29 de enero de 1842

Para Julie H., hija de Anselmo H.

1 ¡Mi Anselmo H. W.! ¡Recibe pues una palabrita para aquella por quien tu me pediste ayer, ya está más cerca a tu corazón y por eso tampoco está lejos del Mío!

2 ¿Quieres tú, Julie H., renunciar gustosamente al mundo y a todos sus atractivos muy seductores por amor a Mí? ¿Quieres amarme a Mí, tu Padre santo y amoroso, con todas tus fuerzas así como Yo te amo y como hasta ahora yo siempre te he llevado en mis manos de Padre al igual que llevé Ghemela y Purista[1] de quienes ya has oído cuánto yo las amaba y hasta ahora las amo todo el tiempo?

3 Mira tú, mi amada hijita, Yo sigo siendo el mismo Padre celestial, santo, bueno y lleno de Amor, y ahora soy mucho más accesible que antes. Pues ahora están abiertas constantemente las puertas del Cielo. En ese entonces estaban cerradas. ¡En aquella época quienes no me encontraban a través de llevar una vida extraordinaria, auto motivada y mediante una larga y gigantesca abnegación de sí mismo, para aquél la tierra era un suelo terriblemente duro lleno de muerte!

4 ¡Pero ahora la tierra ya ha sido justificada hace mucho tiempo a través de mi Sangre! — ¡Qué fácil es ahora venir hacia Mí!

5 Pues bien, si tú, mi querida hijita, tan sólo quisieras y pudieras amarme, solamente a Mí y con cierta firmeza y por sobre todo, así como Yo te amo por sobre todo - entonces quisiera presionarte hacia mi Corazón de Padre tres veces más íntimamente que a las dos las cuales las conoces de la época inicial de los hombres!

6 Sólo reconoce de estas Palabras cuánto Amor tengo por ti; así entonces y con seguridad tampoco te será difícil amarme por sobre todo, a Mí que soy tu buen Padre.

7 ¡Si te vuelves verdaderamente fiel a Mí —Escucha bien— entonces estaré pensando muy bien, como siempre, en el día de tu santo y te daré una CINTA DE UNIÓN que con seguridad te alegrará mucho más que si hubieses ganado todo el mundo, claro está, esto cuando me ames fuertemente!

8 Que seas bendecida por Mí en todo Amor y fidelidad hacia Mí que soy tu Padre santo, bueno y amoroso. Amén

    [1] Ghemela y Purista, eran vírgenes de los patriarcas de la época primitiva de la humanidad. Ellas están mencionadas en la obra de Lorber "El Gobierno (de la Familia) de Dios"

Fuente: "Dadivas del Cielo" Tomo 2, Página. 21