Los siete espíritus creados en el origen, según menciona el relato antiguo, son los siete pensamientos de Dios y las ideas resultantes de ellos. El número místico siete es un símbolo de la similitud divina y de lo divino desde el origen que está dentro de cada pensamiento que proviene de Él y también de cada idea concebida por Él y exteriorizada fuera de Él.

 

Contenido

 

Introducción

En el “Gran Evangelio de Juan” encontramos una exposición hecha por el arcángel Rafael que aclara una historia muy antigua en donde se habla de las Guerras de Jehová. En ella se menciona en forma mística la lucha entre siete espíritus que terminó con la expulsión de uno de ellos. En este compendio comprendemos cómo se debe interpretar esta historia y qué relación tiene con nosotros. Lo valioso de este tema es que nos da una pauta muy importante en el desarrollo de nuestros propios siete espíritus.

El desarrollo completo de este resumen se encuentra entre los capítulos 17 y 20 del tomo 7 de la obra el “Gran Evangelio de Juan” recibido por Jakob Lorber (1800-1864). Visite la página www.j-lorber.com/Espanol para mayor información.

Que el Señor  lo bendiga a través de esta lectura.

Los elementos primarios de la Creación

Los pensamientos de Dios son la sustancia y los elementos primarios con las cuales se han creado el cielo y la tierra. Ningún pensamiento de Dios es olvidado por Él.

Cada pensamiento lleva dentro de sí la Voluntad divina. Una idea es compuesta sabiamente de varios pensamientos.

Ejemplo: Cómo se crea un sol.

  • Los pensamientos e ideas de Dios se unen.

  • Aparece un éter centellante.

  • El éter se condensa hasta el nivel de aire.

  • El aire se condensa en agua.

  • El agua se condensa en pantano, barro, tierra y piedras.

  • Las sustancias primarias condensadas empie­zan a sentirse atrapadas y apretadas; y por tanto se activan y se encienden como en un fuego.

  • Las piedras son destruidas, lo interior sale al exterior, y lo exterior entra hacia lo interior. Este proceso se repite muchas veces

  • Hasta que los pensamientos primarios de Dios encuentran otra manera de independizarse que consiste liberarse a través de todo tipo de plantas, de animales y hasta finalmente a través de los hombres.

Los hombres reconocen entonces a Dios como el origen de toda existencia y retornan hacia Él como seres libres e independientes.

El retorno más perfecto sólo es posible desde esta tierra porque cada hombre puede ser o convertirse completamente similar a Dios en su alma y espíritu. Porque aquí, en la tierra, quien va donde Dios también llegará a Él.

Comentario: Camino de los ángeles

    El camino de las criaturas de Dios es  extremadamente largo. Consiste en subir de nivel, sol por sol. Sistema solar de quinta categoría hacia la cuarta, de la cuarta a la tercera, etc. Hasta llegar al sol  central del universo donde ya es posible entrar al Cielo como un ángel.

Historia sobre las guerras de Jehová

Se dice que Dios creó a siete espíritus correspondientes a las sietes cualidades de Dios y les dio a ellos gran poder y gran sabiduría con lo que ellos lograron crear espíritus más pequeños y similares a ellos mismos con lo que el espacio infinito se llenó de espíritus.

El espíritu más grande y poderoso de los siete primarios era Lucifer.

Él quiso no sólo ser igual que Dios sino estar por encima de Él y dominarlo.

Dios cogió al traidor y lo expulsó fuera de su Reino hacia el juicio. Los otros seis grandes espíritus quedaron con Dios y le sirven a Él junto con los otros espíritus pequeños. Se dice que Lucifer junto con sus seguidores están siendo quemados en el fuego de la ira de Dios y sufren los peores dolores sin que tengan alivio.

Significado de  esta historia

Esta historia es una imagen de la creación de un cuerpo celeste.

Los siete espíritus creados en el origen son los siete pensamientos de Dios y las ideas resul­tantes de ellos.

El número místico siete es un símbolo de la similitud divina y de lo divino desde el origen que está dentro de cada pensamiento que proviene de Él y también de cada idea concebida por Él y exteriorizada fuera de Él.

El primero en Dios es el Amor. Éste está en todas las cosas creadas pues sin Él nada sería posible.

El segundo es la Sabiduría. Es la Luz que proviene del Amor. Ella puede ser reconocida fácilmente en la forma exterior de cada ser. Porque cuando un ser es más receptivo a la Luz entonces su forma es cada vez más bella, desarrollada y decidida.

El tercero es la Voluntad de Dios que tiene la capacidad de actuar y proviene del Amor y de la Sabiduría.

Los seres pensados por Dios obtienen realidad recién a través de la Voluntad. En el caso contrario sería que todo quede en pensamiento y nunca se convierta en obra.

El cuarto proviene de los tres anteriores. Se llama el Orden. Sin el Orden ningún ser podría tener una forma permanente y firma y tampoco un fin determinado.

Ejemplo:

Si un buey que está arando se convirtiera en un pez, ¿se podría alcanzar con esto el fin propuesto? Una fruta que se convierte en piedra antes de ingresarla a la boca, ¿serviría como alimento? ¿Un camino firme que se convierte en agua? Todo esto lo impide el Orden.

El quinto Espíritu se llama la Seriedad o Firmeza divina. Permite que una cosa creada tenga durabilidad y permanencia. Es igual a la Verdad eterna. Posibilita a todos los seres la verdadera existencia, reproducción, madurez y perfeccionamiento final.

Ejemplo:

Los espejismos tienen la apariencia de existir, pues se ven ordenados. Ellos existen cuando hay ciertas condiciones meteo­rológicas. Pero apenas cambien estas condiciones (equivalente a que no haya Seriedad) entonces ellos desaparecen.

El sexto Espíritu es la Paciencia que nunca es alcanzada. En Dios está la Paciencia más alta. Sin ella todo se atolondraría hasta convertirse en un caos.

Ejemplo:      Alguien que construye una casa necesita paciencia.

Si Dios no tuviera este Espíritu ya hace mucho tiempo que no alumbraría más ningún sol a ninguna tierra. Incluso el mundo de los espíritus estaría muy vacío.

La Paciencia es la madre de la Misericordia eterna e inmutable de Dios.

Ejemplo:

Si nosotros cometemos algún error de tal manera que nos entregamos a la des­aprobación eliminadora del Amor, Sabiduría, Voluntad divinos, y a la tacha de la Seriedad de Dios que proviene del orden pre­establecido, entonces quedamos en las manos de la Paciencia divina que con el tiempo todo lo lleva al equilibrio, pues sin ella todo, incluso los espíritus más perfectos, caería en las manos del juicio eterno de la aniquilación.

La Paciencia divina, junto a los cinco espíritus anteriores, muy bien puede crear y mantener a uno o varios hombres sobre un planeta. Pero haría vivir a este hombre que posee una carne pesada por un tiempo tan largo que no tuviera final. Aquí ya nunca se hablaría de liberar al alma de las bandas de la materia. Además las plantas y animales y demás hombres, suponiendo que el planeta tiene la capacidad de alimentar a todos, se multiplicarían tanto que el planeta no tendría más espacio para albergar a todos.

O también la creación de los planetas sería tan lenta que cabría preguntar, ¿cuándo aparecerá alguno en la existencia material?

El séptimo espíritu es la Misericordia. Se la puede llamar mansedumbre. Ella lo repara todo. Ordena a todos los espíritus anteriores y logra la madurez de un mundo dentro de un tiempo justo. Ella designa a todo un lapso de tiempo. Los hombres que han madurado con ella pueden alcanzar la redención completa en forma rápida y con facilidad, y pasar así a la libertad y plena independencia de la vida.

Este séptimo espíritu ocasionó que Dios mismo tomara la carne y liberara así a todos los espíritus presos para que se liberen, en el tiempo más corto posible, de las bandas duras del juicio necesario de la materia.

Su Obra se llama la “Redención” o la “Salvación” y es la nueva recreación del Cielo y de todos los mundos. Él es la obra más grande de Dios porque es la primera vez en donde todos los siete Espíritus de Dios han actuado juntos y con la misma intensidad.

Esto no fue posible en el pasado debido al Orden de Dios. Por eso antes actuaba la Misericordia (junto a los otros Espíritus de Dios) sólo tanto como fuera necesario para que todas las ideas y pensamientos de Dios tuvieran una realidad.

Ahora la Misericordia actúa más poderosamente, lo que permite la Redención completa.

La verdadera Guerra de Jehová

Los siete Espíritus (cualidades especiales) en Dios están en una lucha continua.

Uno incita al otro a la acción. Algo parecido puede reconocerse fácilmente en todas las criaturas de Dios.

El Amor es ciego para sí mismo. Su tendencia es atraerlo todo hacia sí. En este esfuerzo se enciende y se genera la Luz y con ella también el entendimiento o razonamiento dentro de Él.

La Luz lucha contra los intentos individuales de atracción del Amor aislado. La luz lleva al Amor al Orden y a la recapacitación.

En el mismo momento la Voluntad despierta de esta lucha. Ella es el brazo de acción del Amor y de su Luz. La Voluntad pone en acción aquello que la Luz ha ordenado.

El Orden nace al mismo tiempo cuando el Amor reconoce las cosas a través de Su Luz y a través de la fuerza de ambos.

El Orden lucha constantemente contra todo desorden ayudándose de la Luz y de la Voluntad del Amor.

Si Dios tan solo tuviera los primeros cuatro Espíritus entonces podría crear todo con un orden magistral, pero en poco tiempo después, cuando ya no tenga más alegría en su obra lo destruiría más diligentemente aún que cuando lo creó. Algo parecido como sucede a veces con los niños y sus juguetes.

Esto sería muy malo para la existencia o durabilidad de todo lo creado.

Pero para evitarlo se levanta la Seriedad de entre los cuatros Espíritus. Ella nace como resultado del gran beneplácito en la perfección de la obra. La Seriedad está en Dios como en sus criaturas.

Este Espíritu lucha constantemente contra la destrucción y la aniquilación de las obras ya realizadas.

Ejemplo:

Un hombre construye una casa y planta un viñedo. Después aplica todos sus esfuerzos en mantener la casa y la viña. Pero la casa muestra defectos y la viña no quiere dar frutos.

El constructor siente mucho pesar por sus esfuerzos y también por la seriedad empleada y quiere destruir la obra y construir otra en su lugar.

Aquí viene el sexto Espíritu y se opone contra tal Seriedad. Se trata, pues, de la Paciencia.

Vemos entonces que la Paciencia sola, como también junto a los otros espíritus, no realizaría ninguna mejora especial en la casa ni en la viña, sino dejaría todo así como está. Pero aquí viene el séptimo Espíritu: La Misericordia que contiene dentro de sí a la Mansedumbre, al Cuidado, a la Diligencia, a la Acción Amorosa y a la Generosidad.

Ahora entonces el hombre mejora su casa hasta tal punto que ya no se encuentra ninguna deficiencia de gran significado, remueve y abona la tierra de la viña y ésta da una gran cosecha.

En Dios, en los ángeles y en los hombres hay esa lucha entre los siete Espíritus.

La lucha tanto en Dios como en los ángeles no es así en donde cada Espíritu pelea contra el otro destructivamente, sino al contrario, se apoyan mutuamente con fuerza y poder de tal manera que cada Espíritu está contenido dentro de cada uno de los otros.

Es decir, por ejemplo, el Amor está dentro de los otros seis Espíritus. Así como la Luz o Sabiduría está en el Amor y en los otros cinco más.

La desarmonía en los espíritus del hombre

Así también debería ser en el hombre pero lamentablemente no lo es. En el hombre está la capacidad, pero no está totalmente desarrollada ni ejercitada. Sólo hay pocos hombres que llevan a los siete Espíritus a una acción completa y equilibrada. Así se parecen a Dios. Pero la mayoría se deja llevar y dominar por el uno u otro de los Espíritus.

Ejemplos:

  • ¿En qué se convierte aquel que vive únicamente por el Espíritu del Amor y no considera a los otros Espíritus? En un animal de rapiña adicta a comer y a la codicia. Estos hombres están siempre llenos de egoísmo, de amor propio exagerado, envidia, avaricia y son duros contra el prójimo.
  • Otros tienen un Amor iluminado y por tanto son muy sabios y pueden dar a su prójimo buenas doctrinas, pero sus voluntades son débiles y no pueden poner en acción nada en forma completa.
  • Hay otros en los que los Espíritus del Amor, de la Luz y de la Voluntad son muy activos, sin embargo el Espíritu del Orden y de la verdadera Seriedad están muy debilitados. Este tipo de hombres logra ser muy sensato y a veces hablar de forma muy sabia y aquí y allá poner en acción obras en forma individualizada, pero el hombre sabio en todos sus siete Espíritus rápidamente se dará cuenta a través de sus palabras, charlas y actuar que en él no hay orden ni coherencia.
  • Y también hay hombres que poseen Amor, Luz, Voluntad y Orden; pero les falta el Espíritu de la Seriedad. Ellos tienen miedo y son demasiado temerosos y no pueden dar casi nunca a sus obras una efectividad completa.
  • Otros están llenos de Seriedad completa y valentía; pero con la paciencia no se ve muy bien. Por lo general aquellos hombres se atolondran y malogran con su celo impaciente mucho más que lo que bueno que hicieron.

La Paciencia

Sin la debida paciencia no hay nada. El hombre debe esperar, si es que quiere hacer una buena cosecha, hasta que la uva en el racimo esté completamente madura. El mismo tiene la culpa si debido a una cosecha anticipada, su vino no resulte en uno vino fino, sino en un vinagre que nadie quiere tomar.

La paciencia es un Espíritu necesario en todo y en cada cual:

  1. Para el dominio y corrección de aquel que a menudo que ir hasta el infinito y que es serio, porque la unión de su espíritu con el Amor, Sabiduría y Voluntad se degenera en la mayor soberbia. Es conocido que la soberbia no tiene límites..

  2. Como la Paciencia es la madre de la Misericordia, ésta última procede de modo retroactivo con todos los otros Espíritus anteriores y le da la perfección divina espiritual y ayuda al alma alcanzar el renacimiento espiritual completo y verdadero.

La misericordia y la perfección de la vida

Por eso el Señor nos ha enseñado manifiestamente la importancia del Amor a Dios y al prójimo diciendo: “¡Sed misericordiosos, como también vuestro Padre en el Cielo es misericordioso, y sed mansos y humildes como también Yo soy manso y humilde de todo corazón!”. (Lucas 6,36) (Mateo 11,29)

Por eso el Señor recomendó desarrollar en especial al séptimo Espíritu porque en Éste están todos los otros anteriores.

Aquél que lo desarrolla alcanzará cuanto antes la perfección.

Aquél que empieza a desarrollar otro espíritu o varios de los otros espíritus difícilmente llegará a la perfección o quizás nunca llegue. Porque los primeros Espíritus, aislados por sí solos no contienen dentro de sí al séptimo, pero el séptimo en sí contiene a todos los que necesariamente le preceden.

Aquí entonces se trata de llevar al séptimo Espíritu a la perfección verdadera y más alta. Porque a casi todas las criaturas se ha dado libremente y sin esfuerzo todos los Espíritus anteriores, pero el séptimo Espíritu debe ser ganado por el hombre por su  propio esfuerzo y empeño. Y debido a que a través de tal ganancia todos los otros Espíritus alcanzan su verdadero significado y el sentido de vida verdadero, entonces recién así el hombre completo alcanza la completa libertad de vida e independencia.

Fuente:
Capítulos 17-20, tomo 7, del “Gran Evangelio de Juan”
recibido por Jakob Lorber (1800 – 1864)