» En la actualidad la posesión espiritual se ha vuelto tan normal que los hombres ya no se dan cuenta en lo absoluto del daño malvado horrible que hacen con ellos los invitados perniciosos. «

30 de enero de 1841

    Petición del siervo:

    “Señor, ¡hágase Tu voluntad! Tú sabes lo que quiero, para que Tu Nombre quiera ser siempre santificado, tanto en el espíritu como en toda verdad."

I) Posesión del cuerpo

El Señor:

1 ¡Bien, escribe entonces solo una Palabra sobre lo que te preocupa!

Porque justamente en este tiempo hay tanta posesión que esta situación calamitosa de los hombres se ha vuelto “normal” y por tanto es una situación muy seria.

2 Cuando el cuerpo se enferma es porque de algún modo han entrado elementos extraños. Inmediatamente después el cuerpo se esfuerza por expulsar estas sustancias extrañas a través del “espíritu de nervios”. Pero el proceso de expulsión es tan complicado como en un laberinto, y por eso es tan difícil.

3 El elemento extraño dificulta el funcionamiento del órgano que aloja al mismo.

Esto ocasiona todo tipo de molestias en la circulación de la sangre y a los líquidos producidos por ella.

La sangre ya no alimenta a tiempo a determinados órganos que se vuelven hambrientos, se contraen y ocasionan un tirón doloroso y espamódico que con el tiempo se debilitan cada vez más hasta que, finalmente, el cuerpo se queda sin fuerzas y los órganos pierden, junto a su electricidad, también su fuerza de tensión eléctrica.

4 Los elementos extraños son por ejemplo: venenos de todo tipo, en todos los elementos.

Estos pueden entrar al cuerpo de diversas maneras: a través de la boca, la nariz, los oídos, los ojos y los poros de la piel.

5 Aparte de los venenos también existen los “contagios” que a través del contacto o a menudo tan solo con el acercamiento entran al cuerpo a través de los poros.

Esto enferma, a menudo, peligrosamente al cuerpo porque éste ha sido obligado a aceptar la constitución extraña. Y si no hay ayuda inmediata entonces el cuerpo puede morir.

6 También hay una tercera manera de cómo se origina una enfermedad: Heridas violentas. Estas son molestosas y a menudo mortales.

Hay dos tipos de heridas: las externas y las internas.

7 En resumen: ¡Cualquier enfermedad del cuerpo no es otra cosa que una posesión del mismo por elementos extraños que no corresponden al cuerpo!

8 Si bien el cuerpo en perfecta salud comprende, en forma natural, todos los elementos, pero de cada uno tiene tanto como el orden natural lo exige.

Por eso la posesión de los elementos extraños consiste en la desproporción de los mismos, es decir en el exceso o la deficiencia de los mismos.

9 Cuando un hombre ya es dañado desde su nacimiento, porque la vida desordenada de los padres ocasionaron la introducción de elementos extraños durante el nacimiento entonces a este mal los hombres le llaman: “mal heredado” o “mal crónico.”

Cuando este mal afecta a toda una generación entonces se le llama normal1 y, ya no es posible expulsarlo del cuerpo mediante tratamiento natural, sino sólo a través de Mí mediante el milagro.

        1 “normal": Es decir que el mal se unifica tanto con la naturaleza del hombre que ya no es reconocible mas como algo anormal.

Pero esto es un acto violento Mío, porque Me veo obligado a actuar contra Mi Orden debido a Mi Amor todo misericordioso.

De otra manera el mal tendría que se expulsado mediante todo tipo de excemas y todo tipo de fiebres perniciosas y pestes. Aquí el mal se va por sí solo porque abandona a los hombres afectados. Pero cuando el mal es muy fuerte entonces se lleva consigo también a toda una generación en especial cuando el médico llega a la conclusión que no hay mucha medicina que ayude.

10 Si alguien quiere averiguar si posee un mal en forma secreta y silenciosa de tipo:

  • Heredado,
  • crónico o
  • auto adquirido

Que haga lo siguiente:

  1. Ayunar seriamente
  2. Tomar de vez en cuando durante tal dieta un medicamento endosis ligeras.
    Este medicamento tiene que ser natural y correspondiente.

Resultado:

En poco tiempo aparecerán los males pero de acuerdo a la siguiente lista:

    a) Los males heredados en los nervios.
    b) Los males crónicos en las articulaciones.
    c) Los males autoinducidos en la víceras, entrañas, instestinos.

El tratamiento más adecuado para los males del primer tipo a) es el de la homeopatía.

II Posesión espiritual

11 Hasta aquí he mostrado la posesión del cuerpo (físico), pero a su vez estoy mostrando también la posesión espiritual de los hombres. Porque esta última posesión se comporta de la misma manera que la primera.

12 En la actualidad la posesión espiritual se ha vuelto tan normal que los hombres ya no se dan cuenta en lo absoluto del daño malvado horrible que hacen con ellos los invitados perniciosos.

Sí, los hombres de ahora están tan “posesos” hasta el punto que los elementos espirituales malévolos se han hecho “uno” con su propia esencia. Aquí el espíritu malo trabaja para su casa (el alma del hombre) y la casa para su invitado.

13 Los signos clarísimos y no engañosos que muestran las posesiones más intensivas son:
  • El baile
  • La prostitución
  • La cólera
  • Las recriminaciones
  • Proferir maldiciones
  • El robo
  • La mentira
  • El orgullo
  • La presunción
  • La calumnia
  • La envidia
  • La avaricia
  • La adulación
  • La glotonería
  • La intemperancia
  • La burla
  • La ostentación
  • El desprecio contra todo lo Mío
  • La moda
  • El Lujo
  • Y todas las demás
    particularidades

14 Quien no quiera creer esto que tan solo pruebe dieta recomendada que es espiritual y consiste en la negación de sí mismo y que tome varias dosis pequeñas de Mi Palabra, y en verdad Yo digo, él se convencerá pronto que tipo de “Señor” vive (habita) dentro de él. Y si éste es expulsado por Mí entonces estas bestias excitarán a todo un mundo contra el hombre liberado.

15 Por eso quien no quiera creer en estas Palabras que pruebe tan solo la “homeopatía” del espíritu, y él pronto se convencerá que Yo, la verdad eterna, soy fiel a cada una de Mis Palabras.

16 ¡Pero la purificación general tampoco estará muy lejos! —¡tres veces ay al poseedor de tales bienes! —Amén.

¡Esto lo digo Yo, la verdad misma que existe desde la eternidad!

dadi1.273
Dádivas del Cielo, Tomo 1, página 273
recibido por Jakob Lorber
el 30 de enero de 1841