Así como es la fe en el hombre también es el efecto de la misma. Porque la fe es aquel lazo poderoso con el que están unidos cuerpo, alma y espíritu.

26 de junio de 1841, a las 3:45 p.m.

Escribiente: K. R. L. — Andr. y Ans. H

Pregunta:   J. R. pide aclaración sobre hasta qué punto nos en­contramos bajo la conducción de un espíritu pro­tector (santo patronal 1)

El Señor responde indulgentemente lo siguiente mediante su siervo J. L.:

01 Así como es la fe en el hombre también es el efecto de la misma. Porque la fe es aquel lazo poderoso con el que están unidos cuerpo, alma y espíritu.

02 Porque es imposible que suceda un efecto en el mundo físico que no esté fundamentado en el mundo espiritual. Ahora, si alguien siente alguna necesidad, es decir mientras él mismo actúe en el mundo natural, entonces también buscará aquí algún medio que lo ayude a satisfacer pronto sus necesidades de la manera más correspon­diente. Pero ya que aquí cada hombre, en el inicio de su existencia, es necesariamente sólo un hombre natural, por eso es que él sabe poco sobre lo espiritual, pues ni siquiera lo ve, ni siquiera lo oye — y esto porque, como ya se ha dicho, él mismo es aún uno natural.

03 Pero así como todo lo natural es frágil, el cuerpo del hombre también lo es.

04 Pero, ¿qué es lo que hace el dueño de una casa cuando en ella aparecen grietas y otros tipos de deficiencias que le hacen temer que si no las repara inmediatamente, la casa podría debilitarse finalmente hasta tal punto que no tendría la capacidad de resistir ni siquiera una sacudida leve? ¿Acaso aquí el dueño de la casa no recurrirá rápidamente al medio más adecuado para dar de nuevo la firmeza adecuada a su casa? Con seguridad él hará esto siempre y cuando no sea perezoso y esté muy atento a los daños de su casa.

05 ¿Entonces qué pensáis, a qué medios recurrirá este dueño de la casa? — No necesitaréis adivinar mucho y pronto encontraréis que él dejará examinar su casa por un experto en construcción. Pero si el experto le dice al amo: “¡Escúchame amigo mío, el estado de tu casa no se ve nada bien! Porque el daño que se muestra en las paredes proviene de un fundamento en malas condiciones. ¿¡De que te serviría que ponga mortero sobre las paredes agrietadas y las tarrajee por dentro y por fuera!? Porque si viniera la más leve sacudida telúrica entonces te sepultaría bajo los escombros a ti junto a los tuyos.

06 Pero cuando el dueño de la casa oiga al experto sobre aquél mal estado se pondrá congojado debido al gran daño de su casa y deliberará dentro de sí: “Ahora, ¿qué debo hacer? ¿Debo creer en este experto y demoler toda la casa y construir una nueva desde el fundamento, tarea que es muy costosa? ¿O quizás todavía debería traer a otro experto en la materia y dejarle investigar más profundamente mi casa dañada?

07 Después de haber pensado en esto él reflexiona consigo mismo de la siguiente manera: “En cuanto lo que se refiere al consejo del primer experto, éste es, en principio correcto. Pero como aquí se trata de construir una nueva casa no me sirve para reparar lo defectuoso. Porque una nueva casa se puede construir en cualquier lugar; ¡pero aquí se trata del posible mejoramiento de la casa existente que está dañada!”

08 Así se va a la búsqueda de un nuevo consejo y toma no sólo a un experto constructor sino a varios. Pero algunos recomiendan lo mismo que el primero. Otros proponen medios con los cuales esta casa puede ser nuevamente refaccionada para que quede tan firme como una nueva, y con fundamento sólido.

09 ¿Qué opináis ahora? ¿Por cuál consejo se decidirá el dueño de la casa? Seguro que no otro más que el segundo.

10 Pues mirad, el cuerpo de cada hombre no es más que una casa movible del espíritu.

11 A esta casa amenazan frecuentemente peligros diversos. Estos peligros son ya, por decirlo así, grietas reales en la casa o están dispuestos de tal manera que pudieran contener algunas grietas peligrosas para la vida como muestra la experiencia en otras casas.

12 Si el hombre natural ve muy bien esto, también, qué es más natural que reflexione minuciosamente de qué manera más adecuada pudiera restaurar ó su casa que ya está agrietada para dejarla como si fuera nueva, ó cuando compara otras casas agrietadas con la suya que aún no están agrietadas, pero piensa cómo podría resguardar su casa ante tales daños.

13 También él se dirige primero a Mí, como Maestro constructor principal — es decir siguiendo el consejo de la Palabra que Yo he hablado para todos los hombres. Pero este Maestro constructor exige que la casa podrida sea derribada totalmente y se construya en su lugar una nueva y firme desde su fundamento.

14 Sólo que este consejo cuesta demasiado al dueño de casa. Por eso se dirige también hacia otros expertos en construcción, por lo menos para escuchar su opinión. Muchos de ellos le aconsejan lo mismo que el Maestro constructor principal por eso que ellos no son de su agrado. Pero los otros, que no creen firmemente y sin dudas en la Palabra junto al gran Maestro constructor le dan el consejo del “mejoramiento” en el que obtendría al mismo tiempo su casa como si fuera nueva como también sólida. — consejo al cual hace caso en primer lugar el dueño de la casa que es estafado.

15 ¿Qué pensáis? ¿Es esto un buen consejo? — Para el propietario es bueno porque corresponde a su deseo. Pero en realidad no es bueno porque la casa sólo consigue una solidez aparente pero no real.

16 ¡Mirad el efecto de la fe en este caso! Pues este lazo une al mismo propietario con la necesidad propia de la casa y con la ayuda buscada que no es demasiada costosa para él. ¡Pues así como es la fe así es la ayuda! — Preguntad a vosotros mismos, ¿¡cómo se ve todo esto ante Mí!?

17 Yo quiero daros una pequeña parábola para que pueda serviros como un espejo espiritual en el cual podáis reconocer la imagen de un propietario de casa que rehuye a los costos, y ver cuánto más esfuerzo enorme y trabajo le costara al final en el caso de que sólo quiera enlucir su casa en vez de derribarla inmediatamente y construir una nueva casa sólida bajo la dirección del gran maestro constructor.

18 Esta es pues la parábola: Alguien está totalmente consciente y convencido que el monarca de algún estado es un hombre bueno y muy condescendiente de tal modo que cualquiera que llega a él con una petición recibe aquello que busca sin más contrariedades. Pero a pesar de este conocimiento el necesitado no se atreve a pisar el umbral del monarca, sino se dirige servilmente con adulaciones a los servidores del monarca los cuales le dificultan finalmente el acceso al monarca de tal manera que le parece una imposibilidad llegar al monarca y mucho menos recibir algo de él.

19 Por eso entonces él se queda con los servidores del monarca y busca todo en ellos y se relaciona con el monarca con absurda sumisión.

20 Pero el monarca ve aquella timidez, y para que no se le fuerce al rogador, deja transcurrir esta situación humillantemente servil hasta que la situación se vuelva muy pesada. Situación en la que los pobres hombres son seducidos, a pesar de la bondad y condescendencia sin límites del monarca, a través de otros intermediarios ambiciosos que enseñan a rehuir del principal ayudador y a buscar ayuda en aquellos que nunca pueden ayudar y, si ellos pudieran, tampoco quieren ayudar porque son muy egoístas, y también porque el monarca no los vería con buenos ojos si se enterara que ellos se han atribuido una función que únicamente le competía, compete y competirá al monarca.

21 Mirad, así cómo muestra esta parábola, es la situación de los hombres que buscan ayuda en cualquier lugar menos donde Mí.

Fuente:
"Dadivas del Cielo"
Tomo 1, página 375
recibido por Jakob Lorber


1 Santo patronal: Patrón, Santo bajo cuya invocación y protección se halla una iglesia, un pueblo, una congregación, etc. (Diccionario RAE)