19 de Septiembre de 1842

01 Hoy escribe un asunto muy digno, es decir la oración en mi mandamiento que dice:

02

¡Padre Nuestro que estás en el cielo!

 

03 Esta oración la hacen a diario millones de hombres, pero sólo muy pocos se ponen a pensar qué es lo que quieren decir con estas palabras, pero aún entre ellos son mucho menos los que oran en el sentido celestial, y sin embargo todos deberían orar en tal sentido, porque justamente el Padre al cual oran está “en el cielo”.

04 ¿Entonces qué dice ésta oración en su sentido celestial? No es aquí el lugar para desglosar analíticamente este sentido mediante correspondencias (símbolos), sino en vez de eso Yo quiero mostraros sólo según la manera puramente espiritual y celestial — y a decir, con palabras naturales porque vosotros no entendéis aún el lenguaje del espíritu, así como sale de la boca de los espíritus puros, por eso oíd como se dice:

05

¡Amor infinito y eterno
que moras en la Luz de tu Santidad!

 

06 Esta es la manera y el sentido, y de esta surge el siguiente sentido aún más profundo que dice así:

07

Vida de toda vida,
que mora en nuestros corazones!

 

08 ¡Mirad este sentido está ya más profundo! Pero ahora queremos ver qué es lo que se encuentra detrás de este último más profundo, por eso oíd, así dice más profundamente:

09

¡Hombre de los hombres
que moras en el hombre!

 

10 Mirad cuánto más profundo es nuevamente esto. Pero seguid oyendo cómo se puede decir aún más profundo:

11

¡Palabra de toda palabra
que moras en Tu Ser fundamental,
y nosotros en ella y ella en nosotros!

 

12 Nuevamente, ¡cuánto más profundo se encuentra esto! ¡Oh, prestad atención a aquel sentido porque en él vive la Plenitud del Espíritu Santo! — Pero ahora seguid escuchando porque aquí dice así:

13

¡Oh, centro inefable de la infinitud en todo
amor, fuerza, poder, autoridad y santidad;
Centro a través del cual sólo Tú abrazas
a tu Ser infinito!

 

14 Seguid escuchando con el corazón abierto; porque dice así:

15

¡Dios eterno e ilimitado que vives en
Espíritu de Tu plenitud y claridad infinitas!

 

16 ¡Mirad, cuán profundo es esto y sin embargo esto mismo tampoco tiene un final, sino que la profundidad de las profundidades se extienden también aquí hacia el infinito de tal manera que incluso el ángel más perfecto mirará dentro de aquí siempre un comienzo nuevo y más profundo, y también mirad que en cada profundidad también se encuentra el infinito que nunca será comprendido en plenitud por toda la eternidad!

17 ¡Pero ahora pensad una vez sobre vosotros, cuando os ponéis a decir de paporreta (y a menudo en forma completamente mecánica) este llamado junto con los demás pedidos, ¿qué es lo que los ángeles deberán pensar con todo esto porque ellos saben y comprenden muy bien que ellos ni siquiera pueden terminar con sólo el llamado en toda la eternidad en la profundidad de profundidades, ni hablar entonces de comprenderme a Mí quien soy Aquel a quién va dirigido este llamado?! ¡Oh cuán fuertemente muertos estáis aun ya que esto nunca se os pasó por al cabeza!

18 Ahora despertad y llamad en el espíritu y en la verdad: “¡Padre Nuestro que estás en el cielo!”— entonces vosotros encontraréis la vida tanto en la profundidad como en la altura; porque en este mismo llamado se encuentra toda la oración completa y se asemeja a cada pedido de la misma.

19 ¡Por eso pensad en el futuro, qué y cómo oráis para que vuestra oración sea escuchada! También entended esto para todas las eternidades de las eternidades.
Amén. ———

Fuente:
»Dádivas del Cielo« (Himmelsgaben)
Tomo 3, Pág. 181,
Recibido el 19/09/1842 por Jakob Lorber