Si el cuerpo enferma, entonces aquí el hombre se acuerda que no hay ninguna permanencia sobre la tierra, y esto ya es mucho más saludable para el espíritu que todas las inocentes diversiones con un cuerpo sano y lleno de vitalidad.

01 ¡Sólo escribe, escribe, pues Yo ya sé de lo que se trata!

02 Mi amado Ans. H.W., mira, a Mí me es muy bien conocida la hora en que naciste corporalmente. En ese entonces Yo te bendije y ahora te vuelvo a bendecir, para que siempre debas permanecer sano tanto en el espíritu como también, por añadidura, en el cuerpo (físico), tanto como sea necesario para tu salvación. Pero no obstante no des demasiado valor a la salud de tu cuerpo, porque ella daña más al espíritu que lo que le sirve.

03 ¡Mira a una nuez fresca y aún no madura en el árbol! Mientras ésta permanezca firme, fresca y sin madurar, la semilla no prosperará aún todo ese tiempo. Pero cuando la cáscara externa y verde comience a tomar una coloración marrón y se vuelva fofa y se seque alrededor de la nuez, entonces esto es una señal de que la nuez en el interior de la cáscara ha madurado.

04 Por este motivo Yo siempre dejo enfermar corporalmente también a los Míos de vez en cuando, para que ellos en absoluto no deban mezclarse demasiado con el mundo en una salud del cuerpo demasiada sana. Porque cuando alguien aquí tiene una salud corporal tan fuerte como el de un león, entonces ni siquiera se le pasa por la cabeza el más mínimo pensamiento que él, no obstante, tendrá que abandonar algún día este mundo engañoso; porque aquí a él le gusta demasiado bien todo lo del mundo, cada florcita, cada bocado, cada cosa, cualquier lugar, y él tiene así el deseo más ardiente de vivir eternamente en la tierra, y nunca recibe la añoranza santa por la casa paternal eterna en el Reino de los cielos.

05 Pero si su cuerpo enferma, entonces aquí el hombre se acuerda que no hay ninguna permanencia sobre la tierra, y de vez en cuando, pues, se pone a pensar temerosamente que es lo que podría haber y venir después de la muerte del cuerpo. Y esto ya es mucho más saludable para el espíritu que todas las inocentes diversiones con un cuerpo sano y lleno de vitalidad.

06 Mira, si tú quieres enviar a un hijo a tierras lejanas, y a él le fuera allá extraordinariamente bien, ¿crees tú que él regresará a ti, a casa? ¿Crees tú que él tendrá nostalgia de su casa paternal? - ¡Oh, no, de esto puedes estar muy bien seguro! Porque él dirá: ¡Aquí yo tendría que estar loco! Pues aquí yo tengo todo lo que mi corazón quiera exigir y para el colmo además me honran en todo sitio a donde voy. Pero si regreso a casa, allí otra vez tengo que ir al padre a pedir por cada pequeñez, y recién entonces él se pone a pensar, por mucho tiempo, si es que el debe o no debe darme lo pedido. Aquí yo soy un señor bien visto, pero allá en casa, a lado de mi padre, no soy nadie, ¡por eso me quedo aquí!

07 ¡Mira, esto es la expresión literal de aquél hijo en tierras lejanas al cual le va demasiado bien sobre el suelo extranjero! - Y si también el padre lo manda llamar para que vuelva a casa, para empezar él acudirá a casa, sin embargo con gran desgano pero después él se comportará en casa de una manera extremadamente vergonzosa. ¡Porque todo le parecerá ajustado y miserable y malo, dicho en una palabra, nunca se comportará bien en casa! ¡Pero si a un hijo no le va de lo mejor en la lejanía, sino con bastante preocupaciones o a menudo miserablemente, entonces aquí él hará pronto como el hijo pródigo! —

08 ¡Por eso Yo también te digo aquí hoy para que tú, cuando Yo te visite con pequeñas incomodidades corporales, quieras recordar y saber que este tipo de incomodidades corporales son puros tickets (billetes de viaje) con los cuales Yo hago recordar a Mis hijos de su casa paternal y del retorno a ella, para que así no quieran establecerse demasiado firme en el mundo extraño! — ¡Pero esto no quiere decir para nada que Yo quiera llamarte ya y pronto de tu tierra lejana, sino sólo recordarte de tu patria! Que tú quieras meditar sobre todas tus incomodidades de tu vida terrenal, esto te lo deseo Yo, tu Padre Santo, tanto hoy como todo el tiempo en toda la plenitud de Mi Amor y gracia, — por eso también presta atención vivamente en esto. Amén. —

»Dádivas del Cielo«, Tomo 3, página 202,
recibido el 13/10/1843 por Jakob Lorber