Estos son los verdaderos hijos del mundo, y algunos empiezan la escuela para el infierno ya desde la adolescencia. Y para que ellos no se den cuenta que albergan en su carne a invitados foráneos de la especie más asquerosa, los espíritus buscan que los dueños de la carne, es decir sus anfitriones, no solo se vuelvan de los más sensuales posibles, sino que incitan al alma a que ella empiece a sentir mucho agrado a todo tipo de cosa mundana.

31 de marzo de 1847

1 Sabéis que ciertos seres humanos están afectos al placer carnal, tanto mujeres como hombres; mientras que hay otros que son casi completamente insensibles ante los sentidos sensuales y carnales; por eso esos hombres no se inmutan, incluso así hayan sido expuestos ante la carne más atractiva posible. A uno, que no es adicto a los placeres carnales, un pie femenino, o un brazo, o un seno, como la representación del sexo femenino capaz de despertar tal pasión sensual entre los hombres, le afecta apenas tanto como el tronco de un árbol seco, — mientras que a otro hombre la simple mirada a esta representación del sexo femenino lo lleva a un estado de extrema excitación. Sí, hay hombres necios que se pueden enamorar de un brazo femenino hasta tal punto que se vuelven locos si es que no pueden obtener el placer sensual  por lo menos con mirar un momento o entrar en una habitación donde se encuentran mujeres.

2 El motivo de tales tendencias hacia el placer carnal, en especial cuando se expresa en forma intensa, radica por lo general en la posesión de uno o también más diablos de la carne llenos de lascivia.

3 Pero, ¿cómo entran estos diablos en la carne de tales hombres? — Para esto los hombres mismos se preparan las oportunidades en cantidades sin número ni medida.  Aquellos diablos de la carne viven primero en las bebidas alcohólicas, en el vino, también en la cerveza, y en especial en los aguardientes. Cuando los hombres se embriagan fuertemente con tales bebidas entonces ellos reciben dentro de su carne con seguridad un diablo de la carne, si es que no más de uno. Una vez que ellos están dentro de la carne empiezan a escocer o picar y a torturar los genitales de una manera tan terrible que el hombre no puede evitar satisfacer tal escozor mediante el gozo sensual de la carne junto a las mujeres o a veces también con los animales. Estos diablos de la carne naturalmente no son otra cosa que las almas impuras de hombres ya fallecidos que también fueron muy adictos a la bebida alcohólica o a la sensualidad carnal. Si bien es cierto que ellos entran en la carne de algún hombre que aun vive con el fin que ellos (los espíritus) se vuelvan mejores; pero como la carne fue su elemento entonces a menudo se comportan peor dentro de tal hombre en el cual ellos se han posesionado que cuando lo hacían antes dentro de sus propias carnes cuando vivían en la tierra.

4 Cuando estas almas corrompidas y adictas a la carne se comportan frenéticamente y cuando ellas encienden paulatinamente al poseído hacia los placeres impuros, justamente son ellas también las que generan las enfermedades llamadas sifilíticas que son muy repugnantes y peligrosas. Esto es permitido por los espíritus angelicales para que el alma del hombre poseído no se destruya por completo debido a la acción desenfrenada de su carne.

5 Entonces las bebidas alcohólicas representan el primer camino a través del cual estos diablos de la carne llegan dentro de la carne de los hombres.

6 Las diversiones de baile en público constituyen el segundo camino, tan peligroso como el primero. Aquí vosotros podéis asumir que en una fiesta bailable o cualquier otro entretenimiento bailable se encuentran siempre diez veces más seres invisibles adictos a la carne, es decir diez veces más almas impuras que asistentes al baile. A través de este camino ellos (los espíritus) entran dentro de la carne de la manera más fácil; carne la cual aquí está muy excitada y por eso también están altamente receptivas para tales almas pervertidas y sucias. Por eso que también los hombres sienten una aversión; lo que puede ser observado fácilmente por cualquiera en las ciudades, en especial entre los estudiantes, porque aquí aquellos estudiantes que antes eran muy aplicados cambian después de tales bailes y en vez de pensar en sus libros, tienen en sus mentes solo espaldas bonitas, senos, brazos y los ojos de las bailarinas y sus sentidos ya no se ocupan de otra cosa más que con tales objetos que les causaron en el baile una gran diversión.

7 Por eso algunos estudiantes abandonan sus estudios; otros empiezan a estudiar ya no más motivados por la ciencia misma sino solo por el dinero que ellos producirán para así poder emparejarse cuanto antes con su bailarina querida — sin importarles como les vaya en el futuro. Y si de tal pareja se genera un matrimonio entonces tal matrimonio tiene tanto de matrimonio como la noche tiene tanto del día.

8 En el primer tiempo tal matrimonio se dedica sólo al placer sensual de tal manera que en poco tiempo se consumen, casi en su totalidad, todos los elementos específicos destinados a generar la fuerza procreadora. Después se presenta por lo general rápidamente un dormitar de la carne y en especial de los genitales. En tales casos el diablo que vive dentro de tales personas busca entonces su retorno incitando al alma, en especial a través de los riñones — como si lo insinuara un médico de cabecera — que éste debe optar por buscar otra carne. Entonces la mujer se vuelve repugnante para el hombre y el hombre para la mujer. Ella empieza poco a poco a buscarse un amigo casero más joven; y él, por lo general, busca aire fresco por las noches, y si tienen riquezas entonces hace viajes debido a un “mayor cambio de aire”. Y la cosa escala de esa manera hasta que con el tiempo la pareja matrimonial llegan a sentirse hastiados hasta tal punto que se divorcian rápidamente, o conviven sin divorcio legal; o si la casa es alta alcurnia entonces pactan un convenio en el que cada uno puede hacer lo que su placer sensual le dicte de la manera más agradable. — Tales sucesos, que en la actualidad están a la orden del día, son frutos de las diversiones de baile o de fiestas y son las consecuencias de la posesión de los espíritus de la carne anteriormente mencionados.

9 Si bien esta posesión nunca se exterioriza fuertemente durante su inicio —como en algunos que ha recibido dentro de sí a los espíritus impuros a través de las bebidas alcohólicas— sin embargo los espíritus de las bebidas alcohólicas son expulsados fácilmente a través de una oración firme del alma con la ayuda de su espíritu de tal manera que el estado de la carne puede volver a su normalidad —; pero las posesiones a través de las diversiones de baile públicos no son tan fáciles de expulsar, y se necesitará mucho ayuno, oración y autonegación con lo cual el alma se unificará cada vez más con su espíritu, hasta el grado que el espíritu toma el control a través de su alma y expulsa a los canallas fuera de la casa del alma.

10 Pero ahora, ¿dónde está tal bailarín y tal bailarina que hiciera esto? — Por lo general ellos tragan ya durante y después del baile mucho más que lo hacían en el pasado y quieren restaurarse así nuevamente, a través de la comida, lo que significa al final: Garantizarle al diablo de la carne una pensión y estadía de por vida a costa de su alma y sangre.

11 Algunas bailarinas y algunos bailarines, cuando han recibido dentro de sí demasiados tales invitados, mueren corporalmente en poco tiempo; porque estos malévolos matones invisibles de la carne, cuando no encuentran más espacio en los riñones y en los genitales, instalan sus habitaciones en el bazo, el hígado o también en los pulmones. Pero allí en donde un inmigrante del infierno ha erigido su vivienda, allí “mata la carne”, y las consecuencias son: el endurecimiento del bazo y del hígado y, en los pulmones, la tuberculosis, o debilidad del pulmón o también, en caso que dos o más diablos se han lanzado sobre el pulmón, la llamada tuberculosis galopante.

12 Yo os digo, y podéis creer con seguridad:

13 La mayoría de las enfermedades en los hombres han sido generadas por sus habitantes infernales a quienes ellos mismos han abierto el camino hacia su carne.

14 Estos son los verdaderos hijos del mundo, y algunos empiezan la escuela para el infierno ya desde la adolescencia. Y para que ellos no se den cuenta que albergan en su carne a invitados foráneos de la especie más asquerosa, los espíritus buscan que los dueños de la carne, es decir sus anfitriones, no solo se vuelvan de los más sensuales posibles, sino que incitan al alma a que ella empiece a sentir mucho agrado a todo tipo de cosa mundana.

15 Estas cosas mundanas son: la moda; la carne seductora debe está envuelta según la moda, los cabellos quemados, la piel untada con especies aromáticas; y, en los individuos masculinos, el cigarrillo infernal no debe faltar, y algunos jóvenes adictos a la moda, cuando tienen algo de dinero, fuman en un día tanto que sería suficiente para que diez personas pobres pudieran comprarse pan.

16 ¿Sabéis también lo que significa esta moda de fumar? Los habitantes malévolos se esfuerzan por acostumbrar al alma ya durante la vida corporal al humo y a la pestilencia infernal, para que cuando el alma desencarne no se dé cuenta inmediatamente cuando estos “acompañantes exquisitos” la conduzcan imperceptiblemente hacia el tercer infierno.

17 Si bien ya se ha dicho que cada alma después de la muerte es conducido primero hacia un lugar en donde estará en compañía de los ángeles y por tanto su compañía malévola tendrá que escaparse. Esto sucede también en este caso, pero tal alma no se queda allí en la compañía de los ángeles, sino que será llevado a un tal estado en donde le sea posible completarse o recuperar los elementos perdidos, — dicho más claramente: el alma será colocado en un tal lugar en donde ella tendrá una actividad con la que podrá ganar nuevamente los elementos específicos necesarios para su restauración. Elementos que ella misma había despilfarrado.

18 Un tal lugar es aquel en donde la compañía de espíritus malévolos y carnales del pasado puedan acercarse al alma. A pesar que estos seres infernales hieden pestilencialmente para un alma un poco más pura y de tal manera que percibe fácilmente su presencia, pero en este caso el sentido del olfato del alma ha sido tan arruinado que no se da cuenta de tales acercamientos, pues aquí no se puede hablar de ver, porque el alma tiene aún muy poca luz propia y de todas maneras el mirar del alma siempre viene de adentro, por eso ella solo puede ver lo que está dentro de sí, mas no lo que está fuera de sí.

19 Pero tales espíritus están fuera de tal alma; por eso ella no los ve, pero a través del sentido del olfato ella puede percibir su presencia y determinar exactamente sus posiciones, y cuando lo hace, entonces el alma puede refugiarse dentro de su espíritu que inmediatamente la ilumina con lo cual ella puede también ver inmediatamente en dónde se encuentran sus enemigos y lo que ellos quieren hacer. Y si los seres infernales ven la faz del alma entonces se escapan temerosamente; porque un espíritu infernal puede soportar todo antes que el ojo de un alma pura, claro está que mucho menos pueden soportar los ojos de un ángel; y por eso, para protegerse de Mis Ojos, ellos llaman a las montañas para que puedan esconderse!

20 De esto vosotros podéis entender porqué Yo he advertido anteriormente con mucho énfasis contra el fumar el tabaco altamente aborrecible; al mismo tiempo habéis visto de este asunto interesante cómo se genera en el hombre el placer exagerado por la carne, a dónde éste lleva, y cómo los hombres pueden protegerse del mismo con suma facilidad. — En el siguiente capítulo observaremos otro tema interesante y concluiremos el mensaje apropiado para nuestro provecho.

 

Fuente: Capítulo 59 de la obra
"La Tierra y la Luna"
recibido el 31 de marzo de 1847
por Jakob Lorber (1800 - 1864)