Para cualquier asunto o emergencia, no tenéis la necesidad de dirigiros a ningún otro más que a Mí.

26 de abril de 1846

1 Mirad, toda vuestra obligación fue y será siempre el Amor. Es decir, el Amor puro y divino en vosotros dirigido a Mí y -del mismo modo- dirigido también a vuestros hermanos y hermanas.

2 Yo, que soy el Amor mismo en todo Mi Ser, os daré de acuerdo a este Mi Amor en vosotros. Todos sois amados hijos de Mi Amor, siempre y cuando Me améis con toda fuerza. Mi Amor también ha fructificado a María, la madre de mi ser corporal terrenal. Este ser corporal terrenal (Jesús como hombre) es un verdadero hermano para vosotros y es lo suficientemente fuerte para, con toda paciencia y mansedumbre, llevaros a todos vosotros como hermanitos y hermanitas y para guiaros como hermanos y hermanas que han madurado. Y quien quiera estar con el Padre que tan solo se dirija a Mí como el gran amado del Padre que es el único verdadero hermano para vosotros y que está lleno del máximo Amor y la máxima Sabiduría. ¡Y por tanto, para cualquier asunto o emergencia, no tenéis la necesidad de dirigiros a ningún otro más que a Mí!

3 Mirad, el saludo a María (durante la anunciación de entonces) vino desde la altura más alta de la Santidad de Dios en toda plenitud del poder y la fuerza de Su Espíritu para que el Amor en el Padre se convierta en un verdadero hermano de todos vosotros. - Ahora, preguntaos ¿qué más queréis con este saludo? - María no necesita de este saludo y no tiene sed por el mismo. Y ella sabe también mejor que todos vosotros que Mi oído es mucho más fino que el de ella y Mi ojo es más luminoso que el de ella. También que Mi Amor, Mi Humildad y Mi Mansedumbre hace desaparecer el amor, la humildad y la mansedumbre de todos, incluyendo el de los espíritus más bienaventurados del Cielo.

4 En verdad, vuestra ignorancia y vuestro craso error le generaría a ella (a María) solo pena si es que Yo, con anticipación, no tomara sobre Mí todo lo que es dirigido a ella o también a algún otro hermano bienaventurado. Esto lo hago por el inmenso Amor que tengo por vosotros. Mira, por eso (ante tales veneraciones impertinentes) hago sordo los oídos de los bienaventurados y vuelvo ciego sus ojos para que su bienaventuranza no se enturbie a través de vuestra gran necedad.

5 María, y todos los bienaventurados, también tendrán alegría por quien Me busca. Y todos ellos siempre estarán dispuestos voluntariamente de servirle de acuerdo a Mi Amor dentro de ellos. Este Amor les indica donde y cómo estáis necesitados. Por eso es inútil querer alcanzar la Gracia en algún otro que no sea Yo. Porque únicamente Yo soy la puerta hacia el Padre en el Cual habita toda Gracia. Quien no pasa a través de Mi no llega allí.

6 Bien podéis acordaros venerable y amorosamente de todo lo que está relacionado a Mi encarnación humana y, con esto, alcanzar para vosotros todas las disposiciones de Mi gran Misericordia. Y esto Me será agradable. - Pero si formáis oraciones mecánicamente repetidas entonces os habéis convertidos en locos o hecho así a través de la gran ceguera de los guías ciegos y sois estafados por los estafadores estafados.

7 Pero ahora Yo os he mostrado en altísima Verdad cómo son las cosas. Y por eso también debéis actuar de acuerdo a lo dicho si es que queréis ser verdaderos hijos del mismo Padre bueno y verdaderos hermanos del Hijo de María que os ama como vosotros Me amáis a Mí. Amén.

»Dádivas del Cielo«, Tomo 1, página 14,
recibido por Jakob Lorber