¡Además el hombre debe construir su casa terrenal
sólo de manera completamente sencilla como el caracol,
para una necesidad sencilla y decorarla de tal manera
que su carga no aplaste la vida interior y espiritual!

 25 de Junio de 1847

01 ¡El hombre, como debería ser y también como no debería ser, es semejante a un caracol!

02 El caracol, un animalito muy menesteroso, es una imagen doble que se presenta en casi todos los lugares de la tierra salvo en las regiones polares y ha existido en todas las épocas bajo diversas formas y tamaños que han sufrido modificaciones y ha sido puesto también muy cercano al hombre para su observación, para que el hombre quiera aprender de él, cómo debe ser y también como no debe ser.

03 Los hombres deben retirar sus ojos del mundo y refugiarse dentro de sí mismos, con el mismo cuidado como el caracol lo hace con sus tentáculos para el tacto y tentáculos para la visión, cuando el mundo les presenta a ellos, es decir a los hombres, sus atractivos con el fin de deslumbrarlos. — ¡Pero ellos no deben ser como el caracol que vuelve a sacar sus ojos para dirigirlos al mundo con lo cual ellos no verán nada más que el mundo con todos sus atractivos y ya no tendrán ningún ojo más para Mí!

04 Los hombres, al igual que el caracol, deben tener cuatro ojos de los cuales los dos grandes ojos del alma —razón y entendimiento— deben de estar dirigidos hacia arriba, hacia Mí, Dios, el Señor, y los dos ojos bastantes pequeños del cuerpo hacia abajo, hacia el mundo. —Y, no obstante, nuevamente, ellos no deben estirar los ojos grandes hacia el mundo, como los caracoles, para mirar las muchas necesidades sensuales y observar el camino de vida que es de suma importancia sólo con los ojos pequeños; (¡Nota bene!:) esto sucede en la actualidad con demasiada frecuencia entre los hombres.

05 Además los hombres deben ser también tan cuidadosos como el caracol y deben exponer su ser interior sacándolo de su caparazón natural (del cuerpo) sólo cuando es necesario para mostrar que ellos no son caparazones vacíos — y deben refugiar rápidamente al ser interior dentro del caparazón como los caracoles cuando al ser le amenaza algún peligro proveniente del mundo. — Pero no deben exponer su interior como el caracol sólo debido a sus necesidades sensuales; es decir, ¡los hombres no deben usar sus talentos espirituales con el fin de obtener con ellos ventajas terrenales o mundanas!

06 ¡Nuevamente, los hombres deben tomar la paciencia del caracol y también perseguir su meta con la paciencia y perseverancia del caracol y pensar siempre que un árbol de cierta importancia no se derriba con solo un golpe! — ¡Pero el camino de la vida espiritual no deben andarlo como el correo del caracol! ¡Y cuando se trata de ayudar a los pobres y a los indigentes, ellos no deben ponerse aquí a actuar con la lentitud infinitamente paciente de los caracoles, sino que deben apresurarse como un ciervo y saltar como un león!

07 ¡Además el hombre debe construir su casa terrenal sólo de manera completamente sencilla como el caracol, para una necesidad sencilla y decorarla de tal manera que su carga no aplaste la vida interior y espiritual! — Nuevamente también los hombres no deben apegarse a su caparazón (corporal), como el caracol, para que cuando éste les sea quitado no sufran entonces en sus almas como el caracol al cual se le destruye el caparazón!

08 Nuevamente los hombres deben actuar a través del líquido segregado que nunca deja de fluir, proveniente de su amor que todo lo atrae hacia sí y lo hace pegajoso como hace así el caracol con sus jugos, que fluyen abundantemente de él, con los cuales él se pega a todos los objetos y, por decirlo así, se pega a ellos para que les sirvan de fundamento de vida. — ¡Pero los hombres, tampoco deben ensuciar ni embadurnar con sus palabras sucias y calumniadoras todo lo que encuentran a lo largo de todos sus caminos como el caracol hace con sus jugos babosos en el camino sobre el que se arrastra!.

09 Se os podría dar aún más de estas imágenes del caracol, pero para vosotros ya son suficientes éstas, si es que queréis aplicarlas en vuestras vidas. Por eso Yo os digo otra vez; ¡Sed y actuad como los caracoles, y nuevamente no seáis ni actuéis como los caracoles para que así viváis como hombres verdaderos! Amén.

Fuente:
» Dádivas del Cielo «
Tomo 2, página 265
Recibido el 25/07/1847
por Jakob Lorber