1 de Mayo de 1841, por  la mañana

00 Ans. H. pidió información sobre Mateo, capítulo 24, versículo 30:

“Y entonces se mostrará la señal del Hijo de hombre en el cielo. Entonces lamentarán todos las tribus de la tierra y verán al Hijo del hombre que vendrá sobre las nubes del cielo con grande poder y gloria.”

01 El Señor manifiesta a través de su siervo J.L. lo siguiente: ¿No sabéis qué diferencia hay entre la “señal” y el “Hijo del hombre”? ¿Y no sabéis cómo debe entenderse el término “cielo”?

02 En verdad, no os podríais imaginar algo más necio que ver en el cielo estrellado algo así como el denominado crucifijo.  Preguntaos a vosotros mismos, ¿de qué serviría al mundo si no sólo se viera un crucifijo sino una legión completa de crucifijos en el cielo!? ¿Acaso serían mejores los hombres con eso en sus corazones? — ¡Oh, con seguridad y en verdad que no!

03 ¡¿ Acaso los científicos ilustrados no tomarían cartas en el asunto y declararían que todos esos crucifijos son espectáculos engañosos organizados por los sacerdotes[1]?! ¿¡Y no buscarán ellos demostrar que todos esos crucifijos que flotan el cielo tienen un único origen en la aerostática y que han sido elevados gracias a un arreglo hecho por las comunidades de los jesuitas!?

04 Mirad, ¡este efecto y aún algunos otros más causaría una tal aparición en el mundo académico! Incluso los científicos entendidos en las matemáticas buscarían aclarar tales apariciones a través de la ciencia de la óptica.

05 Pero, ¿qué diría un hombre común al respecto? — Yo os digo, aquél enmudecería inmediatamente y quedaría inerte debido a un miedo excesivo. Porque estaría seguro que el “día del Juicio final” acaba de llegar, según la doctrina equivocada e implantada dentro de él.

06 Y así esta aparición mataría, en primer lugar, a los científicos porque ésta aparición aniquilaría sus opiniones y aclaraciones; pero al hombre común le mataría, dentro de su libertad que en realidad debería estar cada vez más activa, en el mismo momento de la primera presentación de aquella aparición. —  ¡Esto sería por tanto la utilidad de tal aparición!

07 Vosotros podéis deducir que esto sucedería de esa manera si tan sólo volcaseis vuestras miradas, con cierta atención, hacia aquellos tiempos en los cuales ciertos profetas, de sabiduría trastornada, habían determinado ya varios “fines del mundo”. Así como en aquellos tiempos algunos hombres desesperaron, otros se rieron y otros se dieron a la gula y a otros tipos de abandonos; así sucedería hoy día. Pero si tales profecías huecas produjeron ya tales efectos perjudiciales, poneos a pensar ahora, ¡¿qué cosa causaría una cruz gigantesca que flota bajo las estrellas?!  ¡Yo no necesito describiros mas detalladamente el éxito letal de esto!

Interpretación del “cielo” (Mt. 24,30)

08 Bajo el concepto “cielo” se entiende: La completa verdad de la fe que proviene de la Palabra que es la “Iglesia” en su legitimidad.

09 La “señal del Hijo del hombre” es el Amor que ha despertado nuevamente  dentro de está Iglesia. Amor que es acompañado de todos sus atributos celestiales como Misericordia, Paciencia, Mansedumbre, Humildad, Entrega Obediencia, y Tolerancia ante todas molestias de la Cruz.  Mirad, esta señal viva del Hijo del hombre aparecerá en el cielo de la vida interior y eterna y no matará sino que reanimará fuertemente.

10 Claro está que durante esta circunstancia las “tribus de la tierra adictas al mundo” llorarán, se lamentarán y se quejarán porque todos sus trucos infernales, que consisten en los innumerables artículos de compra y venta, pasarán de moda. Porque los hombres de Mi Señal ya no tendrán mucho que ver con aquellos que sueñan con el mundo, los comerciantes, y cambistas.

Interpretación del “retorno de Jesús  sobre las nubes del cielo” (Mt. 24,30)

11 Estos dirigirán sus ojos sólo allí donde vean el “venir del Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria” — es decir la Palabra viva en el corazón del hombre ó Mi amor eterno en su plena existencia y por eso es de “gran poder y gloria”. Y las “nubes del cielo” son la sabiduría infinita misma dentro de ésta palabra viva. —Mirad, ¡éste es el corto entendimiento de este texto de la escritura!

12 Pero las “nubes” mismas os aceptarán en el más allá dentro de mi Reino y será vuestra morada para la eternidad.  Esto es, vosotros reconoceréis completa y visiblemente recién en el máximo deleite al gran poder y gloria del Hijo del hombre.

(“Dádivas del Cielo”, tomo 1, página 337)


[1] Este mensaje fue recibido en 1841.