26 de Enero de 1841

02 ¡Sólo escribe y anuncia Mi consejo al afligido Anselmo, el “perseverante de la Palabra”, que él sólo debería confiar única y totalmente en Mí y fiarse por completo en Mí! Pues Yo soy siempre quien mejor sabe en dónde está el problema, y además soy también un guía muy confiable en el camino. Todos los caminos Me son muy bien conocidos. ¡Y Yo mismo soy el camino más cercano y corto! ¡Quién ande por él nunca errará la meta verdadera por la eternidad! Porque aquél a quien Yo conduzco tiene en verdad un acompañante seguro. Y quién anda por Mis caminos persigue una meta segura; sí, una meta que es la meta de todas las metas. ¡Porque Yo Soy el indicador del camino, el camino mismo y la misma meta viva y eterna!

03 Por eso mira, Mi amado perseverante de la Palabra, te preocupas y te afliges en vano si es que me amas, me invocas sinceramente y me crees sin dudas que Yo, tu Padre todopoderoso, grande y santo, soy aquél quien te dice esto a través de Mi escribano de la Palabra. ¡Por eso has sólo tanto como quieras y puedas y déjame únicamente a Mí todo lo demás con plena confianza! Y puedes estar seguro que Yo conduciré todo hacia una meta justa.

04 ¡En verdad, si Me has amado todo una hora y también confiado en Mí el mismo tiempo, entonces has hecho más que si te hubieras preocupado vanamente durante diez años y en donde, dentro de tal preocupación por nada y para nada, te hubieras alejado muy a menudo de Mis caminos de Gracia!

05 Dime, ¿puedes hacer crecer un codo a todos tus hijos? ¿O puedes fortalecer a los débiles y debilitar a los fuertes? ¿O puedes hacer grande a los pequeños y pequeño a los grandes, o hacer ver a los ciegos y cegar a los que ven, restituir la audición a los sordos o hacer que no escuchen nada ni entiendan los de oído abierto?

06 ¡Mira, Yo soy un señor sobre los vivos y los muertos! Y así el vivo escucha siempre Mi voz paternal, la entiende y se rige según ella. ¡Pero también cuando llega su momento Me puedo hacer entender muy bien a los muertos, Yo como Señor, con mi voz de trueno de poder estremecedor! ¡Y debe obedecerme toda la tierra, la luna y todos los soles estelares y todo el tumulto mundano del entorno!

07 Mira, pero si todo esto e innumerablemente mucho más, desde lo más pequeño hasta lo más grande, depende de Mi voluntad, y pero tú dependes voluntariamente, con tu corazón, en Mi Amor paterno, que es aquí el origen eterno de todas las cosas — ¡Cómo puedes preocuparte entonces aún algo, si todo el tiempo puedes estar seguro de Mi amor, debes estarlo y ahora también eres verdadero por sobre toda medida!

08 Mira a Mi siervo — ¡él no tiene ninguna riqueza más que lo de Mí! ¡Y sin embargo te digo que él es más rico y feliz en su pobreza que uno al cual estuvieran a disposición todas las riquezas y ciencias de la tierra!

09 ¡Mira, aquellos a quienes Yo proveo están muy bien proveídos, tanto temporal como, mucho más, eternamente, y la pasarán muy bien con mi alimentación! Y Mi oficina no les prescribirá ningún horario de trabajo sino la libertad más bienaventurada de su amor. Amén.

Fuente: “Dádivas del Cielo”, Tomo 1, Pág. 271
recibido por Jakob Lorber
el 26 de Enero de 1841