(Extracto de la obra "La fuerza curativa del sol". )

Introducción

Jesús, el autor de esta receta. «En los tiempos más antiguos, en los que el hombre ya habitaba esta tierra, éste utilizaba el sol cuando se sentía mal físicamente; es decir: su luz y su calor como único medio de curación para la recuperación de su salud. Colocaban a sus enfermos al sol, destapando aquellas partes del cuerpo en las cuales el enfermo sentía algún tipo de debilidad, malestar o dolor y en poco tiempo el enfermo notaba mejora.

Si el enfermo padecía del estómago, entonces, después de haber sido expuesta dicha parte al sol, tenía que beber agua pura de una fuente, que a la vez había estado expuesta al sol y pronto se empezaba a sentir mejor. De todas maneras los primeros habitantes de la tierra no bebían agua que no hubiera estado expuesta al sol durante un plazo de tiempo mínimo, de acuerdo a la posibilidad.

Fuentes profundas y cubiertas les eran desconocidas, y de un manantial donde la luz solar no tenía posibilidad de entrar, nadie bebía agua, pues también ellos sabían y también veían bien que en tal agua se encontraban seres, a veces incluso malignos. No tomaban de estas aguas hasta que estos seres eran ahuyentados por la luz solar.

Ved; en lo hasta ahora mencionado se encuentra una profunda verdad, pues la luz solar lleva, tal como os la podéis imaginar con facilidad, espíritus más puros. Estos espíritus tienen una gran familiaridad con las partes substanciales del alma del hombre. Si con la intervención de tales espíritus puros se le aporta un seguro reforzamiento al alma, entonces el alma, fortalecida, es capaz de combatir con facilidad y rapidez cualquier tipo de debilidad ocasionada, porque la salud del cuerpo depende única y exclusivamente de un alma suficientemente fuerte.

Siempre donde aparezca cualquier debilidad en el alma; es decir, en sus partes substanciales, y el alma misma no pueda, siguiendo un camino ordenado, procurarse una fortaleza en las partes debilitadas, se dirige entonces a su propio espíritu nervioso y extrae de éste lo que le falta a ella.

A cambio de esto se produce entonces en los nervios, como en unas pilas eléctricas descargadas, una carencia clara de aquel fluido vital, por medio del cual únicamente se puede conservar su tensión correcta.

Los nervios, debido a esto, hambrientos, succionan un alimento todavía poco puro de la sangre, y cuando esto sucede se produce de manera muy normal un proceso de vida contrario a la naturaleza de la carne. Como consecuencia de esto pueden surgir múltiples enfermedades según la parte del alma que se haya debilitado.

Pero como que en los espíritus (del sol) puros o evolucionados se encuentran todas aquellas sustancias del alma de las que consiste el alma misma, es fácil para ésa extraer de ellas aquello que desapareció y que era necesario para mantener su fortaleza.

De esta manera vuelve a reconstruirse el antiguo orden (en su espíritu nervioso) y se restablece en los nervios y en la sangre la tensión vital correcta y natural.

Precisamente por este motivo, y, además en numerosos sentidos la verdadera homeopatía es preferible a la alopatía. A través de la homeopatía se aporta lo espiritual al alma, aquello que le es familiar a ésta y el alma misma se convierte en el médico de su cuerpo, en caso de haber absorbido algo externo que la haya debilitado.

En la alopatía, en cambio, el cuerpo es obligado a volverse primero el médico de su alma. Así, únicamente en cuanto ésta se haya curado a través de un gran sufrimiento del cuerpo, podrá comenzar retrospectivamente con la recuperación del mismo, cosa que es, sin duda, el camino menos adecuado para la recuperación de la plena salud corporal. Es fácil, pues, ver lo larga y difícil que es la reconvalescencia del cuerpo y del alma.

Por lo tanto, según esto, la homeopatía es un correcto método de curación. Sin embargo, cabe mencionar y distinguir entre las dos homeopatías existentes:

Primeramente una especial (elaborada por Hahnemann), que evidentemente en cuanto a su éxito es insegura, pues un médico hábil no siempre es capaz de reconocer con certeza dónde y qué partes del alma están debilitadas. Debido a esto él no puede emplear y activar lo verdaderamente específico del alma. Un médico, renacido en el espíritu si puede hacerlo, pero para un médico que aún no ha renacido del todo o, como suele ser en la mayoría de los casos, ni siquiera ha empezado a renacer, es difícil o incluso imposible.

Por este motivo es preciso fijarse más en la homeopatía de la segunda clase a la que Yo denomino: homeopatía general para diferenciarla de la primera. Con ésta ningún médico, incluso uno de poca habilidad, puede fallar.

Precisamente este tipo de homeopatía trata de lo que YO os predije el 16 de julio de 1851 sobre la fuerza curativa de los rayos solares.

Como es de esperar os plantearé ahora la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible tal cosa?

Un caso os lo he mencionado al principio. Este caso es, o mejor dicho, sería suficiente, si las personas actualmente tuvieran en cuenta la forma de vivir que antiguamente se desarrollaba.

Para la actual forma de vivir, en la que el alma más bien es privada que nutrida de algunas partes a causa de la alimentación artificial, siendo ésta además pésima, la utilización de la luz solar (como lo hacían antiguamente) sería demasiado pobre. Por este motivo quiero proclamaros varias clases, así como el régimen necesario correspondiente. Si éste, junto con la medicina mencionada de la luz solar, es tenido en cuenta correctamente, entonces podréis curaros, con toda seguridad, de cualquier enfermedad, sea cual sea.

Incluso daños externos del cuerpo pueden ser curados de esta forma con mayor rapidez, teniendo en cuenta el correcto uso de la medicina mencionada.

Lo relacionado con esto se explica a continuación.

Queremos hablar de las especiales formas en las que la materia-salud de la luz solar es unida con facilidad a cualquier sutil material y su empleo en casos de enfermedad corrientes. el hecho de que la materia de la luz solar se una con materias de todo tipo es accesible a todos. Tan sólo se ha de echar una mirada a una pradera.

Si la primera plantita es cogida, olfateada y comida, tanto el olor como el gusto dirán: «Provenimos de la luz y del calor del sol.»

En un vidrio, expuesto algún tiempo al sol, aparecerán diversos colores en su superficie exterior. ¿Por qué no pues en su superficie interior? Porque la interior no está expuesta al primer ataque de los rayos solares.

¡Colocad una planta con flor en un sótano oscuro! Aunque florezca la flor, o bien no tendrá ningún color o como máximo tan sólo se percibirá un débil colorido.

De esto se deduce, que también los colores de las flores y los de los frutos son obra de los activos espíritus de la luz del rayo solar.

En aquellos países, que vosotros denomináis los cálidos, el juego de colores es, tanto en las plantas como incluso en los animales, mucho más vivo y generoso, al contrario pues de las zonas templadas y sobretodo de las frías, en las que el tono general se acerca al gris. De un fuerte y agradable olor, no cabe ni hablar, y en cuanto al sabor, éste suele ser duro y ácido acercándose a la amargura de los espíritus desterrados en el interior de la tierra.

Alguien podría objetar en cuanto a esto: Si, según esto, todas las diferentes especies del mundo vegetal, animal y mineral-sobretodo en las zonas cálidas- poseen en sí tanta materia luminosa del sol, entonces ¿no sería preciso ningún tipo de procedimiento artificial para eliminar del sol, artificialmente, a través de este procedimiento, lo que sería posible conseguir de manera natural sin esfuerzo alguno?

Esta objeción es correcta y hasta ahora toda medicina se ha basado en esto.

Cualquiera que utilice algún tipo de hierbas medicinales notará con seguridad algún efecto: pero ninguna hierba está constituida de manera que pueda absorber la materia luminosa - salud del sol, así como así. Toda planta absorbe únicamente lo que a ella le corresponde y por lo tanto no es capaz de asimilar nada más que esto, pues -según su constitución- sólo retiene de la luz solar lo que le corresponde y conviene.

Si un médico, en un alma enferma, pudiera investigar con exactitud qué esencias vitales se han debilitado o incluso cuáles faltan y además conociera la hierbecita provista de estos elementos vitales, entonces podría devolver de esta manera, con toda seguridad, al alma enferma -o lo que es lo mismo- a una persona enferma, la plena salud.

Pero, puesto que un conocimiento tan profundo de la persona y su alma suele ser desconocido a un médico común, tal como si se tratara de una parte del mundo por descubrir, entonces su ámbito de curación sigue siendo más una adivinanza que un saber. Aquello que el hombre se ha apropiado a través de la experiencia y a través de pruebas, raras veces bonitas, al utilizar la fuerza curativa de las plantas, los minerales y los animales, lo emplea normalmente para curar los enfermos.

A la mayoría de los médicos podría aplicárseles el proverbio del norte en el que un médico así es comparado con una especie de porra. Si ésta acierta afortunadamente la enfermedad, entonces el paciente mejorará; sin embargo si le da al paciente en vez de dar a la enfermedad, entonces éste morirá!

Aquí no se trata de la practica de antiguas experiencias o de nuevos experimentos para la curación del hombre, sino de un arcano que, mientras lo permita la máquina del cuerpo, sea capaz de volver a revivir la humanidad enferma, de la misma manera que la luz de la primavera revive las plantas y animales, suponiendo que el organismo sea proclive a tal revivir. Cabe mencionar que una vida eterna del cuerpo, junto con su alma, y en ésta tierra, tal como lo sueñan algunos médicos, no existe.

Pero con la posibilidad del hombre de prorrogar su vida en relación con Mi orden establecido, éste puede llegar a una elevada edad con una salud muy buena si tiene en cuenta el régimen adecuado y además el correcto empleo del arcano.

Puesto que necesariamente hemos anticipado esto, y gracias a estas explicaciones, todos podemos comprender como las diferentes esencias de la vida de los rayos solares están conectadas con la naturaleza, ahora pasamos a la forma de tal mecanismo receptor de rayos solares.»


Régimen


«Regularidad en todo: alimentación (comida y bebida), reposo (dormir), aseo, baño y salidas.

Abstinencia de todos los alimentos ácidos y condimentados, sobretodo abstenerse de cerveza y café.

El café es lo peor que el hombre ha llegado a elegir del mundo vegetal. Este producto (fruto) tan sólo es para animales como caballos, asnos, camellos y animales por el estilo. El café anima a éstos, haciendo que se fortalezcan sus nervios. En las personas, en cambio, que lo saborean, el café tiene exactamente el efecto inverso. En ellas, éste estropea la sangre de manera increíble, excita los genitales y si no se produce inmediatamente una satisfacción, entonces se atrofian las partes sensitivas del cuerpo humano. Ya que esto perjudica al alma, es decir: el eliminar estas potencias del alma creadas para los animales, entonces ésta se cansa, se vuelve pesada, dejada, a veces oscura, malhumorada y triste. Yo os digo: el beber en una taza los excrementos de animales disueltos en un poco de azúcar sería mucho más sano que la sopa de fuego color marrón de este rudo alimento animal.

Tan solo os he mostrado la nocividad del café porque veo muy claro y sé de qué manera la humanidad -sobretodo la femenina- depende de este alimento para asnos; ¡para su naturaleza, sin embargo no hay nada tan nocivo como el saborear esta bebida! Y nada hace que el cuerpo se vuelva tan poco receptivo para una medicina curativa como el café, afectando éste sobretodo al cuerpo de la mujer. Por lo tanto, durante el padecimiento de una u otra enfermedad y sobretodo durante el tratamiento homeopático solar ha de ser evitado, pues sino la medicina no llega a actuar en absoluto.

Si alguien hubiera tomado veneno, siendo ya un bebedor de café exuberante, y volviera a tomar una fuerte dosis de café después del veneno entonces podría incluso matar con esto el efecto del veneno.

Si el café es capaz de tener un efecto tan fuerte como el veneno (tratándose de un veneno no demasiado intensivo), entonces con facilidad podría destruir el efecto suave y fino de los mencionados medicamentos homeopáticos solares.

Por lo tanto uno ha de evitar tal alimento que aún puede llegar a obstaculizar, más que el opio, el efecto de medicamentos nobles y puros.

Alimentos de harina fresca cocidos en caldo de carne pura y sana o bien en leche fresca y buena, no demasiado grasa, son, si no se abusa de ellos, preferibles a todos los demás alimentos. Se puede, sin embargo, saborear -a excepción de las judías y lentejas- otros alimentos. Sémola de maíz, arroz bien cocido y también sémola de mijo pueden ser saboreadas si han sido preparadas con el mencionado caldo y la leche.

Carne sana y bien conocida, tomada moderadamente, no es nocivo. Es recomendable comerla junto con fruta cocida: manzanas, peras y ciruelas. La carne se ha de saborear con moderación pues contiene esencias del alma de tipo rudo y subordinadas. Cuando son tomadas con frutas, sin embargo, estas esencias son suavizadas, llegando a ser estos menús los adecuados para los enfermos.

Los llamados «alimentos verdes» en cambio tendrían que suprimirse -por lo menos durante el período de tratamiento medicinal-pues las esencias alimentarias de las hierbas y raíces comestibles son aún menos adecuadas que las contenidas en la carne de los animales.

El segundo método, comentado con esto a vosotros, (la utilización del azúcar expuesto al sol) tiene el mismo efecto que el primero, siendo más fácil de llevar a cabo que éste (el primero) y partiendo del hecho que los pasos hayan sido seguidos correctamente confiando y teniendo plena fe en Mi. Unicamente precisa de más tiempo, si bien esto es un factor de poca importancia.

Quien quiera preparárselo según el primer método tendrá con seguridad éxito. Si la eficacia del primer método fuera difícil de conseguir debido al método en si, entonces Yo puede bendecir-en fe y creencia-el segundo método tanto como el primero. Sin Mi ayuda ningún medicamento tiene efecto, menos los nocivos para el cuerpo y como consecuencia para el alma.»


Receta para preparar Medicina Solar

Primer método para retener los rayos solares


«Tomad una taza de color violeta oscuro con un diámetro de 3 a 4 pulgadas (1 pulgada = 2,54 cm), cuyo borde tenga aproximadamente 1 pulgada y esté tallado de tal manera que sea muy fino y llano. Preparad una tapadera para este vaso (taza) con el fin de poder cerrarlo herméticamente .

En cuanto tengáis tal recipiente -siendo este tipo el más adecuado- coged las ya conocidas bolitas de azúcar lácteo* repartiéndolas en el fondo de la taza, sin que una cubra a la otra. Si exponéis a continuación esta taza con sus bolitas al sol -es decir a los rayos solares- entonces éstas absorberán el rayo solar junto con todos sus espíritus esenciales de la vida. Cuando se suministren una, dos o tres bolitas a un enfermo, tendiendo éste cualquier tipo de enfermedad y habiendo seguido un régimen adecuado, -siendo el mejor momento antes de la salida del sol- el enfermo mejorará a partir del tercer día. A1 llegar el séptimo día estará completamente curado, pues el alma tomará de éstas lo que precise. De esta manera eliminará lo no utilizable y comenzará a restablecerse en su cuerpo, con toda facilidad, la correcta fuerza vital.

* Bolitas de azúcar lácteo tal como son en la Homeopatía.

En verano, cuando el sol actúa con más fuerza, es suficiente exponer al sol dichas bolitas durante un ciclo lunar. No han de estar expuestas al sol durante todo el tiempo que éste se encuentre en el firmamento, sino tan sólo mientras el sol permanezca a 45 grados de altura. A menos de 45° (debido al grado de inclinación) la luz y su efecto se debilitan perdiendo prácticamente todo el efecto sobre la bolitas. Por esto es entonces cuándo han de ser tapadas cautelosamente con la tapadera, colocándolas en un lugar seco y fresco hasta el día siguiente.

Para el total almacenaje de las bolitas, nutridas ya por la luz solar, tenéis que encontrar una botella de vidria color violeta oscuro. Será necesario cerrarla herméticamente con un tapón del mismo vidrio.

Después de esto podrá ser bien asegurada, por ejemplo, con un cordel. Su colocación será en un lugar seco y fresco. En primavera y en otoño el tiempo a exponer las bolitas al sol será de tres meses. El procedimiento será el mismo. en invierno será imposible este preparado, porque los rayos solares incidirán con demasiada inclinación siendo así poco efectivos.

El régimen es el mismo, tal como lo utiliza cuidadosamente la homeopatía, pero con la diferencia de que se ha de empezar con el tratamiento con un mínimo de tres a siete idas antes, al contrario del procedimiento de la habitual homeopatía. Durante el tiempo del régimen el paciente puede beber durante el transcurso del día cuantas veces quiera agua, previamente expuesta al sol. Como recipiente para beber, preferible a cualquier otro un vaso de un color violeta más claro, o por lo menos un recipiente de porcelana lacado en este color.

Para que el agua sea muy eficiente también podéis utilizar un espejo ustorio* de más de 30 centímetros de diámetro y de máximo tres pies de distancia focal, y a través de éste transmitir el rayo solar potenciado, al agua -(en cuanto se manifieste en el foco)- de tal manera que caiga, según la altura del recipiente, una, dos y hasta tres pulgadas por debajo del nivel del agua; es decir más hacia el centro de la masa del agua.- Se ha de tener en cuenta que el foco no debe permanecer más de medio minuto en el agua porque sino los espíritus vitales refrescantes (del agua) serían absorbidos demasiado por los espíritus luminosos del sol. Esto tendría como consecuencia en cuanto al agua, que ésta - produjera un efecto demasiado fuerte en naturalezas más débiles, lo que sería más bien un obstáculo para la consiguiente cura general.

También un auténtico vino puro que no haya sido conservado en un tonel de roble, sino en mangueras o botellas de vidrio tal como se hacía antiguamente, o bien en un barril de madera dulce, y tratado tal como el agua es, en caso de personas débiles de los nervios, preferible al agua.

Después de la utilización de tales medicamentos, ha de ser tenido en cuenta el mismo régimen, según la estación del año, durante tres ciclos lunares y el paciente a menudo ha de salir al aire libre mientras brille el sol. De esta manera se encontrará completamente mejor.

Cabe destacar que las parejas prescindan del acto sexual durante el período de cura; pues la semilla de ambos sexos es una esencia vital muy importante y no debe ser eliminada del alma durante la reconstrucción del cuerpo.

Si una persona cuidadosamente curada vive de manera correcta y ordenada no volverá a enfermar con facilidad, pudiendo alcanzar una avanzada edad de vida.

Esta es una manera de utilizar la luz solar para la salud de las personas de forma un tanto artificial.»

Segundo método para retener los rayos solares

«Si la primera forma de retener los rayos solares os presentara alguna dificultad -cosa que podría suceder con facilidad- y esto os impidiera conseguir todo lo necesario para llevar a cabo el proceso, entonces podríais retener los rayos solares de otra manera,  si bien siendo ésta parecida a la primera. Esta forma será igual de eficaz que la primera y servirá de ayuda al enfermo. Este método consiste en:

En vez de utilizar una taza de vidrio violeta podéis hacer servir una taza de arcilla cocida o completamente negra o bien y aún mejor, la taza lacada en azul marino. También puede utilizarse una bandeja colocando en ella en vez de las bolitas de azúcar otro tipo de azúcar* del tamaño de un guisante-troceado y procurando que un trocito no tape al otro.

* Lo más conveniente sería el azúcar cande o candi (azucar cristalizado) ganado de la caña de azúcar.

Exponed este azúcar siempre a la misma hora del día, tal como con la clase de azúcar anterior y durante un mínimo de dos meses. Durante la noche tapadlo bien, evitando así la entrada de aire, y guardadlo tan cuidadosamente como lo hicisteis con el anterior, en un recipiente oscuro: su utilización es la misma que en la forma de retener los rayos, anteriormente comentada, únicamente con la diferencia de que aquí la dosis ha de ser más fuerte que en la primera, puesto que las partes del azúcar que se encuentran en el recipiente de arcilla no reciben los rayos solares tan concentrados como en la primera solución. En enfermedades que precisan de una ayuda 0 calma rápidas se pueden suministrar al enfermo los medicamentos, según el primero o el segundo método. Sin embargo, si ha podido tenerse en cuenta-previamente-la ya mencionada pre-dieta con el saborear del «agua solar», entonces la curación será aún más segura y rápida, pues de esta manera se ahorrará un importante trabajo al alma.

Este azúcar, nutrido por los rayos solares, también podéis utilizarlo, siendo efectivo, de la siguiente manera:

Si el paciente ha bebido durante el día varios vasos de agua, expuesta al sol, se aconseja que se acueste en una cama. Después de varias horas sentirá, con toda seguridad, un sudor. Mientras el paciente se encuentre sudando tomad de uno a tres trocitos de azúcar «soleado» y empapad éstos en una de las gotas de sudor dándoselas al paciente con el fin de que éste se las tome. Después de efectuar esto el paciente sentirá un mareo y notará tanto en la cabeza como en el estómago una ligera presión, llegando además a sentir ligeros temblores en todo el cuerpo. A este temblor le seguirá una leve diarrea y con esto la curación del paciente.

Esta manifestación del efecto puede durar de tres a siete días, según la naturaleza del enfermo.

Después de la recuperación el paciente ha de seguir, sin embargo, el régimen durante varias semanas, bebiendo de vez en cuando un vaso de agua «soleada» y llegará a curarse. Independientemente del tipo de enfermedad, desde las raíces de la misma.

Cabe mencionar que en aquellas enfermedades que provienen normalmente de exuberancia de sangre es indispensable un régimen previo y estricto, tal como lo describe la homeopatía.»


 

Sobre la luz del sol

»En los tiempos más antiguos, en los que el hombre ya habitaba esta tierra, éste utilizaba el sol cuando se sentía mal físicamente; es decir: su luz y su calor como único medio de curación para la recuperación de su salud. Colocaban a sus enfermos al sol, destapando aquellas partes del cuerpo en las cuales el enfermo sentía algún tipo de debilidad, malestar o dolor y en poco tiempo el enfermo notaba mejora.«

Jesús

¿Qué es la luz?

La luz es mitad material y espiritual. Al golpear una barra de hierro con una piedra obtendremos una chispa.
Porque el hierro tiene el bolsitas de aire entre sus átomos. El aire al ser presionado se enciende y esa vibración produce la luminosidad de la chispa. Los átomos del aire contienen en su interior seres que vamos a llamar aquí espíritus. Lo espiritual representa al polo positivo, lo material representa al polo negativo. Los polos no son como parte frontal y parte posterior, sino más bien lo interior y lo exterior.

El espíritu encarcelado en el átomos es la parte positiva, que siempre tiende a un estado de completa libertad.El espíritu está sólo tranquilo encarcelado en la materia o polo negativo, siempre y cuando no reciba ninguna presión. Pero si recibe alguna presión el espíritu despierta y notamos su presencia el brillo o chispa que este genera.


¿Qué es el brillo?

Ejemplo del hombre soberbio: Si un hombre soberbio recibe un fuerte golpe de alguien. Él comenzará a entrar en furia, comenzará a estremecerse y temblar de ira con todo su cuerpo, sus ojos arderán de cólera, como si tuvieran brasas detrás, sus cabellos se erizarán. Y si hay personas a su alrededor, estas también entrarán en un contagio de la ira de acuerdo al grado de amistad que exista. Muchos conocen el efecto de las arengas militares, donde el general lleno de ira contagia a sus soldados, para que vayan a la batalla sangrienta.

Lo mismo le pasa al espíritu (polo positivo) que es golpeado dentro de su envoltura material (polo negativo). Al despertar toman conciencia de su encarcelamiento.El espíritu intenta liberarse de la envoltura material pero la envoltura es indestructible. Al no poder liberarse vuelve a su estado anterior, para descansar y hacer un segundo intento. Los espíritus lo pueden repetir este proceso por varios millones en un segundo.

Los átomos vecinos perciben la vibración del átomo en movimiento y comienzan a vibrar igualmente. Esta vibración se transporta con gran facilidad, debido a que los átomos del aire y del éter están muy juntos unos con otros. Este vibrar lo perciben los ojos de los animales y especialmente lo de los hombre. Ya que los ojos también son mitad espiritual y mitad material, tienen la capacidad de filtrar la frecuencia que armonizan con las vibraciones de la luz y por resonancia captan polaridad positiva-negativa de la luz.

Por eso el Maestro Jesús dijo (Lucas 11) que los ojos son la lámpara del cuerpo. Si los ojos son claros habrá luz en el alma. La luz es entonces el contagio continuo de los átomos vecinos , cuyo transporte depende del grado de intensidad de vibración. Cuando mayor sea esta, mayor será la distancia del contagio y transporte.

Ahora que pasa cuando la luz alcanza un objeto y no puede continuar con su transporte, entonces el objeto refleja el luz y devuelve a los átomos contiguos su vibración, después de haber asimilado la parte que vibra con la superficie del objeto. 


La Luz Solar

La luz del sol es la misma que la luz de la chispa del hierro. La diferencia sólo está en que la luz solar es luz blanca y proviene del la vibración del amor, mientras que la luz del fuego rojo proviene de la vibración de la ira.  

Éter y la luz solar

Cuando más profundo el punto en la tierra, más denso es la materia. Cuando más próximo estén la líneas que se unen en un punto más cerca están entre ellas. Cuanto más se alejan las líneas que salen de un punto común, mas se separan estando más holgados entre sí. El aire, así como toda materia, es un conflicto material - espiritual y espiritual - material. Por eso cuando más profundo o más cercano al centro de la tierra está la materia más mala o nociva es. Pero cuando más elevada está, entonces es más amorosa, pacifica y estable. Como ejemplo tenemos la alta toxicidad de los metales pesados. Y la gran vitalidad que dan los átomos del aire.

Éter

Pero, ¿qué hay en el espacio entre los planetas y el sol? Existe el éter. El éter es tan fino que no puede ser observado con el microscopio. El éter empieza en nuestra tierra a partir de 15,000 kilómetros. El éter un una substancia espiritual que se comporta positivamente con respecto a los planeta, pero negativamente con respecto al sol. El éter lo componen espíritus muy sutiles que no ofrecen resistencia alguna a la materia.

Si no fuera así entonces habría mucha fricción en el recorrer de los planetas alrededor del sol. Sobre todo porque los planetas se mueven a grande velocidades. Como ejemplo tenemos la velocidad de la tierra que es de 108,000 kilómetros por hora.  El sol es el emisor de la luz.

¿Qué es el sol?

Es un planeta en un estado de perfección. Los otros planetas son solo satélites del primero. La luz del sol se origina por la vibración de alegría espiritual de los espíritus que rodean este planeta. En el sol habitan seres espirituales de siete clases. Los menos evolucionados son expulsados hacia el exterior para su evolución, y cuando vuelvan ya evolucionados pasan a pertenecer al cuerpo del sol.

 Los Fotones

Esos seres que son expulsados para su evolución. Pueden ser llamados animalitos atómicos. La ciencia actual le llama fotones. Es decir los fotones transportan la luz que emite el sol. Esta luz es la vibración de los espíritus evolucionados entregan a los fotones durante su viaje de evolución para su fortalecimiento. Pero. ¿qué es o que expulsa a los fotones a ir de viaje? La voluntad y el orden de Dios. Los fotones son por lo tanto negativos, pero llevan un carga positiva. (la vibración amorosa de los espíritus evolucionados).

Ya que dos polos positivos se repelen, los fotones se alejan del sol que es positivo. Y viajan por el espacio hasta llegar a algún planeta. Cuando llegan al planeta entregan su carga positiva a la materia receptora y entonces los fotones regresan al sol, debido que ellos son negativos y por lo tanto son atraídos por el polo positivo que es el sol.

Esta carga positiva no es más que la vibración de alegría amorosa de los espíritus evolucionados del sol. El reflejo de la luz solar no es más que el regreso de los fotones hacia al sol. Los fotones permanecen en el sol mientras sigan siendo negativos. Pero si ellos se alimentan demasiado de la luz positiva, entonces serán repelidos del sol hacia el exterior. La velocidad con que se mueven es realmente muy enorme. La ciencia nos habla de 300,000 kilómetros por segundo.

En el sol hay siete clases de espíritus, cada clase le entrega al fotón la vibración que le corresponde a ella. La luz blanca puede ser descompuesta en siete colores. Cada color tiene su propia vibración. Cuando un fotón choca con algún objeto material, entonces el objeto acepta y se alimenta de la vibración que armonizan con ella y devuelve al medio ambiente las vibraciones amorosas restantes.

Es por eso que el ojo percibe la vibración restante de la luz reflejada en el objeto. Por ejemplo si el objeto se ve de color verde, es por que su superficie ha asimilado todos los colores menos el verde que es expulsado de la superficie del objeto