» Mis Hijos son una gran bendición en la casa que les permite habitar. ¡Porque Yo soy su verdadero Padre y nunca cesaré serlo por la eternidad! «

Audio: Iniciar / Detener


3 de febrero de 1841

1 Bien, escribe pues un consejo de Mi parte a A. W., porque él quiere saber lo que hay que hacer con un niño angelical enfermo y débil que vive sobre esta tierra - Mira, aquí no es difícil dar un consejo.

2 Había una vez un padre que tenía doce hijos y un salario muy pequeño que apenas lograba reunir al año una cantidad de dinero que equivalen a 300 Gulden de vuestra moneda (1841 Graz, Austria), y esto no alcanzaba siempre. Porque para pagar sólo la pensión de gracia de un latifundista tenía que dedicar 150 Gulden, el resto tenía que ganárselo duramente mediante su trabajo manual.

3 Mira, varios de sus hijos se enfermaron, y además su esposa fiel tuvo que guardar cama debido al cuidado de sus hijos enfermos. Con esto el hombre tenía que renunciar a sus trabajos secundarios para estar en casa y asumir el cuidado de los enfermos. Pero como él se dio cuenta que la pérdida de su trabajo secundario ya no le alcanzaba ni siquiera para pagar la mitad, y también él mismo ya no era muy fuerte, de tal manera que ya no podía encontrar otros trabajos secundarios - entonces él dijo en su interior: " quiero ír a visitar al buen latifundista, explicarle mi situación tan difícil, y el tendrá misericordia conmigo. "

4 Y mira, así como él había decidido, así también lo hizo inmediatamente, y fue donde el príncipe y le explicó todo. Pero cuando el príncipe escuchó esto, mira, se encogió de hombros, pero interiormente se conmovió por completo y dijo finalmente mostrando algo de seriedad:

5 "Escuchad, padre anciano, no dudo de tu sinceridad. Pero antes de que pueda ayudaros quiero visitaros próximamente, para observar si es así como me lo has explicado. ¡Pero, ay de vosotros, si me habéis mentido! ¡Y ahora id con mi gracia!

6 Y mira, el padre anciano salió de allí con sentimientos entre la esperanza y el miedo mientras se dirigía a su casa. Porque, si bien es cierto, esperaba la gracia del príncipe, pero tenía miedo que esta gracia llegara tarde. Y así llegó a casa, contó todo a los suyos, así como el príncipe le había dicho, y ordenó que la casa fuera limpiada inmediatamente después de que hayan almorzado. Y así, se tomaron los alimentos del mediodía.

7 Pero el príncipe noble cambió de opinión, pues abandonó su castillo inmediatamente y comenzó a seguir al padre anciano sin que éste último se diera cuenta. Pues él decía dentro de sí: ¡tal situación de emergencia tiene que ser ayudada inmediatamente! - Y la familia pobre realizaba en ese momento su oración de agradecimiento con lágrimas en los ojos, y en ese momento también el príncipe entró en la habitación y dijo: "Escuchad, anciano, ¿por qué me habéis mentido? ¡Pues yo veo aquí trece hijos y vosotros me habéis dicho que teniáis doce! "

8 Entonces el padre anciano cayó de rodillas ante el príncipe y dijo: "¡Oh padre latifundista noble y bueno! Este hijo decimotercero no es mío, pero lo he recibido por misericordia!"

9 Y el príncipe contestó, aparentemente molesto, pero dentro de su corazón estaba lleno de deseos de bondad: "¡Escuchad, si vosotros estáis ayudando a gente extraña, entonces no debe estar yendoos mal, de tal manera que muy bien podéis prescindir de mi ayuda!"

0 Allí el padre anciano cobró valor y dijo, tomando la mano del príncipe y poniéndola sobre su corazón: "¡Oh padre latifundista noble y bueno! Mira a este hijo decimotercero lo encontré hace diez años en un bosque, expuesto a la muerte. Apenas estaba vestido con harapos y ya mostraba estertores en el fango de un pantano. Yo lo tomé sobre mis brazos y lo llevé inmediatamente hasta aquí y dije a mi esposa:

1 "¡Mira, el Señor me ha permitido encontrar un tesoro en el bosque pantanoso! Es un niño agraciado. ¡Mira, con seguridad que es huérfano, por eso deja que seamos sus padres! Pues donde comen doce también sobrevivirá el decimotercero. ¡Y así yo tenga que mendigar por ti y nuestros doce hijos, el decimotercero no hará gran diferencia a nuestra necesidades! " - E inmediatamente mi esposa fiel tomó al niño en sus brazos, lo besó y lo cuidó hasta el día de hoy al igual que los nuestros. - ¡Por eso, príncipe noble y bueno, no me tomes a mal que yo haya callado sobre este hecho! "

2 Y mira, cuando el príncipe escuchó esto, no pudo contener más a su corazón, y de sus ojos brotaron lágrimas de alegría de la compasión y alabó mucho por eso al anciano, diciendo:

3 "¡Escuchar esto me hace muy feliz! ¡Ya que vosotros habéis actuado en forma muy noble y os habéis vuelto un padre para este niño extraño, a pesar que sois pobres y os habéis convertidos en los salvadores de su vida, entonces yo quiero ser a partir de ahora un buen padre que se preocupará de vosotros! ¡Y ya que este niño extraño es un huérfano, entonces traedmelo aquí, para que ya no sea más un huérfano! Pues yo seré su padre y la princesa su madre. Y ahora abandonad esta habitación y venid conmigo, en el gran castillo habrá espacio para vosotros. Pero aquí donde se encuentra esta habitación, se levantará un monumento que llevará vuestros nombres."

4 ¡Ahora tú, mi querido A. W., mira bien esta historia y toma de ella lo que quieres saber! ¡Pues Yo soy un príncipe, tú eres el hombre pobre y tu niño en necesidad es el extraño encontrado en el bosque!

5 Has tanto como puedas, y no pienses: ¿cómo, cuándo, dónde, para qué, por qué, y de qué manera? - Y no preguntes de qué manera te puede servir este niño que está enfermo y débil desde el nacimiento. - ¡Mira, ya se encontrará bien. Orientalo con diligencia para que venga a Mí, pues es un ángel en su prueba débil, y mantente siempre lleno de buen ánimo y pon un ojo observador sobre él! Y tu experimentarás en él, algo que hará bien a tu interior.

6 Mira, Mis Hijos son una gran bendición en la casa que les permite habitar. ¡Porque Yo soy su verdadero Padre y nunca cesaré serlo por la eternidad! - Más ya no necesito decirte. Porque no serías capaz de soportarlo. Pero mantente atento, que Yo quiero visitar tu casa. - ¡Por eso Yo digo amén, tu gran Príncipe y tu Padre! Amén.

Fuente: “Dadivas del Cielo”,
página 284 del tomo 1
recibido por Jakob Lorber
el 03/02/1841