(Traducción dedicada a Patricia A. en el día  de su cumpleaños. 10 abril 2007)
»Por eso solo investígate a ti misma con sumo cuidado, y con mucha facilidad encontrarás poco a poco todo lo que no te deja alcanzar a plenitud el completo renacimiento durante el tiempo de tu vida del cuerpo físico.«

10 de mayo de 1847

A Elise H.

1 (El Señor:) Bien, ahora tenemos nuevamente otro día de cumpleaños. — Si bien los días de cumpleaños mundanos también provienen de Mí, el Señor de todo lo que nace y el Señor de todo ser, sin embargo y a pesar de todo los días de nacimientos del espíritu (junto a los días de muerte de la carne) me son más agradables que los días de cumpleaños de la carne que ahora se dan frecuentemente de forma desafortunadas y vacías.

2 Pero con esto no  quiero insinuar que alguien también tuviera que morir de verdad según el cuerpo a favor del día del renacimiento del espíritu y por tanto dejar repentinamente todo lo temporal — oh no, para nada, esto no lo exijo Yo, y por tanto este asunto tampoco debe entenderse así. Sino que con el día de la muerte de la carne quiero dar a entender muy bien que se trata de la desaparición de todo tipo de avidez y apasionamientos mundanos, porque ningún espíritu ni alma humana puede renacer completamente hacia el verdadero reino de los cielos mientras que cualquier tipo de preocupaciones mundanas todavía esté pegada en el alma sufriente.

3 Porque el renacimiento del espíritu y del alma se comporta como con la elevación de un globo lleno de aire caliente. El globo, que todavía está siendo llenado, es sujetado con cuerdas, sogas y todo tipo de ataduras a las estacas clavadas en la tierra para que éste no se eleve a medio llenar y no sea llevado a la deriva por los diferentes vientos y no se cuelgue en la asta dura de algún árbol que lo pudiera romper. Pero cuando éste ya ha sido llenado por completo y sea capaz de subir hasta las regiones más altas, entonces se cortan todas las cuerdas, pitas, y sogas que antes lo fijaban a la tierra. Porque si no el balón estará jalando y carcomiendo a las ataduras mientras no se corte hasta el último cordón.

4 ¡Pero esta parábola enseña que un hombre, así él esté lleno de las obras más buenas de un verdadero cristianismo y su corazón esté lleno del Amor hacia Mí y hacia su prójimo, a pesar de tener toda la capacidad de alcanzar el renacimiento pleno del espíritu, lo detiene algunas ataduras que aún lo unen con el mundo! — Mientras estas ataduras no hayan sido completamente cortadas entonces tampoco puede elevarse, incluso el hombre más bueno, a las alturas de Mi reino de vida como sucede con un balón lleno que todavía está atado a la tierra.

5 Mira tú, mi amadísima hija Elisabeth, esto es justamente tu caso, como también el de tu esposo y en especial el de tus hijos. Tú eres completamente capaz, debido a tus obras que son muy agradables ante Mí, de alcanzar el segundo nacimiento. Pero mira, aún hay una serie de ataduras mundanas que te atan aún con el mundo y te unen a él y te impiden la elevación final y completa en Mi Reino durante el tiempo de la vida de tu cuerpo físico que no se te escaparan antes de que abandones tu cuerpo físico, pero que aún no es tuyo en la plenitud práctica debido a las ataduras mundanas que en verdad no son ya muy significativas. Por eso, en este tu día de cumpleaños de tu cuerpo físico Yo no quiero desearte nada más intensamente que la completa liberación de todo lo que aún te ata al mundo.

6 Por eso solo investígate a ti misma con sumo cuidado, y con mucha facilidad encontrarás poco a poco todo lo que no te deja alcanzar a plenitud el completo renacimiento durante el tiempo de tu vida del cuerpo físico.

7 Porque por mi lado tú ya estás renacida, y no te falta ya nada más que, por decirlo así, la simple elevación. Por motivos muy sabios esta elevación depende únicamente de la voluntad de cada hombre. ¡Por eso sólo esfuérzate muy juiciosamente de conseguir liberarte del mundo incluso de los hilos más pequeños, entonces experimentarás fácil y prontamente aquel segundo y pleno día de nacimiento para toda la eternidad el cual nunca más se te será quitado!

8 Este es el deseo más fidedigno y más verdadero de Aquel que ya te amó incluso antes de que la tierra fuera fundada, — y que es tu verdadero Padre y lo será de eternidad a eternidad. Amén, amén, amén. —

»Dádivas del Cielo«, Tomo 2, página 233,
recibido el 10/5/1847 por Jakob Lorber