»Por eso en el matrimonio lo más importante para el hombre es que él primero se reconozca a sí mismo, para que pueda ver en qué relación está la mujer con respecto a él y entonces la mujer pueda guiarse según la fuerza de su espíritu.«

6 de julio del 1840

01 Escribe entonces al hermano que es un administrador principal en una ciudad muy dispersada, en la que se practica mucha prostitución, tanto espiritual como corporal. Dile que Yo he escuchado su petición con benevolencia y es por eso que le entrego una doctrina tomada de mi Amor.

02 Sin embargo él debe creer que Yo puedo ayudar, y su fe debe ser viva en la fuerza de su voluntad y en el más alto amor. Y después él no debe temer a su esposa, debido al dinero y por eso hacerle caso, sin quererlo en realidad, (lo cual con seguridad no haría si él tuviera una mujer pobre). Pues él sólo debe pensar en el relato del evangelio sobre el joven rico, y entonces le será claro ¡qué difícil es para un rico entrar en Mi Reino! A pesar que, a menudo, a los hombres les parece imposible, es para Mi muy posible. Porque mirad ¡el recorrido de la tierra alrededor del sol lo he dividido en días y noches para hacer un círculo completo del año! Y Yo digo, ¡hasta ahora no ha sido posible a ningún matemático descubrir la «cuadratura del círculo», la cual, sin embargo, es la base de todos círculos planetarios y solares!

03 ¡Pero los hombres no ven al bosque debido a los muchos árboles! Por eso tampoco ven al bosque dentro de una semilla. Y por eso Mi hijo querido no puede ver muy bien el gran daño y piensa que radica en lo pequeño. Por eso Yo le aconsejo que dé en el clavo según Mi Manera, sin timidez ni temor. Porque quien actúa por puro amor en Mi Nombre, nunca debe atemorizarse. Y aquél que busca glorificarme en el corazón de su hermano, su hermana y por eso con mayor razón a su esposa, por motivo de los hijos y de ella misma — en verdad Yo os digo, aquél nunca sufrirá vergüenza.

04 Pero en esto consiste el corto consejo: Para todo lo que yo te mostrare, tú debes referirte, con seriedad amorosa, al testimonio en la Sagrada Escritura, y mostrar a tu mujer, de palabra y acción, que tú eres la cabeza y ella sólo el cuerpo, y que ella debe obedecerte según Mi Voluntad, así como Sara a Abraham, y María a su querido José — es por eso que Yo siempre di mis instrucciones a José, pero nunca a María a pesar de que me llevó en su cuerpo — y esto, para que Mi Orden, del cual fueron hechas todas las cosas, no sea pervertidas en lo más mínimo.

05 Y si has hecho esto, entonces muéstrale a tu mujer que la verdadera felicidad matrimonial sólo puede consistir en que una relación entre el hombre y la mujer sea igual a la que existe entre Dios y los hombres o entre el espíritu y el alma o entre la iglesia verdadera y un gobierno existente, y entre otras relaciones verdaderas.

06 Además muéstrale a tu mujer que las mujeres que se levantan sobre sus hombres son comparables a los ateístas o los negadores de Dios, a los cuales las noches se vuelven como largos bancos de tortura, especialmente cuando incluso pierden los bienes temporales, cosa que acostumbro a hacer, para que, en caso de que ellos no hayan caído muy abajo, aún sea posible un retorno.

07 El hombre aprende a reconocerme dentro de su amor hacia Mí, pero la mujer en el amor del hombre. ¿Cómo puede decir una mujer: “Yo amo a mi esposo”, si es que a ella no le es sagrado cada una de sus palabras y deseos? — Por eso en el matrimonio lo más importante para el hombre es que él primero se reconozca a sí mismo, para que pueda ver en qué relación está la mujer con respecto a él y entonces la mujer pueda guiarse según la fuerza de su espíritu.

08 Pero si un hombre, dentro de su propia ceguera, es un verdadero débil de voluntad y cede ante su mujer (en un asunto injusto), aunque sea solo en un punto, entonces él ha injertado un cáncer a su tronco insensato, y por eso pronto no se encontrará más ni siquiera una fibra de vida matrimonial que quede sana.

09 Por eso, ¡el hombre no debe casarse mientras aún no se haya reconocido a sí mismo completamente!

10 ¡Que el dinero te sea prescindible, si tienes Mi Gracia! — Pero, ¡sé tu imprescindible a tu mujer, porque aún no tiene mi Gracia! ¿¡De qué le sirve a ella su dinero y bienes sin Mi Gracia!? Y si la tiene, a través del corazón piadoso del hombre, entonces ella verá su dinero con ojos vendados.

11 Oh, mi querido Hijo, mira, Yo conozco a tu mujer mucho mejor que tu alguna vez llegarás a conocer. Por eso créeme, tu mujer tiene soberbia triple: Ella está orgullosa de su dinero; ella está orgullosa de ser tu mujer debido a tu cargo oficial, a la cual se debe su inclinación hacia ti; porque si sólo hubieras sido un escribano, ¡ella nunca hubiera sido tu mujer! Pero porque ella se cree muy rica y además muy casta, entonces ella se siente muy orgullosa en contra tuya, lo cual tú, sin embargo, no te das cuenta, y esto debido a una cierta costumbre. Pero sólo tócala una vez en su lado débil y susceptible al cosquilleo, y así inmediatamente te serán claras Mis Palabras.

12 Por eso en primer lugar ¡muéstrale que tú eres la cabeza y Yo soy el Señor! — Segundo muéstrale que su dinero te es extremadamente imprescindible, y que además ella, por la administración gratuita de su riqueza, te debe a ti, y a Mí a través tuyo, el mayor agradecimiento que consiste en el amor verdadero y en el consecuente reconocimiento humilde de tus derechos masculinos. Y tercero muéstrale a ella el evangelio del “Rico y Lázaro” (Lucas 16,19-31) y del “Joven rico” (Lucas 18,18-30); primero exígele tú a ella la aclaración en una manera amistosa pero seria, y después aclárale tú con la seguridad de que Yo te ayudaré en eso.

13 Después también déjale ver Mi Nueva Palabra (Nuevo Testamento) y muéstrale en que consiste la muerte eterna y en que la vida eterna, qué es el Renacimiento, en qué consiste y cómo éste es exclusivamente indispensable para alcanzar la vida eterna y cómo sin él a la muerte terrenal se une necesariamente también la muerte espiritual.

14 Todo esto hazlo inmediatamente, entonces con Mi Ayuda poderosa todo se dará. Y dentro del año y día habrás hecho otra de tu mujer. Aun mucho más rápido se dará, si es que tú dejas de tocarla con tu carne pero para esto oras en la pequeña recámara en tu corazón.

15 Después de un tiempo la puedes dar a conocer a Mi Siervo J. L. Porque, ¡él tiene guardado un trueno fuerte en su pecho!

16 Ahora, ¡actúa, y Mi Gracia no quedará en el camino! — ¡Amén! — Yo, Jesús, el mejor consejero. ¡Amén, Amén, Amén!

Fuente: “Dadivas del Cielo”,
página 44 del tomo 1
recibido por Jakob Lorber
el 6/7/1840