»Y Yo envío sobre vosotros la Promesa de Mi Padre. ¡Permaneced en la ciudad hasta que seáis investidos con la Fuerza de la Altura!«

Lucas 24,49

12 de febrero de 1844

1 »Y Yo envío sobre vosotros la Promesa de Mi Padre. ¡Permaneced en la ciudad hasta que seáis investidos con la Fuerza de la Altura!«

2 Este versículo exterioriza, ya en su sentido literal, lo que contiene en su interior, y, en este sentido y por decirlo así, se asemeja a un hombre amigable que ofrece su corazón a sus amigos en su mano abierta de tal manera que es difícil que alguien le malentienda y que cualquiera pueda adivinar, a la primera vista, la intención que trae consigo este hombre amigable.

3 Es el mismo caso, como ya se dijo, con este texto. Porque cuando el Hijo ascienda, entonces vendrá en abundancia la Promesa del Padre hacia aquellos que esperaron firmemente por tal Promesa con la esperanza verdadera que proviene del Amor.

4 Pero, ¿qué quiere significar la Ascensión del Hijo para que, a través de esta, se pueda enviar la Promesa del Padre a los que esperan y a los testigos? - Vosotros sabéis lo que se entiende bajo el término "Hijo", a decir: la Sabiduría del Padre. Por tanto, al Hijo corresponde también todo lo que pertenece a la Sabiduría dentro de cada hombre. A este también pertenecen el entendimiento, el razonamiento, y todo tipo de ciencia y conocimiento.

5 Pero, al mismo tiempo, esta pertenencia de la Sabiduría dentro de cada hombre tienen que experimentar aquella humillación equivalente a la crucifixión, después tiene que ser colocado como si estuviera muerto en un sepulcro nuevo dentro del corazón, y de allí resucitar nuevamente y después entregarse al Padre por completo a modo de sacrificio, dirigirse a la Altura para volverse uno con el Padre.

6 Si ha sucedido esto, entonces recién la Promesa del Padre, que es la Vida eterna, se manifestará en la vida del hombre. Este es el acto del renacimiento.

7 Pero el bautizo con el Espíritu de la Fuerza no se efectúa al mismo tiempo que sucede durante este acto, como tampoco se debe bautizar a un niño al mismo tiempo que sucede inmediatamente después del nacimiento, sino después de por lo menos algunos días. Entre los judíos era costumbre que esto sucediera recién en el octavo, décimo o duodécimo día. A veces también el bautismo de la circuncisión se realizaba mucho después; por eso aquí también se les dice a los apóstoles y a los discípulos que deben permanecer juntos en la ciudad durante un tiempo después de Mi Ascensión hasta que la fuerza de la Altura venga sobre ellos.

8 ¡Cada hombre debe observar este estado y no debe aventurarse a salir antes de tiempo, hasta que haya recibido el bautismo del Espíritu! Porque sin esto el espíritu renacido se asemeja a un niño débil que en todo sentido es puro como un ángel, pero que le falta la fuerza actuante y la comprensión libre y necesaria para este menester.

9 Vosotros sabéis que el descenso de la Fuerza de la Altura sobre los discípulos y los apóstoles se efectuó en el décimo día después de la Ascensión. ¿Qué quiere significar esto? - ¡Esto significa y evidencia la subyugación completa de los diez mandamientos mosaicos dentro de la vida del Espíritu que se ha vuelto libre! Así pues, el espíritu debe liberarse antes de todas las ataduras y cuerdas para que después pueda vestirse con la vestidura de la Fuerza divina que proviene de la Altura.

10 Y cuando esta Fuerza haya venido sobre él, entonces así es completamente una nueva criatura del Espíritu del Amor y de toda Fuerza que proviene del Amor y recién después puede actuar con la fuerza completa del Amor divino y de la Misericordia. Porque a través de tal bautismo del Espíritu Santo de la Altura el hombre será liberado de todas las ataduras de la muerte y se volverá uno con Cristo y después puede también decir: »¡Ahora ya no vivo más yo, sino Cristo vive en mí! ¡Ahora yo no soy mi Yo, sino Cristo mismo es el Yo en mí!«

11 Por eso también todo lo que corresponde al Hijo dentro del hombre debe andar primero el camino del Hijo del hombre, y esto significa para todos irrevocablemente: »¡Toma tu cruz, y sígueme, de lo contrario no lograrás alcanzar la resurrección ni la ascensión hacia el Padre!«

12 Y aquí, nuestro tema encaja como el anillo al dedo, es decir, ningún hombre puede alcanzar el renacimiento y bautismo del Espíritu Santo a través de una educación polifacética de su intelecto con la ayuda de bibliotecas de cuantiosos libros y eruditos profesores universitarios, sino únicamente a través de la humildad y el gran Amor de su corazón.

13 Él tiene que devolver al mundo, hasta el último centavo, todo lo que ha recibido del mundo, incluyendo también las ciencias de su cabeza que le lleva a la soberbia, - porque de otra manera el renacimiento y el bautismo con poder de su espíritu tendrá un aspecto terriblemente magro.

14 No penséis que alguien entrará inmediatamente al Reino del Cielo si también ha donado toda su gran fortuna a los pobres, y pensando dentro de sí y diciendo: »¡Señor! ¡Sé también misericordioso conmigo, como yo he sido misericordioso!« Quien habla así le falta aun bastante del Reino de Dios; porque aquí él y Cristo no son aun uno, sino evidentemente son dos, en donde el uno le prescribe al otro condiciones que, de cierto modo, están afectas a una aprobación.

15 El más pobre entre los hombres soy siempre Yo, o dicho en buen cristiano: La verdadera fuerza de vida de su corazón en cada hombre es lo más menesteroso y lo más pobre. Este tiene que primero estar abundantemente dotado si es que se quiere que tenga también un valor una otra dotación hacia el exterior; es decir, vuestro corazón tiene que llenarse por completo de vida por Amor hacia Mí. Yo mismo tengo que ser todo lo que constituye vuestro amor; entonces recién después podéis actuar, fundamentados en este amor, en forma verdaderamente meritoria para alcanzar la Vida eterna, y todo esto es así porque lo meritorio Me corresponde únicamente a Mí. Vosotros tan solo sois nada más que puros consumidores de Mi Amor, Gracia y Misericordia.

16 Porque tan pronto como alguien diga: »¡Yo he hecho, yo he dado!« aquí éste está aun lejos de aquél que dice: »¡Todo el tiempo he sido un siervo ocioso e inútil!« y por tanto también está aun lejos de Mi Reino. Únicamente si reconoce dentro de sí y en forma viva y dice: »¡Señor, mi Dios y Padre! ¡En el fondo de todo soy nada, así como también todos los hombres juntos no son nada ante Ti, sino únicamente Tú eres Todo en el todo!«, entonces él está cerca a Mi Reino, y Mi Reino se le ha acercado a él.

17 Por eso también tened en consideración cosas así que se os dice, entonces así conseguiréis alcanzar también la ascensión y el bautismo con la Fuerza de Mi Espíritu; pues también, con esto, se os está enviando a vosotros la Promesa del Padre. Amén.

Capítulo 30 de la obra
»Aclaraciones de los Textos de las Escrituras«
recibido por Jakob Lorber