El matrimonio es la unión libre de dos corazones, de dos almas, de dos espíritus, a través de la cual en el futuro se realizará la gran unificación Conmigo y debe surgir de Mí Mismo como la meta final de todo ser.

10 de junio de 1847

    0 Él les dice:

    Debido a la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió que abandonaséis a vuestras esposas ; pero esto no fue así desde el principio.

    Pero Yo os digo:

    Aquél que abandona a su mujer, salvo por causa de adulterio, y se casa con otra, entonces rompe el matrimonio. -

    Le dicen los discípulos:

    Si el derecho entre el hombre y la mujer es así, entonces no es bueno casarse. -

    Pero Él les dice:

    No todos comprenden esta Palabra, sino solo aquellos a quienes les ha sido dado. Porque hay aquellos impedidos (o mutilados) que han nacido así desde el vientre materno, y hay aquellos que fueron impedidos por los hombres, y hay aquellos que se han impedido a sí mismos motivados por el Reino de los Cielos. Aquél que tiene la capacidad de comprender, que lo comprenda.

    (Mateo 19,8-12)

1 En este versículo del Evangelio se habla principalmente sobre el adulterio (o ruptura del matrimonio) y sobre todo lo que puede ser visto como adulterio en el caso que se haya decidido y se haya conocido las leyes del matrimonio con anterioridad; porque si anteriormente no ha habido una decisión y conocimiento de las leyes del matrimonio entonces naturalmente la ruptura del matrimonio se queda sin fundamento para que sea considerada como un pecado puro.

2 Aquél que es completamente impedido para el matrimonio sea por uno o otro motivo como está descrito en el cap. 19, vers. 12 de Mateo, no puede cometer adulterio porque es completamente infértil. Pero aquél que siempre es capaz de engendrar, no importando si es soltero o casado, puede romper el matrimonio si tiene coito con una mujer que está casada, no importando si vive con el hombre o está separada a través de un certificado de divorcio.

3 Lo mismo vale para una persona femenina soltera o casada, que tenga alguna relación con un hombre casado que tiene ya una mujer - con la excepción que la mujer fuera completamente infértil. En este caso el hombre pueder dormir con una o varias doncellas bajo el consentimiento de la esposa legítima y con el fin de engendrar hijos. Pero sin el consentimiento de la esposa legítima él comete adulterio, así como cualquier mujer que se entrega al hombre en contra de la voluntad de la esposa legítima.

4 Pero la mujer siempre rompe el matrimonio en caso que tenga alguna relación con cualquier otro - a menos que el esposo tuviera los impedimentos mostrados en el evangelio y que la mujer no haya sabido nada antes del matrimonio, o que el hombre ya se hubiera mutilado él mismo o se hubiera dejado mutilar antes del matrimonio sin el conocimiento del la mujer. Pero si el hombre ha sido mutilado con violencia, no importando porqué motivos, la mujer se convierte en adúltera si es que, sin el conocimiento, voluntad y pedido del hombre que ha sido hecho infeliz, se deja copular. Pero cuando el hombre lo quiere y lo pide entonces la mujer no comete adulterio en caso que se dejar copular por un hombre soltero o por un verdadero viudo; pero si se dejara copular por un hombre casado entonces ella cometería adulterio con aquel por quien ella se deja copular.

5 Pero si la mujer se dejara copular por el mero deseo carnal, no importando por quien entonces comete, junto con el adulterio, el pecado de la fornicación y de la impudicia completa con lo cual ella se carga con triple castigo, y ella tendría que ser castigada con el fuego según Moisés.

6 Pero si un hombre soltero comete impudicia con una mujer soltera y ambos impiden el engendramiento entonces ambos cometen el delito del asesinato de niños y debes ser castigados. Pero si ambos quieren engendrar una descendencia entonces el hombre debe asumir las tres cuartas partes de los alimentos del niño junto al compromiso de casarse cuanto antes con la muchacha o por lo menos ocuparse que la muchacha se case con otro hombre en su lugar - y él no debe casarse antes que la muchacha no esté casada; pero si él deja al abandono a la muchacha y se casa con otra entonces él será castigado en el infierno en el más allá como un adúltero!

7 Pero si un hombre soltero o un viudo que ha dado su palabra del amor a una muchacha bajo un compromiso serio y si la muchacha ha aceptado, pero él se casa a pesar de todo con otra entonces él comete adulterio también - a menos que la muchacha le haya abandonado, pero en este caso entonces es ella quien se carga con la culpa del adulterio si es que ella le ha asegurado corresponderle con amor.

8 Aquellos que viven en el celibato voluntario y no han sido mutilados pero que se acuestan con mujeres y muchachas, ellos son siempre los peores adúlteros pues rompen sus votos voluntarios. Cada rompimiento de un voto es un adulterio, a menos que el voto haya sido uno obligado o hecho en estado de ebriedad lo cual nadie tiene que cumplirlo a menos que lo haya reconocido posteriormente o cuando las leyes mundanas lo exijan debido al bienestar de la sociedad.

9 Pero si alguien mutilado quiere cometer lascivia entonces que sea castigado con el látigo para que se de cuenta que en él ya no hay mas capacidad engendradora.

10 "¡Pero", si alguien dice, "aquí no se vislumbra ninguna lógica en el porqué la humanidad tiene que ser limitado tanto ene este punto, mas siendo tal limitación contraria a las exigencias de la naturaleza! ¡Para miccionar y defecar no hay ninguna ley, y esas son actividades feas que la naturaleza exige! ¡Pero justamente solo para este acto que la misma naturaleza exige hay reglas y leyes que son capaces de volvernos locos!"

11 Pero Yo digo a esto: Justamente en este punto se trata de aquello que se indica en el evangelio con las palabras: ¡Quien pueda comprender que comprenda!

12 ¡¿Acaso el hombre no es el punto de culminación de toda la creación?! - ¡¿Si innegablemente lo es, entonces su engendramiento puede ser algo indiferente?!

13 El engendramiento de los animales está bajo leyes obligatorias y no puede ser realizado sino más que bajo un orden estricto. Pero la procreación de los hombres es algo libre; a través de ella la primera semilla libre debe ser puesta en el embrión del cual debe surgir una hombre libre. ¡¿Cómo pues se puede alcanzar esta meta sagrada si es que con este acto inicial y importantísimo, en donde se trata de lo más elevado, estuviera permitido cometer las peores perversidades?! ¡Mediante la micción y el acto de defecar no se engendra nada; pero en el acto de la procreación se trata de la existencia y desarrollo del punto de culminación de toda la Creación!

14 ¡Se trata de la maravilla de todas las maravillas; se trata de un hombre libre que ha sido llamado a vivir por la eternidad con Dios como un dios y realizar los actos de Dios!

15 ¡¿Acaso tal acto debería ser realizado sin ninguna regla, o sin ningún orden?! - Oh, tú, entendimiento humano, corto de vista, que te llamas sano y sin embargo estás lleno de abolladuras y llagas.

16 ¡El matrimonio es el primer orden en el que la humanidad debe ser engendrada si es que debe obtener las capacidad de entrar a un orden superior! El matrimonio es la unión libre de dos corazones, de dos almas, de dos espíritus, a través de la cual en el futuro se realizará la gran unificación Conmigo y debe surgir de Mí Mismo como la meta final de todo ser.

17 ¡¿Pero cómo y cuándo debería alcanzarse eso, si es que no se coloca la primera semilla a través de un matrimonio bien ordenado y uno verdadero y a través de un orden preestablecido?!

18 ¡Por eso que comprenda aquél que pueda comprender! - ¡A través de impudicia, lascivia y fornicación de la carne, también a través del adulterio de todo tipo, no se puede engendrar ningún fruto para Dios! - ¡Por eso tales actos son el pecado de los pecados! ¡Porque Yo, Dios, el Señor, soy el Orden más elevado y el más perfecto y por eso no puedo aceptar que el hombre, como el fin de toda Mi Creación sea engendrado al igual que las ranas en los pantanos apestosos!

19 ¡Que comprenda quien pueda comprender! Amén.

Fuente: dadi1.019
»Dadivas del Cielo«, tomo 2, Pág. 353
recibido por Jakob Lorber el 10 de junio de 1847