hombre se encuentra un Cielo más maravilloso que el que miras con tus ojos.

Toda la materia es juicio, una necesidad absoluta. Puedes contemplarla exterior y también interiormente según su textura, y algunos farmacéuticos hasta poseen la ciencia de descomponerla exactamente en sus elementos fundamentales. Y esta rara ciencia, que con el tiempo se perfeccionará más y más, se llama química.

Así como puedes reconocer una piedra desde el exterior y el interior con bastante exactitud, así también puedes reconocer todo un mundo. Verdad es que todavía hay cosas dentro de la materia que un químico nunca descubrirá; sin embargo, puede reconocer los elementos por los que está formada cualquier materia, aunque nunca los elementos en sí mismos porque abarcan cosas espirituales y sólo son totalmente reconocibles por un espíritu limpio. Si los elementos ya son portadores de secretos infinitos, tanto más es el caso del alma y del espíritu humanos que encierran una infinidad de cosas.

Esta ciencia no se aprende mediante la química, y por este motivo Yo debía venir a vosotros, los hombres, para enseñar lo que nunca hubieran descubierto por sí mismos.

Precisamente por tus dudas descendí de los Cielos para enseñaros lo que ningún otro hombre puede enseñaros.

Verdad es que ahora no comprendes cómo puedes querer algo con la voluntad y pese a ello no obras en virtud de la voluntad, sino según otros motivos exteriores, que no conoces y, en no pocas ocasiones los mudos deseos de la carne determinan tus obras contra la voluntad del espíritu. Porque la voluntad no pertenece ni a la carne ni a la sangre ni al alma, la cual ha formado la carne y la sangre y después ella misma ha tomado el alimento que las desarrolla, sino que pertenece al Amor, el cual es mi Espíritu en vosotros, y por eso no sólo sois mis criaturas, sino también mis hijos verdaderos; y más tarde, en mi Reino, también señorearéis conmigo todo el universo infinito.

Pero para poder realizar lo que digo, antes debéis haceros enteramente nuevos, de lo contrario no será posible.

¿Lo comprendes , mi niña más querida?».

La regeneración

3.171.1-13 Contestó Yara: «Lo comprendo un poco; pero no del todo ni con mucho. No comprendo claramente la regeneración o el renacimiento en el Espíritu, aunque he oído hablar muchas veces de ello. ¿Cómo lo entenderé?».

Dije Yo: «Esto ni tú ni otras personas pueden entenderlo ahora, porque cuando Yo hablo con vosotros de cosas terrestres no me comprendéis cabalmente. ¿Cómo podríais entenderme por entero si Yo os hablara sobre cosas puramente celestiales?

Yo os digo: si ahora empezase a hablar con vosotros de cosas puramente celestiales, todos comenzaríais a enfadaros y diríais: “Mira, este hombre está loco. Habla de cosas que son contrarias a la razón y a la naturaleza. ¿Cómo puede tomarse por verdadero el testimonio de este hombre?”.

Por tal motivo no comprenderás el renacimiento del espíritu sino cuando Yo, en calidad de Hombre y de Hijo del Hombre, sea elevado de esta Tierra ante vuestro ojos como Elías.

Sólo entonces verteré de los Cielos mi Espíritu lleno de Verdad y de Poder sobre todos los míos, con lo cual se posibilitará completamente el renacimiento del espíritu. Entonces también vosotros comprenderéis y reconoceréis el nuevo nacimiento del espíritu.

Sin embargo, hasta ese momento nadie puede ser renacido enteramente en el espíritu, ni Adán, ni Moisés, ni ningún profeta.

Pero por mi Ascensión, todos los que, empezando desde Adán, han nacido en esta Tierra y en su vida tuvieron por lo menos buena voluntad aunque no siempre fueran activos, podrán alcanzar ese renacimiento completo del espíritu.

Pues todavía hay muchos que tienen la mejor voluntad de hacer cosas buenas pero les falta por completo los recursos, las fuerzas y las habilidades necesarios para tal fin. Ahora bien, en tales casos la buena voluntad tiene tanto valor para Mí como el hecho mismo.

Supongamos que alguien cae al agua y tú lo ves. Gustosamente quieres ayudar al infeliz pero estás segura de que no sabes nadar. Caso que te echaras al agua tras la persona que se ha caído ambos quedaríais sepultados en ella; sin embargo, si supieras nadar saltarías sin el menor reparo detrás del infeliz y le salvarías. Pero como pese a tu buena voluntad de salvarle no sabes, buscas a alguien que pueda y quiera hacerlo.

En este caso, hija mía, la buena voluntad vale tanto como la misma obra efectuada, y esto es válido para miles y miles de casos en los que la mera buena voluntad es aceptada por Mí como la obra misma.

Todavía quiero ponerte otro ejemplo: tienes la mejor voluntad de ayudar a un pobre que se acercó a ti, pero careces de fortuna, y aún así persistes en ayudarle con todas tus fuerzas. Como no tienes fortuna, te diriges a algunos hombres ricos y les pides fervientemente una ayuda justa para el hombre pobre; mas no la recibes a causa de la inclemencia y la dureza de sus corazones, y tienes que dejar que el pobre continúe su camino sin ayuda , llorando y encomendándole a Dios, el Señor.

En este caso tu voluntad vale tanto como el mismo hecho ya realizado.

Y de tales hombres ha habido muchos antes de nosotros, los hay ahora y los habrá todavía más en lo sucesivo; todos ellos participarán en el renacimiento del Espíritu».

El Sol natural

3.174.1-11 Yara: «El Sol también es como nuestra Tierra un mundo enteramente habitado sólo que un millón de veces mayor que esta Tierra, que tampoco es pequeña. Pero la luz que procede de aquel mundo grande no tiene su origen en la habitada Tierra solar sino sólo en un aire que la rodea por todas partes , cuya superficie sumamente lisa, en continua fricción con el éter que la rodea en todas direcciones, genera continuamente una cantidad incalculable de luz fortísima. Por otra parte, como si se tratara de un espejo redondo, recibe la luz de eones de Soles y la refleja en todas direcciones.

Por la luminosidad de este Sol nuestro, la Tierra se ilumina y calienta tanto como otras muchas Tierras que llamamos planetas. El calor, no obstante, no llega junto con la luz solar a esta Tierra sino que es generado por medio de la luz en el lugar de destino.

Verdad es que la luz viene de muy lejos, pero el calor se produce aquí mismo. Ciertos espíritus naturales en el aire, en el agua y en la tierra se ponen en gran actividad gracias a ella. Exactamente esta actividad es la que produce lo que sentimos como calor. Y así como la luz puede aumentar más y más hasta el infinito, también el calor puede aumentar.

Vas a preguntar: ¿quién puede vivir en el Sol? Porque la luz debe ser allí fortísima y también el calor debe ser poderosísimo. Más este no es el caso. Hacia el interior del verdadero cuerpo solar no penetra sino apenas la millonésima parte de toda la fuerza luminosa del Sol y por eso sobre los continentes del cuerpo solar no hay más calor ni más luz que aquí en nuestra Tierra y por tal motivo las criaturas de Dios pueden vivir allí tan bien como aquí en la Tierra. Sólo que allí no puede haber noche alguna porque todo en el cuerpo solar se halla en la verdadera Luz eterna e inextinguible.

Por lo tanto, los habitantes del Sol no conocen noche; sin embargo, debido al aire sumamente claro que circunda el Sol a una distancia de unas 1.200 horas del globo solar, en su día eterno los habitantes del Sol pueden ver bastante bien las estrellas, y los planetas y nuestra Tierra que giran alrededor del Sol. Verdad es que este aire hacia el interior se nubla de vez en cuando con muchas nubes densas, pero otras veces hay regiones absolutamente serenas y sin nubes desde donde se pueden observar bastante bien los mundos exteriores, mucho mejor que desde cualquier otro planeta.

También el Sol gira alrededor de su propio eje, pero no en 24 horas como nuestra Tierra, sino en 29 días. Por tal razón los habitantes solares pueden ver dentro de este de tiempo todo el cielo estrellado, principalmente los habitantes de la región o cinturón central. A mi parecer los habitantes de esta región o de este cinturón central debieran ser los hombres más sabios y bellos. Los habitantes de los otros cinturones se corresponden más con los de diversos planetas.

Sin embargo, en lo que concierne a la constitución interior de este inmenso globo solar, tengo la impresión de que más cuerpos solares están metidos unos en otros como bolas huecas. Estas pueden hallarse separados a distancias de 2, 3 y hasta 4.000 horas, lo que no ha de ser entendido como cosa constante pues el interior de los cuerpos solares muchas veces se extiende y otras se contrae para tomar su estado normal. Los espacios huecos están llenos de agua o de diversos aires.

No sé por qué esto es así, pues sólo lo sabe este Señor y Maestro del infinito que está sentado a mi lado».

A la pregunta de Cornelio, de cuán lejos el Sol estaba de la Tierra, y cómo parecía tan pequeño, Yara contestó: «Figúrate 40 veces 1.000 veces 1.000 horas de un camino vecinal y tendrás la distancia desde nuestra Tierra hasta el Sol».

175,1

«Los hombres que verdaderamente reconocen y aman a Dios en Mí, el Hijo del Hombre, ya gozarán en esta Vida de bienaventuranzas cuya suntuosidad ningún ser humano ha experimentado hasta ahora; pero por el camino de la ciencia pura ningún hombre las obtendrá».

El destino del hombre

3.178.3-5 y 178.10-14 El Señor: «Como hombre soy semejante a vosotros; pero dentro de Mí habita la plenitud original de la Gloria divina del Padre que en sí es Amor puro. Esto no lo digo Yo como hombre, sino que el verbo que dirijo a vosotros es el verbo del Padre dentro de Mí y que conozco bien, pero vosotros no lo conocéis, pues si lo conocierais mi misión sería en vano e inútil. Sin embargo, como no lo conocéis y nunca lo habéis reconocido, he venido para mostrároslo y enseñaros a reconocerlo perfectamente.

Es la Voluntad del Padre que todos los que creen en Mí, el Hijo del hombre, posean la Vida eterna y la Gloria del Padre para hacerse eternamente hijos verdaderos del Altísimo.

Pero para que esto sea posible, el Cielo y el infierno deben habitar bajo un techo. Sin lucha no hay victoria. Donde se puede obtener el máximo, debe emplearse la mayor actividad. Para alcanzar un extremo es preciso desprenderse del opuesto.

Podría llevar tu espíritu a otros cuerpos celestes, en los cuales encontrarías todo tan perfecto como las obras realizadas por los animales; ¿pero de qué les vale tan monótona perfección? Sólo satisface sus necesidades limitadas y fastidiosas; fuera de esto no hallarás nada más.

¿Sería posible educar hijos de Dios bajo estas condiciones de vida?

Vosotros, los hombres de la Tierra, poseéis infinitas posibilidades, apenas desarrolladas. Por eso las criaturas recién nacidas son tan desmañadas y mucho más atrasadas que cualquier animal en estas condiciones.

Precisamente por ser tan débiles, indefensas y tan inconscientes como un recipiente vacío, pueden ascender hasta alcanzar la máxima consciencia divina y hacerse capaces de cualquier perfección.

¡Retened bien lo que acabo de deciros, actuad de la misma manera y sin duda alguna alcanzaréis también el destino para el que sois designados y escogidos para ahora y para siempre!».

La lengua del corazón

3.184.6-16 El Señor: «Buscad en vuestros corazones la sabiduría y la verdadera manifestación de Mí: entonces las comprenderéis con facilidad y las retendréis para toda vuestra Vida y eternamente.

Cuántas veces os he dicho que para obtener la Verdad que os hará libres no empecéis vuestros pensamientos en vuestras cabezas sino en vuestros corazones. ¿Por qué no lo hacéis? Preferís la materia, que no posee nada y nada puede daros».

Dijo Pedro: «Señor, muchas veces procuramos hacerlo, pero no tenemos éxito pensando con el corazón. De vez en cuando no tengo pensamientos verdaderos sino más bien palabras en el corazón, y a éstas no puedo llamarlas pensamientos, como si me pareciera que no se oyen en el corazón después de haberlas pensado en el cerebro».

Dije Yo: «Esto sucede al principio. Practicad y pronto veréis que sois capaces de tener los pensamientos más profundos y más libres en el corazón.

¿Pensáis que el Hijo del Hombre, como ocurre ahora, continuará estando físicamente entre vosotros hasta el fin de esta Tierra, siempre enseñando y haciendo maravillas?

Sí, verdad es que Yo hasta el fin de la Tierra estaré entre los hombres de buena voluntad. Verdad es que Yo estaré con los hombres dándoles consuelo, fuerza, enseñanza y que también haré milagros, y que me manifestaré a todos los que me aman verdaderamente y observan mis mandamientos, aunque no con este cuerpo mortal sino en el cuerpo glorioso y eternamente inmortal».

3.186.7-8 Durante una tempestad violenta, la gente que rodeaba al Señor dijo: «¿Qué puede dañarnos, si tu mano omnipotente nos protege?».

A lo cual el Señor contestó: «De la misma manera que habláis ahora, debéis hablar también con el corazón durante la tempestad y el peligro, y mi protección por medio de vuestra fe y confianza viva os será provechosa; sin embargo, si empezáis a desanimaros en el peligro, entonces mi protección no os resultará provechosa».

3.189.10 «¡Oh Dios y Señor! ¡Cuán grande y maravilloso eres también en la tempestad para aquellos que siempre te han honrado y alabado confiadamente! ¡Honra eterna únicamente para tu nombre santísimo!».

Descripción del Señor

3.190.14 «Pero aquí hay todavía cierto Hombre, envuelto en un manto de color azul celeste, debajo del cual lleva una túnica de color rosado sin costura y sobre cuyas espaldas ondean cabellos ondulados y rubios; si pudierais ganar este Hombre para vosotros, verdaderamente podríais hablar de la mayor suerte».

Bendición y maldición de la riqueza. El ángel Rafael salva milagrosamente a comerciantes judíos de Persia, que estaban perdidos durante una enorme tempestad en el mar de Galilea

3.192.1 y 192.13-16 Dijo Cirenio: «¡Oh Señor, también Tú debes otorgar un favor especial a esta buena gente, pues estos hombres me parece dignos de él!».

Dije Yo: «Cierto, de lo contrario no hubiera permitido que las salvara mi ángel del naufragio seguro; pues donde Yo dispongo alguna cosa maravillosa, allí sin duda alguna habrá una razón suficiente y buena; y aquí no falta el motivo.

Una gran riqueza terrestre en las manos de tales hombres es una verdadera bendición de los Cielos para todo un país; si por añadidura poseyesen elevada sabiduría podrían realizar maravillas con la riqueza para provecho y prosperidad de la humanidad.

Pero una riqueza grande en las manos de un avaro o de un usurero es una maldición del infierno para todo un reino; porque este avaro o usurero trata sólo de conseguir todo lo que le sea posible a expensas de todos los hombres. No lo conmueven la miseria, la necesidad ni las lágrimas de los pobres, viudas ni huérfanos. Miles de hombres pueden estar luchando a muerte contra el hambre ante el rostro impasible de un usurero, y a pesar de ello no les da un pedazo de pan para saciarles.

Por tal motivo os digo que fornicadores, adúlteros, ladrones y asesinos arrepentidos entrarán en el Reino de los Cielos; mas nunca el alma de un avaro ni de un usurero, pues ésta es incorregible y por eso sirve de material con el que los diablos construirán un infierno inferior.

Un usurero es una verdadera máquina infernal, establecida para perder a todos los hombres, y como tal permanecerá por toda la eternidad como propiedad entera del infierno.

¡Pon una corona real en la cabeza del usurero, dale un cetro y una espada, un ejército poderoso, y habrás puesto sobre los pobres hombres un regente tiranísimo, un Satanás que no respetará la última sangre de sus súbditos. Antes preferiría dejarse estrangular que perdonarles un céntimo. Por tal motivo cada acto de avaricia y usura es maldito y condenado por Mí.

Pero los hombres que se han hecho sumamente ricos con el trabajo de sus manos bajo la influencia del favor y de la Gracia de los Cielos, esos hombres son una fruta buena y noble de esta Tierra. Recogen continuamente para los débiles y pobres, siempre construyen moradas nuevas para los que carecen de hogar, y tejen vestidos para los hermanos y hermanas desnudos. Por tal motivo también su recompensa será grande, y ya llevan consigo el Cielo más hermoso y más alto en esta Tierra.

A quien da mucho con amor y alegría también se le retribuirá mucho.

Si pones una luz potente en el centro de una habitación, se reflejará fuertemente en todas las paredes contra el centro de la luz y la circundará con un nimbo poderoso, y con ello la luz fundamental será todavía más hermosa, más poderosa y más eficaz; sin embargo, si pones en el centro de una sala grande una lamparita que despide una luz tenue, las paredes débilmente iluminadas no reflejarán sino una luz sumamente exigua y habrá un débil nimbo en la luz fundamental.

Por eso os aconsejo a vosotros que tenéis la bendición de la abundancia de bienes terrenos, que seáis generosos como el Sol en el cielo es generoso con su luz. Entonces también vosotros recogeréis como el Sol.

En una tierra buena y fértil no puedes sembrar una semilla buena sin que te devuelva una cosecha centuplicada. Las buenas obras de un buen corazón son las mejores semillas, y la pobre humanidad es la mejor tierra. No dejad nunca en reposo e improductiva esta tierra; sembrad con gran generosidad y recibiréis una cosecha centuplicada aquí en este mundo y otras mil veces más en el Más Allá, pues Yo soy seguro fiador.

3.193.6-14 Un hombre avaro y egoísta es una criatura completamente corrupta y no puede producir fruto alguno de vida porque gasta toda la vida en sí.

Pero un hombre generoso y liberal se encuentra en el orden justo de la Vida porque produce frutos en abundancia.

No es culpa del árbol si da frutos o no, pues no se forma de sí mismo sino de los espíritus ascendentes del reino condensado de la naturaleza, los cuales se hallan en su organismo, le forman por medio de su fuerza y de su inteligencia sumamente sencilla y por eso también tan limitada, la inherente a ellos. Sin embargo, el hombre está a punto de formarse a sí mismo por la inteligencia ilimitada de su alma, y de transformarse en un árbol que da en abundancia los frutos de la Vida.

Si hace esto, para lo que posee todos los recursos, se convertirá en un hombre justo en el verdadero Orden eterno de Dios; pero si no lo hace se quedará convertido en un animal que como tal no tiene vida en sí y por tanto tampoco puede pasarla al prójimo por medio de obras buenas y caritativas».

Dijo Cirenio: «Señor, esto es una enseñanza sumamente importante y por tanto debería ser anotada y ser válida hasta el fin del mundo».

Dije Yo: «Haces bien en preocuparte de esto; y tales anotaciones valen tanto para la Vida como para el caminante un indicador en los caminos, atajos y laberintos de este mundo; no obstante, lo que puede ayudar a cualquier hombre y le da sabiduría, fuerza y Vida, le queda escrito de modo indeleble en el corazón. Este escrito de la eterna justicia de la Vida y de sus relaciones interiores y exteriores lo leerá automáticamente en todas las acciones contrarias al Orden divino, animando al alma a volver al original Orden divino.

Si el hombre sigue esta voz interior, se encontrará siempre en el camino justo; si no lo hace, es decir, si sigue las pasiones desencadenadas de la carne, entonces habrá de recriminarse a sí mismo si queda devorado por su propia condena».

El Señor explica un texto de la escritura (1 Re 19, 9-15)

3.194 y 195 «Cuando Elías estaba escondido en una cueva de un monte, el Espíritu le indicó que permaneciera en la cueva hasta que Jehová hubiera pasado. Y Elías se puso cerca de la salida y escuchó, y he aquí que se levantó un viento tan poderoso que estremeció todo el monte. Pensó Elías que Jehová había pasado. Pero el Espíritu contestó: “Jehová no estaba en el viento”.

Y Elías continuó escuchando, y he aquí que pronto pasó un fuego poderoso delante de la cueva. Rugía poderosamente y las paredes exteriores se vitrificaron ante el poder del calor. Y Elías pensó que esto debía ser Jehová, pero el Espíritu volvió a decir. “Tampoco en este fuego estaba Jehová”.

Entonces el gran profeta pensó: “Ni en el viento, ni en la omnipotencia del fuego está presente Jehová en el Ser fundamental de su Amor”.

Pero mientras pensaba intensamente, un susurro apacible y muy delicado pasó delante de la cueva y el Espíritu le dijo: “Mira, Elías, en este susurro apacible y muy delicado ha pasado Jehová y esto te sirve de signo prometido, ahora puedes andar libremente y salir de esta cueva, en la que, escondido, debías esperar tu salvación”.

Acto seguido Elías salió confiado y placenteramente de la cueva, y el camino hacia su gran patria lo tenía libre y sin peligros.

¡Verdad es que Yo soy todo con todos, para conquistar a todos para el Reino de la Luz, de la Verdad Eterna! ¡Quien tenga oídos, que oiga, y quien tenga ojos, que vea!

Elías representa el alma pura del hombre, y la cueva, en la que estaba escondido, es el mundo y la carne y la sangre del hombre. El Espíritu que habla con Elías, con el ama humana, es el Espíritu de Dios con el que el alma debe ser una sola cosa, pero todavía no puede ser porque Jehová todavía no ha pasado delante de la cueva de la carne, es decir delante de la cueva del mundo.

El viento que pasa delante de la cueva designa el tiempo desde Adán hasta Noé; el fuego, el tiempo desde Noé hasta nuestros días.

No obstante, el tiempo del susurro apacible y delicado delante de la cueva del profeta está delante de nosotros, y dará a cada alma de buena voluntad la salvación en el espíritu y en toda la Verdad. También vosotros os encontráis ahora a punto de recibir la liberación de Elías.

El barco que os traía aquí era idéntico a la cueva del profeta. Al principio el barco se encontró en el gran poder del viento o de la tempestad y vosotros pasasteis miedo, y cuando fuisteis empujados por la tempestad en el mar inconsistente, un fuego inmenso rodeaba vuestro pequeño mundo de frágiles tablas; pero Jehová no estaba en el fuego, aunque Él con su brazo (un ángel, el ángel Rafael) os traía salvación y mantenimiento.

Ahora os encontráis allí donde después de la tempestad y del fuego pasa un susurro apacible y delicado. ¿Quién debía estar ante vosotros, y en vuestra proximidad, en este susurro apacible y delicado?

Cada humildad que se origina del amor más puro es una humildad justa y verdadera, porque ella estima y ama en el prójimo un hermano como hermano, y no hace a sí mismo ni a su prójimo un dios delante del cual uno debe arrodillarse y adorarle.

Lo que quieres o deseas, pídelo como hombre de un hombre y como hermano de un hermano; pero el hombre nunca debe arrastrarse en el polvo delante de su prójimo.

Lo que Dios nunca pide a un hombre, aún menos debe pedirlo un hombre al prójimo. Esto también es una sabiduría verdadera en el Orden perfecto de Dios. Observadla por tanto y no la olvidéis, y así satisfaréis a Dios y al prójimo».

(El Señor:) «Mujer, si pensaras que estos muertos que ves aquí dormirán eternamente, te equivocarías. No hay sueño eterno como piensas porque no crees en una Vida en el Más Allá».

La adoración verdadera de Dios

3.207.2-14 El Señor: «Quien quiera adorar de modo verdadero y útil a Dios, antes debe reconocerle vivamente en su corazón y, profundizando espiritualmente en toda la Verdad y en el amor, debe reconocerle y amarle; después puede honrarle y adorarle. Sin este requisito, el hombre comete una terrible idolatría con el Dios verdadero.

¿Cómo puede adorar digna y eficazmente el hombre a Dios, si nunca lo ha reconocido sino como ídolo y de oídas? ¿Qué diferencia habrá entonces entre la adoración al Dios únicamente verdadero y la idolatría?

La adoración al Dios únicamente verdadero consiste en el amor para con Él y en el amor para con el prójimo. Sin embargo, ¿quién puede amar a Dios si nunca lo ha reconocido?

¿O puede un hombre joven enamorarse de una doncella a la cual todavía nunca ha visto ni reconocido? Y si se imagina que tal doncella existe en cualquier lugar e incluso empieza a amarla vivamente, como en realidad no existe, entonces es un loco y se ama sumamente a sí mismo, y esto es abominable a los ojos de Dios.

Por esto cada idolatría es la mayor necedad de los hombres y una ceguera abominable. Los idólatras se vanaglorian de ser ellos mismos ídolos, se hacen incensar y hasta idolatrar a sí mismos, y esto significa un triunfo de Satanás en el corazón humano. ¡Ay de tales ególatras! Su destino será muy triste, pues tal orgullo es un gusano que nunca muere y un fuego inextinguible.

Yo te digo: La gran satisfacción de Satanás consiste en apartar tanto como le sea posible del Orden divino a los hombres ciegos valiéndose d su arrogancia incalculable; cuando lleguen como discípulos de su escuela, los desechará y los empleará en sus servicios más viles y abominables, en los que permanecerán eternamente según su malísima voluntad.

Satanás, como príncipe de la obscuridad, eleva aquí los hombres a dioses para después humillarlos como monstruos viles y abominables.

Dios exige aquí de los hombres que tengan un corazón sabio y lleno de humildad, para después elevarlos haciéndolos más bienaventurados.

Verdad es que tal poder será quitado más tarde a Satanás; mientras tanto los hombres podrán obrar y proceder según sus sentidos con entera libertad e independencia; por lo que los hombres buenos lucen tanto más por sí mismos y los malos pertenecen más profundamente al infierno; pues allá su maldad va a su cuenta y no por la del Satanás, y ellos serán torturados tanto más por Satanás y sus siervos.

Por tal motivo el primer deber de cada hombre es buscar a Dios con toda la humildad de su corazón, en el espíritu y en la Verdad, y cuando lo halle debe adorarlo en espíritu y en la Verdad.

La oración principal, sin embargo, consiste en que un corazón humilde permanezca humilde y en que ame efectivamente a su prójimo más que a sí mismo y a Dios sobre todas las cosas, como único Padre verdadero de todos los hombres y ángeles.

Nadie en su carne obscura puede amar a Dios si odia a su hermano, porque ¿cómo puede alguien amar a Dios, al que no ve, si no ama a su hermano al que sí ve?

Pero no basta con decir: “Amo a mi prójimo y soy muy benévolo con él”. El amor verdadero que únicamente vale ante Dios debe consistir en obras buenas cada vez que el prójimo las necesita espiritual y corporalmente. Tal amor es la llave maravillosa para la Luz divina en el propio corazón».

La oración

3.209.3-6 «Habéis leído lo que mi Espíritu dijo por la boca de un profeta: “Este pueblo que se acerca a Mí me honra con su boca y con sus labios, pero su corazón está lejos de Mí”. Y Yo os repito: Cada oración sólo de palabras es un horror ante Mí.

Sed verdaderamente justos y tened un corazón sensato; haced bien a cada uno que necesita vuestra ayuda. Sí, haced bien a vuestros enemigos y bendecid a los que os maldicen. Con esto os pareceréis a Mí, pues Yo hago lucir el Sol sobre buenos y malos y mis enemigos malísimos diariamente serán colmados de beneficios por mi mano omnipotente; sólo los malhechores y sacrílegos malvados sentirán mi férula.

Todos vosotros sois hijos de mi corazón y hermanos de mi alma. Por tanto, si oráis, no lo hagáis como los paganos y fariseos, diciendo muchas palabras, sino como Yo os he dicho: orad en el espíritu y en la Verdad con obras vivas y hechos del amor para con vuestros prójimos, y cada palabra en mi nombre será una oración verdadera, a la que siempre e infaliblemente presto oídos; pero nunca atiendo a los suspiros de los labios».

Dijo Chabbi: «Oh, Señor, Tú eres totalmente diferente a como te imaginábamos, ¿quién no podría amarte sobre todas las cosas cuando te reconoció? ¡Tú eres el Amor y la benevolencia misma!

¡Con qué facilidad puede comprenderse cada palabra de tu boca! Ahora creemos realmente que Tú eres en verdad el Mesías esperado, y que no habrá otro como Tú».

Dije Yo: «¡Muy bien, mis queridos amigos! Os conocía y os conduje por un camino hacia Mí, tal como había anunciado al profeta Elías. En la tormenta poderosa estaba mi Voluntad, en el fuego estaba mi fuerza, pero en el susurro suave estoy Yo mismo... Ahora acabáis de hallar a quien habéis buscado tanto tiempo. Habéis pasado grandes calamidades y era muy difícil hallarme; sin embargo, una vez hallado será más difícil perderme. Los que me han acogido en su corazón, serán también acogidos por Mí; quienes me hayan acogido podrán pasarme por alto, pero Yo nunca lo haré porque mi Amor no dura un cierto tiempo sino eternamente, y quien lo ha recibido en su corazón nunca podrá soltarlo porque mi Amor le tiene agarrado firme y eternamente para que nunca pueda apartarse enteramente de Mí».

3.210.15-22 El Señor: «Por la fuerza y el poder de mi nombre podrás aniquilar todas las tentaciones, y desde ese momento andarás libremente en mi Luz.

Lo que un hombre quiera poseer libremente para sí, tiene que obtenerlo luchando con su propia fuerza.

Yo sólo soy un sembrador y pongo la semilla buena en el campo vivo de vuestros corazones. Allí germina la semilla y luego crece para dar frutos en abundancia; sólo entonces tenéis que atender para vosotros mismos a los frutos en vuestro propio suelo vital y esto con muchos trabajos, fatigas y sacrificios. Dichosos los que traigan limpia y abundantemente a los graneros de mi Espíritu, construidos en ellos, los frutos sembrados por Mí en sus corazones. Verdad es que éstos nunca tendrán hambre ni sed.

Todos los que me reconocen, me invocan en sus corazones y confían en el poder de mi nombre, nunca recibirán daño alguno».

Explicación del cuarto mandamiento

3.211.3-19 El Señor: «Adán y sus primeros descendientes no tuvieron ni tiendas, ni chozas, ni casas instaladas cómodamente; el suelo de la tierra y un árbol sombrío eran suficientes para ellos. Descansaban muchas noches al aire libre, al raso, y estaban sanos y fuertes. No sabían siquiera cómo preparar una manta para cubrir sus cuerpos; unas hojas de higuera para cubrir sus órganos genitales era su único vestido, y alcanzaron una edad de varios cientos de años. Sin embargo, ahora los hombres han inventado todas las comodidades de la vida y por un perdido paraíso terrestre se han creado muchos miles de paraísos, y ahora una edad de cien años es una maravilla.

Se atribuye la culpa de ello a la excitación de los hombres, que por ella se han distanciado de la naturaleza del cuerpo celeste que en todo tiene el destino de llevarlos, alimentarlos y mantenerlos sanos y fuertes.

A quien le vence el sueño, descansa bien en una almohada de piedra; si le molesta la piedra bajo la cabeza, el hombre no está suficientemente cansado y no necesita descansar; puede levantarse nuevamente y seguir trabajando.

Camas blandas enervan a los hombres y quitan la fuerza necesaria a los miembros. Un sueño demasiado largo debilita el alma y los músculos del cuerpo. La naturaleza del hombre es como la de un niño de pecho, al que nada nutre tan bien como el pecho de la madre; y aquellos hijos que durante mucho tiempo recibían el alimento del pecho de la madre fuerte, suponiendo que esté tan sana como una Eva, serán fuertes como gigantes y no les fatigará la lucha contra un león.

De la misma manera también la naturaleza de esta Tierra constituye un auténtico pecho maternal para los hombres si no se distancian de ella por excitaciones innecesarias. Los hombres distanciados de este gran pecho maternal y apartados de su efecto fortificante, al tener contacto con su pecho rico de leche es como si un hombre adulto bebiera la leche de una madre. Le da asco hasta el vómito. Lo que de niño le dio fuerzas y alimento, le pone enfermo y le debilita el estómago cuando desacostumbrado por mucho tiempo al pecho natural, lo toma de hombre.

Verdad es que el hombre no siempre puede tomar el pecho maternal para adquirir fuerzas y vida natural para sus músculos; pero si quiere envejecer y vivir en un cuerpo sano y fuerte no debe distanciarse demasiado del pecho de la madre llamada Tierra.

Moisés dijo: “¡Honra a tu padre y a tu madre para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la Tierra!”. Con esto Moisés no sólo significó el padre procreador y la madre procreadora, sino también la Tierra y su fuerza, que continuamente da Vida nueva. El hombre no le debe volver la espalda sino honrarla, y como retribución recibirá la bendición prometida por Moisés. El honrar padre y madre corporales es bueno y necesario. Pero si lo que Moisés promete es una Palabra divina, entonces también debe tener, igual que la luz solar, un efecto universal e interminable.

En el caso que la promesa de Moisés se limitara sólo a aquellos que esperan una vida larga y buena en la Tierra honrando a sus padres corporales, sería muy dura con aquellos que no pocas veces los han perdido ya en la cuna y han sido educados por otros parientes. ¿Cómo deben estos hijos en cuestión honrar a sus padres verdaderos, a los que nunca han conocido?

Con frecuencia muchos niños son hallados en caminos y calles; madres inhumanas los han recibido en su voluptuosidad y poco después del nacimiento los han dejado en algún sitio. Tales niños expósitos han sido recogidos por personas cariñosas y misericordiosas que los han sustentado y educado; a estos bienhechores deben todo amor y honra. Moisés no habla de estos seudopadres sino sólo de los padres verdaderos.

Entonces el expósito bien educado es imposible que pueda honrar a sus padres verdaderos, primero por no conocerles, y en segundo lugar, caso de que les conozca, ante Dios y ante todos los hombres no tendría obligación de honrar aquellos que le han procreado en su voluptuosidad pecadora y después de haber nacido le han expuesto a la muerte. Como tal hombre no puede amar ni honrar a sus padres verdaderos, ¿no tendrá derecho a la promesa de Moisés?

Por otra parte, también hay padres que educan a sus hijos para hacer cosas que pueden llamarse malas. Ya en la cuna les inculcan una arrogancia verdaderamente satánica y les instruyen en tratar con dureza e insensibilidad a todos los hombres. Tales bestias de padres instruyen temprano a sus hijos en hacerse atrevidos, impertinentes y mentirosos. ¿Debía Moisés haber dirigido también su promesa a que tales hijos honren con toda perversidad y malicia a sus malos padres?

¿Qué deben los hijos de ladrones, bandidos y asesinos a sus padres verdaderos? ¿Pueden honrar los hijos a sus padres si son y hacen en grado perfecto lo que son y hacen también sus padres, esto es, hurtar, robar y asesinar a los viajeros forasteros? La promesa de Moisés, ¿también puede referirse a tales hijos?

En tal caso, una inteligencia suficientemente clara debe decirte que una promesa así entendida debe ser una deshonra de primer orden para toda la sabiduría divina. ¿Cómo puede Dios, la sabiduría suprema, dar un mandamiento en virtud del cual también un espíritu angélico debe amor y honra a los padres encarnados en los abismos del infierno?

Como veis, el mandamiento mirado de este punto de vista sería un gran disparate.

Es evidente por demás que todo lo que Moisés dijo y determinó es Palabra pura de Dios y por eso no puede encerrar disparate alguno; por otro lado, si se observa e interpreta de manera necia la ley de Moisés, como ha sido observada e interpretada hasta ahora, la misma ley debería ser un patente disparate ante el tribunal de toda la mejor inteligencia humana.

Entonces, ¿por qué razón la ley de Moisés de la manera como ha sido observada hasta ahora tiene que resultar en un disparate, a pesar de su origen divino? La razón estriba en la interpretación errónea de lo que Moisés había demostrado principalmente con este mandamiento; pues, se refirió a la pareja universal de padres de la naturaleza, es decir a la Tierra, como astro creado para el género humano en su calidad de padre, y su regazo que continuamente da a luz a incontables hijos de toda especie e índole, en su calidad de verdadera madre.

Es esta pareja de padres muy viejos a la que el ser humano debe honrar continuamente y nunca darle la espalda, dejadamente; entonces el hombre recibirá una vida larga en un cuerpo sano y un bienestar satisfactorio.

Un hombre aplicado puede aprender todas las cosas buenas, superiores y verdaderas, y de éstas construir primero aquella gran escalera por la que el patriarca Jacob vio subir y descender los ángeles de Dios. Quien escudriñe aplicadamente y con gran seriedad en la naturaleza recibirá gran bendición y bienestar satisfactorio para sí mismo y para sus hermanos».

3.214.2 El Señor: «Amigo mío, aún no ha llegado la hora en la que el príncipe obscuro del mundo sea juzgado; pero la hora está muy cerca. Sin embargo, aunque será juzgado, pronto habrá hombres que procederán aún peor con mis leyes purísimas que el mismísimo Satanás. En esta Tierra la Luz siempre habrá de luchar contra la obscuridad.

3.215.8 Quien perturba y trastorna la paz doméstica entre una pareja conyugal comete un pecado grande contra el amor para con el prójimo.

3.217.6 Quien calla y escucha, recoge continuamente, pero quien habla, dispersa y nunca llega a recibir riquezas verdaderas.

3.218.4-5 Quien reconoce su pecado como pecado y lo abomina, ama a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismo, no continua siendo un pecador ante Mí.

Amar a Dios sobre todas las cosas quiere decir observar sus mandamientos y no querer vivir fuera de su orden».

Encarnaciones pasadas del hombre

3.221.1-12 Filopoldo: «Cuando hace unas semanas me tocó una suerte inestimable y me encontré con este Maestre divino, desaparecieron todas las nubes obscuras y el Sol de la Vida divina me iluminó el alma. Sólo de esta santa Luz reconocí mi ser y el Ser de Dios; sólo entonces vi lo que debo a Dios, el único Padre santísimo, que desde la eternidad es el Amor purísimo.

Me reconocí enteramente y reconocí que antes de mi encarnación en esta Tierra entré en un contacto especial con el Espíritu divino para recibir la adopción de hijo de Dios; y aprender en esta Tierra, que única en todo el universo infinito, está destinada a engendrar hijos de Dios para criarles según el Orden eterno del Amor de Dios.

¡Alzad vuestros ojos! Todas las innumerables estrellas son mundos, muy mayores y mucho más maravillosos que esta Tierra, y en cada uno de estos mundos hallaréis hombres que se nos asemejan enteramente por la forma. En todas partes hallaréis una gran sabiduría entre ellos, y no les falta el amor; sin embargo, parecidos a los animales de esta Tierra, vienen perfectos al mundo y no necesitan aprender desde sus orígenes todo lo que quieren y deben saber. Casi en todas partes la lengua es la misma y su reconocimiento tiene ciertos límites; sin embargo, en todas partes el reconocimiento se extiende hasta el Espíritu supremo de Dios; este reconocimiento, sin embargo, es más una presunción que un reconocimiento.

En fin, en todos los innumerables cuerpos celestes podréis hallar hombres casi iguales a los mejores paganos de esta Tierra, con la única diferencia que los hombres en los demás cuerpos celestes no inventan en el fondo cosas nuevas, aunque lo que ellos allá tienen posee una perfección superior, mientras los paganos siempre pueden inventar cosas nuevas y de esta manera no tienen impedimento para progresar continuamente en el camino de la perfección infinita.

Aquí y allá, en los demás cuerpos celestes, hay grandes sabios que de vez en cuando, por decirlo así, se reúnen, con los altos espíritus y aprenden de ellos en el reconocimiento más profundo de Dios. De cuando en cuando algunos seres más despiertos abrigan el deseo ardiente de hacerse también hijos de Dios.

En todos los cuerpos celestes los sabios saben por medio de los altos espíritus, que en el universo infinito hay un astro o mundo en el que los hombres son hijos de Dios, y que también un alma, cuando se desembaraza de su cuerpo en su mundo, puede encarnarse nuevamente en un cuerpo grosero en aquel astro afortunado. Sin embargo, a partir de este momento, cuando alguien manifiesta firmemente dicho deseo, se le representa detenidamente y con todos los detalles todo lo que habrá de sostener y tolerar en aquel astro.

Desprovista de todos los recuerdos del estado primitivo, el alma se encarna en aquel mundo en un cuerpo imperfecto, casi inconsciente, sin darse cuenta siquiera de una existencia nueva. Sólo poco a poco, después de haber pasado aproximadamente un año, empieza a desarrollarse un conocimiento enteramente nuevo de las imágenes, apariciones y percepciones, percibidas por medio de los sentidos; la memoria y la reminiscencia de lo que se ha sentido y percibido recientemente son los únicos indicadores y ayudas en la nueva carrera de la vida terrestre. No aparecen espíritus elevados, enviados de Dios, para guiar al hijo o niño en un conocimiento superior y más profundo, sino que los padres, con sus experiencias, deben esforzarse en dirigir al hijo por un camino mejor.

Seguidamente la criatura está obligada a aprender muchas cosas y determinar sus voluntades; debe hallar por sí misma su destino, debe indagar y pedir, debe sufrir miedo, hambre, sed, toda clase de dolores y privaciones, debe humillarse hasta el último hálito y al fin de su vida tiene que sufrir una enfermedad grave y dolorosa, la cual quita la vida al hombre de la carne.

Cuando el hombre ha cumplido todas las condiciones de la Vida prescritas y pedidas, habiendo amado a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismo, aun cuando sus prójimos le hayan perseguido como enemigos malísimos, entonces aviva el destello del Espíritu divino puesto en el corazón de su alma y lo hace crecer.

A partir de este momento crece Dios en el hombre, penetra el alma, el hombre se hace igual a Él y de esta manera el anterior hombre natural, del lodo más profundo de la futilidad se hace hijo de Dios, y en tal estado perfecto puede gozar de todas aquellas perfecciones que existen en Dios.

Tal como acabo de manifestarte, tan general y lacónicamente como me ha sido posible, se le presenta a un hombre en otros mundos estelares, y si el hombre lo pide enteramente en serio, se le libra instantánea e inconscientemente de su cuerpo ligero y se lo lleva a esta Tierra para ser encarnado en ella.

Ahora ya sabes si antes de haber descendido a esta Tierra, habíamos hecho o no un compromiso espontáneo con Dios, el Señor.

Sin embargo, Dios cumple con la Palabra inalterable de su Orden eterno y no hay cosa alguna que pueda cambiar su sentido; pero si nosotros también hemos hecho siempre lo mismo según la ley que Él mismo dio para todos los hombres a través de Moisés y de los patriarcas de esta Tierra, y que por añadidura ya está escrita en el corazón de cada hombre, esto es otra cosa».

3.226.13-15 El Señor: «Os aconsejo: afanaos en el amor para con Dios y para con el prójimo, particularmente para con los que son pobres y necesitan ayudas corporales y espirituales; porque con este amor despertaréis también el amor a Dios, especialmente si no consideráis el mundo y su juicio.

Quien entre vosotros, a causa del mundo, se avergüenza de los hermanos y hermanas pobres y les rehuye para aparentar una reputación o fama honrosa con el mundo, no será reconocido ni adoptado por Mí.

Quien se avergüence de mis pobres hermanos y hermanas a causa del mundo malo, también Yo me avergonzaré de él.

Pero quien reconozca mi Espíritu en los pobres, Yo le reconoceré y adoptaré eternamente como hijo mío».

La conciencia y la influencia de los ángeles

3.232.8-14 El ángel Rafael, dirigiéndose a Matael: «Cada hombre tiene en su corazón un órgano espiritual que siempre está abierto y que es libremente accesible para nosotros, los ángeles de Dios. Este órgano representa siempre las nociones sencillas de lo bueno y malo, de lo verdadero y falso, y de lo justo e injusto.

Si haces lo bueno, lo verdadero y lo justo, entonces la parte buena y afirmativa queda tocada por nosotros y por esto tiene el sentimiento agradable de que has hablado y obrado bien y justamente. En el caso de que no hayas obrado ni hablado bien, despertaremos la parte opuesta del órgano, quedarás inquieto y pensarás que has salido del Orden divino. Este órgano se llama en la lengua moral “conciencia”.

Puedes confiar fielmente en esta voz y contar con ella; nunca te engañará. Sólo podría ocurrir que alguien insensibilizase tanto a este órgano que finalmente como órgano convertido en demasiado material, ya no note nuestro toque; entonces lo espiritual del hombre estaría como enteramente perdido.

Como tu alma ya está penetrada intensamente del espíritu del amor para con el Señor, dentro de poco tu amor para con el Señor, motivado por el amor para con el prójimo, pasará a ser más intenso y luego se hará una sola cosa con tu alma; en este momento quedarás renacido en el Espíritu y en la Verdad, y contraerás matrimonio espiritual con el Amor original en Dios.

Así el Amor de Dios para contigo se hará real y esencial, podrás ver y hablar siempre con Dios, el Señor será eternamente tu guía y tu instructor.

Después no te será posible apartarte del Señor, pues en tu querer y reconocer como hijo verdadero del Padre Eterno serás enteramente una sola cosa con Él».

TOMO 4

La Sabiduría verdadera y la adoración viva de Dios

4.1.4-15 El Señor: «En verdad os digo: ninguno podría venir a Mí si el Padre que me envió no le trajera a Mí. Todos vosotros debéis ser instruidos por el Padre -es decir, del Amor eterno en Dios- si queréis venir a Mí. Todos vosotros debéis ser tan perfectos como vuestro Padre en los Cielos es perfecto. Las numerosas experiencias no os llevarán allá, sino únicamente el amor vivo para con Dios, y en la misma medida el amor para con el prójimo. En esto estriba el gran secreto del renacimiento de vuestro espíritu en Dios.

Sin embargo, cada uno tiene que pasar antes conmigo por la puerta estrecha de la abnegación hasta que sea como Yo soy. Cada uno debe dejar de ser algo de sí, para ser todo en Mí.

Vuestro corazón es un campo, el amor activo es la semilla viva; los hermanos pobres son el estiércol para el campo. Quien entre vosotros siembre muchas semillas en el campo bien abonado tendrá también una buena cosecha. Con cuantos más pobres abonéis el campo, más fuerte se hará; y cuantas más semillas sembréis en el campo, más rica será la cosecha. Quien siembra mucho también cosechará mucho; pero quien siembra poco también recogerá poco.

La sabiduría más elevada se funda en que os haréis sabios por el amor más vivo. Todo el saber sin el amor no sirve para nada. No os preocupéis por tanto de saber mucho, sino de amar mucho, y el amor os dará lo que el saber no podrá daros. Quien sacrifica aplicadamente el tiempo en el amor para con el prójimo, recibirá buen provecho para su alma.

En verdad os digo: todos los ángeles, todos los Cielos y todos los mundos con toda la sabiduría no podrán daros lo que podéis alcanzar si habéis ayudado con todas vuestras fuerzas y con todos vuestros medios a un hermano que estaba en la miseria. Nada aprecio más que el verdadero amor activo.

Si orar a Dios y no oyes la voz lastimera de tu pobre hermano que ha venido pidiendo ayuda mientras oraba, entonces tu palabrería vana y vacía será maldita porque mi honra consiste en el amor, y no en la palabrería vacía de tu boca.

No debéis ser como ha dicho Isaías: “Mira, este pueblo se acerca a Mí con su boca y me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de Mí”. Si me rezáis hacedlo en el espíritu y en toda la Verdad, pues Dios es Espíritu y sólo puede ser adorado en el espíritu y en la Verdad.

La oración que me resulta placentera no consiste en el movimiento de la lengua, de la boca y de los labios, sino en la ejecución activa del amor».

La comunicación con Dios por la Palabra interna en el corazón

4.23.9-12 El ángel Rafael: «Quien ama verdaderamente a Dios, el Señor, está continuamente con Dios y en Dios. Si quiere oír o saber algo de Dios, debe preguntárselo al corazón e inmediatamente, por los pensamientos del corazón, va a recibir también una respuesta perfecta. De esta manera cada hombre en cualquier momento puede ser instruido y enseñado por Dios en todos los asuntos. De esto puedes deducir que no siempre es necesario ver para ser feliz y bienaventurado en el Señor, sino que basta oír y sentir para poseer todo lo que es necesario para la bienaventuranza verdadera en Dios.

Mira, tampoco Yo estaré visible cerca de ti, pero basta que me llames en tu corazón y estaré contigo y te responderé claramente por medio de tus pensamientos muy suaves pero perceptibles en tu corazón. Cuando percibas tales pensamientos, piensa que Yo los he inspirado en tu corazón. También los reconocerás porque ellos no habrán crecido en tu tierra. Cuando los hayas reconocido como tales, obra según ellos.

No es suficiente saber lo que es bueno y justo, y lo que satisface a Dios. Tampoco basta sentir gran satisfacción por la Doctrina de los Cielos; es preciso tomar la determinación seria y firme de obrar en todo según prescribe esta santa Doctrina venida de los Cielos.

Es importante por tanto entender bien la Doctrina divina, conocerla bien y obrar según ella. No tiene valor alguno conocerla bien y no obrar según ella.

El cultivo del corazón humano

4.24.3-4 El corazón humano es semejante a un jardín pequeño: si se le cultiva aplicadamente según la Doctrina del Señor y no se omite fuerza alguna para llevar a efecto todo lo que se ha percibido, muy pronto se poseerá en el corazón tanta bendición y Gracia de los Cielos que finalmente uno podrá vivir para su alma y para su espíritu, alimentándolos con sus propios medios. De este modo, el hombre no necesita nuestra ayuda ni nuestros consejos.

Esto es lo que el Señor intenta hacer con el hombre: que se convierta en ciudadano completamente independiente de los Cielos, según el Orden eternamente inalterable de Dios. Quien ha alcanzado esta meta, ya lo ha alcanzado todo.

Obrar y hablar

4.30.8-12 Más vale obrar mucho y bien que de hablar mucho y bien. Cuando los hombres te ven obrar aplicadamente y bien, muchos lo imitan. Si los hombres te oyen hablar mucho y bien, también querrán imitarte, pero como a muchos les falta la sabiduría necesaria para hablar bien, disparatan mucho y con esto perjudican a muchas almas débiles y también se perjudican a sí mismos; porque se harán arrogantes y presumidos. A través del mucho hablar se divulgan paulatinamente muchas doctrinas falsas y la humanidad pobre queda cegada y en la obscuridad, y más tarde será muy difícil volver a iluminarla; sin embargo con obras buenas, la humanidad recibe corazones nobles y abiertos. Un corazón abierto es el mejor semillero para la sabiduría verdadera y con el tiempo sabrá hablar bien y justo cuando sea necesario.

Los que más tarde tendrán que hablar y enseñar serán escogidos expresamente por el Señor. El cambio, los que no sean escogidos para hablar y enseñar, serán destinados sólo a obrar según su Palabra y su Doctrina. De este modo gozarán siempre de la complacencia de Dios y de una Gracia especial.

Mira, para hablar y enseñar se exige más que para obrar, pero sin embargo el obrar es lo principal.

Quien obra bien y justo, en caso necesario también puede hablar bien y justo, porque un corazón abierto y noble nunca queda sin Luz de los Cielos y quien posee ésta según la medida de sus hechos buenos y nobles, siempre sabrá dónde, cuándo y cuánto habrá de hablar».

Un acontecimiento durante la adolescencia de Jesús

4.32.4-7 Dijo la muchacha: «Era de noche cuando se terminó la construcción del redil de las ovejas. Nuestro padre adoptivo pagó el trabajo al viejo José, pero según su costumbre comercial retuvo unos denarios. El santo se acercó al comerciante y le dijo: “¡No lo hagas porque esto no te va a reportar ninguna bendición. Verdad es que eres pagano, pero crees en el Dios de los judíos, y este Dios poderoso vive en mi corazón, y si yo le pido algo, Él me concederá lo que le pida. También vive en los corazones de todos los justos y gustosamente oye lo que le piden. Si tú te comportas con dureza contra José, quien te ha hecho un trabajo pesado, entonces yo pediré a mi Dios y a mi Padre que te lo pague, y pronto te será pagado muy mal. Considera que no es bueno ofender a los que son una cosa con Dios”. Mi padre adoptivo no hizo gran caso de estas palabras e insistió en su retención. El carpintero viejo le dijo: “Mira, soy hombre justo y honrado y te digo sinceramente: Estos denarios hubieron sido exactamente toda mi ganancia con este trabajo pesado, y con este dinero habría podido pagar el alquiler de la casa; pero como a ti, que eres un hombre rico, te interesan tanto, quédate con ellos, aunque te los quedas con injusticia, y esto nunca hace bien”.

Yo lloraba de enfado por la obstinada dureza de mi padre. Entré en mi cuarto y traje ocultamente todo mi dinero ahorrado, y tú, Yamila hiciste lo mismo, y de esta manera pusimos en secreto unos cien denarios en la caja de herramientas de José. Nadie lo observó salvo Tú, Señor. Seguidamente Tú dijiste: “¡A vosotras dos, muchachas, os será recompensado con creces lo que de bueno habéis hecho!”. Al decir estas palabras, Tú tenías la apariencia de un hombre transfigurado. Luego os levantasteis y salisteis de nuestra casa.

Era tarde, de noche y tenías que andar a pie varias horas hasta llegar a Nazaret y te pregunté: “¿No preferís pernoctar aquí que de ir por el camino inseguro, tanto más cuanto que la noche está tan obscura y nubes de tormenta cubren el cielo?”. Tú contestaste algo que siempre recordaré: “Quien ha hecho el día es su Señor, y quien ha hecho la noche también es su Señor; por eso el Señor del día y de la noche no ha de temer ni el día ni la noche. La tormenta, empero, está también en el poder del mismo Señor, a quien el mundo no conoce. Ni la noche ni la tormenta pueden dañarnos. ¡Que os vaya bien a vosotras, pequeñas ángeles!”. Con estas palabras salisteis de nuestra casa -y el Cielo es testigo- apenas traspasasteis el umbral de la casa no se vio huella alguna de vosotros.

He pensado muchas veces en Ti, Señor, pues hasta ahora no he podido encontrarte en ningún lugar. Pero tus palabras dirigidas a nuestro padre adoptivo se cumplieron terriblemente aquella misma noche. Se levantó una tormenta horrible; un rayo cayó tres veces en el nuevo redil, en el que se encontraban 1.700 de las ovejas más hermosas. En unas horas todo fue víctima de las llamas y a pesar de todos nuestros esfuerzos, nada pudo salvarse. Entonces nuestro padre adoptivo se arrepintió de haber pecado tan duramente contra el fiel carpintero; pues dijo: “¡Este castigo me viene desde arriba porque lo he merecido!”.

Sólo ahora comprendo las palabras pronunciadas tan misteriosamente, cuando en la noche oscurísima salisteis de nuestra casa. Ahora sabemos quién era y quién es el Señor del día, de la noche y de la tormenta. Ahora te damos las más sinceras gracias con nuestros corazones y bocas por todos los favores y beneficios infinitos, los cuales Tú, queridísimo Jesús, nos has concedido sin los méritos necesarios».

Y Yo contesté: «Oh, no carecéis de todos los méritos. Considerar lo que demostrasteis al viejo José. Qué a propósito le vinieron vuestros cien denarios cuando la mañana siguiente los encontró en su caja de herramientas. Primero pensó que vuestro padre adoptivo los había metido ocultamente en su caja; pero pronto le hice ver su equivocación. El elogió mucho la bondad de vuestros corazones y Yo le prometí que recompensaría muchas veces vuestra bondad».

La diferencia entre las almas en la Tierra

4.34.8-9 y 35.1-9 El Señor: «Verdad es que hay diferencias entre las almas: unas almas son de arriba. Estas son más fuertes y los malos espíritus de esta Tierra no pueden dañarlas tanto como a las demás, o no pueden dañarlas de manera alguna. Tales almas pueden soportar también una prueba más fuerte de la vida carnal sin sufrir ningún daño importante. Si se despierta con éstas el espíritu, o sea el escondido germen original de la Vida -que es como la centella divina-, penetrando en el alma con sus raíces eternas, entonces lo que hasta este momento estaba deteriorado en el alma queda curado sin demora y todo el hombre está perfecto.

Almas de algunos hombres incluso han sido ángeles anteriormente. Con éstas no puede ser deteriorado algo con facilidad. Juan el Bautista y varios profetas con Moisés, Elías, Isaías y otros más pueden servir de ejemplo, y aún, ahora hay muchos de ellos en la Tierra que han venido de los Cielos para pasar aquí conmigo el camino más estrecho de la carne. Tales hombres son capaces de pasar una prueba bastante fuerte de la vida carnal y también la toleran con el mayor sacrificio.

Al lado de esto, también hay todavía diferencias en las almas que son de arriba, y algunas tienen su origen de los perfectos mundos solares. Estas son más fuertes que aquellas que vienen aquí de los pequeños planetas, semejantes a esta Tierra, para obtener el privilegio de hacerse hijos de Dios.

Cuanto más imperfecto es un planeta, tanto más débiles son también sus emigrantes. Aunque éstos han de pasar una prueba más fácil de la vida, sus almas pueden recibir un perjuicio mayor. Sin embargo, a pesar de todo poseen un germen original de la Vida, bastante fuerte; al despertar de la manera justa a esta centella divina, las almas pronto vuelven a encontrarse en el orden perfecto de la Vida.

Finalmente, en la mayoría existen almas de este planeta que desde el principio original descienden de esta Tierra. Estas son precisamente escogidas para la filiación de Dios; son las más débiles. Con facilidad podrían perderse por completo si no existiesen entre cien una o dos almas fuertes desde arriba que las protegen contra su perdición total. Si entre ellas hay también ovejas muy perdidas, ellas serán halladas más tarde en el aprisco.

Cada alma -aunque sea muy débil e impotente- contiene en sí el germen original de la Vida que nunca puede ser corrompido. Al haber alcanzado el estado en el que su interior centella divina puede ser despertada en ella, el alma en seguida está feliz, bienaventurada y llena de amor y sabiduría. En este estado puede ser un hijo del altísimo tanto como un espíritu angélico hecho hombre o un alma de un Sol central, de un Sol planetario o de cualquier otro cuerpo extraterrestre obscuro y sin luz de los que en todo el universo hay más que granos de arena en a mar y hierbas en la Tierra.

Por ejemplo, quien entre vosotros ya es un hombre renacido y más perfecto puede imponer sus manos a un pecador tonto y supersticioso, pasarle suave y frecuentemente la mano desde la raíz de la nariz sobre las sienes y hacia abajo, hasta la fosa epigástrica. El hombre en cuestión cae entonces en un sueño extático. En este sueño, su alma más o menos perturbada queda libre de los vejadores de su cuerpo y la centella divina aparece por poco tiempo en el alma.

Preguntad a tal soñador extático y recibiréis respuestas sobre las cuales vuestra sabiduría quedará sumamente asombrada.

Al poco tiempo, cuando tal hombre se despierta de nuevo a la vida normal, con lo que ha de ser respetada su propia determinación, al destello divino vuelve a su estado de reposo y el alma retrocede nuevamente en sus vínculos carnales y no se recuerda nada de lo que ha pasado con ella durante el sueño extático de su cuerpo. Ella no sabe ni un ápice de todas las cosas sabias que ha hablado por boca y entonces es tan tonta y supersticiosa como antes.

Esto sirve para demostrar que en el fondo un alma no puede estar tan perdida que nunca pueda ser curada.

Verdad es que con muchas almas se necesitará mucho tiempo aquí y todavía más en el otro mundo hasta que alcancen aquella sana e independiente firmeza, virtud necesaria para despertar enteramente en sí la centella divina y hacerse penetrar por la misma en todas las partes. Sin embargo, pensar que este acto vital es imposible e irrealizable con un alma que en el fondo pareciera totalmente corrompida, constituiría un gran pecado contra el Amor y la sabiduría de Dios.

Las enfermedades psíquicas y sus tratamientos

4.36.6-11 Para las enfermedades corporales y los defectos físicos hay médicos y toda clase de medicamentos; pero par las enfermedades del alma pobre no hay otros médicos ni medicamentos que un pesado libro lleno de leyes, frecuentemente muy difícil de observar, y detrás de las leyes, la espada condenadora.

¿No sería más prudente, más humano, de formar más médicos y producir más medicamentos para almas enfermas que para sus cuerpos, los cuales muy pronto servirán de alimento a los gusanos?

Ciertamente Yo sé que es más difícil curar una enfermedad del alma que muchas del cuerpo; pero ninguna enfermedad del alma es incurable, en tanto que para cada cuerpo hay una enfermedad final para cuya curación no se encuentra hierba de remedio en toda la Tierra.

Para el frágil cuerpo mortal construís sanatorios tras sanatorios, farmacias y baños, ungüentos, emplastes y bebidas curativas; para el alma inmortal aún no habéis erigido ni un sanatorio.

Verdad es que en todos los tiempos han sido enviados a este mundo verdaderos médicos del alma, llenos del Espíritu de Dios, que han predicado el camino recto para la curación de las almas. Unos pocos han hecho caso de ellos y también han sido curados infaliblemente; pero los grandes y poderosos de la Tierra se tenían por sanos y menospreciaban a los médicos del alma enviados de Mí a la Tierra; finalmente se les perseguía y se les prohibía curar las almas enfermas. Debido a los grandes y poderosos de la Tierra, la Doctrina de Gracia para la curación de las almas enfermas nunca pudo echar raíces con los hombres, necesarias para convertirse en un fuerte árbol de curación.

El sonambulismo y su aplicación

4.40.2-12 Es absolutamente necesario el acto de imponer las manos para el restablecimiento de la salud tanto del alma como del cuerpo. La sola imposición de las manos calma hasta el dolor más fuerte del cuerpo y además, en la mayoría de los casos, el hombre a quien con fe firme se le imponen las manos con la decidida voluntad de ayudarle, se vuelve clarividente y él mismo puede determinar entonces el medicamento mejor y más conveniente para su perfecta curación.

Cuando en este estado de curación alguna persona humana cae en este sueño extático, no debe ser perturbada por preguntas vanas y fútiles, sino que sólo debe ser preguntada por lo que es necesario.

Sin embargo, quien impone sus manos a algún enfermo debe hacerlo en mi nombre, de lo contrario no tendrá ningún efecto.

Para la realización de esta curación se necesita no sólo una fe fuerte sino también una voluntad fuerte e inquebrantable.

Tal aspiración debe tener su origen en el fondo más profundo del corazón y debe proceder del verdadero amor para con el prójimo. Entonces tal fuerza del amor llena las manos del que las impone, penetra por sus puntas de los dedos y fluye como un rocío suave en los nervios del enfermo y cura el dolor muchas veces punzante y lacerante.

Es de notar que es más difícil exponer a un sueño extático a un varón que a una mujer. En ciertos casos también un varón puede ser puesto a un sueño extático por una mujer, en el caso de que ella sea muy piadosa, y con la asistencia de un ángel invisible, atraído por la oración y por la pureza del corazón de ella.

Tales mujeres piadosas y devotas proporcionarán gran alivio a las parturientas, especialmente a las que con frecuencia paren con grandes dolores y dificultades.

Pero también los varones pueden ayudar a una parturienta, imponiéndola las manos y proporcionándole gran alivio».

Limpieza corporal y espiritual. Curación a distancia

4.41.1-8 Pregunta de un oyente muy atento: «¿No impurificaría del tratamiento al varón por todo un día según las prescripciones de Moisés?».

Dije Yo: «De ahora en adelante nada puede impurificarte con excepción de pensamientos malos y sucios, malos deseos, avidez sucia, difamación, mentira, calumnia y maledicencia. Esto son cosas que impurifican al hombre; todo lo demás no le impurifica, o le ensucia exteriormente la piel y para limpiarse de la impureza exterior ya hay suficiente agua.

Principalmente Moisés dio tales prescripciones a los judíos a causa de la gran inclinación de estos a la impureza en todas las cosas exteriores; porque los hombres que ya exteriormente son sucios, lo son tanto más fácilmente en el corazón y en el alma. Por eso Moisés había ordenado especialmente la purificación exterior.

Pero la verdadera purificación del hombre sólo se efectúa por una verdadera penitencia sobre un pecado cometido a su prójimo, por la intención seria de no pecar más y, por tanto por el total mejoramiento de su Vida.

Con el agua se limpia el cuerpo, y con una voluntad firme y buena, devota a Dios, se limpia el corazón y el alma; así como el agua firme y devota a Dios fortifica el corazón y el alma.

También tales almas fortificadas pueden imponer espiritualmente las manos en mi nombre a un enfermo que está muy lejos, y éste mejorará.

Pero quien se halla muy débil en la perfección de su corazón, acude a los toques magnéticos antes mencionados y también calmará la pena corporal del enfermo. Así mismo tiempo puede entregarle al sueño extático, y el enfermo así tratado predice en este estado de sueño lo que le ayudará. Acto seguido hay que aplicar esmeradamente lo que el enfermo acaba de predecir, y pasado cierto tiempo el enfermo mejorará, aunque no tan rápidamente como si un hombre espiritualmente perfecto le hubiese impuesto sus manos, con lo que la curación podría ser efectuada instantáneamente.

Así todo el mundo puede convencerse de que en el sueño extático también el alma -en ocasiones muy tonta, o incluso la de un niño- puede predecir porque ella queda puesta en conexión con su germen espiritual de la Vida, o sea con la centella divina. Cuando, terminado el sueño en cuestión, se vuelve a poner en su estado de reposo al germen interior de la Vida, el alma se despierta nuevamente en su carne y no sabe nada de lo que ha ocurrido ni de lo que ha predicho cuando estaba en el sueño. Sin embargo esto testimonia que no hay alma alguna -por perdida que esté- que no pueda ser curada».

El tratamiento

4.42.10 «Pon la mano derecha sobre la frente y la izquierda sobre la fosa epigástrica, y el hombre así tratado caerá en el sueño mencionado y empezará a hablar, aunque con voz más débil que en su estado normal. Cuando quieras volver a despertarle, basta con imponer tus manos en orden inverso, continuando durante unos momentos. Tan pronto como se despierte, tú retiras tus manos y el tratamiento habrá terminado».

El sueño

4.54.7 «Cuando tu alma debido a las molestias del día, se halla fatigada y debilitada, se despierta en ella la necesidad de un reposo reparador. Después el alma fatigada se despoja de su vestido corporal y se dirige a un baño fortificante de agua espiritual, donde se purifica y recobra fuerzas. Una vez fortalecida suficientemente, vuelve a vestirse con su vestido corporal y con gran facilidad mueve de nuevo los pesados miembros de su vestido».

El libro de la Vida

4.57.1 «Todo lo que tú has pensado, hablado y hecho desde tu juventud hasta ahora, y también todo lo que pensaste, hablaste e hiciste durante tu existencia antes de hacerte hombre, ha sido apuntado en el libro de la Vida. Un ejemplar de este libro llevas contigo en el cerebro de tu alma, mientras el original se halla abierto ante Dios. Cuando seas perfecto volverás a hallar fielmente todos tus pensamientos, palabras y hechos, buenos pensamientos, etc.; en lo que no se haga según el buen orden, no tendrás alegría, pero como hombre perfecto tampoco tendrás aflicción.

Con esto reconocerás la gran misericordia y los sabios caminos de Dios, y esto te fortalecerá en el amor puro para con Dios y en la máxima paciencia para con los hermanos imperfectos y débiles que Dios, el Señor, encomendará a tu protección, sea aquí o en el Más Allá».

El camino para la Vida eterna

4.78.5-9 «El camino que conduce a la Vida del Espíritu es espinoso y estrecho. Esto quiere decir que has de combatir con paciencia y benevolencia a los hombres que te ocasionen en cosas enojosas, agrias y desagradables y a quien te haga el mal no debes devolvérselo sino todo lo contrario, y entonces recogerás ascuas encendidas sobre su cabeza. A quien te pega no le pagues con la misma moneda; sería mejor que soportaras todavía otro manotazo suyo para que haya paz y concordia, pues sólo en paz crece el corazón y se desarrolla el espíritu en el alma.

A quien te pida un servicio o una limosna, no se lo niegues, supuesto que el servicio que te pida no infrinja las leyes de Dios o del estado, con que tú sabrás juzgar.

A quien te pida una túnica, déjale también la capa para que reconozca que eres un discípulo de la escuela de Dios. Al reconocer esto, te dejará la capa; sin embargo, si la coge, será sumamente débil en su reconocimiento, y no debes sentirlo por tu capa sino por un hermano que no ha reconocido la proximidad del Reino de Dios.

Por vuestras obras y hechos se reconoce que todos vosotros sois mis discípulos. Más fácil es predicar que de hacer bien. ¿De qué sirve la palabra vacía si no reciba Vida por el hecho? ¿De qué te sirven los pensamientos e ideas más bellos si te falte la capacidad de realizarlos? Las palabras más bellas y verdaderas no sirven para nada si no tienen buena voluntad de ponerlas en obra. Unicamente la obra tiene valor, pero pensamientos, ideas y palabras carecen de valor si no son puestos en obra. Por tal motivo, quien predica bien debe también obrar bien, de lo contrario su sermón sería como un fruto hueco».

La pobreza y el amor para con el prójimo

4.79.2-8 «Quien es pobre tiene el derecho de pedir auxilio a sus hermanos más acaudalados; si no fuera atendido a causa de la dureza de los corazones humanos, el pobre debe dirigirse a Mí y Yo le ayudaré. La pobreza y la miseria no justifican el robo, y menos aún el homicidio de un hermano al que se roba. Por lo tanto, el pobre sabe lo que ha de hacer.

Verdad es que la pobreza es una plaga grande para los hombres; pero encierra el germen noble de la humanidad y de la modestia verdadera y por tal motivo perdurará en la Tierra.

Yo os digo: no es necesario que hagáis ricos a los pobres; pero no deben sufrir miseria.

Quien entre vosotros sea amigo de los pobres y necesitados, Yo también seré su amigo y un hermano verdadero, y esto no sólo aquí sino también en el otro mundo. No precisaré aprender la sabiduría interna de otro sabio, sino que Yo mismo se la daré abundantemente en su corazón.

Sin embargo, el alma de los hombres de corazón duro será tomada por espíritus malos que la arruinarán y la igualarán a un alma animal como ella también se manifestará en el Más Allá.

Dad con placer y abundancia, pues según deis seréis recompensados. Un corazón duro no será inundado por mi Luz de Gracia y en él habitarán la obscuridad y la muerte con todos sus horrores.

Sin embargo un corazón afable y apacible será fácilmente penetrado por mi Luz muy suave y benéfica, y Yo habitaré pronto en tal corazón; habitaré en él con toda la plenitud de mi Amor y de mi Sabiduría. ¡Creed en mis palabras! Ellas son Vida, Luz y Verdad».

El progreso del alma aquí en la Tierra y en el Más Allá

4.93.3-7 «En verdad os digo que es muy difícil y penoso seguir el camino de la perfección de la Vida interior en el Más Allá; en cambio es fácil aquí en la Tierra, donde el alma posee el cuerpo físico, en el que puede depositar sus tendencias materiales como y cuando quiera. En el Reino de los Espíritus esto no es posible tan fácilmente porque el alma sin cuerpo material deja de pisar un suelo material y flota sobre una base espiritual construida de sus pensamientos e ideas, inadecuada para la asimilación de la materia excluida del alma a fin de enterrarla para siempre.

Si en el Más Allá el alma quiere librarse de todas las substancias materiales, debe actuar sobre ella una fuerza eficaz, la fuerza que está en mi Palabra y en mi nombre, porque está escrito, de la boca de Dios: “Delante de tu nombre se arrodillará los que están en los Cielos, y en la Tierra, y debajo de la Tierra”. En esto se entienden todas las criaturas humanas de los innumerables mundos en el infinito espacio de la creación, porque en el Cielo viven los hijos de Dios, eternamente perfectos, y en esta Tierra únicamente los destinados para tal fin. No obstante, si sólo se reserva este privilegio sublime a esta Tierra, entonces ella tiene una dignidad superior a los demás cuerpos celestes; éstos, a su vez, son moralmente inferiores y así también sus habitantes, los cuales han de ser entendidos bajo la expresión “que viven debajo de la Tierra”.

El alma no puede ser purificada sino por mi Palabra y por mi nombre. Pero en el Más Allá esto no es tan fácil como pueda suponerse; para esto se necesita una gran preparación. Antes el alma debe ser ejercitada en toda la independencia posible y debe contener en sí una fuerza valiente antes de que la sea posible adaptar mi Palabra y finalmente mi nombre».

La finalidad de ayudar

4.95.1-4 A través de la ayuda se practica y se activa la humildad porque cuanto más inferior parece una ayuda, tanto más sirve para la formación de la Vida. La humildad no es más que la condensación más fuerte de la Vida en sí. El orgullo, por el contrario, es una creación fútil, una dispersión hacia el infinito y, finalmente, la perdición total de la Vida, lo que podemos llamar la muerte segunda o la muerte espiritual.

En el orgullo ha terminado toda ayuda al prójimo y con esto también toda evolución de la Vida. Si por el dominio orgulloso sobre el prójimo se ocasionase la evolución de la vida humana, Yo habría establecido sin duda alguna, una orden que facilitara a cada hombre el derecho ilimitado para dominar. Pero como el orgullo es totalmente contrario a mi Orden eterna, toda criatura y todo ángel tienen que someterse a ayudar, y finalmente encontrarán la mayor felicidad y bienaventuranza, ayudando al prójimo.

Si no hubiese ayuda al prójimo, no habría Vida ni continuidad de la misma; no existiría dicha, ni felicidad, ni amor, ni sabiduría, ni alegría aquí en la Tierra ni en el Más Allá. Quien se imagina un Cielo lleno de ociosidad y de holgazanería, se equivoca mucho.

Por tal motivo a los espíritus felices más elevados de los Cielos les son otorgados fuerzas y poderes casi iguales a los míos para poder prestar ayudas particulares no sólo a Mí sino también a todos los hombres, ya aquí en este mundo de vida de prueba. ¿Para qué les serviría el don de la fuerza creadora? ¿Se necesitan fuerza y sabiduría para la ociosidad? Cuando la actividad y la prestación de ayuda constituyen una importancia indescriptible para esta Tierra, ¿qué magnitud deben tener para todo el mundo de los espíritus y de éste para todo el infinito?

Secretos de la creación

4.96.4-7 A quien tenga se le dará para que posea en abundancia, y al que no tenga le será quitado incluso lo que posea, y nuevamente noche, obscuridad, hambre, miseria y necesidad serán su destino hasta que se preocupe en ser activo en sí mismo para obtener con esta actividad otro estado más avanzado de servir.

Por eso os aconsejo que os esforcéis todos aquí y no os dejéis deslumbrar por los tesoros de este mundo, los cuales pasarán como la natural forma material de toda la creación visible a los ojos de la carne; en lugar de ellos recoged más tesoros espirituales, los cuales durarán para toda la eternidad. ¡Sed propietarios y mayordomos prudentes en la casa de vuestro corazón! Cuantos más tesoros del espíritu almacenéis en él por medio de obras buenas, tanto mejor Vida tendréis en el Más Allá. Mas quien aquí escatima y sea un avaro tendrá que culparse a sí mismo si en el Más Allá encuentra casi totalmente vacía la despensa de su corazón.

Aquí es muy fácil recoger, pues todo lo que alguien hace de buena voluntad por amor para con Dios y para con su prójimo se acepta como el oro más puro; en el otro mundo, sin embargo, será preciso adquirir y pagar con el oro purísimo del esfuerzo interno.

Aquí, en este mundo, podéis hacer oro del lodo y comprar con esto el Cielo, si vuestro corazón con toda la verdad está presente en la compra. En el Más Allá sólo podréis producir lo noble de lo más noble en vosotros mismos, y esto será aún más difícil que hacer aquí oro de las piedras. Pero quien por medio de sus obras buenas y nobles ya ha producido gran cantidad de oro no carecerá de él en el otro mundo, porque de un grano de arena de este metal precioso se hará un pedazo enormemente grande en el Más Allá, y esto ya constituye una gran provisión.

4.97.7-8 Quien confía débilmente en Mí cosechará según su confianza. Yo daré a cada uno según su confianza y según su fe, que siempre es un fruto del amor para conmigo y para con el prójimo.

Sed siempre misericordiosos, y también en Mí hallaréis siempre Misericordia. Según como tratéis a vuestros hermanos y hermanas, así os trataré Yo. Os aconsejo que siempre estéis dispuestos a ayudaros unos a los otros.

El auxilio justo y el auxilio erróneo

4.99.6-7 Si os ayudáis mutuamente, hacedlo con amor y con fraternidad verdaderos como es costumbre en los Cielos. Si alguien os pide una ayuda, prestádsela con amabilidad y con amor y no preguntéis al que os la solicita por el sueldo antes de prestar el auxilio, como hacen los paganos que no conocen al Padre verdadero en el Cielo.

Pero si alguien acaba de prestar un buen servicio no debes preguntarle. “¿Amigo, cuánto te debo?”, sino debes recompensarle lo mejor posible por el servicio prestado, es decir, con todas tus fuerzas, manifestando el amor y la alegría de tu corazón. Al ver tu actitud, él te abrazará, diciendo: “Amigo noble, apenas era un pequeño servicio y quieres recompensármelo generosamente. Basta la décima parte, que aceptaré como prueba de amistad”. Si ambos hablan de este modo con toda sinceridad y amor, ¿no son amigos verdaderos en espíritu? Seguramente el Reino verdadero de Dios se establecerá de esta manera entre vosotros, gobernándoos celestialmente con el cetro de la ley y de la Gracia.

4.100.1 No basta ni con mucho saber y creer lo que es bueno, verdadero y justo según el Orden de Dios y de todos los Cielos; es necesario que se obre con todo el amor y amabilidad del corazón según el Orden divino; sólo entonces vendrá el Reino de Dios y su justicia entre vosotros, y os hará verdaderos hijos de Dios.

La importancia y la formación de la Tierra

4.106.4-8 Con todos los hombres de esta Tierra se da el caso excepcional de que al encarnarse olvidan completamente sus vidas pasadas y por eso comienzan una existencia en orden y formación totalmente nuevas, la cual les facilita un desarrollo a una perfección divina.

Por tal razón sólo tal alma puede ser encarnada, la cual tiene su origen en un Sol. Esta alma aún posee todos los elementos primitivos y todas las partículas inteligentes del alma necesarias para la perfección de una elevada Vida espiritual. Hay también casos en los que un alma desciende directamente de esta Tierra, habiendo pasado por los tres reinos naturales, desde la materia bruta de las rocas -atravesando todos los estratos minerales- hasta el mundo vegetal y finalmente todo el mundo animal en el agua, en la tierra y en el aire.

Sin embargo, aquí no se trata del cuerpo material sino del elemento psíquico espiritual contenido en aquél; pues verdad es que analizando la fauna, ésta también es psíquico espiritual, pero en general todavía es demasiado inerte, indolente, bruta y pesada, presentando aún una estampa pesada del amor propio, del egoísmo, de la arrogancia y del gozo más perezoso del despotismo más avaro y mortífero. Tal materia debe ser asimilada por substancias más puras de la funda del alma a través de descomposiciones variadas y transiciones parciales. Verdad es que la propia substancia psíquica nunca aprovecha nada de esto.

En la Tierra existen especies más variadas de minerales, plantas y animales que en los otros planetas y Soles. Todos los planetas y Soles juntos poseen una mayor cantidad de especies, pero en cada cuerpo celeste, con excepción de esta Tierra, tomada separadamente, no hay en todo el espacio de la creación la cien milésima parte de las especies que hay aquí en la Tierra, en cada uno de sus tres reinos. Por tal razón sólo esta Tierra está destinada a llevar en el sentido verdadero los hijos de Dios.

¿Por qué? Con esta Tierra ocurre algo muy excepcional. Como planeta pertenece a este Sol, pero bien mirado no proviene de este Sol como los demás planetas, sino que tomó su origen del Sol central y desde cierto punto de vista la Tierra es inimaginablemente más vieja que este Sol. Sin embargo, la Tierra empezó a desarrollarse físicamente después de que este Sol, en calidad de acabado conglomerado mundial, ya había comenzado su vuelta primaria alrededor de su Sol central, pero tomó lo necesario para su construcción final, atrayéndolo de este Sol. (Otra excepción como la Tierra es el planeta que se halló entre el Marte y Júpiter, y que por ciertas razones fue destruido hace ya seis mil años, o mejor dicho fue destruido por sus propios habitantes). (Véase: tomo V, 275/10).

4.109.4 Según el orden antiguo, nadie que había pasado por la materia podía entrar en los Cielos. Desde ahora en adelante nadie puede llegar a Mí, al Cielo más elevado y puro, sin haber pasado por el camino de la materia y de la carne.

Predicción sobre las revelaciones actuales

4.112.3-8 (Nota bene: Vosotros, como vanguardia de mi Doctrina, debéis estar informados en secreto sobre muchas más cosas que todos los demás juntos, para que pasado cierto tiempo no caigáis en la tentación y no abandonéis mi Doctrina.

Sin embargo, todo esto no va a perderse y cuando hayan pasado mil años, y luego otros mil años, desde ahora, y cuando mi Doctrina esté casi totalmente enterrada por la sucia materia, entonces llamaré a hombres que escribirán fielmente lo que ha ocurrido aquí y se dará al mundo un gran libro que abrirá los ojos de los hombres.

Tú, mi siervo y escribiente, ¿crees que Yo no hubiera mencionado este hecho en aquella época? ¿Acaso quieres ser tan flaco en la fe como eres en la carne? Te lo digo Yo que hasta di tu nombre y algunos otros detalles más a Cirenio y a Cornelio y que ahora son testigos felices de todo lo que dicto a la pluma. Sin embargo, más tarde te diré también los nombres de los que desde ahora hasta dentro de 2.000 años escribirán y harán cosas mayores y más importantes que las que tú haces ahora. Toma nota de esto y escribe todo con fe).

Cirenio se sorprendió mucho de esto y Cornelio me preguntó más detalles sobre estos hombres a los que se concederá tal don.

Yo les di las profesiones, las características y hasta los nombres de los hombres mencionados y añadí: uno de ellos, el que recibirá las mayores revelaciones, más de lo que ahora a vosotros os he desvelado, descenderá del hijo primogénito de José, por lo tanto será descendiente de David. Será flaco en la carne como aquel rey, pero más fuerte en espíritu. ¡Dichosos aquellos que le oirán y modificarán sus vidas!

Todos los grandes hombres inspirados descienden de David, pues tales cosas sólo pueden ser dadas a aquéllos que físicamente tienen la misma descendencia que Yo. También Yo desciendo de David, pues María, la madre de mi cuerpo, es una hija purísima de David. En aquella época los descendientes de David se encontrarán casi todos en Europa; a pesar de todo son descendientes puros y genuinos de aquel rey que era según la Voluntad de Dios, y serán capaces de transmitir la Luz más fuerte del Cielo. No subirán a un trono terrestre, pero en compensación les aguardará la mayor Gloria en mi Reino. También la mayoría de mis discípulos que están aquí descienden de David, y por eso son mis hermanos físicos, salvo uno que no es de “Arriba”, sino simplemente de este mundo. No debería estar presente, pero tiene que participar para que se cumpla lo que fue predicho en la Escritura.

La humildad

4.116.9-10 y 121.6-7 El Señor a Kisiona: «Querido amigo mío, las palabras de tu boca suenan extremadamente bien al oído de mi corazón, pues la voz de la humildad verdadera es para Mí la más bella melodía.

Ayer oíste también el son magnífico, producido por el ángel Rafael. Aunque este son era celestial y bello, el sonido más puro de la humildad verdadera me suena aún más soberbio y excelente.

Eternamente no puedes hacer maravillas con sólo tu voluntad, como puede hacerlo este ángel, pero si has cumplido con mi Voluntad, entonces también tú podrás hacer las mismas cosas que ha hecho el ángel.

Ahora es bueno que lo sepas y lo comprendas, y que al mismo tiempo empieces a comprender que tu propia voluntad puede hacer poco o nada de lo que sobrepasan las posibilidades de tu cuerpo. Puedes saber y comprender todo lo que el ángel sabe y comprende, pero si tú no te has apropiado de mi Voluntad y Sabiduría, no te servirá de nada lo que sepas y comprendas. Por el contrario, si eres hombre deseoso de ser activo, sólo te servirá de tormento. Y esto también es bueno, pues sólo siendo humilde el hombre se hace hombre verdadero e hijo verdadero de Dios».

4.122.6-8 Yo sólo soy el eterno punto central de Mí mismo, y sin embargo de este punto central Yo lleno eternamente y sin cambio el espacio infinito.

En todas partes soy el eterno Yo; pero aquí con vosotros estoy con el núcleo o punto central de mi Ser que se mantiene inalterable desde la eternidad y para siempre en una dimensión sin límites.

Desde la eternidad Yo habitaba en mi centro inaccesible y en mi Luz inaccesible surgida de Mí mismo. Pero a causa de los hombres de esta Tierra quise salir de mi Centro y de mi Luz inaccesibles. Desde el mismo centro y en la misma Luz, que también desde la eternidad era enteramente inaccesible a los ángeles superiores, descendí a esta Tierra y me hice accesible a vosotros, los hombres, de manera que también podéis soportar mi Luz.

4.123.8 «Ahora vosotros estáis convencidos del mal que procede de la avaricia y de la tendencia mundana a dominar. Cuidaros por tanto de ellos porque un corazón avaricioso es imposible que comprenda algo de cosas espirituales y tampoco puede ser iluminado sobre lo que necesita saber para su salvación».

El miedo a la muerte

4.127.1-8 La formación de una cosa, el nacimiento y crecimiento de un ser o incluso de un hombre, sin duda alguna siempre trae consigo algo de agradable; sin embargo, el perecimiento y la disolución, especialmente de una persona, causa una tristeza que llena el corazón humano de melancolía.

Pero Yo pregunto: ¿Por qué, si los hombres todavía creen en cierto modo en la inmortalidad del alma? El motivo es mas profundo de lo que pensáis. En primer lugar, esta tristeza se origina del miedo a la muerte y también a otras cosas que no quiero mencionaros ahora para no desconcertaros.

Si un alma ha renacido enteramente y ha entrado en toda la actividad vital, seguro que habrá perdido toda tristeza y todo miedo vano de la muerte física. Pero en el caso de almas que aún no han alcanzado el grado justo en la perfección interior de su Vida, estas siguen lamentando la muerte de sus queridos fallecidos, como consecuencia de cierto miedo que todavía arrastran - de lo que en este mundo sólo se libran cuando su espíritu ha renacido en ellas.

Observad a una criatura mimada cuando no ha sido habituada desde muy pequeña a una actividad. ¡Cuál no será su decepción si después de haber cumplido doce años, poco más o menos, es obligada a cumplir una actividad conveniente a sus fuerzas! Empieza a llorar, se pone triste, de mal humor y está llena de indignación y de ira contra aquellos que la empujaron a cumplir un trabajo constante.

Ved en cambio a un muchacho de la misma edad que ya desde su temprana juventud fue destinado a trabajos serios, de acuerdo con sus fuerzas. ¡Con qué alegría y con qué gusto retoza y juega durante todo el día sin cansarse!

En un alma inerte siempre siente un gran miedo por todas las actividades serias e ininterrumpidas, y también en ella existe el miedo a la muerte, procedente de la misma fuente; incluso el alma teme enfermedades graves.

Con frecuencia habéis tenido la oportunidad de observar que hombres muy aplicados y activos tienen tanto miedo a la muerte como personas perezosas y holgazanas; y este miedo no desaparecerá antes de que tales almas hayan emprendido una actividad justa.

Tal vez penséis que este miedo sólo constituye una consecuencia de la incertidumbre ante el Más Allá. Mas Yo os digo: Esto sí que no, porque no es más que una consecuencia de la pereza u holgazanería arraigada profundamente en el alma, y porque el alma se figura secretamente que con la pérdida del cuerpo su existencia continua será sumamente activa. Siendo muy inconsolable de esta situación futura, se aflige muchísimo y se halla en cierto modo en un estado de fiebre, en el que manifiesta cierta incertidumbre sobre la existencia futura. Reflexionad sobre este particular y luego proseguiremos en este asunto importantísimo.

La separación del alma del cuerpo durante la muerte

4.128.3-15 Matael, un psíquico con el don de ver a los espíritus, contaba sus experiencias al ver a los moribundos.

Matael: «Cuando yo tenía siete u ocho años, aproximadamente, de pronto murieron cinco personas de la peste. Eran la mujer del vecino, dos hijas mayores y dos sirvientas, que por lo general gozaban de buena salud.

Era extraño que sólo falleciesen mujeres y sirvientes, en otras ocasiones robustas y fuertes. Cuando enfermó la mujer del vecino -el día anterior habían muerto las dos hijas mayores y las dos sirvientas- el vecino, lleno de desesperación y aflicción, vino a nuestra casa, pidiendo que le ayudásemos y, a ser posible, salvaríamos a su mujer de la muerte. Tengo que decir que mi padre poseía una buena finca en los alrededores de Jerusalén, y que vivía en ella durante la mayor parte del tiempo. En caso de necesidad también era médico, y por tal motivo era más bien un deber, el quedar a disposición del vecino desgraciado. Se comprende fácilmente que en esta ocasión yo no debía quedarme en casa, pues no raras veces podía indicar consejos y recomendar buenos medicamentos a mi padre, porque los espíritus me los manifestaban abierta y sinceramente.

Mi padre pensaba confiadamente que yo encontraría algunos espíritus en casa del vecino que podrían indicarme ciertos remedios. Mi padre no se equivocó: había multitud de espíritus -buenos y malos- en casa del vecino. Esta vez, sin embargo, no recibí consejos, pues un espíritu de vestido de luz grisácea me contestó al preguntarle por un remedio curativo: “¡Mira a la moribunda! Su alma ya surge de la cavidad torácica, que en general es la salida del alma del cuerpo”.

Ahora observé más de cerca a la moribunda. De la cavidad torácica se elevó una figura de bruma blanca que se tornó cada vez más compacta, pro no vi nada de figura humana. Cuando lo observé, reflexionando, el gran espíritu de luz grisácea me dijo: “Mira cómo abandona un alma para siempre su morada terrestre”. Y yo le pregunté: “¿Por qué este alma no tiene forma como vosotros, que también sois almas puras?”. Contestó el espíritu: “¡Espera un poco más! Cuando el alma haya salido completamente del cuerpo, entonces también tendrá un aspecto agradable”.

Mientras se extendía y densificaba la bruma sobre la cavidad, gemía como alguien que hubiese sido inquietado por una pesadilla. Después de haber transcurrido un cuarto de hora, la bruma del tamaño de una muchacha de 12 años flotaba dos palmos por encima de la moribunda y sólo estaba conectado con la cavidad torácica de la moribunda por una columna vaporosa de un dedo de espesor. Esta columna de color rojizo, se alargaba y acortaba alternativamente haciéndose cada vez más delgada. El cuerpo, al alargase la columna, entró siempre en contracciones visiblemente dolorosas.

Transcurridas dos horas, poco más o menos, esta columna de vapor se liberó enteramente de la cavidad torácica; la parte inferior se parecía a la parte baja de una planta con muchas raíces pequeñas. Sin embargo, en el momento en que la columna de vapor se desató del cuerpo, observé dos fenómenos: primero, la muerte del cuerpo de la moribunda; segundo, la masa nebulosa se transformó instantáneamente en la forma de la mujer del vecino, conocida por mí. Ella se vistió enseguida con una túnica blanca, saludó a los espíritus amables que la rodeaban y preguntó al instante dónde estaba ahora qué había pasado con ella; también estaba asombrada de la hermosa región en la que se encontraba.

Como yo no veía nada de la región, me dirigí a mi espíritu de luz grisácea y le pregunté dónde se podía ver tan bella región, a lo que el gran espíritu me contestó: “Esta región no la puedes ver con los ojos de tu cuerpo, pues no es sino un producto de la fantasía de la fallecida, y paulatinamente se va a transformar en una mayor realidad”.

Era muy curioso para mí que el alma ahora liberada no hiciera caso de su cuerpo terrestre; ella conversaba con visible placer con los espíritus, pero en una lengua que yo desconocía.

Por tal motivo me dirigí al espíritu de luz grisácea y le pregunté: “¿Qué es esto que hablan las cinco almas recién llegadas en vuestro reino, y en qué lengua?”.

Contestó el espíritu en cuestión: “¡Qué muchacho más curioso eres! Ellas hablan esta lengua particular, por ti, porque no quieren que les entiendas, pues saben perfectamente que tú posees el don de la clarividencia y de hablar con almas desencarnadas, como hacen los birmanos de la India Alta. También saben y sienten que sus cuerpos todavía yacen aquí; pero esto les importa tanto como si tú tienes un vestido roto y lo arrojas como un harapo”».

4.137.6 El padre de Matael dijo a un rabino que faltaba a su palabra: «Sé perfectamente lo que eres: o un ángel o un diablo. Lo peor del malo, sin embargo, es querer presentarse como un ser doble, es decir, un ángel y un diablo en la misma persona».

La “ira” de Dios

4.141.2-10 El Señor: «¿Puede el Amor purísimo de todo el Amor en Dios guardar rencor a alguien?

Si leéis algo respecto a la “ira” de Dios, debéis interpretarla como el rigor eternamente equilibrado y firme de la Voluntad de Dios. Este rigor de la Voluntad de Dios es exactamente la base intrínseca del Amor más puro y poderoso, del que surge lo infinito y todas las obras, y este Amor jamás puede desagradar a alguien. ¿O pensáis que Dios podría guardar rencor a alguien como un hombre tonto?».

En este momento, el príncipe Estahar se aceró a Mí y me dijo: «¡Señor, perdóname si me permito hacer una observación referente a la ira de Dios.

Estudiando con fe firme en Dios la historia de la humanidad, no puede olvidarse totalmente que Dios de vez en cuando, en ciertas épocas, ha hecho sentir de modo inexorable y severo su ira y su venganza a las criaturas desobedientes.

“Mía es la ira y la venganza”, dice el Señor por boca del profeta. Que es así lo prueban la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, el Diluvio Universal en los tiempos de Noé y la maldición de Noé contra uno de sus hijos, la destrucción de las ciudades de Sodoma y de Gomorra y de las diez ciudades en los alrededores donde hoy admiramos el mar Muerto; las plagas de Egipto y las tribulaciones de los israelitas en el desierto; las guerras sangrientas contra los filisteos, la prisión babilónica y ahora, finalmente, el sometimiento completo del pueblo de Dios por el poder de los paganos.

Señor, considerando claramente esta actitud de Jehová contra nosotros, los pecadores, no se aprecia otra cosa que la total ira y venganza de Jehová.

Verdad es que puede decirse: De esta manera Dios, con la férula en su mano, educa seriamente a su hombre y a grandes pueblos enteros. Pero los golpes en modo alguno parecen efectuados por la mano de un Padre amoroso, sino que demuestran una actitud flamante y llena de ira, aunque en cierto aspecto también muy justo.

Esta es mi opinión, suponiendo que la historia universal nos anuncie la plena Verdad; sin embargo, en el caso de que todas estas historias tristes de lo que Dios ha obrado no sean sino ficciones, entonces lo que se designa por ira y venganza de Dios pueda ser el núcleo de su eterno Amor purísimo. Sólo he hablado de ello, Señor, porque Tú mismo antes mencionabas la ira y la venganza de Dios.

Señor, pienso que será tal como Tú has dicho antes, pero es muy raro que con la ira manifestada por Dios en los tiempos antiguos, cuando la humanidad no había mejorado ni hecho penitencia, también seguía la pena severísima y esto tanto en grande como en pequeño, y en general como en particular, sin miramientos. Sin duda vale la pena saber cómo encaja esto con el Amor purísimo, Amor que no contiene ira ni venganza».

La primera pareja humana

4.142.1-14 Dije Yo: «Acabas de hablar de la ira y de la venganza de Dios, como un ciego de los colores en el arco iris.

¿Todavía no has comprendido que los cinco libros de Moisés y todas las escrituras de los profetas, de David y Salomón, no pueden ser entendidos sino por la interpretación espiritual?

¿Piensas en serio que Dios cuando a mi querubín, que con una espada de fuego en la mano derecha, que arrojara fuera del paraíso a Adán? Yo te digo: aunque esto ha sido representado de esta forma, no es sino una interpretación de lo que pasó en el interior del Adán, y por tal razón hacia falta también para educarle y para fundar la primera religión e iglesia para los hombres en la Tierra.

Sin embargo nunca hubo en la Tierra un paraíso material donde los hombres se alimentaran de pescados ya fritos, sino que siempre tuvieron que pescar los peces primero, y luego prepararlos para poder comerlos con moderación. Pero si el hombre era activo y recogía los frutos de la tierra y se procuraba provisiones de víveres, cualquier región de la Tierra donde el hombre cultivara el suelo sería un verdadero paraíso terrenal.

¿Qué hubiese sido del hombre y de su formación espiritual si en un paraíso de ociosidad y de comidas de golosina no se tuvieran que preocupar de nada, si, por decirlo así, le hubieran crecido los mejores frutos en su boca, descansándose en el césped más blando, y si se le hubiera permitido que todos sus deseos se cumplieran a pedir de boca? ¿Cuándo llegaría el hombre a ser independiente con tal sistema de educación? Te aseguro que según tu idea, el hombre sería como un buey comilón o un pólipo en el fondo del mar.

¿Qué representa el querubín con la espada encendía? ¿Qué significa este símbolo? El hombre estaba desnudo pues hasta ahora ninguna criatura ha nacido con vestidos. Verdad es que no había tenido infancia y que medía más de doce pies -Eva un poco menos- pero su experiencia sobre la naturaleza y la estructura de la Tierra era infantil.

La primavera resultó agradable. Aguantó bastante bien el verano y el otoño en estado desnudo, pero en invierno comenzó a sentir mucho el frío y se preguntó por la sensación que Dios le despertaba cada vez más por sugestión espiritual y natural: “¿Dónde estoy, y qué ha pasado conmigo? Ahora los vientos fríos molestan mi piel”. Evidentemente tenía que preocuparse de una protección contra la intemperie y empezar a cubrir su cuerpo con el follaje de los árboles. Con este trabajo, forzando su modo de pensar, se hacía más activo y ordenado.

También le molestaba el hambre porque muchos árboles y arbustos tenían ramos vacíos. Así que tenía que andar mucho en busca del alimento y recogía los frutos y los llevaba a una cueva que le servía de morada. Sus sentimientos, ya más experimentados, le decían: “En esta época la Tierra se halla anatematizada y tú, como hombre, no puedes hacer otra cosas que recoger el sustento en el sudor de tu rostro”.

Después de haber pasado el invierno en la cueva, en las alturas que circundaban el noroeste de la Tierra Prometida, -a la cual también pertenece Galilea-, el hombre de la primera pareja comenzó a meditar más profundamente sobre sí. Deseaba tener mayor compañía. Durante el sueño fue instruido de lo que debía hacer.

La mujer le dio la orientación para engendrar, pues en el sueño tuvo una visión de cómo efectuarla. Entonces Adán empezó a engendrar a Caín, y poco después a Abel y a Set. Todo se hizo del modo natural, no había nada contra la naturaleza. Sin embargo, Moisés reconoció que esto sólo podía suceder según la Voluntad de Jehová; reconoció por el Espíritu de Dios que esta vida natural era guiada por Mí, es decir, por mi Espíritu. De esta manera Moisés colocó, con las correspondientes imágenes a Dios junto a esta primera pareja humana y personificó también mi influencia por las correspondientes imágenes según se acostumbra en aquella época. Estas imágenes eran imprescindibles para guiar e instruir los pueblos.

Por lo demás se entiende por sí mismo que Dios y los ángeles sabían cómo establecer la primera pareja humana en una de las regiones más fértiles del mundo.

Si más tarde fenómenos naturales, permitidos desde arriba, forzaron a la primera pareja humana a abandonar su primer jardín nutritivo, no sucedió como consecuencia de la ira divina sino sólo por Amor para con las criaturas, para que desertasen nuevamente su sensualidad instigándola a hacer más activa y para que hiciesen experiencias más extensas.

Cuando Adán, su mujer y sus hijos observaron que en toda la Tierra había algo de comer, empezaron a emprender viajes mayores, con lo cual quedaron familiarizados con Asia y Africa. Esto les enriqueció en experiencias. Guiados en secreto por el Espíritu divino, regresaron a su Edén y quedaron allí, desde donde se originó la población de toda la Tierra.

No creo que en esto pueda verse ninguna ira ni venganza de Dios.

4.143.1-8 Verdad es que la Sabiduría de Dios puede disgustarse si hombres ya educados y medio maduros se revelan arbitraria y malintencionadamente contra su Orden. Sin embargo, para evitar esto, el Amor grande de Dios en su paciencia sin par siempre oponerse con sus remedios a las aspiraciones equivocadas de los hombres y guiarles de nuevo al camino justo, con lo que debe ser alcanzado infaliblemente un objeto final con el género humano sin que el hombre -como una máquina- se vea forzado a actuar de tal manera por cualquier venganza omnipoderosa de Dios.

No obstante, ni siquiera estos remedios pueden ser considerados una consecuencia de la ira divina sino sólo una consecuencia de una manera equivocada de obrar de los hombres. El cosmos y la naturaleza tienen sus leyes necesarias e inmutables dentro del Orden de Dios. También el hombre tiene sus leyes en su forma propia y según su existencia corporal. Si el hombre quiere actuar en contra de este orden y cambiar el mundo, no será un Dios ofendido y furioso ni la ira de Dios los que le castigarán, sino el mismo Orden divino de las cosas, que deben ser como son.

Tú me preguntarás ahora si el diluvio también tenía que ser considerado como consecuencia natural y necesaria de una manera equivocada de obrar de los hombres. Yo te contesto que sí. Yo había instruido a más de cien videntes y mensajeros, había advertido a los pueblos contra sus acciones contrarias al Orden divino y a la naturaleza, y durante más de cien años les llamé muy severamente la atención sobre las consecuencias terribles originadas necesariamente a su cuerpo y a su alma; pero su maldad llegó hasta el extremo de que no sólo se burlaban de los mensajeros sino que incluso mataron a muchos de ellos y de este modo emprendieron una lucha contra Mí. Pero a pesar de esto no me llené de ira ni de venganza, sino que les dejé obrar y actuar libremente.

Allá en el Este ves cordilleras totalmente cubiertas de bosques. Haz acompañarte por un millón de hombres y dales la orden de encender todos los bosques. Pronto todos los montes estarán calvos. ¿Cuál será el resultado? Muchos espíritus elementales e inactivos comienzan a enfurecerse en el aire, destruyendo todos los alrededores por medio de rayos, lluvias torrenciales y pedriscos terribles. Todo esto constituye una consecuencia natural de aquella obra de destruir el bosque. Dime si también en esto ves la ira y la venganza de Dios.

Sin embargo, si millones de hombres se afanan seriamente en allanar, cavando montes, y en llenar grandes lagos, o si construyen rutas estratégicas, sumamente anchas, para luchar más fácilmente, si hombres escarpan cordilleras enteras, en extensiones enormes, a una altura de 2.500 a 3.000 pies, o si alrededor de los montes cavan fosos de 1.000 a 2.000 pies de profundidad y con esto abren las esclusas interiores de la Tierra para que los montes empiecen a hundirse en los grandes depósitos acuáticos que de este modo han sido vaciados, ¿puedes hacerte una idea de las consecuencias? Entonces el agua comienza a subir de tal manera que en Asia las aguas casi cubren los picos más altos de las montañas. Con estas grandes devastaciones montañosas se destruyen también muchísimos millones de yugadas de los bosques más fuertes, con lo cual una infinidad de miríadas de espíritus naturales, que anteriormente se ocupaban de la vegetación más fértil y hermosa de súbito se ven libres e inactivos. Pregúntate por tanto cuál es la reacción de los espíritus en el aire.

¡Qué tempestades y qué abundantes lluvias torrenciales, qué masas de granizo y qué cantidad enorme de relámpagos han sido abatidas de las nubes durante cuarenta días! ¡Qué cantidades de agua se habrán elevado sobre casi toda la Asia! Dime, ¿era esto también la ira de Dios y su venganza irreconciliable?

Moisés relató este acontecimiento en la forma en que era costumbre de presentar en aquella época, es decir, en imágenes en las que según la inspiración del Espíritu divino hizo prevalecer mi Providencia, lo que puede conseguirse por la vía de verdaderos sentidos análogos.

Pero ¿es Dios una Divinidad de ira y de venganza porque tú y muchos otros nunca han comprendido sus grandes manifestaciones?».

La razón de las catástrofes

4.144.1-5 «Yo te digo: Si vivís durante cincuenta años en el Orden verdadero de Dios, no tendréis calamidad alguna.

Yo os digo: Todas las calamidades, todas las catástrofes, epidemias y enfermedades entre los hombres y animales; todas las perturbaciones atmosféricas, el mal clima, las malas cosechas, las granizadas y devastadoras inundaciones, los huracanes, tornados, grandes plagas de la langosta y otras más por el estilo, son las consecuencias de los actos desordenados de los hombres.

Si los hombres viviesen en el Orden divino no tendrían que soportar las calamidades mencionadas. Los años pasarían como perlas, un año tan bendito como el otro. La parte habitable de la Tierra nunca sufriría un frío excesivo ni un calor sofocante. Pero como los hombres sumamente inteligentes, excediéndose en sus necesidades, construyen edificios demasiado grandes con mejora exageradas, desmontan montes enteros para construir grandes caminos reales, destruyendo muchos cientos de miles de yugadas de los bosques más bellos, como a causa del oro y de la plata cavan hoyos demasiado profundos en las montañas, y como viven continuamente en querellas y disputas mientras en cada momento están rodeados de una gran cantidad de inteligentes espíritus de la naturaleza, de los que depende todo el clima de la Tierra así como la pureza del aire, del agua y del reino terrenal no es de extrañar que bajo estas condiciones la Tierra pase cada vez más por toda índole de calamidades.

Hombres avariciosos ponen a buen recaudo sus graneros y estrechas vigilancias a sus tesoros y riquezas desmedidos y ¡ay de quien se atreva a acercarse a ellos; en verdad os digo el recibiría inmediatamente un severísimo castigo.

Con esto no quiero decir que la persona no deba proteger sus bienes adquiridos con sacrificio; pero en este caso hablo de la superabundancia y me refiero al lujo innecesario. ¿No sería aconsejable construir graneros abiertos para pobres y menesterosos, si bien bajo la supervisión de un competente distribuidor, para que ningún pobre se tome más de lo que necesite para su alimento? Si de esta manera desapareciera la codicia y la avaricia de la Tierra, se acabaría con los años de escasez».

La influencia del mal

4.145.1-14 «Una persona avarienta y codiciosa tiene una irradiación extremadamente nociva, correspondiente a su carácter. Sus espíritus naturales, que se han hecho malos, tratan ininterrumpidamente de verter los espíritus buenos en malos avarientos y codiciosos.

Pero como estos espíritus naturales no sólo están en contacto con el hombre sino también con los animales, con las plantas, con el agua y con el aire, dan lugar a muchas luchas, fricciones y movimientos innecesarios en el aire, en el agua, en la tierra, en el fuego y en los animales.

Quien quiera comprobarlo que se dirija a un hombre bueno, y observará que también todos sus animales tienen un carácter más suave y pacífico. Esto se ve especialmente con los perros, que en poco tiempo adoptan el carácter de su amo. El perro de un avaro sin duda alguna también será una bestia avara y cuando coma no será aconsejable acercarse a él. Sin embargo, al visitar un hombre tranquilo y generoso tú sentirás, si tiene un perro, que este animal tiene un carácter enteramente manso; prefiere apartarse de su escudilla de comida que meterse en una lucha a mordiscos con visitantes no invitados. También los demás animales domésticos de un amo bondadoso son considerablemente más suaves, y hasta en las plantas y árboles un observador perspicaz sentirá una diferencia bastante importante.

Observemos la servidumbre de un avaro; en la mayoría de los casos también es avarienta y envidiosa, y por tal motivo será disimulada, falsa y engañosa. Hasta un hombre en ocasiones bueno y bondadoso, cuando permanece durante mucho tiempo en las proximidades de un avaro metido hasta las orejas en oro y plata, adoptará por fin un sistema más económico y se hará más escrupuloso, practicando la caridad.

Además de esto sucede en la Tierra que con más frecuencia el malo transforma al bueno en su favor a la inversa.

¡Ved a un hombre iracundo que quiere matar de furor y de rabia a todo el mundo! Mil hombres buenos que observen la mala conducta de este iracundo, finalmente ellos mismos se volverán iracundos y pondrían sus manos en él si pudiesen para quitarle la ira. ¿Por qué en este caso el iracundo incita a mil hombres a volverse también iracundos y por qué los hombres bondadosos no invitan al iracundo a volverse también un hombre bondadoso y de buen corazón?

Porque aquí en esta Tierra -la escuela educadora para los hijos de Dios- el estímulo o atractivo para efectuar lo malo es y también debe ser mucho mayor que para realizar lo bueno.

Como ya he mencionado, en esta Tierra lo malo transforma mucho más fácilmente lo bueno a su favor que viceversa.

Por tal motivo hay que apoderarse con toda la seriedad, con todas las fuerzas imaginables y con todo el poder de lo bueno, si uno no quiere ser devorado por lo malo.

Tratad por tanto de perfeccionar vuestra vida, siguiendo activamente mi Doctrina, y los venenos del mundo no serán capaces de dañaros».

Las diferentes clases de suicidio y las situaciones diversas de los suicidas en el Más Allá

4.152.1-14 «Existen diversas situaciones para los suicidas en el Más Allá. Si por ejemplo alguien se ve humillado en su orgullo sin poder vengarse, y en una situación turbulenta pone fin a su vida, entonces comete un suicidio premeditado que nunca podrá ser reparado enteramente en el alma. Se necesitan mil veces mil años para conseguir una membrana destinada a cubrir su aparente esqueleto, desprovisto por completo de amor, y menos aún para cubrirlo de carne psíquica, que constituye un producto de amor y a su vez despierta amor.

Una alma, ya en su vida terrestre llena de amor, será en el Más Allá perfecta y hermosa en la formación de su cuerpo psíquico; por otro lado, un alma avarienta y egoísta tiene un aspecto muy mago en el Más Allá, pero todavía tiene un poco de carne y de sangre porque tal alma por lo menos tiene amor para consigo mismo. Sin embargo, un suicida carece también de este amor y por consiguiente tiene que aparecer como esqueleto en el Más Allá. Ahora depende de si este esqueleto es humano o animal.

Un suicida malísimo no aparecerá en el Más Allá en forma de esqueleto humano sino en el de dragón, serpiente o bestia voraz. ¿Por qué? Tal alma nunca podrá perfeccionarse enteramente.

Al lado de esto hay suicidas a causa de celos por una doncella, la cual se ha enamorado de otro joven. Tal suicida llega al otro mundo en esqueleto de lobo, perro o gallo. También esta clase de suicidas difícilmente llegará a la perfección de la vida.

Hay suicidas que en secreto habían cometido un gran crimen y saben que les espera una pena de muerte dolorosa, pues tal crimen habrá de aparecer a la luz del día. Tal criminal, llevado de inmenso temor e instigado por su propia conciencia, termina con su vida en la cuerda. Tal alma llega al Más Allá en el esqueleto de su precedente forma animal, o sea de salamandra, de lagarto o de escorpión, todos amontonados y circundados de un muro incandescente, generalmente en forma de serpiente gigantesca. También el muro incandescente pertenece a la criatura procedente de la misma alma y es una partícula inteligente de la misma alma

Cuando en el otro mundo un suicida aparece de la manera antes descrita, podéis imaginaros qué difícil es y cuánto tiempo pasará hasta que tal alma cambie es un esqueleto humano y luego reciba una piel o cualquier carne.

Os preguntarías si tal alma suicida sufre dolores... En ciertas épocas, los más vehementes y ardientes, y en otras, ningunos.

Hay además otras muchas clases de suicidios que en sus consecuencias no afectan al alma como las dos que acabo de describir; pero no hay suicidio que tenga consecuencias buenas para el alma.

En caso de suicidio, un alma casi nunca podrá obtener la total filiación divina. Un alma suicida no podrá pasar los límites del primer Cielo.

En el primer Cielo, también llamado “Cielo de sabiduría”, entran las almas de todos los otros mundos y de esta Tierra las almas de los sabios paganos que vivían concienzudamente y según la justicia, pero que en el Más Allá no quieren saber nada de mi persona. Si con el tiempo se convirtieran, podrían entrar en el segundo Cielo, también llamado “Cielo central”. Pero nunca llegarán al tercero, al más íntimo y elevado del Cielo del Amor y de la Vida; pues en este Cielo mencionado entran sólo las almas que han obtenido la plena filiación divina».

La creación de Adán y Eva

4.162.4-11 Adán fue creado y formado -por lo que respecta a su cuerpo- de las partículas etéreas de la arcilla terrenal, y esto por mi Voluntad y según el Orden establecido. Cuando, lleno de experiencias hechas, había recibido por mi Voluntad aquella fuerza por a que debía formarse el exterior fluido vital, sumamente intenso y cuando una vez, muy fatigado de trabajar y de viajar, cayó en un sueño profundo, llegó el momento de colocar en la esfera exterior de Adán una alma escogida y creada de todos los reinos naturales.

Este alma comenzó a formar inmediatamente un cuerpo de las partículas muy delicadas del exterior fluido vital de Adán, o sea de la irradiación vital sumamente fértil -como hoy en día, según mi Voluntad y Orden establecido, suelen hacerlo almas sin cuerpo para aparecer unos momentos ante sus seres queridos completando tal cuerpo dentro de tres días.

Al despertar, Adán lleno de asombro y de alegría, vio su imagen a su lado, que le dedicaba gran atención porque se originó de su propia naturaleza.

Sintió entonces una sensación extraña al tiempo que agradable en su corazón, en otras ocasiones experimentaba un vacío dentro de sí. Esto fue el comienzo del amor sexual, y no le fue posible separarse de la figura tan graciosa. A donde se dirigía, le siguió la mujer, y si la mujer se dirigía a cualquier sitio, no podría dejarla sola. Sintió el valor de la mujer y el amor de ella, de modo que en un momento de clarividencia dijo: «Nosotros, yo un varón, y tú una mujer nacida de mis costillas, dentro del plano divino, somos una carne y un cuerpo. Tú eres la parte más querida de mi vida y así lo será en todo el futuro: el hombre abandonará al padre y a la madre, siguiendo a su compañera».

En la historia de la creación consta que Dios cubrió con carne la parte de Adán de donde Él cogió la costilla. Espero que nadie de entre vosotros sea tan necio para suponer que Dios hirió seriamente a Adán y le sacó una costilla para formar una mujer perfecta. Las costillas forman un escudo exterior para proteger los delicados órganos de la vida.

Si David dice: “Dios, nuestro castillo sólido y escudo fuerte”, ¿sería Dios una fortaleza construida de piedras o un escudo grande e inquebrantable?

Lo mismo ocurre con la costilla que dio origen a Eva. La costilla no es sino un símbolo para una cosa y esta cosa es la poderosa vida interna y amorosa de Adán. Moisés se refirió a la costilla en primer lugar porque la costilla protege la vida, y en segundo porque más tarde una mujer buena, amorosa y fiel puede ser considerada como protección y escudo en la vida del hombre, y por tanto ella es para él una costilla; y en tercer lugar, la aura de la esfera exterior constituye una protección poderosa en la Vida íntima del alma, sin la cual el hombre no puede vivir.

Por tanto Eva surgió de la superabundancia de este fluido exterior de Adán. Tal fluido se evapora de la región de las costillas y de la cavidad torácica y por consiguiente envuelve al hombre a gran distancia. Moisés, que entendía bien la lengua metafórica, podía hacer nacer Eva de una costilla de Adán y también afirmar que Dios cubrió la herida de Adán con la carne de su compañera. Fue precisamente ella la encarnación del fluido vital de Adán con el que Dios sustituyó la pérdida de fluido de Adán y le cubrió la parte herida con la carne agradable de ella, que realmente también era carne de Adán.

El justo mensajero celeste

4.165.13-14 Cada mensajero celeste recibirá de Mí el don de curar todos los enfermos, y sólo por la imposición de las manos. Los mensajeros justos deben curar en la comunidad, pues tal acción despertará buen sentido en las comunidades y los miembros de éstas quedarán más dispuestos a aceptar la nueva Doctrina de los Cielos que con un buen discurso o arenga.

De todos modos cada hombre prefiere escuchar las palabras de un médico que las de un profeta, aunque sea iluminado. Lo mismo que Yo hago debe hacer también un justo mensajero celeste, enviado por Mí a todos los países. Sin embargo, antes de imponer las manos, el mensajero celeste debe observar si la enfermedad es de tal índole que el enfermo ya está más en el otro mundo que en éste. Al percibir el mensajero que el alma del enfermo ya se encuentra fuera del cuerpo, entonces no debe aplicar la imposición de las manos sino orar en mi nombre y bendecir el alma que parte de este mundo. Cada justo mensajero del Cielo reconocerá en cada ocasión lo que ha de hacer.

El ayuno y la alegría

4.167.12-16 El alma, al igual que el cuerpo, necesita alimento y fortificación, si debe crecer en el reconocimiento y en la fuerza de la voluntad.

Ayunar exageradamente y sin motivo es una necedad y hasta puede llegar a ser un pecado tanto como el comer en abundancia y con glotonería. Quien quiera vivir en justo Orden divino, que sea moderado en todo. Todo exceso es perjudicial para el cuerpo, el alma y el espíritu. ¡Comed y bebed alegremente y tened ánimos!

A Mí un corazón alegre me es más agradable que un corazón afligido, triste, lastimero, gruñidor, quejoso, insatisfecho con todo, ingrato y egoísta, pues en un corazón alegre viven el amor, la buena esperanza y la confianza perfecta. Cuando una persona afligida está al lado de otra alegre, pronto siente alivio, su alma empieza a moverse más libremente y la Luz del espíritu tiene más facilidad para iluminarla, pues ella se encuentra más tranquila. Un alma triste, por el contrario, se contrae y finalmente queda obscura y quejosa.

Alegría del corazón no quiero entender alegría desbordante, bromas locas e inmorales, sino la que llena los corazones de un matrimonio sano y honesto o la que experimentan los hombres sumisos a la Voluntad de Dios después de haber realizado obras buenas de las que Dios siente gran contento.

La humildad excesiva

4.188.3-9 El Señor, dirigiéndose a una persona demasiado humilde: «Amigo mío, si tú siempre hablas con innecesaria veneración, entonces me resultará muy difícil darte algunos conocimientos. Por lo demás, tú no me muestras gran honra cuando, como obra de tu Creador, no te parecías y te pones por debajo del nivel de un gusano insignificante que se arrastra en el polvo. Con tal falta de aprecio por ti mismo ante Mí, Dios y Creador tuyo, denigras a aquél que te creó por Amor y sabiduría.

Mira, tal especie de humildad ante Mí no es sabia sino toda y ridícula; pues si te consideras mal y sin valor, me echas en cara que soy un actor miserable de mi Creación.

Por el contrario, si reconoces mi valor en ti, no considerándote demasiado ínfimo ni miserable para discurrir conmigo sobre diversos asuntos, me honras a Mí en ti y reconoces mi perfección divina en tu propia intimidad.

¡Fuera esta humildad excesiva ante Mí! ¡Ámame a Mí tu Creador, Padre, Maestro y Señor con todas las fuerzas tuyas de la Vida! ¡Ama también a tus hermanos y hermanas como te amas a ti mismo y harás más de lo que es suficiente!».

4.191.1-4 El Señor: «Yo soy Jehová desde la eternidad y como hombre me llamo Jesús de Nazaret. Por medio de este nombre seréis capaces de realizar todo, no sólo temporaria sino también eternamente.

Amadme sobre todas las cosas como vuestro Dios, Señor y Maestro, y amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos y entonces permaneceréis en mi Amor y en mi Poder, y mi Luz nunca se desvanecerá de vosotros.

Pero si el amor para conmigo y para con vuestros hermanos y hermanas menesterosos se vuelve débil, entonces la Luz en vuestros corazones se obscurecerá y mi fuerza y poder disminuirán y desaparecerán. Aunque imploréis mi nombre y queréis actuar por él, no recibiréis fuerza por él, pues toda la fuerza, todo poder y todo hecho realizado en mi nombre son recibidos únicamente por el amor para conmigo y para con el prójimo.

4.199.12 Quien posee mi Palabra y mi Doctrina y las cumple con voluntad firme alcanzará su meta, no hay cosa que pueda impedírselo. Sin embargo, quien hace algo según mi Palabra pero junto a esto cumple también con las exigencias del mundo fútil, se asemeja a un viajero que después de haber recorrido la mitad del camino para llegar a su destino, se da la vuelta para volver al punto de partida.

4.216.1 Las almas de las plantas así como las de los animales tienen el destino, todavía desconocido para vosotros, de hacerse más tarde almas humanas.

El poder de un alma perfecta

4.218.1-8 El grado de máxima perfección vital no podía ser alcanzado antes de mi Encarnación, y por eso vine a esta Tierra para haceros mis hijos verdaderos por el renacimiento de vuestro espíritu en vuestra alma. Cuando hablo ahora de un alma perfecta, me refiero a aquella alma en la que mi espíritu ya está activo pero aún no se ha unido enteramente a ella.

Un alma perfecta no sólo es capaz de hacer milagros como dueño de la Creación, sino también, en virtud del espíritu más instruido, es capaz de tener visiones de las regiones puramente espirituales. Incluso puede percibir la Palabra del Espíritu divino como ha sido el caso con todos los videntes y profetas, los cuales junto al don de la visión y de la predicción poseían cierto dominio visiblemente milagroso sobre todas las criaturas, sobre los elementos y seres.

Moisés hizo milagros, y también su hermano Aarón al igual que Josué y más tarde Elías, y después de éste muchos profetas y videntes.

Un profeta de nombre Daniel “hijo del día o de la luz”, fue echado a la cueva de leones de un rey cruel, en Babilonia, por haberle soltado un severo sermón. En esta cueva se encontraban doce feroces leones hambrientos. Estos leones habían sido alimentados durante unos años con criminales. Aunque el rey quería mucho a Daniel a causa de su sabiduría, se irritó por las palabras condenadoras del profeta y mandó echarle sin piedad a la cueva de muerte segura.

Sin embargo, el alma perfecta de Daniel dominó a los leones hambrientos. Cuando los verdugos le echaron a la cueva, los leones no le hicieron nada; aún más, se agacharon con visible respeto alrededor de su amo y señor. Daniel, que sabía bien bajo que condición se encontraba entre los leones, pidió de sus discípulos que le trajesen recado de escribir y sin ser molestado escribió durante tres días sus predicciones en la cueva de los leones. Cuando se informó de este suceso al rey, éste se arrepintió de su acción y mandó hacer bajar un cesto por medio del cual Daniel fue libertado.

En la misma época había tres jóvenes que no quisieron postrarse ante Baal. El rey tonto, lleno de ira, ordenó calentar durante tres días un horno de cal, en el cual echaría a los jóvenes que opusieron prolongada resistencia al mandamiento del rey. Los jóvenes, de almas perfectas, persistieron en su intento bien fundado y no mostraban el menor temor ante el horno candente. Pasados los tres días, el rey mandó a los verdugos prender a los jóvenes y echarlos dentro del horno de fuego ardiendo. Sin embargo no quemó ni un cabello de sus cabezas, en tanto que los verdugos fueron prendidos y carbonizados por el calor excesivo.

¿Cuál es la protección de los tres jóvenes dentro del horno? ¡Sus almas perfectas, que se encontraban en mi Orden primario! Por fin se acercó un ángel, sacándolos enteramente ilesos del horno incandescente del que ningún hombre podía aproximarse a treinta pasos sin ser quemado instantáneamente.

Esto sólo son unos de los muchos ejemplos de la fuerza maravillosa del alma perfecta.

El renacimiento

4.220.6-12 Vine a este mundo para mostraros el retorno justo a mi Orden y el camino correcto en el que obtendréis el renacimiento del espíritu en el alma. Una vez alcanzada esta meta, no hay posibilidad de recaer.

Tenéis que empezar esta tarea, porque aquellos de entre vosotros que se hallan en un camino equivocado no tendrán beneficio alguno con sólo retornar a la Verdad de su alma remendada. Antes de obtener el renacimiento del espíritu en el alma, ésta ha de volver enteramente, pues su situación corregida no es duradera, porque fácilmente recae en sus errores anteriores a causa del poder del mundo y sus ventajas temporales tan pronto como se manifiestan oportunidades tentadoras.

Para evitar esto he preparado ahora el camino nuevo de tal manera que mi Espíritu- depositado por Mí como centella de mi Amor paternal en el corazón de cada alma, alimentada por vuestro amor para conmigo y de ahí verdadera y activamente para con vuestros prójimo- crezca en vuestra alma y, después de haber alcanzado el tamaño y la fuerza justos, se una enteramente con el alma modificada y purificada. Este acto debe ser llamado el renacimiento del espíritu.

Quien ha alcanzado este renacimiento se halla en posición más elevada que un alma por más perfecta que sea; aun que la últimas consigue muchas cosas, todavía está muy lejos de poder hacer cosas que le son reservadas al espíritu renacido enteramente.

Esta centella de mi Amor se pone en el corazón de una alma humana sólo después de que el hombre ha oído mi Palabra dirigida ahora a vosotros, la centella de mi Amor no penetra en el corazón de vuestra alma, no puede germinar ni crecer, ni tampoco renacer.

En lo sucesivo también las criaturas recibirán la centella de mi Amor en el corazón de su alma; si son bautizadas en mi nombre; sin embargo, ésta centella no crecerá con una educación errónea, sino sólo con aquella que se basa en mi Orden claramente demostrado. En primer lugar se debe cuidar y formar el sentimiento y después el intelecto dentro de las facultades de cada uno. Sin embargo el sentimiento se forma por el amor verdadero, por la afabilidad y la paciencia.

Enseñad muy temprano a vuestros hijitos a amar al Padre en el Cielo. Mostradles lo bueno y amoroso que es, que todo lo que existe lo ha creado Él de la manera más maravillosa, útil y sabia, y que Él se dedica en particular a las criaturas que le aman sobre todas las cosas. Llamadles la atención en cada oportunidad que tengas sobre lo que el Padre celestial ordena y permite, y dirigiréis los corazones de vuestros hijitos hacia Mí y mi Amor en ellos crecerá pronto. Educad a vuestras criaturas de esta manera y vuestro pequeño esfuerzo os traerá frutos dorados.

El efecto de la impudicia

4.230.2-9 Si los hombres blancos evitasen el vicio de la fornicación y de la impudicia, y practicasen el coito sólo para despertar un fruto en el cuerpo perfecto de una mujer, Yo os digo que no habría ni una sola persona que no fuera por lo menos un vidente. No siendo así, según vuestras costumbres, tanto el hombre como la mujer desperdician diariamente las más elevadas y nobles fuerzas psíquicas y en consecuencia nunca tienen reservas, con las que finalmente podría reunirse una Luz más intensiva en el alma.

Por tal razón los hombres se vuelven cada vez más ociosos, con la tendencia cada vez más acentuada para el goce, como los pólipos. Raras veces son capaces de tener un pensamiento más claro; son temerosos, cobardes, materialistas, egoístas, caprichosos y veleidosos. Difícilmente comprenden cosas espirituales, pues su fantasía se dirige siempre a los placeres carnales y nunca tienen la tendencia de elevarse a regiones sublimes y espirituales, y si hay entre estos hombres algunos que al menos durante los momentos más sensatos dirigen sus miradas hacia arriba, inmediatamente se presentan pensamientos sensuales como nubes negras en el cielo y encubren aquella tentativa de tal manera que el alma olvida tan buena resolución, volviendo a echarse en el lodo del goce carnal.

En la mayoría de los casos, son tales hombres las buenas intenciones tienen poco efecto.

Yo os digo que fornicadores y fornicadoras, adúlteros y adúlteras así como personas impúdicas de toda índole y de ambos sexos, difícilmente o quizás nunca podrán entrar en mi Reino divino.

Si encontráis esta advertencia demasiado fuerte, intentad cambiar una persona sensual, llamándole la atención sobre los Mandamientos de Dios con las palabras siguientes: “La paz sea contigo, pues el Reino de Dios está cerca. Abandona tu vida viciosa, ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo. Busca la Verdad, busca el Reino de Dios en la profundidad de tu corazón. Desiste de las cosas fútiles, de las cosas mundanas, e intenta despertar en ti la Vida del espíritu. Ora y obra según el Orden de Dios. Si actuáis de este modo, habréis dirigido estas palabras a oídos totalmente sordos”. Él se te burlará, volviéndote las espaldas, y te dirá: “¡Vete, tonto, santurrón! ¡No me enojes con tu necedad o de lo contrario te tendré que pegar en la cara!”.

Mira, un fornicador no sólo es un pecador sensual sino que también es un mal hombre, se halla lleno de fuego salvaje, y queda ciego y sordo ante todas las cosas buenas y verdaderas. Es más fácil convertir a un malhechor o a un ladrón que a un fornicador, impúdico y adúltero».

La bendición de un engendramiento ordenado

4.231.1-9 Cuando la voluptuosidad y la fornicación han arraigado como verdaderas pestes psíquicas entre las criaturas, la predicación del Evangelio ha llegado a su fin, porque ¿cómo debía hablarse ante los sordos y hacer señales ante los ciegos? Sin embargo, donde no puede predicarse la Verdad, que únicamente fortalece y libera el alma, iluminándola, ¿de dónde debe formarse la esfera de la vida exterior, que tiene su origen de la Luz verdadera del alma?

Donde ha arraigado mucho la voluptuosidad y la fornicación, los hombres están sin esfera de la vida exterior o irradiación psíquica, son inertes, cobardes, insensibles y no hay cosa alguna que les despierte placeres elevados y felices; nada les interesa.

¡Tratad antes que nada de que este vicio no arraigue y de que los consortes se unan sólo para engendrar un fruto bendito.

Quien perturba con sus deseos carnales a una mujer durante la gravidez perjudica el fruto ya en el vientre materno, implantándole el espíritu de la voluptuosidad y de la impudicia.

Por tal motivo, con el engendramiento debe considerarse concienzudamente que la procreación no ha de ser efectuada para la sola voluptuosidad sino por amor verdadero y por atracción psíquica; además, la mujer concebida debe reposar durante siete semanas después de haber dado a luz.

Niños engendrados de esta manera y maduradas si perturbación en el vientre materno nacen psíquicamente más perfectos porque el alma tendrá mayor facilidad a cuidar de su foco espiritual dentro de un organismo perfectamente equilibrado; por otra parte, el alma misma es más clara y lúcida al no estar perturbada por elementos impúdicos que con frecuencia son proyectados en el feto y el alma a causa de los repetidos actos carnales.

¡Con qué facilidad el alma pura puede elevarse a Dios, como Samuel por medio de un amor verdaderamente inocente e infantil!

En tales criaturas, desde muy temprano, se manifiesta una buena aura psíquica y con facilidad se hacen videntes; con su voluntad todo empieza a someterse dentro de mi Orden. En comparación con estas criaturas ¿qué son los niños ya arruinados en el vientre materno? No son más que sombras animadas de la vida. ¿Y cuál es la principal causa de esto? Lo que acabo de haberos demostrado como efectos de la voluptuosidad.

Cuando en el futuro enseñéis mi Palabra, esta Doctrina no deberá faltar. Ella prepara el suelo de la Vida y le liberta de todas las espinas y cardos, en el que los hombres nunca han cosechado uvas ni higos. Una vez purificado el suelo, será fácil sembrar la semilla noble de la Vida en los surcos iluminados por la Luz del alma y calentados por la llama del amor.

La naturaleza de los sabios mundanos y su destino en el Más Allá

4.236.4-8 Los hombres del mundo están dispuestos a cavar como puercos y topos el suelo material de la Tierra y a cultivarlo con diversos frutos. Sus cosechas son considerables. Llenan sus graneros hasta más no poder, pero esto tiene el inconveniente de que los hombres se hacen muy orgullosos y altivos, cada vez más duros e insensibles para con sus hermanos pobres, a los que la codicia demasiado grande de los ricos y poderosos del mundo no cede ni un palmo de tierra para poderse mantener por sí mismos.

Están totalmente dispuestos a cultivar el suelo de la Tierra, pero el suelo del espíritu, de la Vida eterna, lo dejan baldío y no les importa si produce cardos y zarzales. Por tal razón es comprensible que los hombres de esta Tierra se hagan cada vez más miserables. Les basta con construir palacios suntuosos, con poseer camas blandas para poder descansar, con comer comidas exquisitas, y con vestir su cuerpo con vestidos blandos y reales. Con esto tienen todo lo que su vida egoísta puede pedir para su corta vida terrestre.

Pero cuando aparece una mala enfermedad, el alma atrofiada pasa de temor a pavor y finalmente se entrega a la desesperación, al desmayo y por fin hasta la muerte. Herederos felices parten con los tesoros considerables y las superabundancias del loco fallecido. ¿Y qué posee éste en el Más Allá? Sólo la mayor pobreza, la mayor necesidad y la mayor miseria, indescriptibles para este mundo; y esto no por un lapso corto de tiempo sino por tiempo incalculable, que según vuestra comprensión podéis denominar “eterno”. Y esto se entiende por sí mismo, pues el alma que no ha cuidado ni trabajado sino su estómago y cuerpo, ¿de dónde puede coger los medios para perfeccionarse en un mundo que sólo debe consistir en aquél que una alma posee dentro de sí misma y que luego lo transforma por su irradiación espiritual en un mundo habitable que la rodea.

En tal mundo el alma debería empezar su nueva organización del amor en su propio Reino espiritual. ¿Cómo puede ser esto posible si su sentimiento o corazón, respectivamente, se ha hecho insensible o se ha endurecido, si su corazón se enterraba más y más en el aborrecimiento, teniendo compasión consigo mismo, si meditando sobre la ira y la venganza, quedando su espíritu mudo, sordo, ciego y como totalmente muerto, no puede contemplar ni analizar la formación de las facetas de su alma?

Incluso si fuese posible que tal espíritu celeste se irguiera en el alma totalmente atrofiada para contemplar y sentir el contenido en el cerebro psíquico, para ayudarla a crear un ambiente nuevo y habitable que la proporcionase medios para su actividad, no hallaría nada en el cerebro psíquico con que pudiese realizarlo. De toda la materia que el alma había asimilado de este mundo en su cerebro totalmente corrupto, nada podría llegar a la noción del espíritu porque para tal posición le falta totalmente el elemento de la fuerza vital: esto es, la Luz derivada de la llama del amor para con Dios y para con el prójimo.

4.238.10 Cada alma tiene que desenvolverse o aquí en la Tierra con facilidad, o en el Más Allá con dificultad, y con los medios que ha recibido. Si no lo hace aquí porque se ha dejado seducir por el mundo, con sus tesoros y tentaciones, tendrá que hacerlo en el Más Allá.

Los motivos de Dios para determinar la perfección independiente de un alma humana

4.246.4-6 El Señor a Matael: «En verdad te digo que aquí ningún alma entre vosotros es más joven que toda la creación visible. Te sientes incómodo cuando te digo que vuestras almas ya tienen una edad de eones veces eones de años terrestres. ¿Acaso debería Yo también sentirme incómodo porque soy eterno y por haber creado billones de creaciones preparatorias en épocas incalculables, y esto sólo por vosotros?

Caro amigo, crear un Sol, un planeta y todas las cosas que poseen es muy fácil y no requiere mucho tiempo. Tampoco es difícil crear almas irracionales de las plantas y de los animales. Pero producir un alma que se asemeja en todo a Mí es algo muy difícil incluso para Mí, el Creador omnipotente, porque en este caso la Omnipotencia no me vale de nada sino sólo la Sabiduría, la paciencia máxima y la indulgencia.

Porque al crear un alma enteramente semejante a Mí, es decir, al crear una segunda divinidad, mi Omnipotencia puede hacer muy poco, y todo ha de hacerlo el “dios nuevo”, recibiendo sólo los medios espirituales y materiales de Mí. Si no fuese así o si existiese otra posibilidad, con seguridad Yo -el Espíritu eterno- no me habría sometido, en virtud de mi Amor, a la Encarnación para guiar a las almas hasta cierto punto evolucionadas; y esto no por mi Omnipotencia sino únicamente por Amor para darles una Doctrina nueva y un Espíritu divino para que puedan unirse a Mí en el tiempo más corto posible».

El Padre y el Hijo en Jesús

4.252.1-4 En Mí está el Padre en toda la plenitud, pero como hombre externo soy sólo un hijo de Él y Yo no sé en mi alma sino lo que Él quiere revelarme. Soy la llama de su Amor y mi Alma es la Luz del fuego del Amor del Padre.

El Sol, que irradia la luz, tiene una constitución maravillosa, interior e intrínseca, ésta sólo es conocida por el propio Sol. La luz exterior, aunque todo lo vivifica no sabe nada de esto y en ninguna parte proyecta una imagen de la que se pueda vislumbrar su organización interior e intrínseca.

Desde eternidades el Padre se halla dentro de Mí; pero su naturaleza intrínseca sólo se revela en mi alma cuando Él quiere. Sé de todo lo que desde la eternidad se ha ocultado en el Padre, sin embargo, el Hijo ignora muchas cosas que el Padre tiene en su interior. Y cuando el hijo quiere saberlo, debe pedírselo al Padre.

Vendrá el momento en el que el Padre se unirá con su naturaleza intrínseca a Mí, el Hijo único desde la eternidad, así como en breve el Espíritu del Padre se hará una cosa con las almas en vuestros cuerpos. Sólo entonces os será revelado por el Espíritu del Padre en vosotros todo lo que hasta ahora todavía no ha sido posible revelaros. De la misma manera el Padre dentro de Mí sabe muchas cosas que su hijo ignora.

Las apariciones ocurridas durante el bautismo del Señor

4.253.1-4 Dijo Judas Simón: «Señor, cuando Tú te dejaste bautizar por Juan ante nuestros ojos en las aguas del río Jordán, vimos una llama en forma de paloma que estaba encima de tu cabeza y se decía que esto era el Espíritu Santo de Dios. También se oía una voz de los Cielos que decía: “Esto es mi Hijo amado, en el que me complazco. A Él debéis escuchar”. ¿Qué era esto, y de dónde venía aquella llama santa y quien pronunció aquellas palabras? ¿Cómo debemos entenderlo?».

Dije Yo: «Sólo podían haber surgido de Mí ¿o caso piensas que detrás de las estrellas habita un Padre en el espacio infinito, que hizo descender la llama sobre mi cabeza y luego pronunció las palabras? ¡O, qué ceguera humana! Si el Padre eterno vive en Mí, su Hijo eterno, tal como os lo he demostrado claramente, ¿de quién pudo venir la llama y la voz? Mira y vuelve a ver la misma llama sobre mi cabeza. Escucha y oirás de nuevo las mismas palabras».

Todos vieron la llama en forma de una cruz o erróneamente en forma de palma, la cual en el fondo también representa una cruz. Al mismo tiempo oían las mismas palabras ya conocidas.

Dije Yo: «Esto era la voz del Padre en Mí y la llama se formó de mi infinita irradiación exterior, o sea de mi Espíritu Santo».

La grandiosidad de la Creación

4.254.1-5 El Señor: «La diferencia infranqueable entre Dios y la criatura temporal -hasta de la especie más elevada y perfeccionada- persiste por toda la eternidad porque Dios en su Ser primario es y debe ser en todo eterno e infinito. El hombre, por otro lado, siempre puede perfeccionarse espiritualmente, pero nunca conseguir la medida del Ser primario de Dios.

El hombre puede asemejarse a Dios en la forma y también en el amor, pero nunca en la extensión individual de la sabiduría infinita de Dios; y de esta manera las eternidades en sus innumerables períodos pueden contener muchas cosas que caben en el espacio infinito, de las que ni siquiera los arcángeles han soñado, porque también los arcángeles poseen una capacidad de asimilación bastante reducida. Sólo después de haber pasado el camino de la carne -igual que Yo, el arcángel será capaz de una mayor comprensión.

Por ejemplo, vosotros descubriréis eternamente nuevos milagros y comenzaréis a interpretarlos de acuerdo con la Luz del espíritu en vuestra alma, sin alcanzar jamás el fin. Los más sabios de entre vosotros podéis imaginaros que Yo, así como el Padre que ahora se expresa por Mí, antes del período de la Creación actual no habíamos “hibernado” en cualquier punto de la infinitud en el espacio eterno. Aunque un período en la Creación desde su comienzo hasta su perfección espiritual dura incontables ciclos terrestres, todo esto es nada en comparación con mi Ser eterno, y su extensión inconmensurable en el espacio no representa nada en comparación con el espacio infinito.

Vosotros conocéis la astronomía egipcia y sabéis localizar bien el Régulo en la Constelación de Leo. ¿Cómo se presenta ante vuestra vista? Es un puntito muy luminoso, aunque en realidad es un cuerpo solar tan grande que un rayo, cuya luz transcurre en cuatro momentos (segundos) cuarenta y cuatro mil millas, necesitaría un trillón de años terrestres para hacer el trayecto desde el Polo Norte al Polo Sur de este Sol. Su nombre propio es Urka que es el primer Sol con el que empieza una creación de decillones de decillones de Soles dentro de un cúmulo cósmico globular de dimensiones casi “infinitas”. Pues Urka -que es el núcleo de tal cúmulo cósmico globular- en realidad no representa sino un solo nervio del gran hombre cósmico de la Creación5, de los que este posee tantos como hay granos de arena en toda la Tierra. Aun así este gran hombre cósmico, desde el comienzo hasta su perfección espiritual, no representa más que un solo período de la Creación...

Tal Urka, y más aún un entero cúmulo cósmico globular, ya tienen dimensiones respetables, ¡pero cuánto más aún el mismo gran hombre cósmico! Pero, ¿qué es esto en comparación con el eterno espacio infinito? ¡Es apenas nada porque todo lo que necesariamente está limitado -aunque para vosotros tenga dimensiones inimaginables- es nada en relación con el espacio infinito; pues, no hay fórmula para compararlos!».

TOMO 5

El Señor da normas de conducta al Marco, el hostelero

5.5.5 El Señor: «quien perdiese todo el mundo y pese a ello conservase mi nombre, nada habría perdido, sino ganado todo; sin embargo, quien perdiese mi nombre habría perdido todo, aunque poseyera todos los bienes terrestres.

5.6.2-6 Quien me ama verdaderamente y al prójimo como a sí mismo tiene vivamente mi nombre en su corazón, un tesos que nadie puede arrebatarle porque amar verdaderamente a Dios significa más que se poseedor de todos los tesoros no sólo de este mundo sino de todo el Universo.

No basta, sin embargo, creer en Mí por la sabiduría sino sólo por el amor verdadero del corazón.

Muchos pobres vendrán a ti, pidiendo; lo que les hicieres sin remuneración me lo habrás hecho a Mí y mi Amor te lo recompensará.

A quien se acerca a ti, desprovisto de ropa, vístele y a quien viene a ti sin dinero, ¡no se lo regatees si lo necesita!

Me gustaría que todos los hombres viviesen como hermanos sin el uso del dinero tan pernicioso; pero como el dinero fue instituido por ellos desde muy antiguo para mayor comodidad de intercambios, quiero dejarlo así... pero sólo el amor que me profesa le traerá bendición.

Un Evangelio para el sexo femenino

5.10.6-7 y 10.11-12 La mujer justa es un símbolo del Cielo más elevado; sin embargo, una mujer injusta, obstinada y dominadora es una imagen de Satanás, idéntica al infierno más inferior y vil.

Además, una mujer justa nunca debe aborrecer a nadie pues en su naturaleza femenina debe prevalecer la mayor paciencia, suavidad y humildad. En ella debe hallar el varón la calma justa de su temperamento impetuoso que debe hacerse suave y paciente. Si la mujer comienza a irritase con su marido ¿qué debe hacer el hombre cuyo temperamento de todos modos es más impetuoso que pacífico?

Hablar y callar en tiempo oportuno y siempre con suavidad, amor y dedicación es la joya más hermosa de una mujer y una llama amorosa capaz de vivificar el corazón de cualquier hombre y de hacerle suave y bondadoso.

No obstante entre las muchachas muchas veces existe un vicio o un defecto destacado que se llama vanidad y que no es más que una simiente del orgullo. Si la muchacha permite la germinación de esta semilla, pierde su femineidad celeste y se acerca mucho a la cualidad de Satanás. La mujer vanidosa apenas merece ser ridiculizada, pero la orgullosa es una cosa putrefacta y por tal razón debe ser profundamente despreciada por todos».

Predicción del arcángel Rafael

5.46.1 «Tiempo vendrá en que los hombres, sobre caminos de hierro, irán, tan rápidamente como una flecha; el hombre hablará con la lengua del relámpago de una a otra parte del mundo y volará sobre los mares y las tierras como los pájaros».

5.51.3-4 Rafael: «Cada hombre tiene una alma inmortal, en la que se encuentra el Espíritu eterno. Para que el alma, como elemento espiritual surgido de la materia, pueda unirse al Espíritu original de Dios, llamado “Amor”, el alma debe aspirar a desprenderse de todo lo que es de la materia y de todas las exigencias de ésta y sólo debe concertar sus esfuerzos en lo puramente espiritual.

¿Cómo puede el hombre llegar a saber que su alma se ha unido al verdadero Espíritu de Dios? Esto es fácil. Si dentro de ti no hay soberbia, vanidad, egoísmo, envidia ni amor propio, pero en cambio hay mucho amor a Dios y al prójimo, cuando sientes alegría si tienes que distribuir tus bienes entre los hermanos y hermanas pobres y necesitados, cuando sientes penas en tu corazón al no poder ayudar a algún pobre, cuando Dios te importa todo y toda la Tierra con sus tesoros no significa nada para ti, entonces tu alma está completamente unida al verdadero Espíritu de Dios en ella. Ella ha obtenido la perfecta Vida eterna».

Consejo del Señor

5.66.3-6 El Señor: «Nunca condenéis el criterio del mundo! El mundo es malvado y la mentira, el engaño, la altanería y el orgullo son sus elementos principales.

Yo os digo que sois capaces de desplazar montes y de efectuar cosas mayores que las que Yo hago ahora, pero nunca debéis pensar que habéis hecho algo con vuestra fuerza y voluntad propias. ¡Esto no existe en este mundo! Sólo por el Poder del Espíritu de Dios podréis hacer todo lo que redunda en beneficio de vuestros semejantes.

Toda la fuerza será propia de un alma verdaderamente devota a Dios y esto durante tanto tiempo que ella no se exceda; sin embargo, si alguien toma en recompensa un sueldo u honor por egoísmo, entonces perderá la cualidad de origen divino.

Nada os sea tan despreciable como la riqueza mundana y sus adoradores, pues no hay hombre peor en toda la Tierra que aquel que codicia tesoros monetarios, adquiriéndolos por avaricia. De este modo el avaro maldice el Amor y toda la Verdad del corazón que proviene de Dios».

5.72.12-14 Yo me encarné en este mundo para proporcionaros una mejor norma o prescripción para la Vida, según la cual cada uno puede adquirir la máxima sabiduría. He aquí la norma: Amar con todas las fuerzas y sobre todas las cosas a Dios, y al prójimo como a sí mismo. Quien hace verdaderamente eso se asemeja a Mí y por esto será guiado en toda la sabiduría, fuerza y poder.

Quien está lleno de amor para con Dios, ya tiene en sí su Amor ilimitado y su Luz más sublime. El alma y su espíritu se bañan en la Luz de la sabiduría divina, y ella debe ver y reconocer todo lo que la Luz de Dios ve y reconoce. Pero como la Omnipotencia de Dios consiste en su infinito Amor, basta que el alma junto con la voluntad del amor del Espíritu divino que reina en ella quiera algo, y todo debe acontecer como el alma desea.

Sin embargo, no es suficiente saberlo y acreditarlo vivamente sino que es necesario ponerlo en práctica en todos los tiempos y en cada situación -tan difíciles como sean- pues sólo el ejército constante hace del discípulo un maestro.

Cómo puede amarse a Dios sobre todas las cosas

5.73.1-4 y 73.9-11 Replicó el esenio, Roklus de nombre, a quien se dirigiera en particular las palabras arriba mencionadas: «Señor y Maestro, ¿cómo puedo alcanzar a amar a Dios, el Espíritu invisible y eterno, sobre todas las cosas con todas mis fuerzas? Me parece que el corazón humano es demasiado pequeño e incapaz de amar sobre todas las cosas al Espíritu eterno e infinito de Dios, del que es imposible que uno pueda hacerse una idea.

Es fácil amar al prójimo, pero ¿cómo debemos los hombres pequeños amar a Dios, el Omnisciente?».

Respondió el Señor: «No hay cosa más fácil en el mundo que ésta. Se reflexiona profundamente sobre las obras de Dios, sobre su bondad y sabiduría y se observan concienzudamente sus Mandamientos, se ama al prójimo como a sí mismo y con esto ya se ama a Dios sobre todas las cosas.

Si no puedes hacerte una idea de Dios, ¡mírame a Mí y podrás imaginar a tu Creador, porque Dios también es un hombre, pero eternamente el más perfecto.

Siempre que el hombre se dedica verdaderamente a la salvación del alma, trabaja con empeño grande y de manera real y desinteresada, pues una actividad justa para el bien y para la salvación de su propia alma excluye de todos modos todas las demás actividades egoístas, porque el amor propio y el egoísmo excluyen totalmente el amor a Dios y al prójimo.

Quien cuida del bienestar de su cuerpo, busca los tesoros de este mundo y hurga en la materia, entierra su alma en el juicio y en la muerte. Aunque haya trabajado todo el día en el campo con arado y azada, aunque haya quedado empapado de sudor, este hombre en comparación con lo que Yo llamo trabajador ha sido un ladrón, un haragán o un servidor perezoso para el campo del Reino de Dios.

Quien no trabaja debidamente para el verdadero fin impuesto por Dios dentro de la justicia y del Orden divino, tampoco trabaja para el bien temporal y eterno de su prójimo y no le parece que valga la pena buscar a Dios y reconocerle más de cerca. Sin embargo, quien no se esfuerza en conocer verdaderamente a Dios, aún menos lo hará en beneficio de su prójimo, y si lo hace, lo hará sólo para su propio provecho, para que el prójimo pueda devolverle duplicado el servicio prestado».

5.83.4-5 El arcángel Rafael: «Amar a Dios sobre todas las cosas no es tan fácil como imagináis. Ante todo es menester poseer una conducta de vida impecable, según las leyes de Moisés. Si esta conducta estuviese viciada por pecados de toda índole, todas las energías necesarias para la Vida sufrirían daño por estar integradas en la materia y serían aniquiladas.

La criatura mutilada de esta forma no puede amar a Dios con todas sus fuerzas, que la mayoría de las veces están exterminadas en sus dos terceras partes. Es necesario que tal hombre debe vivificar en sí las energías perdidas, renunciando completamente a todas las pasiones, hábitos e inclinaciones viejas, y pasar a integrarse paulatinamente de esta manera en el amor para con Dios, lo que no es fácil para una criatura ya bastante mundana».

La importantísima de la filiación divina en esta Tierra

5.84.3-8 Continúa el arcángel Rafael: «Tenéis la promesa del Señor de obrar en su nombre, y este nombre es más poderoso que miríadas de arcángeles idénticos a mí. Ateneos a este nombre que es Jesús -Fuerza de Dios- y los montes cederán ante vosotros, tempestades y huracanes se calmarán, supuesto que vuestra conducta de vida sea tal que merezcáis este nombre. Pues este es el nombre verdadero de Dios en su Amor eterno, delante del cual todo se arrodilla en el Cielo, en la Tierra y debajo de la misma.

Cuando digo “debajo de la Tierra” no me refiero al suelo de este planeta, que es una esfera como cualquier otro plantea y bajo el cual en la región diametralmente opuesta a la nuestra hay países, montañas, lagos y mares como aquí; tampoco hablo del interior de la Tierra, que es un organismo animal de proporciones enormes, destinado al desenvolvimiento de la vida natural de un cuerpo cósmico... sino la expresión “debajo de la Tierra” se refiere a nivel del estado moral de todos los seres racionales que viven en los innumerables cuerpos celestes, en los cuales también hay hombres aunque tengan un destino bastante reducido en comparación con el vuestro.

Las mencionadas criaturas también pertenecen a todo lo infinitamente grande y representan los eslabones de una cadena en la que vosotros sois el eslabón final, y como verdaderos hijos de Dios sois destinados a portar con Él y con nosotros, los ángeles, la infinita Creación de Dios desde lo más ínfimo hasta lo más grande. Por esta razón os clasifico como “encima de esta Tierra”, inmediatamente después de nosotros los habitantes del Cielo.

Si comprendéis esto debidamente, estimaréis aún más el nombre del Altísimo desde la Eternidad, concluyendo de esto que Dios es vuestro Padre y vosotros sois sus hijos; si no fuese así ¿Acaso Él habría descendido del Cielo, educándoos personalmente para sus mayores intenciones, que ya desde la Eternidad había previsto y premeditado para vosotros, sus hijos?

Por esto debéis regocijaros de que Él como Padre desde la Eternidad haya venido a vosotros para haceros o que Él os ha destinado desde la Eternidad.

Si por tanto sois sus hijos y Él ha venido sin ser llamado por vosotros, a partir de ahora Él va a venir con más certeza y cuanto antes siempre que le llamáis en vuestros corazones lleno de amor: “¡Padre, querido Padre, ven! ¡Te necesitamos!”».

5.89.5-7 El Señor a Cirenio: «Bajo ciertas circunstancias verdaderas todo en la Tierra es bueno y trae bendición y beneficio para el uso justo del cuerpo, del alma y del espíritu; y para el hombre puro todo es puro, y para el que se ha hecho luminoso, sólo existe la noche; pero por un uso tonto erróneo y por tanto contra su orden, finalmente, lo mejor empeorará y en vez de traer bendición y salvación traerá maldición y desgracia.

El agua posee las mejores y más variadas cualidades, y para la vida física de los hombres, animales y plantas es el elemento más imprescindible; pero si el hombre intenta construir una habitación en el fondo del mar, para vivir allí con los peces, pronto moriría. Del mismo modo, el fuego es un elemento muy necesario para la Vida, mas quien se tira al fuego, pensando que así atraerá mayor cantidad de vibración vital, quedará reducido a ceniza y perderá toda chispa de Vida.

Así pasa con todas las cosas, incluso las plantas y animales venenosos traen gran beneficio a esta Tierra porque chupan el perjudicial elemento venenoso del aire; su naturaleza está constituida de tal forma que el veneno existente en los elementos naturales no les causa daño.

La principal obligación del hombre: hacerse totalmente semejante a Dios

5.90.1-8 Dejad pues estas cosas en su campo de acción útil para esta Tierra y tratad ante todo de haceros perfectos, tan perfectos como es vuestro Padre en el Cielo, y ningún veneno de las plantas ni de los animales podrá perjudicaros.

Volved a ser lo que es vuestro destino, lo que eran los patriarcas, a los que obedecían todas las criaturas; hacer los amos de las creaciones de vuestro Padre en su orden, observando mi Doctrina y en tales circunstancias no habrá enemistad alguna, ni entre vosotros y las criaturas inferiores. Si abandonáis tal orden, tendréis que tolerar de nuevo maldición y discordia.

Verdad es que en este tiempo mi Reino en la Tierra necesita mucha violencia, y los que no lo conquisten con fuerza no lo poseerán. Más tarde será menos difícil; pero sin cierta lucha, al menos con sí mismo, no será posible conseguirlo. Pues si la vida terrestre ya es una especialmente cuando debe manifestarse aquí en este mundo como fiador deseado. Sin embargo, la lucha será fácil para todos los que verdaderamente aman a Dios, pues aseguro a todos mis amigos que mi yugo es suave y mi carga leve.

Quien conoce todo esto y lo observa fielmente, alcanzará sin duda alguna la perfección de la Vida y nunca sentirá ni percibirá la muerte; porque quien ya en el cuerpo despierta a la Vida eterna del espíritu, no percibirá al abandonar la carne sino una liberación feliz, con plena conciencia de su existencia perfecta, y su ámbito de vivir se extenderá al infinito.

Sin embargo, los imperfectos pasarán situaciones muy diversas a la hora de abandonar la carne. Primero tendrán que soportar fuertes dolores que aumentarán hasta el final, llamado momento de la separación. Al lado de estos inevitables dolores de la carne, en el alma se manifestarán miedo y temor, y durante el momento final incluso cierta clase de desesperación, los cuales atormentan al alma más aún que los dolores punzantes de la carne. Al liberarse de la carne, el alma en el Más Allá no raras veces pasará muchos años terrestres para llegar a una conciencia humana, y no puede hablarse de una espiritualización completa sino después de haber pasado muchísimos años terrestres.

Por tal razón os mostraréis muy caritativos con vuestros hermanos si las tratan con la misma paciencia como la que Yo os manifiesto al decir: Hermanos, acabo mi tarea con vosotros. Obrad según ella y perfeccionaos dentro del Orden divino de Dios, el Señor de toda la Vida y existencia desde la Eternidad».

El ángel Rafael explica las nociones de “Satanás” y “Diablo”

5.94.2-5 y 97.5 Rafael: «Querido amigo mío, mira, lo que se llama Satanás y diablo o demonio representa al mundo con toda su pompa y esplendor tentadores. Bien es verdad que toda la materia de la que está formado el mundo es obra de Dios aunque oculta el origen divino; pero al mismo tiempo contiene mentira, engaño y tentación, de los que surgen envidia, avaricia, odio, orgullo, persecución y toda clase de vicios.

Y mira, esta falsedad, la mentira y el engaño, es espiritualmente “Satanás”, y todos los vicios que de ellos provienen necesariamente son lo que se llaman “diablos”. Cada alma que se entrega a uno de los innumerables vicios es un demonio en persona y la expresión activa de cualquier maldad, manteniendo el instinto, difícilmente extinguible de hacer mal durante su encarnación.

Pero como cada alma continúa viviendo después de la muerte corporal y permanece en la región de esta Tierra, no es raro que tal alma se dirija a la esfera exterior de los hombres y con su tendencia al mal intente despertar malicias en un hombre, en cuya esfera vital halla afinidad, porque alimenta la misma flaqueza a causa de una educación mala y descuidada.

Tales almas se apoderan frecuentemente hasta del cuerpo de los hombres y con ello atormentan a las almas flacas. El Señor lo permite para corregir una mala propiedad psíquica del alma, pues con esto el alma atormentada siente una fuerte aversión y repugnancia contra la flaqueza viciosa de su carne y se empeña en sacar fuerzas, que ella dirige a las malas tendencias, con lo que la Gracia del Señor la ayuda en la hora precisa.

Dentro de la naturaleza y en el mundo espiritual no existen diablos originales sino sólo aquellos que ya han vivido algún tiempo en este mundo material como personas malas viciosas y como pecadores incorregibles».

La ayuda por la Gracia divina

5.97.6-8 «Puedes imaginar que también en el Más Allá se permite, según el Orden divino, hacer todo lo posible por curar un alma perversa, porque el Señor no ha creado ningún alma para la perdición sino sólo para la perfección de la vida. También puedes creer que no existe un alma en todo el espacio infinito que pueda alcanzar la perfección por mera misericordia, sino sólo por su propia voluntad. El Señor proporciona diversos medios de curación al hombre, pero éste tiene que reconocerlos como tales, aceptarlos de buena voluntad y aplicarlos por sí mismo.

Si el hombre exclama o dice a su corazón: “Señor, soy demasiado débil para salvarme con los medios que me has ofrecido. ¡Dame tu mano!”, entonces el hombre mismo pedirá la ayuda de lo Alto por su propio arbitrio y por darse cuenta de la insuficiencia de sus fuerzas. En este caso el Señor, con todo el poder y la fuerza necesarios, puede socorrer al alma débil.

Tanto la voluntad como el conocimiento y la confianza del hombre tienen que ir acompañados de la resolución completa. Continuará el orden según el cual cada alma debe salvarse de por sí misma con los medios ofrecidos porque toda influencia extraña en la organización del libre arbitrio tendría como consecuencia la desintegración evidente de la naturaleza del alma; porque el alma debe perfeccionarse según las disposiciones necesarias del Señor, entonces ella de por sí debe formarse y perfeccionarse con los medios ofrecidos».

5.107.5 El Señor: «Todos los que me sean fieles en la fe y en el amor, quedarán libres del juicio; porque me ceñiré una espada para ellos y delante suyo entraré en combate. Cada enemigo tendrá que retroceder ante mi espada. La espada se llamará Emanuel (Dios, el Señor, está con nosotros), su agudeza será la Verdad y su gran peso el Amor de Dios, el Padre de sus hijos fieles. Quien quiera luchar, que luche con la agudeza de la Verdad de Dios y con el peso del Amor del Corazón del Padre desde la Eternidad. Equipado con esta arma vencerá en mi nombre a todos los enemigos de la Vida y de la Verdad».

La era de la técnica

5.108.1-5 El Señor: «Finalmente vendrá un tiempo en el que los hombres habrán alcanzado una gran inteligencia y destreza en todas las cosas; construirán muchas máquinas que harán los servicios humanos y de los animales; pero con esto muchos hombres quedarán sin trabajo y pasaran hambre. Aumentará la miseria de los hombres hasta un extremo increíble. Entonces enviaré nuevamente hombres que anunciaran durante 200 años la Verdad de mi nombre. Bienaventurados los que la acepten, aunque serán muy pocos.

Cuando disminuya el número de hombres puros y buenos, como en tiempos de Noé, la Tierra sufrirá otra vez un juicio general, que no perdona hombres, animales ni plantas. Las armas que despidan fuego y muerte no servirán, ni las fortificaciones, ni los caminos de hierro por donde discurran los trenes con la velocidad de una flecha, porque el enemigo vendrá por el aire y destruirá todo lo que jamás haya hecho daño alguno. Será un tiempo de mercaderes y cambistas.

Lo que Yo hice hace poco en el Templo de Jerusalén con los vendedores de palomas y los cambistas, lo haré a lo grande en toda la Tierra, y por medio del enemigo destruiré todas las tiendas y negocios de cambio; lo enviaré desde las altas esferas del aire hacia la Tierra, como el relámpago, con gran estruendo y estrépito. En verdad os digo que contra éste nadie puede luchar, ni con todos los ejércitos de la Tierra; pero los pocos amigos míos no sufrirán a manos de este enemigo invencible, y él les conservará para la nueva escuela de la que saldrán hombres nuevos y mejores.

Comprendedlo bien y no penséis que Yo lo quiero de esta manera y que todo esto ya está determinado así. ¡Esto está lejos de Mí! Pero será como en los tiempos de Noé: Los hombres harán cada vez pero uso de los muchos conocimientos y habilidades adquiridos y voluntariamente atraerán toda clase de castigos y justicias de la profundidad de mi Creación sobre sí, y finalmente sobre toda la Tierra. En tal caso digo como los romanos; Volenti non fit injuria.

Permito que los hombres posean todo con moderación y que dispongan de diferentes comodidades para la vida terrestre, que economicen sus fuerzas para ganar tiempo para el ennoblecimiento de sus corazones y almas, que los hombres estén llenos de alegría en mi nombre durante todas sus vidas; sien embargo, entre ellos no debe haber hombres tristes ni sufridores salvo los pecadores maliciosos que obran contra el buen orden existente en mi nombre.

La propia condenación de las criaturas

5.109.6-7 Por intereses temporales, muchas veces los hombres pisan con sus pies todo lo bueno, lo justo, lo verdadero y actúan contra todas las virtudes. Día a día podemos comprobarlo, y esto demuestra una vez más que el libre albedrío del hombre no puede ser reducido ni puesto en peligro. Así es posible que los hombres, con el tiempo, lleguen a inventar grandes cosas y consigan influenciar en la naturaleza de la Tierra, que al final termina siendo herida. Las consecuencias no serán agradables y aparecerán como castigo seguro de la voluntad mal empleada, pero no ha sido mi voluntad sino la de los hombres la que ha causado todo esto.

Si los hombres quieren otro diluvio, que con diligencia desmonten y perforen las montañas para abrir las esclusas de las aguas subterráneas. Si los hombres quieren ver toda la Tierra en llamas, sólo tienen que destruir diligentemente todos los bosques, porque espíritus de la naturaleza (electricidad) aumentarán de tal manera que la Tierra súbitamente se verá envuelta en un mar de fuegos de relámpagos. Enseñad a los hombres a ser sabios, de lo contrario ellos mismos ocasionarán el juicio. Yo sé que sucederá todo esto y a pesar de todo no puedo ni debo evitarlo como mi Omnipotencia, sino sólo con mi Doctrina.

5.110.6-7 La Tierra seguirá existiendo como después del diluvio y será habitada por mis hijos más puros; sólo será eliminada la excesivo suciedad y depurada en un centro de purificación de los que hay muchos en mi gran Reino Eterno. Tales criaturas nunca serán hijos míos, pues para esto es preciso que me conozcan bien y que me amen sobre todas las cosas.

Estas palabras no las digo ahora como médico milagroso de Nazaret, sino como Aquel que desde la Eternidad vive en Mí, como el Padre lleno de Amor y de Misericordia y como Dios único que dice: Yo soy el eterno principio y el fin de toda la infinitud; no hay otro Dios más que Yo.

5.112.10 Mis hijos siempre estarán conmigo; pensarán, sentirán y obrarán conmigo, como desde un corazón común. En esto consiste la gran diferencia entre mis hijos verdaderos y las criaturas dotadas de entendimiento e inteligencia. ¡Sabed bien que en otro tiempo os haréis dignos de ser hijos míos!

Los habitantes del mundo estrellar y la filiación de Dios

5.113.1-7 En el espacio infinito existen innumerables cúmulos cósmicos globulares, cada una de los cuales ocupa un espacio inconmensurable para vosotros. Ellos son portadores de eones veces eones de Soles y de regiones solares, y están habitadas por innumerables criaturas corporales o espirituales que tienen a su modo un entendimiento y un juicio lúcidos y un intelecto sumamente profundo que a veces alcanza tal agudeza que os obligaría a callar.

De vez en cuando estos seres parecen como sueños que existen en alguna parte del Universo, y en otras ocasiones alimentan interiormente la dulce y gran esperanza de hacerse a todo precio hijos míos. En general esto es imposible, pues todo debe quedar y continuar en su orden como las distintas partes y órganos en el hombre que todos tienen sus funciones particulares.

Así, recurre también en mi Orden de la Creación. El resultado sería muy mal si Yo, permitiese la entrada de criaturas de otros mundos para hacerse mis particulares hijos de corazón. Verdad es que de vez en cuando es posible conceder tal permiso, pero en este caso es preciso realizar grandes purificaciones y extensos preparativos. Reciben sobre todo tal Gracia las almas de este Sol o los arcángeles, a los que incumbe el deber de organizar, guiar y dominar los cúmulos cósmicos globulares. Sin embargo, por inmensamente grandes que sean, los aspirantes a hacerse hijos míos tienen que someterse a todas las inconveniencias como Yo, soportando todas las humillaciones.

Almas del propio Sol Central de nuestro sistema solar pueden ingresar en este planeta para obtener mi filiación, así como las de los Soles centrales del segundo y tercer orden; pero solamente de este universo solar en el cual se encuentra la Tierra, nunca del primitivo Sol central porque sus almas gigantescas contienen una cantidad tan enorme de substancia que no pueden ser recibidas por el cuerpo pequeño de una criatura terrestre.

Aunque en algunos continentes de este gigantesco Sol central existen criaturas tan enormes que su cabeza es por lo menos mil veces mayor que esta Tierra, mi hijo más débil es infinitamente más poderoso por mi Espíritu en el corazón de su alma que miríadas de aquellas criaturas gigantescas del primitivo Sol central.

Pensad por tanto qué significa ser hijo del Altísimo y qué prueba del libre arbitrio más elevada e independiente es necesaria para que el alma se una a mi Espíritu en vosotros por lo cual sólo es posible haceros perfectos hijos míos.

5.115.5 El hombre no sólo se hace sabio por lo que oye y de pronto comprende perfectamente, sino en la mayoría de las veces por lo que oye pero no comprende.

El reconocimiento de la Divinidad de Jesús como condición previa para amar verdaderamente a Dios

5.117.4-6 Quien no me reconoce como Dios, tampoco puede amarme verdaderamente sobre todas las cosas. ¿Habrías podido reconocerme como Dios si me hubieses observado realizar hechos y pronunciar palabras puramente mundanos y humanos? Con seguridad que no. ¿Habría sido tu amor tan poderoso si no hubieses descubierto cosas divinas en Mí?

Los hombres deben buscar mi Reino con toda ansia posible, y como hijos míos empezar a familiarizarse más y más con la casa grande del Padre. Así crecen en el amor verdadero, colmado de humildad, y tendrán una alegría cada vez mayor llena de todo amor en el Padre y también el Padre lo tendrá en sus hijos.

Si los hombres viven de este modo una Vida verdadera en mi Sabiduría, Amor y Omnipotencia, serán en todo lo que deben ser. Sólo así llegan a ser hijos míos y serán tan perfectos como Yo mismo soy perfecto, jamás hallando mi Sabiduría, Omnipotencia y Amor divinos como algo espantoso.

La necesidad del examen de conciencia

5.125.2-11 Yo os digo: Observad cuidadosamente si aún se infiltran fuertes pensamientos de ventajas mundanas en vuestro corazón, si un orgullo pasajero, cierta economía excesiva, hermana de la avaricia, ambición, inclinación judicial o de contradicción, voluptuosidad y otras tendencias por el estilo prenden en vuestro corazón y en consecuencia también en vuestra alma. Mientras una de estas tendencias siga existiendo en vosotros, no es posible que alcancéis la perfección y que se cumpla enteramente la promesa que os he hecho.

Algunos de vosotros os preguntaréis si el hombre no debe tener un sentimiento del honor, Yo os contesto: Sí, el hombre puede tener un sentimiento del honor, pero éste debe ser de la más noble cualidad. Si alguien debido a su flaqueza espiritual te ofende, no le guardes rencor; dirígete a él y dile: “Amigo, tú no puedes insultarme, pues te amo como amo a todas las criaturas. Bendigo a los que me maldicen y hago el bien a los que me perjudican. Sin embargo, no es justo ofender al prójimo; por esto te suplico, en tu propio bien, que en lo sucesivo no lo hagas. Con tu creciente tendencia a ofender puedes dar con una persona fácilmente irritable que se lo toma a mal y que eso te origina adversidades y desgracias”.

Si podéis hablar de esta forma con la persona insultadora sin tener el menor rencor en el corazón, entonces habréis justificado enteramente el divino sentimiento noble de honor en vosotros. Por otro lado, si todavía guardáis el menor resentimiento, demostrando cierta amargura o descortesía para con la persona insultadora, esto probará que todavía poseéis un pequeño orgullo, escondido en el alma suficiente para impedir la unión de vuestra alma con mi Espíritu de la Luz.

Quien sienta gran placer en dar a un pobre que le haya abordado varias veces, será capaz de entrar en mi Reino, si no descubre otro pequeño defecto en su alma.

Por esto debéis conoceros a vosotros mismos, elevándoos a un punto de vida en el cual percibáis clara y vivamente que estáis libres de todas las impurezas terrenas.

5.126.7 Quien recibe de Mí la Gracia y es llamado a enseñar a los hombres en mi nombre mi Doctrina, considera que la recibió gratuitamente y por esto no debe hacerse pagar por la divulgación de la misma. Un profesor o enseñador justo divulga sin hacerse pagar todo lo que de Mí ha recibido gratuitamente. Sin embargo, los beneficiarios, por amor verdadero para conmigo, deben recibir con cariño espontáneo al enseñador y evitar que pase privación alguna, pues se entiende por sí mismo que lo que se hace a uno de mis enviados tiene el mismo valor que si me lo hubiera hecho a Mí personalmente.

5.127.4 Piensa que nunca se han escrito ni cantado cosas mas grandiosas, elevadas y dignas de Dios que los salmos de David y el Cantar de los Cantares de Salomón; pero pese a ello mi David y mi Salomón me han sido más valiosos y agradables; pues finalmente sus salmos no le hicieron un hombre según el Corazón de Dios; sólo reconoció mi Voluntad y obró según ella. Por haber hecho esto, sus Salmos me parecieron valiosos. Con esto puedes ver lo que tiene un valor justo ante Mí. Haz lo mismo y me honrarás para mi verdadera alegría y para el beneficio verdadero de tu alma».

El descubrimiento de los clandestinos hechos terrestres en el Más Allá

5.136.12-15 «Todo lo que se hace tan ocultamente aquí en esta Tierra, en el Más Allá se revelará hasta en el más pequeño detalle. Lo que alguien hace aquí secretamente, en el otro mundo se lo predicará desde el tejado, como suele decirse, y en voz alta y ante millones de ojos y de orejas. Ahora tú, como “reanimador” fraudulento desairado, ¡imagínate cómo vas a subsistir en este ambiente!

Si en este mundo personas con sus sentidos muy limitados de percepción descubren, critican, condenan y castigan ciertas acciones prohibidas e ilícitas -para lo que en general les falta el impulso interno de la Verdad- cuánto más lo condenarán allá donde la Verdad, como poder invencible, se hace ama absoluta sobre todas las cosas.

Entre las aves de la especie de las trepadoras existe una que tiene su nombre de acuerdo con su canto y que se llama cuclillo. Tiene una pereza innata para incubar. La hembra pone sus huevos en los nidos de otras aves. Cuando estas aves ven que en vez de sus iguales sólo aparecen cuclillos, se quedan perplejas y comienzan a distanciarse más y más del nido. Al oír el cucú, las aves vuelan en grandes bandadas hacia el cuclillo y le persiguen y le atacan.

Si aves sin inteligencia, sólo dotadas de instinto, se vengan de un engañador, cuánto más ha de esperarse esto de un hombre inteligente y más aún de un espíritu delante de cuya visión y percepción es imposible ocultar un fraude».

5.137.1 y 137.10-12 «Así en el Más Allá todo será revelado, de lo contrario las incontables comunidades de los espíritus no podrían existir.

Nunca prometáis algo imposible de ser realizado o que por algún motivo no podáis o queráis cumplir. En verdad os digo que no hay cosa más amarga y dolorosa que una promesa no cumplida porque la persona que no ha percibido lo prometido, hubiera podido emprender otra cosas con la que hubiera conseguido ayuda u otro provecho. Sin embargo, como no podía depender de la promesa hecha y no cumplida, se ve puesta en una situación desesperada y muchas veces maldice a los que por la promesa no cumplida la han ocasionado una gran desgracia.

Tenéis que cumplir todo lo que prometáis. Considerad que El que os da este mandamiento es un Señor eterno sobre todo lo que se llama Vida y muerte. Nunca dejaré impune a quien no cumple por motivos egoístas lo que ha prometido.

Si niegas el pago prometido a quien te ha prestado un buen servicio, cometerás un pecado mayor que el robo. Si el otro te ha servido mal y con insolencia, puedes advertirle que la próxima vez no recibirá el pago si no realiza el servicio requerido con la necesaria aplicación; pero para el pésimo servicio que te haya prestado tienes que cumplir tu palabra y pagarle para que sepa que en ti vive y obra el espíritu de la Verdad entera».

La Tierra, una escuela de prueba para los hijos de Dios

5.157.1-10 Cirenio: «Señor, debo confesar que en realidad la Tierra no es un mundo de amor y de verdad, sino un mundo malo lleno de odio, mentira e injusticia. Podría ser diferente, pero la Tierra está condenada a convertirse en una casa de miseria y sus criaturas a languidecer en su suelo; pero podría ser diferente».

Dije Yo: «Si, verdad es que podría ser diferente como es diferente en innumerables cuerpos celestes; pero en tal caso esta Tierra no habría sido escogida para la educación de los hombres llamados a ser hijos de Dios.

¿Podría el amor verdadero y poderoso afirmarse y reconocerse como tal entre criaturas que emanan del Amor puro? ¿Cuán seria la prueba aplicable para practicar la paciencia, la humildad y la suavidad de una persona dotada de todo el Amor desde su nacimiento?

Si Yo hubiese constituido la naturaleza humana de tal manera que ya desde el nacimiento del hombre le hubiese proporcionado la máxima perfección sin aplicar ningún esfuerzo propio, ¿qué práctica y autoeducación necesitaría todavía?

En el constante crecimiento de mis innumerables hijos imperfectos, en sus crecientes conocimientos y perfeccionamientos y en las acciones progresivas que derivan de ellos reposa mi máxima felicidad. Su alegría sobre una capacidad perfecta difícilmente conquistada también es siempre mi alegría y con esto mi perfección infinita recibe el valor más estimable si queda aspirada más y más por los hijos imperfectos y se da a reconocer evidentemente como que crece en ellos.

Si no fuese así, ¿crees tú que Yo habría creado un mundo y puesto un ser viviente en él? Todo esto fue desde siempre una necesidad indispensable para Mí, sin la cual nunca hubiese sido creada la Tierra con sus diversos seres.

Conforme a esto, lo debe ser para siempre. No vine a la Tierra para dar paz y calma inerte, sino para darle la espada, la lucha para provocar más actividad. Sólo delante del odio el amor llega a ser una acción verdadera y viva, ahuyentando la muerte destructora. La miseria que persigue a la humanidad la hace activa, y con el tiempo, paciente, suave y sumisa a mi Voluntad. Si no hubiese la mentira con sus consecuencias amargas, ¿qué valor tendría la Verdad?

5.160.5-7 Quien ama a Dios y al prójimo, no por otro motivo que a Dios por Dios y al prójimo por el prójimo, no llega a renacer completamente porque el renacimiento completo es una unión directa entre Dios y el hombre.

Por cualquier otro motivo, el hombre interpone una pared divisora, aunque muy delgada, entre él y Dios, por la cual la Luz espiritual no puede penetrar, y por eso el hombre no puede ser completamente una misma cosa con el Espíritu de Dios. Mientras esta unión no se realiza, no puede hablarse de un renacimiento completo.

Es necesario que se desvanezca del alma cada clase de interés personal, pues el hombre debe ser totalmente libre; sólo entonces puede alcanzar lo máximo.

5.167.10-12 Más vale obrar según mis palabras que de hablar y predicar muchas palabras.

Quien sólo oye aprobatoriamente mi Palabra viva -este Evangelio de Verdad- sin aplicarla realmente, no será beneficiado, quedando en el mismo lugar del mundo que estaba antes, sin llegar nunca a una rama verde, por no hablar de un árbol de la Vida.

Quien posee mucho, que dé mucho, y quien posee poco, que dé poco para que le menesteroso también tenga algo.

La avaricia y la economía

5.168.1-2 y 168.7-9 Todos los pecados cometidos en esta Tierra tienen su origen en la codicia de unos hombres. La avaricia es el padre de todos los pecados imaginables. Primero el hombre procura enriquecerse a más no poder, aplicando todos los malos medios condenados como fraude, robo y asalto. Cuando consigue ser rico, el hombre se hace orgulloso y dominador; empieza a aislarse, contratando servidores y criados para ahuyentar a todos los que se acercan sin autorización a la habitación del avaro.

Al ser sumamente rico, el avaro se echa en brazos de una vida regalada y holgada, tentando a las mozas, practicando la fornicación y el adulterio y otras innumerables perversidades; y en caso de que sea el guía de un país, pronto cundirá su mal ejemplo entre el pueblo y todos empezarán a robar, asaltar, matar y fornicar, y no habrá más vestigios del reconocimiento de Dios.

Quien solo ahorra para sí y sus parientes, no economiza según mi Orden; pero quien ahorra para poseer algo de modo que en tiempo de necesidad también pueda dar algo a sus hermanos menesterosos y pobres, a éste le elogio y le bendigo sus ahorros, y nunca sufrirá miseria.

No digo que alguien no deba ahorrar para sus hijos y para su casa, pues éste es el primer deber de todos los padres; pero los pobres no deben ser excluidos, pues Yo hago llegar el Sol también sobre aquellos que no son mis hijos.

Quien lo haga como Yo lo hago será semejante a Mí y en el futuro estará donde me encuentro desde la eternidad; pero quien da con mezquindad a sus semejantes, del mismo modo será tratado por Mí.

Una promesa del Señor para los necesitados

5.169.3-5 Yo seré el socorro, la fuerza y la ayuda de todos los que se esfuerzan seriamente en obtener la salvación de su alma. En los tiempos de miseria no abandonaré a nadie que siempre, amándome, ande con fidelidad y confianza por mis caminos. Si se ha desviado de mi camino, cayendo en las tentaciones del mundo, entonces habrá de reprocharse a sí mismo si no le presto mi ayuda durante el tiempo de la miseria, y esto durará hasta que, lleno de seriedad, arrepentimiento y confianza, vuelva a Mí.

Siempre seré el mismo fiel pastor que busca y procura salvar sus ovejas extraviadas; pero es preciso que la oveja comience a balar para poder ser encontrada según su libre albedrío.

Quien lleva una carga que sobrepasa sus fuerzas que en su corazón se acerque a Mí y Yo le confortaré y aliviaré de su carga. A algunos les doy una carga mayor para que sientan su debilidad y vengan en su corazón a Mí, rogándome fuerzas suficientes para poder tolerar más fácilmente sus mayores cargas de la vida; y Yo les daré fuerzas en todas las miserias y una Luz justa para recorrer los caminos obscuros de la vida de este mundo. Pero quien siente esta sobrecarga y en su corazón no viene a Mí, tiene que culparse a sí mismo si sucumbe bajo la carga demasiado pesada de la vida terrestre».

El desenvolvimiento del alma

5.184.8 San Juan, inspirado por el Señor: «El desarrollo de un alma en el Más Allá dura mucho más tiempo que aquí en la Tierra, pero pese a ello nunca puede alcanzar el máximo grado, como si el desarrollo del alma, todavía en el cuerpo, se hiciera aquí en este mundo; pues con esto la parte más noble del cuerpo es santificada de tal manera que casi toda la carne obtiene junto con el alma -y ésta con su espíritu unido a ella- cierta especie de transfiguración y resurrección, formando luego para toda la eternidad un ser unido enteramente con alma y espíritu. Sin embargo, esto sólo lo alcanzan muy pocos en la Tierra, aunque poco después de la muerte lo alcanzan muchos.

5.186.4-8 Puesto que hablamos del Sol, puedo afirmar que es un millón de veces mayor que esta Tierra. ¡Qué maravillas nunca soñadas por vosotros cubre sus extensas regiones! Incontables criaturas maravillosas andan en la mayor armonía por las extensas campiñas de luz, regocijándose de su existencia feliz. La belleza de estos seres es tal que podéis mirar a una criatura solar por un tiempo indeterminado sin cansaros. Esto no es una exageración sino la pura verdad.

Este Sol que veis en el cielo no es el único en el espacio infinito; existen un sin número de Soles y entre ellos muchos de un tamaño tan gigantesco que hasta nuestro Sol, en comparación con aquellos primitivos Soles gigantescos, podría ser contemplado como copo de nieve comparado con el tamaño de esta Tierra.

Cuando estas variedades ya existen en las creaciones materiales, ¿qué podemos esperar del Reino infinito de las creaciones espirituales de Dios, del Señor y Padre desde la eternidad? ¿Cómo puede hablarse de aburrimiento en una existencia eterna de una criatura que obtuvo la unión con su espíritu?

Y si tú, como espíritu puro y emancipado -en compañía celeste de otros espíritus semejantes a ti- has contemplado y mirado durante eones de años terrestres las crecientes maravillas de Dios, entonces todavía estarás muy lejos del comienzo de las maravillas celestes. Si te fuese posible profundizar en estos pensamientos, sentirías una creciente alegría en la Vida y nunca una desesperación o repugnancia a la misma.

La causa de la gran variedad de las almas en la Tierra y sus condiciones particulares

5.188.13-17 A causa de la Filiación divina, únicamente alcanzable en este planeta, la Tierra ha sido elegida y destinada por Dios para que en ella, entre las más variadas clases y caracteres de hombres, también reine una gran variedad que no se encuentra en un grado tan alto en ningún otro de los innumerables cuerpos cósmicos.

Como todos los espíritus originales y puros de todo el Universo conocen bien el hecho de que únicamente este planeta está predestinado a desarrollar almas para la verdadera filiación de Dios, podéis imaginaros que muchos espíritus con almas de otros cuerpos cósmicos vienen a esta Tierra para fermentar en la materia de este planeta. Algunas lo consiguen a la primera tentativa; otras no lo consiguen. Si al principio un alma extraña en un cuerpo terrestre no puede existir en la materia ni soportar el peso de la misma, entonces ella será llevada por su espíritu a donde venía.

Hay muchas almas que no soportan el aspecto más estéril y triste de este planeta. En este caso tienen sentidos mal desarrollados y descuidados. Durante cierto tiempo soportan aquí la existencia y en general imitan algunas facultades de los habitantes terrestres, pero después de una vida corta -para ellas una vida de gran importancia- y con el mejor éxito para el gran esfuerzo aplicado, vuelven a su patria y allí alcanzan lo que buscaban al principio.

Con frecuencia algunas de tales almas extrañas incluso ambulan por muchos otros cuerpos cósmicos hasta que, movidos por sus propios espíritus, se arriesgan a esta Tierra. Algunos derivan de los mundos solares. Entre estas últimas hay algunas que pronto se hacen perfectas; en cambio, otras se encolerizan muchas veces con todo lo que aparece en la Tierra. De estas almas surgen individuos muy malos que roban, asesinan y hurtan a más no poder. En general no sienten simpatía por los habitantes terrestres y procuran perjudicarles por cualquier medio. Muy raras veces escapan del castigo justo por sus delitos al infringir las leyes del orden terrestre. Muchas veces vuelven a su patria primitiva donde tampoco llevan una vida cómoda y fácil porque su espíritu comienza a utilizar una disciplina severa y dolorosa que según el orgullo, el egoísmo y la obstinación del alma puede durar un tiempo terriblemente largo.

A veces esta misma cosa sucede a los habitantes terrestres, cuando se dejan tentar por las almas extrañas para practicar maldades. Tales almas, por desgracia muy numerosas, son los mencionados “demonios”. Sin más en cuestión se corrigen completamente.

Esta es la razón por la que en esta Tierra hay una variedad tan grande de almas y también tales situaciones peculiares de los hombres».

El beneficio de descansar en sillones de reposo. Consejos respecto a la salud

5.196.6-9 El Señor: «Se descansa muy bien en estos bancos provistos de buenos respaldos. Incluso os digo que los hombres podrían prolongar una tercera parte de su vida corporal si construyeran buenos bancos y sillas de reposo en vez de camas horizontales. Porque con el reposo horizontal la circulación sanguínea sufre un cambio demasiado fuerte entre el día y la noche, provocando desde temprana edad impedimentos y alteraciones en los órganos nutritivos y digestivos. Pero en esta posición de descanso todo permanecerá durante muchos años en el mejor equilibrio.

Lo más perjudicial es el reposo horizontal de las mujeres embarazadas; en primer lugar porque el feto queda deformado y débil, y en segundo lugar porque en general esto es la causa de sus partos difíciles. Esto os digo respecto a la salud. Quien observe mis consejos sentirá las buenas consecuencias corporales.

Además en verano conviene dormir al aire libre. Sólo en invierno son necesarias habitaciones limpias y secas, moderadamente calientes. Quien así viva, según el orden original, comiendo y bebiendo sobriamente, tendrá muy poco que ver con médicos y farmacias.

La historia primitiva de los hombres. Los primeros hombres en la Tierra

5.197.1-6 y 198.2 La Tierra es un cuerpo celeste sumamente antiguo; no hay número para vuestro concepto de tiempo que pueda daros una idea de los años de su existencia.

Sin embargo, hombres como los que ahora lleva la Tierra sólo existen hace poco más de cuatro mil años. Los hombres de aquel entonces eran como vosotros, pero según su modo de obrar se dividían en dos clases, a saber: los hijos de Dios, porque sus corazones y sus almas reconocieron a Dios y le permanecieron fieles, y los hijos del mundo, porque olvidaron más y más a Dios, y sólo sirvieron al mundo como ahora la mayoría de los hombres. Construía ciudades y templos paganos, y su dios era, como hoy en día, el dinero. No obstante, su vida era idéntica a la de nuestro tiempo y bastante corta.

Otra cosa era la vida de los hijos de Dios. Estos habitaba sólo en las montañas y muy raras veces se dirigían a os valles. Hacían una vida sencilla y natural. No había ciudades, ni caseríos, ni aldeas ni casas, sino sólo algunos lugares limpios cubiertos de césped y rodeados de árboles. Alrededor de éstos se construían terraplenes en forma de bancos, y donde era necesario, principalmente en los troncos, se cubría de musgo. De esta manera este muro redondo formaba al mismo tiempo un banco de reposo durante el día y uno de descanso para la noche.

Su alimento consistía en frutos buenos y maduros, de raíces sabrosas y de leche. Con el tiempo aprendieron por revelaciones interiores cómo hacer herramientas y utensilios domésticos, fabricados con hierro y otros metales. Luego se dedicaron a la agricultura, prepararon harían e hicieron pan y otras cosas por el estilo, pero todo con sencillez. La finalidad de una cosa les satisfacía completamente, y así continuaron viviendo todavía dos mil años en la mayor sencillez y con ello alcanzaban una edad sumamente avanzada.

Sólo cuando paulatinamente se dejaron seducir por el lujo y la belleza de los hijos mundanos, como castigo fueron subyugados muchas veces por estos últimos, haciéndoles esclavos salvo un pequeño grupo que quedó fiel a Dios. A partir de entonces todo se modificó: su estatura corporal se hizo más pequeña y se hicieron más débiles; su vida raras veces llegaba a los cien años, mientras antes alcanzaban cerca de los mil.

Como ya es sabido, durante la época de Noé los primeros habitantes de la Tierra, que se habían hecho materialistas, fueron ahogados por el diluvio, que cubrió la mayor parte de la Tierra habitada. Las poderosas olas no raras veces se elevaron sobre las cumbres más altas de los montes y aniquilaron toda la vida en aquellas regiones con excepción de Noé, de su pequeña familia y de los animales cobijados en el arca. Sin embargo, con Noé comenzó una época totalmente nueva en la Tierra. Con esto tenéis un compendio fiel y verdadero de la historia primitiva de los hombres en esta Tierra.

Antes de los primeros hombres verdaderos hubo seres como los que habitan los innumerables planetas, seres que tenían una forma muy semejante a la nuestra. Hubo muchas épocas en esta Tierra, en las cuales feneció una generación y paulatinamente otra más perfecta surgió en su lugar.

5.199.9 En todo el infinito universo de la Creación no existe otro cuerpo celeste que tenga la misma finalidad ni la misma organización interna y externa de la Tierra.

La diferencia entre los hombres de la Tierra y los de los otros mundos

5.200.1-5 En todo el Universo encontraréis animales más o menos parecidos a los de aquí en la Tierra, así como también hombres, pero en ningún planeta hay tanta diversidad como aquí, pues en ellos sólo existen unas pocas especies tanto del reino animal como del vegetal, y los hombres no viven libremente sino dentro de un orden impuesto, actuando más por conocimiento instintivo que por experiencias.

En los extensos y grandes cuerpos solares existen en sus zonas anulares todo en la forma correspondiente, como en los planetas que les rodean. También se manifiesta una gran sabiduría entre las criaturas dotadas del don de la Palabra; sin embargo, allí la lengua y la sabiduría, muchas veces importantísimas, son más bien instintivas, y no se basan en facultades conquistadas con las penas y los trabajos de una actividad libre.

Por eso allí no hay mérito, como tampoco la hay en las abejas cuando construyen colmenas de forma artificial, sacando el material de las flores. La abeja parece más una herramienta de una inteligencia espiritual del Más Allá que un ser dotado de libre voluntad. Lo mismo ocurre con las criaturas de los otros cuerpos celestes, aunque sus formas externas muchas veces son incomparables más hermosas y nobles que la de los hombres de esta Tierra.

Verdad es que los habitantes de los otros planetas levan ventaja a los animales de esta Tierra dotados del instinto pues también poseen cierto camarín de la vida, en el que sienten una especie de noción libre por la que reconocen un Espíritu divino y le veneran. Claro que esta clase de veneración es muy diferente en los distintos cuerpos celestes.

La mayoría de los animales de esta Tierra tienen una especie de facultad psíquica que les indica la libertad de su alma -por tal razón pueden ser domesticados y aprovechados para hacer ciertos servicios- pero ésta no es comparable con la facultad psíquica de los habitantes de los otros cuerpos del Universo».

Una ojeada a Saturno

5.201.3-9 El Señor concede el ruego de los habitantes de una pequeña aldea de pescadores de dirigirles con sus miradas fijadas en Saturno. Lo que ellos observan con su visión física es lo siguiente:

Hallándose muy cerca de la primera Luna, la cual se encuentra más lejos del planeta, Hiram exclama: «¡Qué mundo tan enorme, pero qué estéril! Verdad es que allí hay hombres, animales y plantas, pero todo tiene un aspecto como atrofiado, y las personas no dan la impresión de tener mucha inteligencia; tampoco son bellas. Hay escasez de animales y la flora es muy monótona y desmedrada. ¡No me gusta!

Surgen otros mundos, menos agradables. He aquí el quinto, todo en tamaño menor; la parte habitable, entretanto, tienen un aspecto un poco mejor que las anteriores. Las criaturas pequeñas saltan alegremente como monos, pero no se ven habitaciones. También la fauna parece muy sencilla y escasa, y las plantas son muy raras. Allá vienen el sexto y el séptimo mundo. ¡Qué mal aspecto y qué monotonía!

¡Menudo mundo enorme que nos viene al encuentro! No tiene fin (se trata del anillo exterior). Parece que continué siempre en línea recta. ¡Qué magnífico aspecto! Largas cordilleras parecen extenderse eternamente, y se ven lagos y ríos. Las criaturas y las plantas se asemejan más a las nuestras, pero no parece que haya cultivo alguno. Los hombres tienen un aspecto particular y parecen desconocer la alegría. No hay casas ni aldeas.

He aquí otro mundo gigantesco; es como si un mundo grande estuviese metido dentro de otro. Sin embargo, no hay gran diferencia entre este mundo y el precedente. Allá viene el tercer mundo análogo. En este último los hombres pequeños tienen aspecto de espectros. Es un mundo muy desierto y casi sin cultivos. ¡Tampoco me gustaría vivir allí!».

Después de haber mirado el cuarto anillo, que tiene un aspecto mayor que los demás, pero que está sin criaturas, reciben una vista del mismo Saturno. «Pero ahora surge un mundo que infunde respeto». Después de casi media hora de observaciones y exclamaciones, Yo les hice volver a su estado normal, conservándoles la memoria completa de la visión en sus almas e incluso en sus cerebros, y les pregunté si les había gustado Saturno.

5.202.1-2 Hiram contestó: «¡Oh, Señor, lleno de Omnipotencia y de Sabiduría! ¡Era inefable! El último mundo, al mismo tiempo el mundo más interior, era un mundo lleno de maravillas. Todo era de un tamaño colosal, de modo que nos sentíamos como ratones en un país de elefantes. Todo lo demás tenía la misma proporción, sobre todo en las alturas, mientras que en los valles el cultivo se asemejaba mucho al nuestro. Si describiéramos todo lo que vimos emplearíamos cien años o quizás más para detallarlo todo.

Ahora comprendemos por qué sólo la Tierra tiene el destino de llevar criaturas verdaderas semejantes al Dios Altísimo. También comprendemos que Tú debes estar penetrado del Espíritu Altísimo de Dios, de lo contrario no te sería posible hacernos descubrir los milagros de aquella estrella, Saturno de nombre. Señor y Maestro, quien ha creado todos estos mundos debe ser grande, poderosos y sabio, por encima de nuestra comprensión. Reconocer a este Maestro vale mucho más que tener la visión más próxima de todas las estrellas del cielo».

El Mesías y la Salvación

5.204.8-13 El Señor: «La pereza o la tendencia creciente a la ociosidad y holgazanería es el comienzo de todos los vicios, y esta actitud del alma humana es exactamente el espíritu malísimo al que la Escritura llama “Satanás”. En esto consiste el mal original, que padecen todos los hombres y del cual nadie puede librarles sino un Mesías, venido del Cielo, lleno de la Vida y de la actividad más sublime.

Todos los sabios de la Tierra han descubierto y reconocido que hay un mal original entre los hombres, pero en qué consiste y cómo vencerlo no han podido averiguarlo. He aquí la tarea del Mesías; salvar eternamente por medio de enseñanzas y hechos a los hombres de este mal, cuyo fruto es la muerte del alma.

Sin embargo, la salvación no será verdadera ni eficiente para el hombre si éste no aplica exacta y fielmente los recursos indicados, de lo contrario continuará siendo el mismo hombre malo que ha sido antes de la llegada del Mesías; pues el Mesías venido de los Cielos no libertará a nadie de su mal o pecado original sino únicamente a quien viva exactamente como lo prescribe su Doctrina. ¡Que nadie espere un efecto maravilloso o mágico respecto a la salvación del conocido pecado original!

Verdad es que el Mesías, en testimonio de lo que Él es, va a realizar grandes hechos maravillosos; pero estos milagros no serán en beneficio ni en provecho de un alma propiamente dicho, sino que sólo servirán para despertar la fe y estimular el alma para que sea activa según la Doctrina dada.

Conforme a esto, el Mesías semeja a un patrón rico y bueno que prepara un gran banquete y envía a sus criados y servidores a todos los lugares, caminos, calles y callejones para invitar amablemente a todas las personas que encuentren a participar en el gran convite. De la boca de los enviados, su voz será oída por pobres y ricos, sencillos e importantes, flacos y fuertes, incapacitados y poderosos. Todos los que acudan quedarán saciados, mas los que no quieran venir no serán forzados a hacerlo. Si vienen o no, lo mismo da al patrón que convida, pero el beneficio del convite lo llevarán sólo quienes han aceptado la invitación.

El gran convite o banquete, no obstante, será la Doctrina del Mesías. Quien la oye y la aplica será un participante justo en el gran banquete y recibirá bendición en abundancia; pero si alguien sólo oye la Doctrina sin ponerla en práctica, ésta será como una mesa bien puesta para alguien que no come nada de los platos buenos, siendo indiferentes que sea convidado o no. Ahora ya sabes cómo es el Mesías.

El hombre, ser imperecedero

5.211.6 Quien piensa que sólo vive un tiempo limitado, se equivoca mucho. Nada en el hombre es perecedero, aunque necesariamente su cuerpo material se transforma, como toda la materia de la Tierra, porque su destino, basado en el poder de la Vida pura, es ingresarse para siempre en la Vida inalterable.

El poder maravilloso de la Palabra

5.216.2-5 Ya puedes ver con tus ojos que Yo, como todos vosotros, soy un hombre sencillo y modesto. Cómo bebo y me visto como los galileos, y hablo con las mismas palabras que tú hablas. En esto no puedes hallar diferencia alguna nosotros. Sin embargo, cuando hablas, aunque llenas tus palabras de fortísima voluntad, sólo quedan palabras, a las que necesariamente debe seguir una acción, pero sin duda de poco efecto. Y mira, en este punto somos muy diferentes. Si Yo lleno con mi Voluntad una de mis palabras o de mis pensamientos -que también es sólo una Palabra del Espíritu-, es seguida de la acción completa sin el menor gesto.

Lo que Yo consigo con mis palabras, también mis discípulos verdaderos deben ser capaces de lograr, porque su interior es guiado por el mismo Espíritu que el mío.

Mira, esto es algo de mi nueva Doctrina que desde el principio del mundo nunca ha sido observado con tal abundancia y perfección entre los hombres. No llevo herramienta ni utensilio, ungüento, ni polvo; en mi manto y túnica no encontrarás bolsa, ni tampoco en las de mis discípulos; andamos sin zapatos ni bordón.

Todo lo que poseemos son palabras y voluntad, y a pesar de ello no estamos en la miseria».

La transformación maravillosa de la región a orillas del mar. Voluntad libre y aceptación de la Voluntad divina

5.217.5-8 El Señor, después de haber transformado una región estéril y de suelo árido en una zona fértil y de magnífico aspecto: «¿Cómo ha sido esto posible? Ya te lo he explicado antes claramente, pero te añado que mis discípulos verdaderos serán capaces de hacer y de obrar. Huelga decir que mis discípulos verdaderos deben reconocer y saber que sólo son capaces de efectuar tal cosa si en el espíritu son una sola cosa con mi Espíritu y que en cada ocasión se aconsejarán con mi Espíritu si el asunto es necesario para obtener una buena finalidad.

Porque si alguien que vive estrictamente según mi Doctrina es invitado por algún personaje poderoso de surtir un efecto milagroso para demostrar su misión sublime, y él consiente en ello, pero Yo le digo en su espíritu: “¡No lo hagas, porque no es mi Voluntad!”, sin embargo, el discípulo se pone a hacerlo a pesar de mis palabras para que no lo haga -aunque fuera para salvar su propio pellejo- él no será capaz de surtir efecto alguno porque mi Voluntad no estará unida con la suya.

Sólo conmigo, es decir, en unión con mi Espíritu y mi Voluntad, podréis efectuar todo; pero sin ellos no podréis hacer nada, porque Yo soy el Señor y lo seré eternamente. Esto también pertenece a mi Doctrina. ¿Me has comprendido?».

Contestó Epifanio: «¡Sí, Señor y Maestro de todos los maestros! Pero objeto algo que en mi opinión no quiere unirse enteramente con el libre albedrío del espíritu humano. Pues si por ejemplo sólo puedo efectuar una señal cuanto Tú quieres cooperar, entonces mi voluntad depende de la tuya y no es libre».

Dije Yo: «Oh, en este caso te equivocas mucho. Es lo contrario, pues cuanto más estrechas es la unión del espíritu humano con mi Espíritu, tanto más libre es el hombre en el espíritu y en la voluntad, pues Yo mismo tengo el máximo poder y libertad ilimitada. Sólo quien no está en estrecha unión conmigo se limita en su libertad en la misma medida en que no quiere unirse conmigo; pero quien sea enteramente una cosa conmigo, también será capaz de hacer lo que Yo puedo hacer».

5.218.9-11 «Cada Palabra que sale de mi boca es Luz, Verdad y Vida en tu corazón; si aceptas mis palabras en tu corazón y obras según ellas, recibirás la Vida verdadera y eterna.

Si alguien oye mis palabras pero no las pone en práctica ni obra de acuerdo con ellas, no será vivificado por mi Palabra y sólo le servirá de juicio y de muerte. Aunque esto ya no es mi voluntad sino sólo el Orden eterno de Dios, a pesar de todo no puedo ayudarle porque él debe ayudarse a sí mismo.

Pues si se ofrece una comida a un hambriento y él no se la come sino que sólo la mira, entonces no es culpa de quien da la comida si el hambriento muere de hambre, sino que es sólo culpa del hambriento porque no quiere, tomar el alimento. De la misma manera ocurre con quien ofrezco mi Palabra en calidad del pan más verdadero de los Cielos, y sólo la oye y no quiere ponerla en práctica. Por tanto no sed sólo oyentes de mi Palabra sino hacedores de ella y seréis saciados verdaderamente en el alma con el pan de los Cielos, y no sentiréis ni palparéis la muerte porque os transformaréis enteramente para la Vida en Dios.

La finalidad de la crucifixión del Señor

5.218.9-11 Corporalmente soy como vosotros, es decir, mortal, y en consecuencia también Yo tendré que dejar mi cuerpo y esto en la cruz en Jerusalén, en testimonio contra los judíos malísimos, sumo sacerdotes y fariseos, y para su juicio. Porque únicamente esto quebrará para siempre su poder; con esto el príncipe de la obscuridad espiritual, que hasta ahora ha dominado el mundo humano será vencido, perderá su poder y no será capaz de continuar seduciendo como hasta ahora a los hombres y arruinarles.

El príncipe, sin embargo, se llama “Satanás”, esto es, mentira, engaño, orgullo, envidia, odio, avaricia, codicia, despotismo, arrogancia, homicidio, instintos sanguinarios y toda especie de fornicación.

La altivez y arrogancia más cúmulos cósmicos globulares atroces no pueden ser destruidas ni vencidas con la máxima humildad; por tanto es necesario que tal cosa me corresponda a Mí. No os aflijáis pues no permaneceré en la tumba para que se descomponga mi cuerpo, sino que al tercer día resucitaré para volver nuevamente a los míos como ahora me veis. Y este acontecimiento os dará el mayor testimonio verdadero de mi misión divina y fortalecerá vuestra fe.

El ayuno

5.222.6-7 Verdad es que hay muchos individuos en Jerusalén que observan estrictamente ciertos días de ayuno, pensando que con esto puedan ganar el Reino del Cielo; pero se equivocan mucho, pues existe en ninguna parte.

Con esto no quiero decir que os hagáis glotones y bebedores, sino que siempre viváis sobria y moderadamente en todo y que améis al prójimo como a vosotros mismos, y entonces todo el mundo reconocerá que verdaderamente sois discípulos míos.

Hijos de Dios (de arriba) e hijos del mundo (de abajo)

5.225.3-10 En esta Tierra o mundo viven dos clases diferentes de hombres. La mayoría, según la ordenada graduación evolutiva del cuerpo y del alma, es propiamente de esta Tierra y puede ser considerada como hijos del mundo.

Una parte mucho más pequeña de los hombres terrestres sólo es de esta Tierra en cuanto a su cuerpo, pero por lo que respecta a su alma es de los diversos mundos estelares e incluso se originan como puro espíritus angélicos del Reino Celeste. Estos últimos son los más raros.

Esta segunda clase de hombres de esta Tierra más noble, puede llamarse Hijos de Dios. Unicamente a éstos les está reservado conocer los secretos del Reino de Dios, y su mundo según su capacidad de comprensión, y enseñarles también el camino por el que pueden hacerse hijos de Dios y ciudadanos de su Reino.

Ahora bien, estos hombres del mundo, liberados del lodo de esta Tierra, todavía son muy materiales debido a que sus almas nunca han pasado cierta escuela preliminar de una libre vida autodeterminante. Por tal motivo sólo pueden ser instruidos para conocer el Espíritu sublime y eterno de Dios por medio de imágenes simbólicas.

Y mirad, debido a la mayoría de los hombres, también las revelaciones sobre los reinos de los espíritus son ocultadas en imágenes simbólicas, las cuales sólo serán descubiertas por los hijos de Dios a los hijos del mundo, según su comprensión, pero nunca demasiado de una vez para que sean capaces de digerirlo adecuadamente. De esta explicación podéis llegar a ciertas conclusiones.

Después de la muerte corporal, la vida psíquica de los hombres es constantemente progresiva, pues su perfeccionamiento es imposible que pueda ser obra de un momento; y esto porque el alma -al igual que su cuerpo anterior- es una entidad limitada dentro del espacio y del tiempo y por eso es capaz de comprender sólo poco a poco el infinito y el eterno, el espacio y el tiempo, así como también el poder ilimitado del Espíritu de Dios y sus obras.

Todo depende del estado moral en que el alma salió de su cuerpo. Si este estado corresponde con las buenas leyes vigentes, entonces la condición del alma en el Más Allá, sin duda alguna, será tal que situada en un grado más elevado de perfección de la vida libre, podrá evolucionar gradualmente.

No obstante, si el alma ha tenido que dejar el cuerpo sin haber hecho caso en la anterior vida corporal de la verdad y de las mejores enseñanzas, por falta de educación o, peor aún, por falta de voluntad para cumplir con las leyes vigentes, se comprende por sí mismo que tal alma miserable debe ser puesta en una condición nada envidiable en la que será purificada y curada de su inmadurez animal, de acuerdo con el máximo Amor y Sabiduría divinos, pudiendo de esta manera elevarse a un grado más adelantado para progresar con mayor facilidad.

La vida de los materialistas en el Más Allá

5.226.1-6 Hay en la Tierra hombres que por descender de padres muy ricos han gozado de una educación esmerada. De adultos ocuparon cargos de responsabilidad y de prestigio. En esta época, el demonio del orgullo entró en sus corazones. Empezaron a dominar, a odiar a sus prójimos, a engañar y a atormentar sus semejantes, y a entregarse sólo a sus placeres voluptuosos. Su cielo, al cual aspiraban con toda el ansia, se llama vida regalada, comodidad, opulencia y sensualidad. Todos los que no querían servirles eran perseguidos y aniquilados sin consideración ni piedad.,

Viene el tiempo y la hora determinada por el Orden de la Omnipotencia divina en que las almas de tales hombres han de dejar su cuerpo tan amado. ¿Qué va a suceder ahora?

Ved, esta clase de almas ha incurrido en pecados, lo que cada hombre dotado de un sentimiento de justicia comprenderá fácilmente. A pesar de todo, estas almas no serán condenadas por Mí, sino desplazadas a un estado idéntico al que tenían en la Tierra, sólo con la diferencia de que sus vecinos tienen y quieren lo mismo y son enteramente idénticos a los recién llegados. No tarda mucho en estallar una guerra ardiente, pues cada alma se tiene por la más elevada y poderosa y quiere dominar a todas, porque cree que las demás le son subordinadas pero no quieren someterse a sus leyes y órdenes.

Si sólo uno, dos o tres pensasen de esta manera y los demás fuesen espíritus humildes y obedientes, esto sería una especie de monarquía en el reino de los espíritus, donde uno manda y millones le obedecen. Pero en este caso no es así pues cada uno quiere ser un monarca y mandar como un tirano. Tal pasión engendra un odio recíproco casi inextinguible, se producen riñas, querellas, disputas, persecuciones y va incluso a estallar una guerra en la que nadie puede ser matado, pero del odio y la ira se origina un fuego devastador del que se sirven los luchadores para atormentarse y herirse.

En este caso depende de si tal grupo debe desarmarse. Entonces es enviado un espíritu poderoso de los Cielos que restablece el orden por medio de un fuego todavía más poderoso y fuerte, provocando dolores inmensos, momentáneos o prolongados, a tales almas. Una vez alcanzada la calma completa, sus pasiones tontas van desapareciendo; el fuego atormentador se extingue y el espíritu angélico les habla sobre su ceguera, obstinación y locura.

Si algunas de estas almas infelices hacen caso de las instrucciones mencionadas, pasarán a un estado mejor; pero si a causa de su secreta arrogancia quieren permanecer en su obstinación imperdonable, podrán aguardar durante un futuro próximo en la misma situación.

Conducción de las almas en el Más Allá y reencarnación

5.232.1-13 Cada hombre -no importa su fe- tiene la oportunidad de dedicarse más a lo espiritual que a lo material. Siendo así el alma en el Más Allá no puede ser atraída por el polo negativo, quedando con su voluntad en una situación neutral, en la que no pertenece a ningún polo. Denomino a este estado de las almas “reino intermedio”, en el que las almas son guiadas por los espíritus ya perfectos y en la mayoría de los casos conducidas al polo positivo.

Verdad es que tal asunto de una reforma completa se efectúa tardía y lentamente, pero ¿qué importa? Nunca puede hablarse de una perdición completa de un alma. Aunque sea atraída por el polo opuesto debido a su gran obstinación, después de ciclos tendrá que someterse a pasar a otra encarnación en esta Tierra o en otra, de las que hay innumerables en el espacio infinito, sin saber ni presentir que ya había vivido. Tal noción no redundaría en su beneficio porque recaería en su mal original, siendo en vano su segunda prueba de vida».

Para que se le comprenda mejor el Señor pone el ejemplo del alma de un soberano extraordinariamente cruel, que vivir hace dos mil años, la cual llega al Más Allá, donde es atormentada por sus semejantes; la ira y la venganza de los semejantes se intensifican y destruyen la materia perniciosa todavía adherida a esta alma y la purifican.

«Después de haber pasado muchas de tales tormentas, el alma queda más razonable y trata de soltarse de esta sociedad tumultuosa. En general se permite que ella entre en una mejor sociedad, o se encarna de nuevo, naciendo por vía normal en otra parte del mundo.

En este caso tal alma es hijo entero y no sabe nada de su estado anterior para no perjudicar su carrera evolutiva.

El hijo, del mismo sexo masculino que antes, va creciendo en un ambiente pobre y con una educación mediana se hace jornalero honesto y competente en cualquier trabajo doméstico o agrícola, reconoce a Dios y le ruega y le da las gracias por el pan cotidiano. Le gusta servir a sus semejantes por un sueldo escaso y serles útil. Por fin el trabajador envejece, se va debilitando, enferma y muere como todos los hombres en la Tierra.

¿Qué ocurre entones con su alma? En el Más Allá ella se junta con las almas buenas y trabajadoras y se alegra de ser modesta y de servir a todas. Esta inclinación favorable de su naturaleza causa pronto el despertar de su espíritu en Dios, o sea de su chispa divina, que es su “segundo yo”.

Alcanzado esto, no tarde en unirse completamente a él, y entonces regresa a tal alma la plena conciencia y el recuerdo claro de todos sus estados anteriores, y ella elogia la Sabiduría, el Poder y el Amor de Dios, los cuales le han conducido de las condiciones más lamentables a la verdadera Vida eterna.

De esto podéis deducir claramente que Dios, en sus vías inescrutables para hombres mortales, es capaz de conducir a cada alma, por perversas que sea, a la Luz y a la Vida verdadera.

Desaparición y formación de las creaciones materiales

5.233.1 Dios, el Amor purísimo, sólo puede amar sus pensamientos e ideas, aunque constituyen, como criaturas, su polo opuesto. De esta manera incluso una piedra no podrá permanecer eternamente como piedra, y después de muchísimos años -un número inimaginable de años para vosotros- también esta Tierra y las innumerables estrellas envejecerán y se irán desmoronando como un vestido viejo. Después todo se transformará en un elemento espiritual e independiente, dando lugar a otras creaciones materiales que proseguirán todo según su índole».

La transfiguración del Señor en el monte Tabor

5.234.8-11 Yo cogí a Pedro, a Juan y a Jacobo y nos pusimos en camino para ascender el monte Tabor. Por un lado se podía ascender bien y alcanzamos su cumbre en pocas horas; sin embargo, debido a su altura, cualquier montañero necesitaba doce o trece horas para ascender a la cima, de modo que también nuestra ascensión podía ser considerada un milagro.

Ahora estábamos en al cima más alta desde la que podían verse casi todas las regiones de Galilea, de Judea y de Palestina, y también una parte del verdadero mar grande (Mar Mediterráneo). Cuando extasiados de tan magnífica vista panorámica, los tres discípulos me daban las efusivas gracias por este placer espléndido, Yo me transfiguré de tal manera que mi semblante resplandeció como el Sol y mis vestidos se hicieron blancos como la nieve recién caída en la que daban los rayos solares. Entonces los tres discípulos se quedaron atónitos y de puro asombro no fueron capaces de hablar.

Después de un rato, Pedro recobró el valor y preguntó: «Señor, ¿estamos en el Cielo o sólo en el Paraíso? Me parece como si oyera voces suaves de los ángeles alrededor de mí».

Dije Yo: «No estamos ni en el Cielo ni en el Paraíso, sino sencillamente en la Tierra. No obstante, como contenemos tanto el Cielo como el Paraíso por la fuerza de la Palabra, que encierra cosas buenas y verdaderas, realmente nos encontramos en ambos. Pero esto es lo que ha transformado vuestros ánimos, y mientras ante Mí estáis transformados en vuestros ánimos, también Yo fui transfigurado ante vuestros ojos para que os deis cuenta de que al mismo tiempo os encontráis en el Paraíso y en el Cielo, porque vuestro interior está lleno de la Verdad y por tanto también del bien amoroso. El Cielo justo y el Paraíso verdadero sólo lo conseguiréis creyendo en Mí, haciendo lo que os enseño y amándome con toda vuestra alma, con todo vuestro corazón, y de este modo tendréis en vosotros mismos el verdadero Reino de Dios; sin este requisito no existe en parte alguna. Una vez dentro de vosotros, se extiende en toda la Infinidad y donde os encontréis, bien sea aquí en la Tierra, en la Luna o en alguna de las innumerables estrellas, que son puros cuerpos celestes, estaréis rodeados de vuestros hermanos felices, aunque no los podréis ver con vuestros ojos debido a vuestro cuerpo».

El Señor habla con Moisés y con Elías

5.235.1-10 Dijo Pedro: «Señor, dice la Escritura que las almas de los muertos aguardarán en paz en el seno de la Tierra hasta el día del Juicio Final, en que serán despertadas por el sonido fuerte de trombones de los ángeles. Las buenas resucitarán para la Vida eterna en el Reino celeste de Dios, y las malas serán expulsadas al reino infernal y atormentadas por los demonios».

Dije Yo: «Ya os he explicado varias veces cómo deben entenderse estas palabras proféticas, de modo que ahora es superfluo daros más explicaciones sobre este particular. Pero para curaros de tales opiniones erróneas os abro vuestra visión interior y vosotros mismos podréis cercioraros de la mencionada paz de las almas de los patriarcas, liberados del cuerpo desde hace ya mucho tiempo, y de la apariencia que tiene el seno de la Tierra».

Acto seguido, dije en alta voz: «¡Epheta!», esto es, “¡Ábrete!”.

En el mismo momento aparecieron Moisés y Elías y hablaron conmigo de lo que me sucederá dentro de unos años, y de si esto podría ser cambiado. Pero Yo les aseguré que era imposible que Yo pudiese hacer otra cosa que la Voluntad del Padre que vive en Mí.

Luego los dos profetas se inclinaron profundamente ante Mí y dijeron con voz unánime: «Oh, Señor, hágase siempre tu santa Voluntad con nosotros en los Cielos así como con todos los hombres y espíritus en la Tierra. Durante nuestras vidas en la Tierra éramos importantes y famosos en virtud de tu nombre; sin embargo ahora preferimos estar contigo en la Tierra, como estos tres discípulos y los que no se encuentran aquí, aunque serán menospreciados y perseguidos por tu nombre».

Dije Yo a Elías: «En la Tierra, no; pero a pesar de todas las sublimes bienaventuranzas que ahora disfruto aquí, quiero por amor hacia ti encarnarme aún cien veces más, por dolorosa y espinosa que fuese la vía terrestre».

En este momento los discípulos fueron vencidos por un sueño profundo.

Yo seguí hablando con Elías: «Al fin de los tiempos de esta Tierra te encarnarás otra vez, y serás enviado a los hombres de la Tierra, pero no cerrados de visión interior sino más conscientes que durante las dos primeras encarnaciones en las que estuviste aquí bajo el nombre de “Sehel” y más tarde de “Elías”. Moisés te acompañará como espíritu, pues su carne quedará propiedad de la Tierra hasta el fin de los tiempos.

Entonces toda la carne de esta Tierra será espiritualizada, y tú, Moisés, nunca necesitarás de ella porque te di un cuerpo nuevo para siempre. ¡Cuida bien de los hijos de Israel hasta que dentro de poco vuelva a mi casa y mi obra mayor esté concluida! Entonces te daré una posición segura en mi Reino nuevo. Mira ahora ha llegado el tiempo del que te hablé en la Tierra, el tiempo en que hago cosas nuevas. Yo creo todo de nuevo: primero, mis mundos de los espíritus, y más tarde ocurrirá lo mismo con la materia hasta que alcance el grado justo de la fermentación. Ahora vamos a despertar a los tres discípulos».

Los tres discípulos hablan con los espíritus del otro mundo (Mateo 17,4-9)

5.236.1-13 En este instante se despertaron los tres discípulos, se levantaron del suelo y me vieron junto a Moisés y a Elías, sin el resplandor luminoso, lo que fue de su agrado porque antes habían sido deslumbrados fuertemente por la luz brillante. Ellos contaban que en sus sueños habían hablado con muchos profetas de los tiempos pasados sobre todas las condiciones de la vida en el Más Allá, y que habían sido informados sobre muchas cosas secretas.

Moisés y Elías continuaron enseñándoles las diferentes relaciones y condiciones del gran Más Allá.

Entonces los tres discípulos se pusieron tan entusiasmados y felices que Pedro gritó con voz alta: «Señor, nos gustaría quedarnos aquí; si quieres podemos hacer tres pabellones: uno para Ti, otro para Moisés y otro para Elías». (Mt 17,4)

Y cuando todavía estaba hablando de la construcción de los pabellones, de súbito les cubrió una nube espesa, muy luminosa, y una voz habló desde la nube, diciendo: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo gran complacencia. Escuchadle». (Mt 17,5)

Al oír esta voz semejante al retumbo del trueno, los discípulos se espantaron enormemente y cayeron sobre sus rostros. (Mt 17,6)

Pero Yo me acerqué a ellos, los toqué y les dije: «¡Levantaos y no temáis!». (Mt 17,7)

Cuando alzaron sus ojos del suelo sólo me vieron a Mí y empezaron a maravillarse de todo lo que habían visto y experimentado (Mt 17,8). Sin embargo, los tres discípulos todavía quisieron preguntarme muchas cosas, y sobre todo quisieron saber la significación de lo que habían visto en sus sueños.

Pero Yo les dije: «Vuestro espíritu, que en verdad es mi Espíritu en vosotros, revelará todo esto a vuestra alma, y lo poseeréis vivamente; pues si Yo os lo explicase, aceptaríais mi explicación y creeríais que así es porque así os lo había explicado. Pero en este caso no os encontráis en la plena Verdad porque mi explicación no será propiedad vuestra sino sólo de quien os lo ha explicado, pero cuando vuestro espíritu lo revela a vuestra alma, entonces la revelación será propiedad vuestra y vosotros estaréis en toda la Verdad.

No obstante, el Espíritu del que Yo dije que es vuestro espíritu, también es el Espíritu mío en vosotros y Él sabe de todas las cosas y condiciones como Yo mismo, y puede conduciros a toda la Verdad. Ahora este Espíritu en vosotros todavía no está completamente activo; verdad es que para sí está activo, pero esta actividad todavía es algo ajeno a vosotros y no os pertenece porque vuestra alma todavía no está bastante pura para poder unirse completamente con mi Espíritu.

Cuando Yo, después de mi pasión, haya ascendido a los Cielos, verteré el Espíritu santo con toda la Verdad sobre vuestras almas y las uniré con Él. Este Espíritu, que entonces será una sola cosa con vosotros, os conducirá eternamente en toda la Verdad y Sabiduría».

Cuando descendimos del monte, les advertí a los tres discípulos que no dijesen a nadie la visión que habían recibido hasta que Yo hubiera resucitado de los Cielos.

Las encarnaciones de Juan Bautista (Mt 17,10-13)

5.237.1-12 Cuando descendíamos del monte, Pedro me abordó, preguntándome qué significaban lo que decían los escribas de que era preciso que viniese Elías antes de la llegada del Mesías prometido para organizar todo y preparar los caminos del Señor. (Mt 17,10).

Contesté a Pedro: «En esto los escribas tienen razón y también tu pregunta está justificada. Verdad es que Elías debía precederme para preparar todo. (Mt 17,11). Mas Yo os digo que Elías ya vino y no le conocieron, como no me conocieron a Mí, e hicieron con él todo lo que quisieron. Lo mismo harán conmigo, el Hijo del hombre, tal como ya os he dicho varias veces. (Mt 17,12). En verdad os digo que esta maldita procreación no descansará hasta que haya alcanzado la meta de su venganza, y con ello también su propia condenación.

Juan Bautista, en el que habitaba el espíritu de Elías, hacía señales, enseñaba y bautizaba y así preparaba al pueblo para mi llegada, ¿y cómo le pagaron?

Ahora Yo también enseño la Doctrina más pura de la Vida, hago milagros y señales, los cuales hasta ahora nunca han sido realizados y nunca más serán con tanta grandiosidad, magnificencia y eficacia; por esto su ira y venganza para conmigo son tan grandes que con el permiso de Arriba harán conmigo lo que ya os he indicado».

Los tres discípulos comprendieron entonces que Juan Bautista era la encarnación de Elías (Mt 17,13).

Y Pedro me preguntó: «Señor, Elías es un caso extraño. Ya ha estado tres veces en esta Tierra, ¿y siempre en la carne?

Las dos veces primeras como Sehel, y más tarde como Elías, no murió sino que su cuerpo transfigurado ascendió al Cielo, aunque como Elías, y la última vez como Juan el Bautista, nació de una mujer. Esta última vez fue decapitado. ¿Qué aconteció con los dos primeros cuerpos y qué sucederá con este último? Cuando todo haya acabado, ¿llevará tres cuerpos a tu Reino celeste? Porque dicen que el Día de Juicio Final también los cuerpos resucitarán con sus almas. ¿Cómo se entiende?».

Dije Yo: «Ya he aclarado suficientemente todo lo que respecta al día del juicio final? ¿No has comprendido mis explicaciones? ¿Para qué voy a repetir siempre la misma cosa? Verdad es que sabes algo de esto, pero debido a tu inclinación al judaísmo, a pesar de mis explicaciones, con tu vieja fantasía estrafalaria lo tomas todo al pie de la letra.

¡Acepta la explicación y hazte prudente en la Luz verdadera de los conocimientos que os he dado. Entonces no necesitarás preguntar por cosas que desde hace mucho tiempo debieras saber mejor que los demás hombres.

La carne, de la que se compone tu cuerpo, se descompondrá, transformándose en gusano, en plantas y en sus almas, y entonces nunca tendrá nada que ver nada con tu alma ni con tu espíritu. ¡Comprendes! El día del juicio final, evidentemente será el de la muerte para tu alma.

La resurrección de la carne

5.238.1-8 Por resurrección de la carne debéis entender las buenas obras de amor verdadero para con el prójimo. Estas representarán la carne que vestirá el alma, y con ella resucitarán a la Vida eterna en un cuerpo etéreo puro, el día del juicio final, cuando se oirá el son de la trompeta de mi Doctrina. Aunque en esta Tierra hayas tenido cien veces un cuerpo material, en el Más Allá tendrás únicamente un cuerpo, sólo el cuerpo señalado. ¿Me entiendes ahora?».

Dijo Pedro: «Sí, Señor y Maestro, pero recuerdo un texto de uno de los profetas que dice: “Verás a Dios en tu carne, así que consérvala pura y no la mancilles con pecado alguno. Con carne pecadora no verás el semblante de Dios”. Me resulta difícil encontrar el verdadero sentido de este texto».

Dije Yo: «“En tu carne verás a Dios” quiere decir que en tus buenas obras verás a Dios, porque sólo son obras, que el alma lleva a cabo por medio del cuerpo, el cual no le sirve sino de herramienta. Obras puras producen pureza; obras impuras producen impurezas. El pensar puro dentro de la pura ciencia y la conducta casta y pura sin obras de amor al prójimo, o con pocas obras, no proporcionan un cuerpo espiritual al alma y tampoco una visión de Dios.

El hombre es muy pobre visto espiritualmente. Su alma es tan ciega que no comprende que no sólo el saber sino sobre todo las obras en el conocimiento y la fe puros del alma le dan la solidez verdadera de la Vida. Tal hombre se asemeja a una persona que sabe construir una casa y al mismo tiempo dispone de suficiente material de buena calidad, pero que no se decide a poner las manos a la obra.

¿De qué te servirán en la tormenta el conocimiento de que las paredes bien construidas de una casa pueden hacer frente a las tempestades, en el caso de que no poseas casa alguna, y de que tu peregrinación por el desierto de tu vida tampoco puedas encontrar otra casa?

En verdad os digo que el conocimiento y la fe puros no tienen paredes fuertes que os protejan en caso de tempestad; esto sólo se consigue con obras de verdadero amor para con el prójimo. Ellas son el cuerpo real y permanente del alma, son su habitación, su patria y su mundo justo. Recordadlo bien, no sólo para vosotros sino ante todo para aquellos a los que predicaréis el Evangelio. Cuando el pueblo conozca el Verbo de la salvación y crea en él, instruida para que haga verdaderas obras buenas para con el prójimo, que tantas veces os he recomendado.

En verdad os digo: Quien dice que ama a Dios sobre todas las cosas pero no repara en la miseria de su pobre hermano, nunca verá a Dios en su carne.

Sin embargo, el sacrificio hecho a Dios por verdadero amor para con el prójimo, realizado con buenas obras de caridad, Dios lo ve con ojos de placer y de satisfacción, y el bienhechor recibirá generosamente su bendición.

El Beneficio de la frugalidad. La preparación de la carne de los animales impuros

5.239.3-8 Comedlo que se os ofrece, y no perjudicaréis ni a vuestro cuerpo ni a vuestra alma, pero sed moderados.

Os doy este consejo porque lo que excede de la justa medida perjudica al hombre. La intemperancia en el comer genera enfermedades del estómago y el exceso en el beber, no sólo enfermedades físicas sino también voluptuosidad de la carne y toda clase de impudicia.

Sed por tanto moderados y sobrios en todas las cosas y siempre tendréis un cuerpo sano y una alma sana y alegre. Quien prepare la comida para sí y para los demás, que utilice manjares frescos y buenos y no perjudicará a persona alguna».

Pero Pedro me preguntó: «Señor, ¿no pecan los paganos, en ocasiones muy respetables, al comer la carne de los animales impuros? A nosotros, los judíos nos está prohibido comerla, y quien la come comete un gran pecado contra la ley de Moisés».

Dije Yo: «En caso de necesidad también tú, aunque judío severo, puedes comer la carne de cualquier animal y te sentará bien; porque todo el alimento que el hombre toma forzado por la necesidad está purificada por Mí; sólo debe observar una mayor moderación.

La carne de los puercos es buena; pero el animal matado debe desangrarse totalmente. Se pone la carne durante siete días en sal y vinagre con tomillo. Acto seguido se quita la carne del adobo; se seca la carne con un lienzo y se la ahuma durante unas semanas con buena madera y hierbas hasta que quede completamente dura y seca. Antes de comerla se la hierve en agua y vino a partes iguales, agregando tomillo y perejil, y de esta manera se conseguirá un alimento bueno, saludable y nutritivo; sin embargo, estos animales han de ser sacrificados en invierno.

De la misma manera puede procederse con los demás animales impuros y con las diferentes especies de aves y animales del mar; y su carne, moderadamente, no perjudicará al hombre.

5.240.10-12 Dios prueba a quien ama, y si pasa bien el examen, hallará su salvación para siempre.

Créeme: los hombres no lo saben y tampoco pueden saberlo, porque algo ocurre y pasa, pero Dios sabe exactamente de todo».

Jehová, Hijo de Dios e hijo del hombre

5.246.15-17 Dijo Pedro: «Lo que no entiendo es por qué a veces dices que eres el hijo del hombre, y otras que eres Hijo de Dios, e incluso que eres el mismo Jehová».

Contesté Yo: «Ni Jehová dentro de Mí, ni Yo, es decir, ni mi alma como Hijo eterno de Dios, sino únicamente este cuerpo como hijo del hombre será matado en Jerusalén, pero al tercer día resucitará, completamente transfigurado, y entonces se unirá a Él para la Eternidad, que está dentro de Mí y me revela todo lo que he de hacer y hablar en calidad de hijo del hombre, al que no conocéis del todo aunque haya vivido bastante tiempo entre vosotros, predicando y actuando».

El perdón o la remisión de los pecados

5.248.12-16 El Señor: «Si tu hermano peca contra ti, amonéstale con palabras suaves. Si te escucha habrás ganado a tu hermano. Pero si no te escucha háblale a través de dos o tres testigos para que conste toda palabra. Y si no les escuchas a ellos, dilo a la asamblea; y sino escuchas a la asamblea y se muestra obstinado, tenle por étnico o publicano.

Esto es válido para todos; lo que pasa de ahí es malo y engendra otro mal peor. Tal es mi Orden divino y no vale sólo para cosas terrenales sino también para el Más Allá. En verdad os digo que todo lo que ataréis en la Tierra será atado en el Cielo; y todo lo que desataréis en la Tierra será desatado en el Cielo.

Además os digo para que resolváis más fácilmente todas las querellas y adversidades en la Tierra que si dos de vosotros se avinieran en la Tierra, todo lo que pidan al Padre en mi nombre les será concedido por mi Padre que está en los Cielos.

Por tal motivo, si alguien peca contra ti, perdónale de todo corazón y ruega al Padre en mi nombre para que él corrija el corazón del pecador, lo cual se hará según la medida de tu fe y de tu perdón.

Y os repito: donde hayan dos o tres avenidos en mi nombre en algún asunto que es bueno dentro de mi Orden, allí estará mi Espíritu en medio de ellos y atenderé sus ruegos».

La pregunta de los discípulos referente al premio en el Reino celestial

5.259.1-6 Me preguntó Pedro: «Me tomo la libertad de preguntarte en el nombre de todos nosotros: Hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué tendremos a cambio?».

Y Yo le respondí: «En verdad os digo que vosotros que me habéis seguido, cuando el Hijo del hombre se siente, en el trono de su Gloria, vosotros también os sentaréis sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel; esto quiere decir que vosotros, en mi Cielo, estaréis conmigo para el bienestar de todos los hombres de esta Tierra y también de otros mundos, y que como ángeles de la guarda, invisibles para los hombres, vigilaréis y conduciréis a estos hombres aquí e incluso en el otro mundo, pues el verdadero Reino del Cielo y su bienaventuranza sólo consiste en la acción del amor.

Y además os digo: Cualquiera que deja casas, hermanos, hermanas, padre, madre, mujer, hijos, tierras o rebaños por mi nombre, recibirá cien veces más en mi Reino y heredará la verdadera Vida eterna.

Pero recordad también que quienes ahora son los primeros, allá podrán ser fácilmente los postreros, y los postreros aquí, allá los primeros».

Los discípulos no comprendieron mis palabras y Pedro preguntó: «¿Qué quieres decir con esto, Señor? Porque lo que Tú dices es realidad para siempre, para toda la eternidad. Por tanto queremos saber y comprender exactamente todo lo que sale de tu boca. Me parece que estas palabras se refieren a nosotros y a mi modo de ver no sería justo que fuéramos los últimos en el otro Reino porque aquí fuimos los primeros».

Dije Yo: «Mi querido Judas Simón, ciertamente no será así, pero si alguno de vosotros se tiene por mejor porque Yo le he elegido primero, pecará de orgullo y no podrá ser el primero en el Reino de los Cielos. Si por tanto Yo eligiere a otro de aquí a mil años, éste sería sin duda uno de los postreros en cuanto a la elección, pero si fuera sumamente humilde en su vocación, de modo que se tuviere enteramente por indigno de tal Gracia, pero fuera fiel y persistente en su misión aunque no poseyera pruebas irrefutables de la total ingenuidad d el que le fuere dado, sino sólo apoyándose en su creencia ¿no sería tal hombre el primero en el Reino de los Cielos?».

El patrón, Bernabé, de nombre, se acuerda del Niño Jesús durante los tres días en el Templo

5.263.5-9 Dijo el patrón de la casa: «Mira, hace veinte años, poco más o menos, yo era levita en Jerusalén y aspirante de fariseo. Aconteció que durante un examen de los niños de doce años nos fue presentado un muchacho, Jesús de nombre, que era de Nazaret de Galilea. Este muchacho, ya en aquella época, tenía más y mejores conocimientos que todos nosotros, los del Templo. Este fue el principal motivo por el que poco después abandoné para siempre al Templo.

Ingenuamente debo confesar que Tú, maestro de los maestros, especialmente en tu semblante, tienes una gran semejanza con aquel muchacho maravilloso. No quiero afirmar que Tú seas el mismo, aunque no sea imposible; sólo he querido observar la semejanza de grandes espíritus cuando siguen la misma tendencia.

Durante tres días aquel muchacho memorable nos dio pruebas minuciosas que Él era el Mesías prometido. Por motivos diversos abandoné al Templo, y como nunca volvía a visitarlo, no puedo saber qué fue de este muchacho. Al principio yo fui adversario suyo, pero a no tardar, las afirmaciones de aquel muchacho maravilloso me parecieron más y más evidentes, mientras que el Templo se me hizo cada vez más insoportable y antipático.

Verdad es que las palabras de aquel muchacho maravilloso me salvaron del infierno terrible del Templo. Así pues, también deseo saber de Ti lo que ha sido de aquel muchacho. Lo que en aquellos días me irritó mucho fue que los viejos hombres empedernidos del Templo, ofrecían en secreto un premio a quien acabara con él, asesinándole. Mientras yo estaba en el Templo esto no ocurrió, pero desde aquel entonces han pasado veinte años y quién sabe todo lo que habrá emprendido el Templo contra este muchacho. Tú, maestro de maestros, sin duda alguna lo sabrás y te pido que me lo expliques».

Dije Yo: «Esto es el motivo por el que he venido a visitarte. Yo soy aquel muchacho que en el Templo daba tanto trabajo a los ancianos, fariseos y escritas, molestándoles mucho. Y como ahora ya lo sabes, comprenderás fácilmente por qué a mi llegada te dije: “¡La paz sea contigo y con tu casa! El Reino de Dios se ha acercado”».

5.267.7-8 Preguntó el padrón: «Mira, conozco la Escritura y en ella leí varias veces que los ángeles de Dios deben ser espíritus puros. ¿Son aquellos espíritus los que deben unirse con nuestras almas para hacerlas idénticas a Dios?».

Dije Yo: «En casos excepcionales sí, cuando mi Orden lo decide, pero esto ocurre muy raras veces y en ocasiones particulares. Lo que ocurre muchas veces, y desde ahora ocurrirá con más frecuencia, es que también muchos ángeles tendrán que encarnarse, como Yo mismo ahora hago en plan del Espíritu más alto de Dios, para que puedan hacerse de este modo hijos verdaderos de Dios».

El camino verdadero para la Vida eterna

5.269.7-8 El único camino seguro y verdadero para la Vida eterna es el siguiente: ¡Sed humildes y mansos con todo vuestro corazón! ¡Amad a Dios sobre todas las cosas y a vuestro prójimo como a vosotros mismos! En esto consiste toda la ley y los profetas. ¡Creed que Yo soy aquél prometido por Dios y presagiado por los profetas, y tendréis la puerta y el camino para entrar en el Reino de Dios, el cual ha venido a vosotros.

Se entiende por sí mismo que todas las leyes de Moisés están incluidas en estos dos Mandamientos de amor, pues quien a ama a Dios sobre todas las cosas sin duda alguna evitará todo lo que es pecaminoso y no pecará contra ninguno de esto dos mandamientos de Dios, y quien ama a su prójimo como a sí mismo no le desea mal, y menos aún le perjudica.

Modestia, afabilidad y humildad. La medida justa

5.271.2-3 La modestia es una buena virtud y puede recomendarse mucho al hombre, pero no sería prudente ser demasiado modesto porque ayuda al prójimo a la supervaloración de sus aptitudes y facultades e incluso despierta su orgullo.

La modestia muchas veces demasiado grande de los hombres, en otras ocasiones honrados y honestos para con las personas que les superan en talento y aptitudes especiales -y de ahí la admiración y veneración tributadas de los hombres modestos- ha contribuido a que personas orgullosas se hicieran regentes e incluso tiranos muy arrogantes, y así se ha formado también el sacerdocio pretencioso. Por tal razón debéis observar la medida justa en la aplicación de las buenas virtudes, como la humildad, la afabilidad y la modestia, pues de lo contrario con el tiempo os convertiréis en personas duras algo de lo que muy pronto os arrepentiréis.

Interpretación de la lengua de los profetas

5.272.8-13 El simbolismo de la lengua de los profetas contiene tres sentidos: el natural, el espiritual y el puramente celestial, que viene del Corazón de Dios.

Por el primero se define la vida moral del hombre de tal manera que se libre de la materia con una educación justa, utilizándola sólo para penetrar más profundamente en los asuntos espirituales. Haciéndolo de esta manera, el hombro pronto descubre la analogía entre materia y espíritu. Después de conseguido esto, el hombre puede adquirir conocimientos celestiales, sea puramente espirituales. Desde este punto será fácil pasar a los conocimientos divinos, que comprenden claramente el contenido de las Escrituras proféticas.

Sin embargo, quien toma los cuadros simbólicos como reales, prueba que el mismo todavía es materia pura y se encuentra en el juicio porque lo conserva en su conciencia y en su sentimiento. Abrigando esta imaginación, vive en una aflicción y en un miedo constante a caer después de la muerte en aquel estado material, en el que la Escritura representa figuradamente el estado de la materia.

Afirmo que en el Más Allá todo es diferente de como consta en las profecías.

Las palabras de la Sagrada Escritura se asemejan a la cáscara de un huevo que contiene tres cosas: la clara, la yema y en el centro de la yema el germen de la vida.

Esta envoltura debe existir en el mundo material para impedir el vilipendio del centro divino, pero como en todas las cosas naturales hay factores espirituales, celestiales y divinos, lo que evidentemente prueba la omnipresencia de la Voluntad divina; existe también una relación entre todo lo que se encuentra en el mundo, en el Reino espiritual, en el Cielo, y en el mismo Dios.

5.272.16 Entre los hombres no existe dignidad salvo la, de tener semejanza con Dios, razón por la que el hombre debe amar y respetar a su prójimo. Si alguien por ello oye mi Palabra, cree y actúa como Yo enseño, merece que le preste un testimonio digno; pues quien es mi testigo, Yo también seré un testigo más valioso ante mi Padre en el Cielo.

Observación del mundo estelar

5.275.4 y 275.8-10 El Señor: «Por medio de mi Voluntad abrí vuestra visión interna y de esta manera fuisteis capaces de ver muy de cerca aquellos mundos muy lejos, pues para el espíritu las distancias terrestres y por consiguiente las distancias espaciales prácticamente no son distancias».

Uno de los hombres cuya visión espiritual había sido transportada a la superficie del planeta Urano, me preguntó si aquellos hombres tan fuertes que había visto eran una especie de seres bien aventurados. Ellos le daban tal impresión, pero se admiraba de que las criaturas trabajaran allí con mayor diligencia que los hombres más aplicados en esta Tierra. También había visto muchos edificios grandes. Y se preguntaba si en el Reino celestial los bienaventurados tenían que construir sus casas como los hombres aquí en la Tierra.

Y Yo le respondí: «En parte lo hacen, pero los hombres que has visto en aquel mundo no serán espíritus, y pasará todavía mucho tiempo hasta que sean bienaventurados. Son tan materiales como vosotros, con la diferencia de que vosotros, los hombres de la Tierra, sólo tenéis la misión de haceros hijos de Dios, mientras que los seres de las innumerables miríadas de mundos cósmicos no tienen esta vocación, aunque no son excluidos totalmente. Allí es mucho más difícil de conseguirlo que aquí en esta Tierra, que ya desde el principio fue destinada a tal fin.

Verdad es que hubo una Tierra muy grande en este sistema solar que también tuvo el mismo destino que ésta; pero sus habitantes se excedieron enormemente en sus fuerzas y por consecuencia pasaron por el gran juicio como también esta Tierra lo sufrió, con la diferencia de que aquella Tierra fue destruida totalmente con todos sus habitantes que se habían vuelto sumamente orgullosos e inmorales».

5.276.11 El Señor: «¡Queridos amigos míos! Conmigo no hay olvido; éste sólo existe en los hombres. Quien no me olvide, nunca será olvidado por Mí. Por tal razón os digo: ¡Permaneced fieles a Mí mientras estáis encarnados y Yo os daré la Vida eterna en mi Reino! Amén».

TOMO 6

Explicaciones del texto de la Biblia

6.2.13 El Señor: «En verdad, en verdad os digo: quien oye mi Palabra y cree al que me ha enviado a vosotros, hombres de esta Tierra, tiene Vida eterna y su alma no vendrá a condenación, que es la muerte de la materia, sino que por ello será viva y pasará de la muerte a la Vida eterna.

6.3.3 Vendrá la hora en que todos, hasta los que están en las tumbas, (con esto me refería a los paganos, lo que los judíos no comprendían), oirán mi voz; y los que obraron bien pasarán de la condena a la resurrección».

6.4.6 Me respondieron los judíos: «Dices abiertamente que Dios, el Omnipotente, es tu Padre. Si cometemos injusticia no creyéndolo, puedes acusarnos ante Él y podrás ver lo que nos suceda».

6.4.7 Contesté Yo: «No penséis que os acusaré delante de mi Padre; hay otro que os acusará, y es Moisés; ya ha venido pero no ha sido reconocido por vosotros como tampoco me reconocéis a Mí mismo1.

6.4.8 Porque si vosotros creyeseis a Moisés, creeríais en Mí; porque él escribió de Mí. Pero si no creéis sus escritos ¿cómo creeréis mis palabras?2».

Moisés y Elías aparecen a la llamada del Señor

6.8.1 Acto seguido me dirigí a los judíos y les dije: «No queréis creer que Moisés y Elías estaban encarnados poco antes de mi llegada; por ello ambos aparecerán aquí para deciros de quien sois hijos realmente».

6.8.2 En el mismo instante los dos profetas se presentaron y se inclinaron, haciendo una profunda reverencia ante Mí.

6.8.3 Y Elías dijo en voz alta: «¡Delante de Ti y de tu nombre tienen que doblarse todas las rodillas y corazones en el Cielo, en la Tierra y debajo de la Tierra!».

6.8.4 Luego Moisés se dirigió a los judíos, diciendo: «¡Sacrílegos y malhechores en el templo de Salomón, vosotros, hijos de la serpiente! ¿Cuál diablo os engendró y os autorizó a afirmar que Abraham es vuestro padre y que estáis sentados en mi cátedra y en la de Aarón? Si ya os habéis atrevido a sentaros en ellas sin ser llamados a publicar la ley a los pueblos, ¿cómo es posible que no conozcáis al Supremo, que me dio los mandamientos en el monte Sinaí en dos tablas de piedra?

6.8.5 Alegáis que antes de la llegada del Señor, yo y Elías debíamos venir y encarnarnos, y nosotros dos estábamos realmente encarnados en la Tierra; pero ¿quién de vosotros nos reconoció y nos acreditó? ¿No hicisteis con nosotros lo mismo que habéis hecho con casi todos los profetas del Señor? ¡Vosotros, sacrílegos e hipócritas, os inclináis profundamente ante mi nombre, pero me perseguisteis y finalmente me asesinasteis entre el altar y el santuario! - ¡Hablad!».

6.8.6 Y uno de los judíos del Templo dijo con voz trémula: «Oh gran profeta, quien fue asesinado se llamaba Zacarías».

6.8.7 Habló Moisés: «Malhechor inveterado, ¡tú mismo fuiste testigo de lo que dije en la reunión sacerdotal cuando volví del santuario! Fueron las palabras siguientes: “¡Oíd, hermanos! Dios, el Señor, abrió mi interior por su gran Misericordia y Gracia, y el espíritu de Moisés entró en mí, y ahora está frente a vosotros, de la misma manera que estuvo delante del Faraón y en el monte Sinaí ante Dios. ¡Yo fui el primero que organizó esta cátedra y la ocupé por Orden de Dios, y ahora soy el último en ocuparla; pues en el futuro el Señor, que ya ha entrado en la carne humana de modo maravilloso, hará con ella lo que quiera hacer según su Voluntad inescrutable!”. Entonces os encolerizasteis tanto por mis profecías que me derribasteis de la cátedra y estrangulasteis mi cuerpo. ¿Acaso no ha sido así?».

6.8.8 Respondió otro judío viejo: «Sí, es verdad, así fue, pero ¿quién hubiese podido creerlo?».

6.8.9 Dijo Moisés: «¿Por qué lo creyeron muchos hombres fieles, los cuáles, por tal motivo fueron expulsados del Templo y desterrados?».

6.8.10 Dijo otro judío viejo: «Sí, puede ser; posiblemente ellos tuvieron una visión, ¡pero nosotros nunca tuvimos visión alguna!».

6.8.11 Dijo Moisés: «Te mientes a ti mismo; porque tal acontecimiento ha sido indicado en sueños siete veces clara y continuamente, y todos vosotros lo habéis interpretado durante la época de mi mudez, ¿cómo puedes alegar ahora que no habéis tenido visión alguna?».

6.8.12 Dijo el mismo judío, preguntando: «¿Era este sueño también una visión?, ¿quién podía suponerlo?».

6.8.13 Dijo Moisés: «¡Oh, vosotros, viejos zorros!, bien sabéis por muchos ejemplos de la Escritura lo que los sueños claros significan: por ejemplo, el sueño de Jacob, el del Faraón, los de José y otros más, ¡pero vuestro apego al bienestar y a las cosas mundanas, vuestra arrogancia sacerdotal, vuestra ansia indescriptible por la vida regalada, por la holgazanería y por toda clase de fornicación os han cegado!».

6.10.12 El Señor: «Las tentaciones del diablo no tienen tanta importancia como vosotros creéis en vuestra fe absurda. El verdadero diablo es el hombre mismo en sus deseos carnales, de los cuales resultan: egoísmo, soberbia, envidia, mezquindad, vanidad, venganza, fornicación, desprecio al prójimo, todos estos son diablos nacidos de la misma naturaleza humana. Por ello no debéis temer tanto al personaje del diablo».

La nueva estrella y la nueva Jerusalén. Condiciones para la Vida eterna

6.13 Después de haber apaciguado una enorme tormenta, las nubes desaparecieron y las estrellas irradiaban nuevamente en toda su belleza y majestad. Exactamente encima del grupo se vio una gran estrella, desconocida de todos.

6.13.1 Y Lázaro me preguntó: «Señor, ¿es ésta una nueva estrella, hasta ahora nunca vista?, ¿qué estrella es y cuál es su significado?».

6.13.2 Contesté Yo: «Silencio, pues pronto todos vosotros la conoceréis más de cerca».

6.3.3 En seguida abrí por algunos momentos la visión interior a todos los presentes y la estrella se presentó como un mundo lleno de luz. En su centro se hallaba la Nueva Jerusalén que tenía doce portales y las murallas estaban construidas por tantas especies de piedras preciosas cuantos portales la ciudad tenía. Por todos los portales entraban y salían ángeles, y también volvieron a mostrarse Moisés, Elías y otros profetas. Pasado un rato, los repuse al estado normal y volvieron a ver la estrella luminosa que, disminuyendo poco a poco, se perdió en el espacio.

6.13.4 Terminada la escena, casi todos se preguntaron que podría significar.

6.13.5 Yo dije: «Habéis visto mi nueva Doctrina, la cual os doy de los Cielos porque la antigua Jerusalén terrenal ya no vale nada. Los doce portales significan las doce tribus verdaderas de Israel, las doce especies de piedras preciosas de la muralla simbolizan los diez mandamientos de Moisés, y las dos filas superiores de rubíes y de diamantes representan mis dos leyes de amor a Dios y al prójimo. Los ángeles que salían y entraban por los portales significan las innumerables verdades que serán reveladas a los hombres para el fiel cumplimiento de mi Doctrina. Los que salían de la ciudad representan la gran Sabiduría de esta Doctrina mía y los que entraban en ella muestran cómo los hombres deben hacer entrar en sus corazones esta Doctrina mía como Amor puro y actuar según ella. De esta manera llegarán al verdadero renacimiento en el espíritu y así serán guiados en toda Verdad y sabiduría.

6.13.6 Éste es el significado de la aparición, la cual es el verdadero Sol de Gracia para todos aquellos que oyen mi Palabra y actúan conforme a ella. Todos los que creen en Mí, y los que creerán todavía, estarán eternamente conmigo y habitarán conmigo en este Sol de Gracia y conmigo cuidarán y organizarán todo lo que está creado en el espacio eterno.

6.13.7 Cada alma continuará viviendo en el Más Allá dentro de su amor y de su fe, y por lo tanto de acuerdo con su libre albedrío. Siendo su amor puro y bueno, su vida en el Más Allá será pura, buena y feliz; pero si su amor es impuro, malo, no causando felicidad ni alegría al prójimo, también su vida en el Más Allá será mala, impura y desgraciada.

6.13.8 Quitar el amor de un alma y darlo a otra, sería lo mismo que destruirla y crear en su lugar otra enteramente nueva. Sin embargo, ello sería contra el Orden de Dios; pues lo que Dios ha creado no puede extinguirse, sino sólo ser transformado a un estado más noble y sublime. Por lo tanto, en el Más Allá también se cuida de tales almas perdidas; pero os digo: aquí en la Tierra, una hora vale más que allí mil años.

Un evangelio de alegría

6.18.10 Mis discípulos no deben ser pesimistas alicaídos, ni tampoco andar con cara hipócrita, fingiendo ser beatos, y haciendo creer a los hombres que lo único que pisa la tierra son sus pies, mientras que el resto de su cuerpo ya se encuentra en esferas espirituales, enteramente penetrados del Espíritu de Dios. Por el contrario mis discípulos tienen que caminar con semblante sereno, abierto y alegre para que todos los hombres tengan confianza en vosotros; de ésta manera sembráis mucha bendición celestial entre ellos.

6.18.11 Ved, en Mí habita la plenitud del Espíritu verdadero de Dios y jamás me veis andar cabizbajo ni con ojos beatos; mi expresión es al contrario natural y sincera y mi camino siempre es recto. Mi actitud es amable y alegre con las personas honestas y felices, a las tristes y afligidas las vuelvo alegres y les infundo ánimo; vosotros, como discípulos míos, debéis tener la misma actitud, aún dentro de vuestro libre albedrío.

6.18.13 ¡¿Quién podría o querría divulgar tan venturosa revelación cabizbajo, con semblante triste, tímido y medroso?!, ¡haced desaparecer para siempre tales caras y cualidades pesimistas!, ¡fuera la veneración exagerada hacia Mí, pues con todo ello nunca seréis llamados ni escogidos para cosas grandes y mucho menos para realizar las sublimes!

6.18.14 Me conformo si me amáis desde el fondo de vuestros corazones; toda clase de ceremonias son vanas y no sirven para nada, porque transforman al hombre -que es mi semejante- en una criatura cobarde que no sirve para algo más sublime.

6.22.12 Es bueno amar al prójimo y dar buenos consejos a las personas afligidas, ignorantes e inexpertas en cosas útiles.

6.33.9 Tal como es el interior del hombre, así será su mundo en el Más Allá. Debe crear este mundo desde su interior y en él morará por algún tiempo para bien o para mal.

Un buen fin no justifica medios malos

6.39.2 Imaginemos a un hombre gravemente enfermo al que los mejores médicos no son capaces de curar ni de aliviar los grandes dolores que sufre. Uno de ellos sugiere a los otros darle una dosis de veneno de acción rápida que le libre de todos sus dolores; le matan sin pensar sin embargo por qué Dios le envió la enfermedad, ni qué será de su alma en el Más Allá. Así fue nocivo el medio, lo que jamás trae buenas consecuencias.

6.39.3 Lo mismo ocurre con todos los milagros falsos aunque los acompañen enseñanzas morales buenas para el prójimo, y se interpreten como divinas. En el fondo no concluyen en un fin bueno: despiertan en el alma de la gente una credulidad forzada que origina superstición y, finalmente, odio hacia todas las personas que no creen lo mismo. Y si alguien más inteligente llega a descubrir el fraude, probando que el supuesto milagro no ha sido sino sólo una obra natural, entonces la gente dejará de creer en todas las enseñanzas en sí benéficas, volviéndose tigres e hienas contra sus maestros y milagreros.

6.39.4 De esto podéis deducir fácilmente que con medios malos no se obtienen fines buenos. Si la base es frágil y quebradiza ¿cómo puede construirse sobre ella un edificio enteramente firme?

6.39.7 Por ello bajé de lo alto a esta Tierra, para demostrar y dar en todo la Verdad a los hombres. Quien permanece en esta Verdad, aceptándola como norma de Vida, será realmente libre y tendrá la Vida eterna, nunca obtenida por ilusión ninguna sino únicamente por la Verdad limpia.

6.39.8 En esto consiste el Reino que Yo fundo ahora: es el Reino del Amor y de la Luz y, como efecto de ambos, de la Verdad purísima y sólida.

La influencia de los espíritus de la Luz

6.40.4 Todas los hombres de buena índole reciben a veces de los espíritus, de manera disimulada, diversas instrucciones en ciencias naturales y espirituales.

6.40.5 Cuanto más sencilla, natural y ensimismadamente vivan los hombres en el mundo, tanto más vivamente se hallan en contacto directo con los buenos espíritus del otro mundo.

6.40.7 En el Más Allá cesan todas las diferencias entre “grande” y “pequeño” y el último hombre de la Tierra no será inferior al primero, supuesto que reconozca la Voluntad de Dios y haya obrado según sus leyes y ordenes.

6.40.8 Y la Voluntad de Dios es la siguiente “¡Conoce a Dios y ámale sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo!, ¡sé verdadero y fiel con todos y haz a tu semejante lo que razonablemente quieres que también se te haga a ti; entonces se restablecerán la paz y la armonía entre vosotros y la bendición de Dios irradiará sobre vuestras cabezas como una verdadera Luz de Vida!”».

Multiplicación de los panes (Jn 6)

6.41.6 Me embarqué con los discípulos, cuyo número ya pasaba de setenta, en un navío grande, haciendo la travesía cerca de la ciudad de Tiberíades. Cuando el pueblo se enteró de mi partida, alquiló varios barcos, siguiéndome constantemente para ver las señales que hacía en los enfermos. Atracamos con todos los barcos que nos acompañaban a casi una hora de distancia de aquella ciudad, en un sitio despoblado tras el cual se alzaba un alto monte.

6.41.7 Yo dije a los discípulos: «¡Subamos a este monte! Quiero descansar a media altura sin llamar la atención a la multitud de la ciudad. Sus habitantes tienen muy poca fe porque son un pueblo de negociantes cuyo fin es el dinero y la ganancia».

6.41.8 Ascendimos el monte y pronto alcanzamos el sitio buscado, muy pintoresco y cubierto de hierba, un lugar óptimo para descansar. Allí me senté junto con mis discípulos. También la multitud que nos había acompañado, llevando sus cestos de pan, acampó alrededor nuestro. Acercábase la fiesta de Pascua, fiesta principal de los judíos, y era costumbre llevar consigo pan fresco no fermentado, pescado frito, también huevos y carne de cordero.

6.41.9 Aquí me detuve cinco días, pues también había en este lugar de reposo una fuente de agua fresca. Pero cuando al quinto día se consumieron las provisiones, Simón Pedro me llamó la atención sobre la multitud creciente del pueblo que ya no tenía para comer.

6.41.10 Alcé mis ojos, miré la gran multitud del pueblo y dije a Felipe, generalmente nuestro mayordomo, que a veces como griego convertido a judío todavía era flaco en la fe: «¿De dónde compraremos pan para tantos hombres?3», más esto dije para probarle, porque sabía lo que tenía que hacer4.

6.41.11 Y nuestro discípulo se dejo confundir y me respondió: «Tenemos doscientos denarios y esto no bastará para que cada uno de ellos tome un poco de pan5».

6.41.12 Dijo otro discípulo igualmente poco firme en la fe, hermano de Simón Pedro6: «Aquí hay un muchacho que todavía tiene cinco panes de cebada y dos pececillos, ¿pero qué es esto entre tantos?7».

6.41.13 Dije Yo: «¡Traedme al muchacho y haced que se recueste la gente!».

6.41.14 Y había mucha hierba en aquel lugar y se recostaron como número de cinco mil varones, las mujeres y niños no contados8. Tomé aquellos panes y, habiendo dado gracias al Padre, los bendije. Acto seguido entregué los panes y los pececillos a los discípulos para repartirlos a los que se habían recostado, diciéndoles que debían distribuir a cada uno tanto como fuese necesario para satisfacer su hambre9. Todos comieron y se saciaron.

6.41.15 Y cuando fueron saciados, dije a los discípulos: «¡Recoged los pedazos que han quedado, que no se pierda nada!10».

6.41.16 Los discípulos tomaron las cestas más grandes y recogieron los pedazos que sobraron a todos los que habían comido de los cinco pequeños panes de cebada, y llenaron las cestas a rebosar11.

6.41.17 Y los discípulos dijeron: «¡Esta comida supera las dos anteriores! Pero, ¿qué debemos hacer con las doce cestas llenas?».

6.41.18 Dije Yo: «Pertenecen al pueblo, que sabrá qué hacer con ellas. Nosotros no las necesitamos porque también estamos saciados. Por otra parte partiremos a Cafarnaúm».

6.41.19 Entonces los discípulos dieron las cestas llenas al pueblo. Cada cual tomó una parte, de modo que nadie pudo quejarse.

6.41.20 Como los hombres vieron la señal que Yo había hecho, dijeron: «Verdaderamente éste es el profeta que había de venir al mundo12. Si es tan poderoso, y más sabio que Salomón, entonces es tiempo que le hagamos nuestro rey».

6.41.21 Como vi su intención que a fuerza me querían hacer rey, dije silenciosamente a Juan: «Ya oyes la intención del pueblo; por tal razón voy a retirarme sigilosa y rápidamente al monte13, y vosotros permaneced aquí hasta la noche. Si la multitud se dispersa volveré a vosotros, de lo contrario ¡bajad a la mar!, allí os esperará una buena nave con la cual navegaréis a Cafarnaúm, donde os alcanzaré».

Interpretación espiritual de esta comida

6.42.2 (El Señor:) «Los hombres representan el mundo que ha consumido todo su alimento espiritual. Sólo un muchacho simple tenía todavía un alma pura e incorrupta y alguna fe infantil, razón por la que todavía posee panes de cebada y dos pececillos.

6.42.3 Los cinco panes señalan que sus cinco sentidos todavía estaban limpios e intactos, y por esto su alma era también limpia, lo que fue demostrado por su gran alegría en satisfacer inmediatamente mi deseo. Los dos pececillos, idénticos a la buena acción del amor y a la Verdad de la fe, o al calor de su vida amorosa, o como un fuego de su luz del saber, muestran su fe infantil, su confianza y su amor. Al mismo tiempo su naturaleza pequeña indica cuán débil y reducidamente están representados ahora el bien y la Verdad de los Cielos entre las criaturas del mundo.

6.42.4 Además los cinco panes significan mi Doctrina dada a los hombres. Parece demasiado poco para todos los de la Tierra; pero se multiplicará como los panes. Y sobrará para los más sabios, enseñados y saciados por Mí en el Espíritu para buscar y conocer sabidurías cada vez más nuevas y profundas por toda la eternidad. Las doce cestas corresponden a las doce tribus de Israel y éstas a la totalidad de la perfección divina jamás alcanzada».

6.46.4 El Señor: «No creáis que alguien está verdaderamente conmigo porque me siga de un pueblo a otro, escuche mis palabras y vea mis señales; sólo está conmigo quien tiene un amor enteramente puro hacia Mí, cree sin vacilación lo que enseño y que como hijo del hombre he salido del Padre y soy uno con Él en el Espíritu».

Ayuno y penitencia. Parábola del fariseo y el publicano14

6.51.2 El Señor: «No creáis servir debidamente a Dios, ayunando y haciendo penitencia por los pecados cometidos a los ojos del mundo; solamente es agradable a Dios quien se alimenta agradecido de las frutas que le proporciona el Padre en el Cielo para fortificar con ellas sus fuerzas físicas, de las que puede servirse para su propio bien y para el de su prójimo. Y si comete cualquier pecado, si lo reconoce, se arrepiente de él, lo detesta y se corrige verdaderamente.

6.51.4 Verdad es que hay muchos que pasan su vida comiendo y bebiendo. Sólo cuidan su estómago. Desconocen el amor al prójimo, los pobres les dan asco y no les permiten que traspasen su umbral. Su barriga continuamente llena les impide sentir el dolor del hambre y de la sed. Son verdaderos glotones, disipadores y borrachos que así preparan su cuerpo para toda clase de impudicia, perversidad y fornicación, con las cuales nadie entra en el Reino de Dios.

6.51.7 Yo os digo: quien aquí juzga, también será juzgado en el Más Allá; pero quien no juzga a nadie sino sólo a sí mismo, tampoco será juzgado en el otro mundo; éste será aceptado inmediatamente en mi Reino.

6.51.8 Quiero daros un ejemplo de como ha de ser la justificación humana pura, únicamente válida ante Dios:

6.51.9 Dos hombres subieron al Templo, el uno judío rico, viviendo estricta y rigurosamente según la ley, el otro publicano. Cuando entró en el Templo, el judío se puso ante el altar diciendo en voz alta: “Oh Dios, te doy gracias ante tu altar que no soy como los demás. Pues Tú, Señor, me has dado una voluntad buena y fuerte, y también todos los bienes terrestres, únicos medios con los que me ha sido posible cumplir tus mandamientos; cuán feliz se siente mi alma por encontrase enteramente justificada delante de ti al fin de la vida”. Así justificó todavía ante Dios multitud de acciones suyas nobles y buenas, depositó una rica ofrenda en el altar y volvió a casa, satisfecho consigo mismo y con la conciencia tranquila, donde su servidumbre no se alegró de su retorno por su disciplina severa, porque a sus ojos no aparecerían sino muchos pecados y faltas en el servicio.

6.51.10 El publicano pecador se arrepintió en el Templo, muy lejos del altar, y no quería ni siquiera alzar los ojos. Dijo: “Oh Señor, Dios santísimo, lleno de justicia y Omnipotencia, soy tan pecador que no merezco ni levantar mis ojos al Santuario, te imploro ¡sé misericordioso conmigo, pecador!”.

6.51.11 Os pregunto ahora: ¿cuál de los dos volvió justificado a su casa?».

6.51.12 Los greco-judíos se miraban unos a otros no sabiendo qué respuesta debían darme. A su modo de ver, el judío debía ser justificado por haber cumplido estrictamente la ley. Según su parecer, el publicano pecador no pudo salir justificado del Templo.

6.51.13 Y Yo les dije: «Os equivocáis en vuestro juicio. El judío no salió justificado del Templo en modo alguno, pues ensalzó su persona ante el pueblo, despertando atención, admiración y elogio, con lo que ya recibió su premio. ¿No es tal amor propio una clase perniciosa de soberbia y orgullo? Su resultado final es el odio, el desprecio y la persecución contra todos quienes no sean reconocidos y justificados como iguales suyos. Un hombre así ¿queda justificado antes Dios?, ¡de ninguna manera! ¡Este hombre todavía tiene que recorrer un camino muy largo!

6.51.14 Sin embargo el publicano queda justificado ante Dios, pues está lleno de humildad y se tiene por peor que los demás hombres. No odia ni desdeña a persona alguna y queda satisfecho con que nadie le desprecie todavía más».

Causas principales de las enfermedades

6.52.2 El Señor: «No conviene al cuerpo acostarse inmediatamente después de haber comido

6.56.1 De todos los vicios, los peores son la prostitución, la fornicación y la impudicia. Pero los hombres son inducidos a ellos por la ociosidad, la altanería y el orgullo; pues al hombre orgulloso nada le es sagrado y procura satisfacer todas sus apetencias sensuales con todos los medios disponibles.

6.56.2 Si tales personas engendran hijos ¡qué niños más afectados de enfermedades nacerán! De modo que este pecado es la fuente principal que provoca las peores enfermedades.

6.56.3 Además podemos mencionar la glotonería, la intemperancia en el comer y el beber, la ira y toda clase de enojo e irritación. A partir de estos vicios se desarrollan luego diversas enfermedades que atormentan a los hombres de manera lamentable.

6.56.4 Al enfermo que esperó durante treinta y ocho años al lado del Lago de Betsaida, tras sanarlo, ¿qué le dije?: “¡Levántate, anda y no peques más para que no te suceda cosa peor!”. Su gota maliciosa era consecuencia de sus muchos pecados anteriores. Y así ha sido con la mayoría de las personas curadas por Mí. Si no enfermasen a causa de sus muchos pecados, sus almas estarían perdidas. Sólo una enfermedad grave, ocasionada por los pecados, consigue que las personas se vuelvan más sobrias, demostrándoles la manera cómo el mundo recompensa a sus aduladores. A causa de las enfermedades perdían el amor al mundo y deseaban ser librados pronto de él. Así su alma quedaba más libre y en tiempo oportuno venía la curación de su cuerpo.

6.56.5 Junto a estas causas principales que originan la mayoría de enfermedades a los hombres débiles y quebradizos ya de nacimiento, también hay otras por las que pueden enfermar, pero repito: sólo el hombre débil de nacimiento las contraerá. Las causas son las siguientes:

6.56.6 Comer alimento nocivo, malo, impuro, rancio, o preparado en condiciones desfavorables; tomar bebidas perjudiciales; comer frutas verdes. Muchas personas tienen la mala costumbre de refrescarse rápidamente cuando están sofocadas de calor. Otras, conociendo su flaqueza, se exponen a diversos peligros por los que mueren o se perjudican el resto de su vida.

6.56.7 Esto no es culpa de Dios, que además ha dado al hombre el libre albedrío, raciocinio, intelecto y las mejores leyes de Vida.

6.56.8 Contra la pereza y la ociosidad no existen otros recursos más eficientes que los diversos males permitidos que obligadamente los visitan al no cumplir la Voluntad divina. Despiertan al alma que duerme profundamente en su carne y le muestran las malas consecuencias de su pereza. Y así las enfermedades que afectan a los hombres tienen sus ventajas.

6.56.10 Cierto es que también hay hombres enfermos que ya entraron enfermos en este mundo a causa de los pecados de sus padres o también de sus abuelos. Generalmente sus almas son de arriba y pasan aquí en la Tierra una vida de prueba. Estas almas son cuidadas en el otro mundo, en el reino de los espíritus, y todos quienes las atienden aquí con amor y paciencia serán aceptados con el mismo amor y la misma paciencia en las esferas celestiales del Más Allá».

La verdadera adoración a Dios

6.57.21 El Señor: «Si queréis adorar verdaderamente a Dios, en sí Espíritu purísimo, tendréis que hacerlo por el amor en vuestro corazón, también en el espíritu y en la Verdad, y eso realizando buenas obras. Todo lo que hacéis a los pobres por el amor de Dios, lo hacéis a Dios. Toda oración a base de mover sólo los labios es un horror ante Dios, y sin valor alguno. Quien adora a Dios con la boca, permaneciendo frío e inactivo en su corazón, hará de Dios un ídolo. Lo dice el profeta con las palabras: “¡Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mi!”.

6.57.22 En verdad os digo: donde el corazón no adora a Dios por el amor verdadero, puro y desinteresado, todo el rezo será como un eco vacío que se pierde y muere en el aire. Yo soy vuestro Maestro y vosotros mis discípulos. ¡Creed lo que os digo, haced lo que os mando y seguidme!

6.60.2 Quien está junto a Mí con su corazón puede ejercer su oficio como éste lo exige, y al mismo tiempo me dedica la mayor atención. Todo lo demás no tiene valor ante Mí».

La reencarnación. La Tierra, escuela para los hijos de Dios

6.61.2 El Señor: «Quien entre vosotros es capaz de comprender algo más, que sepa que aquí en esta Tierra también se encarnan almas de otros mundos, incluso hijos de la serpiente. Muchos ya murieron y algunos varias veces; pero reencarnan para su perfeccionamiento.

6.61.3 Ciertamente habéis oído hablar con frecuencia de la transmigración de las almas. Gente de países lejanos, de Oriente, todavía hoy día cree firmemente en ella. Pero su creencia está muy pervertida, porque pretende que las almas humanas vuelven a encarnarse en animales. Esto no es así, ni por asomo.

6.61.4 En otras ocasiones ya a os fue demostrado que el alma del hombre de este mundo se compone de elementos de los reinos mineral, vegetal y animal, hasta que se desarrolla un alma humana. No existe desarrollo retrógrado para un alma, por imperfecta que sea, a no ser aparentemente en una esfera espiritual intermedia, y esto para su humillación, porque solamente ésta puede facilitar una mejora. Una vez alcanzado un cierto grado de perfeccionamiento, a partir del cual el alma ya no puede elevarse porque carece de facultades más sublimes, puede emigrar al plano espiritual de cualquier otro planeta y allí disfrutar de una bienaventuranza elemental, o, si quiere, puede pasar otra vez por la carne de los hombres de esta Tierra, para poder adquirir en ella capacidades más sublimes, mediante las cuales podrá alcanzar incluso la filiación de Dios.

6.61.5 También almas de otros mundos se encarnan en esta Tierra para adquirir aquellas innumerables capacidades espirituales, necesarias para obtener la verdadera filiación de Dios.

6.61.6 Como la Tierra es una escuela de este tipo, la trato con tanta paciencia e indulgencia.

6.61.7 El hombre, sin embargo, cuando aprende lo que ha de hacer para obtener la Vida eterna y sus tesoros, debe actuar y vivir según los principios conocidos y sentirá vivamente en sí mismo la plena realización de mi promesa».

Evolución en el Más Allá de las almas encarnadas antes de Jesucristo

6.65.2 El Señor: «Abrí las puertas de la Vida no sólo para los encarnados en esta época sino también para todos los que ya han pasado al otro mundo. Muchos viejos pecadores volverán a pasar un corto periodo de pruebas en la carne.

6.65.3 Sin embargo, en el Más Allá existen abundantes escuelas en las cuales las almas pueden ser enseñadas prácticamente. Cierto que el progreso no es tan fácil allí como aquí porque cada alma sólo tiene la vida y el ambiente que ella misma se ha creado con sus pensamientos, sentimientos y voluntad, que les ofrecen todo lo que desea.

6.65.4 Ahora bien, es más difícil influir benéficamente en tales condiciones a un alma llena de falsos conceptos, que aquí en la Tierra, donde se encuentra en suelo firme y extraño, y se le ofrecen grandes oportunidades. Aún así también en el Más Allá hay medios suficientes para poder influir ventajosamente sobre un alma.

6.65.5 Pero el hecho no debe servir de consuelo especial, pues si en el Más Allá un alma en su interior, es decir en su mundo, en vez de mejorar se vuelve cada vez peor y más mala, también su mundo aparente y su compañía, así como su derredor o ambiente, empeorarán en la misma medida. Cuanto más el alma se aparta de la Verdad, tanta menos Luz despide; su mundo y su ambiente se oscurecen, provocándole gran aflicción. Al aumentar esta pena también aumentan su ira y sus ansias de venganza. Esto ya es la entrada en el infierno, la segunda muerte verdadera del alma, de la que difícilmente se salvará.

6.65.6 Todo esto no son sino remedios que pueden salvar al alma en el transcurso de épocas muy largas y son realmente penosos. Pueden necesitarse millones de años terrenales hasta que un alma mala consiga una pequeña mejora por medios dolorosos. Éste es el motivo por el que un día aquí en la Tierra vale más que cien años terrenales en el Más Allá».

La inmortalidad del alma

Incitado por la pregunta de un posadero sobre la inmortalidad del alma humana, que el posadero no comprende claramente, por no poder expulsar de su interior los pensamientos obscuros de la muerte, el Señor, para darle una explicación adecuada, desarrolla la imagen del comienzo del fruto tras la caída de la flor. En este comienzo aún no se ve simiente ninguna con el germen de la Vida, aunque al fruto, todavía minúsculo e inmaduro, le sea inherente la facultad de formar simientes y gérmenes. En cuanto madure por completo se descubrirá fácilmente la semilla. Y el Señor continuó:

6.67.9 (El Señor): «Escucha, casi igual sucede con la conciencia psíquica completa del hombre. En tanto que no la posea en su interior, el alma no está madura ni es independiente del cuerpo. Todavía está demasiado vinculada a la materia; sólo puede percibir y sentir en sí el destino de su cuerpo: y aún las mejores explicaciones e instrucciones no pueden proporcionar al alma no evolucionada una conciencia completa para la Vida.

6.67.10 Si con su actividad propia, según mi Doctrina, un alma consigue la madurez para la Vida, no necesita más pruebas. ¿O es que necesitas pruebas de que vives ahora en tu cuerpo? Cierto que no y tendrías motivos para reírte a carcajadas de quien tuviera la intención de demostrártelo. Sin embargo, si estuvieras profundamente dormido, ¿te sería útil una prueba concluyente de que estás vivo si no puedes entenderla?

6.67.11 También cada animal posee un alma cuya existencia tiene que ser psico-sustancial y por lo tanto indestructible, de lo contrario no podría dar movimiento a los miembros del cuerpo animal. ¡Ve y explica a un animal lo que es un alma y que vive únicamente por su causa!, ¿entenderá lo que le explicas? Tanto como si hablaras a una piedra. ¿Por qué no entiende el animal la explicación y por qué no tiene palabras para comunicar sus sensaciones a otros seres?

6.67.12 Su alma se halla profundamente encerrada en su carne y salvo sus necesidades corporales casi no siente nada. Si alguien quiere adiestrar a un animal para que haga trabajos simples, tiene que esforzarse mucho para que al alma animal despierte de su carne y el animal entienda lo que el instructor quiere.

6.67.13 ¿Sabes que también hay personas cuyas almas no se hallan muy por encima de las de los animales y algunas veces hasta son superadas por ellas? Elevar a tales almas a una conciencia interior de la Vida con palabras sería trabajo en balde. En casos así, para que estos hombres se sometan a la ley les basta con tener una fe ciega y muda en que sus almas continuarán viviendo después de la muerte corporal y que en el Más Allá les espera un premio o un castigo».

Causas de la angustia ante la muerte

6.68.2 Los habitantes primitivos de esta Tierra no temían la muerte y muchas veces deseaban liberarse del cuerpo frágil. A causa de su vida, agradable a Dios, tenían de vez en cuando visiones claras del Más Allá y así adquirieron una conciencia clara y verdadera sobre la vida del alma después del fallecimiento del cuerpo.

6.68.3 Pero en la época actual ha desaparecido la fe en Dios. ¿De dónde podrían sacar los hombres una conciencia clara de la vida del alma tras la muerte corporal?

6.68.4 Te digo que donde se pone en duda la razón de toda Vida no es de extrañar que falte fe en que la propia alma continúe viviendo después de la muerte del cuerpo.

6.68.7 Todavía hoy encuentras en la India hombres que tratan con las almas desencarnadas como si comunicasen con hombres vivos, recibiendo orientaciones sobre cosas ocultas. Tales personas no tienen el menor temor a la muerte sino al contrario: el día que el alma pasa al Más Allá es para ellos un día de fiesta mientras que el del nacimiento es uno de profunda tristeza.

6.68.8 Los judíos son los que más temen la muerte por su gran amor al mundo y por su sensualidad. Quien como ellos se dedica a semejantes vicios perderá con el tiempo toda inspiración del más alto; pues nada perjudica tanto a la Luz viva y justa de la fe como la fornicación y la voluptuosidad. Este pecado sofoca al alma en el lodo de la carne y hasta mata la carne misma. Siendo así, ¿dónde habría de buscar un alma semejante la conciencia lúcida de la Vida?

6.68.11 Mientras el hombre viva en esta Tierra, es posible que las fuerzas consumidas se restablezcan si tiene una voluntad enteramente rigurosa y firme. David es un ejemplo vivo y palpable de ello; pues es sabido que este rey pecó mucho en la concupiscencia. Sin embargo, sacó fuerzas de flaqueza en tiempo oportuno, no pecó más por amor a Dios y con ello se hizo un hombre justo según el Corazón de Jehová. En verdad te digo que en el Cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento.

El amor a Dios

6.75.9 Para poder amar verdaderamente a Dios hay que intentar conocerle cada vez mejor. Quien no se esfuerza por seguir este consejo y no lo toma en serio, debe culparse a sí mismo si su sentido interior y su conciencia sobre la supervivencia eterna del alma tras la muerte del cuerpo van disminuyendo paulatinamente; pues este sentido verdadero de la Vida no es sino consecuencia del amor vivo a Dios y al prójimo.

6.75.10 Dios, el Padre, en su naturaleza intrínseca es Amor y por ello la Vida misma, porque Amor y Vida son lo mismo. Quien tiene amor a Dios, único elemento de la existencia, tendrá también la verdadera Vida eterna y divina. Quien no tenga tal amor estará espiritualmente muerto. Su vida no es más que aparente y por eso un castigo hasta que despierte voluntariamente en sí el amor a Dios. Por ello es benéfico que el hombre real medite de vez en cuando sobre las cosas que se presentan a sus sentidos.

Próxima transformación en la Tierra

6.76.7 «Sólo en la verdadera humildad hallarás el camino para la Vida interior del alma.

6.76.8 Mientras los pueblos no estén reinados ni guiados por el verdadero amor y la humildad correspondiente, permanecerá oscuro en la Tierra. Mientras haya soberanos excesivamente altivos y jactanciosos, también continuarán creciendo en todas las clases de la humanidad las simientes de la arrogancia y la dominación; y las tinieblas, el egoísmo, la envidia, la avidez, la persecución y la traición, verdaderos elementos del infierno, no desaparecerán hasta la época del gran juicio en que de nuevo purificaré la Tierra por el fuego. Después de este tiempo no gobernará rey sobre pueblo de la Tierra, sino únicamente la Luz de Dios. ¿Cuándo ocurrirá?

6.76.10 Esto sólo lo sabe el Padre y después de Él sólo aquél a quien el Padre lo quiera revelar. A Mí no me lo ha revelado, salvo que esto ocurrirá. Podéis aceptar como verdad pura que cada dos mil años ocurre una gran transformación en la Tierra».

La palabra interior, secreto divino en el corazón humano

6.79.15 El Señor al hospedero: «Cuando desde ahora hables en mi nombre, no necesitarás pensar sino Yo pondré en tu boca las palabras que has de pronunciar».

6.79.16 Preguntó el hospedero: «Señor, ¿cómo lo sentiré o lo percibiré?».

6.79.17 Contesté Yo: «En tu corazón percibirás pensamientos tan claros como palabras pronunciadas, y las expresarás con tu boca. En esto consiste el secreto de Dios en el corazón humano; finalmente voy a decirte otra cosa más:

6.79.18 Si encuentras algún enfermo, ¡imponle las manos en mi nombre y curará! Cuando cures a alguno de esta manera, no permitas que te paguen por ello, sino di al curado: “¡Da las gracias a Dios, el omnipotente, en el nombre de su hijo Jesús! ¡Ve y no peques más! ¡Cumple los mandamientos y haz el bien!”. ¡Así despertarás muchos creyentes en Mí!».

6.79.19 Acto seguido le impuse las manos y le di poder para actuar en mi nombre.

Un evangelio para madres que amamantan su hijo. Visita al posadero en Caná. Curación del hijo enfermo

6.80.1 Llegamos a Caná, en Galilea, donde había transformado el agua en vino. Pernoctamos en la misma casa, pues también era un albergue. Huelga decir que fuimos bien acogidos.

6.80.2 El matrimonio joven tenía un hijo de pocas semanas, que sufría convulsiones a consecuencia de un susto que la joven madre recibió durante el puerperio. La causa del susto fue un fuego en la casa vecina, extinguido rápidamente. Los padres y también los abuelos hacían todo para curar el niño, pero en vano.

6.80.3 Cuando entré en su casa, los jóvenes padres me reconocieron y se arrodillaron, diciendo: «Oh maestro, verdad es que Dios te ha enviado para que cures a nuestro hijo único. Te lo pedimos fervientemente, pues desde hace mucho tiempo sabemos que puedes hacerlo».

6.80.4 Dije Yo: «¡Levantaos, no conviene que los hombres se arrodillen ante los hombres!».

6.80.5 Y el matrimonio contestó: «Oh maestro, sabemos que Tú eres más que sólo un hombre, de modo que debemos arrodillarnos ante Ti. ¡Ayuda a nuestro hijo!».

6.80.6 Dije Yo: «¡Levantaos y traedme el hijo enfermo!».

6.80.7 Los padres obedecieron y me lo trajeron. Yo le impuse las manos, le bendije y en el mismo momento el niño se curó, y sonrió alegremente como si nunca hubiera estado enfermo.

6.80.8 Acto seguido dije a la joven madre: «¡De hoy en adelante ten cuidado! Cuando estés irritada y todavía tengas el niño al pecho, ¡no des de mamar a la criatura hasta que tu alma se haya calmado completamente! La leche materna puede originar muchas molestias físicas y hasta psíquicas en la criatura».

La base del perfeccionamiento espiritual. Naturaleza de Dios

6.88.1 El Señor: «Sin una fe verdadera y viva en el Dios único y verdadero es imposible llegar a señorear la vida. Por tal razón, ante todo, es preciso creer en un Dios vivo; pues sin este requisito no podrás despertar el amor a Él en tu corazón. Sin tal amor es completamente imposible aproximarse a Dios y finalmente llegar a ser uno con Él.

6.88.3 Pero si continúas preguntándote: “¿Dónde está Dios y cuál es su aspecto?”, te contesto que nadie puede ver al verdadero Ser supremo y continuar viviendo, pues es infinito, omnisciente y omnipresente, y por consiguiente, por ser puramente espiritual, también es la esencia interior de cada cosa y de cada ser. Individualmente, Dios en sí y para sí es un hombre como tú y como Yo, y habita el mundo de los espíritus en la Luz inaccesible, llamada “Sol de la Gracia”. Este Sol de Gracia no es Dios mismo, sino la emanación de su Amor y Sabiduría.

6.88.4 Al igual que ves el efecto del Sol de esta Tierra observando la proyección de su luz en todas direcciones, así también obra la fuerza activa del Sol de Gracia, como una Luz creadora y omnipresente.

6.88.5 Quien es capaz de captar y aceptar en el cielo de su alma la suficiente Luz del Sol de Gracia del Cielo, y luego la conserva por el poder del amor a Dios, formará en sí mismo un Sol de Gracia completamente idéntico al original. Su posesión otorga el único señorío de la vida verdadero.

Naturaleza del Señor, la divina y la humana

6.90.8 Quien lleva la carne, la recibió del cuerpo materno. Solamente la primera pareja humana recibió el cuerpo físico de la mano de Dios; todos los demás hombres o criaturas lo recibieron del vientre materno. Así también este cuerpo mío es de una madre terrenal, aunque no esté engendrado al modo común sino únicamente por el omnipotente Espíritu de Dios, lo que sólo es posible con personas puras y devotas. En tiempos pasados esto no era raro en personas puras y devotas a Dios.

6.90.9 Vuelvo a decir que hombres procreados por vía espiritual tienen inclinaciones más elevadas que los procreados de la manera natural. Yo como hombre, no soy Dios, sino un hijo de Dios, lo que realmente cada hombre debe ser; pues los hombres de esta Tierra están llamados a ser hijos de Dios cuando viven de acuerdo con la Voluntad divina.

6.90.10 Sin embargo uno de ellos, procreado por vía espiritual, fue escogido y destinado por Dios desde eternidades para ser el primero en poseer la Vida dentro de sí y transmitirla a cualquier hombre que crea en Él y viva según su Doctrina. Y este primero soy Yo.

6.90.11 Tal Vida de Dios no me fue dada por el vientre materno. El germen se hallaba dentro de Mí, pero debía ser desarrollado, lo que me exigió casi treinta años de esfuerzo. Verdad es que ahora estoy perfecto delante de vosotros y puedo deciros que me es dado todo Poder en el Cielo y en la Tierra y el Espíritu que habita dentro de Mí es uno con el Espíritu de Dios. Por tal motivo soy capaz de hacer milagros, lo que hasta ahora ningún hombre ha podido hacer. En lo sucesivo esto no será un privilegio exclusivo mío, sino también de todo hombre que crea en mí, que crea que Yo fui enviado por Dios a este mundo para dar la Luz de la Vida a los hombres que ahora se encuentran en la obscuridad, y que viva y obre según mi Doctrina, la cual muestra claramente a los hombres la Voluntad del Espíritu divino, que vive en Mí en toda su abundancia.

6.90.12 Este Espíritu es Dios, pero Yo, como hijo puro del hombre, no lo soy. Como ya os he dicho, tuve que conquistar la Dignidad divina con mucho esfuerzo y trabajo, igual que cualquier hombre; como tal no me era posible unirme sino con el Espíritu de Dios. Ahora soy uno con Él en el Espíritu, pero todavía no en el cuerpo; esto será alcanzado sólo después de pasar grandes sufrimientos y con una abnegación total de mi alma».

6.91 El Señor, dirigiéndose al médico al que antes había dado el don de curar a los enfermos, imponiéndole las manos:

6.91.6 «Jesús es mi nombre; en tal nombre impón tus manos a los enfermos que mejorarán en beneficio de sus almas. Pero a los ricos ¡dales medicina como antes, pues el don que te concedo es el de curar a los menesterosos!».

El comercio de esclavos

6.92.10 El Señor: «La forma de gobierno no puede ser alterada hasta que el estado promulgue nuevas leyes. ¡Pero sé bueno, justo y razonable con los esclavos!, porque son hombres e hijos del mismo Padre en el Cielo. Si visitas un mercado de esclavos puedes adquirirlos a voluntad y mantenerlos para hacer de ellos criaturas devotas y libres. De este modo te preparas un gran tesoro en el Cielo. ¡Nunca vendas un esclavo, pues la venta de criaturas es un horror ante Dios! Mas donde mi Doctrina echa raíces el tráfico terminará automáticamente».

6.107.11 El Señor: «Lo que existe desde la eternidad es de Dios, o sea, en el fondo es completamente espiritual. Que aparezca como materia, se debe a la fuerza constante de la Voluntad divina. Si ésta dejara de mantener su Voluntad, todo desaparecería al ojo humano.

El camino para conocer y amar a Dios

6.111.9 Cada hombre tiene ojos para ver, orejas para oír, el sentido del olfato, el gusto, el tacto y para todo tiene la inteligencia y la razón, las manos, los pies y un libre albedrío por el que puede mover sus miembros y activar su amor a voluntad. Así dotado ve salir y ponerse el Sol y la Luna. Ve las estrellas y un sinnúmero de especies de criaturas, a las que puede observar y a través de las cuales puede conocer más y más a Dios, el Señor.

6.111.10 Cada montaña, cada valle abundante en frutos, cada río, las hierbas adornadas de todas las hermosuras, plantas, arbustos y árboles, y todos los animales, le suministran material suficiente para pensar sobre la existencia de todas estas cosas.

6.111.11 Si el hombre medita sobre todo esto, una voz interior le dirá que nada puede originarse por sí, sino que debe existir un sabio Creador amoroso y omnipotente, que lo origina todo y lo conserva. Este mantenimiento será eterno, cada vez más noble y perfecto, porque Dios lo ha conservado desde épocas inimaginables al intelecto humano.

6.111.12 Quien tiene este concepto de Dios, el Creador, instintivamente despierta en sí un gran respeto ante Él y un amor cada vez mayor. Una vez que haya amor, comienza en su espíritu la animación del alma, proceso que aumenta en la medida que aumente el amor a Dios. Como el espíritu del amor ilumina al alma cada vez más, ésta se hace una idea cada vez más clara sobre la naturaleza de Dios.

6.111.13 Si de este modo el hombre encuentra el camino hacia Dios y con ello el de la verdadera Vida eterna y real, entonces podrá manifestarlo amando al prójimo, guiándole con seguridad, y Dios le recompensará con mayor Luz y sabiduría.

6.111.19 Los hombres de la Tierra tienen un gran destino: llegar a ser hijos autosuficientes de Dios; por esto deben ser entrenados y educados en la actividad independiente.

6.113.9 Salvo la almas demasiado dominadas por el orgullo y la avaricia, todas pueden ser ganadas para el camino de la Verdad; pero el orgullo y la avaricia son las inclinaciones más difíciles de vencer».

“Sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas”. La serpiente como ejemplo de conducta

6.114.1 Dijo Pedro: «¡Señor!, ¿dices que debemos ser prudentes como serpientes? La serpiente, sin duda alguna, es símbolo de todo lo malo y de Satanás que, astutamente, sedujo en forma de serpiente a la primera pareja humana. De todos modos la serpiente podrá ser astuta en su malicia; pero ¿qué hombre honesto y bueno querrá imitarla en el trato con el prójimo? No comprendo esta parábola tuya».

6.114.2 Contestó el Señor: «¿No os he dicho que debéis hacer vuestra la prudente astucia de la serpiente sin los males fines que la mueven? Por esta razón, poseyendo tal astucia, debéis ser buenos y sencillos como palomas.

6.114.3 Observad una serpiente común y veréis que es más inteligente que cualquier otro animal de la Tierra. Los naturalistas dicen que el león es el rey de los animales, mas Yo os digo: es la serpiente; pues aunque el león vence por su fuerza a todos los demás animales en una lucha, huye de la serpiente y si ésta le tiende una emboscada, estará perdido y será víctima de su ferocidad. En pocas palabras: la serpiente es la más reflexiva, selecciona con la máxima precaución y premeditación el mejor sitio para cazar, y la presa a la que acecha jamás se le escapará. Sólo el hombre la domina, ninguna otra criatura en la Tierra, sobre todo si se ha desarrollado completamente y tiene su fuerza máxima. Me refiero a las serpientes reales y no a las pequeñas culebras, las cuales también son sin embargo más prudentes e inteligentes que muchos animales grandes.

6.114.4 En la India y en Africa, donde hay diversos animales feroces como leones, tigres, panteras, hienas y otros por el estilo, las serpientes son adiestradas por los hombres como sus vigilantes más seguros y fiables. Los animales feroces nunca molestarán habitación alguna que velen y guarden las serpientes; hasta el elefante y el poderoso rinoceronte tienen gran respeto ante estos guardias. Cuando son abastecidas del suficiente alimento necesario no hacen daño a los animales domésticos. Pero si los hombres las hacen pasar hambre, abandonarán la habitación e irán a la caza, buscando su presa.

6.114.5 Al mismo tiempo las serpientes pueden ser adiestradas con algún esfuerzo y a una señal dada hacen todo lo que se exige de ellas, según su capacidad. Esto es también una prueba de la inteligencia particular de tales animales. Cuanto más inteligencia tiene cualquier animal, tanto más fácil es adiestrarlo para algún uso bueno».

La oración

6.123.7 El Señor: «Quien hace mi Voluntad, ora verdaderamente sin cesar; y cada día que el hombre hace, en nombre mío, una obra de caridad o un acto bueno a su prójimo, es un día justo y agradable al Señor.

6.123.8 Mas si alguien hace una obra de caridad al prójimo, debe hacerlo en silencio, no vanagloriándose delante de los hombres. En caso contrario ya se ha jugado su recompensa espiritual, habiendo recibido de Mí una gloria mundana; pero ésta nunca fortifica al alma, sino sólo la arruina porque la hace vanidosa y orgullosa.

6.123.9 Igual es al pedirme una Gracia. Quien quiera recibir algo de Mí, que ruegue silenciosamente en su corazón lleno de amor para conmigo, y le será dado lo que ha pedido, siempre que sea compatible con la salvación de su alma.

6.123.11 Quien quiera ser atendido por Mí, que peregrine a su corazón y me exponga en silencio su petición con palabras sencillas y modestas, y Yo le oiré.

6.123.12 También es una antigua costumbre, incluso de los judíos, que los ciegos y necios se pongan vestidos especiales y más finos paras sus oraciones y ruegos, pensando que hay que vestirse lo mejor posible para la mayor gloria de Dios. Pero tales necios no consideran que hay muchos pobres que apenas pueden cubrir su desnudez. ¿Qué pensarán estos pobres al ver a los ricos bien vestidos dentro del Templo, honrando así al Padre, dado que ellos consideran que al orar con vestidos usados o andrajos simplemente deben ofender a su Dios?

6.123.13 En verdad os digo: quien cubierto de vestidos lujosos y especiales me pide algo, no será atendido nunca, menos aún un sacerdote en sus necios hábitos de fantasía.

6.123.14 Hay otra mala costumbre cuando se ora a Dios: se usa cierto idioma extranjero, pensando que es el más digno para ello. Donde existen tendencias tan absurdas, el ruego nunca será atendido.

6.123.15 Que el hombre, ante Mí, se adorne en su corazón y que hable el idioma que es el suyo. Cuando use la lengua clara de este corazón, bien comprensible para Mí, Yo responderé a sus ruegos.

6.125.10 En el Más Allá ningún alma puede mostrarse de manera distinta a su cualidad interior».

Doctrina del alma. El ser y el fin de la materia. Desarrollo libre e independencia del hombre hasta llegar a ser hijo de Dios

6.133.2 El Señor: «Es enteramente verdad que en esta Tierra toda existencia está expuesta continuamente a diversos enemigos y que siempre ha de estar dispuesta a luchar para subsistir. Esta lucha se dirige contra la materia fijada por la Voluntad omnipotente de Dios, la cual generalmente sufre más cuando su ser psíquico interior, llamado alma, se desprende de ella y asciende a un grado de Vida más perfecto.

6.133.3 Mirad, toda la materia de esta Tierra, desde la piedra más dura hasta el éter sobre las nubes, todo es substancia anímica, necesariamente juzgada y por lo tanto solidificada. Cuando en este aislamiento se haya formado un cierto libre albedrío, su destino será volver a su estado puramente espiritual e independiente. Para alcanzarlo mediante una iniciativa propia cada vez mayor, el alma, una vez liberada de la materia que la tiene presa, ha de atravesar toda clase de niveles de vida. Y en cada nuevo nivel de vida tiene que revestirse de un nuevo cuerpo físico, desde el cual atraerá y absorberá más sustancias vitales y energía para su actividad.

6.133.4 Una vez que un alma en un cuerpo, pertenezca éste al reino vegetal o animal, ha alcanzado a través de la maduración necesaria las condiciones requeridas para elevarse a un nivel de vida más alto, entonces su espíritu, que cuida continuamente su progreso, tomará las medidas precisas para que le sea quitado ese cuerpo que ya no le permite un desarrollo progresivo y para que, ya dotada de elementos de inteligencia más importantes, pueda formarse otro en el que, durante el tiempo oportuno, pueda elevarse de nuevo a un nivel de vida y actividad más alto. Y así sucesivamente hasta que al fin logre transformarse en alma humana. Entonces, en el último cuerpo y ya totalmente libre, llegará a la plena conciencia de sí misma, al conocimiento de Dios y al amor hacia Él, y así a la completa unión con su espíritu del Más Allá de ella, unión a la que llamamos “renacimiento espiritual”.

6.133.5 Una vez que el alma haya alcanzado este nivel de existencia, entonces es perfecta, y gracias a su existencia y vida individual y absolutamente libre, ya no es posible que el Ser común de la Divinidad se la reintegre o destruya.

6.133.6 La mayor prueba de la emancipación ya conseguida por el alma humana consiste en que conoce a Dios y le ama con todas sus fuerzas. Pues en tanto que el alma no reconoce a Dios como un Ser que existe fuera de ella, entonces ella está todavía como ciega y muda, y oprimida por el Poder de la Omnipotencia divina; de modo que aún tiene que luchar mucho para liberarse de estas riendas. Pero cuando un alma empieza a conocer al verdadero Dios como a alguien que existe fuera de ella, percibiéndole individualmente por el amor hacia Él, entonces está ya liberada de estas riendas, llegando a pertenecerse a sí misma y volviéndose auto-creadora de su existencia y con ello una amiga emancipada e independiente de Dios, eternamente.

6.133.7 Siendo así, el propio individuo nada pierde cuando, para que pueda alcanzar más rápidamente su destino final, se le quita el cuerpo, ya inútil para el futuro.

6.133.8 ¿Qué importa el cuerpo del conejo con el que el águila sacia su hambre? Así se libera el alma del animal y ésta es enteramente capaz de ascender a un grado más elevado de vida. Pero el águila también tiene sin embargo un alma destinada al mismo fin. En la carne y en la sangre del conejo se encuentran todavía substancias psíquicas brutas que serán unidas a las substancias psíquicas del águila para que el alma del águila se haga más mansa e inteligente, y, tras la pérdida de su cuerpo, pueda volverse un alma humana, respetable, dotada de mucha Luz, valor y fuerza.

6.133.9 Así es como se hacen hijos de Dios los educados en esta Tierra. La vida es y será una lucha contra toda clase de enemigos, hasta que, con su propio esfuerzo, el alma triunfa y queda libre de toda materia. Los enemigos de la vida material no deben sorprenderte; en el fondo no lo son de la vida verdadera, sino sólo de la aparente, que no es una vida sino únicamente herramienta de la existencia espiritual interior, herramienta que sirve al alma hasta alcanzar la verdadera y auténtica libertad, que no sería ni imaginable sin esta vida temporal.

6.133.10 Gracias a su Omnipotencia, Dios podría llamar a la vida o crear un espíritu perfecto con toda la Sabiduría y todo el Poder, y no uno sólo sino una multitud de ellos instantáneamente, pero tales espíritus no tendrían autonomía alguna, ya que su deseo y su proceder serían idénticos al Ser Divino que sin cesar debería entrar en ellos para que tuvieran una existencia, se movieran, y obraran según la Voluntad divina. No serían nada en sí mismos, sino solamente pensamientos e ideas momentáneos de Dios.

6.133.11 Si con el tiempo hubieran de convertirse en seres independientes deberían tomar el camino de la materia, o sea el camino de la Voluntad divina juzgada, igual al que vosotros emprendéis en esta Tierra. Así se convertirían en hijos de Dios, libres e independientes, y capaces de actuar por su cuenta, aceptando siempre la Voluntad de Dios - no porque la Omnipotencia de Dios los obligue a aceptarla sino porque la reconocen como extremadamente sabia y se obligan a sí mismos a obrar y vivir según ella, lo que les dará el mayor gozo y la beatitud absoluta de la Vida.

6.133.12 Ves, querido amigo mío, así están las cosas. Por ello puedes conocer y admirar cada vez más la Sabiduría de Dios, pues de ella puedes deducir cómo forma Dios sus pensamientos e ideas de su Amor y Sabiduría más sublimes, para hacerlos hijos libres, enteramente idénticos a Él».

La personalidad de Dios. La Voluntad de Dios y la del hombre. La fuerza de la voluntad

6.135.2 El Señor: «Cada hombre puede asemejarse en todo a Dios, cuando adopta enteramente la Voluntad divina. Tal cosa todavía no la habéis sabido y os la pruebo no sólo por palabras sino más bien con hechos realizados ante vuestros ojos».

6.135.3 (Vuelto al capitán continuó): «Opinas que hablo como si otro hombre también fuese capaz de conseguirlo. No puedo proporcionarte más prueba que la de invitar a uno de mis discípulos a realizar también una señal».

6.135.4 Dijo el capitán: «No dudo que cada uno de tus discípulos pueda hacer ante nuestros ojos lo que Tú haces: el discípulo lo pronuncia, Tú lo quieres, y así sucede necesariamente lo que él pronuncia».

6.135.5 Dije Yo: «No, ¡estás muy equivocado!, porque él sólo une su voluntad con la Voluntad de Dios -como lo hago Yo- y a ese querer unido sigue el hecho después.

6.135.6 Te digo que si conoces enteramente a Dios, le amas sobre todas las cosas, y reconoces y haces tuya su Voluntad, y además tienes una fe insuperable, inalterable e imperturbable, sin duda podrás decir a ese monte: “¡Quítate de ahí y arrójate al mar!”, e inmediatamente sucederá lo que tú has querido con Dios.

6.135.8 Vuelvo a decir que cuando el hombre une su voluntad del todo a la Voluntad divina, entonces adopta también la Sabiduría divina, al menos en parte, comprendiéndose por sí mismo que tal hombre se da cuenta de que su voluntad es buena y sabia. Así sólo ha de querer algo razonable y, si no duda, su deseo se realizará, pues la duda es consecuencia de la unión incompleta de su voluntad con la de Dios».

Visita al templo de la sabiduría

6.137.5 No lejos de esta antigua ciudad, Serrhe15 de nombre, sobre una colina mediana había un templo dedicado a la sabiduría. Estaban encima del altar diversos libros y antiguas escrituras, conteniendo sabios proverbios y profecías antiguas.

6.137.6 Fuimos al templo y a sus tres ancianos sacerdotes. Eramos cerca de cuatrocientos porque muchos nos seguían desde la ciudad, donde habíamos curado muchos enfermos incluidos ciegos y sordos; muchos habían aceptado nuestra Doctrina, viviendo según sus normas.

6.137.7 Cuando llegamos al templo, cerrado por lo general, y los tres sacerdotes vieron al centurión romano, salieron y con profundo respeto preguntaron por el motivo de tan inesperada visita.

6.137.8 El centurión me señaló y dijo: «Este primero y altísimo de todos los ilustres de la Tierra ha venido para visitar vuestro templo de sabiduría y ver sus escrituras, ¡abrid la puerta, dejadnos entrar!».

6.137.9 Respondieron los sacerdotes: «Vienes fuera de la hora y tu orden solamente será cumplida porque se trata de tu persona; pero tienes que asumir la responsabilidad ante los severos e implacables dioses».

6.137.10 Dijo el centurión romano: «Sí, sin suda alguna; pues quiero convencerme personalmente si vuestro libro de sabiduría contiene la descripción de este hombre sabio y dotado de todo el Poder divino».

6.137.11 Los sacerdotes consintieron, abrieron la puerta y nos mostraron un libro antiguo, escrito en hindú. Sólo uno de ellos sabía leerlo y lo comprendía más o menos.

6.138.12 Yo mismo le mostré un pasaje del texto, invitándole a leerlo y traducirlo.

6.137.13 El sacerdote recorrió el texto con la vista y lo tradujo como sigue: «En las montañas donde anidan muchas grajillas, nace un río caudaloso. En sus riberas vi ciudades grandes y pequeñas. Sobre sus ondas vi muchas balsas. Vi flotar una, y una noche espesa cubría toda la región desde el nacimiento del río hasta donde desemboca en el gran mar. Pero la balsa la llevaba un hombre cuya faz iluminaba más que el sol y de cuya boca surgieron flechas y espadas flameantes. En la margen del río yacían muchos muertos, y los que fueron alcanzados por las flechas que salían de su boca, comenzaron a moverse y resucitaron, haciéndose día a su alrededor. La balsa sobre el río llevaba otras personas llenas de vida. Éstas también tenían una Luz dentro de sí que lucía como la luna llena. También de su boca salía una luz semejante a la de la estrella matutina y los hombres que fueron tocados, aunque antes estaban muertos, resucitaron y caminaban como en pleno día. Y así poco después todo el río se transformó en luz. Cuando todo el río relucía se despertó una gran alegría en las riberas. Muchos acudieron corriendo al río y se lavaban la cara y todos los que entraban en el río relucían, y se limpiaban bañándose en las ondas claras del río.

6.137.14 Pero más tarde volví a ver el río y la luz había desaparecido y otra vez la pesada noche descansaba sobre sus espaldas, y yo miré mucho tiempo, esperando; pero no quería aclarar. Y oí una voz como el susurro de muchos vientos a través de un bosque seco y la voz dijo: “¡Ay de ti, portador de la noche, cuando Yo vuelva!, el duro juicio te tocará dos veces, pues fuiste Luz y otra vez te volviste noche. Te lo digo y tú debes comunicárselo a tus gusanos. Tal es la Voluntad del primero y del último, del alfa y del omega”».

6.137.16 Preguntó el centurión: «¿Comprendes lo que acabas de leer?».

6.137.17 Contestó el sacerdote: «Señor: si lo entendiera estaría sentado en el trípode de la pitonisa».

6.137.18 Dijo el centurión: «Lo que tú no comprendes lo comprendo yo muy bien y sé explicártelo. Aquí está el hombre venido de los Cielos a nosotros los hombres y ahora extiende la Luz desde Melitene16 hasta aquí Serrhe. Óyelo y vosotros, los muertos, viviréis de nuevo y recibiréis vuestra salvación en la Luz más clara».

Naturaleza y efecto del Amor

6.138.11 El Señor: «El Amor verdadero y puro es el fuego más noble; es capaz de hacerlo todo. Es el mejor cocinero, el mejor anfitrión, el mejor condimento de todas las comidas y la mejor comida misma. En verdad os digo: a quien alimenta el amor puro está bien alimentado y a quien sacia no tendrá hambre por toda la eternidad. Si tal amor os vivificara nunca sentiríais la muerte. Por ello ¡consagraos a este amor puro a Dios y a vuestro prójimo! Pues este amor os dará abundantemente todo lo que os puede hacer bienaventurados.

6.138.15 Dios, el eterno y el verdadero, es puro Amor y Sabiduría máxima. Como tal creó por sí todos los mundos y seres.

6.138.16 Siendo puro Amor, quiere que también todos los hombres le amen sobre todas las cosas y que todos, por ser obra suya, se amen unos a otros como cada cual a sí mismo. Si Dios ama a todos los hombres más que el mejor padre a sus hijos, ¿por qué todos los hombres no han de amarle sobre todas las cosas cuando le hayan conocido a fondo?

6.138.17 En verdad os digo que sin el amor justo y verdadero no encontraréis a Dios, jamás podréis conocerle y por ello tampoco podréis acercaros a Él. Sólo el amor, nunca la razón, os muestra el camino seguro hacia Él. Y quien no encuentra el camino hacia Dios, tampoco lo encuentra hacia su propia Vida, andando por esto en las oscuridades y en las vías del juicio y la muerte eterna».

Los judíos tratantes

6.139.1 Con el centurión, el comandante y sus familias, visité algunos judíos pobres que vivían en esta región del comercio variado y de los tratos, aunque ganaban poco porque los astutos griegos en todas partes les tomaban la delantera. El comandante y el capitán los gratificaron, pero Yo les aconsejé volver a su casa y ganar allí su pan diario con el trabajo de sus manos. Pues cuando uno nace con pocos talentos, sea en el que país que fuere, debe quedarse allí y mantenerse honradamente a sí mismo y a los suyos. Sólo hombres dotados de muchos y grandes talentos pertenecen a toda la Tierra, porque su Luz espiritual, de manera parecida a la luz del Sol, debe iluminar los caminos de la Vida de todos los demás hombres.

6.139.2 Preguntó uno de los judíos: «Maestro, ¿por qué fuimos dotados con tan poco talento por Jehová?, ¿no podría habernos provisto con más?».

6.139.3 Contesté Yo: «Sin duda alguna, pero Él sabe mejor lo que es apropiado para cada hombre y no os ha provisto sino con el que os hace falta. Pues nadie será feliz por tener mucho talento, porque no es mérito del hombre sino solamente obra y mérito de Dios. Quien ha recibido poco habrá de rendir cuenta de poco. En el Más Allá el mismo pecado tendrá mayor peso en la balanza de la justicia divina para los talentosos. Pues si el mismo legislador obra contra sus leyes, sin duda alguna es peor que un hombre que peca contra la ley que se le dio. Por tal motivo ¡nunca envidies a un hombre al que Dios ha dotado de muchos y grandes talentos porque tal hombre tendrá que sufrir mucho mientras esté en la Tierra!, ¡estad contentos de que Dios os haya provisto de poco talento!

6.140.5 A los que Dios, el Señor, ha dado menos Luz, seguramente los ha amado mucho, porque así les ha hecho lo más fácil posible su prueba de vida terrenal; pero los espíritus grandes encuentran sus caminos sembrados de muchas espinas, en los que caminarán con gran dificultad».

6.140.6 La gran ciudad de Antioquía era ya muy antigua y mantenía un vasto comercio en Asia Menor y hasta con Europa. Desde allí llegaron noticias de mi persona a los territorios occidentales del Asia Menor y un rey pequeño de Lydia, llamado Abgarus, vino a Antioquía para conocerme. Este rey aceptó enteramente mi Doctrina, se hizo bautizar, convirtió su pueblo y me escribió varias cartas contestadas por Mí. No pude aceptar su cordial invitación a visitarle por motivos muy sabios17.

6.142.13 El Señor: «Quien en mi nombre hace el bien al prójimo por amor a Mí, tendrá el mérito justo de un trabajador en mi viña y recibirá su recompensa, pues lo que hagáis a los pobres en mi nombre, Yo siempre lo consideraré como si me lo hicierais a Mí.

6.142.14 Mi físico o carne no es mi Yo, solamente mi Espíritu es mi Yo verdadero; por medio de mi Espíritu estoy presente en todas partes, actuando constantemente por todo el espacio.

6.142.15 Lo que quiere mi físico o carne no se realiza, sino eternamente lo que quiere mi Espíritu. Dondequiera que estéis, Yo estaré entre vosotros y si obráis en mi nombre, Yo obraré en y con vosotros; y si habláis en mi nombre, seré Yo quien pondré los pensamientos en vuestros corazones y las palabras en vuestras lenguas.

6.142.16 No podréis alejaros de Mí si permanecéis activos en mi Doctrina; sólo os alejaríais de Mí y os pareceríais a los servidores del mundo si abandonaseis mi Palabra».

La actuación humana depende de la Gracia divina

6.144.4 El Señor a los discípulos: «Si decís: “Hicimos esto o aquello bueno” mentís a vosotros mismos, a Dios y al prójimo, porque nadie puede hacer nada bueno de por sí, pues, su vida física le fue dada por Dios y también la Doctrina según la que debe que vivir y actuar. Si un hombre no lo reconoce ni lo comprende, entonces el mismo no figura nada, y ¡ni hablar de independencia! Pues, aún no distingue entre sus propias disposiciones y de lo que Dios dispone en él, y toma las dos cosas por lo mismo. Sólo cuando el hombre percibe que sus propias disposiciones y acciones son vanas y que lo único que es válido es la actuación divina en él, entonces entra en el ámbito de la autonomía.

6.144.5 Cuando lo comprende, el hombre se esfuerza más y más por adaptar su actuación individual a la bien conocida divina, para unificarse paulatinamente por completo con la fuerza vital de Dios. Solamente por esta unificación el hombre llega a la verdadera independencia, reconociendo claramente que la actuación divina, anteriormente ajena, ha llegado a ser la suya propia por la humildad ante Dios y el amor justo hacia Él. Ésta es la razón verdadera por la que antes os he dicho: aunque lo hayáis hecho todo, pese a ello confesad: “Señor, sólo Tú lo has hecho todo; y nosotros éramos siervos perezosos e inútiles por nuestro egoísmo”.

6.144.6 Si justamente lo reconocéis así en vosotros mismos, la fuerza divina os ayudará en vuestro perfeccionamiento de Vida. Si no lo reconocéis y os eleváis en el altar de la honra por vuestra propia fuerza, Dios no os ayudará y deberéis dejar a vuestro propio criterio el perfeccionamiento de vuestra Vida, altamente penoso, y pronto veréis hasta donde llegaréis con vuestra propia fuerza.

6.145.9 Al hombre le fue dada una memoria terrenal a causa de la educación del alma, que recuerda con fuerte voluntad una multitud innumerable de palabras, verdades y hechos; sólo cuando el hombre es indiferente a tales cosas y hechos no alcanza a grabarlos en la memoria».

Revelaciones y profetas, verdaderos y falsos

6.150.14 El Señor: «De ahora en dos mil años casi, serán despertados e inspirados videntes y profetas innumerables porque también aparecerá un numero mayor de profetas falsos, incluso de falsos “Cristos”, orgullosos, dominantes y faltos de amor. Seguirán entonces los juicios y rara vez habrá soberano que junto con su pueblo no haya de ser juzgado severamente por su rigor y maquinación oscura.

6.150.15 Hacia el final de la época indicada despertaré profetas cada vez más iluminados y con ellos aumentarán los castigos. Proliferarán terremotos enormes, tempestades devastadoras, inundaciones, carestías grandes, guerras, hambres, pestilencias y muchos otros males más, y, como dije antes, la fe, salvo la de muy pocos, se entibiará en el hielo de la soberbia humana, y un pueblo provocará a otro.

6.150.16 Los hombres serán avisados por videntes y señales extraordinarias en el firmamento, pero pocos harán caso, y los demás hombres mundanos lo considerarán efectos arbitrarios de la naturaleza.

6.150.17 Entonces, por mi segunda venida a esta Tierra, ocurrirá la mayor revelación; pero esta revelación será precedida por un juicio grande y riguroso tras el que se hará una selección general de los hijos del mundo por el fuego, para que Yo mismo pueda establecer en esta Tierra un vivero para hombres verdaderos, que durará hasta el fin de los tiempos de esta Tierra.

6.150.18 Os lo profetizo ahora para que no penséis que después de mi venida todo será tan perfecto como en mis Cielos. Pocos se asemejarán a mis ángeles, muchos sin embargo serán bastante peores que los hombres de la época actual.

6.150.19 ¡No os disgustéis por ello! Os he dicho varias veces que el hombre sin su libre albedrío no sería un hombre sino apenas un animal semejante al hombre.

6.150.20 A tales hombres se les podrá adiestrar, a lo sumo, para que ejecuten cualquier trabajo, de manera parecida a los animales. Pero nunca se les podrá poner en condiciones que les permitan comprender que tal trabajo resulta bueno y útil para ellos mismos y para el verdadero hombre, y que después les hagan decidir, a su propio criterio, cuando habría que realizar tales trabajos útiles.

6.150.21 El hombre que peca contra la ley demuestra ser tan libre como el que la cumple voluntariamente. Por tal razón no debéis juzgar ni condenar a hombre alguno, sino enseñar con paciencia y afabilidad el camino justo al hombre perdido. Si quiere tomarlo será para su propio bien, en caso contrario no debéis forzarle sino, quizá, excluirle de una sociedad de principios buenos y puros, pues un hombre obligado a creer es diez veces peor que un incrédulo o un apóstata.

La diversidad de criaturas de la Tierra y su finalidad

6.152.9 Si Dios no hubiese tenido la gran intención de educar a sus criaturas humanas en esta Tierra para que se vuelvan hijos suyos, la habría podido poblar para ellas muy sencillamente con algunas especies de árboles frutales y con unos cuantos animales domésticos, como lo hizo en un sin número de otros cuerpos del universo, en los que las criaturas humanas no tienen tan alto destino. Para que el hombre tenga en esta Tierra la grandiosa y admirable oportunidad de ejercitarse en la contemplación y en pensar, volviéndose así consciente de la absoluta libertad de su voluntad, Dios le ha provisto en esta escuela de Vida con tan extraordinaria diversidad, que desde la cuna hasta la tumba tiene la oportunidad de pensar ilimitadamente, de hacer muchas observaciones y comparaciones, pudiendo escoger lo bueno que le gusta y agrada, y desechar el mal abominable.

6.152.10 Por ello incontables especies de animales se manifiestan con actividades, voces y conductas muy diversas, dando al hombre la gran oportunidad de aprender de ellas, de refinarlas y de integrarlas en sus propias ocupaciones y costumbres. Pájaros, algunas moscas, escarabajos, grillos, chicharras, y hasta ranas fueron los primeros profesores de canto de los hombres primitivos, mientras que los caramujos marítimos enseñaban a los hombres a construir navíos y a navegar con ellos a gran distancia, equipándolos con velas.

6.152.11 Igual que Dios creó tan extraordinaria diversidad de todo lo posible en todos los reinos de la naturaleza a causa de los hombres de esta Tierra, también creó entre los hombres mismos una variedad extraordinaria e ilimitada, tanto en forma como en carácter, de manera que es muy difícil encontrar entre un millón de ellos dos que se parezcan como un ojo al otro. Y Dios lo hizo así, y los hombres han sido provistos de las más diversas habilidades y talentos para que se diferencien en todo entre sí y se traten mutuamente con más amor, como servidores unos de los otros.

6.152.12 Lo que se refiere a hombres individuales vale también para comunidades y pueblos. Porque muchas experiencias enseñan que hay que tener muy en cuenta que no todos los hombres pueden ser despertados de la misma manera a la Luz y la Vida. Sin embargo, lo que vale para los hombres vale también para comunidades enteras y hasta para pueblos enteros.

Contemplación de la Luna mediante la visión interior

6.157.4 Aunque el ojo físico del hombre es una construcción perfecta, no puede ser comparado con la maravilla del ojo espiritual, que todo lo ve en la medida justa, penetrándolo todo.

6.157.5 Fijaos como después de un eclipse lunar las estrellitas más pequeñas desaparecen paulatinamente cuando la Luna sale de las sombras de la Tierra y podréis convenceros que ello es efecto de la luz creciente de la Luna.

6.157.6 Sin embargo, la visión del alma es diferente. La luz terrenal no la perturba y la noche de la Tierra o su día más claro no tienen influencia en ella. Por tal motivo existe solamente un día constante para el alma que vive y camina en mi Luz; pero un alma que sólo anda y vive en la luz de este mundo, es decir en la doctrina del mundo, en cuanto llegue al Más Allá, o sea después de la tumba, sólo encontrará noche y oscuridad.

6.157.7 ¡Ahora prestad atención! Por unos momentos despertaré vuestra visión interior y veréis la Luna como si os encontrarais en su suelo».

6.157.8 Yo lo quería y todos lanzaron un grito de espanto y Lázaro me rogó que le retirase la visión interior. Pues la Tierra lunar le parecía demasiado desierta y desoladora.

6.157.9 Pero Yo les dije: «¡Fijaos mejor y descubriréis también seres semejantes a los de la Tierra!».

6.157.10 Entonces todos se forzaron y descubrieron seres humanos en el lado siempre dirigido hacia la Tierra. Eran de apariencia casi transparente y bastante atrofiada, de los cuales los videntes no sabían qué debían opinar. La parte opuesta a la Tierra les gustaba un poco más. Podían observarla durante la noche lunar que dura catorce días terrestres por razones naturales de la Luna. En este lado los seres y los pocos animales lunares se encontraban en un sueño profundo.

6.157.12 Tras retirarle la visión interior, el mayor de los greco-judíos preguntó: «Señor, ¿quiénes son esos seres?».

6.157.13 Dije Yo: «Cierto es que no se trata de seres muy felices, puesto que llevan en sí muchas cosas infernales. Con el tiempo pueden volver a una vida mejor, pero sólo a paso lento. Los que vagan en la superficie de la Tierra lunar y han obtenido cierta transparencia, están en situación mejor; pero los que todavía moran en cuevas profundas, huecos, cavidades y cráteres, sufren mucho y necesitarán bastante tiempo para pasar a un estado vital mejor.

6.157.14 Son almas de hombres de esta Tierra que durante su vida corporal se entregaron desmedidamente al mundo y a un excesivo amor propio.

6.157.19 También estos habitantes miserables de la Luna deberán ser salvados cuando Yo vuelva de nuevo allá de donde he venido. Ahora sabéis lo que es la Luna».

6.158.2 El Señor: «Pan y vino son los mejores alimentos para el cuerpo humano.

6.158.11 Es muy importante descubrir y verificar los pensamientos de un hombre en su corazón. Quien lo puede es igual a Dios: omnisciente, omnividente y capaz de sentir todo. Los que viven según mi Doctrina, y que por ello alcanzan el renacimiento del espíritu en su alma, también serán capaces de hacerlo; los demás nunca alcanzarán algo realmente espiritual.

6.158.12 El hombre nunca sabe lo que está oculto en su interior, pues carece de visión interna. Sin embargo el espíritu, que está en el interior del hombre, es el único que ve y sabe todo lo que allí se encuentra. Por tal razón cada cual debe esforzarse por obtener el renacimiento verdadero del espíritu porque sin esto nadie podrá entrar en el Reino de Dios.

6.158.13 Antes de mi ascensión nadie será capaz de obtener el renacimiento perfecto del espíritu en su alma; pero después de ella, todo el que crea en Mí y viva según mi Doctrina».

Los perros protectores de Noé

6.160.1 Cuando Noé construía el arca por consejo de Dios, los vecinos materialistas se burlaban de él, diciendo: «¡Ved a ese viejo soñador! ¡Construye una arca aquí en lo alto de la montaña, muy lejos de cualquier mar, imaginándose que Dios mandará aguas tan abundantes que sus ondas inundarán hasta estos montes, y él pretende salvarse con los suyos en esta embarcación!».

6.160.2 Tales opiniones y aún peores fue obligado a oír Noé. Incluso su hermano Mohal18 se burlaba de él y se dirigió con sus hijas a la ciudad de Hanoc, en la llanura. Los vecinos, sin embargo, querían quebrantar la asiduidad de su trabajo, destruyéndole muchas veces durante la noche lo que Noé había construido durante el día. Noé pidió a Dios que le liberara de esta plaga y Él le mandó una cantidad de perros mordedores. Quien durante la noche se atrevió a acercarse demasiado a la construcción fue despedazado por ellos. Así Noé pudo dedicarse a terminar su obra sin ser molestado.

El mundo estelar, escuelas de espíritus

6.160.9 El tiempo es eterno y el espacio infinito; mucho puede ocurrir y cada hecho encuentra su sitio. Durante el eclipse lunar viste un sinnúmero de estrellas y no eran ni casi la diez milésima parte de las que resplandecían al alcance de nuestros ojos. Y te digo que todas estas estrellas visibles no constituyen la mínima parte de la multitud de las que pueden verse, ni aun con los ojos penetrantes de un brahmán -habitante de alta India- los cuales tienen una vista tan aguda que sin dificultad pueden ver bien los montes y cráteres de la Luna. Todos estos infinitos mundos son escuelas para diversos espíritus, y de ello puedes deducir fácilmente por qué se dice en la escritura que las disposiciones de Dios son impredecibles y sus caminos inescrutables. Así que no te preocupes por todo lo que te parece ocurrir de manera contraria a la razón; pues Dios lo sabe todo y conoce los espíritus y los caminos por los cuáles les hace seguir su destino.

El destino de los suicidas

6.163.1 Dijo un anciano de los greco-judíos: «Entre los hombres hay también verdaderos enemigos de su propia vida, quienes se suicidan. A mi parecer, deben ante todo ganar la Vida del alma. ¿Cuál es tu opinión?».

6.163.2 Dije Yo: «¿Acaso Dios les dio la vida del cuerpo para destruirla? La vida del cuerpo es el medio dado por Dios al hombre con el que puede y debe ganar eternamente la vida del alma. Ahora bien, si el hombre destruye antes el medio ¿cómo podría conquistar y conservar la Vida psíquica? Si un tejedor destruye el telar, ¿cómo tejerá más tarde su lienzo? Yo te digo: los suicidas, si no estén locos, difícilmente o casi nunca participarán del Reino eterno. Pues, quien es un enemigo semejante de su vida, no tiene amor para vivir; una vida sin amor no es vida sino muerte».

La irritación y su efecto perjudicial

6.164.9 Lázaro al Señor: «Estos miserables del Templo quieren guardar todo para sí y no consideran que yo alimento anualmente por lo menos mil pobres para ahorrar al Templo sus gastos por la manutención obligatoria de los menesterosos y que, además, contribuyo con una suma importante en dinero. Con certeza sé que no pueden hacerme nada; pero me irrita que estos miserables me odien pese a que les hago tantos favores».

6.164.10 Dije Yo: «¡Fíjate en Mí! ¿No he creado la Tierra, el Sol, la Luna y todas las estrellas?, ¿y no continúo manteniendo la Tierra para que produzca alimento para todos los seres? ¿No sustento a cada hombre? ¿Y no conservo la Vida a cada criatura? Designé a esta Tierra para la educación de mis hijos y ahora, conforme a todas las profecías conocidas, Yo mismo he venido a ella para mostrarme personalmente en forma humana, a manifestarles con palabras y hechos que Yo soy el Señor del Cielo y de la Tierra y que ellos son realmente mi imagen. ¿Y qué hacen estos insensatos del Templo? Me odian, me persiguen a Mí y a todos los que creen en Mí, porque les muestro que sus obras son malas. Continuamente procuran matarme y pronto vendrá el tiempo en que Yo mismo permitiré este crimen, esta atrocidad abominable. Y mira, no siento el menor enojo contra ellos. Pero también en el Más Allá continuaré siendo eternamente el Señor y no les será perdonado lo que hacen aquí.

6.164.11 Así como Yo, primero y mayor bienhechor de todas las criaturas, no me enfado, tampoco tú debes enfadarte con los del Templo.

6.164.12 Si quieres estar eternamente conmigo en el Más Allá, al igual que Yo jamás debes irritarte con nadie.

6.164.13 Además te digo: la irritación perjudica la salud. Produce demasiada bilis que envenena la sangre y compromete la vida humana constantemente. Por tal motivo ¡guárdate especialmente de los enfados demasiado violentos, de lo contrario perderás tu vida corporal! ¡Tenlo en cuenta y no habrás de temer males físicos!

6.165.11 El alma animal, sin nada más, nunca puede convertirse en alma humana, lo que justifica la expresión “El alma animal muere con el animal”. En realidad ocurre que al dejar el cuerpo animal atrás, por ejemplo el cuerpo de un buey, el alma deja de ser simplemente alma de buey, pues junto con muchas otras almas libres de animales forma una nueva alma ya más perfecta. Habiéndose calificado durante cierto tiempo para ser alma humana, podrá ser engendrada en un cuerpo humano; éste es un saber antiguo que conocían habitualmente en su pureza los patriarcas y también hoy los habitantes de la alta India».

Profecía del gran juicio del tiempo actual

6.174.1 El juicio de Jerusalén se repetirá cuando extermine la gran prostituta de Babel, o sea cuando ocurra el gran futuro juicio mundial, parecido a los de la época de Noé y de Sodoma y Gomorra.

VI_174.2 En la tierra, en la mar y en el cielo de la Tierra se verán grandes señales, y despertaré siervos que profetizarán mi Palabra, anunciando el juicio venidero. Pero el orgullo y la arrogancia de los hombres no los oirán, y aunque los escucharán no creerán sus palabras sino, necios, se burlarán de ellos. No obstante, hasta esto será una señal segura de que el gran juicio se realizará sin duda alguna y de que todos los malvados serán devorados por el fuego.

6.174.3 Muchos jóvenes tendrán visiones y algunas doncellas profetizarán los acontecimientos venideros.

6.174.5 Habrá guerras aisladas y un pueblo desafiará a otro; la carestía será enorme y aparecerán enfermedades pestilentes como nunca las hubo. Precederán grandes terremotos para llamar a los hombres a hacer penitencia y a realizar actos de caridad.

6.174.6 Muchos no harán caso a las catástrofes, sino que las atribuirán a las fuerzas de la naturaleza y llamarán embusteros a los profetas.

6.174.7 Desde ahora no pasarán dos mil años completos para que se cumpla el gran juicio, que será el último en esta Tierra.

6.174.8 Sólo entonces se establecerá el paraíso en la Tierra y el lobo y la oveja habitarán juntos en un establo, comiendo juntos de la misma escudilla.

6.174.9 Próxima al juicio se presentará la señal de Hijo del hombre en el cielo, es decir, el Cielo en el hombre me reconocerá como único Señor de los Cielos y de la Tierra, y el alma del hombre me glorificará y me alabará.

6.174.10 Sin embargo, esto no significa aún la perfección del hombre. Pero en cuanto Yo aparezca con toda claridad en las nubes celestes, con todos los poderes del Cielo, en la Palabra viva cuyo sonido será semejante al de muchas trompetas guerreras y de juicio, en la Palabra viva ante todos los hombres en el Cielo verdadero que está en el corazón humano, entonces habrá llegado el juicio del mundo.

Bendición y adoración justas

6.180.1 Junto con los suyos, el dueño de la posada se acercó a Mí y me pidió bendición contra la maldición del los del Templo.

6.180.2 Yo le dije: «Querido amigo, donde Yo estoy presente, también la bendición está conmigo. Vive según la Doctrina que he dado a mis discípulos y con ello obtendrás la verdadera bendición viva que te aportará el mayor beneficio, no sólo para la vida en este mundo -muy corta para cada cual-, sino también para tu alma que vive eternamente. La bendición tal como tú te la imaginas no vale para nada. Los fariseos reparten bendiciones y se hacen pagar por ellas. Pero, ¿a quién benefició esta bendición? Por supuesto a los fariseos; a los bendecidos, el consuelo y el sosiego tuvo que proporcionárselos su fe.

6.180.3 Yo bendigo verdaderamente a los hombres, dándoles la Luz verdadera de la Vida y por medio de ella la Vida eterna, si actúan conforme a mi Doctrina. Las bendiciones mágicas no valen para nada y sólo aumentan la superstición de los hombres. Pero quien anda en los caminos de mi Doctrina y obra basándose en ella, lleno de fe en que Yo soy el Cristo verdadero, puede imponer las manos sobre los enfermos en mi nombre y los enfermos mejorarán. Y si un enfermo se halla muy lejos y tú oras en mi nombre sobre él, tendiendo las manos hacia él, se curará, si es para su beneficio.

6.180.8 Cuando veas a un hombre pobre que pide a Dios algo muy necesario, si tienes algo para ayudarle, ¡ve a él y ayúdale! Si no tienes nada, pide a Dios por él y Yo te digo: Dios atenderá tal ruego; pues si dos o tres me piden verdaderamente, su ruego siempre será atendido; pero nadie debe dirigirse a Mí por cosas vanas y puramente mundanas, en cuyo caso Dios no le atenderá; pero si alguien ruega por lo que precisa para el mantenimiento de su cuerpo y para la fortificación de la fe y del alma, seguro que de ello no será privado. Así es el ruego verdadero, que es una bendición justa y verdadera de Dios en el corazón humano».

El efecto del vino. Los espíritus malos

6.187.1 El Señor: «Queridos amigos y hermanos, el vino tomado en medida justa fortalece y da fuerza y salud a los miembros del cuerpo, pero bebido en exceso despierta los espíritus malos de la carne y aturde los sentidos. Los espíritus malos despiertan la voluptuosidad, la impudicia y la fornicación, haciendo que durante mucho tiempo el alma sea impura, triste, pendenciera, y que quede inmovilizada y muchas veces como muerta.

6.187.4 No sólo en vuestra carne sino también en todos los elementos se hallan tales espíritus, que no pueden ser considerados buenos, ni mucho menos. Más para aquél que se ha vuelto puro por Mí, habiéndolo recibido de Dios, todo es puro y bueno por el destino que encierra.

6.187.6 Al igual que en todas partes existen cuerpos, agua y aire, en todas partes existen espíritus naturales elementales, malos e impuros; y en el fuego físico se manifiesta la redención de espíritus ya algo más puros, que a continuación serán llevados a tareas más elevadas.

6.187.7 Sin embargo hay una gran diferencia entre los espíritus malos que poseen frecuentemente a los hombres, y los espíritus naturales elementales todavía impuros, de los cuales está compuesta toda la Tierra en todos sus elementos. Pero existen afinidades y relaciones recíprocas; de manera que un hombre que no ha despertado excesivamente los espíritus impuros del cuerpo, no puede ser poseído fácilmente por los espíritus malos y desencarnados.

6.187.8 Por esta razón os advierto contra todos las pasiones. Son una consecuencia de haber despertado los múltiples espíritus en la carne y en la sangre. Una vez despiertos, pronto se juntan a las almas impuras y desencarnadas de los difuntos que muchas veces se encuentran todavía en esta región baja del orbe terrestre. Cuando sucede así tal hombre es entonces seriamente poseído».

Valor del raciocinio y de la verdadera fe

6.188.1 El romano, Agrícola de nombre, aseguró al Señor: «Gran maestro, aunque no veo obras maravillosas sino que sólo oigo tus enseñanzas, sé a pesar de todo que en Ti debe habitar mucho de un verdadero Espíritu divino.

6.188.4 Tu gran Sabiduría inconcebible y la gran firmeza de tu Palabra es para mi el fiador más seguro y evidente de que todo lo que Tú quieres se realizará».

6.188.5 Dijo el Señor: «Comparad a este pagano con los judíos que afirman que Dios es su padre. Para ellos no bastan las grandes maravillas tan frecuentemente realizadas. Este pagano me reconoce sólo por mi Palabra.

6.188.8 Como vosotros, tú y tus compañeros, habéis creído sólo por mi Palabra y no por la señal, haré una señal más grande ante vuestros ojos.

6.188.9 Mirad, donde Yo estoy, no estoy solo; multitudes de los más poderosos y luminosos espíritus angélicos me siguen. Si un emperador o un rey emprende un viaje a causa de asuntos de gobierno, entonces no viajará solo sino que con él viajará, según su voluntad, un séquito fuerte y numeroso. Lo mismo sucede conmigo, y aun más porque también Yo, como Señor único del universo, he emprendido, cubriéndome con carne humana, un viaje infinitamente importante a causa de un asunto del gobierno espiritual y universal en esta época y en este planeta. Sin tal viaje emprendido por Mí, ningún hombre de la Tierra podría obtener una verdadera Vida eterna.

6.188.10 Habiendo emprendido como monarca supremo este viaje a la Tierra por motivos de suma importancia, podéis imaginaros que también muchas legiones de ángeles que me sirven han hecho el viaje conmigo, estando siempre alrededor de Mí, obedeciendo a mis señas y cumpliendo mis Órdenes en todas las estrellas.

6.188.11 No os es posible oírles ni verles con los ojos corporales. Cuando os abra la visión interior, no sólo podréis ver y oír a los ángeles sino que incluso podréis también hablarles y hacerles algunas peticiones. Pero tengo que respetar primero vuestro libre albedrío, saber si queréis realmente ver y hablar con mis compañeros; Yo nunca hago fuerza».

6.188.15 Después de haberse aconsejado de sus compañeros, el romano Agrícola se dirigió al Señor diciendo: «Gran maestro, si ello te es posible ¡muéstranos tus innumerables, omnipotentes e invisibles compañeros! Nos gustaría ver qué clase de seres son».

6.188.18 Dije Yo: «¡Levantaos y seguidme al aire libre!, allí durante una hora veréis la magnificencia de Dios, el Padre, que me ha enviado en este cuerpo a este mundo a causa de la salvación de los hombres».

Visión del mundo maravilloso de los ángeles. Diferencia entre los ángeles y los hombres

6.189.1 Cuando todos nosotros, en número de setenta personas en buen orden, nos encontramos al aire libre, Yo pronuncié sobre todos las palabras “¡Epheta!”, es decir, “¡Ábrete!”.

6.189.2 Todos tuvieron la visión interna y vieron inmensas multitudes de luminosos espíritus angélicos, algunos de los cuáles descendieron y hablaban con los romanos.

6.189.3 Todos los romanos se asombraron y Agrícola me dijo: «¡Señor y Maestro, parece nuestro Olimpo! ¡Estas multitudes innumerables! ¡Quien puede imaginarse tal cosa! ¡Dime si esto es realidad o sólo fantasía nuestra, creada por tu fuerza de Voluntad! Estos seres parecen tener un cuerpo como el nuestro, en particular los que andan entre nosotros en el suelo de la Tierra. ¿Qué debo opinar de esto?».

6.189.4 Dije Yo: «Mira, al lado tuyo se encuentra un ángel, ¡pregúntale y él responderá!».

6.189.5 Agrícola se dirigió al ángel y le dijo: «Dime, ¿eres un ser real o sólo una quimera de mi fantasía excitada?».

6.189.6 Respondió el ángel con voz clara: «Todos nosotros somos mucho más reales que vosotros los hombres; pues vuestros cuerpos no son realidad. No son lo que parecen ser. Verdad es que tienen una forma humana, que se deja mover según la voluntad del alma; sin embargo, cuando esta forma desaparece, se transforma inmediatamente en innumerables otras formas. Durante todo el tiempo que un hombre trabaja para su carne, para acumular tesoros de este mundo, también su alma se encuentra bajo la influencia del engaño físico; pues el alma encarnada puede ser considerada muerta mientras no se dé cuenta que la vida del cuerpo material es la muerte verdadera.

6.189.7 Nosotros somos una realidad palpable, porque no tenemos un cuerpo mudable ni podemos ser destruidos. Todo lo que vosotros, hombres de carne, observáis y miráis, puede destruir y mudar vuestro cuerpo. La piedra, cayendo en tu cabeza, te matará. Si no consigues salir de las aguas de un río o de la mar o si caes en el fuego, morirás. En pocas palabras: en todos los elementos puedes hallar la muerte segura para tu cuerpo. No es el caso con nosotros porque somos la propia energía divina; penetramos todo y no hay elemento material que pueda perjudicarnos. Poseemos en nosotros la fuerza y el poder invencibles para destruir instantáneamente todos los elementos y también para construir un mundo material. Dominamos todo; jamás algo puede dominarnos, salvo nosotros mismos, porque somos la expresión perfecta de la Voluntad divina.

6.189.8 Para que puedas comprenderlo mejor: ¡levanta esta piedra y arrójala con toda violencia sobre mi cabeza! Nada me sucederá. Si te hacen lo mismo a ti, morirías en el acto. ¡Hazlo y convéncete que es como te he dicho!».

6.189.9 El romano obedeció y la piedra pasó a través del ángel hasta que tocó el suelo; el ángel se encontró ileso ante el romano.

6.189.10 Acto seguido el ángel levantó la piedra y la dio de nuevo al romano, invitándole a destruirla.

6.189.11 Por supuesto, fue imposible para el romano.

6.189.12 Entonces el ángel cogió la misma piedra, diciéndole al romano: «Mira, es la misma piedra que antes has arrojado a través de mí y que has intentado destruir ahora mismo. Ves que, como tú, puedo tomarla en mi mano y, por cierto, más fuertemente que tú antes. Trata de quitármela y te convencerás de mi fuerza!».

6.189.13 El romano lo intentó con todas sus fuerzas, pero sin éxito.

6.189.14 Dijo el ángel: «¡Se supone que aquí se trata de algo más que de la sola excitación de tu fantasía!».

6.189.15 Dijo el romano: «Es extraño, diferencio las cosas naturales de las sobrenaturales, por esto debo consideraros realidad verdadera y no fantasía ni sueño. ¿Qué vas a hacer con la piedra?».

6.189.16 Dijo el ángel: «Lo verás en seguida. Te mostraré como se disuelve por completo en mi mano. He aquí la piedra entera ¿no ves ahora centenas de fragmentos? y ¿dónde quedaron finalmente? Disueltos en sus substancias originales.

6.189.17 Si consigo hacer esto con la mayor facilidad, ¿no es mi naturaleza espiritual infinitamente más perfecta que la vida de todos los hombres de esta pequeña Tierra? Únicamente nuestra existencia es verdadera; la vuestra en esta Tierra sólo lo es si es una vida según la Voluntad del Señor, que desde la eternidad es todo en todo, y que con su Gracia y Misericordia infinitas mora ahora entre vosotros y os enseña a vivir según la Verdad. A Él le debéis oír y actuar y vivir de acuerdo con sus palabras».

Diferencia entre la Tierra de los ángeles y la de los hombres

6.190.1 Dijo el romano: «Eso lo comprendo bien, pero vosotros, espíritus poderosos, que estáis ahora aquí, y cuya existencia evidentemente es más verdadera que la nuestra, ¿por qué no os mostráis con más frecuencia para enseñarnos y consolarnos? Ahora os hemos visto y cuando lo contemos a nuestros semejantes, unos nos creerán, pero otros nos tomarán por necios o ilusos. ¿No sería bueno que uno u otro de vosotros se apareciese y respaldara nuestras afirmaciones?».

6.190.2 Dijo el ángel: «Siempre cumplimos meticulosamente la Voluntad del Señor; sólo lo que Él quiere es bueno.

6.190.3 Si fuese necesario para la salvación de las almas encarnadas de esta Tierra, estaríamos siempre visibles entre ellas. Como no es el caso, sólo podemos guiar a los hombres invisiblemente para que su libre albedrío no sea limitado. Pues nadie puede existir en presencia de Dios, si no ha pasado antes un tiempo en la carne, superando la prueba de una vida libre e independiente, completamente aislada de nosotros los ángeles. Así lo requieren el Amor, la Sabiduría y la Voluntad de Dios, y todo debe ocurrir, existir y ser así; si no fuera de esta manera todo sería una nada completa. Si vosotros los hombres, desde ahora vivís y obráis según la Voluntad del Señor, entonces, después de desencarnaros, seréis idénticos a nosotros; pues también nosotros fuimos en algún cuerpo celeste lo que vosotros sois ahora.

6.190.4 No obstante, hasta el hombre más insignificante de esta Tierra es ya desde la cuna mucho más importante que nosotros en toda nuestra grandeza, sabiduría y poder; porque los hombres justos de esta Tierra son hijos del puro y eterno Amor de Dios, aunque aún así la suma sabiduría y el sumo poder de ellos tienen todavía que desarrollarse libremente conforme aumenta su amor a Dios, su verdadero Padre. Nosotros, como criaturas, hemos surgido de su sabiduría; por eso tenemos que desarrollar en nosotros nuestro amor a Dios a partir de nuestra gran sabiduría, lo que resulta incomparablemente más difícil que descubrir en sí mismo la suma sabiduría y el sumo poder partiendo del amor a Dios.

6.190.5 Como vosotros los hombres de esta Tierra sois engendrados del Amor de Dios -es decir que vosotros mismos sois el Amor en Dios-, nosotros, los seres de la sabiduría, no debemos perturbar vuestro desenvolvimiento libre mientras estéis en la Tierra. Ahora, hermano mío terrestre, comprenderás mejor por qué nosotros los ángeles de Dios no debemos rodearos visiblemente. Sólo podemos despertar de modo suave e inadvertido la sabiduría y el poder latentes en vuestro Amor divino, pero nunca debemos insuflaros ni una chispa de nuestra sabiduría verdadera, pues esto no despertaría la vuestra sino sólo la aplastaría.

6.190.8 Si hubierais nacido en el mundo en el que nos encarnamos en otro tiempo, ya tendríais en él toda la sabiduría necesaria y no necesitaríais otra enseñanza sino la imprescindible para descubrir el Amor de Dios en la Luz de vuestra gran sabiduría.

6.190.9 ¡Mirad el reino animal de vuestra Tierra! También los animales son criaturas de la sabiduría de Dios; por ello no necesitan enseñanza alguna con la que aprender afanosamente lo que han de hacer según su capacidad o instinto, sino que ya traen y poseen todo desde su nacimiento. Al respecto son artistas perfectos a su modo. ¿Quién ha enseñado a la abeja la botánica de hierbas, mostrándole dónde se halla la miel en el cáliz de la flor? ¿Quién la enseñó cómo construir la celdilla y a producir del rocío de la flor la miel aromática en su estómago? ¿Dónde ha aprendido la araña a producir hilos y a entretejerlos, construyendo una red muy útil? Los animales tienen todo esto de la sabiduría de Dios, cuyo producto son. En su existencia como tales sus habilidades son perfectas, pero no consiguen adquirir otras facultades porque les faltan casi por completo el amor y el libre albedrío.

6.190.10 Aunque también hay animales a los que ya se han agregado ciertos síntomas de amor elevado. Tales animales son aptos para recibir de los hombres una enseñanza complementaria y pueden ser adiestrados para realizar algunas actividades. Cuanto mayor amor existe en ciertos animales -como en el perro y en algunas aves- tantas mayores facultades tienen para ser educados en ciertas actividades diferentes.

6.190.11 En grado máximo éste es el caso de las criaturas humanas de otros cuerpos celestes, porque nacen con todas facultades imaginables y no necesitan aprendizaje. Como el amor en ellas se desenvuelve paulatinamente como producto de la sabiduría, poseen escuelas donde se les enseña el camino del desarrollo y cómo, desde nada más que la pura sabiduría, se puede llegar al libre amor y al libre albedrío. Habiendo alcanzado esta criatura su meta con mucho afán y esfuerzo, será capaz de aproximarse a Dios y a sus hijos en esta Tierra.

6.190.12 Por lo dicho comprenderás más claramente por qué vosotros, los verdaderos hombres de esta Tierra, no podéis estar en constante contacto visible y palpable con nosotros mientras se desarrolla vuestra sabiduría. En resumen: vuestra tarea en la vida es buscar y desarrollar la sabiduría a base del Amor, y la nuestra fue la de buscar y desarrollar el amor de Dios a partir de nuestra sabiduría.

6.190.13 La gran diferencia, inconcebible, consiste en que vosotros, los hombres de esta Tierra, podréis volveros iguales a Dios. Sin embargo nosotros nunca, salvo si nos encarnásemos de nuevo en esta Tierra, de lo que hasta ahora verdaderamente no tenemos muchas ganas. Estamos contentos con nuestra suerte y gustosamente renunciamos a una Vida superior.

6.190.14 Quien puede llegar a ser un hijo perfecto de Dios -para lo cual se necesita mucho- será infinitamente dichoso; sin embargo, también nosotros estamos enteramente satisfechos con nuestro destino y no necesitamos categoría más alta y mayor.

6.190.15 Entre estas innumerables multitudes todavía visibles por corto tiempo se encuentran algunos verdaderos hijos de Dios; pero vosotros, ahora enseñados y guiados por el altísimo de la eternidad, tendréis ventajas indeciblemente mejores. Pues no es lo mismo ser hijo de la casa que siervo de la misma. A los hijos les pertenece todo lo que posee el Padre, a los siervos sólo lo que el amo les quiere dar».

La doble o segunda vista. La tercera vista

6.191.2 Dijo el espíritu angélico al romano: «Tu vista ha sido abierta ahora de tal manera que con el ojo de tu alma puedes vernos a nosotros, los espíritus puros; pero esto solamente porque nos hemos vestido con un cuerpo sustancial de vuestra esfera exterior de vida, o sea con vuestra irradiación psíquica.

6.191.3 Si nos presentásemos como espíritus puros, a pesar de la doble o segunda vista que ahora tenéis, no nos veríais. Cuando en el futuro os encontréis en la visión puramente espiritual de vuestra alma -lo que se llama la tercera vista o visión interior del espíritu- entonces podréis vernos como espíritus puros. Es necesario tener esta tercera visión para que, igual que nosotros, puedas ver todos los demás cuerpos celestes que también existen en ti analógicamente y en proporción diminuta, que tu alma no puede ver hasta que se una con el Espíritu de Dios.

6.191.4 Con el consentimiento del Señor podemos hacer que vuestro espíritu se despierte del todo en vosotros durante algunos momentos y que os transfiguréis en esta visión pura.

6.191.5 Primeramente voy a colocaros entre la Luna y la Tierra para que veáis que la Tierra también es una esfera, como veis la Luna y el Sol con los ojos corporales. Y acto seguido os llevaré a la Luna, después al Sol y luego a varios otros mundos celestes. ¿Estáis satisfechos con mi propuesta?».

6.191.6 Dijo el romano: «¡Por cierto! ¿Pero no necesitaremos para tales excursiones demasiado tiempo? Si esos astros son mayores que esta Tierra, las distancias hasta allá deben ser enormes porque se ven muy pequeños; se comprende por sí mismo que ese rápido viaje espiritual allá durará no poco».

6.191.7 Respondió el ángel: «Para el espíritu puro no hay tiempo ni espacio. El aquí y el allá en una distancia infinita de aquí es una sola cosa; ahora y hace millones de años también es una sola cosa. Por tal motivo, en estado de plena visión podéis ver y saber mucho más en un momento que lo que veis, sabéis o aprendéis en muchos miles de años mediante la enseñanza verbal en estado encarnado. Esto es muy útil, porque el alma percibe y aprende mucho más con nosotros en un instante que lo que es capaz de aprender en la Tierra durante muchos años. Si el alma se ha emancipado hasta cierto grado en su cuerpo, le resultará muy beneficioso cuando sea liberada de su pesada carne y entre luego en nuestra sociedad para recibir de nosotros la verdadera enseñanza de la Vida.

6.191.8 ¡Tened cuidado!, ahora voy a poneros libres en vuestro espíritu que es la Vida verdadera del amor en Dios. ¡Liberaos y mirad ahora la Creación eterna de Dios!».

6.191.9 A esta exclamación y según mi Voluntad, todos cayeron en un sueño, privados de los sentidos físicos pero capaces de hablar.

Una visita al universo

6.192.1 Todos descansaban sobre el suelo, sólo Agrícola, el romano, estaba sentado en un banco y empezó a hablar: «Allí abajo, el astro grande es la Tierra, allí arriba, la más pequeña es la Luna, y abajo de la Tierra evidentemente el Sol. ¡Qué vista más maravillosa! El espacio, aparentemente vacío, está lleno de seres iguales a mí. Algunos flotan en dirección a la Tierra; otros se alejan de ella. Allí está la Luna muy parecida a nuestra Tierra pero muy despoblada y abandonada. De veras no me gustaría vivir en la Luna, sus habitantes no parecen ser muy felices a juzgar por su aspecto triste y afligido. Estos habitantes de la Luna parecen desmedrados».

6.192.2 Dijo el ángel: «Son ciertas almas de la Tierra que a causa de un materialismo demasiado grande son deshechas, por decirlo así, con el fin de capacitarlas para una educación espiritual más elevada. ¡Fíjate en que el lado opuesto de la Luna ya tiene un aspecto más alegre y natural! Aquí viven los verdaderos habitantes de la Luna».

6.192.4 Desde aquí nos dirigimos al Sol.

6.192.5 Cuando Agrícola llegó a la inmediata proximidad del Sol, dijo al ángel: «¡Amigo, para mí este mundo es demasiado grande!, me siento reducido a nada, ¡llévame a una Tierra más pequeña, por favor!».

6.192.6 Respondió el ángel: «¡Amigo mío, no puedo, pues tengo que obrar según la Voluntad del Señor! Tan pronto como pisemos el suelo de este mundo de Luz, te sentirás más a gusto».

6.192.7 En el mismo momento ya se hallaron en el punto más hermoso del cinturón central del Sol y el romano casi se desmayó ante tal magnificencia. Y cuando vio los hombres que eran de una belleza excepcional, no quería alejarse, y hasta pidió al ángel que le permitiera llevar una doncella del Sol a la Tierra para que los hombres terrestres pudieran convencerse que en el Sol viven criaturas mucho más hermosas y mejores que las de la Tierra.

6.192.8 Dijo el ángel: «Amigo, esto no es posible. Si la pudiese llevar a la Tierra, no podría sobrevivir porque la atmósfera terrestre surte en ella el mismo efecto que el agua en vosotros, hombres encarnados. De ello puedes deducir que las criaturas de los otros planetas y mundos también tienen una constitución determinada y sólo pueden existir donde están asignadas. ¡Continuemos!».

6.192.9 Salimos del Sol para visitar todavía otros planetas y Soles que no se encontraban demasiado lejos, en los que el romano se sentía muy bien, lamentando siempre no ser habitante de uno de estos grandes y magníficos mundos de Luz.

6.192.10 Y el ángel le dijo: «Amigo, justamente en este Sol luminoso tu alma vivió encarnada durante cuatro mil años terrenales. Mira, allí se encuentra tu preciosa morada y los hombres que entran y salen de ella fueron tus parientes más próximos.

6.192.11 Cuando allí un sabio ambulante te enseñó que en el espacio infinito había un mundo en el que los hombres, más o menos pronto, podían hacerse hijos perfectos del gran Dios... si se decidieran que su alma fuera llevada de este mundo para su encarnación en aquel mundo de Dios... para allí pasar una prueba de vida y de amor en toda independencia, en un cuerpo pesado y torpe... sin acordarse de este mundo más hermoso porque la vida en el otro mundo no se funda en la sabiduría sino sólo en el amor enteramente incondicional, ¡entonces aceptaste estas condiciones! De pronto fuiste transformado y tu alma liberada fue implantada en un cuerpo materno, y esto en la ciudad más magnífica de la Tierra del Señor. Esto te lo digo para que en ciertos sueños clarividentes no se apodere de ti una nostalgia secreta por volver aquí, a este precioso mundo.

6.192.12 Estuviste en uno de estos mundos maravillosos, lo que reconoces en tu espíritu, con lo cual te acuerdas de todo lo que hacías hace unos cincuenta años; pero para que tu añoranza por permanecer aquí en este mundo maravilloso no se despierte demasiado, regresemos inmediatamente a nuestra Tierra».

6.192.13 En este momento los romanos volvieron de la visión espiritual a la visión psíquica -o sea a la segunda visión- con el recuerdo íntegro de todo lo que habían experimentado.

Interpretación espiritual de las diversas fases del día

6.193.1 Al alba del día siguiente ya estábamos al aire libre. Era un día claro y el Sol apareció resplandeciente.

6.193.2 Contemplé con los discípulos el hermoso escenario natural y Juan me dijo: «Señor, ignoro por qué una aurora tan bella como ésta alegra mi corazón, mientras el sol del medio día me deja indiferente y el crepuscular me entristece».

6.193.3 Dije Yo: «De ello se deduce un sentido mejor y más correcto de la vida del hombre. La mañana se asemeja a la juventud alegre e inocente. Por eso la mañana da al hombre puro y equilibrado un sentimiento alegre y juvenil.

6.193.4 El mediodía se asemeja a un hombre fuerte que con el sudor de su rostro trabaja por el pan diario. Por esto el mediodía no despierta sentimientos tan suaves como la mañana. En la edad varonil termina la poesía de la juventud. Ha ocupado su posición la serenidad de una vida llena de preocupaciones y eso, aunque debe existir para conquistar la Vida verdadera, no despierta en el ánimo la gracia de los sentimientos justos, sino cierta severidad de la que el corazón nunca puede alegrarse.

6.193.5 Y finalmente el ocaso -la tarde y la noche- símbolo de la muerte terrenal y el desvanecimiento de todas las cosas, no puede producir sentimientos justos en el ánimo sino una impresión lúgubre, aun cuando la noche sea tan necesaria como la mañana y el mediodía. Si la vida nunca tuviera ocaso, nunca le aparecería al hombre la alborada eterna.

6.193.6 Ésta es la razón de tu justo sentimiento que, sin embargo, no es igual en todos los hombres. Los hay que prefieren la noche a la mañana e incluso a quienes la mañana les produce una impresión desagradable, el mediodía algo más buena, y la mejor, la tarde y especialmente la noche. La mayoría de los hombres que sienten de este modo pertenecen a la clase errada y es muy difícil enseñarles a tomar el camino correcto de la fe».

Los últimos tiempos de la Tierra; el reino de los mil años y el juicio del fuego

6.207.5 El Señor: «Ahora los ánimos de los hombres están llenos de violentas tempestades y erupciones de fuego furioso, pasiones indómitas se exteriorizan y devastan todo su alrededor. Pero dejemos este asunto, pues vendrá un tiempo en que todas las pasiones se transformarán en suelo sereno y fértil que producirá claridad y alegría entre ellos. Sin embargo, siempre habrá menos hombres verdaderamente buenos y puros que dominados por las pasiones del mundo.

6.207.6 Tal época mejor durará mil y pocos años y las condiciones de la Tierra serán parecidas a las actuales en que pocas tormentas la visitan y en que todo se encuentra en cierto orden y calma, y en la que hay mucha vegetación copiosa, aunque aún así existirán muchos más desiertos estériles y tempestuosos que países serenos y fértiles.

6.207.7 Después de esta época de mil años, la Tierra otra vez tendrá que pasar por una prueba de fuego enorme. En ese tiempo sus montañas se transformarán en llanuras fértiles y de las aguas de los mares surgirán territorios que habían sido enterrados en sus profundidades. Los mejores hombres tomarán posesión de esos territorios y pronto los transformarán en un edén. Entonces reinará la verdadera paz y la muerte no tendrá poder hasta la disolución completa de la Tierra.

6.207.8 Así como las montañas serán niveladas, también los hombres tendrán que humillarse ante duras pruebas, abandonando totalmente su soberbia; de lo contrario nunca tendrán paz interna. La guerra sólo engendra altanería y orgullo entre los hombres. Exterminados la altanería y el orgullo, terminaran la envidia, la avaricia, la discordia, y con ellas toda clase de disputas, contiendas, altercados, luchas, y guerras.

6.207.12 A finales de esta época de hombres mundanos -por supuesto no es el fin de esta Tierra- ocurrirá como sigue: en ese tiempo los hombres no desharán montañas como hicieron los hanoquitas para procurarse oro y piedras preciosas; tampoco se establecerán potencias mundanas como la de los romanos; pero aún así, mediante diversas máquinas impelidas por la fuerza del fuego, empezaran a penetrar en el interior de la Tierra sirviéndose de pozos y cavidades increíblemente profundos por los cuales subirán hacia la superficie de la Tierra grandes masas de gases altamente inflamables. Tan pronto como la atmósfera quede saturada de estos gases, se encenderán alrededor de casi toda la Tierra y lo quemarán todo, reduciéndolo a cenizas. Pocos sobrevivirán, pero serán de buena y pura cepa. Posteriormente habitarán una Tierra enteramente renovada y vosotros, incluso muchos otros que vendrán después de vosotros, seréis sus maestros y guías inspirados en mi nombre.

6.207.13 Sólo a partir de entonces se establecerá enteramente mi Reino en esta Tierra. Y los hombres del Sol entrarán en una sociedad perfecta y equilibrada con mis hijos de esta nueva Tierra, y madurarán en el ámbito del amor de mis verdaderos hijos.

6.207.14 Pero todo esto que acabo de revelaros, guardadlo para vosotros. En tiempo oportuno, cuando los hombres sean capaces de comprender cosas más profundas, Yo mismo les daré a conocer detalladamente tales acontecimientos».

La vida después de la muerte

6.215.9 Como prueba de la vida del alma después de la muerte, el romano Agrícola relató que el espíritu de su difunto padre se le había aparecido a él y a sus compañeros en un viaje a través de Hispania19 y que en voz alta les había advertido de un terremoto inminente. «Hace siete años fui enviado a Hispania, a la ciudad de Sagunto. Me hospedaba con mi servidumbre en unos de los mayores albergues. En la madrugada del tercer día se me apareció mi padre que había muerto hacía ya veinte años. Yo estaba enteramente despierto. Mi padre me llamó con una voz tan alta que hasta mis sirvientes le oyeron; también todos vieron su figura».

6.215.10 Pregunte al espíritu qué pasaba.

6.215.11 Y el espíritu dijo: “Lo que vosotros, mortales, no presentís en mucho tiempo, nosotros los desencarnados ya lo prevemos con gran claridad. ¡Abandonad este albergue en una hora y permaneced al aire libre, lejos de los muros, no entrando en ningún otro durante las próximas tres horas! En ese tiempo habrá un terremoto que arruinará esta casa así como otras de construcción débil. A causa de ello morirán varios hombres y animales. ¡Id antes a la plaza de la ciudad y haced un ruido fuerte para que muchos puedan salvarse! En cuanto haya pasado el peligro, un joven vendrá y os guiará a un albergue seguro”.

6.215.12 Acto seguido, el espíritu desapareció. Quedamos totalmente horrorizados. Tan pronto como fue posible abandonamos el albergue con todas nuestras cosas y despertamos a los propietarios que también se apresuraron a salir al aire libre. Igualmente despertamos a muchos hombres que en su candor creyeron en nuestra visión. Huyeron de sus casas y así salvaron sus vidas.

6.215.13 Llegó la hora aciaga y con ella un temblor violento de la Tierra que destruyó instantáneamente hasta sus cimientos veinte casas incluido nuestro albergue. Luego siguieron algunas oscilaciones que no ocasionaron daños particulares. Tras esperar tres horas con aflicción, vino el joven mencionado y nos condujo a un albergue muy lejano, pero en buenas condiciones, que nos dio alojamiento seguro. De la veracidad de este acontecimiento salen fiadores estos compañeros míos, que en aquel tiempo estaban también conmigo.

El romano, Agrícola de nombre, habla sobre la naturaleza del alma

6.218.1 (El romano) «La forma del alma como sustancia espiritual corresponde enteramente a la del hombre, es decir, a sus miembros y órganos. Si no fuese así, el alma no podría hacer uso perfecto del cuerpo. Las manos del alma están en las manos del cuerpo, sus pies en los pies del cuerpo y así sucesivamente todas las partes del alma están en las partes correspondientes del cuerpo. Cuando el cuerpo enferma, el alma también está presente en las partes enfermas del cuerpo y se esfuerza por curarlas. Si no tiene éxito, queda inactiva y la consecuencia de ello es que la referida parte corporal se manifiesta como paralizada y casi inerte e insensible. Esto lo saben bien todos los psicólogos antiguos como también los nuevos. Queda por averiguar cómo tales sabios descubrieron el secreto.

6.218.2 La razón del pensador objetivo le dice: si el alma es el principio vital del hombre en todas sus partes y órganos, entonces también debe estar presente en todas las partes del cuerpo, de lo contrario evidentemente algunas de ellas no tendrían vida y estarían muertas, como muerto está todo el cuerpo cuando el alma le abandona. Pero como el cuerpo entero está activo, el alma, base de tal actividad, debe estar extendida por todo él. De modo que el alma de un hombre puro y sano, ya es completamente hombre en sí, en sustancia espiritual, y con sede, bien entendido, en todo el cuerpo.

6.218.3 Pero alguien podrá exigir pruebas palpables, únicas que pueden servir como testimonios fiables de la total veracidad de los argumentos racionales.

6.218.4 También tenemos tales pruebas palpables en las muchas experiencias de todos los tiempos, pueblos y países. Ante todo son válidas aquellas que uno mismo ha experimentado como hombre saludable y sincero; después las experiencias de muchas otras personas pueden igualmente sostener las propias y afirmar su verdad.

6.218.5 Conocéis la historia de Sagunto en Hispania. El espíritu sobreviviente de mi padre fue humano como cuando vivía en su cuerpo físico, lo prueba que también como alma en un cuerpo tenía que ser hombre completo, es decir, con cabeza, cuerpo, manos, y pies...

6.218.6 Pero la experiencia contada no es la única en este terreno. Cuando hace varios años hube de viajar a Egipto, tuve la muy especial experiencia siguiente: Estaba con la mayoría de estos compañeros míos en Sicilia para dirigirme en barco desde allí a Egipto. Por la mañana subimos a bordo de un navío sólido y grande que ya había enfrentado muchas tempestades. Llenos de devoción y fervor nos encomendamos a la protección de los dioses y yo, secretamente, también a la del Dios de los hebreos al que había conocido por vuestras escrituras. Cuando quisimos zarpar no fue posible que el barco navegara. Hice examinar inmediatamente todo de la manera más minuciosa, pero no encontramos el motivo del impedimento. Recurrimos a todos los medios para zarpar; el navío estaba sobre aguas muy profundas; todo fue en vano. Me encontraba en cubierta junto con alguno de mis compañeros embargado por pensamientos desagradables, escudriñando a bordo para encontrar el motivo que nos impedía zarpar.

6.218.7 De repente reparé en un personaje vestido de blanco que caminaba a orillas de la mar y fijaba sus ojos en el navío. Llamé a varios de mis compañeros y les señalé la persona. Opinaron que quizás se trataba de un hechicero de la orilla, al que previamente se debía ofrecer un sacrificio para que la embarcación partiera. Por tal motivo bajamos a tierra, dirigiéndonos a la persona que nos esperaba con mirada fija. Le dije: “Retienes mi navío con tu poder mágico. ¿Por qué razón? ¿Exiges un sacrificio por el rescate del barco? ¡Habla, pues mi viaje a Egipto es muy urgente!”.

6.218.8 La persona, clavando los ojos en mí, me dijo en voz alta y bien audible: “No soy mago ni te pido un sacrificio, pero como te encomendaste a la protección del Jehová de los hebreos me mandaron aquí para protegerte de un hundimiento seguro; porque si zarpas hoy, a la tercera hora de la noche serás presa del mar, tú y la embarcación. A veinte horas de camino se desencadenará una tempestad tremenda. ¡Ay de aquel a quien alcance su furia! ¡Mañana podrás partir y tu viaje será feliz!”.

6.218.9 Luego pregunté al espíritu: “¿Quién eres y cómo te llamas?”.

6.218.10 Y el espíritu contestó: “He sido tu bisabuelo. Fui un patricio bueno y respetable y siempre obré con bondad y justicia; por eso soy bienaventurado aunque no enteramente perfecto. Verás y asistirás a cosas grandiosas en esta Tierra. Cuando sucedan, ¡acuérdate de mí que te revelo ahora tales hechos con el permiso del único Dios verdadero!”.

6.218.11 El espíritu desapareció y nos quedamos en tierra.

6.218.12 Era un espíritu al que todos nosotros vimos, o el alma inmortal de un cuerpo muerto, destruido desde hacía mucho tiempo. Tenía una forma humana perfecta y pronunció palabras bien audibles para mi bien y beneficio; mostró que su voluntad tenía una fuerza tal que toda nuestra fuerza física, comparada con ella, quedaba muy atrás. Esta aparición es enteramente verdadera y puede ser testificada por la mayoría de mis compañeros».

La renuncia al mundo

6.220.4 Preguntó al Señor un fariseo disfrazado y anteriormente incrédulo, si también a los fariseos les era posible hacerse discípulos suyos.

6.220.5 Contestó el Señor: «Sí, también vosotros, los fariseos, podéis haceros discípulos míos, pero no tan fácilmente como pensáis. Quien quiera hacerse discípulo mío tendrá que romper enteramente con el mundo y renunciar a sus pompas, atractivos y tentaciones, porque el mundo es juicio constante y muerte perpetua. Quien ama el mundo no es ni capaz ni apropiado para transformarse en cabal discípulo mío, pues el amor a las cosas materiales no produce la vida sino sólo juicio y muerte. No necesito discípulos muertos, sólo libres y vivos. Si tal es vuestro caso podéis quedaros conmigo.

6.220.6 No vine a esta Tierra a juzgar a los ciegos y a los cortos de vista, sino a buscar lo perdido, a curar los enfermos, a levantar los humillados y a salvar los cautivos. A quien ayudo será ayudado eternamente; sin embargo, quien no quiere aceptar mi ayuda, no podrá ser socorrido por nadie ni en el Cielo ni en la Tierra.

6.220.7 No me refiero a mi persona sino a mi Doctrina; sólo ella representa el Reino de Dios que se ha acercado a vosotros y dará la Vida eterna a todo el que la aplique. En verdad os digo: Yo no condeno a nadie, pero, al igual que la Verdad juzga y mata la mentira, os juzgará el Verbo que dirijo hacia vosotros.

La dirección divina de los hombres

6.221.7 Dios dio al hombre el libre albedrío para que pueda ser activo por sí mismo. También le dio razón, entendimiento e inteligencia para que pueda comprender y aplicar los consejos y leyes divinas, e igualmente le proporcionó la fuerza de actuar según los mismos. Pero si pese a todo se deja dominar por el mundo y no quiere seguir los consejos de Dios, ¿no ha de culparse a sí mismo si por su culpa cae de miseria en miseria por ignorar el Orden divino?

6.221.10 El que cree en Mí tendrá la Vida eterna y ríos de agua viva manarán de su vientre; mas quien no cree no tendrá la Vida eterna, sino sólo el juicio y la muerte del mundo».

Comidas puras e impuras

6.222.11 El Señor, dirigiéndose a los fariseos: «Lo que entra en la boca y por ella en el estómago, y tras la digestión es despedido del cuerpo por el camino natural, no impurifica al hombre; pero lo que sale por la boca, viniendo del corazón, como malos pensamientos, dichos obscenos, difamación, calumnia, perjurio, mentiras de toda especie, engaño, envidia, avaricia, impudicia, fornicación, adulterio y también glotonería con vuestras comidas puras, esto impurifica la totalidad del hombre.

6.222.12 ¡Consultad la escritura y hallaréis por qué Moisés os prescribió el solo consumo de alimentos puros! Lo hizo a causa de vuestra voracidad y glotonería respecto a la carne y a causa de vuestra voluptuosidad y lascivia, desenfrenadas e indomables. Ahora digo que todo es puro para quien que es puro de corazón, más para el hombre impuro también todo es impuro. Pero la sangre, especialmente la de los animales ahogados, no debe ser comida en manera alguna por los hombres, porque en ella están escondidos espíritus malos (venenos). Vosotros, fariseos, lo sabéis y pese a ello coméis ocultamente carne de gallinas, de terneros y de corderos ahogados porque os gusta más, y después os embriagáis, sois voluptuosos y finalmente hasta insensibles».

La consideración justa del sábado

6.223.1 El Señor: «Pasa con el sábado como pasa con el consumo de animales impuros. Para empezar, cada día es un día del Señor y el hombre justo y cabal debe realizar buenas acciones todos ellos, no sólo durante los sábados. Después, lo que está escrito, es sólo que se debe santificar ese día y que en él no hay que hacer trabajo innecesariamente difícil y duro, ¡pero en ninguno de los libros de Moisés está escrito que en sábado no se deben realizar obras buenas!».

La influencia espiritual. El libre albedrío

6.225.2 El Señor a uno de los fariseos: «La vida del alma no te la puede explicar ni probar un hombre y menos aún un espíritu ya desencarnado. Tienes que hallarla dentro de ti mismo y eso solamente es posible por un verdadero amor a Dios y al prójimo.

6.225.3 Piensas que el regreso de un alma desencarnada fortificaría la fe en Dios y en la inmortalidad; pero te digo que tu opinión es equivocada. En primer lugar, un alma desencarnada tiene mucho que hacer por sí misma y por sus semejantes, y, en cierto modo, no disfruta de mucho ocio para volver a aparecer frecuentemente en un cuerpo creado de la esfera terrenal e informar a los hombres encarnados sobre cómo se presenta o que aspecto tiene el Más Allá. En segundo lugar, cada espíritu perfecto puede influir del mejor modo posible sobre los hombres sin limitarlos en su libre albedrío. Tal influencia invisible es más benéfica y ventajosa que ver y oír a un espíritu desencarnado. Pues si un buen espíritu ya iluminado pone buenos y nobles pensamientos y sentimientos en tu corazón, tienen el mismo efecto que si tú mismo los hubieras encontrado; se unifican con tu vida y te invitan a ser activo.

6.225.7 Los hombres de esta Tierra están destinados a hacerse hijos de Dios de manera libre y enteramente independiente, y deben ser protegidos de manera tal que su libre albedrío no sufra coacción alguna por parte de ningún espíritu poderoso. Por el contrario, deben ser incitados mediante revelación, doctrina y leyes exteriores a que con su libre albedrío escojan por sí mismos lo verdadero y lo bueno que se les enseña, y a que se vuelvan activos en su autodeterminación.

6.225.8 Dios respeta el libre albedrío de los hombres hasta tal extremo que no toma en consideración lo que piensan, quieren y hacen. Sólo cuando se alejan demasiado de Él, Él los mira y de nuevo suscita videntes, maestros y profetas para volver a revelarles su Voluntad y sus intenciones. Si las cumplen, todo volverá a ser bueno; en caso contrario, y si se burlan y persiguen a tales videntes, maestros y profetas despertados para ellos, Dios tendrá necesariamente que enviar un castigo sobre ellos y muchas veces hasta sobre todo un pueblo. Tal juicio nunca proviene directamente de la Voluntad omnipotente de Dios, sino que siempre es causado por las malas acciones de los hombres ciegos.

6.225.9 Los poderosos hanoquitas fueron amonestados durante más de cien años para que no destruyeran montañas enteras a causa del oro y las piedras preciosas, y también porque por su propio interés no debían explotar totalmente el terreno hasta el fondo, porque con ello se abrirían las esclusas subterráneas y todos quedarían ahogados. Las amonestaciones no sirvieron para nada y fueron en balde. Continuaron haciendo lo que querían, perforaron todavía más profundamente las montañas y así abrieron las esclusas de las aguas. Dios no hizo que esto sucediera por un acto de su Omnipotencia, sino que sólo permitió que ocurriese lo que necesariamente debía resultar de la desobediencia de los hombres.

6.225.10 Dios con su Omnipotencia habría podido evitar que los hombres continuaran destruyendo los montes. Le habría sido muy fácil, pero en tal caso habrían dejado de ser hombres y más tarde, en el Reino espiritual, tampoco habrían sido emancipados como criaturas libres. Antes de que las almas tuvieran que sufrir restricciones en su libre voluntad y en su plena autonomía, Dios toleró que todo un ciclo humano se hundiera por su propia testarudez.

La naturaleza de Dios. La vida del alma en el Más Allá

6.226.8 Dios en su Espíritu es eterno e infinito. Todo surge de Él y Él lo mantiene todo. Todo está contenido en Él, y todo es la abundancia infinita y eterna de sus pensamientos e ideas, desde las cosas más diminutas hasta las más grandiosas. Él los proyecta en la Luz clarísima de su consciencia y quiere que se hagan realidad - y con esto ya son lo que tienen que ser ya en su origen primario. Para este fin deposita el germen de su Amor en sus ideas proyectadas afuera de sí mismo y vivifica sus pensamientos, para que puedan existir como seres independientes. Y por medio de su influjo cada vez mayor las guía a la mayor independencia posible - a una independencia indestructible.

6.226.16 ¡No penséis que después de la muerte corporal os encontraréis en el Más Allá en un reposo dulce y eternamente inactivo! Eso sería la muerte verdadera el alma. Cuanto más se espiritualiza el hombre en su interior, tanto más activo será; si esto ya es visible en este mundo material, tanto más en el otro donde no hay cuerpo que moleste al alma».

Diligencia y economía. La riqueza justa

6.227.4 El Señor: «Quien permanece en mi Doctrina también permanece conmigo y Yo con él; pero quien abandona mi Doctrina y no la observa, también me abandona a Mí y la Vida no está con él. Yo soy el día verdadero de la Vida. Quien sigue andando en este día no tropezará y quien trabaja en este día cosechará el verdadero salario de la Vida.

6.227.5 Por lo pronto sabéis lo más importante, pero el saber sólo no hace feliz, sino actuar según la sabiduría.

6.227.6 Hay dos clases de acciones: una acción egoísta, para el mundo; y otra justa, por amor verdadero a Dios y al prójimo. Con la primera el hombre acarrea sobre sí mismo el juicio y fácilmente la muerte eterna; con la segunda, el Amor y la Gracia de Dios, y la Vida eterna del alma.

6.227.7 Con esto no quiero decir que el hombre no debe labrar diligentemente la tierra ni ahorrar; Yo mismo recomiendo obrar con aplicación y economía justa. Pero esto se hace para disponer de reservas adecuadas con las que poder ayudar donde haya pobreza. Pues todo lo que hacéis a los pobres en mi nombre es como si me lo hubierais hecho a Mí y lo bendeciré aquí y en el Más Allá; pero quien sólo trabaja para sí y sus hijos y no tiene escrúpulos en adueñarse de los bienes ajenos, no debe esperar recibir mi bendición. En el Más Allá, al comparecer ante mi trono de justicia, no será aceptado sino que será arrojado a las tinieblas exteriores; allí será el llanto y el crujir de dientes. Un alma así, difícilmente obtendrá la concepción perfecta de Dios.

6.227.8 Quien de la economía egoísta pasa a la avaricia completa es un diablo en forma humana ya aquí en la Tierra, oponiéndose constantemente al Espíritu de Dios que es Amor purísimo, quedará excluido para siempre de la bienaventuranza. Tan cierto como existe el Cielo, tan cierto también hay el infierno, cuya serpiente nunca muere y cuyo fuego nunca se apaga. Quien entre en él por voluntad propia, nunca saldrá por su libre albedrío, y esto es la verdadera muerte eterna del alma. ¡No lo olvidéis y guardaos del egoísmo, del amor propio, de la envidia, de la avaricia y de la soberbia, porque de todos los demás pecados, el hombre puede salvarse más fácilmente que de los que acabo de mencionar!

6.227.9 ¡Mirad a nuestro Lázaro! Probablemente es uno de los hombres más ricos de toda Judea. Sin embargo, no tiene la riqueza sólo para sí sino para muchos miles de pobres que siempre hallan en él trabajo y alojamiento; por tal motivo también es bendito y en cuanto muera corporalmente, Yo le resucitaré para que viva todavía para los pobres durante mucho tiempo. En adelante ya no verá, ni sentirá, ni gustará muerte sino que saldrá voluntariamente de su cuerpo y entrará en mi Reino, el cual siempre está abierto para él. En la morada donde Yo viva, él también morará eternamente.

6.227.10 De ello podéis deducir que no sólo soy amigo de los pobres sino también de los ricos, si emplean y usan su riqueza según la justa y verdadera intención de Dios. ¡Quién posee riquezas que lo haga así, y vivirá!

6.227.16 También hay pobres que se dirigen a ricos hombres bondadosos para pedirles limosna y cuando la reciben la malgastan y para colmo muchas veces son ingratos con sus bienhechores. ¡Que los bienhechores no se preocupen por eso! Cuanto menos agradecimiento recibís en este mundo, tanto mayor será vuestra recompensa en el otro, pues sólo con esto tales ricos muestran su semejanza con Dios, que hace que su Sol también salga sobre malos y buenos.

6.227.17 Aún más os digo: ¡haced el bien a vuestros enemigos, orad por los que os maldicen y bendecid a los que os aborrecen y persiguen, y así llevaréis ascuas encendidas sobre sus cabezas, que transformarán su índole malévola, haciéndola mejor y más noble! ¡Prestad vuestro dinero sobrante a los que no pueden devolvéroslo con interés, invitad a vuestra casa a los que no pueden ofreceros la misma complacencia, y recogeréis en el Cielo grandes tesoros para vuestra alma!

6.227.18 Si eres rico y alguien te molesta y abusa de tu generosidad, ¡amonéstale con buenas palabras, pero no le prives de tu amor! Si se mejora has hecho una doble obra buena con él; si no se mejora, ¡no le guardes rencor!, pues junto a la pobreza material también existe otra espiritual, la cual siempre es mayor y más deplorable.

El conocimiento de Dios

6.228.19 Lo más importante para cada hombre es conocer a Dios tan perfectamente como sea posible. Quien tiene un concepto incorrecto de Dios, nunca podrá creer realmente en Él y menos todavía amarle sobre todo. Porque con el tiempo, a partir de conceptos erróneos sobre Dios, y facilitado por la libre voluntad del hombre, aparecerán las más diversas ideas, que renacerán frondosas como las cabezas de una hidra. Las ideas erróneas transforman a los hombres en idólatras y les cierran el portal de la Vida eterna. Pues lo que un alma puede conseguir aquí durante un sólo día para la perfección de su vida, le podrá costar muchos miles de años terrenales cuando está en el Más Allá.

Advertencia contra los celos y el orgullo

6.236.10 Los celos se encuentran por desgracia en la Tierra, aunque no en el Cielo, porque una alma celosa nunca entra en él.

6.236.11 En el Cielo sólo será mayor y primero quien se tenga por el más pequeño; vuestra gloria consiste en que vuestro ánimo se asemeje a los niños. Quien no llegue a ser como los niños no puede entrar en el Reino de Dios, porque el camino al Cielo es muy estrecho y está cubierto de espinas. Y la mayor espina es y seguirá siendo el orgullo y toda la legión de sus variantes.

6.236.12 Por tal motivo que cada cual se guarde de los celos porque son los padres de la envidia, del amor propio, del egoísmo, y finalmente, cuando encuentran alimento, de la arrogancia más viciosa, que tiene su casa en el infierno.

La segunda Creación de Dios

6.239.1 Los espíritus del infierno son todos maestros consumados en disimular sus intenciones. Muchas veces se presentan exteriormente como ángeles pero su interior se asemeja a los animales feroces. Su arte de disimular es tan perfecto que hasta pueden seducir a los propios ángeles. Por esto vine a encarnarme a la Tierra, para poner una barrera eterna e invencible al infierno.

6.239.2 Yo, como Dios eterno, podría aniquilar al infierno con mi Voluntad, pero así también destruiría toda la Creación. ¿Qué haríamos entonces? ¿Empezar otra Creación nueva? Sería posible. Pero una nueva Creación de mundos materiales no es concebible en otro orden sino en el presente. Porque la materia es el medio solidificado e inevitablemente juzgado20, por la que un ser destinado a volverse en todo semejante a Mí, debe pasar la prueba de la libertad de su voluntad -totalmente fuera, separado e independiente de Mí- para que pueda alcanzar una vida en verdadera independencia.

6.239.3 Por eso vale más que todo continúe tal como está, pero en su propio orden, un orden que sólo fue realizable por Mí mismo: por mi propia encarnación, al penetrar Yo mismo toda la materia, haciendo su antiguo contenido espiritual apto para la bienaventuranza, por antiguo y juzgado que fuere.

6.239.4 Y ésta es la segunda Creación prevista por Mí desde la eternidad, sin la cual ningún hombre de esta Tierra ni de otros mundos terrestres podría volverse completamente feliz; pues antes de mi venida desde los Cielos fui un Dios invisible según dice Moisés en el libro: que nadie puede ver a Dios y vivir. A partir de ahora soy un Dios visible para todos, y todo el que me vea, vive y vivirá eternamente.

6.239.5 La salvación consiste primero en mi Doctrina y segundo en mi encarnación, por la cual el imperio del viejo infierno ha sido quebrado y vencido eternamente».

6.248.15 El Señor invitó a todos los que le rodeaban a dirigir sus ojos al este, a la aurora, donde en poco tiempo iba a salir el Sol en todo su esplendor y majestad.

TOMO 7

La salida del Sol y su interpretación

7.1.1 Sobre el horizonte aparecían graciosas formaciones de niebla que se iban desvaneciendo y todos afirmaban no haber visto desde hacía mucho tiempo una mañana tan magnífica.

7.1.2 Y Yo me dirigí a los que me rodeaban: «Mirad, la salida del Sol se parece considerablemente a la mañana espiritual del hombre y a la salida en su alma del Sol espiritual de los Cielos.

7.1.3 Al oír el Verbo divino empieza a formarse la aurora en su alma. Cuando cree en las palabras de Dios y cuando tiene confianza, ya clarea más en él. Comienza a escuchar con gran alegría la Doctrina y obra según ella. Igual que las graciosas nubecillas, los hechos se colorean de rojo por el amor, y la claridad de la Luz aumenta en el interior del hombre. Por tal regocijo en lo bueno y en la Verdad, el hombre recibe mayores conocimientos de Dios, y su corazón, comparable a la aurora resplandeciente, se inflama por Él. Los conocimientos del hombre sobre Dios -y a partir de ellos también sobre sí mismo y su gran destino- aumentan con la claridad de esta aurora a cuya luz se pueden apreciar los bonitos paisajes de la Tierra.

7.1.4 La luz continúa haciéndose más clara. Las nubes más cercanas al Sol se transforman en oro reluciente, al igual que los hechos de amor puro hacia Dios. Finalmente se enciende el oriente, el Sol surge sobre el horizonte en toda su gloria de luz y majestad, y así como el nuevo día nace de la noche por la fuerza luminosa del Sol, también el hombre renace por el poder del Verbo divino, por el amor creciente a Dios y al prójimo; pues el renacimiento espiritual del hombre consiste en que conozca más y más a Dios, y por ello también le ame cada vez más.

7.1.5 Cuando en su corazón se ha encendido una llama verdadera, su interior se ilumina más y más, el ascua se convierte en llama más luminosa y, al igual que el sol matutino, el Espíritu de Dios asciende en el interior del hombre, haciéndose un día perfecto en él. No es un día terrenal que termina con la noche, sino un día eterno de Vida, un renacimiento completo del Espíritu de Dios en el alma humana.

7.1.6 En verdad os digo: quien experimenta tal día en su alma, ni verá ni sentirá la muerte, y cuando salga de su cuerpo será semejante a un prisionero indultado, cuyo carcelero le abre la puerta con gesto amable, diciendo: “¡Levántate, has hallado Gracia y estás libre! ¡Vístete con el hábito de honra! ¡Sal de esta cárcel y camina libremente ante la faz de quien te concedió tal Gracia!”.

7.1.7 Si un prisionero sin duda alguna se alegra en sumo grado, así y aún más se alegrará un hombre renacido en el espíritu cuando mi ángel se acerque a él y le diga: “Hermano inmortal, levántate de tu cárcel, viste el hábito luminoso de la honra en Dios y de ahora en adelante camina libre e independientemente en la abundancia de la Vida eterna delante del rostro de Dios, cuyo inmenso Amor te ha concedido tan considerable Gracia; de ahora en adelante no llevarás cuerpo tan pesado y mortal!”.

7.1.8 ¿Pensáis que algún alma sentirá tristeza cuando mi ángel viene con tal invitación?

7.1.12 También os digo: quien ama la vida de este mundo, perderá la del alma, mas quien no la ama y la huye, ganará la Vida eterna y verdadera del alma.

7.1.13 ¡No os dejéis cegar por el mundo ni escuchéis sus tentaciones, porque todos sus bienes son vanos y perecederos! Pero si queréis coger sus tesoros, ¡recoged antes aquellos a los que no consumen ni la polilla ni el orín! Éstos son tesoros del espíritu para la Vida eterna, y debéis hacer todo lo posible por obtenerlos. Quien también posee tesoros terrenales, que los use como nuestro hermano Lázaro y cosechará tesoros celestes. ¡Quien posee mucho, que dé mucho y quien poco, que dé poco!

7.1.14 Quien por un justo amor al prójimo ofrece a un sediento un vaso de agua fresca de su pozo, tendrá su retribución en el Más Allá, y quien muestre amor a su prójimo, hallará también Amor en el otro mundo.

En verdad os digo: no depende de cuánto da alguien sino que principalmente se trata de cómo alguien da algo a su prójimo. Quien da por amor verdadero da dos veces y también en el otro mundo será recompensado así».

El ángel Rafael a Lázaro

7.14.16 El ángel Rafael a Lázaro: «Todo lo que ves, sientes y piensas es una maravilla muy grande del Señor y cada hombre mismo es la mayor maravilla. Si el Señor crea un relámpago rápido que desde una nube se lanza hacia abajo a la Tierra, o si crea un Sol que ilumina muchos planetas durante millones de veces millones de años, todo esto es lo mismo en la sabiduría y la Omnipotencia de Dios.

Reencarnación de las almas de otros mundos

7.17.8 Desde un cuerpo celeste, sólo le es posible a un alma encarnada realizar el más perfecto regreso hacia Dios desde esta Tierra, porque desde ella todo hombre puede llegar a parecerse enteramente a Dios en alma y en espíritu con sólo quererlo; quien aquí aspira a Dios, también llegará a Dios».

7.17.12 Dijo Lázaro al ángel Rafael: «Hace mucho tiempo, leí un libro antiguo llamado “Las guerras de Jehová”, que trataba de una manera sumamente mística la caída de los ángeles creados originalmente:

7.17.13 En el principio, naturalmente en un tiempo infinito antes de la creación de los mundos, Dios había creado siete grandes espíritus, correspondientes a los siete espíritus en Dios. Les había dado un gran poder y una sabiduría tal que también ellos, al igual que Dios, podían crear un sinnúmero de espíritus más simples pero semejantes a sí mismos, y así el espacio eterno fue llenado de incontables legiones de espíritus.

7.17.14 Conforme consta en la antigua escritura, el mayor y más poderoso de estos siete espíritus de la Creación primaria fue Lucifer. Pero él, en su poder y grandeza, se ensoberbeció y no sólo quiso ser igual a Dios sino superior, y reinar por encima de Él. Ante eso Dios se irritó, cogió al traidor y le expulsó al juicio eterno».

Los siete espíritus originales de Dios

7.18.2 El ángel Rafael a Lázaro: «Los grandes espíritus originales creados de Dios son justamente los pensamientos en Dios y las ideas que resultan de ellos.

7.18.3 Bajo el místico número siete se entiende lo original divino en cada uno de los pensamientos salidos de Él y en cada idea formada y proyectada de Él.

7.18.4 El primer Espíritu en Dios es el Amor. Este se halla en todas las cosas creadas; pues sin él nada sería posible.

7.18.5 El segundo Espíritu es la Sabiduría como Luz surgida del Amor. Puedes verla en la forma de cada ser; pues cuanto más receptivo es un ser a la Luz, tanto más desenvuelta, perfecta y hermosa será también su forma.

7.18.6 El tercero, proveniente del Amor y de la Sabiduría, es la Voluntad activa de Dios, la Omnipotencia. Por ella los seres pensados e ideados reciben una realidad, para que se hagan. De lo contrario, todos los pensamientos e ideas serían como los del hombre que nunca se realizan.

7.18.7 El cuarto, resultante de los tres, es el Orden. Sin este Orden ningún ser podría tener una forma constante y por ello tampoco una finalidad determinada. Por ejemplo, si al comer un fruto este se transformase delante de tu boca en una piedra, ¿qué beneficio tendrías del fruto? O si al andar sobre un camino fijo se transformara en agua bajo tus pies, ¿de qué te serviría? Todo esto y mucho más lo evita el cuarto Espíritu de Dios, el Orden divino.

7.18.8 El quinto Espíritu de Dios se llama serenidad divina, sin la cual no sería posible la consistencia de cosa alguna, porque es igual a la Verdad eterna en Dios y da ante todo a todos los seres durabilidad y existencia verdaderas, poder de procreación, prosperidad y la perfección final. Sin tal Espíritu en Dios, la situación de todos los seres iría muy mal: serían visibles como las fantasmagorías que dan la impresión de existir, pero que pronto modifican las condiciones que las habían creado, porque en ellos no obra la seriedad y las formaciones hermosas y maravillosas se desvanecen.

7.18.10 Donde haya el supremo Amor y la suprema Sabiduría, la Omnipotencia, el Orden más perfecto y una seriedad inmutable, allí, evidentemente, también tiene que haber la suprema paciencia nunca alcanzada. Porque sin ella todo tendría que precipitarse y finalmente entrar en un caos impenetrable.

7.18.12 Te aseguro: si Dios no tuviese este Espíritu desde hace infinito tiempo, en el espacio infinito no le luciría un Sol a la Tierra y el mundo de los espíritus tendría un aspecto extraño, enteramente sin seres ningunos. La paciencia es la madre de la eterna e inmutable misericordia de Dios, y si no existiese este sexto Espíritu en Dios, ¿dónde estarían y qué serían todas las criaturas frente a Dios omnipotente?

7.18.14 La paciencia Divina, junto con los cinco espíritus precedentes, podría crear innumerables criaturas en los planetas y mantenerlas constantemente; pero en este caso el hombre tendría que vivir épocas infinitas en un cuerpo pesado y no se podría hablar de la liberación del alma de las cadenas de la materia. Al mismo tiempo la procreación de animales, plantas y hombres no acabaría y al fin habría tal acumulación de ellos en un cuerpo celeste de espacio limitado que sería imposible que una criatura dejase sitio a otra. Todo eso , teniendo en cuenta que la paciencia divina es infinita, con la condición de que un cuerpo celeste pueda madurar hasta tal punto que sea capaz de producir y alimentar plantas, animales y hombres. Te digo que hasta con la ayuda de los seis espíritus la creación de un mundo material sería infinitamente lenta y habría que considerar que bajo estas circunstancias jamás aparecería un mundo material.

7.18.15 Pero la paciencia es, como ya he dicho, la madre de la Misericordia divina. Con lo que el séptimo Espíritu en Dios es justamente la Misericordia, a la que también queremos llamar mansedumbre o benignidad. Ella lo ajusta todo: organiza todos los espíritus precedentes y lleva a cabo la madurez oportuna de un cuerpo cósmico así como de todas las criaturas que hay en él. Para todo fija un tiempo determinado y los espíritus madurados y evolucionados pueden aguardar con seguridad la liberación para entrar en el estado de su libertad eterna y de su independencia completa de vida.

7.18.16 Este séptimo Espíritu hizo que Dios mismo se encarnara para liberar a todos los espíritus encadenados al juicio necesario de la materia, y esto lo más brevemente posible, de manera que puede clasificarse su obra -la Salvación-, como reforma de los Cielos y de los mundos, y por tanto pueda ser considerada la mayor obra de Dios. En esta obra actúan equilibradamente los siete espíritus de Dios, lo que antes no era el caso, ni lo debía ser a causa del Espíritu del Orden de Dios. Pues anteriormente este séptimo Espíritu sólo colaboraba con los demás espíritus en la realización de todos los pensamientos e ideas de Dios; de ahora en adelante obra más poderosamente y la consecuencia de ello es justamente la salvación completa.

7.18.17 He aquí los siete Espíritus de Dios. Todo lo creado de ellos corresponde en todo y también individualmente a estos siete espíritus de Dios y los engloba. Y la Creación eternamente continua y constante es lo que los sabios de la antigüedad de esta Tierra llamaban “Guerras de Jehová”».

Las guerras de Jehová

7.19.1 El ángel Rafael: «Estos siete ángeles, o sea estas siete cualidades de Dios están continuamente desafiándose entre ellas, porque la una incita también a la otra a la actividad, a un conflicto continuo que también puedes observar en más o menos todas las criaturas de Dios.

7.19.2 El Amor de por sí es ciego y se empeña en atraerlo todo. Pero en este empeño el Amor se inflama, la Luz se enciende en él y se producen entendimiento y comprensión.

7.19.3 ¿Ves cómo la Luz lucha contra el separado empeño del puro Amor y lo hace entrar en orden y razón?

7.19.4 Al mismo tiempo este conflicto despierta la Voluntad, que es el brazo ejecutivo del Amor y de su Luz, que pone en obra todo aquello que la Luz sabiamente había puesto en orden.

7.19.5 El entendimiento que la Luz había aportado al Amor -y por la fuerza de ambos- al mismo tiempo han introducido el Orden, que a continuación lucha en contra de todo el desorden aportado por la Luz y la Voluntad del Amor, y de nuevo tienes un ejemplo de una de las continuas “guerras de Jehová” que Él sostiene dentro de Sí y que, por consiguiente, también tienen que sostener todas las criaturas dentro de ellas.

7.19.6 Todo esto sería justo y equitativo, si hubiera manera de garantizar que todo lo que los cuatro espíritus ya habían puesto en obra tuviera duración. Pero pese a lo magníficas que fueren las obras de los primeros cuatro espíritus, todavía recuerdan mucho a las construcciones de niños que frecuentemente, con gran ilusión, construyen obras artísticas y bien ordenadas, pero poco después pierden el interés en sus construcciones y las destruyen con más vehemencia que cuando las hicieron. Te digo, amigo mío, que bajo semejantes circunstancias, ¡poca duración tendrían las creaciones!

7.19.7 Para evitarlo, de los cuatro espíritus -debido a que se complacen en el resultado perfecto de sus obras- surge en Dios un quinto Espíritu: la Seriedad. Y este Espíritu lucha continuamente contra la destrucción de las obras una vez realizadas, tanto como luchará un hombre que ha construido una casa y cultivado una viña por mantenerlas y no permitirá nunca su destrucción. ¡Y ya tienes otra de las guerras de Jehová!

7.19.8 Con el tiempo la casa construida presenta ciertos defectos y la viña todavía no quiere dar la cosecha esperada, de manera que el constructor se arrepiente de su esfuerzo y del rigor o severidad aplicado a su trabajo, y por tal motivo quiere destruir la obra y hacer otra nueva; pero ahí surge el sexto Espíritu, llamado Paciencia, que conserva la casa y la viña. He aquí otra guerra de Jehová.

7.19.9 Ahora bien, la Paciencia por si sola, aún unida a los espíritus anteriores, no realizaría mejoramientos dignos de mención ni en la casa ni en la viña, dejándolo todo como estaba; pero en este momento viene el séptimo Espíritu, la Misericordia, que contiene suavidad, preocupación, aplicación, acción amorosa y generosidad. Y fíjate, ¡el hombre comienza a restaurar su casa y desaparecen hasta los menores defectos, y cava y abona su viña de tal manera que pronto le da una cosecha satisfactoria! ¡Y otra vez tienes aquí una guerra de Jehová tanto en el hombre como en Dios y en el ángel!

7.19.10 De esta manera la Vida perfecta y verdadera en Dios, en el ángel y en el hombre es continuamente una lucha de los siete Espíritus que te he presentado. Pero esta lucha en Dios, o en un ángel, no es como si uno u otro de los siete Espíritus se esforzara por subyugar y hacer inactivos a los demás , sino que tiende incesantemente a que un Espíritu, según toda su fuerza y poder, apoye permanentemente al otro y por consiguiente esté completamente contenido en él. De esta manera el Amor está en los otros seis espíritus y del mismo modo la Luz o la Sabiduría está en el Amor y en los otros cinco Espíritus, etc., de suerte que en cada Espíritu separado están presentes todos los demás Espíritus, en actividad continua, y se apoyan en un equilibrio recíproco y armonioso.

La discordancia de los siete Espíritus en el hombre

7.20.1 Así debía ser también en el hombre; pero, por desgracia, no lo es. Verdad es que a cada hombre le es dada esta capacidad, sin embargo nunca fue desarrollada enteramente. Sólo hay pocos hombres que consiguen llevar los siete Espíritus a la actividad completa y así hacerse semejantes a Dios y a nosotros, los ángeles de Dios. Muchos hombres se preocupan poco de esto y por tanto no conocen el secreto verdadero de la Vida. Tales hombres ciegos y semimuertos no son capaces de percibir la finalidad de la vida en el mundo y se hacen dominar por uno u otro de los siete Espíritus.

7.20.8 El Señor mismo os ha recomendado a todo vosotros el amor a Dios y al prójimo, añadiendo: “Sed misericordiosos como lo es vuestro Padre en el Cielo y sed mansos, apacibles y humildes de corazón como lo soy Yo”.

7.20.9 Por lo tanto el Señor os recomendó a vosotros, los hombres, que desarrolléis ante todo el séptimo Espíritu porque justamente en este último Espíritu están contenidos y desplegados todos los Espíritus precedentes. Quien desenvuelve y fortifica con todo afán este último Espíritu, desenvuelve y fortifica también los Espíritus precedentes y por eso se perfecciona antes y de modo más seguro. Quien comienza su evolución con uno o también con varios de los Espíritus anteriores, difícilmente o de ningún modo alcanzará la perfección vital porque estos primeros Espíritus no contienen por sí mismos el séptimo Espíritu; el último, no obstante, necesariamente contiene en sí todos los precedentes».

La importancia de vigilar los pensamientos

7.36.2 El Señor: «Puedes pensar lo que quieras y no pecarás si tu corazón no se complace en pensamientos desordenados. Pero si hallas agrado en un pensamiento malo, unirás tu voluntad con el pensamiento malo carente de amor al prójimo, y no estarás lejos de realizar tal pensamiento que ya ha sido vivificado por tu voluntad y tu complacencia, caso que las circunstancias sean favorables y permitan el hecho sin riesgo exterior. Por esto es de suma importancia vigilar sabiamente los pensamientos surgidos del corazón, con la Luz purificada de la razón y del puro intelecto, porque el pensamiento es la semilla del hecho. La vigilancia necesaria y sabia de los pensamientos no podía ser expresada más acertadamente que con las palabras de Moisés: “No sientas ganas de esto ni de aquello” (no codiciarás), pues si una vez empiezas a codiciar demasiado fuerte, tu pensamiento será vivificado por tu complacencia y por tu voluntad, y te costará mucho trabajo sofocarlo enteramente en ti. Como ha sido dicho antes, el pensamiento y la idea son la semilla para el hecho, el cual es el fruto de la misma. Y como la semilla, así será el fruto.

7.36.3 Por tal motivo puedes pensar lo que quieras, pero ¡no vivifiques pensamientos o ideas para la acción antes de haberles examinado debidamente ante el tribunal de tu razón y tu intelecto! Cuando el pensamiento ha pasado la prueba de la Luz y el fuego, podrás vivificar luego la acción y desear alguna cosa buena y verdadera, pero ¡nunca se te antoje algo desordenado que se oponga evidentemente al amor al prójimo! Entonces refiérete a lo que Moisés expresó en su último mandamiento. ¿Qué sería de un hombre si no aprendiera desde muy joven a examinar y organizar sus pensamientos, eliminando todo lo malo, impuro y falso? Yo te lo digo: tal hombre llegaría a ser peor que un animal feroz.

7.36.4 En el Orden bueno y sabio de los pensamientos se funda todo el valor del hombre».

Beneficios de la paciencia

7.43.9 El Señor, dirigiéndose al romano Agrícola: «Has oído que la paciencia también es un Espíritu original de Dios en el hombre, o sea una virtud, y como los otros seis Espíritus, debe ser fortificada y desarrollada si el hombre desea llegar a la verdadera perfección interna de vida. Y así quiero que sea también contigo: que tu paciencia suavice tu rigor muchas veces exagerado. Por este motivo bien fundado no te digo lo que quieres saber tan urgentemente; porque la paciencia, para el hombre, es lo mismo que la lluvia suave para el suelo de la Tierra. La paciencia ablanda los anhelantes deseos del corazón humano para que no degeneren en pasiones tempestuosas y violentas, que, a veces, lo devastan todo. Cuando lo comprendas cabalmente, te orientarás conforme a la paciencia y recibirás todo lo que tu noble corazón anhela. ¡Ejercítate en la paciencia justa y obtendrás antes la Luz para la Vida eterna!».

La naturaleza en los ángeles. Amor y sabiduría. Corazón e intelecto

7.56.5 Nicodemo notó la belleza radiante del ángel Rafael y pregunto al Señor: «Señor y Maestro, ¿de dónde viene este joven increíblemente hermoso? ¿Cómo se llama? Nunca he visto tal belleza masculina. Sus cabellos de rizos dorados caen bien ordenados por la nuca de blancura etérea. ¡Qué encanto y gracia indescriptible en su fisonomía! ¡Qué delicados, suaves y tiernos son sus brazos y piernas, de verdad, este joven no pude ser hijo de esta Tierra, y si tuviese un par de alas sería un ángel perfecto de Dios».

7.56.6 Dije Yo: «¿Piensas que los ángeles de Dios deben tener alas para ser ángeles? ¡Te equivocas! ¿Acaso los tres hombres que hablaron con Abraham tenían alas? ¿O los otros que salvaron a Lot, o el ángel que condujo al joven Tobías? Ignoro que en la escritura haya mención alguna de sus alas. Tampoco, según la escritura, tenía alas el ángel que impidió a Abraham sacrificar a Isaac, su único hijo.

7.56.7 Sólo los dos querubines fueron representados por Moisés con alas para indicar a los judíos, en aquella época todavía muy sensuales, que los Espíritus puros de los Cielos de Dios son muy rápidos en todos sus movimientos y actividades cuando realizan sus hechos, sea al pensar, decidir u obrar. Como el hombre natural de la Tierra no conoce movimiento más rápido que el vuelo de los pájaros en el aire, y esto a causa de sus dos alas, Moisés, por Orden de Dios y para simbolizar ante los hombres la velocidad de las cosas espirituales, puso alas a los querubines. Pero en la realidad no hay ángeles con alas ni tampoco los ha habido nunca.

7.56.8 El ala sólo significa el grado sumo de la sabiduría y fuerza de todo lo puramente espiritual, pero no que un espíritu puro deba por Orden de Dios descender de los Cielos a la Tierra y volver a ascender igual que un pájaro.

7.56.9 Como cada hombre es llamado psíquicamente a que sea un verdadero y casto ángel de los Cielos de Dios, este hermoso joven puede estar en la Tierra sin alas así como Yo mismo, Señor de los Cielos y de la Tierra, me encuentro encarnado entre vosotros para daros mi Doctrina, manteniendo además todo el universo. Escrito está: “ Veréis subir y bajar a los ángeles de Dios que sirven al Señor”. ¿Qué opinas sobre ello?».

7.56.10 Contestó Nicodemo: «Sí, evidentemente es muy hermoso, pero no baja ni sube desde el cielo a la Tierra».

7.56.11 Respondí Yo: «¡Oh ceguera de los hombres! ¿Cómo puedes pensar, siendo hombre experimentado, que los ángeles descienden desde cielo físico a la Tierra y que vuelven de la Tierra al cielo y también me sirven a la vista de todos? La ascensión y el descenso de los ángeles no significan sino: ascender del Amor a la Sabiduría verdadera y volver mediante la Sabiduría al Amor, que es el verdadero Espíritu vivo de Dios en vosotros.

7.56.12 Cuando el hombre despierta en su corazón el amor a Dios y al prójimo, asciende a la sabiduría, o sea al conocimiento justo y profundo en todas las cosas. Cuando el hombre obtiene tal conocimiento y conoce y concibe más profundamente el Amor, la Sabiduría y el Poder ilimitados de Dios, se llena de humildad y del más vivo amor a Dios. En tal caso vuelve a descender a su corazón, lo ilumina más claramente y lo enciende más en el amor a Dios.

7.56.13 Pero te preguntas a ti mismo: “¿Acaso esta Tierra representa el Amor y el Cielo la sabiduría? Porque en esta Tierra ocurren muchos acontecimientos malos y sin amor, mientras que del Cielo sólo vienen cosas buenas”.

7.56.14 Sí, en el corazón humano falta el amor en la mayoría de los casos, pero aun así el corazón es morada del amor. Pero el amor puro del corazón produciría por sí solo tan pocos frutos de Vida como la tierra sin la luz del Sol. El Sol celeste del corazón es el intelecto natural. Con pensamientos, ideas y conceptos buenos y ordenados se profundiza en el corazón, o sea a la tierra cultivable del hombre, la ilumina y vivifica las semillas para realizar hechos buenos y nobles. Cuando la luz del intelecto todavía es muy débil y floja, como la luz solar en invierno, el corazón se vuelve algo más hábil; pero como todavía persiste en su amor propio, las semillas nobles no germinan en él, ni crecen, ni maduran para producir los frutos de la actividad vital. Pero cuando un hombre ilumina su intelecto aplicando y usando justamente sus talentos y capacidades, esta luz despierta también más poderosamente el calor vital en el corazón y las simientes empiezan a germinar en el mismo, a crecer, a florecer, y no tardarán en producir frutos de actividad para la rica cosecha de la Vida.

7.56.15 La expresión ángeles se entiende aquí como los pensamientos, ideas y conceptos del intelecto claro que representan en el hombre la sabiduría del Cielo, desde luego a escala menor. Suben y bajan y sirven al Espíritu divino, todavía oculto en el corazón humano, y este Espíritu se llama amor a Dios y al prójimo. Pero como la mayoría de los hombres ni conocen ni consideran tal Espíritu vivo de Dios en el corazón humano, aunque toda prosperidad y bienaventuranza del hombre respecto a su Vida eterna y temporal dependa justamente de este espíritu, tampoco Yo mismo, Señor y causa original de todo ser y de toda Vida del mundo humano, quedo reconocido. Pese a que el mundo experimenta cuán grandes pensamientos, ideas y conceptos de los Cielos de Dios bajan y suben a causa mía, iluminando claramente al corazón y calentándolo y vivificándolo para garantizar la rica cosecha de los frutos vivos de la actividad espiritual. Por eso muchos son los llamados, pero pocos los escogidos, es decir los que comprenden mis palabras y las toman en consideración para transformarlas en una cosecha rica y viva de actividad».

Alma y cuerpo. Estado del alma materialista

7.58.1 Dijo Nicodemo, dirigiéndose al Señor: «Deduzco de tus palabras que un alma perfecta, después de la muerte física verá en el Más Allá toda tu Creación en una luz mucho más clara que en la vida terrenal y que se volverá mucho más consciente de todo lo que ha experimentado en su cuerpo físico. ¿Es correcta mi opinión?».

7.58.2 Dije Yo: «Perfectamente, y voy a mostraros la razón de ello, a fin de que nadie diga con el tiempo “Él nos ha ordenado creerlo y no dudamos la realidad de lo que Él mismo nos ha enseñado pero esto sin habernos mostrado detalladamente cuál es la razón!”. No, de esta manera no quiero enseñaros, quiero que entendáis el secreto del Reino de Dios:

7.58.3 El cuerpo por sí solo, como materia inerte, no puede ni ver, ni oír, ni oler, ni gustar, ni sentir, si no contiene un alma viva. El cuerpo es sólo una herramienta apenas suficiente del alma, bien construido y organizado de forma tal que el alma pueda a través suyo mirar hacia el exterior y oír y sentir cosas agradables y desagradables. Ella puede moverse de un lugar al otro y ejecutar diversos trabajos manuales.

7.58.4 Los miembros son regidos por el intelecto del corazón y su voluntad; pues el cuerpo por sí no tiene ni inteligencia ni voluntad, salvo el alma que a causa de sus apetitos mundanos y sensuales se deja absorber por la carne y que en este estado pierde la conciencia de su yo espiritual. En tal caso su intelecto y su voluntad se han vuelto carnales. Un alma así está casi como totalmente muerta y le parece locura sentir algo parecido a una dependencia y a una vida espirituales después de la muerte del cuerpo.

7.58.5 Incluso tal alma materialista o carnal no muere verdaderamente después del desprendimiento doloroso del cuerpo, sino que continúa viviendo en el mundo de los espíritus; pero su supervivencia es tan precaria y escasa como lo son su conocimiento y conciencia en una esfera puramente espiritual. Tal alma continúa viviendo entonces como en un sueño un poco más lucido, y muchas veces ya no sabe si vivió en un mundo diferente; vive y obra según su sensualidad usual, y caso que espíritus más iluminados le adviertan e instruyan sobre que ahora se encuentra en otro mundo espiritual, no lo creerá y se burlará de los que le muestran la Verdad.

7.58.6 Se necesita mucho tiempo hasta que tal alma atada al mundo llegue a una conciencia más elevada. En cuanto lo consiga, volverá su recuerdo según el grado de su esclarecimiento y también podrá ver, oír y sentir todo lo que ocurre dentro, en y encima de la tierra.

7.58.7 Si un alma ya ha alcanzado la perfección por el renacimiento espiritual en este mundo y así llega a la visión y la percepción claras de las cosas puramente espirituales y celestes, entonces también tendrá en sí la visión correcta y enteramente verdadera de toda la creación material y sabrá de todo, hasta de lo que acontece en la Luna, sobre y en el interior del Sol, la constitución de las estrellas, su finalidad y su función.

7.58.8 Cuando tal alma perfecta ha sido liberada de su pesado cuerpo físico, su visión se vuelve semejante a la divina y, caso que lo quiera, verá, oirá, sabrá y sentirá todo. Si así es, ¿por qué, asemejándose a Dios y siendo capaz de crear su propio mundo espiritual, habría de perder sus recuerdos?

7.58.9 Para que veas y entiendas más profundamente que todo lo que acabo de decirte es la pura realidad, quiero desatar por unos momentos tu alma y las de otras personas presentes, y en tal estado liberado podrás decir lo que has visto, oído y sentido. Así sea».

7.58.10 Inmediatamente varias personas cayeron en un estado magnético y visionario, y primeramente se encontraron en una región desconocida para ellas, la cual les agradó tanto que me pidieron que les dejara allí, pues no deseaban regresar a este mundo terrestre.

7.58.11 Yo les pregunte si no veían también este mundo.

7.58.12 Todas me respondieron: «Sí, Señor, pero lo vemos detrás de nosotros. También lo vemos transparente».

7.58.13 Yo les pregunte si veían la gran ciudad de Roma.

7.58.14 Todas dijeron que sí , y describieron todo lo que veían en esta ciudad.

7.58.15 Cuando los romanos presentes las oyeron, se maravillaron extraordinariamente ante la exactitud y la fidelidad con las que los extasiados describían detalladamente la forma de Roma aunque ninguno de ellos había estado allí ni había visto imágenes de esta ciudad.

7.58.16 Y Yo pregunté a los extasiados si también veían el extremo oriente de Asia.

7.58.17 Todos me contestaron: «Sí, Señor, vemos también el confín de este gran continente; más allá, hacia el este, vemos aguas y aguas con excepción de algunas islas. Vemos un gran Reino y también una ciudad enorme, la cual está circundada por una muralla muy larga y habitada por innumerables hombres».

7.58.18 Pregunté Yo: «¿Cómo están vestidos?».

7.58.19 Describieron rápida y muy minuciosamente la vestimenta de estos hombres y uno de los viejos fariseos se sorprendió sobremanera porque había tenido la oportunidad de ver varios chinos en el extremo este de la alta India.

7.58.20 Luego les hice ver la Luna y describieron en pocas palabras este mundo desnudo de apariencia triste y con algunos grupos de duendes de color gris y de aspecto lamentable. No había árboles, ni hierbas, ni animales.

7.58.21 Acto seguido les desperté de nuevo la visión natural y les hice recordar todo lo que habían visto.

7.58.22 Cuando se hallaron nuevamente en estado natural, Nicodemo dijo: «Oh, Señor, esto es maravilloso. Estábamos aquí, te veíamos a ti y a todos los demás, y, sin embargo, también veíamos muy claramente y de verdad todas las cosas que hemos descrito. Yo mismo he experimentado cuán indescriptiblemente más clara es la visión del alma liberada que la del cuerpo natural del hombre. No sólo veíamos más claramente las cosas cercanas y también las distantes, sino también lo oíamos todo. Un árbol, una casa, o un navío en el mar, o un hombre o un animal, aparecían ante nosotros en su forma normal; pero también nuestra visión traspasaba todos los cuerpos aunque no fueran transparentes.

7.58.23 En los hombres vimos hasta sus pensamientos que, al principio, aparecían como imágenes pequeñas en sus corazones. Cuando semejantes a una nube de mosquitos subían al cerebro, se hacían más claros y distintos; volvían a descender al corazón, daban gracias y poco después salían al exterior del hombre, se agrandaban y por fin formaban un mundo alrededor suyo. Sin embargo, no pudimos descubrir esto en los animales».

7.58.26 Dijo Nicodemo: «Me gustaría saber quién es este hermoso joven maravilloso, ¿de dónde es y cómo se llama?».

7.58.26 Dije Yo: «Lo sabrás más tarde, su nombre es Rafael».

7.58.28 Dijo Nicodemo: «Ese es el nombre de un arcángel según la escritura antigua. Quizás sea el mismo. Si fuera así me infundiría un gran temor».

7.58.29 Dije Yo: «A todos vosotros os he mostrado qué es un ángel de Dios. Pero siendo así, ¿por qué has de tenerle miedo? Para que no dudes de este ángel, has de saber que es el espíritu de Enoc. Ahora su cuerpo es mi Voluntad. Y te diré que en los Cielos no hay ni habrá otros arcángeles sino aquellos que ya antes vivieron encarnados en algún mundo».

Naturaleza del alma y del espíritu

7.66.2 Dijo el romano Agrícola: «Señor y maestro, la supervivencia del alma después de la muerte del cuerpo humano es un hecho claramente mostrado, pero ¿a dónde va y cuál es la naturaleza del alma y la del espíritu? Según tu enseñanza el espacio es infinito; por consiguiente las almas y también los espíritus puros deben encontrarse en este espacio infinitamente grande.

7.66.3 Todavía otra pregunta: ¿Qué forma tiene el alma o un espíritu puro y por qué el hombre no puede verlos?».

7.66.5 Dije Yo: «El alma es una substancia etérea, es decir está construida, si puedes comprenderlo, por muchísimos átomos de luz o de las más pequeñas partículas, y se mantiene unida por la Sabiduría y la Omnipotencia de la Voluntad de Dios, para formar con el Espíritu emanado de Dios -que es el fuego del Amor puro y divino-, un hombre perfecto.

7.66.6 El espíritu puro es un pensamiento de Dios, que procede de su Amor y Sabiduría y adquiere Vida por su Voluntad. Como Dios en sí es un fuego de su propio Amor y Sabiduría, lo mismo ocurre con el pensamiento realizado y proyectado. Como el fuego es una fuerza, también tal pensamiento proyectado de Dios es una fuerza en sí, consciente de sí misma y puede actuar para sí en aquella claridad de la cual ha surgido. Como el pensamiento es una fuerza pura, penetra todo lo que tú llamas materia; pero la materia no puede penetrar al pensamiento, porque no es más que una manifestación exterior del Espíritu de Dios.

7.66.7 Hasta cierto punto el alma es materia de nuevo disuelta por la fuerza del espíritu. Obligada por esta fuerza, el alma se integra en la forma primaria del Espíritu y se une con él, formando con él un cuerpo luminoso-etéreo-sustancial... Una relación análoga existe entre el alma y las sustancias etéreas liberadas de su antiguo cuerpo cuando éste se ha descompuesto y disuelto del todo: llevada por su voluntad espiritual, el alma se forma su futuro vestido de estas sustancias etéreas.

7.66.8 Aquí tienes una explicación breve y verdadera de la naturaleza del alma y del espíritu puro.

7.66.9 Pero adónde irá una alma tras desprenderse o salir de su cuerpo, cuál será su ubicación en el espacio, es todavía muy difícil que lo comprendas. Pese a ello voy a darte una pequeña indicación de la que podrás deducir cierto conocimiento. Lo principal lo experimentarás en ti mismo, cuando hayas obtenido el perfecto renacimiento, o sea la unión completa del espíritu con tu alma.

7.66.9 Después de desencadenarse, es decir después de la muerte corporal, especialmente durante el primer período de su existencia en el otro mundo, el alma se encuentra en el lugar donde habitaba en su cuerpo en la Tierra, antes de entrar en el Reino del Más Allá.

7.66.11 Pero aunque espacialmente se halle en este mismo mundo, no ve ni oye nada del mundo natural en el que antes vivía dentro de su cuerpo. Su existencia se parece más o menos a un sueño claro, en el cual el alma vive y actúa como si estuviera en un mundo natural, sin echar de menos nada de este mundo natural que ha abandonado.

7.66.12 Pero por disposición de Dios, este lugar habitado por el alma es frecuentemente destruido y el alma entra en otro más afín a su estado interior. El alma tarda a veces mucho tiempo hasta que por diversas instrucciones reconoce que todo lo que creía poseer no es más que vanidad e ilusión sin valor alguno. Una vez entrada en razón por sus propias experiencias, comenzará a meditar seriamente sobre las condiciones de su existencia, y se dará cuenta de que ha dejado el mundo de los encarnados o terrestres. En su interior se despierta la ansiedad por llegar a recibir una morada más estable e inalterable.

7.66.13 En tal estado el alma es enseñada por espíritus ya más perfeccionados sobre lo que debe hacer, y cuando lo hace, se vuelve más iluminada porque su espíritu interior la penetra más y más. Y cuanto más el espíritu interior la penetra y crece en ella, como un embrión en el cuerpo materno, tanto más consistencia empieza a realizarse alrededor suyo.

7.66.14 Y cuando ha logrado que su espíritu interior la penetre enteramente, llegará a la clarividencia, dándose cuenta de la realidad espiritual, y con una conciencia más perfecta recuerda claramente todo lo que era, lo que ha sido, lo que ha hecho y las apariencias y naturaleza del mundo en que vivía en su cuerpo.

7.66.15 Tal alma puede entonces penetrar minuciosamente con la vista no sólo esta Tierra, sino también la Luna, el Sol, todos los demás planetas que giran alrededor del Sol, y también los demás Soles e incluso un cúmulo cósmico globular21, y puede regocijarse sumamente en su formación e instalación maravillosas, teniendo entera satisfacción en el Amor, la Sabiduría y la Omnipotencia de Dios.

Los diversos grados de bienaventuranza de las almas perfectas

7.67.2 La mayor bienaventuranza de una alma consiste evidentemente en que el alma perfecta esté equipada y provista de un verdadero poder creativo divino, y que pueda realizar con sabiduría semejante a la de Dios todo lo que Dios mismo puede hacer de la misma manera.

7.67.3 Un grado más elevado y ya casi el grado máximo de la bienaventuranza de un alma perfecta consiste en que conviva continuamente con Dios, el único Señor y Creador del espacio infinito, que pueda considerarle como su amigo más íntimo, amarle ilimitadamente y con ello abarcar en un momento con la vista toda la Creación espiritual y material.

7.67.4 La máxima bienaventuranza de una alma perfecta, sin embargo, estriba en la libertad divina por la unión absoluta con Dios a través del amor».

El poder de los ángeles

Estos capítulos tratan sobre la pregunta del romano Agrícola de cómo el ángel Rafael (-Enoc), este espíritu puro, puede tener un cuerpo. También tratan del ser y del poder de los ángeles. Según la Voluntad el Señor, el ángel Rafael se presentó inmediatamente para contestar las preguntas del romano. Primero Rafael mostró como puede hacer su cuerpo sensible o insensible para el hombre que le toca, lo que únicamente depende de su voluntad. El ángel Rafael añadió:

7.68.8 «Pues nosotros los ángeles, a causa de nuestro amor a Dios, estamos enteramente en su Sabiduría y Poder, y así el Amor divino es también nuestro amor, su Sabiduría es nuestra sabiduría y su Poder también nuestro poder. Sin embargo, en Dios hay todavía profundidades insondables que un espíritu creado no podrá jamás sondear».

El ángel Rafael repitió el experimento de la desmaterialización y rematerialización de una piedra en la mano del romano, para convencerle que toda la materia no es sino la persistencia de la Voluntad del Espíritu divino.

7.69.2 El ángel continuó: «Por eso, una existencia verdadera y real la hay únicamente entre nosotros, ángeles eternamente inmortales. Y la existencia de la materia está sostenida únicamente por nosotros y depende en cada momento de nosotros, lo que te habrá quedado claro con la experiencia de la piedra».

7.69.4 Preguntó el romano: «¿Por qué no puedo yo, con mi espíritu, hacer con la piedra lo que tú con el tuyo?».

7.69.5 «Porque tu alma aún no está suficientemente madura para tanto y tu espíritu aún no se ha integrado en tu alma. Pero a pesar de ello, tu espíritu realiza algo enteramente desconocido a tu alma, por la perseverancia de su voluntad, esto es: la construcción y conservación temporal de tu cuerpo. Tu alma no las puede percibir, como tampoco puede percibir la construcción de su cuerpo, porque su constructor interno no puede revelársela ni demostrársela porque aún no esta madura.

7.69.6 El espíritu interior trabaja constantemente para la madurez rápida y la liberación total del alma; sin embargo, no debe ni puede proceder con la menor insistencia, porque de esta manera un alma se haría más materialista y esclava de lo que podría hacerse jamás por influencias externas. Por tal motivo fueron dados al alma voluntad e intelecto propios, para que por medio de enseñanza exterior, por su propia determinación de llegar a la meta y por su propia voluntad, se desprenda más y más de lo mundano y, volviendo sobre sí, ande caminos espirituales cada vez más puros.

7.69.7 A medida que el alma pise caminos espirituales cada vez más puros, su puro espíritu interior, habitante del Más Allá, se une a ella. Habiéndose desprendido enteramente del mundo por su intelecto cada vez más puro y también por su voluntad cada vez más libre, resulta igual a su espíritu y se vuelve uno con él. A esta unión la llamamos renacimiento espiritual. Estando los dos unidos, incluso encontrándose todavía en el cuerpo, el alma es capaz de realizar lo que ahora acabo de hacer ante tus ojos, es decir, lo que yo como tal espíritu unido con tal alma, soy capaz de hacer».

El ayuno y la oración justos

7.85.5 El Señor: «Quien ayuna en sentido verdadero hace una obra buena para sí. Verdad es que por el ayuno y por la oración a Dios, el alma queda más libre y espiritualizada; pero nadie alcanza la bienaventuranza sólo por el ayuno y por la oración, sino únicamente creyendo en Mí y haciendo la Voluntad del Padre que está en los Cielos, como os he enseñado varias veces. Esto cada cual puede hacerlo sin ayunar ni abstenerse de ciertos alimentos y bebidas.

7.85.6 Pero quien tiene abundancia y practica el verdadero amor al prójimo, ayuna justamente y tal ayuno es agradable a Dios y sirve al hombre para ganar la Vida eterna. Quien posee mucho, que dé mucho, y quien tiene poco que también lo comparta con los que aún tienen menos que él, y así recogerá tesoros en el Cielo. Más bienaventurada cosa es dar que recibir.

7.85.7 Pero quien meritoriamente quiere ayunar ante Dios y para la Vida eterna del alma, se abstiene del pecado por amor a Dios y al prójimo; porque los pecados son un peso para el alma, que difícilmente puede ascender a Dios.

7.85.8 Quien igual a los fariseos y a algunos ricos vive para la gula y está sordo a las voces de los pobres, peca contra la ley del ayuno así como peca también todo adúltero y fornicador.

7.85.9 Si el cuerpo placentero de una virgen o incluso el de una mujer de tu prójimo te atrae y seduce, ¡desvía tus ojos y abstente de la voluptuosidad, y ayunarás verdaderamente!

7.85.10 Si alguien te ha ofendido o enojado ¡perdónale y llegad a un acuerdo! Y con esto habrás ayunado eficazmente.

7.85.11 Si haces bien a quien te ha hecho mal, y si bendices a quien te ha maldecido, ayunas verdaderamente.

7.85.12 Lo que entra en la boca para alimentar y fortificar el cuerpo poco contamina el hombre, pero sí lo que sale de la boca, como calumnia, difamación, palabras y conversaciones obscenas, maldición, testimonio falso, diversas mentiras y blasfemias; quien actúa de esta manera, es quien verdaderamente rompe el ayuno.

7.85.13 Pues ayunar verdaderamente significa negarse a sí mismo en todo, echarse pacientemente la carga asignada sobre los hombros y seguirme, pues Yo mismo soy manso, paciente y humilde de corazón.

7.85.14 No importa mucho si alguien come esto o aquello para hartarse; sólo debe prestar atención a que las comidas sean puras y también comestibles. En particular debéis ser cuidadosos al comer carne, si queréis disfrutar una vida larga y sana.

7.85.17 Dios en sí es un Espíritu de la Sabiduría altísima. Tiene la inteligencia más profunda y lúcida y es la eterna Verdad propia. Quien quiere orar efectivamente a Dios debe hacerlo en espíritu y en Verdad. En espíritu y en Verdad ora quien se dirige al silencioso y recóndito camarín de su corazón y en él ruega a Dios y le implora. Dios que escudriña todos los corazones, también mirará en los vuestros y bien reconocerá cómo y por qué oráis y pedís, y también os dará aquello por lo que habéis pedido verdaderamente en espíritu y en la Verdad.

7.85.18 La oración verdadera consiste en el cumplimiento de los mandamientos y en la ejecución de su voluntad por amor a Él. Quien ora de esta manera, ora verdaderamente y sin interrupción.

7.85.19 Dios no quiere ser adorado, ni venerado, ni ensalzado ni glorificado con muchos salmos, salterios y arpas, címbalos y trompetas, sino por medio de vuestra acción activa y perseverante, conforme a sus palabras y su Voluntad.

7.85.20 Cuando contempláis las obras de Dios y más y más escudriñáis y reconocéis su Amor y su Sabiduría en ellas, entonces creceréis en el amor a Él y vosotros mismos llegaréis a ser más sabios. Luego orad también en Verdad y elogiad justamente a Dios. Todo lo demás que hasta ahora habéis entendido por oración es vano y sin valor ante Dios».

El diluvio material y espiritual

El Señor, los discípulos y otras personas que escuchaban las palabras del Señor, esperaban la visita de algunos hombres perfectos que habían de llegar del Alto Egipto.

7.91.19 Preguntó Lázaro al Señor: «Entonces estos hombres perfectos deben ser descendientes de Noé y no de Adán porque el diluvio también debe haber inundado enteramente a Egipto».

7.91.20 Dije Yo: «¡Querido amigo y hermano mío, no debes confundir el diluvio natural, causado por los poderosos hanoquitas, con la inundación espiritual del pecado, de lo contrario nunca lo entenderás!

7.91.21 Por la gran inundación ocurrida en la parte occidental de Asia durante la época de Noé, gran cantidad de hombres y animales perecieron porque las aguas pasaban por encima del alto Ararat; a pesar de ello el agua no cubría toda la tierra, que entonces no estaba poblada en todas sus partes habitables, ni mucho menos. Pero el diluvio del pecado, que se llamaba ateísmo, olvido de Dios, adulterio, soberbia, orgullo, avaricia, envidia, mando, despotismo y falta de amor, se vertían sobre todo el género humano, bajo el cual se entiende la Tierra espiritual, y esto es lo que Moisés quiso dar a entender por diluvio general».

La caridad. La providencia divina conduce a los hombres

7.92.1 Cuando estábamos en el huerto de los olivos, uno de los setenta judíos dijo: «¡Qué felices somos!, tenemos el más sublime alimento para el alma y las mejores comidas para el cuerpo. ¡Quisiera que todos los que como nosotros se encuentran sin culpa en la miseria, pudieran alcanzar tan dichoso estado! ¡Quisiera que, si fuera posible, se ayudara espiritual y corporalmente a todos los hombres que sufren y están en la miseria!».

7.92.2 Dije Yo: «Todo es posible, pero a causa de muchas y muy sabias razones no es conveniente ni permisible. Hay muchos hombres pobres y afectados por diferentes males y sufrimientos, a los cuales quieres ayudar de acuerdo con tu corazón bondadoso; pero si les hubieras ayudado de buena fe, en verdad no les habrías ayudado sino que habrías hecho lo contrario.

7.92.4 Ninguno conoce mejor que Yo la miseria y los males de los hombres, y no hay persona más misericordiosa y bondadosa que Yo; pero poco serviría a todos los hombres mi Amor y Misericordia, si no cooperara mi sabiduría altísima.

7.92.5 Por ejemplo, existe una familia muy pobre que no tiene trabajo, ni casa, ni comida. Pide limosnas de puerta en puerta, de un lugar a otro, y apenas consigue saciar su hambre. Mientras otras familias viven en la abundancia y arrojan a esta familia pobre a la calle, si les pide alimentos.

7.92.6 Tal conducta de los ricos es ciertamente malvada y dirás: “ Dios omnipotente y bondadoso ¿cómo puedes permitir tal inhumanidad que clama al Cielo? ¡Destruye tales hombres malos!”. Y Dios no escuchará tu súplica. ¿Por qué?

7.92.7 ¿Acaso debe crecer exuberante en la Tierra la falta del amor de los hombres ? Te digo que no, ¡lejos de ello! Según sabia decisión divina todo debe tener su tiempo en esta Tierra, en la cual los hombres deben madurar para obtener la verdadera filiación de Dios. De este modo el rico tiene su tiempo de ser rico y de mostrar misericordia a los pobres con su superabundancia, y el pobre tiene su tiempo y la oportunidad de ejercitarse en la paciencia y en la abnegación, sacrificando su miseria a Dios. Dios no tarda en socorrerle del mejor modo posible para la salvación de su alma, y en tiempo oportuno también castiga al rico egoísta. Pues ambos, el rico así como el pobre, están llamados a la filiación de Dios.

7.92.8 En tiempos pasados esta familia pobre era adinerada y obraba inclementemente con otros pobres; la suerte terrenal debía cambiarse necesariamente para el beneficio de sus almas. Si ahora les ayudaras, pronto se volverían petulantes y se vengarían de quienes los trataron duramente. Cuando la familia sea probada justamente en la paciencia, será ayudada paulatina y tan imperceptiblemente como sea posible y reconocerá en ello a la providencia divina, con un resultado mucho más provechoso que elevarla de hoy a mañana a un estado de bienestar afortunado.

7.92.9 El rico egoísta también será llevado poco a poco a un estado más desagradable. Sus negocios fracasarán una y otra vez, trayendo pérdidas a la cosecha y al rebaño, él o su mujer, o uno de sus hijos más amados enfermarán; en pocas palabras, los golpes del destino caerán sobre él.

7.92.10 Volviendo sobre sí y reconociendo su injusticia, será ayudado nuevamente; en caso contrario perderá todo o, según las circunstancias, sufrirá todavía cosas peores.

7.92.11 Quien le consuele en su pobreza y le socorra en este estado, también será confortado y retribuido por Dios. Pero nadie puede ayudarle enteramente hasta que la Voluntad de Dios lo permita. Así que ¡cálmate!, ya sé quién está en condiciones de recibir socorro».

La pena capital

7.94.1 Dice el romano Agrícola al Señor: «Me gustaría saber si es aconsejable abolir la pena capital en todos los casos».

7.94.2 Dije Yo: «Amigo mío, sé bien lo que quieres decirme. Supiste por uno de mis discípulos que hace un año Yo mismo apliqué cerca de Cesarea Filipo, a orillas de la mar de Galilea, una especie de ley marcial a varios esbirros malvados que me perseguían.

7.94.3 Te digo que si como Yo eres capaz de reconocer al criminal que todavía en carne es ya un diablo perfecto, entonces ¡imponle inmediatamente la pena capital!, como también Moisés lo reconoció de mi Espíritu; de lo contrario, no te precipites.

7.94.4 Desde eternidades tengo derecho a matar a todo el género humano y soy el realizador de la Creación material desde la infinitud eterna; pero resucitaré para siempre en espíritu lo que mato materialmente.

7.94.5 Si fueras capaz de hacer lo mismo, también podrías matar en tiempo oportuno a quien quieras y puedas; pero como no puedes hacerlo, no debes matar salvo en caso de emergencia extrema, por ejemplo en defensa propia o en caso de guerra determinada como castigo de Dios contra pueblos incorregiblemente malvados, o también en caso de legitima defensa contra un asesino o salteador de caminos. En todos los demás casos no debes matar ni hacer matar, en tanto que no hayas recibido mi Luz total.

7.94.9 Verdad es que vosotros, los romanos, habéis impuesto la pena capital sobre el robo, el asesinato, el homicidio y sobre otros crímenes, pero en vuestros grandes banquetes debían luchar, a vida o muerte, ciertos gladiadores para vuestra mayor diversión y el triunfador era distinguido. Esto no es bueno ni redunda en beneficio ni bendición de ningún pueblo. Igualmente tenéis diversas luchas con animales feroces y salvajes, en las cuales muchas veces los gladiadores tienen que sacrificar sus vidas de manera cruelísima, y a pesar de ello podéis divertiros con semejantes combates. Y esto es un gran mal. Difícilmente recibiréis una bendición desde arriba, sin la cual no hay existencia duradera para cualquier estado o pueblo. Esto me lo puedes creer.

7.94.11 Os he dado sólo dos mandamientos de amor que podéis observar fielmente; pero para cumplirlos no debéis divertiros en luchas feroces.

7.94.12 Quien puede ver perecer a un hombre o a un animal con indiferencia, muy poco amor tiene en su corazón. Pues quien tiene amor verdadero y vivo, también tiene compasión y misericordia justas. ¿Cómo puede amar al prójimo quien se deleita con su muerte dolorosa? ¡Fuera todo lo que no es digno de un mejor corazón humano!

7.94.13 Si ves a alguien llorar, no debes reírte; pues de lo contrario le das a entender que su dolor y él mismo que lo padece son indiferentes para ti.

7.94.14 Pero si tu hermano está alegre y disfruta de su suerte ¡no le envidies la corta alegría de su pequeña dicha terrenal! ¡No estés malhumorado sino alégrate con él, así tu corazón no empeorará sino que se ennoblecerá!

7.94.15 Si ves a un hambriento cuando tú estás harto, ¡no pienses que el hambriento se encuentra en las mismas condiciones! ¡Procura saciarle y sentirás gran alegría en tu corazón, mucha más alegría que la que sentirás con tu barriga llena! Un corazón lleno de buenos sentimientos hace al hombre mucho más alegre y dichoso que una barriga llena.

7.94.16 Si tu bolsa está llena de oro y plata y tienes en tu casa mucho más, y un pobre te encuentra y te saluda para hablar contigo, ¡no rehuyas su mirada ni le hagas sentir que tú eres rico y él pobre, sino trátale con amabilidad y ayúdale en su miseria! Si así lo haces, tu corazón pronto se llenará de alegría y el pobre será amigo tuyo y nunca olvidará tu verdadera amistad.

7.94.17 El verdadero amor al prójimo consiste en hacer al prójimo todo lo que uno puede desear razonablemente que también nos hagan a nosotros.

7.94.18 Si una criatura pobre te aborda por algún motivo ¡no la rechaces sino bendícela y reanima su corazón, así también serás reanimado en los Cielos por mis ángeles! Después di conmigo: ¡dejad que los niños se acerquen a Mí, porque de ellos es el Reino de los Cielos! ¡En verdad os digo: si no sois en vuestros corazones como los niños, no entraréis en mi Reino; pues os digo que el Reino de los Cielos ante todo es de ellos.

7.94.20 Yo os digo que miro con ojos de ira a quienes hacen atrocidades a los animales; pues también los animales son mis criaturas, tienen vida, sensación y sentimiento, y el hombre razonable no debe hacerles mal. ¡Y cuán infinitamente más alto que todos los animales de la Tierra está hasta el niño más pobre! ¡Quien hace atrocidades a los niños es un diablo y por ellas es maldecido y condenado!».

El camino verdadero hacia Dios

7.100.3 El ángel Rafael: «Sólo aquellos hombres que aspiran a parecerse psíquicamente a Dios pueden hallarle.

7.100.4 Parecerse psíquicamente a Dios significa llenarse de amor al prójimo y que vuestro corazón rebose humildad, afabilidad, dulzura, paciencia y misericordia con todo el mundo; y Dios tendrá Misericordia con vosotros, permitiendo que le encontréis en el Espíritu de su Amor y de la Verdad eterna.

7.100.5 Si buscáis a Dios sólo y únicamente en y por la Verdad, os acercaréis a Él, pero no le podréis ver y menos aún comprender su Ser verdadero. Pero si buscáis a Dios en el amor, en la humildad, en la afabilidad, en la paciencia y en la misericordia puros, entonces le encontraréis, le reconoceréis y cosecharéis la Vida eterna de vuestras almas».

El camino para la perfección de la vida

7.103.5 (El Señor:) «El hombre material tiene que destruir todas las aspiraciones mundanas por medio de su libre voluntad psíquica. No debe estar apegado por amor ninguno a las cosas terrenales. Su aspiración debe ser reconocer y amar cada vez más a Dios y cumplir en todo la revelada Voluntad de Dios aun cuando cueste grandes sacrificios de alma y cuerpo.

7.103.6 Así como se activa el Espíritu divino en el hombre, pronto lo llenará todo, lo hace semejante a Dios, le da toda la fuerza y poder, y la eterna Vida indestructible.

7.103.7 Por tal razón os dije antes que un hombre puede encontrar a Dios, que es Amor eterno, Sabiduría y Verdad, sólo por el amor puro a Dios y por la Verdad basada en este amor, y de ninguna otra manera.

7.103.8 ¡Pon una semilla al aire donde la bañe la más clara luz del Sol y verás como se secará sin germinar! Lo mismo ocurre con el hombre que busca a Dios en la luz de su filosofía mundana; se resecará y se atrofiará, y todo esfuerzo y trabajo será inútil y sin resultado.

7.103.9 Pero cuando se pone una semilla sana en la Tierra, esto -como parábola- dice: que el hombre empiece a renunciar a todos los deleites sensuales del mundo, que se llene de humildad, afabilidad, paciencia, amor y misericordia para con su prójimo, y con esto se llene también de amor a Dios. En estas circunstancias ya es parecido a una semilla capaz de vivir y germinar en el suelo del reino terrenal de la Vida verdadera. El Espíritu de Dios lo penetra enteramente y lo hace crecer y madurar para la Vida verdadera y para la contemplación de Dios».

Naturaleza y sitio de la Verdad

7.117.1 El Señor: «Estáis en el umbral del templo en el cual habita la Verdad; pues si hay una Verdad, debe manifestarse en la Vida y no en la muerte, donde no sirve para nada. El hombre justo y verdadero es un templo real de la Verdad, que reside en el corazón.

7.117.2 Quien busca la Verdad tiene que hacerlo en su interior y no fuera de sí; porque la Verdad es la Vida y la Vida es el Amor. Quien ama sin falsedad a Dios y al prójimo, tiene la Vida, y esta Vida es la Verdad y reside en el hombre.

7.117.3 Por esto he dicho que estáis en el umbral del templo de la Verdad. Así pues, el hombre en sí es la Verdad, el camino a ella y la Vida.

7.117.9 Os digo que un hombre cuyo espíritu ha entrado al alma no necesita estar personalmente presente en todas partes para saber lo que acontece, sino que uniéndose al Espíritu de Dios, por este Espíritu santo está presente en todos los lugares y así ve, oye y sabe todo».

La guía de los hombres

7.121.4 Todas las criaturas están sometidas a mis leyes, también el hombre, en cuanto a su cuerpo; pero no el alma y el espíritu del hombre. La forma y la organización vital del alma en todas sus partes es una obra sometida a mi ley; pero sólo de manera tal que por el libre albedrío del hombre el alma pueda ennoblecerse y fortificarse o también envilecerse y debilitarse mucho.

7.121.5 La libre voluntad serviría poco o nada al hombre sin la capacidad de un conocimiento libre y de la razón derivada de éste, la cual muestra a la voluntad lo que es bueno y verdadero, o lo que es falso, erróneo y malo.

7.121.6 Cuando el hombre ha obtenido conocimientos y ha despertado y aguzado el intelecto, llegará la revelación de la Voluntad divina, la cual muestra al hombre los caminos justos a Dios y de la Vida eterna. Entonces el hombre puede aceptar o no tal revelación como también debe poseer un albedrío enteramente libre frente de Dios, sin el cual no sería un hombre sino un animal sin voluntad libre, dotado de un instinto al que no puede oponer resistencia.

7.121.7 Pero en el principio sólo una pareja fue puesta en la Tierra y el varón se llamó Adán y la mujer Eva. Esta primera pareja humana fue dotada por Dios de todas las facultades. Poseía conocimientos profundos, una inteligencia preclara y una libre voluntad poderosa, a la cual tenían que someterse todas las demás criaturas.

7.121.8 Además de estas capacidades recibió también de la boca de Dios una revelación clarísima y bien entendible, que le mostraba libre y abiertamente lo que había de hacer para alcanzar el destino fijado por Dios por el camino más corto y fácil. Al mismo tiempo Dios le explicó que era totalmente libre pero que también podía contravenir la voluntad revelada si deseaba obrar según la tendencia de la carne y de la materia del mundo; en ese caso ella misma se acarrearía un juicio y con él también la muerte.

7.121.9 Durante algún tiempo todo andaba bastante bien; pero pronto la lujuria triunfó sobre el conocimiento de lo bueno y de lo verdadero, según la revelación divina. Bajo el símbolo de la serpiente, utilizado por Moisés, la primera pareja humana pecó contra el mandamiento para ver qué sería lo que pasaría.

7.121.10 Y mira, lo que hizo la primera pareja humana, esto es lo que hacen ahora casi todos los hombres

7.121.11 Dios nunca dejó que faltaran revelaciones, pequeñas y mayores, y a pesar de todo sin obligar a persona alguna a observarlas. ¡Bienaventurado aquel que las observe y disponga su vida según ellas!

7.121.11 La primera pareja humana seguramente recibió de Dios la educación más clara y más elevada y podía transmitirla en su pureza a todos sus descendientes; pero dos mil años más tarde, durante la época de Noé, ves que los hombres se han transformado en diablos perversos.

7.121.13 ¿Faltó a los primeros hombres terrenales una educación mejor? ¡No! ¿Acaso no la transmitieron a sus hijos? ¡Sí, en el sentido más puro! Pero los hombres sentían dentro de sí la inclinación a contravenir los mandamientos de Dios porque esto agradaba a su carne y por ello se hundían en la perversidad y en el ateísmo. Y cuando Dios les enviaba sus mensajeros para amonestarles paternalmente, pronto los proscribieron, los desterraron y algunos hasta fueron muertos cruelmente.

7.121.14 Finalmente los hombres, apóstatas de Dios, se entregaron incluso a la destrucción de la Tierra y así colmaron la medida. Ellos mismos abrieron las esclusas de las aguas subterráneas, las cuales se derramaron sobre los malhechores, ahogándoles.

7.121.15 No fue un juicio causado por la Voluntad de Dios, sino sólo permitido, como consecuencia inevitable de las condiciones interiores de la Tierra.

7.121.16 No hay hombre en la Tierra tan abandonado que no sepa ayudarse a sí mismo, si lo quiere; pero cuando ya desde muy pequeño no lo quiere, debe culparse a sí mismo cuando caiga en la miseria. Y lo que digo de un hombre también vale para todo un pueblo.

7.121.17 En toda la Tierra no hay pueblo que no pueda ayudarse, con sólo quererlo. Pero, ¿dónde esta la voluntad? Verdad es que para lo malo tiene voluntad más que suficiente; pero carece de buena voluntad para lo puramente espiritual y lo verdaderamente bueno. El alma de un hombre desprovista de esta buena voluntad, al igual que la de un pueblo entero, entran en el juicio y en la muerte de la materia, incapacitadas de oír y de comprender lo que es el espíritu, su Luz y su Vida. Y si se pretende sacudir y despertar a tales almas carnales de su sueño, entonces se volverán locas, furiosas, y caerán sobre quienes les despiertan como los lobos sobre el rebaño y los estrangularán y los despedazarán sin miramientos ni misericordia.

7.121.18 ¿Es entonces culpa de Dios que tales hombres, por las razones antes dichas, caigan en la mayor ceguera psíquica, en la cual permanecen durante milenios? Si Dios permite un juicio expiatorio sobre tales hombre, actuará sabiamente y como Padre prudente porque sólo una miseria grande de la carne será capaz de apartar al alma de la materia y dirigirla a lo espiritual.

El Reino de Dios

7.126.9 «Ante todo ¡buscad el Reino de Dios en la Tierra, buscadlo en vosotros mismos y todo lo demás os será dado! Sin el Reino de Dios, el hombre, aunque posea todos los tesoros del mundo y todas las ciencias de los sabios, tendrá tanto como nada.

7.126.10 El poseedor del Reino de Dios tiene todas las cosas. Tiene en sí todas las más altas y profundas ciencias, y tiene la Vida eterna.

7.126.11 En verdad os digo: un hombre enteramente perfecto es capaz de realizar más que todos los hombres imperfectos en toda la Tierra.

7.126.12 Por eso ¡esforzaos ante todo en haceros hombres perfectos!

7.126.13 También os digo que para obtener el Reino de Dios se necesita fuerza. Los que lo quieren poseer deben arrebatarlo con fuerza; pero los que no lo hagan, difícilmente lo poseerán aquí en la Tierra».

7.127.1 Preguntó el mago: «Oh, Señor, ¿cómo puede suceder que el hombre débil e inepto sea capaz de entrar violentamente en el Reino de Dios?, y ¿dónde se encuentra el verdadero Reino de Dios, de modo que el hombre pueda agarrarlo y arrebatarlo?».

7.127.3 Dije Yo: «El cumplimiento perfecto de la Voluntad de Dios conocida constituye el verdadero Reino de Dios en vosotros mismos. Sin embargo, el cumplimiento de la Voluntad de Dios conocida no es tan fácil como os imagináis, pues los hombres materialistas o mundanos se oponen al mismo y persiguen a los verdaderos conquistadores del Reino de Dios. Por tal razón, quien quiere apoderarse enteramente del Reino de Dios, no debe temer a los que sólo matan el cuerpo humano pero no pueden dañar el alma. Tema el hombre más bien a Dios, el cual, según su Orden inalterable, también puede arrojar el alma al infierno.

7.127.4 Quien teme a Dios más que a los hombres y a pesar de la persecución de los hombres cumple con la Voluntad de Dios conocida, es quien con violencia arrebata el Reino de Dios; y quien lo hace, sin falta alguna saldrá victorioso.

7.127.5 Además os digo algo que también pertenece a la atracción violenta del Reino de Dios, y es que el hombre renuncie a sí mismo en todas las cosas del mundo, que perdone de corazón a los que le han ofendido, y no guarde ira ni rencor contra nadie, que ore por los que le maldicen, que pague con el bien a quienes le hacen mal, que nunca se considere superior a los demás, que soporte pacientemente las tentaciones que le sobrevienen de vez en cuando y que se abstenga de la gula, de la fornicación y del adulterio... Quien aplica esto a sí mismo, él también conquista el Reino de Dios a la fuerza.

7.127.6 Pero quien reconoce a Dios, y le estima, venera y ama sobre todas las cosas y también ama a su prójimo como a sí mismo, pero que a la vez también respeta y teme el mundo y no se atreve a confesar abiertamente mi nombre porque le podría traer alguna desventaja mundana, él no aplica violencia al Reino de Dios; de modo que no lo conquista enteramente en este mundo, y tendrá que afrontar algunas luchas en el Más Allá hasta que alcance su perfeccionamiento.

7.127.7 Quien ahora sabe y cree que Yo soy el Mesías prometido, debe también hacer y ejecutar lo que he enseñado, lo que enseñe y lo que todavía enseñaré en el provenir, de lo contrario no me merece y no le ayudaré, especialmente en la educación de su vida interior. Pero Yo soy la Vida del alma por mi Espíritu en ella, y este Espíritu se llama amor a Dios. Quien de este modo ama a Dios sobre todas las cosas y también hace siempre su Voluntad, tiene el alma llena de mi Espíritu y éste es el perfeccionamiento y la Vida eterna del alma.

7.127.8 La abundancia del Reino de Dios consiste en la plenitud del amor más alto a Dios, y este amor no teme al mundo.

7.127.9 Cualquiera que me confesare ante el mundo cuando fuere necesario, Yo le confesaré también delante de mi Padre, que está en los Cielos.

7.127.12 Quien ama a Dios sobre todas las cosas, confiesa a Dios y con esto a Mí ante el mundo. Yo le confesaré también en mi Amor, y en esto consiste la verdadera Vida eterna del alma humana. Y porque el hombre alcanza la sabiduría altísima precisamente por este amor vivo a Dios, también consigue el Reino de Dios que nunca jamás le será quitado en toda la eternidad.

7.134.4 ¡Bien entendido!, lo siguiente os servirá de lección: a quienes Dios ama y ha predestinado a grandes cosas, acciones y empresas en el Reino del espíritu, los examina más que a cualquier hombre que ha sido predestinado a cosas pequeñas.

7.137.12 Quien quiera llegar a la plena Luz vital de la Verdad, tiene que atravesar el campo de la mentira y de los engaños; sin este requisito nadie llega a la plena Verdad.

7.137.7 Como los hombres de esta Tierra están predestinados y llamados a hacerse hijos de Dios, también deben parecerse totalmente a Dios en todo, pues quien no sea enteramente y en todo semejante a Dios, no llegará a la filiación divina ni podrá acercarse a Dios en tanto que no se le asemeje enteramente.

7.137.8 Mi Doctrina es un verdadero Evangelio porque anuncia y muestra a los hombres los caminos por los que pueden llegar a parecerse a Dios. Por eso, quien escucha mis palabras, las cree, las retiene y obra según la significación de ellas, alcanzará la semejanza divina, poseerá en sí la Vida eterna y será enteramente bienaventurado.

El destino del hombre

7.140.1 Pero no penséis que esto sea muy difícil de alcanzar, es exactamente al revés, es decir muy fácil; pues el yugo que pongo sobre vuestra nuca con mis mandamientos es suave y su carga es ligera. Durante los días de esta época oscura el Reino de Dios se hace fuerza y los que quieren poseerlo deben arrebatarlo con fuerza, lo que quiere decir tanto como: que ahora es difícil deshacerse de todos los viejos hábitos arraigados por la atracción, tentaciones y seducciones mundanas en el hombre. Es preciso desvestirse del hombre antiguo como de un vestido viejo y totalmente roto y vestirse de hombre nuevo con mi Doctrina.

7.140.2 Cuando en el futuro las criaturas sean educadas bien en mi Doctrina, entonces, como varones de voluntad fuerte y buena, tendrán que soportar un yugo más leve por mi Evangelio.

7.140.3 Sin embargo mi Doctrina es fácil de comprender; no exige del hombre nada más que crea en un Dios verdadero, y que le ame como a un buen Padre y Creador, que le ame sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismo, es decir que haga a su prójimo todo lo que pueda desear razonablemente que su prójimo le haga a él.

7.140.4 ¡No devolváis a nadie mal por mal sino haced el bien hasta a vuestros enemigos y realizaréis un gran progreso en pareceros a Dios, el cual hace salir su Sol sobre los hombres buenos y también sobre los malos! Ira y venganza deben desaparecer de vuestros corazones; en su lugar deben entrar misericordia, bondad y afabilidad. Cuando sea así, la semejanza a Dios ya no estará muy lejos y ésta es la meta única a la que todos vosotros habéis de aspirar.

7.140.5 Como ya he dicho: no es tan fácil como os figuráis. Sin embargo, quien valientemente lucha, tiene segura la victoria.

7.140.6 Pienso que nadie debe escatimar esfuerzos ni luchas siendo tan alto el premio de la victoria.

7.140.9 Hay muchos que temen la muerte del cuerpo y por esto prefieren quedar atados al mundo para que solamente se salve su cuerpo. Temen a los que matan su cuerpo pero no pueden dañar al alma; pero no temen a Aquel que puede también arrojar su alma al infierno o a la verdadera muerte eterna.

7.140.10 Dejémoslos. Pues no he venido a este mundo para juzgar y condenar, sino para salvar y vivificar a todo el que cree en Mí y cumple mi Doctrina, viviendo según ella».

El Amor condescendiente de Dios a los hombres. La posición de los hombres hacia Dios. La verdadera humildad. La adoración verdadera de Dios. Perdón de los pecados

7.141.1 Dijo Agripa, un romano: «¡Oh Señor, Tú, maestro infinitamente sabio desde la eternidad! ¡Cuán grande debe ser tu Amor hacia nosotros los hombres, tus criaturas, que te humilles tan profundamente, descendiendo en nuestra forma humana desde tus Cielos a este mundo sucio para enseñarnos y mostrarnos los caminos, si es que queremos obtener la Vida eterna!».

7.141.2 Dije Yo: «¡Querido amigo! En esta pregunta tuya se expresa la efusividad de tu corazón y es buena porque también tu corazón es bueno; pero sólo ahora empieza a aclararse tu mente y por eso el Amor de Dios hacia vosotros, los hombres, te parece todavía algo incomprensible, porque os imagináis a Dios como a un emperador poderoso que raramente se muestra al vulgo y menos aún le dirige la Palabra.

7.141.3 Si consideráis a Dios de esta manera, os engañáis mucho; pues Él es el Creador de todas las cosas y seres y no un emperador orgulloso, sentado en trono de oro, que toma a sus súbditos por gusanos desdeñables y amenaza con la muerte a todo el que se atreva a acercarse sin permiso a su trono.

7.141.4 Ahora bien, si todos los seres son obras de Dios, entonces también son obras de su Amor, de su Ser y de la altísima Sabiduría divina, la cual les da su forma correspondiente y también las mantiene. Si por lo tanto nunca una criatura podría subsistir sin Amor ni Sabiduría divinos ¿cómo te sorprende que Dios os ame tanto a vosotros, los hombres?

7.141.5 Vosotros mismos sois puramente Amor de Dios y en Dios, y vuestra existencia en sí sólo es Amor de Dios en forma humana, por su Voluntad. Si irrefutablemente así es ¿cómo os extrañáis que Dios os ame tan inmensamente que Él mismo haya venido a vosotros en forma humana, a enseñaros los caminos para recibir una vida independiente y libre semejante a la suya que surja de vosotros mismos? ¿No sois obras de Dios? ¡Sin duda lo sois!

7.141.5 Desde la eternidad Dios es un maestro perfecto en el macrocosmos y en el microcosmos; nunca ha sido chapucero ni chambón, y por eso no ha de avergonzarse de sus obras. Y el hombre es la criatura más perfecta de todas las muchas y eternamente diferentes criaturas, el punto culminante del Amor y la Sabiduría de Dios, destinado a llegar a ser él mismo un dios. ¿Cómo podría avergonzase Dios de su obra excelentísima, considerándola demasiado indigna para aproximarse a ella?

7.141.8 ¡Miradme a Mí! Solamente Yo soy el Señor desde la eternidad. Y ¿cómo es que estoy ahora entre vosotros? Os llamo hijos, amigos y hermanos y es lo que sois para Mí, según el discernimiento de cada hombre; no hay postergación ni preferencia. Cada hombre es mi obra perfecta que debe reconocerse y considerarse como tal, y no desconocerse ni despreciarse enteramente por culpa de toda clase de monstruos. Quien se desprecia a sí mismo, siendo mi obra, también me desprecia a Mí sin duda alguna , a Mí, el maestro. ¿En qué puede esto ser bueno?

7.141.9 Amigos, la humildad en el corazón del hombre es una de las virtudes más necesarias, con la que ante todo se puede llegar a la Luz interior de la Vida. Pero esta virtud sólo consiste verdaderamente en un justo amor a Dios y al prójimo. Es con la paciencia suave del corazón con la que el hombre reconoce la superioridad, y nunca se eleva soberanamente sobre sus hermanos mucho más débiles sino que los abraza y les ayuda con gran amor, procurando elevarlos a la perfección conocida con enseñanza, consejos y apoyo. En esto consiste la única humildad verdadera y nunca en el desprecio de sí mismo.

7.141.10 Yo mismo soy humilde y apacible con todo mi Corazón y mi paciencia sobrepasa todos los límites; pero nunca habréis visto que me haya despreciado a Mí mismo ante los hombres. Quien no se considera como una obra justa de Dios, tampoco puede respetar ni al prójimo ni a Dios según la Verdad, sino sólo según cualquier concepto totalmente errado.

7.141.12 Por este motivo ¡consideradme como un hombre perfecto, que contiene la plenitud del Espíritu de Dios y por esto es ahora vuestro maestro y doctrinador y así nos entendemos de la mejor y más útil manera para vosotros! ¿Lo habéis comprendido?».

7.141.13 Dijo Agripa: «¡Sí, Señor y maestro, lo hemos comprendido perfectamente! Pero ¿qué debemos opinar de las oraciones y de los salmos tan usuales entre los hebreos? ¿Acaso no quieres ser adorado como Dios único y verdadero?».

7.141.14 Dije Yo: «Verdad es que Moisés dice: “El sábado es un día del Señor; en este día debes abstenerte de trabajos pesados y orar con corazón limpio a Dios, tu Señor”. Pero os digo: a partir de ahora cada día es un día del Señor, en el cual el hombre justo, según mi Doctrina, debe hacer el bien. Quien hace esto según mi Doctrina celebra el verdadero sábado y en verdad ora constantemente a Dios y Yo tengo gran complacencia en esto.

7.141.15 A quien sabe que ha pecado, se reconcilia con aquel contra quien ha pecado y en adelante no peca más, le serán perdonados sus pecados; pero hasta que no se abstenga de ellos, a persona ninguna se le remiten ni perdonan sus pecados por determinados rezos, mortificaciones o ayunos.

7.141.16 Mientras alguien esté dentro del pecado, no podrá ser recibido en mi Reino de la Verdad porque el pecado pertenece siempre en el ámbito de la mentira y el engaño».

La forma y el espíritu de las criaturas

7.142.3 Al primer egipcio le agradaba la belleza del ángel Rafael y me dijo: «He de confesar que mi forma en comparación con la de tu servidor es realmente fea; sirve bien para nuestro clima, pero no es hermosa ni noble. También sé que en este mundo nada importa la forma exterior sino la perfección del alma; pero en tu reino debe contar la forma exterior, de lo contrario los espíritus puros no las tendrían tan hermosísimas y nobles».

7.142.7 Dije Yo: «Desde la antigüedad los hombres han hecho instrumentos que producen sonidos, como arpas, flautas, trombones y címbalos, entre nosotros; entre los griegos la lira, el pífano y el arpa eólica. Cuando estos y muchos otros instrumentos musicales están bien afinados y en perfecta armonía unos con otros, al usarlos producen una melodía pura y extremadamente armoniosa. De lo contrario, es decir cuando los instrumentos están desafinados, no es posible producir melodía alguna y menos aún una armonía pura.

7.142.8 Ahora piensa en el alma del hombre. Si está en buena y verdadera proporción con su cuerpo, también se encuentra en la verdadera armonía de la vida y esta armonía da al alma su belleza, la cual no será visible enteramente sino cuando el alma esté en mi Reino fuera del cuerpo. No obstante, ya quien en el cuerpo y en este mundo mire atentamente la cara de hombres buenos y malos, pronto se dará cuenta que un hombre bueno también presenta a la vista una forma exterior agradable y complaciente, mientras que uno malo ya tiene desde muy lejos algo repugnante que no puede disimular ni en su cara ni en su comportamiento. La razón de ello estriba en la armonía interior del alma o, en el caso de hombres malos, en su disonancia.

7.142.9 Tales diferencias también las puedes encontrar en el reino animal e incluso en el vegetal. Huelga decir que estas diferencias en la forma se manifiestan de manera más acentuada en el reino de los espíritus, en tanto que en el mundo físico sólo existen de manera alusiva.

7.155.1 Prometer es mucho más fácil que cumplir las promesas.

7.155.2 Como Dios lo puede todo, también es posible que hombres mundanos y pecadores empedernidos puedan transformarse en breve y eficazmente cuando con seriedad y llenos de fe y confianza en Dios hagan lo que la Sabiduría divina les aconseja. El hombre tiene que realizar verdaderos milagros en sí mismo mediante una repentina transformación de su voluntad, es decir, negarse totalmente a sí mismo en lo referente a las viejas flaquezas, hábitos, veleidades y pasiones malignas que se infiltran en el alma por los espíritus impuros y la deforman e impurifican.

7.156.12 Pues quien no busca seriamente a Dios, sino que se dedica enteramente a satisfacer los placeres y deseos del mundo, perderá a Dios, y Dios no le hará saber cuanto Él se ha alejado. Sólo después de haber comenzado de nuevo a buscar Dios por propia iniciativa y necesidad, Dios se deja encontrar y se acerca a él según la medida del esfuerzo del buscador.

7.156.13 Las actitudes beatas y la gazmoñería no tienen valor ante Mí.

7.157.1 Quien me dice: “Señor, Señor”, todavía está lejos del verdadero Reino de Dios, pero quien cree en Mí y hace lo que Yo le he enseñado, también alcanzará lo que le ha sido prometido y mostrado, y percibirá por hechos en sí mismo que mis palabras no son palabras humanas sino verdaderas palabras divinas; porque mis palabras en sí mismas son Amor, Luz, Fuerza y Vida. Mis palabras expresan abiertamente mi Voluntad. Quien acepta mi Voluntad y actúa según ella, tendrá en sí la Vida eterna, viviendo eternamente aunque -si esto fuera posible- físicamente muriera cientos de veces.

7.168.8 La fe y la confianza tienen que ser practicadas hasta que lleguen a tal punto que unan la voluntad propia a la mía, de manera que el deseo debe realizarse sin el menor fallo; pues sólo por la fe llena y viva y por la misma confianza, el hombre, en el espíritu y en mi nombre, puede cambiar su lugar a donde quiera».

Advertencia a la juventud liberada. Los ángeles. Cielo e infierno. Naturaleza de la visión interna

7.169.3 Recomendé a los jóvenes -a los que Yo había liberado de las duras cadenas de la esclavitud- que siguieran fielmente a todas las enseñanzas, consejos y amonestaciones del romano que dentro de poco iba a llevárselos a Roma, y que se comportaran bien en todo. De esta manera Yo mismo iba a tener complacencia particular en ellos y les iba a conceder diversas gracias.

7.169.4 También debían tener siempre presente que Yo soy omnipotente y omnividente, y sabedor de todos los pensamientos aun los más secretos. Esto les impediría actuar contra leyes y mandamientos de Orden vital; pues al igual que concedo gustosamente todas las gracias posibles de los Cielos a los hombres de corazón puro, los transgresores de las leyes sabias del verdadero Orden vital han de temer la férula.

7.169.5 Dije además a los jóvenes: «Hasta ahora habéis permanecido puros como mis ángeles en el Cielo y éste ha sido el motivo por el que Yo mismo os he liberado de las duras cadenas de la esclavitud. ¡Permaneced en adelante tan castos y puros y mis ángeles caminarán con vosotros y os protegerán de cualquier contrariedad y os conducirán por las vías de la Vida a mis Cielos! ¿Lo habéis comprendido, muchachos míos?».

7.169.6 Respondieron todos: «¡Querido Padre y Señor! ¡Tomaremos buena nota de ello y también seguiremos fielmente tus consejos! Pero dinos: ¿Qué apariencia tienen tus ángeles y dónde están tus Cielos verdaderos?».

7.169.7 Dije Yo: «¡Mirad, aquel joven que os ha provisto en mi nombre es uno de los primeros ángeles! Aquí dispone de un cuerpo a causa de los hombres, pero puede disolverlo cuando quiere. Y al hacerlo no muere sino que continua viviendo como espíritu puro, igual a Mí, obrando y actuando eternamente. Como este ángel lleno de fuerza y poder que ahora os señalo, los hay innumerables en mis Cielos.

7.169.8 Sobre vuestra pregunta de dónde se encuentran mis Cielos os digo: mis Cielos están en todas partes donde hay hombres y espíritus devotos, castos, buenos y puros. Todo el infinito espacio visible es el Cielo sin principio ni fin, pero sólo para hombres y espíritus buenos. En cuanto a los hombres y espíritus malos, se hallan en el infierno o sea en el juicio y en la muerte eterna, representado en este mundo por la materia.

7.169.9 Quien anhela los tesoros de este mundo que no son más que juicio, infierno y muerte, se dirige a la muerte junto con su propia alma. Por tal razón todos los espíritus malos casi siempre permanecen en la materia de este mundo; pero los espíritus buenos y puros, moran permanentemente en los libres espacios luminosos y puros del éter.

7.169.10 Para que vosotros, mis queridos jóvenes puros, podáis haceros una idea para siempre, voy a abriros por algunos momentos la visión interna y desde aquí, desde esta Tierra, veréis mis Cielos».

7.169.11 Preguntó un muchacho: «Querido Padre y Señor, ¿qué es la visión interna?».

7.169.12 Contesté Yo: «Cuando dormís vuestro ojo físico está cerrado y entre tanto en vuestros sueños claros veis diversos paisajes extraños, hombres, animales, árboles, flores, arbustos y estrellas y otras cosas más por el estilo, y las veis más claras y puras que las que veis en este mundo con vuestros ojos corporales. Todo lo que veis en los sueños es espiritual y lo veis con vuestra visión interna, la cual, cuando os encontráis despiertos en la Tierra, está cerrada y ningún hombre normal puede abrirla a voluntad como el ojo físico; lo que Yo dispuse así por razones muy sabias.

7.169.13 Cuando quiero, puede abrir en cualquier momento la visión interna a todo hombre, capacitándole para ver cosas naturales y espirituales al mismo tiempo. Esto es lo que quiero hacer ahora con vosotros para facilitaros enseñanzas más profundas, que deben grabarse para siempre en vuestras almas. Deseo que miréis a mis Cielos».

7.169.14 Habiendo Yo pronunciado estas palabras, los jóvenes vieron alrededor de sí una multitud innumerable de ángeles que amablemente conversaban con ellos y les animaban al bien. Al mismo tiempo percibieron, como penetrando con la mirada a través de la materia de la Tierra, una multitud de seres feos, funestos y desdichados, cuyas aspiraciones e intenciones eran las de enterrarse cada vez más en la materia. Pero también vieron en los espacios etéreos paisajes espléndidos y aquí y allá edificios maravillosos y magníficos. En espíritu fueron guiados por los ángeles que les mostraron y explicaron muchas cosas.

7.169.15 Pasado un rato, les llamé a la realidad de la vida terrenal.

7.169.17 Y les dije: «Mientras debáis vivir todavía en este mundo, para que más tarde podáis haceros espíritus libres e independientes mediante el libre albedrío, basta con lo que habéis visto; pues eso despertará en vosotros una gran afán y fervor por vivir y actuar según mi Doctrina y mandamientos.

7.169.18 Cuando ya seáis enteramente perfectos en el cumplimiento de mi Voluntad, entonces también, todavía en esta vida, seréis capaces de dominar enteramente vuestra visión interna así como vuestro oído espiritual interior».

Una caravana comercial de Damasco en sus apariencias material e inferno-espiritual

7.170.1 Al acercase una caravana, Helias, una doncella griega, corrió hacia el Señor, diciendo atemorizada: «Señor, Señor, ¿qué es esto?, ¡veo una caravana que se mueve en nuestra dirección, pero tras ella veo otra de aspecto terrible. En vez de camellos y caballos veo dragones de fuego y en lugar de hombres se ven verdaderas figuras diabólicas, envueltas en serpientes de fuego, los pechos adornados con calaveras! ¿Qué significa esto, Señor?».

7.170.3 Dije Yo: «¡Ved y comprended! Espero que sepáis desde hace mucho tiempo que la primera caravana está compuesta por comerciantes codiciosos y egoístas; pues un comerciante de Damasco no es mejor, ni por asomo, que un ladrón o un salteador. Estos comerciantes manifiestan toda clase de gentilezas al comprador para que les compre, a precios horrorosos, el mayor número de mercancías posible. Tan pronto como el comprador les ha comprado la mercancía, los vendedores, si no temen las severas leyes mundanas, intentan asesinarle inmediatamente y robarle no sólo la mercancía que le han vendido sino también el dinero que le queda y los efectos personales que lleva encima. Pero pese a estas intenciones son hombres respetados y altamente apreciados ante el mundo, y sus prójimos nunca harán reverencias lo bastante profundas.

7.170.4 Para que todos vosotros, amigos y discípulos míos, conozcáis mejor su naturaleza malvada en su verdadera forma interior, he abierto vuestra visión interna. Con los ojos físicos veis la primera caravana mundana como todo ojo humano sano puede verla; pero tras de ella habéis visto la espiritual, correspondiente a su carácter interior.

7.170.5 Los dragones incandescentes caracterizan la codicia ardiente por apoderarse de todos los tesoros de esta Tierra. Los demonios montados sobre los dragones indican precisamente a los comerciantes como hombres mundanos. La ceñidura de serpientes manifiesta su astucia, inteligencia y prudencia comercial. Las calaveras significan las enormes ganas de asesinar de estos verdaderos demonios mundanos. Si les fuera posible asesinarían a todos los hombres ricos para poder apoderarse de la manera más cómoda de todos los bienes y tesoros de esta Tierra.

7.170.8 Es más fácil que un hombre se mejore en este mundo, por malvado que sea, que no en el Más Allá un alma desnuda.

7.170.12 Este mundo es igual al infierno en todo; sólo que aquí el infierno está velado ante los ojos de los hombres al igual que también está velado en palabras y hechos el Cielo. Por ello aquí el Cielo puede influenciar saludablemente sobre el infierno; pero donde ambos están al desnudo, la influencia es difícil o casi imposible.

7.180.34 Lo que hacéis, hacedlo en silencio y no os hagáis elogiar del mundo por ello; pues basta con que Dios sepa cuando alguien hace el bien secretamente. A Dios nada le es desconocido ni nada permanece escondido ante Él. Quien se deja elogiar y honrar por el bien realizado, ya recibe el pago en este mundo y la recompensa en mi Reino será pequeña.

La ociosidad como mal mayor

7.181.25 La ociosidad de los hombres es una vieja trampa de Satanás, en la que estos se dejan seducir voluntarios para su perdición eterna. Sin embargo, no es posible crear hombres más perfectos de lo que son. Poseen raciocinio, inteligencia, el mayor libre albedrío y una conciencia justa que les advierte constantemente. Y además de estas buenas cualidades disfrutan en todas partes y en todas épocas de maestros activos y de sabios despiertos, iguales a ángeles. Pero su indolencia u ociosidad llenas de lujuria les apartan de lo justo, de lo verdadero y de lo bueno, y de este modo les hacen sucumbir en el reino de la perdición. Nada puede ayudarles sino un juicio tras otro y castigos continuos. Y aún estos sólo ayudan a una minoría insignificante.

7.181.27 ¡Creed que verdaderamente no disfruto permitiendo que muchas veces los hombres ociosos sean castigados en la Tierra por mil clases de plagas! Pero no hay remedio, pues si un amo no despierta casi diariamente a sus perezosos y soñolientos siervos rendidos a la ociosidad, animándoles a trabajar, su cosecha, beneficio y ganancia serán sumamente escasos. Sólo el celo del amo en despertar oportunamente a sus siervos y trabajadores produce beneficio».

El Señor cuenta sus tiempos de juventud

7.205.2 Después de haber terminado el almuerzo, uno de los fariseos convertidos habló de los tres días en el Templo y cómo en aquel tiempo mi sabiduría de doce años asombró a toda la jerarquía del Templo de modo que por algunos años los del Templo opinaron que Yo podría ser el Mesías prometido. Pero como después ya no se oyó decir nada de Mí, el asunto perdió paulatinamente importancia en el Templo para sólo despertar nuevamente hacía poco por mi aparición en público.

7.205.4 Dijo Lázaro: «Señor y Maestro, soy indescriptiblemente feliz por poder llamarte amigo mío, pero más bienaventurado sería si fuera Jacob, que te vio descender de los cielos abiertos a la Tierra, y siempre estaba a tu lado».

7.205.5 Dije Yo: «Verdad es que Jacob es un hombre bienaventurado y también ha sido envidiado muchas veces por los mismos ángeles del Cielo, aunque sólo en un sentido sumamente noble, pese a lo cual no tiene preferencia ante otro hombre. Su mérito estriba única y exclusivamente en que oye mi Palabra, la cree y obra según ella por amor a Mí. Quien hace lo mismo tiene la misma preeminencia que mi querido hermano Jacob.

7.205.6 Oíd, ahora voy a relataros un extraño acontecimiento de la época en que Yo tenía veinte años de edad.

7.205.7 Siempre ayudaba como carpintero a José, mi padre nutricio. Yo trabajaba con aplicación y perseverancia y cuando cooperaba, el trabajo siempre marchaba bien y se realizaba satisfactoriamente.

7.205.8 Cierto día llegó un griego pagano para encargar a José la construcción de una casa y de una pocilga nuevas.

7.205.9-10 José, como judío puro y severo, no quiso aceptar el trabajo porque la ley prohibía a los judíos el trato con los paganos, aun cuando el griego le aseguró que había adoptado la fe divina de los judíos desde hacía ya tiempo.

7.205.12-16 Luego recordó a José que en Egipto también había trabajado para los paganos y pese a ello había seguido siendo un judío casto. Entonces José se acordó de este griego y de la amistad establecida en Zoán, Egipto, y del hecho que el griego también se interesaba por el extraño muchacho, al que entonces José pedía consejo y al que los paganos veneraban como a un Dios.

7.206.1 José me señaló a Mí, que trabajaba en el taller, refiriendo que todas mis cualidades aparentemente divinas se habían perdido completamente desde mi duodécimo año.

7.206.2 Entonces el griego se dirigió directamente a Mí y me preguntó cómo esto era posible.

7.206.3 Yo le respondí con uno de los sabios dichos de Salomón de que todo en este mundo tiene su tiempo, y añadí:

7.206.4 “Sigo siendo el mismo y volveré a realizar signos ante los hombres para mostrarles que el Reino de Dios ha venido. Pero cuándo lo haré, eso será determinado por Mí mismo en tiempo oportuno. ¡Bienaventurado sea el que creyere en Mí y no se escandalice por Mí!”.

7.206.6 Ahora José deseaba aceptar el trabajo del griego, pero por prudencia quiso antes todavía asegurarse del consentimiento de los sacerdotes y le dije:

7.206.11 “En verdad te digo: quien medrosamente aspira a la amistad del mundo pierde fácilmente la amistad de Dios”.

7.206.15 Entonces di testimonio que el griego era un hombre de buena fe y un amigo de la Luz verdadera.

7.207 Finalmente José consintió en encargarse del trabajo del griego sin hacerlo saber a la sinagoga y pronto concluyó el negocio con él.

[Los capítulos 208 y 209 relatan el viaje hacia la propiedad del griego, situada en los montes en dirección a Tiro. El griego disponía para este viaje de algunas bestias de carga que esperaban en un albergue de Nazaret. El dueño del albergue expresó al bien conocido José sus reparos a empezar un viaje en este día en el cual había habido un eclipse solar, lo que significaba día de mala suerte.]

7.208.5 Y dije: “Vale más que hagas caso a las enseñanzas de Moisés y de los profetas. Esto te resultará más útil que si consideras los días de Luna nueva y si distingues días de buena y de mala suerte. Aquel que cumple con las leyes de Dios, que ama a Dios sobre todo y a su prójimo como a sí mismo, no tiene que temer días de mala suerte. De lo contrario, cada día será un día de mala suerte para él”.

7.208.31 Una hora antes de la caída del sol llegamos a nuestro destino,

7.209.1 un villorrio, situado en un monte bastante alto, con la finca del griego, la mansión y los establos en lo más alto del todo.

7.209.9 Desde la cima se veía el mar y como era un día claro de verano todos gozamos de un panorama magnífico.

7.209.10 Y José dijo enteramente conmovido: “¡Esta Tierra es tan bella que no puede desearse un lugar más hermoso ni magnífico para educar a los hijos de Dios! ¿Cómo debe ser de hermoso el cielo que hemos de esperar tras la muerte del cuerpo y después de la resurrección el día del juicio? Entre esta vida apagada y esa resurrección magnífica debe existir una noche sin vida bastante larga y oscura, pero yo veo el asunto como sigue: si alguien debe velar una noche entera durante la vida corporal ¡qué larga se le antoja!; pero cuando duerme de un tirón, muchas veces le parece demasiado corta al despertar por la mañana. Y pienso que igualmente en el día de la resurrección no nos parecerá demasiado larga, pues el amado Señor y Dios lo organizó todo tan bien que debe redundar en beneficio de quienes cumplen sus mandamientos y confían en Él”.

7.209.11 El griego estuvo de acuerdo con la opinión de José y me preguntó cuál era mi parecer.

7.209.12 Y Yo le dije: “Son palabras hermosas y sabias. Lo malo es que no corresponden a la Verdad. Pero como estoy con vosotros, ¿por qué no me preguntáis qué es lo que le sucede al alma después de desencarnarse? Sin duda alguna Yo lo sabré mejor que vosotros. Aunque no sé nada de una noche eternamente larga del alma tras la muerte del cuerpo. Al contrario, cuando el alma se libra del pesado cuerpo ya te encuentras en la resurrección y sigues viviendo y actuando en la eternidad, si es que abandonas esta Tierra como hombre justo ante Dios.

7.209.13 Si mueres como injusto ante Dios, entre la muerte del cuerpo y tu resurrección verdadera habrá una noche muy larga, de la que el alma será consciente: será su muerte real e infinitamente larga. Pues una muerte inconsciente para el alma no sería muerte. Y la muerte, de la que el alma es consciente en el reino de los espíritus impuros, será para ella tormento y sufrimiento grandes”.

7.209.14 Luego dijo el griego: “Aquí disfrutamos un panorama maravilloso percibido por el alma viva y sensible a través de los ojos del cuerpo, como viendo por las ventanas de su morada temporal llamada cuerpo. Me pregunto si después de desencarnar, el alma puede contemplar y apreciar el mundo y su hermosura. ¿Puedes tú, querido joven, lleno de la fuerza de Dios, informarnos sobre este asunto?”.

7.209.15 Respondí Yo: “El alma del hombre justo y perfecto podrá abarcar detalladamente no sólo esta Tierra sino también muchas más cosas, pues esta Tierra no es el único mundo en el espacio infinito de la Creación sino que hay en él una cantidad innumerable de Soles y planetas, y otros tantos en el Reino de los espíritus puros.

7.209.16 De ello el hombre no puede tener idea clara hasta que lo perciba del Espíritu divino en el corazón de su alma y cuando ha entrado en una visión ampliada.

7.209.17 En pocas palabras: el alma perfecta lo puede todo; sólo el alma imperfecta, espiritualmente ciega, no podrá ver cosa otra sino las quimeras fútiles de sus imaginaciones vanas. Pero si en la vida desencarnada un alma vuelve en sí y se mejora, pasará entonces a percibir visiones más verdaderas, aunque lo conseguirá a través de un camino más largo y más difícil que aquí en esta Tierra. Ahora sabéis lo más necesario. ¡Creed que es así, observad los mandamientos y os haréis perfectos en vuestras almas!”.

7.209.18 Dijo el griego: “Lo creo sin duda alguna y estoy convencido que así es, pero nosotros los griegos carecemos de una idea correcta sobre la forma del alma. ¿Puedes Tú explicárnoslo?”.

7.209.19 Dije Yo: “De buena gana lo haré: El alma tiene la misma forma y figura que su cuerpo, sólo que en medida más perfecta - hablando sólo de almas perfectas. El alma tiene todo lo que poseía su cuerpo, aunque para finalidades diferentes. Su cuerpo espiritual no es materia sino substancia pura.

7.209.20 Su substancia es igual a la luz procedente del Sol, la cual no es parecida a la materia, pero, a pesar de ello, es el elemento básico de la materia, sin ser la misma cosa que ella, porque cada elemento básico es libre e independiente.

7.209.21 Para que podáis haceros una idea más clara, os recuerdo las apariciones de muertos que frecuentemente habéis visto y con las que incluso habéis hablado. ¿Tenían otro aspecto que el que presentaban durante la vida terrenal?”.

7.209.22 Dijo el griego: “Ahora reconozco enteramente que has dicho la verdad en todo. Nunca las vi ni les hablé sino en su perfecta forma humana. Te agradezco de todo corazón esta enseñanza”».

El viaje a Tiro

Durante la mañana del día siguiente, después de haber disfrutado a la luz matutina de la magnífica región desde la cumbre del monte, José y el griego, Anastokles de nombre, se disponían a discutir sobre el material necesario y sobre el plano de la construcción.

7.210.5 Mas Yo les dije: «Todo esto nos lo podemos ahorrar hoy y mañana ya no lo necesitaremos. A mi parecer debemos bajar ahora a Tiro donde quizás alguien necesita nuestra ayuda».

7.210.7 Todos estaban de acuerdo y como el trayecto requería siete horas incluso en bestias, nos pusimos en camino.

7.210.8 Cuando alcanzamos la ciudad en cinco horas, el griego lo consideró una verdadera maravilla. Después del almuerzo en un albergue, nos dirigimos a la orilla del mar, y desde un lugar despejado pudimos abarcar con la vista el puerto, los numerosos barcos y el mar abierto.

7.210.10 Pronto divisamos a lo lejos un enorme navío expuesto a la inclemencia de la tempestad y del oleaje cada vez mayor, y que corría peligro de naufragar. Y Yo dije: «En este navío viaja nuestro amigo Cirenio, no debemos dejarle perecer. Éste es el motivo por el que Yo quería estar hoy aquí en Tiro».

7.210.11 José se opuso preguntando: «¿Cómo podremos llegar tan lejos sobre el mar embravecido y ayudar allí al gobernador?».

7.210.12 Dije Yo: «¿No visteis ayer cómo mi Voluntad alcanzó hasta el Sol? Entonces también soy capaz de reinar sobre el mar. Verdad es que hubiera podido hacerlo desde lejos pero es mejor que nos encontremos aquí, lo que más tarde comprenderéis claramente. Ahora, ante todo, tenemos que ayudar».

7.210.13 Acto seguido puse mis manos sobre el mar enfurecido y dije con voz alta: «¡Cálmate, monstruo furioso! ¡Yo lo quiero y así sea!».

7.210.14 Habiendo pronunciado tal sentencia, el mar se calmó súbitamente y el navío del Cirenio fue sacado rápidamente por un poder invisible a la orilla, y de esta manera salvado con todos de hundimiento seguro.

7.210.15 Muchos de los presentes se preguntaban qué hombre era Yo, que los elementos me obedecían. La gente discutía mucho en la plaza sobre ello, pero nadie se atrevió a preguntarme quién era.

7.210.16 Luego el navío atracó en la orilla y todo el mundo se apresuró a saludar al gobernador. Nosotros nos quedamos en nuestro sitio.

Encuentro de Jesús con Cirenio

7.211.1-4 Llegado felizmente a Tierra, Cirenio expresó a los funcionarios públicos y dignatarios romanos que le esperaban y le felicitaban por su salvación, su sospecha de que el final repentino de la tormenta podría deberse a un joven maravilloso, como ya le había pasado en Zoán, en Egipto, y que habría que atribuirlo al mismo poder misterioso que en aquella ocasión. Entonces uno de los testigos presenciales le relató el suceso del apaciguamiento de la tempestad efectuado por el joven, y señaló al grupo alrededor de Jesús que todavía permanecía en el mismo lugar.

7.211.5 Cirenio se apresuró a dirigirse a las cuatro personas indicadas, reconoció inmediatamente a José y le preguntó: “Amigo ¿no eres tú el mismo judío que, gracias a mí, huyó con su pequeña familia a Zoán, en Egipto, hace cerca de veinte años a causa de la persecución del viejo Herodes? Y si lo eres, dime ¿qué ha sido del pequeño muchacho maravilloso a quien yo tenía evidentemente por un Dios?”.

7.211.7 José se inclinó profundamente y luego dijo: “Alto soberano, es un honor para nosotros, carpinteros de Nazaret, que tú mismo hayas venido a nosotros. Pero como ya estás aquí, te agradezco con todo mi corazón todo el bien que nos prestaste a mí y a mi familia aquí y más tarde en Egipto. Confirmo que soy el mismo carpintero y este joven y noble adulto, también carpintero, es el mismo a quien considerabas un muchacho maravilloso”.

7.211.8 Cuando Cirenio se vio frente a Mí, le embargó una alegría enorme.

7.211.17 Entretanto Yo había empezado a hacer pasar bajo las aguas claras, como un espejo de la orilla del mar, a todos los animales marítimos que había para mostrarlos a los míos. Cirenio no se privó de esta enseñanza intuitiva y también llamó a su séquito. Pronto Cirenio dijo entusiasmado:

7.211.18 “¡Oh fantasía infinita de un Dios verdadero! ¡Oh plenitud de sus pensamientos materializados! ¡Qué diversidad sin fin! No conocemos las especies según los nombres y Tú, Señor, en tu Voluntad y según tu sabiduría las llamas seguramente con nombres, y todos los animales marítimos siguen tu llamada omnipotente”.

En el palacio de Cirenio

7.212.6 Todos, incluso el griego Anastokles, se dirigieron al suntuoso palacio de Cirenio. También sus altos consejeros, ministros y generales moraban en palacio.

7.212.7 Cuando entramos en los aposentos de Cirenio, el griego quedó atónito, pues no había visto antes tanto lujo ni riqueza.

7.212.7 En secreto Anastokles me dijo: “Maestro lleno de poder divino, es increíble la abundancia de tesoros y riquezas que hay aquí! ¡Qué fortuna posee un solo hombre mientras millares pasan privaciones!”.

7.212.9 Dije Yo: «Así es mejor; pues si todos los hombres poseyeran tales y tantos tesoros, primero no tendrían valor alguno y segundo los hombres perderían en breve estímulos para la actividad, y finalmente pasarían la vida ociosos; sólo el hambre y la sed les incitarían a realizar las actividades necesarias.

7.212.10 Si Cirenio te diese sólo una de estas magníficas perlas como retribución a cualquier trabajo que hicieras para él, te emplearías a fondo en ganártela. Sin embargo, si tuvieses tales perlas en abundancia, seguramente dirías: “Por esta perla puede trabajar quien quiera”. Así es bueno para los hombres que tales tesoros y riquezas espléndidos se encuentran sólo en manos de unos pocos hombres inteligentes.

7.212.13 Mientras que Yo me entretenía con el griego, Cirenio y José conversaban animadamente sobre Mí. José le contaba todo lo que Yo había hecho hasta entonces, de lo que Cirenio se alegraba mucho.

La verdadera veneración a Dios

7.213.1 Al final del relato de José, un funcionario, alto consejero, dijo a Cirenio: “Si todo esto se confirma, este joven hombre debe ser evidentemente un dios, pues nadie ha oído decir nunca que un hombre común haya realizado tales hechos sólo con el poder de su Voluntad.

7.213.2 Él lo quiere y los elementos se someten a su Voluntad. Manda a los animales marítimos como un general a sus tropas, y obedecen su orden. No necesito otras pruebas para confirmar su naturaleza divina. Por ello deberíamos honrarle como a un Dios”.

7.213.3 Dije Yo al consejero: “¿Cómo lo haríais?”.

7.213.4 Respondió el consejero: “Como veneramos al dios Júpiter o como vuestros sacerdotes veneran a Jehová”.

7.213.5 Contesté Yo: “¡Amigo, tales veneraciones no me servirían, porque no son reales ni justas!

7.213.6 La única y verdadera veneración valedera para Dios consiste primero en la fe inquebrantable en un Dios verdadero, Creador de los Cielos y de la Tierra; segundo en amar a este Dios sobre todas las cosas, y en vivir y obrar según su Voluntad; y tercero en amar también al prójimo como a sí mismo.

7.213.7 En estos tres mandamientos estriba la verdadera veneración a Dios; todo lo demás es vano y sin valor ante Él.

7.213.9 Dios no necesita otra veneración de los hombres, a los cuales quiere educar para verdaderos hijos, sino la de que le amen sobre todas las cosas como a un Padre verdadero y santo y que hagan siempre y de buena gana lo que Él les anuncia según su Voluntad.

7.213.10 Por eso os digo: todo lo que es grande y sublime para el mundo, delante de Dios es una abominación. Verdaderamente grande ante Dios es un hombre humilde que le ame sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismo y no se alce sobre los demás como cualquier opresor, sino que sea para ellos un amigo benévolo.

7.213.11 ¡Tomad ejemplo de Mí! Ciertamente soy único en el mundo. En mi Fuerza y Poder están los Cielos y la Tierra y, sin embargo, soy humilde y afable de todo Corazón y he venido para servir a todos, superiores e inferiores. ¡Haced lo mismo y me honraréis de la mejor manera!”.

Intenciones de Dios hacia los hombres

El consejero romano manifestó sus dudas y criticó la naturaleza humana, diciendo:

7.216.10 “Sólo tenemos una inteligencia natural; y siendo ésta limitada, ¿dónde buscaremos una sobrenatural? El hombre es el ser más próximo a sí mismo y no se conoce. ¿Cómo podría conocer algo superior? Sin que intervenga su conocimiento ni su voluntad, la naturaleza humana o está totalmente corrupta y no vale para nada, o el hombre se encuentra casi como condenado a sentir su imperfección, volviéndose por ello muy desgraciado. Nunca he visto a un sabio verdaderamente feliz. Cuanta más sabiduría poseía, tanto más infeliz era al final de sus días. Su mayor amigo es siempre la muerte. En verdad me parece una afición extraña para un Dios omnipotente la de crear de continuo para destruirlo inmediatamente después”.

7.217.1 Dije Yo: “Bien has hablado y has expuesto elocuentemente tus dudas y críticas referentes a la naturaleza humana. Ahora me toca a Mí y puedo decirte otra cosa diferente de lo que piensas sobre el asunto.

7.217.2 Si Dios sólo hubiese creado a los hombres para esta Tierra, verdaderamente sería una afición extraña por su parte la de crear y destruir continuamente; pero como los ha creado para una Vida superior y eterna, los deja existir en esta Tierra hasta que hayan experimentado la necesaria prueba del libre albedrío o, por lo menos, el paso por la carne; el designio verdadero y vivo de Dios para sus hombres es que les deja en estado encarnado en este mundo de miserias y sufrimientos sólo el tiempo imprescindible para su perfección. Cuando el hombre verdadero abandona esta Tierra, ya será guiado en el Más Allá a escuelas adecuadas para hacerle alcanzar una perfección máxima y sublime de Vida. Entre otras cosas también recibirán allí enseñanzas sobre el Génesis y la primera pareja de la Tierra.

7.217.3 No obstante, algunos llegarán a la perfección ya en esta Tierra, a causa del prójimo, pero solamente por el camino de la verdadera veneración a Dios.

7.217.4 Para que en adelante no dudes más del destino del alma después de la muerte del cuerpo, voy a abrirte por cierto tiempo los ojos del alma y luego nos harás saber todo lo que hayas visto. Sólo lo haré con tu conformidad”.

7.217.5 Dijo el consejero: “Si, lo quiero. ¡Házmelo!”.

7.217.9 Acto seguido proporcioné al consejero la segunda visión con sólo mi Omnipotencia silenciosa y en el mismo instante se vio rodeado de sus parientes, amigos y conocidos, y al fin apareció hasta el propio Julio César, de lo cual el consejero se maravilló y me preguntó: “¿Todo esto es realidad o ilusión?”.

7.217.10 Dije Yo: “¡Habla con ellos, y te lo dirán, una ilusión no puede hablar!”.

Un relato de los espíritus sobre el Más Allá

7.218.1 En seguida, el consejero romano preguntó a los espíritus si eran realidad o ilusión y ellos respondieron:

7.218.2 “Somos realidades, y si no consigues comprenderlo, te engañarás a ti mismo”.

7.218.3 Preguntó el consejero: “¿Por qué sólo puedo veros ahora y no en otros momentos? ¿Por qué no os aparecisteis una de las tantas veces que he anhelado veros?”.

7.218.4 Respondieron los espíritus: “Podrías vernos y hablarnos si tu alma no estuviera tan ofuscada por los placeres sensuales del mundo material.

7.218.5 Los primeros habitantes de esta Tierra podían, pero cuando sus descendientes se hundieron progresivamente en la materia del mundo, y perdieron también la capacidad de ver las almas desencarnadas y tratar con ellas. Y por ello les sobrevino la noche de las dudas, en la cual hasta perdieron también la fe en la supervivencia después de la muerte corporal, por lo que se preguntaban temerosamente entre sí si de veras habría una supervivencia del alma tras la muerte del cuerpo.

7.218.6 Esta vacilación de los hombres sensuales fue un castigo verdadero a su perversidad moral; pues sin este castigo amargo se hundirían más profundamente aún en el juicio de la materia. Pero así el miedo a la muerte corporal les impide la depravación, ante la incertidumbre de si habrá o no una existencia posterior del alma.

7.218.6 Todos nosotros sufrimos en la vida corporal el mismo castigo y estuvimos llenos de dudas; sólo la efectiva separación del cuerpo nos convenció de la inmortalidad. Pero en el Más Allá sólo es feliz quien vivía con justicia y hacía obras de caridad; los injustos, los calumniadores inclementes y los egoístas sufren mil veces más que quienes aquí languidecen en las cárceles obscuras.

7.218.8 Verdad es que eres un hombre justiciero, pero también duro y sin compasión. Cuando llegues a nosotros con tus duras inclinaciones, hallarás la justicia inclemente y severa, sin amor ni misericordia. Aquí cada alma encuentra sólo lo que trae con su condición. Con nosotros uno se halla en el fondo y base propios de su existencia. Compréndelo bien y atente a mis consejos para que llegues bien provisto a nosotros; ¡tienes mejores oportunidades que las que tuvimos nosotros!”.

7.218.9 Dijo el consejero: “Ahora creo en vuestra realidad. Pero decidme: ¿quién es este joven judío que ante nuestros ojos realiza semejantes obras maravillosas?”.

7.218.10 Dijeron los espíritus: “Él es El que es, El que era y El que será eternamente. Su Voluntad no nos permite de decir más de Él. Como está con vosotros, puedes preguntarle”.

7.218.11 Acto seguido el consejero se dirigió especialmente a Julio César y le preguntó: “En la Tierra fuiste un héroe prudente, inteligente y poderoso; todos debían someterse a tus mandatos ¿cómo vives ahora en el mundo de los espíritus?”.

7.218.12 Contestó el espíritu Julio César: “Ya en el mundo coseché una mala recompensa por lo que hice para mi gloria; por eso poco traje de bueno a éste. Mi premio fue una pobreza grande y mi gloria se asemejó aquí a una noche obscura, en la que brillaban algunas estrellitas penetrando las densas y negras nubes.

7.218.13 Estuve mucho tiempo solitario, sin compañía. Podía llamar, implorar, llorar y buscar tanto como quisiera: nadie apareció. Clamé a los dioses, pero sin respuesta. Después de un largo período triste y lleno de desesperación por mi condición miserable, se me ocurrió dirigirme al Dios de los judíos. Inmediatamente se aclaró mi entorno y también las pocas estrellitas se hicieron más claras y pareció que se acercaban mí. Cuando vi todo esto puse mi entera confianza en el Dios judaico y le rogué encarecidamente que me ayudase en mi pena y miseria.

7.218.14 Otra vez se aclaró más alrededor mío y una estrella descendió junto a mí y reconocí una figura humana. Era el alma de un hombre al que alguna vez hice una obra de caridad. Me dijo: ‘Bienaventurado eres por haber encontrado en tu noche al verdadero Dios de los hebreos. Entierra tus ídolos, sobre todo tu propio ídolo mayor, la gloria de César, sé enteramente humilde y te llevaré a mi morada’.

7.218.15 Otra vez rogué al Dios de los judíos que quitase de mí la gloria y los ídolos falsos. Entonces todas las otras estrellitas descendieron a mí y me dijeron: ‘Como tú, también nosotros estábamos en la Tierra; pero éramos pobres judíos perseguidos por tus sacerdotes. Tú nos protegiste, nos hiciste algunos presentes y nos ayudaste a volver a nuestra patria. Ahora tú eres pobre y de todos tus tesoros terrenales no tienes nada sino lo que hiciste por nosotros. Con permiso de Dios hemos venido para retribuirte el bien que nos hiciste. Si quieres acompañarnos sin gloria, encontrarás alojamiento’.

7.218.16 Resolví seguirles y poco más tarde llegamos a una región magnífica. Era como un valle ancho con un gran lago hermoso. A lo lejos, el lago estaba rodeado por altos montes de aspecto maravilloso. En la parte delantera había algunas casitas de pescadores. Más lejos se veían otras cabañas parecidas. Los campos lucían un color verde exuberante. Pero sólo vi algunos árboles escasos que abundaban en hermosos frutos.

7.218.17 Entré en la primera casa a la derecha, donde moraba el primer amigo que me ayudó en mi gran miseria. Me dio algo de comer y de beber y los alimentos, pese a ser muy simples, me causaron mucho más alegría que todos los grandes tesoros y palacios que poseía en el mundo.

7.218.18 Después de reponerme suficientemente, salimos de la cabaña y vimos un bote en el lago sereno. Un hombre remaba en nuestra dirección. Pregunté quien era el barquero y mi amigo respondió: ‘De vez en cuando viene para enseñarnos con gran amabilidad lo que tenemos que hacer. Entonces nos vamos nuevamente a trabajar. Trabajamos con gran alegría y empeño, recibiendo la bendición del Dios verdadero de los judíos. Cuando vinimos a esta región tenía un aspecto desierto y estéril. Con nuestra diligencia y aplicación hemos conseguido su actual belleza y prosperidad. De hoy en adelante tú también querrás trabajar con nosotros y así recibirás la bendición que nosotros hemos recibido’”.

La vida de Julio César en el Más Allá

7.219.1 (El espíritu de Julio Cesar:) “Esto me causó gran alegría y junto con mi amigo fui a la orilla del lago. El barquero bajó a tierra y dijo: ‘En la orilla del lago, más arriba a la derecha, hay un pantano malo todavía lleno de diversas sabandijas, que contamina el aire de esta región. ¡Secad este pantano, llenándolo enteramente de buena tierra! Vuestra región mejorará cuando rellenéis este prado pantanoso y se conseguirá un buen pedazo de tierra muy fértil’. Mi amigo y yo le agradecimos el consejo. Mientras el banquero partía fuimos al trabajo verdaderamente duro.

7.219.2 En la casa hallamos las herramientas necesarias para el trabajo que se nos había aconsejado. Con mucha alegría y ganas de trabajar nos dirigimos al sitio indicado; pero me atemoricé cuando miré la gran extensión del pantano, pues en él había tan gran cantidad de sabandijas de aspecto abominable de toda índole y especie, que dije a mi amigo: ‘Hasta que sequemos este pantano pasarán por lo menos cien años terrestres’.

7.219.3 El amigo respondió: ‘¿Qué nos importan los cálculos de los tiempos terrestres? Aquí no hay tiempo y no se cuenta. Aquí perdura el mismo día eterno y nuestro tiempo depende de nuestra voluntad. Este pantano es la representación necesaria de la impureza que todavía tienes pegada en tu corazón y ahora es ante todo obligación tuya librarte de ella, aplicando una firme voluntad y una paciencia desconocidas por ti en la Tierra. Quiero ayudarte y pronto este pantano asqueroso será transformado fácilmente en tierra fértil’.

7.219.4 Al oírlo fortalecí mi voluntad y me puse a trabajar con toda la paciencia que me fue posible. Al principio parecía que este pantano jamás quisiera llenarse; pero poco a poco se notaba que no trabajábamos en balde, y así pronto llenamos de buena tierra el pantano maligno. Las sabandijas fueron aplastadas y sepultadas para siempre por la carga de tierra. De esta manera conseguimos un pedazo grande de terreno y pronto construimos en él una cabaña nueva que tenemos a disposición de forasteros a los que ayudamos como el amigo mencionado me socorrió a mí.

7.219.5 Desde entonces el barquero ha estado varias veces con nosotros y siempre nos ha indicado trabajos nuevos, los cuales hacemos, transformando nuestra región en un verdadero edén. Todavía vivo en el mismo sitio y no pido cosas ni mejores ni más hermosas. Por esto te aconsejo que renuncies a todo lo que tiene valor y es grande en este mundo, pues aquí entre nosotros sólo valen las obras y hechos verdaderamente nobles y buenos.

7.219.10 La diferencia entre nuestro mundo y el vuestro consiste sólo en lo siguiente: nosotros, los espíritus, vivimos en un mundo que es nuestro propio, mientras que vosotros habitáis el mundo de Dios; pues nuestro mundo es obra de nuestros pensamientos, ideas, deseos y voluntad; y el mundo vuestro es obra del Amor, de los pensamientos, de las ideas y de la Voluntad de Dios.

7.219.11 Por tal razón el hombre es la imagen de Dios, posee capacidades creadoras y en estado puramente espiritual puede crear por sí mismo su mundo y por esto habitarlo como propietario.

7.219.16 Te he mostrado como es la vida del alma después de la muerte del cuerpo humano”.

7.220.1 En este momento retiré la visión interna al consejero y ya no vio más a los espíritus. Luego me preguntó con temor a dónde habían ido porque ya no podía verlos, ni oírlos, ni hablar con ellos.

7.220.2 Dije Yo: “Todavía están presentes como antes; pero ahora no puedes verlos, ni oírlos ni hablarles porque tu alma está todavía demasiado unida con tu carne y no con el Espíritu de Dios. Sin embargo, si te esfuerzas por unirte con el espíritu que hay en tu interior, entonces podrás también ver, sentir y hablar a los espíritus que te rodean. ¿Me has comprendido?”.

7.220.3 Dijo el consejero: “¡Sí, Señor! Pero necesitaré muchos años para llegar a una claridad semejante”.

7.220.4 Dije Yo: “Quien busca asiduamente, hallará lo que desea. El hombre puede entregarse, como sucede frecuentemente, a la perdición de su cuerpo y aún más de su alma; y también puede por lo contrario esforzarse en alcanzar el beneficio eterno de su alma.

7.220.5 Si corren tantos riesgos en beneficio de su cuerpo, que dentro de poco morirá, ¿por qué no se exponen mucho más por el alma destinada a vivir eternamente?”.

Por eso, en adelante, sé más activo para el bien de tu alma que para el bien de tu cuerpo, y pronto habrá más Luz en tu interior».

Adán y Eva, primeros humanos de la Tierra. Los preadamitas

7.221.1 El Señor continuó su relato: «El Consejero al que Yo había posibilitado hablar con los espíritus del Más Allá, quiso saber si el género humano tenía su origen en una sola pareja humana o en varias, puestas en diferentes partes de la Tierra. Yo le enseñé como sigue:

7.221.3 “Quien quiere saber como se realizó la formación de los hombres de esta Tierra, que lea las escrituras de Moisés y crea que así fue. En ellas hallará la prueba verdadera si al principio fueron puestas sólo una pareja humana o varias al mismo tiempo.

7.221.4 Sólo puedo añadir que de los hombres llamados a volverse hijos de Dios, sólo fue puesta sobre la Tierra una pareja: Adán y Eva. Con esta pareja comenzó desde el Cielo la educación espiritual que continúa hasta nuestros días.

7.221.5 Mas es cierto que ya existían sobre la Tierra seres parecidos a los hombres, y que todavía existen hoy. Pero entre estos seres y el hombre libre propiamente dicho hay una gran diferencia.

7.221.6 El hombre verdadero es capaz de autoeducarse para llegar a la plena semejanza con Dios, pues puede comprender, comparar, evaluar y reconocer el sentido de Dios y de su Creación. El hombre-animal nunca será capaz de ello.

7.221.8 El verdadero hombre no debe poner su alma debajo de la naturaleza, sino que debe elevarse en su espíritu sobre toda naturaleza de materia y carne. Porque en la naturaleza de toda materia está el juicio, la impotencia y la muerte; sólo en el espíritu están la libertad y la vida eterna, todo el poder y autoridad. Que así es la cosa os di una prueba antes, a orillas del mar.

7.221.9 Por eso aspirad a que vuestra alma se una al espíritu, el cual ya os guiará por sí mismo en toda sabiduría; sin él dudaréis y vacilaréis entre Luz y obscuridad, entre Vida y muerte, entre libertad y juicio.

7.221.10 El hombre consigue la unión del Espíritu de Dios con el alma creada, por la fe viva en Dios, amándole sobre todas las cosas y amando al prójimo como a sí mismo. Quien lo sabe y lo hace por sí mismo sabrá que lo que os he dicho es pura Verdad.

7.222.9 Una gran mejora en los asuntos terrenales es siempre un empeoramiento real y duradero en el Reino del Espíritu, a cuyo progreso debe dedicarse únicamente el hombre.

7.222.10 ¿De qué le sirve al hombre ganar todos los tesoros del mundo si pierde su alma? ¿Aún no conocéis la corta vida de toda carne en esta Tierra ni la suerte final de la carne? En el Más Allá no importa que mueras como emperador o como pordiosero. Quien aquí poseía muchas riquezas, allí pasará muchas privaciones, mas quien aquí tenía poco o nada, poco o nada echará de menos en el Más Allá y alcanzará más pronto y fácilmente los tesoros del único y verdadero Espíritu vivo.

7.222.11 Por eso los patriarcas eran hombres tan felices, porque satisfacían sus necesidades vitales en esta Tierra, tan modesta y sencillamente como les era posible. Pero la soberbia y el orgullo estropearon a los hombres cuando empezaron a construir ciudades, especialmente a los que habitaban en los valles y planicies más bajos. Se convirtieron en hombres ociosos y pronto se entregaron a diversos vicios y con ellos cayeron en miserias. ¿Qué bien obtuvieron? Perdieron a Dios de los ojos de sus almas y toda la fuerza vital interior del espíritu los abandonó de manera que, iguales a muchos de vosotros, no podían creer ya en una Vida después de la muerte corporal.

7.222.12 ¿No fue un cambio terrible perder casi totalmente la influencia del espíritu por una mayor comodidad de la vida material?

7.222.15 ¡Aplicad todas vuestras fuerzas y recursos a lo que dura eternamente, y del cuerpo preocupaos sólo lo que razonablemente sea necesario! Huelga decir que el hombre debe comer, beber y proteger su cuerpo de la intemperie, es decir, del frío y del excesivo calor; pero quien trabaja más para el cuerpo que para el alma y finalmente hasta sólo cuida su cuerpo, y no trabaja en absoluto para la prosperidad del alma, es un tonto ciego.

7.222.17 ¡Espero que me hayáis comprendido! ¡No me preguntéis más sobre vanas cosas terrenales! Sólo he venido a este mundo para mostraros las vías que os conducen fácil y seguramente a la Vida eterna.”».

El camino para alcanzar la perfección espiritual

7.223.2 El Señor continuó su relato: «Dijeron los romanos entre sí: “Verdad es que el camino para alcanzar el puro estado espiritual es bueno y vale más que todos los tesoros del mundo; parece que el camino sea muy largo, áspero y difícil de tomar. Tal vez fuese oportuno preguntarle en cuanto tiempo podría conseguirse el estado perfecto observando fielmente las prescripciones y mandamientos para entrar en ese estado evolutivo. La obra podría ser realizada más fácilmente sabiendo el tiempo a emplear para obtener la realización. Se hace muy pesado trabajar en una obra cuyo fin no puede ser previsto”.

7.223.3 Se dirigieron a Mí a este respecto y Yo les respondí: “Obras y caminos espirituales no pueden ser medidos por horas ni por leguas sino exclusivamente según la fuerza de la voluntad, de la fe y del amor a Dios y al prójimo.

7.223.4 Quien pudiera negarse a sí mismo hasta el punto que renunciase totalmente al mundo, dando en medida justa sus tesoros a los pobres por amor a Dios, y no haciendo de las suyas con carne de mujeres, verdaderamente podría ser perfecto en tiempo muy corto. El muy bienaventurado estado de la verdadera perfección espiritual evidentemente tiene que hacerse esperar más para quien necesite más tiempo en purificarse de las escorias y residuos terrenales.

7.223.7 Sois hombres muy ricos pero vuestra gran riqueza tampoco es un impedimento para alcanzar el estado puramente espiritual si con ella y con amor verdadero a Dios y al prójimo, iguales a padres buenos y sabios para sus hijos, sabéis manejarla en beneficio de los menesterosos y no escatimáis ni sois avaros. Puedo aseguraros que Dios siempre os recompensará espiritualmente.

7.223.8 Si pensáis que Dios no ayuda al hombre que asidua y seriamente emprende el camino al Reino de Dios y a la Vida del espíritu, aún cuando a veces se canse y se debilite, os equivocáis mucho. Yo os digo: Quien una vez ha pisado seriamente este camino, será ayudado por Dios que sigue sus pasos sin que él lo sepa, y finalmente seguramente llegará a su meta.

7.223.9 Dios no forzará con su Omnipotencia la unión del alma con el Espíritu salido de Él, pero iluminará cada vez más el corazón humano y lo llenará de la verdadera Sabiduría de los Cielos, y así el hombre crecerá y se hará más fuerte espiritualmente, venciendo más fácil y confiadamente todos los obstáculos que pueden interponerse ante su mayor prueba.

7.223.10 Pero cuanto más amor empiece un hombre a sentir vivamente en sí a Dios y al prójimo y cuanto más misericordioso se haga en su ánimo, tanto más fuerte y mayor será ya el Espíritu de Dios en su alma. Pues el amor a Dios, y el amor al prójimo que sale de este, es justamente el Espíritu de Dios en el alma del hombre. De la misma manera que aumenta el amor en ella, crece el Espíritu de Dios en ella. Si finalmente todo el hombre ya ha sido transformado en amor puro y misericordia, el alma habrá conseguido la unión completa con el Espíritu y habrá logrado para siempre la meta suprema puesta por Dios a la vida humana.

7.223.11 Dios mismo es en sí el Amor supremo y purísimo; así es también el Espíritu dado por Dios a cada hombre.

7.223.12 Cuando el alma por su libre albedrío se semeja enteramente al Amor del Espíritu surgido de Dios, evidentemente se une con este espíritu, logrando así la perfección total. Pero no es posible determinar el tiempo necesario para alcanzar tal estado; ha de decirlo y manifestarlo el sentimiento propio del alma.

7.223.13 El verdadero Amor puro y vivo es en sí sumamente desinteresado, pleno de humildad, activo, lleno de paciencia y misericordia; no es una carga para nadie y aguanta todo de buen grado; no se complace en la miseria de sus semejantes, sino que procura constantemente ayudar a todos.

7.223.14 Por tal razón el Amor puro también es extremadamente casto y no halla gusto en la lujuria o satisfacción de la carne, sino que tiene una satisfacción mayor en la satisfacción moral del corazón.

7.223.15 Cuando el alma se prepara de esta manera, a través de sus libres aspiraciones y esfuerzos, entonces ya se asemeja a su espíritu y por consiguiente también es perfecta en Dios.

7.223.16 Ahora sabéis exactamente lo que habéis de hacer para alcanzar la perfección puramente espiritual.

7.223.17 Quien se dedica seriamente con ahínco y diligencia a andar este camino, sin duda alguna será ayudado siempre por Dios a conseguir esta meta suprema de la vida.

7.225.3 Donde no haya fe, no habrá intelecto ni razón verdaderos, ni Luz clara.

7.225.13 La Verdad nunca yerra su meta buena.

7.225.21 Dios, que todo lo ve y lo sabe, pronto proporcionará al malhechor el castigo justo que ha merecido.

7.229.8 A quien puede perdonar de todo su corazón a su mayor enemigo, también Dios le perdonará los grandes pecados».

El Señor terminó sus relatos con las palabras: «Estos fueron mis hechos, obras y enseñanzas realizados cuando tuve veinte años, que hasta ahora poca gente conocía22”».

TOMO 8

El ángel Rafael escarmienta rigurosamente a fariseos

8.1 A principios de la noche, unos fariseos disfrazados que perseguían al profeta de Nazaret, son enseñados por el ángel Rafael y más tarde por Lázaro, sobre el Ser divino de Jesús así como sobre el libre albedrío del hombre y la vida del alma en el Más Allá. Los fariseos se convirtieron.

8.1.25 El ángel Rafael escarmienta rigurosamente a estos fariseos, diciendo: «¡No olvidéis que el poder, la sabiduría, la omnisciencia y la severidad de Dios son infinitos y le es imposible al débil hombre mortal hacer algo en contra Él y sus caminos!

8.1.27 ¡Bendito sea quien crea en Él y busque su benevolencia y su amistad!».

8.11.9 El Señor: «Luchando hemos conseguido ahora una gran victoria en el asunto de la vida, pero el infierno todavía continúa siendo sumamente activo y el príncipe de la mentira y la obscuridad es más activo que antes para que se pierda y arruine la siembra de la nueva Vida, surgida de Mí...».

El peligro de la materia.

8.12.1 A esta última observación del Señor, el romano Agrícola opinó excitado que era fácil para la Voluntad omnipotente del Señor poner fin para siempre a las actividades malvadas del príncipe de la mentira y la obscuridad, el cual obra contra Dios, y exclamó: «¡Hazlo, oh Señor y Maestro, y el orden y la calma, la Verdad, el amor y la justicia reinarán entre los hombres!».

8.12.3 Respondió el Señor, objetando: «¡Bien puedes hablar así porque no entiendes ni en qué consiste el infierno ni el príncipe de la mentira y la obscuridad!

8.12.4 Con razón afirmas que, sin duda alguna, tengo poder para destruir el infierno junto con su príncipe y todos sus demonios; pero si lo hiciera no tendrías la Tierra bajo tus pies, no habría más Sol, ni Luna ni estrellas. Toda la Creación material es un juicio continuo según el Orden inmutable de mi Voluntad y de mi Sabiduría. Deben existir para que las almas humanas puedan conseguir, luchando en el terreno duro del juicio, la libertad y la independencia perfecta de la Vida eterna e indestructible.

8.12.4 Si siguiendo tus consejos disolviera toda la creación material, tendría que exterminar todos los cuerpos humanos, herramienta necesaria del alma, única con la cual puede el hombre conquistar y adquirir la Vida eterna según mi Sabiduría más elevada y mi conocimiento profundísimo.

8.12.6 Aunque el alma necesita indispensablemente al cuerpo para obtener la Vida eterna, es su mayor desgracia; pues si se deja seducir por las tentaciones necesarias de su carne, cediendo a ellas, y se abisma en ellas con todos sus pensamientos, voluntad y amor, ya ha entrado en el juicio de su propio príncipe de la mentira y la obscuridad, del cual sólo podrá ser liberada con gran dificultad.

8.12.7 Y lo que es tu cuerpo para el alma, lo es el mundo para toda la humanidad. Quien se deja engañar demasiado por el brillo de los tesoros terrenales y se deja prender en ellos, entra voluntariamente en su juicio y en su muerte material, de la cual se liberará sólo con mucha dificultad.

8.12.8 Ahora los hombres extraen cada vez en mayor medida los brillantes tesoros de la Tierra para proporcionar a su carne la mayor comodidad, bienestar y voluptuosidad posibles; esto es un aumento parcial de la actividad del príncipe del infierno, que en sí constituye el juicio eterno y con ello la muerte de la materia y también la muerte de aquellas almas que se han dejado prender por las razones antes mencionadas.

8.12.9 ¿Con qué omnipotencia y sabiduría quieres luchar eficazmente contra ello? A todos vosotros os digo: Sólo con la Verdad, enseñada por Mí, con el poder de la abnegación máxima y con el de la humildad verdadera y perfecta del corazón.

8.12.17 Ahora sabéis lo que realmente es el infierno, quien es el príncipe de la mentira y de la obscuridad, y cómo podéis derrotarlo seguramente y dominarlo. ¡Hacedlo de esta manera y pronto habréis destruido con facilidad su reino y seréis verdaderos amos de toda la Tierra y su naturaleza!».

La encarnación de los habitantes de las estrellas

8.16.1 El Señor: «¡Alza tus ojos a las estrellas! Yo te digo que todas son Tierras inmensas, en las que también viven hombres como aquí.

8.16.2 Muchos de los innumerables hombres de las Tierras estelares saben por sus ángeles que sólo aquí en esta Tierra un alma puede obtener la verdadera filiación de Dios, aunque mediante una encarnación sumamente penosa y difícil. Si lo desean, se permitirá que sus almas se encarnen también en esta Tierra. Cuando se encarnan tienen que aceptar someterse por corto tiempo a una prueba porque así cosecharán para siempre el triunfo de parecerse enteramente a Dios. Yo mismo, por Amor a mis hijos, tendré que aceptar voluntariamente muchos padecimientos para salvarlos.

8.16.3 ¡Tened en cuenta que el Reino de Dios sólo puede ser conquistado a fuerza de grandes sacrificios!

8.16.10 Sólo el Padre es bueno y no se complace en los padecimientos de los hombres; pero tampoco impide que los sufran si por mundanear olvidan al Padre y no tienen fe.

8.16.11 ¡Continuad andando los caminos señalados por Mí y tendréis que sufrir poco, y vuestra partida de este mundo será suave y sin dolor!

8.16.12 Los sufrimientos pertinaces y atroces sólo atacan al final a aquellos que, debido a sus tendencias mundanas entierran demasiado su alma en la carne, porque un alma tal debe ser separada con gran fuerza de su cuerpo para que no se pierda en su carne23, y eso produce grandes dolores físicos. Será un beneficio para el alma porque los dolores y sufrimientos la purifican de sus apetitos carnales para que progrese y adelante más fácilmente en los caminos de la Vida espiritual del Más Allá.

8.16.12 Los hombres muy ligados a lo mundano que no creen en ningún Dios, y pese a ello disfrutan de una vida larga y buena salud, e incluso al final tienen una muerte fácil y sin excesivos dolores, ya han recibido su recompensa en esta vida y muy difícilmente pueden esperar algo en el Más Allá. Una obscuridad extrema será la compañía predominante de tales almas y entre ellas se oirán llantos y rechinar de dientes».

La impotencia humana.

8.19.1 El Señor: «Todo lo que hacéis ¡hacedlo en mi nombre!, pues sin Mí no seréis capaces de hacer nada eficaz para la salvación de vuestra alma. Y si por fin ya habéis hecho todo lo que os fue recomendado hacer para obtener la verdadera Vida eterna, entonces confesaos a vosotros y también ante el mundo que habéis sido siervos perezosos e inútiles. Pues sólo Dios es todo en todo y también realiza las buenas obras en los hombres.

8.19.2 Cuando un hombre ha reconocido la Voluntad de Dios y actúa de acuerdo con ella, entonces ya no actúa según su propia voluntad sino conforme a la del Señor. Pero lo que la Voluntad de Dios realiza en el hombre o hasta en un ángel puro, esto ya no es mera obra del hombre o del ángel, sino obra de Aquel conforme cuya Voluntad la obra es realizada.

8.19.3 La obra del hombre para su salvación consiste sólo en que el hombre, por amor y veneración a Dios, unifique su voluntad con la divina y luego obre según ella. Desde este momento no ya la voluntad humana sino la de Dios es la que obra todo lo bueno en el hombre; de esta manera, lo bueno en el hombre también es sólo una obra de Dios, lo que el hombre justo y verdadero tiene que reconocer en su humildad. Si un hombre se atribuye a sí mismo como mérito propio una obra buena, ya muestra en esto que no se conoce a sí mismo y aún menos a Dios, y por ello todavía se halla lejos del Reino de Dios.

8.19.4 Por tal razón ¡honrad siempre y en todo a Dios y obrad siempre en su nombre y tendréis el Amor de Dios en vosotros! Quien posee el Amor de Dios tiene todo en sí para la eternidad».

Jesús, hijo de Dios

8.27.1 El Señor: «Pero si el Hijo existió desde la eternidad, ¿cómo pudo ser engendrado? Y si el Espíritu Santo también existe desde la eternidad, ¿cómo puede emanar del Padre y del Hijo, o sea tomar origen de ellos? Si según vuestra comprensión e inteligencia, las tres personas divinas, fácilmente convertidas en tres dioses por los hombres, son de origen eterno, es decir, sin principio ni fin, no puede ser que uno de ellos diera principio al otro.

8.27.2 Yo, hombre de carne ante vosotros, soy el Hijo y nunca he sido engendrado por otro, sino por Mí mismo, soy por lo tanto mi propio Padre eterno. Existiendo un solo Dios y un solo Padre en una sola persona, ¿dónde, si no puede hallarse el Padre sino dentro del Hijo y dónde el Hijo sino dentro del Padre?

8.27.3 Este cuerpo mío es figura transfigurada del Padre de los hombres y de los ángeles, para que Yo sea para ellos un Dios visible y comprensible; de esta manera podéis ahora verme, oírme y hablar conmigo, estando en vida. Anteriormente se dijo: “nadie puede ver a Dios y seguir viviendo”. Yo soy totalmente Dios, dentro de Mí está el Padre, y la Fuerza que emana de Mí según mi Amor, mi Sabiduría y mi Voluntad todopoderosa que actúa en el espacio infinito y lo llena, es el Espíritu santo.

8.27.4 Yo, tal como me veis como Hombre-Dios entre vosotros, estoy perfectamente unido con todo mi Ser original central y me encuentro totalmente aquí entre vosotros en el cenáculo, en el Monte de los Olivos, como verdadero Dios y como verdadero hombre al mismo tiempo, y no estoy en otra parte del mundo. Pero por la fuerza emanada de Mí, que es el Espíritu santo, lleno y actúo en el Cielo y en el espacio material de la Tierra así como en el espacio infinito. Lo veo todo, desde lo más pequeño hasta lo más grande, conozco todo, lo sé todo; ordeno, creo, guío y gobierno todo.

8.27.5 Ya que esto lo habéis recibido de mi boca, comprenderéis por qué razón debéis fortalecer a los hombres que creen en Mí y que actúan según mi Doctrina a ellos revelada, imponiéndoles vuestras manos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

8.27.6 Si ahora conocéis la razón, también sabréis que debéis instruir correctamente a los hombres para que no caigan en la idea de creer en tres divinidades distintas porque oyen tres nombres de un solo Dios. Por ello os recomiendo muy encarecidamente que divulguéis en todas las partes la verdadera y auténtica Luz entre los hombres, para que no les falte en este sentido; pues lo hombres muy pronto se debilitarán y perderán fácilmente su fe, aceptando cualquier falsa enseñanza y luego será difícil llevarlos otra vez al camino de la Verdad.

8.27.7 Sin embargo no podréis evitar, ni con toda vuestra fidelidad, que haya maestros y profetas falsos que conducirán por mal camino a muchos hombres».

Comprensión universal de la Vida de Dios

8.29.8 El Señor: «Las almas de los animales así como las de las plantas no se hallan tan estrictamente separadas de la manifestación de la Vida divina y por eso están destinadas a comprender su naturaleza, sin ser enseñadas, y a intuir la especie. Cada animal conoce el alimento que le conviene y sabe donde encontrarlo; tiene sus armas y sabe usarlas sin adiestramiento.

8.29.9 De la misma manera el espíritu de las plantas conoce exactamente las materias del agua, del aire y del suelo que le sirven para su alimentación individual. El espíritu y el alma natural de un roble nunca extraerán las substancias necesarias que fueran necesarias para que el cedro construya su organismo y su esencia. ¿Pero, quién enseña a las plantas a atraer sólo los elementos destinados a ellas? ¡Todo esto es producto de la altísima inteligencia universal de la Vida divina! De ella cada alma vegetal y animal saca la inteligencia específicamente necesaria para su existencia y luego actúa de acuerdo con su orientación».

El conocimiento del futuro

8.30.8 El Señor: «¡No procuréis conocer el futuro con demasiada frecuencia sino satisfaceos con lo que sabéis para la salvación de vuestra alma! Contentaos también con lo que, en mi omnisciencia, sé del futuro y con saber que proyecto realizarlo de tal manera que en tiempo oportuno todo será para el mayor beneficio de la humanidad buena y también de la degenerada; de este modo hallaréis soportable todo futuro bueno o malo.

La posesión

8.32.12 Cuando en el futuro encontréis a poseídos, ¡imponedles las manos en mi nombre y los malos espíritus abandonarán las víctimas! Si os encontráis con un hombre poseído por un espíritu obstinado, ¡amenazadle y obedecerá en el acto a quien seriamente y con plena fe le ha amenazado en mi nombre! Dondequiera que prediquéis mi Doctrina, allí ya no hace falta que la fe totalmente perdida de los demonios sea levantada; pues donde los ángeles enseñan, ¡los demonios serán puestos en fuga!

Oraciones por los difuntos

8.38.1 La oración de un alma llena de amor y misericordia que confía enteramente en Mí y confiesa mi Amor, surtirá un buen efecto en las almas verdaderamente pobres del Más Allá. Pues, alrededor de ellas se formará cierta sustancia de éter vital, en la que, como en un espejo, verán y reconocerán sus defectos e imperfecciones, se mejorarán y así alcanzarán más fácilmente la Luz de la Vida.

8.38.2 Yo mismo os doy esta oportunidad para que podáis ser verdaderamente útiles a vuestros hermanos y hermanas difuntos.

8.38.3 Pero, ¿cómo debéis orar para ellos?

8.38.4 Es fácil. Pero antes de todo, en vuestras oraciones no debéis tratar de incitarme a una mayor misericordia. Yo, sin duda alguna, soy infinitamente más misericordioso que todos los hombres bondadosos de todo el mundo juntos. ¡Exponedles el Evangelio con fe y amor, justamente en el corazón, y ellos lo oirán y se ajustarán a Él! De esta manera predicaréis el Evangelio a los espíritus verdaderamente pobres, lo que les será de gran provecho».

Los juicios futuros

8.51.1 El Señor: «¡Sed llenos de afabilidad y humanidad; así os mostráis mutuamente la mayor honra humana y viviréis en paz y tranquilidad!

8.51.2 Ambición y altanería producen mal humor, enfado, desprecio, rencor, ira y finalmente venganza, guerra y sus malas consecuencias. El hombre ambicioso y orgulloso siempre está lleno de egoísmo y codicia; y porque quiere poseer y ganar todo para sí mismo para aumentar su prestigio mundano, resulta que por él millares no tienen nada y han de vivir en la pobreza y la miseria como fue el caso durante la época de Noé, y peor sucederá en los tiempos finales del nuevo paganismo.

8.51.3 Tal estado malo y realmente infernal entre los hombres volverá a ser un castigo creado por ellos mismos. El excesivo número de pobres y oprimidos se levantará finalmente contra los soberbios opresores, y los rematará. Será el segundo diluvio resultado del fuego de la ira encendido por una pobreza que aprieta demasiado fuertemente.

8.51.4 Un fuego natural también destruirá en ese tiempo muchas regiones. A causa de la codicia exagerada y del ansia de ganancias terrenales, los hombres, como gusanos malos, horadarán la tierra a gran profundidad buscando y hallando diversos tesoros; pero cuando lleguen a los enormes depósitos de las selvas vírgenes subterráneas, utilizándolas como combustibles en la fundición de los metales y otras cosas por el estilo, se hará presente el último juicio provocado por ellos mismos.

8.51.5 Lo peor en esos tiempos lo tendrán que sufrir quienes habiten las grandes ciudades de los reyes y de los poderosos de la Tierra».

María de Mágdala24 y el Señor

8.52.1 María de Mágdala se acercó al Señor y dijo: «Oh, Señor y Maestro ¿puedo también ser yo bienaventurada y obtener la Vida eterna? ¡Soy gran pecadora y en tu santa proximidad cada vez me parece ser más indigna de la menor Gracia tuya!».

8.52.2 Dije Yo: «¡Permanece en adelante en el amor puro y no peques más! Sea ésta tu preocupación, de todo lo demás ya cuidaré Yo. Te he librado de los espíritus impuros y también te he dicho “Tus pecados te son perdonados”, porque has demostrado mucho amor a los pobres y ahora me amas también sobre todas las cosas. A quien digo: “¡Tus pecados te son perdonados!”, le son perdonados verdaderamente.

8.52.3 Quien por amor a Mí hace lo que exige el amor al prójimo, a éste le haré todo lo que esté en mi poder. En mi poder no están muchas cosas, sino todo. Sabiéndolo, querida María, ¡puedes estar alegre y hacer bien en lo sucesivo; no te abandonaré!».

8.52.4 Acto seguido María de Mágdala cayó a mis pies, y con el corazón conmovido me dio las gracias, los humedeció con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. A los discípulos les pareció que esta escena duraba demasiado y también pensaban que era un poco indecente; por ello murmuraban entre sí.

8.52.5 Me di cuenta y les dije: «¿Por qué os enfadáis? Yo estoy mucho tiempo con vosotros, pero nunca me habéis demostrado tal amor ni tampoco os lo exijo».

8.52.7 Los discípulos me pidieron perdón a causa de su pequeña impaciencia y

8.52.8 Yo les dije: «¡Aprended a soportar las flaquezas y así mostraréis ante Mí más fuerza de alma que luchando contra héroes y venciéndolos!

8.55.12 En verdad os digo: Bienaventurados sois porque ahora veis y oís lo que todos los patriarcas y profetas deseaban ver y oír tan ardientemente; pero entonces todavía no les había llegado la hora. En espíritu también lo ven y lo oyen y se alegran sobremanera. Les fue escondido cuando estaban en el cuerpo físico y con las futuras generaciones ocurrirá lo mismo. Para vosotros es muy fácil ahora creer y obrar según mi Doctrina, pues sois testigos de todo lo que en esta Tierra nunca ojos ni oídos humanos han visto ni oído; sin embargo, en adelante sólo serán bienaventurados quienes crean y obren según la fe aunque ni vean ni oigan, teniendo así un mayor mérito.

8.55.15 En el Espíritu, en el Verbo y en la Verdad permaneceré entre los míos y algunos de los que sientan gran amor hacia Mí, llegarán a verme momentáneamente. Los que viven de acuerdo con mi Verbo y buscan con esmero su Verdad intrínseca, con éstos hablaré a través de su corazón y les pondré mis palabras en él. En nombre mío mozos y doncellas bien educadas tendrán visiones que les explicarán mi Ser y mi Naturaleza, los Cielos, la Vida eterna y también la suerte de los renegados y los malos. De esta manera permaneceré con los míos hasta el fin de la Tierra.

Correspondencias entre el microcosmos y el macrocosmos

8.57.1 Así como cada hombre, a escala reducida, está concebido para su corta vida de prueba, así, a escala universal, está concebido todo el gran hombre de la Creación.

8.57.2 Figuraos que precisamente el gigantesco cúmulo cósmico globular en que se encuentra esta Tierra -junto con la Luna, el Sol y todos los demás innumerables Soles y sus cuerpos terrestres- forma parte de la organización del corazón del gran hombre de la Creación, y que precisamente el Sol con sus planetas forman el pericardio afirmativo positivo del gran hombre de la Creación, pericardio que, precisamente en esta Tierra, implica en sí la verdadera y espiritual sustancia vital básica. Pero poca probabilidad hay que jamás un sabio del mundo pueda asimilar el porqué y el cómo de todo esto...

8.57.3 Desde la eternidad Yo soy la Base de toda la Vida y de todo lo que existe; por lo tanto también soy el centro vital primario afirmativo en el eterno corazón de la Vida en toda la infinitud.

8.57.4 Si según mi Amor, Sabiduría y Orden en Mí mismo decidí vestirme con la carne humana, según mi Orden eterno sólo podía hacerlo en aquel punto del gran hombre cósmico25 que corresponde enteramente a mi Naturaleza básica y original.

8.57.5 Esto no quiere decir que esta Tierra en la que estamos sea el verdadero punto afirmativo óptimo porque esto también podría ser otro planeta perteneciente a este Sol - como ya estuvo determinado otro para la misma finalidad, pero sus habitantes se comportaron mucho más indignamente que ahora los habitantes de la Tierra, por lo que aquel planeta fue devastado y destruido junto con sus habitantes.

8.57.6 Pero como ahora, desde los tiempos de Adán, esta Tierra fue elegida para esta finalidad, y como Yo me he encarnado en su suelo, ella lo seguirá siendo hasta el fin de los tiempos del juicio de los espíritus presos en toda la materia26; y vosotros también seguiréis siendo los distribuidores de la Vida original a toda infinitud y eternidad, permaneciendo en mi Espíritu, por lo que seréis verdaderos hijos míos.

8.57.7 Esta es, en pocas palabras, la razón por la que solamente podía encarnarme en este planeta y no en otro mayor y más perfecto».

La evolución psíquica de los preadamitas

8.74.4 Dijo un romano, Marco de nombre: «Señor, los preadamitas, aunque hayan sido dotados de una inteligencia más bien instintiva y de un libre albedrío escaso, también deben haber tenido almas inmortales, tal vez susceptibles de evolución o transformación: ¿qué pasa con ellos - me permites que te pregunte?».

8.74.5 Respondió el Señor: «¡Por supuesto!, ¿por qué no? Si hasta las almas de las piedras, plantas y animales continúan viviendo en el estado liberado de la materia, y luego -unidas con elementos de otras almas- pueden volverse en el cuerpo humano verdaderas almas humanas, entonces será fácil deducir que las almas de los preadamitas continuarán viviendo eternamente, al igual que las almas de los hombres de todos los demás mundos del espacio infinito de la Creación.

8.74.6 Como almas que continúan existiendo en el reino de los espíritus son llevadas a un gran cuerpo cósmico, es decir a su suelo espiritual, donde recibirán conocimientos más profundos sobre Dios, su Poder y su Sabiduría, y siguen viviendo felizmente».

8.74.8 Preguntó Marco: «Ya durante la época de los preadamitas, ¿era esta Tierra el centro vital primario dicho en el corazón del gran hombre cósmico?».

8.74.9 Dije Yo: «No en los hechos, pero estaba prevista para tal fin. Ya dije que en aquellos tiempos remotos existía otro cuerpo celeste cuyas criaturas se perdieron en la mayor altanería y en el peor ateísmo, y las que todavía creían en Dios no le respetaban sino que se atrevían a desafiarle, y en su ceguera quisieron en cierto sentido destronarle, adueñándose de su Omnipotencia. Le buscaron y sabios malos aseguraron que Dios habitaba en el centro de su planeta; era preciso taladrar agujeros profundísimos y colocar minas para atraparle. Así lo hicieron y muchos sucumbieron.

8.74.10 Todos los mensajeros que envié fueron estrangulados y los hombres no mejoraron. Permití que ese planeta fuese destruido desde su interior, haciéndose pedazos. Y esto sucedió al principio del sexto período de esta Tierra; entonces la Tierra llegó a ser el recinto vital».

Enseñanzas sobre el cuerpo celeste destruido. Los asteroides.

8.75.6 Ahora el Señor mostró en el espacio del comedor un modelo móvil de nuestro sistema solar con todos los planetas, junto con el cuerpo celeste destruido, y sus cuatro satélites. Este planeta con sus satélites se hallaba entre Marte y Júpiter y era dos mil veces mayor que nuestra Tierra. El Señor explicó cómo estalló aquel planeta -en aquel tiempo hizo cuatro mil años, o sea ahora casi seis mil- y qué posición tomaron los restos y las Lunas, dispersados a gran distancia.

8.75.11 El Señor: «Con el estallido, muchos de los hombres físicamente gigantescos del planeta fueron arrojados al espacio libre del cielo exterior y muchos de ellos cayeron en nuestra Tierra.

Los habitantes del cuerpo celeste destruido

8.76.3 Esta catástrofe planetaria fue provocada por sus habitantes tan innovadores como belicosos. Inventaron miles de años atrás una especie de granos de pólvora que al incendiarse hacían que todo estallase.

8.76.4 Con tales inventos inspirados por los diablos, los hombres jugaron con el peligro en proporciones excesivas. Hicieron guerras y socavaron profundamente en todas las direcciones el territorio del enemigo, llenando las minas con gran cantidad de estos diabólicos granos explosivos. Los encendieron artificialmente y así destruyeron todo un gran país. Prosiguieron tales experiencias, haciendo excavaciones cada vez más profundas y mayores en el planeta casi dos mil veces mayor que la Tierra. Finalmente tocaron las fuentes internas llenas de la materia inflamabilísima, que se incendiaron rápidamente. Tal violencia de fuego interior hizo reventar todo el planeta en todas direcciones, acabando con todo».

Disfrutar los bienes de la Tierra

8.78.9 El Señor: «Nunca he prohibido a los hombres que disfruten de las bellezas de la Tierra mientras que siempre recuerden en su corazón a Aquel que la ha hecho tan hermosa. Entonces les dará un verdadero placer. Pero aún quien contempla las obras de Dios desde el ángulo apropiado, puede tener fácilmente un placer vano en ellas. Aunque es evidente que quienes aman la hermosa naturaleza de la Tierra, de por sí ya son de buena índole y no costará mucho prepararlos para el Reino de Dios.

8.78.10 Pero los amigos de los tesoros muertos de la Tierra, los amigos del vil metal, difícilmente podrán ser convertidos para aceptar la Luz de conocimientos mejores.

La hipocresía y el fingimiento

8.80.17 Os digo que en el Más Allá, en el reino de los espíritus, se divulgará en voz alta desde los tejados lo que con tanto cuidado procuráis disimular aquí en esta Tierra; por esto es mejor sufrir un juicio pequeño y aguantar una humillación pequeña antes que arruinarse o ser expuesto en el Más Allá ante todos los ángeles de los Cielos.

8.80.18 Quien aquí en esta Tierra quiere mostrarse mejor de lo que realmente es, alimenta una hipocresía con la que todavía no puede entrar en el Reino de Dios. Quien sin embargo quiera después, en el Más Allá, mantenerse bien ante Mí, debe mostrarse también al mundo como es; luego, si ha mejorando su conducta, no tendrá que soportar otro juicio.

La muerte del hombre

8.81.3 El alma todavía presa en la carne y arraigada en la sensualidad verá y sentirá la muerte cuando llegue la hora del fallecimiento.

8.81.4 ¡Mirad al estado psíquico de un criminal cuando es llevado al patíbulo! El alma adivina y siente ya la muerte natural de la manera más atroz y cruel. Además de esto la muerte continuará durante mucho tiempo en el Más Allá para el alma impotente y espiritualmente muerta, porque en su impotencia y abandono completo, su ira ardiente no es capaz de vengarse de quienes han matado su cuerpo. Además, llegará a la mayor obscuridad, donde no encontrará salida a su sufrimiento terrible, hasta que comience a reconocer su propia maldad y a soportarla con paciencia. ¿No es esto ver, sentir y palpar la muerte?

8.81.5 Sin embargo, un alma de esta Tierra que ya esté renacida completamente en su espíritu por aplicar mi Doctrina, nunca verá, sentirá ni palpará tal muerte porque cuando la llame para la eternidad, se librará del cuerpo sin dolor y con plena conciencia. Os digo: muchos de vosotros, después de haber renacido espiritualmente, me imploraréis: “Señor, ¿cuánto tiempo tendremos que soportar todavía la carga pesada de la carne en esta Tierra?”. Y Yo os contestaré con todo mi Amor: “¡Tened paciencia y dentro de poco os libraré de vuestra carga!”.

Causas del sufrimiento antes de la muerte

8.82.1 Con sólo que los hombres vivieran según el Orden revelado ya desde el comienzo original, no habría ni uno que pudiera quejarse de la amargura de la muerte.

8.82.2 En la antigüedad todos los patriarcas tuvieron una muerte suave y ligera; sus almas abandonaron con gran alegría y placer el cuerpo cuando el ángel los llamó. No sufrían dolores físicos ni siquiera a edades avanzadas; en la mayoría de los casos sus cuerpos permanecían fuertes y sanos. El fallecimiento no era consecuencia de grandes sufrimientos y dolores, sino sólo sucedía a la llamada esperada de un ángel, tras la cual el alma desengranaba sin violencia. El cuerpo, por así decirlo, se adormecía sin el menor dolor.

8.82.3 Pero cuando los hombres comenzaron a vivir más y más según sus sentidos y se entregaron cada vez más a la impudicia, a la fornicación y a otros epicúreos y entorpecedores placeres, ellos mismos perjudicaron su salud, se hicieron débiles, miserables y enfermaron; la muerte de su cuerpo había de ser evidentemente de otra clase.

8.82.4 Si coges un cuchillo, te cortas y por ello sientes dolor, ¿puedes atribuir razonablemente la responsabilidad a tu Creador por el dolor violento? Deseas preguntar quizá: “¿Por qué el Creador no ha dado al hombre un cuerpo insensible?”. Pero te digo que si tu cuerpo fuese enteramente insensible ¿cómo podría estar vivo? Sólo un cuerpo muerto es enteramente insensible.

8.82.4 Si un hombre tuviese un cuerpo insensible como los cabellos, al menos exteriormente ¿cuáles serían las consecuencias para los descuidados? Automutilaciones de toda clase hasta que, finalmente, ya no tendrían forma humana alguna y no serían capaces de trabajar.

8.82.6 Pero para que los hombres al menos no puedan mutilar demasiado su forma exterior, se les ha dado la sensibilidad como un vigilante bueno. Además se entiende por sí mismo que un hombre insensible a los dolores también lo sería a los placeres y venturas.

8.82.7 Bien sé que desde hace mucho tiempo los hombres sufren mucho, sobre todo al morir, debido a su gran ceguera. Ello se debe, en primer lugar, a que la gran mayoría carece de conocimientos seguros sobre la supervivencia del alma después de la muerte corporal; en segundo lugar porque a causa de su modo extraordinariamente descuidado de vivir han llenado su cuerpo de diversos espíritus impuros, los cuales producirán inevitablemente con el tiempo diversas enfermedades dolorosas y malignas que tienen como consecuencia la muerte prematura. En esto también tenéis un ejemplo porque, primeramente, Yo mismo me he encarnado en esta Tierra, mostrando al hombre caminos por los que se da verdadera y vivamente cuenta de que su alma sigue viviendo después de la muerte y de cómo lo hace, y, en segundo lugar, de que mientras haya de vivir en esta Tierra, será fuerte y tendrá buena salud hasta una edad muy avanzada y su fallecimiento no será doloroso ni angustioso, sino realmente feliz. Como Señor de la Vida puedo deciros: quien coma mi pan y beba mi vino no sentirá ni palpará la muerte, o, en otras palabras, quien viva siguiendo mi Doctrina disfrutará sus efectos más bienaventurados.

La verdadera oración a Dios

8.92.5 Los hombres que conocen a Dios y le aman sobre todas las cosas, deben también orarle. ¿Pero cómo? En primer lugar obedeciendo su Voluntad y realizando obras de amor al prójimo, y en segundo lugar hablando vivamente en su corazón y llenos de amor a Dios como sigue:

8.92.6

¡Padre nuestro, todo Amor, que habitas en tus Cielos!

¡Tu Reino de Amor y de Verdad eternos venga realmente a nosotros!

¡Únicamente tu santa Voluntad, esencia de todos los seres, se realice entre nosotros como se realiza en todos tus Cielos y espacios de la Creación!

¡Perdónanos nuestras deudas en la medida en que perdonamos a nuestros hermanos que nos han ofendido!

¡No permitas que sobre nosotros vengan tentaciones ni estímulos para pecar, cuales en nuestra flaqueza difícilmente o de ningún modo podemos resistir!

¡Líbranos de todo mal!

¡Tu nombre sea santificado, glorificado y elogiado sobre todas las cosas; pues, tuyos son todo el Amor y toda la Sabiduría, como también toda la Fuerza y todo el Poder, eternamente!

8.92.7 Ésta es una oración justa dirigida a Dios, cuando sea pronunciada seria, verdadera y vivamente en el corazón del que la dice».

La fuerza en las cosas mínimas

8.95.1 El Señor a Marco, un romano que le dio las gracias por sus instrucciones llenas de sabiduría verdadera: «Tu agradecimiento produce gran alegría a mi Corazón, porque quien no agradece una dádiva aparentemente pequeña, no merece otra mayor. Mis hechos son comparables a todo lo que ves en la naturaleza. Cuando parece que hago algo grandioso, el efecto no es el correspondiente por motivos muy sabios; pero cuando parece que hago una cosa que apenas se ve ni se siente, el efecto siempre es infinitamente grande e indestructible. Por esto podéis decir: en las cosas enormes soy pequeño, pero en las cosas ínfimas soy infinitamente grande.

8.95.2 Cuando hago pasar una tempestad devastadora sobre Tierras y mares los hombres dicen: “¡Cuán grande y poderoso es el Señor!”. Pero cuando pongo una semilla insignificante en el suelo, la cual germina, crece y produce un árbol fuerte y poderoso, ninguno se maravilla. Quizás alguien diga con indiferencia: “Sí, debe ser de acuerdo con la Voluntad del Señor que semillas pequeñas produzcan árboles y bosques grandes”.

8.95.3 Los hombres admiran las montañas altas, los ríos caudalosos, los lagos y mares grandes, y no aprecian las colinas fértiles, ni la fuente de aguas claras que apaga la sed al caminante. Pero para Mí las colinas fértiles y la fuente de aguas claras sobrepasan con mucho al estéril Ararat y al océano. La colina y la fuente ya están ligadas a mi Vida, mientras que el Ararat y el océano todavía se hallan en el juicio profundo y están muy lejos de la Vida.

8.95.4 ¡Por tal razón, poned más atención a aquellas palabras mías que parecen tener un contenido insignificante! Pues en estas palabras os doy mucha más sabiduría de mi Vida amorosa que con el análisis y la explicación de un cúmulo cósmico globular. De mi Sabiduría y Omnipotencia podéis sorber gotas pequeñas, pero de la fuente de la Vida del amor paternal podéis sorber siempre torrentes verdaderos.

8.95.5 ¡Y así ocurre también cuando los hombres me aman, honran y alaban! Quien me honra y ensalza en silencio y con gran amor, y eso en toda la humildad de su insignificancia, reconociendo mi Omnipotencia, me honra verdaderamente en el espíritu y en la Verdad y tengo gran complacencia en él.

8.95.6 Quien no me ora en el corazón, en el espíritu y en toda la Verdad, no será atendido; pues Yo mismo soy la Luz, el Camino, la Verdad y la Vida. ¿Cómo podría sentir afecto hacia la obscuridad, los caminos extraviados, la mentira y la muerte?

8.95.7 Por esto os digo: No me encuentro en el estrépito de la tempestad, ni en el furor del fuego, sino sólo en el susurro apacible y delicado del aire matutino. Quien venga a mi encuentro desde la tranquilidad de su alma, también me hallará.

Las predicciones

8.99.6 No es bueno para el hombre saber con anticipación muchos acontecimientos ni lo que habrá de suceder obligadamente en el futuro; eso desesperará a los hombres o los hará indiferentes.

8.99.7 En esta Tierra donde se educan los hijos de Dios es imposible predecir el porvenir con absoluta certeza como puede hacerse en cualquier otro cuerpo celeste. Debido a la total libertad del libre albedrío del hombre, depende primero de lo que quieran los hombres y de cómo obren según su conocimiento y voluntad.

8.99.8 Si Yo dijera ahora: “Puedes conocer, querer y obrar como desees, pero ciertamente sucederá lo que Yo quiero y te anuncio”, entonces mi venida del Cielo sería en balde y toda mi Doctrina inútil.

Dios prueba a quienes ama

8.103.11 Quien me busca seriamente en su corazón y en las obras según mi Palabra, me encontrará y tendrá gran alegría porque me ha hallado. Quien una vez me ha hallado no me perderá. En ciertos momentos, y para examinar su amor y paciencia, escondo mi semblante ante él sin abandonarle.

8.103.12 Bienaventurados aquellos a quienes pruebo muchas veces, porque en esto reconocerán que los amo sobremanera. Pues quien sea probado frecuentemente y pase bien las pruebas, será puesto sobre muchas cosas Más Allá en mi Reino; sin embargo, quien sea probado menos a causa de su debilidad, será puesto sobre cosas más insignificantes».

El Más Allá

8.106.10 Contemplando la hermosa salida del sol, el romano Marco dijo: «Señor y Maestro, esta mañana es tan hermosa que no puedo recordar haber visto otra más bella. Casi me atrevo a decir que tus Cielos verdaderos no pueden ser más hermosos ni suntuosos».

8.106.11 Dije Yo: «Querido amigo, tu alma se siente feliz al ver esta hermosa aurora. Un hombre que siente como tú, sin duda alguna tiene un corazón noble y bueno, pero te equivocas mucho al opinar que los Cielos de Dios no pueden manifestar cosas más hermosas que esta brillante alborada. Si sólo por un momento te trasladase en espíritu a mis Cielos, no podrías vivir más en esta Tierra; pues su embrujo indescriptiblemente grande, la luz, la amabilidad y la sublime sensación de bienestar destruirían tu cuerpo al instante, anestesiarían y fatigarían los sentidos de tu alma de tal manera que quedaría totalmente desvanecida, como muerta. Tendría entonces que quitarte enteramente el recuerdo de la visión y de lo que ha sentido, de lo contrario no podrías ya imaginar una existencia fuera de los Cielos. Por eso cada alma debe ser guiada paso a paso para purificarse como el oro más fino y finalmente entrar en los gozos sin fin del Cielo.

8.106.12 Comparada con la Luz de los Cielos, la luz del Sol terrestre -al que sin embargo no puedes mirar ni media hora pues si lo hicieras te quedarías ciego- es una verdadera obscuridad. ¿Qué sucedería con tus ojos si te permitiese ver la Luz más poderosa y sublime del Más Allá?

8.106.13 Es una equivocación grande afirmar que mis Cielos difícilmente pueden presentar cosas más hermosas que esta aurora matutina. Por lo demás estoy muy satisfecho de tus sentimientos; me muestran que tienes buen corazón».

8.106.14 Acto seguido Marco me preguntó: «Señor y Maestro, cuando estábamos reunidos en el Monte de los Olivos nos mostraste por momentos falanges de ángeles flotando en el aire y dando testimonio de Ti. ¿No era eso el Cielo verdadero?».

8.106.15 Dije Yo: «Sí, pero tan velado como se presenta el arcángel Rafael ante vuestros ojos. Si le vieras en su gloria y belleza celestiales, mataría instantáneamente tu cuerpo y adormecería por mucho tiempo tu alma. Por tal motivo su ser interior está velado por una especie de vestido corpóreo, para que los que tratan con él puedan soportar su presencia personal. Por esto os digo: ni ojo humano ha visto, ni oreja oído, ni sentido humano alguno sentido las alegrías y bienaventuranzas que Dios prepara a aquellos que le aman sobre todas las cosas.

8.109.3 Quien cree en Mí, acepta mi Palabra y obra según mi Doctrina, tendrá mi bendición en abundancia».

8.111.9 Después de haber liberado de manos de los romanos a unos niños prisioneros, el Señor les explicó: «Queridos hijos míos, verdad es que nunca he estado en persona en vuestro albergue, pero con mi Espíritu estoy en todas partes. De este modo sé de todas las cosas, lo que acontece en cualquier lugar y puedo ayudar a los menesterosos y miserables, si confían verdaderamente en Dios y obran y viven según sus mandamientos».

El dueño del albergue reconoce al Señor

8.116.9 El Señor al dueño del albergue: «Ahora quiero decirte algo y así comprenderás más claramente por qué he venido a ti como tu primer y más verdadero amigo.

8.116.10 Cerca de la ciudad, no muy lejos del camino, existe una gruta que todavía hoy día sirve de establo. Allí nací de una virgen inmaculada alrededor de medianoche, cuando el emperador Augusto realizó el primer censo. Para que los hombres supieran quien había nacido o entrado en carne humana, hubo grandes y diversos signos en el cielo y en la Tierra y vosotros, los pastores, fuisteis los primeros en verlos.

8.116.11 Tú, que entonces aún eras pastor en aquel prado, todavía hoy propiedad de vuestra comunidad, fuiste uno de los primeros que llegaron a la gruta para saludar y honrar al recién nacido rey de los judíos.

8.116.12 Cuando viste los coros de los ángeles dijiste a varios pastores venidos a la gruta: “¡Mirad, el semblante de este niño pequeño resplandece como el sol matutino y aquí en la gruta hay una luz clara como el día! Éste es más que el recién nacido rey de los judíos; éste es el Mesías prometido anunciado por todos los profetas. Éste, por cierto, nos traerá la salvación y por ello debemos adorarle”.

8.116.13 Fuiste tú quien cantaste ante los otros pastores el salmo27:

Dios tenga Misericordia de nosotros, y nos bendiga;

Haga resplandecer su rostro sobre nosotros;

Para que sea conocido en la Tierra tu camino,

En todas las naciones tu salvación.

Alábente los pueblos, oh Dios;

Alábente los pueblos todos.

Alégrense y gócense las naciones,

Porque juzgarás los pueblos con equidad,

Y pastorearás las naciones en la Tierra.

Alábente los pueblos, oh Dios;

Todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto:

Dios nos bendice, nuestro Dios.

Dios nos bendiga

y le teman todos los confines de la Tierra.

8.116.14 Este salmo me cantaste impulsado por tu propio espíritu interior.

8.116.15 De todo esto puedes deducir fácilmente que te conozco bien, pues fuiste el primero que me reconoció cuando nací. Me rendiste el honor debido; tampoco serás el último que me reconocerá.

El perdón de los enemigos

8.119.4 Agradecer un beneficio recibido es bueno y justo, porque también se debe amor y amistad al que ha mostrado amor. Pero no es una actitud demasiado importante en la vida. El arte más meritorio en la vida es cumplir los mandamientos de Dios; pero el arte mayor es perdonar de todo corazón y hacer bien a todos nuestros enemigos y a quienes nos desean y hacen el mal, orar por los que nos odian y nos maldicen, y bendecirlos.

8.119.5 Quien así actúa amontona ascuas de fuego sobre las cabezas de sus enemigos, los convierte en amigos suyos arrepentidos y él mismo recibirá de Mí la remisión entera de todos sus pecados; de esta manera, ya en la Tierra, se asemeja a un ángel de Dios.

8.119.6 ¡Haced lo mismo y la Gracia y la bendición de Dios nunca os abandonarán!

8.121.13 Más tarde en el otro mundo el hombre sólo tendrá la existencia feliz y bienaventurada que haya conquistado por hechos buenos, según el saber de Dios.

8.122.4 ¿Qué le sirven al hombre todos los tesoros del mundo si por causa de ellos su alma sufre daño? Si el amor a los tesoros muertos del mundo ha depositado la simiente de la muerte en un alma, con la que ésta entra en el estado mortal de la materia, ¿quién la salvará luego de los brazos férreos del juicio que se ha vuelto el ambiente falso de su amor y de su vida?».

8.122.5 Dijo el dueño del albergue: «¡Señor y Maestro, Dios lo puede todo!».

8.122.6 Dije Yo: «Sí, sin duda alguna, pero en la eternidad todo progresa mucho más lentamente que aquí en la Tierra, donde todo es pasajero, cambia pronto y fácilmente, y deja para siempre de existir como era.

8.122.7 En el reino de los espíritus no existe tiempo y no puedes decir: “Hoy hago esto y mañana aquello”, sino que todo se presenta como hecho acabado y como obra ya realizada en el alma. Si la naturaleza de la obra es mala, ¿de dónde tomará el alma perdurable la materia y la comprensión para transformar el mal?

8.122.8 Es concedido a las almas transformarse; pero cuando están abismadas en la materia del mundo, muchas veces lleva demasiado tiempo y finalmente el resultado es pobre. El amor es la Vida del alma. Si este amor es espiritual y por lo tanto bueno según el Orden de Dios, el alma también tiene una Vida verdadera y perfecta en sí y entonces puede continuar viviendo eternamente en una gran claridad; pero si el amor del alma es material, por lo tanto muerto porque está juzgado, la vida del alma es igual al amor que hay en ella.

8.122.9 Tal vida no puede ser real sino aparente. Siendo así, tampoco es una Vida eterna porque no puede subsistir en su maldad. Tendrá que cambiar al bien o, en el peor de los casos, al mal que representa la condena imperativa y la muerte eterna, de cuyos duros lazos difícilmente se librará.

8.122.10 ¡Por eso no améis al mundo, huid de él y de sus tentaciones y utilizad sus tesoros para obras de caridad; a cambio de ellos recibiréis tesoros verdaderos para el alma y el espíritu!».

La inmortalidad del alma

8.129.1 El Señor: «En todos los pueblos de la Tierra ciertos hombres reflexivos nos han dado abundantes pruebas convincentes de la supervivencia del alma humana, buena y mala, y han tenido a veces tratos y relaciones directos durante años enteros con almas desencarnadas.

8.129.2 Si hombres materialistas y mundanos no lo creen porque nunca han experimentado cosas semejantes, ¿puede echarse la culpa a Dios? Estos hombres materialistas no lo buscan y por eso no lo hallan; pero también hay en todos los pueblos de la Tierra quienes lo buscan y lo encuentran.

8.129.5 En todas partes viven hombres y no les faltan revelaciones de lo alto y de espíritus que en otros tiempos también vivían encarnados. Huelga decir que las almas de tales hombres no pueden encontrarse en la perfección de la Luz vital inmediatamente que entran en el reino de los espíritus, porque los hombres cuyas almas han amado el mundo, sólo con gran dificultad pueden ser guiados al justo camino de la Luz vital. El cuerpo humano no puede ni creer ni querer nada sino sólo sirve, por poco tiempo, como herramienta del alma para ser activa y también para educarse; el pensar, el amar, el querer y el obrar según las verdades conocidas es cosa obligada del alma.

8.129.6 En tus propios hijos puedes ver cuán difícil y trabajoso es muchas veces a un alma materialista e inclinada a la indolencia comprender el bien y la Verdad, y decidirse a obrar según ellos. Por cierto, la situación en el gran Más Allá de un alma descuidada es mucho peor por haberse basado durante su vida corporal en engaños, errores y equivocaciones y en las maldades y falsedades que se derivan de ellos. Tal fundamento es como una congelación del amor y de la voluntad del alma, los cuales dos constituyen precisamente la vida y el ser individual: si Yo tomase a tal alma su amor y su voluntad, la aniquilaría para siempre, enteramente.

8.129.7 Por eso, para llevar poco a poco un alma al camino justo, es necesario proceder con mucho cuidado y sin que ella se dé cuenta. Para eso, por supuesto, hacen falta un sumo Amor divino y una suma sabiduría y paciencia; porque cualquier influencia en tal alma siempre tiene que ser tomada de fuera: a través de su propia voluntad, sus propias aspiraciones y su propia actividad hay que hacer que entre en un estado en el cual empieza a comprender que anda extraviada.

8.129.8 En esa situación llega el momento de enviarle un espíritu sabio, de aspecto igual al suyo, que pueda discutir con ella, comenzando a irradiar Luz en tal alma extraviada. El alma empieza a reconocer que ande equivocada y anhela más y más a llegar a la Luz verdadera.

8.129.9 Fácilmente comprenderás ahora que en este estado mejorado el alma empieza a cambiar sus pensamientos, dando por sí misma otra dirección a su amor y a su querer, así como a su propio yo, y con ello también a su Vida y a su ser. De esta manera un alma que en tiempos pasados anduvo en las tinieblas, alcanzará pronto y fácilmente la verdadera Luz vital».

La evocación de espíritus

Un capitán romano rogó al ángel Rafael que hiciera aparecer un espíritu conocido para poder verle y hablar con él, a lo cual Rafael le contestó:

8.132.2 «Hacer aparecer un espíritu como una especie de fantasma para que lo veas con tus ojos corporales y puedas hacerle algunas preguntas es imposible porque ello obligaría a alterar el Orden eterno de Dios.

8.132.6 Para que recibas noticias verdaderas de un espíritu real, que no es un fantasma, debes saber antes qué es un espíritu y en qué condiciones puede un hombre ver y hablar a un verdadero espíritu.

8.132.7 Como un alma, o según tus ideas un espíritu, no es material, no puede ser visto con los ojos físicos ni ser percibido con ningún otro sentido. El hombre que desea ver, oír y hablar a un espíritu real ha de ser antes espiritual él mismo, pues sólo su espíritu y nunca su materia, o sea su carne, podrá ver, oír ni hablar a un espíritu verdadero.

8.132.8 Todavía eres muy materialista y tus facultades espirituales se encuentran muy poco desarrolladas; por ello tengo previamente que fortalecer tu alma y hacerla capaz de sobrepasar la visión material».

8.132.9 El capitán consintió, salvo si su salud resultaba perjudicada.

La invocación de almas desencarnadas

8.133.1 Rafael extendió las manos sobre las cabezas del capitán, de sus compañeros y de los discípulos de Juan Bautista, y en el mismo instante se abrió su visión interna. En seguida vieron gran cantidad de espíritus conocidos, inclusive Juan Bautista que les enseñó respecto a Mí, condenando su incredulidad.

8.133.2 Al capitán se le apareció su padre, que le felicitó por haber encontrado ya en la Tierra la fortuna más sublime y eterna del alma. Al mismo tiempo le advirtió enérgicamente que nunca sacrificara esta única bienaventuranza a la suerte perecedera de la Tierra.

8.133.3 Acto seguido Rafael les despertó del éxtasis con el pleno recuerdo de todo lo que habían experimentado.

8.133.4 Los despertados se hallaban de nuevo en estado natural y el capitán romano dijo: «Parecía un sueño claro; pero había una diferencia grande entre éste y la visión, pues en el sueño raras veces se aparecen al soñador hombres desencarnados, sino la mayoría de las veces sólo aquellos que todavía viven y los que no se conocen. La mayoría de las regiones de los sueños son de naturaleza fantástica y carecen de consistencia. Lo mismo ocurre con animales y plantas que se transforman rápidamente.

8.133.5 Esta visión ha sido enteramente diferente: yo era independiente y activo. Todo lo que veía era invariable y permanente. Los hombres o seres eran perfectos. Su habla estaba bien pronunciada, era verdadera y seria, y me daban a entender que sabían bien todo lo que pienso, quiero y hago aquí en la Tierra.

8.133.6 Vi simultáneamente a mis compañeros, al dueño del albergue, a varios discípulos de Juan Bautista, también a su maestro, y oí lo que les decía.

8.133.8 La región parecía una región terrenal. Había montañas hermosas, campos, jardines, viñas, multitud de habitaciones bien arregladas y de gracioso aspecto. Toda esta gran región estaba bien iluminada, aunque en su firmamento azul claro no podían verse estrellas solares ni luminarias. Lo más extraño fue que no sólo pude ver claramente esta región espiritual sino también la material, aunque sólo como por momentos, pese a lo cual la región espiritual permanecía».

8.145.13 El ángel Rafael: «Cada superstición es como un veneno mortal para el alma pura y para la Verdad, única que la vivifica.

8.149.2 El Señor: «Todo el bien que física y espiritualmente hacéis en mi nombre a vuestro pobre prójimo, me lo hacéis a Mí.

8.149.4 Si sois expuestos a pruebas y tentaciones, lo que ha de acontecer en este mundo, soportadlo con paciencia y no os indignéis, ¡redundarán en vuestra bendición! Los que Yo amo tienen que pasar pruebas y fatigas diversas».

La ayuda del Señor en el camino del espíritu

8.151.1-2 Dijo el capitán romano: «Verdad es que Tú, Señor y Maestro, anuncias una Doctrina de Vida enteramente nueva. En la ejecución de la Doctrina no me faltará una voluntad seria, pero también depende de Ti, Señor, ayudar con la Omnipotencia de tu Espíritu a un adepto fiel y serio, pues, como ser humano, de vez en cuando uno puede fatigarse y volverse débil».

8.151.3 Dije Yo: «Lo que deseas es desde la eternidad asunto de quien habita en Mí, pues sin Mí jamás podéis realizar cosas útiles para la Vida eterna del alma. Pero cada cual tiene que hacer todo lo que pueda dentro de su libre albedrío, todo lo demás ya lo haré Yo.

8.151.4 Ante todo tendrás que apartar tus ojos de las tentaciones y seducciones del mundo. Tendrás que dominar la concupiscencia, de lo contrario no por eso cegaré, ni ensordeceré, ni enmudeceré tus sentidos corporales, pero tendrás que seguir luchando contra las veleidades y sensaciones mundanas.

8.151.5 Pero si un hombre, de vez en cuando, se lo propone seriamente y dice: “Señor, a partir de ahora perseveraré imperturbablemente en mi propósito”, y al salir al mundo vuelve a encontrarse con seres y cosas seductoras de manera tal que no puede apartar sus sentidos de ellas y no es capaz de resistir, tal hombre no progresa y se queda en el mismo sitio al no vencer los vivos deseos de sus sentidos.

8.151.6 Si su amor vacila entre las seducciones del mundo y Yo, y la mitad de su fuerza no se incline hacia mi lado, no me es posible socorrer y dar firmeza inconmovible a un hombre veleta así. El principio del bien para la Vida ha de ser empezado por el propio hombre en virtud de su libre albedrío. A partir de ahí la perfección completa es incumbencia mía. Si lo has entendido bien, ¡obra según mis consejos y mi ayuda no te faltará!».

8.154.4 El Señor: «La Palabra pura es una Luz en sí y para sí, y no necesita señales para testimoniar la Verdad; porque la Palabra misma es la señal mayor de todas las señales y el milagro sublime de todos los milagros».

8.156.4 El Señor, dirigiéndose a los esenios: «Yo os digo que a causa de la pura Verdad habéis retrocedido en las grandes mentiras: así es posible compensar mucho con justas obras de amor; pero en el otro mundo -en el cual todo se manifiesta, hasta los pensamientos más secretos del alma-, esto ya no puede ser y el embaucador y el mentiroso tendrán que soportar las humillaciones más amargas, y serán escarnecidos ante los ojos de todos los justos.

8.156.7 ¡Ateneos sólo a la Verdad; pues sólo la Verdad os hará libres y os ofrecerá en adelante toda protección y ayuda! Pero quedarse en la Verdad por un lado, y por otro querer ganar el pan de cada día con la mentira, concuerda como la noche y el día, como la vida y la muerte».

8.157.13 El Señor: «¡En vuestra futura conducta por mis caminos de Vida tened la prudente precaución de evitar las anchas vías principales, y avanzad mejor por los estrechos senderos libres de polvo, andado por ellos con tranquilidad, paciencia y serenidad! Pocas contrariedades tendréis así con el polvo de las carreteras mundanas.

8.157.14 Pero si andáis por los caminos de la Vida como la caravana que allá abajo en la ancha carretera pasa con mucha prisa y barullo, yendo precipitadamente de un lugar al otro para conseguir ganancias mundanas, entonces también vosotros tendréis que enfrentaros a diversas luchas malas y agobiantes. Os he dado una Doctrina beneficiosa. ¡Retenedla; su cumplimiento os será de gran provecho!».

8.158.5 El Señor a los jóvenes que con muchas lágrimas se despidieron de su benefactor: «¡Hijos, Yo entiendo bien la interior lengua viva de vuestros corazones, que prefiero a las más hermosas palabras de la boca! ¡Perseverad en tal amor y Yo como vuestro Padre verdadero permaneceré en el Espíritu entre vosotros, y os enseñaré y os educaré por mi Palabra viva! Amén».

8.158.16 El Señor, dirigiéndose a María Magdalena: «María, aunque no esté corporalmente entre vosotros, estaré en el Espíritu y obraré entre vosotros; en el Espíritu siempre soy omnipresente porque tengo que dirigir y mantener todas las cosas en el infinito eterno. Si no fuera omnipresente en el Espíritu, todo ser se aniquilaría y no existiría criatura en el universo.

8.158.17 Por supuesto, nadie puede ver al Padre como tal; pues sin Mí Él no sería presente y Yo no sería presente sin Él, porque Yo y Él somos un solo Ser. Quien me ve y oye, ve y oye también al Padre; porque Yo, como Padre me he enviado por mi Voluntad a este mundo. Bienaventurados vosotros que creéis en Mí; pues quien cree en Mí, cree también en el Padre que me ha enviado y por tal motivo Él le dará la Vida eterna».

La segunda venida del Señor

8.163.1 El Señor: «Ahora pongo la semilla en el reino terrenal y por esto no traigo paz a los hombres sino espada para grandes luchas y guerras.

8.163.2 Sólo el hombre que acepte mi Doctrina, y viva según ella hallará en sí la Luz, la Verdad y la verdadera paz de la Vida, aunque por esto habrá de sostener y sufrir muchas luchas y persecuciones a causa de mi nombre, lo que también os pasará a vosotros. Pero cuando venga por segunda vez a este mundo, la efervescencia, las luchas y la persecución entre los pueblos y naciones de la Tierra habrán terminado y la relación original entre los hombres y los espíritus puros de los Cielos será normal y duradera.

8.163.3 De esto podéis deducir fácilmente por qué será aceptado con el tiempo que al lado del trono pequeño y verdadero de Aarón, en el que os coloco ahora, surja entre los paganos uno falso y de duración larga, y por qué hasta los falsos profetas y maestros serán admitidos en mi nombre.

8.163.4 Vosotros y vuestros descendientes no debéis prestarles atención aun cuando oigáis de boca de los falsos que Cristo está aquí o allá. Jamás habitaré templo construido por manos humanas, sino sólo en el Espíritu y en la Verdad de quienes me busquen, me reclamen, creyendo sólo en Mí, y me amen sobre todas las cosas. Su corazón será mi templo verdadero y en él también hablaré con ellos, los enseñaré, los educaré y los guiaré. Recordad bien esto que os está dirigido especialmente, para que cuando todo suceda así, no os enojéis, y no olvidéis que ya os lo había dicho previamente, junto con el motivo.

8.163.9 Los bienes de esta Tierra no son sino una apariencia, semejante a la de los que se poseen en sueños. La diferencia, pequeña, consiste en que las posesiones del sueño engañan el alma humana durante un tiempo más corto que las posesiones exteriores de este mundo material. Ambas se desvanecen y después del desvanecimiento todo quedará en ilusión ante los ojos abiertos del espíritu vivo, único capaz de dar realidad a la apariencia.

8.163.10 Por esto, ante todo, cada cual trate de obtener posesiones espirituales, o sea la Luz, la Verdad y la Vida del alma. Lo que el cuerpo necesita, será dado en esta Tierra a cada fiel trabajador de mi viña en medida justa, porque Yo sé muy bien lo que necesita corporalmente el hombre».

Si no os hiciereis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos.

Estas fueron las palabras pronunciadas por el Señor antes de curar a los niños enfermos de un pueblo. Después de haberse despedido bajo los agradecimientos sin fin de los parientes, varios discípulos se acercaron al Señor, preguntándole:

8.165.19 «¿Cómo podemos nosotros, la mayoría hombres entrados en años, volvernos niños para entrar en el Reino de los Cielos? Si es así, ¿de qué nos sirve todo nuestro esfuerzo, renuncia y abnegación?».

8.165.20 Dije Yo: «¡Para tratar con vosotros se necesita verdaderamente mucha paciencia! ¿Cuánto tiempo tengo que soportaros todavía hasta que me entendáis? Si digo que no puede entrarse en el Reino de Dios sino como un niño, no me refiero a lo corporal sino sólo a la sincera y cariñosa inocencia de la niñez. Un niño no tiene altanería, ni ira, ni odio, ni sentido de la impudicia, ni pasiones duraderas y tampoco impaciencia. A veces llora cuando se le trata duramente, pero se deja confortar pronto con facilidad, olvida el sufrimiento pasado y abraza a sus bienhechores con todo amor. Así debe ser cada hombre en su ánimo y en su corazón, entonces ya posee el Reino de Dios».

8.166.4 Ciertamente nada hay que Dios y todos los ángeles consideren con mayor Amor y bendición que el verdadero amor y la verdadera amistad entre los hombres. Este amor y amistad sólo podrán empezar a reinar cuando los hombres procuren entenderse mutuamente en toda la Verdad y en la Luz más clara de Dios. La Verdad pura satisface al corazón y lo hace apacible, suave y humilde, y por eso afectuoso, afable y misericordioso con todos.

8.166.5 ¡Tomad muy en serio estas palabras y obrad según ellas! Así sembraréis mucha bendición entre los hombres y la Gracia del Señor se animará en vosotros.

8.166.8 Todo hombre que vive de acuerdo con la Voluntad y el Orden de Dios posee en sí el poder de la Vida y la Fuerza de Dios, y por eso es un hijo de Dios, y con toda verdad puede llamarle Santo Padre».

Más fácil trabajo es hacer pasar un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de Dios

8.166.15 El Señor: «Cada alma, al desencarnarse, no lleva al Más Allá sino el amor, al que siguen sus obras como productos de su voluntad. Si el amor del alma está preso en las cosas muertas de este mundo de tal manera que se ha hecho enteramente una cosa, entonces el alma también estará muerta. Como su voluntad es igual a las condenadas cosas muertas de este mundo, carece de libertad plena y por eso también está condenada y considerada como muerta; esto es lo que se llama infierno y muerte eterna.

8.166.16 ¡Cuidad que vuestras almas no sean prisioneras del amor al mundo con sus tesoros y atractivos; pues el mundo sólo soltará con gran dificultad a quien ha hecho prisionero!».

La Verdad

8.176.2 El Señor: «Dios, el único y verdadero, es la Verdad. Quien le encuentra, también encuentra la Verdad, que le liberará enteramente. El hombre que halla a Dios y reconoce su Voluntad fielmente revelada, viviendo y actuando según ella, este mismo hombre se ha hecho en sí la propia Verdad. Cuando lo consigue ya es libre y avanza desde la muerte del mundo y de su materia a la Vida de Dios.

8.176.3 Veo que todavía te queda la siguiente pregunta:

8.176.4 “Únicamente Dios es la Verdad, y quien encuentra a Dios, encuentra la Verdad que le puede liberar; pero ¿dónde está Dios? ¿Quién es ? ¿Qué manifiesta su Voluntad enteramente verdadera? Y finalmente, ¿dónde hallaré a Dios, cómo le reconoceré y sabré que es Él?”.

8.176.6 Escucha, Dios es un eterno Espíritu purísimo. Este Espíritu eterno es Amor purísimo y por tal razón la eterna Vida misma; el Amor, empero, es un fuego y, en sí, una Luz ardiente, y todo esto es la Verdad.

8.176.7 En Dios, causa original de todo ser, están la conciencia más perfecta, la inteligencia suma, la Sabiduría y Poder supremos, y si no fuera así, nunca se habría creado algo, pues lo que en sí no es nada, nunca puede formar cosa alguna.

8.176.8 En Dios existen también la inteligencia suprema y la conciencia más iluminada, que son enteramente activas y presentes. Si no fuese así, ¿quién podría dar a los ángeles y a los hombres una vida dotada de inteligencia y conciencia propia? ¿Sería posible dar a alguien lo que uno mismo no posee? ¿Podría una fuerza muda y ruda dar una vida perfecta?

8.176.12 En la esfera de su vida natural, aunque no esté desarrollada espiritualmente, el propio hombre tiene una inteligencia de gran alcance con cuyo raciocinio y capacidad de juicio, que crecen como el árbol desde una semilla, pronto realiza obras considerables y bien ordenadas.

8.176.13 ¿Quién, fuera de Dios, podría dar, mantener y perfeccionar al hombre, cuyo cuerpo ya es un organismo ingeniosos y una máquina sabiamente organizada, dotándole de una inteligencia, de una conciencia de sí mismo, de inteligencia y juicio, de amor y de un albedrío enteramente libre y su correspondiente fuerza para actuar? Amigo, si reflexionas adecuadamente sobre lo que te he expuesto, encontrarás con facilidad el camino natural por el que el hombre puede encontrar a Dios y con Él la Verdad eterna, con sólo quererlo seriamente. Así lo encontrará y cuando lo halle, Él le revelará su Voluntad.

8.176.14 Si el hombre obra según la Voluntad revelada, su alma se hará más clara y luminosa, se unirá más y más con el Espíritu divino hallado y reconocido por ella mediante el amor a Dios.

8.176.15 En este estado el mismo hombre se ha transformado en Verdad, porque ha hallado la Verdad en sí mismo. Ahora sabes lo que es la Verdad, cómo se la busca, y cómo y dónde se la encuentra siempre sin duda alguna.

8.176.16 Por la Verdad, una vez hallada, te volverás libre y puro y todo lo que te rodea se hará Verdad, pureza y libertad; pues para el hombre veraz todo es verdadero, para el hombre puro todo es puro y para el hombre libre todo es libre».

Los cuatro fuegos purificadores. Primero y segundo fuego purificador

8.185.1 Preguntó el dueño del albergue: «Señor y Maestro, ¿cómo será el tiempo del que has dicho que los hombres serán purificados por el fuego antes de tu segunda venida, y qué especie de fuego será?».

8.185.2 Dijo el Señor: «El fuego se llamará miseria grande y general, sufrimientos y aflicciones jamás vistos en la Tierra. La fe se apagará, el amor se enfriará y los pobres se lamentarán y perecerán, pero los grandes y poderosos y los reyes de la Tierra no ayudarán a los que imploran debido a su gran orgullo, altanería y dureza de corazón.

8.185.3 Un pueblo se levantará contra otro, guerreando con armas de fuego. Por ello los soberanos se endeudarán inmensamente, atormentando a sus súbditos con impuestos exorbitantes. Esto originará entre los hombres y los animales, y hasta entre las plantas, enormes carestías, hambre, enfermedades incurables, epidemias y pestes.

8.185.4 También habrá tempestades grandísimas en tierra y mar, y terremotos. En muchos lugares habrá inundaciones marítimas. Los hombres se atemorizarán ante las devastaciones que auguran las cosas venideras.

8.185.5 Todo esto será permitido para apartar a los hombres de su orgullo, altanería, egoísmo y de su gran ociosidad.

8.185.6 Ésta es la primera clase de fuego por el cual los hombres serán purificados para mi segunda venida.

8.185.7 En ese mismo tiempo el fuego natural prestará enormes servicios e impulsará los navíos en todos los mares con una velocidad mayor que la del viento. Dotados de gran inteligencia, los hombres construirán caminos y carros de acero y en vez de animales de tracción engancharán fuego ante los carruajes con cuya fuerza poderosa irán más rápidamente que la flecha disparada.

8.185.8 Sabrán cautivar el relámpago que le servirá de mensajero veloz de sus deseos y voluntad, enviándolo de un extremo a otro de la Tierra. Y cuando los reyes orgullosos y egoístas guerreen, también se servirán decididamente del fuego; pues con su fuerza, masas de acero en forma de bolas de gran peso serán lanzadas contra el enemigo, contra ciudades y fortificaciones, y ocasionarán grandes desolaciones.

8.185.9 Los hombres ingeniosos llegarán a tal altura con las armas que pronto ningún pueblo podrá hacer la guerra, pues el desafío de dos potencias diezmaría hasta el último guerrero. Por eso los reyes procurarán vivir en paz y en amistad.

8.185.12 Este es el segundo fuego purificador de los hombres.

El tercero y cuarto fuegos de la purificación

8.186.1 Una tercera clase de fuego consistirá en que Yo despertaré varios cientos entre profetas, siervos y videntes inspirados que, en mi nombre, enseñarán clara y verdaderamente sobre todas las cosas a los pueblos, liberándolos así de los engaños y mentiras con los que, incluso en nombre mío, sacerdotes y profetas falsos prepararán el camino de su propia perdición.

8.186.2 Estos falsos profetas seducirán a muchos hombres y así conseguirán grandes tesoros terrenales, riquezas, poder y una gran reputación. A causa de la Luz clarísima del tercer fuego perderán todo y serán aniquilados. Los reyes y príncipes, que les querrán ayudar, perderán todo su poder, sus bienes y sus tronos, porque Yo despertaré mis reyes y jefes de estado contra ellos y les concederé la victoria; así acabará entre los hombres de la Tierra la vieja noche del infierno y sus mensajeros.

8.186.3 Esta noche, que existe ahora en la ciega y absurda ceremonia llamada “culto a Dios”, también existirá en esa época, pero quedará destruida enteramente por el tercer fuego de los cielos; pues, al igual que la noche natural no puede desafiar el Sol que sale, la mentira no será capaz de vencer en la lucha contra la Luz de la Verdad de los Cielos.

8.186.4 Acabo de explicarte la tercera clase de fuego, que obrará como destructor activo de la obscuridad de los hombres. Te explicaré ahora el cuarto fuego con el que la Tierra, los hombres y todas las criaturas habrán de ser purificados para mi segunda venida.

Esta especie de fuego consistirá en grandes convulsiones telúricas de distinta naturaleza, sobre todo en aquellos puntos de la Tierra donde los hombres hayan edificado grandes ciudades magníficas y lujosas. En estas ciudades suntuosas reinarán la mayor altanería y orgullo, la falta del amor, las malas costumbres, una justicia falsa, el poder, el prestigio y la ociosidad, junto a la mayor pobreza y a diversas miserias y sufrimientos ocasionados por el excesivo epicureísmo de los ricos y poderosos.

8.186.4 En tales ciudades, por codicia y un afán exagerado de lucro, se construirán diversas fábricas de proporciones enormes, y en vez de manos humanas se servirán del fuego y del agua junto a mil clases de máquinas artificiales de acero. La ignición se hará con carbón vetusto que los hombres de entonces se procurarán en grandes cantidades en las profundidades de la Tierra.

8.186.6 Cuando las obras del fuego lleguen a su punto culminante, la atmósfera telúrica de tales lugares también estará colmada de toda clase de combustibles etéreos, que pronto se incendiarán aquí y allá reduciendo a ruinas y cenizas a tales ciudades y regiones junto con su población. Esto también será una purificación grande y eficaz. Lo que no haya sido alcanzado por el fuego, será alcanzado por enormes tempestades de todo género, allá donde sin duda alguna sea necesario; pues sin necesidad nada será quemado ni destruido.

8.186.7 Por este medio el aire terrenal será liberado de sus vapores nocivos y de sus malos espíritus naturales, lo que tendrá posteriormente una influencia benéfica sobre todos los seres de la Tierra y sobre la salud del género humano, de manera que muchas enfermedades malignas se perderán y los hombres podrán disfrutar de una fuerte y saludable edad avanzada.

8.186.8 Yo mismo, donde exista un deseo vehemente de verme y el mayor amor hacia Mí, visitaré aquí y allá a los hombres y los fortificaré y alentaré».

Condiciones para la segunda venida del Señor

8.187.3 Preguntó el dueño del albergue: «Cuando vengas la segunda vez ¿puedes decirnos en qué lugar de la Tierra será? ¿Cómo se llamará el país, el lugar y el pueblo bienaventurado?».

8.187.4 Dijo el Señor: «No puedo dar una contestación comprensible a esta pregunta tuya porque en ese tiempo habrá muchos lugares, países y pueblos nuevos que todavía no tienen nombre, pero puedes suponer con seguridad que sólo vendré a un país y lugar en el que exista entre los hombres la mayor y la más viva fe y el mayor amor puro y verdadero a Dios y al prójimo.

8.187.5 Pero cuando venga, no vendré sólo, sino que conmigo vendrán para fortificar a sus hermanos todavía encarnados en la Tierra las innumerables falanges de todos los míos que desde hace mucho están conmigo en mi Reino de los Cielos; y existirá una comunidad verdadera entre los espíritus ya bienaventurados de los Cielos y los hombres de esta Tierra, lo que redundará seguramente en mayor consuelo para los que vivan en ese tiempo».

8.189.1 El Señor: «Sólo puede resistir a todos los malos espíritus naturales un hombre casto o púdico y por ello lleno de energía vital, con un alma henchida del Espíritu de Dios; los malos espíritus no pueden perjudicar su cuerpo.

8.190.9 Si los hombres viviesen y actuasen según la Voluntad revelada de Dios, tendrían frutos en abundancias para alimentar su cuerpo. Las repetidas carestías de alimentos y el hambre son ocasionadas por el hombre mismo, por su amor propio, codicia, despotismo, ociosidad y propensión a una vida excesivamente holgada y a la riqueza mundana».

8.191.9 Un griego observaba el vuelo de las aves y dijo: «¡Cuán felices son estos animales! ¡Con qué rapidez y ligereza vuelan grandes distancias a través del aire en el que hallan alimentos abundantes! Sólo el hombre se mueve mal y si quiere cubrir un gran trecho tiene que servirse de los pies de diversos animales; pues con los suyos avanza lentamente. Si Dios también a los hombres les hubiese dado un par de alas para que pudieran volar como las aves en el aire, ¡qué felicidad sería para ellos!».

8.191.10 Dije Yo: «Agradece a Dios que no haya dado a los hombres alas para volar; pues si el hombre pudiese también volar, ¡nada estaría seguro! En poco tiempo devastaría la Tierra peor que un enjambre de langostas egipcias que se lanza sobre un prado. ¡No envidies a los pájaros y aves! A los hombres les basta su capacidad de locomoción, suficientemente rápida para guerrear. Sólo cuando un hombre debe socorrer a su prójimo será aconsejable que se mueva más rápidamente; pero en ocasiones tales los hombres tardan mucho y no desean poder volar. Pero el hombre, sí, puede volar con su intelecto y su voluntad libre. Este vuelo espiritual vale más que el vuelo material de las aves».

8.192.18 El Señor a sus discípulos: «¡Procurad no embriagaros! Sabéis que la embriaguez es un vicio, debilita el corazón y el alma, y en la carne excita el espíritu de la lujuria y la voluptuosidad. ¡Un alma borracha difícilmente entra en el Reino de Dios!

8.195.2 Quien ama a las mujeres más que a Dios, permanece en sus pecados.

8.199.11 Todo el que en mi nombre emprenda viajes para divulgar mi Doctrina, pura como la ha recibido de Mí, viajará seguro por todos los caminos. Andará sobre serpientes, salamandras y escorpiones y no le dañarán. Si alguien le pone veneno en la comida o la bebida, su cuerpo y su sangre no sufrirán daño. Si cae entre manadas de lobos, leones, tigres, panteras, hienas, osos y jabalíes, estos animales salvajes no le harán mal sino que, en caso de necesidad, estarán a su servicio; porque un hombre lleno del Espíritu de Dios, si tiene una fe imperturbable y sin duda alguna en su corazón, e igualmente en su alma, también es amo de la rabia y la ira de las fieras y domina todos los elementos.

8.201.6 El amor y la misericordia puros y desinteresados de un hombre en favor de sus hermanos enfermos y sufrientes, siempre hallará en Mí Amor, Misericordia y Condescendencia; pues escrito está: “La oración de un corazón puro, bueno, fiel y devoto siempre será atendida por Dios”».

8.201.10 El principal de los esenios pronunció las siguientes palabras para curar enfermos, las cuales más tarde también fueron usadas por todos los discípulos del Señor: «En nombre de aquel que es todopoderoso, santísimo y eternamente bueno, amoroso y misericordioso, pongo mis manos débiles sobre vosotros y el Señor y Maestro os ayudará».

8.207.25 El Señor, refiriéndose a la destrucción de Jerusalén, sesenta años más tarde: «Mi paciencia y longanimidad en los cuerpos cósmicos son muy grandes, casi ilimitadas, pero no infinitas. Mi Voluntad, que destruyó mundos obstinados y pertinaces, también puede aniquilar ciudades y pueblos.

8.214.10 Quien me busque en mis obras y señales tendrá un trabajo difícil y fatigoso y fácilmente se debilitará bajo la carga pesada; pero quien me busque en y por el amor, me encontrará pronto y fácilmente en sí mismo como la fuerza de toda la Vida, y así lo habrá hallado todo: la Vida eterna, su fuerza, poder y sabiduría.

8.215.6 ¡Guardaos de la gula y de la glotonería porque menguan el amor a Dios y alimentan y fortalecen el egoísmo y con él el juicio de la materia y su muerte! Cuidaos también de la impudicia y de toda clase de fornicación, porque impúdicos, fornicadores y adúlteros no entrarán en mi Reino de Vida.

8.215.8 ¡Guardaos igualmente de la ociosidad y de la holgazanería que son la raíz de todos los vicios y males de los hombres!».

El posadero supersticioso

8.215.11 El posadero esenio dijo al Señor: «¡Oh, Tú, Señor y Maestro; eternamente grande! ¿No quieres pisar mi casa para que sea bendecida por las pisadas de tus pies benditos?».

8.215.12 Dije Yo: «Debes tener buena opinión de mis pies pero mis pisadas no dejarán bendición alguna en tu casa; pero si vives y obras con los tuyos según mi Voluntad, toda tu casa recibirá una bendición verdadera y efectiva. En otras más creyeron y todavía creen quienes están presos de la superstición, que en sí es muerta y no tiene poder vital. ¿Para qué sirven determinados signos, reliquias, algunas piedras, números, la luna nueva y otros pronósticos como horóscopos, etc.? No sirven para nada, antes perjudican al alma y a través de ella también al cuerpo. Tampoco mis pisadas pueden ser útiles ni a este lugar ni a esta casa. Pero es de gran utilidad para todos vosotros que haya venido a anunciaros mi Voluntad y a mostraros los caminos para llegar a la Vida eterna.

8.215.13 Cierto es que también las piedras, los metales, las hierbas, sus raíces y frutas contienen fuerzas curativas para varias enfermedades del cuerpo; pero hay que conocerlas y saber aplicarlas sabiamente a enfermedades determinadas. Sin embargo, quien los utiliza como hechizos o remedios mágicos peca contra la razón y contra el sabio Orden de Dios.

8.215.18 Yo te digo: ¡Abandona tales usos tenebrosos de superstición! Todo es un engaño ideado sutilmente por los diversos sacerdotes de los diferentes pueblos de la Tierra y no contiene ni jota de verdad».

TOMO 9

El Señor en Jericó

9.6.15 El Señor: «Si el hombre quiere liberar su alma de la tristeza y el miedo, tiene que hacer todo lo necesario para mantener su cuerpo en buena salud».

9.7.2 «El hombre no vive para comer sino come para vivir, y para ello no se necesita un estómago atiborrado ni la embriaguez diaria de un vino muy fuerte».

9.7.10 En un albergue algunos comerciantes hicieron observaciones acerca de la sociedad santa, suponiendo que Jesús era un médico conocido y de gran fama. Las observaciones contenían otras palabras que no correspondían a la verdad.

9.7.11 Mis discípulos también oyeron las observaciones de los forasteros y Santiago (el mayor) quería cortar la conversación de los comerciantes.

9.7.12 Pero Yo le dije con voz baja: «¡Deja que hablen y juzguen sobre nosotros como quieran; pues con ello no nos perjudican! Cuando en mi nombre prediquéis el Evangelio a todo el mundo, no podréis evitar las críticas de los hombres. Si los hombres son ignorantes y sus opiniones estúpidas pero sin maldad, ¡dejadlos hablar! Sin embargo, cuando los hombres expresan críticas malintencionadas, podréis llamarles ante un juez o abandonar la región, sacudiéndoos el polvo de los pies y Yo seré el juez del lugar y sus habitantes. Así, ¡dejémosles hablar como quieran, pues nadie puede juzgar un asunto más allá de su comprensión! Tales cosas no deben perturbaros en el futuro».

9.9.5 El Señor: «Hacer bien a los pobres agrada a Dios, y trabajar y recoger para los menesterosos es magnífico ante Dios y será retribuido ya en esta vida y aún más en la otra.

9.11.11 Antes de comer ruega a Dios en tu corazón que bendiga comidas y bebidas para ti y para todos los hombres y Dios atenderá siempre este ruego.

9.12.6 Mentirosos y engañadores en cualquier situación de la vida no serán tenidos en cuenta por Dios ni entrarán en su Reino eterno de Vida.

9.20.10 ¡Creedme: nuestro Jehová es desde la eternidad el único Dios verdadero, vivo y bueno; y jamás ha desatendido los ruegos de quienes han creído en Él sin asomo de duda, han cumplido sus mandamientos y le han amado sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismos! Si muchas veces no atendió completamente sus ruegos para mayor purificación de las almas, nunca los desoyó del todo, y siempre los cumplió cuando menos lo esperaban los suplicantes».

9.26.13 Cuando llegamos al camino principal algunas personas me reconocieron y se organizó un gran barullo. Muchos hombres se regocijaron y gritaban en voz alta: «Él llegó, llegó el gran salvador de Nazaret. ¡Salve! ¡Salve! ¡Qué gran alegría verle».

9.26.14 Y mis discípulos les amenazaban y les mandaban que callasen.

9.26.15 Pero Yo les reprendí tal conducta ante el pueblo, diciendo: «¡Yo soy el Señor! Si Yo soporto el ruidoso regocijo de la multitud, también vosotros seréis capaces de tolerarlo. ¡Que el amor y la paciencia guíen siempre vuestros pasos y nunca las amenazas ni las coacciones! ¡Es infinitamente más sublime ser amado por los hombres que ser temido de ellos!

9.29.3 A quien dejo que padezca todavía diversas enfermedades, aflicciones y tribulaciones, le ayudaré en tiempo oportuno; mas aquel al que permito que continúe su vida holgada y gozosa sin ser turbado, ya lleva en sí su juicio y su muerte eterna. Ahora sabes por qué algunos hombres ricos e importantes pueden cometer sus atrocidades sin ser castigados hasta el fin de su vida corporal.

La medida del bien y del mal

9.30.1 Establecí para este mundo cierta medida tanto en el bien y en la Verdad como en el mal y en la mentira, o sea en la falsedad.

9.30.2 Cuando un hombre bueno ha colmado enteramente esta medida con su empeño, entonces cesarán las tentaciones continuas y, en la Luz clara de los Cielos, ascenderá la perfección de la Vida de un escalón a otro más alto, hasta el infinito.

9.30.3 Pero también cuando el malvado ha colmado su medida mala, no se le advierte más y descenderá cada vez más profundamente en la más negra noche y en el juicio durísimo y severo de su vida ya muerta; y no lo consideraré más que a una piedra en la que no se ve vida alguna, sino que lo someteré al juicio y a la eterna ley imperativa de mi Voluntad, lo que los antiguos llamaron “la ira de Dios”.

9.30.5 En cuanto una vez demasiados hombres colmen demasiado la medida de su maldad, entonces, a causa de los pocos buenos y elegidos, Yo abreviaré el tiempo de su malvada actividad impune, y su propio juicio los tragará ante los ojos de los pocos justos, como sucedió en tiempos de Noé, Abraham, Lot, Josué, y como también ocurrirá todavía varias veces en el futuro.

9.30.6 Pronto los judíos sufrirán el comienzo de este juicio y más tarde también otros reinos con sus príncipes y pueblos. Cuando hayan transcurrido casi dos mil años, vendrá un juicio general más grande para salvación de los buenos y perdición de los grandes egoístas y materialistas.

9.30.7 Ya revelé a mis discípulos en varias ocasiones cómo y en qué consistirá este juicio para que lo anunciaran a los pueblos de la Tierra. ¡Dichosos quienes les escuchen y arreglen su vida para no ser atrapados en el juicio».

El Señor en Nahim, en Judea. Resurrección del joven de Nahim. Causas de la miseria y de las enfermedades

9.35.4 El Señor: «Yo sólo permito que los hombres padezcan miseria, necesidades, apuros y escasez cuando han renegado de Mí o se han hecho idólatras oscuros o puros egoístas. La felicidad y el bienestar retornarán en la misma medida en que ellos vuelvan al único Dios verdadero.

9.35.4 Si los hombres nunca se apartasen de Dios, tampoco sufrirían miserias, escasez, ni apuros.

9.35.6 También las enfermedades del cuerpo son siempre la amarga consecuencia de la inobservancia de los mandamientos claros dados a los hombres.

9.35.7 Quien los cumple fielmente desde su juventud, no necesitará médico alguno hasta edad muy avanzada y sus descendientes no tendrán que sufrir por los pecados de sus parientes, como sucedía con los antiguos pueblos fieles a Dios. Pero cuando los hombres comenzaron a degenerarse, pronto les atacaron enfermedades graves, que les enseñaron a conocer las consecuencias del menosprecio o de la inobservancia de los mandamientos de Dios».

9.36.8 El hijo resucitado preguntó al Señor si más tarde tenía que morir otra vez, lo que le resultaba muy amargo. El Señor le enseña como sigue:

9.36.9 «¡Querido hijo mío! Os he anunciado fiel y verdaderamente que aquellos que creen en Mí, me aman sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismo, no verán, ni sentirán, ni palparán la muerte; pues quien según mi Verbo posee la Vida eterna, ¿cómo podrá morir?

9.36.10 También has dicho que en cierto modo la muerte es buena por la falta de los sentidos; pero eso no es así.

9.36.11 Sabiamente ordené que ahora no recuerdes todo lo que tu alma experimentó durante su ausencia del cuerpo; pues si tu alma recordase cuán dichosa y bienaventurada era entre los ángeles en el paraíso y cómo entristeció cuando le fue anunciado que según la Voluntad de Jehová debía volver a entrar en su cuerpo, ahora, unido de nuevo a él, no estarías tan alegre como estás. Si Yo quisiera, podría darte inmediatamente el recuerdo completo, pero no te haría un favor porque durante años serías enteramente incapaz de hacer nada en este mundo en el que todavía tienes mucho que trabajar.

9.36.12 A edad avanzada llegará la hora en que llamaré a tu alma; entonces también te daré el recuerdo de los tres días en el paraíso de mis ángeles y de rodillas me pedirás que la libere del cuerpo frágil.

9.36.13 Cierto es que tu cuerpo morirá otra vez y para siempre; pero tú continuarás viviendo en la conciencia perfecta de tu yo, y con mis ángeles ascenderás al más elevado grado de Amor y Sabiduría, haciéndote cada vez más bienaventurado y feliz, reconocerás cada vez más profundamente al Padre que habita en Mí, y admirarás sus grandes creaciones infinitas y maravillosas».

9.37.5 Quien verdaderamente busca a Dios, debe buscarle en su propio corazón, es decir, en el espíritu del amor, en el cual están escondidas toda la Vida y toda la Verdad, y pronto hallará fácilmente a Dios y su Reino.

9.37.6 También en la Escritura se dice que el hombre debe venerar a Dios.

9.37.7 Venerar a Dios quiere decir: amarle siempre sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Amar verdaderamente quiere decir: cumplir fielmente sus mandamientos bajo circunstancias aparentemente desagradables, las que Dios, según su Amor y Sabiduría, establece si es necesario para fortalecer y ejercitar el alma demasiado atraída por la materia. Únicamente Dios conoce cada alma, su naturaleza y su calidad, y también sabe como puede ser ayudada mejor en el camino verdadero de la Vida.

Señales de la presencia espiritual del Señor

9.43.1 A la despedida del Señor, el portavoz de los griegos le pidió que de vez en cuando les diera una señal como prueba de su presencia espiritual.

9.43.2 Dijo el Señor: «No una sola señal sino varias tendréis para siempre. Las señales seguras y nunca engañosas de mi presencia espiritual serán las siguientes:

9.43.3 La primera señal es que me améis sobre todas las cosas de este mundo.

9.43.4 La segunda es que por amor a Mí améis a vuestro prójimo como a vosotros mismos.

9.43.5 La tercera es que siempre recibiréis todo lo que seria y razonablemente pidierais en mi nombre al Padre en Mí.

9.43.6 Una cuarta señal de mi presencia poderosa entre vosotros será que cuando por amor verdadero al prójimo, impongáis en mi Nombre las manos sobre los enfermos, mejorarán, si es oportuno y provechoso para la salvación de sus almas.

9.43.7 Huelga decir que con ello siempre habréis de afirmar en vuestro corazón: “Señor ¡hágase sólo tu santa Voluntad y no la mía!”, pues no podéis saber cuando la mejoría de la salud corporal es provechosa para la salvación del alma y ninguno tiene la suerte en esta Tierra de vivir eternamente en su cuerpo. Por ello la imposición de las manos tampoco puede proporcionar siempre y a cada hombre alivio de sus sufrimientos corporales.

9.43.8 Si estáis lejos y escucháis que cualquier amigo o conocido vuestro está enfermo, entonces rogad por él e imponedle las manos en espíritu y mejorará.

9.43.9 La oración pronunciada en el corazón consiste en las palabras siguientes: “¡Jesús, el Señor, te ayude! ¡Él te fortifique y te cure por su Gracia, Amor y Misericordia!”.

9.43.10 La quinta señal de mi presencia espiritual entre vosotros será que si siempre hacéis mi Voluntad, alcanzaréis en vosotros el renacimiento del espíritu. Éste será el verdadero bautismo de la Vida; con él seréis plenos de mi Espíritu e introducidos en toda Vida y Verdad».

9.44.1 A la última pregunta del griego acerca de si debían construir una casa propia de reuniones para congregarse semanalmente y hablar sobre la Doctrina del Señor, sobre experiencias y hechos concernientes a la Doctrina, el Señor dio la información siguiente:

9.44.5 «Si por amor a Mí queréis construir una casa, entonces debe ser una escuela para vuestros hijos, con maestros de mi Doctrina. También podéis edificar una morada para alojar pobres y enfermos con todo lo necesario para cuidar y asistir a quienes la habiten.

9.44.6 En la escuela podéis reuniros en mi nombre. No es preciso fijar día ninguno para la reunión, porque cada día es un día del Señor, pudiendo hacerse el bien diariamente. Dios no considera el día y mucho menos una casa construida en su honor; sólo mira el corazón y la voluntad del hombre. Si el corazón puro y la voluntad buena estimulan al hombre a la acción, ésta es la casa verdadera y viva del Espíritu de Dios en el hombre».

El Señor y sus discípulos encuentran una cuadrilla de salteadores en una región desierta y la convierten

9.48.4 El Señor, dirigiéndose al capitán y a sus compañeros: «Ya os he perdonado vuestros pecados, de los cuales son culpables los fariseos. Si vuestra conciencia os acusa de otros delitos contra la ley de Moisés, ¡reparadlos!; y si el perjudicado os ha perdonado, os serán perdonados enteramente en los Cielos.

9.48.5 Si encontráis un hombre endurecido que no quiere perdonaros, ¡no os aflijáis en vuestros corazones! En este caso aceptaré vuestra buena voluntad como obra, mientras que el hombre obstinado e irreconciliable contraerá una deuda en su cuenta espiritual porque únicamente Yo soy el juez más sabio y más justo que a todos dictamina la sentencia más eficaz».

La imitación del Señor

9.57.7 El Señor: «El sendero que conduce al verdadero y vivo Reino de Dios es muy estrecho y muchas veces cubierto de espinas. Humildad y abnegación es su nombre. Para el hombre mundano es enteramente impracticable».

9.57.11 Dijo el dueño del albergue al Señor: «Te agradezco esta enseñanza para la Vida; pero al mismo tiempo te ruego que vengas indulgentemente a mi encuentro cuando dé el primer paso en la senda hacia el Reino de Dios, y me ayudes para que al avanzar por el estrecho camino de la Vida no quede cansado, ni me desaliente, ni me impaciente».

9.58.1 Respondió el Señor: «Ya lo he hecho y así avanzarás fácilmente; pues a quien ilumina mi Luz de la Vida, difícilmente tropezará con su pie en la piedra en el camino y podrá evitar las espinas. Quien anda conmigo siempre irá bien preparado por el camino. Pero quien sin Mí se dirige al Reino de Dios -al Reino interno de la Vida y de toda Verdad- tendrá que recorrer camino largo, estrecho y muy espinoso.

9.58.2 Para ti y para muchos que me han visto y oído es fácil creer totalmente en Mí, pero quienes vendrán sólo conseguirán entrar en el Reino de Dios por la fe pura. Quien me ve y oye, cree fácilmente y puede vivir y actuar con facilidad según mi Doctrina; mas quienes en el futuro no me vean en mi cuerpo, tendrán mayores dificultades para entrar en el verdadero y vivo Reino de Dios, porque habrán de creer lo que contarán los mensajeros enviados por Mí.

9.58.3 Quien en su corazón creyente acepta los mensajes relatados, teniendo gran alegría en la Verdad oída, recibirá el bautismo del Espíritu venido de Mí y podrá vislumbrar la puerta abierta al Reino de Dios. Desde este momento también los que no han sido testigos de mi presencia actual podrán hallar fácilmente el camino para entrar en el Reino de Dios.

9.58.4 Cuando habláis de mi Reino a los hombres ¡decidles también lo que acabo de hablaros! ¡Ante todo hacedles comprender que mi Reino no es de este mundo sino que es el Reino interior de toda la Verdad y de toda Vida en lo íntimo del hombre! Quien lo ha encontrado en sí y ha entrado en el mismo por la fe viva y por el amor activo, habrá vencido al mundo, al juicio y a la muerte, gozando la Vida eterna.

9.58.5 A la inteligencia del materialista mis palabras le parecen una necedad, pero sin embargo son la sabiduría máxima de toda la Vida en Dios. ¡Bendito quien no se escandalice!

9.58.6 Nadie puede saber lo que está escondido en el hombre y sirve necesariamente para la Vida, sino sólo el Espíritu que habita dentro de él: y así ningún sabio es capaz de saber lo que es Dios y lo que hay en Él, sino solamente lo sabe el Espíritu de Dios que penetra todas las profundidades de la Divinidad.

9.58.7 Si el espíritu en el hombre no es despertado como Luz verdadera de la Vida, entonces en el hombre reinará la oscuridad y no se conocerá a sí mismo; pero cuando por la fe en Mí y por el amor para conmigo y para con el prójimo se despierta el espíritu en el hombre y se enciende, haciéndose una Luz clara, entonces el espíritu penetrará todo el hombre y el hombre verá lo que está en él y se conocerá; y quien se conoce a sí mismo, conoce también a Dios, porque el verdadero y eterno Espíritu de la Vida en el hombre no es un espíritu humano sino un Espíritu divino en el hombre: de no ser así, el hombre no sería la imagen de Dios».

Bendición de frutos en una pequeña aldea de Samaria

9.59.7-11 En una pequeña aldea samaritana los discípulos del Señor quisieron confortarse comiendo frutos de los árboles. Los propietarios les dieron permiso. Mientras los discípulos se los comían, los aldeanos vieron que sus árboles se llenaban ostentosamente de frutos.

9.59.13 Por eso preguntaron a los discípulos: «¿No veis que las ramas apenas son capaces de soportar la carga de fruta que aumenta visiblemente mientras la coméis? Esto es un milagro claro y evidente».

9.59.14 Contestó el apóstol Andrés: «Lo que veis, también lo vemos; pero no somos nosotros quienes lo hacen sino vuestro amor desinteresado al prójimo. Somos forasteros para vosotros y hospitalariamente nos habéis permitido comer sin pagar los frutos dulces de árboles mantenidos tan laboriosamente. Dios ha tenido gran complacencia en vuestro amor y amistad para con nosotros y por eso ha bendecido vuestros árboles.

9.59.15 Verdad que es caso muy raro en este tiempo mostrar amor y amistad a un caminante desconocido sin hacerse pagar. Sea donde fuere se espera pago por el favor hecho a alguien. Pero ¡por puro amor al prójimo! sucede tan raramente como milagro de la bendición divina que tenéis ante vuestros ojos.

9.59.16 Por tal motivo continuad observando fielmente el amor desinteresado al prójimo y amad también a Dios, cumpliendo fielmente sus mandamientos, y nunca podréis quejaros de que la bendición divina sea escasa. Dios es eternamente el mismo. Sólo los hombres son versátiles e inconstantes, le olvidan en su delirio mundano, consideran las leyes de Dios como obra de la inteligencia humana y hacen lo que les da la real gana. Tal creencia y actitud materialista es la causa de que Dios no dirija los ojos de su Gracia y de su Amor hacia los hombres que le han olvidado casi totalmente, sino los de su ira.

9.59.17 En tales circunstancias, con toda seguridad, los milagros divinos serán acontecimientos rarísimos entre los hombres; pero en donde todavía haya quienes creen fiel e irrevocablemente en Dios y cumplen sus mandamientos sin ensuciar ni manchar su corazón ni su alma con la codicia del vil dinero mundano, Dios se les revelará como el mejor Padre y bendice a sus hijos, como ocurría en tiempos de los patriarcas. Sólo se muestra como juez inexorable y castiga con diversas adversidades a sus hijos mundanos que no le respetan».

9.60.3 El Señor: «Yo estoy en Dios y Dios está en Mí y los que están conmigo están igualmente con Él y Dios con ellos. Dios está con todo el que cree vivamente en Él, cumple sus mandamientos, le ama sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Quien no ama a su prójimo al cual ve como imagen parecida a Dios, sean forasteros o de la misma región, y no le ayuda en cualquier miseria, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ve?

9.60.4 Por esto el amor verdadero y desinteresado al prójimo es idéntico al amor a Dios, y Dios recompensa tal amor ya en este mundo y aún más en su Reino eterno, o sea en el Más Allá. En verdad os digo: ni un trago de agua ofrecido de buen corazón a un sediento quedará sin recompensa.

9.60.7 Dios examina a cada uno antes de ayudarle. Cuando el hombre mantiene su fidelidad y amor a Dios, entonces, cuando menos se piensa, llegará la ayuda aparente y evidente de Dios, y su bendición permanecerá para siempre sobre el hombre fiel. ¡Acordaos y pensad que Dios os ha examinado para el bien de vuestras almas! Habéis aprobado el examen y así Dios vino a vosotros con la abundancia permanente de su bendición».

9.62.13 Como conclusión a los sucesos aclarados a los habitantes de esta aldea montañosa, el Señor cuenta:

Un año más tarde, cuando las tierras áridas se transformaron en campos fértiles, su fe se fortificaba y Yo aparecía de tiempo en tiempo visiblemente entre ellos, fortificándolos en la fe y en el amor, en la paciencia y en la humildad. Cuando oyeron que Yo había sido crucificado en Jerusalén, algunos de ellos tuvieron miedo y dudaron en la fe; así fue necesario que apareciese personalmente entre ellos, mostrándome Señor y vencedor de la muerte. Los consolé explicándoles que según las Escrituras todo había de suceder así para que toda alma que cree en Mí, tras pasar por la puerta obscura de la muerte, entre en la Gloria eterna, en la cual Yo entré y en la cual me hallaba desde eternidades. Todo pasó por Amor a los hombres, para que llegasen a ser mis hijos verdaderos, semejantes a Mí en todo -gracias a la fe en Mí y en mi encarnación para la salvación del mundo-, pero también para juicio de los malos. Los habitantes de la aldea montañosa se volvieron verdaderos héroes y luchadores de la fe activa.

El Señor con los suyos en una selva virgen de Samaria

9.63.6 El Señor: «Mientras existan bosques en la Tierra en medida adecuada y abundante, dando abrigo bien ordenado a los espíritus de la naturaleza -los cuales desde todas las estrellas se dirigen a la Tierra, se desarrollan aquí y ascienden-, no se desatarán sobre ella violentas tormentas elementales, ni aparecerán las diferentes plagas epidémicas. Pero cuando el hombre, en su afán de lucro y codicia, atenta contra los bosques en la Tierra, entonces la vida se volverá difícil para el hombre y aún más difícil donde haya muchos claros en los bosques. ¡Tenedlo en cuenta para avisar a los hombres de la industria antes de que emprendan este trabajo devastador!

9.63.7 En las primeras épocas los hombres de esta Tierra no sabían nada de casas construidas de madera y aún menos de castillos hechos de albañilería; los bosques y las selvas servían también de moradas para los hombres y en esas habitaciones naturales llegaban en perfecta salud a una edad muy avanzada.

En el norte de Asia, de Europa y de otros continentes, así como en la parte meridional de la Tierra, todavía hoy viven en los bosques hombres de naturaleza fuerte y saludable, y así tales bosques no son inútiles ni terribles como lo imagina la corta inteligencia de los hombres».

El Señor en Galilea

9.64-65 El Señor y todos los discípulos hicieron una parada al lado de un albergue aislado en medio de las montañas galileas para apagar la sed después de la comida de pan con miel en la selva virgen. El propietario sólo disponía del agua de la cisterna, no muy buena, y de leche de oveja.

El Señor propuso al dueño del albergue abrir una fuente de agua en un lugar adecuado. Sin creer que ello fuera posible el dueño mostró una roca alta cerca de la casa como el lugar más oportuno. A la Palabra del Señor se desprendió una parte de la pared de roca y en el mismo instante salió un buen chorro de agua.

Entonces el Señor se dio a conocer al dueño, como hijo del carpintero nazareno. El dueño del albergue, profundamente asustado, prometió instruirse en la Doctrina del Señor, a través de sus discípulos.

9.65.8 El Señor: «Quien cree en Mí y en mi Verbo y obra según él, de sus lomos correrán ríos de agua viva y jamás sentirá sed, porque en sí tendrá la Vida eterna en la Verdad y en el Espíritu de todo Amor de Dios.

9.65.9 Es fácil mandar a una roca que mane agua fresca; pero como el ánimo y el corazón de los hombres es mucho más duro que esta roca, es mucho más difícil mudar a los hombres para que de sus lomos corra agua de Vida, o sea la Verdad eterna en Dios, que ahora se dirige a los hombres por el Verbo.

9.65.10 Cuando este agua te sea transmitida también a ti, entonces cree y obra, y en el Reino de Dios serás una fuente, en la cual refrescarán sus almas para la Vida eterna muchos sedientos de la Verdad».

9.69.15 El Señor: «El hombre debe comer y beber para sustentar la vida corporal. Los alimentos, comidas y bebidas, deben ser puros y frescos. También es saludable para el cuerpo, mantenerle lo más puro posible. El hombre debe ser en todo limpio, moderado y sobrio. Por tal motivo estas reglas y prescripciones son buenos y curativos no sólo para los judíos sino para todos los hombres, porque de un cuerpo enfermo el alma no puede elevarse tan fácilmente a lo que puede favorecer su salvación, ni fortificarse para la Vida eterna».

9.71.12 El Señor: «Si Yo fuese semejante a los hombres, habría perdido ya muchas veces la paciencia; pero siendo aquel al que conocéis, y estando lleno de la máxima paciencia, indulgencia, Amor y afabilidad, nunca podréis quejaros de mi humildad. Sed tan pacientes, apacibles y humildes como Yo lo soy con todo mi Corazón, amaos mutuamente como hermanos verdaderos al igual que Yo os amo y siempre os he amado, ¡y así mostraréis a todo el mundo que verdaderamente sois mis discípulos! Ninguno de vosotros se tenga por mayor que su compañero, pues todos sois hermanos; sólo Yo soy vuestro Señor y maestro y lo soy y lo seré en todas las edades de este mundo y eternamente. Si el Padre no tuviese paciencia con sus hijos ¿quién debería entonces tener paciencia con ellos?».

Enseñanzas del Señor sobre “comer su carne y beber su sangre”

9.73.2 El Señor: «El pan y la carne son una misma cosa, al igual que el vino y la sangre. Quien escuchando mi Palabra come el Pan del Cielo, y actuando según ella en un abnegado amor a Dios y al prójimo bebe el Vino de la Vida, come verdaderamente mi Carne y bebe mi Sangre. De la misma manera que el pan natural que comen los hombres se convierte en carne dentro del hombre y el vino en sangre, así en el alma humana mi Palabra como pan se transforma en carne, y el vino, por obras de amor, en sangre.

9.73.3 Así, cuando Yo digo que “aquel que come mi carne” y al mismo tiempo ha tomado el vino del Amor, que ya no es vino sino sangre de la Vida, significa que ya ha aceptado mi Palabra no sólo con su mente y su razonamiento, sino también con su corazón, que representa, como dije antes, el estómago del alma; la mente y la memoria del hombre están relacionadas con el corazón como la boca lo está con el estómago natural. Mientras el pan natural se encuentre entre los dientes, sigue siendo pan; pero una vez masticado pasa al estómago donde los jugos gástricos lo disuelven en sus partes nutrientes, convirtiéndose así en carne. Lo mismo ocurre con el vino y el agua.

Sin agua moriría la vid, y todas las plantas y animales necesitan del agua para su nutrición. Mientras mantengas el vino en la boca, no pasa a la sangre, pero cuando pasa al estómago, rápidamente entra en ella.

9.73.4 Por consiguiente, quien escucha mi Palabra y la retiene en su memoria, retiene el pan en la boca del alma. Cuando comienza a meditar, entonces los dientes del alma mastican el pan. La mente es para el alma lo que los dientes para el cuerpo del hombre.

9.73.5 Una vez que la mente ha masticado mi Pan, o sea mi Doctrina, y la ha comprendido y aceptado, debe ser acogido en el corazón por amor a la Verdad y convertirse en hechos mediante una voluntad fuerte. Así la Palabra se convierte en carne y por la voluntad fuerte y seria de actuar se transforma en la sangre del alma, que es mi Espíritu y sin el cual el alma estaría tan muerta como lo está un cuerpo sin sangre».

9.74.1 El Señor: «Si un hombre tiene un estómago débil, entonces toma una bebida bien conocida de hierbas por la que los alimentos difícilmente digeridos serán expulsados de modo natural del estómago y de los intestinos. Los alimentos de difícil digestión son comparables con las reflexiones suscitadas en el alma: si debe creer en esto o en aquello, si debe actuar según ello...

9.74.2 Cuando el estómago natural y débil se ha purificado ¿qué es necesario hacer para que se fortifique y permanezca así? El hombre ha de ser activo y realizar bastantes ejercicios al aire libre y fresco y el estómago pronto vuelve a adquirir su fuerza y salud. Lo mismo debe hacer también el alma, purificando su corazón de todas las doctrinas, conceptos e ideas erróneos. Con amor y fe acepta la Verdad enseñada por Mí y acto seguido se pone en actividad, con lo que se fortificará pronto, recuperando la salud para siempre.

9.74.3 Por ello ninguno de vosotros sea solamente oyente sino al mismo tiempo practicante activo, serio y obediente de mi Palabra, y todos los recelos y dudas desaparecerán pronto de su alma.

9.74.4 El estómago corporal, cuando está fuerte y saludable, puede aceptar sin sufrir daño toda clase de alimentos puros, y en caso de necesidad también impuros, porque su actividad expulsa las impurezas o las transforma, haciéndolas elementos puros. Lo mismo hace el estómago fuerte y enteramente sano del alma. Por consiguiente para el puro todo es puro y ni la más impura emanación pestilencial del infierno puede perjudicarle.

9.74.5 Tan pronto como estéis en plena posesión de mi Reino en vosotros, podréis pisar serpientes y escorpiones y tomar venenos del infierno y nunca os harán daño.

9.74.11 En verdad os digo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo recibiréis. ¿Dónde entre los hombres, la mayoría malos, hay un padre que, si su hijo le pidiera pan, le daría una piedra, o si su hija le pidiera un pez le daría una serpiente?

9.74.12 ¡Si ya los hombres, generalmente de mal carácter, hacen buenos regalos a sus hijos, cuánto más vuestro Padre en los Cielos, el único bondadoso, hará buenos regalos a los que le piden con amor y fe!

9.74.13 Por ello ¡sed siempre alegres de corazón y de ánimo! Pues el Padre santo y bondadoso siempre vela sobre vosotros y cuida vuestro bienestar y la salvación de vuestras almas.

9.74.14 El Padre, sin embargo, está en Mí como Yo siempre y eternamente estoy en Él, y os aseguro que jamás os dejaré huérfanos hasta el fin de los tiempos de esta Tierra.

9.74.15 En verdad os digo: Quien me ama verdaderamente y cumple mis mandamientos, a este vendré y Yo mismo me manifestaré a él, y cada cual podrá convencerse que no está huérfano en el mundo. ¡A quien así me manifieste, que lo participe también a sus hermanos para que sean consolados y fortificados!

9.74.16 Quien con agrado fortifica a los débiles, consuela a los afligidos y ayuda a los enfermos, podrá contar con el premio décuplo de Vida que Yo le daré. ¡De esto podréis estar siempre y enteramente seguros!».

El verdadero temor a Dios

9.86.5 El Señor: «¿Qué quiere decir “temer a Dios”? “Temer a Dios” quiere decir amar a Dios sobre todas las cosas, porque es el Amor más elevado y puro, y porque es la Verdad máxima, permanecer en ella y no considerar la mentira del mundo por egoísmo e interés material.

9.86.6 Quien sea veraz en todo, tendrá el verdadero temor a Dios en su corazón, y quien lo tenga, adorará constante y perfectamente a Dios. Así como la mentira es la máxima deshonra de Dios, la Verdad pura y viva es siempre la veneración máxima y la adoración más cierta de Dios.

9.86.9 Si crees vivamente en Mí, recibirás siempre lo que pidas en mi nombre al Padre que está en Mí, y para ello no se necesita mi presencia visible; pues en Espíritu soy omnipresente y oigo y veo todo, y por lo tanto lo sé todo perfecta y detalladamente desde lo máximo hasta lo mínimo.

9.86.12 Quien lleno de fe viva en su corazón me pide algo justo, será atendido.

9.86.13 Y quien vive y actúa en mi nombre y según mi Doctrina , ora verdaderamente sin cesar y por esto recibirá siempre lo que necesita.

9.87.5 Un hombre bien provisto de bienes materiales, fácilmente olvida la oración verdadera plena de fe. Cuando un día le golpea una miseria, empieza a buscar ayuda a Dios, orando. Su confianza en Dios es, sin embargo, demasiado pobre para que Él le atienda, y la razón se funda evidentemente en la falta de fe viva en Dios».

La segunda venida del Señor

9.94.2 El Señor: «Cuando vuelva la segunda vez, no naceré como niño del vientre materno; pues este cuerpo mío quedará transfigurado como Yo en Espíritu para toda la eternidad y por lo tanto no necesito otro cuerpo.

9.94.3 Vendré primero invisiblemente en las nubes del cielo, lo que quiere decir que por de pronto me acercaré a los hombres por medio de verdaderos videntes, sabios y profetas recién despertados. En ese tiempo doncellas profetizarán y jóvenes tendrán sueños claros, y anunciarán mi venida y muchos les escucharán y se mejorarán; pero el mundo los tomará por locos fanáticos y no les creerá como sucedió con los profetas.

9.94.4 También de vez en cuando despertaré a hombres a cuyo corazón dictaré todo lo que sucede y se habla ahora durante mi presencia. Estos despertados lo escribirán todo. Todo será publicado en millares de ejemplares por medio de máquinas en pocas semanas. Como en tal época la mayoría de los hombres sabrá leer y escribir, la divulgación de tales libros se hará con gran facilidad.

9.94.5 Este manera de divulgar mi Doctrina nueva y pura dada desde los Cielos, se realizará más rápidamente y con más efecto entre todos los hombres de la Tierra que ahora que mis discípulos la transmiten boca a boca.

9.94.6 En cuanto mi Doctrina haya sido así extendida entre los hombres de buena voluntad y fe, Yo en persona, es decir en Espíritu, o sea en cuerpo transfigurado, vendré visiblemente aquí y allá a los que más me amen y a los que más vehementemente añoren mi segunda venida. Con esto también poseerán una fe más plena y viva.

9.94.6 Yo mismo formaré entre ellos comunidades a las que ningún poder del mundo será capaz de oponer resistencia. Yo seré su jefe de ejército y el héroe eternamente invencible que juzgue a los materialistas ignorantes y ciegos. Así purificaré la Tierra de su vieja inmundicia.

9.94.7 Durante el tiempo de los nuevos videntes y profetas habrá entre los hombres grandes aflicciones, tribulaciones y miserias como nunca las hubo en este Tierra; pero a causa de mis elegidos no durarán sino corto tiempo para que ellos no sufran perjuicio en su salvación.

9.94.7 Sin embargo, no reapareceré para adoctrinar y consolar a los débiles en este país -que será destruido por los paganos sombríos en el tiempo de mi segunda venida-, en el que los judíos del Templo me persiguen como a un criminal. Fundaré un Reino nuevo en países de otro continente, un Reino de paz, de concordia, de Amor y de fe viva y continua, y el miedo ante la muerte corporal ya no existirá entre los hombres que caminarán en mi Luz y tendrán trato constante con los ángeles celestes.

9.94.11 La Tierra es mía y Yo sé dónde mi segunda venida tendrá el mayor efecto para toda ella. En un tiempo en el que los hombres podrán comunicarse de un cabo a otro del planeta con la velocidad de rayo y en el que utilizando los espíritus ligados al fuego podrán recorrer las mayores distancias terrenales por caminos de hierro, y en naves atravesarán el gran océano más rápidamente que ahora los romanos lo hacen de Roma a Egipto, la noticia de mi vuelta en persona se divulgará sobre toda la Tierra fácilmente y en tiempo muy corto.

9.94.12 Queda por saber si la noticia hallará fe en los ciegos y sordos paganos de este continente.

9.94.13 Difícilmente antes de ser purificado por un gran juicio mundial.

9.94.14 Hay un gran país en el lejano oeste, rodeado por grandes océanos y que no está unido en parte alguna al viejo mundo. De este país llegarán a los hombres noticias de grandes acontecimientos que también se presentarán en el oeste de Europa - acontecimientos con los que se producirán luces muy claras y sus reflejos continuos. Las luces de los cielos se encontrarán, se reconocerán y se apoyarán.

9.94.15 A partir de estas luces se formará el Sol de la Vida - la Nueva Jerusalén perfecta. Y en este Sol Yo volveré a esta Tierra. - ¡Pero vale ya de explicaciones sobre lo venidero!».

9.95.6 El Señor: «A aquel que en mi nombre da mucho, le daré también mucho; pero a aquel que en mi nombre lo da todo, le daré también todo, eternamente».

El dueño del albergue y Judas Iscariote

9.98.14 Un dueño de albergue se dirigió a Judas Iscariote e, inspirado por el Señor, le dijo: «Un hombre que todavía puede ser ofendido y humillado por las flaquezas de su prójimo aún no ha sido penetrado por la Verdad de la Vida para que pudiera decir: “¡Eres un hombre según mi Corazón!”».

9.98.17 Después de un rato Judas Iscariote, dándose visiblemente por aludido y ofendido, dijo: «¡Sí, sí, debes tener razón, pues estás penetrado profundamente por el Espíritu verdadero de la Doctrina! Pero si el Señor te dijera: “¡Eres un diablo!”, ¿cómo podría agradarte recibir un testimonio semejante de su boca?».

9.98.18 Contestó el dueño del albergue: «Amigo, si el Señor me diera tal testimonio le diría en mi corazón: “¡Oh, Señor y amo de la Vida, te agradezco, enteramente contrito ante tu Gloria, que me hayas mostrado qué gran pecador soy todavía ante Ti! ¡Pero te pido que me concedas la merced y la misericordia de exorcizar de mí al demonio del orgullo, de la mentira, del engaño y del vil egoísmo, y que me llenes del espíritu de la verdadera humildad, de la afabilidad, de la abnegación y de amor verdadero hacia Ti y desinteresado para con el prójimo!”. Y creo sin duda alguna que el Señor no se resistirá a concederme tal merced, si este ruego surge de una necesidad seria de mi vida».

Quitarse del viejo Adán y ponerse el nuevo

9.100.9 El Señor a Judas Iscariote: «Subyuga con tu libre voluntad tus deseos, apetitos, codicias y concupiscencias mundanos que se enfurecen y se desencadenan en la carne, y aspira al Reino de Dios que se halla en ti, y con esto habrás quitado al hombre viejo y puesto a uno nuevo.

9.100.10 Pero si continúas teniendo afición a cosas externas y a sus tentaciones, y andas vagando en el ámbito estrecho de tu sabiduría terrenal y en experiencias diversas, como un ciego, te podrá suceder que el espíritu malo del mundo te coja prisionero y serás una víctima miserable y deplorable suya en cuerpo y alma.

9.100.15 ¡Prestad atención a todo lo que Yo mismo os enseño y vuestro intelecto será iluminado en todo!».

Motivos de la miseria en la Tierra

9.101.1 Dijo el dueño del albergue: «Señor y Maestro, ¡fortifica nuestra voluntad con tu Gracia y Amor para que ella dé paso a nuestra comprensión de la Verdad hasta que alcancemos la meta luminosa de nuestra vida! No basta reconocer la Verdad si la acompaña una voluntad perezosa y débil. La voluntad es la fuerza del amor en nosotros; según sea la condición de este amor, así también será la voluntad. Por tal motivo, te ruego, Señor, que sobre todo fortifiques en nosotros el amor a Ti y al prójimo».

9.101.2 Dije Yo: «Tu ruego es justo y real, y por eso será atendido; pero lo que el hombre no hace por puro amor a su prójimo, sino sólo para distinguirse y brillar ante el mundo, no tiene valor ante Mí.

9.101.4 Quien presta dinero sobrante, ¡qué no lo haga a los que pueden pagar grandes intereses sino a los que están hundidos en la miseria y sin cobrar interés! Si no pueden devolver la suma prestada, que no les guarde rencor, sino que con toda amabilidad y verdadero amor al prójimo perdone la deuda. En verdad os digo que restituiré con intereses elevados el capital al misericordioso acreedor y estableceré para él un gran tesoro en el Reino de los Cielos. De este tesoro tendrá eternamente en abundancia.

9.101.5 Hasta una copa de agua fresca servida a un sediento será recompensado por Mí.

9.101.6 Si todos los hombres viviesen de esta manera según la Voluntad y el consejo de Dios -muchas veces manifestados-, nunca habría miseria, ni tribulación, ni desgracia entre ellos en esta Tierra. Los mismos hombres causan la miseria debido a su espíritu codicioso. Los grandes y poderosos se han convertido en ladrones y explotadores de los pueblos por su avaricia y megalomanía, pero a su debido tiempo Yo les daré su pago.

9.101.7 ¡Mirad los grandes reinos de vuestra Tierra! ¿Dónde están los poderosos reyes de Babilonia, de Nínive, de Grecia, los egipcios y sus faraones? Todos perecieron, y así sucederá en el futuro a los ricos y poderosos por su codicia y su gran despotismo. La codicia egoísta y el afán de dominar a los hombres y destacarse entre ellos, es obra del verdadero Satanás, el príncipe de este mundo, que por falta de la Luz vital de los Cielos es el propio infierno. Se les permite elevarse a cierta altura para probar su libre voluntad y su amor; si sobrepasan esta altura vendrá el juicio, y el infierno y el Satanás serán arrojados al abismo de la perdición. Por eso ¡permaneced todos en mi Doctrina y, con amor puro, buena voluntad y con toda humildad, luchad contra el infierno y contra su príncipe, y en compensación recibiréis la corona de la victoria de la Vida eterna y fundaréis ya en esta Tierra un verdadero Reino de Dios!».

Los peregrinos delante del albergue

9.104.1 Dijo el Señor al dueño del albergue: «Amigo, ya pasó la tercera hora de la noche; pero en el camino hay pobres peregrinos que por falta de dinero no pueden pedir alojamiento en este albergue. ¡Déjales entrar y dales pan y vino, y tras decirles algunas palabras, un alojamiento para la noche!».

9.104.2 El dueño y el siervo se apresuraron a hacer entrar a los peregrinos, dos hombres, una mujer y una muchacha de doce años de edad.

9.104.3 Después de haberse confortado, los peregrinos oyeron de boca del Señor la historia de su tribu y de su origen. Según el relato del Señor, durante el cautiverio de Babilonia un grupo de doscientos judíos, hombres, mujeres y niños, huyó a la India lejana y después de haber recorrido el país durante mucho tiempo halló un valle elevado, muy extenso y sumamente fértil, bien protegido por montañas altas por todos lados, casi inaccesible, donde se estableció. Estos judíos prometieron solemnemente permanecer siempre fieles a la fe judaica y vivir rigurosamente según los mandamientos de Dios.

9.104.13 “Dios tuvo gran satisfacción en estos fugitivos y dio sabiduría a tu bisabuelo”.

Entre tanto el número de los colonos creció, haciéndose un pueblo próspero; sin embargo este pueblo aspiró a ganancias terrenales, perdiendo en la misma medida su sabiduría interior.

Objeto del viaje de los indo-judíos

Después de este relato, el Señor pregunta a los indo-judíos por qué habían emprendido el viaje desde su país tan lejano.

9.105.3 Ellos describieron el estado de su país, descripción de la que se desprendía que en su bendito país montañoso habían aparecido el egoísmo y la presunción, acompañados por la discordia, persecuciones y guerras:

9.105.3 «Pero el pueblo todavía es prudente y dice ¡únicamente Dios es nuestro Señor y rey! Nos ha guiado desde el cautiverio de los paganos a este país magnífico. ¿Debemos volvernos desobedientes e infieles como lo fueron nuestros padres en tiempos de Samuel? ¡Sea esto lejos de nosotros!

9.105.6 También está escrito que Dios enviará de los Cielos un Rey de todos los judíos, y nuestros sabios ya descubrieron su estrella, y fueron a buscarle, y le encontraron, y a su vuelta nos contaron con qué maravillas extraordinarias los Cielos anunciaron y glorificaron su nacimiento en la Tierra».

Habían transcurrido treinta años y esta familia indo-judía se puso secretamente en camino hacia la vieja patria para preguntar en los lugares convenientes acerca del nuevo rey de los judíos.

9.105.13 El Señor: «Amigo, no has emprendido en vano camino tan largo. Pero no le hallarás en una ciudad orgullosa, porque peregrina sin pompa externa de un lugar al otro, enseñando a los hombres a reconocer el Reino de Dios. Donde menos lo penséis os recibirá con los brazos abiertos».

El sueño de la muchacha

Después que el posadero bondadoso hubo obsequiado a los indo-judíos con pescados, la muchacha contó que hacía unos días había tenido un sueño en el que vio esta habitación y la mesa con los hombres, la sociedad santa.

9.106.5 La muchacha: «No voy a contar todo mi sueño sino sólo lo principal que es lo siguiente: En la visión vi también aquella mesa grande y los mismo hombres sentados alrededor suyo. Y uno de ellos era realmente el nuevo Rey de los Cielos, a causa del cual hemos emprendido el viaje hacia aquí. Podría señalarlo, pero una voz interna me lo prohibe y debo obedecer a esta voz».

Poco después el Señor invitó al indo-judío a que hiciera venir a su hija ante Él.

La muchacha reconoce al Señor

9.107.1 Cuando la muchacha estuvo respetuosamente ante Mí, Yo le pregunté con toda amabilidad: «Ahora, querida hija mía, dime: ¿Quién de nosotros en esta mesa se parece más a aquel que viste hace tres días en tu sueño como gran Rey de todos los judíos y como Señor de los Cielos y de la Tierra?».

9.107.2 Contestó la muchacha: «Señor, expones a una pobre muchacha a una prueba dura».

9.107.3 Dije Yo: «Querida hija mía, ¿por qué lo llamas una prueba dura?».

9.107.4 Dijo la hijita: «Oh, Señor, si me hubiese preguntado otra persona sería muy fácil para mi contestar, pero como justamente Tú mismo eres aquel a quien vi en el sueño como al gran y omnipotente rey no sólo de todos los judíos sino de todos los hombres, me es muy difícil decirlo.

9.107.5 Pero como ahora debo hablar ante Ti, omnipotente Señor y amo de todos los Cielos y mundos desde eternidades en eternidades, digo abiertamente: Tú eres, oh Señor. Te vi en el brillo del Sol. Innumerables legiones celestiales de ángeles bienaventurados te rodeaban y glorificaban tu nombre sumamente magnífico.

9.107.6 Y pregunté a un sabio que se encontraba cerca de Mí, cual era tu nombre.

9.107.7 Y el sabio dijo: “En el principio no hubo ángel capaz de pronunciar el nombre del Altísimo; pues su nombre es tan infinitamente grande como el espacio infinito de sus creaciones, de los cuales la Tierra que habitas apenas es una partícula de polvo comparada con esa misma Tierra. No obstante, el eterno Dios, Creador y Padre, se vistió con la carne por inmenso Amor a vosotros, sus hijos, para que podáis acercaros a Él. Se dio un nombre propio, que cada hombre y cada ángel puede sentir y pronunciar, y este nombre santísimo se llama: Padre, Amor, Verdad y Vida, pero como hijo del hombre se llama Jesús”.

9.107.8 Luego vi hileras grandes de Soles y Tierras sin número ni medida que pasaron flotando ante Ti y todos estaban llenos de seres magníficos y de otras maravillas, y a donde dirigías tus ojos en las profundidades del espacio infinito surgían nuevas creaciones grandes y maravillosas. ¡Oh Señor, oh Amor, oh Padre, oh Tú mi Rey Jesús, qué infinitamente grande, poderoso y sobre todas las cosas santísimo y magnífico eres en Ti mismo desde la eternidad a la eternidad! ¡Nadie te es semejante! ¡Perdona la debilidad de mi lengua, que no puede pronunciar con mayor dignidad tu alabanza y tu honor!».

9.108.10 El Señor: «Quien busca y escudriña a Dios con el intelecto tiene trabajo laborioso y fatigoso, y difícilmente adelanta; pero quien busca a Dios con el amor de su corazón, pronto le encontrará y fácilmente alcanza la verdadera meta de la vida.

9.108.14 El vino producido por la vid contiene también un espíritu o elemento embriagador e impurificador para los hombres que no ilumina al alma, sino más bien la oscurece. Pero el vino de los Cielos que aquí os doy, contiene el espíritu del Amor y de la Sabiduría verdadero y vivo, pues en verdad es mi Palabra y mi Voluntad».

9.110.10 El Señor al dueño del albergue: «Quien, como tú, tiene un trato amable, justo y misericordioso, acoge a los pobres y jamás cierra a nadie su corazón ni la puerta de su casa, encuentra abierto mi Corazón que es la puerta verdadera para entrar en el Reino de los Cielos, o sea en la Vida eterna y bienaventurada del alma. Sé bien que siempre has actuado de este modo. Siempre te trataré de la misma manera como tú tratas a tus hermanos en mi nombre. ¡La promesa pronunciada por mi boca y por mi Corazón vale y valdrá para ti y todos los que se te parezcan, hasta el fin de todos los tiempos de esta Tierra!».

9.112.3 El Señor a un hombre enfermo del estómago: «¡Guárdate de comer pescado podrido; pues toda carne podrida, especialmente la del pescado, es muy dañosa para la salud corporal!».

9.115.7 El Señor a los cuatro indo-judíos: «Vuestro país es el antiguo Edén, en el cual fueron criados Adán y Eva. Nunca fue descubierto ni habitado salvo por vuestras familias, y si permanecéis en mi Amor, en lo sucesivo no será descubierto».

9.115.8 Mis palabras produjeron un gran júbilo y los cuatro indo-judíos se pusieron a llorar de pura alegría.

9.115.9 Yo les calmé, diciendo: «¡No presumáis, pues la Tierra sigue siendo Tierra, y el país, país! A partir de ahora ya no habrá Edén terrenal, sino sólo un Edén en el corazón del hombre. ¡Aspirad todos a poseer este Edén y defendedlo del enemigo que se llama vivir según el mundo; este es el origen de todos los vicios y la perdición de toda la bienaventuranza humana!».

9.116.19 El Señor: «Yo soy Luz de toda Luz y Vida de toda Vida. Mira a los hombres y te asombrarás del número tan pequeño que, con fe y amor en sus corazones, nadan a mi encuentro en sus mundanales aguas y se dejan pescar por Mí para el Reino de Dios. Por tal motivo sólo comparo con los peces a aquellos pocos hombres que me reconocen como Luz verdadera del mundo y Sol de los Cielos, que nadan a mi encuentro y se dejan pescar por Mí para la Vida eterna.

9.118.12 El hombre no ha sido puesto en este mundo por su libre albedrío sino sólo por la Voluntad omnipotente de Dios. Dios mismo, el Amor eterno y más puro, es sumamente bueno y sabio y sabe por qué creó al hombre, y le puso por corto tiempo en este mundo para probarle y fortificar su voluntad libre.

9.118.13 Pero a fin de que el hombre sepa bien por qué ha sido creado y puesto en este mundo, Dios se lo ha revelado fielmente en todos los tiempos y también le ha dado leyes de vida con cuyo fácil cumplimiento debe alcanzar infaliblemente la meta asignada».

El Señor llama los tres arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.

9.119.1 De madrugada nos levantamos y fuimos a la orilla del mar cercano. Kisiona, Filopoldo y también los cuatro indo-judíos estaban con nosotros.

9.119.2 En esta ocasión Yo dije: «Como Yo no pisaré físicamente este lugar, debéis ver con vuestros ojos lo que está escrito: “Y veréis ascender y descender los ángeles entre el cielo y la Tierra y ellos le servirán”».

9.119.3 Mis discípulos ya lo habían visto varias veces, pero esta vez lo hice a causa de los indo-judíos.

9.119.4 Primero llamé en espíritu a Miguel, que, como relámpago clarísimo, descendió rápidamente del cielo visible a la Tierra. Todos se espantaron enormemente. El arcángel Miguel se presentó ante Mí en toda su majestad, más luminoso que el Sol y excepto Yo nadie podía soportar su brillo.

9.119.5 Y Yo le dije: «Juan, ¡envuélvete en sombra para que mis amigos puedan verte, conocerte y hablarte!».

9.119.6 Se envolvió en sombra y se presentó lleno de amor y respeto ante Mí, diciendo: «¡Mirad, hermanos, éste es el cordero que quita los pecados del mundo y os prepara el camino para la Vida eterna! ¡Creed en Él y amadle sobre todas las cosas; pues Él es el principio eterno y el fin eterno, el alfa y el omega, el primero y el último y no hay otro Dios sino Él!».

9.119.7 Habiendo pronunciado estas palabras con voz amorosa, el ángel se inclinó profundamente ante Mí y glorificó altamente mi nombre.

9.119.10 Juan fue a sus antiguos discípulos y habló con ellos sobre los acontecimientos que, después de mi ascensión, les sucederán a los judíos y a los hombres mundanos a causa de su falta de fe. Juan permaneció todo el día entre nosotros en la forma humana visible en que todos le conocían.

9.119.11 Después del arcángel Miguel llamé a Gabriel. Vino como Miguel (-Juan), se sombreó en seguida, me rindió honores y se acercó a María y habló con ella sobre su misión, con lo cual su corazón se llenó de mansas delicias y bienaventuranzas. Gabriel que había aparecido en la figura y la persona del patriarca Jared, se presentó también entre mis discípulos y habló de las épocas primitivas de Adán y sobre las revelaciones enviadas a los hijos de lo alto y a los del mundo; y así permaneció visible entre nosotros hasta la noche.

9.119.12 Acto seguido, llamé a Rafael. Este apareció como los dos primeros, se sombreó, me rindió honores y en figura y persona de Enoc se dirigió a los cuatro indo-judíos y habló sobre Mí; era quien por Orden mía los liberó del cautiverio de Babilonia y los llevó al país que antes no había sido habitado por humano alguno a excepción de Adán y Eva.

9.119.13 Y la muchacha quedó enteramente asombrada por la figura de Rafael, y dijo: «Oh tú, mensajero más amoroso de las alturas de Dios, llenas de Luz, ¡muchas veces te he visto y también hablado en mis sueños claros!».

9.119.16 Kisiona, enteramente fuera de sí, me preguntó: «Oh, Señor y Maestro, ¿cuántos de tales espíritus habrá en tus Cielos?».

9.119.17 Yo le respondí: «Querido amigo mío; el número de tales espíritus en mi Reino es infinito, pues ¿qué sería un número limitado para un Dios eterno e infinito en su Espíritu de Amor y Sabiduría? ¡Mira las estrellas incontables en una noche clara, ya sabes lo que son! También en ellas se generan y nacen hombres. También de estos se despiertan espíritus para la vida y la actuación eternas. En cuanto tú mismo te halles en mi Reino como espíritu perfecto, los verás todos y tu bienaventuranza no tendrá fin.

9.119.18 ¡Te digo que ni ojo ha visto nunca, ni oreja ha oído, ni sentido alguno ha percibido lo que espera en el Cielo a aquellos que aman a Dios sobre todas las cosas y cumplen sus mandamientos!

9.119.19 Bien es verdad que la vida del hombre, desde que nace hasta que el cuerpo muere, está acompañada por muchos sufrimientos y tribulaciones de toda clase; pero si el hombre vive según el Orden conocido de Dios y por ello ya recibe en esta Tierra conciencia clara de lo que le espera en la otra Vida verdadera, entonces soportará con gran paciencia y perseverancia todas las amargas pruebas que le son enviadas sólo para despertar en su alma el Espíritu de Dios.

9.119.20 ¡Toma ejemplo de Mí! Yo sé qué padecimientos me esperan dentro de poco en esta Tierra; pero mi Amor demasiado grande hacia vosotros los hombres, sí, hacia vosotros mis hijos, los dulcificarán. De la misma manera, hijos míos, dulcificad también las tribulaciones, dolores y desgracias que tenéis que soportar en esta vida por amor hacia Él que vive en Mí, y podréis ser pacientes, de ánimo alegre y de sentido sereno como Yo.

9.119.21 Mira, estos tres espíritus angélicos tuvieron que sufrir y padecer mucho en esta Tierra; sin embargo, ahora son bienaventurados por ello y ya no habrán de aguantar más. Su mayor felicidad consiste en poder prestar, en mi nombre, un verdadero servicio de amor a los hombres de la Tierra, aunque junto a ello también tienen que reinar en el espacio infinito sobre un sinnúmero de Soles y estrellas.

9.119.22 Os pido también a vosotros que ya ahora en esta Tierra mostréis amor a los hombres, en mi nombre, y recibiréis mucha bienaventuranza; ¡pues más bienaventurada cosa es dar que recibir!».

Temor a Dios y amor a Dios

9.129.2 El Señor: «¡Desistid de la veneración exagerada ante Mí! Vale mucho más amar a Dios sobre todas las cosas que temerle! Un temor excesivo ante Dios aleja al hombre más y más y finalmente es la mala semilla de la que paulatinamente crece el paganismo con toda su idolatría, superstición y falta de fe.

9.129.3 El amor acerca más y más a Dios a todo hombre. Le trata con confianza, deseando vehemente tener relaciones más íntimas con Él y llenarse del Espíritu divino. Un amor cada vez más creciente y confiado a Dios es precisamente el verdadero y vivo Espíritu divino en el hombre y el espíritu de la Vida eterna en el alma. Por tal motivo un pecador que se convierte por amor a Dios es más agradable y próximo a Dios que noventa y nueve hombres muy temerosos de Dios que nunca han pecado contra la ley y por lo tanto, como justos, no necesitan penitencia.

9.129.8 Igual a un hijo que prefiere amar a los padres en vez de temerlos, también vosotros debéis amar a Dios más bien como Padre de todos los hombres y no temerle como juez inexorable y sin compasión.

9.129.9 ¡Creedme que Dios también ama a los hijos muy temerosos; pero ¿dónde cabrá allí la confianza filial y la confianza hacia Él? Sin esta confianza el alma nunca podrá ser enteramente semejante a Dios, libre, independiente y bienaventurada en Él. Sólo una miseria grande, un sufrimiento o una desgracia, puede hacer que tales hijos regresen al Amor de la casa paterna».

El Señor se despide de los indo-judíos

9.133.6 Durante la madrugada los cuatro indo-judíos se pusieron en marcha, tomando otro camino más corto para regresar a su país.

9.133.7 Para que no pudiesen equivocar su camino, el Señor despertó la visión interna de la muchacha, y dijo que debía servirles de guía. Partieron antes de la salida del sol tras haberse mostrado sumamente agradecidos por la Doctrina y la Gracia recibidas.

El Señor amonesta a los discípulos para que soporten a Judas Iscariote

9.135.1-5 El Señor y los suyos, acompañados por Kisiona, Filopoldo, María y Joel, se embarcaron en botes para dirigirse a Jesaira. Sólo Judas Iscariote, que en Kis pidió permiso para ver a su familia, no regresó a tiempo, pero el Señor reprimió la alegría de los discípulos, diciendo: «Pronto llegará. Alquiló un barco y antes de que pase una hora nos habrá alcanzado».

9.135.6 Dijeron los discípulos decepcionados e indignados: «¡Nunca podemos desembarazarnos de ese hombre inoportuno y molesto!».

9.135.7 Dijo el Señor: «¡Lo que Yo soporte, soportadlo también ! ¡En este mundo no hay otra posibilidad! El cuerpo muchas veces es una carga grande e incómoda para el alma; pero hay que soportarlo, especialmente cuando se vuelve frágil en la edad avanzada.

9.135.8 ¿No halláis malas hierbas entre el trigo de un campo cuidadosamente cultivado? Yo tuve que soportar al primer tentador en el desierto, y sólo cuando se apartó de Mí acudieron ángeles que me fortificaron el cuerpo. Asimismo tendremos que soportar al segundo tentador cuando llegue el fin de mis días en la Tierra.

9.135.8 Ya en otra ocasión os dije claramente que uno de vosotros es un diablo y bien habéis comprendido a quien me referí. Pese a ello nunca le dije que debía irse; pues también el diablo tiene su libre albedrío, y hay que respetarlo. Si quiere acompañarnos, que se quede, si no quiere quedarse, que se vaya. Pero se quede o se vaya no debemos mirarle de reojo».

Observaciones al anochecer

9.137.5-7 El Señor con los suyos y algunos pescadores están sentados en una azotea y contemplan la puesta del sol. Los presentes comparan la naturaleza que poco a poco se va serenando con la anochecida del alma del hombre que raras veces tiene un aspecto tan pacífico y tranquilo.

9.137.8 El Señor: «Para ayudar a que el hombre tenga un anochecer tranquilo de alma, Yo mismo, Señor de la Vida y la muerte, vine a este mundo. Quien cree en Mí y actúa y vive siempre según mi Doctrina y busca el verdadero Reino de Dios dentro de sí mismo, donde indudablemente lo hallará, tendrá en esta Tierra un anochecer mucho más sereno y tranquilo que el que ahora vemos.

9.137.9 ¿Por qué el anochecer de los hombres es por lo general tan arrebatado y miserable? Porque los hombres se han alejado casi totalmente de Dios, fuente original de todo ser y Vida, de toda Luz y Verdad, y en su lugar consagraron sus aspiraciones e intereses al mundo y a su materia condenada al juicio y a la muerte.

9.137.10 Si los hombres volvieran a alejarse enteramente del mundo y regresaran hacia Mí con todo amor y fe plena, en Mí encontrarían un anochecer del alma tranquilo y bienaventurado. Como no es así, el anochecer del alma de los hombres será en adelante aún más violento y horrible que lo que hasta ahora ha sido experimentado y visto. Pues ahora los hombres ya no podrán decir, ¿quién ha visto a Dios y quién ha hablado con Él? ¿Quién garantiza la verdad de lo que dice la Escritura?, porque Yo mismo hablo ahora a todos visiblemente como Señor y les muestro la Verdad de la Vida como base eterna de todas las verdades. Quien la ha aceptado ya no temerá la muerte del cuerpo, aunque muriera cien veces».

El trato con los espíritus buenos

9.138.1 Preguntó el barquero: «Querido Señor y Maestro, ¿por qué no se permite que almas desencarnadas aparezcan en forma visible por lo menos a los parientes, especialmente cuando corren peligro de ser tragados por el mundo, les prevengan contra el mundo y les muestren el Más Allá, con lo que la fe en la supervivencia del alma tras la muerte corporal quedaría demostrada como verdadera y basada en experiencias propias, consolidando más fácil y seguramente la fe en Dios, a Quien no se puede ver ni hablar en cualquier tiempo?

9.138.2 ¿Qué aprovecha el hombre al que se le hablara sobre una vida futura del alma tras la muerte corporal, si no se le puede proporcionar una convicción real del Más Allá?».

9.138.4 Respondió el Señor: «Amigo, lo que deseas siempre fue el caso de todos los pueblos, mientras vivieron según la Voluntad de Dios que se les había revelado. Pero cuando los hombres comenzaron a dejar