No hay nadie que respete tanto la libertad del hombre como el Padre

 

31 de julio de 1843

    “¿Quién es tan ciego como Mi siervo? ¿Quién es tan sordo como Mi mensajero que Yo envío? ¿Quién es tan ciego como el Perfecto y tan ciego como el siervo del Señor?”

Pregunta: Oh Señor, ¿a quién se dirige esta profecía de Isaías ( Is.42,19)?

01 Esta profecía se dirige en primer lugar a Mí y significa nada más que: ¿Quién está lleno de Amor como Yo, Dios de la eternidad, que llego incluso hasta tal punto de vestirme con la forma de siervo con la finalidad de servir como Padre a todos Mis hijos de la manera más justa posible? ¡¿Y quién está lleno de Paciencia, Longanimidad, Gracia y Misericordia y no oye a las muchas blasfemias de los hombres y les hace el bien a ellos en el mundo, a aquellos que se burlan de Él, que no les hacen caso y que aman a todo lo que el mundo quiera tener mucho más vivamente que a Él, el Señor de la Vida?!

02 ¿Quién es tan condescendiente como el Omnividente? ¡¿Y quién toma los pecados tan poco en cuenta como Yo, el único Santo, hasta tal punto que incluso entro en las moradas de los pecadores y celebro con ellos una cena con alegría y Yo mismo les enseño los caminos de la vida y los llevo y los conduzco y sin embargo — no los obligo a salir de su libertad exterior ni que la encarcelen a aquella libertad, para que así puedan entrar espiritualmente a la libertad interior y verdadera — sino al contrario cada uno pude hacer lo que quiera durante su vida?!

03 Se sobreentiende por sí mismo que cada uno sólo puede alcanzar la libertad interior del espíritu, allí donde esta fundamentada la vida eterna, sólo a través de limitar completa y voluntariamente su libertad mundana externa, es decir a través de una completa auto-negación de sí mismo. — Porque cualquier cosa, que el hombre hace a gusto de acuerdo a su libre albedrío exterior, lo separa del espíritu y le cierra el acceso al camino silencioso y siempre estrecho que lleva hacia la voluntad libre y espiritual.

04 Él puede estar reconociendo exteriormente muy bien lo que es necesario para la vida verdadera y la vida interior. ¡Pero a pesar de eso nunca percibirá dentro de sí el poderoso impulso de Amor y mucho menos actuará completamente según tal impulso, sino que quedará satisfecho o con el simple conocimiento o será la mitad para aquí y la mitad para allá — es decir un ser tibio que difícilmente logrará nunca llegar a la libertad interior y espiritual!

05 Pues para todo esto Yo soy siempre sordo y ciego y le dejo a cada uno su alegría y su amor para que hasta el final recién se muestre lo que cada cual haya obtenido gracias a su libertad exterior, y no importando si todo esto haya tenido la mayor aprobación en el mundo.

06 En segundo lugar, de la misma manera como sucede conmigo como consecuencia de esta profecía, así también sucede con cada uno de los siervos y mensajeros que Yo envío o despierto. ¡Aquél tiene permiso para enseñar, mas no para violentar a ninguno, sino que, ante tal caso, él debe retirarse rápidamente y volverse ciego y mudo para que a cada uno le quede el libre uso de su voluntad, ya sea hacia la vida o hacia la muerte — Por eso que el siervo no sea responsable y que sea sordo y ciego, para que cada cual reciba su propio merecido ya sea así o asá!

07 Por eso Yo ya no doy más a los siervos ningún otro poder milagroso que el de la Palabra. Aquél que se deje guiar a través de ella, que alcance la libertad interior y espiritual. ¡Pero a quien no le baste este milagro que nadie lo estorbe en su libertad exterior y sus consecuencias! 

08 ¡Mira, esta profecía indica todo esto!  ¡Préstale atención y alcanzarás la libertad interior! —¡ Así habla el Señor! Amén, Amén, Amén.

(“Dadivas del Cielo”, tomo 2, pág. 232,
recibido el 31 de Julio de 1843)