»Un cuarto de hora antes de la medianoche él vio una chispita rojo carmín sobre la torre Sieben-Turn. En el lapso de un segundo la chispita se agrandó hasta tomar la forma de un disco del tamaño de la luna. El meteoro, cuya luz cada vez era más deslumbrante, se movió al inicio lentamente con movimientos serpenteantes, pero después rápidamente en dirección al suroeste para desaparecer detrás de la montaña Buchkogel en Sankt Martín.«

30 de Agosto de 1848

0 Jakob Lorber se dirigió el 29 de Agosto a la cima de la montaña Schloßberg, exactamente hacia la choza protectora del viento que queda al lado del este, porque el 17 de Agosto de 1848 se le fue indicado interiormente que aparecería un meteoro en la noche del 29 de Agosto entre once minutos antes de la medianoche y un minuto después de la media noche. — Un cuarto de hora antes de la medianoche él vio una chispita rojo carmín sobre la torre Sieben-Turn. En el lapso de un segundo la chispita se agrandó hasta tomar la forma de un disco del tamaño de la luna. El meteoro, cuya luz cada vez era más deslumbrante, se movió al inicio lentamente con movimientos serpenteantes, pero después rápidamente en dirección al suroeste para desaparecer detrás de la montaña Buchkogel en Sankt Martín.

Esta aparición natural duró aproximadamente cinco segundos.  Después de la desaparición del meteoro siguió de repente un viento del norte helado al viento tibio del suroeste, y el horizonte al este se iluminó como cuando se ilumina el cielo una hora antes de la salida del sol.  Esta iluminación en el oste duró algo de tres cuartos de hora. — El 30 de agosto de 1848 Jakob Lorber se dirigió al Señor y le preguntó sobre el significado de esta aparición.

El Señor dijo:

1 ¡En primer lugar esto significa guerra, después hambruna y enfermedades severas, es decir similares a la peste. — finalmente vendrá la paz! —

2 Yo creo que esta aclaración es corta y buena, y sabéis lo que tenéis que hacer para salir ilesos en donde quieras que estéis. Pero no estéis tan preocupados por vuestros cuerpos, porque antes o después éste tomará su camino, sino más bien ocupaos mucho más por el alma y el espíritu para que no perezcan. Pues, ¿de qué os serviría ganar todo el mundo y mil años, que para Mí son como un día, de vida en la carne, si tuvierais daño en el alma y espíritu?

3 Por eso, ¿no es mejor arreglar su casa de tal manera que cuando yo llamara  a alguien de esta casa terrenal él dijera con buen ánimo: ¡Señor! ¡Estoy listo, suceda Tu Santa voluntad! — en vez que comenzar a tener miedo como si solo hubiera una vida en este mundo y no hubiera ninguna eterna después de esta?

4 En verdad, quien tenga miedo de levantarse de ésta vida perecedera hacia la vida luminosa del espíritu, aquél será fortalecido en su momento oportuno. ¡Pero quien tenga miedo debido al gran amor hacia esta vida terrenal y demasiado miedo ante la muerte del cuerpo, aquél demuestra que nunca creyó en Mí ni en Mi Palabra y nunca la recibió dentro de sí en forma viva; por eso que tampoco puede sentir una vida espiritual dentro de sí, sino sólo la de la muerte del espíritu!

5 A aquellos hombres Yo les haré sentir, por eso, toda el horror de la muerte de la carne, en especial en aquellos momentos y esto debido a la posible salvación ante la muerte eterna. En aquellos momentos sucederá con seguridad lo que Yo os he mostrado en la aclaración reveladora del meteoro de ayer.

6 Pero con esto Yo no quiero decir que Yo quiera llamaros de esta tierra hacia el más allá, ya esta noche o mañana, sino sólo os lo digo para que no temáis ante todo lo que vendrá sobre este mundo malo.  Pues si Yo pude salvar a Noé cuando la tierra estaba bajo el agua, también tendré, la capacidad de protegeros y cuidaros cuando seáis encontrados dignos de Mi protección y Mi gracia, Amor y Misericordia a través de vuestro amor, a través de vuestra fe y vuestra confianza firme, viva y sin temores, — Pues yo soy aún siempre Aquél que fue en el tiempo de Noé. Amén.  Esto lo digo Yo no para aumentar, sino para disminuir vuestro temor en estos tiempos de la gran tribulación. Amén, amén, amén.

 

Fuente: “Dadivas del Cielo”,
página 444 del tomo 3
recibido por Jakob Lorber