En muchos pasajes Bíblicos se habla de la Ira de Dios y también del arrepentimiento de Dios. Pero, ¿puede Dios ser iracundo como los hombres? ¿Puede Dios sentir arrepentimiento? El arrepentimiento, ¿no implica acaso darse cuenta del error cometido? Error... ¿Puede Dios cometer errores? Ay de nosotros si fuéramos criaturas suyas creadas por error. Horribles pensamientos. Pues seríamos las criaturas más infelices del universo, puesto que las otras criaturas en el universo no parecieran están tan conscientes de su naturaleza como nosotros que sentimos y padecemos el dolor y la fatalidad con suma intensidad.

Por eso este mensaje a continuación es de suma importancia, porque comprenderemos aquello que el Señor mismo ha revelado en la Biblia.

Los príncipes de Judá y el Señor

El 26 de febrero de 1842
por la tarde entre las 4:00 p.m. y 6:45 p.m.

0 Escribe: Marie H., Wilhelmine H., Pauline H.

    Oseas 5,10:
    Los príncipes de Judá son como los que cambian de lugar los límites; por eso Yo quiero derramar Mi Ira sobre ellos como agua.

    Amos 7,6:
    Entonces el Señor se arrepintió también de esto, y el SEÑOR SEÑOR dijo: Que tampoco suceda esto.

    Miqueas 4,6:
    En aquel día, dice el SEÑOR, juntaré a la paralítica y traeré a la expulsada y a la que Yo he afligido.

Sobre esto el Señor nos dio la siguiente aclaración a través de Su siervo:

1 Para que vosotros queráis entender bien este texto, que de por sí y con toda seriedad es uno de los más importantes, primero tenéis que saber qué es lo que se debe entender por “los príncipes de Judá”; y después saber lo que se entiende bajo el término: cambiar de lugar los límites.

2 Bajo “los príncipes” no debe entenderse aquí, por decirlo así, los descendientes de reyes, sino aquellos hombres que manejan Mi Palabra ya sea de manera profética vivamente desde su interior o de manera sacerdotal externamente de acuerdo a la letra.

3 Mirad ahora, Mis amados hijitos, si aquellos que poseen Mi Palabra (no importando de qué forma la posean) actúan arbitrariamente en contra de Mi Intención divina tomando en consideración sólo sus propios intereses debido a que tienen un libre albedrío que les permite ir en contra de uno u otro punto de éste Mi gran Tesoro, — si los primeros mezclan sus propias ideas con Mis Palabras, y los segundos cambian el sentido de la Palabra escrita, y lo hacen con ansias de dominar y en forma egoísta convirtiéndola en algo natural terrenal y mundano, entonces ellos son aquellos que cambian de lugar los límites, es decir los límites de Mi Orden eterno, y es por eso que Yo también derramo Mi Ira sobre ellos como agua, en caso que ellos no regresen dentro de los límites del Orden divino.

4 Pero, ¿qué es esta Mi Ira que Yo siempre derramo igual que un torrente de agua turbia, sobre aquellos príncipes infieles de Judá o sobre los manejadores egoístas de Mi Palabra? — Mirad, esto es siempre la consecuente ceguera completa de sus corazones, porque ellos están entonces igual que los dementes, ciegos y sordos que no sienten con sus corazones endurecidos, que no pueden ver con sus ojos aparentemente abiertos y no pueden oír ni entender con sus oídos aquello que pertenece al Espíritu del Amor y de toda vida proveniente del Amor. Y si bien leen Mi Palabra escrita con los sentidos externos corporales no La entienden en absoluto por la sencilla razón que están dentro de Mi Ira.

5 Mis hijitos amados, en el tiempo actual hay extraordinariamente muchos tales príncipes de Judá, — ellos se encuentran hasta esta hora aun dentro de Mi Arrepentimiento que debe entenderse como Mi Paciencia, Mansedumbre, Suavidad y Misericordia. Dentro de estas, que también se refieren a Mi Arrepentimiento, no debe suceder que la tierra se quede como huérfana porque Mi Ira haya inundado todo; porque por eso el Señor está siempre aquí que dice doblemente desde Su Arrepentimiento — para mostrar primero que Yo soy el Señor del Cielo y la tierra en el sentido infinito y por tanto el Señor de todo el universo infinito, tanto espiritualmente como corporalmente; y segundo que soy el mismo Señor individualmente en el corazón de cada hombre que haya regresado a Mí. Y por eso la Palabra “Señor” que aparece dos veces significa que Mi Presencia tanto la exterior como también la interior. La Presencia externa es equivalente a la Sabiduría eterna y la segunda, la interna, al eterno Amor de Dios que habla en el corazón y actúa en el mismo y la levanta al mismo.

3 Mirad, este segundo Señor es el que realmente habló y hasta ahora habla y ahora mismo dice dentro de Su Arrepentimiento: Ahora en este tiempo, a pesar de los muchos príncipes de Judá, que no suceda tampoco que Yo deje como huérfanos a aquellos que Me buscan, — sino que Yo quiero quedar junto a ellos y cada uno hasta el fin del mundo, es decir hasta el tiempo en el que el mundo haya terminado completamente para ellos, y a partir de ese momento entonces alcance la bienaventuranza de verme perfectamente y por la eternidad y que logre tomar posesión de la vida eterna indestructible, y esto es lo que expresa el tercer texto escogido por vosotros que dice así:

7 En el mismo tiempo Yo quiero reunir a los paralizados, agrupar a los expulsados y a aquellos que han sido afligidos por Mí. Esto significa: En este tiempo mundano y fútil de cada hombre individual, todas sus fuerzas que están entumecidas deben ser despertadas y reunidas en una sola fuerza del Amor y de la vida eterna en él; y los apasionamientos expulsados y dispersados deben estar ser agrupados, es decir, ser llevados bajo un mismo techo del Amor. Y finalmente los que están afligidos por Mí son las diferentes pruebas y tentaciones que naturalmente cesarán por la eternidad; porque cuando en el interior de alguien el Señor siga hablándole y actuando y siga enseñándole y conduciéndole, aquí, en de cierto modo, se trata  aun sólo de un hombre que padece porque no se mueve por sí mismo sino es movido por Mí, lo que significa tanto como que es afligido por Mí.

8 Pero cuando un hombre ha sido conducido por Mí hasta el fin de su mundo y por tanto permanece así hasta el final, entonces aparece el Señor Señor dentro de él, lo que significa aquí la redención completa, el bautismo en el espíritu con el fuego o el renacimiento verdadero, con lo cual el hombre es colmado por completo con Mi Espíritu Santo en todo Amor, Fuerza, Poder y Autoridad, porque él ya es uno completamente Conmigo. — ¿Cómo podría pensarse aquí que todavía pudieran haber tentaciones?, pues aquí ya no es posible que existan debilidades en el hombre, por la sencilla razón que un hombre renacido y Yo somos Uno verdaderamente, y por eso puede decir también como lo dijo Mi amado Pablo: “¡Ahora ya no vivo yo, sino Cristo vive en Mí!” — Cristo es el Señor Señor! —

9 Mirad, este es el verdadero entendimiento interior del texto. Recapacitad bien en él y tomadlo en forma viva dentro de vuestros corazones; porque en verdad no es suficiente que sólo se sepa externamente así como lo hacen los príncipes de Judá que dicen también: Señor, Señor, pero el Señor Señor no entrará de ningún modo dentro de sus corazones. Sino que todo esto debe ser leído y puesto en acción con el corazón en un corazón vivo; para que recién así venga el Señor y finalmente el Señor Señor, así como se ha mostrado en desarrollo de esta revelación, en el hombre y hacedlo mediante la ayuda de Él completamente vivo.

10 Actuad de esta manera y vosotros también tendréis la seguridad y certidumbre, y esto en el tiempo más corto, de saborear el bautismo de fuego del Espíritu, Amén. — Mi Bendición con todos vosotros, ahora y eternamente. Amén. —

Fuente: “Dadivas del Cielo”,
página 140 del tomo 3
recibido por Jakob Lorber
el 26/2/1842