El emperador Constantino decidió poner límite a los desordenes y convocó a una gran asamblea de las iglesias en la ciudad de Nicea como la sede principal de las diversas corrientes de fe. A esta asamblea fue invitado el obispo superior de Roma. Constantino mismo llevó la presidencia y les mostró a ellos las malas consecuencias que habría de surgir sobre Cristo con el correr de los tiempos debido a la gran diversidad de fe.

25 de abril de 1864 de las 11 a.m. hasta la 1 p.m.

1 Ayer ya te hice ver una serie de otras contradicciones pequeñas que se encuentran en los tres evangelios de Mateo, Lucas y Marcos. Y ahora Yo quiero hacerte ver aún algunas otras más que se enraizaron en tiempos posteriores, no sólo entre estos tres conocidos evangelistas sino mucho más entre la cantidad de otros, tanto judíos como también gentiles, que actuaron como divulgadores de Mí doctrina y fueron llamados también evangelistas. Estas contradicciones enraizadas se produjeron entre las diferentes comunidades de tal manera que no pasaron bien treinta años después de Mí y se levantaron formalmente guerras y demás disputas debido a la diversidad de afirmaciones en las Escrituras. Entre esos conflictos estaban aquellos que se suscitaron durante la época de Nerón en Roma entre los cristianos judíos y los cristianos gentiles paulinos. Conflictos tan furiosos que a Nerón le pareció necesario eliminar a una gran cantidad y mayoría de los cristianos judíos en Roma junto con gran parte de la ciudad en la que ellos habitaban, incluso sin tomar consideración de aquellos romanos que mostraban públicamente el estandarte de los cristianos judíos a modo de distintivo.

2 Pero incluso la misma persecución cruel de los cristianos judíos por parte de Nerón no trajo muchos frutos; pues bajo el gobierno de los sucesores posteriores de este emperador los judíos supieron introducirse nuevamente en Roma y la convirtieron en una segunda Jerusalén así como los griegos hicieron con Constantinopla. Y cuando esto sucedió, entonces, en especial la Jerusalén romana (Roma), se fortalecieron cada vez más y más y se fabricaron, usando en parte los evangelios judíos - aceptando en parte también antiguas costumbres del templo de Jerusalén y también costumbres de los gentiles romanos -, aquello que ha concernido al pontificado romano.

3 Por tanto los romanos poseían todo tipo de evangelios de los judíos así como las antiguas escrituras judías y también los evangelios gentiles y establecieron allí a ciertos letrados, padres de la iglesia, que fueron los principales fabricantes de los dogmas romanos. Dogmas que a menudo eran completamente contradictorios con los evangelios griegos, - y esto mucho más fácil y mucho más porque los obispos romanos no hacían nada más diligentemente que enviar a sus misioneros hacia los griegos lo que causó una confusión entre los creyentes, ya 300 años (325) después de Mí, hasta tal punto que muchos griegos empezaron a edificar nuevamente los altares y templos paganos para ofrecer allí, en los templos, su sacrificio a la diosa Minerva, al dios Apolo, a Júpiter y a Ceres.

4 El emperador Constantino que era para sí mismo un cristiano entusiasta decidió poner límite a estos desordenes de tal manera que convocó a una gran asamblea de las iglesias en la ciudad de Nicea como la sede principal de las diversas corrientes de fe. A esta asamblea fue invitado el obispo superior de Roma. Constantino mismo llevó la presidencia y les mostró a ellos las malas consecuencias que habría de surgir sobre Cristo con el correr de los tiempos debido a la gran diversidad de fe.

5 Él les propuso a ellos realizar un examen completo, tanto de los muchos evangelios escritos como también (y con mayor razón) de aquellos tradicionales y dijo que sólo habría de servirse de un solo evangelio, es decir el Evangelio de Juan, de entre todos los evangelios que se contradicen totalmente entre sí. Que la meta era la unificación en la fe de los cristianos y que dejaran de perseguirse peor que los animales salvajes debido a la diversidad de fe - porque los gentiles retornaban nuevamente a su paganismo antiguo para no quedar dentro de tal doctrina en la cual, ni con la mejor intención, nadie podía aprender nada verdadero ni justo.

6 Pues si es que en la doctrina cristiana ha habido un fundador entonces tiene que haber sido solo Uno quien entregó a los hombres sólo una doctrina. Y esta doctrina tiene que tener un solo sentido y un solo espíritu. Pero que ahora hay desde hace tiempo una gran cantidad de evangelios escritos y una cantidad aún mayor de evangelios divulgados de boca a oído; evangelios de los cuales cada uno habla de su propio Cristo y que no tienen ni la más mínima similitud con los otros Cristos.

7 Y que por eso hay que desechar completamente a todos los evangelios con la excepción de uno, el cual, con seguridad, es el más antiguo. Y si éste no fuera aprobado por los obispos, entonces él se alejará completamente de la cristiandad y erigirá nuevamente en su gran reino el paganismo antiguo que a pesar de sus muchos dioses era mucho más unido que un cristianismo tan derruido como el actual.-

8 Aquí los obispos griegos le propusieron a él que los nombres de Mateo, Marcos y Lucas también estaban contados entre los de la cristiandad antigua y que no aparecen ni duplicados ni multiplicados bajo el mismo nombre de evangelista. Y el emperador aceptó esta propuesta con la condición que también la doctrina de Pablo, el apóstol de los gentiles, fuera considerado y con esto que se limpiara a todos los demás evangelios.

9 Se le llamó la atención que también Pablo no permaneció siempre igual con su doctrina, y que él escribió a los gentiles cartas totalmente diferentes que a los judíos que no eran similares ni en el sentido ni en el espíritu. Y Constantino dijo que eso no importaba; pues Pablo es el que más ha demostrado, a través de palabra y obra, que no predicaba a ningún Cristo falso, sino solo a Aquél cuyo Espíritu le dio milagrosamente en Damasco el ministerio de un verdadero apóstol.

10 Después de un escrutinio que duró más de treinta años se eliminó finalmente todo con la excepción de los cuatro evangelios existentes hasta hoy junto con los Hechos de los Apóstoles de Lucas y las cartas de Pablo y algunas pocas cartas de pocos apóstoles antiguos de Cristo con la Revelación (Apocalipsis) de Juan, y se escribió todo esto en un libro en forma ordenada y se lo denominó "El Nuevo Testamento" de acuerdo a las dos cartas de Pablo a los hebreos - Esto fue entonces aceptado por todos los obispos, aunque después, en siglos posteriores, nuevamente se cambió el orden de tal manera que al evangelista Juan se lo movió a atrás, poniendo a Mateo, Lucas y Marcos adelante, y también se realizó una pequeña modificación en el orden de los capítulos y versículos y en todo sitio se adicionaba en qué días festivos habrían de leerse el uno u otro evangelio, costumbre en la cual se rigen los griegos incluso hoy en día como también algunas otras sectas cristianas.

11 Pero sin embargo Roma hizo para sí una división propia y fabricó en tiempos postreros un corto evangelio-extracto para el pueblo dedicado a los días domingos y feriados. Le prohibió estrictamente al pueblo leer el evangelio completo así como los antiguos libros de los judíos y castigó a los violadores de este mandato incluso con la muerte.

12 De esta manera se originó el Nuevo Testamento actual y fue aceptado también poco a poco por aquellos cristianos hace aproximadamente mil trescientos años atrás, tiempo en el cual el Testamento recibió aún todo tipo de modificaciones, en especial por parte de los obispos romanos y además también de agregados arbitrarios como se puede ver y reconocer en la Vulgata romana, en especial en el exégesis proveniente de los padres de la iglesia romanos y cualquier hombre con sencilla capacidad de pensar claramente puede darse cuenta hijos de qué espíritu son ellos.

13 Aquí aparece en especial una doctrina adicional según la cual el alma del difunto tiene que dormir hasta el día del juicio final. Esta doctrina de le denominó con la expresión griega Psicopanequia, es decir el "dormitar o sueño de las almas".

14 Pero esta doctrina se mantuvo sólo tanto tiempo hasta que un papa introdujo la misa de sacrificio romana que subsiste hasta hoy, misa la cual aclara con toda pompa a los cristianos romanos que un sacrificio sin derramamiento de sangre tiene completamente la misma fuerza y poder como lo tuvo en el pasado el sacrificio de sangre de Cristo en la Cruz, y que Cristo se sacrifica milagrosamente de esta manera en el Cielo a su Padre para los creyentes cristianos verdaderos de la iglesia romana, y que si un cristiano bien creyente diera un sacrificio para su propia santificación junto al pago necesario de una pequeña ofrenda terrenal, entonces sería despertado por Cristo inmediatamente sin hacer dormir su alma por mucho tiempo y así esta pueda ser llamada hacia la bienaventuranza eterna. Y si el cristiano no es totalmente perfecto, entonces él podría ofrecer varios sacrificios a su favor y con esto lograría escapar de la condenación eterna y alcanzar el cielo, a pesar de todo, después de una pequeña purificación de fuego en el purgatorio del más allá.

15 También el dogma del sueño de las almas con la conservación de la misa de sacrificio inventada que no había traído el esperado beneficio monetario, se fue a dormir así como también el dogma totalmente ridículo que enseñaba con toda firmeza que Dios hubiera creado solo un parte de los hombres para el Cielo, pero la mayor parte para el infierno.

16 Estos dos necios preceptos fueron totalmente eliminados con el tiempo, pero para esto se introdujo los cinco conocidos mandamientos de la iglesia y algunos otros mandamientos creados por primera vez que Yo no necesito deciros porque cada cual puede reconocerlos fácilmente.

17 A pesar que la doctrina cristiana fue muy simplificada gracias al consejo firme del emperador Constantino sin embargo quedó en ella basura en gran cantidad a pesar de los escarmientos frecuentes permitidos y propuestos por Dios. Cada escarmiento trajo como consecuencia una cierta división en sectas a través de las cuales nuevamente se originaron nuevos "Cristos" que hasta el día de hoy se jalan de los pelos entre ellos como si fueran enemigos mortales.

18 Por eso ahora debe venir el último y gran escarmiento, y como ya se mencionó anteriormente, la maquinaria de escarmiento se llama: La Ciencia.

19 Todos los "Cristos" enemistados deben ser expulsados junto con todos sus seguidores para que el Uno, el Cristo predicado por Juan, pueda aparecer visiblemente a los hombres y pueda vivir con ellos en la tierra.

20 Si bien es cierto que esto traerá consigo un poco de lucha dura y pesada pero justamente los verdaderos seguidores de Cristo no tendrán nada que temer; pues ellos serán fortalecidos en todo sentido con lo cual entonces también a los otros creyentes más débiles se les encenderá una luz la cual ya no será posible apagar.

21 Y Yo, el Señor, que he dicho esto a vosotros a través de la boca de Juan, visitaré la tierra, en todos los puntos y lugares, con todo tipo de juicios y calamidades, a través guerras descomunales, a través de grandes carestías y hambre, a través de todo tipo de pestes entre los hombres y animales, a través de grandes terremotos y otras tempestades terrestres, a través de grandes inundaciones y también a través del fuego. Pero a los Míos Yo los mantendré en el Amor, y ellos no sufrirán ninguna carencia en nada.

22 Pero quien quiera perseguirme ahora en esta Mi segunda llegada a la tierra, sea como sea y donde sea, a aquel Yo sabré cómo sacarlo de la tierra.

23 Con respecto a las otras contradicciones en los cuatros evangelios presentes, estos se perderán por sí solos en el "Juan" (El Gran Evangelio de Juan), y Yo adicionaré al final, como ya se dijo, un anexo propio a través del cual todo lo incorrecto podrá ser reconocido completamente.

24 Y por tanto contentaos por ahora con esto que Yo os he dicho y laborad diligentemente en el "Juan"; pues en él vosotros alcanzaréis la luz interior aun con mucha abundancia. Si alguien tiene aún algo que quiera saber que entonces pregunte, y Yo estaré dispuesto a darle a él una luz corta y luminosa. Amén.

»Dádivas del Cielo«, Tomo 3, página 397,
recibido el 25/4/1864 por Jakob Lorber