... durante la anestesia con el éter, el éter es justamente el sustituto para el espíritu nervioso, como el éter del estómago, que proviene de los alimentos, lo es para la vida durante el sueño.


Éter corona. Fuente: www.quimicaorganica.net

28 de febrero de 1847

1 En verdad el así llamado éter de azufre no es otra cosa que un espíritu purísimo del vino y del vino de frutas, y no contiene ningún átomo de azufre. Porque aquello que, durante la preparación, hace que se separe el hirviente ácido de azufre de su contenido y suba en forma de vapor, se unifica a mismo tiempo con el vapor de agua que sube y que está contenido en el impuro vino y vino de frutas, y cae de nuevo sobre el hirviente ácido de azufre como un líquido pesado, goteante y ácido.

2 Y el éter puro del vino y de la fruta se tranforma entonces en un líquido liberado y altamente suave y puro dentro del recipiente. Este líquido es justamente el así llamado éter de azufre.

3 Cada éter, como líquido específico y espirituoso, actúa como anestesia sobre el espíritu nervioso. Pero también el vino, la cerveza, el mosto de frutas y una gran cantidad de similares, porque en tales líquidos los específicos del alma se encuentran ya más libres y sin ataduras que en el agua y en otros líquidos no fermentados. Pero naturalmente los específicos del alma están ya casi completamente libres en el éter puro y solo pueden ser conservados en un recipiente fuertemente cerrado. Entonces si tal éter es puesto en contacto interno con el cuerpo físico a través de la inhalación, allí en donde actua el espíritu nervioso, entonces es absorvido con extrema avidez por el espíritu nervioso que tiene una esencia familiar al éter y es utilizado para la saturación de las cámaras internas de los nervios.

4 Pero si estas cámaras han sido saturadas de una manera repentina y sin preparación, allí ellas se inflan, justamente a través de tal saturación, como una burbuja y pierden la capacidad de reaccionar, ni siquiera ante una herida exterior, ni tampoco a través de la interacción interior por parte del espíritu nervioso.

5 Pero ya que con esto también el espíritu nervioso se vuelve inactivo para el cuerpo físico porque se ha desconectado del mismo debido a la sobresaturación momentánea de las cámaras de los nervios - el alma, durante tal tiempo de la sobresaturación de las cámaras de los nervios, se libera porque el espíritu nervioso no está unido con el alma. Pero si por tal motivo el alma está libre, entonces el alma se encuentra en aquella esfera del mundo de los espíritus por el corto tiempo que dura tal estado anestesiado de los nervios. El estado de esta esfera corresponde al mismo en el que se encuentra el propio corazón humano o el particular estado de ánimo.

6 En este estado, el alma de un hombre bueno se encontrará también en paisajes paradisiacos llenos de bienaventuranza. Pero si el estado de ánimo es uno malo, entonces el alma se encontrará en un estado malo que es correspondiente a su estado de ánimo mientras dure la así llamada anestesia.

7 Pero ya que aquí el alma y el espíritu nervioso se encuentran aun en unión completa como sucede durante el sueño natural y ya que el alma transmite las formas de su visión al espíritu nervioso que aun esta unido a ella, entonces ella se puede acordar muy bien lo que ha visto en el mundo de los espíritus mientras que no sabe nada del cuerpo ni lo que sucedió con él durante ese estado.

8 Pero en un estado puramente sonámbulo, como también después de una vivencia durante un sueño natural más profundo, el alma no trae ningún recuerdo al estado natural despierto, porque por lo general ella está desconectada del espíritu nervioso. Porque en tales casos ella tiene que permanecer en contacto con los nervios los cuales morirían prontamente y se disolverían por estar sin el espíritu nervioso y porque de otra manera los nervios no recibirían ninguna saturación ya que son generalmente débiles, lo que, naturalmente, traería también la completa muerte del cuerpo físico.

9 Pero, durante la anestesia con el éter, el éter es justamente el sustituto para el espíritu nervioso, como el éter del estómago, que proviene de los alimentos, lo es para la vida durante el sueño. Entonces aquí el espíritu nervioso se puede liberar y estar al servicio exclusivo del alma - esto pues también permite que el alma recuerde lo que vio en el mundo de los espíritus.

10 Y aquí podemos comprender de una manera muy fácil la diferencia entre el estado de anestesia a través del éter y del estado del así llamado sueño magnético en el que el alma puede ver a su cuerpo porque el espíritu nervioso está aun unido con el mismo ( lo que no puede ser en el caso durante la anestesia, como ya se dijo, porque ambos estan desconectados del cuerpo físico).

11 Los efectos posteriores que trae la anestesia con el tiempo aquí y allá que son consecuentes a uno u otro hombre son similares a los que cualquiera puede observar en los prisioneros que están en los calabozos. Estos no desean nada más ardientemente que la libertad; y si de alguna manera han logrado escapar a través de algún agujero, y después haber sido devueltos nuevamente al calabozo, entonces en ellos aumentará fuertemente el deseo de volverse a escapar del mismo apenas se dé nuevamente la posibilidad.

12 La misma necesidad se le implanta también al alma durante la anestesia del éter. Por eso a veces en los hombres se repiten en ciertos periodos estos deseos de escapatoria del alma con presencia de estados convulsivos, y esto sucede en especial en hombres con nervios fuertes, aunque también los de nervios débiles no están exceptuados. Contra este mal, a modo de un remedio curativo, se puede aplicar el sonambulismo, pero mejor aun una imposición de manos llena de fe unido a la oración y ayuno.

13 Esto es para vuestro conocimiento básico y tranquilizante sobre un asunto bueno y natural del así llamado éter del azufre.

14 ¡En donde Yo estoy, allí no hace daño el veneno del infierno, ni que hablar de este éter, que es bueno naturalmente y es bueno en el uso justo! - Amén.

Fuente: dadi2.309
» Dádivas del Cielo «
Tomo 2, pág. 309
Recibido por Jakob Lorber
el 28 de febrero de 1847