28 de marzo de 1847

1 Pues bien, escribe a Marie Hüttenbrenner, la hija del A.H.-W, que es la hija mayor y que, según vosotros, ha alcanzado la denominada “mayoría de edad” que, a decir verdad, tal condición es completamente incorrecta. Porque una muchacha es, corporalmente hablando, “mayor de edad” recién cuando alcanza la madurez y es apta para casarse con un hombre. Pero, según el espíritu, es mayor de edad solo aquél que haya alcanzado el renacimiento completo del espíritu. Quien no alcance este renacimiento permanecerá eternamente muy “menor de edad”.

2 También nuestra hija se ha acercado ya bastante, desde hace algunos años, a la mayoría de edad según la carne, pero según el espíritu es aun también muy menor de edad.

3 Por la celebración de este décimo quinto cumpleaños de su cuerpo físico sería ante todo deseable que ella quiera esforzarse para lograr alcanzar cuanto antes, dentro de la escuela de la vida verdadera y viva, la mayoría de edad del espíritu. Porque ésta depende de la diligencia del corazón y no viene automáticamente (como con el cuerpo físico) con los años terrenales, sino, como se dijo, única y exclusivamente con la constantísima diligencia del corazón.

4 ¡Pero la diligencia exige ante todo una fe firme en Mi Palabra! ¡Esto es el ABC del libro de la vida!

5 ¡Después de la fe verdadera viene el actuar de manera firme y perseverante, lo que corresponde al deletreo y el silabeo!

6 Después de este actuar, el llegar al Amor y vivir en Él amorosamente corresponde al aprender a leer en el libro de la vida.

7 ¡A través de esta lectura se llega a la Luz del espíritu y a la Gracia de Dios! Y Dios libera al espíritu para que pueda ser uno con el Espíritu Santo en la Gracia de Dios.

8 En esta unión aparece la Sabiduría en el verdadero Amor de Dios y, con Él, la verdadera Vida eterna. Y ésta es la verdadera “mayoría de edad del espíritu” por la cual justamente nuestra hija Marie H, debe aspirar con toda diligencia.

9 Pero, en ella, esto avanza con cierta dificultad ya que tiene problemas con escuchar – esto se refiere mucho más en el templo de la fe dentro de su corazón que a sus oídos de su cuerpo físico. Su oído ha mejorado algo, también su corazón se ha vuelto algo más creyente, y está avanzando algo. ¡Aunque casi tan lento como el crecimiento de los corales!

10 ¡Por eso que se recoja activamente en su corazón y crezca con el día! Entonces también pronto ella habrá alcanzado el verdadero día de la vida.

11 También ella quiere bien ya ser mujer, esposa y madre. - ¡Que también así sea y así será, si es que es sensata! - ¡Pero su espíritu es más valioso para ella que un marido! Por eso ella debería pensar más a menudo en el día del espíritu que en un hombre – de esta manera lo último no quedará en el camino. Porque lo que un corazón creyente desea y quiere no se le escapará nunca.

12 ¡Pero que un corazón, sabio y con buena capacidad de entendimiento, busque, dentro del mismo, ante todo el Reino de Dios y su Justicia, entonces todo lo demás se le será dado como una libre añadidura!

13 Tú, Marie H., busca, dentro de tu corazón, esta enseñanza de vida, corta pero muy importante, para que pronto tu corazón pueda saciar honestamente toda hambre y sed que tenga el mismo.

14 ¡Con esto quiero darte Mi Bendición, Mi Misericordia, Mi Amor y toda la Gracia que proviene eternamente de Él! Amén - Esto lo digo y lo deseo Yo, tu Padre santo Jesús, para ti, Quien conoce bien tu corazón y tu espíritu por la eternidad. Amén

»Dádivas del Cielo«, Tomo 2, página 315,
recibido por Jakob Lorber