El camino más corto
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Dado por el Señor el 18 de agosto de 1840

 

Si bien es cierto, en este aspecto, que el hombre justo se asemeja a un árbol que cuyos frutos no maduran de una vez sino que poco a poco; pero si es que la primavera fue tibia y despejada y el verano constantemente caliente, alternando con pequeñas lluvias, entonces vosotros decís: ›¡En este año vamos a tener una cosecha prematura!‹ Mirad, también así es con vosotros, si vuestra juventud fue serena y jovial habiendo vivido en el amor apacible hacia Mí, entonces también el verano será caluroso y dador de vida, alternando con lluvias de Gracia del cielo, y vosotros podéis estar seguros que el otoño eterno y dorado hacia la madurez eterna del fruto inmortal no estará muy lejos. Porque en cuanto alguien quiera que Yo lo haga renacer tendrá que primero reconocer sus pecados y declararlos públicamente para su humillación, es decir: seriamente a través de la confesión exterior, e interior hacia Mí, y Me debe pedir perdón, como se muestra en Mi Oración, y de sentir, como lo hizo Pedro, verdadero arrepentimiento y tristeza y miedo y llorar sobre la pérdida invalorable de Mi Gracia y debe hacerse la promesa, con toda la seriedad posible, sí, en toda la eternidad, de no pecar nunca más. Después él debe proponerse, romper con el mundo completamente, y entregarse completamente a Mí y dentro de su amor debe tener un gran anhelo hacia Mí y dentro de este gran anhelo se debe retirar diariamente del mundo y de toda su actividad y por lo menos durante siete cuartos de hora con puertas y ventanas cerradas en la completa tranquilidad y simplemente sólo ocuparse Conmigo dentro de su interior. Y siempre, cada vez que alguien entré en esta tranquilidad, debe mantener con toda firmeza la siguiente pequeña y estimulante oración dirigida a Mí y decir:

«¡Señor, aquí estoy yo! Oh amoroso Santo Padre, yo te dejé esperar mucho tiempo, porque Tú llamabas sin cesar ya desde mi niñez: ›¡Ven a Mí!, - ¡Yo quiero reconfortarte!‹ Ahora, Oh Padre, ha llegado la hora, en la cual se abre mi oído y mi voluntad, por costumbre inflexible, se entrega completamente en la Tuya, lleno de humildad y obediencia ante Tí y también ante mis mejores hermanos de acuerdo Tu Voluntad. ¡Por eso, ven a mí, mi amadísimo Jesús, y reconforta mi alma enferma con el bálsamo de tu Amor infinito! ¡Déjame encontrar mi gran culpa en tu amargo Sufrimiento y Muerte; déjame ver tus cinco Santas Heridas y reconocer en ellas mi gran fechoría! ¡Oh, Jesús, Tú que eres el Vencedor de la muerte y del infierno, ven hacia mí, y enséñame a reconocer mi nada absoluta y Tu Todo! ¡Oh, Tú mi dulce y amoroso Jesús, Tú, Señor de todos los señoríos, ven hacia mí pobre, ven hacia mí débil, ven hacia mí sordo, ven hacia mí leproso, ven hacia mí artrítico, ven hacia mí poseído, sí, mi amadísimo Jesús, ven, ven hacia mí muerto y sólo déjame tocar Tu Santa Vestimenta, para que así pueda vivir! ¡Señor, pero no te tomes tiempo, porque yo necesito de Ti infinitamente! ¡Yo ya no puedo estar sin Ti, porque Tú eres mi todo y todo lo demás se ha vuelto nada por amor hacia Ti! ¡Sin Ti, yo ya no puedo vivir; por eso, oh, mi querido Jesús, ven inmediatamente hacia mí! Sin embargo y como siempre que se haga según Tu Voluntad, incluso esta vez! Amén.»

¡Después de esta oración, entrad en la tranquilidad y creced en el anhelo y amor hacia Mí! Basta que vosotros practiquéis esto sólo en un corto tiempo, Yo os digo: vosotros veréis pronto rayos y oiréis truenos; pero entonces ¡no os asustéis, y tampoco os volváis miedosos! Porque entonces ¡Yo vendré hacia cada uno primero como un Juez en la tormenta, rayos y truenos, y recién después como un Padre en brisas mansas y santas!

Quien aquí quiera realizar una así llamada Confesión General en su sentido verdadero, aquel se ha propuesto mucho, porque para esto se necesitará más humildad y abnegación de sí mismo. Es decir -prestad bien atención-, aquí se trata de un propósito total de no pecar más, y se debe tomar la cena en fe viviente por puro amor hacia Mí; recién después se dejarán ver los efectos milagrosos de tal acción dentro de vosotros en un instante, los cuales se manifestarán pronto como alegría inmensa y inefable y un deleite celestial. -

Mirad, este es el camino más corto y efectivo hacia el Renacimiento puro, que es la única forma de ganar la vida eterna. Cualquier otro camino dura más y es incierto, porque hay muchos caminos de ladrones, en donde detrás de los matorrales del camino esperan ladrones maliciosos, bandoleros y asesinos; quien allí no ande bien acorazado y armado hasta los dientes, aquel difícilmente llegará a la meta. - ¡Meditad bien, quien es Aquel, Él cual os dice esto!

¡Por eso pienso Yo, que en vez de las asociaciones y entretenimientos mundanos y las muy sucias sociedades, vosotros podéis escoger propiciamente Mi Comunión de sosiego y domingo y aquí os entretendréis Conmigo en forma gratuita y sin dinero para la entrada, dinero que podéis usar para fines mejores! ¿Qué pensáis vosotros, que sería lo mejor y más agradable para Mí? Pues mirad, que Yo ya le había dicho a los apóstoles, que nadie puede servir a dos señores; por eso, ¡meditad bien, quien es Aquel que os advierte! Amén. ¡Yo, vuestro Padre Santo desde la Eternidad, mismo soy! Amén.